Hola mis lindas y lindos lectores, gracias por entrar aquí. Hoy les traigo el capítulo 11 de este long fic. Para variar lo terminé el domingo que pasó, sin embargo, no alcancé ese día hacer la corrección final. Lo siento, pero de lunes a viernes es imposible trabajar en mis escritos, ya que mi vida laboral me consume por completo. Espero que les guste la actualización.

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Como siempre agradezco a todas las personas que leen mis historias y me dejan algún review, a las que marcan mis historias o a mí como favorita y/o siguiendo, y a las que simplemente me leen. Para todos ustedes, muchas gracias, me inspiran de cierto modo a continuar.

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Este capítulo lo dedico a las personas que me dejaron un review en mi última actualización: ANABELITA N y Roronoa Saki. Gracias chicas por comentar, les mando a las dos un gran beso y un fuerte abrazo.

Un saludo especial para Katthy Kawaiii, que comentó mi último shot :D

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Disclaimer: Naruto y todos sus personajes son propiedad de Masashi Kishimoto. La historia es mía y la publico sin ánimos de lucro.

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Sin arrepentimientos

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Capítulo 11.- Perdiendo el control de todo.

POV Temari.

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Un ruido muy familiar me despertó, sin embargo, no fui capaz de abrir los ojos. Un punzante dolor de cabeza no me lo permitió. Me quedé quieta tratando de recordar el por qué estaba en esta condición. No era una jaqueca cualquiera, esto parecía producto de una exagerada ingesta de alcohol. Estuve como cinco minutos en estado de letargo, intentado de recordar lo que sucedió.

Nuevamente esa conocida melodía se activó. Me pasé una de mis manos por la cara, abriendo con pereza los ojos. No recordaba si tenía que levantarme o no, pero mi cuerpo me pedía a gritos dormir un poco más, por lo que acomodé en posición fetal y cerré otra vez los ojos. Busqué con mi mano la sábana para taparme. La jalé con fuerza hacia mí, ya que algo me impedía subirla con facilidad. Me tapé con ésta por completo y decidí dormir un poco más.

No sé cuánto tiempo pasó, pero una extraña melodía comenzó a sonar dentro de mi habitación. Tiré de la sábana y la colcha y me cubrí hasta la cabeza, y como por arte de magia, aquella melodía aburrida desapareció.

Sonreí para sí, volviendo a caer en los brazos de Morfeo. Incluso podía sentir como literalmente sus brazos me estrechaban.

Rápidamente mi mente se transportó a otro lugar.

Estaba sentada en el sillón de la sala esperando que mi celular sonara, sin embargo, el maldito aparato nunca sonó. Se suponía que Shikamaru iba a terminar con Ino a media tarde y después de eso me iba a llamar o vendría para acá, pero hasta ahora ni lo uno ni otro había ocurrido. Encendí nuevamente la pantalla del celular. Faltaban quince minutos para las nueve de la noche.

No me llamaste ni viniste al apartamento —espeté con cierta amargura—, pero necesito saber qué diablos paso.

La inquietud que hasta ahora había mantenido a raya, me embargó. Busqué su nombre entre mis contactos para llamarlo, pero a los pocos segundos mi sensatez regresó.

Tranquila Temari, tú nunca lo llamas —susurré cerrando los ojos—. Mejor envíale un mensaje por whatsapp, así no notará tu desesperación.

Abrí los ojos y entré en la aplicación. Para mi buena suerte, Shikamaru estaba en línea, así que de inmediato le escribí un mensaje.

T: Hola… ¿y al final qué pasó?

Al mandar el mensaje, mi mente recordó que esto era algo que yo ya había vivido.

Me sorprendí.

¡Kami!, esto tiene que ser un sueño —susurré sintiendo una gran angustia en mi corazón. No sé por qué me sentía así, si yo sabía lo que vendría a continuación.

Pasaron unos cuantos segundos y vi que él comenzó a escribir, sin embargo, parecía que estuviese escribiendo un testamento.

¡Por qué mierda no escribes más rápido!, ¡maldición! —exclamé con cierta desesperación. Este sueño ya tenía tintes de pesadilla.

Por fin el mensaje de Shikamaru apareció.

S: Se acabó, mi relación con Ino ya es historia.

Apenas leí la respuesta, toda la angustia que tenía acumulada en el pecho, se disipó. Sentí una inmensa alegría en mi corazón.

