Disclaimer: la saga Final Fantasy pertenece a Square Enix.
CAPÍTULO 2: MIS NUEVOS COMPAÑEROS
ERU – Miércoles 7:10PM
Bajamos unos cuantos pisos hasta llegar al departamento de aquellos cuatro Turcos. No entiendo muy bien porqué si son tan importantes, están en un piso intermedio en lugar de estar justo debajo del despacho de Rufus Shinra… Pero en fin, cuando construyeron de nuevo el edificio, decidieron hacerle muchos cambios.
Rui dio unos suaves golpes a la puerta del despacho y una voz femenina nos dijo que pasáramos.
Los departamentos de los Turcos suelen ser lugares muy organizados. Normalmente tenemos muchísimo papeleo que hacer, así que procuramos tenerlo todo siempre en su sitio. Realmente puedes meterte en un gran problema si pierdes algún documento medianamente importante. Pensé que en este aspecto Rui sería la excepción, pero nada más cruzar la puerta me di cuenta de lo equivocada que estaba. ¡Estos Turcos lo tenían todo hecho un desastre!
–Anda, novatos… –dijo Reno, el Turco de cabello rojo fuego–. ¿Qué os traéis por aquí?
Le eché un vistazo a mi compañero Rui y acto seguido le enseñé a Reno mi tarjeta. Por el momento en la sala sólo estaban él y Elena.
–Me llamo Eru y él es Rui. El Presidente nos dijo que viniésemos aquí a firmar nuestros contratos de prueba.
Reno cogió mi tarjeta y la miró con incredulidad. Rui y yo nos miramos, por alguna razón parecía no creerse lo que decíamos.
–Mmm… Sales un poco mal en la foto, ¿no? –Dijo mirándome y sonriendo maliciosamente.
Me sonrojé al instante y agaché la cabeza, avergonzada. ¡Sabía que salía mal!
–¡No seas malo, Reno! –Le espetó la única chica del grupo–. Perdónale, a veces hace muchas bromas así. Mi nombre es Elena, encantada de conoceros. Tseng vendrá en unos minutos con vuestros contratos. Me ha dicho que estos de aquí son vuestros escritorios. Esperad un momento…
Se levantó y se dirigió a un par de mesas. Apartó los montones de papel que había por encima y nos miró.
–Lo siento, está todo hecho un desastre, pero podéis poner vuestras cosas por aquí –terminó de decir, volviendo a sentarse en su sitio y a dedicar su atención a unos documentos.
Reno me devolvió la tarjeta y me dio una palmada en el hombro.
–Lo siento, me estaba quedando contigo –me dijo–. ¡Te has puesto muy roja!
Aparté la mirada avergonzada, sin saber qué decir. Él se dirigió entonces a Rui.
–Si no me equivoco… ¿Rui era? Yo me encargo de ti, ¿no?
Me llevé un susto de muerte cuando escuché a alguien hablar justo detrás de mí:
–Y yo me encargo de ti –dijo esa voz casi de ultratumba. Cuando me giré me di cuenta de que era Rude, que venía acompañado de Tseng–. Perdona, no quería asustarte.
Ambos entraron en la sala y cerraron la puerta tras de sí. Tseng apenas nos miró y se dirigió a una mesa a dejar otro montón de papeles, mientras luego se dirigía a nosotros con lo que parecían ser nuestros contratos.
–Mi nombre es Tseng, encantado. Supongo que vosotros sois Rui y Eru, pero por mera seguridad me gustaría que me enseñaseis vuestras identificaciones, por favor –cogió nuestras tarjetas y las miró detenidamente, luego se dirigió a mí–. ¿Ésta eres tú?
Escuché a Reno reírse a carcajadas mientras yo me tapaba parte de la cara con las manos. Ojalá hubiese ido a Administración en su día a pedirles que me cambiaran la foto. Qué vergüenza...
Tseng se encogió de hombros y nos devolvió las tarjetas.
