Hola a todos, ¿Cómo están? No los entretengo mucho porque al final hay una pequeña nota. Sobra aclarar que solo me pertenece la historia, lo demás a sus respectivos dueños. Dicho esto, este capitulo está dedicado a Lady Verseau, gracias por tu comentario y espero que te guste. Los review se agradecen un montón.
Todos los dioses pensaban que ella se sentía decepcionada por el caballero que le había sido asignado. Todos, excepto Hefesto. Si algo adoraba más que cuidar hombres guapos era un buen reto. Y vaya que lo era.
Si no conociera a todos los caballeros dorados de Athena, cualquiera pensaría que habían sido bendecidos por ella. Todos ellos eran atractivos a su propia manera, la belleza exótica y fría de Camus, la cálida y apasionada de Milo, la dual de los gemelos, la demasiado hermosa que dolía de Aphrodite, el atractivo crudo de Death Mask… con una notoria excepción.
Aldebarán.
El pobre hombre tenía un rostro que solo una madre podría amar. Era demasiado tosco para el gusto de cualquiera. Pero tenía un corazón tan grande que compensaba todas sus fallas. Solo que la mayoría lo pasaba por alto.
Se destelló al templo de Aldebarán y rebuscó entre sus cosas. Encontró una cajita con recuerdos diversos. Conchas de mar, chucherías, folletos de festivales y una fotografía de una hermosa mujer con el pelo caoba violáceo oscuro y con un niño en sus brazos. El niño era adorable, tendría entre cuatro y cinco años, tenía el mismo color de piel que la mujer y los ojos de un tono azul vibrante, pero tenía un color de cabello rubio platino.
La esquina de la foto estaba rotulado con una caligrafía elegante aunque casi desvanecida. Alessandra y Thiago, 4 años.
En ese momento supo que hacer.
Afrodita sonrió, solo tenía que tener algo de paciencia… y tomar lecciones de estilismo humano. Por el momento se conformaría con disfrutar la gastronomía brasileña a costa de las reservas de comida del caballero.
Aldebarán tenía fama de distraído. Y él admitía en ocasiones que sí lo era. Pero podría jurar por Athena que la alacena había estado llena esa mañana. Pero ahora estaba vacía. No quedaba ni comida en lata.
Escuchó pasos atravesar su templo y vio una de las amazonas caminar por allí. Shaina de Ofiuco. En opinión de la mayoría, Shaina era demasiado temperamental para el gusto de cualquiera, pero a Aldebarán su sangue quente le parecía muy atractiva. Aunque obviamente ella no estaba atraída en lo más mínimo por él. Ya ni se molestaba en engañarse. De todos los caballeros dorados él era el menos deseable de la lista.
—¿Pasa algo, caballero de Tauro? —preguntó la mujer en su habitual tono parco.
—Olvidé comprar comida, tendré que bajar a Rodoiro —dijo tratando de sonar lo más suave posible y agradeciendo su piel oscura por no delatarlo.
Ella lo vio y no tenía la más mínima idea de lo que estaba pensando pero le tendió un paquete.
—Marin nos preparó ensalada a todas las amazonas. Yo ya comí, puede comer antes de bajar a comprar víveres.
La tomó y agradeció a la amazona, ella se fue y él comió la ensalada. Trató de no hacer muecas por el sabor. Su madre, dulce y amorosa, le habría dado una paliza por ser desagradecido con la comida.
Cuando acabó, fue al mercado en Rodoiro. Rebuscó en todos los puestos, pero no encontró la malagueta para la moqueca; Europa le dijo que habían abierto un nuevo centro comercial y que allí se conseguían cosas de otros países.
Entró en el centro comercial acompañado por Europa y todos los que estaban allí se apartaron como si tuvieran miedo. Le molestaba, pero a esas alturas debía estar acostumbrado. Mientras miraba de refilón la plazoleta de cafés para buscar alguna chuchería que le gustaría a Europa en agradecimiento por acompañarlo, se estrelló con una chica sin darse cuenta.
La sujetó para evitar que se cayera y casi se cayó él de la impresión. Esa mujer era la más hermosa que él hubiera visto en su vida. Era alta, quizás mediría metro noventa, rubia y con un rostro diseñado para dejar a los hombres de rodillas. Usaba un vaporoso vestido blanco muy bonito pero que no dejaba nada a la imaginación.
