Hola mis bellas y bellos lectores, gracias por entrar aquí. Hoy, después más de un mes desaparecida, les traigo capítulo 10 de este fanfic. Siento mucho prometer actualizaciones y no cumplir, pero la carga laboral me superó. Este viernes que pasó, por fin pude terminar con todo el trabajo que tenía designado. Ahora que me saqué «esa mochila» de la espalda, al fin puedo pensar en alguna actualización. Este capítulo lo comencé a escribir antes de que comenzara el estallido social en mi país (Chile). Me demoré más de dos meses en terminarlo, una eternidad, pero lo importante es que lo terminé aunque salió algo largo jajajaja (nunca antes había escrito más de 10.000 palabras XD). Espero que les guste el capítulo (cruzo los dedos porque sé que más de alguien me va a querer matar, lo siento XD).
.
Como siempre agradezco a todas las personas que leen mis historias y dejan algún review, a las que marcan mis historias o a mí como favorita y/o siguiendo, y a las que simplemente me leen. Para todos ustedes, muchas gracias, me inspiran de cierto modo a continuar.
.
Esta actualización la dedico a las personas que dejaron un review en mi último One-Shot: Roronoa Saki y ANABELITA N. Gracias chicas por comentar, les mando a las dos un beso y un fuerte abrazo.
Mención especial para Anita Nara040922, que escribió unos reviews en tres de mis historias.
Roronoa, ya me pondré al día con tu historia :D
.
.
Disclaimer: Naruto y todos sus personajes son propiedad de Masashi Kishimoto. La historia es mía y la publico sin ánimos de lucro.
.
Sin Arrepentimientos
.
Capítulo 10.- Abriendo el corazón.
POV Kankuro.
.
Nunca me imaginé ver a mi hermana en este estado.
Estaba llorando.
La ruda y altiva Sabaku no Temari me estaba demostrando que, como la gran mayoría de las féminas, también era sensible con temas relacionados con el corazón.
—Ya hermanita, tranquila —espeté con dulzura una vez que había sacado gran parte de su llanto.
Besé su cabeza y ella lentamente se separó de mí.
—¿Te sientes mejor? —le pregunté con empatía mientras observaba su rostro compungido.
—Un poco —me respondió secando sus lágrimas. Su voz aún se escuchaba enrarecida—. Gracias Kankuro.
Al hacer contacto visual conmigo, le tomé una de sus manos.
—No tienes nada que agradecerme, hermanita —espeté mirándola con cariño —, es lo mínimo que puedo hacer por ti.
Una sutil sonrisa apareció entre sus labios.
—¿Te puedo pedir un favor?
Aquella pregunta no me sorprendió. Me imaginé de lo que se podría tratar.
—Si quieres pedirme que no le cuente nada a Gaara, tranquila, guardaré silencio. Será un secreto entre los dos.
Volvió sonreír.
—No, no era eso, Kankuro, aunque igual te agradecería que me guardaras el secreto.
—Hermanita, seré una «tumba» —acoté con franqueza, para luego mirarla con curiosidad—… pero entonces… ¿qué cosa me quieres pedir?
Me quitó su mano y se puso de pie. Yo en todo momento la seguí con la mirada.
Se veía complicada.
—Bueno… es un pequeño favor…—espetó sin mirarme —. ¿Te puedes quedar a dormir?
Abrí mis ojos sorprendido.
—¿Estoy escuchando bien? —inquirí con cierto sarcasmo. No podía creer que ese problema con Nara la había debilitado tanto.
Me miró fastidiada.
—No te hagas el sordo, Kankuro, escuchaste bien —me respondió rudamente con el fin de mostrarse menos débil.
Sonreí por lo que quería aparentar.
—Si no mal recuerdo, ayer me querías lejos de tu apartamento —señalé mirándola con detención.
Su rostro se tornó serio.
—Pues cambié de opinión, ¿algún problema con eso? —inquirió en un tono desafiante.
—Por supuesto que no —respondí relajadamente—, tienes todo el derecho a retractarte.
—Entonces, ¿te quedas? —preguntó secamente, pero sin disminuir su interés.
—Si me lo estás pidiendo tan amorosamente como lo estás haciendo ahora, obviamente que me quedaré —acoté sardónicamente y luego suspiré—. Es de hermanos acompañarse en momentos difíciles.
No pude evitar mirarla con cariño. Su mirada al instante se dulcificó.
—Gracias Kankuro, no sabes cómo te lo agradezco —susurró dejándome ver nuevamente su vulnerabilidad.
Aquello no me gustó. Tenía que hacer algo para remediarlo.
—Mejor no me lo agradezcas tanto, hermanita, porque el hecho de pernoctar aquí significa que me tendrás que dar de cenar.
Su rostro se tornó confuso.
—¿Qué acaso Tenten no te dio de comer? —inquirió mirándome con interés.
Hice una mueca con la boca.
—Bueno sí, pero no sació mi estómago precisamente, sino que otra cosa —espeté en un tono socarrón, logrando que mi hermana me mirara furiosa.
—¡Eres un maldito cerdo, Kankuro! —profirió enfadada, cosa que de un algún modo me alegro, pero también me asustó—, no te estoy pidiendo detalles de lo que haces o no con mi amiga.
—No te estoy dando detalles, Temari —espeté negando con el rostro. Tenía que defenderme de tamaña acusación—, yo sólo respondí tu pregunta.
Mis palabras debieron sonar convincentes, ya que al instante la escuché bufar.
—Está bien, Kankuro, ya entendí —me respondió de forma grosera—. ¿De qué quieres el sándwich?
Esbocé una sonrisa. Al parecer mi hermanita volvía a ser la misma.
—Carne y queso no estaría mal.
—Okey, lo iré a preparar —espetó secamente comenzando a caminar hacia la cocina.
La seguí con la mirada.
—Pero quiero dos o tres sándwiches —alcé la voz logrando que se detuviera de golpe—, uno es muy poco.
Volteó bruscamente hacia mí.
—No es necesario que me lo digas, Kankuro —afirmó con certeza y seriedad—. Te conozco bastante bien, sé que eres un carnívoro.
Una tonta sonrisa brotó de mis labios.
—Ayyy no me digas que te estuvieron hablando de mí —fanfarroneé y juro que al instante me arrepentí. Crucé los brazos sobre mi rostro al ver que venía hecha una energúmena.
Por instinto cerré los ojos.
Una lluvia de manotazos cayó sobre mis extremidades.
—¡Ya cállate, cerdo! —bramó furiosa, mientras yo resistía estoicamente todos sus duros golpes.
—Está bien, está bien, pero deja de golpearme, ¿quieres? —supliqué, ya que a mi juicio sus golpes se estaban excediendo. Seguramente esa era la golpiza que quería propinarle al Nara por haberle «jugado chueco».
A los pocos segundos, «sus delicadas manos» dejaron de machacarme.
Abrí mis ojos lentamente y saqué los brazos de mi rostro. Temari tenía sus brazos en forma de jarra y su mirada estaba enfocada en el techo.
Tal parecía que estaba calmado al demonio que llevaba adentro.
Me miró de soslayo.
—No te golpearía, Kankuro, si mantuvieses tu bocota bien cerrada —me recriminó volcando completamente su mirada siniestra hacia mí. Al instante, sentí un escalofrío en la espalda —. Sabes, mejor voy a ir a prepararte los sándwich.
Aquella última frase que pronunció fue algo extraña. Definitivamente la paliza que recibí no era para mí, sino que era para el Nara. No había otra explicación, sino ya me hubiese «mandado por un tubo».
Comenzó a caminar hacia la cocina.
—Está bien, Temari, ya entendí —respondí su reclamo y me puse de pie. De inmediato, comencé a caminar detrás de ella —, pero espérame, hermana, no me dejes solo aquí.
.
.
.
—Entonces, eso fue lo que pasó —afirmé luego de tragar el primer trozo de pan de mi segundo sándwich. Dejé éste sobre el plato mientras ella se humedecía los labios.
Cogí mi cerveza.
—Sí, ese vago idiota nunca terminó con la flacuchenta —afirmó, Temari, con cierto desazón. Desvió su mirada a la mesa.
Bebí de mi bebida amarga y la dejé a mi derecha.
