¡Hola a todos! ¿Cómo están? Aquí va un nuevo cap, espero les guste. No los entretengo mucho aquí, porque hay una nota al final. Sobra aclarar que solo me pertenece la historia, lo demás a sus respectivos dueños. Este cap está dedicado a Hija del verano, Jabed y Tankar856, muchísimas gracias a los tres por sus comentarios, son muy amables.

Dicho esto, ¡A leer!


Si le hubieran dicho que su ejército, uno de los más poderosos del Olimpo, se vería reducido a conflictos infantiles, Athena se habría reído. Ahora no le encontraba tanta gracia. En ese momento todos estaban cenando en su recinto y ella sentía ganas de hacer muchas cosas pero comer no se contaba entre ellas.

Solían pelearse por todo y ella deseó que dejaran de hacerlo. Shion le había tomado la palabra y se las había arreglado, no sabía cómo, para que se comportaran. El silencio en ese momento era tan opresivo que hasta le costaba respirar.

En ese instante sintió el cosmo de Hades. Este estaba ocultando su presencia a tal punto que solo otro dios lo reconocería. Sintió el remordimiento carcomerla, si ella no hubiera exigido una compensación, sus santos no tendrían que enfrentarse a tener dioses custodiándolos con la intención de ayudar.

Hades estaba recargado contra una de las columnas viendo a los santos de forma inexpresiva, debió sentir su mirada porque volteó a verla y le envió un mensaje por cosmo "No le haré daño, tienes mi palabra". Se permitió relajarse solo un poco. Hades podía ser infame por muchas razones pero hasta ella reconocía que el dios era honorable hasta la médula, si daba su palabra la mantendría a cualquier costo.

Hades miraba a los caballeros y sus relaciones. Recibiendo en sus recintos miles de humanos cada día, le gustaba pensar que tenía una perspectiva única de la naturaleza humana.

Había furia, dolor y traición entre ellos, pero por encima de todo había odio hacia sí mismos. Y ese tipo de odio tenía la cualidad de retorcer a una persona hasta dejarla irreconocible.

Centró su mirada en el caballero que le había sido asignado, Mu de Aries. El más tranquilo de todos ellos. Pero tenía una mirada de ¿impotencia? No se había tomado la molestia de conocer más a fondo al caballero durante la guerra, pero suponía que siendo reconocido como el pacifista del santuario, no se sentiría bien con sus compañeros a punto de matarse entre ellos.


Quien conociera a Mu, pensaría que él tenía todo bajo control. Craso Error. A diferencia de todos sus compañeros no tenía ningún problema con el haber sido asesinado y resucitado. Era un efecto secundario el que lo molestaba sobremanera.

El curaba las armaduras y las personas por vocación. La sensación de dar una parte de ti, la mejor parte de ti, para ayudar a alguien más era impresionante. Mientras que otros vivían por la adrenalina, él vivía por y para eso. Y ahora no podía.

Lo había intentado todo. Todo. Pero no podía reparar armaduras y mucho menos curar a la gente. Y eso podía con él. Si al menos pudiera ayudar a sus compañeros de armas de otras formas…

Pero tampoco. Parecía haber perdido la habilidad de animar a la gente y calmar las disputas entre sus compañeros junto con sus poderes. En otra situación habría acudido a Shaka quien tenía un conocimiento más profundo de ese tipo de cosas, pero el parecía estar batallando con sus propios demonios. Y como Hipócrates había dicho, y su maestro había recalcado en muchas ocasiones, si no puedes ayudar, no hagas daño tampoco.

También podría preguntarle a Camus, quien no era lo bastante cercano a él para molestarse sobremanera si no encontraba nada útil; pero el parecía estar en otro lugar la mayoría del tiempo, el resto estaba defendiéndose de los ataques de Milo, los cuales si su empatía no le fallaba eran mitad furia, mitad preocupación por el estado ausente del caballero de los hielos. Además si comparaba el trauma que Aioros seguramente estaba viviendo, o el arrepentimiento de Shura, o la impotencia de Aioria, los problemas que los gemelos tenían, bueno, lo suyo no era nada.

En cuanto terminó la desastrosa cena, fue a su templo con prisa. Tanta tensión estaba oscureciendo su ánimo.

Además conociendo la hospitalidad japonesa, con su suerte, Athena-sama los invitaría a tomar un trago antes de irse. Y si sobrios y coaccionados por el patriarca, nadie se atrevía a hablar porque sabían lo fácil que la violencia escalaba entre ellos… con bebidas espirituosas de por medio terminarían desatando una guerra. Y cuando la dichosa guerra se desatara él prefería estar durmiendo en su cama, gracias.

No le apetecía en lo más mínimo terminar castigado. De forma retorcida se sentía agradecido que el patriarca castigara a los santos por sus peleas curándose como personas normales sin que acudieran a él por ayuda. No quería tener que explicarle su pequeño problema al patriarca. Estaba casi seguro que él no le diría nada, pero lo miraría con compasión, y eso no lo soportaría. Y era mejor que se preocupara de quienes más lo necesitaban. Y ese no era él.

Cuando pasó por Tauro recordó con cierta diversión, muy oscura por cierto, que el pobre caballero había tenido que contentarse con solo comer ensalada de lechuga para no tener que pedirle a los demás caballeros que le pasaran cosas. Y el hombre adoraba la comida con todo su ser… y odiaba la lechuga.

Seguía sin entender del todo porque no hablaba. Si bien él no era especialmente cercano a los demás caballeros, con la clara excepción de su persona, juraría que todos le tenían mucho aprecio.

