Hola mis lindas y lindos lectores, gracias por entrar aquí. Hoy les traigo el capítulo 13 de este long fic. Disculpen la demora, pero mis tiempos ya no son los mismos desde que empezó esta pandemia. No voy a prometer más fechas de actualización, porque soy una incumplidora, sin embargo, les puedo garantizar que este longfic será finalizado. Demore lo que demore, lo terminaré. Agradezco la paciencia de todos.
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Como siempre agradezco a todas las personas que leen mis historias y me dejan un review, a las que marcan mis historias o a mí como favorita y/o siguiendo, y a las que simplemente me leen. Para todos ustedes, muchas gracias, me inspiran de cierto modo a continuar.
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Este capítulo lo dedico con mucho cariño a esas personitas que me dejaron un review en el capítulo anterior: SophieNara040922, Ara OrtegaS92, ANABELLITA N, Lirio-Shikatema y Kaoru-sakura. Gracias por comentar, les mando a todas un gran beso y un fuerte abrazo.
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Disclaimer: Naruto y todos sus personajes son propiedad de Masashi Kishimoto. La historia es mía y la publico sin ánimos de lucro.
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Sin arrepentimientos
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Capítulo 13. - Disfrutando de tu compañía.
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POV Shikamaru
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Como todos los mañanas entreabrí mis ojos con pereza y bostecé. Los rayos del sol tenían bastante iluminada mi habitación… ¿Mi habitación? Solté nuevamente un bostezo y pasé mis dedos por los párpados. Abrí mis ojos completamente y observé. No, éste no era mi dormitorio. Las cortinas que cubrían la ventana de mi cuarto no eran de color mostaza.
Mendokusai.
Me sentí algo desorientado, sin embargo, el aroma familiar de la habitación me tranquilizó. Volteé mi cuerpo con pereza quedando boca arriba. La reseca al instante apareció.
—Maldito dolor de cabeza —balbuceé desviando la mirada hacia el otro lado del dormitorio. El gran armario que estaba ahí confirmó lo que mi sentido del olfato ya había corroborado. Estaba en la habitación de mi problemática. Había pasado la noche junto a mi gran amor.
A los segundos una duda apareció.
—¿Pero cómo mierda hice para llegar hasta acá? —susurré curioso.
La última escena que llegó a mi mente fue cuando me estaba emborrachando en el bar. Me sentí algo patético.
—¿Habré conducido ebrio? —musité e hice el intento de recordar. Sentí que el dolor de cabeza se agudizó —. No volveré a beber whisky nunca más.
Me cubrí el rostro con las manos.
Esperé que por arte de magia desapareciera esa molestia, sin embargo, aquello no ocurrió, por inercia me descubrí la cara. Fijé la vista en el espacio vacío de la cama.
—¿Dónde estarás? —balbuceé para luego darme cuenta de ciertos ruidos que provenían del cuarto de baño. Miré en dicha dirección y esperé a que la puerta se abriera. Al minuto después, mi problemática salió. Vestía una bata de baño blanca.
—¿Y eso que despertaste? —inquirió acercándose a la cama, para luego detenerse y comenzar a secarse el cabello con una toalla mediana—, pensé que dormirías hasta más tarde.
—La claridad de la habitación fue la que me despertó —me quejé con desgano, cubriéndome los ojos y la frente con ambas manos—. Me duele cabeza.
—Eso te pasó por estar bebiendo de más —me regañó en ese tono suyo tan particular—. Quizás cuántos tragos te tomaste anoche.
Suspiré.
—No lo sé —espeté con parsimonia—, ni siquiera recuerdo cómo fue que nos encontramos ayer.
Preferí decir la verdad.
—¡¿Qué?! ¿Acaso no recuerdas el escándalo que me hiciste anoche en la discoteque? —su voz reflejaba más molestia que sorpresa.
Me descubrí los ojos. La indignación se le salía por los poros.
—¿Es… escándalo? —titubeé. Su rostro ceñudo me indicaba que aquello no era lo más importante. Había algo más. Bajé la mirada e hice el intento de recordar —Kamisama, dame una mano por favor.
—Sí —confirmó mientras yo seguía rebuscando recuerdos en mi mente—, te fuiste a los puños con uno de mis compañeros de trabajo, porque según tú, Hidan me estaba golpeando el trasero.
Apenas escuché el nombre de ese imbécil, la sangre me hirvió. Mi mente por arte de magia comenzó a revivir aquellos momentos. El escándalo que le hice anoche no había sido lo más importante que ocurrió, sino lo que sucedió después de mi patético show. La conversación que tuvimos antes, durante y después de hacer amor. ¿Y dónde fue que lo hicimos? Parecía un baño, no lo tenía muy claro. Bueno, el lugar específico ya no importaba.
Con seguridad volví a mirarla.
—Ya recordé —aseveré—. Ese tema lo arreglamos anoche, lo recuerdo bastante bien. Te expliqué los motivos que tuve para comportarme como lo hice y tú los aceptaste. También me dijiste que ibas a confiar en mí —apenas escuchó esa última frase, su semblante cambió—. Tengo muy presente todo lo que te dije, mujer. Créeme, voy a arreglarlo. Esta vez no te fallaré.
