CAPITULO 23

EL PRECIO DE LA SANGRE

—Bébete la taza completa —ordeno Theodore sin despegar la vista del mago en frente suyo.

Edward, el mestizo prominente de la familia Greengrass, se quedó con la usual sonrisa amigable congelada en el rostro por un instante.

— Por Merlín —dijo reaccionando al fin con una risa y siendo obediente se bebió la taza sin rechistar, la bajo y paso una servilleta por sus labios con tanta ceremonia que parecía más estar en una cena importante que frente a un chico de quince años de mirada amenazante. A veces, a Theodore le incomodaba que Edward aceptara todo con una sonrisa o haciendo una especie de chiste extraño, como si nada le importara, porque a veces lograba dejarse llevar por su actuación y lograba engañarlo, ocasionalmente tenía que imaginar estar en la situación de Edward para intentar adivinar sus reacciones, por eso sabía que si estaba siendo ceremonioso era solamente para ganar tiempo, escoger mejor sus palabras y entrar en calma. Eso era algo que Theodore también había aprendido a hacer.

— ¿Veritaserum? —pregunto mientras bajaba la servilleta.

Theodore le miró inquisidoramente. Ahí iba de nuevo, tan relajado y tranquilo a pesar de la situación. Había pasado apenas un día desde que volvió de Hogwarts y lo primero que hizo fue emboscar a Edward en un café para averiguar de una vez por todas que tan leal era. Estaba todo planificado: conseguir Veritaserum, lograr deslizar la poción en su taza, conseguir que se la bebiera. También había preparado poción para poder ver protecciones, por si Edward se atrevía a usar Oclumancia o tenía algún talismán para proteger su mente y quisiera engañarlo.

Y además de todo eso, tenía el anillo.

Era una joya que Theodore llevaba como pendiente en una cadena que traía en su cuello en todo momento; había pertenecido a su madre y fue heredado a Theodore al morir ella; era el par del anillo de la familia, el anillo que usaba la esposa de la cabeza de familia de los Nott, pasado de mano en mano por generaciones, y por tanto, dueño de numerosas propiedades mágicas, en especial una de ellas, la cual era la de detectar cuando una mentira era dicha a quien lo usara. No había manera de que Edward lograra mentirle.

Theodore asintió en silencio— Lamento esta forma —dijo con algo de duda— pero seguro lo entiendes ¿Verdad?

Edward asintió de vuelta— por supuesto —dijo— pero estoy algo decepcionado, creí que me llamaste para contarme acerca del torneo como prometiste. He sido bueno y paciente esperando, rompes mi corazón, Theo —soltó un suspiro lastimero, pero en un instante le estaba sonriendo encantadoramente de nuevo— ¿Y ahora? ¿Vas a interrogarme, cierto? Aunque no hubiera bebido esa opción, te respondería con la verdad siempre, Theo... Aunque pensándolo bien, de esa forma sería aburrido. Pero la situación de ahora mismo... ¡Que emoción!

Theodore casi rodo los ojos, pero desde que comenzó a hablar con Edward, recién estaba cayendo en cuenta de que el anillo no avisaba de mentiras en absoluto.

— ¿Por qué estás tan entusiasmado?

Edward estaba realmente encantado— Porque si pones tanta energía en esto, es porque estas verificando mi lealtad —dijo con mirada soñadora— me estás probando. Quieres confiar en mí pero tienes dudas, con el interrogatorio desaparecerán y entonces… entonces, Theo, te convencerás de lo leal que soy. ¿Cómo podría no entusiasmarme con esto?

Él le miró con ojos entrecerrados— Probablemente seas el único mago en el mundo feliz porque va a ser interrogado.

— Oh, Theo —dijo agitando la mano— nada es felicidad nunca, solo satisfacción —dijo casi murmurando— pero hay algo que debes saber antes de comenzar —dijo serio de pronto— tengo un talismán para defenderme de legeremancia, así que no estoy muy seguro de que tan efectivo será el veritaserum.

Theodore entrecerró los ojos— Bien —le dijo— se puede solucionar, ponlo sobre la mesa.

Edward soltó una risa que sonaba a vergüenza— pues esa es la cuestión —dijo mirando hacia otro lado.

Terminaron yendo a casa de Edward. Era un piso decente, bien amoblado y con buen gusto en la decoración. Parecía estúpido por parte de Theodore aceptar a ir allí tan tranquilamente, pero el anillo seguía sin mostrar indicios de que hubiera mentiras hacia él. Así que de momento confiaría. Después de todo, no había mejores maneras de manejar la situación.

Edward entro campante y arrojo su capa hacia un perchero que se movió solo para atraparlo. Theodore fue más cuidadoso y lo colgó el mismo. Edward se pasó una mano por el cabello y se lo despeino— Aguarda aquí —dijo animado— traeré las cosas— dijo dirigiéndose a lo que parecía la cocina.

Theodore se paseó por la pequeña sala rodeando los sillones que parecían haber vivido tres generaciones, solo la pequeña mesa del centro parecía nueva. No había cuadros en las paredes, pero si había una pequeña mesita en una pared con un florero enorme lleno de rosas rojas brillantes de vida, a su lado, un retrato de tres cuerpos. Tres personas en la derecha, con uniformes de Slytherin, una mujer con un niño pequeño en la izquierda; en el centro, Antón Greengrass junto a sus hijas, Daphne y Astoria, y casi como si no formara parte del mismo cuadro, Edward.

A Theodore siempre le pareció raro que Edward siempre llegara a sus reuniones caminando en lugar de la red Flu, ahora entendía porque— Pensé que tendrías chimenea —dijo Theodore en voz alta, pues no había rastros de una.

—No me gustan las chimeneas —contesto Edward a su espalda, ocupado dejando cosas sobre la mesita del centro— Tengo un sueño recurrente muy siniestro. En él, yo no puedo respirar y no puedo ver nada… por humo, solo puedo escuchar como las brasas chispeaban y pequeños reflejos naranjas a mi alrededor.

Theodore esperaba que él se echara a reír, como era usual cuando soltaba una de sus bromas, pero en esta ocasión parecía decir la verdad, pues volvió a mirar hacia otro lado— No tener chimenea solo por eso es demasiado quisquilloso de tu parte.

Esta vez Edward si se echó a reír— Si no fuera quisquilloso me volvería loco —dijo jovial— Pero siguen sin gustarme las chimeneas. Ven Theo, hay que comenzar.

Theodore observo como Edward encanto el conjunto de sillones con chispas amarillas y como una especie de películas aparecía en el aire y se asentaba en el lugar. Luego, Edward conjuro chispas violetas sobre su brazo izquierda, el cual ya tenía la manga de su camisa arremangada, luego se sentó tranquilamente en uno de los sillones y Theodore hizo lo mismo, observando con un sentimiento entre la fascinación, la curiosidad y el morbo.

Edward tenía un talismán que actuaba como Oclumancia indirecta, como si fuera magia encapsulada esperando ser activada por su poseedor ante cualquier invasión a su mente. No es inusual tener uno encima, pero son extremadamente caros y difícil de conseguir, además de que su padre tenía como política el no usarlos, pues decía que uno podía hacerse dependiente, al punto de no poder hacer Oclumancia a voluntad y entrar en pánico si perdías el talismán… Theodore entendía eso, pero nunca imagino que Edward tomara tan en serio el cuidado de no perder el suyo.

