CAPITULO 42
JURAMENTOS
En el sueño, Theodore escuchaba el rumor de algo golpeándose contra la pared, algo… mojado, como si aplastaras una jugosa naranja contra la pared y el pegajoso jugo hiciera ese ruido raro.
¡Splash! ¡Splach! ¡Splach!
En el sueño, no podía moverse, era como si le hubieran petrificado y tampoco podía ver nada, solo puede alcanzar a oír una especie de risa ahogada gorgoteando en el espacio, en medio de la oscuridad, unos ojos azules brillantes de locura que poco a poco van inyectándose de carmesí lo están mirando. Algo cálido le llegó a la mejilla mezclándose con algo aún más cálido que resbalaba por entre sus ojos. Antes de que el sonido se detuviera y algo metálico cayera al suelo, solo alcanzo a escuchar una palabra:
"Nunca"
Theodore abrió los ojos, casi cegándose por la deslumbrante luz que entraba por el tragaluz y le daba directamente a la cara, pero con la respiración inusualmente agitada.
"¿Qué se supone que estaba soñando?"
Hizo memoria, pero no pudo recordar absolutamente nada. Incluso lo intento, pues mientras tranquilizaba su respiración se quedó mirando fijamente al techo, tan blanco como su mente.
Entonces, frunció el ceño. Suaves sonidos molestos interrumpían el tranquilo silencio. Se levantó de la cama, tomó la varita de debajo de su almohada y apunto al durmiente mago que roncaba e hizo una floritura… pero no la termino. Tomo un respiro y bajo su varita un momento, luego la volvió a levantar. El encantamiento de silencio era bastante sencillo… muy diferente al otro que iba a usar… pero claro, esas cosas no se podían hacer en la escuela. Y menos con testigos.
Theodore Nott se enderezo y descalzo camino hacia su armario y tomó ropa limpia y una toalla. Era domingo y había mucho por hacer.
La mañana era joven y caminó hasta la sala común de su casa, apenas cruzó miradas con Draco, le hizo una seña para que le siguiera, pero este sencillamente le ignoró descaradamente. Theodore tomó un respiro controlado antes de acercarse a Draco con serias intenciones de…
"O mejor no" pensó rápidamente apenas pudo ver que Matthews se estaba acercando, bajando distraídamente las escaleras y la espero al pie.
Matthews notó su presencia solamente una vez estuvo frente a ella, con aquella expresión extraña como últimamente le había comenzado a mirar.
—Trae a Draco a los baños de segundo piso —fue lo único que le dijo antes de marcharse primero sin esperar a que ella le contestara nada.
Matthews podía llegar a ser molesta y por lo general no soportaba tenerla cerca por alguna razón, pero siempre cumplía lo que se le ordenaba.
Una vez en el baño de niñas del segundo piso, el cual casi nadie visitaba por el molesto fantasma que allí moraba… bueno, no a él por supuesto. Por alguna razón solo le miraba de reojo y de lejos, pero cuando esa presencia se hallaba descubierta desaparecía al instante.
Draco llegó casi quince minutos después, seguido de cerca por Matthews. Se veía especialmente molesto.
—Quédate, Matthews —ordenó Theodore, descruzándose de brazos y dejando de apoyarse contra uno de los lavamanos y acercándose a los recién llegados— y vigila que nadie se acerque.
— ¿Qué quieres? —le dijo Draco malhumorado.
—Buenos días para ti también, Draco —le dijo él con una suave sonrisa que invitaba a una conversación amigable.
Pero Malfoy, como siempre, tenía el tacto de una piedra.
—A mí no me trates como a uno de los que hacen todo lo que tú quieres.
—Tenemos una alianza, Draco. El trato entre nosotros…
—Una alianza, no servilismo.
Theodore se resistió a rodar los ojos— ¿Acaso tienes algún tipo de complejo? —Draco se crispo— no me contestes. Está claro que es así.
—Vete a la mierda, Nott —dijo antes de darse vuelta y querer marcharse.
—Estás acabando con mi paciencia —le dijo Theodore, ahora realmente molesto— ¿A caso eres estúpido?
— ¿Acaso crees que eres el más listo del lugar? —Le contesto Draco— pues no. No lo eres. ¿Crees que no voy a ver a través de tus juegos? La mitad, solo la mitad de los magos de los Black han jurado, replegaste a McGrath y estas manteniéndolo al margen para chantajearme y que yo haga lo que sea que tengas planeado ahora.
Theodore entrecerró los ojos— Mira imbécil —le dijo con una voz de penumbra— ¿Crees que esto es caridad? No te hagas el ofendido conmigo. Obviamente voy a presionarte para que hagas lo que quiero. Al menos de este modo guardas algo de tu integridad de mago, como si no tuvieras opción. Pero sigues siendo tan prepotente… ¿A caso crees que estás en posición de ponerte exigente conmigo?
—Tú… —La cara de Draco era una máscara de indignación y se acercó varios pasos a Theodore, la mano en el bolsillo, seguramente yendo a alcanzar su varita.
—No seas estúpido —dijo Theodore, con las manos aún en los bolsillos y haciéndole una seña para que mirara hacia atrás. Draco se giró y comprobó que Matthews ya estaba con la varita en la mano también— acércate lo suficiente y Matthews te va a derribar sin necesidad de que yo se lo ordene.
Draco se detuvo e hizo una cara de odio. Theodore no estaba seguro como es que podía consigo mismo, enfadándose todo el tiempo. Quizá por eso hacía cosas estúpidas, porque se dejaba llevar por el calor del momento. Imbecil.
—Entonces —dijo Theodore— ya que estamos claros en esto, seré directo. No hagas cosas estúpidas. Tu visita a Borgin y Burkes es demasiado… reveladora si me preguntas. Debes tener algo de perfil bajo, Draco.
La cara del mago era un poema— ¿Cómo sabes que yo…?
—Eso no importa —dijo Theodore mientras le restaba importancia al asunto— lo importante aquí, es que sé que es lo que compraste allí. ¿Es en serio? ¿Comprando cosas malditas? ¿Para qué?
—Eso no te importa.
—Por supuesto que me importa. Tú, comprando baratijas y luchando para meterlas de contrabando cuando se supone que deberías estar planeando… otra cosa —dijo mirando de reojo a Matthews— Hice que tuvieras un mapa completo de todas las entradas y salidas de Hogwarts, incluyendo algunos pasajes que nadie conoce. Hice que se investigaran los cambios de turnos de los Aurores que custodian las entradas del castillo, sus perfiles y toda la información necesaria. Solo me faltó darte la clave de la oficina del Director —dijo soltando una risa cruel— yo creo que de algún modo te hace falta reordenar tus prioridades.
—Se lo que hago.
