CAPITULO 44
DETONANTE
La agonía era absoluta. El dolor, demasiado insoportable. Como luchar contra una fuerza invisible que solo te empujaba y empujaba lejos, perdiendo toda noción del tiempo y la estabilidad. El dolor, solo el dolor era real.
Intentó empujarlo demasiadas veces y aunque consiguió apartarlo un poco, solo fue para que se impusiera con más fuerza.
¿Tan mala era ella en Oclumancia?
Cientos de recuerdos pasaron frente a sus ojos, como si pasara fotografías delante de ella a una velocidad vertiginosa, pero podía detenerse en unos a diferencia de otros. No había estudiado mucho acerca de los hilos de la memoria, solo lo suficiente para saber hacer Legeremancia decente y Obliviate certero, sin embargo podía saber que lo que Greengrass le estaban haciendo no era de principiante.
Cuando termino por fin, Star tenía los dientes apretados con tanta fuerza que bien pudo habérselos astillado. Lágrimas de dolor en sus ojos, sin embargo, cuando pudo ubicar los zapatos de Greengrass y miró a su rostro, olvidó el dolor y tuvo ganas de matarlo.
— ¿Qué? —Dijo Greengrass sonriente mientras se acuclillaba hacia ella— ¿Dolió? Oh, Merlin bendito… que gran tragedia —dijo en medio de una risilla y ella le miró con aún más odio. Greengrass solo alzó una ceja— ¿Por qué todo mundo cree que me estoy burlando cuando me pongo a reír? —Sacudió el cabeza, medianamente cabizbajo pero aún sonriente— ¿Qué acaso nunca nadie ha oído acerca de la risa por nerviosismo?
"¿Nerviosismo? Maldito enfermo" pensó mientras revolvía las manos buscando un modo de liberarse, pero era inútil. Estaba enfadada y con cada célula de su cuerpo gritándole que Greengrass era peligroso. Desde siempre lo sintió. Nunca le gusto el mestizo; algo en su cara, en la manera en que hablaba y hasta el modo en que miraba hacía que ella se pusiera nerviosa. Actuaba como si siempre estuviera esperando algo, como si vigilara todo y a todos todo el maldito tiempo, sonriendo de cuando en cuando absolutamente solo, como si hubiera una broma que solo él entendía.
Greengrass sacudió la cabeza de nuevo y se encogió de hombros mientras volvía a hablarle, sacando un pañuelo del bolsillo de la túnica esta vez— soy malo en esto… —dijo mientras acercaba ese pañuelo a la cara de Star, pero ella apartó el rostro, alejándose. Greengrass se congelo un instante y su sonrisa de pronto se convirtió en ceño antes de volverse sonrisa de nuevo—… y sin cooperación de la contraparte, soy mucho peor —dijo sujetando el cuello de la túnica de Star y tirando de ella hacia arriba, para acercarla a la fuerza. Le limpio las lágrimas de la cara, si… pero era más como si limpiara alguna superficie con mala gana. — No me gustan las lágrimas femeninas —dijo mientras le tallaba la cara con suavidad.
Star controló su respiración. Greengrass no había sacado su varita y no la veía por ninguna parte, lo que solo podía significar que la había guardado. "¿Qué quería Greengrass?" Intentó ordenar sus ideas y controlar el impulso de pánico.
"Ella es parte primordial de este plan" había dicho Greengrass "Y acaba de meterse en mi cabeza" pensó, pero no sentía que hubiera hecho algo en especial.
"Obliviate, si fuera obliviate no lo recordaría" pensó. Sin embargo, recordaba todo. Como llegó allí, como paso absolutamente cada instante hasta ese momento. "Además, si fuera obliviate no recordaría la intrusión"
Star miró de reojo la cara de Greengrass que parecía concentrado en su tarea. Un rostro apacible y tranquilo.
"¿Que quiere?" pensó Star más con miedo que con ira.
—Mi madre me dijo una vez que las mujeres solo lloran cuando pasan por lo insoportable. Rabia insoportable, dolor insoportable… ira insoportable… y francamente, cuando veo llorar a una de ustedes, damas, siento que es una derrota… para mí. Porque generalmente es mi culpa, porque ustedes se han roto y no piensan con claridad. Si la otra persona es alguien a quien necesito manipular, no lo conseguiré. Y si es alguien a quien quiero matar… de pronto me pongo sentimental y termino haciendo cosas como esta…
Star se sacudió de inmediato haciendo que Greengrass la soltara, cayendo ella de golpe contra el suelo.
"Maldito loco" pensó aterrada.
—Mejor —dijo Greengrass, mirando hacia sus propias manos mientras doblaba el pañuelo y lo volvía a guardar en el bolsillo de la túnica— mucho mejor. Eres una niña aún Matthews, pero de ninguna manera volveré a cometer el error de subestimarte. Tú… realmente das miedo.
Star frunció el ceño, confundida.
Greengrass suspiro, pero luego se puso de pie y sacó la varita del bolsillo— Finite incantatem —recitó.
Star sintió como su voz regresaba. Hasta sentía que podía respirar mejor— ¿Vas a matarme? —preguntó Star, lo más serena posible.
Greengrass se quedó en silencio un largo momento, como si se lo pensara. Star notó que su mano sujetaba con fuerza su varita, llenándola de un miedo inexplicable— No —contesto por fin, ahora guardando su varita— No. Quiero, pero no lo haré. No ahora.
— ¿Por qué? —Preguntó Star por un hilillo de voz— No tiene sentido —murmuro— ¿porque…?
—Porque tu papel en todo esto es otro —le dijo contundente— tú eres parte primordial en mi plan.
—No voy a cooperar contigo —replicó ella de inmediato.
Edward agitó una mano, restándole importancia— Pero ya lo estás haciendo —dijo risueño— Ahora, para finalizar, lo único que tienes que hacer es quedarte aquí y ser testigo de todo esto —dijo extendiendo ambas manos y sonriendo mientras miraba al desastre de su alrededor.
— No tiene sentido —respondió ella de inmediato— ¿Vas a dejarme aquí para culparme por esta intrusión? —"estúpido" pensó— Le diré a todo el mundo que fuiste tú. Será tu palabra contra la mía.
Greengrass se echó a reír como si lo que dijo fuera la mejor broma del mundo— No te esfuerces. Ya lo entenderás.
Greengrass volvió a agacharse hacia ella y tiró del cuello de su túnica con fuerza para levantarla y a pesar de que ella se revolvió, no impidió que la arrastrara hacia el fondo de aquella destrozada cámara para sentarla apoyada contra una de las maltrechas estanterías, mirando directamente hacia la puerta de la entrada.
—Por allí —dijo Greengrass sujetándole el mentón para que mirara hacia la puerta— aparecerá Jimmy Craston y cuando lo haga le dirás todo lo que ha pasado aquí. Esa es tu parte en el plan.
Star, estupefacta, se volvió hacia Greengrass— ¿James…?
Greengrass asintió— Si, en persona. Pero te aseguro que no estará feliz. Probablemente comience a gritarte apenas te vea. Incluso luego de que le cuentes, probablemente no te crea, así que entrara a tu cabeza tal y como yo he hecho. Eso hizo la última vez.
Star sintió que sudor frío corría por su espalda— ¿La última…?
Greengrass le sonrió— Pregúntale a Jimmy.
Star sintió las manos temblar. Quería pegarle en la cara a Greengrass. "Es un manipulador" pensó de inmediato "solo quiere jugar conmigo"
—Nunca me agradaste —dijo de pronto Greengrass— no es personal, solo lo usual. Aquellos que creen que son superiores por su sangre son mi grupo favorito a desdeñar. Sin embargo, a pesar de que no me agradabas, nunca te desprecie. Siempre revoloteando cerca de Theo, pero sin malas intenciones y solo con una meta que cumplir, yo realmente respetaba eso. Aunque no me agradabas, eras útil… y creí que serías leal. Realmente lo creí.
Star frunció el ceño— Soy leal —le replicó indignada— siempre lo he sido. Juré a los Nott.
El rostro de Greengrass por un momento paso de sonriente a triste— Pero decidiste escuchar al Nott que no era —dijo en un murmullo— Mírate, la gran Praethor de familia milenaria y tan orgullosa de su sangre tan pura… termino siendo una simple traidora. Mientras que yo… el mestizo que todo el mundo tanto odia y menosprecia… soy quien se mantuvo siempre leal. ¿No parece una mala broma?
Star se revolvió— ¿De qué estás hablando?
—Pregúntale a Jimmy —le dijo en un susurro— pregúntale, porque siquiera yo sé cómo hizo para que colaboraras en todo lo que hicieron a Theo —le miro desde arriba— parecías tan recta… tan firme… tan honorable… sin embargo, James también. Si, ustedes daban esa imagen tan… confiable —se encogió de hombros— y lo hicieron tan bien que incluso yo confié en ustedes para ayudarme. Una cosa, solo debían hacer una cosa y lo hicieron mal.
"¿Theo?"
—No entiendo nada de lo…
—No, claro que no entiendes, pregúntale también a James acerca de eso.
Greengrass le dio la espalda y camino hacia donde estaba Amira y se acuclillo hacia ella, pareciendo que iba a levantarla en brazos.
Star, aunque aún estaba confundida, se alarmó de inmediato— Amira —dijo consternada— ¡¿A dónde llevas a Amira?!
