CAPITULO 48

LA CASA DEL ESTE

Amira bebía lentamente de su copa de vino, apoyada contra una columna. No había querido ir a esa fiesta, pero de todas maneras lo hizo. Tía Agatha era quien más estaba empecinada en que tenían que hacer vida social dado el nuevo estatus de James. Insistía todo el tiempo en que tenían que hacer cuantos amigos pudieran. Su primo Félix la había acompañado hasta hacía casi una hora, pero tuvo que irse pronto, pues tenía que atender compromisos en el Ministerio, pues le estaban doblando turnos indiscriminadamente.

James le había ofrecido a Félix el conseguir otro trabajo con alguno de sus nuevos amigos entre el Dominio, pero este se había mantenido firme en seguir en el Ministerio. James había insistido, pues dado que Félix había sido una especie de mano derecha de Edward cuando estaba en la cúspide, algunos funcionarios la tomaban en su contra. Desde que Philip Nott fue enviado a Azkaban, los Nott ya no tenían poder allí.

— Aún se necesitan oídos en el Ministerio —Había dicho Félix.

—Podemos conseguir a alguien más para eso —había replicado James.

—Tengo que ser yo.

—No hay nada que te obligue a eso.

— ¿Y mi palabra qué? —Había replicado Félix— Edward consiguió ese cargo para mí por una razón, me dijo que mantuviera los ojos abiertos allí. Se lo debo.

James entonces, había montado en cólera— ¡No le debes nada a Greengrass!

Félix entonces, se había reído— Yo tengo… buena memoria, primo y al parecer, mejor que la tuya —le había dicho venenosamente— todavía recuerdo cuando era un pasante en el décimo puesto para ser aceptado en pasantías ridículas y nuestro apellido no valía nada. Edward hizo que me ingresaran tan rápido que parecía imposible ¿Cómo crees que nuestros primos Nathaniel y Daniel consiguieron apoyo en su primer proyecto?

Edward entrecerró los ojos— Philip Nott nos dio su apoyo, por Theodore.

— ¿Y quién crees que se encargó de hacer que todo se moviera? —Pregunto en un murmullo enfadado— Alguien puede ordenar algo, pero el ejecutor es quien lo hace realidad ¿Acaso crees que somos los únicos a quien había que favorecer? Nunca has estado en el Ministerio, nunca has visto como se mueve todo allí —dijo en un murmullo— Philip Nott nunca preguntó cómo iba nada, si Edward hubiera querido nos hubiera dejado esperando y le hubiera dado una buena excusa. No sería la primera vez que hace eso con alguien —Félix estaba viéndose tan enfadado que incluso Amira, escuchando a escondidas, pensaba que se iría a las manos.

—Greengrass solo usa a la gente que le conviene usar —había contestado James.

— ¿Somos nosotros diferentes? —Preguntó Félix— Usaste Star hasta el cansancio, como tú escudo personal todo este tiempo con la excusa del compromiso y cuando conseguiste romperlo solo la hiciste a un lado. Solo es una niña pero hiciste que entrara en la primera línea y cuando su tío la echó de casa por eso no moviste un dedo para ayudarla. Hubieras podido pero no lo hiciste. ¿Y Nathaniel? ¿Y Daniel? Ellos siempre estaban unidos, siempre. Solo se tenían el uno al otro, tú sabes eso pero aun así los separaste. De todos modos los separaste. Ni siquiera su horrible padre se atrevió a eso, pero tú… Tú no tienes consideración ni con los de tu sangre —Dijo con rencor— Siendo ayudante de un alto funcionario, yo también me he beneficiado, pero no soy ningún malagradecido. Edward cayó, pero me pidió un favor y planeo cumplirlo.

James había golpeado la mesa con un puño y se había puesto de pie, muy enfadado— No vas a darle la espalda a la familia.

Félix también se había puesto de pie— Tú no eres toda la familia —le contesto con tranquilidad— solo eres quien está a cargo. Por ahora.

—Félix, no te atrevas —le advirtió James.

— ¿Atreverme a qué? —Dijo entrecerrando los ojos— ¿A no estar de acuerdo contigo? Pasa todo el tiempo, en todas las familias —dijo desafiante— Y no necesitas hacerme a un lado, no planeo perjudicarte, por eso me iré de casa hoy mismo, encontré un lugar para mí en la ciudad. Le diré a Tía Agatha que es por trabajo y por independencia, así no te regaña ni sospecha de nuestras diferencias. Si Tía Agatha me invita a alguna comida familiar, tendré que aceptar —Félix metió la mano en el bolsillo de la túnica y dejo una tarjeta sobre la mesa— Envíame una lechuza si eso es un inconveniente.

