Hola a todos, ¿Cómo están? Ha pasado un tiempo y lo siento muchísimo por eso, pero la universidad me ha dejado sin tiempo y eso no ha ayudado a mi bloqueo en lo absoluto. Así que trataré de ponerme al día lo más rápido posible. Dicho esto, aunque Amaranth no vaya a leer esto, quisiera responderle de todas formas, me alegra que te haya gustado hasta donde leíste y entiendo tu punto, no te gusta el yaoi y aunque trato que el fic esté en una área gris, lo comprendo aunque es una lastima que no lo sigas mas.
Dicho esto, espero que les guste, todo pertenece a sus respectivos dueños y los review se agradecen muchísimo. Espero sus siguientes apuestas.
Carpe noctem.
Deméter no estaba especialmente feliz porque la pusieran de niñera de un santo, tenía cosas mucho más interesantes que hacer con su tiempo, muchas gracias, pero no era la que peor había salido librada, aún hoy se reía de imaginarse a Hades como niñera, ni siquiera su hija la había regañado por eso dado que ella también se había burlado de eso... Y con ganas.
Hay quienes la describían como amable y comprensiva, otros la describían como una perra, ella misma admitía ser bastante ambivalente, pero ella era la que más contacto con la tierra tenía, ni siquiera Athena podía competir con eso... aunque los humanos eran otro asunto. Su relación con ellos era compleja, su hija la denominaba de amor-odio, y no era precisamente por su culpa, si ellos no tratarán a la tierra y las plantas como sus esclavos personales destruyendo ecosistemas y osando quejarse por eso, todo sería mucho mejor.
Como los demás antes que ella, se había puesto a seguir a su caballero asignado y estaba bastante conforme en lo que a relación con la naturaleza se refería, trataba lo que le rodeaba como si fueran seres sintientes y sensibles, incluso lo había visto curar plantas de su jardín con su cosmo. Pero había notado que se aislaba demasiado, le faltaba... calle. Por suerte, era algo con lo que podía trabajar.
Sonrió ante las ideas que se le ocurrieron.
Shaka estaba en una posición que dudaba que alguien envidiaría, aunque lo más probable es que se burlaran de la posición en la que estaba. La gente consideraba que él se creía un dios y se mantenía alejado de todo lo que le rodeaba como una deidad haría, lo triste es que razón no les faltaba. Pero no de la forma en la que creían.
Los dioses dominaban en 9 sentido, eran entes cósmicos que estaban más allá de lo físico, de hecho ellos eran energía del cosmo pura y por ello ni cuerpo físico tenían per se, necesitaban concentrarse y renunciar a cuotas ingentes de su poder para mantenerse en forma tangible. Y eso explicaba porque preferían mantenerse en el Olimpo. Al ser el cosmo una fuerza universal y al ser ellos cosmo puro, podían conectarse con los matices más primordiales de esa energía y sentir hasta las más pequeñas cosas, ya que el cosmo era una energía que se retroalimentaba mutuamente. Shaka tenía la misma habilidad o maldición según se mire.
Su conciencia del cosmo era tan profunda y arraigada dentro de sí, que la cantidad de información que obtenía de esta solo podía ser catalogada de abrumadora. Cuando era un niño que todavía no entendía el alcance de sus poderes, había mirado fijamente una roca, solo una pequeña roca que había en el camino, y había podido leer todos y cada uno de los rastros de cosmo que contenía, la esencia de las personas que la tocaron, las emociones que sintieron y las vidas que tuvieron, al igual que el sufrimiento que padecieron, sintió el recorrido de esa roca, los lugares en los que había estado y las montañas y volcanes de los que había sido parte hasta los átomos que se unieron para darle origen. Esa experiencia casi lo enloqueció.
Su maestro le dio dos opciones: sus sentidos o la locura.
