CAPITULO 47
THE WIN
La mañana siguiente despertó en su habitación y estaba amaneciendo. Edward estaba mirando por la ventana y le sonrió cuando Theodore se puso de pie.
Edward se acercó a pasarle un vaso con agua. Theodore lo aceptó en silencio y casi se bebió la mitad.
— ¿Estás bien? —preguntó Edward.
Él solamente alcanzó a asentir
— ¿Debería llamar al medimago? También podría pedir un permiso de la escuela para ti por todo el día.
Theodore sacudió la mano— Serafina lo vería en la Red Flu y el medimago es de McGrath, se dará cuenta de que ha sido llamado.
—Puedo obliviarlo. Me haré cargo.
—Volveré a Hogwarts, no quiero más rumores.
—Insisto con el medimago. Theodore, lo de anoche...
La mirada que le lanzó Theodore estaba cargada de tanta frialdad que Edward cerró la boca de inmediato y desvió la mirada.
"Solo se preocupa" pensó.
Theodore se frotó los ojos— He dicho que no —Se puso de pie y camino hacia el guardarropa— Por favor, espera abajo.
— Está bien —contesto el mago luego de un largo silencio, ya comenzando a marcharse.
—Y acerca de anoche —le dijo, haciendo que Edward detuviera sus pasos— imagina que no sucedió.
Edward demoró unos instantes en contestar— Será como dices. No olvides leer el periódico.
Cuando la puerta se cerró, Theodore le hizo caso y tomó el Profeta que estaba sobre la mesilla, le bastó ver la portada para entender porque Edward estaba de pronto tan insistente. Theodore se apoyó contra una de las paredes y se frotó los ojos con cansancio. Había cosas que era mejor no pensar demasiado. Era lo mejor, sin embargo, no se puede huir de uno mismo.
Mientras se daba una ducha, pensó detenidamente en todo lo que había pasado hasta ahora. Desde que comenzó su tarea de recuperar el Dominio, a pesar de todo cuanto había hecho, de cuanto aún quedaba por hacer, seguía posponiendo la respuesta a la pregunta más importante.
¿Qué hacer con su Padre?
"Si Philip llega a morir en medio de todo este fuego cruzado, nadie te culparía. Además, el futuro de los Nott viene de tus manos, no de las de Philip" Había dicho Edward cuando lograron que su padre fuera confinado definitivamente en Azkaban "Estas cosas pasan"
"Estas cosas pasan" había repetido Theodore aquella vez, y francamente, recordaba haber estado muy tranquilo.
Pero pensó en eso anoche y se sintió todo menos tranquilo. Tenía un sentimiento extraño revolviéndose en su estómago, molesto, amargo y pesado. Por alguna razón, el comenzó a mirarse las manos fijamente, totalmente abstraído. Puede que fuera por eso que ni siquiera notó que las gotas del agua de la regadera no eran las únicas que se deslizaban por sus mejillas.
Querida Hermione, ¿Cómo has estado?
Lamento no haber escrito antes, pero como seguramente debes imaginar, la vida de funcionario menor suele ser ocupada y bastante malagradecida. A veces, cuando brillas mucho molestas al resto y esos seres rencorosos no pierden la oportunidad de echarte en menos cuando pueden. No quiero que esto suene a queja, es solo charla insulsa. Además, de todos modos me vengaré apropiadamente
Me encontré con el profesor Slughorn hace unas semanas y me contó que Hogwarts tiene alumnos prometedores y tu nombre cayó en nuestra charla. Le dije que te conocía y te lance flores, nada exagerado, solo lo que te mereces. Sé que eres humilde.
Pero tampoco es por eso por lo que te escribo, el motivo por el que lo hago, es por Theo. Está sucediendo una situación con Philip justo ahora y aunque Theo no diga que le afecta, sé que lo hace. Tú sabes, a veces se aísla. ¿Podría pedirte que, discretamente, le echaras un ojo por mí?
¿Sabes? Es reconfortante saber que Theo tiene amigos allí.
Hasta pronto,
Atte.
Edward Greengrass.
La carta le llegó durante el desayuno y las palabras allí escritas siguieron rondando su cabeza durante toda la mañana. Vio a Theodore a la pasada durante el almuerzo y no se veía diferente de lo usual, así que por momentos creyó que quizá Edward exageraba.
Sin embargo, como no leyó el profeta esa mañana, durante el almuerzo pudo por fin y entonces entendió lo que sucedía. En la portada había un artículo acerca de que los Mortífagos que atacaron al Ministerio iban a tener una audiencia esa semana, con todas las intenciones de conseguir una especie de libertad condicional.
Ahora, eso complicaba todo.
¿Qué iba a hacer ahora con el constante dilema que la perseguía últimamente?
¿Qué hacer? ¿Seguir esperando?
Ella se sujetó la cabeza. Había reunido bastante coraje durante el fin de semana para por fin ordenar su mente y decidir qué hacer ahora, lo cual por supuesto, era hablar con Theodore.
Era confuso, pues desde la vez en que se besaron por primera vez, no habían hablado al respecto. Las tardes eran horas de estudio, igual que los fines de semana, así que se encontraban en la sala de Menesteres y hacían la tarea hasta que en algún punto Theodore solo detenía todo, decía que estaba cansado, aburrido o sencillamente no decía nada y lo siguiente que pasaba era que terminaban besándose. Era bastante pegajoso a veces, lo cual tampoco era algo de lo que ella se quejara... solo que simplemente eso era algo que parecía... superficial.
"¿Qué quieres? ¿Una revelación impresionante? ¿Una confesión increíble? No es algo tan complejo como eso"
Eso fue lo que él había dicho en el inicio, así que si tomaba en cuenta eso, pues… Hermione podía tener la respuesta: Que no había nada serio en lo que hacían.
Ella suspiro.
Hermione siempre había pensado que la siguiente relación que tendría sería algo formal. La que tuvo con Krum fue algo lindo, pero todo fue distancia y creyó que en el futuro se interesaría en alguien presente en su vida. Y ahora era alguien que estaba presente, pero ni siquiera estaba segura de que estaba sucediendo. Era una total confusión.
Primero, no podía decir a nadie lo que estaba sucediendo con Theodore.
¿Porque? porque era complicado. Probablemente ninguno de sus amigos lo creería y si lo creían, seguramente echarían el grito al cielo. Luego de lo que pasó con Malfoy, Harry estaba cada vez más distante y arisco. Ronald estaba muy ocupado con Lavender y el Quiditch, pero seguramente le retiraría la palabra. Neville seguramente se asustaría y Ginny quizá se reiría o la consideraría una demente. Quién sabe. Pero lo más seguro era que probablemente todos en su torre de alguna manera la odiarían por liarse con alguien de Slytherin. Eso deprimiría a cualquiera.
Por eso, era momento de hablar y dejar claro todo.
De nuevo miró la portada del Profeta y también recordó la carta de Greengrass, entonces sintió que quizá no sería el momento adecuado, sin embargo, un día más en medio del dilema y podría gritar. No sabía qué hacer.
La tarde cayó y ella tomó su mochila y todo su valor para ir al séptimo piso, a la Sala de Menesteres.
Él estaba allí, como siempre. Sentado en uno de los rincones de la habitación sobre suaves cojines y apoyando la espalda contra la pared, con un libro en las manos.
—Hola —murmuro ella acercándose.
—Hola —contesto él, apartando la mirada de su libro y observándola demasiado fijo— ¿Vienes a leer?
