CAPÍTULO 19

LOS HILOS DE LA MEMORIA

Theodore miraba fijamente el pequeño frasco con el hilo dorado que flotaba en el interior. Siempre se preguntó por qué los recuerdos eran hilos dorados en lugar de otra cosa.

Cierta vez leyó en un libro de encantamientos muy antiguo donde un Varón Croata teorizaban acerca de la legeremancia y la Oclumancia. El Varón era un legeremante innato que quería explicar cómo funcionaba su magia, además que era uno de los primeros estudios realizados por un "usuario" de esa magia.

El Varón explicaba que escuchaba los pensamientos de las personas a su alrededor sin siquiera proponérselo. Cuando era niño su rango era mínimo, tenía que estar frente a la persona mirándole a los ojos. Cuando era adolescente, era suficiente estar en un radio de al menos tres metros y escuchaba a todos sin discriminación. Cuando era un adulto, su rango llego a alcanzar doce metros a la redonda y ya podía silenciar a algunos en su mente a voluntad. Aunque eso era solamente era de forma innata.

El Varón fue más allá de solamente escuchar. Es bien sabido que un Legeramente habilidoso puede ver recuerdos de una persona en la que lanza el encantamiento, como si fuera un pensadero cualquiera… En este punto fue donde Theodore se escandalizo al respecto. El Varón dejaba por escrito que si bien era posible defenderse de un Legeremante con Oclumancia, esto no era del todo efectivo. La Oclumancia era una pared sólida que aislaba los recuerdos y pensamientos del mago que hiciera uso de ellas. Aislar, no ocultar. Para un legeremante innato, un muro de Oclumancia era como levantar una pared de cristal cortando su paso en los hilos de la memoria…. No podían avanzar sobre él, pero sabían que estaba allí. Podían verlo y forzar la intrusión hasta que la barrera de Oclumancia cediera y se siguiera el recorrido de aquel hilo. A diferencia de un legeremante cualquiera, incluso uno experto, quien era engañado con una falsa conexión entre hilos de pensamiento en lugar de memoria. Un hilo de pensamiento era algo creado solamente en la mente de alguien, algo que pudo no haber sucedido, diferente a un hilo de memoria; algo que si sucedió y que se guardó como un recuerdo.

"Hilos de la memoria"

El varón explicaba la mente de las personas como un ovillo de hilos expandiéndose por toda la mente, con hebras infinitas y conectándose una con otra; lo cual explicaba porque cuando se tenía un recuerdo, a su vez se recordaba al menos cinco más y al menos pensamientos referentes a ese recuerdo nacían. Las memorias de una persona están interconectadas unos con otros, por eso cuando una legeremancia era forzada producía dolor en la mente de la persona atacada. Por eso un recuerdo no podía arrancarse a alguien, solamente la persona dueña del recuerdo podía sacarlo de su mente y entregarlo, porque solo esa persona sabía de manera innata en qué punto comenzaba un recuerdo específico y cuando terminaba. Y nadie podía sacar dos recuerdos en un solo hilo dorado. Era innato.

Tenía sentido.

Una sencilla manera de saber si un recuerdo era falso o no, era exigir al mago entregar esa memoria porque nadie podía sacar un hilo de pensamiento. No era algo sólido y se desvanecía en cuanto saliera de la cabeza de la persona, entonces era algo falso.

Esa era la hipótesis del Varón Wilhelm J. Svensson, la cual nunca fue publicada, pues sus investigaciones se realizaron en base a pruebas con otros Magos y Muggles a quienes el Varón secuestro, torturo y dejo con mentes inservibles en pos de sus descubrimientos. Fue censurado, declarado un extremista, sus investigaciones destruidas y él, penado a muerte por el mago al que rendía lealtad en ese entonces; un ancestro de Theodore hacía más de trescientos años en el pasado, por eso tuvo acceso a aquel libro que recogía la investigación, apilado junto a otros en uno de los estantes de su casa.

A Theodore le había explicado su padre que el principal error del Varón no fue realizar esas pruebas, si no… dejar escrito en su investigación que hizo también las mismas pruebas en magos mestizos y Muggles. Tal declaración podía interpretarse como una prueba más de que tanto las mentes de mestizos y sangres pura, y hasta de Muggles no eran tan diferentes. En aquel entonces esa era especie de herejía y por eso el Varón tuvo que morir.

Theodore pensaba en frío acerca de ello… porque si él hubiera tenido que decidir, de todas maneras hubiera asesinado al Varón para que el descubrimiento de tal método infalible para descartar memorias falsas de verdaderas no fuera de conocimiento por nadie más. O al menos hacerle un Obliviate…

Volvió a mirar con atención el frasco, luego lo deposito en el suelo y se alejó unos pasos entre la espesura de esa zona del bosque prohibido. Se volvió y luego de hacer unas florituras con su varita, un débil rayo de chispas violetas impactaron contra el frasco, rompiéndolo en pedazos. El hilo dorado se liberó en el viento, como si fuera una hoja seca caída de un árbol. Theodore hizo una nueva floritura y esta vez materia oscura, como neblina, salió de la punta de su varita y alcanzo ese hilo dorado, cubriéndolo, enroscándose en este, volviéndolo negro también para después de consumirlo y hacer que este se desintegrara como si fuera cenizas al viento.

Era magia oscura y sin embargo, necesaria.

La única manera definitiva de eliminar un recuerdo.

Theodore se sentó en una saliente, aun mirando como lo que había sido un hilo dorado y brillante se volvía polvo negro en el aire. Guardo su varita en el bolsillo y saco su botella de agua para darle un largo sorbo para luego también guardarla.

Suspiró.

Luego se frotó los ojos, cansado.

Los eventos de los últimos días estaban siendo demasiado de asimilar y analizar sin que la desconfianza rondara su mente, porque siendo lógico y pensar las cosas fríamente… bueno, ese era un resultado que no le gustaba en absoluto. Eso, además de que no había podido dormir en absoluto hacía dos días. Aún era domingo, pero el lunes tenía que asistir a clases y debía estar en perfecto estado para ello y no llamar la atención.