Edward tenía un cuchillo en la mano, eso había traído de la cocina, y estaba por abrirse el brazo, Theodore se fijó que siquiera parpadeó cuando clavo el cuchillo en su piel y la sangre broto haciendo que Theodore arrugara la nariz al sentir el aroma metálico, recordando de inmediato cuando el mismo olio así hace poco.

El audaz Edward Greengrass guardaba el talismán dentro de su cuerpo, así nunca lo perdería.

Aunque se había prometido a si mismo observar con atención, fue especialmente difícil no apartar los ojos cuando Edward al terminar de abrirse el brazo dejó el cuchillo a un lado del sillón y uso la mano libre para hurgar dentro del musculo y pareciera desencajar uno de sus huesos y sacarlo para ponerlo sobre la mesa. La cosa que se parecía a un hueso, cambio de forma de inmediato, transformándose ahora en una amorfa piedra roja brillante. Luego Edward tomó su varita, empapándola de carmesí y conjuro un hechizo sobre su sangrante brazo para controlar el flujo. Recién entonces Edward se volvió hacia el con una expresión de satisfacción absoluta.

Desensibilizar tu propio brazo era una cosa, desmembrarlo tú mismo y ni siquiera pestañaras era una cosa totalmente distinta. Theodore no sabía si estar intrigado o preocupado.

—Listo, Theo —dijo relajado—sigamos donde lo dejamos.

Theodore se aclaró la garganta— bien —dijo rápidamente y sacó de su bolsillo el frasco de la poción reveladora para bebérselo rápidamente. Theodore parpadeo, ni un solo haz de luz azul apareció en su campo de visión, la única evidencia de magia protectora era el vivo azul que despedía su collar y la piedra amorfa sobre la mesa.

Edward le miraba curioso— ¿Qué bebiste, Theo?

—Una poción que hace que pueda ver magia de protección —Theodore parpadeo— Edward —murmuro— ¿Acaso no tienes protecciones en esta casa?

Edward entorno los ojos— No —dijo encogiéndose de hombros.

—No apruebo eso —contesto Theodore— ni siquiera tienes conexión a la red Flu. Pensé que te recompensábamos bien.

—Lo hacen —dijo mientras se miraba las uñas teñidas aún de sangre— incluso mejor que el Ministerio.

Theodore entrecerró los ojos— Solo mejor no es suficiente —mascullo— hablare con mi padre; eres muy eficiente, lo que recibas, haré que se duplique. Múdate a un mejor lugar, con las mejores protecciones.

Edward suspiro sonoramente— No lo haré —dijo serio— me gusta aquí, me quedare.

Theodore parpadeo. Edward siempre obedecía en silencio.

—Entonces traigamos a un rompedor de maldiciones para poner aquí las adecuadas, no puedes…

—Yo se lo que puedo y lo que no —le cortó— me gusta como es y así se va a quedar, Theodore, no… —Edward de pronto se cubrió la boca, miró con los ojos entornados a Theodore, luego los cerró y echo la cabeza hacia atrás. Llevo las manos de su boca a su cabello y se incorporó, de nuevo tenía una sonrisa— Merlín —suspiro— mira lo que me haces hacer Theo.

— ¿Qué ibas a decir?

—Que no te incumbe y que no seas un engreído metiche —dijo canturreando, pero luego le miro entrecerrando los ojos— odio el Veritaserum.

—Metiche engreído —repitió Theodore, impactado, pero luego sacudió la cabeza— ¿Desde cuándo piensas eso?

Edward le miro lastimeramente— Rompes mi corazón preguntándome esas cosas justo ahora, Theo —dijo bajito— solo actúas como uno justo ahora. No me puedes ordenar abandonar mi casa solo porque no te gusta. Además, ya tuve esta conversación con Philip y eso no va a pasar, escoger el lugar donde viviría fue una de las cosas que no cambiare. Es mi casa. Me gusta aquí. Me quedaré.

Theodore sacudió la cabeza antes la testarudez de Edward. Inesperadamente, le recordó a alguien. Alguien con quien seguramente tendría ese tipo de desentendidos en un futuro no muy lejano.

—El veritaserum tiene tiempo límite —canturreo Edward de pronto, mirándose las uñas de nuevo. Su brazo desmembrado colgando inerte a su lado— y no quiero ser dramático, pero me estoy desangrando aquí, Theo —dijo con una sonrisa.

Ahí, otra broma. El anillo en su cuello vibró de inmediato. El veritaserum si tenía tiempo límite y obviamente Edward quería ser dramático para cambiar de tema: El desangramiento era más una exageración que una mentira, si no podría decirla.

Ese era el pero con el anillo, si las palabras dichas por la persona eran oraciones largas y de todo lo dicho una palabra era mentira y el resto verdad, el anillo vibraba de todas maneras por detectar hasta la no verdad más mínima. De todas maneras había que rebuscar en las palabras. Era un tanto tedioso, pero útil. Su padre tampoco aprobaba su uso, pues según él, depender de un objeto no era sensato. Descubrir mentiras era algo que se debería cultivar por experiencia. E igual que con el talismán, si se llegaba a perder el objeto uno se volvía inútil.

—Bien —murmuro mientras se cruzaba de brazos— ¿Viste las memorias de Barty Junior?

Edward hizo una mueca— No —dijo de inmediato.

— ¿Por qué?

—Porque me lo pediste, por escrito. Obliviarlo y no mirar —dijo serio, pero luego miró hacia otro lado— además, siquiera me hubiera dado tiempo. Tarde mucho con Krum y para cuando llegué a Barty solo un instante después Fudge envió al Dementor.

—Pero querías mirar.

Edward hizo una mueca de disgusto— Si —dijo— es verdad, si quería. Si no hubieras escrito que no lo hiciera porque me contarías todo luego, probablemente lo hubiera hecho y hubiera inventado una buena excusa de porque lo hice. La curiosidad es una cosa tenebrosa, Theo. Tú debes saberlo muy bien.

Theodore se mantuvo impasible, pero era verdad. En posición de Edward, él tampoco hubiera podido resistir.

—Ibas a desobedecer.

—Con las mejores intenciones. La información es importante, te da perspectiva de las cosas y eres demasiado reservado para hablar acerca de lo que te preocupa. Podrías cometer errores sin una segunda opinión, yo podría aconsejarte, pero al final de cuentas, la decisión es siempre tuya —dijo Edward— Yo se guardar secretos, Theo. Nunca revelaría algo que pueda perjudicarte, de hecho, nunca revelaría nada de ti en absoluto sin discutirlo primero contigo, a nadie. Te lo dije cuando caminamos en el jardín de los Taylor. Te cubriré siempre que pueda, mentiré por ti a cualquiera, incluso a Philip.

Theodore aparto la vista y la fijo en sus enguantadas manos, confundido. El anillo no vibró ni una sola vez. Verdad absoluta en una auténtica declaración de lealtad. No había magia de protección en la casa, Edward estaba libre de rastros de color azul. Aun así, parecía mentira.

Theodore se mantuvo serio— ¿Cómo convenciste a Fudge de enviar al Dementor?