Una sonrisa de oreja a oreja apareció entre mis labios.

Era la respuesta que había anhelado hace horas, y ahora por fin, aparecía enfrente de mí. Sueño o no, este momento lo tenía disfrutar a concho.

Volví a leer su respuesta con detención, sin embargo, apenas lo hice, mi sonrisa se esfumó. Fruncí el entrecejo y comencé a escribir rápidamente.

T: ¿Pero por qué mierda no me avisaste como habíamos acordado?

Le reclamé por su falta de consideración. Seguramente él estaba muy relajado y feliz por haber terminado con Ino, mientras yo estaba pasando una tarde de mierda por no tener noticias de él.

S: Mujer problemática, te dije que si todo salía bien, te llamaría por la tarde, sino iría a verte por la noche.

Apenas leí su mensaje, arrugué mucho más el entrecejo.

T: ¡Pero si no hiciste ni lo uno ni lo otro!

Escribí esto último, crispada. Tenía unas ganas enormes de golpearlo por haberme escrito lo mismo que me había dicho esta mañana.

S: ¡Cómo qué no!, estás tan concentrada escribiendo que ni si quieras te has dado cuenta que he golpeado tres veces la puerta.

Abrí los ojos desmesuradamente al leer ese último mensaje.

¡Mierda! ¿Por qué justamente hoy se le ocurrió golpear la puerta? —susurré fastidiada mientras caminaba en dirección a ésta.

Abrí la puerta de par en par y lo miré con cara de pocos amigos.

¿Te costaba mucho tocar el timbre? —inquirí con cierta molestia colando mis brazos en forma de jarra.

Hola mujer, estoy bien —acotó en un tono apático, pasando por mi lado como si yo no hubiese preguntado nada. Avanzó hacia la sala con las manos en los bolsillos.

Me indigné.

¡Te estoy hablando, Shikamaru! —chillé y cerré la puerta con brusquedad. Me fui taconeando detrás de él hasta que lo tomé del brazo.

Éste enseguida se detuvo y volteó hacia mí.

Me miró de pies a cabeza con una sonrisa pícara.

Eres muy problemática, mujer —susurró atrayéndome repentinamente con uno de sus brazos, para luego arremeter contra mis labios con fruición.

Abrí mi boca y su lengua ávida se enredó exquisitamente con mía.

¡Kami!, aquel contacto tan abrasador hizo que de inmediato se me humedeciera la ropa interior.

Me olvidé de mi enfado y me apegué descaradamente a su cuerpo. Sus expertas manos comenzaron a amasar mi trasero con fervor.

Aaaahhg

Enterré mis uñas entre sus cabellos y luego le desarme el peinado.

Presionó mis nalgas contra él para que sintiera lo dura que tenía su erección.

Jadeé.

¿Cuál es tu afán de querer discutir conmigo, mujer? —susurró mirándome como lobo hambriento.

Yo lo miré deseosa y con la respiración irregular.

Tragué saliva con el fin de articular palabra, pero sentí como una de sus talentosas manos, se introducía por debajo de mi pequeña braga. Sus dedos ansiosos comenzaron a manosear toda mi femineidad.

Gemí y cerré los ojos al sentir que sus dedos se ensañaban con mi centro.

Contéstame problemática —insistió en un tono cachondo, restregándome exquisitamente su prominente masculinidad.

Jadeé al sentir ese duro pedazo de carne contra mí. El deseo que ya sentía por ese hombre se intensificó de manera fenomenal.

Abrí mis ojos y lo miré libidinosamente.

Fastidiarte, para luego arreglar las cosas con un buen revolcón —susurré comenzando a frotar mi monte de venus contra su hinchado miembro.

Eres muy caliente, mujer —espetó con voz ronca, succionando a continuación mi cuello. Jaló mi vestido hacia arriba y yo me separé brevemente de él para que pudiese deshacerse de la prenda.

Quedé en ropa interior.

Arremetió nuevamente contra mi boca. Enredamos nuestras lenguas con fruición. Sus ávidos dedos se deslizaron por mi espalda y enseguida éstos alcanzando mi sujetador.

Desabrochó la prenda con maestría y rápidamente me la quitó.

Mis ansiosos dedos aprovecharon el momento y le desabotonaron su camisa. Se la quité con prontitud y la dejé caer al suelo.