—Hermanita, recuerda que esta conversación es como una terapia de liberación —acoté con empatía captando nuevamente su atención—. Entonces, yo voy a volver a repetir mi última frase y tú me responderás con la verdad, dicho de otra manera, me escupirás todo lo que tienes escondido en tus entrañas.
Su semblante se tornó complicado.
—Ayyy Kankuro, ¿es necesario? —inquirió con cierta duda.
Asentí con una sutil sonrisa.
—Temari, saca todos los sentimientos que tienes guardado —espeté dulcemente tomándole la mano—. Hazme caso, en este momento soy el psicólogo a cargo.
Su mirada cambió a una burlesca.
—¿Ah sí?... entonces muéstrame tu título profesional —señaló con cierta sorna.
Sonreí y solté un suspiro.
—Lo dije en sentido figurado, hermanita.
Sonrió dulcemente.
—Lo sé, idiota —acotó apretando mi mano.
—Siendo así, hazme caso —señalé con determinación. Mis ojos la miraron esperando una respuesta.
Hizo una mueca con boca y luego me miró con resignación.
—Okey, sigamos con la terapia —aseveró en una actitud serena, cruzando los brazos.
—Entonces, eso fue lo que pasó —volví a repetir mi frase, y en cuestión de segundos, su semblante se desfiguró.
—Sí, ese imbécil… hijo… hijo de su madre jugó con mis sentimientos —profirió con irritación para después fruncir la boca.
—Y ahora, ¿cómo te sientes después de haber digerido la noticia? —inquirí con el fin de asegurarme de que ella no estaba sufriendo.
Resopló molesta.
—¡Kankuro!, ¿tenemos que seguir con esto? —se quejó tomado el vaso de jugo que tenía en la mesa, llevándoselo con brusquedad a los labios.
Asentí con la cabeza mientras la veía beber.
—Hermanita, esta terapia es para que te sientas mejor —acoté sincero, y ella sin quitarme la vista de encima, dejó su vaso sobre la mesa.
—Está bien —espetó secamente—. Todavía siento rabia.
—¿Qué más? —indagué analizando sus facciones.
—Siento pena —respondió, pero la voz al final se le quebró.
—¿Estás dolida porque Shikamaru no cumplió con lo que te prometió, cierto? —inquirí con el fin de que sacara todo lo que tenía adentro.
Apretó los labios en silencio y luego bajó la mirada. Me imaginé lo que le pasaba, así que estiré mi mano y tomé la suya para mostrarle apoyo.
—Responde sin vergüenza, hermanita —la animé a que continuara logrando que sus ojos aguamarina me miraran.
—Sí —afirmó con frustración. Sus orbes vidriosos reflejaban toda la impotencia que sentía su corazón.
Apreté fuerte su mano.
—Temari, ¿por qué no reconoces que estás enamorada de ese idiota? —inquirí mirándola con detención.
—¿Gano algo con reconocerlo? —contrapreguntó en un tono brusco, pero a su vez quejumbroso.
La miré con cariño.
—No me respondas con otra pregunta, hermanita —espeté con suavidad—. Aunque al preguntarme eso, prácticamente ya lo estás reconociendo.
Sus ojos que ya estaban vidriosos se aguaron mucho más.
Me quitó la mirada.
—Temari, reconocer que estás enamorada no significa debilidad —insistí y ella no pudo reprimirse más.
Soltó unas cuantas lágrimas.
—Pero eso es lo que estoy demostrando ahora: debilidad —balbuceó con aflicción—. No soy fuerte, Kankuro, soy una mujer débil… soy una patética No Sabaku.
Arrastré mi silla para estar más cerca de ella y la abracé por un costado, apoyando enseguida mi mentón sobre su hombro.
La sentí gimotear.
—Temari, no te dejes guiar por las premisas que nos enseñó nuestro padre —espeté entendiendo muy bien el conflicto que estaba sintiendo—. Todas esas ideas que nos inculcó papá, nos las enseñó con el fin de protegernos. No quería que pasáramos el mismo sufrimiento que él pasó con mamá. Por eso que cuando ella murió, cambió su forma de educarnos. Nos enseñó a ser personas fuertes dejando de lado los sentimientos, porque según él, dejando de lado el sentimentalismo, afrontaríamos de mejor manera lo que la vida nos iba a deparar, por ende, no sufriríamos, ¿pero sabes una cosa, hermanita?... esa era la verdad de Sabaku no Rasa, no la verdad tuya ni la mía. La verdad no es absoluta, Temari, porque cada uno de nosotros tiene su propia verdad y eso va a depender de los episodios que cada uno tenga que afrontar.
Apretó con fuerza mi mano y luego respiró hondo.
Exhaló.
—Entonces debo asumir… que soy una No Sabaku sentimental —su voz aún se escuchaba compungida.
Sonreí para sí.
—Temari, tú sabes muy bien que no eres una sentimental —aseveré con convicción para que recordará bien quien era ella—, sólo que hoy estás un poquito más… más… ¿cómo decirlo?, «más sensible» debido a desilusión que sufriste, pero mañana, ya verás que estarás mucho mejor… o quizás tan sólo necesites un par de horas más y listo.
Secó sus lágrimas con la mano libre y giró su cuerpo para mirarme. Yo corté el abrazo enseguida.
Aclaró su voz.
—¿Tú crees, Kankuro, que en un rato más me pueda sentir mejor? —inquirió mientras me miraba con detención.
Esbocé una sonrisa.
—Tengo la certeza que será así —afirmé con seguridad, dándole el ánimo que necesitaba—, porque eres una No Sabaku tal como yo, y nosotros por esencia somos fuertes — Bueno… es la fachada que nos gusta proyectar, ¿no es así? Entonces, estarás bien.
Una sutil sonrisa apareció entre sus labios.
—Tienes razón, Kankuro, no dejaré que la pena me embargue —espetó con la voz más serena, secando el vestigio de lágrimas que le quedaban—. Ya lloré lo que tenía que llorar, pero eso ya se acabó. Soy Sabaku no Temari y debo… corrección… tengo que estar bien de ahora en adelante.
La miré con orgullo.
—Me alegra ver que vuelves a ser tú, hermanita —acoté con franqueza al notar su cambio de actitud.
—No lo hubiese logrado tan rápido, si no hubieses estado aquí conmigo —señaló mirándome con cariño—. Gracias Kankuro, por ser tan lindo.
—«Lindo»… y eso que no ando vestido con mi mejor pinta —le dije mirándome la ropa. Su manotazo no se hizo esperar.
Me puse a reír enseguida.
—Idiota, quise decir buen hermano —me aclaró sus dichos con cierta molestia.
Respiré hondo para calmar mi risa.
—Lo sé, hermanita, lo sé… sólo quería corroborar que estabas de vuelta.
Su semblante cambió. Me dio otro manotazo y al instante esbozó una sonrisa
—Quizás para mí no seas el tipo más guapo, pero puedo asegurar con creces que eres el más simpático.
Sus palabras sonaron sinceras.
—Gracias por el elogio, hermanita —acoté mirando fijamente sus ojos aguamarina.
—Ahhh y también debo agregar que, desde hoy, pasaste a ser la persona con más tino a la hora de hacer reflexionar.
La miré con cierto asombro.
—Vaya eso no me lo esperaba —espeté con franqueza.
—Pues es la verdad —afirmó con seguridad—. Cada palabra que salió de tu boca fue como una revelación para mí. Nunca había analizado nuestra historia de vida, por eso escucharte hablar sobre el tema fue algo tan… tan sorprendente.
—Lo que pasa es que tú siempre piensas que yo hablo puras tonterías —le di a conocer mi percepción.
Una sonrisa socarrona se dibujó en su rostro.
—Es que con esa cara de idiota cualquiera lo pensaría.
Abrí la boca para hablar. No sabía si molestarme o responderle con la misma ironía. Opté por la segunda.
—Vaya, veo que «la desilusión Nara» definitivamente abandonó tu cuerpo.
Su sonrisa burlesca al instante desapareció.
—No, pero en este momento, ya puedo vivir con eso. Aunque igual veré la forma de cobrársela.
Sus palabras me hicieron hablar de demás.
—¿No me digas que se la vas a cortar?
—Imbécil, ¿cómo se te ocurre que voy hacer eso? —chilló molesta dándome otro manotazo.