Cerró los ojos y se llevó ambas manos al rostro, ocultándolo. No podía pedir poción para dormir sin sueños de la enfermería, eso llamaría demasiado la atención. No podía pedir una a casa, pues su padre lo sabría y sospecharía que le pasaba algo y Theodore no podía permitir eso. No podía pedírsela a James porque no confiaba en él. No podía pedírsela a Edward, porque entonces le daría información que no era sensato dar. No podía prepararla el mismo, porque desconfiaba de poder prepararla correctamente, además debía de robar los ingredientes o hechizar a alguien para que los consiguiera por él… pero tampoco estaba seguro de que hacer eso fuera sensato. Ya había hecho magia oscura con su varita y no podía permitirse cualquier error y que terminaran requisándosela.

"Granger"

Pensó de inmediato, y no por primera vez, pero aún con las manos en el rostro y la mente envuelta en oscuridad, sacudió la cabeza. No. Granger no. Siquiera quería verla ahora mismo.

"He confiado demasiado ciegamente en ella hace tiempo y solo porque me cae bien y pensé que era confiable. He hablado de más con ella" pensó "Fue una estupidez. No debería hablar con ella de cosas acerca de mi familia, cosas que nadie más sabe. Debí de alejarme cuando rechazo el vínculo mágico" Theodore retiró las manos de su rostro y abrió los ojos, mirando hacia sus pies con molestia, recordando lo que hizo ese día en aquella cámara "No debí enseñarle ese recuerdo" pensó con pesar "he sido demasiado codicioso y temerario. Mi padre me ha juzgado bien"

Un ruido entre los arbustos hizo que Theodore alzara la cabeza de inmediato, solo tardó dos segundos en tener la varita en la mano. Estaba bastante cerca de las profundidades del bosque prohibido un domingo por la tarde mientras todos los demás estudiantes debían estar en Hogsmade. Nadie debería estar allí. Se suponía que ese lugar era seguro.

La hojarasca crujió y unos arbustos que estaban frente a él se sacudieron. Al principio no vio nada anormal y puede que solo hubiera escuchado al viento, pero un aguijonazo atacó su cabeza, obligándolo a cerrar los ojos y doblarse de dolor. Cuando volvió a estabilizarse y levantó su varita, justo frente a él estaba un enorme corcel negro con alas plegadas, parecidas a las de un murciélago.

La única reacción de su parte fue retroceder, pero cuando el animal no hizo ningún amago de perseguirlo o atacarlo, recién pudo apreciarlo mejor. Sus ojos pálidos, como si estuviera ciego. Su piel resbaladiza y con los huesos pronunciados, sus inexistentes crines… Eso era un Thestral.

"Claro" pensó con un sentimiento extraño y ajeno "ahora puedo verlos"

Theodore cerró los ojos y tuvo grandes deseos de poder ocultar su rostro con las manos de nuevo y dejar de recordar lo que sucedió aquel día en la casa de los Taylor. Pero era imposible, y por supuesto, junto a ellos venía la sensación de que probablemente era mejor no confiar en nadie nunca más.

Nadie.


Augustus tenía los entornados los ojos, abrió la boca, listo para decir algo… pero pareció pensárselo mejor y se mantuvo en silencio, logrando que Theodore casi saltara sobre él para exigirle respuestas. Su expresión debió de ser un poema, pues Augustus ahora parecía complacido

— Entonces no lo sabes —se burló el mago, volviéndose a reír y mirándole fijo— Philip nunca aprende. Por eso nunca volvimos a confiar en él, secretos y más secretos… ¿De qué sirven los aliados si no confías al menos un poco en ellos? Manos limpias, siempre las manos limpias. —dijo asqueado— Pero el gran imbécil nunca entendió que el que nadie se entere de las terribles cosas que haces no desaparece la podredumbre de tus manos. Nadie tiene las manos limpias. Nadie. —dijo con una mezcla de desdén e ironía.

Theodore tenía las manos crispadas, sujetando con fuerza los reposa brazos, claramente alterado, pero plenamente consciente de que su control de la situación había desaparecido. Theodore necesitaba lo que Augustus sabía y ahora se ponía en sus manos para que este hablara. Listo para afrontar las consecuencias, Theodore preguntó de nuevo.

— ¿Qué maldición?

Augustus sonrió— No lo sabrás por mí —dijo negando con la cabeza— si no sabes acerca de eso, es mucho mejor para ti. Sigue mi consejo, toma una esposa diferente de la que tu padre planea. No confíes en él, has todo lo que quiere pero mantente alerta, no le des motivos para que sospeche que desconfías de él. Nunca sabes cuándo puedes ser alcanzado por un imperio.

—Mentiras —dijo Theodore, enfadado— estas buscando venganza, por eso difamas a mi padre. Quieres que me vuelva en su contra.

Augustus puso mala cara— Creo que no entiendes del todo —él mago arrugo la nariz— ¿De qué me sirve mentir? La maldición es un hecho, vendrá tarde o temprano, eso es innegable y entonces sabrás que estoy diciendo la verdad. Aparecerá —Augustus miro de pies a cabeza a Theodore— puede que en tu caso este demorando, cierto, pero aparecerá. Piensa lo que quieras y has lo que quieras —dijo levantando las manos— pero si yo fuera tú, no mencionaría esta parte de nuestra conversación a Philip. Si no sabes de la maldición es porque él no quería que tú supieras, si corres a preguntarle a él… bueno, el arreglara el asunto. No quieres ser desmemorizado ¿O sí? —Theodore frunció el ceño, a Augustus parecía divertirle eso— Philip no es el tipo de personas que deja cabos sueltos. Es implacable y nunca lo he visto sentir culpa al respecto. Hace lo que tiene que hacer. Si surge un problema, encuentra el modo de anularlo de manera definitiva. Ese es tu padre. Dudo que actúe distinto aún contigo.

Theodore recordó amargamente la historia que los irlandeses le contaron acerca del miedo que infundía su padre, de su temor a que les dieran muerte por hablar con Theodore acerca del secreto familiar. Por hablarle de Emma Nott.

"No puede ser de esta manera" pensó "Conozco a mi padre. Confío en él como él confía en mi"

—Esta reunión ha terminado —declaró Theodore— No estoy dispuesto a seguir escuchando mentiras.

