Los personajes le pertenecen a Masashik Kishimoto.


Capítulo 6

"Camina ciudad arriba, por el viejo sendero iluminado, verás un nogal, el sendero se divide. Toma el camino de la derecha, conduce a los terrenos del Clan Nara".

Así le había explicado Ino cómo llegar hasta la casa de Shikamaru. No dudó, ni por un segundo, pedirle indicaciones y emprender camino hacia la casa de él. No después de haber oído todo aquello. No podía ignorar el hecho de que Shikamaru se sentía solo, y temía, con todas sus fuerzas, no poder salvarlo. La guerra los había devastado, a todos, a cada shinobi. Les había arrancado una parte de sí que, posiblemente, nunca terminaría por sanar. Sus hermanos tenían heridas. Los ninja de la hoja tenían heridas. Shikamaru tenía heridas. Ella tenía heridas. Y si tan solo, un poco, pudiera ayudar a mitigar el dolor de él, quitaría todo su orgullo del medio.

No perdería ni un alma más. No después de todas las que la Cuarta Guerra Ninja se había llevado.

Llegó hasta el viejo nogal. El camino viejo, recubierto por grava y pequeños muros de piedra, circundaba los bosques más alejados del centro de la aldea. El Clan Nara, recordaba, era antiguo y prestigioso. Cuando no se encontraban cumpliendo misiones, cuidaban de los ciervos. Pese a la luminosidad de las farolas, nadie circulaba por esos lados. Dobló a la derecha, la lluvia caía, no con tanta fuerza, pero sí lo suficiente como para pensar que, definitivamente, cogería un resfriado durante su estadía allí. Sin importarle mucho, siguió su andar, encontrándose, a unos metros, una arcada de madera, perfectamente tallada, en el centro, con el símbolo del clan. Sin embargo, pese a distinguirse a tras ella las casas, nadie se hallaba fuera.

Está lloviendo, Temari. Es casi media noche. Tú eres la única que circula en estas condiciones.

"Luego de la arcada, busca la casa cuya puerta posee tallado un ciervo de grandes cuernos. Es la única, ya que significa que allí vive el representante del clan…"

Y luego, recordó algo que le hizo sonrojar.

"… Allí vive Shikamaru, Temari… Quién sabe, probablemente, te cases con el líder de un clan muy prestigioso de Konoha."

Solía olvidarse quién estaba detrás de aquellos pergaminos, de aquellas escuetas palabras. Shikamaru era, por derecho, líder del Clan Nara, tras la muerte de su padre. Olvidaba que debajo de toda esa pereza, habitaba el representante de un clan.


Cerró, sigilosamente, la puerta corrediza que dividía el pasillo con la habitación de su madre. Yacía acostada, sumergida en sueños. Yoshino ya no poseía la misma energía de antes…, de cuando Shikaku estaba vivo. Pese a no demostrar su tristeza, había días u noches en que esa le ganaba, llevándose consigo todo el jubilo de su sonrisa. Almorzaba u cenaba poco, y luego se excusaba con leer por las tardes — aunque Shikamaru sabía bien que, cuando eso sucedía, no leía, sino que observaba las páginas y se transportaba a su juventud— o con estar cansada e irse a la cama.

Nada en su mundo era igual luego de la muerte de su padre.

Con un plato de galletas y un té, se sentó en el alféizar de la ventana, observando la lluvia, la pequeña laguna, la borrosidad de la luz de la farola, distorsionada por la lluvia, la profundidad del bosque que se extendía a lo lejos d su patio trasero.

Le gustaba estar allí, en su casa. Se sentía resguardado y cada mueble tenía una memoria. El sofá, la mesa de la cocina, los tatamis, el papel de las paredes con dibujos de ciervos, la estantería repleta de libros, la vieja mesita de juegos, las tazas de té. Si cerraba sus ojos, aún escuchaba las chicharras de verano, el ruido de las manos de su padre al tomar una pieza de shogi y depositarla sobre el tablero. O, también, el olor a cigarrillo y bocadillos, cuando Asuma iba de visita para jugar una partida de go.

El frío y la distancia de lo que se había ido desparecían cuando estaba en su hogar. Cuando, esperanzado, aguardaba a, indirectamente, transmitirle todas aquellas sensaciones a su madre. Quería de alguna forma salvarla de su calvario. Más llegaba a las mismas conclusiones de siempre: si apenas podía salvarse a sí mismo… ¿cómo salvaría a su madre?