–De acuerdo, éstos son vuestros contratos. Leedlos detenidamente y, si tenéis alguna duda, preguntadme. Tenéis que rellenar algunos campos, intentad que no se os pase ninguno y firmad al final de cada hoja. Cuando terminéis, me los entregáis… –cuando nos entregó los papeles se fijó en mi blusa–. Oye, ¿eso es sangre? Espero que no hayas ido así a ver al Presidente.
La conversación con Tseng me estaba poniendo incluso más nerviosa que la reunión con Rufus Shinra. Parecía ser un hombre mucho más estricto y serio de lo que decía la gente.
–No, le sangró la nariz de camino aquí –dijo mi compañero Rui, mintiendo.
–Bueno, pues cuidado con eso –terminó de decir Tseng.
Nos sentamos cada uno en nuestros nuevos escritorios y nos pusimos a leer los contratos. Había mucha palabrería y mucha información similar que rellenar constantemente. Busqué la parte del documento en la que se explicaba qué pasaría si no pasábamos la fase de prueba y por fin la encontré, entonces me dirigí a la mesa de Tseng:
–Perdone –él me hizo un gesto para que siguiese hablando, aunque seguía mirando unos papeles–. Aquí pone que, si no pasamos el período de prueba, volveremos a nuestros puestos originales a menos que los mentores consideren lo contrario. ¿Por qué… iban a considerar lo contrario?
–La dificultad y riesgo de las misiones varían dependiendo del rango en el que estéis –Tseng levantó la mirada–. Vais a enfrentaros a situaciones muy distintas de las que estáis acostumbrados, os vais a encontrar nuevos retos. Podéis afrontar los retos y fallar, lo cual es humano y comprensible, e indicaría que simplemente no estáis al nivel que se os exige; o también podéis simplemente evadir vuestra responsabilidad, poniendo conscientemente en riesgo al grupo o… un millón de situaciones por el estilo, y en ese caso habréis fallado como Turco. Si falláis como Turcos, seréis despedidos. Espero que lo entiendas así.
–No te preocupes por eso, novata. Sigue trabajando como hasta ahora y todo irá bien –añadió Reno–. Antes teníais a otro Turco que se encargaba de ver cómo ibais en las misiones, si se cumplían o no y toda la pesca. Ahora es exactamente igual, pero con dos atractivos y fornidos mentores en su lugar.
Reí ante su comentario y me dirigí de nuevo a mi sitio. Al cabo de varios minutos, terminé de leer todas las cláusulas y rellenar el contrato. Se lo entregué a Tseng y me percaté de que Rui acababa de entrar en la sala. ¿En qué momento había salido…?
–Bien, supongo que ya podemos hablar de nuestra próxima misión –dijo Tseng.
–¿Cómo? ¿Ya? ¿Tan pronto? –Se quejó Reno.
–Técnicamente es para el viernes de la semana que viene, pero tenemos que ir preparando varias cosas ya. Y tranquilos, es aquí mismo en la ciudad. También tengo que decir que va a ser una verdadera prueba de fuego para Eru.
–¿Qué es? ¿Qué es? –Volvió a decir el pelirrojo.
–Es una misión un poco diferente a las demás, casi un favor personal por parte del Presidente.
Estábamos todos expectantes.
–La hija de un amigo muy importante suyo va a dar un concierto el viernes de la semana que viene. Es una idol, así que baila y canta y tiene muchísimos fanáticos detrás de ella, para que nos entendamos. Parece ser que ese amigo participa en unos negocios un tanto turbios que no se especifican por aquí, y se han oído rumores de que van a sabotear el concierto para secuestrar a su hija –revisó los documentos mientras hablaba–. Hay mucho secretismo en torno a esta familia, así que no se especifica mucho, pero básicamente tenemos que dar con los saboteadores en caso de que los haya.
–¿Y no sería mejor cancelar el concierto? Quiero decir, si sabe que van a hacerle daño… –preguntó Elena.
–Llevan tiempo siendo acosados con amenazas y rumores del estilo. Quieren dar con este grupo de personas y eliminar el problema de raíz. Es comprensible, aunque me sorprende que apenas se den datos al respecto.