Greengrass levantó a Amira en brazos y con un suave movimiento de una de sus manos, empujo a Amira para que su cara se acercara a la suya, casi como si estuvieran mejilla contra mejilla— Esta de mi lado ahora —le dijo sonriente— ¿Y sabes que le haré? Hare que olvide todo esto y la mantendré como mi mano operante para cualquier otra estratagema que se me ocurra. Ya has visto hasta donde es capaz de llegar y todos los juramentos que logré sacarle. Es de las mejores herramientas que ha caído en mis manos. ¿Y sabes cuál es la mejor parte? —Dijo en una risa— Que es prima de James. En esta guerra que nos hemos declarado el uno al otro, no puede atacar a su propia familia sin desgarrar la poca confianza y respeto que le queda en el dominio… ¿Qué crees que hará el descorazonado Frederick Taylor si James ataca a Amira? Todos saben que tienen un amorío ¿Y qué hará Magellan? Son tan unidas, como hermanas —dijo sonando meloso— No olvides recordarle esta parte a Jimmy. Que lo tenga muy presente.
Star apretó los dientes— Eres despreciable.
—Por supuesto. Y tú también —le dijo sonriendo tenebrosamente— vamos por lo que queremos, pero la diferencia entre tú y yo… es que desde el inicio le dejo en claro a todo el mundo que no soy benevolente ni honorable. Soy tan o más despreciable de lo que imaginas y no me va a importar ensuciarme las manos para usar a quien tenga que usar para lograr lo que quiero.
Star tuvo miedo de preguntar— ¿Qué quieres?
—Quiero lo que nos quitaron —le dijo con rabia— quiero al Theo que ustedes se llevaron, no esta versión lúgubre y manipuladora que nos dejaron —Greengrass negó con la cabeza con convicción y los ojos ardiendo de ira— Quiero a Theo de vuelta.
Lo último que hizo Greengrass antes de marcharse, fue arrojar la varita de Star lejos y apuntarla con la propia para poner fin al encantamiento que la apresaba. Sucedió tan rápido, que cuando ella pudo hacer un accio, Greengrass ya se había marchado.
¿Cómo? No tenía la más remota idea. Se suponía que esa propiedad no permitía apariciones ni trasladores, pero al parecer el desquiciado mago había resuelto ese contratiempo para su huida.
Star intento todos los hechizos posibles para salir de allí, pero ninguno era efectivo.
"Dijo que James iba a aparecer por la puerta" se dijo Star, cansada de arrojar hechizos y apoyada contra una de las estanterías.
Miró hacia el sucio suelo y vio pedazos de cristal esparcidos por ciertos lugares. Star suspiro. Se suponía que ese lugar debía tener trasladores, pero esa era una trampa para Amira y para ella misma.
¿Con que objeto? Star había llegado a la conclusión de que era hacer que ambas se vieran involucradas en un evento que comprometería la lealtad de ambas, personas muy cercanas a James. Star había sido su prometida y era la Praethor de los Nott, mientras que Amira era su familia. ¿Entonces Greengrass quería derribar a James? ¿Con que sentido? Ya que de todos modos, Greengrass había perdido tanta influencia que solo era útil como espía en el Ministerio y la mayoría de magos del Dominio de los Nott que habían sido sus aliados le habían dado la espalda, James se lo había dicho.
Star se frotó la cabeza. No tenía sentido. James era un miembro respetado en el círculo de Theodore. Él confiaba en James, si no fuera el caso, su vínculo nunca hubiera sido completado.
"Pero Theodore no actúa normal últimamente" se dijo a sí misma, recordándose porque es que habían terminado Amira y ella en ese lugar.
Nada tenía sentido. Star pateó un pedazo de cristal y este choco contra el pensadero que termino en un rincón de la cámara. Star había olvidado también completamente eso. Se acercó al objeto y lo levantó. Era algo grande y bonito, con tallados de figuras en toda su estructura, y aún conservaba algo de la sustancia mágica que lo hacía funcionar.
¿Por qué hay un pensadero aquí? Se preguntó… pero entonces algo conectó en su mente: Un pensadero, pequeños frascos de cristal… James…
Un presentimiento fuerte hizo que se pusiera de pie al instante. Miro hacia las estanterías y dudo antes de caminar hacia ellas. Muchas se habían roto, pero los frascos del interior se encontraban intactos, protegidos por alguna especie de magia seguramente. Algunos hilos brillaban tenuemente dentro de sus frascos, otros, sencillamente estaban vacíos. Algunos tenían fechas anotadas en las repisas, otros, sencillamente nombres de lugares. Star miró alrededor, sin saber exactamente que esperar de todo ello… o quizá sí.
"Pregúntale a James" había dicho Greengrass.
La había llamado traidora.
"Una cosa, solo debían hacer una cosa y la hicieron mal"
Star podía escuchar su propia respiración cuando encontró un espacio en uno de los estantes con su nombre en el título y varios frascos en el interior, más de ocho. Las manos le temblaban cuando agarró cuantos pudo y los llevó hasta donde estaba el pensadero. Abrió el primero y zambullo la cabeza en el objeto mágico.
Para el cuarto frasco, la sustancia mágica se había terminado y Star ya no pudo ver los recuerdos que guardaban el resto de frascos.
Cuando la puerta de la cámara se abrió y James entró, acompañado de tres magos, seguramente los guardianes de aquella propiedad; encontró a Star arrodillada en el suelo frente al pensadero, las manos blancas de tanto presionar las orillas del objeto mágico.
—James… ¿Qué hiciste? —Preguntó con la voz rota— ¿Qué hicimos?
— ¿Qué pasó exactamente esa noche? —preguntó Amira, sentada en uno de los enormes sillones del pequeño estudio de Edward, abrazando sus propias rodillas.
— ¿A ciencia cierta? Sigue siendo un misterio para mí —dijo Edward— durante estos meses he hilado la secuencia de eventos, pero aun así… no he conseguido llegar a la verdad absoluta. Primero… Theodore logró llegar a Tierras bajas, eso es algo que puedo asegurar. Allí iba a reunirse con un conocido y muy buscado mortífago
—Igor Karkarov —contesto Amira— Pero no sabemos el por qué, solo que todo era una trampa para emboscar a Theodore.
Edward asintió— Acerca del motivo, Theo dijo que era algo importante pero nunca me dijo exactamente que era. Yo quise acompañarlo, pero dada la situación en ese momento (en vísperas de tomar el ministerio de magia) y el alto secretismo, me ordenó quedarme aquí. Me dijo que iban a acompañarlo dos magos en los que él confiaba, Stan y Petro.
Amira frunció el ceño— Nunca he oído esos nombres en la vida. ¿Eran vínculos de Theodore?
Edward hizo una mueca— No precisamente, pero Theo confiaba en ellos. Y al menos uno fue leal.
"No me está diciendo todo" pensó Amira, pero de todos modos, la mención de los dos magos coincidía con la memoria que le había mostrado. De momento, debía de ser presta a escuchar, ya luego podría investigar y desmentir los eventos por sí misma.
Amira entrecerró los ojos— Por supuesto. Uno de esos magos debió traicionarlo, ya que después de todo, Karkarov casi mata a Theodore apuñalándolo con una daga maldita. Todo el mundo sabe eso.
Edward le lanzó una sonrisa forzada— Bueno… esa es la versión oficial…
— ¿Qué?
—Es lo que Theodore le dice a todo el mundo, que fue allí donde resulto herido y todo el mundo se lo ha creído.
— ¿Entonces Theodore mintió?
—A estas alturas, nada de lo que Theodore diga puede ser considerado "la verdad", porque puede que ni siquiera el mismo esté consciente de cuál es la verdad —Edward suspiro— No me mires así, hay muchas cosas que no cuadran con la versión oficial. Se supone que Karkarov emboscó a Theodore y que luego lo apuñaló, pero logró huir a la casa del Norte y allí recibió auxilio de Tini, su elfina, y solo despertó cuando el vociferador fue enviado. Bueno, eso es mentira, porque cuando los vociferadores comenzaron a ser enviados, Theo estaba frente a mí, en mi casa. Herido y solo. —Edward comenzó a caminar de lado a lado en la habitación— Yo le había dado a Theo un traslador para que si algo llegaba a salirle mal, pudiera llegar hasta mi casa y desde allí podría saltar a otra casa de seguridad o esperar allí a que yo llegara. Cuando recibí el aviso de la intrusión a mi casa, fui allí de inmediato y no fui solo. McGrath estaba conmigo.
— ¿Sebastian McGrath?
—Si —dijo Edward pasándose la mano por el cabello— el confiable McGrath. Es mi testigo. Merlin sabe quién me hubiera creído si McGrath no hubiera visto con sus propios ojos el estado en el que estaba Theo esa noche… dejo un rastro de sangre en la sala de mi casa ¿Sabes? —Edward sacudió la cabeza— Desapareció frente a nuestros ojos y apenas lo hizo, decidí ir a la casa del Norte, pero tuve que dejar a McGrath atrás porque solo yo tenía acceso allí ¿Y qué crees? El lugar estaba limpio. Hasta ese momento Theo nunca estuvo allí, la elfina me lo dijo. Luego tuve que volver a casa de Serafina y reunirme con ellos, fue algo que le prometí a McGrath… lo que fue un error, porque cuando salí de la casa, ya no pude volver a entrar. Theo se atrincheró allí y cortó todas las conexiones de la casa, seguramente estuvo allí toda la noche antes de enviar su propio vociferador, pero lo hizo desde la casa principal y la puso bajo Fidelius también, ordenó a los elfos quedarse allí hasta nuevo aviso, porque el resto de las casas fueron abandonadas. Luego desapareció y solo volvió a aparecer oficialmente para pedir los juramentos a los magos del dominio.
