CAPÍTULO 18
AUGUSTUS TAYLOR
James camino en silencio hasta la torre de astronomía y subió escalón a escalón en silencio. No tardó en encontrar un pequeño pasillo que conducía a uno de los miradores, el favorito de Star.
La pequeña Star Matthews estaba sentada en el suelo y apoyando la espalda contra la pared, una mochila en un costado y una botella con agua en el otro. Entre sus manos tenía un grueso libro que leía con bastante interés. Star no era muy de libros que digamos, sin embargo, tuvo que carraspear para hacer notar su presencia.
Ella dio un pequeño respingo que agito sus largas coletas, pero en cuanto se dio cuenta de que era él, bufo— James —dijo molesta— pudiste sencillamente llamarme.
—Pareces muy distraída con tu lectura, pensé que no me escucharías —dijo agachándose para sentarse a su lado y tratando de ver lo que ella leía— ¿Qué es eso?
Star cerró el libro de tal manera que la tapa trasera quedo hacia arriba. Recién le miró sin siquiera pestañear— No quiero decirte.
James suspiro y miró hacia el frente— Tienes el tacto de un ladrillo, Star.
— ¿Quieres que te mienta? —Dijo alzando una ceja, pero sacudió la cabeza— sé que lo preferirías, pero sabes que eso no va conmigo. Odio ser complaciente.
—Hace años que me di por vencido contigo —James se frotó los ojos, pero luego saco una pequeña cajita del bolsillo— de todas maneras, feliz cumpleaños.
Star se volvió hacia él. La mirada que tenía en los ojos al ver directamente hacia la cajita era casi de pánico, pero se compuso de inmediato— Lo olvide —dijo tomando la cajita y la puso sobre el grueso libro.
James tomó aire— pensaría que me mientes, pero te conozco lo suficiente para saber que no. Lo más que pudiste hacer es intentar olvidarlo. La verdad ni puedo culparte al por eso.
Star asintió en silencio y con cuidado abrió la cajita. Dentro, había un collar con la cadena delicada y un diamante en forma de lágrima como único pendiente. Star lo tomo con la mano, extendiéndolo en el aire frente a sus ojos. La lágrima giró y a contra luz descubrió sus prismas de brillos multicolores: amarillo, violeta y azul celeste. Star sonrió levemente— Es bonito —dijo con tristeza.
James seguía con la mirada hacia el frente— Lo sé.
Era un collar de su madre, uno de sus favoritos. Era lo último que James había conservado de ella. Una capa por su padre, un collar por su madre. La capa tenía que usarla por derecho, pero no había manera de conservar aquel collar. Aún el más ambicioso de sus tíos no se atrevió a tocar tan cara joya, pues era algo de tradición. Puedes robarle a un mago su capa, pero no lo único que le queda de su madre.
Era el cumpleaños número catorce de Star y las costumbres antiguas demandaban que su prometido debía de darle un obsequio ostentoso y simbólico, de preferencia antiguo y familiar. Sabía que Star no estaría feliz, cualquier recordatorio de que el tiempo se les acababa era un motivo para que ella se hundiera en su propia miseria. James trataba de entenderla, y de hecho, lo hacía. Pero una cosa era entender a una niña pequeña y otra distinta ver como desdeñaba algo muy preciado para él. Miraba el collar como si fuera una cobra que le podría escupir veneno en cualquier momento.
Valiente prometida la suya.
—Bueno —dijo Star, tendiéndole el collar a James, él lo tomó en sus manos, mientras Star le daba la espalda y hacía a un lado sus coletas— pónmelo, por favor —James procedió en silencio— Y quiero que sepas… que cuando todo se arregle, te devolveré el collar. No voy a quedármelo aunque tu tía Agatha intente obligarme. Sé que significa mucho para ti.
—Ya está —dijo terminando de abrochar el collar. James se quedó momentáneamente en silencio— Gracias Star.
Ella se dio vuelta y le dedico una extraña sonrisa— No tienes por qué. Yo debería agradecerte, haces más por mí que yo por ti.
James se sintió demasiado culpable para responder, así que solamente asintió, sabiendo que era de lo peor.
— ¿Me estás prestando atención? —James parpadeó, Theodore frente a él, con una botella de agua en sus manos y un café intacto frente a él, se veía aburridísimo, hasta que hizo una mueca. James jamás le vio poner una cara así— ¿Cómo se supone que vas a colaborar conmigo cuando siquiera escuchas lo que te voy a pedir? —Theodore le miró con desdén durante unos instantes antes de volver a llevar la vista hacia el ventanal junto en la mesita en la que estaban— ¿Qué pasa contigo?
James se había perdido entre las palabras. Tenía los éxtasis encima y sus usuales responsabilidades como prefecto de su casa, sumando a las nuevas mejoras de la casa que Tía Agatha se empeñaba en que él aprobara detalle a detalle en una correspondencia casi diaria, además de escribir casi día por medio a Amira para que deje de desaparecer por las tardes, cosa que enloquecía a Tía Agatha; además de mantener la correspondencia con sus hermanas y sumado a eso, tener un ojo encima de los contactos que consiguió y aun empeñándose en conseguir más para reunir la información que Theodore quería acerca de los Rosier… sin mencionar que debía responder a alguna que otra carta de Greengrass con chismorreos y cosas sin sentido, pero que todas maneras debía hacer. Todo se jodió luego de encontrarse con Star. Cada que trataba de concentrarse, una vocecita le recordaba que era un vil gusano y a su mente se colaba la imagen de ella, diciéndole que se sentía muy agradecida. Sonriéndole.
James se frotó los ojos, tratando de ordenar sus ideas— Lo siento, Theodore —dijo casi suspirando— ¿Podrías repetir lo que estabas diciendo, por favor?
Theodore no aparto la vista de la ventana— Olvídalo —dijo para luego dar un sorbo a la botella con agua en sus manos— esta reunión ha sido una pérdida de tiempo. Si tenías la mente en otro sitio, mejor lo hubieras dicho con antelación. No me sirves si estás distraído.
—No tengo la mente en otro sitio —dijo con desagrado. Le estaba llamando inútil a la cara, no se merecía tanto— solo estoy algo cansado y me distraje, discúlpame.
Él no quito la vista de la ventana, cosa que comenzaba a irritar a James. No lo miraba ni para hablarle— ¿Cansado? —Dijo casi con ironía— pobre de ti. Pues ve a descansar porque esta tontería del cansancio se me pegará seguramente y entonces seremos dos. Necesito estar perfectamente funcional. Yo no tengo opción a las excusas. Hablaremos la próxima semana si es que has descansado lo suficiente.
— No es una excusa y ¿Podrías al menos mirarme cuando me hablas? —James replico.