"Quería verte"
—Algo así —murmuro ella, sentándose a cierta distancia de él.
Esa acción hizo que Theodore alzara una ceja, ya que después de todo solía sentarse bastante cerca. Muy cerca.
— ¿Pasa algo? —preguntó él.
—Bueno —dijo ella nerviosa— yo podría preguntar lo mismo.
— ¿Por qué? —Preguntó curioso— No ha pasado nada.
—Theodore —dijo ella seria— Está en la portada del Profeta.
—Ah, eso —dijo con desgano— El Ministerio no es mi amigo, lo más seguro es que continuaran reteniendo a mi padre. No es como si yo pudiera hacer algo así que no necesito pensarlo demasiado.
—Entonces… ¿Ese asunto está resuelto?
—Si.
—Bien —murmuro ella— Eso es… bueno.
—Lo es —dijo él bajito.
Ella se giró para verlo, pues se oía extraño. Se encontró con que él la estaba mirando fijo. Demasiado fijo. Sus ojos se clavaron en los suyos y era como si pudieran atravesarla e hipnotizarla al mismo tiempo. Hermione pensó, y no por primera vez, que el color de sus ojos era muy bonito.
"Se está acercando" pensó algo aturdida y apartó la mirada un momento, cuando la volvió, él parecía haber retrocedido también, pero seguía mirándola fijo.
— ¿Qué sucede? —murmuro él, apenas parpadeando y apoyando el rostro contra la palma de su mano extendida.
—Hay que hablar de algo —contestó ella sin pensar demasiado.
— ¿Hablar?
—Si —murmuro, aún algo aturdida y sin poder detenerse— No creo que debamos seguir haciendo esto. Ya no —murmuro Hermione mirando aleatoriamente hacia sus propias manos temblorosas y al rostro de Theodore.
— ¿Ya no? —pregunto el alzando una ceja.
Ella alzó la cabeza de inmediato— Quiero decir… no así.
Theodore entrecerró los ojos un poco— ¿Así como?
Hermione sentía su rostro arder ¿Por qué solo ella estaba nerviosa?— Yo… quiero decir… ¿Qué hemos estado haciendo aquí esta última semana?
—Estudiar —contesto Theodore de inmediato— y besarnos de cuando en cuando.
— ¡No me refiero a eso!
—No te estoy entendiendo —mascullo él.
Ella soltó un respiro exasperado y se cruzó de brazos también— Me refiero a la forma.
—La… ¿forma?… —repitió Theodore pensativo y de alguna manera, sugerente, pero volvió a sacudir la cabeza— sigo sin entenderlo.
—Q-quiero decir —tartamudeo ella— que nosotros… nosotros… ¿No es esto demasiado superficial?
—Superficial —murmuro él— ¿Te molesta lo superficial?
Ella misma se lo preguntó ¿Ese era el problema real? Pero él seguía mirándola como si esperara una respuesta pronto. Hermione se sentía como si estuviera en un examen.
Finalmente, ella asintió.
— De acuerdo —dijo él de inmediato— ¿Qué necesitas para que deje de ser molesto?
Ella se quedó con la boca media abierta un instante. No se esperaba una respuesta así, siquiera había creído que él se tomara el asunto con tanta calma. Estaba preparada mentalmente para rebatir, no para sentarse a dar respuestas tan… específicas.
—Q-quiero decir… hay cosas que no sé. Por ejemplo, ni siquiera se tu comida o materia favorita. Lo que te gusta hacer en tu tiempo libre y esas cosas… y eso… Ummm… no se me ocurre ahora mismo que más saber pero… cosas de ese estilo y…
—Bien —la cortó— puedes hacer una lista de esas preguntas. Si quieres, puedo dártelas por escrito.
Entonces, el nerviosismo de ella desapareció de un plumazo. Apretó los dientes y entrecerró los ojos. Se sentía como si fuera a darle tarea ¿Acaso era tarea?
La rabia estaba atorada en su garganta pero parecía que iba a estallar en ese mismo instante.
Theodore entonces soltó un respiro— Si es comida… cualquier cosa que sea picante. Pasta. Entre carne y mariscos, prefiero la carne. Si es una bebida… supongo que jugo de calabaza. Aún no he probado bastante alcohol, solo el vino, y prefiero el tinto. Generalmente no me gustan los dulces.
Ella frunció el ceño— Pensé que te gustaban las paletas.
—No a mí —dijo encogiéndose de hombros.
— ¿Qué se supone que significa eso?
—Astoria Greengrass —contestó— los últimos usamos el mismo compartimento para llegar a la escuela junto a Daphne, ella siempre le compra una bolsa entera de paletas. Astoria acostumbra darme dos o tres.
Hermione le miró entre confundida y con un sentimiento amargo aguijoneándole el estómago— Pero no te gustan los dulces.
—No es educado rechazar. No es algo que yo haría.
—Supongo que no —contestó en un murmullo— ¿Si yo te diera un dulce lo aceptarías?
— ¿Por qué lo harías? —Preguntó— pensé que estas preguntas eran para evitar hacer cosas molestas.
Ella frunció el ceño— Entonces ¿Por qué no me estás preguntando nada?
Él sonrió ligeramente— No necesito hacerlo —le dijo maliciosamente— se todo lo que necesito saber.
A ella le dió un escalofrío.
Sin embargo…
—Yo no —le dijo bajito— Hay mucho que no sé. Hay cosas que me confunden. Siempre parecías estar ocupado resolviendo algo todo el tiempo y ahora solamente pareces haber levantado las manos… aparentemente —ella también apoyó el rostro contra una de sus manos, clavando la mirada en la de él— pero… últimamente pareces preocupado por algo.
Él soltó una especie de resoplido bajito— ¿Yo?
—Las lechuzas —dijo ella— últimamente las vigilas más… y cuando aparece la que tiene las tiras brillantes en las patas, siempre dejas la comida y desapareces luego de recibirla.
Entonces, todo rastro de emoción desapareció del rostro de Theodore— Supongo que también eres una buena observadora. Entonces ¿Por qué las preguntas?
Ella también se lo pensó. ¿Para qué? Podría tener sus respuestas si se ponía a observarlo, sin embargo…
"Para saber que quieres ocultar" pensó, pero no lo dijo. Al final de cuentas, Theodore no mentía. Al menos, no hasta ahora. Él solamente evitaba temas. Quizá por eso le daba tantos nervios hablar con él, porque sabía que fuera lo que fuera, él le diría la verdad.
—Quiero oírlo —murmuro ella— no es lo mismo pensarlo que oírlo —"Tampoco lo es decirlo" pensó. De pronto, ahora ella se sintió triste— ¿Hace cuánto que no hablamos? Creo que antes hablábamos más.
— ¿Era menos incómodo "antes"?
—No estoy diciendo eso —dijo sacudiendo la cabeza— solo… que creo que antes…
—Bueno, hoy es el "Ahora". El "antes" está en el pasado —dijo cortándola— y no le doy importancia a cosas como esas. No tengo tiempo para eso —dijo de pronto poniéndose de pie— Ahora, debo irme. Hay cosas que tengo que hacer. Adiós.
Theodore se puso de pie, tomó su mochila y se marchó sin mirar atrás, ni siquiera para cerrar la puerta.
Hermione se quedó allí, sola y frustrada.
…
Los siguientes dos días, Theodore no apareció en la sala. Al tercer día, Hermione simplemente dejo de ir.