Félix salió del estudio y se fue directamente escaleras arriba, seguramente para empacar algunas cosas. James lo siguió casi pisándole los talones, pero Amira no pudo escuchar nada más. Poco después, Félix fue a la habitación de tía Agatha, que estaba con las gemelas, con una maleta en la mano y le dijo que tendría un viaje por trabajo, pero que cuando retornara, ya no volvería a casa, que se mudaría a la ciudad. Amira estaba en la puerta de la habitación cuando escucho un suave sollozo de su tía.

Amira lo estaba esperando cerca de la chimenea y cuando Félix la vio se había acercado directamente a ella y antes de que dijera nada, el habló primero— Ami, voy a mudarme, —le dijo en un susurro— vas a escribirme ¿De acuerdo? —dijo mientras le pasaba una tarjeta.

Amira recibió el pequeño cuadrado de papel y teniéndolo aún entre sus dedos se puso de puntillas y extendió los brazos para abrazar a su alto primo— No es justo —le dijo con ira contenida.

Félix le devolvió el abrazo, pero luego se apartó— Podemos coincidir en el Ministerio —le dijo aun sujetándola de los hombros— y si te obligan a ir a alguna fiesta, puedo acompañarte.

Ella le había sonreído. De todos sus primos, Félix era su favorito, pues era como su hermano. Tenían casi la misma edad, habían sido niños juntos. Habían jugado y reído por las mismas cosas muchos años. Sabiendo que ya no lo vería a la hora de la comida, sintió que le escocían los ojos.

—No es justo —murmuro con la voz rota.

Félix le había sonreído y ahora la abrazaba de nuevo— No estés triste. Estoy a una lechuza de distancia —le dijo en un susurro.

Amira cerró los ojos un momento, pero cuando los abrió, vio a James parado cerca de las escaleras y mirándolos. Toda la tristeza de Amira se convirtió en un remolino de enojo. Puede que Félix sintiera su tensión, pues estiro la cabeza para mirar hacia atrás.

—Adiós, primo —dijo agitando una mano hacia James.

Félix se volvió hacia ella y la sujeto por los hombros— Si quiere hacerte algo, dímelo —susurro antes de darle un suave beso en la frente— Cuídate, Ami.

Félix había desaparecido en una llamarada azul dentro de la chimenea, luego, ella había vuelto toda su atención hacia James— ¿Contento? —le preguntó.

— ¿Debería?

—Lo que deberías —dijo ella con ira— es notar cuando alguien te habla con ironía.

Amira caminó hacia las escaleras y pasó prácticamente golpeando el hombro de James.

—Lo que todos ustedes deberían de entender es que solo hago lo mejor para la familia.

— ¡Por favor! —Dijo ella deteniéndose en las escaleras— ¡Solo haces lo que es mejor para ti!

James había soltado una carcajada— ¿Qué quieres? ¿Qué demonios es lo que quieres? ¿Estarías feliz si la familia se destroza frente a tus ojos?

—Tú eres quien está destrozando a la familia —dijo ella— Daniel no fue el mismo desde que estuvo en la primera línea. Nathaniel te rogó que hicieras que se retire, pero tú no lo escuchaste, no hasta que llegó a su límite ¿Crees que no sé llegó a golpearte en la cara? Él solo quería que dejaras en paz a su hermano. Ahora te odia.

James soltó un respiro exasperado— Al final lo entendió.

Ella entrecerró los ojos— Al final solo te aprovechaste de él. Accediste a enviar a Daniel a Croacia, lejos de todos los conflictos, pero a Nathaniel lo enviaste al frente —dijo ella enfadada— Nathaniel es Herbologista, no un duelista.

—Era lo que Nathaniel quería. Fue un trato limpio —dijo exasperado— además, solo será un año —dijo cruzándose de brazos— todas las familias aportaron magos. Los Craston no podíamos quedarnos atrás. Además, no está precisamente al frente. Es casi un cargo administrativo y cuando termine todo, tendrá alto estatus y será muy bien compensado.

—Si vive hasta el próximo invierno —dijo ella con dolor.

James rodó los ojos— ¡No lo hubiera enviado si fuera peligroso! ¡Lo peor ya pasó!

— ¿De verdad? —dijo ella dijo ella con los ojos a punto de desbordar lágrimas.