Aldebarán de disculpo y la chica sonrió.
—No te preocupes, eso nos puede pasar a todos. Soy Venus.
—Aldebarán.
Hablaron de cosas varias y Aldebarán le preguntó que hacía en Rodoiro, al ser tan pequeño podría jurar que conocía si no a todos, a la mayoría.
—Estoy ayudando a un amigo. ¿Quieres ir a mi tienda?
Por cortesía, Aldebarán la siguió. Llegaron a un local en el que había un séquito de estilistas y peluqueros, se veía como un lugar del que Aphrodite disfrutaría. Cuando entraron, todos voltearon a mirarlo, la mayoría con diversos grados de horror.
—¿Quieres un cambio de look?
Se negó. Y ella hizo un puchero y luego Europa se le unió. Ya había aceptado hacía mucho que nada que hiciera lo volvería más atractivo, pero no podía resistirse a sus caritas. Venus sonrió y lo arrastró a uno de los sillones, luego llamó a varios chicos que cuchichearon y hablaron entre ellos. Luego lo miraron de una forma tan analítica que sintió miedo. Un inofensivo cambio de look no era tan malo, ¿Verdad?
Estaba equivocado.
Luego de tres horas en las que fue toqueteado, manoseado y halado, en la que le aplicaron más cosas de las que se había echado en su vida y le dieron un guardarropa entero, lo dejaron marchar. Venus solo había sonreído, le había dado un beso en la mejilla y le había dicho que lo considerara el regalo de una buena amiga negándose a recibir un pago.
Salió y al fin pudo ir a comprar su malagueta acompañado por Europa. Lo único que podía decir era que las mujeres de la tienda estaban locas. Muchas de ellas lo habían mirado con diversos grados de aprecio y algunas incluso habían hablado demasiado amablemente con él. Europa solo se había reído y se había encogido de hombros ante su horror.
Mientras esperaba su turno para pagar, vio a Europa a lado de un hombre alto, rubio y relativamente atractivo. Frunció el ceño buscando a la chica y al bajar la mirada vio a la chica junto a él. El hombre rubio y atractivo…
Era él.
¿En nombre de Athena, qué había hecho Venus con él?
Fue a buscar a Venus y no pudo encontrarla. Mientras regresaba al santuario, tenía ganas de robar una de las carpas y cubrirse con ella de lo intrusivas que eran las miradas que la gente le dirigía. Si a Camus o Shaka los miraban así cuando caminaban por la calle, podía entender su desprecio por mezclarse con la gente.
Al llegar a su templo dejó sus cosas y encontró una nota de una de las doncellas en la que el patriarca los llamaba a cenar. A todos. Porra. Viendo la hora, ni tiempo le quedaba para prepararse un bocadillo. Se puso la armadura y echó a correr hasta el templo del patriarca.
Todos ya estaban en la mesa charlando en grupitos y comiendo. Cuando entró al salón hubo un silencio sepulcral. Escaneó buscando algún enemigo o algo que lo justificara pero no lo encontró. Ya estaba considerando seriamente devolverse cuando vio a Athena-sama sonreír con algo que parecía alivio mientras señalaba el puesto que usualmente ocupaba.
Se sentó tratando de ignorar las miradas que le dirigían.
—Te sienta bien el cambio, Aldebarán. —dijo Athena.
—Gracias, Athena-sama, una amiga me arregló.
—¿Amiga? Tío, no sabía que tenías una amiga, ¡Cuenta! —dijo Aioria.
No supo si sentirse ofendido por el tono tan sorprendido de su colega.
—Su nombre es Venus, la conocí hoy. —dijo sintiendo la sangre agolparse en su cara.
Athena-sama asintió y sonrió.
—Creo que sé a quién te refieres. Me alegra que se hayan hecho amigos.
Luego de eso, ella desvió la conversación a otros derroteros.
Las siguientes semanas fueron confusas. La gente murmuraba mucho a sus espaldas y les había tomado bastante tiempo acostumbrarse a su nuevo aspecto. Y a él le estaba tomando mucho tiempo acostumbrarse a la atención que atraía.