Se puso de pie y luego de acomodar su capa con la mano, hizo una respetable reverencia como despedida.

—Imagino que es difícil el pensar mal de él —habló Augustus— es comprensible que te niegues a aceptarlo, pero puedes investigar por tu cuenta las cosas que ha hecho Philip. Las cosas que está haciendo ahora… puede que te erice la piel y te indigne conocer ese lado suyo. Te asustaría saber las cosas que seguramente planea que tú hagas. Seguramente por eso no te ha dicho nada de la maldición, pero lo hará y te dirá que debes hacer y tendrás que decidir qué camino tomar. Si te he descifrado lo suficiente puedo adivinar que te negarás, pero también conozco a Philip y sé que te doblegara al precio que sea y solo entonces sabrás que yo tenía razón. Tú solo dale tiempo al tiempo.

Theodore levanto la cabeza de inmediato "Vida a la vida". Esa frase llegó a su cabeza de inmediato.

—Hay algo que me gustaría preguntarte —dijo Theodore, ignorando todo lo anterior— ¿Qué sabes de Emma Nott?

Después de preguntar eso, Theodore notó como si fuera cámara lenta todo lo que aconteció en ese instante. Augustus, quien tenía una expresión placentera en el rostro, de pronto se crispo, abrió la boca de la impresión y trató de ponerse de pie, sin embargo, las anillas mágicas en sus pies se lo impidieron, arrastrándolo hacia el sillón de nuevo. Theodore sintió una especie de pulso que nació en la habitación y se extendió por el aire con un suave toque.

—No debiste decir ese nombre —murmuro Augustus, con una expresión desencajada en el rostro— No debiste —dijo con la voz rasposa.

Theodore intento acercarse a Augustus, pero le fue imposible, pues la barrera no le dejo avanzar. El rostro de Augustus y lo que expresaba hizo que Theodore experimentara una sensación desagradable en el estómago al percatarse de lo que estaba ocurriendo. Alguien abrió la puerta y el sonido hizo que se sobresaltara, cuando se giró vio que era Edward, con su usual expresión amable pero que clavó la vista en él nada más entrar. La puerta a su espalda se balanceo, casi cerrándose.

—El tiempo se ha cumplido, señor Taylor —dijo Edward— Lo llevaré al salón de audiencia, Theodore —dijo mirándole fijamente, analizándolo— Tu padre espera afuera. Él quiere hablar contigo

Había algo en el tono de su voz que extrañó a Theodore, especialmente cuando habló de su padre, cuando lo siguió con la mirada, observó que Edward estaba acuclillado hacia los pies del mago prisionero, concentrado en la tarea de quitar los grilletes de mágicos; Augustus, por su parte, tenía la vista clavada en él, entreabrió los labios y Theodore pudo ver parte de su lengua que estaba tornándose negra. Augustus negó con la cabeza y agacho el rostro.

—Ve con Philip, Theo. Yo me hago cargo —la voz de Edward le hizo reaccionar.

—Adiós Augustus —murmuro.

Theodore se volvió y camino hacia la puerta, recobrando la compostura en el camino. Su padre estaba a unos diez pasos, una bruja mayor estaba hablando con él, pero se despidió de inmediato en cuanto Theodore caminó hacia ellos. Philip Nott clavo los ojos en los suyos hasta que lo alcanzo.

—Padre —dijo Theodore, de pie delante del mago.

— ¿Cómo fue todo? —pregunto tranquilamente.

Theodore recordó a Augustus, negando con la cabeza.

"Nadie quiere ser desmemorizado"

— Algo confuso —dijo, y era verdad— dijo que quería darme un consejo, una muestra de respeto por haberlo derrotado limpiamente.

La expresión de Philip era relajada, pero Theodore lo conocía suficiente para saber que sus ojos no encajaban con su expresión, pero cuando habló, su voz era tranquila— ¿Qué consejo?

—Me sugirió que debía prometerme con su hija para asegurar la lealtad de Frederick. Parecía tener sentido, pero no deja de ser confuso. Parece odiarnos, pero de todas maneras quiere que me case con su hija. No parce coherente.

Philip le miró fijo un buen rato antes de volver a hablar— ¿Eso es todo?

Theodore le sostuvo la mirada. Desviar la vista era lo mismo que mentir.

— No, no es todo —dijo serio— También hizo todo lo posible por insinuar que no debía confiar en ti. Que aun siendo mi padre, no debería esperar cosas buenas de ti. Dijo que si no me prometía con Eleanora, sería perturbador que yo terminara siendo como tú, con una prometida que aún no había nacido. Se burló de eso —la mirada de Philip fue más intensa— Augustus realmente parece odiarte, padre. No encuentro sentido a eso ¿Por qué te odia?

Philip Nott cerró los ojos y se volvió al pasillo, comenzó a caminar y Theodore acompaso sus pasos a los de él. Solo entonces Philip habló— Te conté que yo tuve una vez una hermana menor, ¿verdad? —Theodore asintió— tenía casi la misma edad que Augustus, bueno, ella era algo menor. Sin embargo, supongo que lo cautivo de algún modo, se volvieron cercanos y por alguna razón Augustus tuvo la idea de que eso era suficiente para aspirar a pedir a mi hermana en matrimonio. Para entonces mis padres, tus abuelos, ya habían muerto; así que trajo la proposición formal a mí. La rechace, por supuesto, mi hermana ya estaba prometida desde hacía muchos años a otro mago y aunque Augustus fuera uno de los más leales a mí… no podía darle lo que quería. En esa ocasión me dijo que yo estaba premiando su lealtad con desprecio. Supongo que comenzó a odiarme desde entonces.

Theodore tenía la vista clavada en el suelo mientras caminaba— Pero tu hermana murió, padre.

Philip asintió— Es cierto y también es cierto que en su momento Augustus me culpo por eso, aunque esa era una acusación ridícula. Es un odio que viene años incubándose. No es extraño que intentara compartir algo de ese odio contigo.

Theodore asintió, pero su mente aún guardaba sus dudas bajo su máscara de seriedad. Llegaron hasta las puertas del salón de audiencias, Philip se detuvo allí y se volvió hacia Theodore.