Mientras cavilaba tomaba una taza de té. Recordó que Alde se lo había regalado un par de días después de su resurrección. Y que le había parecido levemente entrañable el que el caballero de Tauro hubiera notado ese detalle nimio que no mucha gente conocía de él. Su absoluto desprecio a la bergamota. Pese a que era una buena mezcla, de hecho había reemplazado a su té preferido por el, bien hubiera podido tener bergamota. Las cosas que él solía amar y encontraba agradables y reconfortantes se le hacían insípidas ahora.

En ese momento sintió una oleada de arrepentimiento. Decidió arriesgarse y devolverse a rescatar a su amigo. Iba subiendo las escaleras hacia Tauro cuando sintió un cosmo frío y amenazador. Le sonaba de alguna parte pero no podía decir a ciencia cierta de quien o por qué.

Escuchó algo romperse. Al principio pensó que podría ser un plato, pero era más fuerte y profundo. Rocas. Aunque su cuerpo aún seguía débil se teletransportó a donde había oído el ruido.

Cuando llegó a su destino su visión se emborronó y sintió mareo recorrerlo, logró apoyarse en una columna. De milagro el cosmo amenazador había desaparecido y no había optado por el camino valiente de enfrentarse a él. Si lo hubiera hecho habría sido golpeado sin misericordia.

En cuanto sus piernas se sentían lo bastante estables para sostenerlo y su visión se aclaró vio a Aldebarán.

Inconsciente.

Tirado en el suelo.

Sangrando.

Se acercó a él con cuidado, con temor a que sus piernas le fallaran y le cayera encima haciéndole más daño. Usando el poco cosmo que le quedaba, trató de dilucidar qué tan serias eran las heridas. Por primera vez desde que había sido resucitado sintió puro y verdadero miedo. Alde estaba al borde de la muerte. ¡Y salvo que Shaka estuviera haciendo sondeos por el santuario buscando amenazas o en un profundo estado de meditación, dudaba que alguien escuchara su pedido de auxilio!

En ese momento no lo pensó. Solo tocó a Aldebarán y sintió fuego recorrerlo, como si todas y cada una de las veces que había invocado su cosmo con el propósito de curar hubieran atendido y acudido en simultaneo. Vio ante sus ojos las heridas de Alde cerrarse como si nunca hubiera existido en primer lugar.

Luego de haber hecho eso, sintió el agotamiento recorrerlo. Si estuviera en su templo ya estaría en su cama y ninguna de las peleas de sus compañeros podría despertarlo… y en ese instante tanto el templo, como la cama eran opcionales. Sus rodillas le fallaron y cayó a un lado de Alde, luego se acostó. No sabía si habían sido minutos y horas pero escuchó el susurró ronco de su amigo.

—¿Mu?

—¿Qué pasa Alde?

—Viniste a apagar el incendio.

—¿Cuál incendio?

—El que Aioria provocó por accidente.

—¿Qué…?

Al final logró sonsacarle más o menos lo que había pasado luego de que él se fuera. El cómo habían pasado de cantar Boogie Wonderland, a causar un incendio y que Camus se hubiera enojado tanto que les hubiera dicho que se las arreglaran por su cuenta, escapaba a su comprensión.

Pero por primera vez en su vida, en esta vida al menos, dejó de preocuparse por ese lío, y cómo iban a arreglarlo, y se echó a reír con tanta fuerza que las costillas le dolieron.


Athena sintió la perturbación en el cosmo de Aldebaran y se teletransportó hasta él. Casi le dio un infarto y cuando iba a acercarse vio a Hades trepado en una columna muy campante como si ver a un caballero medio muerto no fuera algo fuera de lo cotidiano. Aunque bueno, era el dios de la muerte después de todo.

Acercándose a su caballero, vio a Mu llegar y cuando iba a acercarse a ayudarle Hades hizo un gesto para que se detuviera. ¡Debió haber sabido que su tío estaba involucrado! Y ella no podía ayudar a Mu.

Un instante después, el caballero despertó y se acercó a curar al caballero. Para su sorpresa, había usado más poder del que creyó que Mu sería capaz de usar.

—¿En serio tenías que hacer eso, Hades? ¡Casi lo matas! Tal vez para ti no sea nada, pero los mortales no aprecian la muerte.

—Como tampoco la vida —Hades le dio la espalda y empezó a desvanecerse, pero antes de hacerlo completamente agregó— por cierto, prometí no lastimar al caballero de Aries, no a los demás.


Por si no lo puse lo que pasaba por mi cabeza de forma comprensible, Hades sabía que Mu había "perdido" sus poderes y comprendía el porqué (al ser el dios del inframundo, asumo yo que algo de naturaleza humana debe entender ¿cierto?), su forma de compensar el daño es mostrándole lo que estaba haciendo mal… y que aprendiera a valorar la vida de paso.

Imagino a Mu como el caballero que acepta la vida como viene y no guarda rencor a sus compañeros ni a sí mismo. Pero también al ser alguien que tenía metas muy claras en la vida, que por cierto llegaban hasta morir por Athena, no sabría qué hacer con la vida que tiene ahora. La determinación que tenía ya no existe porque no tiene ningún propósito, solo se resignó a vivir. Y como mostraron muchas veces, es la determinación del caballero lo que lo hace poderoso. Así que al sentir emociones de lleno nuevamente y la determinación de no perder a su amigo pudo volver a acceder a sus poderes.

Por cierto, estoy pensando en hacer un pequeño juego, ¿Quién creen que es el siguiente dios? Pónganlo en comentarios y la primera persona en adivinar puede escoger un personaje y yo escribiré una viñeta sobre este, si es romántica o solo de amistad, lo dejaré a criterio del ganador.