CAPITULO 46
HACER LO NECESARIO
"Nunca" decía la voz rota "¡Nunca!"
Algo cálido le llegaba a la cara y la sensación era indescriptible, pero lo que si sentía que el pecho podría estallarle.
Theodore abrió los ojos de golpe, algo confundido y con una opresión terrible en el pecho, como si no le dejara respirar. Se incorporó como pudo, pero con un fuerte temblor en las manos cuando alcanzó la varita y abrió el cajón de sus pociones. Se bebió la que calmaba el dolor de cabeza primero y la de paz después.
Cuando ya estuvo calmado, recién fue consciente del entorno: El dormitorio, recién estaba amaneciendo y el resto de sus compañeros de habitación dormían profundamente. Theodore se dejó caer contra el colchón y pegó la mirada en el blanco techo, con una de sus manos se palpó el lugar donde le habían apuñalado con la daga maldita, ahora allí había solamente una cicatriz. Cerró los ojos y respiro lentamente. Cuando los abrió, fue como sentirse renovado y todo en el mundo fuera perfecto para él. Se levantó y se preparó para comenzar su día.
Era domingo y fue de los primeros en llegar al comedor para el desayuno. Tomó algo ligero y se retiró pronto para pasar por la oficina de Snape, este solo le dio una mirada desdeñosa cuando en silencio le entrego su permiso de salida para esa tarde firmado. Theodore dio las gracias y salió de allí directo hacia la biblioteca, registro la salida de dos libros y caminó por los pasillos del castillo escaleras arriba.
Mientras caminaba miraba hacia las afueras del castillo cada que se encontraba con ventanas. Tenía que asistir a una fiesta esa tarde y estaba seguro de que sería más un evento de chismes que una celebración. Como siempre, seguramente le cuestionarían, pero a estas alturas le tenía sin cuidado.
Llegó hasta el séptimo piso, frente al feo tapiz de siempre. Espero el tiempo estimado, luego la puerta se materializó y en entró. El salón había cambiado un poco cada día. Estantes iban apareciendo, cada ocasión uno más. Pero eso no era todo, si no que en lugar de los dos asientos individuales de antes, ahora un enorme sillón largo ocupaba ese espacio, lo que no tenía sentido… porque de todas maneras casi no lo usaban. Theodore dejó caer su mochila contra la alfombra roja del suelo. Oh, ese era otro cambio extraño. De un día para otro, la alfombra había cambiado de tono, extrañamente pareciéndose demasiado al que cubría las paredes de la casa del Norte.
Sacudió la cabeza y se dirigió hacia su rincón de estudio, una esquina de la habitación, cerca de los estantes de libros y con cómodos cojines a la mano. Prefería sentarse a leer allí.
No era adecuado desaparecer así por la mañana, pero últimamente Matthews estaba volviéndose increíblemente pesada con respecto a su última tarea asignada. Draco había vuelto ya de su desafortunado accidente con Potter en el baño abandonado y para asegurarse de que no cometería una estupidez, le había ordenado a Matthews pegársele como la hiedra para vigilar que no hiciera algo estúpido. Ella se había negado, claro, pero no tenía de otra.
Theodore resopló, ya que después de todo esa era solamente una excusa. Porque lo que quería era no tenerla cerca.
La puerta entonces se abrió de pronto.
Hermione entró y le saludo con un pequeño asentimiento antes de darse vuelta y cerrar la pesada puerta. Traía la mochila abultada y caminó rápido hacia donde él estaba y rápidamente se sentó cerca de él.
— ¿Comenzaste? —le preguntó.
—No, me distraía leyendo algo —le dijo dándole golpecitos a la tapa de su libro.
—Oh, bien —dijo ella mientras sacaba pergamino y tinta de la mochila. Theodore hizo lo mismo.
Unos momentos después ambos estaban enfrascados en la resolución de problemas de Aritmancia.
"Definitivamente todo es más sencillo así" pensó Theodore mirándola de reojo un momento. Ella se tocó la mejilla con uno de sus dedos y se manchó ligeramente con un poco de tinta negra, como si fuera un lunar nuevo.
"Descuidada" pensó, pero luego volvió a centrarse en su propio pergamino, garabateando soluciones al problema matemático, sin embargo, no apartó su atención de ella, pues ahora mordisqueando la parte de arriba de la pluma.
Theodore entrecerró los ojos, pero de todos modos se le quedó mirando. Aún seguía pensando que era increíble que ella pudiera hacerle caer de un modo tan problemático.
¿Celos? ¿En serio?
Tampoco es que fuera tan especial.
Se frotó la sien e intento no pensarlo demasiado, volvió a mirarla detenidamente como si las respuestas estuvieran en su cara. Era bonita, ya, pero había conocido a chicas mucho más bonitas y elegantes que ella. Era lista, claro, pero estaba seguro de que si se lo proponía podría encontrar a chicas más listas.
Ella se giró hacia él en ese momento— ¿Mendel o Higgel?
—Mendel —contesto él de inmediato, sin siquiera parpadear.
Ella asintió y volvió a su pergamino sin darle una segunda mirada, haciendo que él entrecerrara los ojos de nuevo.
"Podría, ya" pensó "pero no quiero"
Volvió a clavar los ojos en su cara.
Le gustaba, sí. En serio le gustaba.
"¿Qué diría mi padre?"
Se preguntó por un momento, pero al mismo tiempo la respuesta apareció de inmediato en su cabeza.
"Seguramente pondría reglas. Él siempre pone reglas. Y límites" pensó "Por Merlin, que me dejen vivir" resoplo mientras rodaba los ojos. Además, para ser tan estricto, tampoco es que su padre fuera un dechado de moral incuestionable, ya que después de todo quien más libertades tenía para visitarlo en Azkaban era Laurina, a pesar de todos los rumores que eso había levantado.
"Ah, la hipocresía" se dijo.
"Al demonio" pensó "déjame vivir, padre"
Theodore entonces, dejó a un lado el pergamino y su pluma en el suelo alfombrado. También dejó de mirarla disimuladamente, ahora lo hacía con la mejilla apoyada contra la mandíbula.
— ¿Qué pasa? —preguntó ella volviéndose hacia él, su mirada curiosa.
"Pasa que soy un patán egoísta. Y si yo fuera "alguien bueno" como has dicho que crees que soy, no haría lo que voy a hacer"
Pensó todo eso, pero no dijo nada. Solamente se encogió de hombros como respuesta, haciendo que ella ladeara la cabeza, seguramente confundida.
"Qué bueno que no soy tan noble" se dijo como si fuera una broma privada "Bien por mí"
—Nada —murmuro él como respuesta— solo que acabo de notar que tienes algo en el cabello.
— ¿De verdad? —Ella se llevó una mano hacia sus rizos desordenados y se pasó los dedos por ellos, buscando la imperfección— ¿Donde?
—Espera —dijo él girándose hacia ella, sujetando sus pequeñas manos con las suyas y haciendo que las baje lentamente— yo lo hago —le susurro, ahora mucho más cerca.
Los rostros de ambos estaba prácticamente a centímetros uno del otro, mirándose a los ojos en silencio. Él demoró en soltar sus manos y ella lo dejó hacerlo. Luego, el llevó una enguantada mano hacia su cabello, simulando arreglárselo. Ella se puso rosa de inmediato, siempre lo hacía.
Theodore se agachó hacia ella, buscando su rostro. Ella, mientras, se agacho un poco. Siempre lo hacía, como si dudara, pero ambos sabían que al final siempre terminaba cediendo.
"¿Acaso trataba de que fuera difícil?" pensaba mientras acercaba su cara a la suya y juntaba ligeramente sus labios. Ella tenía los ojos completamente cerrados. Siempre cerraba los ojos. A Theodore eso le parece cursi, pero bueno, no importaba de todos modos.
Era divertido, placentero. Se sentía bien. Y no es como si él la estuviera obligando.
Ambos querían lo mismo.
Y para alguien como él, solamente eso importaba.
"Es bueno que no hagas preguntas" pensó.
Pasaron unos cuantos minutos así, en silencio. Últimamente, era ella quien se apartaba primero y murmuraba alguna razón para no continuar.
—Debemos terminar la tarea. Pronto va a ser la hora de la comida —dijo en esa ocasión, sus mejillas aún rosa.
—De acuerdo —murmuro él, alejándose y volviendo a levantar el pergamino, pero entonces sintió la leve vibración del reloj de bolsillo en su túnica. Metió la mano allí y luego de darle un vistazo lo volvió a guardar y en silencio enrollo su pergamino— Bueno, tengo que irme.
Ella entorno los ojos— ¿Qué?
El parpadeó, no le gusto ese tono demandante— Debo irme —repitió— Estaré fuera de Hogwarts, volveré mañana.
— ¿Por qué?
—Asuntos de familia —contestó el brevemente— y es todo lo que diré —terminó, sintiéndose receloso.
No le gustaban los cuestionamientos ni tener que dar demasiadas explicaciones. Nadie podía…
Ella agacho la mirada, por un instante parecía triste, pero entre un parpadeo y el siguiente, la vio tensar la mandíbula. Theodore se tensó de inmediato cuando ella levantó el rostro y todo rastro de tristeza estaba esfumándose en un instante.
