CAPITULO 34

EL PESO DE LAS MENTIRAS

PARTE II

—Tini —murmuro Theodore.

Su elfina apareció en un suave "Plop". Tenía las manos entrelazadas la una con la otra a la altura de su pecho, como si rezara; mientras que sus orejas estaban apuntando hacia abajo.

—Amo —murmuro muy, pero muy despacio.

Theodore le miró largamente, pero ella agachó la vista al instante. Theodore se sintió traicionado y negó con la cabeza antes de sujetársela. No le dolía, pero era como si lo hiciera.

—Edward… —murmuro— ¿Dónde… donde está Edward?

—El señor Greengrass se fue anoche, amo. Tini no sabe a dónde…

— ¿Cómo se fue? Mi padre… ¿Le hizo algo?

—Tini estaba cuidando del amo Theodore, Tini no sabe…

—Fuera —murmuro Theodore.

— ¿Amo?

—Fuera —le dijo con tono demandante— vete.

La elfina desapareció al instante.

Theodore aún se sujetaba la cabeza y se quedó en esa posición tratando de aclarar su mente y pensar en qué hacer.

Sin embargo, de momento tenía muy en claro tres cosas:

La primera, que no era la primera vez que su padre se ponía a escarbar en su mente. Ese dolor tan característico, la sensación de que algo no iba bien… siempre creyó que eran jaquecas o simple estrés, pero no. Era su padre, hurgando en su mente a punta de varita.

La segunda era que, además de hacerle legeremancia, seguramente también le había obliviado para que él no recordara que se lo había hecho y solo Merlin sabía cuántas veces. Si no lo hizo esta vez seguramente era solo porque, como él mismo dijo, era una corrección… el primer escarmiento por mentirle, además de amenazarle con lo que sucedería si le mentía de nuevo.

Y la tercera, la peor… siquiera en su propia casa estaba a salvo, pues incluso su propio elfo era cómplice de su padre.

"Tini" pensó con horror y rabia a partes iguales.

¿Cuántas pociones no le pidió? ¿Cuántas vece no le corto el cabello? ¿Cuántas veces no le pidió enviar sus cartas o libros para la escuela a escondidas de su padre? Siempre creyó que era su mano operante, pero era solo una espía de su padre.

"No es su culpa" pensó con tristeza de pronto "Después de todo, ella obedece al Señor Nott. Y ese es mi padre"

¿Y ahora? ¿Qué hacer?

Alguien toco la puerta en ese instante.

Theodore miró la puerta de inmediato y por inercia apretó la mano en un puño… solo para recordar que no tenía su varita entre sus dedos.

—Adelante —dijo derrotado.

—Joven amo —dijo el viejo elfo Dung abriendo la puerta, pero sin entrar. El elfo nunca entraba a su habitación… de hecho, solo Tini lo hacía. Era la única autorizada a hacerlo— El amo aviso que llegaría para el almuerzo. Pidió que usted le acompañe.

—De acuerdo —dijo Theodore, sin embargo, el elfo no se movió. Como si esperara algo. Theodore le miró en silencio, aun sentado sobre la cama— Puedes irte, Dung.

Dung era el elfo más viejo de todos, y atendía personalmente a su padre. Estuvo allí esa noche, mirando desde el umbral de la puerta. Un escalofrío le recorrió.

—El amo…

—Fuera.

—Como el joven amo diga —murmuro antes de cerrar la puerta.

Theodore se cubrió el rostro con ambas manos.

Entonces, la hora del almuerzo llegó. Theodore estaba ya en la mesa del comedor privado cuando oyó el usual sonido de la chimenea al recibir a alguien mediante la red Flu. Escuchó los pasos dirigiéndose hacia allí y escuchó a Dung saludar "al amo Nott".

El estómago de Theodore estaba revuelto.

—Oh, hijo. Ya estás aquí —dijo su padre, quitándose la capa y colgándola en su propia silla antes de tomar asiento.

—Buenas tardes, padre —dijo dándole una rápida mirada.

—Si —dijo él— Y bien ¿Cómo te sientes? Te veías anormalmente pálido en la mañana.

—Estoy bien —le contesto.

—Hoy me reuní por casualidad con Antoinette Zabini.

— ¿Estabas en Italia? —pregunto asombrado.

—En Suiza en realidad. El tráfico de viajes es alto entre ese país y Francia, al parecer también tienen interés en anexarse. Alemania finalmente cedió —dijo sonando conforme.

Theodore por un momento se distrajo. Francia era límite directo de Alemania y entre ambos formaban una barrera entre el mar, Bélgica y Tierras bajas… países que se anexarían fácilmente. Suiza también limitaba con Francia y Alemania y al mismo tiempo, si se anexaba a Austria… Italia quedaría aislado y también cedería…. Y así, la red Flu, nacida en el Atlántico, cruzaría hasta el Mediterráneo.

"Increíble" pensó Theodore.

Todos los esfuerzos de la familia y sus colaboradores que llevaban años en el proyecto, cuatro para ser exactos… y recién se cumpliría la primera meta: Llegar al mediterráneo.

Theodore se alegró sinceramente. Iba a decirlo… pero luego levanto la mirada hacia su padre y los recuerdos de la noche anterior lo nublaron todo.

—Son buenas noticias, padre.

—Si —contesto él, serio también mientras dejaba casualmente su varita sobre la mesa, como hacía usualmente… bueno, las pocas veces que compartían la comida en la mesa.

Theodore tuvo un vuelco en el estómago en ese mismo instante, lo disimulo bastante bien, pero por inercia llevo una de sus enguantadas manos hacia el bolsillo donde aún tenía el talismán de protección.

Se aclaró la garganta— Padre, quería preguntarte acerca de algo.

—Dime —dijo distraído mientras sacaba también su reloj de bolsillo y le echaba un ojo.

— ¿Dónde está mi varita?

— ¿La necesitas para algo en especial?

Theodore se puso ligeramente nervioso— No —mintió, pero lo hizo bien.

—Entonces no entiendo el porqué de tu pregunta.

El nerviosismo se fue y le invadió una suave ira— Todo este tiempo me has enseñado que un mago listo siempre tiene su varita a mano.

—Correcto —contesto inalterable— y no la tienes. ¿Eso en que te convierte, Hijo?

La boca de Theodore era una dura línea.

—No la perdí —dijo con voz de ultratumba— La última vez que estaba en mi mano…

—Amo, el señor Greengrass acaba de llegar.

Theodore se olvidó del enojo en ese mismo instante y centró toda su atención en Edward, apareciendo por el umbral del comedor con su usual sonrisa despreocupada.

Greengrass camino despreocupadamente hacia ellos, su túnica ondeando a cada paso. Se veía perfectamente bien. Perfectamente peinado y ese porte fresco de siempre… excepto por lo poco que movía el brazo izquierdo.

—Hola Philip —dijo educadamente, casi haciéndole una venia cuando estuvo cerca de su padre— lamento la demora, pasaron ciertas cosas espinosas en el ministerio —dijo haciendo una mueca— Hola Theo —dijo agitando la mano hacia él, pero luego alzó una ceja— te vez más pálido de lo usual, como si hubieras visto un fantasma ¿Estás bien?

—Si —le contesto casi inaudible, pero con una de las manos aún alrededor de la piedra en el bolsillo.

— ¿Philip te contó? Alemania es nuestra —dijo con una sonrisa radiante.

—Si —contesto, mirándole de reojo mientras se sentaba en un costado de la mesa, entre él y su padre.

En ese momento llegó Dung y sirvió la comida.

Theodore levanto la vista y se concentró en su padre, quien le miraba fijamente mientras recogía sus cubiertos. La comida no comenzó porque esperaban a Edward… y no se lo dijo a propósito.

"¿Qué quieres de mí, Padre?" quería preguntarle.

—Oh, Theo, tengo tanto que contarte —le dijo Edward, llamando su atención al instante— El Ministerio estallará pronto por todas partes. Sera divertido de ver.

— ¿La anarquía es divertida?

—Por supuesto —dijo asintiendo enérgicamente— el caos siempre trae oportunidades de las más variadas. Todas allí, en el aire. Listas para ser aprovechadas.

—Hay quien considera el caos como algo a evitar —dijo Theodore negando con la cabeza. Él adoraba el control.

—Tonterías —dijo agitando la mano y tomando sus cubiertos— el caos es cambio. Y el cambio siempre es bueno. Lo contrario, es aburrido. Monótono… triste.

Philip Nott negó con la cabeza— Idealismos —fue lo único que dijo.

—Rompes mi corazón, Philip —le contesto Edward antes de emprender una conversación acerca de la situación del Ministerio y la aparente resentimiento del Wizengamont ante el actuar del Ministro.

Theodore se concentró en comer y solo observo a ambos interactuar. Parecía la charla casual de siempre, la que estaba acostumbrado a ver cada que Edward aparecía en casa. Charla interesante y algo descarada… parecía otro tiempo muy lejano… porque antes él no tenía necesidad de ponerse alerta cada que su padre llevaba la mano cerca de su varita.

El almuerzo terminó… pero nadie se levantó de la mesa.

— ¿Volverás a Suiza Philip? —preguntó Edward.

Que Edward hiciera la pregunta le alivio de maneras insospechadas.

—No —contesto parcamente— no hay nada más que hacer allí. Esperaremos a que Alemania y Francia hagan su parte.

—Oh, vaya —dijo Edward, bebiendo vino también— creí que querrías presionar en persona. Tú sabes, sin ti allá, Alemania no hubiera cedido jamás.

—Sí, pero creo que estado bastante tiempo lejos del dominio principal. Además… —murmuro mirando hacia Theodore, lo que hizo que sus sentidos se agudizaran a mil por hora—…hace tiempo que no interactuamos ¿verdad, hijo?

—Sí, padre.

—Oh, grandes noticias —dijo Edward sonriendo radiantemente— Entonces, ¿Nos vemos en la cena, Philip?

—Sí —dijo poniéndose de pie— Theodore —le llamó, él se puso alerta de inmediato— hice un arreglo para que veas a un rompedor de maldiciones del Ministerio. Será la coartada para la escuela, Edward te acompañara. Los veo en la cena.


—Un segundo más de ese silencio de cementerio y me dará algo, Theo —dijo Edward, luego de un largo silencio luego de contarle todo acerca de las amenazas de su padre.

Al final, no fueron con el rompedor de maldiciones. Resultó que eso había sido idea de Edward, pero no era estrictamente necesario que Theodore fuera en persona… solo era un pretexto para sacarlo de la casa y en palabras de Edward, respire.

Justo en ese momento estaban en un café discreto, pero Theodore no podía sacarse la mirada vigilante de encima. La mano sin su varita se sentía tan… desnuda y fría.

Incluso miraba el café frente a él con desconfianza. Lo hizo a un lado y miró hacia la ventana.

— ¿Puedes culparme?

Edward suspiro— supongo que no —dijo en un susurro— ¿Estás bien?

Cuando alguien hacía una pregunta como esa, generalmente la respuesta es "si" aunque sea mentira. Es algo… básico.

Theodore se cubrió el rostro con una mano.

—No quiero volver allí.