Theodore se volvió, sin embargo, su mirada era dura. Dos pozos azules y oscuros que parecían no tener fin— Pensé que te hacía un favor —dijo socarrón— ¿No tienes vergüenza de ser llamado inútil a la cara? —James se mordió la lengua para no responder. Esa conversación estaba llegando al punto de que volarían groserías en cualquier momento— como sea —dijo Theodore, volviendo a beber agua de esa botella— No te necesito, no hoy al menos. No estas funcional y como dije hace un momento, así no me sirves. Hallaré la manera de hacer las cosas solo. Así que puedes irte, te informaré si necesito algo de ti después. Hasta en otra ocasión.
James, indignado, se puso de pie en silencio con severas intenciones de marcharse pues no tenía intenciones de lidiar con un Theodore grosero, sin embargo, se dio vuelta y se sentó nuevamente en donde había estado.
Theodore le miró con incredulidad— Vete —le dijo fríamente.
James en cambio alzo la cabeza y apoyo ambas manos sobre la mesa— Me has estado ignorando prácticamente desde las vuelta a la escuela, no, puede que incluso antes. En la cena de año nuevo tampoco hablaste conmigo, pensé que era por tu decepción al conocer a Amira, pero no es así ¿Verdad? —Theodore apoyó la cabeza en el respaldo del asiento pero mudo su rostro de expresiones, solamente sus ojos azules brillaban con maldad— Me tienes como mensajero con Greengrass y con peticiones estúpidas. Incluso cuando intervenimos la casa Taylor no me pediste que ayudara con el interrogatorio a Marcus Taylor y en vez de eso se lo pediste a Greengrass —James tomó aire antes de hablar— no sé qué ocurre, pero me parece que si fallé en algo sería correcto que me dijeras en lugar de solamente mantenerme al margen y ser grosero conmigo.
—No eres el ombligo del mundo, James —dijo él, entrecerrando los ojos— el cómo hago las cosas solo me incumben a mí. Tú solo calla y obedece.
—Para ya con los secretismos —mascullo James— este no es momento para eso. Tienes un juramento inquebrantable encima, una maldición que te impide moverte con libertad y dos magos con dudosas intenciones en la escuela que acechan todo el tiempo. ¿No crees que deberías tenerme cerca?
Entonces, contrario a todo lo que James esperaría, Theodore sonrió. Pero no era una sonrisa socarrona ni amigable, era una que hacía perfecto juego con sus ojos malvados— ¿Qué pare con mis secretismos? —James conoció entonces, la risa irónica de Theodore Nott— No me hagas reír. ¿Tú, recriminándome a mí acerca de guardar secretos? —Él bufó— debiste irte hace cinco minutos, solamente empeoras mi impresión de ti. Eres decepcionante. Peor, hipócrita.
James se indignó— ¿De qué estás hablando?
Theodore hizo además de tronar sus dedos, pero con el cuero de sus guantes el sonido salió amortiguado— Oh, mira eso, también mientes perfectamente —James mantuvo la compostura— Bien, eso puede ser útil y hasta podría admirarte, claro, siempre que no me mientas a mí.
"Niégalo todo" pensó James de inmediato "Niégalo todo"— Yo nunca…
— ¿Nunca me has mentido? —Theodore preguntó con aburrimiento— Bueno, poniéndonos en contexto, no, no lo has hecho. Pero ocultar verdades tampoco es ser honesto. Estas comprometido con Matthews y en todos estos años siquiera lo mencionaste ¿Eso no es actuar con secretismo?
James se quedó con la boca abierta durante unos segundos. La expresión de Theodore era de seguridad absoluta, no había razón para ocultarlo— No era mi intención ocultártelo, pero…
Theodore suspiro— Las intenciones no cuentan, solo los actos —declaró él, otra vez dirigiendo sus decepcionados ojos hacia la ventana— Si ya estabas comprometido antes de hacer el vínculo conmigo, al menos debiste mencionarlo. Son cosas que debo saber. De todas maneras, no encuentro un motivo porque querrías ocultarlo. Matthews es sangre pura, además de tener ascendencia Praethor, yo ni siquiera hubiera parpadeado ante eso, lo hubiera aceptado tranquilamente. ¿Sabes? te miro y solo puedo pensar que hay algo más… alguna razón oscura para ocultarme eso. Además, si me ocultas algo tan común y natural, hasta puede que inocente como eso ¿Qué más me estarías ocultando?
El estómago de James se retorció y su palma ardió, la mano con la que hizo el vínculo. La magia era débil, podía desaparecer si el vínculo no se completaba.
—Ese compromiso no fue mi decisión. Mis padres lo aceptaron para antes de que siquiera supiera lo que significaba tener una prometida. No quiero ese compromiso —James dijo sin pensar demasiado— no lo quiero. Nunca lo quise.
Theodore le miró tan fijo que bien pudo atravesarlo si quisiera— ¿Por qué? —demandó.
James tomo aire para impedir que sus recuerdos invadieran su mente ahora, porque sabía que debía sonar convincente en lugar de caprichoso… pero también sensato y cuidar de no dejar ver a Theodore sus verdaderos motivos.
— Star es mi amiga —dijo con cuidado "Y yo estoy faltando a esa amistad. Estoy abusando de su confianza. Ella confía en mí y yo desde siempre estoy pensando en la mejor manera de traicionarla"— y una buena persona, pero no la veo como nada más que eso. Yo… —James se concentró en poner cara de desolación— Merlín, Theodore. La conozco desde que tenía dos años, era un bebé. Es como si la hubiera criado, como si fuera mi hermana pequeña y si ella no consigue entrar a los Praethor por su cuenta, ella está dispuesta a tener un hijo y eso… eso… —James sacudió la cabeza— No quiero eso. Y no saques conclusiones apresuradas, Star tampoco lo quiere, pero es tan leal a su deber con su familia que lo hará. Yo también lo haré, si es que no hay más opción, pero el matrimonio es para siempre y si no conseguimos solucionar la situación de Star, no habrá más salida. Y la verdad, finjo olvidar todo acerca de eso. Me haría un obliviate a mí mismo si pudiera, y también a Star.
Theodore se frotó los ojos, pero luego, le dedico nuevamente una mirada dura— Realmente no consigo entender…
Un toqueteo en la ventana llamó la atención de ambos, era una lechuza. Theodore sacó su varita y deshizo el encantamiento de silencio alrededor de su mesa, sacó cinco galeones y los dejo sobre la mesa. James no tuvo que preguntar nada, solamente lo siguió en silencio. Era otra llamada de Philip Nott.
Theodore sintió un leve retortijón en el estómago después de soltar el traslador que casi le hizo tambalear, sin embargo, se recompuso antes de que James se diera cuenta. Frente a ellos estaba la propiedad de los Taylor. Inhalo el fresco aire del ambiente y camino hacia las enormes puertas de metal abiertas.