Me quejé y me sobé el brazo.
—Porque te creo capaz —le respondí con seriedad—, aunque eso sería condenarte de por vida a la infelicidad. Tú amas a ese idiota.
—No necesito que me lo recuerdes, Kankuro —acotó secamente y yo de inmediato asentí.
—Está bien, pero piensa algo luego —le advertí mientras arrastraba mi silla hacia donde estaba mi cena. Me acomodé y tomé el sándwich que había dejado a medio comer—, porque te aseguro que si no le respondes los mensajes a Nara, mañana a primera hora lo tendremos por acá.
Le di una mascada a mi pan y bebí varios sorbos de cerveza esperando su respuesta.
—Mañana cuando despierte, le mandaré un mensaje excusándome que estaba con jaqueca —espetó maquiavélicamente—. Le diré que si quiere conversar conmigo, pase a mi apartamento por la tarde.
Sonrió con maldad.
Tragué lo que tenía en la boca.
—Vaya, eso quiere decir que ya sabes cómo cobrársela —acoté con cierta dicha. Ya era hora que mi hermana le diera a probar al Nara de su propia medicina—. Eres rápida, hermanita. Prometo desaparecer de tu apartamento mañana al mediodía.
—Espero que sea así —me advirtió seriamente señalándome con el dedo—, sino te juro que te va ir muy mal.
Sonreí para sí.
—Lo sé, hermanita, no tienes para qué recordármelo —acoté poniéndome de pie. La cerveza se me había acabado, así que fui en busca de otra para calmar la sed.
Entré a la cocina.
—Otra cosa, Kankuro —alzó la voz para que la escuchara—, procura no comentarle nada a Tenten.
Aquella petición, me complicó.
Saqué la cerveza del refrigerador y enseguida regresé al comedor.
—Eso sí será un problema, hermanita —espeté abriendo la lata de cerveza y enseguida le di un sorbo—, porque ella es como tú.
Frunció el entrecejo mientras yo regresaba a mi silla.
—¿A qué te refieres con eso? —inquirió curiosa.
—A que ustedes son un par de brujas —respondí con franqueza—, ya que saben al instante cuando uno les omite información —su rostro se tornó serio—, pero tranquila, voy a sintetizar todo lo que le tenga que decir en una sola línea. Si me veo en la obligación de hablar, es porque no quiero que Tenten atente contra mi integridad —aquello le causó gracia y yo por inercia esbocé una sonrisa —. Hermanita, te doy mi palabra que no diré nada que pueda dañar tu imagen de «mujer fría y fatal».
Sonrió complacida.
—Gracias, Kankuro, eres el mejor hermano.
.
.
.
POV Shikamaru.
La verdad es que no sabía cuántos cigarrillos ya me había fumado, sin embargo, estaba consciente que la segunda caja de un momento a otro se iba a acabar.
Enfoqué la mirada en el oscuro cielo y exhalé el humo que tenía en los pulmones. Pese a que me estaba haciendo «mierda» éstos mi conciencia aún seguía sintiéndose mal.
—Eres un maldito cobarde, Shikamaru —volví a susurrar dándole una nueva calada a mi cigarro. El no saber nada de mi problemática me había provocado cuadro de ansiedad.
Boté nuevamente el humo y apoyé mis brazos en la barandilla del balcón.
—Seguro debe estar odiándome porque no cumplí con lo que le prometí —balbuceé esbozando una sonrisa melancólica—. Ese debe ser el motivo de por qué apagó su celular. Sólo espero que mi estúpida decisión no le haya provocado ningún tipo de desazón.
El sólo hecho de imaginar a mi problemática con sus ojos llenos de lágrimas, me hizo sentir de lo peor.
—No, no… ella no derramará ni una lágrima por mí —me traté de autoconvencer dándole la última calada a mi cigarro. A los pocos segundos, exhalé—. No, no lo hará porque ella es una No Sabaku. Mi problemática sólo debió haber sentido rabia al ver incumplida mi palabra —sentí que se me apretó el corazón—. ¿Y si no fue así?, ¿y si de alguna forma la herí?
Hundí la colilla en el cenicero con cierta desesperación. Busqué rápidamente en mis bolsillos la caja de cigarros y el encendedor.
—Shikamaru… ¡Shikamaru! —la voz firme de mi padre me hizo salir de mi estado de shock.
Volteé y fijé mis orbes en los suyos.
—Papá, ¿qué haces aquí? —inquirí con cierto desconcierto. Daba la impresión que llevaba mucho tiempo parado ahí.
—Shikamaru, si estoy aquí es porque creo que es necesario que tengamos una conversación —respondió mi pregunta en un tono parsimonioso, arrastrando los pies hasta donde comienza balcón—. Golpeé la puerta por varios minutos, y como tú nunca abriste, decidí entrar —sus ojos rasgados me miraron con seriedad—. Llevó por lo menos tres minutos observándote.
—Disculpa papá, estaba tan ensimismado que no te escuché —me excusé, soltando tanto la caja de cigarros como el encendedor. Saqué las manos de bolsillos—, ¿pero cómo supiste que estaba despierto?
Reanudó su caminar y se detuvo a pocos pasos de mí.
—Shikamaru hay brisa —me contestó cansinamente sin dejar de observarme—. Todo lo que fumas nos entra por la ventana.
Por inercia bajé la mirada.
—Seguro mamá debe estar furiosa —susurré imaginándome la queja que tuvo que soportar mi progenitor.
—En un comienzo, sí, pero después le entró la preocupación… igual que a mí —pasó por mi lado y apoyó sus manos en la barandilla del balcón. Mantuvo su mirada hacia el frente—. Esta noche pareces una fumarola humana.
Esbocé una sonrisa forzada.
—Papá, ¿no crees que estás exagerando? —inquirí volteando y adoptando la misma postura que mi padre.
Lo miré de reojo.
—No, Shikamaru. Fumar tres horas seguidas estando solo, no es normal —respondió con seguridad.
Analicé sus palabras y luego me humedecí los labios. No me había dado cuenta de las horas que llevaba fumando.
—¿Ya es medianoche? —pregunté fijando la mirada hacia el frente.
—Casi —balbuceó con cierta pereza—. Sólo faltan quince minutos para que sean las doce.
—¡Kami!... mañana pareceré un sonámbulo —me quejé en un susurro.
Dejó escapar una pequeña risa que hizo que lo mirara de soslayo.
—Conociéndote, me imagino que sí —señaló volteando su rostro hacia mí—, por eso quise venir a hablar contigo antes de dormir. Supongo que debes tener una gran inquietud, ya que ni siquiera te habías percatado de cuantas horas llevas parado aquí.
Volteé mi rostro topándome con su mirada analítica.
—La verdad, viejo, es que tengo un problema personal —confesé sin dar detalles—, pero tranquilo… es algo que puedo manejar solo.
Alzó una ceja.
—¿Tres horas fumando y dices que puedes manejarlo solo?
Chasqueé la lengua.
—No creo que me vea muy angustiado… ¿o sí? —lo miré con expectación.
—¿Te miento o te digo la verdad? —su contrapregunta me hizo resoplar.
—Mendokusai.
—Shikamaru, confía en tu padre —espetó con serenidad—. No pienses que por ser más viejo que tú no voy comprender tu situación.
Sus palabras me sonaron «sospechosas».
—Hablas como si supieras algo —acoté mirándolo con detención.
—Puede ser, pero quiero escucharte a ti.
Su juego de palabras de cierto modo me intranquilizó. ¿Sabía realmente algo o simplemente quería sacarme mentira por verdad? Fuese o lo que fuese, no era un tema fácil de ahondar, mucho menos frente a él.
—Viejo, no es que no te quiera contar, pero se me hace complejo tener que tratar este asunto contigo —me sinceré con el fin de que no continuara—. Todos los valores inculcados por ti me juzgan antes de comience a hablar.
Analizó mis palabras y luego suspiró.
—Ya veo, hijo, entonces tendré que hacerlo de otro modo —revelarme que iba a cambiar su estrategia, me dio a entender que lo sabía todo—. Por lo que veo, Ino ya se enteró que andas con la problemática, ¿cierto?
Palidecí por unos cuantos segundos.
—¿Cómo diablos te enteraste de eso? —inquirí después de salir del shock.