Una mezcla de alivio y alegría pude vislumbrar en sus bellos ojos almendrados. Me sentí feliz. Agradecía a Kami el haberme ayudado a recordar lo más importante. Corrección. Agradecía a mi problemática el haberme mencionado el nombre de ese malnacido, aprovechador.
—Sin embargo, hay algo que debes saber —agregué provocando que su semblante cambiase drásticamente otra vez. Tragué saliva. Esa cara de «pocos amigos» me asustaba de cierto modo, pero decidí continuar. Era preferible sincerarme antes de que ella se diera cuenta que había cosas que ignoraba, mejor dicho, cosas que no recordaba—. No tengo idea cómo diablos hice para llegar hasta acá — Mis recuerdos desaparecen cuando me dijiste que confiarías en mí.
—¿Cómo que no lo recuerdas? —inquirió entre molesta y seria, para luego azotar mi abdomen con la toalla que tenía en la mano.
Menos mal que no era un látigo de siete puntas.
—Es la verdad, no lo recuerdo —señalé sincero—. ¿Para qué te voy a mentir?
Le sostuve la mirada y ella guardó silencio por un momento.
—¿Pero recuerdas lo que pasó cuando llegamos al apartamento? —preguntó curiosa.
Sonreí divertido.
—No, tampoco. La verdad es que no recuerdo nada.
Alzó una ceja.
—¿Nada de nada? —inquirió con voz traviesa.
Sonreí por inercia.
—O sea… recuerdo una que otra imagen aquí, contigo, pero… no recuerdo exactamente lo que pasó —cambié mi semblante a uno serio—. ¿Te aprovechaste de mí, cierto?
Sus ojos aguamarina me miraron impactados.
—Vago idiota —espetó haciéndose la ofendida, para luego golpearme otra vez con la toalla. Solté una risa—. Sólo tomé posesión de lo que me pertenece por derecho.
Seguí riéndome y ella para variar se molestó.
Procedió a darme un tercer golpe con esa bendita toalla, sin embargo, no lo logró, ya que agarré la punta de ésta en el aire y la jalé hacia mí.
Mi movimiento la desestabilizó por completo, por lo que su rostro quedó a pocos centímetros del mío.
—Lo sé, por eso mismo deberías ayudarme con mi laguna mental —acoté con voz seductora y ella enseguida me miró con complicidad.
Su sonrisa lasciva no se hizo esperar.
—Pienso que es más interesante generar nuevos recuerdos —señaló soltando la toalla, para luego erguirse y desatar con sensualidad el nudo de su bata blanca. Se tomó su tiempo para continuar. La muy condenada le gustaba hacerse desear.
Me saboreé la boca antes de contestar.
—Me gusta la idea.
Apenas pronuncié esas palabras, ella se quitó la prenda y la dejó caer al piso. Yo sin perder el tiempo, eché la sábana hacia atrás. Sus ojos almendrados se clavaron de inmediato en mi miembro erguido.
—Cuando quieras puedes comenzar.
Mi comentario presumido la hizo sonreír lujuriosa. Sin duda, éramos tal para cual. Esperé a que ella hiciera el primer movimiento.
Se acercó con cautela, tal como felino que acecha su presa para luego detenerse y hacerse desear.
Me calentaba tanto que hiciera eso.
Serpenteó por encima de mi cuerpo hasta alcanzar mi boca, la cual besó por un momento y luego abandonó dejándome otra vez con ganas de más.
Era perversa, pero me fascinaba eso de ella.
Posó su boca sobre mi pecho, el cual besó por un momento y después descendió hacia mi abdomen, provocando que mi sexo se endureciera más.
—Aaahhh —jadeé cachondo y seguí disfrutando de aquello, hasta que ella de repente detuvo su sensual accionar. Ubicó sus piernas a la altura de mis caderas, para luego erguir su tronco y quedar a horcajadas por encima de mi virilidad.
La miré deseoso y ella al mismo tiempo me sonrió con maldad. Aquello era indicio de que el exquisito suplicio estaba a punto de comenzar.
Sentí su mano alrededor de mi falo. Suavemente con su intimidad lo comenzó a frotar.
—Aaahhh —jadeé y cerré los ojos apenas sentí que su sexo comenzó a sobajear mi glande. Mi respiración enseguida se comenzó a alterar.
—¿Te gusta que te torture, cierto?
Abrí los ojos enseguida fijándolos en sus bellos orbes verdeazulados. La calentura y la malicia que transmitían éstos al instante me hipnotizaron.
—Siiii me encanta —respondí con voz ronca, mientras ella continuaba frotándose deliciosamente—, pero no quiero que la tortura sea muy larga.
—¿No?
La miré con lascivia.
—No… ya quiero que te sientes sobre él —sonreí cachondo —. Quiero sentir todo tu coño caliente alrededor de mi falo.
Sonrió lujuriosa.
—Eres un goloso, Shikamaru —acotó y continuó frotándose contra mi glande hinchado.
—Golosa tú, que haces todo esto para dejar a mi compañero de abajo quede duro como roca. ¿Así te gusta comértelo, no?
Sonrió pecaminosa para luego detener sus movimientos y morderse el labio inferior de manera cachonda. Su ávida mano empezó a agitarlo.
Jadeé extasiado.
—Tienes razón, ahora está como a mí me gusta —acotó con suficiencia para luego detenerse. Ubicó mi glande en la entrada de su húmeda hendidura.
Mis ojos por inercia se fijaron en mi erección.