¿Por qué estaban allí? Theodore sacó su varita y vio que James ya la tenía a mano.
El césped había sido recién recortado, ya siquiera se notaban las marcas que hicieron al librar la pequeña guerra que Theodore y los suyos desataron la última vez que estuvieron allí. Encontraron un camino de ladrillos rojos que los dirigió directamente hacia las entradas de la enorme casa gris frente a ellos, la casa de los Taylor. Theodore vio unas imponentes escaleras de piedra, la última vez solamente las vio de lejos y ahora podía distinguir hasta los tallados en las columnas de la entrada. Apoyado contra una de ellas, estaba un mago con una elegante túnica verde oscuro, era Edward, mirándose las uñas. Cuando los reconoció se enderezo al instante y caminó hacia ellos, encontrándolos en las escaleras.
— ¡Theodore! —saludo efusivo y haciendo una mini reverencia educada— James —dijo algo más cauto— Bienvenidos.
—Hola Edward —devolvió el saludo, a su lado, James solamente asintió en silencio— ¿Por qué nos han llamado aquí? —mirando alrededor, no había un solo alma en el lugar, además que un leve murmullo venía desde el interior de la casa, audible por las enormes puertas abiertas— Creí que mi padre era quien me llamaba. Y de todos modos ¿Por qué eres tú quien nos recibe? ¿Dónde está Frederick?
—Esas son muchas preguntas—dijo el mago con una sonrisa amigable— Philip está aquí y nos está esperando dentro. Creo que eso responde muchas de tus cuestiones, hablemos mientras caminamos.
Edward avanzo y Theodore acompasó sus pasos a los suyos, James los seguía— ¿Qué está pasando Edward? ¿Por qué mi padre está aquí? Debían pasar unas semanas más para su visita.
Edward suspiro— surgieron ciertos eventos que… bueno, adelantaron las cosas.
La entrada de la casa era de mármol pulido que podías verte reflejado en él y las paredes con murales de colores vivos. El techo estaba encantado para que parecieran enredaderas hasta la sala principal, que estaba desierta… pero los muebles de allí podían contar una historia. Y también sus paredes. Allí se había librado una batalla.
Theodore cerró sus ojos con fuerza— ¿Augustus escapó?
Edward entorno los ojos— Cerca —dijo, pero se interrumpió estornudando— Disculpa, el aroma de muebles destrozados a la intemperie hace que mi nariz sufra —dijo con voz afectada— Augustus en realidad ni lo intento, pero algunos de los suyos quisieron llevárselo de todos modos, pero eso no quiere decir que no haya sido grave. Quizá Frederick no pudo encerrar a todos los aliados de Augustus y solo querían escapar. No se puede culpar a Augustus por eso, no es demasiado su culpa… pero de todas maneras, él sigue siendo la cabeza de familia y hay que arreglar eso antes de que pase algo nuevo. Por eso estamos aquí.
El estómago de Theodore se revolvió. Por eso no había nadie afuera ni en la sala. Por eso Frederick no les recibió. Por eso su padre estaba allí. En la casa Taylor estaba celebrándose una audiencia, que seguramente terminaría con Augustus Taylor exiliado de su propia familia.
—No tenemos la ropa adecuada —murmuro James, seguramente también adivinando que en una audiencia de ese tipo, debían estar presentes y quizá ambos darían testimonio.
—No se preocupen —dijo Edward, acercándose a un mueble de una esquina, al abrirlo allí descubrió dos capas colgadas en percheros— estas servirán. Vamos, cámbiense.
Theodore vació sus bolsillos en una mesita que tenía una esquina astillada, su varita, una bolsita de cuero y la botella de agua, tan importante como los otros dos objetos: Allí era donde estaba su poción para la maldición de su brazo. Se quitó la capa sencilla que traía y se puso la capa azul que Edward le tendió, estaba terminando con los botones cuando escucho a Edward estornudar de nuevo, pero esta vez más fuerte sujetándose de la mesilla donde Theodore dejo sus cosas.
—Discúlpame de nuevo —dijo aclarándose la garganta y llevando sus manos hasta la botella de Theodore para dársela en la mano, igual que la bolsita de cuero y su varita— tenemos que darnos prisa.
—Estoy listo —dijo James a su espalda, pero Theodore lo ignoró.
—Vamos —ordeno Theodore a Edward.
Caminaron hasta otro pasillo lleno de murales y piso reflectante hasta llegar más y más cerca de los murmullos que Theodore había escuchado en la entrada. Ese seguramente era el salón de baile, pero fue reacondicionado para que se pareciera mucho a una sala de audiencias. El murmullo se apagó cuando las puertas se abrieron para ellos y pusieron los pies dentro del salón. Theodore se fijó primero en su padre, que estaba en el fondo del salón, de cara hacia la entrada, viendo quien entraba y quien salía. Estaba sentado en una butaca elegante y enorme, con una mesa larga frente a él. La silla a su derecha estaba vacía, igual que la siguiente, pero en su izquierda estaba Frederick Taylor, pálido. Al lado de él, estaban otros dos magos que Theodore no conocía. Casi al final estaba Serafina Magellan. A la izquierda y derecha del salón se habían dispuesto sillas para que los magos presentes estuvieran cómodos y habían dispuesto lugares más cómodos seguramente para otros magos invitados como testigos de aquella audiencia. Pudo distinguir entre ellos a una familia que no veía hace un tiempo, la Familia Dunn, otros de los sagrados veintiocho. Al resto los conocía solo de nombre por todas las veces que coincidían en las fiestas y bailes de sociedad.
Edward les hizo señas para que avanzaran. Theodore caminó con ceremonia y sin quitar la vista del frente hasta que llegó frente a su padre, para luego hacerle una corta reverencia. Philip Nott asintió con una expresión grata. Theodore avanzó para rodear la mesa y quedarse de pie detrás de la silla a la derecha de su padre y solo se sentó luego de dar una corta y educada reverencia al resto de la audiencia. Por el rabillo del ojo vio que James hacía lo mismo y luego lo seguía para sentarse en la silla vacía a su lado. Edward, sin embargo, se quedó de pie detrás, justo en medio de Philip y Theodore.
—Puesto que mi hijo ha llegado —dijo Philip, su voz amplificada— continuemos.
Edward se agachó levemente hacia el oído de Theodore, casi logrando desconcertarle— Escúchame —le susurro— No importa lo que estés pensando, debes decir que sí. Debes aceptar.
Theodore frunció el ceño, pero no quitó la vista del frente, concentrándose en el candelabro de colores que colgaba del techo.
—Habiendo ya escuchado todos los testimonios, dejo en decisión de nuestros testigos la petición que demanda a Augustus Taylor —dijo Philip, mirando hacia el grupo de magos en lugar privilegiado.