Edward se rio— A mí no se me ocurrió lo del Dementor —dijo divertido— yo solo le dije a Fudge que Barty era un incordio, que si llegaba a juicio y daba una declaración, haría que toda la sociedad mágica se agitara. Él se puso blanco, te lo juro. Luego, dije que ojala a Barty le diera un lapsus, tu sabes, los que salen de Azkaban nunca salen totalmente cuerdos y ya desde antes Barty era raro, lo sabía todo el mundo. Luego Fudge entró en pánico y dijo que eso sería terrible, pues no habría como meterlo de nuevo a Azkaban… —Edward jugueteo con sus dedos— pero luego le dije "pero ministro, Barty nunca debió estar fuera". Fudge no habría hecho nada por investigar cómo fue que Barty perdió la memoria, le convenía. Esperaba que hiciera nada, como siempre, y que aprovechara la situación. ¿Quién lo diría? El cobarde Fudge usando la cabeza.

—No es especialmente brillante.

—Tiene sus momentos —bromeo Edward— te sorprende a veces.

—Entonces eres leal —murmuro Theodore— a mí.

—Si —contestó Edward— siempre voy a ayudarte.

—Creí que juraste lealtad a mi padre.

Edward hizo una mueca— Jure lealtad a tu familia. Tú eres un Nott, como Philip —Edward miro hacia otro lado— como cualquier otro Nott.

—Entonces eres leal a ambos —dijo Theodore— ¿Qué vas a hacer si yo te pido una cosa y mi padre te pide algo distinto?

—Tu bienestar primero —contesto Edward de inmediato— es la principal promesa en mi juramento.

—Entonces eres leal por un juramento —dijo frunciendo el ceño.

—Estas siendo especialmente negativo conmigo Theo —dijo Edward lastimeramente— Rompes mi corazón.

—Contesta —dijo algo molesto. Quería encontrarle un fallo a todo. Edward tenía que estar haciendo trampa de algún modo.

Edward suspiro y miró hacia su techo por un instante, si no hubiera visto que bebía veritaserum con sus propios ojos, Theodore pensaría que se estaba preparando para mentir— Soy leal porque decidí serlo —murmuro— ¿recuerdas cuando nos conocimos formalmente? Bueno, digamos que ya te conocía desde antes. Navidad del ochenta y seis, los Greengrass dieron una fiesta y Philip te llevó para presentarte a la sociedad. La guerra apenas había terminado y tú ya eras un huérfano de madre. Yo estaba entre los invitados menos importantes, casi un elfo domestico más. Era una época oscura en mi vida y no era muy agradable… la guerra fue despiadada, especialmente conmigo. Antón me amenazo para que participara, lo cual es la única cosa a la que me haya obligado y deba agradecerle. Y ahí estaba yo, odiando todo y a todos, incluso fantaseando la muerte perfecta que merecían ciertos participantes de la fiesta, incluso termine maldiciendo la descendencia de muchos de ellos... pero entonces, desde mi rincón oscuro, observando como todos celebraban sus descaradas existencias, chocando copas de vino a media noche… ajeno a todo, te observe acercarte a un elfo, preguntarle su nombre, saludarlo y luego pedirle un vaso de agua. Él te lo trajo enseguida y tú le diste las gracias, luego te despediste y volviste a buscar a Philip —Edward sonreía— uno de mis primos también te observaba y se burló de tu actitud y te llamo un pequeño niño mal de la cabeza. Pero a mí me gustaste y más tarde maldije a mi primo. Tenía muchos prejuicios con tu familia por su mala fama, para mí eras otro de esos consentidos ególatras mocosos sangre pura y un futuro tirano engreído —el hacía una mueca de asco— pero si yo estaba equivocado y tú no era así, si tú no eras ese tipo de mago… entonces pensé que no me molestaría estar cerca. Y claro, cuando nos conocimos formalmente, seguías siendo igual que en aquel entonces —Edward miró a la nada— ¿Quién le da la mano a un mestizo?

Theodore miró hacia sus propias manos enguantadas— Aparentemente, solo yo —dijo pensando en el motivo por el que comenzó a usar aquellos guantes. Ni siquiera recordaba esa navidad de la que hablaba Edward, seguramente demasiado pequeño para hacerlo. Pero si recordaba cuando lo conoció formalmente y como le pareció que lo miraba de manera extraña.

—Y así está bien para mí. Tú sabes que en el mundo mágico es necesario tener la sangre adecuada, o estar del lado de las personas adecuadas y adecuado no es igual a bueno. Yo desprecio muchas cosas y a muchas personas, pero siempre planee llegar tan alto como pudiera y usar a quien fuera para lograrlo, alabar a quien me asqueara si fuera necesario. Nott era tan buena familia como cualquier otra para usar… pero yo la escogí y ahora yo estoy sirviendo. Que ironía —Edward se rio— Decidí ser leal en navidad del ochenta y seis —murmuro— y se puede decir que renové mis votos en nuestro primer encuentro.

Theodore se sintió incomodo de nuevo. Ni una sola mentira, de nuevo y ya el efecto de la poción reveladora había desaparecido.

—El veritaserum dejara de funcionar pronto —contesto para desviar la charla.

—Gracias a Merlín —resopló Edward— pero ¿no vas a preguntar nada más? Si tienes más veritaserum podría tomar un poco más.

El anillo vibró. Theodore suspiro. Sí, claro que podría; pero eso no es algo que Edward querría.

— ¿Quieres más? —le pregunto para confirmar.

Edward bufó— Merlín, no.

Eso hizo sonreír a Theodore.

— ¿Necesitas ayuda para poner el talismán de nuevo en tu brazo? —preguntó.

—Hay algo que podrías hacer —dijo mientras tomaba su varita— en la alacena azul de la cocina hay una botella sin etiqueta, por favor tráela. También una copa.

Theodore se puso de pie y fue a la cocina, la cual era impecable y por tanto imaginaba que Edward no la usaba nunca. Encontró la botella pronto y la llevó junto a la copa. Cuando llegó a la sala, vio que Edward estaba ya terminando de acomodar su brazo y en medio de más sangre, comenzaba a cerrar la herida con magia.

—Eres rápido —dijo Theodore poniendo la botella en la mesita y también la copa. "bastante rápido"

—Participe en la guerra —dijo Edward— Antón me envió en el primer reclutamiento del Lord. No éramos importantes, generalmente usados para distraer a los Aurores mientras los mortífagos de verdad y los magos importantes hacían lo suyo —Edward de pronto se mostró cabizbajo— solo teníamos que correr aquí y allá, nada importante para que solo extendieran capturas… pero cuando el Lord comenzó los asesinatos, a nosotros nos masacraron primero y no solo tuve que cuidarme de los Aurores. Yo no era importante, solo el mestizo que los Greengrass puros estarían felices de quitarse de encima por ser la vergüenza de la familia. Ahí aprendí a cerrar heridas con magia y usar un cuchillo.

A Theodore se le revolvió el estómago— suena mal.

—Lo fue —dijo terminando el trabajo y recostando la cabeza contra el sillón— si terminamos estando del lado del Lord, la toma política es la mejor opción. Se lo digo a todo el mundo y Philip también lo hace. Ir a la guerra es… demasiado. Hay mucho en juego.

—Si somos aliados del Lord, ¿Estás bien con eso?