—De la misma forma que Ino se enteró, supongo —respondió con su típica parsimonia.
Enseguida fruncí el entrecejo.
—No te vayas por la tangente, papá, y responde mi pregunta —espeté fastidiado.
—Shikamaru, tú mismo me lo revelaste —acotó de lo más normal.
Lo miré incrédulo.
—Disculpa viejo, pero que yo recuerde no te he contado nada —afirmé con seguridad.
—Shikamaru, lo hiciste de forma inconsciente.
Abrí los ojos desmesuradamente.
—Kamisama, ¿no me digas que he vuelto hablar dormido? —inquirí con cierta expectación.
—Pues sí, este último mes la somnoloquia te ha atacado duro —aquella respuesta me hizo sentir como un idiota. Exhalé aire por boca y luego fruncí los labios. Los ojos de mi padre me seguían observando. No lo soporte. Desvié la mirada—. Eso es lo que puedo decir, en lo que respecta a la hora de dormir la siesta, ya que eres tan vago que ni siquiera te dignas en cerrar la puerta. Por ese motivo, uno te escucha hablar.
Cerré los ojos y solté un suspiro.
—Siempre he pensado que llevar una doble vida es desgastador —espeté débilmente sonriendo de forma forzada—, y al parecer el tiempo me dio la razón. El estrés me pasó la cuenta. Seguramente Ino se enteró de todo de la misma forma que te enteraste tú.
Alcé la mirada con cierta vergüenza.
—Es lo más probable, Shikamaru —afirmó cansinamente y sin juzgarme, cosa que me hizo sentir un poco mejor—, pero lo que no entiendo es por qué no aprovechaste la ocasión para terminar tu relación con Ino, si estás enamorado de la Problemática.
Lo miré extrañado.
—Papá, ¿cómo diablos sabes eso?
—Shikamaru, fue una de las tantas cosas que repetiste mientras fumabas y fumabas —respondió con serenidad—. Te recuerdo que estuve por lo menos tres minutos observándote.
Abrí mi boca para hablar, pero luego la cerré. Chasqueé la lengua.
—Ya veo…«por la boca muere el pez» —ironicé.
—No te quejes tanto Shikamaru y responde mi pregunta anterior.
Recordar ese momento me hizo sentir como una escoria. Era necesario develar lo que estaba sintiendo.
—Porque soy un cobarde… porque soy un imbécil —espeté con rabia y cierta desesperación—. Hoy fui con toda intención de terminar mi relación con Ino, pero nunca pensé que ella ya sabía que la engañaba. ¿Y sabes que fue lo que me pidió?... me pidió que no la dejara y se echó a llorar desconsolada. Esa reacción no estaba en mis planes, de alguna forma anuló mi sentido común. Siempre pensé que ella se iba a enfadar al momento de enterarse que prácticamente la estaba cambiando por otra, pero no fue así. Y me hizo sentir mal... porque yo no soporto ver a las mujeres llorar. Por eso no fui capaz de terminar con ella.
Inhalé aire fuertemente y luego me llevé las manos al rostro.
—Pero cabe la probabilidad que a la Problemática también la hiciste llorar.
Sentí una fuerte punzada en el pecho.
—Lo sé, lo sé, por eso mi cabeza es un martirio —acoté con despecho—. Yo nunca debí prometer algo que no iba poder cumplir… mucho menos a ella.
Cerré los ojos con el fin de recuperar un poco de tranquilidad. Sentí una de las manos de mi padre sobre mi hombro.
—Shikamaru, yo no voy a juzgar el lío en el cual estás metido, pero si me voy a atrever a darte un consejo.
Su voz serena hizo que abriera los ojos.
—¿Cuál?
—Deja de seguir lamentándote y actúa de una vez —espetó con convicción—. Si tú ya tienes claro cuál es la mujer a la que amas, dale el lugar que se merece y deja a la otra enseguida… sino terminarás por perderla.
—Es irónico, viejo, pero ella no quiere nada serio conmigo —me quejé como niño chiquito.
—¿Y tú le crees? —inquirió mirándome con detención.
Hice una mueca con los labios.
—Antes le creía, pero ahora ya no sé —acoté con cierta incertidumbre—. Dice una cosa con la boca, pero con la mirada me dice otra. Es una mujer demasiado problemática para mí… pero supongo que es eso lo que me mantiene cautivo.
Esbozó una semi sonrisa.
—Con razón la llamas la Problemática —señaló mirándome de una manera extraña. Me imaginé que era lo que quería saber.
Sonreí de manera forzada.
—Sabes viejo, voy responderle a tu mirada curiosa —espeté y él me miró con expectación—. Sí, es ella, la problemática es Sabaku no Temari.
—No sabía que había vuelto a Konoha.
—Volvió hace como tres meses atrás, a cargo de la campaña de mercadotecnia de Akatsuki Corporation.
Me miró sorprendido.
—Eso sí que es una sorpresa —acotó y enseguida su actitud cambió a una seria—. Me imagino que has sabido mantener el secreto profesional frente a ella.
Lo miré con seriedad.
—Por supuesto, aunque jamás me ha tratado de sonsacar ningún tipo de información referente a la empresa. Para mí es un detalle que ella trabaje para la competencia.
—Me doy cuenta —afirmó pensativo—, sin embargo, para ella no debe ser fácil.
Solté un suspiro.
—No, por eso ella prefiere mantener conmigo sólo algo clandestino.
—Es entendible —espetó con parsimonia—. Ella es una profesional que presta servicios a Akatsuki Corporation, en cambio tú trabajas para una empresa que en un futuro serás el dueño —aclaró su garganta y yo lo miré expectación. Seguramente algo importante diría a continuación—. La estrategia de entrada de Akatsuki Corporation ha sido bastante agresiva para mi gusto, pero ha sido efectiva. Logró adueñarse de cierto porcentaje del mercado, dejando a varios competidores fuera —asentí, y él prosiguió—. La Problemática es muy buena, deberías hacerle una excelente oferta de trabajo y de paso evitarías que ella se fuera.
Sus últimos dichos me sorprendieron. Abrí la boca para hablar, pero las palabras no me salieron.
—Por la forma que me miras, creo que solucioné tu problema —señaló con cierta ironía—. No me digas que nunca pasó por tu mente hacerle ese tipo de propuesta.
Llevé mi mano derecha hacia la nuca.
—Pues… no —acoté con incomodidad.
Frunció un poco el entrecejo.
—¿Con qué cabeza piensas cuando estás con esa mujer? —indagó sin quitarme los ojos de encima. No respondí, pero sentí que los colores se me subieron al rostro. A los segundos, se le escapó una sonrisa—. No, mejor no me lo digas —se dio media vuelta y comenzó a arrastrar los pies hacia la salida. Yo quedé estático por la vergüenza—. Buenas noches, Shikamaru, si no me voy pronto de aquí, no sé hasta qué hora estaremos conversando, y tú mañana tienes que ir a trabajar —detuvo su andar y volteó nuevamente hacia mí—. No quiero ser el culpable de los gritos que tu madre dará mañana, debido a que no te levantas pronto a desayunar.
Sentí que mi cuerpo se relajó. Esbocé una semi sonrisa.
—Buenas noches, viejo, y gracias —acoté dejando el balcón— Prometo reflexionar tus palabras.
—Pero reflexiónalas mañana, sino dudo que te levantes «mañana», valga la redundancia.
Detuve mi caminar y sonreí para sí.
—Está bien, papá, y gracias otra vez —acoté guardando las manos en los bolsillos.
Esbozó una semi sonrisa.
—Descansa Shikamaru, mañana será otro día.
.
.
.
La alarma de mi celular sonó, anunciándome el comienzo de una nueva semana laboral. Abrí los ojos con pereza y estiré la mano para apagar la odiosa melodía que de lunes a viernes me fastidiaba, sin embargo, en vez de indicar que la alarma volviese sonar en diez minutos más, indiqué el fin de la alarma.
Imposible dormir diez minutos más si apenas abrí los ojos la incertidumbre que sentía anoche regresó.
Cogí el móvil y miré la pantalla: había un mensaje sin abrir de mi problemática.
Lo abrí rápidamente y lo leí.
T: Hola. Si anoche no te contesté fue porque estaba con una jaqueca terrible y por eso apagué el celular. Hoy tengo mucho trabajo, así que no creo poder contestar ninguno de tus mensajes. Pasa a mi apartamento por la tarde, si quieres conversar.