—Me parece más que crees que sabes lo que haces —dijo Theodore— y no es así. Planea de vez en cuando, por Merlin. Convénceme. Y cuando lo hagas, solo entonces le soltaré la cuerda a McGrath para que te siga ayudando. Que quede claro; soy tu socio, no tu amigo y si no haces las cosas bien, voy a reconsiderar los términos de la alianza.
Theodore pasó por un lado de Draco y le dio una palmada en el hombro mientras se marchaba sin mirar atrás, solamente escuchando los pasos de Matthews a su espalda.
—Vigílalo —dijo sin mirarla.
Los pasos de la pequeña bruja se detuvieron. Era molesto y lo notaba hace un tiempo. Matthews nunca le cayó bien del todo, pero aunque era muy útil por alguna razón tenerla cerca le ponía de mal humor.
Theodore caminó y caminó hasta llegar a la Torre de Astronomía, eran apenas las nueve y tenía bastante tiempo. Llegó hasta su lugar de siempre, el que estaba encantado para que nadie más molestara. Sacó su edición del profeta de ese día y pasó unas hojas hasta encontrar el artículo que quería.
Más escándalos acerca de la negativa de permitir la firma de conexión de la Red Flu con Rumania, porque luego de conseguirlo crearía una reacción en cadena de apoyo de Bielorrusia y finalmente… Rusia. Una vez Rusia firmara no habría marcha atrás.
Luego, sacó tres pequeños pergaminos, los que recibió esa mañana.
El primer mensaje era de Frederick, preguntando que debía hacer ahora, ¿Seguir presionando por el camino de la propaganda o alternar con sus números en el Wizengamont?
"Hay que ejercer más presión" pensó. Uno de los informes pasados de Edward indicaba que había una oportunidad de conseguir intermediarios judíos en Rumania y que además contaba con Mestizos como fundadores, si es que usaban la propaganda discriminadora en contra del Ministro, no podría defenderse, no con la fama de intolerante con la que batallaba actualmente. Mover la opinión popular era tan fácil… pero no debía ser algo descarado. Lanzar cosas en la cara a la gente las ponía susceptibles. Lo mejor siempre era comenzar con rumores.
Theodore quemó el primero de los mensajes.
Abrió el segundo, ese era de James. Él sencillamente decía que había movimiento extraño en los dominios del sur y avisaba que iría a investigar. Theodore se encogió de hombros. James había demostrado ser una especie de perro de caza cuando de perseguir posibles traidores se trataba. Se esforzaba mucho, a su entender. Pronto le llamarían sabueso, seguramente. Era una mala broma.
Quemó ese mensaje también.
El tercero era de Edward. Era algo más extenso que los otros, pero como siempre, soltaba una especie de broma estúpida. ¿Por qué siempre tendía a soltar bromas estúpidas? Theodore sacudió la cabeza y también quemó el mensaje.
Sacó el reloj de su bolsillo. Un poco para las diez.
"Bien" se dijo Theodore. Agitó la varita y las cenizas de los mensajes quemados con fuego maldito desaparecieron. Precisamente por esto era que decidió usar la Torre de Astronomía en lugar de la Sala de los Menesteres. El castillo tenía una especie de protección especial que le daba al Director un aviso de que había magia tenebrosa siendo usada dentro. Él no iba a arriesgarse.
"El viejo Dumbledore" pensó con una especie de hastío molesto. Si Star le parecía relativamente insoportable, ver al profesor Dumbledore hacía que le temblara la mano, por alguna razón. Pero apenas ese pensamiento pasó por su mente, de inmediato lo dejo ir y antes de darse cuenta, estaba mirando hacia el pequeño espacio de vidrio que hacía de ventana hacia el exterior. Alumnos, paseando y divirtiéndose. De algún modo, eso también le molestaba. ¿Cómo podían estar tan relajados? El mundo se estaba moviendo y estaba cambiando en sus narices, y ellos, pequeños ignorantes, solo reían como…
Pasos en las escaleras.
La atención se volvió hacia el espacio donde se encontraba. Todo en su lugar. Todo en orden.
"Bien" se dijo, flexionando las rodillas y apoyando la espalda contra la pared y el rostro en la palma abierta de su mano "Aquí vamos de nuevo" pensó.
Se preguntó cuanto más haría hasta que fuera suficiente. Cuanto más antes de aburrirse y cansarse.
Después de todo, incluso la curiosidad tenía límites. Y solo había sido una vez. Bueno, varias veces pero solo un día. Que importaba.
Primero, había sido aquel recuerdo extraño de Granger, teñido de nostalgia. Luego, esa corta alucinación que seguramente ella construyo en su cabeza, una especie de fantasía en la que él la empujaba dentro de un armario de escobas y la miraba como si fuera a cometer algo prohibido.
Fue choqueante que ella fantaseara con él de ese modo, pero de algún modo no era nada raro. Después de todo, durante años le dio atención especial. Supuso que era normal que ella alimentara ideas absurdas. Por supuesto Granger no era idiota, ella mismo le puso nombre a eso "Imposible"
Aunque claro, incluso de algo como eso podía existir cierto provecho que él podía sacarle. Primero comprobó si sus sospechas eran ciertas y deliberadamente invadía su espacio personal adrede. Se acercaba cada vez más y lo mucho que ella hacía era sorprenderse.
Era de cierto modo, hasta divertido. Después de todo, generalmente él se acercaba a la gente para intimidarla y Granger sencillamente no le tenía miedo. Sorpresa sí, pero miedo no.
Luego, comenzó a coquetear con ella durante las prácticas, algo que le daba perfecto acceso pensamientos que antes no podía observar, pues ella mantenía siempre estos en lo más profundo. Una persona bastante contenida. Pero luego, claro… su mente era como un patio de juegos.
Era como una mala broma que todos los recuerdos que ella guardaba de él estuvieran teñidos con tanta positividad que parecía anormal. Ella solía decirle que él era "Bueno" y con legeremancia comprobó que era algo que estaba tan arraigado en su mente que por instantes se preguntaba que tanto aguante tendrían esos "buenos pensamientos" hacia él.
Theodore había leído una vez en un libro de poemas acerca de "la vista rosa" que aparecía en alguien cuando le gustaba otra persona. Ese halo de perfección y tolerancia infinita hacia otra persona. No pudo evitar no preguntarse cómo es que era aquello y probar la tolerancia de Granger hacia él. De todas las cosas que le contó que hizo durante el último tiempo, ella reacciono de todas las maneras posibles, pero nunca siquiera dio alguna muestra de querer irse de allí. Aún con toda esa moral alta, no lo encontró repulsivo. Es más, incluso llego a mirarle con tristeza.