Por eso él había renunciado a contemplar los colores y el mundo que le rodeaba, para no quedar atrapado en un bucle de revivir el pasado una y otra vez, envidió a Asmita por nunca haber tenido que enfrentar esa elección; a tocar las texturas de todo lo que había a su alrededor para no ver por todo lo que habían pasado, de hablar con la gente para no terminar zambullido en sus más oscuros pensamiento, a duras penas podía comer cada cierto tiempo, unas dos o tres veces al año a lo sumo, porque las náuseas le ganaban cada vez que lo hacía.
No podía negar que eso era increíblemente duro y que requería toda su fuerza de voluntad mantenerse, pero lo que más le dolía era el verse tan obligado a aislarse de la gente a tal punto de no poder ni escuchar sus voces por esa misma razón, y como había dicho Helen Keller, el oír la voz de otra persona era el contacto más estremecedoramente humano que cualquiera podía tener.
Dados los acontecimientos recientes, estaba cayéndose a pedazos. Ya no eran necesarios, solo tenían que vivir sus vidas mortales como mejor pudieran y ser felices antes de ir al inframundo. El problema es que él a diferencia de los demás, no podía… y a diferencia de los demás si quería. Voluntariamente se habría arrancado los ojos si con eso supiera que podría ser parte del mundo una vez más. Pero los dioses eran crueles y el mundo no funcionaba así.
Vio la mirada resignada del caballero de Leo al invitarlo por enésima vez a las correrías con su hermano sabiendo que lo iba a rechazar, pero para su sorpresa dijo:
—Si.
Por la cara del custodio del cuarto templo, no se lo había esperado y ya que estaban, él tampoco. Sabía que cuando acabara iba a lamentarlo, pero era un caballero de Athena y los caballeros no se retractaban.
Eso explicaba el porqué terminó yendo a un mercado repleto de gente donde estaba tan rodeado de personas que habría podido demandar a medio Rodoiro por acoso sexual y fue tan toqueteado que al salir de ahí apestaba al perfume de quince personas diferentes y sabía todos los chismorreos del lugar.
Luego de eso, lo acompañó a ver a su hermano. Solo planeaba saludar, hacerse en una esquina y tratar de hacerse invisible, pero ver a Aioros tan miserable pudo con él. Así que ahí estaba él, tratando de enseñarle a meditar con el absoluto apoyo de Aioria, el cual estaba tan emocionado que parecía animadora americana. De milagro no había sacado los pompones y megáfonos.
Y solo los dioses sabían cómo, porque él no lo entendía, eso había sido lo más normal de su día.
No supo cómo terminó participando en una ceremonia espiritista en la casa de los gemelos, mientras les explicaba que definitivamente no habían fantasmas, simplemente la presencia de un par de dioses traviesos, mientras se las ingeniaba para no contarles esto último, porque si su diosa no les había contado de los jugueteos de los dioses, sus razones tendría. Aunque al menos no tenía que lidiar con la guerra fría que tenían Saga y Kanon, Hermes no era tan idiota como parecía.
Luego terminó en un debate sobre las propiedades de la flor de loto dependiendo la estación con Afrodita y el aporte ocasional de Camus. Debía admitir que estaba levemente impresionado por la cantidad de conocimiento bibliográfico que tenía un deprimido Camus y un poco sorprendido por Afrodita ya que a pesar del conocimiento práctico de las plantas que dominaba, parecía estar en otro lugar y aun así se las arregló para enseñarles una que otra cosa.
A estas alturas del día, estaba prácticamente seguro que le habían echado algo en su bebida porque de lo contrario no se explicaba por qué demonios accedía a todo lo que se le preguntara. Y también estaba considerando seriamente inyectarse morfina para el dolor de cabeza que tenía, por su cabeza corría tanta información que todo lo que quería era dispararse y librarse de su miseria.
Se encontró con Mu y no supo cómo terminó acompañándolo mientras reparaba la armadura de Pegaso, luego de que Seiya la rompiese… otra vez. Mientras tanto charlaban y se alegraba de oír a su amigo mucho más relajado y que este había superado su insignificante problema con sus poderes. Al parecer Hades tenía más talentos aparte de tratar de matarlos a todos.