Te ves tan rica, mujer —espetó lascivo apegándome nuevamente a su esculpido cuerpo. Volví a restregar su inhiesta masculinidad contra mí.

Aaahhg —jadeé extasiada al sentir que ésta estaba sumamente grande y dura. Necesitaba probar pronto su sexo, necesitaba sentir ese pedazo de carne dentro de mí.

Luego de varios segundos sintiendo esa exquisita tortura. Se separó brevemente de mí y me alzó por los muslos.

Me aferré a su cuello enseguida y rodeé su cintura con mis largas piernas.

Te voy a comer entera, mujer —susurró lascivo haciéndome sonreír de forma pecaminosa.

Comenzó a avanzar conmigo en dirección a mi habitación.

De pronto me vi alumbrada por una tenue luminosidad. No había pasado ni dos un segundo y ya me tenía sin bragas sobre el colchón. No quise buscarle explicación a eso, ya que si esto era un sueño, siempre en éstos ocurren saltos, ya sea de espacio o de tiempo. Me imagino que eso fue lo que ocurrió. Por lo menos, tenía la certeza que seguía dentro en mi habitación.

Aaaahhg Kami —gemía obnubilada por tremenda succionada que le hizo a mi hinchado botón. Sus lamidas y succionadas me tenían toda extasiada, por lo que comencé a frotar mi sexo contra su boca para que me chupara con más ardor.

Al instante sus expertos labios y su ávida lengua me complacieron.

Oh, sí, sí.

Mis jadeos y gemidos se intensificaron, hasta llegar un punto que mi cuerpo no lo resistió. Me estremecí de inmediato y luego arqueé la espalda. Un gemido alto y gutural se me escapó.

Aaaahhgg Shikamaru.

Mi cuerpo y mi mente estaban satisfechos, había logrado alcanzar un orgasmo exquisito y avasallador. Cerré los ojos al momento que mis músculos se relajaron. Sonreí satisfecha cuando sentí que succionó mi elixir y se lo bebió.

¿Te había dicho que me encanta tu sabor? —inquirió con voz ronca, logrando captar mi atención. Se subió sobre la cama quedando de rodillas.

Su mirada que ardía como fuego nuevamente me encendió.

Si me lo habías dicho —espeté cachonda dirigiendo mi mirada hacia su venosa erección. Me saboreé los labios. Volví a enfocar mis ojos lascivos en los suyos—, y también me habías dicho cuánto te calienta mi sabor.

No sé qué momento se había quitado la ropa, pero de seguro más rápido comenzaríamos con el asalto número dos.

Sonreí con picardía, para luego girar mi cuerpo con sensualidad y quedar boca abajo. Me arrodillé sobre la cama y alcé mi trasero. Mantuve mis senos y el perfil derecho de mi cara, apegados al colchón.

Moví mi cola pecaminosamente.

Puedes comenzar con la segunda ronda por donde tú quieras… Shika-kun—espeté en un tono seductor—. Es el premio que te has ganado por quedarte conmigo.

¿En serio estaba diciendo eso? La Temari del sueño era mucho más desinhibida que yo. Bueno, era una mujer enamorada dispuesta a cumplirle todos los caprichos a su hombre, porque éste había cumplido con lo que le prometió.

Sentí como bruscamente bajó de la cama y abrió un cajón.

Dejé mis pensamientos de lado y volteé el rostro hacia Shikamaru.

¿Qué estás buscando? —inquirí con falsa curiosidad, mientras veía como desordenaba el cajón de mi mesita de noche. Obviamente la pregunta estaba demás.

No respondió.

Lo seguí mirando sin cambiar de mi cachonda posición.

Aquí está —acotó feliz, regresando a la cama y ubicándose detrás de mí.

Ay mujer, ni te imaginas lo caliente que me pones cuando me das esa cara —susurró lascivo al mismo tiempo que acariciaba las nalgas —, y que lo hagas por iniciativa propia y más encima dándome a escoger… ¡Kami!, esto más que un premio… Obviamente comenzaré por la alternativa número dos.

Su última frase me calentó al instante.

Me mordí labio inferior.

Comenzó a masajear con gel lubricante la entrada de mi pequeño orificio. Lo hizo de forma circular y a un ritmo constante, manteniendo el masaje por un breve momento hasta que, paulatinamente, comenzó a introducir uno de sus largos dedos en mi pequeña cavidad.