Aquella última vez, termino besándola para llegar al extremo. Luego de hacerle obliviate, no se encontró con algo distinto a lo visto antes en su mente. Los pensamientos claro, eran abismalmente distintos. Primero sorpresa, luego… una especie de mezcla entre alegría y una sensación parecida a la poción de paz que había acostumbrado beber. Pero un tanto escondido, un poco muy escondido… desconfianza. Miedo.
Lo comprobó al menos cinco veces más. Y la respuesta era la misma.
Así fue como lo comprobó. Él, definitivamente, le gustaba a Hermione Granger.
Con algo de escepticismo, volvió a decirse a sí mismo que había sido muy generoso con ella.
Ella llegó allí en ese preciso momento, con una media sonrisa en la cara. Theodore observo en silencio y respondió a su saludo mientras ella se sentaba casi frente a él, confiada, sin guardar distancia adecuada, sin sospechar que ella sola se ponía en sus manos. O quien sabe, ella sabía que se ponía en sus manos, cegada por la "vista rosa" que tenía de momento.
"Que conveniente" pensó satisfecho.
Star caminaba entre los restos de lo que había sido un pequeño campo de batalla en aquel salón principal de aquella gran casa.
Theodore iba delante de ella con su monstruosa capa oscura revoloteando a su espalda como si tuviera vida propia. Antes, Theodore usaba capas normales, pero cada vez que salía a una corrección usaba esa monstruosidad que parecía envolverlo por completo solo dejando a la vista su rostro. Muchos decían que seguramente era una capa mágica y otros susurraban algo más. Cosas de viejas familias que habían estado con los Nott hacía cientos de años, seguramente.
Star solo prestaba atención a los restos de destrucción de aquella casa. Fingió adrede no mirar a una mano inerte saliendo de detrás de uno de los sillones del lugar.
Adelante, cerca de las chimeneas, un grupo de al menos diez personas, temblando y de rodillas al piso.
En la chimenea, un mago echando polvos flu a manotazos y repitiendo algún murmullo inentendible.
—Tráiganlo —dijo Theodore.
Algunos de los magos que eran parte de la primera línea se acercaron al mago y le levantaron por ambos brazos antes de arrastrarlo hasta ponerlo frente a Theodore, quien para entonces ya había conseguido algo en donde sentarse cómodamente.
—La Red Flu en mía —murmuro— y todo su dominio esta acordonado para no poder apariciones ni usar trasladores. Debería saber lo inútil que es intentar huir de mí, Xavier.
—Está loco —murmuro alguien del grupo de los magos y brujas temblorosos al lado de la chimenea, desprendiéndose de dos brujas que se sujetaban de sus manos— No tiene sentido. Hasta hace una semana estaba en la mazmorra.
—Acércate —dijo Theodore, mirando al mago con ojos entrecerrados.
Y el joven mago se acercó, no debía de tener más de veinte, pues se veía realmente joven.
—Archer Xavier —dijo el joven.
—Mestizo —dijo de pronto Theodore, haciendo que Star diera un sobresalto— he oído de ti. La esposa de tu padre me sugirió descaradamente el enviarte al otro lado del mundo, de preferencia en alguna misión peligrosa.
—No lo dudo —murmuro el joven mago.
— ¿Dónde está la señora Xavier?
—La asesino mi tío, el hermano menor de mi padre —murmuro— a quien acaban de asesinar sus magos, señor Nott —dijo cabizbajo— se sublevó luego del vociferador de su padre —dijo aún con más calma— puedo apuntar a quienes le apoyaron. Hay una cámara en el ala Oeste de la casa, con un pasaje que termina en los riscos al norte de aquí, termina en una gruta escondida en una cascada, fuera del dominio. Seguramente huirán apenas estén fuera.
—Ya veo —murmuro Theodore.
—Quienes nos quedamos, seremos leales —dijo rápidamente, ahora postrándose en el suelo, pero llevando una mano hacia atrás para apuntar al pequeño grupo a su espalda— Jhoan Xavier, primo lejano de mi padre, es quién envió la información para que sus magos pudieran ingresar al dominio, Señor Nott. Sus hermanos también ayudaron, igual que la cuñada de mi padre. El resto es su descendencia.
— ¿Qué hay de tus hermanas? —Murmuro Theodore— recuerdo que las hijas oficiales de Xavier eran al menos dos.
—Son tres en realidad —dijo el muchacho— todas menores que yo —murmuro— t-traidoras también. Están en el grupo que escapara por el pasaje secreto.
—Ya veo —dijo Theodore, luego, miró hacia el grupo de la chimenea— ¿Jhoan Xavier? ¿Puede acercarse?
El mago se acercó despacio, quedándose de pie justo al lado de donde el joven mago estaba postrado.
—Señor Nott —dijo el mago.
Theodore fue rápido, demasiado rápido. Antes de un parpadeo tenía la varita en la mano y murmuraba un "legeremens" hacia el mago, quien primero quedó atontado, pero finalmente comenzó a gritar antes de caer al suelo, solo entonces Theodore se puso de pie, aun manteniendo el maleficio.
Los magos cerca de la chimenea comenzaron a alterarse, pero los de la primera línea los contuvieron. Y Star…. Star solo podía mirar… y mirar al mago joven, postrado en el suelo pero como lentamente una sonrisa comenzaba a aparecer en su rostro y en sus ojos lagrimas comenzando a resbalar por sus mejillas.
Cuando los gritos terminaron, Theodore hizo una señal. Hugor, a quien habían comenzado a llamar "El ejecutor" dio un paso al frente. Theodore hizo otra floritura y dos magos fueron tirados como si de una cuerda invisible se tratara, entre jadeos y sorpresa. Antes siquiera de que nadie más reaccionara, Hugor les había lanzado maldiciones y la habitación se llenó de luz verde. Una última seña fue hecha hacia Jhoan Xavier, aún en el suelo para quedar inmóvil para siempre.
—Matthews —llamó Theodore— ve con un grupo hacia esa dichosa gruta. Las hijas de Xavier, una tiene doce, otra nueve, la pequeña no más de cinco; las quiero con vida. Lleven a todos a la casa del Norte y que me esperen en el salón principal. Jurara quien tenga que jurar.
Star asintió despacio, intentando calmar su palpitante corazón. No era la primera vez que veía una ejecución tan rápida, pero dada la situación, las cosas debían de ser así. Theodore solamente estaba intentando recobrar el control completo de su dominio, y con esa familia, solamente faltaban siete más.
Al darle una última mirada, vio como Theodore se agachaba hacia el agazapado mago mestizo, mientras le murmuraba algo.
"Es justo. Está siendo justo" se dijo Star a sí misma…
Sin embargo, cuando dio una última mirada, vio a Theodore sonriendo con malicia y al joven mago pareciendo maravillado.