Edward se encogió de hombros— Soy leal —contesto— Si eres purista, lo seré también. Si seremos neutrales, no moveré un dedo. Si vamos a la guerra contra el Lord o contra el Ministerio, peleare. Así de leal soy —dice casi riendo.

Theodore no contesto, en su lugar, abrió esa botella y sirvió un poco de su contenido en la copa y la levanto para ofrecerla a Edward— Eres bastante amable —murmuro él mirándolo fijamente, completamente serio.

Theodore sintió el fuerte aroma del alcohol inundar su nariz, pero antes de poder reaccionar, Edward estiro la mano y sujeto la copa— Es vino —dijo incrédulo.

—Si, por eso mismo no puedo ofrecerte un poco. Aún eres menor —El vació la copa al instante y se acercó a servir otra copa.

—Lo que necesitas es poción para recuperar sangre —dijo mirando el tiradero que había— perdiste mucha.

Él agito la mano— No te preocupes —dijo todavía serio— lo haré luego. Justo ahora necesito más el vino.

Theodore se cruzó de brazos— ¿Por qué lo pusiste en tu brazo? —Preguntó— el talismán.

Edward le sonrió— Una vez hice magia tenebrosa que requería una parte vital mía, entonces se me ocurrió que podría ser el hueso de mi brazo, así que lograba mi cometido y tenía un escondite perfecto para el talismán que en ese entonces ya tenía —él se rio— es gracioso, porque fui muy estúpido. Tiempo después me enteré de que pude haber entregado un diente y el resultado iba a ser igual de bueno.

—Eso no tiene sentido.

Edward asintió y se sirvió una tercera copa— Fui joven y estúpido, Theo —luego sacude la cabeza y se hace a un lado del sofá y quita el cojín, allí debajo tiene una caja de madera con muchos viales dentro, Theodore reconoce la poción que restituye sangre, acónito e incluso bezoar— Pero ya no —dijo orgulloso— Tengo cinco de estos repartidos en toda la casa y también llevo estos en mi túnica, siempre, desde que pude prepararlos por mi cuenta, han pasado años de eso, pero uno nunca sabe cuándo será atacado o envenenado —dijo satisfecho.

Theodore solo lo miró en silencio, el anillo no aviso que hubiera mentiras, y aunque las hubiera, le creyó cada palabra. Edward hacía declaraciones algo contradictorias a pesar de seguir diciendo la verdad. Cualquiera creería que está loco o perturbado de algún modo. El mismo confeso que había hecho magia oscura de tal calibre y que intentaron matarlo en muchas ocasiones, no lo culpaba por odiar a los sangre pura en el pasado y esperar lo peor de ellos, porque los Greengrass siendo su familia no hicieron nada por él, despreciándolo hasta que tuvo poder por su cuenta. Era muy probable que su lealtad a la familia Nott fuera sincera, pues en la suya nunca le hicieron menos por algo tan simple como su sangre, Edward era más útil que muchos magos puros que conocía. Sabía que Philip lo trataba bien y Theodore mismo estaba tomándole alta estima justo ahora, pero aun así…

—Edward —murmuro, llamando su atención— me gustaría que no olvides que cuando juraste por mi familia, la casa de los Nott es tu casa también. Siempre serás recibido, en buena o mala posición. Con poder o sin él, eres nuestro. Si caes, te ayudaremos a levantarte. Cuando mueras te lloraremos y si te asesinan, nos vengaremos. Solo pido tu lealtad a cambio.

Edward suspiro y una suave sonrisa apareció en su rostro— La tienes, Theo.

—Y tampoco olvides —dijo más sombrío— que si alguien va contra ti, va contra nosotros también.


Theodore admiraba los finos detalles en acabado del domo de aquel gigantesco teatro, los que pudo apreciar gracias a magia que podía usar gracias a su varita liberada del rastreador de magia del Ministerio. Si lo que el folleto que le dieron en la entrada tenía verdad en ello, muchos de los adornos eran acabados en oro. La madera de las sillas igual eran tallados exquisitos y también la baranda del palco en el que estaban. Theodore intentaba adivinar cuanto tiempo se demoraría hacer tal trabajo de manera manual, pero eso le era imposible. Un artesano en el mundo mágico trabajaba con su varita y pócimas mágicas para el acabado delicado.

Amira Craston decía que los Muggles solamente se armaban con cinceles, martillos y todo tipo de herramientas manuales que utilizaban con sus manos y con infinita paciencia trabajaban el material, fuera piedra o madera.

Theodore se sintió curioso al respecto, por supuesto.

Ah, Amira…

Pues en ese preciso instante, Amira Craston estaba sentada en la silla de a su lado, hablando en perfecto francés con la persona al lado de su asiento, comentando acerca de las obras que se presentarían. El hombre de mediana edad estaba alabándola, por supuesto. Theodore no era tan bueno en francés, solamente entendía una palabra de cada tres.

Había conocido a Amira hacía un tiempo en una cena de año nuevo y lo cierto es que aunque ella le miraba con desdén en ese entonces, fue realmente educada. No cayó del todo bien a su padre, pero como el mismo dijo, era alguien tolerable y su educación lo era aún más. Theodore la calificó como alguien que estaba solamente por estar; no alguien que quisiera estar allí en realidad. Lo notó en cuanto vio el rostro pálido de James al presentarla y supo que ambos habían discutido antes de la cena.

Amira Craston se parecía bastante a James, pero solamente en lo físico. Ella tenía veinte años, algo más baja que James e igual de rubia, pero de ojos oscuros en vez de grises; casi como los de Star Matthews. Su personalidad podría definirla como alguien que ansía demasiado. Amira era demasiado soñadora; Theodore ahora podía decirlo.

Una suave música invadió el ambiente, Amira se había girado a él con una sonrisa mientras le susurraba al oído— Esa canción de piano es hermosa —le dijo muy bajito, antes de volver su atención al sujeto que volvió a hablarle.

Theodore volvió la vista al frente y siguió analizando el acabo del domo. Figuras geométricas entrecruzadas entre sí, piedras brillantes estancadas aquí y allá, adornando el metal en otras figuras, como si fueran caminos.

Lo distrajeron, todo hay que decirlo. Antes de darse cuenta, el rostro severo de su padre llegó a su mente. Salir de casa fue sumamente fácil ese día, pues él estaba fuera del país, exactamente en Alemania desde principios de las vacaciones y solo escribía de cuando en cuando, Theodore le había escrito para decir que estaría fuera de casa, pues daría un paseo. Seguramente su padre contestaría la carta uno o dos días después. Edward decía que se había vuelto huraño, por así decirlo, pero para Theodore era mejor de ese modo. Por un tiempo le preocupo que su padre actuara como cuando fueron atacados en casa, poniéndolo bajo vigilancia todo el tiempo.

Hubiera sido problemático.


— ¿Y bien? —había preguntado su padre apenas se lo encontró la tarde siguiente a cuando volvió a casa por vacaciones, pues había estado fuera toda esa semana, según le dijeron los elfos. Philip Nott estaba sentado en la sala de visitas y con una taza de té en la mano, la tarde estaba cayendo y no había ningún candelabro encendido, la poca luz natural que se filtraba por las ventanas hacían que la mitad de su rostro fueran una sombra, pero sus ojos azules parecían brillar como el zafiro en el anillo que tenía en la mano.

