CAPITULO 33

EL PESO DE LAS MENTIRAS PARTE I

— Nunca planee aceptar el vínculo —le dijo antes de ponerse de pie, tomar su mochila e irse.

Bien pudo haber roto la pluma que tenía en la mano por la fuerza con la que la sujeto… si esta fuera de material sencillo, pero no. Theodore Nott usaba una pluma hecha con filigrana de plata, lo que la hacía prácticamente irrompible. Es más, seguro le dejaría una marca en los dedos, a pesar de estarla sosteniendo con la mano enguantada.

Tomó aire, conto hasta cinco y lo soltó.

Era una buena técnica, eso de la respiración.

Solo se quedó quieto, muy quieto.

—Theodore —dijo James, sentándose delante suyo— ¿La profesora Vector? —dijo mirando para todos lados.

Se suponía estaba arreglado que James estaría a cargo de su supervisión el tiempo que durara su castigo, pero justamente ese día, James tenía las asesorías para las pasantías una vez se graduara. Se suponía que la profesora Vector lo vigilaría esa ocasión, pero…

—Tenía una reunión de profesores —le contestó— Umbridge los convoco a todos.

— ¿Te envió aquí solo? —preguntó alzando una ceja.

—No —dijo escribiendo de nuevo— me envió aquí con Granger.

James seguramente había hecho una mueca. La hacía cada que mencionaba a Hermione— ¿Y dónde está?

—Se fue.

— ¿Por qué?

Theodore le dedico una mirada aburrida— Porque agotó mi paciencia y le dije que se fuera —volvió a su pergamino y continuó escribiendo— Terminare esto en diez minutos, puedes volver en ese tiempo para recoger mi varita y llevársela a Snape.

—Theodore…

El volvió a dedicarle una mirada aburrida— ¿Quieres terminar con mi paciencia también?

—Es acerca de Star —le contesto.

Theodore alzó una ceja. Generalmente James era dócil últimamente— ¿Qué pasa con Matthews?

—Solo quería avisarte que su prueba con los Praethor es en dos semanas, así que estará fuera por al menos dos días. Para que lo tengas en cuenta si la necesitas para alguna tarea.

—De acuerdo —le contesto y volvió a su pergamino.

—Te veo luego —dijo poniéndose de pie y marchándose.

—Bien —le contestó, aun escribiendo en el pergamino, pero bien podría arañar la superficie de la mesa con la punta afilada de la pluma.

Mejor, destrozar la maldita mesa hasta volverla polvo. Hacía tiempo que quería desquitarse, pero aún no. Ya tendría oportunidad y eso le daba algo de calma. Pero eso no le quitaba las ganas. Y realmente tenía ganas.

Muchas ganas.

La escuela era monótona. La sala común era monótona. El gran comedor era monótono.

Hogwarts era una especie de realidad alternativa donde nada grave pasaba y podías escuchar a gente quejarse por tener que levantarse temprano, quejarse por ir a clase y recibir tarea o por no poder completar un encantamiento, ser regañados por combinar mal ingredientes de alguna poción, quejarse porque en el almuerzo no sirvieron sus platillos favoritos y que sí habían servido la anterior semana, quejarse por tener leer más de cien páginas de apuntes para los exámenes.

Preocupaciones estúpidas y tontas, pero que al parecer podía arruinar la simple vida de simples jóvenes adultos.

"Si supieran…" pensó Theodore mientras se servía puré en el plato y algo de verduras asadas para comer de desayuno.

Pero no sabían, así que en su ignorancia eran desdichados… pero al mismo tiempo, felices.

Y Theodore los envidiaba por eso.

Desde hace un tiempo, cada noche, a Theodore le llegaban noticias actualizadas acerca de todo lo que ocurría afuera durante el día. Los ataques, el conteo real de muertes, los movimientos de dominios enteros que repercutirían masivamente en economías locales. Tenía que recibir rumores y decidir si era conveniente que se esparcieran o contenerlos, y dependiendo de cada uno de ellos, tomar contramedidas con aquellos que tenían que ver con las familias bajo el dominio de los Nott. Tenía que tener un ojo vigilante todo el tiempo, y claro, también amenazar cuando era necesario.

Sincerándose consigo mismo, estaba cansado.

Y apenas era Marzo.

Despegó la vista de su plato y paseo la mirada por el Monótono gran comedor. La mesa de los profesores aún seguía presidida por el profesor Dumbledore, pero se preguntaba hasta cuándo. Según sabía, estaban terminándose sus ases bajo la manga y pronto sería despedido o derrocado. Lo que fuera primero. En realidad no le importaba demasiado. No le tenía empatía ni repulsión, así que le daba igual.

Estaba volviendo a su comida, pero sin querer ("mentiras"), posó sus ojos en la mesa de Gryffindor disimuladamente.

"Mentiroso" se dijo a sí mismo.

Después de un escaneo rápido, no encontró el rostro que buscaba. Como tampoco lo encontró la noche anterior.

"Quizá te pasaste, Nott" se dijo a sí mismo, mirando a las charolas con verdura asada delante de él.

"¿Quizá? ¿Eso era tonta broma o una ironía?"

Theodore sacudió la cabeza.

Sintió una mirada pesada sobre él, al girarse, se encontró con los ojos azul celeste de Astoria Greengrass que parecían querer gritar que le arrancaría la cabeza a la menor oportunidad.

"Seguramente me odia" pensó, pero a estas alturas, era como echar un gramo más a la tonelada de cosas con las que tendría que lidiar en algún momento.

Pero luego Astoria dejó de mirarlo y se integró rápidamente en una charla con sus compañeras de año.

Theodore volvió la mirada inconscientemente ("mentiroso") hacia el lugar vacío que había entre Potter y Wesley.

"Y tú… ¿Me odias?" pensó.

Edward siempre decía que había que ver siempre lo bueno en lo malo, que incluso lo más oscuro tomaba un poco de brillo si lo frotabas un poco. Era una analogía ridícula, pero…

Pero…

Había un dicho, que dictaba que había dos caminos para mantenerte en la mente de alguien. El primero es hacer que te aprecien. El otro, es hacer que te odien. Y de momento, Theodore estaba ahora sí seguro de que ella lo odiaba y por eso, seguramente lo tendría presente por bastante más tiempo y no podría ignorarlo aunque quisiera.

Y luego de lo que ella le dijo en la biblioteca el día anterior antes de marcharse, estaba procesando que quizá también la odiaba un poco. Solo un poco.

Y por eso, nada debería estar perdido.

"Aún si me odia, puedo hacer que me perdone" pensó de pronto "¿verdad?"

Hermione era de naturaleza amable. Haciendo las cosas adecuadas y necesarias, ella lo perdonaría ¿Verdad?

¿Verdad?

Theodore no se dio cuenta, pero suspiró.

El usual sonido de aleteos le llegó a los oídos, corto de inmediato todo pensamiento y elevó los ojos al gigantesco tragaluz del gran comedor, por donde las lechuzas llegaban con correo y con ediciones del profeta.

El mundo pareció detenerse cuando distinguió plumas negras con vetas grises y brillantes hilos de topacio envueltos en las patas de la bestia.

La sangre se le agolpó en los oídos y todo el ruido a su alrededor desapareció hasta que solo podía oír su propia respiración. Por inercia alzó el brazo y notó que la palma de su mano al interior del guante estaba sudando y se sentía pegajosa. El ave voló hasta él y se asentó despacio en su brazo extendido mientras Theodore solo pensaba que podría vomitar en cualquier momento por lo revuelto que sentía que tenía el estómago.