—Piensa en todo lo que hablamos en el salón, frente al espejo —dijo cauteloso— Ahora déjame a mi terminar con todo este asunto. Ya puedes volver a la escuela, hijo.

Theodore no dijo nada, no alcanzo a hacerlo, pues su padre hizo que las puertas se abrieran y entró al salón, Augustus ya estaba en la silla de los acusados con la vista clavada en el suelo, fue lo único que pudo ver Theodore antes de que las puertas se cerraran de nuevo. Seguramente lo ingresaron por otra puerta, pues Philip tenía que entrar por la principal.

Una mano se posó sobre el hombro de Theodore, casi logrando sobresaltarlo, sin embargo aún pudo mantenerse serio y despreocupado. Cuando se giró se encontró con Edward Greengrass, con aquella perfecta expresión amable.

— James está afuera —le informo— Philip lo envió a buscar un traslador para que ustedes puedan marcharse cuando todo acabe.

Theodore frunció el ceño— Mi padre dijo que ya podía irme.

Edward se encogió de hombros— No lo menciono —dijo despreocupado— ¿No vas a quedarte a mirar?

—Mi padre…

Edward sonrió— Vamos, Theo —dijo en tono de complicidad— ¿No es bueno un poco de rebeldía de vez en cuando? —El mago alzo las cejas— Dijo que podías irte, pero tú… ¿Quieres hacer eso?

Edward Greengrass se dio vuelta y abrió las puertas para entrar, lo que le dio a Theodore una vista de lo que ocurría. Su padre estaba hablando, el salón lleno de murmullos. Frederick estaba lívido y Eleanora Taylor estaba llorando en silencio.

No, Theodore no quería irse.

Avanzo hacia las puertas y aunque no escucho lo que su padre acababa de decir, sí que notó la mirada que le lanzo al ver que no se había marchado como sugirió. Por un momento, Theodore estuvo a punto de dar media vuelta e irse, pero entonces habló Frederick, distrayéndolo.

—Lo haré —dijo el joven mago, poniéndose de pie y mirando a todo el salón— permítame limpiar la traición de mi padre, Señor Nott.

Frederick avanzo hasta detenerse delante de la enorme mesa, justamente frente a Philip, pero él no lo miraba, estaba mirando a Theodore. Frederick avanzo hacia la silla donde estaba su padre y se quedó de pie contemplándolo un instante. Philip dejo de mirar a Theodore, en su lugar desvió su atención hacia el lugar donde padre e hijo Taylor se miraban intensamente.

Augustus no dijo una sola palabra, solamente cerró los ojos. Theodore sabía que no diría nada, pues vio esa maldición expandiéndose por su lengua volviéndola negra. Augustus no hablaría, quizá nunca más. Eso era un problema, pues aunque Theodore planeaba encontrarlo en el exilio al que le enviarían para seguir interrogándolo al menos acerca de Emma Nott, que no pudiera hablar sería un problema, pero seguramente podría resolverlo. No necesitas precisamente hablar para contar secretos.

Frederick Taylor sacó su varita y luego de agitarla en el aire, un relámpago verde ilumino todo el salón. Augustus Taylor se desparramo sobre la silla donde estaba sentado, sin vida.

Theodore, mudo por la impresión, llevo la vista hacia su padre. Philip ya no lo estaba mirando, había girado hacia un lado, mirando a Edward, quien también lucía impresionado mirando hacia el cadáver de Augustus, y sin embargo aun manteniendo su sonrisa congelada en el rostro. Al agacharse para escuchar lo que fuera que Philip le estuviera diciendo, perdiendo poco a poco su sonrisa amable en el proceso. Edward asintió y bajo del estrado hacia el salón. Theodore sabía que se dirigía hacia él.

Miró hacia los Taylor, todos ellos en silencio. Cuando volvió a ver hacia su padre, este caminaba despacio hacia el salón donde estaban los espejos. Edward apareció prácticamente frente a él y le hizo una seña indicándole que debían de salir de allí. Al cerrar las puertas del salón, lo último que vio fue a Frederick aún de pie frente a Augustus, muerto. Frederick se volvió y Theodore vio desolación en su rostro.

Edward se había puesto pálido— sígueme —dijo bajito— Philip no quería que vieras eso.

Caminaron y caminaron hasta llegar a la entrada de la casa Taylor, Theodore pudo distinguir a James en los jardines sujetando cosas en sus brazos que solo podían ser sus uniformes.

— ¿Una ejecución? —logró articular Theodore al fin, aún presa de la impresión. Nunca antes había visto a alguien usar el maleficio asesino, no frente a sus ojos— las traiciones se castigan con exilio, no con muerte —un escalofrío le recorrió la espalda y antes de darse cuenta llevó la mano a su bolsillo para sentir su varita en la mano para tranquilizarse— Y frente a tanta gente… ¿Por qué tenía que hacerlo Frederick?

Edward tenía una expresión de confusión en el rostro, sacudió la cabeza antes de hablar— Philip le dijo algo a Frederick, le estaba hablando al oído. No pude escuchar lo que le dijo, pero luego Philip anunció que Augustus no era más la cabeza de familia y que dejaba todo en manos de Frederick… yo no pensé que iba a matarlo. No sabía… —Edward no parecía darse cuenta de que estaba viéndose muy fuera de sí— yo no… —luego se volvió a mirar a Theodore y cerró la boca de inmediato.

A Theodore le corrió un escalofrío pensar que la lengua de Edward se volvería negra también. ¿Por qué Augustus estaba muerto? Su padre dijo que había sido un buen aliado, alguien que se merecía peticiones. ¿Por qué matarlo? ¿Por lo que dijo? ¿O por lo que no dijo? Ya estaba maldito ¿Por qué matarlo? ¿Por qué pedir que Frederick lo hiciera? Traidor o no… era su padre. Theodore no podía entenderlo. ¿Y si su padre había escuchado de algún modo?

Edward se paró en seco, pero sorpresivamente sujeto a Theodore de los hombros y cuando hablo, le pareció que nadie podría hablar tan suavemente como él lo estaba haciendo.