Amira frunció el ceño— Dijiste al Señor… no, a Philip Nott que uno de los magos que estaba con Theodore lo acompañó al Ministerio. ¿Por qué Theodore fue allí?
—Eso tampoco lo sé, pero sea cual sea el motivo, debió ser algo decisivo —Edward soltó un suspiro— De aquí hacia un tiempo, Theo había comenzado a mantener cierta distancia de Philip. Paso cierto evento que… hizo que Theo comenzara a desconfiar de él y eso escalo hasta cierto grado peligroso.
— ¿Qué evento?
Edward soltó otro gran suspiro— Philip suele tener ciertos puntos flacos en cuanto a tacto se refiere —dijo mientras sacudía la cabeza— esa vez… le hizo una pregunta a Theodore. La respuesta era un sí, pero Theodore dijo que no. No era su culpa, para ciertas cosas, Theo… aún es solo un niño y seguramente en ese momento estaba confundido, pero Philip no es el tipo de persona que entendería algo como eso. Así que creyó que Theo le estaba mintiendo a la cara y para comprobarlo, le hizo legeremancia a la fuerza.
Amira se cubrió la boca con las manos— Merlin —murmuro entre el asombro y la indignación— ¿Cómo pudo… a Theodore…?
Edward asintió— Lo sé —murmuro cabizbajo— eso fue antes de los primeros rumores de las fricciones entre Theo y Philip. Después de eso, todo fue en picada. La fuga de Azkaban lo empeoro todo. Theo tuvo que lidiar con los mortífagos con quienes Philip tenía alianzas y Philip no dejaba de presionarlo. ¿Recuerdas aquel tiempo? Theodore estaba tan inmerso en el manejo del dominio que ponía nervioso a todo el mundo.
—Recuerdo eso —murmuro Amira— habían todo tipo de rumores.
Edward asintió— Seguramente, pero lo que nadie decía en voz alta es lo que estaba en mente de todos: Que Theo era más accesible que Philip. Muchos magos del dominio comenzaron a acercársele y él escuchaba a todo el mundo y a ojos de mayoría, era justo y sensato. Y lo mejor: No daba miedo. No como Philip, pero de todas maneras conseguía que los magos lo escucharan. Theo ya se había ganado a Taylor y a Magellan, y con todo hacía, termino de ganarse a McGrath —Edward se puso de pie y camino alrededor del pequeño estudio— pero claro, luego Philip mostro serias intenciones de negociar con el Señor Tenebroso y todo el mundo guardo el aliento, todo el mundo esperaba lo que Theo tenía que decir al respecto —Edward se pasó las manos por la cara— ¿Estaría de acuerdo con ir a la guerra si Philip cerraba el trato con un mago Tenebroso? yo se lo pregunté. Incluso fui más allá y le asegure a Theodore que si él quería tomar el dominio, lo apoyaría y seguramente muchos magos más ¿Sabes que me contestó Theo?
Amira tenía los ojos entornados— ¿Qué dijo?
—Él dijo: "Es mi padre". Theo no iba a destronarlo —Edward sacudió la cabeza— No sin una buena razón. Philip tenía secretos, Theo también; pero la diferencia estaba en que al parecer los de Philip eran muy oscuros, porque esa mañana cuando Theo fue a Tierras Bajas, él me dijo que iba por respuestas, que las tendría y que entonces decidiría que hacer al respecto. Algo pasó allí, con Karkarov. Solamente puedo imaginar que Theo encontró la respuesta que buscaba, y que por eso fue al Ministerio, para buscar a Philip y enfrentarlo. Si no, ¿Por qué uno de los magos que lo acompañaba termino muerto? Cuando James aún estaba de mi lado, me dijo que de los dos irlandeses, Stan era el inestable y Petro el sensato. Petro fue quien termino muerto en el Ministerio.
— ¿Y el otro mago?
Edward demoró un poco en contestar— Desaparecido, pero lo estoy buscando por todos lados. Caerá en algún momento. Karkarov, por otro lado, está muerto. Lo anunció el Profeta, pero pude verificarlo por varias fuentes.
Amira también se puso de pie, también caminando alrededor del pequeño estudio— Entonces, Theodore encontró algo que hizo que decidiera ir a buscar a Philip en el Ministerio… y allí pasó algo que aún no sabemos, pero el mago que lo acompañaba terminó muerto y Theodore terminó herido, entonces ¿decidió ir hacia tu casa?
—No, Theo no decidió ir a mi casa. Él huyó a mi casa.
Amira frunció el ceño. De alguna manera, no podía concebir la palabra "huir" para describir algo que hubiera hecho Theodore… pero…
— ¿Entonces… fue Philip quien hirió a Theodore con la daga maldita? Y ¿Mató al chico Irlandés? —preguntó escéptica.
Edward no respondió al instante, parecía no escucharla siquiera, pues miraba a ningún sitio en particular. "Él también lo cree" pensó, al mismo tiempo que se pasaba una mano por el cabello, preocupada, triste y enfadada.
¿Qué hace una cabeza cuando alguien de su familia quiere destronarlo? La respuesta la sabía muy bien: Se deshacía del problema. James la había amenazado con eso más de una vez cuando daba problemas por no querer escucharlo. Lo usual es el destierro, pero ella ya había escuchado suficientes rumores tenebrosos acerca de la familia Nott para llegar a creer lo peor, además, Theodore era el único descendiente vivo de los Nott, el destierro no podría ser opción. Si lo hacía, se terminaba la familia Nott y no importaba qué tipo de persona fuera Philip, nadie con dos dedos de frente desterraría a su único heredero.
Edward acababa de contarle que por una mentira Philip Nott le hizo legeremancia a la fuerza a Theodore, no podía estar lejos de la realidad que podría ser capaz de intentar medio matar a su hijo para escarmentarlo. ¿Matar al acompañante? De eso no tenía dudas.
—Philip nunca carga objetos malditos —murmuro Edward— su condición no se lo permite.
— ¿Pero entonces…?
—No lo sé —murmuro Edward, pero en un tono que para Amira no sonaba a duda— los único que saben exactamente lo que pasó allí, fueron tres personas y uno ya está muerto —Edward se pasó la mano por el cabello— Cosas extrañas pasaron esa noche. Theo entró al Ministerio de algún modo inexplicable, porque créeme, todo un equipo nuestro monitoreaba el lugar ese día y no vimos eso pasar. Philip no estaba con el grupo de mortífagos, a él lo encontraron caminando en uno de los pasillos del departamento de Inefables, considerablemente lejos de donde encontraron a Petro muerto. Un Auror fue quien noqueo a Philip (de modo muy violento, por cierto), pero lo encontraron limpio y sin varita. Sin nada que demostrara que había peleado o algo parecido
—No tiene sentido.
—No, no lo tiene. Y no es todo —Edward se cruzó de brazos— ¿Has notado la capa que Theo siempre lleva?
Amira frunció el ceño— ¿Su capa? —preguntó mientras recordaba. Sabía a qué se refería, pues ya era usual ver a Theodore envuelto en aquella capa oscura y enorme. Amira no le gustaba, pues parecía como si esa cosa se moviera aunque no hubiera viento— ¿Que tiene que ver eso?
—Esa Capa es una reliquia familiar de los Nott, milenaria, casi como sus anillos. Se suponía que llevaba perdida algunas décadas y Philip siempre parecía bastante tranquilo con eso y nunca entendí el por qué. La actitud normal sería ponerse paranoico al respecto. Siempre creí que Philip actuaba así porque seguramente ya la tenía y estaba ocultándola por alguna razón, o que quizá ya sabía dónde estaba y estaba negociando en secreto para tenerla de vuelta. Adivina cuando es que Theo comenzó a usarla.
Amira frunció el ceño. Más preguntas. Más misterios. Podría dolerle la cabeza con todo eso.
—Nada tiene sentido —murmuro Edward— ¿Theo encontrando esa capa por su cuenta y sin siquiera buscarla? Lo dudo. Lo más seguro es que Philip la tenía y la sacó esa noche para usarla, eso sí es algo que él haría. ¿Philip atacando a Theo a muerte? No lo creo. Lo más seguro es que él mismo le dio la capa a Theodore. Se supone que es un objeto de protección. Eso sí es algo que Philip haría.
— ¿Cómo puedes estar tan seguro? —preguntó Amira.
—Porque Philip quiere a Theo —contestó de inmediato— de un modo no convencional, pero lo quiere. Él no le haría daño, no de ese modo. Philip es alguien manipulador, no alguien violento. No sin una razón.
—Pero si Theodore hubiera querido destronarlo….
—Si hubiera querido hacer eso me habría buscado a mí, no a Philip —dijo contundente—Algo más pasó. Algo en el intermedio entre la emboscada de Karkarov y el ataque al Ministerio, algo que hizo que Theo buscara a Philip y tuvo que pasar algo que tiene que ver con Philip para afectar a Theo al punto de aterrarlo tanto que no le quedó de otra que huir. Tú no lo viste, Amira. Entró en shock apenas el vociferador comenzó a recitar el mensaje con la voz de Philip.