Con cuidado, desato el pergamino en la pata del animal. Cuando este salió volando, fue como si fuego bajara desde su cuello hasta su espalda.

Un mensaje que no necesita respuesta, solamente podía ser un llamado.

Es lo máximo que pudo soportar.

Theodore se levantó de la mesa de inmediato y camino a paso rápido hacia el baño más cercano, entró a un cubículo, cubrió bajo la tapa del váter y se sentó allí mientras aflojaba su corbata y con manos torpes se sacó el collar que tenía en el cuello y lo sujeto entre sus manos enguantadas, haciendo una especie de capullo con ellas y dejando solamente una pequeña abertura en la que acercó sus labios y murmuro unas suaves palabras en Noruego.

Theodore cerró los ojos y llevó sus manos aun entrelazadas y con el anillo en ellas, hasta su frente.

Respiro despacio, casi contando.

El efecto fue inmediato.

La calidez que irradiaba el anillo alcanzo sus manos y también su frente y solo instantes después, se extendió por todo su cuerpo, tranquilizándolo.

Despego las manos de su frente y miró largamente el anillo que había pertenecido a su madre. De todas las propiedades mágicas de protección que su padre le había descrito que tenía, esa no la menciono jamás. El poder de funcionar como si de una poción de paz se tratase. Pero era incluso mejor que una poción de paz. Theodore lo había probado en carne propia.

"Quizá ni él lo sabía" pensó con tristeza, ya que después de todo, Theodore lo supo solo porque lo recordó en un sueño.

Le llegó una pequeña punzada a la cabeza, pero a estas alturas, Theodore lo ignoro todo. Y ahora, por fin, abrió el pergamino, lo leyó y con toda la calma del mundo, la quemo en el aire con un simple movimiento de su varita de contrabando, una que siempre llevaba escondida en la ropa.

Theodore sacó un reloj de bolsillo de su túnica y miró la hora para memorizarla.

Solo un instante después, alguien toco tres veces su puerta, pero paso de largo y escucho que se abría la puerta de otro cubículo.

Aunque al recibirlo había sido dichoso, actualmente Theodore maldecía el giratiempo que tenía en su poder.

Theodore llegó a la casa del Norte mediante un traslador que le permitió ingreso directamente a la habitación donde se atrincheraba cada vez que debía pasar tiempo en esa casa.

Estaba en un tercer piso y como en las demás casas familiares, se suponía que esa planta pertenecía al portador del título de la familia; pero Theodore se adueñó de todo el espacio y nada ni nadie le dijo nada al respecto. Siquiera su padre.

Menos sus impensables invitados, pues siquiera se atrevían a asomarse a las escaleras. Era el único lugar pacífico de la casa.

Theodore se quitó la capa de la escuela y se puso otra más acorde a lo que usaría un Nott. Se puso también el pendiente de Amatista. No le dio la gana de peinarse el cabello hacia atrás, pero si escondió una varita extra en su bolsillo; aunque siendo serio al respecto… en esa casa no la necesitaba.

Theodore cerró los ojos y se tomó un tiempo para vaciar su mente de todo pensamiento personal, como le había tocado aprender a la mala. Salió de la habitación y mientras caminaba por la alfombra de terciopelo rojo y recorría los pasillos tapizados del mismo material y los sobrios adornos sobre mesillas pequeñas, no pudo evitar pensar en los pasillos de teatros que había visitado en el mundo Muggle. Cerca de la escalera, incluso visualizo un candelabro gigantesco, como era usual en lugares así. Por un instante, se permitió tararear una canción de las muchas que oyó en sus visitas al mundo Muggle mientras bajaba al segundo piso.

—Tini —llamó cuando estuvo en el segundo piso.

—Amo —dijo la elfina, apareciendo al instante— acompáñame —le dijo.

La elfina le siguió obedientemente, pero visiblemente nerviosa.

"Lo siento Tini" pensó mirándola de reojo "cuando esto acabe, te compensare como es debido. No sé exactamente cómo, pero lo haré"

Paso a paso, bajaron las escaleras y al llegar a la planta baja, se dirigió al salón privado.

Allí, le esperaban los invitados no gratos que Theodore había aprendido a despreciar pero que debía tolerar.

Los Lestrange.


Meses antes...


—Los amo a ambos, los amo tanto —pudo escuchar sollozar a su madre, con la voz rota.

Theodore entreabrió los ojos, asustado. Se removió rápidamente para incorporarse como podía en medio de la penumbra y orientarse como pudiera. Al parecer se había dormido en uno de los sillones de la habitación de su madre, pues reconoció la habitación poco a poco.

La escucho decir algo más, pero fue demasiado bajo para que él pudiera distinguir que era. Cuando levanto la cabeza por encima del reposa brazos del sillón, pudo distinguir a una sombra alta al lado de la cama de su madre.

"Padre" pensó de inmediato y se congelo en su sitio.

Él también murmuro algo, pero luego se agachaba hacia ella.

"… Beso" pensó sorprendido.

Su padre entonces se irguió y comenzó a caminar hacia donde estaba Theodore, quien rápidamente se acurrucó contra el sofá y fingió seguir dormido.

—Theodore —le dijo mientras le sacudía suavemente el hombro— despierta, Theodore.

Él abrió los ojos y se encontró con los azulísimos de su padre, los cuales parecían brillar en la oscuridad. Aún en esos instantes, a Theodore aún le parecía increíble ver a su padre allí, pues había pasado tanto tiempo esperando que llegara a casa por fin… había pasado días admirando retratos que había en la sala principal, pero era abismalmente distinto que verlo delante suyo.

"Seguridad" le susurro una voz. "Con padre aquí, Emma %"$&%#&$/*#%"

"¿Eh?" Había sido como si una especie de ruido no le dejara escuchar sus propios pensamientos.

— Padre —murmuro.

—Theodore —le dijo en un murmullo— ¿Conoces el ciclo de la vida? —le preguntó. Theodore asintió despacio, era algo que había aprendido hacía poco y…— Bien. Tu madre dice que eres un niño listo y yo también lo creo; por eso voy a decir esto claramente: Tu madre está llegando al final de ese ciclo. Está muriendo.

Y todo alrededor desapareció para el pequeño niño. Incluso su propia voz. Todo pensamiento le abandono en ese mismo instante.

—Llorar en este momento no está bien —le dijo su padre— Es importante que tengas la mente clara para que pienses muy bien que es lo que vas a decirle y también para escuchar lo que ella tiene que decirte a ti y recordarlo a la perfección. Esta será la última vez que hablarás con ella.

—No, padre —le dijo mientras se bajaba del sillón— No llorare. El ciclo de vida es lo más natural del mundo, mamá… no, M-madre siempre lo ha dicho.

Su padre le tendió la mano y Theodore la tomó. Juntos caminaron hasta la cama de su madre, quien estaba recostaba sobre una almohada y cubierta por una manta. Su cabello desparramado y cubriéndole parte del rostro… pero con una débil sonrisa en sus labios cuando lo vio.

—Madre… —murmuro Theodore, al mismo tiempo que se soltó de la mano de su padre y apoyo las suyas en la orilla de la cama.

—Bebé —dijo ella y parecía alegre.