— Te ves asustado —le susurro— esa expresión es la misma que tenías cuando entré en esa habitación, pero no te preocupes, me aseguré de atravesarme yo mismo y empujar la puerta para que se cerrara y Philip no te viera poner esa cara. Eres bueno recomponiéndote, recupera esa expresión seria de siempre o James también se dará cuenta. Todos están…

—Mirándome todo el tiempo —murmuro Theodore, repentinamente muy cansado.

Edward suspiro y le sonrió compasivamente— Si, todos están mirando. Y uno de ellos, es principalmente Philip —Edward retiro las manos de sus hombros, aun mirándole fijo— Sin embargo, te cubriré siempre que pueda y si alguien pregunta si vi algo anormal en ti, fingiré demencia. Mentiré por ti, incluso a Philip si con eso puedo ayudarte.

Theodore se quedó sin palabras ante tal declaración— pero...

Edward negó con la cabeza despacio— No hay lugar para un "pero" —le corto Edward— Te ayudaré. Puedo adivinar que Augustus te dijo algo que te dejo perturbado, no pienses en eso, olvídalo. Si te amenazo con alguna cosa, sea lo que sea, ya no puede hacer nada, ya está muerto.

Theodore asintió en silencio.

"Pero tal vez él no es la amenaza" pensó con pesar.

—Te enviare una lechuza si averiguo algo importante, lo prometo —dijo Edward, ya volviendo a caminar hacia los jardines— si hay rumores extraños también te lo informare de inmediato. Me haré cargo aquí.

Cuando se volvió hacia Edward, quien le miraba con una mezcla de devoción y preocupación, Theodore se preguntó si acaso era algo fingido o realmente estaba preocupado por él.

—Gracias Edward —le dijo antes de dirigirse hacia donde James esperaba.

Llegó hasta James en silencio para tomar el traslador, al volver la vista atrás, observó que Edward seguía en donde lo había dejado, mirando en su dirección. Agitó la mano en señal de despedida antes de que el traslador los llevará lejos de allí.

Con un nudo en el estómago, Theodore comenzaba a creer que el siempre despreocupado Edward realmente parecía preocupado por él. Y no sabía si eso era bueno o malo.


Cuando Theodore abrió los ojos, notó que el Thestral se acercó a unos cortísimos pasos de él, llevando su hocico hacia Theodore, como si le estuviera oliendo. Él hurgó en su bolsillo con su enguantada mano y sacó una manzana roja que había llevado por si tenía hambre. La ofreció a la criatura, al mismo tiempo que esta estiraba su cuello hacia la fruta.

—Ellos no comen fruta.

Una suave y delicada voz detrás de él logró sobresaltarlo, pues no escucho pasos. El Thestral ignoró a Theodore y troto hacia la pequeña figura a su espalda. Era una chica pequeña, rubia y sin zapatos que traía un pedazo de carne en las manos, la cual el Thestral comió de un bocado.

Ella se volvió hacia él y le sonrió— Soy Luna Lovegood —dijo mientras sacaba otro pedazo de carne de un bolso que tenía colgado en la cintura. El Thestral también lo devoró rápidamente y ella parecía maravillada por eso— Es un Thestral, ellos…

—Lo sé, se lo que es —dijo él, casi cortante. Esa expresión ausente que la muchacha tenía en el rostro lo estaba incomodando, sin embargo… debía ser educado— Soy Nott —se presentó.

Otro suave rumor apareció a la izquierda de ellos y entre la espesura aparecieron dos Thestral más. La niña Lovegood parecía aún más maravillada— se quién eres, Theodore Nott. Estas en cuarto año, de Slytherin —ella sacó otro pedazo de carne y lo lanzo a los recién llegadas criaturas— ellos son demasiado glotones ¿No te parece, Theodore?

Theodore se crispo de inmediato— Lovegood —dijo serio, pero con la voz tranquila, su tono de profesor— he oído de tu familia en general, pero no recuerdo que nos hayamos presentado apropiadamente antes. No entiendo porque me llamas por mi primer nombre.

—Oh, claro que si —dijo ella sin mirarlo— Nos conocimos en mi primer año de Hogwarts.

Fue como si a Theodore se le hubiera clavado una espina de planta constrictora en el costado.

"Nadie quiere ser desmemorizado" recordó con nerviosismo disimulado. "¿Acaso yo ya…?"

—Entraste en la biblioteca y me pediste prestada una pluma y pergamino, escribiste un mensaje y luego lo encantaste para que se fuera volando. No he visto muchos encantamientos así —ella acerco una mano a uno de los Thestral y le acaricio la sien— ese mismo día te fuiste de la escuela. No me devolviste mi pluma.

Theodore cayó en cuenta de que eso sucedió en segundo año, con una especie de paz y tranquilidad que le provocaba recordar a detalle aquel evento. Alzó una ceja sin darse cuenta— Si lo hice —dijo a nadie en particular, pero de todas maneras Lovegood se volvió hacia él, recién notaba sus ojos grises, casi como los de Draco— Si te devolví la pluma.

La muchacha se encogió de hombros y volvió a la tarea de darle carne a los Thestral— Oh, tal vez la perdí en otro sitio. Lo siento Theodore.

Él casi rodo los ojos y estuvo a punto de volver a pedirle que no le tuteara, pero un movimiento en su campo de visión robó su atención cuando uno de los Thestral, a pesar de que Lovegood les estaba alimentando, se acercó de nuevo olisqueando hacia él. Si no era la manzana… Theodore creyó que se trataba de su varita, con la cual había hecho magia oscura; quizá el Thestral se sentía atraído a ello.

"Después de todo, son criaturas que reaccionan a la muerte" pensó "No debería ser extraño que también lo hicieran a la magia oscura" Theodore levanto una de sus manos e intento tocar al animal, pero este se alejó. Él desistió y se llevó ambas manos a los bolsillos, preguntándose si es que había más estudios acerca de los Thestral y cómo funcionaba aquella particularidad mágica de ser solo vistos por quienes han visto a alguien morir.

—Te ves más serio de lo usual, Theodore —la vocecilla de Lovegood le llamo la atención de nuevo.

Theodore se crispo— Lovegood —dijo con seriedad— llámame Nott.