"Estás siendo iluso" pensó Amira, pero no lo dijo.
—Dijiste que Theo quería irse de Europa.
—Si. Al parecer ese era su plan. De algún modo consiguió sortear toda la vigilancia que logre extender por toda Gran Bretaña. No pude encontrarlo… y un día, fue él quien se acercó a mí.
— ¿Theo te contactó?
Edward asintió— Lo hizo, poco más de una semana después del ataque al Ministerio —dijo mirando a ninguna parte, como si estuviera recordándolo— Logró emboscarme con magia y me hizo dos peticiones. La primera, que detuviera mi búsqueda. La segunda, que lo dejara ir.
—No entiendo…
—Theo quería irse —le contesto Edward— Quería marcharse de Europa. Asia o América, dijo que aún estaba decidiéndolo. Le ofrecí ayuda, pero Theo dijo que no quería que nadie se involucrara en nada de eso porque seguramente cuando Philip abandonara Azkaban habría consecuencias. Luego solo desapareció en el aire. En un segundo estaba allí, luego ya no. Por un momento creí que fue una alucinación —dijo soltando una risa nerviosa— pero luego decidí que hacer. Si Theo quería irse, yo le iba a ayudar. Después de todo, Amira, esa es mi promesa. Yo siempre estaré del lado de Theo.
Ella, entristecida, preguntó— ¿Qué salió mal?
—Mi juicio —dijo Edward— confié en las personas equivocadas.
—James… —murmuro Amira.
—Y Matthews —susurró Edward.
—No puedo —había dicho Star con los ojos llenos de lágrimas y con la voz rota, mientras apuntaba a James con la varita.
Lo había desarmado y solo estaba a una maldición de seguir adelante, pero no podía. Era como tener el alma partida en dos, entre el deber y su corazón.
—Era lo que teníamos que hacer —había dicho James en ese entonces, semi recostado contra una pesada puerta, aún aturdido luego de ese duelo que habían librado entre ellos— y si entras allí, no cambiara nada. Ya no se puede cambiar. Solo vas a morir en el camino.
—Entonces lo haré —murmuro ella, tomando aire.
—No te dejaré —había contestado James— Estamos en el mismo barco ¿Recuerdas?
—Pero Theodore…
—Hicimos lo correcto. Lo entenderá… con el tiempo —la cortó— esto es solo la culpa actuando por ti.
Star había negado con la cabeza, levantó la varita de nuevo, pero la bajo y se dejó caer de rodillas— James… no puedo. No puedo.
—Puedes, claro que puedes —había dicho, levantándose a duras penas y acercándose a ella— Ya no depende de nosotros.
—Pero…
James le había sujetado del hombro— Hicimos lo correcto. Ya lo verás. Cuando todo pase, el mismo Theodore nos lo agradecerá. Todo esto solamente será un mal recuerdo.
Inestable como estaba, Star se había aferrado a esa promesa como una niña pequeña. Incluso se aferró al propio James, abrazándose con fuerza a su cuello. James le había acariciado la cabeza para consolarla por largos minutos y en silencio hasta que se calmó.
—Debemos permanecer unidos —le había dicho una vez Star se calmó— un mismo frente. Este es el comienzo de un largo y difícil camino, Star —le había susurrado— en los próximos días, una guerra interna va a desatarse. El Dominio es un caos y cuando Theodore este de vuelta, va a recuperarlo y nosotros le ayudaremos.
Star, aún abrazada a su cuello, había asentido— lo sé —murmuro.
—Enfrentarás a la Fuente de la verdad en dos días.
—Lo haré —había respondido Star.
—Estás inestable —le había susurrado James al oído— tengo miedo. ¿Crees que podrás pasar?
—Si no puedo hacerlo, será el destino —había dicho ella cerrando los ojos, recordando una de las preguntas que ella debía contestar antes de que derramaran el agua sagrada en la cabeza "¿Consideras tener el honor de volver a ser llamada Praethor?" Y la respuesta a eso... Star se había aferrado más a James— si muero, limpiare en un instante la vergüenza de mi familia. Si vivo, usare cada segundo de lo que tenga de vida en hacerlo.
James se había aferrado a ella también— Todo esto… me ha hecho pensar… que hay un modo. Hay un modo de asegurarnos de que pases esa prueba.
Star se había soltado del abrazo y se había alejado un poco.
—Tú no vas a morir.
— ¿James? —había preguntado ella, confundida.
Pero cuando se dio cuenta, él ya le había apuntado a la cara.
….
Abrió los ojos de golpe y la respiración se le tornó pesada. Pesada y agobiante. Sentía que podría vomitar en cualquier momento. De hecho, lo venía haciendo desde hace dos días. Desde que James le mostró todo. Al menos esta vez pudo controlarlo hasta que llegó al escusado.
Sentada en la baldosa fría del baño y con las manos cubriéndose el rostro, tenía ganas de llorar, sin embargo no pudo. El tiempo de llorar ya había pasado.
Apoyo la mejilla contra la fría pared. Se esforzó por no cerrar los ojos, pues cada que lo hacía todo era confuso. Reincorporar memorias que hace tiempo habían sido retiradas de tu cabeza era algo complejo, según James. Los hilos de la memoria no eran piezas individuales, pues estos generalmente hacían conexión con otros y no venían solos. Estaban también los sentimientos. Y eso era lo peor de todo.
Star se concentró en la frialdad de la pared para mantener el control.
James le había dicho que lo mejor era que mirara todo desde el pensadero, pero ella le había amenazado con matarlo allí mismo si acaso no le devolvía lo que le había quitado.
—Tú lo quisiste —le había recriminado James.
Star no lo creyó, pero las memorias estaban allí.
Se sintió realmente tonta. Tonta e ingenua. Todo siempre estuvo allí.
¿Conseguir acceder a la fuente de la Verdad? Ni los magos que seguían siendo parte del Phraetorium podían hacer eso ¿Y una hija de excomulgados sí?
Su tío la había acusado de vender su juramento. Y aunque no era exactamente lo que había sucedido, ella ahora no podía decir lo contrario.
"Una cosa, solo debían hacer una cosa y la hicieron mal" había dicho Greengrass ese día en aquella cámara.
—Se equivoca —mascullo Star— Hicimos lo que había que hacer. Salvamos a Theodore. Lo salvamos. No somos traidores. No lo somos. No lo somos.
O al menos, eso es lo que ella quería creer.
El día transcurrió como debía, igual que los anteriores. Star no pudo concentrarse en ni una sola de sus clases, pues cada que parpadeaba, alguna imagen inconexa se colaba entre sus parpados, haciendo que se horrorizara, le dieran ganas de vomitar, llorar o quisiera morir allí mismo.
Todo en su mente era un caos.
La profesora Vector la vio tan mal que la envió a la enfermería a media mañana. Cuando llegó a la enfermería, la señora Pomfrey la vio con preocupación, pues era el tercer día seguido que acudía allí. Le dio poción de paz y le dijo que durmiera el resto de la mañana, pero ella no podía dormir. No quería.
Soñó con Londres. Soñó con nieve cayendo por la tarde. Soñó con ira y con adrenalina. Soñó con miedo y con dolor. Soñó con sangre y con lágrimas. Soñó con gritos.
"Los matare por esto"
Star abrió los ojos de golpe. Se tocó las mejillas y se dio cuenta de había estado llorando dormida de nuevo.
Se sentó en la cama, se limpió la cara en silencio y miró al piso.
"Tal vez por esto le pedí que quitara esto de mi cabeza" pensó mientras se estrujaba los ojos.
Porque fue ella quien se lo había pedido que le quitara esos recuerdos. Bueno, al menos la segunda vez. Pues la primera… la primera aún seguía siendo confusa y en realidad, era en lo que más pensaba.
Star era consciente que así como estaba, hubiera sido imposible que superara a La fuente de la verdad, no después de saber que esa oportunidad había tenido un precio: Ser cómplice de James. Ayudar a Philip Nott a atrapar a Theodore.
No después de lo que le hicieron a Theodore.
Star lo había aceptado y sabía que moriría quemada en el Phraetorium. Una muerte honorable si a ella le preguntaban, después de todo, no había vergüenza en aceptar tus culpas y pagar por ello; sin embargo, James no pensaba así. Él dijo que no quería verla morir y que por eso le quito los recuerdos que la atormentaban.
Star se había enfrentado a la fuente, ignorante de todo lo que había hecho y salió victoriosa, victoriosa y orgullosa. Luego James la había llevado a jurar lealtad al recién llegado Theodore. Star sintió escalofríos de recordar el modo en que era al inicio.
Había quienes actualmente tachaban a Theodore de cruel. Si los magos que pensaban eso hubieran visto la mitad de lo que vieron los magos de la primera línea, seguramente acusarían al actual solo de ser pragmático. Frío, cuando mucho.
Ellos no sabían de crueldad.
Star lo había visto. Había visto tanto que cuando no lo pudo soportar, había enfrentado a James y cuando él no le dijo respuestas, hizo lo mismo que había hecho hacía tres días. Star lo había traicionado y se había aliado con su enemigo. Porque claro, aquella vez, James solo tenía un enemigo. Y ese, era el entonces caído en desgracia, Edward Greengrass.