—No es importante —dijo antes de que ella pudiera murmurar algo— solo una tonta fiesta de protocolo —"Todo lo tonto que tiene que ser una fiesta para celebrar que ya tomamos Europa con la Red Flu" pensó— No tengo demasiadas opciones en situaciones como esta.
Ella se retrajo de inmediato— D-de acuerdo —murmuro ella.
Theodore asintió en silencio, observando. Ella tenía una personalidad curiosa ahora. Si tuviera que compararla con algo, sería como ver fuego. Confiable, seguro, suave y tranquilo cuando todo estaba en calma; una débil llamita cuando se retraía… pero un ligero descuido para intranquilizarla y parecía poder arrasar con lo que tuviera delante.
Theodore a veces sentía que quería reírse de eso. Le daba escalofríos.
Él le dio una sonrisa ligera y ensayada cuando agitó su mano hacia ella como despedida— Nos vemos mañana —dijo mientras levantaba su mochila y se la colgaba al hombro. Cuando abrió la puerta miró hacia atrás y la pesco mirándolo, ella se puso rosa de nuevo. Él no se dio cuenta, pero sonrió.
La tarde estaba cayendo, pues ya solamente unos cuantos rayos del sol se filtraban por los delgados espacios entre las cortinas de aquel enorme estudio. Serafina estaba recostada contra su escritorio, usando sus brazos para no aplastar su mejilla contra la pulida mesa cuando las protecciones de la casa le avisaron de inmediato la llegada de personas, sin embargo, ella las ignoro… al menos hasta que escuchó que llamaron a la puerta.
—Soy yo, Raphael —dijeron del otro lado.
—Adelante —murmuro mientras se frotaba los ojos.
El muchacho abrió la puerta con cuidado y la cerró con suavidad antes de darse vuelta y caminar hacia el escritorio. Estaba vestido de modo impecable en tonos de caoba y marrón, pocas joyas de protección, pero con la varita a la vista. Amatista brillando en su lóbulo… aun así, no se veía amenazante. A ella le gustaba su porte amable y sabía que era decidido, pero tendrían que hacer algo para lograr que se viera más altivo. Luego del regaño de Theodore, Raphael había cambiado su actitud afable a una más desconfiada. No lo admitiría en voz alta, pero que se contagiara algo de la vanidad de Theodore, podría estar bien y…
"Merlin ¿Qué estoy pensando?" se regañó a sí misma.
—Tía, los primeros invitados comenzaron a llegar.
—Serafina —le corrigió— Pero eso no importa ahora. Si eso es así ¿Qué haces aquí? —Pregunto ella extrañada, pues Raphael era bastante cuidadoso con el respeto a las demás familias— ¿Pasó algo?
Raphael tomo aliento antes de acercarse aún más y sacar un pergamino del bolsillo y pasárselo. Ella notó que tenía un ligero temblor en las manos. Ella lo tomó y lo leyó, palabra a palabra, era peor y peor. Miró de reojo a Raphael y recién notó que estaba anormalmente pálido.
"Aún es un niño" pensó mientras se frotaba los ojos.
—Tío Alectus lo trajo y me lo dio directamente a mí. Dijo… dijo que me preparara para tomar una posición, sigue insistiendo en que yo tengo que encargarme de cosas como esta para impresionarte… pero…
Ella entrelazo sus dedos— Alectus habla mucho —dijo cansada— este —dijo volviendo a doblar el pergamino— es un asunto mayor. Y ya te he dicho que no necesitas impresionarme, yo te elegí, eso no va a cambiar. Lo resolveremos. Ambos. Pero eso será luego y….
Raphael se removió inquieto— Pero vendrán… si los recibimos, asumirán que lo hemos aprobado.
—Recibir invitados no es lo mismo que apoyarlos. No significa nada, el resto puede asumir lo que quieran, al final la última palabra respecto a nuestra posición es la nuestra —soltó un suspiro largo— y luego lo discutiremos con Theodore.
"Al menos no nos ha quitado la libertad de mostrar nuestro disgusto" pensó mientras se ponía de pie y guardaba el pergamino en el bolsillo.
—Dicen que el señor Nott aceptara el juramento —susurro Raphael— dicen que…
—Los rumores… son rumores. Debemos ser cautos.
Raphael agachó la cara— Yo creo que es cierto. El señor Nott ha cambiado —murmuro con pesar.
Serafina volvió a suspirar y se llevó una mano a la cara— Ya hemos hablado de esto —murmuro— esas palabras son tabú.
—Pero es la verdad. Aquí nadie nos escucha y sé que tú también lo crees. Ustedes eran cercanos, él te escribía casi todos los días. Antes te escuchaba… ahora solamente nos ordena. Y nos habla con desdén.
Por un instante, Serafina no sabía que decir. Raphael había conocido desde antes a Theodore mediante correspondencia y ella le había hablado mucho de él. Cuando finalmente lo conoció en persona durante la fiesta donde le heredo sus vínculos, les vio charlar. Theodore le había dicho que le agradó Raphael y fue lo mismo de vuelta. Raphael había estado encantado. Incluso llegaron a intercambiar algo de correspondencia antes de que todo se fuera al demonio.
—En ocasiones… es de ese modo —murmuro, doliéndole cada palabra— cuando tienes un dominio en tu poder y surgen amenazas, uno debe ser implacable para eliminarlas. Son ellos o nosotros… y en caso de Theodore, para él es peor, porque tiene muchas familias a cargo… y demasiados dominios que estuvieron a un paso de la rebelión —ella miró al suelo— puede que aún haya quien quiera rebelarse. Theodore solo está haciendo… lo que se supone que debe hacer.
Cuando levanto la mirada, Raphael miraba hacia otro lado, la tristeza claramente plasmada en su cara. Era bueno ocultando sus emociones, pero de acá hacia un tiempo se permitía ser transparente cuando estaba a solas con ella.
—Tío Alectus dice lo mismo de Archer Xavier. Tío Alfred dijo lo mismo de ti cuando desterraste a los magos de la familia. Todos dicen lo mismo. Que todo es algo que se tenía que hacer —murmuro— Entonces, en algún momento… ¿Yo también? —pregunto.
Y esas eran las palabras que ella temía escuchar.
Serafina negó con la cabeza de inmediato— No es lo mismo —le dijo ella con determinación— Además, yo estoy aquí —le dijo acercándose hasta estar a un paso del muchacho, poniéndole una mano sobre el hombro— y hasta que seas mayor de edad, mantendré todo esto en pie y seguiré enseñándote para que puedas siempre mantener el camino correcto —le dio una débil sonrisa— me asegurare de que seas un mejor mago que yo.
Raphael miró hacia el suelo, pero pudo notar que sonreía débilmente.
"Demasiado peso en una espalda tan pequeña" pensó con cierto dolor.
—Ahora, vuelve al salón. Recibe a todo el mundo. Sera un nido de chismes, pero sigue siendo nuestra fiesta, Rusia ya firmo y tenemos que celebrar —dijo animada— Yo bajare luego de prepararme.
Raphael asintió y salió del estudio. Serafina, solamente dejo caer sus manos a los costados y cansada, se desvaneció en el aire.
Sentir como es que llegaba gente y atravesada las barreras de protección de su casa era medianamente molesto y podría hacerla sentir leves jaquecas, sin embargo, era lo apropiado. Eran tiempos difíciles y no se podía confiar de ninguna manera. No luego de haber purgado su propia casa. Nadie sabía de donde vendrían los golpes.
Se apreció en el umbral de su habitación, el único lugar seguro de la casa, completamente aislado de todos, tanto que nadie podía siquiera llegar a la puerta. Ni siquiera Raphael.
No se molestó en encender la luz, en su lugar se quitó la túnica y la colgó en un perchero que había en la pared. Debajo, tenía pantalones de batalla ceñidos a su cintura, el cinturón donde sujetaba su segunda varita y su kit básico de pociones de emergencia, una camisa de largas mangas y cuello alto que solía abotonar hasta el último botón que terminaba casi debajo de su mandíbula. Se quitó las orquillas del cabello y se lo dejó suelto, se quitó también los zapatos. Estaba desabotonando el primer botón de su camisa cuando se dio cuenta de que no estaba sola, porque claro, su papel secreto de conspiradora le había dejado secuelas.
Edward estaba allí, entre las penumbras y los últimos rayos del sol, sentado en uno de los sillones frente a la ventana y completamente congelado. Se puso de pie de inmediato y se dio vuelta.
—Lo siento —dijo él— pensé que notarías que yo estaba aquí.
Serafina suspiró, pensando que en la gran lista de cosas que odiaba del mago al menos no estaría "desvergonzado"; pero mientras estaba volviendo a abotonarse la camisa pesco a Edward girando la cabeza un poquito. Ella alzó una ceja y Edward le dio una sonrisa de disculpa antes de volver a voltearse.
"Si, desvergonzado" pensó rodando los ojos.