"No soy un bebé" quería decir, como era ya costumbre… pero tenía un nudo en la garganta que no le dejo decir palabra alguna.

—Ven aquí bebé, déjame abrazarte.

Había una hilera de pensamientos invadiendo su cabeza en ese preciso momento, todos ellos lecciones de Edolas acerca del correcto comportamiento que debía tener. Comportamiento que agradaría a su padre. Comportamiento que no coincidía con el excesivo apego con el que solía actuar su madre, pero que a Theodore nunca le molesto. El apego que en realidad siempre le gusto. Los abrazos de su madre que quería cada vez que la buscaba al final del día, aun cuando ella estuviera enferma.

Theodore se volvió hacia el hombre alto a su espalda que miraba todo en silencio.

— ¿Por qué me estas mirando a mí? —le dijo con voz profunda— Tu madre acaba de pedirte algo.

Theodore trepo la cama y se acercó a ella, quien levanto ambos brazos para alcanzarlo y acercarlo a ella y abrazarlo con fuerza mientras le daba besos en la frente. Sus manos estaban algo heladas.

—Mamá —murmuro sintiendo que la garganta podría quemarle y abrazándose al cuerpo de su madre, ocultando su rostro entre las mantas, pues sentía que podría llorar en cualquier momento y prometió no hacerlo.

—Todo irá bien, bebé. Todo irá bien —murmuro con la voz rota mientras le acariciaba el cabello con una mano— Mi pequeño bebé —le susurro.

Theodore, acurrucado contra el cuerpo de su madre, seguía intentando no llorar. ¿Qué podría decirle? ¿Qué…?

La mano de su madre, que estaba acariciándole la cabeza, de pronto se detuvo.

Theodore se quedó en blanco de nuevo y era como si tuviera fuego en el estómago y una prensa aplastándole la cabeza.

— ¿Mamá…? —la llamó, pero no hubo respuesta.

A su espalda pudo escuchar como su padre se aclaraba la garganta— Guarda silencio un momento, Theodore.

—Pero…

—Acaba de irse —le dijo— acaba de hacerlo justo ahora.

Theodore se quedó quieto, muy quieto. Ni siquiera se atrevió a levantar la cabeza. La última vez que podría hablar con su madre y no le pudo decir nada. Su padre se lo había dicho claramente y él no había podido hacerlo. Era el peor hijo del mundo, con razón su padre no había tenido prisa en volver. Las lágrimas salieron como fuego de sus ojos.

Theodore levantó la cabeza, buscando el rostro de su madre. Quizá aún podría escucharlo ahora y…

Pero una mano le cubrió los ojos y la otra le rodeo la espalda por debajo de los brazos y le levanto en el aire hasta que sintió la gruesa túnica de su padre contra sus manos. Theodore sintió la cálida mano de su padre en su espalda y la otra contra su cabeza, empujándole hacia su cuello, como si quisiera que escondiera su rostro allí si quería.

Theodore rodeó el cuello de su padre con ambos brazos y se sujetó con fuerza mientras sentía que él comenzaba a caminar.

"Lo siento, Papá" pensó mientras entrelazaba los dedos de sus propias manos alrededor de la nuca de su padre.

Theodore abrió los ojos de golpe.

La garganta le ardía y parecía que le estallaría la cabeza en cualquier momento por el dolor que le producía esas ya conocidas punzadas violentas.

Estaba algo desorientado, pero luego de un rápido reconocimiento del Metro, reaccionó de inmediato y casi olvidó sus dolencias al percatarse de que se durmió apoyado contra la cabeza de Hermione y que había estado sujetando la mano de ella con bastante fuerza.

Theodore le soltó la mano de inmediato, al mismo tiempo que el metro se sacudía, la mochila de Hermione caía con un golpe sordo al suelo y ella despertaba.

—Oh —murmuro ella, frotándose los ojos— Me quede dormida —dijo mientras levantaba rápidamente su mochila.

—Si —dijo Theodore parcamente mientras buscaba en la suya la botella con poción para calmar su dolor de cabeza.

— Oh, estamos a una parada —dijo ella, mirando a través del cristal de la ventana de en frente.

— Bien —dijo Theodore luego de darle un trago a su poción y sentir cierto alivio del dolor.

Miro de reojo a Hermione, pero ella actuaba tranquila. ¿Se habría dado cuenta de lo que él en su inconsciencia había hecho?

Theodore estaba preparando una disculpa y una explicación en su mente en ese preciso instante…

… Pero entonces tendría que contarle a Hermione acerca de sus episodios de "amnesia de sueño". El cómo le sucedía que lo que soñaba (fuera lo que fuera) le dejaba tan aturdido que no lograba recordar siquiera de que se trataban esos sueños, pero que a veces eran tan violentos que le hacían actuar de manera extraña… y el dolor de cabeza era la menor de las cosas extrañas que le llegaban a pasar. Tomar con fuerza la mano de la gente tendría que sumarla a la lista.

Sin embargo, Hermione no dijo nada.

"Quizá no se ha dado cuenta" pensó, mirándola de reojo y de rato en rato mientras abandonaban la estación del metro, aunque tuvo que dejar de hacerlo porque ella le pesco al menos tres veces.

Theodore no podía dejar de pensar en que aún inconsciente, se comportó como alguien que de alguna manera se aprovechaba de una chica durmiente. Pero luego pensó en que las cosas tomaban el sentido que uno quisiera darle.

Decidió que no diría nada si ella no decía nada.

Si Hermione se había dado cuenta y no le reclamaba por ello, entonces no era algo malo. Y siendo sincero, si ella no se había dado cuenta, era mejor. Sería como si nada hubiera pasado.

Se llevó ambas manos a los bolsillos del pantalón y siguió caminando a su lado.

Llegaron por separado a la estación de trenes para tomar el expreso a Hogwarts con el resto de alumnos que volvía a la escuela, pero aún en medio del gentío no perdió de vista a Hermione, y ella tampoco. De cuando en cuando, sus miradas se cruzaron al abordar y también al bajar.

….

Hermione se veía agotada. Apenas llegó al pie del árbol se dejó caer en el suelo y se recostó contra el tronco y soltó una especie de respiro cansado antes de darle los pergaminos con las traducciones que había comenzado a hacer.

Theodore los tomó y los leyó por encima, pero mirando de reojo como ella tenía la vista perdida en el lago, como si fuera a dormirse en cualquier momento.

—Deberíamos dejar el resto para la próxima semana, ya es jueves y el lunes llegará antes de que nos demos cuenta —le dijo.

—Pero…

—No —dijo la cortó— esto es suficiente avance. Puedo trabajar una parte de las interpretaciones del rúnico el fin de semana y cuando terminen los simulacros volveremos a hacerlo juntos —ella le miró entrecerrando los ojos con una especie de mal disimulada desconfianza. Él podría mirarla del mismo modo, pero se contuvo— Si descubro algo muy importante o clave, te avisaré.

— ¿Me enviaras una lechuza? —le dijo sugerente.

Él le miró entrecerrando los ojos— ¿Es una broma?

Ella negó con la cabeza— No, solo estoy siendo formal. A ti te gusta lo formal.

"¿Por qué de pronto suenas tan casual?" se preguntó.

—Cierto —dijo siguiéndole el juego— y no me gustan las bromas.

Ella apoyo el rostro contra su mano— ¿Por qué no? Es divertido.