Theodore vio como una bruja anciana en una túnica gris se puso de pie— Por unanimidad, se acepta la petición. Sin embargo, dado su naturaleza, dejamos la decisión final al solicitado.
—Bien —dijo Philip— Theodore —le llamó su padre y él se volvió al instante para clavar en él sus ojos. Estaba tranquilo, su padre estaba tranquilo— Augustus Taylor a pedido como único deseo en este día el poder intercambiar palabras contigo a solas, antes de escuchar su castigo ¿Estás de acuerdo con cumplir esa petición?
Theodore entreabrió los labios, quería contestar que no, pues no quería siquiera ver aquel traidor… sin embargo, recordó a Edward, diciéndole que debía aceptar sin importar sin importar sus pensamientos. Además, su padre se veía tranquilo, seguramente eso era lo que él quería.
—Aceptare su petición —dijo con voz firme.
—Bien —dijo Philip, luego se dirigió al salón— nos reuniremos dentro de una hora, cuando la petición haya sido cumplida. Frederick, por favor, eres el anfitrión.
Frederick se puso en pie y parecía un muerto viviente cuando camino hacia un grupo de magos que Theodore distinguió entre ellos a su llorosa hermana y su lagrimeante tía, la hermana del mago que maldijo a Theodore. El salón se fue vaciando de a poco y su padre a su lado se daba la mano con los otros magos de la mesa que se acercaban a comentar algo o simplemente saludarlo.
Edward de nuevo se agacho hacia Theodore— Creo que no hay más dudas acerca de por qué se te ha llamado —dijo con tranquilidad— ¿Quién se iba a imaginar que la petición de Augustus sería el poder hablar contigo?
Theodore se frotó los ojos con cansancio— Es inesperado —luego le dirigió una mirada dura a Edward— aunque no hubiera estado mal que me lo dijeras desde el principio.
El mago le dedico una sonrisa inocente— Tu padre fue específico —dijo con voz suave— yo solo obedezco, Theo.
Theodore miró hacia James a propósito para que se diera cuenta de que debería aprender de Edward en ese aspecto— De acuerdo ¿Dónde está Augustus?
—En una habitación encantada con antimagia, hay gente dándole el último vistazo para comprobar que sea segura. Tú quédate, tu padre quiere hablar contigo antes. Debo ir primero para asegurarme de que todo va bien. Ven conmigo, James; voy a enseñarte como se ve una habitación antimagia —Edward metió las manos en los bolsillos de la túnica— Nos vemos luego, Theo —dijo mientras caminaba en silencio hacia la salida, seguido de cerca por James, quien solamente le lanzo una mirada suspicaz. Theodore asintió hacia él y se volvió hacia donde estaba su padre, quien terminaba de despedirse de una bruja rubia de ojos claros, pero que disimulaba muy bien su edad. Miro de reojo a Theodore y se marchó en silencio. Philip se volvió de inmediato hacia Theodore.
—Padre —saludo nuevamente.
—Ven aquí, hijo —dijo mientras avanzaba hacia una de las esquinas del salón, cuando Theodore se le unió, Philip asentó una mano en su hombro, como si fuera un abrazo fraternal. El gesto hizo que Theodore elevara sus ojos hacia el rostro de su padre, intrigado.
Sin embargo, Philip solamente miraba al frente y caminaba a paso algo apresurado. Llegaron hasta una esquina del salón y Theodore vio que allí había una puerta de caoba. Philip la abrió y le dio un empujón a la espalda para que entrara primero. El contacto de su mano en su espalda termino en ese mismo instante.
Era una habitación lujosa y llena de comodidades. Había un gigantesco espejo que abarcaba enteramente una de las paredes, gavetas de madera al igual que percheros y sillones cómodos esparcidos frente a espejos más pequeños que estaban sobre taburetes finos. El salón de baile de su casa también tenía una habitación de ese estilo, una habitación para que homenajeados o anfitriones se preparen antes de salir a los bailes.
Philip Nott se sentó en uno de esos sillones cómodos e indico con la mano a Theodore para que use el sillón frente a él.
— ¿Qué sucede, padre?
—Protocolo, Theodore —dijo encogiéndose de hombros y liberando un respiro— aunque no me esperaba aquella petición, pero aprobarla es lo correcto. Me agradó que aceptaras sin titubear.
Theodore inspiro— Si Edward no me hubiera dicho al oído que aceptara sin pensar demasiado, no lo hubiera hecho.
Philip recostó la cabeza en el respaldo de aquel sillón y cerró los ojos, lucía cansado— Me alegra haber tenido el buen juicio de darle esas instrucciones a Edward —se masajeo la sien con una mano— Augustus fue nuestro aliado por muchos años, ha servido bien en su momento. Este ha sido un tropiezo suyo, uno muy malo para nosotros y que no podemos perdonar, pero debemos actuar como es debido y lo correcto ahora es escucharlo, sus últimos deseos o sus motivos. La verdad esperaba que pidiera hablar conmigo. Hay muchas cosas que me gustaría preguntarle.
Theodore alzó la cabeza— ¿Quieres que le pregunte algo por ti?
Philip se tomó su tiempo para contestar— No —dijo escueto. Luego se puso de pie y camino hasta estar frente al espejo gigantesco— Quiero hablar de otra cosa. Ven aquí, hijo.
Theodore se puso de pie y camino hasta donde su padre estaba y se puso a su derecha, más por costumbre que otra cosa. Su padre estaba perfectamente erguido y su postura era impecable, su túnica oscura le daba cierto toque regio. Theodore se fijó que le miraba mediante el espejo y decidió imitarlo— ¿Qué ves allí?
—A nosotros —respondió mirando ambos reflejos. Theodore parecía la versión joven de su padre— Nos parecemos mucho.
Philip Nott asintió— Es verdad, nuestro porte es el mismo, también la forma del rostro. Recuerdo tener tu altura cuando tenía tu edad. No, puede que yo fuera algo más bajo. Quizá llegues a ser más alto que yo —Philip llevó ambas manos detrás de su espalda y entrelazo sus dedos— sin embargo, tu personalidad se parece más a la de tu madre.
Theodore giró levemente la cabeza para el rostro de su padre, completamente sorprendido, pero luego volvió a mirar al espejo— ¿Te parece que es así, padre?
—Si —dijo Philip con serenidad— y eso puede ser bueno y malo al mismo tiempo —Philip se quedó callado mucho tiempo antes de hablar— Tu madre tenía algo que yo nunca pude apreciar ni entender demasiado. Ella tenía visión; yo, por el contrario, siempre preferí ser más práctico. Más… metódico. Tengo maneras de hacer las cosas, reglas a seguir y cumplir. Ella, por el contrario, siempre estaba llena de ideas y opciones que podía desencadenar en planes y estrategias. Yo veía eso como una pérdida de tiempo ¿Para qué explorar el camino largo si conoces el atajo? —Philip negó con la cabeza— Nunca llegué a entender eso —Finalmente, Philip se volvió para mirar a su hijo, este también le imitó— como tampoco puedo entender lo que hiciste ese día, hijo.