Caminó descalza hacia la túnica colgada en el perchero, la sacudió y se la puso sobre los hombros. Le gustaba vestir con al menos dos capas de ropa y mientras más cubierta estuviera, mejor. Nadie notaba las joyas de protección debajo de la tela y con una segunda varita a la vista en su cintura, nadie nunca imaginaba siquiera que tuviera una tercera escondida entre los pliegues de su túnica. Incluso sus orquillas eran armas que solo ella podía usar, pues al presionar la base e inyectar magia en ellas hacía que de la punta saliera un metal afilado, puntiagudo y lleno de veneno… Edward ya sabía eso, pues él consiguió el veneno, uno raro y con antídoto difícil. Por eso no tenía sentido usarlas, así que se dejó el cabello suelto.
—Ha sido un día complicado —le dijo mientras se cruzaba de brazos.
Edward tomó ese comentario como la señal para volverse, pero le dio una larga mirada antes de hablar. En el tiempo que había pasado, había descubierto que Edward se le quedaba mirando más de la cuenta desde las últimas veces que se habían reunido allí mismo. Ella le había preguntado por qué era eso así. Él le había dicho que parecía más "Serafina" y menos "Magellan".
Nunca pudo entender a qué se refería.
—Tu cabello es bonito —contestó Edward— ya te lo he dicho antes, pero en serio es bonito.
—Gracias —murmuro ella, frotándose de nuevo los brazos— Si estás aquí entonces, ¿Theodore ya llegó?
—Está en el salón —asintió él— Raphael ya lo recibió. Vine para que hablemos.
— ¿Acerca de…?
—Xavier —dijo de inmediato— imagino que ya lo debes saber.
Serafina tomó aire despacio— Raphael recibió el mensaje y me lo pasó —contestó— ¿Es verdad?
—Peor —dijo Edward suspirando— la noticia oficial es suave, tomando en cuenta como pasó todo en realidad.
Ella cerró los ojos con fuerza— Ese chico… Archer Xavier… ¿Él es…?
—No —contesto Edward— Theo lo vínculo a él. Lo vi con mis propios ojos. No es un mestizo.
Serafina sintió alivio. El chisme oficial era que Theodore se había vuelto loco y nombro como cabeza de la familia Xavier a un mestizo. Todo un escándalo si llegara a ser verdad, desagradable considerando que para que nadie se atravesara en el camino de Archer Xavier hacia el título había acabado con una parte de su familia y claro, destronado a las hijas oficiales del que fuera su padre.
—Y… ¿Las hermanas?
—La menor coopero —murmuro Edward— La mayor… no tanto. Theo presionó… asusto a la pequeña. Le pregunto si acaso ella tomaría su varita para obedecer lo que Theodore le mandara, ya que ese era el deber de quien portara el título —dijo con tristeza— Archer la envió a Groenlandia y selló un compromiso con uno de los que le juraron lealtad. Esa niña no va a heredar nada nunca. Mantiene a la menor en la casa principal, pero yo creo que es más un rehén que otra cosa. Al menos conseguí que Theo recordara que debe mantener la imagen de apoyo y respeto entre familiares.
Serafina se pasó la mano por el cabello— Un mestizo que no es mestizo, sino un bastardo…
—Un bastardo sangre pura —completo Edward.
—Nadie lo creerá —dijo ella antes de sacudir la cabeza— esto va a perjudicar a Theodore ¿Se lo dijiste?
—Se lo digo cada que puedo, pero él no ve el problema. Según él, si es puro le sirve el juramento. Archer es demasiado astuto —Edward miró para otro lado— Idolatra a Theo… y a Theo le gusta.
Serafina sacudió la cabeza— Johannes Xavier debe estar revolcándose en su tumba —murmuro pensando en aquel orgulloso mago que había sido antes la cabeza de aquella familia, famoso por siempre dar contras en los mandatos de los Nott.
—No más que su esposa ¿Puedes imaginarlo? Un bastardo haciendo a un lado a sus hijas y tomando el control de todo —dijo Edward mientras se miraba las uñas— debe ser la pesadilla de toda bruja sangre pura.
Serafina alzó una ceja— Probablemente —masculló, intentando evitar pensarlo demasiado— sigo pensando que nadie lo creerá.
Edward soltó un bufido— Sucede más seguido de lo que uno pensaría. Los bastardos que resultan de las aventuras son siempre un problema para los hijos oficiales. Hacerlos pasar por mestizos es una solución… obvia.
—Pero la vida de un mestizo es tan… —Serafina se detuvo al ver la ceja alzada de Edward— difícil —completó.
Edward le dio una mirada significativa, pues seguramente sabía que ella lo dijo pensando en el mismo Edward.
—Por supuesto —dijo encogiéndose de hombros— sin embargo, tengo que agregar… no es tan malo como se pensaría —él le dio la espalda y continuó mirando hacia la ventana— La vida no es sencilla para nadie, pero, hay cadenas que a la gente como yo nunca nos ataran —se giró levemente hacia ella y le lanzó una mirada condescendiente que podría irritar a cualquiera— cosas que nunca tendré que hacer. Males que nunca tendré que sufrir. Hubo un tiempo en que odie todo esto… pero en este último tiempo llegué a la conclusión de que ser un mestizo es manejable. Si me preguntas, ser puro… está sobrevalorado.
Serafina no replicó, en su lugar siguió observando.
Ante dudas infinitas, lo mejor era quedarse quieto y observar. Ese fue la enseñanza más grande que su padre le había dado. Y ahora observaba y cada vez más detenidamente.
Mirada centrada en ningún lado en especial, mandíbula endurecida, manos en puños, hombros cuadrados. Respiración monótona, como si estuviera contando... en conclusión, Edward estaba enojado. Últimamente, aunque tuviera una sonrisa en la cara, siempre estaba enojado.
Ella vió a Edward por primera vez luego de la primera guerra mágica, donde su padre lo conoció. Cuando se lo presentó solamente era el muchacho impertinente que cumplía ciertos pedidos peligrosos que el padre de Serafina mandaba y cuando este murió, Edward se ofreció a cumplir los pedidos peligrosos de ella, todo al bajo costo de borrar sus huellas de la red flu. Recordaba que su padre le dijo que solo lo había recibido porque le parecía gracioso que alguien llamado "Greengrass", el apellido de un sagrado veintiocho, fuera servil a él. Le hacía sentir superior.
Salido de la nada, Edward Greengrass era nadie pero con un llamativo apellido y gran habilidad para ganarse a la gente, de lo cual se valió para conseguir los contactos adecuados y hacer carrera en el Ministerio de Magia de Gran Bretaña, a pesar de no haber sido alumno de Hogwarts, algo que parecía ser prácticamente un requisito para aspirar a ello.
Pasó de ser el chico de los mandados incomodos a un funcionario en ascenso.
Para Serafina solo había sido poco más que impresionante, pero cuando supo que había conseguido jurar a la familia Nott, comenzó a prestarle más atención e hizo que informantes consiguieran más información de él… sin embargo lo que consiguió entonces fue mínimo y pensó en dejarlo ser, pero cuando Philip Nott comenzó a tenerlo cerca todo el tiempo, no pudo ignorarlo más.
Aun consiguiendo los mejores informantes, lo que más había costado trabajo conseguir fue su exacta fecha de nacimiento, pues al parecer su madre había llegado a dar a Asia con la familia de su hermano por negocios…. Pero volvió casi diez años después con un mestizo de ocho y de padre Muggle desconocido. Un escándalo en su tiempo, al parecer.
Greengrass era fino y educado, producto de la educación y protección de su familia materna durante su infancia en Asia, según le informaron… pero eso terminó cuando regresaron a Inglaterra en los años cercanos a la Guerra. Los Greengrass despreciaban a los mestizos, eso no era ningún secreto. Con el tiempo, los informantes de Serafina recopilaron todo tipo de detalles incomodos acerca de crueldades que bien podrían ser exageraciones o verdades, pero los más probable era que todo fuera cierto.
A Edward no le permitieron ir a ninguna escuela mágica y al parecer la que fuera primera esposa de Antón, la difunta Clementine Greengrass lo detestaba al punto de tratarlo con desprecio cada que se lo cruzaba. Había relatos de discusiones y ataques de Clementine contra Beatrice, la madre de Edward, desde insultos hasta humillaciones públicas en fiestas. Muchos decían que era por que Clementine era una purista intolerante. Pero Serafina escucho una historia que pocos se atrevían a pronunciar: Todo se debía a la pequeña y enfermiza Celeste Greengrass, la que fuera la primogénita de Antón y Clementine… a quien por alguna razón se le dio por ser inseparable de Edward, el motivo por el que todos los de su generación en aquella casa lo veían como alguien a quien aplastar lo más pronto posible. La primogénita de los Greengrass no podía ser la inseparable amiga del mestizo de la casa.
"La escandalosa navidad del setenta y ocho" así fue conocido aquel evento. Serafina era joven también aquella vez, pero recordaba cómo es que la sociedad mágica tuvo una buena sacudida. Clementine Greengrass se había vuelto loca y había asesinado a su propia hija o se volvió loca cuando su hija murió… eran dos versiones que nunca pudieron ser desmentidas, pero en lo que todos estaban de acuerdo, era acerca de que Clementine si mató a Beatrice Greengrass; para luego matarse ella también, arrojándose de la torre de la casa de Verano de los Greengrass. ¿El motivo? Nadie lo sabía, pues no hubo testigos. Pero al parecer esas dos muertes, la de su madre y la de Celeste… luego de eso Edward nunca fue el mismo.