—Lo que se considera "Divertido" es demasiado variable —le contesto "y tiene demasiadas interpretaciones"— la ironía por otro lado… es crítica inteligente y amigable.

Ella se volvió de inmediato hacia el— ¿Amigable? ¿En serio?

"Muy en serio" pensó, pero solo se encogió de hombros, notando que ella estaba usando ironía en ese preciso momento. Para él, eso era Divertido, de algún modo.

De pronto, escucho aleteos y un chillido. Theodore vio como una lechuza marrón se acercaba volando hacia ellos. La lechuza de su padre.

Theodore recibió al animal, que voló directamente hacia él. Era un ave demasiado lista, de cerca, podía verle los delicados hilos de topacio envueltos alrededor de sus patas para disimular junto a su plumaje. El topacio encantado hacia que el ave aumentara sus sentidos, además de otras propiedades mágicas que la volvían una perfecta ave mensajera que difícilmente sería capturada. Costaban una fortuna, pero valía la pena cada galeón.

¿Por qué no está usando al animago? Se preguntó

Sacó el mensaje de la pata del animal y apenas lo hizo, el ave echó a volar. Theodore se quedó congelado un instante. Ese era un mensaje que no esperaba ser contestado.

No era un mensaje, era una orden o un llamado.

Desdobló el pergamino con cuidado y en el leyó solamente un lugar, una hora y la instrucción de ir solo, debajo la firma de su padre y el traslador que debía utilizar. Su padre le estaba llamando.

—Tengo que volver al castillo —le dijo a Hermione, aun mirando el pergamino— ¿Vienes?

—Claro —contesto ella de inmediato.

Él le ofreció la mano y ella la tomó de inmediato. Esa acción le agradó. El tiempo en que ella le había apartado la mano parecía ya muy lejano.

Ya en el castillo, lo primero que hizo fue dirigirse a su sala común y encaminarse a su habitación. Los que estaban allí le miraban de reojo, pero no le importo demasiado. Ya en su habitación, solo Blaise estaba allí, recostado en su cama leyendo algo mientras que Draco estaba saliendo de la ducha con una toalla sobre sus hombros.

—Eh, Nott —le dijo Blaise, a modo de saludo y Theodore solo levanto una mano hacia él.

Draco lo ignoró muy mal disimuladamente… pero no pudo hacerlo demasiado cuando Theodore sacó un recipiente de plata de uno de sus cajones y luego de echar el pergamino con el mensaje en él lo quemó con fuego maldito.

— ¡¿Qué carajos, Nott?! —le gritó. Draco odiaba el fuego maldito desde la vez que intento hacerlo y se quemó la manga de la túnica. Él no podía controlarlo ni la cuarta parte de bien que podía Theodore y por eso se volvía loco cada que Theodore lo usaba en su presencia.

—Oh, viejo —dijo Blaise en una risotada— cada vez te sale mejor.

— ¡Cállate! —Le gritó Draco apuntando a Blaise, pero luego se volvió a Theodore, mientras él se cambiaba de zapatos a botas— y tú, Nott; maldito pirómano, deja de hacer eso en la habitación. El fuego maldito está prohibido.

Theodore le miró serio— Estoy seguro de que intentar fabricar veritaserum y probarlo con Crabbe y Goyle también está prohibido, pero nadie ha ido corriendo a contarle a Snape ¿o sí? —fue lo único que le contesto mientras terminaba de ponerse las botas e ir a su armario.

A través del espejo de una de sus puertas vio que Draco se quedaba con la boca abierta, pero luego ponerse tan rojo que parecía querer estallar. Blaise por su parte, le guiño un ojo.

Theodore sacó una de las pequeñas cajoneras encantadas una bolsita de cuero, en donde acostumbraba guardar el giratiempo y la echo a su bolsillo.

—Metete en tus asuntos —le gruño Draco— si quemas algo de mi lado, lo vas a pagar —dijo furioso.

—Hecho —dijo Theodore mientras tomaba una pluma de plata de entre medio de las pequeñas cajoneras del mueblecito al lado de su cama y lo guardo en el bolsillo— Sabía que podíamos llegar a un acuerdo sobre esto.

Draco no dijo nada, solo volvió a encerrarse en la ducha.

Blaise sonreía mientras seguía mirando su libro y sacudía la cabeza— Son como un viejo matrimonio —dijo bromista.

—Como sea —murmuro Theodore, dirigiéndose hacia la puerta.

— ¿Oh? ¿Te vas, Nott? —le pregunto curioso.

— ¿Por qué preguntas? —le dijo mientras pasaba por su lado. Desde hacía un tiempo Blaise estaba más observador que de costumbre. No le terminaba de gustar.

—Nada en especial —dijo encogiéndose de hombros, pero en un rápido juego de manos, un pequeño pedazo de papel doblado sobresalió entre los dedos de la mano que le extendió— Addio.

Theodore extendió la mano, alcanzo el papel y lo guardo en el bolsillo mientras Blaise hacía como que nada había pasado.

Abrió el papel en el pasillo y lo leyó rápidamente y le arranco una sonrisa descarada.

Los rumores se extendían muy rápido. La anexión de Francia a la Red Flu era un hecho, ahora, al parecer muchos en Italia veían eso con buenos ojos y estaban buscando caminos para estar lo más cerca posible de ese gran negocio. La madre de Blaise, al parecer, conocía a bastante gente influyente y quería ser usada como puente. Y Blaise, el puente de otro puente.

"El mundo se mueve demasiado deprisa" pensó mientras llegaba hacia los desiertos pasillos de los jardines traseros del castillo y se hacía a sí mismo un hechizo desilusionador.

Con el sol cayendo por el horizonte, Theodore se encamino al bosque prohibido y se internó en él a paso decidido. Aun ante un llamado no programado, llevaría algo de buenas noticias a su padre.

Luego de activar el traslador, Theodore apareció en el salón de eventos de su casa. Camino por el piso pulido y planeaba dirigirse directamente al estudio de su padre… pero apenas y cruzo la puerta, Edward apareció delante suyo, debió estar escondido al lado de la entrada.

— ¡Theo! —le dijo muy animadamente— ¡Se siente una eternidad desde la última vez que te vi!

Theodore alzó una ceja— Te escribí hace dos días —le dijo extrañado.

—Rompes mi corazón —dijo lastimeramente, pero le dio suaves palmaditas en el hombro con una mano— No es lo mismo que hablar en directo… oh, tu capa está sucia.

Theodore miró a donde Edward le apuntó y efectivamente lo estaba, con lo que parecía ser, musgo.

Edward negó con la cabeza y rápidamente sacó su varita e hizo un accio, una capa nueva voló hacia él y prácticamente hizo malabares para sujetarla al mismo tiempo que su varita ¿Por qué no usaba la otra mano? Se preguntó fugazmente.

—Gracias —dijo Theodore mientras se quitaba la capa sucia de la escuela y recibía la otra.

—El cuello está torcido —dijo Edward, mientras que él se abotonaba la capa— Yo lo hago por ti.

Y lo hizo, pero de nuevo volvió a usar solamente una mano. Iba a preguntar que le pasaba, pero de pronto, Edward se acercó bastante, como si fuera a abrazarlo.

Theodore se crispo de inmediato.

¿Qué demonios…?

Pero Edward le susurro algo.