— ¡Hiciste lo correcto! —dijo Ginny, entre lo escandalizada e indignada.
— ¿Tú lo crees?
— ¡Por supuesto!
Ambas caminaban por el jardín trasero del castillo, tomando lo poco de sol que había. Pronto sería navidad y la nieve ese año era cada vez más abundante. Hermione se había desahogado con ella respecto a su problema. No le dijo de quien se trataba, pero Ginny tampoco hizo demasiadas preguntas, pues dijo que no quería presionarla; además, según ella, seguramente pronto se daría cuenta por sí misma.
—No le des demasiadas vueltas —dijo su amiga— pensar demasiado las cosas solo te aturde. Hay que permitir que las cosas sucedan y solo intervenir si realmente puedes hacer algo. Tú pusiste de tu parte, que ese imbécil ponga de la suya —dijo indignada— Quiero decir, ¡Él también debió estar interesado en hablar de la situación! Para mí, solo intentó confundirte con preguntas que no venían al caso. Y tú —dijo apuntándola con el dedo— caíste en ese juego.
Hermione bajó la mirada, avergonzada.
—No te sientas mal —le dijo Ginny para animarla— apenas es el segundo chico con el que te involucras y para tu mala suerte resulto ser un idiota astuto, pasa todo el tiempo, créeme. Además, tu primera experiencia fue con Krum y por lo que me contaste él era bastante tradicional —dijo asintiendo— Aún no puedo creer que hayas roto con él. ¡Y sin decírmelo!
—Lo siento —dijo ella como disculpa— pero tenía que pasar. La distancia era incomoda.
—Eso también fue lo correcto —asintió— y no te preocupes, de todos modos tampoco fui muy amigable el año pasado. Apoyaste a Harry con Cho, ¡Eso es traición!
—Lo siento —murmuro ella con culpa, ya que después de todo, aunque le gustaba a su amigo, Cho Chang había sido una persona que hizo más mal que bien.
—Ya no importa ahora, aquella vez era una inmadura —dijo Ginny en un suspiro— pero me alegra que hayas hablado conmigo ahora. Extrañaba hablar contigo. Eres la única que no cree que sea una especie de "mujer fatal". Solo he tenido tres novios, eso no es ser fatal. Conozco a muchos de los chicos que han tenido más de cuatro novias y no he oído a nadie decirles "hombres fatales".
Hermione se encogió de hombros— supongo que cuando se trata de ellos no importa.
—Al demonio —murmuro ella— voy a hacer lo que yo quiera —luego le lanzó una mirada significativa— y tú también.
— ¿Yo?
—Por supuesto —le dijo— puedes hacer todo, absolutamente todo lo que tú quieras. Escucha. ¿No es ese el problema? Quieres claridad con el imbécil y te frustra no tener eso. Tú ya intentaste hablarlo y a él no le importó. En lo que a mí respecta, tú no le debes nada.
—Quizá… quizá no era el momento y…
—No busques excusas —dijo ella solemne— en estos casos, a no ser que haya muerto alguien, no hay excusa que valga para no haberte dedicado un poco de tiempo. No puedes poner siempre a otros sobre ti. Tienes que ser egoísta también. Y no solo hablo de chicos, hablo de todo en general. Cuando le importas a alguien, le importas —dijo asintiendo para sí misma— Cuando le pregunté a Bill porque le había pedido matrimonio a Flema, él me dijo que fue porque estaba seguro. Yo no lo entendí, pero entonces me preguntó si acaso alguna vez yo había dudado de que le importaba a mis padres o hermanos, obviamente le dije que jamás. Incluso Percy que se exilió de la familia sigue escribiéndome. —dijo en un suspiro— Y conmigo es lo mismo. Haría todo por mi familia. Con Percy tendría peros, pero creo que tendría el mismo impulso, creo que por eso puedo entender porque mamá aún espera que regrese —dijo triste— Según Bill, eso es con lo que se sentía seguro con Flema. Que puede contar con ella.
Hermione miró hacia sus propios pies.
—Eres una gran persona —le dijo Ginny, tomando su brazo y apegándose a ella— eres como Harry, adoptando a la gente como si fueran tu familia —Ginny apoyo la cabeza contra su hombro— Pero no puedes dar demasiado a alguien que claramente no hará lo mismo por ti.
"Tú no eres nada ¿No te lo dije antes? La más cercana a mí. En quien más confiaría y a quien más protegería. Puedo dar una imagen muy fría, Hermione, pero nunca he sido falso en cuanto a lo que pienso de alguien y aunque nada es como yo quisiera, aún pienso de esa manera cuando se trata de ti"
Recordó aquellas palabras, cuando Theodore había dejado de lado el orgullo y se acercó a hablarle para alertarla del peligro que se acercaba. Incluso le pidió perdón. No, el cómo actuaba ahora no encajaba con todo eso. Aunque claro, esa había sido una situación extrema. El Ministerio iba a ser tomado y la Orden atacada.
—En serio debe gustarte mucho para que lo pienses tanto, pero si me preguntas a mí… —murmuro Ginny— deberías mantener la distancia, al menos hasta que ambos hablen y todo quede claro.
Con la cara roja, ella solo alcanzó a murmurar— Sí.
…
—Granger —escuchó que alguien le murmuraba por detrás.
Hermione se giró al instante y se encontró con la cara sonriente de Cormac McLaggen
— Hola —contesto ella, dando un pasito hacia atrás.
— ¿Qué estás haciendo?
—Busco libros —dijo ella. Estaban en la biblioteca, en la sección de Runas antiguas.
—Se ven pesados ¿Quieres que te ayude?
—No es necesario —dijo ella.
—No hay problema, soy fuerte —dijo con una sonrisa y extendiendo los brazos para que ella depositara allí los que cargaba a duras penas.
—Gracias —contesto, ahora sintiéndose culpable por haberlo encantado durante las eliminatorias del equipo de Quiditch.
—Estudias mucho —murmuro él.
Ella rio nerviosamente. Podía sentir el apodo "ratón de biblioteca" a punto de ser lanzado en el aire.
—Me gustan más los deportes. No lo odio, pero a veces estudiar es una tortura. Caer de la escoba es más tranquilo que eso.
—No lo sé —murmuro ella— No se volar.
— ¿En serio? —Dijo anonadado— Pero si tú perfecta en todo, no puedo creer que no sepas volar.
Ella sonrió avergonzada y comenzó a caminar hacia el pasillo que daba a las mesas de estudio. McLaggen la siguió— No es que no sepa, si no que me dan miedo las alturas.
—Creo que el instructor que me enseñó a volar dijo una vez que no es miedo a las alturas, si no a caer.
Hermione se lo pensó— Es probable. Siento que resbalaré y me caeré de la escoba.
—Bueno, siempre puedes ser el pasajero y que alguien vuele por ti —dijo asintiendo— volar es increíble, no puedes perderte eso.
Hermione solo alcanzó a sonreír un poco como respuesta, pues habían llegado a la mesa. McLaggen se dio cuenta y dejó los libros cerca de donde estaba su mochila. Hermione creyó que se iría, pero en su lugar se sentó en la silla de enfrente al mismo tiempo que ella.
—No soy bueno dando rodeos —murmuro McLaggen— siempre he pensado que lo mejor es siempre ser directo.
Hermione sintió como si le hubieran echado sal a alguna herida.
—Así que tengo una propuesta para ti —dijo con una sonrisa radiante— es buena, así que estoy seguro que dirás que sí. Un intercambio.
— ¿Intercambio?
