Hola a todas mis bellas y bellos lectores, gracias por entrar aquí. Hoy les traigo el capítulo nueve de un fic que suelo dejar abandonado. Siento en el alma la demora, pero ya no cuento con el tiempo que tenía antes para escribir, espero que me entiendan. Bueno, sin nada más que decir, los dejo con el nuevo capítulo. Ojalá sea de su agrado.
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Como siempre agradezco a todas las personas que leen mis historias y dejan reviews, a las que marcan mis historias o a mí como favorita y/o siguiendo, y a las que simplemente leen. Para todos ustedes, muchas gracias, me inspiran de cierto modo a continuar.
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Capítulo dedicado a todas las lindas personas que me dejaron un review en mi último One Shot: ANABELITA N, Bebitapreciosa, Roronoa Saki y Nara Paulina (me alegró mucho tu review, tiempo sin saber de ti). Gracias chicas por comentar, les mando a todas un beso y un fuerte abrazo.
Con cariño también para AnitaNara040922, gracias por el review que me dejaste hace unos días atrás en el capítulo anterior.
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Disclaimer: Naruto y todos sus personajes son propiedad de Masashi Kishimoto. La historia es mía y la publico sin ánimos de lucro.
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Sin arrepentimientos
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Capítulo 9.- Dulce y agraz.
POV Temari.
La claridad de la mañana hizo que mis párpados se movieran poco a poco.
Desperté.
Por la luminosidad que pude observar en la habitación, podía suponer que afuera de mi apartamento había un día soleado.
Sonreí.
Me gustaban los días despejados.
Giré bruscamente mi cuerpo con el fin de desperezarme, sin embargo, el cuerpo de Shikamaru me lo impidió.
Volteé con más cuidado y lo observé.
Dormía de lado y pese a que lo había golpeado con el brazo ni siquiera había despertado.
Volví a sonreír.
Su sueño era demasiado pesado.
Guié por instinto el dorso de mis dedos sobre su relajado rostro.
Lo acaricié con suavidad.
La confesión que me hizo anoche volvió a resurgir en mi cabeza.
—Yo también te amo, Shikamaru Nara —susurré bajito, para luego posar mis labios sobre los suyos.
Lo besé con dulzor por unos segundos y enseguida separé mi boca de la suya.
Lo miré con detenimiento, sin embargo, no despertó. Sólo se saboreó la boca y una estúpida sonrisa apareció en su sereno rostro. Giró su cuerpo con parsimonia acomodando su espalda sobre el colchón.
Su cuerpo nuevamente se relajó.
Todo indicaba que aún seguía en los brazos de Morfeo.
Solté un suspiro.
Verlo sumido en aquel profundo letargo de cierto modo me molestó.
—Eres un vago de primera, Shikamaru —me quejé en un susurro levantado medio cuerpo con el fin de seguir observándolo. Quería apreciarlo de un mejor ángulo.
Fijé mis ojos en sus facciones.
—Problemática —balbuceó dormido, confirmándome que estaba soñando conmigo.
Sonreí con presunción.
—Al parecer creíste que ese beso era sólo parte de un sueño —musité con sensualidad, deslizando la yema de mis dedos por su tonificado torso. Me detuve al toparme con la sábana. Una sonrisa maligna se me dibujó en el rostro—, pero ya verás cómo tu sueño se te hace realidad.
Con un rápido movimiento de dedos lo destapé, dejando expuesta su vistosa hombría.
Me mordí el labio inferior.
Tenía una fabulosa erección matutina.
—Hasta durmiendo eres caliente, Nara —susurré sin dejar de admirar aquello que resaltaba a simple vista.
Luego de unos segundos reaccioné, miré de reojo su semblante
—Veo que todavía sigues durmiendo, Shikamaru —susurré entre dientes para luego sonreír con malicia—, pero ya verás cómo te voy a despertar —me saboreé los labios con ansiedad—. Te aseguró que te fascinará.
Con rapidez gateé hasta la altura de su cadera, y sin ninguna previa, me abalancé sobre aquella venosa dureza.
—Ahhhggg —soltó un quejido al sentir cómo comencé a succionar su falo con demasiado ahínco.