Theodore saludo formalmente primero, una suave reverencia y luego se había sentado frente a él— Padre —dijo sereno— te debo una explicación.

Philip Nott asintió— ¿Por qué buscabas a Karkarov? —Preguntó— ¿Por lo que dijo Edward acerca de que podría ser conveniente? Creí que quedamos de acuerdo en que ese mago no era alguien de confianza. Demasiado cobarde.

Él solamente negó con la cabeza, ya había ensayado su respuesta, pero una cosa era planificar una mentira y otra distinta decírsela a su padre. Sereno su rostro y hablo con duda disimulada— Regulus Black —contestó, de reojo, notó como su padre tuvo una pequeña pausa en sus manos, pero luego siguió como si nada— hay algo que quería confirmar.

Philip bebió largamente su té y manteniendo la vista baja— ¿Regulus Black? —Dijo con algo de duda— lo recuerdo. ¿Por qué el interés, hijo?

Theodore le miró a los ojos. Desviar la mirada era igual a mentir— Un sangre pura, sagrado veintiocho, el único de los que aun estando bajo alianza mágica fue declarado como traidor al señor Tenebroso —Theodore bajo un poco la voz— Averigüe que iba a huir hacia américa y que Karkarov lo iba a ayudar. Quería preguntarle si sabía de las razones de Regulus —soltó la respiración despacio, dándose a sí mismo aire culpable— No te lo dije porque temía que pensaras que guardo dudas… pero francamente, padre, ¿No es la dimisión de Black sospechosa?

Philip suspiro y bajo su taza de té, luego se cruzó de brazos— Nunca me molesto que seas curioso, hijo —murmuro y sonaba a un regaño, Theodore bajo la cabeza un poco— pero si tienes dudas acerca de algo, lo mejor es siempre decirme primero. ¿Te das cuenta de que nada de esto hubiera pasado si hubieras recurrido a mí? —Theodore asintió despacio, y cuando finalmente miró a su padre, vio una especie de expresión de satisfacción en su rostro, casi parecía estar sonriendo— no te estoy felicitando por tu osadía, pero no creo en la suerte; si saliste bien parado de todo lo que sucedió solamente se debe a tu ingenio. Bien hecho.

Theodore se mantuvo serio, más por costumbre que por otro motivo, en realidad estaba estupefacto— Gracias padre —alcanzo a decir.

—No te estoy felicitando —volvió a decir Philip, ahora ya serio— Pasando a otros asuntos ¿Encontraste lo que buscabas? —La pregunta le descoloco tanto que se le debió notar en la cara, pues Philip alzo casi imperceptiblemente ambas cejas— Dung me contó que ingresaste a todas las cámaras de la casa buscando algo. ¿Es algo para nuestro evento? ¿Tu collar está bien? La última vez que cambiaste la cadena fue hace mucho tiempo, creo haberte comentado que conseguí una de filigrana de plata hace un tiempo con propiedades mágicas mejores que la que tienes.

—Mi collar está bien —murmuro Theodore algo incómodo. Las cámaras de la casa eran las habitaciones de seguridad con objetos mágicos que su familia había acumulado por generaciones, y también estaban las joyas menos valiosas y las de mejor uso— no es necesario cambiar nada. Estaba buscando gemelos, unos con amatista.

Philip le miró pensativo— La amatista es para la guerra.

Theodore asintió— y yo he vuelto de una batalla, padre. ¿Sabías que Edward carga siempre consigo pociones de emergencia? Incluso tiene Bezoar. Debo ser precavido.

Philip sacó la varita de su bolsillo, Theodore solo miró en silencio la floritura que hizo. Cuando un mago saca la varita delante de otro, lo lógico era sacar la tuya también; Theodore era bastante quisquilloso con eso, siempre teniéndola cerca de su mano lista para ser tomada al menor indicio de ataque… pero desde siempre, cuando su padre sacaba su varita frente a él, Theodore nunca sintió la necesidad de buscar la suya, aunque le estuviera apuntando, como ahora mismo.

— ¿Padre? —pregunto cuando una ligera brisa morada choco contra él.

Philip se puso de pie y guardo su varita— No creí que esto fuera necesario hasta tu mayoría de edad —murmuro— acabo de liberar las protecciones de todas las propiedades y las cámaras de las demás casas para ti. Después del evento, yo estaré fuera bastantes días y nos veremos poco. Si necesitas alguna cosa más, pregunta a Dung donde encontrarlas y podrás ir tú mismo por ellas.

Theodore no pudo ocultar su sorpresa, agacho de nuevo la cabeza para mostrarse agradecido— Gracias padre —dijo, y no pudo ocultar la satisfacción en su voz.


— ¿Theodore? —una mano le dio un pequeño toque en el hombro.

Él se volvió hacia Amira, tan distraído como estaba no la oyó— Lo siento —se disculpó— Dime.

Ella le dedico otra sonrisa— No te preocupes —dijo bajito— comenzara pronto, quería darte esto.

Amira le entrego en la mano una especie de caracola pálida. Theodore había visto unas cuantas hacía un tiempo. Eran un objeto mágico que servían para grabar sonidos.

—Puedes guardar hasta cinco horas con esta —siguió hablando— podrás guardar toda la obra si quieres.

Theodore acepto algo dudoso— Te devolveré una nueva en lugar de esta —le contesto. Así sería un préstamo en lugar de un obsequio.

Ella alzó ambas cejas y su expresión era satisfacción pura— y yo lo agradeceré —contesto.

Si, era realmente educada.

Amira parecía odiar las formalidades que significaban que su familia tuviera un vínculo mágico con los Nott y aceptaba con desdén los cumplidos que le hicieron durante la cena, tanto su padre como él; y ya después de la cena rechazo también amablemente los futuros beneficios que podría resultarle ser vista como amiga de su familia. Obviamente todo esto le llevo a ser mirada con ofensa por sus familiares, excepto uno de sus tíos, que mal oculto una risa despectiva.

Theodore no le dio mucha importancia a esa actitud. Mientras fuera respetuosa ellos no la molestarían. No se podía obligar a gente a creer en la demás gente. Era simple.

Pero todo cambió después del Gran Evento, como le decía Edward, la fiesta que dieron en casa poco después de las vacaciones. Theodore había saludado a mucha gente, conversado con muchos más y bailo demasiadas veces para sentir que era una velada interminable y algo incomoda, pues tuvo que bailar con Eleanora Taylor y no intercambiaron palabra alguna, ella solamente miraba a sus propios pies, solamente cuando terminó la canción y Theodore le dio las gracias por visitarles levantó el rostro y pareció más relajada.

James había sido llamado con las demás cabezas de familia a una reunión. Edward también se marchó, pero antes le susurro que le contaría todo de lo que hablaron luego… además menciono que le había visto antes de su encuentro anterior, buscando en estanterías de tiendas de artículos y que si buscaba algo en especial, le preguntara.

Lo más raro de aquella noche, fue la manera extraña en la que se comportaban esos dos. James parecía especialmente nervioso y no lo culpaba, pues era la primera reunión formal a la que asistía y fue presentado como el primer mago vinculado a él y todo mundo no dejaba de mirarle. Cuando se lo menciono a Edward, él solamente le sonrió y le dijo que lo dejara ser. Theodore le pidió a Edward que le ayudara si alguien lo molestaba y el volvió a decir que era alguien amable.