—Ya veo —murmuro Edward— Se puede arreglar. Sabes, hay movimiento en los dominios del Sur. Se supone que debo verificar para Philip este fin de semana. ¿Qué te parece acompañarme? Podría alargar todo hasta domingo por la mañana. Hay una casa de seguridad allí, no es la gran cosa pero…

—Iré —dijo Theodore de inmediato.

—De acuerdo —dijo Edward— Vamos. Le enviaremos una lechuza a Philip cuando lleguemos allá.

—Pero la cena…

Edward sacudió la mano— Un desplante no matara a Philip. Confía en mí.

Theodore no supo que fue lo que escribió Edward en la lechuza que envió a su padre… en realidad no le importaba demasiado, pues estaba abstraído en la varita que Edward consiguió para él, pues definitivamente no era lo mismo que tener la propia, aunque era mejor que nada. Mucho mejor. Momentáneamente recordó a Serafina, quien siempre cargaba dos varitas consigo. Quizá fuera tiempo de hacer lo mismo.

"Quiero volver a Hogwarts" era el pensamiento que le invadía cada que no tenía que saludar a alguien o mantener conversación educada con los magos que tenía que saludar al hacer las verificaciones que Edward decía.

En realidad, Edward hacía todo y Theodore se dedicaba a mirar los paisajes del Sur de Inglaterra, totalmente distraído.

Era agradable.

Edward tenía razón. Necesitaba eso. Hasta el aire se sentía distinto.

Ya entrada la noche, luego de una cena bastante ligera en la casa de seguridad, Edward se puso serio.

—Bueno, creo que respiraste lo suficiente. Hay que hablar.

—Si —murmuro Theodore antes de meter la mano en el bolsillo y deslizar la piedra talismán sobre la mesa, Edward no se la pidió en ningún momento, pero era hora de devolverla— Gracias. No sé exactamente como debería recompensarte, pero lo haré. Nunca olvidare lo que hiciste por mí.

—Puedes conservarla si quieres —le dijo— puedo conseguir otra en un tiempo.

—No —dijo negando con la cabeza— no quiero depender de una.

—De acuerdo —Edward tomó el talismán con la mano buena y luego de lanzarlo ligeramente en el aire la atrapo con una mano y lo metió en el bolsillo de su capa— Estoy de tu lado, siempre ¿Lo sabes, no?

Theodore asintió, miro la varita que Edward consiguió para él y el paisaje verde fuera de la ventana, lejos, muy lejos de donde no quería estar. Si. Ahora realmente lo sabía.

— ¿Por qué él me está haciendo esto?

Edward se quedó callado un incómodo largo momento.

— ¿Realmente no lo sabes? —dijo por fin.

Theodore alzó la vista y se lo encontró frotándose la nuca. Edward suspiro antes de apoyar la cabeza en ambas manos— Mira Theo ¿Puedo decirte algo con total sinceridad? —Él asintió— No pareces tú mismo. El Theodore que yo conozco no niega las cosas de sí mismo ni se hunde en dudas existenciales. El Theo que yo conozco hace planes y los lleva a cabo.

Theodore le miró confundido— ¿De qué estás hablando?

La boca de Edward era una línea fina, pero solo antes de suspirar— Theo… sabes… deberías de pensar muy bien en cada cosa que Philip menciono y resolverlo por ti mismo.

Él negó con la cabeza— ¿Tú también piensas…?

—No lo pienso, Theo, lo sé —dijo encogiéndose de hombros— todo el que te haya llegado a conocer más que la mayoría se daría cuenta —negó con la cabeza— James se dio cuenta primero ¿sabes? Me lo contó el año pasado, se veía preocupado pero yo le dije que exageraba, lo tranquilice y le dije que se lo tomara con calma —dijo rodando los ojos— Que fuera lo que fuera, tú eres tú y había que dejarte ser. Que conociéndote, no había motivo para preocuparse. Eres joven… estás cosas pasan —dijo restándole importancia.

Theodore se llevó ambas manos a la cara, comenzando a perder la paciencia y enfadarse— Edward… no es eso —dijo fastidiado— Ya te lo he dicho. Quiero vincularla a mí, no tener un amorío, por Merlin.

—Bien —dijo Edward— No pregunte esto antes, pero quiero preguntar ahora. ¿Por qué ella?

—Es lista —dijo Theodore de inmediato. Al menos Edward le estaba dando la opción de explicarse y resolver ese malentendido— casi brillante… actúa bien bajo presión. Sabe escuchar y sabe cuándo es momento de dejar de lado el orgullo innecesario para lograr algo. Cumple sus promesas —dijo pensando seriamente al respecto— Su moral es alta, pero hace lo necesario cuando debe, y no he visto que se le suba a la cabeza… solo… se mantiene humilde —Theodore miró hacia la ventana, recordando lo más importante— Es leal, siempre, aunque este con todo en contra. Es la persona más leal que conozco.

—Eso suena muy bien —dijo Edward— ahora, supongamos que hipotéticamente… hipotéticamente consigo para ti una persona que tenga todos y cada una de esas características… —Theodore iba a replicar, pero Edward se le adelanto— hipotéticamente. Ahora, solo puedes vincularte a uno.

—Hermione —dijo el de inmediato— la conozco desde hace años, sea quien fuera la otra persona, la conocería recién y aunque fuera igual de perfecta, desconfiaría.

—Ooookey… —dijo Edward alargando la palabra, luego haciendo una mueca que no le gusto— hipotéticamente hablando, Hermione Granger rechaza el vínculo. ¿Qué haces?

Theodore se quedó en blanco— Yo…

— Sinceramente ¿Insistirías de nuevo?

—Probablemente.

—Ella vuelve a rechazarlo ¿Qué haces? —Preguntó— tú eres orgulloso, no harías una petición dos veces ¿o sí? —Theodore se quedó callado— No, no lo harías… pero entonces ¿Qué pasaría? —Él no dijo una palabra— tengo una teoría: una en la que no tienes el vínculo con ella, pero sigues manteniéndote cerca. ¿Por qué? Porque has estado cerca todo este tiempo sin necesidad del vínculo, ya confías en ella y aparte de eso, te cae bien. Te agrada, mucho… lo suficiente para preferirla si tienes que escoger. Lo suficiente para insistir en un vínculo que ella rechazaría —Edward sacudió la cabeza— Theo, tú no quieres un vínculo. Quieres a esa chica cerca, el vínculo es solo el medio para que ella este cerca por siempre. Lo que parece que aún no tiene claro es que tipo de cercanía quieres.

Theodore entrecerró los ojos— Ridículo —dijo sacudiendo la cabeza— Eso no es…

—Ah, la negación —dijo casi silbando, pero luego se puso de pie mientras rodaba los ojos— piensa en ello. Medítalo. Consúltalo con la almohada y hablemos de nuevo mañana.

—Espera…

—Ciao —dijo dejándolo hablando solo y desapareció escaleras arriba y sin mirar atrás.


—Te ves terrible. Cuando dije que lo consultaras con la almohada no me refería a que no la usaras.

—Cállate —dijo Theodore.

La mesa estaba servida para él, pero Edward estaba ya terminando de beber su café y estaba perfectamente vestido para salir, y eso que apenas eran las siete de la mañana.

Ante la mirada curiosa de Theodore, Edward le dedico una sonrisa amable— Veré al hijo mayor de Houston, insiste en que en mi reporte figure las maravillas que hicieron con una especie de presa mágica para manejar mejor el agua que baja de la montaña. Como sea, será un viaje pesado y caminaremos mucho. A ti te esperaran para el té a las nueve en la casa principal atendido por la familia entera, yo te alcanzare allí para el almuerzo.

—De acuerdo —dijo Theodore dándole un bocado a su comida— Acerca de anoche…

Edward agitó una mano— Hablemos en la cena —dijo restándole importancia— Ciao.

Y se perdió del comedor, dejando de nuevo a Theodore enfadado y con las palabras en la boca.

El día transcurrió como un borrón entre charlas insulsas y palabrería educada. Los Houston eran orgullosos y amables, además de discretos para no hacer demasiadas preguntas y solo hablando de su dominio como tal y acerca de lo que se dedicaban, como se esperaría de un dominio algo campestre y alejado de las grandes ciudades. Le agradaron bastante. El ambiente mejoro todavía más cuando Edward llegó junto a un joven mago entusiasta. Le enseñaron a Theodore todo aquel método mágico para tratar el agua. Era fascinante a su modo… tanto, que Theodore quiso ir en persona a ver.

Edward se quejó, pero no le quedo de otra que hacerlo.

Para cuando volvieron a la casa de seguridad, ya era muy entrada la noche. Estaba cansado, pero conforme. Se suponía que el Carl Houston le escribiría pronto con detalles de cómo logró ese control constante y sin mucha necesidad de magia para aquel manejo de agua de la montaña.

— ¿Quieres un té? —Había dicho Edward— prepararé uno para mí.

Edward estaba ya sirviendo agua caliente en una taza cuando Theodore se le plantó delante, con los brazos cruzados y perfectamente firme.

—Pensé detenidamente acerca de todo lo que dijiste anoche. Incluso en todo lo que dijo mi padre —le dijo serio— ambos se equivocan.

Edward bufó— Ah, Theo… —dijo llevándose una mano a la cara, esquivándole y llevando su taza de té a la mesa— piensa un poco más y…

—No —le dijo volviendo a meterse en su camino— ya lo he pensado suficiente. ¿Y por qué soy yo quien tiene que pensarlo? ¿No deberían tú y mi padre pensar también al respecto? ¿No deberían plantearse que están equivocados?

Edward dejo el té sobre la mesa y también se cruzó de brazos— Theodore. Tres personas no pueden equivocarse al mismo tiempo. Bueno, descontemos a James, porque el solo lo asumió —dijo rodando los ojos— Yo me di cuenta por la manera en la que le hablaste cuando fuiste a su habitación, por eso insistí en ser quien la acompañara, para evitar que trataran entre ustedes delante de Philip y que él se diera cuenta también porque era obvio que siquiera tú te dabas cuenta para disimular apropiadamente —Edward negó con la cabeza— pero por supuesto, se dio cuenta y el resto es como conocemos. Ya no puedes volver el tiempo atrás, lo que te queda por hacer ahora es asumir los hechos y tomar decisiones.

Theodore siguió negando con la cabeza— ¿Asumir qué? —Dijo indignado— Solo estas repitiendo lo mismo una y otra vez, decidiendo que lo que hago tiene significados sin sentido. Yo solo… —Se pasó una mano por el cabello— solo me agrada, ¿De acuerdo? Eso no significa que…

—Theo —le dijo Edward con la voz muy baja— lo que estás haciendo justo ahora es negación.

—No, no lo es. Yo solo intento aclarar…

—Theo, intentar convencerme es algo tonto justo ahora. Deberías ocupar tu tiempo en…

—Tú no me digas que hacer —le dijo enfadado y con intenciones de subir a su habitación.

— ¿Que harás entonces? —Oyó a su espalda cuando iba ya unos escalones arriba— Estás en círculos justo ahora. Dando tumbos entre la indignación y la negación, pero no puedes obliviarte a ti mismo y olvidar todo lo que entre Philip y yo te hemos hecho ver. Ahora estás consciente. Y serás consciente de muchas cosas más que antes pasabas por alto. Y claro, no reaccionaras igual —Edward subió un escalón— Tú eres un muchacho que acostumbra hacer lo que le parece y que cuando algo no le sale bien, actúas sobre la marcha. Merlin sabe lo todo lo que va a tener que pasar para que dejes atrás la negación.