En ese entonces ella se había enterado que Greengrass había sido poco más que desterrado luego de una corta audiencia con Philip Nott en Azkaban. Había dejado su muy alto cargo en el Ministerio y tenía estrictamente prohibido permitírsele acercarse a Theodore, al punto de que la primera línea tenía la orden de matarlo si es que no obedecía. Todo eso al inicio le había llevado a pensar que era un sospechoso de haber traicionado a los Nott, como todo el mundo creía. Sin embargo, luego de cruzar palabras con él, Star se dio cuenta de que parecía ser el único con sentido común, pues compartían la misma idea: Ese no era Theodore.
"Esto es lo que le pasa a alguien que va contra la corriente" le había dicho Greengrass aquella vez, refiriéndose a sí mismo y su precaria situación: Sin amigos ni poder.
Y con eso la convenció, pues Star nunca le temió a caer si con ello se mantenía en el camino correcto.
Star había conspirado con Greengrass, dándole información de los movimientos de la Primera línea y todo lo que hacía James, además de todo cuanto llegaba a sus oídos. Greengrass había usado toda esa información para reposicionarse entre los magos del Dominio, consiguiendo favores y repartiendo amenazas a todos los niveles, siempre entre las sombras y usando las pocas conexiones que le quedaban en el Ministerio y Merlin sabe dónde más.
Era como una especie de parasito. Solo y lejos del resto, no podía hacer nada. Pero con algo de información, contactaba a la persona adecuada y luego de una corta manipulación, chantaje o amenaza, Greengrass conseguía lo que quería. Siempre conseguía lo que quería.
Star lo vio mentir, encantar, maldecir y torturar tantas veces que cada vez que era testigo de eso una pregunta siempre se colaba en su cabeza: ¿Qué estoy haciendo?
Quizá lo tenía escrito en la cara, pues una vez, aún con gotas de sangre en la cara, Greengrass le dijo que no se preocupara demasiado, pues "Hacían lo correcto".
Star quería gritar.
Sin embargo, a diferencia de James, con Greengrass si conseguía respuestas. Ambos supieron por fin que le había pasado a Theodore.
Atraparon a un legeremante quien había sido uno de los tres perpetradores, en un buen día en Escocia y luego de una muy intensa tortura de parte de Greengrass, él les contó todo lo que hizo por orden de Philip Nott. Les contó también en dónde y a qué lugar llevaron los recuerdos que le arrancaron a Theodore.
Y así fue como consiguieron dar con la primera bóveda.
— ¿Qué hacemos ahora? —había preguntado Star a Greengrass aquella vez…
Sin embargo, cuando se giró a mirar al mago, este tenía una daga en la mano y había querido enterrársela en la cara. Probablemente en su ojo, pero falló.
Aunque estaba confundida, Star había peleado; primero con magia y cuando Greengrass la desarmó, también con las manos, sin embargo no consiguió vencer. Greengrass dijo que no la mataría con magia, que una traidora como ella no merecía morir como un mago, así que quiso asfixiarla con las manos hasta que se desmayó. Cuando despertó, James estaba cerca de su cama y le dijo que todo estaría bien y Greengrass había sido encerrado, que seguramente terminaría muerto una vez fuera puesto ante Philip.
Star de nuevo, pidió respuestas y James se las dio. O mejor dicho, le dio la verdad. Que ella había sido cómplice de todo y James le había quitado el recuerdo. Star, en total conmoción, había caído en shok.
—Si yo fuera Greengrass, hubiera hecho lo mismo —le había dicho Star a James.
"Los matare por esto"
Esas palabras la perseguían y la agobiaban. Por eso, esa misma noche entró de nuevo a la bóveda y al azar, tomó uno de los frascos que estaban allí resguardados. Luego, uso la chimenea de James para tener acceso a la Casa del Norte. Entró allí, varita en mano lanzó maldiciones asesinas a dos guardianes. Aún ahora no podía recordar quienes habían sido, solo que no le tembló la mano para hacerlo. Llegó al tercer piso y como no pudo entrar, Star, sin saber que más hacer, rompió el frasco al pie de la escalera.
Existía un mito acerca de hilos de memoria dejados en la intemperie, convirtiéndose en energía mágica que aún no entendemos. Star en ese momento, quiso creer que quizá, solo quizá… ese recuerdo disuelto en el aire podría alcanzar a Theodore.
El hilo se balanceo en el aire, como si fuera una pluma al viento y entre un parpadeo y el siguiente, se desvaneció. Cuando terminó, se marchó por donde vino y nadie supo lo que hizo.
¿Quién hubiera dicho que si Theodore estaba siempre rodeado por guardias especiales ocultos a la vista de todos era por su causa?
Al día siguiente, Star le había pedido a James que le quitara esos tormentosos recuerdos una vez más. Se había negado, claro, pero ella había usado su chimenea y había matado guardianes, todo bajo la vigilancia de James. Él sencillamente no tenía opción. De hecho, le convenía, pues ella le dijo que conociéndose como se conocía, seguramente querría traicionarlo de nuevo más adelante, cuando eso sucediera, él debía regresarle todo para hacerla entrar en razón.
Y el momento había llegado bastante pronto…
Actualmente, con la cabeza fría, desprovista de todo margen de culpa y con todos sus recuerdos de vuelta, Star entendía mejor todo. No era una traidora. Hizo lo correcto, con un mal método, pero en ese momento, era lo correcto.
Pues gracias a lo que hicieron, Theodore no los abandonó. Porque eso es lo que él iba a hacer.
¿No tenía Theodore el control del Dominio? ¿No estaban los Nott a punto de extender la Red Flu en toda Europa? ¿No estaba en una situación tan ventajosa que el Lord no era una amenaza? ¿No estaba a salvo de Philip?
Star agradecía a la deidad de los magos que Greengrass se hubiera salvado de la muerte (quien sabe cómo) y se hubiera hecho cargo de eso. James podía considerarlo su enemigo, pero ella no pensaba en él como un enemigo propio, ya que después de todo, él había demostrado ser efectivamente leal a Theodore. Más leal que nadie. Y eso era algo que ella respetaba.
—Seré leal —le había dicho Star a James— Greengrass ya tiene muchos aliados y quizá consiga su propósito en algún punto. Que sea Theodore quien decida entonces quien tenía razón. Si quiere que yo muera por lo que hice, lo aceptare. Tú deberías hacer lo mismo.
Esa fue la última conversación que tuvieron, junto con la promesa de que no volvería a escucharlo jamás, pues su larga amistad había terminado allí.
Star suspiro. Al menos James ya estaba fuera de Hogwarts y no tendría que verle la cara a no ser que fuera necesario. Lo odiaba. Realmente lo odiaba.
Cuando fue la hora de la comida, Star ocupo su lugar en el gran comedor, algo alejado de los demás alumnos de Slytherin. Observo a Malfoy un instante, nervioso de algún modo. Hacía unos días había intentado ordenarle a ella que le robara a Potter la Suerte líquida que había ganado en una especie de concurso de pociones.
Star le había dicho que no era ninguna ladrona. Luego, le había dicho que entonces pusiera a Potter bajo imperio para que se la entregara. Star concluyó que lo máximo que podía hacer era enseñarle a hacer la maldición correctamente, pues Potter estaba fuera de los parámetros que habían acordado con Theodore.
Malfoy había maldecido y despotricado, hasta que finalmente dijo que no necesitaba ayuda para eso y se había marchado.
El orgullo era la perdición de algunos magos.
Star observó entonces llegar a Theodore. Él venía caminando junto a Zabini y a Parkinson, pues se le daba pasar tiempo con ellos a veces. Sin embargo, lo que ninguno de sus dos acompañantes parecía notar era el disimulado modo despectivo con que les miraba.
Star dejo de observarlos.
"A Theodore nunca le gustaron ciertos comportamientos" pensó como si fuera una excusa.
Es lo que acostumbraba a hacer para convencerse a sí misma de que la actitud y personalidad de Theodore no estaba tan lejos de como era antes. Era su modo de enfrentar la situación.
Volvió a mirar hacia Theodore, pero entonces… entonces… lo notó.
Él tenía la mirada pegada en algo, mejor dicho, en alguien.
No necesito seguir su mirada para saber quién era. Era obvio. Ahora más que nunca.
Star revolvió la comida en su plato.
Desde que volvió a la escuela había pensado en ello, tratando de idear el mejor modo de intervenir y que fuera efectivo. Porque la conciencia de Star le demandaba hacer algo para que Theodore, tal y como era ahora, no se involucrara de ningún modo con la impura.
No era justo. No para ella. Menos para él.
Era como su deber moral.
"Los matare por esto"
Star sacudió la cabeza y se frotó los ojos.
Además, algo le decía que aunque Theodore no la perdonaría jamás, seguramente eso si se lo agradecería.
Terminado el almuerzo, Star fue a la lechuceria y allí mismo escribió un corto mensaje a su proveedor de ingredientes y pociones para hacerle un pedido especial, al mismo tiempo que ideaba como haría para llevar a cabo su plan.
"Podría poner bajo imperio a alguien cercano a la impura" se dijo pensativa mientras veía a la lechuza alejarse agitando sus alas. De algún modo, eso era hipnotizante.
Era doloroso ver a Theodore Nott convertido en lo que era ahora. Como si alguien le hubiera succionado todo lo bueno que tuviera dentro de su alma y solo hubieran dejado la actitud convenenciera, un nivel muy bajo de escrúpulos y nada de empatía. Amira lo probó de primera mano cuando al fin pudo conversar con él y decidió que era un impostor.