Como desde hacía un tiempo, Star sintió miedo.
Camino hacia fuera del lugar y junto a los demás magos, liderados por alguien de la familia Darke, un rubio mago llamado Richard, quien les organizó según el mapa del dominio para ir cuanto antes al lugar descrito por Archer Xavier. Star, por supuesto, quedo a cargo de la seguridad de las pequeñas brujas, según la descripción de Theodore.
Mientras se encaminaban, Star miró hacia el cielo azul, preguntándose donde estaría James. Tenía tanto que hablar con él.
A su espalda, miró la enorme casa con adornos de piedra y jardín gigantesco que aunque era hermoso, si no vieras su interior no tendrías idea de todo lo que estaba ocurriendo dentro. Miró el paisaje a su alrededor, con montañas nevadas a lo lejos y verde vegetación casi paradisiaca, pero que en algún lugar entre sus parajes, habían personas corriendo por sus vidas y probablemente tres niñas aterradas siendo secuestradas.
¿Desde cuándo un lugar tan hermoso se había vuelto tan retorcido?
— ¿Qué pasa contigo?
Theodore había alzado una ceja curiosa— No entiendo a qué te refieres —le contesto de inmediato.
Amira se había cruzado de brazos y aunque Theodore era lo suficientemente alto que prácticamente le sacaba algo de altura a pesar de ser menor que ella, no se amínalo, es más, le dio aún más motivos para plantarle cara.
Porque con Theodore Nott había que ser directa y clara, si no solía salirse por la tangente, mareándote y distrayéndote con palabras. Era un perfecto manipulador para que las cosas salieran como él quería… pero no era malo, Amira sabía eso. Él era sencillamente reservado casi al extremo. Y demasiado contenido.
—Sabes muy bien a que me refiero —le dijo contundente, en parte enojada pero más que nada, preocupada— ¿Qué pasa, Theodore?
Entonces, la máscara del indolente Nott había parecido debilitarse un poco, pero solo un instante— nada ocurre, Amira.
"Mentiroso" pensó ella, pero por el tiempo que llevaba conociendo a Theodore sabía que si él no quería hablar acerca de algo, no lo haría.
—Seguramente tiene que ver con ese estúpido compromiso —le dijo ella de pronto, fingiendo sonar cansada y angustiada (aunque con eso último, no necesito fingir demasiado) — todo el mundo está creyendo que no quieres casarte con Eleanora y tu padre te obligara.
La cara de Theodore era un poema.
—Yo le he dicho a quién me ha preguntado que es una tontería, que si tu quisieras cancelar algo definitivamente lo harías y nadie podría detenerte —dijo con convicción— Pero luego, comenzó el rumor de que seguramente tenías una novia escondida en algún lugar de Francia.
Theodore entrecerró los ojos y sacudió la cabeza, pareciendo entre divertido e indignado— ¿Por qué siempre tiene que ser de Francia?
Amira intento ocultar una sonrisa— Quien sabe, supongo que es el estereotipo de romance —murmuro casi en un resoplido— en todo caso, si fuera cierto que tienes una novia secreta, sería alguien de Inglaterra —Murmuro rápidamente— quiero decir, Merlin, las anteriores vacaciones, hasta donde sé, la única compañía femenina con quienes has pasado tiempo ha sido conmigo y las gemelas. Bueno, también con Serafina. Y el resto del tiempo estás en Hogwarts. Francia es estúpido. En todo caso, si tuvieras novia sería alguien de Hogwarts.
— ¿Cómo puedes llegar a ese tipo de conclusión? ¿Solo porque paso bastante tiempo allí?
—Bueno… —estaba contestando Amira, pero entonces había visto la cara del joven mago frente a ella, que era distinta a la cara de cansancio de hace un momento— ¿Theodore?
—Olvídalo —dijo pasándose una mano por la cara— no menciones algo como eso. Los rumores de ese tipo son molestos. No estoy teniendo una pelea con mi padre ni por un futuro matrimonio ni por nada que se le parezca. Son desacuerdos sencillos que arreglaremos hablando. Nada más complejo que eso. No hay de qué preocuparse.
Y en ese entonces, Amira le había creído. Pero eso había sido ya hace bastante tiempo, durante la fiesta donde Serafina nombro a su sobrino su heredero. Y también, la última vez que pudo hablar en persona con Theodore.
Y claro, seguramente le había mentido, pero nunca imagino a que nivel las cosas debían de estar mal.
Cuando llegó el vociferador a la casa, prácticamente irrumpiendo en medio del té de la noche, Merlin sabe cuánto se asustaron todos. Todos, claro, excepto el padre de Amira quien sencillamente se echó a reír antes de tomar una de las botellas de wiski de fuego de la repisa y largarse escaleras arriba.
Aline se había echado a llorar y aunque parecía que Rose también quería hacerlo, se mantuvo seria murmurándole a su hermana que nada malo iba a pasar. Tía Agatha entonces le pidió que se quedara dentro, junto a las gemelas, mientras ella y Félix, quien también estaba en casa, iban a levantar las protecciones de la propiedad. Estaban en ello cuando llegaron sus otros dos primos, quienes luego de darle un abrazo reconfortante cada uno, comenzaron a ayudar a levantar hechizos por toda la casa mientras ella se dedicó a enviar mensajes a James y Star.
Amira se quedó dentro, observando desde la ventana con consternación y miedo mientras los hechizos que lanzaban sus primos y tía eran como juegos artificiales.
Nadie durmió esa noche. Todos se sentaron en el salón principal, prácticamente con la vista pegada a la Red Flu. James había aparecido un corto instante en la chimenea junto a Edward Greengrass, ambos vestidos como si fueran a la guerra. Edward les había dicho que ese vociferador era una trampa y que si acaso Theodore llegaba a aparecer allí, debían ayudarlo al precio que fuera. Le dio un botón de plata a cada uno con la indicación de que arrojándolo al fuego de la red flu, ellos sabrían que Theodore estaba allí y todo el mundo llegaría de inmediato a darles apoyo.
Luego de una corta despedida, ambos se marcharon y todo fue silencio de nuevo… o lo fue antes de que en medio de la madrugada llegara un nuevo vociferador con la voz de Theodore, diciendo lo mismo que había dicho Edward, que todo era una trampa y ordenándoles poner sus propiedades bajo el encantamiento Fidelius.
Tía Agatha obedeció de inmediato, por supuesto, sin embargo, aún luego de eso nadie pudo pegar el ojo aquella noche.
El día siguiente, por supuesto, llegaron los periódicos y sencillamente… todo fue a peor.
Philip Nott, enviado a Azkaban y Theodore, aún sin aparecer.