Expectante, caliente, así me tenía, cuando de una sola sentada su exquisito sexo lo engulló.
—Aaaahg —jadeé al sentir esa deliciosa calidez alrededor de mi miembro hinchado. El acoplamiento había sido perfecto. Ahora sólo faltaba que ella iniciara esa cachonda cabalgata para llevarnos hasta el cielo.
Ansioso, la observé.
—¿Cómo sigue ese dolor de cabeza? —aquella pregunta no me la esperaba, sin embargo, sonreí pecaminoso ¡Cómo no!, si la malicia y la picardía se le salían por los poros.
—Está que va a reventar —respondí en doble sentido y con voz ronca, sacándole de inmediato una sonrisa lasciva—, pero mi compañero es muy masoquista, así que no tengas piedad.
—No la tendré —señaló apoyando sus manos sobre mi vientre, para luego comenzar a subir y bajar a lo largo de mi hinchado pene.
Con prontitud definió su ritmo.
—Aaaahg Tem.
La respiración se me aceleró de inmediato, mientras ella continuaba brincando acompasadamente sobre mi erguido falo.
—Ohhh mujer —solté para luego posar mis manos sobre sus caderas. Mis ojos al mismo la recorrieron entera.
Parecía una verdadera amazona, una hermosa amazona que cabalgaba y cabalgaba con el sólo objetivo de llevarnos a la gloria. Sus turgentes pechos ascendían y descendían de acuerdo a los golpes que ella misma ejercía.
Su sexo contra el mío.
A una velocidad bastante particular y rica.
¿Qué más podía pedir?
Aaaahhg Tem —jadeé extasiado, dirigiendo enseguida mis manos sobre ese redondo culo que Kami le había regalado.
Deseoso lo recorrí y lo apreté.
—Aaaahhhg Shika. —gimió desacelerando el ritmo de su cabalgata, sin embargo, la muy cachonda en un par de segundos, lo recuperó.
Ella era única.
—Ohh mujer —solté entre jadeos al sentir que me agitó la verga de manera tan exquisita.
Recuperar el ritmo que llevaba era su especialidad. Por eso me encantaba cuando la hacía, ya que me calentaba una enormidad.
Cachondo miré la base de mi miembro. Su sexo lo engullía por completo, lo que obviamente me encendió aún más.
—Ahhh qué rico.
—¿Qué tan rico? —su pregunta hizo que alzara la mirada. La libidinosidad y presunción era lo que más le resaltaba en su acalorada cara.
—Le doy un diez —espeté extasiado; y ella en respuesta, sonrió con maldad. Aceleró con rapidez su vaivén a lo largo de mi prominente sexo, provocando enseguida que mis jadeos se intensificaran aún más.
—Ohhh mujer —solté cachondo al sentir que me agitaba la verga de manera magistral.
—¿Y ahora?
La pregunta estaba de más.
—Mil —respondí con respiración entrecortada, dejando al instante mi pasividad.
Comencé a arremeter desde abajo mientras una de mis manos empezó a frotar su botón hinchado.
De forma inmediata gimió con intensidad.
—Aaaahhg Shika.
Su cabalgata se hizo deliciosamente más frenética, más ardiente, y yo como buen semental no me quedé atrás. Apreté fuerte los dientes y seguí sus endemoniados movimientos como si fuesen los últimos, lo que provocó que sus gemidos se agudizaran todavía más.
—Oh Shika, sí, sí.
Escucharla tan extasiada sumado al desenfrenado vaivén que había alcanzado, me daba a entender que estaba «a portas» de acabar.
Mi condición era muy similar.
Tensé el rostro y continué penetrándola velozmente desde abajo. Era el momento de que mi amazona obtuviera lo que tanto quería alcanzar.
—Aaaahhg.
El repetitivo golpeteo de nuestros cuerpos nos hizo conseguir una fricción demasiado sublime, provocando que tanto mis jadeos como sus gemidos se escucharan varios decibeles más fuertes de lo normal.
—Aaahhg.
Sentí esa singular punzada a la altura de la pelvis, por lo que apreté fuerte los dientes con el fin de dilatar lo que era casi imposible de alargar. Continué arremetiendo hasta lo que más pudiera, sin embargo, ella se detuvo y soltó un gemido gutural.
—Aaaahhg Shikamaru
Sus húmedas paredes se contrajeron exquisitamente alrededor de mi falo, provocando que mi cuerpo de inmediato hiciera ebullición. Un intenso placer a los segundos me sacudió.
—Aaaah Tem —solté luego de alcanzar mi orgasmo y derramarme en su interior.
Mis ojos se cerraron por inercia y lentamente comencé a regular la respiración. Estaba cansado y eso que yo casi no hice nada. ¿Cómo estará mi problemática? Sentí que ella dejó su posición, tirándose al instante sobre el colchón.
—Ven —acoté con voz cansina, sin embargo, ella ni siquiera se movió.
Abrí los ojos y desvié la mirada hacia ella.
—Ven mujer —espeté estirando mi mano y tomando su brazo con suavidad.
—Dame unos segundos —señaló con voz irregular.
No insistí. Dejé que normalizara su respiración y se recuperara, sin embargo, en menos de un minuto ya estaba serpenteando encima de mí.
Me miró con suficiencia lo que hizo que esbozara una sonrisa ladeada.