Sonreí de forma maligna y continué. Tenía que asegurarme que no seguía somnoliento y que estaba literalmente en sus cinco sentidos.
Sentí su mano sobre mi cabeza.
—Siempre he dicho que «la mañanera»… es lo mejor para comenzar el día —lo escuché balbucear, mientras yo ahora empezaba a lamer su hinchado glande.
Volví a succionar.
—Ayyy mujer ven... yo también te quiero probar —acotó roncamente bajando su cálida mano por mi espalda.
Su tacto de inmediato me encendió.
Sin soltar su falo, me puse en cuatro patas y pasé mi pierna izquierda por encima de su torso.
Me acomodé encima de él.
—Me encanta cuando me muestras esa redonda cara —susurró cachondo acariciándome los glúteos para luego tomarme por las caderas.
Sonreí con suficiencia.
—Es una buena forma de quitarte la somnolencia —lo pinché mientras ubicaba nuevamente mi rostro por encima de aquella vistosa dureza.
Miré su hinchado glande con lascivia. Esperé su réplica.
—Mujer, para este tipo de cosas es imposible tener pereza —musitó pecaminosamente chupando enseguida mi rosado botón.
Solté un suspiro de satisfacción.
—Te voy a dejar seco, Nara —sentencié y de una sola engullida metí su majestuosa erección dentro de mi cavidad bucal.
Comencé a succionar.
La calentura era mucho más grande, ya que sentía cómo su boca y su lengua hacían y deshacían con mi ardiente intimidad. Empecé a deslizar acompasadamente mis labios a lo largo de su dura hombría, succionando cada vez que ascendía por ésta y cuando llegaba a su inflamado glande.
Al poco rato de mi ardua tarea, él jadeó.
—Ahhhgg mujer… sigue chupándolo así —espetó en un ronco susurro para enseguida absorber con fuerza mi clítoris extasiado.
—Ayyy Shika —me quejé por su acción, pero aquel dolor no hizo otra cosa más que calentarme, así que nuevamente introduje su pene en mi boca y comencé a succionar con más fervor.
En cosa de segundos, mi libido se incrementó.
Mis manos por inercia se deslizaron hacia la parte inferior de sus duras nalgas, para luego apretárselas con desesperación. Continué succionando su erección con pasión.
Nuevamente lo escuché jadear.
—Mujer, si sigues así de cachonda…voy terminar derramando toda mi leche dentro de tu boca.
Aquellas palabras fueron como si vertiera combustible sobre mí.
Me encendí.
Mis mamadas se hicieron mucho más frenéticas, incitándolo a su vez succionar mi botón erecto con mucho más frenesí. Comencé restregar mi intimidad sobre sus labios. Estaba caliente, quería que su boca y su lengua abarcaran todo mi sexo con la misma intensidad que lo hacía con mi deseoso clítoris.
Y a los pocos segundos, así lo hizo. Mientras yo seguía brindándole placer con mi boca, pude sentir cómo la suya comenzó a devorar con vehemencia toda mi ardiente femineidad.
—Aaahhgg Shika… me encanta —gemí excitada. Sus succionadas eran exquisitamente salvajes, que hacían que mi cuerpo vibrara complacido con cada una de las atenciones que su hambrienta boca me brindaba.
Motivada por el placer que estaba sintiendo, aceleré el ritmo de mi «afanosa labor». Le apliqué más brusquedad a cada mamada que le estaba otorgando haciendo que su cuerpo se tensara se sopetón.
Gimió.
—Aaahhgg mujer perversa…. «no me iré cortado… antes que tú» —me desafío con la voz entrecortada y focalizó su atención en mi ardiente botón. El muy condenado sabía cómo hacerlo, así que comenzó a chuparlo con fuerza y con más fervor.
Mi cuerpo rápidamente se tensó, definitivamente era un maldito experto usando esa exquisita boca que Kami le dio.
—Ahhhgg Shika… no aguanto más —gemí con cierta desesperación. Tenía que reconocer que era difícil ganarle en esta peculiar posición.
Traté de mantener el ritmo de mis succionadas, pero el placer que me estaba provocando literalmente estaba acabando conmigo.