Poco tiempo después, Antón se volvió a casar, pero no hubo suerte para Edward con la nueva esposa, Charlize, pues él fue de los primeros en ser enviados al frente por aquella familia cuando la guerra fue más sangrienta y al parecer regreso en una pieza con suerte, pues sus informantes le aseguraron que aquel tiempo se rumoraba que quien se llevara por delante al "mestizo Greengrass" se ganaría un favor grande de una gran e importante dama.
Se enteró también de que aparte de hacerle favores a su padre, se los hacía a muchos más, con la única diferencia que tenían un precio en galeones. Si alguien quería conseguir algo, era Greengrass quien lo hacía posible. Fuera información, contrabando del otro lado del mundo, tratos con el ministerio, tratos fuera de la ley, lavar galeones, protección… deshacerse de alguien. Edward conseguía a alguien que podría hacer lo que fuera que necesitaras sin meterse él en medio. Todo mediante terceros y así se mantenía tan limpio que podría asustar a cualquiera.
Quien no lo conociera del todo podría decir que el hombre era un santo, pues incluso en la posición de poder más alta que pudo conseguir y completamente protegido por la familia más influyente de Gran Bretaña, nunca levanto un dedo contra su familia materna, incluso los ayudaba. Esa parte era la que a Serafina no terminaba de cuadrarle, pues llevaba años conociendo a Edward para saber que probablemente era una de las personas más rencorosas y vengativas que haya conocido jamás.
Él solía decir que adoraba a sus primas… y las cubría de regalos, pero otros rumores llegaron a sus oídos acerca de que él era el principal negociante de Antón, ayudándolo a vender a sus hijas a quien fuera que tuviera un buen apellido para heredar el dominio de los Greengrass.
Y no era un hecho aislado, ya que después de todo incluso se lo había hecho a ella: años trabajando juntos pero no dudo cuando Theodore lo envió a sacarla de su propia cama para hacerle aquella audiencia secreta por sus antiguas traiciones. Incluso se lo hizo a Philip, ya en los últimos años siempre estuvo a su lado acompañándolo a todos lados como si fuera una especie de mano derecha… pero después había hecho todo lo que estuvo en sus manos para hacer que terminara siendo enviado a Azkaban, todo en nombre de mantener a salvo a Theodore, a quien decía que le era leal incondicionalmente, que todo lo que hacía era para su beneficio, por su bien y al costo que fuera.
¿De dónde venía tanta devoción a Theodore?
Serafina montó toda esa investigación para intentar entenderlo, pero solamente la hizo tener certeza de que no había motivos reales. Entonces, había dos opciones: Motivos que se le escapaban o que Edward solamente era un mentiroso.
¿Cuándo era fachada y cuánto era lealtad real? Serafina comenzaba a cuestionárselo.
—Por cierto —dijo él, volviéndose a mirarla— averigüe quien metió cizaña entre tú y Theodore.
"No me digas" pensó Serafina, frotándose un codo— ¿Quién? —dijo fingiendo interés.
—Craston —respondió Edward.
Serafina suspiro— Supongo que era de esperarse —dijo bajito y con desdén— ¿Crees que sea adecuado vengarme pronto?
Edward parecía pensárselo— Yo también quiero matarlo —dijo en un resoplido— pero no es sensato precipitarse —contestó él finalmente— es correcto, claro, pero aún no.
Serafina hizo lo posible por no entrecerrar los ojos, sin embargo le dio la espalda a Edward— lo tendré en cuenta —murmuro con falso rencor.
Ella no necesitaba mirar hacia atrás para saber que Edward seguramente estaba sonriendo.
"¿Qué planea?" se preguntó. Ella sabía muy bien que Craston no tuvo nada que ver con todo eso, como tampoco había tenido nada que ver con un reciente boicot a Darke, quien también había estado convencido de que Craston había sido el responsable.
Era como si Edward estuviera haciendo que todos le tuvieran rencor extra a James Craston. Uno diferente al rencor por ser parte del complot para haber hecho que Theodore fuera del modo que era ahora.
Ella recordó la pequeña charla que tuvo con Raphael, bastante parecida a la que tuvo con Sebastian McGrath la última vez que habló con él del asunto.
—Al final —había dicho Sebastian con resignación— Theodore está haciendo lo que se supone que debe hacer.
Amira, quien era ahora una de las manos operantes de Edward, le había dicho a ella que sus metas se cumplirían pronto. Si eso era así… y tendrían de nuevo al Theodore de antes y todo era una especie de dominio o control de alguien más ¿Qué haría Theodore? Seguramente vengarse… pero Serafina también lo conocía perfectamente para saber que ese chico… era convenenciero. Y le gustaba cuando las cosas salían como él quería.
¿Estaría enojado? Probablemente, pero ¿Cómo se sentiría respecto a todo lo que le habían hecho hacer? ¿Qué diría respecto a los resultados de todo ese comportamiento cruel? Después de todo… las cosas no podían estar mejor para Theodore. Philip estaba en Azkaban, sin influencias ni poder para obligarlo a nada. La Red Flu ya estaba a un solo paso de cubrir toda Europa. Ni el Lord ni el Ministerio podían tocarlo. Sus bóvedas estaban llenas y el Dominio bajo su control.
Al final… él había hecho lo que tenía que hacer.
Entonces…. ¿Realmente estaría enojado?
Serafina se frotó los ojos.
Theodore siempre fue empático y aunque ella misma fue testigo de que a veces la culpa lo gobernaba, sabía que él también era ambicioso.
Después de todo…
¿Qué es la culpa cuando consigues lo que siempre quisiste tener?
— ¿Pasó algo bueno? —preguntó de pronto Edward.
Theodore se giró hacia él mientras se quitaba la enorme capa de encima y la dejaba sobre uno de los percheros de su habitación. Era muy entrada la noche y recién habían regresado de la fiesta de Serafina y ahora estaban en la casa del Norte, pues aún había asuntos por resolver.
— ¿A qué te refieres?
—Tienes buena cara —le dijo el mago, también quitándose la capa y sentándose cómodamente en uno de los sillones de la habitación— Te ves… ¿Animado?
Theodore parpadeo— Animado, ya —murmuro haciendo menos ese comentario— Seguro.
—De acuerdo, de acuerdo —dijo Edward en una corta risa incomoda.
— ¿Cómo va el movimiento en el Ministerio?
—Sobre ruedas —dijo sonriente— no habrá ningún problema con eso. Me preocupa más el Dominio…
Theodore resopló. Todos eran una partida de envidiosos, pues en lo que a Theodore respectaba, Archer Xavier se había ganado todo lo que se le había concedido. Además, era puro. ¿Qué más querían de él?
—No voy a escuchar esto de nuevo —dijo molesto y poniéndose de pie para caminar hacia la ventana.
— ¿Puedo hablar con sinceridad?
Theodore resopló. Estaba harto de la sinceridad de Edward— Adelante —dijo.
—Deja a Archer de lado —dijo Edward— ya le diste el título y el vínculo, es más que suficiente.
Theodore le contesto con una sonrisa irónica— Tú no me dices que hacer.
Edward se removió incómodo— Theodore...
Él entrecerró los ojos— Creí que ustedes se llevarían bien —le contestó— después de todo, a ti te gusta esta especie de justicia para los oprimidos por los puristas extremistas —murmuro en voz baja— después de todo… supongo que es otra de tus fachadas.
El rostro de Edward ya no era sonriente ni nervioso, ahora estaba desnudo de toda expresión… pero solo un instante, luego solamente se encogió de hombros y sacó una sonrisa radiante— Ah, Theodore ¿De qué fachada hablas? —Dijo sonando desentendido— Yo solo busco el mejor camino para ti. Siempre he hecho eso, te consta...
Él entrecerró los ojos. Tendría que reconocerle que eso era así, sin embargo…
—…Y darle a Archer más poder del que ya le has dado no es bueno.
— ¿Ah no?
—Theodore, Archer Xavier es un fanático. Los fanáticos no son confiables.
—Donde tú ves a un fanático, yo veo a alguien agradecido —le replicó, Edward alzó una ceja. Theodore rodó los ojos— ¿Y que si es un fanático? —Dijo encogiéndose de hombros— pienso que no está demás tener a alguien que haga lo que yo le mande sin replicas. Últimamente todo el mundo parece ser especialmente bueno criticando.
—Theo, yo solo quiero %$SR&A$S&S$
Theodore apartó la cara y le dió la espalda a Edward. Bla, bla, bla. Siempre igual. Siempre. Todo el mundo solo sabía cuestionarlo. La cabeza comenzaba a dolerle, irritándolo al instante.
—Suficiente —le dijo dándose vuelta, cortando lo que fuera que Edward estuviera diciendo— Este tipo de cosas no van a quitarme el sueño, Edward. Lo que yo haga con Archer Xavier es mi asunto. Ahora, dame los contratos con el Ministerio Ruso.
Edward le obedeció en silencio y le entregó lo que pidió, Theodore tomó los papeles de sus manos y clavó sus ojos en ellos— Gracias —mascullo malhumorado.