Por inercia di un respingo y comencé a sentir calor. ¡Kami!, el sexo anal era demasiado caliente.

Sacó su dedo y volvió a echar más gel en mi orificio. Lo introdujo de nuevo abriéndose paso tranquilamente por mi estrecho canal.

¡Oh, Kami! —jadeé al sentir cómo avanzaba. El éxtasis de inmediato me empezó a embargar.

De repente sacó su dedo explorador e introdujo dos.

¡Aaahhggg Kami! —chillé extasiada al sentir cómo éstos se abrían paso con movimientos circulantes.

De un momento a otro, los sacó.

Prepárate mujer, porque ahora se viene lo mejor —espetó cachondo, tirando al piso el envase de gel lubricante. Era las palabras que siempre decía antes de comenzar a follarme por detrás.

Todos mis sentidos estaban expectantes a su próximo movimiento, cuando de repente la misma melodía aburrida de hace rato atrás, me arruinó el momento.

Pestañeé y me di cuenta que ya no era de noche, ahora era de día, sin embargo, seguía en la mi cama y en la misma posición.

La aburrida melodía ya no se escuchaba.

Un sueño sobre otro… y más encima cachondo —pensé y sonreí para sí—. ¡Kami!, tanto sexo me está haciendo mal.

Sentí su lubricado glande en la entrada de mi ano y yo por inercia me mordí labio inferior.

Allá voy.

Escuchar esa frase me puso caliente enseguida, sin embargo, lo que esperaba no sucedió. Quitó la punta de su erección de mi pequeño orificio, para ubicarlo en la entrada de mi otra cavidad.

Con un seco movimiento me penetró.

Aaaahhhgg Shika —gemí absorta al sentir como su dura hombría se acoplaba perfectamente a mí.

Ay mujer, qué rico —acotó en un tono pecaminoso, para luego retirar la mitad de su erección y volver a hundirse en mí. Comenzó a moverse exquisitamente mientras se afirmaba de mis caderas.

Comencé a jadear.

No esperabas que comenzara… por la tradicional… ¿cierto? —espetó con la voz entrecortada, a su vez que seguía dándome como animal.

Yo no podía ni hablar de lo excitada que estaba, sólo podía jadear.

Siguió embistiéndome duramente por mi ardiente hendidura.

Mis jadeos y gemidos prontamente comenzaron a aumentar.

Estaba gozando de lo lindo, cuando Shikamaru decidió parar.

Suficiente —acotó jadeante y yo no supe qué pensar. Tenía mi respiración demasiado acelerada como para comenzar a protestar.

Sentí que sacó su erección de mi húmedo sexo y lo ubicó cerca de mi otra abertura.

Abrí mis ojos desmesuradamente.

¡Ahora sí me iba a dar por detrás!

La expectación hizo que mi libido se incrementara increíblemente, y a su vez, se me humedeciera más mi femineidad.

Sentí que introdujo dos de sus dedos por la entrada de mi pequeño orificio, para luego moverlos de forma circular.

Jadeé cachonda, al sentir cómo éstos ingresaban.

Ya estás lista —espetó lascivo al corroborar que aún seguía dilatado, mi estrecho canal Sacó sus largos dedos rápidamente y puso su húmedo glande en la entrada de mi pequeña cavidad.

Me tomó por las caderas y enseguida empujó.

Aaaay Kami —gemí al instante tensando los músculos de la cara. Apreté los dientes por inercia. Una leve molestia sentí a medida que su miembro se abría paso por mi angosto canal.

Estaba consciente que aquella incomodidad sólo era al comienzo, hasta que mis paredes de a poco se amoldaran al tamaño de su masculinidad. No siempre lo hacíamos por ahí, por eso era necesario empezar de menos a más.

Comencé a sentir sensación indescriptible y un calor sofocante cada vez que lo sentía más adentro.

Hacerlo «por ahí » era tan distinto, pero a su vez tan caliente, era algo que una buena sesión de sexo no podía faltar.

Aaaahhg Kami —gemí excitada al sentir su miembro por completo.

¡Oh mujer, qué rico! —exclamó cachondo, para luego sacar su erección y volverla a adentrar con algo de brusquedad.

Aaaahhg Shika —chillé absorta, y éste comenzó a arremeter contra mí a mayor velocidad.

Te gusta, ¿cierto? —inquirió todo pecaminoso, sin dejar de embestirme de manera magistral.