—Aaaaahhhhgg mujer —lo escuché gemir extasiado, al mismo tiempo que sentí un corte circuito en mi interior.
Cerré mis ojos para disfrutar la ola de placer que empezó a expandirse por mi cuerpo, sin despegar mis labios de la punta de su erección.
Sentí su elixir caliente llenarme la boca.
En realidad ya no sabía que había ganado esta confrontación.
—Me fascina que te corras en mi boca —balbuceó entre jadeos, volviendo a succionar la entrada de mi hendidura.
Tragué su esencia y sonreí. Definitivamente Shikamaru tenía razón: «La mañanera es lo mejor para comenzar el día»
Lentamente salí de encima de él y me tiré de espalda sobre el colchón. Necesitaba con prontitud regular mi respiración.
Fijé la mirada en el techo.
Me sentía feliz, pero sabía que pronto mi felicidad se iba acabar. Shikamaru se iba a ir como siempre y yo no me podía quejar.
Era la otra.
El plato de segunda mesa.
—No, no lo soy, porque este juego lo establecí yo —me dije mentalmente tratando de reconfortar mi ego —. Yo soy el caviar y «esa» es el menú del día.
Aunque eso no me ayudó mucho, ya que igual no pude evitar sentir celos.
—¿En qué estás pensando, mujer? —inquirió cansinamente, Shikamaru, sacándome de mis cavilaciones.
Se posicionó encima de mí y comenzó a succionarme el cuello.
—Nada importante —respondí bajándole el perfil a lo que hace un rato atrás estaba sintiendo. Lo abracé por instinto con el fin de disfrutar el momento.
—¿Segura? —me preguntó seductoramente comenzando a frotar su zona pélvica por encima de mi monte de venus. Pude sentir como «su fiel compañero de batallas» de a poco comenzó a reaccionar. Enseguida separé mis piernas para que Shikamaru se acomodara y lo rodeé con éstas.
—Segura —aseveré con seguridad. No iba arruinar este exquisito momento diciéndole que sentía celos de su platinada novia. Eso era algo que jamás haría.
—Entonces sigamos con la segunda ronda —espetó roncamente, erizándome la piel al restregar su dura erección contra mi húmedo sexo—, ya que en un rato más me tendré que marchar.
No sé si aquella frase la dijo con alguna intención, pero yo no pude evitar imaginarme que en un par de horas más se estaría revolcando con la Yamanaka.
La rabia que sentí en ese momento se mezcló con la calentura que ya se había apoderado de mi cuerpo. Quise sentirme dueña de la situación.
Giré con brusquedad su cuerpo y enseguida me senté a horcajadas de él. Pude ver la lujuria reflejada en sus ojos.
Sonreí con superioridad.
—Entonces comencemos, vago —espeté en un tono seductor, sin despegar la mirada de sus ojos rasgados. Tomé su duro miembro con mi mano derecha y ubiqué su hinchado glande en la entrada mi húmeda hendidura.
En un seco movimiento, lo introduje por completo dentro de mí.
—Aaaahhhg —jadeamos al sentir tan exquisito acoplamiento.
Alcé la mirada por inercia hacia algún punto del techo y luego la bajé. La fijé sobre mis manos que estaban apoyadas sobre su abdomen y enseguida me comencé a mover.
Me deslicé una y otra vez por su prominente miembro disfrutando de todas las sensaciones que me provocaba.
Sentí sus manos adueñarse de mis caderas.
Cerré los ojos.
Seguí moviéndome acompasadamente con ayuda de mis manos.
Lo escuché jadear.
—Ayyyy mujer… me calienta tanto ver cómo te mueves sobre mí —balbuceó cachondo ayudándome a mover con sus grandes manos.
Rápidamente me incitó a acelerar el ritmo.
Era una posición que me hacía sentir poderosa, ya que era yo quien llevaba el control, el mando de la situación.
Continué ascendiendo y descendiendo velozmente por su venosa hombría. Inevitablemente el placer que sentía me hizo jadear.
—Aaaahhg.
Le estaba haciendo el amor a mi hombre, sí porque era mío y no de esa flacuchenta platinada. Lo podía asegurar con convicción, porque Shikamaru ya me lo había dejado en claro.