—…Mancia —fue lo único que alcanzo a escuchar antes de que se alejara de nuevo y terminara de arreglarle el cuello de la capa, dejándole totalmente descolocado.

—El amo lo espera en la sala privada, joven amo —la voz de Dung, el viejo elfo, resonó en el salón.

—El joven amo está listo —dijo Edward, prácticamente caminando por delante de él y yendo directo hacia el sala privada— Vamos, Theo. Philip espera.

Theodore solo asintió en respuesta y le siguió.

Su padre estaba sentado en un sillón en el centro del salón, parecía que acababa de llegar, pues aún tenía puesta una capa de viaje y toda la indumentaria que solía usar cuando tenía que hacer cosas fuera. El cinturón de cuero, los ribetes de plata adornando las hombreras de su capa.

—Padre —le saludo educadamente antes de sentarse en el sillón en frente de él.

Philip Nott bebía de una taza de té y la bajo de inmediato— Theodore, bienvenido —contesto— ¿Algún problema para llegar?

—Para nada —dijo sacudiendo la cabeza— además, también traje el giratiempo. Todo irá bien.

—Es bueno saberlo —dijo pensativo.

— ¿Y Alemania, Padre?

—Expectante. Una vez la Red Flu comience a funcionar en Francia, se iniciara la negociación para la anexión.

Theodore asintió satisfecho— De hecho, al parecer también podríamos apuntar a Italia y… —el Elfo apareció entonces con una taza de té para Theodore y la colocó delante de él— Gracias Dung —dijo mirando al elfo. Pero entonces se fijó que Edward estaba parado a la espalda de su padre, no sentado junto con ellos.

Edward siempre se sentaba con ellos, en especial durante una charla como aquella.

— ¿Italia? —preguntó su padre.

—Oh, si —contesto, aún curioso, pero con toda su atención en su padre— Antoinette Zabini envió una nota con su hijo, que es mi compañero de casa. Quiere una reunión y ser el contacto para organizar una coalición en Italia una vez Francia sea un éxito.

Su padre asintió— Si, se mueve en buenos círculos. Habrá que tomarla en cuenta. Nunca se sabe.

Theodore asintió y tomó la taza en sus manos para llevársela a la boca. Entonces, Edward se aclaró muy disimuladamente la garganta.

Su padre se volvió hacia el de inmediato.

—Lo siento Philip —dijo mientras se aclaraba la garganta de nuevo— parece que finalmente me resfriare. Alemania es acogedor, pero demasiado frío.

Su padre negó con la cabeza, pero Theodore se quedó mirándole la cara a Edward, quien primero miraba a las tazas de té y luego miraba hacia otro sitio.

Theodore, aún con la taza en la mano miró hacia su padre, quien también le miraba fijo, como si estuviera esperando.

—Eres un descuidado, Edward —dijo Theodore casualmente y negando con la cabeza.

— ¿Cómo van esas traducciones?

—Bastante bien —dijo Theodore, apoyando la espalda contra el respaldo del sillón y sujetando la taza con ambas manos— Hermione es bastante hábil, su francés es bastante bueno.

—La señorita parecía bastante talentosa e inteligente. Además parecía bastante bien educada. Me agrada la gente que aprecia los libros y la sabiduría que hay en ellos.

Theodore, de algún modo, se sintió orgulloso. Antes de darse cuenta, estaba por beber de su té… pero le pareció ver algo por el rabillo del ojo y antes de darse cuenta nuevamente miró hacia Edward, quien de inmediato miró para otro lado.

Un mal presentimiento recorrió su columna en ese mismo instante. Miró hacia su padre, quien estaba ahora bebiendo su propio té y de nuevo a Edward mientras acercaba la taza a sus labios. Puso tal cara…

Theodore fingió beber el té y luego lentamente lo dejo en la mesa.

—Sí, de hecho, por eso me agrado al inicio.

—Ya veo —dijo su padre— ¿Cuánto tiempo crees que dure eso?

— ¿Perdón?

Su padre bajó la taza despacio en la mesa frente a él y clavó sus ojos en los suyos— ¿Cuánto tiempo?

Theodore frunció el ceño— Padre, creo que no entiendo a qué te refieres.

Su padre ladeo la cabeza, como si no comprendiera— Hijo… —murmuro— yo creo que si entiendes.

Theodore se le quedó mirando, confundido. Estuvo a punto de preguntarle de nuevo a que se refería exactamente, pero entonces, su padre recargo la espalda contra el respaldo del sillón.

—De acuerdo, seré más claro ¿Cuánto tiempo crees que dure tu interés por esa señorita? —Preguntó alzando una ceja— Imagino que a estas alturas, ya debes de haber pensado en un tiempo estimado y me parece que sería bueno que yo lo sepa —Theodore no dijo una palabra— esto para evitar posibles situaciones incomodas —dijo encogiéndose de hombros— no tengo nada en contra de que te relaciones con alguien como ella, a pesar de su estatus. No es importante siempre y cuando no seas descarado (por lo que no debo preocuparme, porque siempre has sido muy cauto y esa señorita también parece adaptarse bien) y sepas tus límites, y claro, ella también. ¿Por qué ella lo sabe, verdad? No quisiera enterarme de que no es así. Jugar con las mujeres ocultándole detalles que deberían conocer desde el inicio no es educado, te lo he dicho siempre. El consentimiento solo es válido cuando tienes todas las condiciones sobre la mesa.

Theodore seguía mudo.

Philip Nott hizo una seña y Dung trajo una nueva taza de té y él dio un corto sorbo.

—Para ser sincero, fue una sorpresa —murmuro— la verdad pensaba que algo como esto sucediera con la señorita Craston, parecías bastante apegado a ella durante las vacaciones, y ella parecía de algún modo apegada a ti. Eso realmente podría haber sido un problema, conociendo a su tía. Pero hubiera sido el triple de problemática una situación distinta si… ese hábito tuyo por cuidar de las hermanas de James fuera otra cosa… Oh, Merlin. Fue especialmente delicado observar ese intercambio de regalos y correspondencia. De algún modo, qué bueno que apareció esta otra señorita —dijo dado otro sorbo a su té— que oportuno, hijo. Entonces, ¿Hasta cuándo?

—Padre —murmuro Theodore, completamente helado por todo lo que le había oído decir.

Demasiada información que procesar. Sí, salió incontables veces con Amira, pero era solo para la ópera y que ella le ayudara a moverse por el mundo Muggle, no otra cosa. Estuvo a punto de interrumpirlo en ese punto, pero le cayó como una parada en el estómago la facilidad con la que sugirió lo mismo con las hermanas de James… Theodore solo veía a esas niñas como lo que eran, pequeñas niñas...

¿Quién crees que soy? Estuvo a punto de preguntarle… Pero entonces recordó que su madre había sido quince años menor que su padre y probablemente él consideraba la edad algo insignificante.

Lentamente sintió que su rostro quemaba.

— ¿sí? —dijo en tono tranquilo

¿Por qué demonios podía estar tan tranquilo después de todo lo que acaba de salir de su boca?

Prácticamente estaba diciendo que él y Hermione…

Apenas ese pensamiento llegó a su mente, miró a su padre, quien se mantenía serio. Luego a Edward, quien miraba hacia el suelo.

Su rostro ardió aún más.

¿A caso era una especie de broma?