— ¿Qué se supone que significa eso? —Le dijo enfadado— ¿Qué estás suponiendo?

—Estoy suponiendo el peor escenario, Theo —le dijo serio— Philip solo piensa en ti, el resto de la gente para él carece de importancia, por eso te dio opciones que cree que son lo mejor para ti. Sin embargo, he llegado a conocerte lo suficiente para saber que si hay algo con lo que no sabes lidiar es con la culpa. Y eso es precisamente lo que vas a sentir cuando arruines todo con esa chica. No se necesita mucho para destrozar algo tan frágil como los buenos sentimientos que alguien tiene hacia ti. No con alguien tan lleno de complejos como Hermione Granger.

Edward subió otro escalón— Puedes continuar en la negación pero no olvides que tus actos hablan por ti. Como yo lo veo, te has estado conformando con poco, asumo que es porque eres bastante reservado… sin embargo, eres humano. Vas a querer contacto. Tú ya estás en ese camino. Lo vi cuando bailaron en la fiesta de año nuevo. Te escuche preguntarle por otro baile más. Alargar los pequeños contactos es algo que vas a querer hacer… y por lo que vi, no parece algo que no hayas hecho antes ¿O me equivoco? —Subió un escalón más— ¿Cuántas veces has hecho eso? ¿Qué excusas has usado? Darle la mano como saludo o con cualquier otro motivo, caminar a su lado… porque los vi caminar hacia la pista y parecían sincronizados y bastante cerca uno del otro —Edward ladeo la cabeza mientras avanzaba otro escalón— Pasaron tiempo en tu casa ¿Cómo comieron? ¿Uno frente al otro? ¿Lado a lado? Sé que viajaron por tierra ¿Cómo lo hicieron? ¿Uno al lado del otro? ¿Frente a frente? ¿Cómo caminan? ¿A sana distancia? ¿Los hombros chocando? ¿Siempre igualan sus pasos? ¿Cómo es cuando están en la escuela? ¿Cómo es cuando están solos?

Se había mantenido firme e indignado, pero Edward lanzaba preguntas y antes de poder responder de una manera adecuada, lanzaba otra y Theodore no podía evitar recordar algo según cada pregunta era lanzada o preguntarse si algo paso como Edward decía.

Lo único que podía tener en claro, es que… él era cercano a Hermione. Y si, tenían bastante contacto. Pero eso no quería decir nada ¿Verdad?

Entonces, recordó aquella vez que le pidió hacer una poción para él. Ella había tenido el labio lastimado por culpa de Krum; él le había limpiado la sangre y se lo había curado.

—El apego es normal —dijo Edward, quien estaba más cerca y mirándole con sus centellantes ojos dorados, que ahora eran menos centellantes como hacía un rato y ahora parecía más amable— y querer estar cerca de alguien que te agrada también —luego se encogió de hombros— es algo inocente… por ahora. Pero cada día vas a querer más y cuando eso pase, alguien como tú que generalmente no le gusta que se le acerquen demasiado, vas a estar tan cómodo...

Theodore recordó de inmediato que estuvieron toda aquella mañana sentados lado a lado, con cero distancias entre ellos. En el tren, hizo que ella apoyara la cabeza contra su hombro y él se durmió con la cabeza apoyada contra la suya… y su mano… había sujetado su mano.

—… Pero en algún momento te darás cuenta de que se te ha pasado la mano, vas a reaccionar tan mal y tan impulsivamente que vas a hacerle creer a esa chica que por alguna razón la detestas. Y vas a querer evitarla, pero claro, eso será contraproducente porque tú mismo no vas a soportar la distancia y solo entonces saldrás de la negación. Vas a querer arreglar las cosas, porque es tu culpa y no eres un mal chico… pero para entonces seguramente ya todo este arruinado y alguien tan noble como Hermione, que solo tenía buenos pensamientos y sentimientos hacia ti, va a estar tan decepcionada de todo el rechazo inicial que probablemente te odie. Y entonces, tú la vas a odiar por odiarte.

Edward subió otro escalón, ahora solo uno por debajo de él, pero él era alto, así que de todos modos le sacaba media cabeza— He visto a tantos como tú —le dijo condescendientemente— La deidad de los magos es justa, porque a alguien que lo tiene todo siempre le pone delante algo que no podrá tener jamás —murmuro con voz suave— Tienes poder, lo tienes desde que naciste. Pero, pequeño niño… ¿Qué vas a hacer cuando con toda tu arrogancia no puedas poner tus manos sobre algo que deseas tener?

La forma en la que lo dijo no le gusto ni un poco. Edward nunca le había hablado antes así. Le miró con desconfianza de inmediato.

Y entonces, él le sonrió.

—Va a ser el infierno —declaró— y vas a estar tan enfadado, tan molesto que vas a pensar que el mundo te debe algo y vas a querer cobrárselo, y aunque lo hagas, nunca estarás satisfecho porque lo que quieres no es venganza, lo que siempre quisiste es contacto, una mirada amable o palabras suaves como las que tuviste una vez, pero no de cualquiera, de una sola persona… pero ya no tendrás eso jamás. Porque recuerda, te odia. Y todo eso lo habrás hecho tú mismo.

Theodore tenía la mirada clavada en la de Edward. Por un momento parecía que se estaba burlando de él, pero luego no.

"Cree que me aconseja" pensó. "Está equivocado, como mi padre, y en su error, cree que la forma en la que me habla es la correcta".

Alzó la cabeza luego de un instante en silencio, solo entonces habló.

—Tomare en cuenta tu consejo.

Edward agacho un poco la cabeza— Gracias Theo —dijo humildemente, como generalmente acostumbraba.

—Buenas noches —dijo antes de subir a su habitación.

—Theo —escucho entre sueños, junto a un golpeteo— Theo —más golpes sobre madera— Theo, despierta.

Abrió los ojos en medio de la penumbra, los golpeteos seguían y pudo reconocer la voz de Edward. Con la varita en la mano y descalzo, camino rápido a abrirle la puerta.

— ¿Edward, qué…? —se calló de inmediato al ver que Edward, parado delante suyo, estaba vestido como para ir a la guerra.

Tenía amatista en ambos lóbulos de las orejas, el cabello echado hacia atrás. Un arreglo con piedras de propiedades mágicas sobre la solapa de la capa, además de botones de topacio en la ropa debajo de la capa. Pulseras con todo tipo de piedras en las manos. Botas altas hasta las rodillas con cuero de bestia mágica, aquellos que otorgaban sigilo a quien los usaba… sin contar el delicado y muy incrustado latón, característico para repeler maldiciones. En su cinturón incluso reconoció la usual bolsa de cuero especial donde acostumbraba llevar su kit de pociones. Y como si fuera una nueva adquisición, resaltaba un estuche para dagas de donde podía ver sobresalir un mango de un material negro pulido y liso.

—Toma tu capa y ven abajo —le dijo antes de darse vuelta y echar a andar hacia las escaleras.

Theodore se puso zapatos y luego de echarse la capa encima salió, pero también se puso el pendiente de amatista en la oreja. Últimamente lo llevaba a todos lados.

Cuando llego a las escaleras, vio a Edward agachado hacia la chimenea, hablando mediante la red flu.

—Sí, es grave —dijo casi en un suspiro— Mercer de los Inefables me lo confirmo. Los que se fugaron son casi cien, pero precisamente de los más peligrosos. Están reuniendo a todo mago que no tema usar imperdonables y jure secreto mágico al Ministro. La orden oficial es capturar, pero Mercer dice que una vez allí, será tirar a matar. Ya corrí el rumor y te sorprendería la cantidad de voluntarios.

— ¿Fudge aprueba eso?

—Si —dijo Edward, encogiéndose de hombros— los aurores tienen planeado reemplazar a los que terminen muertos con otros presos para disimular un poco y luego purgar con muertes accidentales en el transcurso del año. Después de todo ¿A quién le importa los presos de Azkaban?

—Bien —dijeron del otro lado. Era su padre— Lleva a mi hijo a la casa del Norte. Es el lugar más seguro de todos, dile que su elfo ya está allí y también su varita, le enviaré una lechuza por la mañana. Yo me reuniré con Magellan y McGrath para vigilar la Red Flu. Cuando termines, reúnete con nosotros.

—De acuerdo, Philip.

La conexión flu se apagó.

Edward, que estaba en cuclillas, se puso de pie y se giró hacia él.

— ¿Qué sucede? —le preguntó.

Edward suspiro antes de decirle.

—Hubo una fuga en Azkaban.

….

En medio de una llamarada azul, Theodore apareció en la gigantesca chimenea de la casa del Norte. Él salió de la chimenea y se giró hacia Edward, quien aún seguía dentro.

— ¿Sigues enfadado conmigo? —le pregunto descaradamente, una sombra cubriéndole la mitad del rostro, pero haciendo brillar la amatista en uno de sus oídos.

Edward iría a pelear.

Su padre le estaba enviando a esa cacería. Él lo llamó "su cuota para el Ministro" pero el mismo Edward decía que era una excusa y en realidad, él pidió ser enviado. Cuando Theodore le preguntó el por qué haría eso, Edward solamente dijo que "podría tener suerte y cobrar viejas deudas" pero lo dijo riendo.

—Lo estaré si no vuelves en una pieza —le contesto serio.

A veces… a veces Edward parecía un completo suicida.

Él cerró los ojos e hizo una venia— Por supuesto —dijo antes de echar polvos flu dentro de la chimenea y desaparecer en una llamarada azul.

En ese momento eran las tres de la mañana. Tini apareció a su espalda y Theodore, cansado como estaba… le pidió un té antes de darse cuenta. Pero también le pidió su varita.

Pocas veces había visitado esa casa, la última vez había sido cuando tenía siete u ocho, no podía recordar bien, solo que fue con su padre para quien sabe qué. Al pasar por una de las ventanas, pudo distinguir los cristales del invernadero. También recordaba haber caminado entre esos jardines gigantescos. Subió las escaleras y observo los pocos cuadros que quedaban, pues claramente algunos habían sido retirados. Podía verse las sombras en el terciopelo rojo de las paredes.

¿Qué tenía el terciopelo rojo? Estaba en la casa del Oeste y ahora también en la del Norte. La del Este estaba prohibida y no podía ir por la constante vigilancia del Ministerio, pero la del Sur… no recordaba haberla visitado.

Siguió subiendo y se encontró ya en el segundo piso. Estaba a punto de seguir por el pasillo y encontrar una habitación, sin embargo, miró de nuevo hacia las escaleras y subió hasta el tercer piso. El aire se sentía denso, pero siguió adelante y aunque sintió un leve tirón hacia atrás, tal como le había pasado en la casa del oeste cuando quiso subir al tercer piso… esta vez no le impidió avanzar.

Una vez estuvo allí, miro hacia el pasillo y lo recorrió hasta llegar a una habitación con una enorme y tallada puerta color caoba. Entró allí y desde la puerta observó el interior.