Pocos habían sabido que ambos interactuaron el suficiente tiempo para que ella pudiera distinguir la farsa. No solo era su actitud, pues Theodore tampoco recordaba ciertos eventos. No recordaba las invitaciones de la ópera, ni recordaba que ellos fueron juntos. Eso fue lo primero que la hizo sospechar. Y al final, había tenido razón.
"Dijiste que esas entradas habían sido un obsequio" recordó con tristeza "Ahora lo entiendo"
—Hablaste con Philip de un método que habías estado usando —le había dicho con desconfianza a Edward— ¿A qué te referías con eso?
Edward había apretado los labios en una dura línea— Bueno, en algún punto vas a enterarte de todas formas.
— ¿Y Bien? —había preguntado Amira con los brazos cruzados.
—Theo tuvo una especie de… aventura emocional.
Amira había quedado en blanco.
—Merlin… —murmuro Amira cubriéndose la boca con las manos.
Edward se revolvió el cabello— Fue problemático de manejar.
El tono en que lo dijo no le gustó nada a ella— Edward… ¿Qué hiciste?
—No me mires así —dijo sacudiendo la cabeza— Hice lo que había que hacer, dada la situación.
— ¿La situación donde le prohíban a Theodore incluso sentir? —dijo con indignación.
Edward rodó los ojos— Era una impura ¿De acuerdo?
Ella palideció— Una…
—Sí, una impura y por la cara que acabas de poner estoy seguro de que ahora no tengo que explicarte porque yo estaba haciendo algo al respecto. No es posible, no con una impura y lo sabes —Edward suspiro— Supongo que Theo no pudo evitarlo. No lo culpo. Es una chica buena, demasiado buena, tanto que seguramente Theo se odiaría si terminaría haciéndose daño por su culpa. Ya sabes cómo es Theo de protector con quienes le importa. Generalmente el primer amor es unilateral y una maldita perra… pero puedo jurar por Merlin que todo era tan inhumanamente reciproco que podría asustar a cualquiera. Los he visto juntos, Philip también. Por eso estaba tan nervioso. Ambos nos dimos cuenta de eso. Esa chica es el tipo de persona devota que Theodore definitivamente amaría —Edward suspiro de nuevo— a mí también me agradaba. Si hubiera sido pura, aunque no viniera de una familia con influencias ni dinero, me hubiera asegurado de mover hasta el infierno para asegurar que Theo le pusiera un anillo en el dedo, puedo jurarlo. Lo hubiera hecho por Theo —Edward negó con la cabeza, viéndose inmensamente triste— pero no es posible y tuve que hacerle entender a Theo esa realidad. Lo convencí de que lo correcto era resignarse.
Amira se había callado luego de eso, pues en el fondo, sabía que Edward tenía razón.
—Pero Philip nunca entendió que este tipo de situaciones se deben resolver hablando, no amenazando —murmuro Edward.
Amira estaba furiosa. Estas eran las cosas que ella odiaba de los Puristas arraigados. Su reacio pensamiento de que todo debe ser de una manera, el arraigo en las viejas costumbres. La idea de que solamente con decidir que algo no era bueno, el resto debía seguirlo al pie de la letra.
Theodore era bueno. Él era bueno, amable y noble y ellos lo arruinaron. Lo quebraron. Lo trastornaron. Sujeto con fuerza el frasco de cristal que tenía un pequeño hilo de memoria dentro. Amira no sabía que memoria era, pues Edward le puso una maldición al frasco para ser abierto solo una vez, advirtiéndole que era por seguridad. Los secretos de Theodore eran solamente suyos y nadie a parte de él tenía derecho a tenerlos.
Amira estuvo de acuerdo incluso antes que se lo dijera, sin embargo, no podía dejar de preguntarse qué tipo de memoria sería. Había estudiado la teoría de los hilos de la memoria lo suficiente para entender que cinco frascos no podían ser todos los recuerdos de Theodore. Fueran cuales fueran, debían ser memorias importantes. Decisivas.
Suspiro pesadamente, pues todo este proceso sería lento… y probablemente esta vez sería la más fácil de acceder a Theodore. Aunque a estas alturas seguramente James ya estaría sobre aviso acerca de que ella estaba en un bando contrario al suyo e intentaría boicotearla. Edward creía que la subestimaría gracias a la mentira que le dijo a Star, una mentira acerca de que ella era la herramienta sin cerebro y manipulable en lugar de una aliada.
"James no sabe delegar" había dicho Edward "Es bueno actuando solo, pero tiene tanto miedo de que otros fallen y que él sea quien termine pagando los errores. Peor, cree que todo el mundo piensa como él".
Según Edward, James jamás sospecharía que ella estaba al tanto de todo y eso les daría ventajas indecibles, por lo tanto debían asegurarse de que eso siga así, pues necesitaban todo el tiempo del mundo para llevar a cabo su plan.
Debían devolver los recuerdos de Theodore uno a uno y con márgenes grandes de tiempo. Edward estaba seguro de que eso era lo adecuado. Las memorias arrancadas por la fuerza no eran algo sencillo de restituir, él decía que era como intentar pegar a la perfección una hebra de hilos que fueron cortados por la noche con un cuchillo desafilado.
Peor, Theodore mismo no estaba consciente de que nada estaba bien, por tanto, cualquier mención de que algo iba mal de parte de un tercero de ningún modo lograría convencerlo. Mucho peor, actualmente él consideraba como enemigos inmediatos a quien sugería algo semejante.
Además, no se puede sencillamente arrancar todos los recuerdos de alguien sin conseguir que la otra persona enloquezca. Edward sospechaba que seguramente había una serie de Obliviate manteniendo a raya el resto de los recuerdos de Theodore y que esos recuerdos en los frascos podrían ser los detonantes.
"Podrían" pensó Amira con tristeza.
Devolverle esos recuerdos quizá no hiciera diferencia alguna. Edward dijo que lo que más necesitaban ahora era que Theodore notara que algo iba mal. Si conseguían eso, él mismo seguramente se cuestionaría a sí mismo e investigaría por su cuenta y cuando lo hiciera, Edward aprovecharía su inocente y leal cercanía para ayudarle a encontrar la verdad.
Amira apretó con mayor fuerza el frasco antes de meterlo en un bolsillo oculto de su túnica. Sabía que tenía una oportunidad mínima de hacer algo decisivo.
Se acercó a la chimenea conectada a la red Flu que Edward tenía en aquella casa y se adentró en ella. Agitó la mano hacia Edward, en una despedida corta y necesaria. Cuando echo los polvos Flu, recito la dirección: La casa del Norte, el lugar donde encontraría a Theodore.
En un parpadeo, estuvo frente a las paredes rojas de aquella lúgubre casa.
¿El Theodore de antes estaría cómodo con pasar su tiempo en una casa monstruosa como aquella?
Amira lo dudaba.
Tomó un largo respiro y espero. Alguien apareció de la nada, una bruja equipada con los implementos con los que lo hacía la primera línea. Edward dijo que la casa estaba llena de ellos, deambulando por todos lados debajo de capas de invisibilidad.
La bruja era quizá unos años mayor que ella, con su largo cabello negro en una coleta alta, la miro detenidamente un instante antes de sacar un reloj de bolsillo— ¿Craston? —preguntó.
Ella asintió— Sí, Amira Craston —dijo serenamente— el Ministerio envía los documentos para la firma preliminar de los avances de relaciones con Eslovenia. El señor Nott debe tenerlos para revisarlos.
La bruja frunció el ceño, pero solamente asintió en silencio y le hizo una señal para que la siguiera hacia el estudio de la planta baja, donde generalmente Theodore recibía a la gente que venía a reunirse con él. Edward le había dicho que ese y el tercer piso eran los únicos lugares donde no habían magos ocultos, pues Theodore lo tenía prohibido.
La bruja le indicó a Amira que tomara asiento y la dejo allí sola, esperando.
En cualquier otro sitio, seguramente le habrían confiscado la varita o la vigilarían todo el tiempo, pero en ese lugar no era algo necesario. Todo el mundo lo sabía.
Se quedó mirando alrededor, pues había poca mueblería y en su lugar bastante del tapiz rojo era visible. Ese tapiz la ponía algo nerviosa, pues por un tiempo hubo todo tipo de rumores al respecto. Había quienes la habían llamado "La casa Maldita" o "La casa de ejecución" por tanta gente que cayó allí, bajo su techo. Sin embargo, Edward le había asegurado que no era magia tenebrosa, si no de protección. Magia para proteger a Theodore de quien él creía eran sus enemigos y de quienes levantaban la varita en su contra. Mientras Theodore no la considerara una amenaza ni ella lo atacara, la casa no haría nada por sí misma.
La puerta se abrió y escucho unos pequeños pasitos deslizarse en la alfombra. De reojo, Amira vio como la elfina mantenía una charola en el aire y con magia hacía que una taza de té levitara y asentara frente a Amira, luego, otra taza a donde seguramente iba a sentarse Theodore.
—Hola Tini —le dijo ella con media sonrisa.
La elfina solamente la miró en silencio y extendió la mano.
Amira, rápidamente metió la mano en la túnica y sacó el frasco al instante, ni bien lo hizo, el frasco desapareció al instante. Un instante después, por la puerta entró Theodore, completamente vestido de negro, su varita a la vista y con amatista en el lóbulo.
Ella se puso de pie para recibirlo, pero el solo la miró de pies a cabeza y con expresión aburrida.