Solté un suspiro.
Obviamente sólo se iba a excusar. No me develaría sus sentimientos.
—Mujer problemática —susurré y enseguida respondí su mensaje.
S: Okey, pasaré a tu apartamento por la tarde.
Apagué la pantalla del celular y lo dejé sobre la mesa de noche.
—Esta jornada laboral será todo un suplicio.
.
.
.
Faltaban quince minutos para que finalizara la jornada laboral y mi paciencia característica se me esfumó. Tomé mi celular y salí de la oficina. Ingresé al ascensor y bajé hasta el estacionamiento. Avancé rápidamente hasta mi auto y me subí. Salí como alma que lleva el diablo del edificio.
Tomé la avenida principal y las señales del tránsito me las guardé en el bolsillo. Tenía que ver pronto a mi problemática, sino la sensación de incertidumbre que había cargado todo el santo día, me iba a terminar por matar.
No me demoré en llegar a mi destino, ya que gracias a Kami no se me atravesó ningún un auto y ningún peatón en el camino.
Aparqué enfrente de su edificio.
Poco me importó si alguien conociera mi auto e hiciera alguna relación con cierta problemática que reside en el condominio.
Subí hasta su piso y con nerviosismo me dirigí hasta su puerta.
Toqué el timbre y esperé a que abriera.
Me saqué la chaqueta.
Poco se demoró en abrir.
—Hola, ¿cómo estás?... pasa —espetó de forma amena, abriendo la puerta de par en par.
Aquella cordialidad no me la esperé.
—Es muy buena actriz —pensé antes de contestar —. Hola, estoy bien —respondí cansinamente e ingresé a la sala. Avancé unos cuantos pasos y ella enseguida cerró la puerta.
—Toma asiento, regreso en un minuto —acotó pasando velozmente por mi lado.
—No dijo nada porque llegué más temprano —pensé mientras vi que ingresaba a la cocina—, esto definitivamente está mal.
Caminé con cierta intranquilidad dejando mi chaqueta sobre una silla. Me acerqué al sillón y me senté. Apoyé mi espalda en el respaldar y giré mi rostro hacia la cocina.
Esperé a que saliera.
Pasaron por lo menos treinta segundos y ella apareció con una botella de champagne y dos copas en la mano.
La miré extrañado.
—¿Celebramos algo? —inquirí mientras ella se acercaba.
Dejó todas las cosas que traía sobre la mesita de centro y se enderezó. Giró hacia mí esbozando una amplia sonrisa.
—Obvio que sí —respondió con convicción y yo no supe qué pensar. Sonreí con cierta desconfianza.
—¿En serio?, ¿qué cosa? —pregunté con expectación. Eché mi cuerpo hacia adelante y apoyé mis codos sobre las piernas.
Su sonrisa nunca se apagó.
—El que hayas respetado las reglas —acotó como si nada volviendo a girar hacia la mesita de centro. Se arrodilló sobre la alfombra.
—Temari, yo…
—No tienes nada que explicarme, Shikamaru —me interrumpió pasándome a su vez la botella de champagne. Apoyé ésta sobre mi pierna—. Era lo que tenías que hacer de acuerdo al trato que establecimos.
Me quedé en silencio mirando sus ojos fijos.
—No pude romper con Ino, porque no tuve el coraje suficiente para hacerlo —continué con la explicación que ella había interrumpido.
Bajé la mirada.
—Ya deja de lamentarte, Shikamaru —espetó bajándole el perfil a la situación. Yo alcé la vista enseguida—. Continuar con Ino es la mejor decisión que pudiste tomar. Tú sabes que tarde o temprano yo me iré de la ciudad.
Me quitó la botella de las manos y rompió el papel de aluminio. Se acomodó mejor en la alfombra y comenzó a desenroscar el seguro de alambre.
—Temari, Ino ya sabía que la engañaba contigo —acoté en un tono neutro logrando que detuviera sus movimientos.
Sus ojos aguamarina me miraron con un deje preocupación.
—¿En serio?
—Sí… luego de restregármelo por la cara ella se descontroló. Se puso a llorar y me pidió que no la dejara.
Al escuchar la última parte de mi relato, su semblante de cierto modo cambió.
Hizo una mueca con la boca.
—Claro y tú como buen novio le hiciste caso enseguida —acotó con ironía. Desvió su mirada hacia la botella y continuó desenroscando el seguro.
Chasqueé la lengua.
—Apoyas mis decisiones en un comienzo y luego me la criticas, quien te entiende, mujer problemática —espeté con fastidio colocándome de pie enseguida. Busqué su mirada aguamarina.
Sus orbes me miraron de forma despectiva.
—Si era eso lo que me querías contar, creo que podemos dar el asunto por zanjado. No terminaste con Ino, todo sigue. Punto final.
Su frialdad me dolió. Fue inevitable no compararlo con el trato que me dio al comienzo de nuestra relación.
—Hubiese preferido una palabra reprobatoria de su parte antes que esa gélida intervención —pensé mientras la veía en su afán de abrir la botella—. Este retroceso es culpa tuya, Shikamaru, es lo mínimo que te mereces por no cumplir con tu promesa.
Suspiré resignado y me volví a sentar. Le quité la botella de las manos y terminé por desenroscar el seguro de alambre del corcho. Tiré de éste con fuerza. Un sonido hueco se escuchó.
Ella sonrió victoriosa y enseguida acercó ambas copas. Con seriedad, las llené dejando luego la botella sobre la pequeña mesa de centro.
Me entregó mi copa y yo la alcé. Esperé que mi problemática hiciera lo mismo.
—Para que sigamos respetando las reglas del juego —espetó con una amplia sonrisa para luego acercar su copa en cámara lenta hacia la mía.
Mientras se acercaba comencé a pensar.
—¿Realmente era eso lo que ella quería?, ¿o era una forma de bajarle el perfil a la decepción que le había provocado ayer y que aún sentía?
Antes de que ella chocara su copa con la mía, decidí hacer mi brindis con el fin de averiguar.
—Por darme la oportunidad de compartir otro día junto a ti.
Apenas escuchó mis palabras detuvo el brindis enseguida.
Alzó una ceja.
—Estamos brindando para que sigamos manteniendo las reglas del juego —me corrigió con la voz seria y el semblante neutro.
—Y yo estoy brindando por estar nuevamente junto a ti —mantuve mis dichos y enseguida la contraataqué— ¿hay algún problema con eso?, ¿o es muy descabellado lo que estoy diciendo?
La desafié con la mirada.
Sus ojos aguamarina me miraron serios. Mantuvimos ese cruce de miradas por varios segundos. Los ojos ya me ardían cuando ella de pronto frunció los labios.
—Pues no —acotó escuetamente.
—Entonces no hablemos más y salud —espeté chocando mi copa con la suya. Bebí mi espumante de sopetón.
Ella de inmediato hizo lo mismo. La observé acabarse su copa.
—No estamos en una competencia, mujer —acoté con parsimonia una vez que terminó. Le quité con suavidad la copa de su mano y dejé ambas copas sobre la mesa de centro. Volví a observarla —. Brindar no implica tener beber la bebida al seco.
Me miró con altivez.
—Lo sé, pero no iba permitir que mi brindis terminara siendo tuyo —respondió con cierta soberbia. Se acercó nuevamente a la mesa y volvió a llenar su copa. Ingirió media bebida de golpe.
Su actitud me hizo sonreír.
—Pero dime una cosa, mujer, ¿cuál era tu afán de brindar? —inquirí logrando que sus bellos ojos me mirarán. Volvió a beber de su copa—. Demostrarme que poco te importa si continuo con Ino o no.
Terminó su espumante y dejó la copa sobre la mesa. Evadió mis palabras con una sonrisa coqueta.
—Te lo dije en un comienzo, Shikamaru —respondió levantando su trasero de la alfombra y colocándose de rodillas —, estamos brindando porque no rompiste las reglas del juego.
—Pues sabes una cosa, problemática, no te creo nada —espeté con seguridad, entretanto ella abría la boca simulando estar ofendida—. Todo este teatro del brindis lo montaste como una simple fachada.
Sonrió burlesca y luego se me acercó con sensualidad.