De reojo, Theodore notó que Edward entorno los ojos, como si estuviera sorprendido. Extraño… sin embargo, se concentró en leer los documentos. Solo al llegar a la parte de pie de firmas y encontrar la tinta azul desperdigada por todo el papel, igual que los sellos del Ministerio Ruso sintió mucha satisfacción. Con ese último trato, dos terceras partes de sus planes estaban ya completas. La imagen de los Nott en Europa era perfecta y con el control de la Red Flu, aunque la guerra fuera a estallar pronto, podrían mantenerse neutrales, no pasaría nada.
— ¿Noticias de mi padre? —Preguntó a Edward— ¿Algo nuevo?
—Nada —murmuro él como respuesta.
—Bien —contestó— ¿Alguna novedad? ¿Laurina sigue bajo vigilancia?
—Acerca de eso… —Edward miró para otro lado.
Theodore se frotó los ojos— No de nuevo…
—Sospecho que debe tener algún artefacto mágico. Hice que mi gente lanzara encantamientos de rastreo sobre ella, ninguno ha funcionado, además, sabes que tengo pocas opciones para seguir intentando más métodos sin ser sospechoso. Un paso en falso… y podríamos alertar a Philip. Queremos evitar los desastres ¿Cierto? —dijo irónicamente.
Theodore miró pensativo a Edward. No necesitaba ser oclumante para saber lo que él estaba pensando.
— Si —contestó. Él sabía muy bien que querría hacer Edward para resolver el asunto con su padre.
Actualmente estaban en buenos términos con el Ministerio, así que podía usar la Red Flu a voluntad, lo cual bloqueaba cualquier amenaza del bando del Lord. Con ambos frentes anulados, el Dominio sería dócil… sin embargo, en los planes de Theodore, su padre tendría que ser un rehén eterno y controlado, le importaba lo mínimo quien fuera el captor mientras pudiera dar la imagen de hijo preocupado que haría "Todo" por la seguridad de su padre.
Era la excusa perfecta... ya que al final, era un rehén inútil. Después de todo, su propio padre le había inculcado sus deberes, entre ambos ya había quedado muy claro que la única lealtad tenía que ser para y con la familia. Y claro, Theodore era el futuro y si a su padre le importaba la familia, tendría que dar un paso al frente y morir por la causa si fuera necesario.
Evitable, claro y Theodore trabajaba mucho para evitar eso... sin embargo, no era una deidad. No podía hacerlo todo.
"Estas cosas a veces pasan" había dicho Edward una vez cuando junto a Theodore planificaron la estrategia para tratar con el Lord y esa cuestión apareció sobre la mesa. Había sido la gran pregunta ¿Qué hacer con Philip? Claro, lo resolvieron ese mismo día.
—Estas cosas pasan —murmuro Theodore en voz baja.
— ¿Disculpa? —preguntó Edward.
—Nada —murmuro Theodore, de alguna manera, incómodo y con un inexplicable nudo en la garganta.
—Theo… ¿Estás bien?
Pero Theodore se había llevado una mano al rostro. Le ardían los ojos y se los estaba frotando cuando comenzó a sentir humedad en ellos.
—Yo…
Theodore se puso de píe, inquieto sin ninguna razón.
—Yo… —extendió las manos frente a sus ojos, humedecidas. Se tocó el rostro y no entendía que sucedía. Era como si estuviera llorando—… yo no…
Edward estaba poniéndose de pie, pero de pronto no se movía. Era como si se hubiera congelado.
Theodore quería decir que no le pasaba nada, pero no podía. Intento moverse, pero apenas intentó dar un paso parecía que los pies no le respondían. Entre un parpadeo y el siguiente su ángulo de visión cambio y veía todo horizontal, la mejilla contra la suave alfombra.
Edward tiró la silla donde había estado sentado y corrió hacia él, lo estaba llamando seguramente, pero Theodore no podía oírlo bien.
"Ayúdame" pensó con un pánico y palabras que no parecían suyas, resonando en su cabeza "Edward, ayúdame"
…
El lugar era una especie de cabaña rustica y algo pequeña, con paredes amarillentas y techo con grietas visibles en el acabado. Incluso el suelo parecía desprenderse a pedazos. El ambiente deplorable que no cuadraba en nada con el aspecto de tres de los cuatro magos que allí dentro había. El mayor de todos ellos, con barba enorme descuidada y ropa andrajosa; los otros tenían un porte altivo y amenazante, como si fueran matones caros. Y también estaba el que peor encajaba de todos ellos, el menor de los cuatro, demasiado joven y llamativo para estar envuelto en una situación así.
A donde fuera que iba, Theodore Nott siempre destacaba y esa ocasión no era la excepción.
Aunque estaba vestido y equipado como para ir a la guerra, seguramente podría pasar tranquilamente a una fiesta de gala y nadie le miraría mal. Incluso la amatista en su lóbulo podía pasar como un adorno en lugar de la muestra de que era un mago en guerra.
Theodore estaba de pie frente al mago andrajoso, quien postrado de rodillas ante él con las manos y pies sujetos mediante magia, lazos dorados que salían de la punta de la varita de un mago de cabello oscuro, parado justo a su lado. Ese era Petro.
Luego de darle veritaserum, Theodore metió la mano en el bolsillo de la túnica y sacó de éste un pergamino que desdoblo con cuidado antes de ponerlo frente a los ojos de Karkarov. El mago miró durante un instante y trato de mostrarse impasible, pero no lo consiguió. Su sorpresa era obvia.
—Esta es una carta de Regulus Black que debía llegar a Evan Rosier —dijo Theodore— Tiene una redacción cursi, pero lo interesante es el mensaje que esconde. Todos dicen que usted fue un traidor, yo no lo veo de ese modo, me parece más un mago que iba con la corriente. Usted, Karkarov, operaba como un férreo seguidor del Señor Tenebroso… pero también amasaba una pequeña fortuna vendiendo salvoconductos desde Albania hacia cualquier parte del mundo a quien pudiera pagarlos —dijo— Así conoció a Emma Nott, ¿verdad?
—Black —masculló Karkarov— Así conocí a Regulus Black. A Emma Nott la conocí cuando ella tenía doce, en una fiesta privada que dieron tus padres cuando la adoptaron oficialmente.
La sorpresa paso momentáneamente por el rostro de Theodore, pero al final solamente asintió— Regulus lo contactó… para conseguir salvoconductos y huir de Europa con Emma —dijo con seguridad.
—No —murmuro Karkarov— El salvoconducto era para Emma Nott y Evan Rosier. No tenían otra manera de huir, los tres ya tenían la marca; los dos cobardes huirían a América primero, Black les cubriría la espalda y luego escaparía también.
"Creo que he perdido la cabeza un poco… o puede que alguien haya hurgueteado un poco aquí. Solo sé que hoy estoy en Albania y no recuerdo si tome el tren o una escoba"
— Ese plan fracasó —murmuro— Esta carta era una advertencia, su plan había sido descubierto y alertaba a Evan Rosier para no venir a Albania. Menos llevar a Emma allí.
—Ellos nunca llegaron —dijo Karkarov— Rosier murió primero, lo mataron aurores en una redada. Black fue descubierto cometiendo traición poco después y también murió.
— ¿Y Emma? —Preguntó Theodore.
—Murió —murmuro Karkarov.
—Está mintiendo —mascullo el mago a la espalda de Theodore, uno rubio y el más alto de todos, ese era Stan.
—Está muerta —volvió a decir Karkarov.
— ¡Mentira!
—Basta Stan —dijo con firmeza, luego centró la vista en Karkarov— Seguramente eso es lo que usted sabe, pero eso no puede ser verdad. Ellos dos —dijo apuntando a Stan y Petro— están vinculados a Emma. Si estuviera muerta ellos lo sabrían.
Y entonces Karkarov sonrió— Niños estúpidos —mascullo— No se necesita que la bruja este viva para mantener un vínculo mágico. Basta con heredar su sangre.
El silencio fue inmediato, como si el tiempo se hubiera detenido.
Theodore apretó los labios con fuerza.
"Vida a la vida"
La frase que venía una y otra vez cuando de Emma Nott se trataba.
—Emma Nott no estaba casada —murmuro Stan, quizá también entendiendo al instante— tenía dieciséis. Solamente tenía dieciséis.
—Y era amante de Evan Rosier —dijo Karkarov venenosamente— ¿Por qué crees que iban a huir juntos?
Stan se veía consternado y Petro parecía entrar en pánico. Theodore cerró los ojos, confirmando sus sospechas. La carta era clara al respecto. Regulus estaba ayudando a su amigo y a quien más amaba ese amigo y se estaba metiendo en un gran problema por eso. Evan Rosier había estado casado en ese entonces y Theodore creía que se refería a la esposa, una Prince que murió en aquella horrible masacre hacía unos años atrás… Antes no entendía en que parte de la historia encajaba Emma, pero ahora sí. Ahora sí.
Una amante. Su tía, aparte de traidora, había sido una adultera. Una mancha en la familia. Sin embargo…
Vida a la vida.
Una frase criptica que ocultaba una misión. Vida a la vida, o como Theodore lo entendía, Emma iba a tener a un bastardo con Rosier y hacía lo posible por asegurar su supervivencia. Vida para la vida que ella iba a dar.