Theodore se cuadró de hombros, sabiendo a que se refería— Augustus era un traidor —dijo sin titubear— tenía que exponerlo como tal. Solo me diste tres magos y solo contaba con James, tuve que…
Philip negó con la cabeza— ¿Improvisar? ¿Hacer que todo funcione con los números a mano? —Theodore frunció el ceño— Hijo, conoces a los Taylor. Sabías que son una familia numerosa. Lo primero que debiste hacer es pedirme más magos, para tu seguridad y la de tus acompañantes, la seguridad es primordial. Puedo entender que quisieras ser cauto, pero aun sabiendo lo peligrosa que era la situación, ni siquiera entonces pensaste en la posibilidad de pedir apoyo.
Theodore apartó la mirada un momento y la volvió al espejo— Conseguí otros magos, Frederick tenía más de treinta con él.
Philip también miró al espejo, cerró los ojos con ceremonia, aun negando con la cabeza— magos de Frederick Taylor, leales a él, no a ti ¿Qué hubiera pasado si todo era un plan para emboscarte en esta misma casa?
Theodore vio en su reflejo que comenzaba a crisparse. Se contuvo— James lo comprobó.
—Suena sensato, sin embargo, aunque auténticamente Frederick quisiera rebelarse ¿Y si hubiera pensado mejor las cosas? ¿Qué hubieras hecho si decidía traicionarte? —Theodore se quedó callado, mirando su reflejo y pensando con rapidez que responder… sin embargo, nada llegó a su mente— Supongamos que logras sortear esa dificultad. ¿Por qué ir a casa de los Taylor? Podías tranquilamente atrincherarte en casa de Serafina e invitar a Augustus a visitarte allí.
Theodore apretó los dientes, pero procuro que su rostro siguiera inexpresivo— No sería educado.
Philip se mantuvo serio— Ciertamente —dijo— pero la seguridad es primero. ¿Por qué exponerlo frente a todos los suyos? ¿Por qué necesitar que todos te miraran? ¿Por qué armar todo ese alboroto? Siempre te creí discreto, hijo.
Theodore tomó aire para hablar, pero aunque lo intento, no pudo ocultar el desagrado en su voz— Esto también es responsabilidad tuya, Padre. Y mía. No hemos aparecido por aquí en muchos años, es lógico que se olviden de nosotros y quieran hacer desmanes. Tenía que mostrarles que seguimos estando a cargo, tenía que demostrarles que tenemos poder sobre ellos. No pueden solamente traicionarnos o enjaular o matar a quien es leal y pensar que no habrá consecuencias. No lo acepto.
Philip se giró completamente hacia Theodore y le miró aprensivamente, Theodore esperaba unas palabras sabias o una moraleja… menos que le mirara de esa manera desconcertante— Como pensé, te pareces demasiado a tu madre.
Theodore casi dio un paso atrás "¿De qué estaba hablando?"
Philip volvió a mirar hacia el espejo— Estuvo mal. Todo, desde el inicio. Mal ejecutado, pero resuelto al corto plazo.
— Si vas a ser crítico por favor especifica, Padre.
Philip suspiro— Un problema perfectamente resuelto no tiene secuelas de este tipo, Theodore. Lo efectivo es resolver el problema, no resolverlo a medias y crear otros —dijo con cierto tono austero— Nunca debes olvidar que todos están mirando, siempre. Cada cosa que haces, cada cosa que dices, sea una broma o en serio. Lo ven y lo analizan todo. Un desvío y eso puede acarrear situaciones desfavorables a futuro. Puede acarrear traiciones. Te mostraste seguro y con liderazgo, eso es bueno… pero también fuiste temerario, algunos te admiraran y otros creerán que eres un suicida. Te mostraste autoritario, pero pediste cosas innecesarias a Serafina y a su tío, de esa manera pueden verte como un acaparador. Fue un error no ofrecerle la mano a Frederick y no lo digo solo por la humillación, si no que ahora Frederick creerá que tienes motivos ocultos para no haberlo hecho. Creerá que no planeas hacer una alianza con él, o que piensas lo mismo que los demás, que él seguirá los pasos de su padre, no te verá como aliado, si no como amenaza. Se volverá paranoico creyendo que esa fue solo la primera humillación de muchas otras que vendrán, tratará de averiguar cuál será tu siguiente golpe en su contra y como seguramente no tienes planeado nada de eso, se cansara de esperar y pensara que debe golpear primero —Philip negó con la cabeza— Expusiste a los Taylor como traidores, conspiradores. Ellos son dueños de estos dominios pero también tienen familias poderosas a sus servicios ¿Qué les impide a ellos querer subir un escalón? Bien pudiste sembrar aquí las semillas de una futura guerra familiar interna.
Theodore se quedó en silencio antes de contestar, su expresión completamente seria, ocultando la desilusión que le causaba que hubiera tanto que especificar como error y no tener casi ninguna oportunidad de rebatir esas palabras.
— Yo no…
Philip llevó de nuevo una mano al hombro de su hijo, una especie de abrazo que hizo que Theodore casi salte de la impresión— Ha sido tu primera misión, hijo. Pudo ser peor. Sin embargo, estas son cosas que debes tener en cuenta. En el futuro.
—Sí, padre —dijo automáticamente.
—una cosa más.
— Te escucho.
—Supe que muchas de tus decisiones se debieron en lo que James confirmaba o no con su legeremancia. Eso no es sensato. No puedes fiarte de habilidades que no son tuyas. Ese es un gravísimo error que me gustaría que corrigieras.
Theodore recordó que estaba molesto con James. Él era útil… sin embargo, quizá se estaba apresurando en decidir que era confiable. Quizá no podría confiar nunca en James.
— Si, padre.
—No confíes en nadie —dijo de pronto, su tono de voz profundo— solo en la familia, solo en mí, como yo confío solo en ti. Sé que en adelante harás las cosas de la manera correcta y precisa. Ya eres casi un adulto, ya no puedo ordenarte el cómo hacerte cargo de los problemas que vendrán para nuestra familia, ahora solamente espero haberte enseñado bien y que eso será suficiente para que resuelvas los problemas que se te presenten de la mejor manera, y aconsejarte después. Debes aprender esto desde ahora, solo. Ya soy un hombre bastante mayor, no siempre estaré aquí para guiarte, hijo.
Theodore se volvió de nuevo hacia Philip Nott— Papá…
Desde la puerta se escucharon suaves golpes.