James no pudo contestar. Ella sabía que él no podía. No con una guerra a la vuelta de la esquina, una guerra donde probablemente, dada la actitud belicosa actual de Theodore, los Craston serían arrastrados.

—Si Nathaniel muere nunca te perdonaré —le dijo antes de irse escaleras arriba.

Amira sabía que Theodore había cerrado una promesa con el Señor Tenebroso, su lealtad si le entregaba a su padre a salvo… lo cual era una treta, Edward se lo había contado todo. Sí habría guerra y los Nott estarían en ese bando con la menor participación posible y los traicionarían si parecía que iban a perder.

Después de todo… ¿No apuntaba a eso todo lo que estaba pasando actualmente?

Amira continuó bebiendo su copa de vino. La fiesta, con alguna temática tonta, estaba siendo llevada a cabo en la casa de una familia ajena al Dominio. Una familia que tenía una alianza mágica con los Mulciber, por eso habían tantos desperdigados por aquí y por allá.

No le gustaban. No le gustaban para nada. Ni la música, ni la comida, ni las conversaciones que algunos intentaban entablar con ella. Sus temas de conversación eran horribles, pues tuvo que fingir que estaba muy interesada en la historia que dos magos de apellido Mulciber le contaron acerca de cómo sus antepasados construyeron su dominio en base a tráfico de habano de centro américa hacia Europa, todo para evitar a Frederick. Incluso tuvo que aceptar bailar con uno de ellos. Solo pudo huir de ellos fingiendo que necesitaba ir al baño. De hecho, podía verlos rondar la pista de baile, probablemente buscándola, pues estaban escudriñando todo el salón con la mirada.

Amira, totalmente incomoda se dirigió hacia el pasillo que llevaba a los jardines, allí debía estar tía Agatha, no le gustaba permanecer mucho junto a ella, pues no dejaba de decirle a todo el mundo lo inteligente, hermosa y educada que ella era. Presumiéndola, pero no precisamente por orgullo. Últimamente, tía Agatha insistía en que debería ir pensando en matrimonio, con una muy buena familia, por supuesto. Ella tenía el pensamiento anticuado de que en tiempos tan inciertos, tener un gran respaldo era lo mejor.

Era un suplicio, pero más tolerable que escuchar más relatos desagradables de desagradables orígenes. Los Craston no habían comenzado en una cama de rosas, pero Amira se avergonzaba de sus sangrientos antepasados, no iba por ahí romantizando su crueldad.

Estaba especialmente irritable, pues aún no se sacaba de la cabeza su última discusión con Edward. La Navidad y año nuevo estaba a la vuelta de la esquina y como siempre, los Nott iban a dar grandes fiestas para las familias. Amira había insistido en que podrían aprovechar la ocasión y deslizar nuevas memoria hacia Tini para seguir con el plan, pero Edward se había negado. Según él, aún no era momento.

Cuando Amira insistió con más fuerza, él le explico que había habido complicaciones. En resumen, Theodore había colapsado. Edward insistía en que no podían inundarlo de recuerdos, no por el modo en que estaba reaccionando ahora.

Edward la convenció con eso y Amira lo entendía, pero también pensaba en su familia cada vez más rota. El tiempo pasaba y si no actuaban ahora ¿Cuando?

El día siguiente, Amira fue al Ministerio a trabajar. Era una de las asistentes de Cooperación mágica internacional, pero como eran fechas cercanas a Navidad, hubo escases de personal en la oficina de Uso y Control de la magia. Ya que ella era buena con reportes, su jefe la envió a colaborar. Era su tercer día en las nuevas oficinas y ciertamente, se llevaba bien con todo el mundo. Puede que fuera porque su primo Félix había trabajado en ese departamento como asistente principal de la jefatura máxima y todos los funcionarios le tenían mucho aprecio.

Algunos de ellos le mencionaron incluso que ese departamento nunca había funcionado como cuando él y Greengrass habían estado a cargo. Ahora, actualmente era un tanto caótico. La sección de archivos era un desastre y la Jefatura estaba a la deriva, pues desde el ataque al Ministerio, nadie que pusieran a cargo duraba más allá de un mes.

Amira tenía una idea lejana de por qué era eso así, pues Control de la magia proveía bastantes datos acerca de actividades mágicas ilegales, por tanto, con la actual situación del país recibían demasiada presión. Muchos departamentos pedían información todo el tiempo, desde la oficina de aurores, inefables, la oficina legal, el Wizengamont, y con la actual nueva audiencia a los Mortífagos que atacaron el Ministerio, fiscales de defensa y todo su equipo legal: Magos de todo tipo, desde aritmanticos hasta rompedores de maldiciones.