Theodore no se sentía amable en absoluto, después de todo, solo cuidaba de los suyos como esperaba que cuidaran de él. Era un intercambio justo.

Cuando la noche iba ya a finalizar y había cada vez menos invitados, las gemelas que estuvieron durante casi toda la fiesta con Amira, se alejaron de ella y se acercaron a él. Recordó ese momento con cariño, pues Roxanne, la más atrevida de las dos, le pidió que bailara con su hermana Aline. Theodore no pudo decir que no y cumplió su deseo, las gemelas estaban ataviadas en bonitos vestidos a juego y sus cabellos en coletas altas y elegantes adornadas con flores y broches de oro blanco. Aline era una niña dulce y muy educada que se esforzaba demasiado para ser perfecta, Theodore lo notaba en como bailaba.

Luego de eso, ambas hermanas habían insistido en que les enseñara aquel lugar especial donde puso el pisapapeles que ellas le obsequiaron, ya que su hermano se les contó. Él aviso primero a Agatha Craston, quien dio el permiso con algo parecido a la desconfianza en sus ojos, pero no dejo de apreciar los modales de Theodore por pedir permiso a ella primero y envió a Amira con ellos. Theodore le cedió el paso a Amira por las escaleras y el la siguió con ambas gemelas que se le colgaron de las enguantadas manos. Eso fue raro, raro y de alguna manera también adorable a su modo. Por un momento imagino que las gemelas eran sus hermanas, o al menos primas suyas. Sonrió levemente sin darse cuenta mientras subía por las escaleras hacia el pasillo superior y acceder a los pasillos principales que conectaban a las habitaciones de la casa.

—Señor Nott, me gustaría ir al baño un momento —dijo Amira desde el pie de la escalera, mirándolos fijamente.

—La tercera puerta de la izquierda —contesto, las gemelas aun sujetando sus manos— estaremos dos puertas más al fondo a la izquierda.

Amira había asentido y camino por detrás de ellos. Theodore guio a las gemelas hasta su habitación y dejo la puerta abierta para que Amira los encontrara fácilmente.

Como era la primera vez que las niñas veían su habitación, sus ojos curiosos revolotearon por todas partes. Aline de dejó caer que su habitación era más grande que la sala de su casa; Roxanne le codeo en el estómago para callarla, Theodore casi se había reído por eso, en su lugar se llevó una mano a la boca y se aclaró la garganta. Él les apunto al el pisapapeles, que estaba sujetando una hilera de libros en un estante gigantesco que llegaba al techo, pues eso era una de las cosas que Theodore tenía más en su habitación, libros. Las niñas hicieron preguntas acerca de ellos, por supuesto.

— ¿Alguien las molesto? —pregunto Theodore, recordando los temores que James le confió acerca de sus pequeñas hermanas.

Roxane negó con la cabeza— Nadie —dijo de inmediato y alzo una de sus manos mostrándole la pulsera de oro que traía en la mano, se veía muy antigua— James nos dio estos amuletos.

Theodore se había sentado sobre su propia cama y se había cruzado de brazos esperando, pues presentía que ellas le iban a pedir algo… aunque al parecer las gemelas no encontraban valor para hacerlo; ni siquiera Roxanne, si no que seguían inspeccionando su habitación y haciendo preguntas y Theodore respondiéndolas. Incluso ofreciendo prestarles algo interesante que leer de vez en cuando; al menos en vacaciones.

—Me gusta este libro —dijo Aline, tomando uno de la estantería. Theodore casi salta de su cama, pues el libro tenía en medio el sobre que le obsequio Granger.

— ¡Lo siento Señor Nott! —dijo Aline de inmediato, agachándose para levantar lo que tiró su hermana.

— ¡No lo toques! —dijo Theodore de pie de inmediato, acercándose a zancadas y rápidamente levanto el sobre abierto que derramo las entradas… pero cuando observo a las gemelas, sus caras eran de pánico. Theodore puso el sobre y las entradas en uno de los espacios vacíos de los estantes y se acercó a ellas— Lo siento —les dijo en tono amable y acuclillándose frente a ellas y sorprendiéndolas aún más— es algo importante y lo encante para que nadie que no sea yo pueda tocarlos. Te hubiera lastimado la mano, Aline. ¿Lo entiendes?

Roxane fue quien habló— Entendemos —dijo asintiendo— James tiene una caja que nadie tiene permiso de tocar. Tío Julián lo tocó una vez y le quemó la mano.

—Lo siento, señor Nott —dijo Aline con voz bajita— no debí tomar el libro.

—No estaba prohibido, yo debí tener cuidado. No pasa nada —les dijo.

En ese momento alguien llamó a la puerta. Amira había llegado. Theodore se incorporó de inmediato. ¿Cuánto tiempo llevaba allí?

— ¡Ami! —Dijo Roxane feliz de verla, se acercó a ella y tiró de sus manos hacia el interior de la habitación — ¡Mira Ami! —le dijo cariñosamente— James no mentía, el señor Nott si usa nuestro pisapapeles.

Amira se dejó llevar de la mano y miró el gigantesco estante con atención… quizá demasiada atención.

—Es bonito —dijo, pero cuando se volvió dio a Theodore una larga mirada inquisitiva.

Después de aquella fiesta y unas dos cenas más en casa de Theodore durante las vacaciones, Amira ya no se mostraba con tanto desdén hacia ellos, en especial hacia Theodore. Desde un saludo educado hasta conversaciones acerca de artículos del profeta, ella casualmente le preguntó si podía escribirle. Antes de darse cuenta, pasaron a intercambiar correspondencia con bastante frecuencia. Fue allí que el tema salió a flote. Ella vio las entradas.

Al parecer, Amira era muy adepta a los muggles. Por eso no veía con buenos ojos tener un vínculo mágico con una familia sangre pura antigua como lo eran los Nott, peor aún, miembro de los sagrados veintiocho; pues ella asumía que eran puristas extremos. Theodore no estaba seguro de darle a entender que realmente de cierta manera lo eran, pero que, sin embargo, los Nott sabían apreciar más el talento que la sangre.

Amira vio aquellas entradas para la ópera aquel día y asumió que Theodore no era un purista, pues pocos magos sangre pura siquiera piensan en pisar un lugar que este atestado de muggles. A ojos de Amira, Theodore era el futuro tolerante de la familia Nott. Quizá del mundo mágico incluso.

Bueno, Theodore pensó, no era algo realmente cierto, pero tampoco falso. No le reveló que las entradas eran un obsequio; en lugar de eso, Theodore le propuso a Amira el acompañarlo, pues Granger no fue específica en cuestión de detalles acerca de cómo vestir y quizá costumbres para encajar, los cuales Amira parecía conocer. Ella quedó encantada, por supuesto. Además que ella misma se aseguró de que Theodore se presentara acorde al lugar a donde iría. Consiguió para él ropa Muggle, según ella, traje de etiqueta que distaba un poco de la ropa de mago.

Salió de su casa vestido con ropa Muggle debajo de la capa y uso la red Flu para llegar al callejón Diagon, antes de salir de la chimenea se quitó la capa, la puso bajo su brazo. Amira tenía también razón en algo, vistiendo como Muggle pocos magos le prestaban atención.