—P-adre —se oyó tartamudear a sí mismo— estas equivocado. Con Hermione… Y-yo no —negó con la cabeza, dejó de hablar e ignoró el torbellino en su mente para tener la mente tranquila— es todo un malentendido. Puedo expli…

Su padre le hizo una seña con la mano para que se detenga. Theodore calló al instante.

— Theodore, no necesitas explicar nada, menos mentir para intentar ocultarlo —volvió a encogerse de hombros— un Affaire no es nada del otro mundo a tu edad. Incluso fue por eso que decidí que nos retiráramos aquella noche luego de la fiesta de año nuevo —le dio otro sorbo a su té— Acabo de decírtelo, no tengo nada en contra. Eres joven y siempre has sido particular, es natural que lo sean también en tus preferencias y vayan más allá del estatus de sangre y la apariencia (aunque ella es bonita) porque conociéndote como te conozco, estoy seguro que tu apego hacia ella no se trata de ninguna de esas dos características… aunque una nacida Muggle… bueno, tampoco es para perder la cabeza —dijo tranquilamente—claro, siempre y cuando sea algo pasajero y por tanto… necesito que me digas, ¿hasta cuándo será esto así?

En algún punto, en medio de todo lo que su padre decía, Theodore pasó de la perplejidad a una especie de indignación, aunque no estaba exactamente seguro a que se debía.

El no veía a Hermione de ese modo. No lo hacía.

—Padre —volvió a decir— Estás equivocado. No estoy teniendo un affaire con Hermione.

Philip Nott bajó la taza de té que tenía en la mano hacia la mesa y luego llevó ambas manos sobre sus rodillas, entrelazando sus dedos.

—Estoy equivocado —dijo lentamente— Estás diciéndome que estoy equivocado —murmuro de nuevo. Theodore asintió, su padre, en respuesta, negó con la cabeza— Yo creo que no. Cuando mucho me adelante a la situación —murmuro para sí mismo— eres más educado de lo que anticipe, que sorpresa.

Theodore estaba a un paso de querer gritar, pero solo se pasó una mano por el rostro— Padre, no. Hablo en serio. No se trata de eso… yo no…

— ¿No qué? —le cortó— ¿No quieres un affaire con esa chica? —Le dijo alzando una ceja, luego negó con la cabeza— No lo creo.

Theodore incluso soltó una risa nerviosa ¿Por qué insistía tanto?

—Te lo estoy diciendo… padre…

—Dices una cosa, pero haces todo lo contrario. No puedo creerte —le contesto— Nunca has traído a nadie contigo antes, y la traes a ella, a otro país y por tu cuenta; sin decirme nada. Porque tú y yo sabemos que pudiste hacerme saber de eso de inmediato. Eres demasiado desconfiado, pero dejaste a esa chica vagar por la casa por su cuenta. Hiciste que Edward la cuidara todo el tiempo durante la cena y la fiesta… ¿Desde cuándo tú sobreproteges a alguien, Hijo? —Philip Nott alzó una mano y se frotó ligeramente el mentón— Nunca te gustaron las fiestas ¿Alguna vez has estado pendiente de la llegada o la estadía de alguien? —Él bajo la mano y volvió a entrelazar sus propios dedos, pero su voz sonó filosa— Ha sido la primera vez que te he visto hacer todas estas cosas, hijo. ¿Y me dices que estoy equivocado?

—Si —murmuro Theodore, que bien podía estar mareado por tantas palabras que procesar.

— Te he dicho que no es necesario mentir —le dijo con una frialdad que parecía haber congelado todo el ambiente— ¿por qué te empeñas seguir haciéndolo?

Theodore miró de reojo a su padre, parecía tan enojado… ¿Por qué solo se enojaba? ¿Por qué no podía escucharlo por un segundo?

La anormal frialdad de sus ojos podría dejar sin habla a cualquiera, incluso al mismo Theodore. Nunca le había mirado de ese modo antes.

Una terrible punzada le llegó a la sien al mismo tiempo que intentaba contestar, haciendo que tartamudee.

—N-no estoy mintiendo —dijo esforzándose por ocultar una mueca de dolor.

—Sabes que odio las mentiras —dijo con voz profunda, como si estuviera desprovista de toda emoción, pero clavando los ojos en los suyos con una mirada tan intensa que él no pudo despegar los suyos. Era como si estuviera escarbando con sus ojos, como si estuviera buscando algo… como si lo supiera todo sobre todo. Allí fue cuando a Theodore le comenzaron a temblar las manos— Lo sabes.

—Vamos, Philip… —dijo entonces Edward, con tono vacilante— tal vez todo esto tiene una explica…

—Silencio —dijo Philip, pero sin apartar la vista de Theodore. Ni siquiera tuvo que subir la voz para sonar amenazante— Una palabra más, bastardo intrigante, y Merlin sabe lo que voy a hacer contigo.

—Papá… —murmuro muy bajito….

Theodore, increíblemente asustado, prácticamente en pánico, quería decirle muchas cosas, pero no alcanzó a decir ninguna.

Philip Nott alzó el brazo y prácticamente su varita estaba en su mano y apuntándole con ella, casi entre los ojos. Theodore no reaccionó, siquiera movió una pestaña. ¿Cuántas veces su padre había apuntado una varita hacia él para ponerle encantamientos de protección? ¿Encantamientos para ayudarle a dormir cuando era pequeño? ¿Encantamientos para curarlo cuando se hacía daño?

Nunca, jamás, su padre había alzado su varita hacia él para algo ofensivo.

Esta sería la primera.

El dolor fue segador, como fuego que le dio directamente en la cara y que parecía colarse por sus ojos y oídos. Apretó los dientes, pero estos mismos parecían responder con dolor mientras más fuerte los presionaba y casi podía jurar que estaban sangrando.

La intrusión en su mente fue dolorosa, incomoda, traumática… como si alguien hubiera tomado su cabeza, le destapara el cráneo y dejara expuesto al aire algo intangible… pero eso no era lo peor. Porque ahora sentía como si algo hurgara en su mente y la sensación de eso era indescriptible. Como si algo rascara en el interior de su oído, pero toda su cabeza era su oído.

Siquiera podía razonar adecuadamente, pues las imágenes que aparecían frente a sus ojos no tenían conexión con lo que sentía y lo que pensaba. Todo era confusión.

En algún momento, delante de sus ojos pasó una imagen brillante… un recuerdo reciente. Él, su mano entrelazada con la de Hermione en el metro muggle.

"¿Por qué me estás haciendo esto?" pensó casi desesperadamente "No quiero que estes aquí ¡Fuera!"

Y fue como una sacudida en el cuerpo y el dolor se detuvo, pero solo un instante. Cuando su mente volvió a quemar, la magia envolvió a Theodore y parecía conducir su mente hasta un lugar cercano a su cadera, como si lo llamara. Entonces pudo recobrar sensibilidad en una mano donde antes no había nada y se sujetó con fuerza a lo que fuera que le devolviera el sentido a todo. Su mano se envolvió alrededor de algo… algo amorfo y cálido. Como si fuera…

"Una piedra" pudo por fin pensar claramente.

Un talismán de protección.

Theodore se aferró a la calidez que desprendía esa piedra y aclaró un poco sus pensamientos.

Era como una realidad alterna donde no sentía dolor y parecía estar a salvo y consciente, pero solo para caer en cuenta de que su padre, al parecer, estaba usando legeremancia en él y era… totalmente rudo. Revisando memorias y desechándolas al paso, buscando, buscando y buscando… porque Theodore tenía mucho que esconder e inconscientemente peleaba porque quería echarlo de su mente.

