Los personajes le pertenecen a Masashi Kishimoto.


Capítulo 4

Mientras Shikamaru la arrastraba por toda la aldea, pensó, mínimo, veinte maneras de mandarlo a volar con su abanico. La tentación ante el simple hecho de hacerlo, la llevaba rozar sus dedos con el frío metal de la varilla, más se detenía ante el pensamiento de armar un revuelo. ¿Qué podía hacer ante aquella situación? No. Poder, no. Poder hacer algo implicaba la fuerza de voluntad de quién tuviera la elección. ¿Qué debía hacer ante aquella situación? El deber doblegaba a la gente. Y ella, caminando a espaldas de él, expectante a sus pasos, debía seguirlo. Sería muy estúpido de su parte iniciar un barullo innecesario.

Shikamaru dobló a la derecha y siguió su camino. Temari le seguía detrás, pero percataba perfectamente el movimiento de sus manos, rozando parte de su abanico. En cualquier momento, pensó, sería mandado a volar por los aires y se enfrentaría a la furia de la experta kunoichi. Los bellos de su nuca se erizaban cada vez que oía el metal ser raspado con aquellas uñas afiladas. Rogaba llegar pronto.

Los charcos reflejaban el cielo gris. De a ratos, el sol asomaba por las rendijas que las nubes dejaban, pero luego, volvía a estar más oscuro. El viento frío soplaba con fuerza, una nueva tormenta caería pronto. La gente caminaba rápido, desesperada por hacer sus tareas antes de que lloviera nuevamente. Los niños saltaban sobre el agua, mojándose y riendo, yendo y viniendo, recordándole a la aldea que, incluso en los días más feos, las risas se podían escuchar.

A ambos les alegraba contemplar aquello. En silencio, para sí, rememoraban sus días de shinobis, de combates, de guerras y de muerte. No tenían tiempo para jugar, para hacer amigos, para saltar charcos. Entrenaban, sin descanso, para ser más certeros. Entrenaban, para sobrevivir. Entrenaban, para proteger a sus camaradas. ¿Cuánto daño guardaban dentro, que, ante el mínimo recuerdo de la sangre en sus manos, los estremecía? Si al menos hubiesen tenido la opción de elegir qué camino tomar, sabrían que todas las consecuencias de ser un ninja habrían corrido por su cuenta. Más claro era que no. Nadie les preguntó si querían o no formar parte de aquel mundo.

Por dentro (por muy estúpido que sonara) envidiaban a aquellos chiquillos. Afortunados eran los que jugaban en el barro. Malditos los que habían luchado porque aquello sucediera.

Temari chocó accidentalmente con la espalda de Shikamaru. Ensimismada en sus pensamientos, no se percató de que él se hallaba parado frente a una casa. Muy pintoresca. Dentro, oía los llantos de un bebé. Se le heló la sangre. ¿Acaso él sería capaz?... Sacudió la cabeza, negándose ante aquel pensamiento.

Shikamaru golpeó la puerta. Mirari estaba haciendo un berrinche, había llegado justo a tiempo. Segundos después, la puerta se abrió de golpe. Kurenai llevaba a Mirai en brazos, quien no paraba de llorar y la pequeña vio su figura, saltó a los brazos de él, aferrándose y deteniendo sus quejidos. Su madre suspiró aliviada, luego cambió sus gestos por unos de asombro.

—¿Shikamaru?

—Kurenai —sonrió Shikamaru—. Vengo a devolverte el bento, estuvo delicioso—mintió—. Gracias.

Temari, quien hacía unos instantes estaba a nada de cuestionarle quién era la niña, quedó estupefacta. A esa mujer no la recordaba en rostro, sí en nombre. Shikamaru le había contado que su difunto maestro tenía una hija, y que era su responsabilidad cuidarla. Kurenai. Así se llamaba la esposa. La vergüenza no tardó en llegarle. Si antes pensó en cómo mandarlo a volar, ahora pensaba en cómo desaparecer. Sus mejillas se tiñeron de rojo, avergonzándose por sacar conclusiones tan rápidas. Había actuado de manera contraria a cómo le habían enseñado: piensa luego actúa. No. Tan estúpida eres, Temari. Se había dejado llevar por el impulso, permitiéndole a sus inseguridades tomar el control de las riendas. Había concluido en que Shikamaru tenía una o varias admiradoras, que le preparaban el almuerzo y él, vanidoso, las aceptaba. Había llorado lágrimas en vano frente a una historia apresurada que su cabeza inventó.

Sin embargo, lo que la terminó por abochornar no fue otra cosa que la mirada de Shikamaru, penetrante, en sus ojos, junto a la mirada expectante de Kurenai. Se sintió pequeña. Miró al suelo.

— ¿Ella es Temarí? —preguntó Kurenai.

Shikamaru asintió.

Temari se estremeció ante oír su nombre. ¿La conocía?

— ¿Es tu novia, Shikamaru? —preguntó Mirai.

Él carraspeó nervioso, sonrojándose. Temari se atragantó con su propia saliva, antes de toser fuertemente. El corazón de ambos bombeó vertiginosamente. Solamente esa palabra, "novia", lograba estremecerlos. Nunca se habían replanteado su relación, la cual únicamente constaba de mensajes mediante halcones. No obstante, oír ese título, conseguía tanto avergonzarlos como cuestionarse la dirección que querían tomar.

Nuevamente, Shikamaru aclaró su voz.

—Esas no son cosas que las niñas pequeñas deban saber —respondió.