Era un dormitorio, pero gigantesco. Tenía sillones en un extremo, una cama gigante en una orilla en dirección al sol. Ventanas enormes cristaleras enmarcadas en madera también tallada. Ventanales por todos lados cubiertos por cortinas. Y claro, la característica alfombra te terciopelo rojo, al igual que el tapizado.

—Tini —llamó.

Su elfina apareció en ese instante.

—Amo.

— ¿Sabes cuándo fue la última vez que mi padre uso esta habitación?

—Hasta donde Tini sabe, El amo no se queda en esta casa hace años, amo.

— ¿Por qué? —le pregunto mirándola, extrañado.

—Ummm —divago la elfina— Morice dice que el Amo odia esta casa, que por eso nunca viene —dijo nerviosa— pero Tini no sabe. Tini no debería decir esto al joven amo, discúlpeme…

Theodore sintió un pinchazo de compasión hacia su elfina. Esa actitud ya se la había visto antes; dándole a Theodore lo que él le pidiera cuando sentía que le había fallado. De niño le daba dulces a escondidas de los demás elfos. Ahora de grande, al parecer podía revelarle pequeños secretos.

Casi suspiro.

Morice era el elfo que se encargaba de mantener habitables las casas de la familia. Era normal que él supiera más. Theodore se hizo una nota mental para preguntarle al respecto.

—Bien —dijo Theodore— ¿Tini, podrías traer mi té aquí?

—Sí, amo —dijo de inmediato, sonando más animada.

— ¿Y algunas de mis cosas? Necesito la ropa que uso para las correcciones ¿Sabes dónde están, cierto?

La elfina asintió— Iré luego de traerle el té.

—Gracias Tini —le dijo antes de que ella desapareciera en un suave "Plop"

Theodore se dirigió a la cama y se sentó en ella antes de vaciar sus bolsillos. La varita que le dio Edward, su varita, el giratiempo… dos viales con poción calmante para su dolor de cabeza. Se había desensibilizado el brazo esa mañana y los efectos aún permanecían.

No tenía sueño en absoluto, sin embargo, en cuanto apoyo la cabeza contra la almohada se durmió al instante.

Cuando despertó, vio la ropa que le pidió a su elfina perfectamente doblada sobre uno de los sillones en el centro de la habitación. Cuando fue hacia uno de los armarios, vio al menos cinco cambios de ropa, obra de Tini también, seguramente.

En uno de los percheros cerca de la ventana, esperaba una lechuza negra con vetas grises y patas envueltas en topacio con un mensaje en la pata. Theodore se acercó al ave y luego de acariciarla, desenrollo el pergamino. Llevaba su nombre.

Reconoció la letra de su padre al instante.

"Hijo, Seguramente Edward te explico parte de la situación. Debes permanecer en la casa del Norte por obvias razones, es la casa más segura de todas. Una vez Edward regrese y nos de noticias, regresaras a la casa principal. Necesitare tu ayuda para los pormenores que sucedan en los próximos días"

"PD: Lamento haberte privado de tu varita. Fue un error, no pasara de nuevo"

Theodore termino de leer el mensaje, y como de costumbre, lo quemó en el aire.

No terminaba de entender a su padre.

¿Puede alguien lastimarte sin piedad y luego sonar preocupado y arrepentido por el menor de los males que le hizo?

Casi podría sentir que le dolía la cabeza de nuevo.

Todo estaba mal.

Todo era un error, pero nadie quería creerle.


Edward llegó pasado el mediodía, en una pieza, afortunadamente. Se veía sucio, cansado y ojeroso, pero sin perder aquella sonrisa brillante mientras le decía que se había escapado de casa de Serafina para echarle un ojo y hacerle compañía.

Le contó todo lo que sucedió aquella madrugada y la primera hora de la mañana. Sinceramente, el cómo lo contó fue… incomodo de oír. Prácticamente una masacre, como solo lo puede ser el hecho de que hayan magos en bandadas por tierra y aire con varita en mano y cazando a magos medio locos, descalzos y pobremente alimentados en medio de un bosque por la madrugada, tirando a matar. Edward le pregunto si quería saber de cuantos se deshizo… Theodore no quiso.

Sin embargo, según los números del Ministerio, habían al menos veinte mortífagos que no consiguieron atrapar y los cazadores no podrían actuar de día. Theodore le ofreció la casa a Edward para que durmiera, algo que él no rechazó. Sin embargo, para cuando llegó la tarde, estaba listo para volver a salir… y la verdad sea dicha, parecía entusiasmado con la idea.

Para el lunes por la mañana, Edward volvió a aparecer con buenas nuevas. Esa noche sería la última de cacería, luego harían el conteo final y recién anunciarían la fuga oficialmente en el profeta. Edward despotrico que debieron presionar al Wizengamont, pues era obvio que los prófugos habían conseguido ayuda para estar tan bien escondidos y lograr ocultar su rastro, por viejas alianzas mágicas seguramente; por eso mismo Edward ya no iba a participar, pues lo consideraba una pérdida de tiempo.

En su lugar, le dijo que al día siguiente irían a Hogwarts para pedir un permiso largo al director. Theodore dijo que su padre podría escribirle, pero Edward insistió en que lo adecuado era que Theodore apareciera frente al director y dar los motivos en persona. Y los motivos eran… que Theodore, como hijo de Philip, debía poner la cara por los Nott ante las demás familias y dominios para mantener el control y recordarle a todo mundo que eran neutrales. Hacer correcciones de ser necesario.

Theodore no pudo no hacerle caso. Su padre ya se lo había comunicado: "Necesitare tu ayuda"

Llegado el martes, ambos entraron en la red Flu y en una llamarada azul, estuvieron en la chimenea de la torre del Director de Hogwarts.

Edward, amistoso como siempre, al parecer ya conocía al viejo director hacía tiempo y apenas llegaron, habló del permiso de Theodore y la excusa que usarían, para luego hablar de lleno acerca de la fuga, pues Dumbledore también ya lo sabía. Se veía preocupado y pregunto a Edward cuando es que el Ministerio enviaría a los dementores, todo para preparar los hechizos necesarios para que no ingresaran a los terrenos del castillo como había pasado en tercer año.

Theodore preguntó si podía recoger algunas cosas de su habitación. El director no se opuso. Edward no dijo nada, pero le dedicó una mirada extraña que le hizo sentirse enfadado.

Era la hora del almuerzo, así que todos los alumnos estaban rumbo al comedor o ya almorzando. Camino hasta la mazmorra, dio la contraseña y fue rápidamente a su habitación compartida, estaba desierta. Una vez allí, metió en una bolsa extensible su botella mágica, algunas plumas y algún que otro traslador. Salió de allí rápidamente hasta los pasillos que llevarían directo a la oficina del director.

Correcciones. Debía hacer correcciones si era necesario… si es que alguien estaba violando la neutralidad.

La última vez que participo en una corrección termino todo mal, tanto para él como para el rebelde que les desafió. Augustus Taylor termino muerto, sí. Pero le dejo tantas interrogantes y dudas que el creyó eran calumnias.

Ahora sabía en carne propia que no lo eran tanto.

¿Qué le dejarían las correcciones que sucederían?

Se sintió tan cansado…

—Theodore.

Reconoció la voz al instante. Se detuvo en seco y se volvió hacia atrás al instante.

Ella se veía algo agitada, pues parecía haberlo alcanzado a toda prisa. Unos cuantos mechones de cabello se habían escapado de la cola en su cabeza y caían a ambos lados de su rostro.

—Hermione —le dijo acercándose ligeramente, pero guardo distancia— ¿Qué no es la hora de la comida? —Pregunto, pero se arrepintió al instante— ¿Cómo has estado?

—Bien —dijo ella, mirándole de pies a cabeza— ¿Tú?

—También —respondió.

Aunque era mentira. Es lo que se supone que debe contestar. Sin embargo…

—Oh, vaya —dijo mientras se cruzaba de brazos— no cuadra mucho con la persona que de un día para otro desapareció de la escuela, aparentemente por asuntos de salud.

¿Acaso ese era una especie de reclamo? Estuvo por rodar los ojos, porque hasta podría ser algo gracioso. "Todo el mundo me reclama últimamente" pensó con algo de tristeza.

Y se suponía que la chica delante de él tenía mucho que ver con todo eso, pero ahí estaba… ajena a todo. Sin saber los dolores de cabeza que le trajeron ser de alguna manera, cercano a ella.

—Bueno —le contesto— tuve algunos asuntos con medimagia.

—Oí eso —dijo descruzando los brazos y acercándose un pasito a él, clavando los ojos en los suyos— Dicen que es por tu brazo. ¿Serás zurdo de por vida?

"Ahora que recuerdo… te lo conté" pensó para sí mismo. Pero ella estaba esperando alguna confirmación. Hermione no era de rumores, pero al parecer había oído de los suyos. Eso era nuevo. Aunque la preocupación implícita en sus palabras no lo eran tanto. Le miraba de ese modo desde que volvieron a hablar luego de su gran pelea… la gran pelea que ahora parecía tan lejana y sin importancia.

Theodore suspiro sin darse cuenta— Es muy probable —le contesto, aunque era algo que ya tenía asumido desde el año pasado, cuando paso el tiempo que se suponía donde debía terminar esa maldición— Pero no es demasiado importante. Ya he practicado mucho desde hace tiempo y podré ser igual de bueno con la izquierda que con la derecha.

Esa respuesta no pareció apaciguar la mirada preocupada de ella, y ahora, estando más cerca, le escudriño todavía más. Nada de malas intenciones o la mirada que esperarías que buscara puntos débiles o mentiras. Solo una mirada amable y sinceramente preocupada. Theodore recordó que su padre le miraba de una manera parecida cuando era un niño y se caía o se lastimaba.

¿Qué había dicho Edward de Hermione? ¿Alguien noble y de buenos sentimientos y pensamientos? Definitivamente lo era. Lo pensaba desde hace tanto tiempo. Una persona buena, sin malicia a la vista ¿No era sensato querer estar cerca de alguien así? ¿No podía sencillamente caerle bien y ya? ¿No era normal querer tener aliados como ella? ¿Por qué todo tenía que ser acerca de segundas intenciones?

¿Por tenían que haber amenazas de por medio?

Theodore… sintió culpa.

Hermione era una víctima en todo eso, inocente y sin saber acerca de todo lo que se habló de ella en los otros días. ¿Si se lo contara qué pensaría ella? ¿Estaría tan indignada como él lo estaba? ¿Se enfadaría con él? ¿Se alejaría?

Estaba pensando demasiado de nuevo. Por supuesto, pensó, ella no haría eso. Entendería que era un error y le aclararían todo al resto.

Le miró a la cara y encontró la sinceridad en sus ojos. Siempre lo encontraba, incluso cuando discutían. Casi podía verse reflejados en los enormes ojos castaños claros… casi dorados.

Si su padre y Edward la conocieran mejor, entenderían que él solo quería…

—Termine las traducciones —dijo ella.

—Eso es…

Escucho risas en un pasillo contiguo. Theodore, alerta de inmediato, se volvió hacia allí. Luego, se volvió hacia Hermione.

Incluso algo inocente como encontrarse con ella por casualidad podía malinterpretarse ahora, pensó de inmediato.

Theodore la tomó de la muñeca, prácticamente tiró de ella hacia el pasillo contiguo. Encontró una puerta a la vista.

Sin pensar demasiado, jaló a Hermione allí primero para que entrara.