Aceleré mis movimientos bruscamente y apreté los dientes. Tenía que dejarle claro a mi vago que nadie le haría el amor como se lo hago yo. ¡Nadie!
El nuevo cambio de ritmo de inmediato lo hizo gemir.
—Aaaahhhggg mujer… eres una toda una amazona —espetó con la voz entrecortada amansándome exquisitamente las nalgas—. ¡Nooo!... mejor dicho eres una diosa… «Hazme tira, mujer».
Sus palabras me encendieron, haciendo que soltase toda la pasión que provocaba sentirlo dentro de mí. Comencé a cabalgar sobre él como una fiera indomable, lo que por reflejo me hizo gemir.
—Ahhhggg Shika… me tienes toda caliente —solté sin tapujos, haciendo que éste me tomara firme de las caderas y desde abajo me empezara a embestir.
Mi libido de golpe se incrementó.
La fricción que produjo al arremeter desde esa posición fue demasiado deliciosa que a los pocos segundos mi cuerpo colapsó.
—Ayyy Shika —gemía absorta al alcanzar un orgasmo avasallador.
Él continuó embistiéndome unas cuantas veces más, hasta que su cuerpo de un momento a otro también colapsó.
—Ayyy mujer.
Lo sentí tensarse para luego derramarse en mi interior. A los pocos segundos su cuerpo se relajó.
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Luego de otra ronda en la ducha, Shikamaru me acompañó a desayunar. Hace mucho que no se quedaba a compartir un desayuno tranquilamente conmigo, ya que por lo general sólo se toma una taza de café y se va, pero hoy fue diferente. Me gustaría creer que lo hace porque desea compartir más tiempo conmigo y no simplemente porque el hambre lo está matando. Aunque después de tres rondas de sexo, quién no tendría.
—Gracias por el desayuno —espetó con amabilidad, captando de inmediato mi atención. Sus ojos rasgados me miraron con cariño—, todo estuvo muy rico.
Sonreí sutilmente por el halago.
—De nada —le respondí escuetamente, sin mostrarle lo feliz que en realidad me hacía. Sonrió de medio lado —. Gracias a ti por acompañarme hoy.
Su sonrisa en cosa de segundos desapareció.
—Temari, si no he desayunado muy seguido contigo, ha sido por seguir a pie de la letra las reglas del juego que tú estableciste —acotó en tono neutro mirándome con seriedad—. Se supone que no debo levantar sospechas.
Suspiré.
Él tenía razón.
No pude evitar no odiar esas estúpidas reglas, sin embargo, traté de disimular.
—Tienes razón —espeté en mi tono habitual, para luego ponerme de pie y comenzar a recoger las cosas que estaban sobre la mesa.
A paso normal me dirigí a la cocina, dejando parte de la loza en el lavaplatos. Lo escuché acercarse a mí.
Puso las cosas que usó junto a las mías.
—Pero te prometo que desde hoy las cosas cambiarán —aseveró con seguridad, captando por completo mi atención.
Mi rostro se tornó serio.
—Shikamaru, si sigues con la misma idea de anoche, yo… —espeté a modo de amenaza, sin embargo, él me interrumpió.
—Tú, nada —acotó con firmeza, pero manteniendo siempre el tono de su voz—. Voy hacer lo que debí hacer desde un comienzo y tú no me lo impedirás.
La seguridad con la que habló me sorprendió. Estaba dispuesto a mandar «a la mierda» la relación que tiene con Ino, sin importarle lo que opinaba yo. Prácticamente me estaba desafiando, pero eso en vez de enfadarme de cierto modo me emocionó.
—Quiere ser un hombre íntegro —pensé con orgullo, sin embargo, a los segundos mi neurona testaruda hizo su aparición.
Tenía que convencerlo que estaba en un error.
—Pero…
—No importa, correré el riesgo —volvió a interrumpirme y en un movimiento rápido enmarcó mi rostro entre sus manos y me besó. El aroma a café que estaba impregnado en sus labios de algún modo me hipnotizó—. Lo siento, mujer, pero ya me voy. La próxima vez, yo lavaré la loza, lo prometo.
Volvió a besarme fugazmente y enseguida se marchó.