Los mensajes iban y venían. Serafina contestaba escuetamente sus cartas, diciendo que estaba monitoreando prácticamente toda Gran Bretaña y las conexiones internacionales existentes, que todo iba a estar bien. Cuando escribió a Frederick, este no sonaba tan convencido, pues uno de sus mayores temores era el de todos: La sublevación.
Amira tuvo mucho miedo.
Todo el mundo creía que Theodore bien podría estar muerto. Y entonces, todo tipo de rumores volvieron a surgir. Cosas que pasaron en el pasado, cosas oscuras que sucedieron en los dominios de los Nott. Un viejo rumor escalofriante.
Esas semanas fueron una pesadilla.
Pero lo fueron aún más luego de que McGrath hiciera el primer llamado a dos de sus primos para formar parte de la primera línea, el cual era una especie de fuerza de magos que habilidosos para luchar de ser necesario con el lema de defender "la lealtad" hacia los Nott. Y sus primos se marcharon.
Eso fue más de lo que Amira pudo soportar.
Theodore no aparecía. Sus primos se habían marchado. James solo enviaba mensajes de cuando en cuando. Tía Agatha parecía haber envejecido diez años en apenas un mes. Y las gemelas… las gemelas estaban tan asustadas. Amira se mantenía fuerte por ellas, pero cuando lograba estar sola, a veces se encerraba en su armario para llorar y desahogarse.
Los rumores de una guerra interna eran cada vez más prominentes y parecía tan inevitable que incluso su ebrio padre vigilaba las afueras de la casa desde el desván durante las madrugadas y con la varita en la mano.
Todos dormían todas las noches en el salón, a la espera de que cualquier cosa podría pasar en cualquier momento…. Y entonces, Theodore por fin apareció. Amira recordaba que aquella vez no pudo contenerse y mientras se abrazaba a Félix y a las gemelas, no pudo contener unas suaves lágrimas de alegría. Recordaba haberse dicho, que ahora que Theodore estaba de vuelta, arreglaría todo. Seguramente lo arreglaría todo.
Cuando la llamaron a jurar, fue prácticamente al siguiente instante. Amira, junto a Félix, pues su padre y tía Agatha ya habían jurado hace tiempo. Ella y Félix se presentaron en aquel lugar, la llamada "Casa del Norte", aunque para entonces no era tan conocida ni tan lúgubre como lo era actualmente.
Amira aún tenía pesadillas con aquel día. Los formaron en filas algo separadas para un juramento colectivo, lo cual era extraño, pero necesario. Apenas apareció Theodore, recordaba haber sonreído al comprobar que parecía entero y en una pieza… pero luego, solamente le llegó algo cálido a la cara. El mago que estaba delante de ella fue jalado hacia arriba en una especie de borrón de cuerdas mágicas, destrozando huesos en el acto y haciendo que pequeñas gotitas de sangre salpicaran alrededor. Unas cuantas le habían llegado a la cara.
Hubo quienes gritaron. Hubo quienes se dejaron caer al suelo. Amira… Amira solo pudo mirar; peor luego Theodore habló y fue como si escuchara algo muy lejano, pues solo recordaba partes de lo que dijo: "Solo los leales podrán jurar"
Luego, les habían llevado a una sala aún más pequeña. Allí era donde se llevaría a cabo el juramento. Diciendo las palabras en coro, pero luego formándose para pasar frente a Theodore y concluir el juramento. Los ojos de Theodore parecían tan vacíos y fríos cuando ella estuvo frente a él, era como si no la mirara en realidad. Cuando intentó quedarse y pedir hablar con él, sus magos la retuvieron y no se lo permitieron, ordenándole directamente que debía de marcharse a casa.
Félix la convenció de que debían irse, no era momento de exigir cosas. Amira lo entendió, pero entonces, Félix hizo la pregunta que Amira había estado obviando desde que llegó.
"¿Y Edward?"
Y esa era precisamente la pregunta que ella se hacía actualmente.
"¿Y Edward?"
Justo en ese momento, estaba en el salón de Serafina, esperando.
Esperando, siempre esperando. Estaba furiosa, estaba harta de esperar.
Fue paciente cuando le dijeron que debía quedarse con las gemelas esa noche. Fue paciente cuando tía Agatha no le permitió ser parte de la primera línea cuando volvieron a llamar miembros. Fue paciente cuando James le dijo que pronto arreglaría que ella pudiera hablar con Theodore. Fue paciente hasta el momento en que pudo por fin ir a una de las fiestas de los Nott y por fin, por fin hablar con Theodore.
Sin embargo esa vez…
Amira apretó los puños con ira.
La puerta a un lado de ella se abrió y Serafina apareció detrás de ella.
—Pasa, Amira.
Ella se puso de pie y siguió a Serafina hasta el estudio. La siguió hasta donde estaba un antiguo cuadro de pintura medieval en movimiento lento y pausado, que luego de recibir un toque de varita, pareció dividirse en dos, como si fuera un revoltijo de pintura en movimiento. Serafina pasó a través de eso, Amira la siguió. Bajaron una ya familiar escalera y terminaron un una pequeña gruta de piedra antes de salir hacia una cámara bien cerrada y con una mesa enorme y sillas alrededor.
Allí habían seis personas sentadas alrededor de la mesa: Sebastian McGrath, Aliester Darke, Cecil Williams, Gerard Crawley y un joven mago que no lo graba recordar. Solo Frederick estaba de pie y caminando de un lado a otro, aparentemente nervioso.
Amira se sentó de inmediato, pero mirando de uno a otro mago quienes lucían más nerviosos de lo que habitualmente hacían.
Tía Agatha la mataría si se enteraba que ella participaba en algo como eso.
— ¿Y bien? —Dijo Frederick de pronto— ¿Puede Jeremiah darnos sus resultados?
"Oh, Jeremiah" pensó Amira "Nate Jeremiah" quien se había ofrecido de voluntario para la parte más difícil de las tareas que coordinaba su irregular grupo.
Serafina le lanzó una mirada cansada a Frederick, pero sencillamente asintió hacia Nate Jeremiah— Por favor —le dijo.
Nate se puso de pie y basto ver su rostro resignado para saber qué es lo que diría. El corazón de Amira se hundió de inmediato.
—Hice tres verificaciones. El maleficio Imperio queda descartado.
Aliester golpeó la mesa. Cecil soltó un suspiro pesado. Serafina tenía un rostro de cansancio. Frederick se pasó las manos por el cabello. Solo McGrath se mantuvo serio.
—Es todo —dijo Frederick— es todo.
—No te atrevas —dijo Aliester poniéndose de pie también y apuntándole— Te lo advierto, Taylor. No te atrevas.
—Tú no tienes derecho a juzgarme —dijo Frederick apuntándole de vuelta— tú no tienes a todos esos magos respirándote en el cuello.