Aaaahhg Shika… sí, sí —acoté apenas, apretando con mis manos las sabanas de mi cama.

Pues a mí me gusta más —susurró en un tono morboso que hizo que me excitara mucho más—. Me encanta que entre bien apretadito.

Aceleró el ritmo de sus estocadas, y yo comencé a jadear de forma más intensa. Sentí mi cuerpo completamente sudado, el de Shikamaru debía estar igual. Podía sentir su sudor cada vez que su pelvis chocaba contra mi culo. ¡Kami!, la fricción que provocaba con esos movimientos de un momento otro me iban a terminar por matar.

Comencé a gemir de forma desaforada cuando de repente sacó su falo y lo metió por mi otra guarida.

Abrí mis ojos exorbitantemente.

Todas esas sensaciones tan exquisitas que habían comenzado a subir por mi espina dorsal hasta el resto de mi cuerpo, se disiparon. Nuevamente mi libido comenzó a incrementarse, pero esta vez de forma tradicional: ascendiendo desde el bajo vientre hacia el resto de mi cuerpo.

Aaahhg Shika, qué rico —jadeé toda cachonda. A los segundos que articulé eso, sentí que él volvió a incrementar la velocidad.

Tensé los músculos de la cara.

Sus estocadas comenzaron a ser mucho más profundas e intensas, lo que de inmediato me hicieron jadear y gemir mucho más. En simples palabras, «me estaba dado como caja», y yo toda cachonda estaba disfrutando de manera descomunal.

Siguió follándome de forma desaforada, hasta que mis piernas lógicamente comenzaron a tambalear.

Me vengo —acoté apenas, sintiendo un calor sofocante. Mi cuerpo en cuestión de segundos, se estremeció —. Aaaahhhg Shikamaru.

Aaaahhg mujer —jadeó todo extasiado, embistiéndome un par de veces más para luego quedarse quieto. Sentí una esencia cálida en mi interior.

Segundos después de ese gran asalto, se separó levemente de mí y se tumbó hacia el lado. Yo estiré mis piernas quedando recostada sobre el colchón.

Tenía las piernas entumecidas.

Me quedé quieta por más de un minuto en esa posición. Luego sentí que sus brazos me acercaron a él y luego me estrechó.

Te amo, mujer —espetó en un susurro, sacándome una sutil sonrisa.

Yo también te amo, Shikamaru —acoté sin tapujos, total esto sólo era la parte romántica de un sueño húmedo.

Quedamos literalmente en la posición de cucharita.

Aquella música fastidiosa de nuevo me volvió a fastidiar.

¿Y esa melodía? —inquirí con el fin de saber de dónde provenía dichosa música.

Sentí como acomodó su mentón sobre mi hombro.

Es la alarma de mi celular, mujer —espetó cansinamente estrechándome aún más—. Hace rato debimos levantarnos.

Enseguida fruncí el entrecejo.

¿Levantarnos?... pero ¿por qué? —le pregunté curiosa. La verdad es que estaba completamente desorientada, ya que se suponía que estaba soñando.

¿Qué no recuerdas que día es hoy? —su contrapregunta, me inquietó.

No —balbuceé entre confundida y asustada.

Hoy es martes, mujer —acotó con parsimonia, haciendo que abriera mis ojos de manera desmesurada—. Tenemos que ir a trabajar.

Sus palabras me trajeron de golpe a la realidad. Un flash de imágenes comenzó a pasar por mi mente, empezando desde el momento que Shikamaru me escribió por Whatsapp que no había podido terminar con su platinada novia.

Recordé mi pena y mi rabia; el llanto derramado por una promesa incumplida y a mi hermano Kankuro consolándome. Risas, después de una conversación sincera con éste último, y una promesa de que se la iba a cobrar. Se suponía que ayer me iba a vengar de Shikamaru, sin embargo, al verme ahora encamada con él, significaba que no había podido llevar a cabo mi venganza.

Cerré los ojos con el fin de recordar lo que ocurrió.

Pasaron unos cuantos segundos, pero fue imposible, por más traté de recordar mi mente no cooperaba. Sólo me recordaba que Shikamaru había venido a verme y que habíamos brindado con champagne.

Me sentí ofuscada.

Maldición —pensé para sí, pasándome la mano por la cara.