Theodore no sabía que era peor, un bastardo sangre pura suelto por el mundo, con vínculos heredados y tirando de ellos indiscriminadamente… o peor, tener la oscura certeza de que definitivamente algo malo le paso a Emma Nott. La oscura sospecha de saber quién era el responsable. Theodore miró a Stan y Petro, seguramente ellos lo sospechaban también.
A Emma Nott le pasó Philip Nott. Su padre, seguramente...
"No" se dijo a sí mismo "era familia. Mi padre no haría…"
Theodore sintió un pinchazo en la cabeza y se llevó una mano a la sien, recordando lo que descubrió que su padre le hacía.
Karkarov le miró entonces, entrecerrando los ojos. No le gusto esa mirada. Se pasó la mano por el cabello e hizo una mueca de dolor sin querer.
"Suficiente" pensó "Es suficiente" miró de reojo de nuevo a Stan y a Petro. "Traerlos solo a ellos fue un error" se dijo mientras pensaba en el modo de cortar con todo eso de una vez por todas sin poner nerviosos a los irlandeses.
—Dicen que tu padre aún busca al bastardo —dijo Karkarov— por eso viaja tanto por el mundo y usa como excusa que busca una prometida para ti —el mago asintió para sí mismo— "Reconoces a un Nott con solo verlo" es un viejo refrán sabio, niño. La sangre… en ustedes los Nott es muy antigua y tiene magia… —murmuro— Tu padre me lo dijo una vez. Un Nott siempre reconocerá a otro, a ustedes… la sangre los llama —sonrió con sus amarillos dientes— No importa donde se esconda, lo encontraras en algún momento o te encontrará a ti. ¿Nunca te lo preguntaste? ¿Por qué estás tan interesado en la búsqueda de una tía lejana que ni siquiera conoces? —Preguntó burlón— arriesgaste mucho aquella noche del torneo, pudiste morir. Y ahora estás aquí, al otro lado del mundo haciendo todo lo que está en tus manos y ¿Para qué?
Theodore sintió un nuevo pinchazo golpear su cabeza— Lo prometí —dijo de inmediato, de nuevo mirando de reojo a los Irlandeses.
El efecto de esas palabras fue perfecto y preciso, Stan y Petro asintieron al instante, seguramente controlando sus dudas.
Pero entonces, Karkarov se echó a reír— ¿De verdad? ¿Acaso no consideras todos tus esfuerzos como algo desproporcionado? ¿No es eso inexplicable? —El mago suspiro— Es sencillo, no se trata de lealtad ni de promesas. Solo es magia. Magia en tu sangre que te impulsa a hacer lo que viejos legados mágicos decidieron que toda su descendencia tendría que hacer.
Theodore sintió otro pinchazo en su cabeza. Tenía que contestar, pero no se le ocurría nada. Entre el dolor que le aguijoneaba, la sorpresa y el intentar calcular que decir, podría estallarle la cabeza. Karkarov tenía que callarse de una buena vez.
Pero el mago volvió a sonreír— No lo sabes, pero tú también buscas al bastardo ¿Sabes por qué? —Él se inclinó hacia adelante— por la misma razón que lo busca tu padre: Para matarlo.
Theodore entornó los ojos y le llegó otro pinchazo en la cabeza— Yo no…
Karkarov se encogió de hombros— Lo harás. Será tu primer pensamiento una vez le veas la cara. ¿Y sabes por qué? —Sonrió— Porque Emma Nott, su descendencia y todos los aquellos que tengan un vínculo mágico con ella están en guerra con tu familia. Emma fue en su tiempo, la heredera de Philip, y como Philip tenía la alianza con el Señor Tenebroso, eso convirtió a Emma en una colaboradora. Ella fue reconocida como un mortífago, marcada incluso, pero decidió desertar… eso resquebrajó la alianza de Philip con el Lord. Después Philip decidió perseguir a Emma por toda Europa para congraciarse con el Lord. Estuve allí cuando él la presentó como un botín para el Lord. Casi puedo verlo de nuevo frente a mis ojos: Encadenada como un animal —dijo con una risa amarillenta— Philip siempre fue cruel con quien debía serlo, pero tratar de ese modo a quien siempre creímos que fue su querida sobrina, aquella bruja que era como la niña de sus ojos, a aquella a la que hablaba con tanto respeto, a quien engreía tanto… la que presentó a todos como su heredera… verlo sujetarla del cabello y arrojarla contra la piedra a los pies del Lord ¿Qué te diré? El círculo privado estaba conmocionado —Karkarov negó con la cabeza— Luego, Philip se la llevó a sus dominios para castigarla y ya nadie nunca más la vio ni supo de ella, lo que para los que conocíamos la crueldad de Philip, solo pudo haberla matado. Para entonces Philip ya te tenía a ti y Emma le sobraba… Sin embargo, él nunca dijo nada del bastardo. Seguramente Emma lo escondió muy bien —luego centró la vista en los Irlandeses— Emma tenía muchos amigos por el mundo. Si ustedes sienten aún el vínculo que los ata a Emma, entonces es cierto que su sangre no ha muerto. El bastardo debe estar en algún lado —luego vio a Theodore— Otro Nott sangre pura, con vínculos heredados y sin una alianza con tu familia… También querrá matarte una vez que te vea.
La mente de Theodore procesaba información a toda velocidad, recordando cosas que había leído antes acerca de los legados mágicos cuando tuvo la sospecha de que podría existir otro Nott en el mundo. Lo investigo cuando entendió el mensaje de la carta porque si llegaba a ser verdad que existía un segundo Nott… y si Theodore fuera mestizo… solo considerarlo lo lleno de temor.
Leer lo que podía pasar le aterró, porque un bastardo tiene más derecho que un mestizo. Un bastardo si puede hacer vínculos mágicos. Llegado el caso, si él fuera un mestizo, tendría que ceder el título…
Eso sería una catástrofe, pensó.
"¿O no?" le dijo una vocecilla "Sería por el bien de la familia. Además, si alguien más podría hacerse cargo ¿No sería eso libertad?"
Theodore no se dio cuenta, pero por un instante, sonrió.
— ¿Stan…? —oyó murmurar a Petro, su voz plagada de nerviosismo.
Cuando Stan no contesto, Theodore intuyo de inmediato que habría problemas.
¿Cómo iba convencer a los irlandeses de que él no tenía intenciones de hacerle nada a ese nuevo Nott? No podía ventilar que sospechaba que él mismo era un mestizo. La costumbre es aferrarse con uñas y dientes al título y eliminar las amenazas.
¿Cómo iba a convencerlos de lo contrario?
"Todo esto es un error" se dijo mientras empuñaba su varita y se volvía hacia los irlandeses. Petro estaba pálido, y tenía cara de no saber qué hacer, pues era su magia la que mantenía preso a Karkarov. Stan, por otro lado, tenía la varita en la mano y le estaba apuntando a Theodore.
—No te atrevas a apuntarme —le dijo Theodore con tono amenazante.
Stan se veía perplejo, como si estuviera perdido, seguramente también intentando procesar lo que había oído.
—Stan, baja la varita —le dijo Petro.
Theodore sintió leve alivio, al menos Petro no estaba enteramente en su contra.
—No —dijo Stan, sujetando aún más fuerte la varita y sin quitar la vista de Theodore— Ya oíste a Karkarov. Emma está muerta —dijo con la voz rota— pero aún hay alguien a quien servir… ¡y ese alguien es amenazado por él! —Dijo con urgencia— ¡tenemos que…!
Theodore frunció el ceño— ¿Matarme? —preguntó directamente, plagando su voz con indignación, la mano temblándole de rabia.
Lentamente intentó deslizar la mano hacia su cuello, sin nada de movimientos bruscos, intentando alcanzar el botón que Edward le puso en el cuello de la ropa. Si los irlandeses le atacaban, solo podría defenderse, todo por el maldito juramento que hizo cuando los conoció.
El rostro de Stan se contrajo, quizá confundido, pero no bajo la varita.
— ¡Para ya! —Grito Petro— tenemos que hablar acerca de esto. ¡Deja de apuntarle a Theodore!
—Philip Nott siempre tuvo fama de despiadado ¿De verdad crees que el hijo puede ser diferente? —pregunto Karkarov casi a los gritos.
— ¡Cállate! —intervino Petro, azuzando más las ataduras del mago con magia— y tú, Stan, cálmate.
"Bien, Petro está de mi lado" pensó rápidamente. Había un camino para resolver todo pacíficamente.
— ¡Pero…! —Stan estaba frenético.
— ¡Stan, basta! —Gritó Theodore— cálmate. Todo esto pueden ser mentiras de Karkarov. Quiere que peleemos entre nosotros, es obvio —dijo tratando de apaciguarlo.
—Además, no tiene sentido amenazar a Theodore, él no va a atacarnos —le dijo Stan con urgencia— hizo el juramento inquebrantable, ¡recuérdalo! Tenemos… tenemos que calmarnos… y ver de nuevo nuestras opciones…
El rostro de Stan se contrajo de nuevo— ¿Opciones?