—De no ser por Theodore no tendrías cuello —le contesto Darke.
Frederick se echó a reír— Bueno, supongo que era precisamente para esto que al final de cuentas decidió salvar el mío.
—Cierto. Debió dejar que tu traidor padre acabara contigo. Puede que tu hermana pequeña tuviera más templanza que tú. Incluso tu padre tuvo las agallas para sublevarse y morir mientras lo intentaba. Solo eres un cobarde.
—Llámame como quieras —le replico Frederick— ¿Eso cambia algo? La realidad está frente a sus narices. No hay gran misterio. No hay plan secreto. No hay nada de eso —Frederick miró a todos los presentes— Acepten la verdad.
Y eso fue todo lo que Amira pudo soportar— No —dijo contundentemente— No lo acepto —dijo con la voz temblándole— Ese no es Theodore.
Frederick clavó su mirada en la de ella y sintió que se le rompía el corazón— Amira —dijo suavemente— has estado aquí desde nuestra tercera reunión. Has oído todo, absolutamente todo lo hicimos para llegar a este punto. Cada uno de nosotros ha pensado como tú desde el inicio. Que ese no es Theodore. Por eso hemos corrido tantos riesgos, por eso seguimos aquí. Probablemente somos el último resquicio que se resiste a creer la verdad, pero esto es lo máximo que yo puedo soportar —Frederick volvió a pasarse la mano por el cabello— ya comprobamos que no fuera poción multijugos, una transformación, control con magia oscura, manipulación, una suplantación, amenazas, Imperio… lo hemos probado todo. Todos aquí tienen que entender la realidad y ver la verdad —miró a todos en la habitación— ese es Theodore. El verdadero Theodore.
—Traidor —murmuro Darke.
—Si seguimos haciendo estas reuniones, poniendo en duda de que Theodore es Theodore, los traidores seremos nosotros —dijo serio— y creo que todos sabemos que es lo que hace él con los traidores —dijo dando pasos para alejarse de la mesa— pueden llamarme como ustedes quieran, pero esto es lo máximo que llegaré. Tengo un dominio que depende de nadie más que mí, un dominio que fue resquebrajado y que está siempre a un paso de una guerra interna. También tengo una hermana bajo amenaza —miró de nuevo a ellos— Cecil, tú no tienes familia. A ti, Darke, pocas cosas te importan. Serafina ya tiene delegado su dominio y sin ofender, pareces bastante desprendida de la vida. Jeremiah, no tengo nada en tu contra, pero siquiera eres la cabeza de tu familia. Crawley, siquiera se porque estás aquí. Sebastian… —dijo mirando al pelirrojo mago— de todos aquí eres quien más tiene que perder. Te sugiero que hagas lo mismo que yo —finalmente miró hacia ella— Amira, lo siento.
Y entonces, se acercó a Serafina, tomó su varita y luego de acercarla a su frente, se arrancó un largo hilo de memoria. Serafina rápidamente sacó su varita e hizo una floritura que deshizo ese brillante hilo en una especie de cenizas que se desintegró en el aire. Frederick entonces extendió su mano, Serafina la suya y el juramento inquebrantable brillo en sus muñecas.
Luego de eso, Frederick se marchó sin mirar atrás.
—Está asustado —dijo Serafina entonces— Me contó que Theodore lo amenazó con Eleanora. Todos sabemos que Frederick ama demasiado a su hermana.
—No lo haría —dijo Darke— Theodore no le haría nada a una niña pequeña —dijo con convicción— tiene que haber algo más. Algo que nos estamos perdiendo.
—Tenemos que entrar en su mente —dijo entonces Amira— es la única manera de…
—Estás loca —murmuro Cecil Williams— eso es imposible.
—Es la única manera —repitió Amira— la única. Ya descartamos invasión mágica y causas externas. Tenemos que descartar lo interno. Tenemos que ver en su cabeza.
—Pequeña niña —dijo el mago Cecil— harás que todos aquí se vayan como Frederick.
—Tenemos que…
—Suficiente —la cortó Serafina— Amira, ese plan es un suicidio. Siquiera acercarse a Theodore es difícil ahora mismo. En los dominios es imposible, siempre está rodeado de los de la primera línea y él es quien siempre alterna a los magos que le acompañaran. Comenzaríamos una guerra antes de tocarle un cabello. Esperar a que esté solo tampoco es opción, porque solo se muestra solo en la casa del Norte y allí no necesita que nadie lo proteja. Un solo movimiento sospechoso y podría echarnos aquella casa encima. Solo nos queda Hogwarts, pero no tengo que explicar cómo eso es también imposible. No con Aurores en todas las entradas y salidas ni con Dumbledore allí, que podría interpretar cualquier intrusión en el castillo como un ataque.
—Star está en Hogwarts, si la uniéramos a nuestro grupo…
—La niña Praethor no es de confianza —dijo Aliester Darke— desconfiare de todo aquel que haya aceptado de buen agrado a esta… esta versión macabra de quien era Theodore. Y por supuesto, eso incluye al legeremante. Y también a Greengrass.
—Ese nombre no se pronuncia —dijo el mago Cecil— sigo creyendo que tuvo algo que ver con toda esta situación. Siempre ha sido un convenenciero. No es leal —luego, suspiro— lo que dicho sea de paso, tenemos que decidir ¿Qué hacemos ahora? ¿Seremos "leales" ahora? O seguiremos con nuestra versión de "verdaderamente leales"
—Hay que votar —dijo McGrath.
—Estoy de acuerdo —contesto Serafina.
—Yo prefiero escucharte a ti, Sebastian —dijo el mago Cecil.
—Serafina preside —replico Darke.
—Ya —contesto Cecil— pero todos aquí saben que yo solo estoy aquí por Sebastian y Crawley está aquí por mí —dijo encogiéndose de hombros— sin mí no hubieran podido verificar el uso de pociones y sin Crawley nada acerca de magia oscura. Jeremiah puso el pellejo y ustedes, Darke y Serafina, los fondos. Taylor el saludable pánico y tú, niña Craston, el aporte visual agradable… pero nada de eso es suficiente sin el pilar firme de confianza y solidez que significa el nombre y la presencia de Sebastian McGrath para mí. ¿Seguimos buscando un tercer pie al gato o aceptamos la nueva realidad con este Theodore que se parece más un Nott clásico? Porque vamos, hay que aceptar que es justo como Philip. Y si aguante a Philip todos estos años puedo aguantar tranquilamente a su malévolo retoño. De hecho, este es más divertido. Sonríe más y aunque me cueste aceptarlo, es más interesante que el serio Philip —dijo en medio de una especie de resoplido— Así que yo no necesito escuchar votos, solo una palabra me basta, ¿Y bien, Sebastian?