—Estuvo rico —señalé abrazándola y entrecerrado los ojos.
—Qué bueno que gustó —acotó con un deje de presunción—. ¿Se te pasó el dolor de cabeza?
Entreabrí los ojos con pereza.
—Me siento como nuevo —respondí acariciándole el rostro.
Definitivamente el sexo mañanero era el mejor analgésico para la resaca.
Apoyó su cabeza en mi pecho y nos quedamos en estado letárgico por varios minutos hasta que, de repente cortó el abrazo para dejarse caer sobre el colchón. Sentí que se sentó y se puso de pie.
Abrí los ojos.
—¿Para dónde vas? —pregunté antes de que empezara a caminar.
—Al baño y luego a preparar el desayuno —acotó recogiendo la bata que estaba en el suelo, para luego fijar sus ojos aguamarina en los míos—. Ya son las once de la mañana. No quiero que te vayas con el estómago vacío.
Desvió su mirada y comenzó a avanzar. En cuestión de segundos me senté.
—Hoy no iré a ninguna parte —señalé logrando que se detuviera. Volteó hacia mí—, me voy a quedar aquí, contigo.
Pude vislumbrar un deje de emoción en sus bellos orbes almendrados, sin embargo, a los pocos segundos lo neutralizó.
—¿En serio? —inquirió escéptica—. Puede que esa decisión te acarreé más de un problema.
Esbocé una semi sonrisa.
—Tranquila mujer, sé muy bien lo que estoy haciendo —señalé con determinación.
La expresión de su rostro de inmediato cambió.
—Entonces si te vas a quedar, podrías ayudarme a jabonar la espalda.
La picardía con la que me miró me quitó el cansancio enseguida.
—Puedo jabonarte la zona que quieras —me ofrecí de manera seductora —. Tú sólo ordena y yo ejecuto.
De inmediato se mordió el labio inferior.
—Me gusta la idea —acotó coqueta—. Te indicaré por donde quiero que me pases jabón.
Terminando su frase me hizo una seña con el dedo índice para que la siguiera.
Una sonrisa lasciva apareció entre mis labios mientras mis ojos recorrieron su cuerpo con descaro. Me quedé viéndola idiotizado.
—¿Y qué estás esperando para acompañarme? —alzó la voz sacándome al instante de mis pervertidas cavilaciones—. ¿Una tarjeta de invitación?
Sonreí cachondo.
—Problemática, allá voy.
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POV Kankuro.
Estaba echado en el sillón mirando un programa de televisión, cuando de pronto sentí un puntapié en una de mis piernas.
—¡Pero qué mierda! —exclamé extrañado dirigiendo al instante la mirada a la dueña del apartamento.
—Saca los pies de mi mesa centro —espetó seria y yo obedecí sin chistar. Enseguida pasó la aspiradora por la superficie de vidrio. La chica era de temer cuando estaba en modo limpieza.
A los segundos reaccioné.
—¿Y por eso me das una patada gratuita? —le reclamé, ya que era la primera vez que me agredía. Observé con detención su semblante. Éste reflejaba un deje de molestia, sin embargo, pude captar también algo de preocupación—. Sólo tenías que pedírmelo con palabras —cambié el tono de mi voz para empezar indagar.
Kami, ¿por qué las mujeres no se pueden expresar de manera más clara?
—Es que cuando te lo pido nunca me haces caso —se excusó.
Abrí los ojos desmesuradamente.
—Claro que sí —me defendí. Ella enseguida me miró ceñuda y yo en cuestión de segundos aclaré mis dichos —. A la tercera vez que me lo repites, cuando me pegas un grito —me puse de pie y ella comenzó a pasar la aspiradora por el sillón—. ¿Te pasa algo?
La miré con expectación, sin embargo, ella se tomó su tiempo en responder.
—Pues sí —contestó luego de terminar de pasar ese bendito aparato por el sofá. Dejó la aspiradora en el piso.
—Si querías hablar tendrías que haberlo dicho desde de un principio —señalé haciendo un ademán con las manos para que se sentara.
Sacó el celular de su bolsillo y se sentó. Yo sin perder tiempo apagué la televisión y dejé el control en la mesa de centro, sentándome a continuación a su lado.
—Cuéntame.
—Temari que no contesta mis llamadas ni mis mensajes de whatsapp.
Alcé una ceja.
—¿Y qué tiene de extraño? —pregunté intentando de entender su preocupación—. Ayer salió con sus compañeros de trabajo. Seguro dormirá hasta después de las tres de la tarde, ya que debió haber bebido de más—desvié la mirada hacia reloj que estaba colgado en pared —. Todavía era temprano. Faltan veinte minutos para dos de la tarde.
—Ella puede acostarse a las siete de la mañana, pero nunca dormirá hasta después del mediodía... Además es de las personas que nunca apaga el celular y hoy lo tiene apagado.
—La conoces bastante bien —acoté con voz seria, comprendiendo esta vez el punto. El otro día la había tachado de exagerada, pero bien que acertó cuando mi hermana no fue a trabajar porque estaba enferma. Todavía no me creo ese cuento, pero después le preguntaré a Tenten que fue lo que en verdad sucedió para que mi hermana no asistiera a la compañía.