Karkarov se echó a reír— Estúpido —mascullo— ¿No ves lo que pasa? Si el bastardo de Emma muere, ¡todos los vínculos de su madre pasaran a los Nott que quedan! ¡Tu amigo ya escogió un bando! ¡Acaba de traicionarte!
Entonces, todo sucedió muy rápido.
— ¡Traidor! —gritó Stan, apuntando ahora su varita a Petro.
Petro esquivo el ataque, pero al costo salir volando contra una de las paredes y de liberar la prisión mágica que retenía a Karkarov. Theodore agitó la varita de inmediato, intentando aturdirlo, pero él fue demasiado rápido y lo esquivo. Intentó hacer un segundo ataque, pero Stan ahora le atacaba a él, haciendo que no tuviera otra opción que ponerse a cubierto detrás de una mesa destartalada. Por el juramento no podía atacarlo.
— ¡Hablemos! —Gritó Theodore, pero quedó ensordecido por otro ataque de Stan que solo pudo repeler por poco y pronto ambos se enzarzaron en una especie de duelo donde Stan atacaba y Theodore solo podía repeler los hechizos.
Por el rabillo del ojo, pudo ver como Karkarov sorteo las maldiciones desviadas. Theodore creyó que iba a huir… hasta que se dio cuenta de que iba por Petro, o más bien, su varita.
"Esto está perdido" pensó de inmediato. Dos contra uno era un suicidio. Se sintió mal por Petro, pero solo un instante, pues debía dejarlo atrás. Se llevó una mano al botón de su cuello para salir de allí… sin embargo, cuando intentó activarlo, este no respondió.
Fue como ver pasar la vida frente a sus ojos.
Stan le lanzó otro maleficio, él pudo repelerlo a tiempo y con toda la suerte del mundo, pues este rebotó contra una de las vigas del techo y esta se resquebrajo cayéndole encima a Stan, haciéndole saltar para esquivarlo. Solo un instante después, Karkarov ya tenía la varita de Petro en la mano y le iba a maldecir. Theodore se lanzó al suelo y sin pensar mucho contraataco con una maldición cortante, dándole de lleno en la mano. El mago gritó y soltó la varita.
Theodore actuó rápido, encontrando su salida al instante. Sin siquiera levantarse metió la mano debajo del cuello de la túnica y sacó su gira tiempo, hizo que diera las vueltas de un manotazo y estaba por activarlo cuando una fuerte patada cayó sobre sus manos, haciendo que soltara el objeto mágico y que cayera contra el piso, rompiéndose en pedazos.
Theodore levantó la cabeza pero solamente para recibir una patada que le llegó directamente contra su oreja. Prácticamente sordo y la mirada desenfocada, solo alcanzó a sentir como las ásperas manos de Karkarov tirando de una de sus muñecas para prácticamente arrastrarlo por el destartalado piso.
—Ahora, niño —murmuro el mago sonriendo con sus dientes amarillos— vamos a averiguar cuando está dispuesto a dar el Lord por ti.
"Esto es todo" pensó Theodore, aún atontado.
Karkarov estaba tirando de su brazo, seguramente para cargarlo como un peso muerto, pero de pronto lo soltó y él volvió a estrellarse contra el piso y haciendo que su cabeza volviera a retumbar… pero un instante después Karkarov caía también con los ojos bien abiertos y sin mover un musculo. Estaba muerto.
¿Qué había pasado? ¿Petro había recuperado el sentido? ¿Stan había recuperado la cabeza?
Theodore vio un par de botas de combate frente a su rostro y supo que no era ninguno de ellos.
Habían agujeros en el techo y por allí entraba la luz del día y por el golpe aún se sentía aturdido, sin embargo aun así pudo reconocer perfectamente a la persona que acababa de ayudarlo. Ya la había visto antes y por eso su pensamiento inicial fue alivio, sin embargo, recordó otro detalle, uno importante. Ella era quien le hacía los recados a su padre: Era Laurina.
—Tranquilo —murmuro la bruja mientras le sujetaba por las mejillas, como si quisiera acunarle la cara con las manos— Ahora estás a salvo.
"¿Lo estoy?"
Pensó antes de caer en la inconsciencia.
Cuando Theodore despertó tenía la cabeza vendada y le dolía, pero reconoció su habitación al instante. Estaba en la casa principal. No había siquiera parpadeado cuando frente a sus ojos vio las manos de un elfo deslizando un vial con poción hacia su boca. Él reaccionó al instante y lo apartó de un manotazo, haciendo que el vial volara en el aire.
Se incorporó al instante sobre la blanca cama y con un silencioso accio llamo a su varita y esta llegó al instante. El elfo frente a él era Dung, el viejo elfo de su padre. Miró hacia el mueble al lado de la cama y vio allí también el giratiempo totalmente roto e inservible. Se tocó el cuello y se encontró con que el botón que le dejo Edward seguía allí, pero recordó que no funciono antes y se puso nervioso de nuevo.
— ¿A dónde te lleva? —dijo la voz de una mujer.
Theodore se volvió en ese instante hacia la puerta, donde antes no había nadie y ahora estaba una figura con túnica oscura y mascara blanca y lisa. Él le apuntó al instante.
—Es un traslador —continuó ella— pero no pude rastrear a donde te llevaría si fueras a usarlo.
— ¿Quién eres? —preguntó Theodore, pero luego recordó que lo último que vio antes de perder la conciencia— ¿Laurina?
—No —murmuro la mujer— y ese vial… no debiste tirarlo. Es medicina. Ese golpe en la cabeza fue muy fuerte.
—No bebo nada que no haya preparado yo mismo —murmuro, aun apuntándole— ¿Quién eres?
—Mi nombre es Evangeline y calma, me conoces —dijo al mismo tiempo que se quitaba la máscara, revelándole su rostro.
Theodore entorna los ojos, ella tenía razón, si la conocía. No directamente, pero la había visto en algunas reuniones como invitada. Siempre saludaba a su padre y generalmente se apartaban para hablar lejos de los demás.
—Soy amiga de tu padre —le dijo.
—Mi padre no tiene amigos —contestó de inmediato.
—Tiene al menos uno —dijo apuntándose a sí misma— y soy yo. Además, seguramente también conoces a mi hija, Laurina —Theodore sentía la cabeza girar— Mi familia está vinculada a la tuya desde hace generaciones. Yo soy el miembro fantasma en el círculo de Philip y mi hija lo será del tuyo. El "Señor Nott" siempre ha tenido a alguien así para cuidarle la espalda, alguien que se puede mover entre el resto en secreto. El más cercano entre todos. A quien más confianza le tendrás.
Theodore, confundido, bajo lentamente su varita. Eso sonaba a algo que su padre haría. Además, tenía sentido si es que Laurina fue quien lo ayudó.
— ¿Cómo supo Laurina…?
—Le ordene seguirte.
Theodore alzó la cabeza al instante, pues su padre estaba allí, entrando por la puerta. Iba vestido de negro, amatista en su lóbulo. Botas de combate en sus pies. Nunca le vio así, vestido para la batalla.
—Te ha seguido, prácticamente todo el tiempo cuando estás fuera del castillo —dijo su padre— No ha sido la única a la que mandé a seguirte, a veces enviaba a más gente, pero el resto de espías eran solamente señuelos, la espía principal ha sido siempre Laurina.
Theodore sudó frío— Pero Laurina siempre está contigo…
—Esa es Evangeline —murmuro Philip— con poción multijugos ¿No te he enseñado que siempre debes tener un as en la manga?
Philip Nott se encogió de hombros y se acercó a donde él estaba, mirando analiticamente por encima de su cabeza primero y extendiendo la mano después. El primer impulso de Theodore fue apartarse y así lo hizo. La mano extendida de su padre quedó un momento congelada en el aire antes de dejarla caer.
—Desde que cometiste imprudencias en tu primera corrección ha sido necesario vigilarte de cerca. Eras poco precavido, parecías no entender del todo que con un paso en falso podrías terminar muerto... así que yo debí hacer algo —dijo encogiéndose de hombros— pero claro, sería tonto informarte que todo el tiempo tendrías a alguien para salvarte. Tenías que aprender el miedo que provoca creer que todo estará perdido. Pensé que lo habías aprendido por fin en cuarto… pero me equivoque. Sigues siendo imprudente.
Philip se cruzó de brazos frente a él— ¿No te he dicho que no puedes mentirme? —Le preguntó— Yo lo sé todo —declaró— de "allí" —dijo apuntando a un lugar vacío en el aire, pero en un instante apareció una figura vestida de negro, era Laurina— y de "aquí" —dijo apuntando la cabeza de Theodore— Ya no más mentiras. Hoy puede ser el primer día de un nuevo tiempo, de una nueva... normalidad. Y los Nott, permaneceremos como un frente unido que…
—No más mentiras —repitió Theodore— Entonces, deberías comenzar tú. ¿No lo has dicho siempre? ¿Intercambio? —Dijo desafiante— Mis secretos por los tuyos.
Philip Nott entrecerró los ojos— ¿Crees que necesito negociar contigo, hijo?
—Yo creo que sí —le contestó, echó las manos hacia atrás, apoyándose contra la cama, aferrándose a una postura relajada que no sentía— ¿O quieres echar un vistazo en mi cabeza? ¿Por qué no usas legeremancia de nuevo y me dejas tirado en el piso como la última vez? ¿Por qué no haces eso, padre? Siempre has dicho que la intimidación es un recurso amable ¿Necesitas ser amable conmigo ahora?