Sebastian McGrath miró a Darke y luego a Serafina… cuando ella cerró los ojos y suspiro, Amira supo que no eran buenas noticias en absoluto.
—Este grupo, debe disolverse —fue lo que Sebastian McGrath dijo— hasta que haya alguna prueba real de que nuestras sospechas sean correctas.
Amira estuvo a punto de replicar, sin embargo, Serafina estaba ya de pie a su lado y sujetándole el hombro.
—Ven conmigo —le susurro y se la llevó prácticamente de la mano.
Serafina guio a Amira hasta su habitación y una vez dentro, cerró con llave. Luego, con un movimiento de varita hizo que las cortinas se cerraran y con más movimientos de varita, lanzó encantamientos al aire. Cuando termino, recién se acercó a Amira y la tomó de las manos.
—No puedes estar de acuerdo con todo esto —dijo Amira con la voz rota— no podemos abandonar a Theodore.
—No lo estamos abandonando —murmuro ella— pero la actual mesa se requebrajo en el momento en que Frederick abandonó. Cecil es un convenenciero igual que Crawley, y como él mismo dijo, solo entró por Sebastian y su entereza. Sebastian es alguien cauto y lógico, pero es leal. Puedo asegurarte que lo es, sin embargo, no cuadraría con alguien sensato mantener la fe luego de tantas pruebas, Amira.
—Lo que no es sensato es creer que no hay nada malo en como Theodore ha estado actuando.
—Hablas desde el corazón —le contesto Serafina— y estoy segura de que es así porque conociste un lado de Theodore que hace que te sea imposible creer que es de la forma en que es ahora —Serafina suspiro— pero yo conocí un lado distinto, cruel, pero no como el que relatan los rumores, solo... diferente. Descartamos muchas opciones, Amira, de aquí en adelante no tenemos demasiado por hacer que sea diferente a esperar —ella agachó el rostro, pero sintió un apretoncito en las manos— pero claro, aún nos quedan las vías prohibidas… pero necesito a alguien como Jeremiah para este tipo de incursión.
Serafina le soltó una de las manos y la metió en el bolsillo de su túnica antes de dejar caer algo en la mano de Amira. Era una cadena que tenía como pendiente un collar.
—Este grupo será disuelto, pero no nuestra determinación —murmuro— Nate nos servía como mano operante en el campo de batalla, pero las batallas terminaran pronto. Ahora viene el juego de la política y sé que nunca te gusto nada de eso, pero te necesito dentro. Sabes agradarle a las personas y eres lo suficientemente lista para moverte según las circunstancias. Y lo más importante, eres leal —Serafina volvió a sujetar sus manos, presionando el collar contra sus manos— estarás a ciegas la mayoría del tiempo y probablemente también sola, francamente, no sé a qué peligros vas a exponerte, pero a estas alturas eres la carta que me queda. Pero también eres mi amiga y…
—Lo haré —dijo Amira, devolviéndole el apretón de manos.
Serafina soltó un respiro y le miró seriamente. Tan seria como no había visto jamás— Eres mi amiga —volvió a decir Serafina— pero por eso mismo es que te diré que no debes confiar ciegamente en todo lo que vayas a escuchar en adelante. Y a dónde vas a ir… es donde no podré apoyarte si algo sale mal. Probablemente me arrepienta de enviarte precisamente a ti, pero no tenemos opciones —Serafina de pronto se veía infinitamente triste, pero luego, luego se veía como cuando estaba a punto de enfrentarse a algo grande. El rostro de una guerrera llena de convicciones— Hay algo que debes tener siempre presente. No importa que te diga, no importa que pienses, no importa que es lo que él haga, esto es algo que no debes olvidar: "Él" no es tu amigo.
Luego de la conversación con Serafina, ella escribió un mensaje rápido en lechuza y le pidió que se quedara allí hasta que llegara la respuesta, la cual tardo casi una hora en aparecer en forma de letras grabadas como si fueran a fuego en la cara interior del anillo que colgaba del collar.
El mensaje tenía una dirección y Serafina arreglo una de sus muchas chimeneas para enviarla lo más cerca posible, pues la dirección era en el mundo Muggle. Antes de marcharse, Serafina la despidió con un abrazo que Amira correspondió. Se sentía como si fuera una despedida. Amira no lo dudaba. Eran tiempos violentos y estaba segura de que a estas alturas, todo podía suceder.
Cuando salió a las calles del mundo Muggle, siguió las direcciones de un pequeño mapa en la parte de atrás de una revista antigua y se guio por los pequeños letreros en las esquinas. Hizo una que otra pregunta a algún vendedor callejero. Estaba caminando precisamente a la calle que le daría acceso a la dirección marcada, pero entonces, el collar se calentó de nuevo y cuando ella lo reviso, había nuevas indicaciones. Izquierda. Derecha. El nombre de una calle, el nombre de otra. Estaba leyendo el último mensaje cuando en medio de la confusión, sintió como si alguien le pusiera una bolsa en la cabeza y le cubría la boca, arrastrándola hacia quien sabe dónde.
Amira pataleo, rasguño e intento gritar, logró conectar unos cuantos golpes antes de ser absorbida por la familiar sensación de aparición.
Solo cuando sus pies tocaron tierra firme, la bolsa fue retirada de su cabeza. Amira aún no podía hablar, así que supuso que tenía una maldición de "silencio" encima. Casi frotándose los ojos, vio que estaba en medio de la nada, con un barranco en el fondo y un mago delante suyo, con la varita en la mano. Era enorme, moreno y con una cicatriz en la cara del ojo derecho hasta el labio, vestido entero de negro. Intimidante.
Amira tomó su propia varita de inmediato. Si este iba a ser un duelo…
Pero el mago frente a ella, le hizo una seña y levantó la varita para tocarse el rostro a la altura de la mejilla y de pronto, el rostro ancho se volvía anguloso y el cabello moreno rubio. Antes de un parpadeo y el siguiente, el mago misterioso se transformaba en Edward.
Amira no pudo evitar sonreír. Parecía que hace un millón de años que no veía a Edward.
—Si no puedes hacer algo como esto, tendrás que cargar siempre contigo suficiente poción multijugos todo el tiempo.
Esas palabras la retornaron momentáneamente a la realidad. No pudo evitar recordar lo último que Serafina le dijo "Él no es tu amigo"
Amira presiono sus labios en una dura línea, mirando con desconfianza a Edward. Uso su varita para hacer el contra hechizo de silencio y levanto la maldición de sí misma.
—Creía que los demás no confiaban en ti —le dijo.