Se habían encontrado con Amira en la entrada del teatro; ella llevaba un vestido de satén rojo y conservador y un bolso con granates que le adornaban y que combinaban con el carmín de su pintalabios, una mezcla de pálido y rojo. Era bastante bonita, pero sonreía poco, aún con la diferencia de edad tenían casi la misma altura. Amira le guio todo el camino, mientras que comentaba que en una breve estancia en Alemania aprendió a tener un sano aprecio por la opera; sin embargo, la ópera Italiana era su favorita.

Amira sonreía poco, pero cuando la obra comenzó, ella sonrió con tal alegría…

Theodore activo su caracola mágica y espero. Entendía suficiente italiano para entender a grandes rasgos el inicio. Una cortesana; un noble. Ambos internándose en un romance… o al menos el noble; ya que la cortesana al parecer no tenía ninguna intención de hacerle caso al noble. La primera canción comenzó.

Theodore entorno los ojos al no comprender de donde venía el sonido, pues era atronador y envolvía todo el teatro. Era un dueto, voz masculina y femenina. Algo así como el coqueteo descarado. Amira estaba tarareando, sonriendo y mirando fijo a los intérpretes.

Era justo como Granger dijo, los actores actuaban y cantaban y la música lo envolvía todo.

Ni siquiera Theodore estaba seguro acerca de si podría describir la experiencia.

Casi una hora después, donde la historia que representaban los actores terminaría claramente en tragedia; la música envolvente no era atronadora como la del inicio. Era prácticamente suave y triste. La actriz femenina moría en brazos del noble que primero ella desdeño, luego sí quiso, luego abandono por su bien y que luego él humilló… pero que al parecer solo era obra del despecho, pues si la apreciaba. Amira a su lado, se limpiaba una delicada lágrima del rostro y sonreía cuando la canción finalizo y todo el teatro se llenó de un atronador aplauso mientras los actores salían al frente y saludaban al público hasta que el telón se cerró delante de ellos.

Theodore y Amira esperaron sentados a que el teatro se vaciara— ¿Te gustó? —pregunto Amira, y en sus ojos podía ver el ansia de saber su respuesta.

Él asintió— La música —dijo tranquilo y aun pensando en ello— aunque la historia creo que no tiene mucho sentido. El drama fue preparado.

A ella el comentario le hizo gracia— Claro que el drama fue preparado —dijo con una sonrisa— el melodrama es muy comercial, una buena tragedia romántica vende bastante. Pero… me gusta creer que ese tipo de amor existe. El amor verdadero.

Amira miraba hacia el escenario, con ambas manos entrelazadas y mirada soñadora.

Theodore la miró a ella en silencio. Luego miró también al escenario, donde algunos actores rezagados se abrazaban entre risas.

¿Amor verdadero?

Se preguntó.

Salieron discretamente y apenas pusieron un pie afuera, tomaron un taxi, que fue como Theodore llego al teatro, sabía tomar uno gracias a las explicaciones de Amira, para quien abrió la puerta para que entrara primero.

Cuando el taxi se detuvo a unas calles del callejón Dyagon, Theodore bajo primero y le tendió la mano a Amira cuando ella se disponía a bajar. Una vez fuera, Theodore pagó el taxi, casi ignorando a Amira cuando ella se ofreció a pagarlo. Cambió galeones por dinero Muggle y Amira ya le había explicado antes cómo funcionaba el pagar por cosas que querías o usaste en el mundo Muggle.

— En el mundo Muggle es común que las mujeres independientes paguemos ciertas cosas ¿Sabes? — Le había dicho Amira mientras caminaban juntos al callejón Dyagon.

—No somos del mundo Muggle —respondió Theodore— solo fuimos a dar un paseo allí —Amira iba a replicar, pero Theodore se le adelanto— No me mires así, yo te pedí acompañarme, es una cortesía.

Ella alzo una ceja, luego sacudió la cabeza mientras hacía una mueca— Pareces salido de…

— ¿Una obra antigua? —completó.

Ella entorno los ojos, pero luego sonrió brillantemente— ¡Exacto!

Theodore miró hacia el frente, extendiendo su brazo hacia las adoquines que bloqueaban su ingreso al callejón y estos se movieron para abrirles paso, sin embargo, él se hizo a un lado para que Amira pasara primero— Ya he oído eso antes —dijo antes de seguirla.

Nadie les prestó atención especial, quizá creyendo que por sus ropas eran jóvenes mestizos volviendo a casa. Amira uso la chimenea primero, despidiéndose de Theodore agitando la mano en lugar de decir "Adiós".

No fue el último concierto al que asistió, pues una semana después, Amira le invitó a él. En el mundo mágico, intercambiar invitaciones podía ser visto de alguna manera extraña. Sin embargo, el mundo Muggle era una especie de lugar neutral.

Vio al menos cinco obras más antes de volver a la escuela. Todas recomendadas y siendo acompañado por una muy entusiasta Amira. En las funciones, Theodore escuchaba, analizaba, y a veces (a quien iba a mentir) se maravillaba.


Las entradas de cada una de los conciertos de Opera a los que asistió (incluida la que Granger le dio) ahora mismo en su baúl, junto a sus libros. Planeaba enseñárselas a Granger y escuchar su opinión al respecto.

El compartimento que escogió no fue invadido por nadie, como esperaba, bueno, al menos no al inicio. Blaise apareció de la nada y junto a él las hermanas Greengrass, pero nadie se esforzó en mantener una charla con él. Blaise tenía una revista que Daphne leía junto a él. Astoria se sentó a su lado con un libro acerca de historia de la magia, poco común para ella, según recordaba Theodore… sin embargo, de reojo pudo notar que ella se le quedaba mirando de cuando en cuando.

A pesar de los rumores, nadie pregunto por el evento del torneo. En realidad, todos hablaban de Potter y su casi expulsión.

Por un lado, era bueno no ser el foco de atención y volver al perfil bajo, peor por otro lado… Merlín, un mortífago le atacó. Y fuera víctima o cómplice, eso merecía un poco de atención.

O quizá no.

Theodore recordó de nuevo el gran evento. Las miradas, los murmullos. Las decisiones que se tomaron por ese evento.

Porque si bien Theodore no fue llamado para participar en la reunión, si fue llamado para ser presentado a todos los cabeza de las familias, conocía a buena parte de ellos, gracias al juicio de Augustus Taylor. Algunos encuentros fueron menos alegres que otros. Frederick Taylor en especial, quien parecía nervioso. Serafina Magellan, actuando seria y educada. Alfred Darke, Rotwell Burke, Sebastian McGrath, la viuda Angelina Collins, Glen Bain, Rowan Carlson y tantos más… Brendan Motton. Allí estaban todas las facciones, treinta y ocho cabezas de familia. Todos esperando escuchar el veredicto acerca de su posición en los días que vendrían.

Y la posición de la familia Nott era la de mantenerse neutrales. De momento.

Philip lo anunció y había desde suspiros aliviados hasta ceños fruncidos. ¿Por qué permanecer neutrales?