—Adelante —murmuro Philip, soltando la espalda de su hijo y avanzaba hacia la puerta. Edward apareció detrás.
—Todo listo, Philip. —dijo servicial.
—Recuerda lo que hemos dicho aquí —dijo Philip a Theodore— Ve, hijo. Edward, por favor, acompáñalo.
—Por supuesto —respondió este con una sonrisa— vamos, Theo.
Edward caminaba en silencio a su lado por un largo pasillo que se dirigía hacia el sur de la gran casa, no se cruzaron con nadie en el camino, pero pudo distinguir a James al final de ese pasillo, mirando hacia una puerta. A su lado estaba otro mago, lo recordaba como uno de los que estaban junto a Frederick en aquella vieja cabaña donde se estaban escondiendo.
— ¿Cómo está tu brazo? —Pregunto Edward— ¿La poción ayuda?
—Bastante —murmuro él— aunque es algo molesto tener que cargar con la botella todo el tiempo.
Edward sonrió— No es anormal tener agua a mano —dijo casi canturreando— mejor una poción para insensibilizar que más encantamientos. Beber agua es menos sospechoso que hacer encantamientos de cuando en cuando.
Theodore asintió en silencio, recordando que debía hacer eso justo ahora, pues el tiempo que le permitieron con Augustus Taylor era de una hora. Metió la mano en el bolsillo y saco la botella, desenroscándola y bebiendo un sorbo para luego guardarla.
Cuando llegaron a las puertas, el mago al lado de James hizo una leve inclinación de cabeza, Theodore solamente asintió.
— ¿Es segura? —pregunto a nadie en particular.
—Si —respondió James— Augustus está allí, detrás de una barrera, no podrá tocarte ni tú a él.
Theodore sacó su varita y luego de hacer una floritura observo que nada ocurría. Si, estaba perfectamente aislada.
—Bien —dijo Theodore y dio un paso al frente.
Edward se adelantó a abrir la puerta para él, ofreciéndole la vista de Augustus Taylor, con pulseras brillantes en las manos, artificios que mermaban la magia de su cuerpo. El hombre se veía perfectamente saludable y con un porte digno, incluso le sonrió al verle.
—Señor Taylor —dijo Edward al hombre, pero este le dedico una mueca— Le gustará saber que Theodore Nott ha aceptado su petición.
—Gracias Edward —dijo Theodore, despidiéndole con la mirada.
Edward asintió y cerró la puerta apenas Theodore entró.
—Buenos días —dijo el hombre.
—Buenos días —contesto Theodore, avanzando hacia donde el mago estaba. Lo habían situado en medio de aquella habitación, en una especie de salón de té, pues él estaba sentado en un sillón de cuero con una mesita delante de él. Theodore observo meticulosamente las cosas alrededor, desde cortinas y adornos de la mesa, como figurillas de cerámica y un cuadro de pintura mágico con un paisaje montañoso y apacible.
—Es mala educación no ponerme de pie para recibirte como es debido —dijo el mago, llamando su atención— pero como verás, esta es una situación bastante limitada.
Theodore observo los pies del mago, seguramente inmovilizados de alguna manera— Gracias por mencionarlo —dijo Theodore— iba a llevarme una pésima impresión.
Augustus Taylor sonrió y con ganas— siéntate, por favor.
Theodore hizo un movimiento elegante con su capa para sentarse frente al mago, pero sin quitarle la vista de encima. Se miraron en silencio largamente, Theodore esperaba que el comenzara la charla, pues eso le daría indicios de que es lo que en realidad quería.
—Sabes —dijo Augustus, mirando hacia la puerta— hubo un tiempo en el que yo no permitiría a un mestizo hacerse cargo del encantamiento de una habitación de seguridad, pero ese Greengrass es bastante bueno en lo que hace. Supongo que el juicio de Philip no ha decaído del todo ya que sigue escogiendo bien a gente útil.
Theodore tamborileó sus dedos en los reposabrazos de su sillón— ¿Vamos a hablar de Edward?
Augustus se encogió de hombros, despreocupado— Pensé que algo de charla casual sería entretenido.
—Bueno, solamente tenemos una hora y yo no fui quien pidió esta conversación —le dijo serio— si quieres platica casual, adelante. Te escucho.
Augustus le miró atónito un momento, sin embargo, luego compuso una expresión serena, como si nada le importara— Supongo que era de esperarse. Veo que realmente te gusta llevar el control de la situación, muchacho.
—Mi nombre es Theodore —le contesto impasible— puedes llamarme Theodore si gustas, Augustus.
El mago levanto una ceja— ¿Solo Theodore? ¿No señor Nott?
Theodore negó con la cabeza— Mi padre es el Señor Nott.
Augustus sacudió la cabeza— Bien, Theodore. Será como tú dices —el hombre cerró los ojos y entrelazando sus dedos, agacho la cabeza en posición sumisa, sorprendiendo a Theodore.
— ¿Por qué querías hablar conmigo? —pregunto Theodore.
Augustus siguió con la misma postura— Viejas costumbres, tradiciones. Cuando uno es derrotado limpiamente debe mostrar respeto e intercambiar consejos y experiencia con quien le ha vencido. En este caso, te debo eso a ti, Theodore. Mi detención fue brusca, así que no hubo manera de intercambiar palabras.
Theodore frunció el ceño— ¿Respeto? ¿Consejo? —Cuestiono— Hace unos días me llamaste un pequeño niño que podrías aplastar con el pie.
Augustus se volvió a encoger de hombros y la expresión en su rostro parecía decir "no puedes culparme por eso".
— No te conocía entonces y te subestime, ese fue mi error —contesto sencillamente— pero te conozco ahora. Si lo hubiera hecho antes, probablemente hubiera planeado mejor cómo hacer las cosas para que todo funcionara.
—Mejores planes —repitió Theodore— Por un momento creí que este era un intento de pedir clemencia.
Augustus entorno los ojos— ¿Una súplica? —el mago rió suavemente— Un mago puede permitirse ser todo lo orgulloso que pueda, Theodore. Yo tenía en mente el futuro de mi familia, su grandeza. Tú debes de entender que las oportunidades tienen que ser aprovechadas en cuanto aparezcan. No puedes culparme por ser ambicioso. Comencé un camino sin retorno y yo sabía las consecuencias si es que al final todo salía mal. Llorar o amenazar ya no tiene sentido en este punto, solo seguir adelante. Eso es lo que un hombre hace.
Theodore no podía evitar sentirse impresionado y algo cautivado al respecto, pero la desconfianza no desapareció. Ese mago ya había intentado un golpe a su familia antes, nadie podía decir que no estuviera planeando algo más… sin embargo, debía de tomar decisiones por sí mismo. Y acababa de decidir que iba a escuchar.
— Lo apruebo —dijo— escuchare tu consejo.