—No la mayoría, pero Serafina y McGrath si lo hacen y claro, hay unos cuantos más pero que no diré sus nombres. Es por seguridad —Edward se acercó un paso a ella— hay más como tú, el anillo es para identificarse entre ustedes si llegan a necesitar trabajar entre ustedes.
Serafina frunció el ceño— Tú nombre era casi tabú, siquiera McGrath te menciona nunca ¿Cómo…?
—McGrath es el referente a la sensatez, no podría solo ponerse de mi lado y ya. No sin revelar lo que paso esa noche y eso no era conveniente.
Amira se quedó con la boca abierta— Con "esa noche" te refieres a….
—La última vez que vimos a Theodore antes de que desapareciera. McGrath estaba presente. Y lo que se dijo allí es algo que solo ambos sabemos y no hemos revelado a nadie por seguridad. Nadie que no necesite saberlo, por supuesto.
—Pero me lo estás diciendo a mí.
—No completamente. Aún hay cosas de las que hablar y pactar. Primero, vas a beber veritaserum y luego tendrás que someterte a mi legeremancia, luego, tendrás que hacer un juramento inquebrantable con tu vida como garantía. Luego, un secreto mágico. Después... —dijo mientras sacaba una piedra amorfa y roja brillando en su mano— como vives en la misma casa que James, no se podemos arriesgarnos a que se aventure en tu pequeña cabeza con su legeremancia innata —Amira quedó boquiabierta— Este es un talismán que te protegerá de esas irrupciones y mientras lo tengas, nadie podrá entrar en tu mente.
—Perfecto —dijo ella extendiendo la mano de inmediato.
Desde que se unió al grupo irregular de Serafina, las medidas de protección eran algo ya normal para ella. Amira tenía encima un juramento inquebrantable, secreto mágico, además de que entregaba sus recuerdos al irse y se los devolvían antes de las reuniones, todo para mantener a salvo sus actividades.
Edward retiró la mano— No he terminado. Esto ira en tu interior en reemplazo de un hueso tuyo. No puede ser un diente, son piezas que pueden perderse fácilmente —le apuntó al estómago— Tendrá que ser una costilla. Serafina tiene el suyo allí.
Amira parpadeo y sin poder evitarlo se llevó una mano al estómago. Un talismán en reemplazo de un hueso.
—Es ahora o nunca —dijo de pronto Edward— Si aceptas, solo te irás a casa con este talismán en tu cuerpo y con todo lo que eso conlleva. Si no pasas el veritaserum o encuentra un indicio de que es una traidora... te mataré —dijo serio— Pero si se detiene ahora, solo te quitaré el recuerdo y será como si nada hubiera pasado.
Amira fue rápida para acercarse un paso a Edward, acortando la distancia entre ambos y sujetándole la muñeca donde tenía el talismán. Con la otra mano, hizo ademán de quitárselo y Edward solamente lo soltó.
—Es muy suave —dijo mirando la brillantez de la piedra, luego miró hacia Edward. "No es tu amigo" se dijo de nuevo— Si alguien duda ¿De verdad lo dejas ir? Porque si fuera yo, lo mejor sería matarles de todas maneras.
—A veces olvido que por tus venas corre sangre muy antigua y espesa, sangre de magos que dominaron con mano de hierro una buena parte de Holanda —murmuro Edward con los ojos entrecerrados— toda una Craston.
Amira también lo olvidaba a veces. Su tía Agatha solía decir que la sangre les llamaba a todo eso. Que era su herencia. El llamado de sus antepasados.
La ira ciega que les hacía hacer lo indecible.
—Antes de nada —dijo Amira— ¿Con que fin arriesgare mi vida? —Preguntó— ¿Cuál será mi juramento?
—El mismo de todos —le contestó— Hacer lo necesario para traer de vuelta a Theo —murmuro, la ira colándose entre sus palabras— A nuestro Theo.
"Lo sabía" pensó con cierto deje de paz filtrándose en su enfadada alma "Lo sabía. Ese no es Theodore". Alguien hizo algo que le volvió así. Alguien tenía la culpa de todo esto. Alguien vino y lo arruino todo.
—Theodore fue traicionado —murmuro ella. Edward asintió.
"Alguien" pensó con ira ciega, alguien lo suficientemente cercano para lograr acercarse al siempre cauto Theodore, alguien en quien él seguramente confió en aquellos momentos en los que seguramente no podía confiar en nadie y solo para recibir una puñalada por la espalda.
La misma ira que la invadía la veía reflejada en los ojos de Edward.
—Soy leal —contesto ella— muy leal —repitió— ¿Qué va a pasar con el traidor?
—Los traidores morirán por lo que le hicieron —le contestó— a su debido momento. La prioridad es Theo.
"No es tu amigo" le había dicho Serafina, pero él quería lo mismo que ella y eso era suficiente.
—Trae el veritaserum —le contesto ella— y dime que es lo que debo hacer.
Hola de nuevo. Y pues salió un cap, relativamente corto.
Solo diré, que todo lo que es Amira es un escrito tan laaaaargo y extenso que cuando vean un capítulo actualizado pronto, es que seguramente ella es una de las que relatan :s
Creo que nunca mencione lo importante que es Amira en la Historia. Una vez alguien me dijo que le sonaba a una especie de candidata a triangulo y nou, señores. Amira es alguien a quien le agrado mucho Theodore, le agrado desde que vió que apreciaba el arte muggle. Creo que en uno de los caps. Theodore menciona que Amira le veía como una especie de "Sangre pura tolerante" o algo por el estilo. Creo que eso esta bien reflejado en "el precio de la sangre".
Amira admira a Theo por como es, por eso le commociono tanto el como es ahora. Un Shock.
Creo que a estas alturas y con la reunión ssecreta que observa Amira ya queda algo más claro que está pasando aquí. Espero.
Y lancé otro Spoiler tamaño casa escondido jajajajaja (realmente espero que lo pillen)
Alguien una vez dijo que temía por la integridad emocional de Hermione. Tiene toda la razon del mundo.
Hay bastantes teorias y conjeturas. Hay algunas bien hard. Hay otras que se acercan un poquitin. Hubo alguien hace tiempo que comento cierto razonamiento que es totalmente correcto! Te mencionare cuando cierto evento suceda :s
En realidad, dos de los personajes que presente ya murieron, solo falta descubrir sus cuerpesitos :s. Oh, y los que faltan aún...
Tengo que decir, y lo he dejado como guiño desde siempre: Legeremancia y Obliviate deja secuelas. Fuertes y bien notorias secuelas.
Y gracias por el apoyo. Y gracias por leer. Creo que no debí mencionar Hiatus en el anterior comentario, no quería asustar a nadie :s
O sea, lo pensé, pero no lo haré. Nou. Nou. Nou. Que no se les pase por la cabeza. Este fic termina por que termina.
Nos leemos pronto :D