Entonces… se le ocurrió que podía mostrarle algo que le calmara. Algo que podría explicar solo con una memoria aquello que debió decir desde el inicio.

Theodore entonces, deslizo en su mente un recuerdo en especial, uno de hace años, donde en un salón subterráneo, escondido y secreto en el castillo… le pidió a Hermione Granger tener un vínculo mágico con ella.

Todo se detuvo de inmediato. La vuelta a la realidad fue totalmente confusa, entre un parpadeo y el siguiente, todo a su alrededor en un ángulo extraño y con demasiada luz. Vio a Edward aún de pie detrás del sillón, inmóvil, pero con la varita en la Mano y una expresión de indescifrable en la cara… solo entonces se dio cuenta de que está en el suelo, con la cabeza contra la alfombra del piso. Pero entonces fue consciente del dolor que le llegó en punzadas dolorosas y que hicieron que se doblara de dolor.

—Philip, para ya. Le estás haciendo daño —dijo Edward con la voz plana, pero bastante parecida a un reclamo.

Theodore alzo la mirada y vio a su padre, de pie frente a él, mirándole y aún con la varita en la mano. Theodore apartó la vista y despacio, busco de nuevo la piedra a la altura de su cadera, dentro del bolsillo de aquella túnica y la sujeto con fuerza aguardando por la nueva intrusión.

"Va a hacerlo de nuevo" pensó entre aterrado y furioso "Lo hará"

Sin embargo, eso no sucedió. Cuando alzó la vista de nuevo, vio como su padre dio un paso atrás y se dejó caer en el sillón donde antes estaba sentado y se llevó una mano al rostro mientras echaba la cabeza hacia atrás. Theodore cerró los ojos, el dolor en su cabeza era insoportable.

Como si fuera muy lejano, aún podía escuchar la voz de Edward, lo cual le daba algo de calma. "Aún tengo un aliado" llegó a pensar en medio del dolor delirante, mientras entre parpadeo y parpadeo podía distinguir a Edward y su padre todavía hablando.

—Philip, sabes que no está bien —estaba diciendo Edward— Vas a hacer que te tenga miedo y tú no quieres eso ¿Verdad?

Su padre no dijo nada, solamente sacudió la mano.

Edward se movió de inmediato y lo siguiente que vio fue su rostro delante de él, con una sonrisa como las de siempre.

—Ven aquí, Theo —le dijo antes de jalarle el brazo y ayudarle a ponerse de pie.

Sus pies eran torpes y parecía que su cabeza pesaba una tonelada pero ya no le dolía tanto, solo tenía unas punzadas esporádicas.

"Un dolor tan familiar…" pensó alarmado.

—Ahora, vamos arriba —le murmuro a Theodore.

— Ya vuelvo, Philip. Ayudaré a Theo un poco primero —dijo volviendo la cabeza hacia atrás.

Totalmente mareado, Theodore recorrió escaleras que parecían infinitas. Por alguna razón, se puso a contar. Entre el cuatro y el seis, la punzada en la cabeza reaparecía. Antes de darse cuenta, pudo reconocer su puerta, la de su habitación, y al lado de ella, Tini, temblando de pies a cabeza y con una charola en las manos. Como si estuviera esperándolos.

Como si supiera exactamente qué hacer.

"Merlin" pensó con horror.

Con un chasquido, la puerta se abrió de par en par y Edward prácticamente le arrastró al interior y hasta arrojarlo en su cama.

— Tini, cariño, quítales los zapatos —dijo Edward, luego, se volvió hacia él— ¿Cuántos ves? —Le dijo mostrándole los dedos de las manos— ¿Theo?

Pero el ya veía doble y sentía la cabeza embotada, o al menos hasta que el dolor regreso, obligándole a llevar ambas manos a la cabeza y doblarse de dolor.

—Tini… —llamó Edward.

Y de pronto, Edward tenía un vial en la mano y lo estaba acercando a su boca. Theodore intento empujarlo a duras penas, mientras negaba con la cabeza.

—Te ayudara —dijo Edward con una débil sonrisa en la cara— Te ayudara, Theo. Confía en mí.

Y Theodore confió.

El líquido era como hielo seco, tanto, que arraso con su garganta y le hizo sentir que le faltaba el aire. Edward luego le acerco un vaso de agua y lo sostuvo contra sus labios para que la bebiera.

La mejor agua que bebió jamás.

Luego, Edward estaba ayudándole a quitarse la capa, pero hurgó en el bolsillo, sacando algo de él antes de deslizarlo en el bolsillo del pantalón de Theodore.

"El talismán" pensó Theodore "Pero… Yo no tengo un talismán"

—Estarás bien, Theo —dijo Edward mientras prácticamente le arropaba— Tini cuidará de ti. Debo volver abajo.

Y solo entonces se cayó en cuenta de por qué Edward seguía usando solamente un brazo y el otro colgaba casi inerte a su costado…

Theodore extendió su mano y le sujeto la capa a Edward— T-tú iras… Tú…

Edward uso la mano que podía mover para hacer que Theodore le soltase y se agachó para susurrarle al oído— Tú lo necesitas más —luego se incorporó y desapareció de su campo visual.

Escucho la puerta cerrarse. Escucho los pasos alejándose.

Y entre un parpadeo y el siguiente, adormeciéndosele el cuerpo lentamente, se quedó dormido.

….

Cuando Theodore abrió los ojos, lo primero que vió fue un techo blanco e impoluto. Estaba recostado en su propia cama y aquel era su techo. Tenía algo de dolor de cabeza, pero con ello, llegaron los recuerdos de la noche anterior. Busco su varita de inmediato, pero no la encontró cerca. Lentamente, deslizo la mano derecha en el bolsillo de su pantalón y encontró allí la piedra. Eso lo tranquilizo.

Theodore no movió un musculo, parpadeo una vez antes de girar los ojos hacia la derecha, que es donde su padre estaba, caminando alrededor y mirando analíticamente las cosas de su habitación. Theodore volvió a mirar hacia el techo y volvió a parpadear, pensando en que su padre jamás había espiando entre sus cosas.

Finalmente se removió entre las sabanas y se sentó sobre su cama, con la cabeza aún algo embotada… pero sin un gramo de humildad.

— ¿Algo interesante, Padre? —dice en tono moderado, pero conteniendo su indignación.

Philip Nott simplemente levantó el pisapapeles que las gemelas Craston le obsequiaron en una mano— no parece algo de tu gusto.

—Es un obsequio —dijo y luego de un silencio calculador, la mirada desafiante de su padre apareció— Las hermanas de James me lo enviaron hace como año y medio.

La mirada desafiante desapareció.

— Ya veo —dijo finalmente— El evento de ayer…

—Toda una sorpresa —dice Theodore, mirando fijamente la varita que su padre tenía en la mano. Un estremecimiento le corrió por la espalda de inmediato y le dio un nuevo pinchazo en la cabeza— Padre —finaliza.

Philip Nott, extrañamente, suspiro. Se acercó a su cama hasta sentarse en ella, poniendo la varita sobre una de sus piernas, perfectamente a la vista y causándole un escalofrío a Theodore.