—Es como mi hermana —señaló con inquietud—. Por eso me preocupa que haya bebido demás, porque el alcohol…
—Siempre termina metiéndote en problemas —completé su comentario y ella asintió. Toda esa preocupación me enterneció. La atraje con uno de mis brazos hacia mí—. Tranquila Tenten, yo creo que estas sacando conclusiones apresuradas —de repente cierto episodio apareció en mi mente—. Sabes, anoche se me olvidó contarte algo que ocurrió en el bar.
Ella alzó el rostro y me miró con curiosidad.
—¿Qué pasó?
—Cuando llegamos al bar nos encontramos con Nara.
Abrió sus ojos castaños con asombro.
—¿Con Shikamaru?
—Sí, estaba bebiendo en la barra —espeté esbozando al final una sonrisa socarrona —. ¿Sabes por qué estaba allí?
Se quedó pensativa por unos segundos.
—Me imagino porque Temari salió con sus compañeros de trabajo —señaló esperando mi confirmación.
—Pues no, no fue por eso —acoté captando todo su interés. El chisme estaba demasiado bueno—. Nara no tenía idea que mi hermanita había salido a bailar.
Abrió la boca estupefacta sacándome de inmediato otra sonrisa. A los segundos reaccionó
—¡¿Qué?! —exclamó con voz chillona separándose enseguida de mí.
—Lo que oyes, Tenten —espeté reafirmando mis dichos—. Temari le inventó al Nara que tenía que quedarse en la oficina hasta tarde, y que por ese motivo no lo podía recibir en el apartamento.
—¿Pero por qué le inventó eso? —preguntó llevándose una mano a la cabeza.
—¿Quién sabe? —señalé con cierta ironía—. Ustedes las mujeres son indescifrables.
Frunció el entrecejo al instante.
—¡Eso es culpa de ustedes! —exclamó con ímpetu, sin embargo, de inmediato volvió a su centro—, pero no nos desviemos del tema. ¿Entonces Shikamaru estaba bebiendo porque no podía ir a ver a Temari?
—Exacto —aseveré luego de observar ese repentino cambio de actitud—. Además pude deducir que mi hermana lo tenía con «el agua cortada», ya que Nara dijo que la única comunicación que habían tenido era a través de mensajes, y que ella con suerte le contestaba con monosílabos.
—¿Entonces Shikamaru nunca supo que Tema salió a bailar?
Su pregunta hizo que sonriera malicioso.
—Por supuesto que se enteró —respondí de manera hipócrita—. Yo le aclaré que la excusa que le dio mi hermana era una vil mentira.
Tenten abrió la boca sorprendida.
—¿Pero Kankuro, por qué hiciste eso? —inquirió luego de salir de su asombro.
Sonreí burlesco.
—Porque quería ver qué cara ponía Nara al enterarse que Temari le había mentido.
No estaba mintiendo, era la verdad. Lo había hecho para disfrutar de su reacción.
—¡Por Kami, Kankuro, tú no cambia! —señaló Tenten, negando con la cabeza— ¿Y qué cara puso?
Su curiosidad me hizo reír.
—¡Por Kami, tú tampoco!
Quiso fingir molestia, pero no le resultó.
—Tú sabes que no me gustan los chismes a media, así que agradeceré que no te guardes nada.
Me gustaba que fuese tan directa.
—Ok, entonces continuaré —respondí y retomé el cuento—. Apenas le informé al Nara donde estaba Temari, se le desencajó el rostro. Yo creo que se sintió un idiota por haber creído semejante excusa. Nunca se imaginó que mi hermana lo podía dejar de lado por ir a una discoteque.
Tenten soltó una gran carcajada.
—Me hubiese gustado verle la cara —acotó apoyándose completamente en el respaldar del sillón.
—Y hay más —comenté provocando que detuviera su risa. Sus ojos castaños de inmediato me miraron curiosos.
—¿Más?
Sonreí.
—Después me preguntó si solamente había salido con «amigas» —agregué haciendo énfasis en la última palabra. Su expectación aumentó.
—¿Y tú que le dijiste? —inquirió curiosa. Me encantaba tener toda su atención centrada en mí. Bueno… en el chisme para ser más preciso.
—Pues yo le dije que no —señalé sonriendo con ironía—. Apenas el Nara escuchó que el grupo de salida de mi hermana también estaba integrado por hombres, se puso «modo celoso».
Tenten me miró con sorprendida.
—¡Mentira, no te creo!
—Es la verdad —afirmé sin titubear—. Tendrías que haber estado allí para haberle visto la cara.
Reí al recordar el momento.
—Me cuesta imaginarme a Shikamaru celoso —señaló con asombro—. Es que Shikamaru es tan apático para todo.
—¿Apático? —inquirí con sorna —. Temari seguro no comparte tu opinión.
La miré con perversión para que entendiera.
—¡Ya Kankuro!, no nos desviemos del tema —reclamó Tenten, con cierta molestia, lo que obviamente me hizo soltar una carcajada—. Estoy hablando de la forma de ser de Shikamaru, no de otra cosa.
Traté de calmar mi risa.
—Okey, okey —espeté levantando las manos en señal de calma y enseguida continué—, pero con unos cuantos tragos encima, Nara reacciona como cualquier mortal engañado —mis palabras otra vez atrajeron toda la atención de sus ojos castaños—. Una vez que me escuchó, lo primero que hizo fue digerir la información con cara de impacto, pero a los segundos un aura celópata lo envolvió.