Philip no dijo nada, en su lugar solamente soltó un respiro cansado. Se cruzó de brazos, pero luego sacó el reloj de su bolsillo y miró la hora para luego vuelve a cruzarse de brazos. Theodore sabía que lo estaba pensando. Inconcebible. Su treta había funcionado.
—Bien —dijo sencillamente, luego, sacó su varita y levitó un sillón y lo puso prácticamente frente a Theodore y caminó hacia allí— Evangeline. Laurina, puedes irte. Evangeline, espera abajo.
Laurina solamente asintió en silencio y en un suave "Plop" desapareció al instante. Sin embargo, Evangeline no se movió— Philip, el ataque al Ministerio…
Su padre se volvió hacia ella— Fuera —dijo usando aquel tono que no admitía replicas— Voy a hablar con mi hijo.
Por la cara de Evangeline, Theodore adivinó que seguramente también debió haberle dado una mirada intimidante, pues el rostro de la mujer se tiño de miedo y salió rápidamente y en silencio.
Philip entonces tomó asiento frente a Theodore, cruzó las piernas y apoya el rostro contra la palma de su mano. Theodore, en cambio, cruzó las suyas sobre su cama e intentando mantenerse firme.
Philip le estudiaba en silencio, mirándolo detenidamente— Deberías usar un sillón, además no tomaste la medicina —dijo— Ese golpe fue fuerte. Te dolerá la cabeza.
—Me pasa desde hace tiempo —le contestó— No pensé que te preocupara tanto.
—Eres mi hijo, por supuesto que me preocupa —contesto como si fuera lo más obvio del mundo, pero Theodore solo pudo hacer una mueca. Su padre se encogió de hombros— Si no me preocupara, me hubiera ahorrado enviar espías a seguirte y habría hecho sesiones de legeremancia contigo más seguido —dijo casi mirándose las uñas— pero tú sabes, tanta legeremancia y obliviate no es sensato. Hay secuelas.
Theodore apretó los dientes por la indignación— Que bueno que te contuviste —dijo con ironía.
Philip sencillamente asintió— Supongo, no fue cómodo y siempre me dejo algo de intranquilidad no saber todo, pero no iba a comprometer tu bienestar. Esos dolores de cabeza parecían ser bastante fuertes y nunca me gusto verte poner esa cara de malestar. Ni que dependas tanto de pociones.
Theodore quería reír de impotencia al escucharlo hablar tan tranquilamente— ¿Por qué? —murmuro.
La confusión se mostró en el rostro de su padre— ¿Por qué "qué"?
Theodore apretó fuerte sus manos en puños— ¿Por qué todo esto? Legeremancia... obliviate... ¿Qué es todo esto? ¿Por qué hacerme esto a mí?
Entonces, Philip agachó la mirada un momento, pero luego volvió a sacar el reloj de su bolsillo y le echo un ojo, luego volvió a alzar la cabeza y clavó los ojos en los suyos.
—Porque es lo que había que hacer —fue lo único que dijo.
Theodore sentía que podría gritar. Apretó con aún más fuerza los dientes y la mano alrededor de la varita.
Philip se dio cuenta, sacudió la cabeza— Siempre has sido... "extraño" al momento de reaccionar a ciertas situaciones —Philip le miró prácticamente de pies a cabeza— De alguna manera consigues convencerme para que haga lo que me pides, peor, a veces logras engañarme... y no sé si se debe a que eres realmente bueno mintiendo o sencillamente es porque yo quiero creerte.
Theodore a ese punto no entendía nada, pero todo su enojo desapareció en un instante— A veces... —dijo de pronto realmente triste— a veces me siento igual.
"Y es frustrante" pensó, pero no lo dijo "tan frustrante"
Pero entonces, Theodore pensó que quizá esa vez, al menos esa vez... podía ser diferente.
—Dijiste que esta vez no habrían mentiras... —dijo mientras apretaba las manos de nuevo.
"Él sabe, sabe que tenemos debilidad el uno por el otro. Todo este secretismo tiene que llegar a su fin. Se debe decidir hoy. Este podría ser... el día en que por fin se aclare todo. Quizá debí hacer esto desde el inicio" pensó.
—Padre…no, papá.
Solo una palabra y notó como Philip lo miraba de un modo distinto. Casi nunca lo llamaba papá, no desde que era un niño pequeño y él le daba las buenas noches, aquel tiempo cuando hicieron la promesa de que solo entonces era permitido llamarlo así y no "padre" como le había instruido, como era lo formal. Philip Nott había jurado no enfadarse con él por llamarle así en esas ocasiones, lo juro poniendo la mano sobre el corazón, el modo en que juraban los magos.
—Papá —repitió Theodore, con la voz cargada de súplica— necesito la verdad.
Philip suspiró largamente, se removió en el sillón y flexionó las manos— ¿Por dónde debería comenzar? —Preguntó a la nada, evitando sus ojos— Además, hay tan poco tiempo. El ataque al Ministerio…
—Te destronare —dijo Theodore enfadado, amenazante— Hablemos ahora. Hablemos ahora o cuando regreses del Ministerio te encontrarás con que he tomado el dominio —Philip le miraba entrecerrando los ojos, lo que solo lo enfadó aún más— Los magos me respetan, muchos me son leales ¿sabes? les caigo bien a la mayoría y hacen lo que les digo y sugiero sin que sea una orden, aún sin que tú lo apruebes. Me escuchan y mejor, confían en mí. Si los llamo vendrían. Ya tengo sus juramentos, tomare sus vínculos también y eso será todo.
—No lo harías —dijo Philip, pero el modo en que lo dijo indicaba que no estaba seguro.
—Podría —contestó, dándose cuenta de que sonaba amenazante y decido, imaginándose incluso como haría todo, a quienes llamaría primero, como los organizaría, a quienes anularía y con quienes pactaría y luego… fue allí que de pronto ese ímpetu desapareció y solo le quedó un nudo increíble en la garganta. Si quería destronar a su padre tendría que desterrarlo o matarlo. Theodore sintió que bien podría llorar.
"No, no podría" aceptó con pesar.
Le llamo "papá", no importaba que tan enfadado estuviera, eso despertó todo tipo de emociones que tenía ocultas desde hace años. Emociones que estaba ocultando adrede, porque el padre que él tanto quería y respetaba le atacó.
Theodore se aclaró la garganta— ¿Que me queda hacer? ¿Qué opciones me das? —Le dijo y a pesar de sí mismo, de querer evitarlo, le miró con dolor— me atacaste. Tú, quien se supone que siempre me protegería, mi propio padre. Y poco después me entero de que no era la primera vez, solo que hacías que lo olvidara. Lo hacías a pesar de saber que eso me dejaría secuelas, no te importó y continuaste ¡de todas maneras lo hiciste! —Dijo casi sin aliento— ¿Cuantas veces han sido, Padre? ¿Cuántas veces? —Theodore apartó la mirada— Hay cosas... cosas que recuerdo y que no tienen sentido —dijo pasándose una temblorosa mano por la cara para intentar calmarse— secretos y más secretos. Solo eso tienes tú para mí —murmuro, ahora mirando a la nada y sintiéndose perdido de nuevo.
Pero entonces sintió una mano cálida rosandole levemente el cabello, como si fuera una caricia. Como si su padre quisiera reconfortarlo. Ese simple acto era confuso y lo lleno de dolor.
—Mamá no murió como dijiste —dijo mirando hacia el suelo y con la voz casi rota— Ahora lo recuerdo. Yo estaba allí. Me mentiste. No murió como dijiste.
Philip entonces bajo la mano y soltó otro gran suspiro. Theodore levantó la cabeza, encontrándose con la mirada cansada de su padre.
—Supongo que gracias a esos magos Irlandeses... ya has oído de Emma —murmuro— Entonces, supongo que... tendré que contarte todo. Otra vez.
Y aquí va el nuevo capítulo :3
Ah, no se que comentario extra dejar... excepto que quiza no recuerden acerca de quien hablan mucho aquí: "Archer Xavier" es quien aparece en un capítulo desde la perspectiva de Star, presentado como un mestizo de una familia a la que Theo estaba corrigiendo, Theo ordeno asesinar a algunos de sus familiares por que eran traidores y este chico pues estaba feliz con eso y miraba con adoración a Theo. Ojo a ese chico, es mucho muy importante.
Ah, Serafina... primera perspectiva de ella. No será la última. ¿Les he contado que me encanta Serafina? Pues lo hace. Es el tipo de personaje "mujer fuerte" que me encanta encontrar en historias, alguien inteligente, analítica, de batalla y con poder, pero muy humana. No es la única, pero de mis personajes femeninos, esta en mi top de favoritos. Primer lugar, claro, Hermione. Y en el proximo cap verán por qué :D.
Lo últimito del es una especie de Flash back/sueño de Theodore, y pasa luego de que Theo se desplomó y es la bomba que prometí el capítulo pasado.
Y pues... ya sabemos un poco más de Emma :D
¿Más teorías? :3
Gracias por leer :D