Él no sabía porque hacía eso: si para intimidarlo o para mostrarle que no planea usar su varita; pero ya había visto que su padre era rápido. Cuando le miró a la cara, notó como este también estaba analizándolo, escrutándolo. Theodore apartó la vista, aunque no supo exactamente porque lo hizo.

— Tengo que disculparme por eso —dijo su padre luego de un rato en silencio— Sabes… que no acostumbro usar estos métodos; nunca lo hubiera hecho contigo, hijo. Sin embargo… tiendes a mentirme.

Theodore, que miraba hacia sus propias manos, se obligó a mirar a su padre a la cara. Sabía qué tenía que responder, pero si no lo decía mirándole a los ojos su padre seguiría pensando que estaba intentando engañarlo. Y al final, todo eso solamente era un gran malentendido— No era una mentira.

—Quizá eso no —le dijo— pero sé que aún me ocultas algo. Pensé que era esto, pero al parecer es otra cosa.

Se mantuvieron la mirada por un tiempo que pareció eterno. Philip movió ligeramente su hombro y Theodore miró de inmediato si es que iba a usar su varita de nuevo; pero Philip no lo hizo. La respiración de Theodore se volvía irregular solamente de recordar el dolor de la otra noche. La sensación de intrusión en su cabeza, era imposible no pensar en eso. Un nuevo pinchazo le llego a la sien.

—Respeto los secretos —dijo de pronto Philip, asintiendo para sí mismo— Todos tenemos al menos uno, pero eso no tiene por qué afectar a la familia. Eso es algo que debes tener presente siempre. ¿Puedes entender porque hice lo que hice, hijo?

Theodore negó con la cabeza, incapaz de contestar con respeto. Philip Nott hablaba mucho acerca de la confianza en la familia. Entonces… ¿Por qué usar legeremancia en él en lugar de escucharlo?

"¿Que me harías si yo intentara hacertelo a tí?" pensó con ira.

Philip se puso de pie y con la varita aun en la mano, llevo ambas manos a la espalda y dio cortitos pasitos alrededor de la habitación— La desconfianza es la muerte para una familia —dijo con sabiduría— puede que hablaras con la verdad anoche, pero eso no quiere decir que esa fuera la única vez que he sospechado que me mientes, hijo —mascullo, luego separo las manos de la espalda y comenzó a gesticular, mientras hablaba, haciendo que Theodore tuviera la vista pegada a la varita, al mismo tiempo que miraba alternativamente a su padre y le daba un estremecimiento cada que reconocía el comienzo de floritura de una maldición— He puesto toda mi confianza en ti. Hago que participes en reuniones importantes, ya influyes en las decisiones, permití que te encargues de Taylor y Magellan, nunca tienes impedido ir a donde te plazca y solamente avisando que saldrás, tienes dos elfos a disposición e incluso a Edward para ayudarte con lo que sea que tú necesites, ya sea información o recursos, incluso tienes tu propia bóveda. Puedes decir que la dejo tu madre para ti, pero yo hice los arreglos para que dispongas libremente de ello. Tienes a disposición libertades que pocos magos de tu edad tienen; porque sé que tienes la vocación a tener compromiso con la familia. Sé que no la destruirías. Siento tu respeto hacia ella, pero no siento tu confianza. —Philip le dio la espalda— Siempre he agradecido de que hayas nacido con una mente tan aguda, que entiendas las cosas sin necesidad que yo tenga que explicarlo todo. Eso hace muy fácil el comunicarme contigo, hablamos el mismo idioma. Hijo, eres listo —Luego se volvió hacia él y volvió a sentarse en la cama de Theodore— Siempre has sido muy listo, desde que eras pequeño lo has sido. Superaste mis expectativas de padre, todo hay que decirlo. Es un orgullo tener un hijo así, presumirte de cuando en cuando, si, realmente gratificante. Un mago brillante. Eso eres.

Theodore volvió a mirar sus manos.

—Y es por eso que estoy tan decepcionado… —murmuro Philip Nott.

Y Theodore realmente sintió cierta culpa por todos los secretos guardados. Sin embargo….

—…..Por haberme permitido confiarme tanto —dijo Philip, ya de pie y mirándole fijo desde toda su altura— En todo caso, nunca es demasiado tarde para las correcciones. A pesar de las decepciones que me provoques, no es como si pudiera desentenderme de que eres mi hijo y renegar de tí. Que ridículo. Corregirte es el camino que voy a tomar —volvió a mover su varita y Theodore creyó reconocer el maleficio Cruciatus, pero su padre guardo la varita en el bolsillo de su capa— Estas en una edad difícil; Edward me expuso ese punto anoche y me hizo ver las cosas de manera distinta. Siempre te has comportado como un adulto y a veces olvido que aún eres demasiado joven. Nunca fuiste como los otros muchachos de tu edad, no debería ser extraño que tu manera de hacer las cosas sea también peculiar. Esa señorita llamó tú atención; no soy quien para juzgarte, pero no mezcles las cosas. Decide que quieres, usar su ingenio a tu favor o usarla a ella. Si quieres vincular a esa señorita a ti, hazlo, podría ser útil, se ve que es bastante lista, algo inocente, pero lista. Pero si solo quieres usarla a ella, no es necesario llegar a tanto como ofrecer un vínculo mágico para lograr acercarte. Estoy seguro de que eres suficientemente bueno manipulando y podrás conseguir lo que sea que quieras de esa muchacha… pero que no pase de eso, y claro, se sincero. Mezclar sentimentalismo con vínculos mágicos nunca ha resultado bien para ambas partes. Si eso sucede, por el bien de todos, voy a intervenir y cortaré el problema de raíz —Philip Nott se acercó a la puerta, pero se volvió— Nunca olvides que tienes un padre observando todo… y desde ahora, con más atención. Si vuelves a intentar mentirme, lo sabré y será obvio que este escarmiento no ha sido suficiente. Tendré que innovar. Te conozco desde que naciste y quiero que recuerdes que se perfectamente cómo tratar contigo. No hagas que me sienta decepcionado de nuevo, hijo.

Theodore le miro a la cara con gran esfuerzo, pero extrañamente sus palabras sonaron con calma absoluta— Si, padre.

—Duerme lo que necesites. Ya envié una nota a la escuela pidiendo un permiso para ti con una excusa decente, volverás allí el domingo. Aprovecha el tiempo para meditar acerca de todo esto.

—Sí, padre —contesto esta vez más derrotado.

Philip Nott asintió y se marchó.

Theodore volvió a recostarse en su cama y mirando al techo parpadeo nuevamente, intentando copiar la serenidad de su rostro a sus manos, que habían comenzado a temblar, además del fuerte nudo en su estómago que amenazaba con darle arcadas.

Reconoció la sensación al instante, como respuesta a la amenaza implícita en las palabras de su padre.

Miedo.

Theodore le tenía miedo a su propio Padre.


¿Esta se la esperaban?

Había un comentario que dijo: Salieron bien librados. Ja! para ti!

Y creo que esto ya lo había dicho hace tiempo. Este fic está torcido, bien torcido. Re-torcido. Lo idee en una epoca oscura de mi vida.

En fin.

Gracias por leer :D

Actualizando, aca es el día 11 de cuarentena y quiero chicle. Solo puedo salir los viernes y no recuerdo la ultima vez que probe uno. Y galletas saladas de agua. ¿Quien iba a decir que extrañaría esas pequeñas cosas?

Cuidense mucho!