Augustus sonrió suavemente— Y yo lo agradezco —el hombre se recostó contra el sofá y parecía relajado— Bien, mi primer consejo será el siguiente. Sé que no estás prometido aún, te aconsejaría que te comprometieras con mi hija, Eleanora. Es lo mejor que podrías hacer.
Theodore no pudo evitar entornar los ojos, creyendo por un momento que había oído mal, sin embargo Augustus Taylor se mantenía serio y mirándole con intensidad. Ese "consejo" era ridículo. A menos que…
Soltó aire antes de hablar, recordando la corta charla con su padre— Si hiciera eso puede tomarse de mala manera para el resto de las familias —contesto— es demasiado pretencioso de tu parte.
—No pareces el tipo de persona que guarda apariencias frente a lo que le conviene, Theodore —respondió Augustus— Y sabes que ese compromiso te conviene, estoy seguro de que no tengo que explicarte porque.
—Para asegurar lealtad, claro —dijo Theodore— pareces pesar que Frederick va a traicionarme pronto.
Augustus asintió— Frederick es un buen muchacho, pero se tiene en un muy elevado sentido de la honestidad, bueno, al menos lo tenía. Me dijo lo que iba a hacer. La boda de los Motton fue una pantalla, solo una excusa para que se pudiera reunir con aquellos en los que confiaba. Quería hacer una especie de consejo de familias y obligarme a abdicar. Tu familia tiene un largo historial de cero tolerancias contra la traición, Theodore, tu padre en especial tiene una fama impresionante, eso hizo que Frederick no recurriera a él porque creía que si me delataba debilitaría a la familia, o peor, que Philip decidiera que todos eran traidores y todos serían castigados, así que decidió que tenía que hacer las cosas por sí mismo. Los Motton estaban felices de ayudarle, claro, nunca les agrade del todo. Fue algo que hizo mi padre hace más de medio siglo, no entraré en detalles… sin embargo, todo terminó como ambos sabemos. Asesine a un Motton y todo se salió de control.
— ¿Por qué encerrar a Frederick? —Theodore preguntó— Pudiste ponerlo bajo el imperio, como a tu hija.
Augustus suspiro— Tuve que hacerlo, si Frederick no estaba conmigo estaba en mi contra. Además… —el mago sonrió— mi hijo era demasiado honesto, demasiado blando. Alguien debía enseñarle que las consecuencias que acarrean el tomar malas decisiones son castigos y dolor. Todos pueden atacarte todo el tiempo, incluso tu propia familia. Frederick ya aprendió esa lección y seguramente no lo olvidará. Le perdone la vida, pero solo porque soy su padre, solo porque yo le di la vida. Cada noche iba a verlo y le recordaba que solamente por eso estaba vivo, que nadie más tendría esa consideración de nuevo jamás.
Theodore no dijo una palabra, pero por la expresión de Augustus sabía que esperaba que el dijera algo, su rostro gritaba que se sentía decepcionado.
—Eleanora era tu rehén —dijo antes de darse cuenta, pues tenía sentido la estrategia que uso el mago. Dividió a su familia pero logrando que sus dos hijos permanecieran unidos— si ella estaba bajo el imperio entonces era inocente y Frederick no podría atacarte, peor al mismo tiempo no odiaría a Eleanora.
—Frederick ama a su hermana —Augustus continuó— Era un muchacho blando la mayoría del tiempo, pero esa lealtad a su hermana era lo único bueno a rescatar. Por eso te conviene un compromiso con ella, así automáticamente Frederick tendrá que doblegarse quiera o no de momento, ya en el futuro será un aliado prometedor y confiable. Será familia... una familia numerosa que tiene bajo su dominio a un número de familias nada despreciable.
Theodore permaneció en silencio un instante— ¿Y de esta manera seguramente mi padre considerará un castigo menos severo para el padre de mi prometida? —Theodore negó con la cabeza— No lo creo, Augustus.
El mago soltó una risa que sonaba sincera— Nunca esperaría eso de Philip. Lo conozco bastante bien para eso. Puedes anunciar el compromiso después, podrías usar mi castigo como el motivo de acercarte más a Frederick y Eleanora. Mi hija es una niña aún, los niños necesitan consuelo y palabras amables. Seguramente sabes cómo ganarte a alguien vulnerable.
Theodore hizo una mueca— Hablas como si fuera un hecho que haré caso a tu consejo.
Augustus se encogió de hombros— Serías un necio si no me escucharas. Yo cometí un error en mis planes subestimándote, nadie más hará eso nunca. Seguramente ya tienes presente que tu padre no ha sido precisamente un mago dedicado a las familias a su cargo. De la gente de su círculo privado original solamente quedamos cuatro magos, el resto ha muerto y solo quedan sus hijos… jóvenes y ambiciosos magos que no lo conocieron en sus mejores días y que cuando aparece solo ven a un mago de medio siglo que poco a poco va a envejeciendo más y más—Augustus hizo amago de querer mover uno de sus pies, pero no lo consiguió y en su cara se dibujó una mueca de dolor— Las familias que deben lealtad a los Nott están asentadas por toda Europa, pero tú y tu padre no se han movido de Gran Bretaña por muchos años. La última vez que recuerdo haberte visto fue cuando tenías, tres o cuatro años, cuando tu madre murió. Tu nacimiento fue casi un milagro, después de tantos intentos fallidos de tu madre por concebir o muertes prematuras de tus recién nacidos hermanos… —Augustus miró a un punto en el techo, quizá recordando— Cuando tu lograste nacer no se hicieron festejos, no enviamos felicitaciones ni regalos, todos estábamos de acuerdo de que eso sería mortificar a Alyssa, tu madre, pues ya había sucedido antes que el niño nacía… pero en menos de una semana ya estaba muerto. Sobreviviste a la semana, claro, pero nunca te vimos la cara. Tampoco es que hubiera demasiada oportunidad de eso, teníamos la guerra mágica encima y luego estábamos ocupados perdiendo. Supe que tu padre te encomendó a ti a tu madre a uno de nosotros, sus aliados, y solo entonces supimos que habías sobrevivido pero estabas escondido en algún lugar. Luego de los juicios y todos los castigos impuestos, las multas y los sobornos, por fin cuando todo se había calmado murió Alyssa. Me caía bien, tu madre. Al principio no, pero los respetos que mostré el día del funeral fueron sinceros.
Theodore aún escuchaba en silencio absorto, era información. Toda información era valiosa.