Tenten abrió la boca de la impresión.
—¿Y qué te dijo?
—Me preguntó en dónde la podía encontrar —apenas escuchó mi respuesta frunció el entrecejo y la boca
—¿Y obviamente tú se lo dijiste, no?
Su tono de voz no me gustó. Parecía molesta.
—Tenía que hacerlo —me defendí con el primer argumento que cruzó por mi cabeza—. No podía permitir que se rieran de mi género. Entre hombres debemos apoyarnos.
—¡Pero Temari es tu hermana! —alegó elevando el volumen de su voz—. ¿Cuál era el fin de arruinarle una junta con sus amigos? —como no obtuvo respuesta de mi parte, prosiguió—. ¿Acaso no tiene derecho a salir con ellos?
Después de escuchar su reclamo preferí confesar.
—¿Te digo la verdad, Tenten? —inquirí mirándola con seriedad. Ella al instante asintió—. Lo único que quiero es que de una vez por todas, ese par, arregle sus cosas para que dejen de llevar esa vida que llevan. No les cuesta nada aclarar sus sentimientos y remar para un mismo lado.
Su molestia en cuestión de segundos desapareció.
—¿Y crees que mandando a Shikamaru «ebrio» al lugar donde estaba Temari haya servido de algo?
Aquella pregunta me hizo una esbozar una sonrisa.
—Mi hermanita no te ha respondido, eso debe significar algo.
Mantuvimos el cruce de miradas por unos cuantos segundos.
—Pelearon y terminaron o bien se arreglaron —señaló Tenten, desbloqueando de inmediato su celular—. Déjame llamarla de nuevo.
Se puso de pie.
—Si hubiesen terminado, ya te hubiese respondido con monosílabos —acoté recordándole lo que sucedió la otra vez.
—Tiene el celular apagado —espetó con un deje de preocupación —. Voy a llamar a Shikamaru.
—Si está apagado seguro están juntos —acoté tranquilo. Shikamaru no era un tipo violento ni nada por el estilo como para desconfiar de él.
—También lo tiene apagado.
Sus ojos castaños me miraron con cierta inquietud. Me puse de pie.
—Tranquila Tenten, deben estar juntos en el apartamento —señalé calmadamente colocando mis manos en sus hombros.
—¿Y si pasó algo grave?
—Vamos a apartamento de mi hermana, si eso te deja más tranquila.
Apenas escuchó mi propuesta su semblante se normalizó.
—¿Pero con qué excusas vamos?
Su pregunta me sacó una sonrisa.
—Iremos con excusa de almorzar en familia —espeté de lo más normal—. Mi hermana siempre almuerza los fines de semanas contigo y ahora conmigo —me quedé pensativo—. Y a todo esto, ¿tenemos almuerzo?
—Tengo una carne en el horno —señaló Tenten mirando enseguida la hora en su celular—. Va estar lista en unos diez minutos más.
—Entonces iré a preparar las ensaladas para luego envasarlas —solté sus hombros y giré en dirección a la cocina. Volteé mi cabeza hacia ella—. Dudo que mi hermana haya surtido el refrigerador y la despensa para el fin de semana.
Tenten sonrió divertida.
—Aprovecharé de guardar la aspiradora para luego ir al baño y después cambiarme —acotó guardando el celular en uno de sus bolsillos—. Me imagino que tú también te cambiarás.
Por reflejo miré mi ropa.
—Yo ya estoy listo —aseveré alzando nuevamente la vista.
Tenten al instante frunció el ceño.
—¿Vas a ir así?
Volví a mirar mi vestimenta y según yo estaba decente. Vestía con un pantalón corto y una camiseta estilo básquetbol.
—Sí, ¿o acaso debo ir de etiqueta? —pregunté de manera burlesca—. Voy sólo donde mi hermana. No creo que el conserje del edificio me prohíba la entrada.
—Ay Kankuro, yo sólo preguntaba.
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Luego de aparcar el auto de Tenten, entramos al edificio y saludamos al conserje.
—Hola Kotetsu, ¿cómo estás? —acoté con simpatía—. Una consulta, ¿has visto a Temari?
—Hola Kankuro, estoy bien —me respondió con amabilidad—. No, no la he visto desde que entré a mi turno, pero sé que está en su apartamento, porque en el registro de estacionamiento de visitantes aparece un auto anotado.
Desvié la mirada hacia a Tenten.
—¿Ves? —le sonreí con suficiencia y luego volví a mirar a Kotetsu.
—¿Por casualidad no será un auto negro último modelo?
Obviamente la pregunta estaba de más. El carro tenía que ser del Nara.
—Sí, es un vehículo negro del año.
—Es el auto de mi cuñado —afirmé para después fingir extrañeza—. ¿Qué raro que lo haya dejado estacionado acá?
Nara por lo general acostumbraba a dejarlo en un parking privado a un par de cuadras de acá. Según él para despistar.
—De acuerdo a la información que tengo, la que aparcó el carro en el estacionamiento fue su hermana.
Sonreí divertido. Era evidente que Izumo se lo había «informado». Este par estaba enterado de todos los chismes del edificio.
—¿En serio? —inquirí cínicamente. Éste de inmediato asintió—. Seguro se le pasaron las copas en el evento de anoche. Hoy debió haber despertado con la resaca. Gracias por la información, Kotetsu. Nos vemos.