—Si —dijo él— Soy bueno volando. Muy bueno. Realmente lo disfruto, entonces luego de que dijiste que te da miedo, pensé que podría ser tu piloto alguna vez, o el resto del año si quieres. No puedes perderte la vista del castillo en el atardecer, Hermione. Créeme, no has visto nada igual.
—No entiendo…
—Espera —dijo cortándola— claro, eso es lo que yo puedo ofrecerte a ti.
— ¿Por qué harías eso?
—Slughorn hará una fiesta antes de navidad —contestó— Ven a la fiesta conmigo.
…
Ni siquiera sabía porque había aceptado. Ni siquiera sabía porque había dejado que todo el mundo se enterara. Bueno, en realidad si sabía. Lavender estaba fanfarroneando acerca de que ella tenía novio y otras no, así que a Ginny le pareció buena idea decirle en medio del comedor que Hermione iba a ir con McLaggen a la fiesta Slug.
Ron había visto eso como una traición, pues McLaggen era quien iba tras su puesto en el equipo. Harry solamente había alzado una ceja incrédula, mientras Ginny, orgullosa de lo que había hecho se sentía en las nubes. Hermione solamente quería que la tierra se la tragara. Solo Neville parecía entender que ella no estaba del todo cómoda, pues se acercó y le susurro que si quería, podía romper esa cita e ir con él. Fue dulce, solo eso le alegro un poco la comida.
Ya en camino a la Torre, Harry se acercó también.
—Pensé que querías salir con Ron —murmuro— No es una venganza ¿O sí?
—Claro que no —dijo ella— y nunca quise salir con Ron.
—Hermione, estuve allí —le dijo— quisiste acribillarlo con pájaros de papel encantados.
Ella sacudió la cabeza y maldijo la poción de Amortentia— Imagina que eso nunca paso.
Harry negó con la cabeza, pero luego sonrió— Yo quería invitarte. Si invito a alguna otra chica creerá que estoy interesado. Todo el mundo parece estar loco por emparejarse.
Ella rio— ¿Tú crees?
—Incluso Dumbledore —dijo en otra risa— Poco después de volver al castillo me preguntó si nosotros dos estábamos saliendo o algo así.
—Merlin, no —dijo ella agarrándose de su brazo.
—Gracias —dijo él en una risa incomoda.
…
—Se lo que estás haciendo —dijo en un murmullo.
Hermione se dio vuelta de inmediato y se encontró cara a cara con quien había estado evitando casi toda la semana: Theodore.
"Oh, no" pensó ella con el ceño fruncido "Él comenzó a evitarme primero". Si antes se había sentido triste y frustrada, actualmente estaba enfadada.
—Buenos días —dijo ella despectivamente, apartándose y volviendo a prestar atención a los lomos de libros de los estantes en la biblioteca.
—Para este juego se necesitan dos y te lo advierto, yo no voy a jugar.
Hermione soltó un respiro cansado y lo encaró— No tengo idea de lo que estás hablando —él iba a decir algo, pero ella levantó la mano y lo cortó— Oh, espera. Tampoco quiero saberlo. Como tú dices, a cualquier juego se necesitan dos para jugar y dejamos a medias el nuestro.
Theodore frunció el ceño, seguramente confundido.
"Bien" pensó ella "Así te enteras de que se siente"
—Te iluminaré —dijo ella, intentando imitar el tono de profesor que a veces él usaba— Lunes por la tarde. Nuestra conversación pendiente, la que tú decidiste abandonar.
—Oh —dijo el, de alguna manera sonriendo maliciosamente— Eso. ¿Ya está listo el cuestionario?
Hermione sintió tanta ira que sentía que le podría pegar en la cabeza con el libro que traía en las manos.
—De acuerdo, de acuerdo. Mala broma.
Ella entrecerró los ojos— ¿Desde cuando haces bromas?
Y entonces, él se quedó muy callado.
"Idiota astuto" le había llamado Ginny sin siquiera conocerlo. Hermione, difícilmente pensaba distinto.
Hermione tomó aire— De acuerdo. Basta de rodeos. Volvamos al inicio, dices que sabes lo que estoy haciendo y tengo entendido que para ti eso es suficiente. Entonces ¿Por qué viniste? ¿Solo para decírmelo?
Él entrecerró los ojos y se cruzó de brazos— No —dijo escueto— solo quería informarte que es una pérdida de tiempo.
— ¿Algo de lo que yo esté haciendo te involucra? — Preguntó ella, mirándolo con suspicacia— Y aunque así fuera, ya dejaste claro que cuidas mucho de tu preciado tiempo. De hecho, lo estás perdiendo justo ahora.
— ¿Tienes prisa porque me vaya? —Preguntó él— ¿Tan interesante es esa tonta fiesta?
—Por supuesto —dijo ella, intentando sacar una sonrisa. Lo consiguió a medias— tengo que prepararme —mintió. Cuando mucho se haría un moño en el cabello.
Él se cruzó de brazos y la miró de pies a cabeza— No me gusta esa pretenciosa cara.
Ella frunció el ceño— A mí no me gusta que alguien tan cercano a mí no le interese lo que pienso —dijo devolviendo el libro a la estantería— Ni que me deje sola cuando intento hablar de algo importante. Algo muy importante —dijo intentando controlar la ira en su voz. Quería irse rápido, pues sentía que bien podría llorar, pero casi chocó con él porque sencillamente no se movía— Tampoco me gusta que se atraviesen en mi camino cuando quiero irme ¡Quítate!
Ella prácticamente lo empujo para irse casi corriendo.
— ¿Qué es esa cosa? —preguntó Star.
—Menos preguntas y más trabajo —dijo Draco, completamente hastiado— tenemos que moverlo al séptimo piso, si nadie se da cuenta, mejor.
La pequeña bruja entrecerró los ojos, miró detenidamente el armario antes de comenzar a levantar encantamientos de detección de intrusos. A Draco le tenía completamente irritado la existencia de esa pequeña, pero debía de admitir que era una especie de caja de sorpresa con todo tipo de encantamientos a la mano.
Draco estaba usando un encantamiento mimetizador sobre el armario, además de un leviosa para hacerlo levitar y moverlo mejor. Era de noche y seguramente la mayoría de personas que podían moverse por la noche en el castillo estaban en la estúpida fiesta del estúpido profesor Slughorn. Momento perfecto para mover un armario mágico de dos metros del primer piso al séptimo.
— ¿Qué vas a hacer con esa cosa?
—No te incumbe.
—A Theodore si —contesto Star de inmediato— tengo que ayudarte en lo que me pidas, pero también reportarle tus actividades.
—Mira, Matthews —dijo exasperado— lo digo en serio, no te incumbe.
Ella entonces se cruzó de brazos— Tarde o temprano sabré que es esa cosa —le dijo casi amenazante— y cuando lo haga se lo diré a Theodore. Si para entonces has hecho algo estúpido que lo comprometa de algún modo, créeme, no vas a tenerlo fácil.
Draco resoplo. ¿Tenerla fácil? Sí, claro. Puede que hace algún tiempo, con todos los rumores que Nott tenía en la espalda le hubiera dado algo de miedo, pero actualmente, ya no era así. Nott era solo un mal más que debía sortear. Ahora sí tenía un plan.
—Lo que tú digas —mascullo como respuesta.