Se había pasado toda la tarde ordenando solicitudes de información, emparejándolas con bitácoras de medidores de actividad mágica, eran al menos doscientas y cuando termino de emparejar la última, le quedo una solicitud sin emparejar.

— ¿Qué hago con esto? —había preguntado Amira a uno de los asistentes agitando la solitaria hoja.

—Dásela a redacción —dijo el asistente— enviaran una carta y se volverá a procesar.

—De acuerdo —dijo ella y se fue repiqueteando sus tacones.

Pero cuando llegó a redacción, se encontró con solo un funcionario, siete escritorios vacíos y una enorme pila de hojas sueltas y sobres.

El funcionario leyó la solicitud y luego la miró a ella— ¿No estaba la bitácora?

—No —dijo ella— Las otras ciento noventa y nueve estaban, pero esta no.

El mago atrajo con magia un gran libro de registros y luego de una floritura el libro se abrió en una página— Aquí dice que la bitácora fue entregada.

Amira parpadeo— pues no estaba con las otras.

El funcionario soltó un cansado respiro— Mira, señorita, mi oficina recibe y envía. Las bitácoras llegaron y fueron entregadas a Control de la magia. Probablemente debe estar por allí, te sugiero buscar bien.

—He buscado bien —mascullo Amira— allí no estaban.

—Pues busca de nuevo —dijo el funcionario con desdén— esa oficina es un desastre.

Amira no pudo discutirlo, solo por eso dio las gracias y volvió para buscar la tonta bitácora. Eran ya las seis y no encontró nada, fue de nuevo a redacción y se encontró con un nuevo funcionario a quien tuvo que explicarle todo de nuevo, pues luego de abrir el enorme libro otra vez, volvió a decirle que debía seguir buscando. Al final, Amira pudo echarle un vistazo a ese libro y se enteró de que esa correspondencia fue enviada en el horario nocturno, y ahora tenía el nombre de quien la recibió.

Los asistentes de la tarde en Control de la Magia se retiraron y fueron relevados por los de la noche, ella los esperó especialmente para buscar a quien había recibido las bitácoras, pero cuando preguntó por el asistente, le dijeron que salió de vacaciones y volvería hasta año nuevo.

—Redacción no aceptará rehacer nada —dijo el supervisor de los asistentes nocturnos— no si en sus registros dicen que ya lo han hecho —dijo en un suspiro— son unos holgazanes.

— ¿Entonces qué hago? —peguntó Amira cansada.

— ¿La vía regular? —preguntó el funcionario.

Amira había aprendido en el Ministerio que había dos formas de hacer todo, la vía regular o los "atajos". Generalmente la vía regular era un incordio, pero los atajos eran… de alguna manera… deshonestos. O sobornabas a alguien con comida o favores o sencillamente amenazabas a alguien con reportarlo inventando que habían hecho mal su trabajo. Eso generalmente les pasaba a los pasantes.

Amira no quería abusar de ningún pasante, pero luego de escuchar lo extensa que era la vía regular, acepto el atajo.

—Ve a monitoreo —dijo el supervisor mientras escribía una nota— busca a Kramer, dile que vas de mi parte, te dejará ver en las bitácoras desde la pantalla de su escritorio, dirá que va por un café y demorara como diez minutos. Usa ese tiempo creativamente.

Ella asintió, el funcionario le tendió la nota y Amira alargó la mano para recibirla, pero el funcionario de nuevo regreso la mano— Mañana es mi día libre ¿Un café cuando termines tu turno? —preguntó sugerentemente.

Ella sonrió nerviosamente— Claro —contestó rápidamente. Por supuesto, un soborno particular.

Él le sonrió de vuelta— Ah —dijo mientras le daba la nota— esa sonrisa lo vale.

Amira recibió la nota y le sonrió de nuevo por compromiso. No estaba mal ser amigable con un supervisor— Mi héroe —dijo antes de darse vuelta y caminar hacia monitoreo.

La nota solo tenía la firma del funcionario cuando se la entregó a Monitoreo, él la miró de pies a cabeza, bostezo, dijo que iba por un café y que ella podía buscar con libertad.