— Vale —dijo ella mientras se encogía de hombros y volvía a prestar entera atención a los Thestral. No parecía para nada ofendida— Tal vez hoy llueva. Eso será bueno para los retoños que sembraron en el campo de Quiditch, tú sabes, para la tercera prueba.

Él la miró con los ojos entrecerrados ¿Acaso era charla casual? Volvió a mirar hacia las criaturas que parecían ciegas, revoloteando alrededor de aquella niña— ¿Por qué los estás alimentando? ¿No es tarea del guardabosque?

Lovegood asintió en silencio— Si, Hagrid lo hace seguido. Pero ellos me gustan. Actualmente la gente dice que dan mala suerte si ves uno; hay quienes fingen no ver nada y hay quienes los sacrifican de inmediato. Son criaturas muy solitarias y si no se acostumbran a las personas con el tiempo pueden volverse salvajes. Creo que es bueno venir a verlos de vez en cuando, creo que tienen suficiente con ser invisibles; para que nosotros que podemos verlos también ignoremos su existencia —Lovegood se acercó a una de las criaturas y le acaricio la huesuda frente— eres la segunda persona que no finge que no existen. Yo puedo verlos porque estuve allí cuando mi madre murió.

—Lo siento —murmuro él en respuesta.

—No lo sientas —ella contesto con voz cantarina— estoy segura de que se fue sin arrepentimientos. Pero gracias, Theodore Nott.

Él volvió a crisparse, se acomodó el cuello de la túnica con elegancia— Lovegood —la llamo, ella se giró hacia él— No me llames por mi nombre. Si quieres dirigirte a mí, solo llámame Nott.

Ella aún tenía una expresión extraña en la cara— Vale —contesto sencillamente— ¿y tú porque puedes verlos?

Él le lanzó una mirada fría— No tengo que decirte —murmuro— Adiós.

—Adiós —contesto ella sencillamente, y agitando la mano cubierta de restos de sangre por la carne que había sujetado. Eso fue un tanto perturbador.

Theodore solamente se alejó en silencio y puede que algo más rápido de lo que normalmente haría. Había dos cosas que le ponían de mal humor, la primera era repetir las cosas más de una vez; la otra era la falta de modales. Lovegood había incurrido en ambas. Ese tono tan familiar le desagradaba y se preguntaba al mismo tiempo si es que era algo ensayado. Generalmente parecía algo boba, pero una personalidad aparente inofensiva era algo que no le gustaba nada. Nada.

Theodore había ido al bosque prohibido para estar solo y eliminar aquella memoria, pues no era seguro hacerlo dentro del castillo, menos con un cazador como lo era el profesor de defensa contra las artes oscuras… Theodore hizo una mueca.

"Alastor Moody" pensó con calma. Luego sacudió la cabeza y siguió caminando hasta encontrar la salida del bosque prohibido y seguir hasta la escuela, preguntándose donde podría ir para estar solo…. La sala común era imposible. En las habitaciones estaba Blaise, quien había recibido un paquete de su madre, una especie de compendio de libros que se había puesto a mirar muy concentrado para ser Blaise precisamente. La cámara en el interior de Hogwarts… no podía ser una opción, pues estaba aquella cosa encerrada en el techo. Eso también lograba ponerlo nervioso.

Antes de darse cuenta, había puesto los pies rumbo hacia el lago Negro. Estaba al menos a veinte metros de él, pero notó una figura a contra luz apoyada en las raíces. Theodore no tenía duda de quién estaba allí… y aun así dirigió sus pasos a aquel lugar.


Hermione tenía sobre sus rodillas un tomo entero acerca de maldiciones no peligrosas y encantamientos que podían servir como defensa. Un suave viento le agito el cabello y ella llevó una de sus manos para acomodarlo detrás de su oreja. Por un instante abandonó su lectura y miró hacia el lago negro delante de ella. Generalmente esa zona de la escuela estaba prácticamente abandonada, el camino era largo y daba a la parte trasera del castillo y estaba demasiado cerca del bosque tenebroso para gusto de cualquier otro alumno. Aunque eso se traducía en que era un lugar seguro y tranquilo para leer.

"Seguramente por eso Nott lo escogió" pensó, mientras volvía a su lectura.

El árbol era frondoso, Hermione solía apoyar la espalda contra este, costumbre que se le pego de Theodore, pues es hacía eso también. El tronco era lo suficientemente grande para que dos personas se apoyaran contra el a una distancia prudente. Hermione encontró un pasaje interesante acerca de una transformación que se combinaba con el encantamiento leviosa, sumado a uno de disminución de peso. Eso podría ser útil. Hermione tomo una carpeta y lo anoto a la lista para enseñársela a Harry, además de la combinación y un rustico dibujo del movimiento de varita. Después dejo el libro a un lado y sacó su varita para practicar, haciendo florituras al aire.

Estaba en ello cuando por el rabillo del ojo vio como alguien se acercaba y sin siquiera mirar pudo saber que era Nott. Hermione se sintió capaz de remedar aquella actitud despreocupada que la que Nott siempre la recibía: Sin hablarle ni mirarla hasta que se sentara cerca.

Hermione siguió haciendo las florituras en silencio, Nott paso delante de ella con ese andar elegante y sereno. Generalmente, él se sentaba lo más cerca posible de las raíces del árbol, casi apoyándose en el tronco, mientras que Hermione lo hacía a una distancia considerable. En esos momentos, ella ocupaba su lugar de siempre, pues consideraba una especie de invasión que ella usurpara su lugar habitual.

Nott no traía mochila ni libros, pero lo primero que hizo fue quitarse la capa y sentarse en el suelo en silencio. Nada de saludos, nada de comentarios.

Nada.

Hermione por fin se volvió a mirarlo. Nott había doblado su capa, dejándolo sobre sus piernas, sus manos enguantadas sobre el mismo; sus zapatos tenían algo de lodo, pero sus pantalones estaban impecables, igual que el sweater oscuro abrigado que tenía puesto. Pero lo más extraño que ella vio en Nott, es que tenía la cabeza echada hacia atrás y sus ojos cerrados, como si hubiera caído dormido.