–¿Te sorprende? –Añadió Reno algo molesto y cruzándose de brazos–. ¡Si siempre vamos a ciegas! Llevamos meses con misiones del tipo: se supone que, parece que, la gente piensa que, se rumorea que… Estoy a un par de misiones más de pirarme de aquí e irme a trabajar de cazafantasmas. Total, es igual y seguro que me pagarían más…
–La empresa no está en su mejor momento, Reno –dijo Rude llevándose una mano a la nuca–. Es normal que se acepten más misiones así… supongo.
–Y bueno, ¿qué tiene que ver mi… compañera, en todo esto? –Preguntó Rui impacientemente.
Tseng hojeó las páginas hasta dar con unas concretas y se dirigió a mí.
–Tu trabajo será hacerte pasar por ella –me enseñó una foto de la chica–. Te prepararás toda la semana en la sala de acondicionamiento, como imagino que haces siempre, y ese viernes irás acompañada de su manager a la sala por la puerta trasera, llegando hasta el backstage. Allí te negarás a que te toquen los maquilladores, puesto que ya irás supuestamente arreglada, y darás el concierto. Tanto lo que dirás antes de empezar el show como la música será playback, así que basta con que te muevas y gesticules como ella lo haría. Te daremos un dispositivo para que puedas estar comunicada con nosotros en todo momento y... Sí, básicamente, ése es el resumen de tu papel en la misión –tras terminar de hablar me entregó los documentos que me correspondían.
Estaba acostumbrada a ir a la sala de acondicionamiento. Esto es un área subterránea del edificio a la que vamos los de mi especialización, es decir, los espías o infiltrados, a prepararnos y a formarnos según el papel que tengamos que adoptar. Todo esto con ayuda de un instructor especialista en la materia, claro. En mi caso he hecho ya varios papeles de poca importancia: repartidora, vendedora de artículos a domicilio, guardia de seguridad… etc. Incluso una vez me hicieron trabajar como actriz de crisis. Aun así, es la primera vez que tenía que hacer un papel tan concreto e importante.
–No sabía que ser carne de cañón fuese un trabajo –dijo Reno, más molesto que antes.
–Está bien, ¡no pasa nada! –Dije intentando quitarle hierro al asunto–. ¿Cómo se llama la chica?
–Mako, su nombre es Mako –respondió Tseng–. Sinceramente nunca he oído hablar de ella, aunque yo desconozco bastante cómo va el mundo de la música estos días.
Lo cierto es que a ninguno de los presentes nos sonaba el nombre de Mako. Debía ser una joven promesa o algo por el estilo. Es posible que ese viernes fuese incluso su debut como artista.
–En cuanto a Rui –continuó Tseng–. Eru irá con una mascarilla, así que tú, haciéndote pasar por uno de los maquilladores, evitarás a toda costa que la toquen. Nadie debe saber quién es excepto su manager, que ya estará informada al respecto.
Se levantó y le entregó a cada uno los documentos con la información básica de la misión.
–Echadle un ojo si queréis esta noche. Todavía no me han llegado los planos del lugar, así que no podemos hacer estrategias por el momento. Lo que sí sé es que el backstage conecta sólo con el escenario y con la puerta trasera del edificio, y ese área estará cubierta exclusivamente por ti –dijo mirando a Rui.
Tseng dio por terminada la reunión y se volvió a sentar en su escritorio. Reno se levantó y se estiró mientras bostezaba, luego sonrió y dijo:
–Hey, ¿qué os parece si nos tomamos unas cervezas en el 7th Heaven?
–Eso suena bien –respondió Rude.
–Id sin mí, chicos. Aún estoy terminando el informe de la última misión –dijo Elena tras suspirar.
–Deja que lo termine yo, Elena, que llevas todo el día con informes–le dijo Tseng–. Será mejor que vayas con ellos y te evadas un poco o mañana no vas a rendir.
Elena estuvo negándose, pero al final el moreno la convenció. Ni Rui ni yo habíamos estado nunca en ese lugar, así que fuimos con bastante curiosidad.