Amira reviso los registros y reportes en la pantalla mágica. Tecleo la fecha, hora y datos geográficos de la solicitud… y se encontró con que era una alerta de magia en un lugar marcado por el Ministerio como "de especial atención", todo normal hasta allí, pero cuando leyó a quien pertenecía la propiedad mágica, reviso la solicitud de nuevo. La fecha le había parecido curiosa, pero no recordaba exactamente por qué, sin embargo, ver la hora de la alerta hizo que un estremecimiento le recorriera el cuerpo. En la pantalla, figuraba que la alerta mágica había venido de una propiedad intervenida por el Ministerio. Era llamada "Casa del Este" y le pertenecía a los Nott.

Amira reviso el reloj, aún le quedaban como cinco minutos. Saco el reporte de la bitácora y tecleó los reportes de esa alerta mágica.

Cuando había magia en lugares marcados, el Ministerio enviaba Aurores a revisar y ellos daban un reporte, pero cuando ella quiso ver lo que decía ese, se encontró con que había sido marcado como confidencial. Más sospechoso aún, cuando ella busco el historial, eran como diez años de reportes con fechas y horas detalladas. La única marcada como confidencial era justamente esa alerta.

Amira volvió a revisar el reloj y le quedaba menos de dos minutos. Lo último que hizo fue escribir el número del reporte rápidamente, volvió a abrir las bitácoras y espero a que el funcionario regresara. Le dio una sonrisa de agradecimiento y se marchó. Esa misma noche, Amira tomó la red flu hacia la casa de Serafina.

A la tarde siguiente, a la hora de la salida, Amira estaba de pie esperando en la entrada de Uso y control de la magia. El supervisor, quien se llamaba Aaron, entorno los ojos al verla.

— ¿Vamos por ese café? —le dijo dándole su mejor sonrisa.

—Por supuesto —dijo él, complacido.

Fueron al comedor del Ministerio, Amira espero en la mesa mientras Aaron fue por las bebidas. Serafina le había dado algo de luz a toda la situación. La "Casa del Este" era la propiedad mágica donde Philip Nott se había entregado al Ministerio cuando la primera guerra mágica terminó y también donde había pasado confinado mientras las audiencias decidían si lo enviaban a Azkaban o era liberado, por eso, el Ministerio había instalado todo tipo de alertas mágicas en toda la propiedad. Cualquier uso de magia, por mínimo que fuera, era registrado y reportado al ministerio, por eso actualmente esa casa estaba abandonada…

—No tiene sentido —había dicho Serafina, viendo el reporte.

— ¿Verdad que no lo tiene? Por ley, los reportes de alertas mágicas no pueden ser confidenciales —Había dicho Amira.

—No —dijo Serafina— Amira, no estás entendiendo —había dicho sacudiendo la cabeza— La casa del Este es como la del Norte. Nadie puede siquiera acercarse allí, solo Philip y aurores autorizados, pero por la hora y la fecha, él estaba siendo capturado en el Ministerio, entonces…

— ¿Theodore? —completo Amira.

Serafina asintió despacio— No le digas nada a Edward.

— ¿Por qué? Él podría ayudarnos a saber…

—Uso y control de la magia es donde más influencia ha tenido desde siempre. Todo el mundo allí lo venera —dijo Serafina— ¿Crees que a él se le escaparía esta información?

Amira, consternada, solo asintió.

—Café con leche —dijo Aaron poniendo el vaso de plástico frente a ella.

—Gracias —contesto y le dio un sorbo rápido.

El mago le preguntó acerca de cómo había llegado al Ministerio y otras cosas triviales, Amira fue todo lo amigable posible, ganando toda la simpatía posible, allanando el terreno para sacarle al funcionario lo que quería.

—De nuevo, gracias por lo de ayer —dijo mientras caminaba junto al mago rumbo hacia las chimeneas.

—Creo que yo salí ganando —murmuro él.

Amira le dio otra sonrisa dulce— En serio —dijo bajito— ¿Sabes lo difícil que hubiera sido sin ti? Siento que te debo la vida.

—No fue para tanto —dijo él.

—Hablo en serio —dijo ella, fingiendo emoción— quiero decir, cuando entregue la solicitud, me entere de que era para la oficina de Aurores. Con la nueva administración se han vuelto más quisquillosos. Al parecer, redacción dio una especie de alerta por pérdida de reportes. Un auror en persona vino a la oficina a preguntar qué pasó.

En realidad, esa había sido una denuncia anónima, una que la propia Amira montó.

Aaron frunció el ceño— Eso suena demasiado formal.

—Claro que lo es —dijo Amira— ¿Y sabes qué más?