—Nos vemos, qué tengan una buena tarde.
Rápidamente subimos en el primer elevador. Maqué el número siete y apreté el botón para cerrar la puerta.
—Ese Kotetsu es más chismoso que el conserje de mi edificio —se quejó Tenten, frunciendo la boca.
—Es parte de su trabajo —lo justifiqué con cierta ironía—. Todo sea por la seguridad del edificio.
En unos cuantos segundos llegamos al séptimo piso y caminamos a paso regular hasta el apartamento.
—Sabes Kankuro, ya no sé si quiero almorzar aquí.
Apenas escuché su comentario, me detuve.
—Tenten, ya no es momento para arrepentirse —acoté con firmeza—. Estamos a pocos metros de llegar al apartamento. Además, yo ya tengo hambre.
—Es que… es que no sé qué pensará Temari cuando nos vea —señaló complicada.
—Pensara que tiene una amiga y un hermano que se preocupan por ella —espeté de manera dulce provocando automáticamente que frunciera el ceño.
—¿Preocupado tú? —me increpó—. La preocupada era yo. Tú sólo vienes de chismoso para saber en qué quedaron.
Sonreí al escuchar su acierto.
—Tienes razón, por eso te propuse que viniéramos —acoté colocando mi mano en su cintura para incitar que avanzara. Comenzamos a caminar—, pero disimularemos diciendo que venimos almorzar.
—Espero que no interrumpamos nada —señaló antes de detenernos en frente de la puerta.
Reí al imaginarme a Temari en paños menores gritándome y persiguiéndome por entrar a su apartamento sin tocar la puerta.
—Creo que esta vez lo mejor será tocar el timbre —señalé con sensatez presionando éste. La recreación de aquella escena imaginada era muy graciosa, pero otra cosa sería vivirlo en carne propia. Ni tonto iba a abrir la puerta con la llave.
Nos quedamos en silencio esperando a que alguien abriera, sin embargo, ninguno de los dos abrió. Volví a tocar el timbre.
—Deben estar ocupados.
Desvié la mirada de inmediato hacia Tenten.
—¿A esta hora? —inquirí imaginándome a lo que se refería. Ella asintió. En respuesta esbocé una sonrisa —Tal vez tengas razón, démosle un tiempo para que se vistan.
Esperamos con paciencia, sin embargo, los minutos pasaron y nadie abrió. Volví a tocar el timbre, apoyando enseguida mi oreja en la puerta.
—¿Escuchas algo? —inquirió Tenten, quedito.
—Algo se escucha, pero no alcanzo a distinguir lo que es —acoté hundiendo el botón otra vez. No iba a esperar tres minutos para presionar el timbre de nuevo. Ya les había dado suficiente tiempo a ese par calenturientos para abrir.
—No sigas tocando el timbre —me susurró con cierta desesperación, al mismo tiempo que golpeaba mi brazo con su mano.
Reí en voz baja.
—¿Por qué no? —la miré divertido —. Sé que están ahí y quiero que se apuren.
Apreté el timbre por quinta vez.
—Tu hermana nos va a matar —me advirtió Tenten, cuando desde adentro se escuchó un «ya voy».
—Parece que viene mi hermana. Disimula y sígueme la corriente—acoté y aclaré mi voz—. Entonces ¿no hay que calentar la carne?
—No, no es necesario ya que antes de guardarla en el recipiente, la envolví en papel aluminio para mantener el calor —señaló cuando vimos que abrieron la puerta. Desvié mirada a Tenten—. Además nos demoramos muy poco en llegar hasta acá, ya que las calles estaban expeditas.
Al terminar de hablar, ambos miramos a quien nos abrió la puerta.
—Hola hermanita, ¿cómo estás? —espeté al ver que Temari nos miraba con cara de entre sorprendida y avergonzada. Se notaba que hace un par de minutos atrás había estado algo «ocupada», ya que se veía desordenada y acalorada—. Ya que no contestaste el celular, vinimos a almorzar contigo.
Sonreí fingiendo inocencia mientras levantaba la bolsa donde estaba la comida.
—Hola Tema —intervino Tenten con su clásica jovialidad.
—Chicos… Hola, estoy bien… pero pasen —acotó mi hermana haciéndose a un lado para que entráramos. Con las manos comenzó a arreglarse el cabello—. Disculpen la demora.
Avanzamos unos cuantos pasos y nos detuvimos. Temari cerró la puerta y se nos acercó.
Tenten estiró su mano y le bajó un mechón de pelo que todavía tenía desordenado.
—¿No estás sola, verdad?
La pregunta ingenua de Tenten sonó tan real. Definitivamente yo le habría dado un óscar. Observé a mi hermana. Me gustaría saber si ella ya se había percatado que nuestra actitud era mera actuación.
—No, estoy con Shikamaru, pero no se preocupen —acotó tratando de fingir normalidad. Tal vez por dentro ya nos estaba maldiciendo por haber interrumpido «ese particular momento»—. La verdad es que no nos habíamos dado cuenta que ya era hora de almorzar.
Sonrió ampliamente transmitiendo un aura de felicidad.
—Sí, nos damos cuenta —señalamos con Tenten al unísono.
Era fácil deducir que el Nara ya la había hecho liberar demasiada endorfina durante el día.
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POV Temari.