—¿Eso es lo piensas de mi brindis? —inquirió con fingido interés, apoyando sus brazos sobre una de mi piernas.
—Pues… sí —confirmé mis dichos algo complicado, ya que la muy condenada comenzó a deslizar sus dedos hasta mi entrepierna —. Tú quieres demostrarme que por dentro estás muy bien, pero yo sé que nada de lo que me has demostrado hoy es real.
Apenas terminé de hablar, cogió mi miembro por encima de mi pantalón.
—Esto es real —acotó mirándome con deseo.
—Mujer, yo no estoy hablando de sexo —espeté sujetándole la mano—. Lo único que quiero de tu parte es un poco de sinceridad. Yo sé que no pude cumplir con la promesa que te hice, pero te juro mujer que la próxima vez no te voy a fallar. Perdóname si te ilusioné de alguna forma, perdóname si por casualidad te hice llorar.
Sus ojos almendrados me miraron fastidiados.
—¿Ya terminaste?
Esa forma despectiva de preguntar, me colmó.
—Problemática, te estoy hablando en serio —acoté en un tono bastante molesto.
—¡Pues, yo también! —profirió de un solo grito soltando mi miembro y quintándose mi mano de encima. Se puso de pie—. ¡Los conflictos internos que tengas, guárdatelos para ti!, ¡a mí no me interesa «ni un comino» saber de ellos!
Sus palabras me volvieron a doler, sin embargo, si quería «sacar algo en limpio», tenía que seguir insistiendo.
—Cabe destacar que todos mis conflictos internos llevan tu nombre y apellido, mujer —me sinceré mientras ella trataba de regular su respiración con los ojos cerrados. Me puse de pie—. Tú sabes muy bien que estoy enamorado de ti.
—No es mi problema si no supiste mantenerte a raya en este juego —espetó secamente sin abrir los ojos. Aquella respuesta, más que herirme, provocó que la incertidumbre que había sentido durante todo el día regresara.
—¿Me estás tratando así porque te dañé, cierto? —inquirí con cierta desesperación tomándola de ambos brazos. Ella abrió sus ojos enseguida.
—Te estoy tratando como siempre te he tratado, Shikamaru —respondió con soberbia mientras intentaba zafarse de mi agarre, sin embargo, no lo consiguió.
—¡Mentira! —alcé la voz y ella me miró sorprendida—, tu trato últimamente era distinto, ¡pero hoy todo se fue a la mierda!
Su semblante se neutralizó.
—No voy a permitir que me levantes la voz, Shikamaru —espetó en un tono demasiado serio que de inmediato me hizo reaccionar. Solté sus brazos y la miré con arrepentimiento.
—Perdón, perdón, perdón… pero necesito saber si te dañé o no —susurré enmarcando su rostro con mis manos.
Sus ojos aguamarina me miraron confusos.
—Respóndeme, por favor —volví a implorar logrando que, segundos después, su desconcierto desapareciera. Suavizó su semblante y puso sus manos sobre las mías. Pude sentir su calidez, cosa que me extrañó. Quitó mis manos de su rostro y las soltó. A continuación se miró los brazos.
—No, parece que no.
Su actitud severa y despectiva había desaparecido.
—Imposible que tengas una marca, mujer, ya que nunca apliqué ningún tipo de presión en tus brazos —esbocé una sutil sonrisa, bajando a continuación la mirada. Con delicadeza tomé una de sus manos. Comprobé sin querer lo que sospechaba, sin embargo, me lo guardé. Alcé la mirada con seguridad, fijando mis orbes en sus ojos aguamarina—, pero yo no te estoy preguntando si mi agarre te dañó, te estoy preguntando por lo que sucedió ayer.
Pude ver cierta complicación en su mirada.
—Shikamaru, olvidémonos de ese tema, —acotó con una sonrisa forzada—, eso para mí ya quedó atrás.
Obviamente no le creí.
—Dices eso para que no siga insistiendo ¿cierto? —coloqué mi mano libre sobre su mejilla esperando una respuesta. Acaricié su rostro con el pulgar.
Cerró sus ojos al sentir mi tacto.
—Shikamaru… yo estoy bien —susurró con el fin de calmar mi incertidumbre.
—Puede que lo estés ahora, pero yo sé que ayer te lastimé —insistí en un tono suave—. Te hice llorar.
Sus ojos aguamarina me miraron perplejos.
—¿Por qué inventas eso, Shikamaru? —espetó como si yo la estuviese ofendiendo.
—No es ningún invento, mujer —respondí con convicción—, yo sé que es verdad.
Enseguida rodó los ojos.
—Estás loco, Shikamaru —acotó y volteó el rostro. Con ambas manos lo tomé y lo regresé hacia mí.
—Tú sabes que no lo estoy —espeté en susurro sin de dejar de mirar sus expresivos ojos —. Perdón, mi amor, no fue mi intención.
Solté su rostro y la estreché con fuerza. Su cuerpo no me respondió.
—Lamento informarte, Shikamaru, que tu intelecto e intuición hoy se equivocaron —señaló tratando de parecer fría, sin embargo, esta vez no le salió—. Jamás he derramado ni una sola lágrima por ti.
Solté un poco el abrazo y miré sus bellos ojos.
—¿Estás segura?
—Por supuesto —respondió con su típico orgullo.
Sonreí ladinamente y la solté por completo.
—Te quiero mostrar algo —espeté cansinamente y levanté mi brazo. Sus ojos aguamarina me observaban sin entender nada—. Mira el puño de mi camisa.
Hizo lo que le indiqué y luego frunció el ceño.
—¿¡Qué!? ¿Una mancha? —inquirió con cierto fastidio.
—Eso parece —respondí con parsimonia, atento a su reacción—, pero dime tú de qué es.
Se quedó en silencio por unos segundos y enseguida alzó la mirada. Fijó sus ojos en los míos.
—Es base de maquillaje —respondió con seriedad.
—Sí, algo que tú no usas, por lo menos estando conmigo —acoté con naturalidad—. Es la primera vez que me mancho con este producto estando acá.
Por inercia frunció la boca.
—¿Y qué tiene que haya usado base de maquillaje? —inquirió con cierta molestia.
—Si algo he aprendido de las trasnochadas de Ino, es que este producto esconde mágicamente las ojeras como también las caras compungidas— apenas escuchó mi respuesta, su semblante se endureció. Continué—. Es un gran producto para las mujeres que quieren disimular una mala noche ¿no? —no hizo ni un gesto, sin embargo, un leve tic en el ojo izquierdo le comenzó. Había llegado el momento de hacer presión—. Ahora dime la verdad, problemática… ¿estuviste llorando, anoche?
No contestó.
Su semblante a leguas irradiaba mal humor.
Insistí.
—¿Te hice llorar, verdad?
Silencio rotundo.
Continué mirándola con detención.
—Mujer, si no me respondes, entenderé que sí lloraste.
No lo soportó, su rostro inmediatamente se desfiguró.
—¡Qué no! —chilló furibunda y por instinto intentó girar. Tomé su brazo para evitar que volteara. Volvió a quedar enfrente de mí, pero esta vez su respiración se veía errática.
—¿Y para qué te alteras, mujer?, ¿tanto te cuesta reconocer que eres humana igual que yo? —continué presionándola mientras la ira le salía por los poros—. Lo siento, mi amor, pero la perspicacia es mi don.
Su rostro se sulfuró.
—¡Maldito desgraciado, maldito! —exclamó al mismo tiempo que comenzó a golpear mi pecho con las manos empuñadas.
—Golpéame e insúltame todo lo que quieras, mujer —acoté dejando que continuara con su deshago—, pero no lo hagas por haber descubierto tu secreto, sino hazlo por las lágrimas que ayer te causé. Hazlo por la mariconada que te hice ayer.
Detuvo sus golpes y me miró con odio.
—Eres un imbécil, Shikamaru Nara —profirió frunciendo los labios. Reanudó los manotazos—, un idiota, un malnacido.
—Lo sé, mujer, y también soy un bastardo —espeté al sentir que bajó la intensidad de sus golpes. Aproveché la ocasión y la rodeé con mis brazos, pese a que ella en un comienzo se resistió. Necesitaba calmarla para poder explicarle. Segundos después nuevamente trató de zafarse de mi agarre. Decidí liberarla para no dañarla.