Una mar de emociones me embargó.
—Shikamaru, no lo hagas —espeté haciendo el último intento de persuadirlo, aunque por dentro, una parte de mis emociones estaba completamente de acuerdo con él.
Se detuvo en el umbral de la puerta y giró hacia mí.
—Mujer, es una decisión que sólo me corresponde tomar a mí —me recalcó, entendiendo inmediatamente que yo ya no podía hacer nada—. Si todo sale bien te llamaré por la tarde, sino vendré por la noche —sonrió de medio lado con cierta picardía—. Después no encontrarás forma de sacarme de tu cama. Te amo, problemática.
Se dio media vuelta y partió dejándome sola en la cocina.
Me quedé quieta y en silencio. Sentí cuando cerró la puerta.
Suspiré.
Sonreí con cierto pesar.
—Alégrate, Temari, es lo que tú siempre has querido —hablé en voz alta con el fin de aceptar mi realidad. Una sonrisa amplia se me dibujó en el rostro—, pero después cuando me deba ir, ¿qué irá a pasar?
No pude evitar sentir cierta angustia al imaginarme ese momento.
—Ay Kami, ayúdame a prepararme para esa situación.
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POV Shikamaru.
Después de dejar el apartamento de mi problemática, fui a buscar mi auto el cual estaba aparcado a varias cuadras de aquí. Era lo que acostumbraba hacer los fines de semana con el fin de que nadie sospechara donde dormía, pero si me siguieran fácilmente sabrían dónde y con quién lo hacía.
Era una soberana estupidez, pero era parte de lo que había acordado con mi problemática desde un principio: continuar con Ino, sin que ésta sospeche nada; sin embargo, después de mi confesión de anoche, hoy estaba decidido a acabar con esta doble relación.
Tenía la certeza de que Temari no me dejaría, aunque yo rompiese las reglas que ella tanto recalcó.
No lo haría, porque yo sabía que ella en el fondo me amaba y eso me daba valor para enfrentar cualquier situación.
Mi problemática nunca me lo reconocerá de frente, ya que su orgullo y su terquedad prevalen ante cualquier situación donde se vea en desventaja, pero su esencia es así y yo no la voy a cambiar. La amé en el pasado tal cual era y ahora que me reencontré con ella, la he vuelto amar mucho más.
El sonido del celular me sacó de mis cavilaciones. Lo saqué de la chaqueta y miré la pantalla.
Respondí.
—Hola Ino, ¿cómo estás? —la saludé en mi tono habitual, mientras seguí caminando en dirección a mi vehículo.
—Hola Shika, amanecí muy bien —me respondió tan alegre como siempre—. Te llamé porque me aburrí de esperar tu llamada.
Aquella queja me hizo sentir de lo peor. Metí mi mano libre en el bolsillo del pantalón y busqué la llave del auto.
Desconecté la alarma y abrí la puerta.
—Lo siento, se me pasó la hora volando —me excusé sin entrar en detalle. Entré en mi vehículo y me senté. Cerré la puerta—. ¿A qué hora te paso a buscar?
—Ven cerca de las dos de la tarde, la verdad es que tomé desayuno hace poco.
Agradecía que me dijera eso, ya que yo también tenía el estómago lleno.
—Está bien. ¿Estás en la casa de tus padres?
—Sí. Tú sabes que prácticamente vivo acá.
Tenía razón. El apartamento que le había regalado su padre en su último cumpleaños, lo usaba muy poco.
—Está bien, a las dos de la tarde pasaré por ti —le dije sin adelantarle nada de lo que en realidad quería conversar con ella.
—Okey, mi amor, aquí te espero. Besos —se despidió en un tono meloso.
—Nos vemos. Besos también para ti —acoté a modo de despedida y corté. Guardé el celular en mi bolsillo y encendí el motor.
A los segundos arranqué con dirección a mi casa.
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Luego de cambiarme ropa y «hacer la hora» en casa, pasé a buscar a Ino para almorzar. Fuimos a un restaurant que estaba a las afueras de la ciudad y a la vuelta pasamos por un supermercado, ya que Ino quería abastecer la despensa de su apartamento.