Bastantes veces le habían dicho a Draco que era algo fanfarrón, él solía desestimarlo y llamar "envidiosos" a quienes decían tales cosas de él. Ahora, puede que todo el tiempo hubieran tenido algo de razón. Antes hablaba demasiado alabándose a sí mismo y a sus propios planes y las personas que podían perjudicarlo se enteraban pronto, eso era muy estúpido. Por eso actualmente se guardaba todo.
Pero esa respuesta no dejo satisfecha a la pequeña bruja— Theodore no va a… —estaba comenzando a rebatir.
—Theodore no está aquí —contestó Draco.
— ¿Y si estoy?
Star y Draco se detuvieron en seco.
En medio de una penumbra entre el cruce de un pasillo y una estatua de corcel alado, donde hacía un momento no había nadie, ahora estaba una pálida cara, mirándoles. Era Nott.
— ¿La señora Norris les comió la lengua a ambos? —dijo en una corta sonrisa burlona mientras que paso a paso se acercaba a ambos.
Nott llevaba una capa oscura encima, enorme y extraña, pues era como si se hubiera mimetizado con la oscuridad. Draco miró con rencor a Star, pues se suponía que sus encantamientos tenían que avisar cuando alguien se acercaba.
—Theodore —dijo ella de inmediato, dando un paso adelante— le estaba diciendo a Malfoy que debía de decirme para que quería mover esa cosa al séptimo piso. Que esas fueron tus instrucciones.
—Sí, Matthews. Esas fueron —dijo asintiendo— pero no es lugar para hablar. Estamos en el cuarto piso. Hablemos cuando estemos en el destino.
—Como sea —mascullo Draco.
Avanzaron en silencio y cuando llegaron por fin al Séptimo piso, Draco hizo el ritual para descubrir la puerta a la sala de los Menesteres. Al parecer Matthews no sabía que ocurriría, pero Theodore si, pues se mantuvo alejado y llamó a Star para que no interfiriera. Draco le miró de reojo, pues se suponía que la sala te daba la entrada a dos lugares, el primero, al de objetos olvidados y la segunda… cualquier cosa que necesites.
¿Para que la usaría Nott?
La puerta se abrió y Draco entró primero, levitando aún el armario. Matthews, con los ojos entornados, entró después. Theodore entró al final y fue quien cerró la puerta.
Decenas y decenas de estantes estaban por todos lados y repletos de cosas, montañas y montañas de libros, cajas de cartón balanceándose por aquí y por allá. Era como un laberinto de basura. Draco tuvo cuidado de no chocar el armario contra nada, pero alcanzó a notar como Theodore miraba hacia todos lados con atención, como si nunca antes hubiera estado allí.
— ¿Qué haces aquí? —pregunto Draco.
—Estaba aburrido —contestó— y recordé que se supone que harías un movimiento hoy. Pensé que era probable que pudieras meterte en algún problema.
Draco rodó los ojos— ¿No está Matthews para evitar eso? —preguntó con ironía.
—Sí, pero a veces te superas —dijo con una risa— quiero decir, Merlin, cuando mucho me esperaba que fallaras en un imperio o algo así, pero terminaste casi muerto la última vez.
Draco se sulfuró— ¡Eso siquiera estuvo a punto de pasar! —dijo indignado.
—Porque Snape se metió en medio —replico Nott— Quien lo diría, Granger te pegó en la cara, Potter te medio mató. Algo me dice que si te metes con Weasley será el fin, amigo —dijo dándole una palmada en el hombro.
—No soy tu amigo —le dijo rabioso.
Nott se encogió de hombros— como sea —dijo con una sonrisa descarada— el caso es que si hoy hubieras sido atacado, yo en persona te hubiera ayudado —dijo tomando un libro del montó de basura, miró la portada y lo volvió a tirar— y es mucho decir de mi parte. En otra circunstancia solamente me hubiera sentado a mirar. Deberías estar feliz.
Draco resopló— Hoy deben haberse alineado las estrellas para eso —masculló con burla.
—Nah —dijo Theodore— solamente… hoy tengo ganas de golpear algo. Como sea ¿Para qué es el armario?
Draco rodó los ojos— Necesito probar magia en él.
— ¿Qué magia?
—Nada que alerte a las salvaguardas del viejo Dumbledore.
—Eso no es lo que pregunté.
—Eso es todo lo que voy a decir.
Theodore sonrió— Hoy no es el día brillante para mi paciencia, Draco.
Entonces, Star se aclaró la garganta.
—Hay personas en el sexto piso. Creo que vienen para acá. Alguien está en el quinto, pero no se mueve.
—Debe ser Pansy —murmuro Draco— tenemos ronda.
Theodore entrecerró los ojos— Bien. Me lo dirás mañana. Vámonos.
Los tres salieron de la sala con todo el cuidado posible. Star reviso de nuevo su magia y determinó que las personas que detectó seguían en el sexto piso, así que tendrían que sortearlas. Bajaron en silencio y siguieron las instrucciones de Matthews, quien iba al frente. Theodore iba en medio y Draco cerraba la marcha. En un punto del recorrido del sexto piso, Theodore se detuvo de golpe, mirando a la oscuridad.
— ¿Qué demonios te pasa? —se quejó Draco, pues casi había chocado contra él.
Draco lo adelantó chocando su hombro adrede para pasarlo.
— ¿Qué sucede? —murmuro Matthews.
—Nott —dijo Draco agriamente— él no… ¿Nott?
Porque cuando Draco se giró hacia donde había dejado a Theodore, allí no había nadie. Draco miró a Star y ella de vuelta. Hacía solo un segundo estaba allí y ahora ya no.
"McLaggen, ese imbécil"
Pensó mientras caminaba furiosa por el oscuro pasillo a paso rápido. Quería volver a su torre cuanto antes. Había estado ya en el sexto piso cuando McLaggen no dejó de seguirla y tuvo que bajar hasta el cuarto piso, emboscarlo y lanzarle un Cunfundus para por fin deshacerse de él.
Curiosamente estaba más indignada que enfadada. Se le había acercado de tan buen modo que bajo la guardia, pero al final de cuentas solo era un sujeto que podía ser un abusivo en cualquier momento. Soltó un respiro pesado y luego de unos cuantos escalones ya estuvo en el quinto piso.
"Me duelen los pies" pensó triste.
— ¿Qué tal la fiesta? —Preguntó una voz salida de la nada, prácticamente a su espalda— ¿Fue divertido?
Hermione, por instinto levantó la varita de inmediato y se dio vuelta tan violentamente que casi tambaleo.
Nott, a su espalda, ni siquiera parpadeo, pero tenía ambas manos metidas en los bolsillos de su túnica, extrañamente, sobre su hombro tenía como una especie de mancha oscura.
— ¿Qué haces aquí? —preguntó ella, bajando la varita.
Theodore sacó las manos de los bolsillos, seguramente soltando la varita que siempre tenía oculta en ellos— A veces me gusta dar una vuelta.
Ella se cruzó de brazos— ¿Me estás siguiendo?
—Claro que no —dijo burlón— pero cuando te vi pasar, me dio curiosidad. La Fiesta de Slughorn aún no termina, pensé que dijiste que iba a ser muy interesante. Parece que no.
Hermione entrecerró los ojos— ¿Y el punto es…?
Theodore miró para todos lados— ¿Dónde está McLaggen?
—No tiene importancia —contesto ella.
—La tiene. Debería estar aquí, acompañándote a tu torre. Y no está —él se frotó el mentón— entonces ¿Qué tan malo tuvo que ser todo para que aparte de abandonar tu interesante fiesta encima lo hagas sola? Además, me apuntaste con tu varita ¿Por qué estás tan alerta? ¿Qué pasó? —Él se acercó un paso— sé que hay alguien subiendo desde el cuarto piso.