• • •
El lugar nos pillaba un poco lejos de la oficina (y aún más de mi casa), pero pudimos llegar sin problemas. Una vez allí nos sentamos en la primera mesa que vimos libre.
Si tuviese que definir la Nueva Midgar con un adjetivo, probablemente sería… triste. Es todo gris y oscuro. Este bar a pesar de que su nombre indicase algo maravilloso, era más de lo mismo. Todo estaba hecho de metal, madera oscura y otros materiales algo tristones. Siempre he pensado que algo de color le vendría muy bien a esta ciudad, algo como en Wutai.
Al poco tiempo nos atendió una mujer morena. No sé si era la camarera o la encargada del local, puesto que no había más gente atendiendo aparte de ella.
–Buenas noches, ¿qué vais a tomar? –Preguntó, sonriente.
El bar estaba bastante lleno a esas horas, así que apenas nos pudo dedicar tiempo. Cuando se marchó, vi cómo Reno le pegaba codazos a Rude mientras sonreía. No sé si me había perdido alguna broma.
Estuvimos un rato bebiendo y hablando de cosas del trabajo, nada muy interesante.
–¿Creéis que el Presidente y esa tal Mako tienen algo? –Preguntó Elena.
–En teoría le hacía un favor al padre de ella, ¿no? –Respondió Reno–. No sé, en las fotos se ve como muy infantil. No veo a Rufus Shinra con una chica de ese tipo. Sobre todo teniendo a Scarlet al lado, que menuda es…
–Sí, es muy desagradable, ¿verdad? –Solté sin pensar, arrepintiéndome al momento de haber dicho eso frente a los que aún eran unos desconocidos para mí.
–Sí, muy desagradable… Uf, extremadamente desagradable –respondió Reno sonriendo y haciendo un gesto con las manos, dándome la razón–. ¿A que sí, Rude?
–Reno, por favor… –susurró Rude con una mano tapándose la boca, intentando ocultar lo que parecía una sonrisa. El pelirrojo rió.
Los chicos comenzaron a hablar de algo cuando Elena, con unas copas ya de más y una sonrisa maliciosa, me agarró del brazo acercándome a ella con suavidad.
–Oye, y tú… ¿formabas parte de algún club de fans cuando estabas en la academia?
En la academia había varios clubs de fans formados por chicas que idolatraban a algún Turco o al mismísimo Rufus Shinra. El club más popular sin duda era el de Reno. Se ve que muchísimas novatas han intentado ligar con él, pero él siempre ha ido dando largas. Al parecer no quiere líos con compañeras del trabajo.
–¡No! No, claro que no –respondí un poco avergonzada.
Alguna vez me había asomado al de Rufus Shinra, pero sentía que violaba su intimidad. Esas chicas no tenían límite y hacían lo que fuera para conseguir información. Recuerdo además cuando hacían subastas secretas de cosas que se había dejado el Presidente por ahí…
Yo conseguí un bolígrafo suyo.
Ay, prefiero no recordarlo. Me avergüenzo mucho de ello…
–¿Tú sí has formado parte de alguno? –Le pregunté.
–¡No! Por supuesto que no… Yo… tampoco –respondió algo cortada y con el ceño fruncido.
Parecía no decir la verdad, aunque supongo que yo también estaba mintiendo. A pesar de que Elena me esté cayendo bien, había ciertas cosas que aún no podría confiarle… y este pasado oscuro era una de ellas.
Se estaba haciendo algo tarde, así que pedimos la última ronda de bebidas antes de irnos.
–¿Y qué tal vuestros días en la academia? –Preguntó Reno–. En comparación a nosotros, vosotros sois prácticamente nuevos en la empresa, ¿no? Las cosas deben haber cambiado un montón.
–Algo así –respondió Rui–. Ahora se apuntan sólo los que quieren. Antes era un servicio obligatorio para ciertas personas, ¿no?
–Sí, a mí me obligaron a entrar. Ahora podría salir si me diese la gana, pero ya me he acostumbrado a este modo de vida –respondió el pelirrojo dando un trago a su cerveza.