Hermione dudó en decidir si debía hablarle o no, finalmente decidió no hacerlo. Francamente, Nott se veía cansado, pues podía notar a la perfección sombras oscuras debajo de sus ojos. Finalmente decidió que quizá lo mejor sería dejarlo solo. Nott era demasiado educado para pedirle que se fuera; así que Hermione decidió que inventaría algo como motivo para marcharse. Guardo la varita y se estiro hacia su mochila para abrirla y meter el libro dentro.

— Hay algo que quisiera pedirte.

Su voz hizo que Hermione se sobresaltara, se volvió hacia Theodore, pero el aún tenía la cabeza apoyada contra el árbol y los ojos cerrados. Ella se aclaró la garganta antes de contestar

— Si, seguro Nott.

El muchacho no se movió cuando habló— ¿Puedes volver a como estabas hace un momento? —Preguntó— Ese era un silencio perfecto.

Hermione soltó una risa nerviosa al no entender exactamente lo que Nott quería decir— No preferirías estar…

"solo"

— No me molesta que estés aquí —murmuro Nott, aún con los ojos cerrados— Solo vuelve a hacer ese silencio de hace un momento. Es como si no estuvieras aquí, pero estás.

Hermione entorno los ojos, pero su respuesta llegó a sus labios sin pensar demasiado.

— De acuerdo.

—Aunque eso no significa que este cobrando el favor que me debes —añadió rápidamente mientras de nuevo se recostaba contra el árbol— aún me debes ese favor sin preguntas.

Hermione contuvo una sonrisa— Nunca pensé lo contrario, Nott.

La muchacha se acomodó contra el árbol y continuo leyendo en silencio y haciendo florituras en el aire, practicando hechizos y encantamientos. De cuando en cuando miraba hacia Nott, quien parecía una estatua por lo inmóvil que estaba, solo su respiración regular le indicaba a ella que era probable que no estuviera dormido.

— ¿Qué estás haciendo exactamente?

Hermione se sobresaltó y casi soltó su varita cuando el habló de pronto, se giró hacia él y notó que él estaba de brazos cruzados y mirándola con curiosos ojos entrecerrados.

— Aprendo maldiciones que puedan ser usadas para defensa —respondió, volviendo disimuladamente la vista hacia el libro— Ron y yo ayudamos a Harry para que lo haga bien en la tercera prueba.

Nott resopló, volviendo a acomodarse contra el árbol y con los ojos cerrados— Inútil Potter —murmuro— ¿Existirá alguna ocasión en la que no pueda arreglar sus problemas solo?

Hermione frunció el ceño, pero ignoro el comentario, pues él no sonaba desdeñoso como en otras ocasiones— Bueno —dijo aun practicando florituras— cuando existe una situación muy difícil, lo normal es pedir ayuda. Reconocer que no puedes hacer algo solo, es una cualidad de personas humildes.

— O de débiles —murmuro— No se puede ir por la vida dependiendo de terceras personas.

—No es depender —dijo ella bajito— es confiar.

— ¿Estás haciendo eso para mantener la confianza de Potter?

—No —contesto de inmediato, sin embargo vacilo antes de decir lo siguiente; porque esto era una especie de debate y sabía lo que el diría apenas ella pronunciara sus motivos— Hago esto porque es mi amigo.

—Ya tienes suficiente siendo una hija Muggles, lo que te hace blanco de puristas extremistas. Sin la ayuda adecuada, no importa lo brillante que seas, será difícil llegar alto para ti. Potter podría ayudarte con su fama… pero es inútil para usar eso a su favor. Solo está ahí, quejándose y dando pena por sus padres asesinados —dijo eso con tal serenidad que Hermione se obligó a mirarlo; pero Nott estaba allí, de brazos cruzados y con los ojos cerrados, apoyado contra aquel árbol, pero entonces abrió los ojos, clavando sus ojos en los suyos— Solo te traerá problemas.

Hermione mantuvo la mirada cuando contesto— Eso no importa, no me ha importado nunca en realidad. No desde el primer año, porque confío en Harry y sé que podremos resolverlo entre todos. Lo hemos hecho hasta ahora.

Nott aparto la vista y volvió a cerrar los ojos— ¿No es mejor evitar los problemas? Quiero decir, evitar que ocurran.

—Sería lo adecuado, pero eso es literalmente imposible —dijo volviendo a su lectura— nadie está libre de problemas. Aparecerán de todas formas.

—Supongo que tienes razón —dijo muy bajito.

Hermione volvió a mirar hacia Theodore, su aparente postura relajada. Nott generalmente no se rendía tan fácilmente y le daba la razón. Era extraño, toda esa situación. Recordó a Harry, hablando de que Karkarov y Snape al parecer hablaban en secreto acerca de las marcas tenebrosas en sus brazos; recordó también la marca tenebrosa en el campeonato mundial de Quiditch; de la desaparición extraña de Barty Crouch. Todas esas situaciones que tenían que ver con Voldemort y los mortífagos… y más importante que todo eso, fue plenamente consciente que el padre de Theodore Nott fue un mortífago… y que últimamente el muchacho a centímetros cerca de ella parecía bastante preocupado por algo.

—Nott —le llamo despacio, él al instante abrió los ojos, mirándola con aquellos azules ojos inquietantes y, quizá solo fuera su imaginación, algo vacíos ojos— ¿ocurre algo?

— ¿Por qué me preguntas eso?

—No estoy segura —murmuro— pero es como si algo te estuviera pasando. Algo malo.

Él entorno los ojos, pero solamente un instante, y volvió a su expresión sería tan rápido que Hermione creyó que lo imagino— Suenas preocupada —dijo con un tono que ella juraría estaba intentando ser pretencioso.

Ella estuvo a punto de rodar los ojos, pero en lugar de responder cortante dijo:

—Bueno —dijo altanera— esto puede ser conveniente para mí. Si necesitas algo puedo saldar la deuda que tengo contigo acerca de ese favor que te empeñas en conservar.