— ¿Qué?

Amira le hizo una señal para que él se agachara y pudiera hablarle al oído. El mago se agacho de inmediato— Escuche al Auror despotricar. Al parecer, la bitácora tenía que tener un reporte extra —Amira hizo una pausa y se estiro aún más de puntillas y le habló más de cerca— acompañe al auror a redacción y le gritó al funcionario exigiendo ese reporte extra. Luego, le gritó más cuando el funcionario dijo que no podía darle uno nuevo.

Amira se alejó y puso sus manos atrás como niña buena.

—Ah, creo que la pasaste bien hoy.

—No me quejo —dijo ella encogiéndose de hombros— tú lo dijiste. En redacción todos son holgazanes. ¿Sabes cuál es la mejor parte?

— ¿Cual?

—La excusa de redacción es que ese reporte es "confidencial". Hasta yo sé que ningún reporte se califica de confidencial. Negarle a un auror un reporte, que idiota.

Aaron entonces puso cara seria— Bueno, en realidad, depende.

— ¿De qué? —preguntó ella.

Aaron dudo un instante. Amira ladeo la cabeza, mostrándose ansiosa a propósito.

—Bueno, a veces son errores de los aurores. A veces pasan por alto alertas.

—Oh, vaya, también hay holgazanes en ese departamento —resopló.

El mago se frotó la nuca— También depende.

"No quiere hablar" pensó rápidamente— Da igual —dijo ella encogiéndose de hombros, fingiendo desinterés— solo espero que no nos den más problemas —dijo en un suspiro— todo el mundo se pone loco cuando se trata del día del ataque al Ministerio.

Aaron entonces entornó los ojos y se quedó con la boca abierta un instante— Oh, Merlin —dijo antes de soltar una risa nerviosa.

— ¿Qué pasa? —dijo ella con una sonrisa tonta.

—No habrá problemas, créeme.

— ¿Por qué?

El mago se infló de vanidad, pues seguramente se creía dueño de un interesante secreto— Los aurores no se meten demasiado con lo que pasó el día del ataque.

— ¿En serio? ¿Entonces busque esa tonta bitácora para nada? —dijo haciendo un puchero.

El mago se echó a reír coquetamente— Lamento decirte que es así. De hecho, no me sorprendería que quien recibió las bitácoras desapareció esa adrede.

— ¿Qué? —Dijo ella con todo el asombro que pudo fingir— ¿Por qué alguien haría eso?

El mago, siguiendo el juego de la coquetería, le hizo una seña para que ella acercara su oído, Amira se apartó el cabello lentamente y se acercó dócilmente.

—Pasa… —dijo Aaron, susurrándole—… que esa noche, los Aurores tuvieron que ceder mucho terreno de trabajo de acción y monitoreo a terceros.

Amira se volvió aún sin alejarse, todavía muy cerca del mago— ¿Terceros?

Aaron asintió— Los magos de Dumbledore —dijo en un susurro.


— ¿Hubo suerte? —preguntó Sebastian McGrath cuando Edward apareció dando vueltas en una de las chimeneas de Serafina.

—Nada —contestó Edward— intenté entrar por la conexión de la casa principal, también está bloqueada.

— ¿En serio crees que está allí? —Pregunto Serafina— Podría estar en cualquier lugar.

—Si alguien quisiera atraparme a cualquier costo, yo también me atrincheraría en el lugar más seguro que conozco —resopló Edward— esa es la casa del Norte.

— ¿Por qué? —Preguntó Taylor— ¿Qué tiene de especial? Hasta donde sé, Philip nunca le dio uso.

Edward se pasó las manos por la cabeza, a cada minuto que pasaba, solamente miraba el reloj, luego las manos. James había notado que luego se pellizcaba la piel alrededor de las uñas, era como una especie de ritual obsesivo.

—Esa casa está encantada y reacciona cuando alguien quiere dañar a Theo. Estoy seguro de que allí es donde está —dijo apretando la mandíbula— Intenté que alguno de los elfos me llevaran, pero es como si hubieran sido programados para repetir lo mismo: Que solo obedecen a los Nott —mascullo— Aunque si pongo a uno bajo imperio…

—No funcionará —apuntó Taylor— Mi padre me contó que los elfos de Nott tienen órdenes de ser furtivos si alguien quiere usar magia con ellos. No sería la primera vez que matan a alguien. Durante la primera guerra, el viejo elfo de Philip mató al menos dos magos en la peor parte de la guerra, eso hasta donde sabemos.