—No es tu asunto —dijo ella alejándose un paso, dispuesta a irse.
Theodore sonrió— Siempre puedo preguntarle a McLaggen.
Hermione vio como él le dio la espalda, sacó su varita del bolsillo y caminó hacia el pasillo que llevaba a las escaleras hacia el cuarto piso.
Ella se volvió de inmediato y extendió las manos hacia él, tomándole del brazo y tirando de él, tratando de detenerlo— Te estoy diciendo que no es tu asunto.
—Entonces si pasó algo —dijo el volviéndose hacia ella y acercándose de nuevo— Ahora estoy más curioso ¿Vas a decirme?
Ella apretó la mandíbula— ¿Por qué te importa?
Theodore agacho su cara hacia la suya, cerca. Demasiado cerca— No voy a mentirte —murmuro— pero estaba en otro asunto cuando vi a McLaggen deambular y no distinguir entre la izquierda de la derecha. Reconozco un Cunfundus cuando lo veo. Sabía que alguien más estaba con él, pero alejándose y pensé que probablemente eras tú. Acerté —Él se frotó el mentón de nuevo— Entonces ¿Qué pudo haber hecho ese imbécil para que la amable Hermione Granger le maldiga? —Él entrecerró los ojos— creo que he logrado enfadarte muchas veces, pero siquiera así nunca intentaste maldecirme.
Hermione tenía la boca seca, su corazón latiendo demasiado rápido en poco tiempo— Yo…
—Oh, aquí viene —dijo con una sonrisa. Entonces, Theodore se alejó y volvió a darle la espalda— Ya no tienes que decirme nada, ve a tu torre. Será una charla amable, lo prometo —dijo avanzando un paso de nuevo hacia las escaleras.
Pero Hermione de algún modo sabía que eso era mentira.
Actuó tan pronto como se le ocurrió que hacer. Miró alrededor y vio un armario para escobas, con magia abrió la puerta y con otro movimiento de varita apunto a Theodore, haciendo que se suspendiera levemente en el aire y flotara en un movimiento rápido y perfecto hacia el armario abierto. Hermione casi corrió al mismo tiempo y mientras el golpeaba con su espalda la pared del armario, ella cerraba las puertas con una suave floritura para después dejar caer su varita, levantar ambas manos y cubrirle con ellas la boca a Theodore.
—Silencio —le murmuro.
Theodore tenía el ceño fruncido (probablemente enojado), la varita en la mano izquierda y parecía listo para empuñarla.
—Por favor —murmuro ella.
Él entonces, lentamente, bajo la mano y guardo la varita.
Ambos, mirándose el uno al otro, escucharon pasos lentos que pronto desaparecieron. Hermione sabía que tenía que apartarse ahora, pero sencillamente no podía. Theodore no hizo nada, solo se quedó allí, muy quieto y con los ojos clavados en los suyos, como si pudiera interrogarla con ellos.
"¿Ahora que harás?" parecía decirle.
— ¿Por qué estás actuando así? —preguntó ella, retirando lentamente sus manos de su boca.
— ¿De verdad no sabes? —contestó él en un murmullo.
— ¿Otra vez estás celoso? —preguntó bajito.
—No —contestó— te dije que no iba a jugar a ese juego contigo. Que yo esté aquí es pura casualidad, pero ahora mismo estoy enojado.
— ¿Conmigo?
—Un poco —murmuro— un cunfundos es demasiado amable. Debiste noquearlo —dijo sacudiendo la cabeza.
—No soy violenta —contestó.
—Acabas de levantarme en el aire y encerrarme en un armario, prácticamente en menos de diez segundos. ¿De verdad esperas que lo crea?
El rostro de Hermione se coloreo, sin embargo, no era momento para eso. Comenzaba a olvidar que seguía enfadada con él— Hay que irnos —fue lo que contesto ella, dando un paso hacia atrás.
Sin embargo, Theodore extendió un brazo y le sujeto por la muñeca— Antes querías que habláramos. Bien, hagamos eso.
—No creo que este sea el momento… —dijo ella entre sorprendida y aturdida.
—Solo tengo una pregunta —como ella no contesto de inmediato, él tomo ese silencio como aceptación— La otra vez tenías una excusa: Amortentia, pero ahora no tienes ninguna. Entonces... ¿Por qué McLaggen? ¿Querías jugar con eso? ¿Enfadarme?
— ¡Claro que no! —Dijo ella entre la indignación y la sorpresa, apartándose otro paso— yo solo…
—Tú solo ¿Qué?
Theodore se acercó la misma distancia que ella se alejó y ahora era él quien la arrinconaba contra una de las paredes del armario.
—Yo necesito… algo se seguridad.
— ¿Seguridad?
Hermione alzó su rostro, enfrentándolo— ¿No estás jugando tú conmigo?
Él entorno los ojos— ¿Por qué ibas a creer eso?
Ella apretó con fuerza los labios y agachó la mirada— Por eso quería que habláramos. No hablamos de esto ni una sola vez y cuando lo intente el otro día me dejaste sola, actuaste como si no te importara y eso se siente horrible —dijo bajito.
La mano de Theodore entonces se deslizo hasta estar debajo de su mentón— Mirada al frente —murmuro— Mírame —ella obedeció— Lo dije desde el inicio. Me gustas.
Ella sacudió la cabeza— No, dijiste que era posible que yo te gustara.
—Bueno, supongo que ahora está un poco más claro —murmuro— hablo en serio.
Y de pronto, todas las inseguridades eran barridas como si nada.
Recordó la vez que fue él quien la empujo a un Armario de escobas, también escondiéndose. Esa vez se parecía mucho a esta ocasión. Esa vez ella también quiso tocarle el rostro.
Hermione levanto la mano y le tocó la mejilla— También me gustas —susurro.
Theodore abrió ligeramente la boca, seguramente para decir algo, pero en lugar de eso una sonrisa se coló en su boca. Él se agacho hacia ella muy lentamente, su respiración cosquilleándole en las mejillas, ella había cerrado los ojos, pero el beso nunca se dio. Cuando abrió los ojos, él tenía una mirada de superioridad.
Hermione retrocedió, pero su espalda fue a dar de nuevo contra la pared del armario, al mismo tiempo que Theodore daba otro pequeño pasito hacia ella, prácticamente arrinconándola entre la pared y él. Una mano flexionada contra la pared, la otra haciéndole dar escalofríos, pues abandono su mentón y la puso en su hombro. De nuevo acerco lentamente su rostro al suyo.
Lo que fuera que Theodore quisiera hacer, ella no lo dejo terminar, pues se puso de puntillas y presiono los labios contra los suyos. Él correspondió casi de inmediato, pero haciendo un tortuosamente lento y profundo beso.
De pronto, todo él estaba más y más cerca, eso se sentía demasiado bien. Él se alejó un instante, girando la cabeza en otro ángulo, sus narices rosándose. Ella de alguna manera extendió los brazos y los puso sobre su cuello, aferrándose, acercándolo aún más. Él no se opuso y en su lugar la mano que tenía en su hombro de algún modo estaba ahora en su cintura, rodeándola y también acercándola a él, su otra mano, detrás de su cuello, sosteniéndola. Como si quisiera evitar que ella se alejara.