Impensablemente, Nott sonrió levemente por un instante, pero solamente para volver a recostarse contra el árbol y de nuevo quedarse con los ojos cerrados

— Bien jugado, Granger —dijo— pero es verdad. Algo está ocurriendo. Existe un problema que debo resolver y justo ahora estoy trabado. Soy bueno resolviendo problemas, demasiado bueno. Ni uno solo de mis planes ha fracasado nunca. Es un talento que seguramente mucha gente mataría por tener. Pero… hace poco me han hecho notar que quizá no soy tan eficiente como yo creía —hizo una pausa abrupta— que absolutamente todo lo que yo haga tiene repercusiones. Todo puede ser interpretado de maneras que ni siquiera puedo alcanzar a predecir y eso solamente traerá más problemas.

Nott abrió los ojos y volvió a mirarla fijamente, sus ojos azules casi brillando, como cuando iba a decir algo especialmente malvado… pero no parecía malvado en absoluto. Sus espesas pestañas eran oscuras y alargadas, cada que lo miraba de cerca lo notaba. Nott parpadeó una vez y sus ojos ya no parecían malvados en absoluto, si no profundos y melancólicos. Todo él se veía melancólico, como si pidiera ayuda en silencio.

— Sabes, esta es una de las razones por las que me agradas. Años hablando contigo y siempre me has escuchado en silencio en lugar de insistir en que comparta secretos contigo. Solo estás allí. Como si no estuvieras, pero estás. De alguna manera eso es… reconfortante.

—El favor no importa —dijo ella de inmediato— si puedo ayudarte…

Nott recostó su cabeza contra el tronco del árbol, aún mirándola— Esas palabras… viniendo de otra persona desconfiaría de inmediato —dijo él, cortándola— pensaría que es una treta para hacer que hable y conseguir algo de información para perjudicarme. Sé que no harías eso, pero…

—Harás lo que tengas que hacer. Solo —ella concluyó con sorpresivo pesar.

Nott asintió, volviendo a cerrar los ojos— Es como hago las cosas, Granger —luego, extrañamente vacilo— Sin embargo, probablemente hable contigo acerca de todo esto. En otro momento, no ahora.

Ella suspiro, el pesar extrañamente asentándose en su pecho. Quizá con algo de culpa inexplicable— De acuerdo.

Nott se aclaró la garganta— en lugar de eso… —ella llevó la vista de nuevo a Nott, quien tenía el ceño fruncido— Quisiera preguntar ¿Qué es lo que acostumbran hacer los muggles cuando no consiguen dormir?

El pesar volvió a invadir a Hermione mientras volvía a fijar su atención en las sombras oscuras bajo los ojos de Theodore. Era obvio, él le estaba confirmando que tenía problemas para dormir.

—Lo llamamos insomnio —respondió ella— hay trucos. Uno de los más populares es contar ovejas.

— ¿Ovejas? —Preguntó incrédulo— que ridículo.

Ella se encogió de hombros— Es lo más popular —dijo a la defensiva— también leer. O que te cuenten historias.

—Historias —dijo él, y sonaba interesado— ¿Qué tipo de historias tienen los muggles?

Hermione divago un poco— Leyendas, cuentos, sucesos históricos. Historias inventadas… es un repertorio bastante grande.

— Nunca he oído una leyenda Muggle —ahora él divagaba.

—Podría contarte una —dijo ella, casi disimuladamente.

—No tengo nada que hacer justo ahora —dijo él— te escucharé.

Hermione cerró el libro de encantamientos que tenía sobre las piernas, al mismo tiempo que decidía que historia contar a un joven mago sangre pura. Se decidió por la leyenda de Aquiles, aunque para ser honesta, lo decidió sin pensar demasiado.

Apenas iba a la mitad del relato cuando Nott pidió un intermedio, pues según él había cosas que no tenían sentido. Tenía dudas y quería respuestas. Odiaba a la madre de Aquiles y la llamo "inútil" por no hacer bien las cosas y ser la causante de la debilidad de Aquiles. También llamo algo "totalmente aceptable" el usar el amor como excusa para iniciar una guerra. Según Nott las grandes guerras necesitan razones poderosas y empatía. Todo hombre abandonado por alguna mujer (sea quien fuere) sentiría que Menelao estaba en lo correcto para salvar su honor, aunque en realidad solo quisiera conquistar. Odiseo era confiado. Aquiles era confiado. Paris era un pelmazo, Héctor un pésimo rey y pésimo hermano, que atrasaba demasiado sus decisiones; pues si hubiera enviado a Helena de vuelta de inmediato y castigado apropiadamente a Paris, no estaría en guerra.

Hermione siguió contando lo que quedaba de historia, sin embargo, cuando concluyo, se fijó en que Nott estaba inmóvil y respirando acompasadamente. Parecía estar dormido. Suspiro y con sumo cuidado volvió a tomar su libro y seguir leyendo acerca de maldiciones.

Cuando el sol se estaba poniendo y el aire comenzaba a volverse algo frío, decidió que era hora de volver al castillo. Guardo sus libros y cuando acabó, Nott aún no había movido un solo musculo. Hermione se levantó del suelo y cargo su mochila a la espalda, dio unos cortos pasitos y se acuclillo a un lado del muchacho.

—Nott —llamó despacio— Nott, hay que volver al castillo.

Nott abrió los ojos lentamente, realmente parecía adormilado, mirándola en silencio. Hermione se puso de pie, pero extendió la mano a Nott. Él tardó nada en extender su enguantada mano hacia ella. Era la primera vez que ella le ayudaba a ponerse de pie y de alguna manera eso era simbólico; porque generalmente era Nott quien ayudaba a Hermione de alguna manera. Dándole consejos, incluso haciendo que ella se sintiera mejor consigo misma. Hermione sintió ese sencillo acto como una especie de reconocerse de igual a igual. Que ella también podía ayudarlo como él la ayudaba a ella.

Aún sospechaba que Nott estaba desestimando sea lo que sea que pensaba que podía resolver solo, lidiando con algo que probablemente era demasiado para él solo. Él aún era reacio a compartir palabras con ella. Y aunque prometió hacerlo, sospechaba que eso no sería así. Y aun así, de todas maneras no era correcto insistir y Theodore parecía agradecido por eso.

Caminaron juntos hacia el castillo, con el sol ocultándose a sus espaldas.