De pronto, ocurrió lo que muy pocas veces ocurría en los últimos tiempos: el ruido de la puerta de entrada siendo golpeada. Rápidamente, bajó del alféizar y se dirigió hasta ella. Podría ser Choji, Ino o Naruto, o algún mensajero del Hokage o… Suspiró. Desde los poros se nota tu nerviosismo, Shikamaru.

Sin embargo, pese a todos los posibles rostros que pasaron por su cabeza, el de Temari fue el menos esperado. O mejor dicho, no previsto jamás. Al abrir la puerta, allí estaba, empapada y sonrojada, con una bolsa de… ¿Verduras? en la mano.

¿Qué hacía allí?

— ¿Vas a quedarte embobado o vas a dejarme pasar? Me estoy helando —dijo, tan sutil como siempre, la kunoichi de la arena.

Anonadado y sin respuesta, su sistema nervioso pareció desconectarse de sus extremidades cuando, torpemente, se hizo a un lado y la dejó entrar. Ella le pasó por al lado y él volteó a cerrar la puerta. Cuando giró, no hubo tiempo antes de que ella se le abalanzara.

Esperó un golpe, un empujón, un insulto, una técnica secreta mortal que lo enviaría junto a su padre y maestro. Cualquier tipo de ataque…

Más todo lo contrario.

Pese a chorrear agua, Temari lo estaba abrazando, con fuerza, escondiendo la cabeza en su pecho. Podía sentir cómo el corazón le golpeaba, fuerte, y se percató de que el suyo latía con la misma intensidad. ¿A qué se debía todo esto?

—Temari…

—Perdón.

¿Eh?

—Perdón. Perdón por ser tan terca, por buscar pelea siempre, por ser tan atolondrada y por querer complicar las cosas cada vez que tengo la oportunidad. Perdón por no haberte preguntado y por sacar rápidas conclusiones. Perdón por ser tan egocéntrica. Soy un monstruo egoísta y narcisista que nunca se fija en los sentimientos de los demás. No vi lo mucho que estás sufriendo, Shikamaru. No vi todo lo que la Guerra te quitó ni tampoco pude ver tus manotazos por salir de la oscuridad en la que estás metido.

Cada palabra de ella iba en aumento, tanto de volumen como de fuerza. Las vibraciones emitidas por su voz rebotaban en su pecho, donde aún tenía ella escondida su cabeza. Fue un salto al alivio que alguien exteriorizara todo lo que él guardaba dentro. Porque lo hacía real y aceptable. Y, una vez que un problema se aceptaba, consecuentemente debía ser el otro paso: superarlo.

Fue una sorpresa sentir su rostro caliente, y no por vergüenza al estar así de juntos. Unas lágrimas se le escabulleron de sus ojos, perdiéndose en la cabellera rubia de ella. "Ni tampoco pude ver tus manotazos por salir de la oscuridad en la que estás metido". ¿Qué tan evidente era aquello? ¿Qué tan desesperado se hallaba como para que alguien notara cuán hundido estaba? ¿Qué tan débil podía ser para dejar que tanta mierda lo consumiera?

—Perdón por ser como soy.

Hubo un silencio cuando chocaron sus ojos. Aguamarina. Café. Las miradas se sostuvieron, pese a las lágrimas, pese al bochorno, pese a todo lo que los volvía mundanos. Dentro, para sí y al unísono, entendieron que no podían tirar más de aquella cuerda; que, tarde o temprano, cedería y cortaría, y ambos terminarían lastimados. No podían sucumbir ante aquello. Después de tantos errores, de tanta batalla y de tanto horror, anhelaban la paz.

Paz consigo mismos.

Paz entre ambos.

Shikamaru recordó la primera vez que fueron a cenar, que caminaron por Konoha sin rumbo, y que la acompañó hasta la posada cuando se hizo tarde. Recordó cómo el rubor le quedaba bien en sus mejillas —incluso si fue producto del alcohol—. Recordó el brillo en sus labios y en su mirada, aunque esta última lo atormentaría aún más. Esos ojos brillantes, astutos, sabios y expresivos. Sí, expresivos. Temari siempre fue de pocas palabras, pero se expresaba con sus ojos. Aquellos dos orbes claros denotaban todo lo que nunca se atrevía a decir. Le encantaba todo de ella, más sus ojos se llevaban la corona. Le costó demasiado olvidar su brillo cuando, la mañana siguiente a su cita, partió junto a sus hermanos rumbo a Suna.

Ahora que podía contemplarlos nuevamente, le costaría aún más olvidarlos.

Shikamaru largó un suspiro, abrazándola con fuerza.

—No hay nada de malo en cómo eres —susurró.


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Perdón por la tardanza, estoy un tanto ocupada con la facultad y mis actividades jeje :)

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