—¿Me escuchaste, mujer? —abrí mis ojos de golpe. Su pregunta me sacó de mis cavilaciones, sin embargo, no le respondí. Fruncí el ceño levemente e hice el esfuerzo por recordar otra vez.

Luego de un momento, abrí mis ojos desmesuradamente.

Los dos vasos de whisky que bebí antes de que él llegara —me dije mentalmente, comprendiendo que aquella laguna mental que tenía. Todo había sido culpa de la mezcla de licores.

—Tem, ¿sucede algo? —susurró en un tono preocupado.

Yo volteé al instante y lo miré fijamente a los ojos.

—No recuerdo completamente lo que sucedió ayer —espeté sin rodeos. Necesitaba que dijera algo que me ayudara a recordar.

Acomodó un mechón de cabello detrás de mi oreja.

—Me imagino que eso se debe a la mezcla de tragos que hiciste ayer—señaló en un tono cansino, manteniendo su mirada analítica —. Yo no me di cuenta que habías bebido, sino después que discutimos.

Fruncí el entrecejo.

—¿Discutimos? —inquirí queriendo saber más, pero sólo tuve una respuesta escueta de su parte.

—Sí —balbuceó. Sus ojos rasgados me transmitieron cierto grado de culpa.

El flash de imágenes de nuevo volvió a aparecer por mi mente: recordé un crucé de palabras y luego un gran discusión; unos insultos y unos golpes que le di en el pecho y luego como él me sosegó. ¿Tenía lágrimas en ojos?... ¡Maldición!, todo indicaba que había llorado enfrente de él. Luego recordé que me besó, que me quitó la ropa y que me hizo el amor sobre la angosta mesa que está en la entrada del apartamento. Después recordé una batalla campal en mi cama, sin embargo, cierta frase entre mis recuerdos, me descolocó: «Oh sí, sí, Shika… me encanta, me encanta. Te amo tanto, bebé llorón ».

Cerré los ojos por inercia; mi orgullo estaba por el suelo. En ese momento comprendí porque dicen que los niños y los borrachos siempre dicen la verdad. Me sentí ridícula. Y más encima hoy le había vuelto a ratificar mis dichos, porque creía que todo era parte de un sueño cachondo.

—¿Recordaste algo? —inquirió con interés.

De inmediato, abrí mis ojos.

—Sí, que tengo que ir a trabajar —espeté con seriedad y enseguida me senté sobre el colchón—, pero antes de eso debo comunicarte algo. Te lo iba a decir anoche, pero mi estado etílico no me lo permitió.

—Te escucho —acotó con cierta calma y se sentó a mi lado.

Giré mi rostro y fijé la mirada en sus ojos rasgados.

—Ayer hablé con Orochimaru-sama sobre la campaña de entrada de Akutsuki Corporation —señalé en un tono neutro, teniendo toda su atención. Aquella noticia era parte de mi venganza, sin embargo, la forma y el momento para contárselo, no era el que había planeado—. La campaña ha sido todo un éxito, por lo que no será necesario que me quede en Konoha los seis meses que se estimó en un comienzo.

Su mirada analítica de cierto modo cambió.

—¿Cuándo te vas? —preguntó en un tono un poco más apagado.

Me tomé mi tiempo para responder.

—Dentro de un mes —respondí sin entender la calma que me transmitía sus ojos—. Tengo que irme a Kumogakure para preparar la campaña de entrada de esa región.

Esbozó una sonrisa forzada.

—Ésta es tu forma de vengarte de mí, ¿cierto? —inquirió en un tono frío que, de alguna manera, me desconcertó.

De inmediato, fruncí el entrecejo.

—No, Shikamaru —acoté en un tono visiblemente molesto, al ver que él tenía controlada sus emociones—, sólo te estoy comunicando mi futuro profesional, por ende, la fecha de vencimiento de nuestra relación.

Sonrió con cierta ironía al escuchar mis palabras.

—Nuestra relación no terminará, mujer —espetó con determinación, mirándome de forma ladina—. Mucho menos ahora que sé que amas. No dejaré que esto acabe así como así, sólo porque tu lado obstinado dice lo contrario.

Aquella seguridad con la que habló, de cierto modo, me colmó.

—¡Tú sabías de un comienzo cómo esto acabaría! —espeté en un tono notoriamente más alto. Tenía ganas de discutir. No iba a permitir que él se quedara con la última palabra—, no sé porque mierda te empeñas en que ocurra lo contrario.