Augustus seguía mirando a un punto en el techo, no ha Theodore, pero luego le miró fijamente a los ojos— Recuerdo que no estabas llorando, solo parecías perdido. Perdido y enfermizo. Demasiado pequeño para tu edad —Augustus suspiro— Philip perdió a las familias a partir de ese momento. Él ya era demasiado mayor, y tú, su único hijo, no parecía que fueras sobrevivir mucho, como todos sus demás hijos antes de ti. Peor aún, Alyssa estaba muerta. Ese día hubo una reunión entre los aliados que quedábamos con vida para decidir que debíamos hacer. Lo que salvo a tu familia de su extinción ese día fue un traidor que le contó todo a tu padre. Él apareció ese día, cuando íbamos a comenzar la reunión y fingió que nada sucedía pero lo primero que hizo fue dejarnos claro con palabras de doble sentido que conocía de nuestros planes para traicionarlo, luego vinieron las insinuaciones de que sucedería si persistíamos en nuestras ambiciones —Augustus rio amargamente— ¿Philip aún usa ese estúpido discurso acerca de tener las manos limpias? —Dijo haciendo una mueca— Que te quede claro, Theodore. Seguimos aquí solamente porque le teníamos demasiado miedo a las consecuencias de nuestras acciones… pero eso se acabara en algunos años más. Tu padre está envejeciendo y algún buen día morirá y puede que los demás descendientes de sus aliados no tengan tanto miedo de ti como nosotros un día lo tuvimos de él —Augustus cobró una actitud relajada— Un buen compromiso ahora es un movimiento sensato e inteligente. Les dará tranquilidad a las demás familias.
Cuando Augustus terminó de hablar fue como salir de una especie de letargo en Theodore. Escucho en silencio, para analizar cada palabra sobre la marcha, pero ahora Augustus se había callado y él solamente quería maldecirlo por hablar tan tranquilamente y con una especie de esperanza acerca de lo mucho que le complacería que su padre muriera, sin embargo se contuvo. No podía perder el autocontrol ahora. Augustus Taylor era un mago cercano a la familia, había más información que sacarle aún y se había dado cuenta de que hablaba más cuando se molestaba que cuando se reía.
—Prometo pensar en tu consejo —dijo tratando de sonar despectivo, imprimiendo el desdén necesario para hacerle saber que su promesa era mentira. Por supuesto, tuvo el efecto deseado.
Augustus Taylor se contenía de hacer una mueca— La necedad es algo peligroso, Theodore —dijo con un tono afilado— ¿Acaso esperas conseguir un arreglo mejor? No veo muchas opciones para ti de todos modos —el mago compuso una expresión de burla— supe de tus viajes al extranjero y las motivaciones reales, no pueden engañarme, no a mí. No es que haya mucho para elegir ¿O sí? O acaso ¿Lo tuyo será como lo que hizo Philip? ¿Seguirás sus pasos? —Augustus hizo una mueca que a Theodore no le gustó— ¿Cuántos años tienes? ¿Quince? ¿Acaso tu futura esposa ya fue concebida siquiera? —Augustus se rió a carcajada limpia— todavía recuerdo lo ridículo que fue ver a Philip jugando a ser niñera de su prometida. Fue muy perturbador de ver, todo hay que decirlo. Y luego la boda… estuve allí cuando Philip le explico a Alyssa que tenían que casarse. Que nadie te cuente una historia dulce, la verdad es que él la manipulo. Ella solamente era una niña de catorce inocentes años —el mago fingió estremecerse e hizo otra mueca, sin embargo, volvió a adoptar su postura seria. Cuando habló, su voz era casi susurrante— Si sigues ese camino ¿Qué vendrá después? ¿Cómo mirarás a esa esposa a la cara? ¿Justificaras que su único propósito para nacer fue para ser desposada por ti? ¿Y si no es como Alyssa, así de abnegada? ¿Qué harás entonces? ¿Imperio? —Augustus negó con la cabeza— No lo creo. Te he visto. Usaste la tragedia de los Motton para poner a todos en mi contra, pero cuando conseguiste lo que querías mostrándote fuerte e implacable, aun así fuiste a aquella casa a agachar la cabeza a esa familia y disculparte, te hiciste responsable. Tú padre jamás hubiera hecho algo como eso. No, tú no seguirás los pasos de Philip, pareces ser bastante consciente y capaz de sentir culpa —Augustus volvió a negar con la cabeza— Hace años, cuando Alyssa murió, se lo dije a Philip, que lo que iba a hacer… que lo que está haciendo no haría ninguna diferencia. Que no salvaría a nadie. Pero no me escucho y fui consciente de que todo estaba perdido y que no habría un futuro para todos nosotros si yo no hacía algo para salvar a mi familia… y aunque perdí, si vi lo que hiciste después de haber ganado y supe tenía que intentarlo de nuevo. Tú no solo puedes llegar a sentir culpa, pero más importante, tú también deseas dejar de sentirla. No eres como Philip, eres como Alyssa. Por eso te digo esto a ti ahora. Puede que haya maldiciones eternas y antiguas, pero no maldiciones perfectas. La de ustedes es cíclica y funciona porque desde el inicio tu familia hace lo mismo una y otra vez ¿Cómo va a cambiar algo si se sigue haciendo lo mismo? Hasta la muerte puede detenerse, el niño Potter es prueba de eso. ¿Cómo puede no existir solución para la maldición? Siempre hay una solución. Siempre. Solo tenemos que buscarla.
Después del bombardeo de palabras e información y de pasar de estar enojado a perturbado a enojado de nuevo y perturbado nuevamente. Augustus había comenzado a hablar estando molesto, luego enfadado, luego asustado, finalmente, parecía esperanzado. Theodore sabía que el mago era un traidor… pero entonces ¿Por qué ahora sonaba tan esperanzado y devoto cuando le estaba hablando?
— ¿Qué maldición?
Fue lo único que Theodore pudo articular.
Bueno, bueno. Han pasado otros 84 años :s
Broma, sin embargo yo pensé que teniendo un escrito de mas de 12000 palabras, se podía tranquilamente cortar por la mitad y sacar así una actualización doble... pero! en realidad aquí he resumido bastante de lo que ponía al inicio, convirtiéndose 12000 palabras en 8000 y un poquito más ¿La razón? Pues siento que este capítulo es demasiada transición. En secuencia canónica, el tercer libro lo termine en 2 capítulos, si mal no recuerdo... y con esta actualización llevamos ya ocho capítulos y aún falta el final... uh... No planeaba explayarme tanto, pero la historia me lo exige. Es mi culpa por meter tantos detalles :'(
Mencionar que estuve leyendo así por encima mis viejos capítulos y he notados algunos errores de typeo que hacen que me coloree. Estos días estaré editando los capítulos viejos.
Lluvia de Oro, este capítulo dedicado a ti. Espero hayas pasado feliz, feliz, muy feliz cumpleaños :D!
Noctisluxys, fue una sorpresa encontrar un comentario tuyo en cada capítulo :D! Imbox te respondo :D!
Gracias por leer!
Un saludo a tod s
Nos leemos en el siguiente cap.