—Pensé que solo debían dejar esos documentos —dijo frunciendo el ceño.
—Lo educado es saludar —dijo Amira sin mirarlo directamente.
—Lo educado… de acuerdo —murmuro ahora mirando a la elfina y su charola— Bien.
Theodore le dio la espalda y en lugar de sentarse le dio la espalda y camino hacia la enorme ventana en el fondo del estudio— Ya que estás aquí léelo para mí. Toma una pluma y escribe cuando te lo diga, tacha las palabras que diga. Y que quede claro, sin opiniones al respecto.
Amira sacó los pergaminos de los sobres que traía y los ordeno sobre el escritorio lo más pulcro posible. Edward le había advertido que seguramente Theodore le pediría hacer algo ese día. Fuera lo que fuera, Amira debía hacerlo bien, mejor que bien. Debía ser perfecta, porque si lo hacía mal… bien podrían comenzar a buscar a alguien más y atrasar sus planes bastante tiempo.
— ¿Qué esperas para salir? —pregunto mirando a la elfina.
Amira miró momentáneamente a Tini y por un instante se distrajo, pues ella tenía una mirada de dolor mientras contemplaba a Theodore, seguramente también sabiendo que ese no era su amo. Se miraron la una a la otra antes de que la elfina se fuera.
Amira hizo todo cuanto Theodore dijo y al final, el por fin se sentó en el escritorio y reviso a detalle todo lo que Amira escribió, luego hizo una última anotación antes de devolverle los documentos.
—Que le lleguen a Frederick. Hoy —dijo finalmente.
—Sí, Señor Nott —contesto ella manteniendo la vista baja.
Edward también le había dicho que al Theodore de ahora le complacía que sus interlocutores se mostraran humildes. Si besaban el piso, mejor que mejor. Amira quería vomitar.
—Bien. Es todo —dijo Theodore finalmente y se marchó sin despedirse ni mirar atrás.
Afuera del estudio, estaba la bruja que la escoltó al inicio. Amira solo vio de reojo como es que Theodore subía las escaleras.
Ella camino hacia la chimenea y dio un último vistazo al salón de la casa.
"Todo está en tus manos ahora" se dijo con esperanza pensando en Tini, la aliada secreta, inesperada y más importante de Edward.
Era extraño, de algún modo. No podía explicar a ciencia cierta que era, pero de alguna manera… algo era diferente.
Y como era diferente, era molesto.
Theodore frunció el ceño. Había soñado algo, pero no recordaba que era, como el día anterior. Y el anterior a este. Aunque era distinto a como era usualmente, cuando se sentía molesto por todo y con ganas de maldecir a cualquiera que le sacara de quicio… pero ahora mismo, ahora sencillamente no sentía nada eso.
¿Acaso su sentido de la paciencia había regresado?
Era extraño, porque motivos no le faltaban para sentirse molesto.
Matthews le había informado hacia dos días que Draco estaba comportándose de manera errática y sospechaba que seguramente haría una tontería. Nada demasiado lejos de la realidad, pues al parecer termino poniendo bajo el Maleficio Imperio a una chica de Séptimo para hacer que le entregara un objeto maldito a Dumbledore… y lo hizo mal.
En realidad nadie sabía aún que había sido Draco, pero atando cabos no podía ser nadie más que él. Además de que se veía estúpidamente nervioso.
"Te lo mereces" pensó momentáneamente, pero solo un instante, antes de que el pensamiento se fuera tan rápido como llegó. De algún modo, en lugar de enfadarle la actitud estúpida de Draco, lo único que a Theodore le provocaba era risa. Le divertía, lo cual era también estúpido. No pensaba mucho en eso de todos modos.
Theodore se frotó los ojos un instante. Eran tonterías que no merecían pensar demasiado en ello. Se levantó de la cama y miró a su alrededor. Hacía dos días también había salido de Hogwarts para pasar un día entero fuera para tratarse la herida maldita del costado. Verifico que ya no sangraba y estuvo conforme. Sería un incordio que no fuera así.
Se acercó a la mesita al lado de la cama y luego de un toque de su varita libero la cajonera principal para sacar las pociones de siempre. En momentos como ese, echaba en falta el elfo que le dejaba todo en una charola listo para ser consumida.
Theodore hizo una mueca al terminar de beber los tres distintos viales.
Cuando estuvo en La Casa del Norte, la última mañana que pasó allí, recordó que fue una sorpresa ver a la elfina cerca de la cabecera de su cama. En otra oportunidad, Theodore la hubiera castigado, sin embargo, solo le pregunto qué estaba haciendo.
—El amo parecía tener una pesadilla —dijo con la voz débil— Tini iba a despertarlo.
— ¿Una pesadilla? —Había preguntado escéptico, pero se había reído— Eso no aplica a mí.
No realmente.
Por alguna razón, Theodore tuvo la imperiosa necesidad de salir de la mazmorra. Era domingo, así que podía permitirse ir a donde sus pies le llevasen, así, sin darse cuenta camino hasta los exteriores, llegando hasta las orillas del Lago Negro. En la otra orilla, estaba un árbol enorme, agitando sus hojas al viento.
Theodore miró fijo allí, como si buscara algo pero sin entender que era exactamente lo que quería encontrar. No supo cuánto tiempo se quedó allí, de pie y en blanco, pues solamente reacciono cuando el reloj de bolsillo que tenía en la túnica dio de pronto un zumbido, Theodore lo sacó y luego de verificar la hora, bufo antes de caminar de vuelta hacia el castillo. Estaba perdiendo en tiempo allí.
Camino hasta la torre de Astronomía. Allí la encontró, como de costumbre. Theodore fingió un saludo amistoso, como lo hacía en principio… sin embargo, le costó bastante poco el fingir. Por un momento dejo de hacerlo y la conversación entre ambos se había vuelto demasiado relajada. Hablaron de las noticias del día y de tonterías, como la última novedad acerca de publicaciones de investigaciones que de investigaciones tenía más bien poco. Theodore menciono que Darke podría hacer artículos mil veces mejores con la mano izquierda atada a su espalda (Darke era zurdo).
Hermione estuvo de acuerdo, además que menciono que a lo mejor debería, si magos pagaban por ver eso no necesitaría apostar para conseguir patrocinio en el futuro.
Theodore se había puesto una mano sobre la boca, intentando no reírse, entonces se dio cuenta de lo que había estado a punto de hacer. Inevitablemente, hizo una mueca.
— ¿Qué pasa? —preguntó ella de pronto.
—No es nada —había dicho mientras se aclaraba la garganta— solo me recuerda que el próximo año estaré a cargo y estaba pensando en que es necesario que alguien impulse investigaciones de verdad y no tonterías como esas —dijo apuntando con desgana el artículo del Profeta.
—Eso será bueno —dijo ella, pareciendo conforme y dándole una corta sonrisa.
Theodore no pudo evitar pensar que era fácil de engañar, sin embargo, le devolvió el gesto con una sonrisa débil.
Y no, eso no era algo fingido o calculado. Antes de darse cuenta, estaba inclinándose hacia ella. Cuando se dio cuenta, Theodore quedó descolocado al instante. Se aclaró la garganta y actuó como si nada hubiera pasado.
La desconfianza se coló en cada gramo de su cuerpo.
Hermione se fue primero, él se quedó un poco más y una vez seguro de estar completamente solo, hizo lo que acostumbraba hacer solamente luego de asistir a algún evento o fiesta: Verificar si no le habían deslizado alguna poción o un encantamiento. Nada. Vacío. Theodore se llevó una mano a la cabeza, luego miró hacia sus propias manos, después, clavó sus ojos en la cristalera que le daba la vista del Castillo y observo a los últimos alumnos correr hacia este para la hora de la cena. Miró hacia el sol, brillante y esplendoroso. Otra vez se quedó en blanco unos largos instantes, pero de nuevo, era como un pensamiento fugaz que desaparecía de inmediato.
Theodore frunció el ceño.
Demasiado brillante.
Sacudió la cabeza y camino hacia el castillo.
Al día siguiente, Draco le pidió un favor de aliado: Conseguir algo del mercado negro. Un veneno bastante raro, Theodore no se opuso. Lo hubiera hecho por la simple satisfacción de recordarle a Draco quien de los dos él era quien tenía más conexiones para conseguir cosas. Su vanidad y ego tenía una cuota alta todos los días y le encontró cierto gusto a ver las escenas que podían ofrecerle las personas que suplican.
Sin embargo, solamente acepto su petición rápido. Por alguna razón, no quería ver la cara de Draco, pero ignoro el hecho y siguió con todo lo que debía hacer durante el día, además de las clases.
Encontró a Hermione en la biblioteca por casualidad esa tarde, pues él solamente fue por un libro, pero la encontró en la desierta sección de Historia de la magia y se le acercó discretamente.
Él era más alto que ella, por eso solo tuvo que estirarse un poco para saber qué es lo que ella estaba mirando en aquel pasillo. Aun así se acercó casi sobre su hombros antes de susurrarle— ¿Qué haces?
Ella ni se inmuto, nunca lo hacía. Simplemente giraba un poco su cabeza antes de contestarle— Leo sobre las guerras Dameonicas —dijo antes de girarse de nuevo hacia el libro que tenía abierto entre sus manos— en un libro oficial cita que fueron antes de Britania, pero ya encontré dos autores que afirman que fueron durante y después de Britania. Es confuso.