–Las personas que se unen ahora son… un poco peligrosas –añadí.
Al poco rato dejamos el tema. Era algo un poco turbio como para hablarlo en ese momento. Los días en la academia no fueron muy buenos, ése fue el resumen.
• • •
Ya eran las 11 y media de la noche cuando llegué a mi casa. Vivo en un minúsculo piso de esos que constan de una pequeña habitación con un microscópico baño incluido. No recibo visitas a menos que venga Rui a celebrar alguna cosa, así que realmente nunca he sentido la necesidad de vivir en un sitio más grande.
Cuando pasé por delante del baño y me vi reflejada en el espejo, me di cuenta de que seguía usando la misma sucia y maloliente blusa. Había ido a beber con mis nuevos compañeros aún con la ropa manchada de sangre… De verdad, ¿cómo puedo ser tan despistada? ¡Debería haberme venido directamente a casa!
Eché la ropa sucia en un cesto. Esa sangre iba a costar mucho quitarla, pero los vecinos me matarían si ponía la lavadora a estas horas (problemas de tenerla en la zona común), y corría el riesgo de caer muerta de sueño si me ponía a lavarla a mano…
Ah… ¡Seguro que el Presidente nunca ha tenido que preocuparse de estas cosas!
Me puse cómoda y me tumbé en la cama, dispuesta a ver los vídeos que hubiese de Mako en la red. Encontré varios de ella practicando el baile de lo que, suponía, eran sus propias canciones.
Sin darme cuenta, acabé quedándome dormida.
RUI – Miércoles 7:10PM
Una vez llegamos al departamento de los Turcos, a mi hermana pareció pillarle por sorpresa ver tanto desorden. Había papeles repartidos por todas las esquinas. A ella siempre le ha costado creer que el propio caos pueda estar bien organizado.
Nos presentamos y Elena comenzó a hacer un poco de sitio en unos escritorios para dejárnoslos.
–Lo siento, está todo hecho un desastre, pero podéis poner vuestras cosas por aquí.
Me acerqué a una de las mesas y vi que estaba llena de polvo y migas. Además, se percibía una capa de grasa en las teclas del teclado. Una cosa es que algo esté patas arriba y otra cosa es que esté sucio, y esto último sí que me parece inaceptable. Qué puto asco.
–¿Alguien ha usado esta mesa antes? –Pregunté intentando sonar normal, aunque me estaban dando náuseas sólo de pensar en el guarro que hubiese trabajado aquí.
–Sí, a veces gente de la misma planta que tiene problemas con sus ordenadores –respondió Elena amablemente, sin dejar de mirar sus documentos–. Ya sabes, en ocasiones es mejor cambiarte un momento de ordenador que esperar a que el tuyo vuelva a funcionar.
–Ya… Qué bien… tener tantos ordenadores… –dije mientras sacaba un pañuelo de papel de mi bolsillo e intentaba limpiar un poco.
–Si no me equivoco… ¿Rui era? Yo me encargo de ti, ¿no? –Escuché decir a Reno.
Le iba a responder justo cuando entraron Rude y Tseng en la oficina. Este último nos entregó los contratos e hizo su papel de señor estricto y perrito faldero de Rufus, pagándolo con mi hermana por las manchas de sangre de su camisa.
–No, le sangró la nariz de camino aquí –dije.
No tenía ni idea de cómo se había manchado, pero aquí todos somos Turcos, ¿no? Es como sorprenderse de que un panadero esté manchado de harina.
Rellené el contrato tan rápido como pude, sin apenas leer nada de lo que estaba escrito (pues ya daba por hecho que vendíamos nuestra alma al diablo), y por una pequeña urgencia salí corriendo al baño. Es la primera vez que usaba el baño de esa planta y en la puerta de una de las cabinas había escrito… pues… una barbaridad acerca de Rufus, y algunas otras sobre Scarlet. Curioso, teniendo en cuenta que en esa planta estaban los Turcos de rango medio y alto, los que se suponen que trabajan mejor y hacen más bien por la empresa y tal. Y tal.