En su pecho, Temari sintió un leve pinchazo. ¿Qué esperaba? Si resultaba ser honesta consigo misma, definitivamente no aquella respuesta. Y le costaba admitir que, en su interior, deseaba una respuesta positiva ante la pregunta. Sí. Sí, es mi novia. Porque sabía que, incluso si fuera una mentira, se sentiría bien al menos una vez en mucho tiempo. Pensó en todas aquellas veces en las que oía a chicas de su aldea hablar de chicos, como si fueran algo precioso, algo que ella nunca tendría. ¿Cómo sería ser una novia? ¿Qué se sentiría coincidir con alguien, en cuerpo y alma?

Shikamaru, por su parte, tuvo miedo a responder positivamente. ¿Por qué? No encontraba la razón. Conocía, sin embargo, perfectamente que no le temía a la reacción de Temari. En el peor de los casos, le daría una bofetada que lo mandaría hasta el país del Rayo y se le rompería el corazón… Pero existía algo más, muy en lo profundo de su cabeza, que no le permitió dar aquella respuesta… Temía, sí… ¿A qué? Quizás le producía miedo arriesgarse a lo desconocido. El amor, las relaciones, no era como el goo o el shogi, que, tras varios movimientos de tu oponente, conoces su estrategia y futuros movimientos. Los lazos amorosos iban más allá de eso, más allá de una jugada en un casillero. Un día, si tenía suerte, se despertaba siendo amado, al siguiente, aquella persona dejaba de hacerlo… o peor, moría en batalla.

Kurenai tomó a Mirai en brazos al igual que el bento. Le sonrió a ambos.

—No era necesario que lo trajeras hoy, Shikamaru. Podrías haberte pasado cualquier otro día. De todas formas, gracias— Sonrió—. Ven otro día a cenar, trae a Temari —Desapareció tras cerrar la puerta.

El silencio sucumbió a ambos. Allí estaban, parados a poca distancia. Sin embargo, se sentían kilómetros y kilómetros. Algo no estaba bien. Ellos no estaban bien.


Temari, apenas percibió el movimiento de los pies de él girar en su dirección, dio dos zancadas para atrás y volteó, comenzando a caminar en dirección a la posada. A pasos apresurados y mirada gacha, el calor subió de golpe. Su nuca, pese a ser frío el clima, sudaba. No por el casi trote, sino por vergüenza. Estúpida. No le alcanzaba con sus suposiciones idiotas, no, su personalidad quedaba muy grande para un molde tan pequeño. Ella debía ir y hacer el ridículo en su máxima expresión. ¿Cómo podría mirarlo de vuelta? No le gustaba pasar vergüenzas, equivocarse, expresar sus sentimientos. En menos de veinticuatro horas, había hecho todas y cada una de ellas.

Konoha era un mapa trazado a medias. No conocía con exactitud sus calles, más no dudó un segundo en mezclarse entre la multitud. Esquivó y golpeó accidentalmente a los habitantes, pero debía alejarse de Shikamaru lo antes posible. La dejaba expuesta. Todas las capacidades como kunoichi estratega quedaban a la merced de ese vago. En tan solo cinco minutos, si él quería, Temari podría reír y llorar.

¿Cómo se llama esa sensación cuando algo te hace ben y mal al mismo tiempo?

Si pensaba fríamente, realmente, no eran nada. Un tirón le desgarró la garganta cuando no respondió a la pregunta de la pequeña Mirai. "¿Es tu novia, Shikamaru?". Tantas idas y vueltas, tanta ocultación de sus sentimientos… ¿Por qué? ¿Era necesario ese calvario? Una vez, pensó, que estaban bien así. Sin demostrar tanto sus sentimientos, ya fuese por pena, por sus personalidades, por comodidad… Más eso únicamente había logrado que se sintiera confundida.

Odiaba estar confundida.


No tuvo tiempo a reaccionar. Apenas giró sobre sus pies, ya no estaba allí. Observó cómo Temari se marchaba en dirección contraria, más no se dispuso a alcanzarla. Sabía bien de ella dos cosas: tan orgullosa como vergonzosa. Y cuando la primera resultaba herida la segunda no tardaba en aparecer. Quizás se había excedido al llevarla ante Kurenai y devolverle el bento pero, si le hubiese contado la verdad, tal vez… ¿Tal vez qué? ¿No le hubiera creído? ¿Por qué?

Un vacío invadió su pecho. ¿De qué dudaba? Temari siempre creía a sus palabras, incluso cuando omitía información para no preocuparla —aunque sí lo hacía—. Llevó una mano a su frente con fuerza. Un completo tonto. Le había herido el orgullo, dejado expuesta y, si miraba desde otra perspectiva, burlado de sus sentimientos.

Una real mierda, Shikamaru.

Miedoso. Un bebé llorón.

Caminó hasta un cantero y se sentó. La superficie estaba mojada. Poco le importó mojar sus pantalones. La impotencia no podía mantenerlo en pie.

Miedoso. Nada más que eso. Temía de sus sentimientos, de Temari. Temía amarla en todas sus expresiones posibles y que nada saliera como él deseaba. Que un día se aburriera de él, de su personalidad. Exactamente como él se aburría de todo. Si existía la posibilidad, lo descartaba. Y temía que así finalizara con él. Que buscase algo mejor y a él lo desechara como quien desecha un carozo de durazno. Él no limitaba sus sentimientos por vagancia, comodidad o lo que fuese, lo hacía por terror. Terror a abrirse como un libro y que a Temari no le gustara absolutamente nada.

Temía que ella se fuera.

Temía quedarse solo.

Hacía tiempo que estaba solo.


Hola.

Me disculpo por actualizar luego de bastante tiempo. Estoy cursando la facultad (Universidad) y acomodarme al estudio y mi vida implica bastante tiempo.

Muchas gracias a los/las que me dejaron un review. No olviden dejar otro!