El corazón de Hermione latía tan rápido que sentía que podría explotar en cualquier momento. Él se detuvo un pequeño instante y ella iba a protestar, pero cuando él entonces le beso la mejilla no se quejó. Su respiración era cálida y su cabello hacía cosquillas contra su rostro. Luego, otro beso, algo más cerca de su oreja que la hizo sentir un escalofrío; ella aferró sus brazos un poco más al cuello de Theodore, y sin darse cuenta dejó escapar un suspiro.
Él se congeló un instante pero luego apoyo la cabeza contra su hombro, prácticamente respirándole en el cuello. A ella le dio escalofríos.
—Tú ganas. Hablaremos mañana —murmuro con la voz ronca, muy bajito y muy cerca de su oído.
—De acuerdo —dijo ella sin pensar demasiado, también dejando caer su rostro contra su hombro, cerrando por un momento sus ojos. No quería alejarse.
—Bien —susurro él.
Fue él quien la soltó primero y ella tuvo que retirar sus manos de su cuello. Se alejaron un poco, pero luego él se agacho de nuevo y le dio un beso rápido, casi como si lo hubiera robado.
—Te acompañaré a tu torre —susurro.
— ¿Hablas en serio?
— ¿Quieres ir sola?
—No —dijo ella de inmediato.
—Bien. Porque es posible que el imbécil siga por ahí —dijo alejándose definitivamente y llevando la mano a la puerta del armario— Vamos.
Ella extendió la mano y le sujeto por la manga de la túnica— La ronda de prefectos ya comenzó, podrían castigarte si te atrapan.
Él se volvió un instante— A mí nadie me atrapa —le dijo con suficiencia— No con esto.
Theodore extendió la mano hacia una esquina del armario y fue como si arrancara un pedazo de la oscuridad con las manos y se envolviera en ella. Hermione solamente podía verle la cara y él le sonrió descaradamente antes de abrir la puerta del armario y salir de allí.
—Vamos —murmuro extendiendo la mano hacia ella.
Hermione la tomó.
En el camino hacia la torre, Hermione siguió mirándolo de reojo.
— ¿Qué tipo de capa es?
—Una muy antigua —contestó él, de alguna manera sonando fanfarrón— y especial.
Hermione no lo dudaba, pues parecía una mancha oscura que se movía, en embargo, ella podía verle la cara a Theodore.
—Pareces una cabeza flotante sobre una sombra —dijo ella intentando no reírse.
Él bufó y entonces llevó ambas manos a la capucha de la capa y la subió. En un segundo, ya no estaba allí. Hermione se paró en seco y extendió la mano, jurando que seguramente chocaría con él, pero no había nada, solo aire.
Ella miró para todos lados— ¿Theodore?
—Sigo aquí —dijo él, apareciendo de nuevo pero a su espalda.
Ella se volvió hacia él con el ceño fruncido— ¿Qué clase de capa de invisibilidad es esa? —preguntó, pues nunca vio algo como eso. Con la capa de Harry había que cuidar de no hacer ruido, la de Nott parecía no necesitarlo.
La sonrisa que él le dio como respuesta era terrible— No es una capa de invisibilidad.
— ¿Entonces?
—Secreto —contestó él, mientras avanzaba caminando.
Una vez llegaron al pie de la escalera de su torre, Hermione se giró hacia él— Gracias —murmuro.
Él solamente asintió en respuesta, comenzó a llevarse las manos hacia la capucha de la capa, seguramente para subirla y desaparecer en ese instante.
Fue un impulso, pues ella se acercó a él y le rodeo el cuello con los brazos, un abrazo rápido de despedida.
Theodore se quedó muy quiero, casi como si se hubiera congelado— No es necesario —susurro.
Ella sintió esas palabras como un rechazo y se soltó lentamente— ¿No te gusta? —le preguntó.
—No estoy acostumbrado. Si es repentino, lo primero que pienso es que vas por mi cabeza —le contestó— Te lo dije antes, los mortífagos no abrazan a sus hijos.
Probablemente hubiera sido una especie de broma bizarra, como al parecer ahora se le daba a Theodore, pero a Hermione no le dio risa. Vio atentamente como él agitaba la mano y desaparecía en el aire luego de subir la capucha de su capa. Ella se dio vuelta y camino hasta el cuadro de la señora gorda y entro en la sala común.
Afortunadamente no se cruzó con McLaggen, así que fue directo hacia su habitación y después a la ducha. Mientras se secaba el cabello Hermione no podía dejar de pensar en lo que había dicho Theodore. De alguna manera, parecía más acostumbrado a la violencia y que a algún tipo de cercanía.
Cuando conoció a Philip Nott, su primera impresión era que era un padre atento y Theodore un hijo dedicado. El respeto del uno al otro podía verse, hasta sentirse. Hermione estaba segura de que había cariño allí. Sin embargo, eso era antes. Seguramente, el hecho de que su padre haya terminado en Azkaban definitivamente afecto a Theodore en más de un modo.
Antes de sexto, nunca le oyó llamarlo mortífago.
Su rostro se estaba poniendo de colores de nuevo, el rosa de la vergüenza.
Contradictorio, claro. Podía idear el mejor método mágico y efectivo para persuadirlo, conseguir distraerlo, quedarse con toda su atención y lograr que la escuchara con solo una mano y esos ojos expresivos. Sin embargo, con las palabras era diferente. Por un instante se preguntó cómo sería si Hermione tuviera la mitad de su descaro. Podrían darle escalofríos.
Ella estaba intentando decir con palabras atoradas y expulsadas con nerviosismo lo que él ya sabía: quería ponerle un nombre a lo que estaban haciendo.
Toda una sorpresa, pues como él sabía que ella gustaba de él en un inicio esperaba que ella flotara en la ilusión un buen tiempo antes de comenzar a cuestionarse y exigirle algo. Después de todo, Hermione Granger no era una ilusa en ese aspecto.
Sincerándose consigo mismo, a estas alturas Theodore había esperado haberse cansado de los besos y poner alguna excusa decente, todo para evitar esa conversación.
"Es un dolor de cabeza" pensó hastiado. Cuando sucedió el evento de la Amortentia, Theodore pensó muy seriamente en obliviarla de nuevo ya que por mucho que le gustara, sería problemático. Sin embargo, si ella no recordaba nada, eso podría ser el doble de problemático. Cosas como las de anoche podrían pasar demasiado seguido y eso no le gustaba para nada. Entonces y ahora, su lado posesivo gano esa partida.
Era la razón entrando en conflicto con lo insensato. Con filosofía, Theodore había decidido que dejaría las cosas ser y actuaría sobre la marcha. Después de todo, él siempre, siempre, conseguía que las cosas salieran como él quería. En el juego de un mago listo, las trampas estaban permitidas y solo eran trampas si alguien te pescaba.
—Mi padre siempre dice que las decisiones deben de tomarse cuando tienes todas las cartas en tu mano. Sin secretos. Sin mentiras. Menos en una situación como esta —Theodore la miraba a los ojos cuando lo dijo, ella hizo lo mismo— así que es lo que puedo hacer por ti: Ser sincero. Yo no puedo ofrecer algo como una relación "convencional" y francamente, sabes tanto de mí que pensé que ya lo tenías asumido.
Hermione no dijo nada de inmediato. Primero, agachó la mirada. Luego, intento alejarse.
Allí estaba ella, retrayéndose de nuevo, dando una respuesta con sus actos. Ella iba a dar marcha atrás.