Cuando terminé, me eché agua por toda la cara. Llevaba ya bastante tiempo encontrándome mal y con sudores fríos. La cosa al fin parecía haberse calmado en mi estómago… Hasta la próxima vez que me tocase comer, seguramente.
Nada más llegar de nuevo a la oficina, Tseng no perdió el tiempo y se puso a explicarnos de lo que iba nuestra primera misión. De ser la información cierta, una misión posiblemente suicida para Eru. Ella parecía estar conforme, en ese aspecto nunca ha tenido muchas luces.
• • •
Cuando terminamos, Reno nos propuso salir a un bar llamado 7th Heaven. A la salida, cuando picamos en el sensor de la puerta con nuestras antiguas tarjetas, recogí tanto la de mi hermana como la mía para entregarlas en Administración. Conocía a una de las chicas que solía estar en ventanilla.
–¿Ya te han ascendido? –Preguntó ella con una sonrisa.
Era una mujer de cabello castaño con tirabuzones hasta los hombros. En mi opinión era del montón, aunque tenía unos labios bonitos y unas pestañas rizadas. Lo malo es que usaba demasiados anillos y bisutería barata, junto con unas uñas falsas bastante largas y puntiagudas.
–No exactamente –respondí, escuchando el sonido de sus uñas traqueteando contra las teclas, haciendo algo en el ordenador–. ¿Tú no terminas ya? ¿Desde cuándo tenéis horario nocturno?
–Desde que los Turcos venís a las tantas a entregar tarjetas, por ejemplo –dijo visiblemente molesta aunque sin perder la sonrisa–. Ya hace mucho que nadie tiene horarios normales en esta empresa.
Intercambiamos un par de palabras más y me marché de vuelta con el grupo, camino al 7th Heaven. Por un momento pensé que no sería buena idea ir a beber habiendo tenido problemas con la comida hace unas horas, pero… ya estaba bastante acostumbrado a destrozar mi estómago.
• • •
Nos sentamos en una mesa que hacía esquina, un poco apartados de todo el barullo. Estuvimos un rato hablando de todo y de nada.
–¿Creéis que el Presidente y esa tal Mako tienen algo? –Preguntó Elena.
–En teoría le hacía un favor al padre de ella, ¿no? –Respondió Reno–. No sé, en las fotos se ve como muy infantil. No veo a Rufus Shinra con una chica de ese tipo. Sobre todo teniendo a Scarlet al lado, que menuda es…
–Sí, es muy desagradable, ¿verdad? –Dijo mi hermana. La expresión le cambió al momento por alguna razón.
–Sí, muy desagradable… Uf, extremadamente desagradable –respondió Reno sonriendo sarcásticamente. Estaba claro que no opinaba precisamente eso–. ¿A que sí, Rude?
–Reno, por favor… –susurró Rude algo avergonzado.
–¿Tú qué opinas, Rui? –Me preguntó el pelirrojo.
–No es mi tipo.
–A ver…, en cuanto a personalidad no la tocaría ni con un palo, pero, ¿físicamente? Físicamente es de diez –Reno parecía estar ya algo borracho mientras hablaba.
–A ti todas te parecen de diez –dijo Rude con una sutil sonrisa.
–¿Sabes…? Pues también es verdad –respondió el pelirrojo, dándole un trago a su bebida–. Pero eh, si no es Scarlet, ¿entonces cuál es tu tipo?
–Me gustan las personas más simples.
–¿Pero…? ¿Físicamente simples? ¿Personalidad simple…? –Parecía querer sacarme conversación a la fuerza.
–Todo simple –respondí ya un poco hastiado del tema.
–La simplicidad está bien –añadió Rude. Parecía estar mirando a la camarera.
La noche transcurrió de la misma forma: conversaciones banales que me provocaban cero interés. Me pregunté si seguiría saliendo con ellos las próximas veces. Me gustaría no hablar de trabajo cuando salgo a beber.
Nada más llegar a casa, saqué el otro conjunto del uniforme ya limpio y seco y lo coloqué sobre una silla. Luego me tiré sobre la cama.
Al fin… un día menos.