La velocidad de sus embestidas incrementó mi libido exquisitamente haciéndome gemir con más intensidad.
—Ahhhg… siiii… siiii.
Sus arremetidas eran tan duras, tan profundas, que sabía que en cualquier momento mi cuerpo iba a colapsar.
—Ahhhhg Shika.
—¿Te gusta así… o quieres más?
Ese tono de voz tan caliente elevó mi temperatura de manera descomunal.
—Más vago, dame más —solté extasiada.
—Problemática insaciable… ya verás cómo te voy a dar —sentenció con voz gutural, tomando mis caderas con más firmeza e intensificando sus estocadas. Aquellos frenéticos movimientos con prontitud me hicieron delirar.
—Ohh sí, sí.
Me aferré con fuerza a la sábana, a sabiendas que sus implacables embates en cualquier momento me harían sucumbir.
Mis sentidos estaban volcados a cada sensación que me provocaba. Sentí de repente que mi libido estaba a punto de explosionar…
Ding-dong… ding-dong
Abrí los ojos desmesuradamente, echando pie atrás a la gran sensación que estaba a punto de sentir.
—¿Quién mierda buscará? —inquirí entre curiosa y molesta, pero sin dejar la calentura de lado—. Aaahh Shika, sigue así —solté de repente al sentir que intensificó sus estocadas. Preferí olvidar que buscaban —. Sigue que ya casi llego.
—Aguanta un poco más, mujer —balbuceó jadeante manteniendo aquel endemoniado vaivén.
Todo era demasiado intenso, extremadamente rico, parecía que ya tocaba el cielo cuando otra vez el sonido del timbre me interrumpió.
—Maldición, ¿por qué no vendrán a otra hora? —murmuré sintiendo que ya alcanzaba el orgasmo; y a la vez, no. Era como que falta un último empujón.
—Olvídate del timbre, mujer —susurró con voz ronca, jalándome del cabello. Sus embestidas nunca se detuvieron. ¡Qué más cachondo que eso! ¡Al diablo quién buscaba!, ahora lo más importante era finalizar este delicioso encuentro.
—Sí, sí, sigue así —señalé entre jadeos al sentir que ahora sí estaba a un paso de alcanzar mi orgasmo. Los embates de mi vago eran tan profundos y frenéticos que, a pocos segundos de haber expresado que «continuara», ya me tenía gimiendo de felicidad.
—Aaahhg Shika —solté al sentir un exquisito placer que ascendió por mi cuerpo. Éste por reflejo se estremeció.
—Aaahhg mujer —escuché a mi vago acotar con voz gutural, una vez que yo ya estaba en la gloria.
Echó su simiente en mi interior, quedándose quieto por un momento.
—Estoy muerto —espetó jadeante, saliéndose de mí y tirándose sobre el colchón. Yo también me dejé caer sobre la cama. «Tantos polvos seguidos» me tenían más que exhausta. Recordé el sonido del bendito timbre que había sonado hacía un momento atrás.
—¿Quién habrá…
Ding-dong…Ding-dong.
—Siguen afuera —acoté extrañada y rápidamente me levante dirigiéndome al baño. El sonido del timbre se escuchó otra vez.
Con prontitud me lavé la cara y las manos. Me las sequé y volví a mi habitación.
—¿Quién buscará? —inquirió Shikamaru, con parsimonia.
—No sé —respondí sin mirarlo, ya que estaba buscando en el piso dónde había quedado mi vestido y mi ropa interior. Por suerte los encontré.
El sonido del timbre se escuchó por quinta vez.
Me puse mi braga de inmediato y salí abrir la puerta.
—Ya voy —acoté en un tono más alto que el habitual, mientras me ponía el vestido que traía en la mano.
Llegué a la sala y miré la televisión. Todavía no terminaba «Star Wars».
—Shikamaru y sus películas de culto —susurré al mismo tiempo que con las manos arreglaba mi cabello—. ¿Por qué tenía que gustarle esa bendita saga?
Negué con la cabeza y seguí avanzando hasta llegar a la puerta. Escuché unos murmullos detrás de ésta y con curiosidad abrí.
—No, no es necesario ya que antes de guardarla en el recipiente, la envolví en papel aluminio para mantener el calor.
¿En serio eran ellos?... Eran Kankuro y Tenten, ¿pero por qué estaban aquí?
—Además nos demoramos muy poco en llegar hasta acá, ya que las calles estaban expeditas.
No sé qué mierda hablaban, pero de repente ambos pares de ojos se fijaron en mí. Sentí mis mejillas arder.
—Hola hermanita, ¿cómo estás?
Me sentí descubierta, ya que todo era demasiado evidente. ¿Por qué me tenía que ocurrir esto a mí?
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CONTINUARÁ…
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Gracias por leer, espero que les haya gustado el capítulo.
Cualquier cosa que quieran decirme, pueden hacerlo a través de un review, me encanta leerlos y responderlos. Recuerden que los reviews siempre motivan al escritor. Yo los amo con el corazón :D
Durante la semana responderé los reviews pendientes, disculpen la demora.
Disculpen también las posibles faltas de ortografías, apenas tenga tiempo las corregiré (ayyy Kami... dame tiempo por favor).
Nos vemos en mi próxima actualización.
Besos y abrazos para todos, espero que tengan un buen domingo y una mejor semana.