James, consternado, siguió en silencio mientras los magos allí reunidos discutían. Miró el reloj, ver como las manecillas avanzaban era demasiado para soportar. En camino hacia allí, Edward le había contado lo que había pasado y el estado en que vieron a Theodore. Se sentía completamente impotente sin poder hacer nada.

Fue en ese momento que el otro vociferador llegó. El de Theodore.

Era su voz, James lo sabía. Escucho atentamente con esperanza primero, pero según fue recitando sus palabras, a la esperanza la fue invadiendo el miedo. En el mensaje, Theodore no sonaba tranquilo, sonaba cansado y él podía notar que hacía el esfuerzo para sonar firme, sin embargo, él podía distinguir las pausas difíciles.

El mensaje terminó y ninguno de los otros cuatro magos presentes dijo nada de inmediato.

Sin embargo, Edward parecía niño en navidad, con una sonrisa radiante, se volvió hacia todos— ¿Ven? Se los dije —dijo complacido, sin embargo, de un momento a otro, su rostro fue sombrío de nuevo— Pero… ¿Por qué no nos ha llamado? —Dijo mordiéndose el pulgar— debería habernos llamado —murmuro— Estaba herido. Debería habernos llamado —dijo aún más bajito.

En silencio, sin prestar atención al ambiente, James se levantó de su butaca y quiso salir al jardín a tomar aire, pero apenas dio un paso, alguien le sujeto del hombro.

— ¿A dónde vas? —dijo McGrath, sujetándolo con quizá algo de fuerza.

— ¿Es Theodore? —había preguntado Magellan esperanzada.

— ¿Es el vínculo? —dijo Taylor.

Los tres habían hablado al mismo tiempo e incluso Edward le miraba atento. James solamente negó con la cabeza y todos los rostros ansiosos mostraron decepción.

James había sido llevado allí por Edward por el simple hecho de estar vinculado a Theodore. Todos ellos creían que en cualquier momento James sería llamado mediante el vínculo y por eso no dejaban que desapareciera de su vista en ningún instante. Edward en especial no le quitaba la vista de encima en ningún momento, pero al menos le dejo participar activamente en la búsqueda que hicieron durante la noche, haciéndole creer que colaboraba, pero en realidad solo lo había usado como una especie de radar.

"Pero soy un radar inútil" pensó hastiado. El vínculo con Theodore nunca se completó.

—Quiero un poco de aire —murmuro.

—Iré con él —dijo Edward en un suspiro.

McGrath parecía a punto de decir algo, pero Serafina lo detuvo.

—Vamos James —dijo Edward— enfriemos la cabeza un poco.

Ya afuera, Edward se acuclillo en el césped y comenzó a arrancar sus pequeñas hojitas con los dedos— Esos tres no son de confianza —dijo de pronto— le tienen cariño a Theo pero también le tienen pánico a Philip. Luego de ese mensaje, solo es cuestión de tiempo para que ellos decidan un bando.

James sintió que el estómago se le volvía— ¿Q-Que estás diciendo?

Edward le miró— Lo que oíste. Philip acuso a Theo de estar bajo imperio y ordeno atraparlo. Theo acaba de anunciar que todo es una trampa, pero no está llamando a los magos a jurar (como debería haber hecho), si no a replegarse. Eso no va a cuadrar para nadie, lo que resultara en que todo mago del Dominio que tenga una gota de ambición interpretara toda esta situación como la mejor de todas para atacar a los que estén por encima de ellos. Si una cabeza de familia dice que seguirá las órdenes de Philip, los que quieran destronarlo dirán que hay que creer en Theo, y viceversa. Sera un completo desastre —dijo en un suspiro— Mira disimuladamente al salón ¿Qué están haciendo?

James miró de reojo y vio a los tres reunidos, bastante juntos— Están hablando —contestó.

—Obviamente, esos tres están calculando que hacer con nosotros. Tú estás vinculado a Theo y ellos saben que yo jamás iré contra algo que él pida. ¿Por qué crees que Serafina no dejó que McGrath nos detenga? Si alguien va a tomar el control ahora, seguramente será él. Taylor no tiene suficiente respaldo para oponérsele y por muy leal que sea Serafina, sería estúpida si toma la ofensiva contra McGrath, la mayoría de los magos en la primera línea son de él y están muy bien organizados, así que en cualquier momento los llamara y hará que nos encierren.

— ¿Estás diciendo que McGrath destronará a los Nott?