Llegados a ese punto, habían dos opciones: La primera, dejarla hacer lo que ella quisiera y fingir que nada pasó… la segunda, era alargar todo.
Merlin sabía que a Theodore le convenía lo primero, sin embargo…
Él le sujeto la mano entonces, ella reaccionó de inmediato intentado tirar de ella pero como él no la soltó, volvió a centrar la mirada en él.
—Sin embargo, me gustas.
Las mejillas de Hermione volvieron a teñirse de rosa— No lo suficiente —murmuro ella— no para algo formal.
— ¿Formal? ¿Una novia? —Theodore alzó una ceja— ¿Quieres casarte conmigo?
La boca de Hermione se abrió de inmediato y el rosa abandono su rostro dejándola pálida— ¿C-casar…?
Theodore sonrió y entrelazó los dedos con los de ella— Tomaré eso como un no —dijo asintiendo para sí mismo— porque eso, Hermione, es "formal" para alguien como yo —el soltó un respiro largo— Pero aunque dijeras que sí, eso no sería posible. Mi futuro ya está decidido desde que nací, y ese, es el matrimonio con alguien de sangre pura cuando yo esté cerca a cumplir los treinta, aunque claro, actualmente aún no está definido quien será, pero eventualmente existirá. Para la subsistencia del Dominio y poder de mi familia, es necesario.
El rostro de Hermione entonces paso del pálido a uno con más color, pero increíblemente triste, bajo la mirada hacia sus propias manos, aún entrelazadas con las suyas y se quedó en silencio.
—Entonces… aquí viene la pregunta del millón de galeones —murmuro Theodore— ¿Qué quieres hacer?
Ella frunció el ceño— ¿Acaso hay algo que dependa de mí?
—Por supuesto. Porque al final… esto va a depender de ti. Tú estás dudando, yo no. Yo sí sé que es lo que quiero —dijo el estirándose hacia ella, casi haciendo que su frente toque la suya— Me gusta estar cerca de ti —murmuro— Es la verdad. Solo un tonto negaría lo que quiere a sí mismo, así que no tiene sentido guardarme nada —estaba tan cerca que sentía la respiración de ella contra sus mejillas. Sus pestañas revoloteando. Theodore cerró los ojos— Te confesé que estaba celoso y ya te he dicho que me gustas. Dos veces. Me gusta besarte —dijo bajito, su nariz casi rosando la de ella— Y me gusta cuando tú me lo devuelves. Se siente bien. Yo quiero eso.
Theodore sintió que el cabello de ella le cosquilleaba en la frente, se inclinó hacia ella y antes de darse cuenta estaba persiguiendo su cálida respiración. Menos de un centímetro… y entonces ella se alejó.
De pronto ahora estaba muy enojado. Abrió los ojos de golpe, con duras palabras exigiendo explicaciones en la punta de la lengua… sin embargo, cuando la vio no dijo nada.
—También me gustas —murmuro ella. Su rostro completamente rosa de nuevo— pero…
Theodore tomó un respiro lento y pensó que decir cuidadosamente.
—Pero… —murmuro él, haciendo eco de su voz, ella le dio atención al instante— ¿Cuál es la meta de la formalidad? Ambos podríamos hacer un buen acuerdo, algo con lo que ambos estemos cómodos.
Ella continuó mirando hacia sus manos— No es lo mismo.
Theodore se encogió de hombros— No veo la diferencia. Personas hacen pareja y creen que lo serán por la eternidad, pero en menos de una estación se han separado, cada uno creyendo que el otro es la peor persona que existe —él sacudió la cabeza— hay quien se agobia por perder lo que cree que le pertenece, cuando en realidad nadie le pertenece a nadie. Siquiera los matrimonios se salvan —dijo en un resoplido— conozco decenas de brujas y magos que tienen al enemigo durmiendo en la misma habitación, pero todo sea por el bien de las apariencias —él negó con la cabeza— ¿Sabes que es lo que creo? Que todo está idealizado y al final, todo es una gran tontería.
Ella le miraba fijo con sus enormes ojos miel— No puedes hablar así del amor.
— ¿Tú sí?—preguntó él.
Ella no contestó.
—El único amor romántico que conozco es el que vi en las obras de teatro Muggle —dijo— musical, premeditado, demasiado rápido y especialmente débil… lleno de dramatismo. Caótico. Problemático —dijo sacudiendo la cabeza— ¿Quién querría algo como eso?
Hermione solamente apartó la mirada— Te sorprendería.
Theodore se cruzó de brazos— De todos modos, no es nuestro caso ¿O sí? "Gustar" no es mismo que "Amor". Aunque seas una idealista, eres sensata y lógica —dijo— Ser "formales" Será problemático para los dos. A ti te importan mucho tus queridos amigos ¿Qué crees que va a pasar con ellos? Weasley es tan prejuicioso como cualquier Slytherin y Potter… Potter casi mata a Malfoy el otro día. He visto como miran hacia la mesa de mi casa —Dijo como si fuera algo transcendental— Si yo quisiera hacer que escojas entre ellos y yo ¿Me elegirías sobre ellos? No lo creo. Y tampoco me molesta tener esa certeza. Nadie debería enfadarse con la realidad.
Ella volvió a mirarse las manos, seguramente pensando al respecto.
—Somos jóvenes —dijo él acercándose de nuevo, pero solo lo justo para llamar su atención y que ella lo mire— y mientras nos gustemos y queramos pasar tiempo juntos, todo debería estar bien. Si uno de nosotros quiere parar, hablaremos al respecto —ella entreabrió los labios— Hablaremos de lo que quieras —dijo llevándose una mano sobre el corazón, el juramento de los magos— Lo del otro lunes no se repetirá —dijo suavemente— no te dejare hablando sola de nuevo, no sin un buen motivo —imperceptiblemente, ella se estaba acercando a él. Su mano, aún entrelazada a la suya, dándole un apretoncito imperceptible. Theodore supo entonces, que había dicho lo que ella quería oír— Nosotros… —murmuro— seremos leales el uno al otro, más que a nadie.
Y... de vuelta :D
Y pues, acá un poco de manipulación delicada, casi imperceptible, pero manipulación a fin de cuentas.
Algo de datos triviales:
-Sebastian McGrath es medimago y esta en el rubro de pociones medicinales, por eso Theo dice que si llamaban uno, McGrath lo sabría. A la casa del Norte solo se ingresa por la Red Flu, Theo no daría la entrada a su casa de seguridad a cualquiera, por tanto, está consciente de que venga quien venga, Serafina lo sabría.
-Si Edward queda impactado y tarda en contestar, es porque Theodore esta volviendo a decir "por favor" y "gracias". Antes, siempre lo escribía así, pero en los últimos capítulos lo escribi solo dando ordenes y ya, así en plan arrogante x1000.
Y... no se que más escribir :s
Ah, estos ultimos días estoy algo más activa escribiendo un poco cada día. Quiero terminar el fic pronto :3 El siguiente llega en al menos una semana y puedo adelantar... que los que relataran son:
-Amira, con descubrimientos importantes en el Ministerio.
-James, con un extenso relato de lo que él vió y vivió luego de que Theodore desapareció y también con su misión actual.
Se que deje el anterior capítulo con un cliffhanger del tamaño de una casa, pero prometo que ha sido escencial para lo que pasará en el siguiente capitulo.
Gracias por leer :D
Por cierto,
PD: ¡Hermione, date cuenta!
PD2: Por otro lado, Theodore debería creer más en el Karma.