— ¿Q-que estás…?

Pero Theodore le cubrió la boca al instante con la enguantada mano.

"Lo siento" pensó "Te lo explicare todo, pero por ahora…"

El también entro en aquel armario y cerró la puerta detrás de él.

Theodore quedó con la cabeza girada hacia la puerta, escuchando las risillas y charla insulsa de estudiantes que no pudo reconocer.

"Lo último que necesito son más rumores" pensó. Solo imaginaba las proporciones. Desde lo de Draco hablaban demasiado de él, seguramente era peor ahora.

Cuando el ruido afuera se desvaneció, Theodore se giró al fin hacia ella, su mano aún sobre su boca. Ella estaba mirándole con algo diferente a la rabia que esperaba… incluso desvió la mirada y tenía ese usual tono rosa "vergüenza" inundando su cara.

"¿Y a ti que te pasa?" se preguntó. Pero luego creyó que lo correcto era disculparse por ser tan rudo.

Solo hasta entonces fue consciente de donde estaban exactamente y la manera en la que estaban. Ella tenía la túnica abierta. Su camisa estaba desarreglada, seguramente por la violencia con la que la empujo allí. Vio su varita sobresaliendo de uno de los bolsillos de su túnica.

Theodore sintió ganas de reír, pues nunca vio a Hermione en una situación similar antes. Le divirtió de alguna manera inexplicable, aunque ella se veía avergonzada.

Él liberó su boca y dejó caer la mano hacia el costado.

— ¿P-podemos salir de aquí? Por favor —dijo ella bajito y mirando hacia el suelo.

Llevo una de sus enguantadas manos hacia su mentón e hizo que lo subiera, como había acostumbrado hacerlo cada que ella esquivaba sus ojos. Comenzó a hacérsele costumbre cuando comenzó a acercarse a ella, pues antes solía creer que ella podría mentirle.

Era una costumbre y como tal, no se le quitaba… Querer que ella le mirara mientras le hablaba.

No se dio cuenta, pero al hacerlo, sus frentes casi se tocaron.

— ¿Qué te he dicho acerca de mirar hacia él suelo? —dijo el, y se sorprendió de que su voz saliera tan suave.

—Que no debería —dijo ella bajito.

—Si —dijo él— mentón hacia arriba —murmuro— brillante y orgullosa.

La débil luz que llegaba desde una de las rendijas del armario le ilumino la cara con leves manchas de luz purpura salidas de algún lado que no entendía. Sus ojos parecían más enormes de lo normal. La luz le daba un toque luminoso a su rostro y él pensó que así debería verse siempre, con mucha luz a su alrededor.

"Bonito" pensó.

Ella entreabrió los labios, seguramente para decir algo...

Algo cambio en ese momento,

O mejor dicho, todo.

Cuando el volvió a verla a los ojos, ella se removió hacia atrás.

Theodore apartó la vista, dándose cuenta de que acababa de pasar y rápidamente salió hacia el pasillo, Hermione no salió de inmediato, si no que se quedó mirándole, analizándolo.

A Theodore no le gusto el escrutinio de su mirada y se puso la máscara de indolente.

— ¿Por qué hiciste eso? —pregunto Hermione con el ceño fruncido.

"¿Por qué hice qué?" pensó él, aun aturdido "¿Porque te metí en ese armario? O ¿Por qué me quede como un idiota mirando… queriendo…?"

Incluso pensar eso era choqueante, pero Theodore decidió fingir demencia, incluso consigo mismo.

Después de todo, fue él quien actuó como el depravado que la arrincono en un armario como si fuera a atacarla.

Un instante.

Solo un instante y entre un parpadeo y el otro podía recordar el cuadro perfecto de su rostro cerca del suyo bañado en luz… pensar que era "bonito" y luego pensó... La sangre le golpeo los oídos y sintió la respiración pesada, mientras trataba de pensar en algo que responder y tardaba demasiado en lograrlo.

— Se supone que mientras menos personas me vean aquí, mejor. —dijo él por fin, volviendo a los pensamientos que le llevaron a esconderse y a ella con él en primer lugar. Lo único que realmente importaba.

Ella salió del armario y se acercó… lo mismo que Theodore retrocedió.

—Estas actuando demasiado raro —dijo ella, esa mirada preocupada reemplazando la mirada inquisitiva— ¿Qué está pasando, Theodore?

"No lo sé" pensó aterrado.

"En algún momento te darás cuenta de que se te ha pasado la mano, vas a reaccionar tan mal y tan impulsivamente que vas a hacerle creer a esa chica que por alguna razón la detestas"

"Esto no es…" pensó, recordando lo que Edward le dijo.

Se pasó una mano por el cabello tratando de poner algo de claridad en sus pensamientos revueltos.

—Han sucedido ciertas… complicaciones —dijo evitando mirarla "algunas tienen que ver contigo" quiso decir, pero no lo hizo— Debo estar fuera de la escuela por unos días más, Edward me acompaño aquí para pedir permiso del director en persona. Aproveche el momento para recoger algunas cosas de mi habitación mientras los demás almorzaban.

— ¿Por qué no deben verte?

"Por Merlin, no me preguntes eso…"

—Eso… —contesto mientras buscaba una buena excusa, pero no se le ocurrió ninguna. Sacudió la cabeza—… es demasiado largo de explicar. Además, debo volver a la oficina del director. Me están esperando.

Se atrevió a mirarle la cara y se encontró con la mirada de decepción.

—De acuerdo —contesto ella apagadamente.

"Vas a hacerle creer a esa chica que por alguna razón la detestas"

—Volveré a la escuela. Jueves —dijo de inmediato sin pensar demasiado— probablemente para la cena. Encontrémonos. Viernes, en el pasaje del jardín exterior del castillo. Trae las traducciones y te prometo una explicación —le extendió la enguantada mano— ¿Trato?

"¿Qué excusas has usado? Darle la mano como saludo o con cualquier otro motivo"

Que ella le diera la mano de vuelta de inmediato, sin dudar siquiera…

—Trato —le contesto ella.

—Bien —dijo más tranquilo, pero soltándole la mano de inmediato— Ahora… —reviso los pasillos. Alguien podría haberlos visto. "Estúpido" se dijo— Adiós Granger.

Dio unos pasos hacia atrás y agito la mano hacia ella.

Hermione agitó su mano también.

Theodore se alejó a paso rápido, sin querer volver la vista hacia atrás.


Y antes que se diera cuenta del paso rápido del tiempo, entre visitas anunciadas con tiempo y amabilidad y otras, prácticamente, sorpresivas invasiones… pronto el martes se volvió jueves.

Su padre había sido claro al respecto, la neutralidad era primordial en ese momento. Por eso fue solamente Edward quien apoyó la cacería desde la primera línea, como un miembro activo del Ministerio tenía que hacerlo; mientras que por otro lado secretamente hizo que Serafina usara su control de la Red Flu para ver movimiento inusual y detectar probables familias aliadas de los fugitivos, todo para evitar tratar con ellos en el futuro y que la familia Nott terminara implicada en una situación comprometedora.

No podían permitirse un escándalo que tuviera que ver con magos genocidas en puertas de la implementación en Francia y a un paso de firmar con Alemania.

Como tampoco podían permitirse mostrarse amistosos con el Ministerio para cosechar posibles enemigos.

La neutralidad no era solamente no hacer nada, si no, evitar que los cambios externos les hicieran ver a un bando que apoyaba al contrario. Era como cuidar tu perfecta imagen, mantenerse limpio. Y por Merlin que era difícil.

Theodore tuvo que estar de pie al lado de su padre cuando él, con tono amenazante pero con palabras sutiles, les dejaba en claro a cada familia que visitaba/invadía que si alguien cometía algún error… el destierro sería inmediato. Sin importar la edad ni el trato previo con la familia, no sería indulgente con nadie.

Nadie.

Edward lo abandono el miércoles por la mañana, pues debía retomar labores normales en el Ministerio. Se resistió e incluso le pregunto si estaba bien que se fuera. Theodore pensó que querría que se mantuviera cerca mientras estuviera fuera de Hogwarts, pero eso tampoco era buena idea. No con la hecatombe de ideas revueltas que tenía en ese momento y probablemente Edward terminaría dándose cuenta, le acorralaría y le haría hablar. No quería eso. Además, el proyecto de la Red Flu era mucha más prioridad en ese momento. Se dijo a sí mismo que era por eso que le enviaba de vuelta.

Sin embargo, aunque aparentemente no existían amenazas por parte de los prófugos de Azkaban, Theodore no volvió a la casa principal. Su padre no se opuso, solamente dijo que estaría fuera el resto de la semana. No dijo porque, aunque tampoco es que Theodore se lo preguntara.

Para el almuerzo del jueves recibió una corta visita de Edward.

— ¿Huiste del ministerio? —le pregunto cuando le vio aparecer por el umbral de la puerta luego de que Tini le anunciara y se marchara.

— ¿Quién no lo haría? —Dijo despreocupado— todo es un caos por tristes dieciséis prófugos. ¿Imaginas que hubiera pasado si supieran que eran casi cien?

—Creí que te gustaba el caos.

—Sí, pero este es pequeño. Es más molesto que útil. Como sea —dijo sacudiendo la cabeza— ¿Sabes que le pasó a Philip? Se veía triste hoy.

Theodore casi se ahogó con lo que estaba comiendo.

— ¿Qué?

—Hablé con él en la mañana —dijo alcanzando un fruta que había en la mesa— supongo que tiene que ver con que no has querido pasar tiempo en su casa y te atrincheraste aquí.

Theodore le miró estupefacto— ¿De qué estás hablando?

Edward suspiro— Ah, Theo. Que cruel.

Él resoplo en respuesta, totalmente indignado— ¿Cruel yo?

—Tu muy ocupado padre hace tiempo en su muy apretada agenda por casi una semana para pasar tiempo contigo y tú siquiera pasas a tomar el té.

— ¿Me estás criticando? —Le pregunto— ¿Precisamente tú? —Dijo incrédulo— Tú, que deberías saber perfectamente porque no quiero volver allí.

Edward se rio mientras sacudía la cabeza— Estás siendo infantil —dijo burlón— un regaño ¿Y solo vas a huir?

— ¿Un regaño? ¡Sabes bien que mi padre…!

—Se lo que hizo tu padre —le dijo indiferente— pero esperaba que luego de un tiempo encontrarías la manera de confrontar la situación.

— ¿Confrontar…?

—Sí, confrontar —dijo Edward, ahora poniéndose de pie y lanzándole una mirada lastimosa, como si le tuviera pena— No solo esconderte aquí. Y luego de esto ¿Qué sigue? ¿Esconderte en Hogwarts? Estás actuando de una manera tan… decepcionante.

— ¿Decepcionante? —Dijo poniéndose lentamente de pie y caminando hacia él— Te recibo como a un invitado ¿y me hablas así? —Le dijo enfadado.

"A mí no me mires desde arriba" pensó.

Edward mostró entonces su sonrisa brillante— Mejor —le dijo ahora volviendo a sentarse— Esa actitud te queda mejor. Todo un Nott.

Theodore, medio confundido se pasó una mano por el rostro y le miro con rencor— No hagas eso de nuevo —Edward le miro con inocencia— hacerme enfadar a propósito.