Ella habló y habló, pero el simplemente se quedó a su espalda, con el mentón apoyado contra su hombro y los ojos cerrados, escuchando en silencio.
Solamente habló cuando ella termino de hacerlo.
—Ya sabes lo que pienso acerca de las citas históricas.
—Bueno, quien sabe —murmuro ella— pero acabo de encontrar que al menos un ancestro tuyo peleo en esas guerras. Quizá en algún lugar de alguna de las bibliotecas de tu familia estén sus memorias.
Theodore abrió los ojos de inmediato y levantó la cabeza— ¿Es en serio?
—Sí —dijo ella antes de girarse y ponerse de pie a su lado para apuntarle con un dedo de su pequeña mano en donde claramente se citaba la existencia de alguien llamado Nott en aquel relato— Dijiste que tu familia tenía al menos mil años, supongo que es verdad. Es impresionante.
—Lo es —dijo él.
Hermione siguió hablando y hablando, pero estando a su lado, Theodore pasaba la mirada del libro a su cara una y otra y otra vez.
"Ah, de nuevo" pensó y entonces se concentró solamente en el libro "Madura, Nott" se dijo a sí mismo.
Había dejado la práctica de Obliviate con Hermione desde la semana pasada, pues ella había comenzado a quejarse de migrañas pasajeras, lo cual quería decir que a él se le había pasado la mano con las intrusiones en su mente, por tanto, debía parar al menos un tiempo. Sin embargo, como la última vez que estuvieron en la torre, a Theodore se le daba por pensar en que bien podría distraerse un poco.
Alguien había escrito una vez que a veces, incursionar en ciertas mentes y pensamientos ajenos podría ser adictivo. Ya sea por encontrar satisfacción en conocer tan a fondo a alguien que era indescriptible, por la sensación de poder, o sencillamente porque podías encontrarle cierto gusto a las revelaciones que ibas encontrando.
Theodore creía que era más lo segundo. La sensación de poder. El nerviosismo era la usual respuesta siempre que él estaba cerca. Los vinculados a él le temían y no podían ocultarlo. Incluso su propio Padre parecía haber adoptado por fin cierto resguardo en una línea que Theodore mismo había dibujado. Ni siquiera Edward, quien juraba con su vida estar incondicionalmente de su lado, podía fingir perfectamente que no tenía diferencias en cuanto sus decisiones y órdenes. Frente a él, todos siempre se mostraban alertas, siempre esperando.
Hermione, sin embargo, en todo aquel tiempo solo se quedaba cerca y le hablaba como si nada. Había probado tantas cosas, desde contarle las cosas que terribles hacía y que hizo para conseguir poder y sencillamente no se alejó. Aunque hizo que las olvidara, claro, pero eso no desmerecía la reacción inicial.
Incluso llevó todo a un nivel más personal, más íntimo: con besos. Todo para probar si todo eso se debía al hecho de que le gustaba, pero incluso hacer eso provocaba una reacción distinta a la esperada.
Sí, eso podía volverse adictivo, pues Theodore, ya acostumbrado al gris pánico, en su lugar, de parte de ella, recibía colores.
"Una semana más" se dijo mientras le miraba momentáneamente. Sus ojos, encontrándose con los suyos. Podía verse reflejado en ellos.
—Podríamos retomar la práctica Obliviate este fin de semana —le dijo en voz baja.
Ella parecía iluminarse— De acuerdo —contesto— ¿Por la tarde?
—Hecho —contesto él, de alguna manera, complacido.
Sabía que se estaba acostumbrando demasiado a esa actitud amigable, pero sencillamente se decía a si mismo que ya luego seguramente se aburriría y no sería complicado desacostumbrarse.
Al menos, eso pensaba.
Porque cuando Hermione no apareció aquel sábado por la tarde en la torre y sin dar ninguna explicación, se sintió traicionado. Luego pensó en que estaba dándole demasiada importancia y se dijo que bien podía manejar esa situación a su antojo y usaría la culpa para sacar beneficios.
Para la cena, notó que estaba sentada en la mesa de Gryffindor, en medio de Potter y Weasley, completamente distraída y riendo de lo que fuera que estuvieran diciendo aquellos dos. Oh, Longbotton también estaba allí.
Theodore solamente observó de lejos con los ojos entrecerrados.
El domingo no se la cruzo ni por casualidad en todo el día. Fue a la Torre de Astronomía, donde usualmente iba cuando quería estar solo. Allí fue cuando notó que ella estaba volviendo de la excursión de Hogsmade, también junto a Potter y Weasley.
De nuevo, solamente observó.
Pasaron al menos tres días más. Granger siquiera le envió una nota disculpándose por haber faltado el sábado, es más, parecía tan distraída y por alguna razón inexplicable, ridículamente radiante. Siempre pegada a Potter y a Weasley.
Cuando llegó el viernes, por fin la encontró en la biblioteca sin aquellos dos. Revisando algunas estanterías en la sección de deportes. Eso le hizo alzar una ceja.
Inevitablemente, se acercó a ella.
—Granger —dijo acercándosele por la espalda.
Ella se giró al instante y su reacción fue llevarse el libro que sujetaba en las manos directamente contra su pecho. Incluso dio unos cortos dos pasos hacia atrás. Eso lo irrito de inmediato.
—Theodore —dijo ella luego una rápida reacción— Hola.
El entrecerró los ojos— ¿Hola? —Se cruzó de brazos— ¿En serio?
Ella miró hacia ambas direcciones de aquel pasillo— Si —dijo medio dudando— Es un saludo usual ¿No?
Él alzó una ceja— Lo usual debería ser mostrar algo de culpa —le contesto él— Sábado, ¿Recuerdas?
Ella parpadeo— Oh, es verdad —dijo de pronto. Luego se aclaró la garganta— estuve ocupada. De hecho, estaré ocupada una larga temporada.
— ¿Ocupada? —repitió incrédulo, luego miró el libro en sus manos— ¿Historia de Quiditch?
Hermione alzó el mentón— Así es.
— ¿Desde cuándo te interesa el Quiditch?
Ella frunció el ceño— ¿Desde cuándo tengo que darte explicaciones?
—No lo sé —dijo el irónicamente— ¿Desde que lo que haces no tiene sentido?
Ella le miró con los ojos entrecerrados, completamente indignada— Adiós, Nott —dijo dándose vuelta y alejándose.
Incrédulo de lo que sucedía ante sus ojos, su única reacción fue alargar la mano y querer alcanzarla, pues nadie le daba la espalda a él. Sin embargo, ella se dio cuenta y esquivo el agarre, dándose vuelta de inmediato y con una expresión de incomodidad— ¿Qué pasa contigo? —le dijo con la voz afectada, como si el la estuviera atacando.
Sin dejar de mirarlo de ese modo, se alejó dando unos dos pasos hacia atrás antes de finalmente volver a darse vuelta y alejarse a paso rápido. Casi como si estuviera corriendo. Como si estuviera escapando de él.
Por un instante, Theodore se quedó en blanco de nuevo.
Él, por supuesto, se había enfadado a niveles indecibles, decidiéndose a sí mismo que debía ocupar su tiempo en asuntos más importantes.
Ya no se cruzaba con Granger en ningún lado, no a propósito, y si lo hacían, se ignoraban el uno al otro. Bueno, para ser exactos, ella lo ignoraba y él la miraba disimuladamente de reojo e indignado.
Sincerándose consigo mismo, no entendía nada. Además, no quería tomarse el tiempo para entenderlo, pues estaba enfadado y su tiempo era demasiado preciado para gastarlo innecesariamente. Esa era su excusa.
Pero incluso las mejores excusas no podían resistir demasiado. No cuando encontró el posible motivo de la nueva actitud de Granger.
Se dio cuenta por casualidad, pero todo estuvo muy claro cuando vio como Granger, toda sonrisas se colgaba del brazo de Weasley luego de una práctica de Quiditch y parloteaba acerca la biografía de quien sabe que Guardián famoso en la historia del Quiditch.
Theodore solamente observó de lejos con los ojos entrecerrados.
Tenía una mirada muy fría y pensamientos oscuros colándose en su mente.
Bueno, han pasado más de ochentay cuatro años!
No tengo excusas, de ninguna manera. Solamente diré... gracias por esperar :3
Cosillas varias:
-Este capítulo fue dificil de escribir. Recorte cuanto pude porque a punta de flash back esto no se acabara jamás jajajaja. Aún así siento que podría ser un tanto confuso. Creo que estoy jugando demasiado con los tiempos y fragmentos de recuerdos de los personajes mientras relatan. Star por ejemplo.
-Con Star es con quien quería hacer más incapie de como es la reacción de alguien que recupera memorias de golpe, ella misma lo menciona, todo es confuso y no puede controlar el como se siente. Es como si se estuviera recuperando de un trauma... y eso tomando en cuenta de que solamente le quitaron unas cuantas memorias y no fue en contra de su voluntad... creo que eso da ciertas pautas a que nivel quedo de dañado nuestro Theo :(
-Lo dije desde siempre, obliviate, legeremancia y otros dejan secuela. Mientras más agresivos hayan sido, peor.
-Y por supuesto, ya queda claro en este cap lo que le hicieron a Theo :(
-Oh, el siguiente capitulo se viene con todo :3
¿Pronosticos? ¿Que creen que va a pasar con Theo y sus oscuros pensamientos?
Gracias por leer :D