Le había adelantado en el restaurant que quería conversar un tema delicado con ella, e Ino sugirió que lo conversáramos en su apartamento. Le encontré toda la razón, era un asunto que teníamos que tratar sin ningún espectador.
Una vez que llegamos a su apartamento, fuimos hacia la cocina y dejamos las bolsas del supermercado sobre la encimera. Ino enseguida comenzó a vaciar las bolsas.
Tomé dos botellas de jugo y abrí el refrigerador.
—Shika, ¿me puedes adelantar que cosa quieres conversar conmigo? —inquirió, Ino, en un tono divertido, mientras yo acomodaba las botellas en el refrigerador.
Cerré la puerta y giré mi rostro hacia a ella. Sus ojos celestes esperaban una respuesta.
—Ino, mejor guardemos los víveres y de ahí conversamos en la sala —le dije cansinamente tratando de calmar su interés, sin embargo, no lo logré.
—Shika, ¿qué pasa?, ¿pasó algo malo? —inquirió nuevamente, pero esta vez su rostro reflejó preocupación.
No pude evitar sentirme un canalla.
—Sólo hazme caso, Ino —señalé simulando lo mal que me sentía. Abrí la despensa y comencé a guardar los víveres.
Se hizo un silencio entre los dos.
—Está bien —espetó en un tono neutro para luego continuar vaciando las bolsas.
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Una vez que terminamos de guardar la mercadería, fuimos hacia a la sala y nos sentamos en el sillón grande.
Suspiré.
Volteé mi rostro hacia ella. Estaba sentada de lado sobre sus piernas.
—¿Qué pasa Shika? —inquirió entre curiosa y preocupada al ver que me quedé en silencio.
Respiré hondo.
Había llegado el momento de ponerle fin a esta relación.
—Ino, estas últimas semanas he analizado mucho el tipo de relación que llevamos y pienso que no tiene sentido continuar juntos —espeté seriamente omitiendo la razón la principal. Sus ojos celestes de inmediato se le aguaron.
—Shika, ¿estás terminando conmigo? —inquirió con la voz algo quebrada para luego apretar sus labios.
Asentí con la cabeza.
—Sí —le confirmé de forma escueta y ella enseguida soltó las lágrimas que tenía acumuladas. Fue inevitable no sentirme mal, ya que no me gusta ver a las mujeres llorar.
Sobre todo si el culpable era yo.
—Pero… ¿pero por qué? —me preguntó con la voz compungida, como no entiendo mi explicación anterior.
Bajó la mirada y con una de sus manos secó sus lágrimas.
—Ino, nuestra relación ya no es la misma que teníamos hace un año atrás —acoté con el fin que entendiera el porqué de mi decisión. Ella alzó la mirada y me miró con cierta desazón—. De alguna forma, ambos la hemos descuidado. Compartimos muy poco como pareja, lo que ha derivado en que cada uno haga su vida de forma separada.
—Lo dices porque tienes una relación con Temari, ¿cierto? —aquella afirmación me sorprendió.
Palidecí de inmediato.
—¿Cómo lo supiste? —le pregunté todavía sin salir de mi asombro. No entendía en que momento lo descubrió.
—No importa cómo lo supe, Shika, pero no me dejes, por favor, no me dejes —balbuceó entre gimoteos para luego abalanzarse sobre mí.
Comenzó a llorar encima de mi hombro.
Si yo ya estaba sorprendido, esto último me dejó literalmente en shock.
Luego de unos segundos reaccioné.
—Ino, ¿cómo me pides que continuemos, si sabes que te engañé? —inquirí tratando de entender su reacción. Con sutileza intenté separarla de mi hombro, pero todo fue inútil.
—Shika, todo ha sido mi culpa —continuó entre sollozos—. Yo… yo te descuidé por mi trabajo, pero te juro… te juro que no volverá a pasar. Yo te amo, Shika, no me puedes dejar.
Lentamente se separó de mí. Su rostro estaba bañado en lágrimas.