Su rostro, en cuestión de segundos, cambió a uno apático.

—Creo que ahora no es momento de discutir, mujer —acotó sin alterarse ni siquiera un ápice. Se levantó de la cama como Kami lo trajo al mundo y caminó en dirección a la sala. Supongo que iba a buscar su ropa—. Me tengo que ir a mi casa para cambiarme, ya que tengo una reunión de gerencia a la once de la mañana —asomó su cabeza por el marco de la puerta— Problemática, si te interesa saber la hora, es casi las nueve con treinta de la mañana.

Su último comentario, me hizo abrir los ojos como plato. En un santiamén ingresé al baño de mi habitación. Me tenía que bañar y arreglar en cuestión de minutos, o sino terminaría llegando a mi oficina después del mediodía.

Abrí la ducha con prontitud, dejando caer un chaparrón de agua sobre mi cabeza.

—Todo te salió mal, Temari, todo —susurré para sí, remembrando lo pocos recuerdos que tenía—. Nunca debí tomar esos dos vasos de whisky. Nunca —me llevé las manos a la cara—. No pude llevar a cabo mi venganza y más encima terminé por confesarle mis sentimientos a ese vago idiota. Te odio, Shikamaru Nara, te odio, ¿por qué tuviste que hacerme hablar?

Me sentí patética. Luego recordé que tenía que ir a trabajar.

—Olvídate de eso, Temari —musité para sí, tomando el envase de shampoo y echándome un poco en la palma de la mano. Me lo llevé sobre la cabellera y enseguida lo comencé a masajear—, ahora debes apurarte y cambiar tu mente a «modo trabajo». Las lamentaciones las puedes dejar para la noche.

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Después de haberme bañado, salí envuelta en una toalla y comencé a buscar mi ropa en el armario.

Sentí dos golpecitos en mi puerta.

—Me voy mujer, nos estamos comunicando —alzó la voz Shikamaru del otro lado de ésta—. Dejé el piso del baño de invitados un poco mojado. Discúlpame, sí, pero en realidad no alcanzo a secarlo. Faltan pocos minutos para las diez de la mañana y yo todavía tengo que ir a cambiarme. Si no me apuro, no llegaré a la junta de las once.

Recordé que se había quedado con la última palabra.

Vete al infierno, si quieres —espeté de mala manera, mientras seguí buscando el vestido que me quería poner.

Donde mierda lo dejé —musité moviendo todos los colgadores.

—Gracias mujer, yo también te deseo un lindo día. Te amo, problemática.

A los pocos segundos, escuché que cerró la puerta principal.

—Al fin te encuentro, maldito —acoté luego de encontrar el vestido que tanto había buscado.

Caminé hacia la cama y tiré la prenda sobre el colchón. Me coloqué la ropa interior que tenía en la mano y me senté al lado de la mesita noche, ya que en el segundo cajón, tenía guardada todas mis cremas corporales.

Vi que el primer cajón estaba abierto.

—Este Shikamaru es tan vago que no es capaz ni de cerrar el cajón —espeté recogiendo el envase del gel lubricante. Lo metí dentro de éste y antes de cerrarlo, vi algo que me aterró.

Pude sentir que la sangre se me heló.

—Ayyy Kamisama, no pude ser —susurré con angustia, tomando con mi mano derecha la caja de anticonceptivos que estaba allí guardada —. Creo que no me las tomo desde el sábado —balbuceé con un nudo en la garganta, dejando caer la pequeña caja dentro del cajón. Cerré éste y luego me acosté. Busqué la sábana con la mano y enseguida me tapé. Me puse en posición fetal—. Creo que lo mejor será que no vaya a trabajar. Me reportare enferma.

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CONTINUARÁ…

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Gracias por leer, espero que les haya gustado el capítulo.

Cualquier cosa que quieran decirme, pueden hacerlo a través de un review, me encanta leerlos y responderlos. Recuerden que los reviews siempre motivan al escritor. Yo los amo con el corazón :D

Durante la semana responderé los reviews pendientes, disculpen la demora.

Disculpen también las posibles faltas de ortografías, apenas tenga tiempo las corregiré (ayyy Kami... dame tiempo por favor).

Nos vemos en mi próxima actualización.

Besos y abrazos para todos, espero que tengan un lindo día domingo.