Sus ojos aguamarina me miraron con rabia y pena.
—¿Cuál era el objetivo de prometerme algo que no ibas a cumplir? —me preguntó y a mí se me apretó el corazón—, ¿jugar con mis sentimientos?, ¿crear falsas expectativas en mi cabeza?, ¿ilusionarme? —quise defenderme ante tamaña acusación, sin embargo, ella prosiguió —. Pues lo lograste, imbécil, lo lograste.
Quedé estático ante su confesión, de alguna forma ella me estaba abriendo su corazón.
Inició otra ronda de manotazos, pero esta vez no dejé que continuara.
—Perdóname si te ilusioné, mujer —acoté con sinceridad, sujetándole los brazos. De un solo movimiento la atraje hacia mí. La estreché fuertemente a mi cuerpo—. Nunca tuve la intención de hacerlo.
—¡Pero lo hiciste, Shikamaru, lo hiciste! —su tono quejumbroso, me desconcertó. Solté un poco el abrazo para mirar su rostro. Su mirada vidriosa me dolió—. Dijiste que todo tu tiempo libre sería exclusivamente para mí, que nunca más te iba a tener que compartir, que…
—Lo sé mujer, lo sé —la interrumpí tomado su rostro con mis manos. Sequé con mis pulgares las lágrimas que amenazaban por caer—, y no sabes cómo me duele haberte fallado, pero te juro que lo voy a remediar. Tú sabes que eres la única mujer que amo.
Apretó los labios sin dejar de observarme.
Respiró aire fuertemente y enseguida exhaló.
Quiso esbozar una sonrisa, pero al final terminó haciendo un puchero. Quitó mis manos de su rostro y algo tambaleante retrocedió.
Miré cada una de sus acciones con detención.
—No lo sé… ya comienzo a dudar de todas las cosas que me has dicho —se quejó como niña chiquita, cosa que me enterneció. Supuse qué era lo que le pasaba. Todos los reproches que me hizo y sus confesiones habían sido provocados por el alcohol. Ahora entendía por qué su actitud había mutado tantas veces en menos de un cuarto de hora, ¿pero que estaría bebiendo antes de que llegará yo?
—Problemática, tú sabes que mi amor es incondicional —espeté con sinceridad, mientras me volvía a acercar a ella. Tomé una de sus manos—, mi amor es sólo tuyo.
Alzó la mirada y me miró dudosa.
Como no me dijo nada, la besé de forma fugaz.
—¿No me crees? —susurré con suavidad luego de tomar distancia de su boca. Esperé su reacción.
—No sé, todavía tengo dudas —acotó con terquedad y luego estiró la boca como trompa. No podía negar que era una testaruda adorable y hermosa. Giré mi rostro rápidamente hacia el mini bar. Había una botella de whisky y un vaso a medio tomar.
Sonreí para sí.
—Claro, como no me saludó con un beso, nunca supe que ya estaba bebiendo —pensé mientras volvía a enfocar mi mirada en ella. Me acerqué nuevamente a su boca. Esta vez la besé con más pasión y ella me respondió de la misma forma.
La estreché más a mí.
—¿Y ahora? —inquirí al separarme levemente de su boca.
Me miró con la respiración errática para luego hacer una mueca con los labios.
—Puede que tengas una posibilidad —acotó de forma despectiva, sin embargo, su mirada lujuriosa me dijo otra cosa.
Sonreí con lascivia al ver que el alcohol me traía a mi problemática de vuelta.
—¿En serio? —susurré enmarcando su rostro con mis manos. Me acerqué peligrosamente a sus labios, pero sin hacer contacto. Ella me miró deseosa —. Entonces déjame demostrarte lo mucho que te amo.
Terminé mi frase y arremetí contra su boca. La besé con desenfreno y con pasión. Ella respondió mi beso con el mismo frenesí y enseguida abrió su boca.
Quería que sintiera su sabor.
Recorrí cada rincón de su cavidad bucal con mi ansiosa lengua, obviamente cada uno de sus cálidos rincones me sabía a alcohol.
Aquel sabor me encantó.
Entrelacé mi lengua ávida con la suya. El suave sabor a champagne y a whisky que desprendían sus papilas gustativas, me calentó.
Sentí la necesidad imperante de escucharla jadear.
Quité mis manos de su bello rostro y las guié directo a sus redondas nalgas. Se las amasé con fervor por varios segundos y desde ese punto la apegué a mí para que sintiera mi erección.
Soltó un gemido de satisfacción sobre mis labios.
Estaba caliente tanto o igual que yo.
Sentí que se aferró a mi espalda con una de sus manos y la otra la guió sobre mi rostro. Retomamos el beso que su gemido interrumpió. Metí mis manos por debajo de la tela de su vestido y ascendí por sus tonificados muslos hasta alcanzar sus gloriosas nalgas.
Las sobajeé con fruición.
—Aaaahhg —gimió sobre mi boca y alzó su pierna izquierda por inercia. Afirmé su muslo con mi mano derecha y lo alcé más. Apegué su larga pierna a mi cadera.
Nuestra libido se acrecentó mucho más.
Con ansiedad mi mano libre comenzó a buscar la prenda íntima que ella debía tener puesta, sin embargo, pese a que la buscó no la encontró.
—Mujer, estás sin ropa interior —susurré sobre sus labios para luego deslizar mis dedos por los cálidos pliegues de su vagina. Estaba más que húmeda—. Me encanta.
Sentí que suspiró.
—Para qué usarla, si siempre me la quitas —musitó cachonda.
Sonreí con su comentario.
—Mujer caliente, en lo único que piensas cuando estás conmigo es en follar —espeté con voz ronca mientras dos de mis dedos se introducían por su sinuosa cavidad. Comencé a hurgar sus mojadas paredes con ahínco. A los segundos soltó un gemido.
Me extasió.
—¿Y tú, no? —inquirió con lascivia, quitando la mano que tenía sobre mi rostro para guiarla hasta la hebilla de mi cinturón. Comenzó a soltarlo con maestría.
—Pues no, lo carnal no es todo en la vida —señalé mientras seguía brindándole placer con mis dedos.
Entre sus jadeos se le escapó una risa.
—¡Claro!... y tú ahora estás rezando conmigo el ave maría —espetó mientras terminaba de abrirme el cinturón. Sus ávidos dedos continuaron con mi pantalón
Chasqueé la lengua.
—Mujer problemática, te respondí con la verdad —me defendí sin dejar de hurgar sus sinuosas paredes. La escuché gemir otra vez—, sólo que mi respuesta pareció sarcasmo frente a mi accionar, pero te puedo asegurar que ha sido sólo una simple coincidencia.
No replicó, supongo que estaba más interesada en terminar de abrir mi pantalón. Introdujo su mano por debajo de la tela de mi ropa interior. Cogió mi miembro en señal de posesión.
—Aaaahhg —jadeé apenas sentí deslizar su suave mano por mi dura erección. Por inercia detuve los movimientos de mis dedos, pero segundos después volví a hurgar con más fervor. Tenía que acostumbrarme a los movimientos frenéticos de su tacto, para así no detener la masturbación.
Apreté los dientes y seguí satisfaciéndola, sin embargo, la muy condenada siguió corriéndome la paja con más fervor. En pocos segundos mi libido se incrementó exquisitamente, por lo que por inercia el movimiento de mis dedos también se aceleró.
—Aaaahhg Kami —soltó un gemido al sentir el cambio de ritmo de mis dedos. La pierna que la sostenía de alguna forma se desestabilizó.
Solté su otra pierna y la tomé firme de la cintura.
—Así no vamos a llegar muy lejos, mujer —espeté captando su mirada pecaminosa.
—Creo que esta vez tienes razón —acotó seductoramente y comenzó a desabotonar con rapidez mi camisa. Yo no me quedé atrás y jalé su vestido hacia arriba. Levantó los brazos y la prenda salió. La dejé caer al piso sin dejar de apreciar sus turgentes senos.
—Eres muy libidinosa, Sabaku no Temari —espeté mientras comenzaba a quitarme todas las prendas que cargaba —, mira que andar sin bragas ni sujetador.
Sonrió traviesa.
—Pero ando con zapatos de tacón.
Giró sobre su eje dejándome hipnotizado. Era sin duda la diosa de la seducción.