Cuando había sido un niño, su pelo había sido lo que la gente llamaba rubio bebé. Pero como la mayoría de latinos, cuando creció su tono se volvió oscuro. ¿Quién hubiera dicho que volver a tener el tono de su infancia haría que lo consideraran atractivo?
Parte de si, se sentía halagado con la atención, pero parte de si quería volver a su antiguo aspecto. Estaba pensando los pros y los contras de su aspecto cuando vio a las amazonas entrenar. Shaina y una aprendiz estaban practicando, Shaina estaba masacrando a la pobre aprendiz.
La vio despedir a la chica y luego la había vio sacar un higo y cortarlo para comérselo. Habría jurado que ella odiaba la fruta, pero parecía que no. Ella pareció notar su mirada porque volteó a mirarlo.
—Buenas tardes, caballero de Tauro.
El asintió y quiso poder ver a través de la máscara, ¿Cuál sería su gesto? ¿Indiferente? ¿Sorprendido?
—Amazona de Ofiuco, no sabía que le gustaran los higos.
Mientras lo decía quería golpear su cabeza contra el muro por idiota. No necesitaba a Milo para saber que había sonado muy acosador.
—La verdad no, pero es lo único que tenía en la alacena.
Recordó que ella había ido a una misión casi dos semanas atrás y que ese día debería ser el de su regreso. Como todos los caballeros, salvo Camus por obvias razones, cuando iban de misión regalaban su comida o acababan con ella por temor a que la misión se alargara y la comida se echara a perder.
—¿Quieres ir a comer a mi templo? Preparé feijoada.
Durante un buen momento temió haber sido demasiado atrevido, pero ella se encogió de hombros y murmuró.
—Suena bien.
Athena vio a Afrodita hacer una pequeña danza de la victoria al ver a Aldebarán y a Shaina ir rumbo a Tauro. Estaba dispuesta a intervenir si Afrodita hacía alguno de sus trucos que la hacía tristemente célebre, como influir en los sentimientos de la gente, por ejemplo.
Pero para su sorpresa, salvo el cambio drástico de look no había hecho nada más que observar cada vez más desesperada a Aldebarán. Hasta que los había visto interactuar, cosa que la había puesto nerviosa y luego muy feliz.
—Son tan adorables, aunque un poco negados ¿No te parece? —le dijo Afrodita.
Athena no pudo hacer otra cosa que estar de acuerdo.
Aclaraciones varias:
~sangue quente: sangre caliente
~Recuerdo a la chica que le dio la flor a Aldebarán pero no sabía cómo se llamaba; parece que no le dieron nombre, pero mucha gente en el fandom la llama Europa así que le deje ese nombre.
~malagueta: es una especie de pimienta dulce.
~moqueca: es un cocido de pescado elaborado con cebolla, chile, tomate, hojas de cilantro y malagueta, todo ello elaborado con aceite de palma y leche de coco.
~porra: improperio.
~Feijoada: es uno de los platos típicos de la cocina brasileña y de la gastronomía de Portugal. Sus ingredientes básicos son los frijoles y la carne de cerdo en salazón. Se suele presentar acompañada de arroz y naranjas.
~No sé en los demás países, pero en el mío al menos, mucha gente nace con el pelo color rubio, pero al crecer se oscurece hasta quedar castaño oscuro o negro.
~Como Afrodita es la diosa del amor y la belleza, pensé que en su opinión ella consideraría que el necesitaba ambas cosas. Por eso ella, usando el nombre de Venus, cambió su aspecto. Y eso le dio un poco de confianza para hablar con la chica que le gusta.
~Escogí a Shaina, porque vi que en un spin-off son padres adoptivos de una niña y quede ¡¿WTF?! Pero luego de pensarlo bastante me di cuenta que harían una pareja entrañable a su propia manera.
~Siempre creí que Aldebarán era como estaba en el anime, pero por casualidades de la vida vi el manga me di cuenta que había vivido engañada, el Aldebarán del manga es rubio, de ojos azules y muy atractivo. ¿A alguien le pasó lo mismo?
~Por si acaso, voy a advertir dos cosas, puede que haya twincest y habrá yaoi. El que avisa no es traidor.
~¿Quién creen que será el siguiente dios? Espero sus apuestas.