Antes de irse, Mu le pasó una caja de cedro llena de hierbas.
—Parece que tienes una admiradora, me han pedido que te lo dé.
No sabía quién pensaría en darle un obsequio y ya había llegado al punto que no podía importarle menos, ahora se conformaba con una lobotomía.
Shaina y él nunca habían sido cercanos, por eso estaba sorprendido de terminar en la fiesta sorpresa que Alde había organizado para ella. En situaciones normales, el consideraba que quizás habría disfrutado de ella, pero ya no le importaría si le hacían una lobotomía sin anestesia mientras se la hicieran. Pero debía admitir que la comida era lo más cercano al nirvana que él hubiera conocido.
Y en medio de esa fiesta, terminó jugando a las cartas con Death Mask, su peculiar doncella y Dohko, y solo Buda sabía cómo, había terminado ganando. Suerte de principiante y todo eso…. O el que hubiese aprendido a contar las cartas, cortesía de ver a Camus hacerlo.
Todo el mundo suponía que él era el responsable de la orden por lo que le adosaron a Milo, alias el disoluto del santuario. Y dada su incapacidad a negarse a las preguntas o sugerencias de la gente recientemente adquirida, terminó siendo arrastrado por Milo por al menos la mitad de los bares de Atenas, hasta que los echaron de todos ellos, ya sea porque cerraban o por peleas. Él nunca había estado en una pelea de bar en su vida y había terminado en 3, con una pequeña colección de moretones y cortes menores, tenía que reconocer que los hombres ebrios sabían cómo pelear. Además de tener que escuchar y consolar a Milo mientras se desahogaba de su odio-preocupación por su mejor amigo.
Una vez lo dejó tranquilo en su templo, corrió, o mejor dicho, se arrastró de forma bastante indigna al suyo, tratando de evitar encontrarse con alguien más. A esas alturas, planeaba golpear con tanta fuerza su cabeza y quizás así su dolor pasaría.
Aunque su cerebro estaba al punto del colapso y su nariz estaba sangrando por tanta sobrecarga de información, había sido el mejor día de su vida. Lo más probable es que no pudiera salir del templo en lo que restase del año si no quería ver a Hades antes de lo previsto, pero había valido la pena.
Antes de irse a dormir, se preparó una taza de té y decidió probar la mezcla que le habían pasado a Mu, la saboreó y aunque no tenía un sabor que se dijera apetitoso, si notó un cambio cuanto menos curioso. Todo el ruido en su cabeza empezó a silenciarse, sorbo a sorbo, hasta que no era más que un ruido sordo fácil de ignorar y su cabeza poco a poco dejó de palpitar hasta que el dolor que lo tuvo al borde de un ataque momentos antes, desapareció como si nunca hubiera existido en primer lugar.
Olisqueo el té y le llegó una imagen de bosques, de flora, de vida y primavera, sonrió, quizás los dioses no eran tan crueles después de todo.
Athena había visto las andanzas de su caballero, durante un rato temió que delatara el acuerdo de los dioses, pero por suerte no lo hizo; luego lo vio hacer cosas que todo el mundo pensaría que el odiaba pero que el secretamente quería hacer. Y debía admitir que Shaka podría ser un novato pero sabía defenderse en una pelea callejera… y que ella misma quería participar en una.
Agradeció a su tía por su mezcla patentada para bloquear la sensibilidad al cosmo y consideró pedirle algo de su hierba desinhibidora, sino siempre podría pedírsela a Dionisio, su co-creador. Los resultados serían muy divertidos.
** La frase que Helen Keller dice es: "Entre no ver y no oír sin ninguna duda es mucho peor no oír, pues no ver te incomunica con los objetos pero no oír te incomunica con las personas, y eso te convierte en un objeto". Ella nació vidente y oyente en 1880, pero una enfermedad la dejó ciega y sorda, con esfuerzo logró obtener un título universitario y cambió la forma en la que se veía a las personas discapacitadas.