—Pero Ino, yo no te…
—¡No lo digas! —chilló con aflicción tapándome la boca con su mano—. No digas algo que más adelante te puedas arrepentir —yo la miré sin entender nada—. Shika, mi amor, Temari se irá, dentro de un par de meses ella se irá y no le interesará si quedas por dentro destruido o no —tomó mi rostro entre sus manos—. Ella ya te la hizo una vez, ¿recuerdas? En cambio, yo soy diferente, yo si me preocupo por ti—tragó saliva y continuó—. Por favor, Shika, sigamos tal como estamos. Yo sé que todo volverá hacer como antes cuando ella se vaya.
Aquel discurso de Ino, me trajo a la mente el momento exacto en que acepté la propuesta de la problemática.
Flashback
—Shikamaru, yo no me voy a quedar para siempre en konoha. Estimo que en unos seis a ochos meses me iré a otro lugar debido a mi trabajo.
—Te volverás a ir, pero esta vez no quieres que me quede solo, ¿cierto?
—Por favor, Shikamaru, no digas eso.
—Está bien, problemática, acepto.
Fin de flashback
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—¿Qué me dices, Shika? —su pregunta me trajo de vuelta a la realidad.
—Ino, ¿te das cuenta de lo que me estás pidiendo? —inquirí todavía sin creer lo que me proponía. Tal parecía que ambas mujeres se habían puesto de acuerdo, mendokusai.
—Sí lo sé, Shika… pero no quiero perderte —balbuceó aferrándose a mi cuello y se echó a llorar.
Por inercia la abracé y le acaricié el cabello.
—Tranquila, Ino —le dije con suavidad y luego suspiré. Nuevamente estaba en una encrucijada.
Fruncí los labios.
—Eres un cobarde, Shikamaru —pensé para sí suponiendo lo que iba a decidir.
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POV Temari
Estuve toda la tarde echada en el sillón viendo películas, ya que no tenía nada más que hacer. Shikamaru se había ido cerca del mediodía y mi hermano supongo que estaba junto a Tenten. Era lo que suponía, ya que ninguno de los dos se había dignado a llamarme.
—Ojalá lo estén pasando bien —susurré con cierto grado de envidia y enseguida tomé mi celular.
Encendí la pantalla.
Eran más de las siete de la tarde. Lo que me dijo Shikamaru esta mañana, apareció por mi mente: «Mujer, es una decisión que sólo me corresponde tomar a mí. Si todo sale bien te llamaré por la tarde, sino vendré por la noche. Después no encontrarás forma de sacarme de tu cama. Te amo, problemática».
—¿Habrá terminado con Ino? —espeté con cierto nerviosismo, pero enseguida suspiré —. Tranquila, Temari, dijo que te iba a llamar.
No quise seguir pensando en eso así que mejor me fui a bañar. Era una buena forma de relajarse y de «matar el tiempo».
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Después de bañarme, me preparé algo simple para cenar.
Comí mi cena escuchando música, ya que el silencio de cierto modo me desesperaba.
Nunca sonó el celular.
Debía reconocer que el no tener noticias de él, era lo que en realidad me estaba haciendo añicos la mente.
Una vez que terminé de cenar, recogí todas las cosas que estaban sobre la mesa y las llevé a lavar. Lo hice con rapidez, así que en pocos minutos ya estaba desocupada, sentándome otra vez en el sillón de la sala.
Encendí nuevamente la pantalla del celular. Faltaban quince minutos para las nueve de la noche.
—No me llamaste ni viniste al apartamento —espeté con cierta amargura—, necesito saber qué paso.
La inquietud que había mantenido controlada, me embargó.
Busqué su nombre entre mis contactos para llamarlo, pero luego me arrepentí.
—Tranquila Temari, tú nunca lo llamas. Mejor envíale un mensaje por whatsapp, así no notará tu desesperación.
Entré en la aplicación y vi que estaba en línea, de inmediato le escribí.
T: Hola… ¿y al final qué pasó?
Pasaron unos cuantos segundos y él me respondió.
S: No pude, todo sigue igual.
No sé por qué «mierda» sentí una gran pena y a su vez una gran decepción.
T: Ok, buenas noches.
Le respondí cerrando inmediatamente la aplicación y tirando el celular contra el respaldar del sillón.
Respiré hondo con el fin de calmarme, sin embargo, mis ojos se llenaron de lágrimas.