"Eres tan bueno que no sé cuándo es mentira y cuando no"

—Oh, pero deberías hacerlo más seguido —le dijo— eres demasiado contenido. Enfadarse es normal y sensato, pero debes de pensar que hacer con esa energía y no solo cavar un hoyo y meterte en él —dijo asintiendo para sí mismo— ¿Me permites aconsejarte?

Él ya estaba sentado de nuevo, de pronto agotado— Habla.

— No desaparezcas. Eso no te ayuda en absoluto —dio un sorbo a su bebida— Es demasiado obvio que hay tensión entre ti y Philip, muchos lo han notado en las ultimas visitas. He esparcido chismes pequeños, como que tú estabas molesto por dejar Hogwarts estando tan cerca los TIMO´S solo para recordarles a los magos cosas que ya deberían saber. Pero si alguien pregunta, discutiste con Philip acerca de la neutralidad. Algo acerca de tu indignación por tener que mirar desde lejos como cómplices de tu ataque del año pasado están correteando por ahí. Algo de capricho es siempre esperable de niños sangre pura.

Theodore rodó los ojos. Aunque pensando seriamente al respecto, era una mentira creíble. Él lo creería si se tratara de otra persona.

—Entiendo que quieras mantener tu distancia de Philip, pero eso no te conviene —le dijo Edward— ha sido duro contigo, es verdad. Pocas veces le he visto ser de ese modo, pero nunca imagine que sería así contigo alguna vez… —luego le miró a los ojos— lo que escondes debe ser gigantesco para que él actuara así…

Theodore le miró aburrido— ¿De nuevo con eso?

—No me refiero al asunto Granger —le dijo en un murmullo, y mirando hacia todos lados antes de hablar— si no a lo otro.

Él entrecerró los ojos— ¿Qué otro…?

Edward hizo una mueca— Tú sabes… lo otro… —luego bajó aún más la voz— lo que sea que le hayas encargado a Craston —dijo susurrando— aquello por lo que desembolsas miles de galeones cada semana y te esfuerzas tanto por enviarlos en secreto a Irlanda.

Theodore se quedó en blanco, pero sujeto la varita entre sus dedos— ¿Cómo sabes…?

Edward levantó las manos de inmediato— Yo no sé absolutamente nada —dijo con los ojos cerrados, como si esperara que le maldijera— nada en concreto, quiero decir. Pero Theo, cuando te dije que no existe un solo rumor que escape de mi ojo vigilante desde hace ocho años y que por eso podía insertar los que yo quisiera y desaparecer los que no… no era ningún alardeo. Digamos que tengo un ojo fijo sobre Craston recientemente, solo por eso me di cuenta… pero él es tan cuidadoso que no deja cabos sueltos. Se mueve bastante bien ¿Sabes? Y está muy bien financiado, pero viene de una familia quebrada así que solo puede estar mandado por alguien. Alguien con una bóveda enorme —Edward abrió primero un ojo, luego el otro— pero incluso en eso era cuidadoso. Me obligó a vigilar Gringots por meses ¿Sabes? Y lo único que saque de todo eso es que envía mucho dinero a Irlanda. Se dé esto desde Noviembre, pero confirme por mis propios medios que Philip no sabe absolutamente nada de esto, así que supuse que haces todo esto a sus espaldas. Y luego de todo lo que ha pasado hasta ahora, puedo confirmar que realmente lo haces ¿Verdad?

Theodore se mantuvo en silencio, pero aun con la varita en la mano.

—No me mires así —dijo haciendo una cara inocente— No estoy intentando chantajearte o algo como eso. Yo nunca te haría eso, Theo. Solo… quiero hacerte ver que cometes un error al mantenerte distante de Philip —le dijo como si fuera lo más obvio del mundo.

— ¿Por qué? —le preguntó, ahora apuntándole con la varita.

"Dependiendo de la respuesta…"

—Porque Philip… te quiere —dijo sonando casi resignado. Theodore se quedó en blanco— te quiere del modo que un padre quiere a su hijo, con todo lo que eso conlleva —continuo— Es un astuto, frío e implacable sangre pura que quiere a su hijo, su único hijo, el cual es su orgullo y probablemente la única persona más cercana a él y en quien más confía, porque ¿A quien más tiene Philip si no es a ti?… pero entonces, un día, descubre que tú, su preciado hijo, le oculta algo… ¿Cuál es el resultado esperable?

—Si estás tratando de justificar…

—No estoy justificando nada, sin embargo, debes entender que las malas reacciones a veces no son por maldad. Lo que quiero es que hagas lo que tienes que hacer: Ver todo en perspectiva. Pensar con lógica en lugar de ser nublado por el sentimentalismo —dijo casi atropelladamente— Hay algo cierto en todo esto, Theo. Tú ocultas cosas de Philip…

"Mi padre es quien oculta cosas de mí" pensó Theodore.

—…y él lo sabe, no se desde cuándo, pero lo sabe y la única razón que se me ocurre por la que no ha hecho nada hasta ahora para averiguar qué es eso que le ocultas es porque aún a pesar de todo, confía en ti y claro, te quiere. Y él está seguro de que piensas en él del mismo modo y que por tanto, lo que sea que ocultes no puede ser algo malo.

Theodore sujeto con fuerza su varita— Lo que dices no tiene sentido.

—Tiene mucho sentido. Si lo piensas bien, tiene todo el sentido del mundo —le contesto— No te distancies de Philip —le dijo Edward— no lo hagas. Seguro crees que ha sido cruel contigo, pero no tienes idea… no sabes cómo es Philip cuando tiene que tomar cartas en el asunto, lo implacable que llega a ser. Si no me crees, solo recuerda las caras de los magos de dominios donde llegaron sin avisar, esos son los magos en los que él no confía, ellos son los que han visto su peor cara, los que recibieron algo de la crueldad que Philip puede llegar a echar sobre alguien cuando decide que debe ser implacable.

Edward se veía inusualmente nervioso— No sé qué es lo que ocultas o por qué lo haces. Para mí no tiene importancia, porque eres tú y sin importar qué, yo siempre estaré de tú lado —dijo llevando una mano sobre su corazón— sin embargo, a ojos de Philip te verás sospechoso. Si sigues con esta actitud, él comenzara a desconfiar de ti. Alguien como Philip, que ha sido traicionado por todo mundo a su alrededor en algún momento de su vida… Merlin, Theo, su propio circulo lo traiciono una vez, tú lo sabes ¿Qué crees que va a hacer si le das motivos para creer que tú te has vuelto en su contra?

Theodore negó con la cabeza de pronto. Lo estaba haciendo desde que Edward comenzó a hablar de traición— Yo no estoy planeando algo en su contra… yo… Estoy enojado, pero… yo no pienso…

—Eso no importa. No importa lo que pienses —replico Edward— ya te lo he dicho, tu actitud habla por ti —él se pasó una mano por el cabello.

Theodore sintió su estómago encogerse— No lo había pensado de ese modo.

—No es tu culpa —dijo Edward, casi suspirando— Philip tampoco lo entiende. A veces… a veces actúa errático cuando se trata de ti ¿Sabes? —el sacudió la cabeza— A veces… solo piensa en cómo te afectará a ti cada acción que planea realizar. Si estarás de acuerdo y como convencerte si no lo estarás. Si lo entenderás… y que debería hacer para asegurarse de que lo entiendas.

Theodore alzó la cabeza, curioso.

— ¿Por qué crees que me hizo testigo esa noche? ¿Por qué crees que me sacó del Ministerio para hacerte compañía estos días? ¿De verdad crees que yo podría estar aquí si él no lo permitiera? Quiero decir, lo lograría, pero sin su venia sería mortalmente difícil —Edward sacudió la cabeza— seguramente supuso que no estarías cómodo con él y que quizá quisieras alejarte y para eso quería que yo estuviera cerca, viendo todo desde afuera porque pensó que seguramente hablarías conmigo, porque es obvio que de alguna manera somos cercanos también. Quiere que le entiendas. Incluso habló contigo al día siguiente por la mañana para explicarte por qué hizo lo que hizo ¿No?

—Me amenazo —murmuro Theodore.

Edward se encogió de hombros— Digamos que tiene la inteligencia emocional de una piedra. ¿No estás tú en el mismo barco? Por Merlin, se parecen tanto en ese aspecto —Luego hizo una mueca— Créeme, lo último que Philip quiere es que le tengas miedo.

Theodore sacudió la cabeza, totalmente confundido— No parece hacer mucho por demostrar lo contrario.

—Supongo que tiene que ver con el hecho de que ha vivido amenazando toda su vida ¿Puedes culparlo? No me contestes, probablemente sí, pero no ganas nada con eso ¿O sí? —Edward bajo la vista y se llevó una mano al pecho— Hablo en serio, Theo, como un mago que ha vivido gran parte de su vida obedeciendo a una familia sangre pura a la que nunca le he importado… sé muy bien cuándo se trata de simple crueldad desmedida, y ese no es tu caso. Acabo de decírtelo, Philip actúa errático cuando se trata de ti. Piénsalo ¿Cómo comenzó todo? Habló contigo y todo fue civilizado. El descontrol comenzó cuando él asumió que le mentías, que le mientes desde hace tiempo… y no iba muy desencaminado ¿O sí?

Theodore sintió el punzante dolor característico de la culpa— Dijo… él dijo… que los secretos estaban bien. Que todos tenemos al menos uno…

Edward asintió— Supongo que era una manera de decirte que no tolerará más de uno… —suspiro— entonces, mientras no tengas nuevas mentiras… estará todo bien. Espero.

Siquiera él se veía seguro.

Theodore miró hacia sus propias manos— ¿Qué debería hacer?

—Lo primero… debería ser recuperar el contacto. Eso, cuanto antes mejor. Ahora mismo le está golpeando el sentimentalismo y está triste, ganártelo de nuevo debería ser fácil. Cuando pase a la desconfianza será tarde.

Respondió monotamente— ¿y luego?

—Luego… procura no mentirle… y no ponerte tan tenso cuando él estén en la misma habitación.

Theodore hizo una mueca.

Edward suspiro.

—Sé que puede sonar difícil… después de todo, a ti también te está golpeando el sentimentalismo… se lo dije a Philip, también que debería ser paciente… porque seguramente serías así hasta que lograras entender y ver todo objetivamente —Edward volvió a suspirar— De verdad… espero que lo hagas.


Ese día por la tarde llegó a Hogwarts y aunque lo primero que hizo fue intentar escribirle un pergamino a su padre, no pudo idear una sola cosa que decirle.

Edward había sido claro y preciso en analizar todo lo que sucedió... pero su manera de ver las cosas eran parcializadas. Si toda la desconfianza hacia su padre se resumiría solo al asalto de legeremancia que su padre le hizo, habría sido sencillo de resolver… pero claro, no era todo.

Había secretos entre los secretos.

Había cosas que Theodore aún no sabía. Demasiadas para su gusto. Todo habían sido sospechas, pero luego… luego… bueno, estaba la nada mencionada Emma Nott, quien desapareció sin rastro mientras era pupila de su padre. Luego, la maldición de la que habló Augustus Taylor… después… el hecho de que por más que James había hecho todo por encontrar algún hecho o prueba que lo ligara con su madre, Alyssa Nott… era nulo, aparentemente por el hecho de haber nacido durante la primera guerra mágica.