Terminé de quitarme la ropa y me lancé como predador hacia su presa. La estreché entre mis brazos y comencé a besarla con pasión.
—¿Por qué saliste tan caliente, mujer problemática? —susurré sobre su cuello mientras la guía a unos de los muebles que siempre me provocó.
—No es culpa mía —acotó toda inocente cogiendo mi erección con su mano—, es culpa de este pedazo de carne que siempre me está tentando.
Sonreí por su respuesta y detuve mi caminar. Pasé mi mano por la angosta superficie que estaba detrás de ella.
—Siempre me he preguntado por qué cada vez que vengo a verte esta mesa de arrimo está vacía —espeté tomándola de las nalgas y sentándola en aquel mueble peculiar.
Me miró de forma lujuriosa.
—Era por si alguna vez se te ocurría follarme acá —acotó con sensualidad mientras separaba sus piernas. Tomé sus muslos y ubiqué mi erección en la entrada de su intimidad—. No sé cómo a tu cabeza pensante no se le ocurrió esto con anterioridad.
Esbocé una sonrisa ladeada.
—Si se me ocurrió, mujer —susurré hundiendo solamente mi glande en su cavidad. Me miró con ansiedad —, sólo que al estar ubicado en la entrada del apartamento nunca lo recordaba. La mesa y el sillón es la primera alternativa que se te viene a la mente cuando estás cachondo en la sala. ¿No sé por qué hoy se me vino a la cabeza esta mesa angosta? Supongo que fue porque sucedió algo especial.
Sonrió con cierta ironía.
—Llamas «algo especial» a no cumplir con tu palabra.
Preferí no ponerle oído a su comentario y darle énfasis al mío.
—No, problemática. Digo que ocurrió «algo especial» porque por fin sentí que me abriste tu corazón —acoté provocando que frunciera el entrecejo. Sonrió y me miró con extrañeza. Tal parecía que no lo recordaba. Le hice un resumen al ver que sólo me miraba—. Me reclamaste, problemática, y de paso me dejaste ver tu pena. Para mí eso fue más que una declaración de amor.
Su sonrisa de repente se amplió.
—Shikamaru, creo el champagne se te subió a la cabeza —espetó de forma burlesca.
Sonreí ante su comentario.
—A ti se te subió a la cabeza, mujer, y de pasada te dejó una laguna aquí —señalé tocando su sien izquierda.
Sonrió coqueta.
—¿En serio?, ¿y cuándo? —inquirió con curiosidad para luego cambiar su semblante a uno serio. Me dio un manotazo. Me imaginó que recordó en lo que estábamos. Sonreí. Definitivamente amaba los cambios de humor de esta mujer problemática con tintes de «ebria»—. ¿Y por qué mierda estamos hablando en este momento? Se supone que me sentaste aquí para follarme, no para charlar de lo que tú crees ni de lo que piensas.
—Problemática —mascullé empujando mi erección por completo contra ella. Soltó un gemido de satisfacción, instándome a embestirla de manera frenética.
Tomé firme sus muslos.
Comencé a arremeter contra ella con pasión y brío.
—Aaahhg Shika —gimió con la respiración acelerada—, me encanta que me folles duro. Me encanta.
Gran revelación. Mi problemática «buena y sana» nunca me habría dicho eso. Definitivamente el alcohol estaba haciendo estragos en su cuerpo, mejor dicho «le había soltado la lengua».
—¿En serio? —inquirí penetrándola con más ahínco. Apreté los dientes. Soltó varios gemidos—, siempre pensé que encantaba llevar el mando.
Jadeó.
—Sí… también… pero más lo hago para ver tu apático rostro extasiado. Sé que te encanta que brinque sobre tu falo.
Sonreí con su confesión para luego darle más duro.
—Aaaayy Kami —gimió apoyando parte de su espalda en la pared.
—A mí me fascina como lo haces… mujer —susurré con la voz entrecortada, sin dejar de empujar duro contra su femineidad. Lo hice mirando su extasiado rostro, quería ver como gozaba de mi brusquedad—, te mueves tan rico… pero ahora que sé que te gusta la rudeza… voy a darte tal como lo deseas.
Sus ojos me miraron deseosos. Yo sonreí con maldad.
Continué arremetiendo rudamente contra ella Sus paredes se sentían tan cálidas, tan húmedas, que de un momento a otro mi miembro se endureció aún más.
Mascullé un «maldición» luego de jadear. El punto de no retorno estaba cerca, tenía que lograr que mi problemática alcanzara su orgasmo antes que viniese el desastre total.
Fruncí mi semblante y apreté la mandíbula.
Comencé a penetrarla a un ritmo descomunal. Hasta el fondo y con algo de brusquedad. La fricción que produjo mis arremetidas hizo que sus gemidos se intensificaran, provocando a los pocos segundos la contracción de su sinuosa intimidad. A continuación su cuerpo se estremeció por completo, soltando enseguida un gemido gutural.
—Ahhhggg Shikamaru.
Escucharla pronunciar mi nombre fue como un aliciente para seguir a embistiéndola con ferocidad. Seguí ingresando y saliendo de ella con ahínco, hasta llegando a un punto que mi cuerpo no pudo resistir más. Sentí un par de contracciones en los testículos, para luego derramar mi lechosa esencia en su intimidad.
—Aaaayy mujer —mascullé con los ojos cerrados, echando mi cabeza hacia atrás. Mi respiración estaba demasiado acelerada. Tenía que intentar relajarme para volver a la normalidad.
Enderecé mi cabeza y luego salí de su interior. Solté sus muslos y deslicé mis manos hacia la mesa.
Sentí que me abrazó. Abrí mis ojos y la observé.
Su mirada lujuriosa continuaba intacta.
—Estuvo exquisito… «Shika-duro» —acotó seductoramente mordiéndose el labio inferior. Su actitud tan desvergonzada como siempre me encendió.
—Puedo seguir sometiéndote ahora mismo, si quieres —musité cachondo colocando mis manos sobre sus muslos. Acaricié su piel con suavidad.
Sus ojos me miraron con intensidad en un comienzo, pero enseguida aquel brillo se apagó. La miré con detención.
—No lo sé, lo voy a pensar —espetó con el semblante neutro.
Aquel cambio de actitud me extrañó.
—No te hagas la que no quiere, mujer —insistí besando a continuación su blanco cuello—. La sensación de subyugación es tu debilidad, ya lo pude comprobar.
—Tienes razón —acotó disfrutando de mis besos—, pero quizás ya sea hora que te debas marchar. Si te quedas un rato más, te vas a retrasar.
Aquella respuesta me descolocó. Tuve la sensación que había recordado que nuestra relación seguía como en un principio.
—Estás loca, mujer —espeté separándome de ella, para luego enmarcar su rostro con mis manos. Ella me miró con detención—, yo no pienso irme de acá. Quizás no te cumplí con lo de Ino, pero la otra parte de mi promesa, la cumpliré a cabalidad —la miré con seriedad—. No podrás sacarme de tu cama nunca más, problemática, nunca más.
Pude ver cierta emoción en sus ojos. Ya que no dijo nada, me acerqué a su boca y la besé con amor.
—Te amor mujer problemática —susurré y nuevamente besé sus labios. La calidez con la que me respondió, llenó mi alma. Podía sentir su amor pese a que nunca me lo confirmara con palabras. Sobria o no, siempre sería una mujer problemática.
La tomé por los muslos y me la llevé a la cama. Me iba a quedar con ella esta noche, aunque mañana corra peligro de que cuando despierte, me saque a patadas de su cama.
—Quizás, cuál sería su plan original estando sobria. Mendokusai.
.
CONTINUARÁ…
.
Gracias por leer, espero que les haya gustado el capítulo.
Cualquier cosa que quieran decirme, pueden hacerlo a través de un review, me encanta leerlos y responderlos. Recuerden que los reviews siempre motivan al escritor. Yo los amo con el corazón :D
Esta semana prometo responder los reviews pendiente. Siento mucho la demora.
Disculpen también las posibles faltas de ortografías, apenas tenga tiempo las corregiré (ayyy Kami... dame tiempo para hacerlo).
Nos vemos en mi próxima actualización.
Ahora me despido, que tengan un lindo domingo y una mejor semana.
Besos y abrazos para todos.