—Eres un desgraciado, Shikamaru —susurré con rabia y pena dejando caer mis lágrimas por las mejillas. De algún modo me había ilusionado, pero de golpe me hizo volver a la realidad —, pero ésta será la única vez que llore por ti.
Sequé mis lágrimas con brusquedad y traté de contenerme. Respiré profundamente una y otra vez.
Los mensajes de wathsapp seguían sonando.
—No quiero hablar contigo, Shikamaru —espeté con mi voz enrarecida mirando el celular. No pasaron más de diez segundos y éste comenzó a vibrar repetidas veces.
Tomé mi teléfono y miré la pantalla.
Shikamaru me estaba llamando, y yo encolerizada corté la llamada y apagué el celular. Lo arrojé nuevamente contra el respaldar del sillón.
—No quiero que me expliques nada —dije con cierto desazón. Sentí que mis ojos volvieron a llenarse de lágrimas.
Me llevé las manos a la cara.
—¿Con quién hablas hermanita?
Di un respingo al escuchar aquella voz. Estaba tan ensimismada en lo que sentía que no me di cuenta en el momento que Kankuro llegó.
Sequé mis lágrimas rápidamente y tragué saliva.
—Hola Kankuro. No hablo con nadie —le dije tratando de normalizar mi voz, sin embargo, no me resultó.
A los segundos, llegó a mi lado.
—Temari, ¿estás llorando? —inquirió con cierta preocupación. Enseguida se sentó junto a mí.
—¡Nooo!, sólo me entró una basura en el ojo —le respondí quitándole la mirada.
—¿Seguro? —me insistió.
—Sí —afirmé con un deje de amargura, seguramente no me creyó.
—Hermanita, yo sé que no es de Sabaku llorar, ¿pero sabes una cosa?, nosotros también somos humanos y tenemos sentimientos como cualquier otro mortal. No te verás menos fuerte si derramas una que otra lágrima.
Kankuro tenía razón. Lentamente alcé la mirada.
—¿Tuviste algún problema con Shikamaru? —me preguntó mirándome con detención.
Yo sólo asentí con la cabeza. No quería que escuchara mi voz compungida.
—¿Quieres hablar sobre eso? —inquirió nuevamente.
Moví la cabeza en negación. Su mirada se dulcificó.
—Temari, ¿recuerdas cuando éramos niños y nuestro padre nos regañaba cuando nos caíamos y llorábamos? —espetó esbozando una semi sonrisa.
—Sí, decía que no era de Sabuku llorar —balbuceé apenas.
—Y dime hermanita, ¿cuántas veces yo lloré sin que él se diera cuenta?
—Muchas —susurré en un hilo de voz.
—Sí, a menudo me caía de los juegos o me peleaba con algún chico en el colegio, sin embargo, la mayoría de las veces tú te diste cuenta y subiste a mi habitación para consolarme.
—Kankuro, ¿qué pretendes? —le reclamé con mi voz enrarecidas.
—Hermanita, deja salir tu pena —me dijo con dulzura—. Es de Sabaku desahogarse, de alguna forma nos hace más fuerte.
No pude evitar que mis ojos se llenaran de lágrimas otra vez.
Mi hermano al percatarse de aquello me estrechó con fuerza y me apegó a él. Yo de inmediato dejé salir mi llanto y por inercia lo abracé.
—Llora sin vergüenza, hermanita —acotó, Kankuro, con cariño —, saca toda la pena que tienes adentro y desahógate. Yo estoy aquí para confortarte.
Aquellas palabras me hicieron llorar más. Su amor fraternal sin duda era incondicional.
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CONTINUARÁ…
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Gracias por leer, espero que les haya gustado.
Cualquier cosa que me quieran decir pueden hacerlo a través de un review, me encanta leerlos y responderlos. Recuerden que los reviews siempre motivan al escritor, yo los amo con el corazón :D
Mañana responderé los reviews pendientes, disculpen la demora, últimamente mi tiempo libre es demasiado acotado.
Disculpen también las posibles faltas de ortografías, apenas tenga tiempo las corregiré (Kamisama, espero que llegué ese día :D)
Nos leemos en mi próxima actualización.
Les deseo un excelente domingo.
Abrazos y besos.