Hacía tiempo que no pensaba en eso, la posibilidad de no ser puro.

Con lo que le dijo Edward era peor, pues le había asegurado que su padre estaba encariñado con él y eso le llevaba a actuar de manera errática a veces.

Él, el único hijo de Philip Nott, el mago que no tiene a nadie más en la vida…

Si lo veías de ese modo… Theodore no quería pensar en eso. Aún.

Había secretos entre los secretos…

"Pero a diferencia de él, a mí nunca se me hubiera pasado por la cabeza asaltar a mi padre con Legeremancia" pensó, aun indignado "Te equivocas, Edward, no nos parecemos del todo"

Y a parte de todo eso, estaba la posibilidad de que su propio padre le había obliviado quien sabe cuántas veces.

¿Cómo no desconfiar?

Mientras cenaba, alejado de sus compañeros de casa para evitar que siguieran insistiendo en preguntarle que había hecho esos días fuera de la escuela y no se conformaban con la información oficial: Que estuvo todo este tiempo en Tierras bajas, con un rompedor de maldiciones.

Rumores iban y venían, los más interesantes eran los que tenían que ver con los Mortífagos fugados, pero nada peligroso, pues no era verdad y no pasaban de chismes sin sentido. Cada que alguien se lo preguntaba, él contestaba sencillamente: "Somos neutrales".

Tenía mucho en que pensar y mucho que hacer, por eso, cuando vio a Granger aparecer para la cena, decidió que acabaría con ese asunto el día siguiente.

Le ofrecería la mano a Granger, si ella lo rechazaba, se alejaría.

Simple.

Sin embargo, estando frente a frente con ella no parecía del todo simple.

Para comenzar, no pudo evitar pensar cómo hacer su propuesta. La última vez que se vieron, actuó sin pensar. Lo atribuyo a que fue una situación algo extrema, pues iba actuando sobre la marcha. Pero ahora estaban solos y nadie les interrumpiría.

"Solos…" pensó.

Sin embargo, aun así no estaba tan seguro de cómo abordar el asunto, y la única razón para eso era que temía que ella lo rechazara.

Edward le había hecho pensar hipotéticamente al respecto y él había respondido sinceramente. Si, insistiría, pero si ella le rechazaba definitivamente, debía alejarse.

La apuesta era por un vínculo o nada.

Y muy a pesar suyo, el "nada" no era algo que él quería.

—El ambiente es algo pesado —murmuro Theodore— quizá tenga que ver con los dementores.

—Sí, es probable —Ella asintió mientras rebuscaba en su mochila— Lo termine el fin de semana —le dijo mientras le tendía los pergaminos.

Theodore extendió la mano y los tomó, incluso fingió echarles un vistazo, pero luego los dejó en el suelo. Su importancia fue perdida en algún momento de la anterior semana, pero aplaudió internamente que Hermione mantuviera el protocolo de buena negociante al entregar lo convenido primero.

—Supongo que llegó la hora de confesar —dijo en un murmullo— esta será una maldición permanente. Edward y yo estuvimos en tierras bajas visitando a un rompedor de maldiciones y su predicción es esa. Debía volver el domingo, pero sucedió la fuga de Azkaban.

Granger quedo boquiabierta— ¿La Fuga? —murmuro— p-pero el profeta…

—Es mentira —le dijo, pues como suponía, ella no tendría idea de lo que pasó en realidad— sucedió la madrugada del sábado en la hora local. Edward fue llamado de emergencia al Ministerio y solo apareció después del mediodía del domingo y me contó todo. El Ministerio quiso controlar la situación con los Inefables y los Aurores antes de anunciarlo, querían capturar a la mayor cantidad de prisioneros que pudieran primero para no alarmar a la gente por la cantidad que escapo. Edward dijo que fueron al menos setenta los que se fugaron, pero pudieron reducir el número a dieciséis brujas y magos —Theodore sacudió la cabeza— El control del Profeta ahora le pertenece al Ministerio. Ni uno solo de sus artículos es confiable ahora.

Ella se puso pálida, como un fantasma. Se puso de pie al instante y pudo ver el temor en sus ojos— Merlin… —murmuro aterrada.

Theodore se quedó estático un instante sin saber qué hacer. Ese era una expresión nueva. La había visto molesta, enfadada, fúrica, indignada, alegre, incluso feliz… pero nunca aterrada. Creyó que la había asustado el otro día… pero al parecer esa era una cara distinta.

"Otro tipo de temor" se dijo.

Ella comenzó a caminar casi en círculos, mirando hacia el suelo— El ministro es un… ¡Es un…! —mascullo llena de rabia.

—Imbécil —complemento Theodore, asombrado por ese cambio de actitud. Se puso de pie también— demasiado cobarde para pedir ayuda al Wizengamont.

Hermione alzó una ceja— ¿Qué podía hacer el Wizengamont?

Theodore le explico lo más sencillo posible cómo funcionaba una alianza mágica de protección, lo cual en teoría, era uno de los actos mágicos mejor guardados entre sangres pura. Pero ya que…

Ella, por supuesto, le miró consternada— ¿E-ese tipo de magia es posible? —Dijo visiblemente afectada, él asintió— Merlin… —dijo mirando hacia el suelo, pero se volvió rápidamente hacia él con una mirada entre suplicante y preocupada.

"¿Tanto te asustan los mortífagos?" pensó casi sorprendido, pero luego recordó que ella era una nacida Muggle y que en efecto, debería tenerles miedo. Nada peor para alguien tachado de impuro que saber que magos genocidas están sueltos por ahí, ayudados por otros magos a esconderse.

"Podría usar eso" pensó rápidamente "Si ella acepta mi mano, no tendrá que tener miedo de nadie nunca" se dijo "Si estuvieras de mi lado, nadie se atrevería a hacerte nada. Ni hablarte irrespetuosamente. Siquiera se atreverían a mirarte mal"

Antes de darse cuenta, estaba llevando una de sus manos hacia ella.

— Un momento… ¿Eso también se aplica a tu familia? Los mortífagos…

Él desvió su mano y la asentó en su hombro— Mi familia es neutral —dijo en voz baja y mirándola a los ojos— y en estos últimos días Edward y yo recorrimos todos los dominios para recordárselo a las familias y ha sido… complicado. Pero me aseguré de pasar correctamente el mensaje.

"¿Qué excusa vas a usar ahora?"

Theodore sacudió la cabeza, quitó la mano de su hombro despacio.

— Edward cree que Hogwarts es el lugar más seguro de Gran Bretaña, porque ahora mismo un veterano está a cargo de los Aurores, Rufus Scrimgeour, y parece coordinar mejor con el profesor Dumbledore. Nada sucederá aquí. No pierdas la cabeza por eso ¿De acuerdo? —le dijo más tranquilo— Debemos concentrarnos en seguir aquí con normalidad. Los simulacros van a continuar, puedes ocupar tu tiempo en eso. Y creo que también tienes a tu grupo de autodidactas —dijo desganado y recordó otras de las distracciones de Granger, la que parecía habérsele olvidado por completo luego de tanto tiempo— incluso tienes a Krum para distraerte.

Ella apartó la vista e hizo una cara extraña— Sobre eso… Theodore alzó una ceja— ¿Qué? —Digamos que ya no tenemos mucho que escribir ahora. Tú entiendes… —murmuro.

El entornó los ojos, primero sorprendido, luego no tanto. "Se veía venir pensó" quizá por eso hasta había olvidado su existencia.

"O mejor dicho, te convenía olvidarlo"

Theodore ignoró ese último pensamiento.

—Ummm… entonces… ¿Han roto?

Ella asintió.

Theodore resopló— ¿Por correo?

Ella volvió a asentir.

— Que cruel —le dijo intentando no sonar burlón.

Ella puso mala cara, como si fuera a querer gritarle, pero luego… solo se veía triste— Lo sé, pero pienso que hubiera sido peor esperar a verlo en persona para hacerlo, seguir recibiendo sus cartas y tener que contestarlas era… agotador.

—Solo puedo imaginarlo —pensó algo fastidiado.

Krum era un cursi, lo supo luego de leer aquella carta que Hermione consiguió que Draco le robara. Theodore recordó que le mintió a ella acerca de que estaba abierta… la verdad… era que él la abrió adrede.

"Pura curiosidad" se dijo, recordando que aquella vez pensó lo mismo.

"Mentiroso"

Theodore sacudió la cabeza— Bueno, no soy el tipo de persona que le agrada decir "te lo dije" pero… "te lo dije".

Ella hizo una mueca— Definitivamente las bromas no son lo tuyo, Theodore —dijo ella, viéndose triste de nuevo.

—No estoy bromeando, Hermione —dijo él, acercándose un poco— digamos que te vez algo patética entristeciéndote por algo que ya sabías que pasaría. Porque lo sabías, te lo dije.

— ¿Sentir tristeza es patético? —peguntó ella en voz baja. No parecía enojada, solamente triste.

Theodore recordó a Edward, diciéndole que su padre estaba triste últimamente. ¿Si Hermione era patética, su padre también lo era?

Ella le miró de un modo que no le gusto.

"Ah" pensó. "Estoy a un paso de no agradarte de nuevo"

Y por eso precisamente era que Theodore creía que Hermione rechazaría su propuesta. Habían peleado recientemente y luego habían tenido un gran avance… y ahora, que ella se mostraba frágil a él, lo único que él hacía era ponerse de buen humor al saber que corto con su experimento de compañero.

"Lo primero… debería ser recuperar el contacto. Eso, cuanto antes mejor. Ahora mismo le está golpeando el sentimentalismo y está triste, ganártelo de nuevo debería ser fácil"

Era lo que había aconsejado Edward para evitar que su padre desconfiara de él, pero pensó que podría funcionar también con Hermione.

Theodore llevó una mano a su hombro, otra vez. Ella no se alejó ni se sorprendió, si no que elevo su rostro, mirándole a los ojos.

"No es excusa" se dijo "El contacto primero"

"…Luego… Procura no mentirle"

—No —le dijo suavemente, la voz libre de toda malicia— No lo es. Solo quería que cambies de cara.

Ella le sonrió débilmente— Gracias —dijo ella.

"Bonito"

Theodore no se dio cuenta, pero le sonrió de vuelta.

Y paso de nuevo.

Theodore alejo la mano del hombro de ella, y la metió en el bolsillo.

—Eres la única persona a la que se lo he dicho —dijo ella— pero supongo que Ron se burlara cuando se lo cuente —dijo con mala cara— ha sido hace poco, pero debo hacerlo pronto. Si Víctor comienza a salir con alguien, será un problema. Podría perjudicarlo de algún modo. —Dijo casi riendo con nerviosismo— aunque seguramente quien si se burlara es Lavender.

— ¿Perjudicar? —pregunto Theodore de pronto sombrío— ¿Por qué pasaría eso?

Ella mantuvo la mirada baja— Se supone que teníamos algo. Y yo corte, si no digo que lo hice y Víctor sale con alguien creerán que me engaña. Eso lo perjudicaría.

Theodore negó con la cabeza— te preocupas demasiado.

— ¿No debería? —Contesto ella— seguro entiendes que la reputación es importante.