Pues al parecer el hecho de que le atacaran había sido una de las mejores cosas que haya podido pasar, pues ahora estás en una mejor posición que antes. Los espías de la familia habían descubierto que incluso entre los más acérrimos leales al Lord se consideraba que Theodore fue víctima de un loco y desconocían a Barty Crauch Junior como alguien que fue aliado alguna vez por el hecho de haber derramado la sangre de un sagrado veintiocho, peor, la del hijo único de una familia. Por tanto, si es que el bando del Señor Tenebroso quiere retomar la alianza con los Nott, deberán hacer una muy buena oferta.

Edward había resumido toda la palabrería con una simple frase: "Si nos quieren de su lado, que les cueste"

Pues todos estaban de acuerdo en que Theodore pago con sangre por adelantado. Si no tenían al menos la promesa de importante territorio y puestos clave en el nuevo orden, sería una burla pedirles apoyo. Nadie se mostró inconforme con ello.

Pero cuando todo el mundo se marchó por fin, su padre le habló mientras subían las escaleras al segundo piso.

—Es una situación buena —había dicho— pero me molesta que haya tenido que ser de esta manera. Es extraño no cobrar venganza adecuadamente. Territorio y puestos importantes a cambio de olvidar que alguien quiso matarte tiene sabor a poco, no se siente que sea suficiente. Si de mí dependiera, le recordaría la sociedad mágica que nadie que confabula para atacar a un Nott tiene un destino agradable —dijo sombrío— en fin, Edward está organizando todo para cazar a Karkarov. Al menos podremos desquitarnos con él. Incluso si lo atrapa el Lord primero, que me lo entreguen vivo está en mis condiciones para una alianza.

El tren llegó y los compartimentos se vaciaron al instante. Blaise dijo que iría por una maleta extra que había traído. Daphne le acompaño, Theodore esperaba encontrarse solo, pero Astoria seguía sentada a su lado.

— ¿Estas bien? —le preguntó.

Theodore entorno un poco los ojos— Si —le contesto— ¿No irás con Daphne?

Ella abrió la boca, pero no dijo nada. Solamente asintió y se fue.

Theodore guardo el libro que estaba leyendo y saco su baúl para bajar del tren. Fue algo un tanto espectacular que nadie quisiera caminar cerca de él, como si tuviera viruela de Dragón, le temían, al parecer. Eso casi le hace sonreír.

Ya en el andén, se paró a mirar las ediciones del profeta que estaban en una vidriera. Los titulares eran acerca de la credibilidad de Potter, para variar.

Alguien choco contra su hombro y luego un ruido sordo, claramente la caída de alguien en el piso de madera, al mismo tiempo que muchas hojas de papel fueron regadas por el suelo. Theodore vio como un par de chicas Ravenclaw pasaban riéndose y cuchicheando. Theodore se volvió hacia atrás y vio a Luna Lovegood sentada en el suelo mirando a aquellas dos chicas, cerró los ojos, suspiro y luego recién notó que Theodore la miraba.

—Theodore Nott —le dijo aún sentada en el suelo— lo siento. Tropecé contigo.

Él sabía que en realidad la empujaron— Lovegood ¿Estás bien? —le preguntó mientras ofreció su mano para ayudarla a que se pusiera de pie.

— Sí. Gracias. —dijo ella mientras tomaba su mano, pero apenas estuvo de pie, se volvió a agachar para recoger las hojas de papel.

Theodore también se agacho y le ayudo en la tarea— ¿Por qué traes hojas sueltas en las manos?

—Estaba dibujando —contesto ella. Y era verdad, pues había muchos bocetos de criaturas en ellos. Bocetos de criaturas que Theodore no había visto jamás en la vida.

—Ten cuidado en otra ocasión —dijo ya de pie y entregándole las hojas que recogió.

Ella también se puso de pie y recibió los papeles, pero luego miro de reojo a su alrededor— Todos nos miran —dijo con una casi sonrisa— con todos los rumores, deben creer que es increíble que seas el tipo de persona que ayuda a alguien a recoger sus cosas.

A Theodore el comentario le pareció divertido porque sospechaba que si la empujaron contra él quizá esperaban que él le hiciera daño o al menos la asustara.

— Quizá maldije uno de tus papeles y te cocerá la mano cuando lo toques —le dijo serio para asustarla.

Ella solo le seguía mirando— No es cierto —dijo convencida— no eres ese tipo de persona. Realmente eres muy amable. Gracias, Theodore Nott —dijo con una sonrisa tonta— adiós.

Lovegood se fue dando saltitos.


Dos actualizaciones en el mismo mes ¿que esta pasando? Pues pasa que el meteorito llega en octubre y pues... Broma. :D!

Hoy tengo insomnio y pues aproveche a ser algo productiva. Además, buena parte de este capítulo ya estaba escrito y editado, prácticamente la mitad y tenía el cuerpo del resto, asi que ha sido sencillo. El el proximo cap ya aparecerá Hermione, y claro, la bien amada Umbritge.

Y si, gente, aún neutrales. De momento.

Creo que hace tiempo mencione que vamos a la mitad de la historia, si no, bueno, vamos a la mitad de la historia... pero dudo que la termine hasta diciembre. Lluvia de Oro me dejo un comentario mencionando que siente que este fic tiene siglos... y pues es así. Lo comence en 2017. Son mas de dos años ya :O! OMG. Agradezco la paciencia de quienes me comentan desde hace tiempo. A Lluvia de Oro, por ser de las antiguas le dije que le podía dar un pedacito del capitulo final que ya tengo escrito (practicamente desde que inicie el fic) sin espoiler y me puse a pensar: Debería también regalar algo a los demás. Noctisluxys, artemisvan89, son de los comentarios constantes aquí y si me dejan sus peticiones acerca de que adelanto quieren, se les podría pasar un pedacito sin spoiler. Cosas como: El final, el prologo, el primer encuentro Philip Nott-Hermione o el Edward-Hermione (que se van a encontrar), un momento realmente romantico de Theomione, celos abiertos (cualquiera de las dos partes), ¿Lograra Star volver con los Praethor? el encuentro de Theodore-Karkarov, algo que incluya a Emma Nott, la muerte de... (describiendo como es la muerte, se me acaba de ocurrir que eso igual puede contarse sin decir quien es quien muere) o un pasaje random, que sea de relevancia absoluta pero en el que no diga nombres. Les doy a escojer entre eso (que el resto sería spoiler)

PD: Lluvia de Oro, si gustas, puedes escoger cualquiera de los que menciono.

Y pronto subo otro cap, que igual lo que sigue es de lo que más tengo material. Originalmente, planeaba mi fic desde el baile de cuarto en adelante. Me saque el segundo y tercer libro de la manga jajajajaja.

Gracias por leer, un abrazo :D!

Oh, por cierto, estoy comenzando a titular mis capitulos.. aún estoy pensando en si debería editar los anteriores y colocarle el titulo que corresponde.

Edito: O . Wonder , acabo de darme cuenta que tu nick no aparece cuando publico, porque desde el anterior capitulo te mencionaba y pues no sales jajajaja. Creo que tiene que ver con el punto en tu Nick. Y bueno, el regalo también va para tí :D! espero que lo leas, aunque igual te enviare un privado. Igual me sigues desde hace tiempo :D! Y quien quiera pronunciarse, igual. Hoy estoy regalona :D! Comenten!