—Lo es. Pero no creo que sea el caso.

— ¿Por qué no? —Ella se cruzó de brazos— es lo menos que podría hacer —dijo en voz baja, casi como si sonara a vergüenza— No quisiera que alguien hable mal de él. Sería mi culpa —dijo pasándose una mano por el cabello.

—Estás pensando demasiado.

— ¿Cómo no hacerlo? —Dijo ella— Lo que dijiste es verdad. Yo sabía que esto pasaría y solo… solo continúe. Hay ocasiones en las que me pregunto por qué lo hice y la única respuesta es que Víctor si me gustaba, pero también me gustaba más que el resto me envidiara... ¿Sabes? Después de enviarle la carta donde le decía que deberíamos cortar, él me envió una de vuelta. No la he leído hasta ahora, pero al parecer él esperaba que lo hiciera y le contestara… entonces un día, Rowina Clarence, una Hufflepuff de tercero habló conmigo, como favor a una prima suya en Rumania, para preguntarme si acaso había recibido una carta de Víctor, al parecer ella sabe lo que pasa y me dijo que sería una tonta si seguía adelante con esto…

—Bueno, ¿Ya no importa, o sí? Ya tomaste una decisión.

—Lo sé. Pero…

Theodore se enfadó. Esa reunión era para hacer una propuesta importante, no para escucharla lamentarse por Krum.

—Hermione —le dijo él— en algunas situaciones, no existe el "pero". Tomaste una decisión, asúmela y vive con eso.

— ¿Pero si estoy equivocada…? —Su rostro se tornó en una máscara de confusión.

—Eso no importa. Ya decidiste.

—Pero…

—Entonces —dijo él— retómalo con Krum. Retómalo y repite el ciclo hasta que todo este drama comience de nuevo y vuelvas a cortar.

La cara de Hermione era un poema.

—No te conté esto para que te burles de mí.

—No me estoy burlando y estoy completamente seguro de que la única razón por la que me lo contaste es para saber mi opinión. Pues es esa —le dijo cortante— retómalo, repite el ciclo y una vez estés convencida, vuelve a romper. Es tú tiempo, tú eliges donde lo malgastas —ella se quedó en silencio— esa pseudo relación no irá a ningún lado y ya te dije hace tiempo porque: Krum es aburrido, tú interesante. Siempre te aburrirás primero que él.

—No deberías hablar así Víctor, no lo conoces —contestó ella cabizbaja.

—Pero sí lo conozco —dijo Theodore— lo conozco mucho.

"Porque una vez hurgue en su cabeza y me di un paseo por allí con todo y su permiso" se dijo, recordando la vez que con la excusa de remover los recuerdos de su trato se tomó la libertad de ver en su cabeza.

—No, no lo haces —dijo ella— Y no hables así. Sé que no te agrada, pero estás siendo totalmente pretencioso. No eres agradable cuando te pones así.

"Tú no eres agradable cuando defiendes causas perdidas" pensó, pero no se atrevió a decirlo. No tenía energías para pelear con ella por algo que no valía la pena.

Y así, perdía el poco avance que tenía. Todo por el estúpido asunto Krum.

"Sabía desde el inicio que solo daría problemas" pensó molesto. "Ojala no hubiera…"

—Fui yo —Le dijo.

— ¿De qué estás hablando?

—Fui yo. Yo hice todo —le dijo mirándola a los ojos— ¿Recuerdas al amigo de Krum, Petrovich? Él necesitaba que hiciera cosas por él y yo necesitaba acercarme a Karkarov ¿Te lo mencione aquella vez, verdad? —dijo encogiéndose de hombros — En ese entonces creía que Krum era algo así como su pupilo o algo por el estilo, así que me interese en acercarme a él. Hice que Petrovich me informara de todos sus movimientos, así me entere que le gustabas a Krum. Luego, le dije que lo alentara.

— ¿Por qué hiciste eso?

— ¿No es obvio? —Dijo enfadado— Lo iba a acercar a ti. Krum se atontaba cuando estabas alrededor. Hubiera bajado la guardia al instante. Tú hubieras conseguido la información por mí.

—Yo nunca hubiera…

—Seguramente en una situación normal no lo harías —le dijo casi con una sonrisa cruel— pero tú aún me debías un favor. Y si te conozco lo suficiente lo hubieras cumplido.

— ¿Dices conocerme? —Dijo casi gritándole— ¡Yo nunca hubiera hecho eso!

Theodore la miró entrecerrando los ojos— Eso no lo sabes.

— ¡Claro que lo sé! Yo no le hubiera hecho eso a Víctor.

Theodore entrecerró los ojos— Si lo harías —le susurro casi a centímetros de ella— te hubiera convencido —dijo, su aliento casi rosandole la nariz— lo hubieras hecho por mí. Después de todo ¿Quién era Krum en ese momento? Solo un mago que se acercó a ti hacía poco tiempo, poco interesante, torpe, con nula creatividad para la plática y que solo era bueno en Quiditch, un deporte que ni siquiera te gusta —le recrimino— ¿Y yo? Hemos sido socios en bastantes cosas, Hermione. Hiciste pociones para mí con ingredientes que sabes muy bien que fueron traficados, aprendimos maldiciones juntos, escapamos de la brigada y me enseñaste uno de los pasajes secretos de la escuela, invadimos la zona prohibida de la biblioteca, falsificamos nuestra salida para las vacaciones. Te lleve a mi casa. Conociste a mi padre y te demostré que los sangre pura no somos todos unos fanáticos como le gusta creer a la gente. Me conoces —dijo casi sintiéndose orgulloso— Nos conocemos desde hace años. Sé cosas de ti que estoy seguro siquiera Potter ni Weasley saben, especialmente las cosas malas —ella agacho la mirada y Theodore satisfecho, prácticamente la miraba desde arriba— Tú lo habrías echo por mí.

—Soy más cercana a ti que a Víctor, es verdad —murmuro.

Theodore, prácticamente sonreía por su victoria, puso una mano en el hombro de Hermione de nuevo… mientras que llevaba la otra a su mentón para hacer que levante el rostro "doblega la rebeldía de los tuyos, pero recuérdales que siguen siendo tuyos" le había enseñado su padre una vez.

Cuando le miró el rostro, la sonrisa que tenía en la cara se le borró al instante.

Los ojos de Hermione gritaban que estaba triste, pero su boca solo pronuncio una cosa— Te odio.

Todo pasó muy rápido. Hermione se cubrió los ojos con una mano mientras que con la otra aparto la de Theodore y se alejaba sin mirarlo.

Él actuó sin pensar demasiado, casi en automático. Metió la mano en la manga de su túnica y en un instante su varita estaba en su mano… apuntando a Hermione.

Obliviate —pronunció.

Theodore era un prodigio en legeremancia, todos se lo decían, pero en lo que era todavía mejor, era en Obliviate. Era bastante detallista en el momento de entrar en los hilos de la mente, bastante preciso y rápido para cortar las conexiones de la memoria y encerrarlas en donde su dueña no podría tener acceso nunca, a menos que él hiciera algo.

Cuando termino y bajo su varita, recién se dio cuenta de lo que hizo.

Ella estaba de espaldas hacia él, quieta aún, pero se llevó una mano a la cabeza y se removió el cabello. Se giró en ese momento con una mirada curiosa hacia él, pero no dijo nada, solo estuvo allí, mirándolo fijamente y en silencio.

Luego, Hermione le miró confundida y el rosa de la vergüenza apareció en su cara— Esto es estúpido pero… ¿Ya nos íbamos, verdad?

Theodore negó con la cabeza despacio— No. Aún no.

"¿Qué hiciste, estúpido, que hiciste?" se preguntó, conmocionado.

Ella estaba mirándolo atentamente, con sus curiosos ojos en los suyos. La mirada sincera y confiada…

"Ah, por eso…"

—Y… acerca de Krum —dijo casi atropelladamente— seguramente sabes lo que haces.

Ella hizo una mueca, seguramente aún confundida, pero pareció restarle importancia— Oh, sí. Eh… ¿Vamos?

Él negó con la cabeza— Espera un momento. Aún hay algo… —dijo mientras acercaba lentamente a ella— ¿Recuerdas que me debes un favor? Uno sin preguntas ¿Lo recuerdas, cierto?

"Tú eres un muchacho que acostumbra hacer lo que le parece y que cuando algo no le sale bien, actúas sobre la marcha. Merlin sabe lo todo lo que va a tener que pasar para que dejes atrás la negación"

Ella asintió

— Hay algo que quiero… no, algo que debo pedirte. Y por más extraño o ilógico que parezca y por más curiosa que te sientas, debes prometer que cumplirás lo que voy a pedirte. Sin preguntas ni rodeos. Debes prometerlo —le dijo casi en un susurro.

Ella volvió a asentir despacio y en silencio— Está bien. Lo prometo.

Esas palabras le dieron una leve sensación de tranquilidad inexplicable.

—Tú y yo —le dijo despacio— tenemos que dejar de hablar por un tiempo.

Hermione se veía confundida, abrió la boca para decir algo, pero se calló de inmediato por alguna razón, Theodore agradeció eso… pero la forma en la que lo miraba no le gusto. No le gustó nada.

"Pero… es mejor que como me miraba hace un momento" se dijo.

—Lo prometiste —Susurro y casi fue como una súplica, no tenía derecho, pero de todas formas lo hizo.

Theodore nunca había suplicado por algo antes.


Y... acá estamos de nuevo.

Ah, este cap. fue un tanto dificil, tenía una especie de bloqueo mental para algunos dialogos y decidir cuales iban y cuales no. Muchos quedaron fuera.

Pero entonces recorde a una artista de dibujo que admiro mucho, que en una entrevista dijo una vez que cuando hacía sus dibujos, generalmente se decía a sí misma: No perfecto, terminado.

Y puesdo decir lo mismo de este cap. ¿Alguien alguna vez quedo conforme con algo que hizo con muchas ganas? Yo creo que no, porque terminas algo y siempre piensas: "Chale, tal vez hubiera quedado mejor así" O siempre hay un detalle que para uno mismo se ve mal.

Que desmadre.

A ver... tengo que contar, el siguiente capítulo, es la parte III de esta especie de saga "Peso de las mentiras" y claro, como ya deben haber notado, también abarca parte de lo que se vió en el capitulo 32, pero del lado de Theo y es tan extenso que me esta tomando 3 capitulos desarrollarlo... aunque claro, igual se desarrollan a la par Philip y Edward.

El siguiente capitulo es uno de los que para mi, tiene la carga emocional gigantezca del lado de Theodore.

No se si alguna vez mencione que me gusta la simbología y siempre trato de meter eso en mis capitulos. Pero lo hago, mucho.

¿Ya odian a Theo? ¿O les da penita? ¿Como andan con Philip? ¿Ya quieren tener un Edward en sus vidas que les de su "amiga date cuenta" para los dilemas existenciales?

PD: Ya lo dije antes, pero este fic esta torcido. Recuerden el título.

PD2: Comence otro fic (Ehem... sorry), esta vez un Short fic que es un desmadre de ocurrencia y con el que me he estado echando una risas mientras escribia. Si tienen antojo de un Theodore descarado, pasenle. Se llama: Special K. (Theomione, obviamente :D)

PD3: Gracias por leer :D!