— ¿El confiable McGrath? —Preguntó Edward conmocionado— Para nada —dijo en una especie de risa— Él no hará eso, él es un aliado leal. Él tomará el control del desastre, lo apaciguara por la fuerza, seguramente —dijo en un suspiro— y obedecerá al pie de la letra lo que dice el mensaje de Philip mientras espera una nueva orden. Lo que significa… —masculló mientras lanzaba las pequeñas hojitas de césped al aire— que va a cazar a Theo. Hay que detenerlo ahora.

James sudó frío en ese momento. McGrath. Ir contra McGrath. Era una locura.

— ¿Cómo vamos a…?

—No pierdas la cabeza —Edward le sonrió— Yo lo haré —dijo mientras se ponía de pie y se sacudía las manos— les tenía fe a esos magos, pero supongo que llegó el momento de jugar sucio. Espera aquí, y por nada vayas a entrar. Es mejor que solo seas espectador. Nos servirá luego.

James miró desde el jardín como Edward entraba. Los otros tres magos se volvían a él, Taylor quería salir, quizá queriendo ir por James, pero Edward se le plantó delante y comenzó a hablarles. Serafina se cruzó de brazos, pero luego dejo de hacerlo, totalmente impresionada. Taylor negaba con la cabeza. Ambos, mirando a McGrath.

Edward se encogía de hombros, siempre sonriente.

McGrath se puso pálido, luego replico.

Edward contesto.

Luego McGrath parecía estar gritando, totalmente descontrolado.

Edward, aún sonriente, se cruzó de brazos y se mantuvo imperturbable, o lo estuvo, hasta que McGrath se acercó a él y le dio un puñetazo en la cara tan fuerte que derribó.

McGrath caminó hasta las chimeneas y sin mirar hacia atrás desapareció en un remolino de fuego azul. Edward se levantó, se sacudió la ropa y luego siguió hablando, apuntó a Serafina, luego a Taylor; les dio la espalda y salió de nuevo hacia el jardín.

James, totalmente impresionado, se le quedó mirando sin poder decir nada. Edward se estaba limpiando el labio con la manga de la túnica cuando se acercó a él— Listo —murmuro— ahora, nos vamos.

— ¿Qué? ¿Irnos? ¿A dónde?

—A mi casa —murmuro— necesito dormir. Tú también. En unas horas va a amanecer, dudo que pase algo en unas horas, todos deben estar ocupados haciendo planes. Las lechuzas volaran hasta que salga el sol.

Edward tenía razón pues cuando ambos llegaron su casa al menos una decena estaba posando en su ventana.

—Pensé que tendríamos más tiempo —dijo él con un suspiro lastimero mientras abría la ventana y las lechuzas ingresaban hasta el perchero con alimento y agua— Creo que no. Al menos puedo darles de comer a las aves.

— ¿De quiénes son? —preguntó mirando a los animales.

—De traidores —dijo una voz femenina a espalda de ellos.

James se giró rápidamente y con la varita en alto, pero totalmente descolocado cuando Edward se quedó de espaldas y levanto las manos.

—En la cara no, por favor —dijo mientras se giraba despacio.

Pero a la bruja recién llegada no le importo la petición e hizo que chispas rojas le dieran justamente contra su rostro, derribándolo al instante. James intentó lanzar un hechizo, pero fue repelido y antes de poder reaccionar de nuevo, la bruja saltó contra él, le derribo y le quitó la varita.

—Imperio

Escuchó antes de que todo se pusiera negro.

Puede que sucediera porque era un Legeramente innato, puesto que por propia supervivencia, un legeremante tiene que saber ser también oclumante. Era bien sabido que bajo imperio solo tienes lagunas mentales y nadie sabe exactamente lo que se siente. Sin embargo, James podía ver todo lo que pasaba frente a sus ojos, solamente no tenía control completo sobre su cuerpo.

La bruja, a la que reconoció luego como Laurina, la que hasta hacía poco era una especie de mano derecha de Philip, era quien le había maldecido. Luego de atacarlo, sacó una capa que traía en la bolsa y se la puso a él, subiéndole incluso la capucha. Luego, ella también se cubrió. Hizo con él una aparición conjunta y llegaron hasta una zona del callejón Knockturn y le hizo caminar por calles solitarias y oscuras.

James imaginaba todo tipo de escenarios en su cabeza, al mismo tiempo que intentaba encontrar un modo de liberarse del maleficio. No había modo seguro comprobado, pero todo lo que había escrito acerca del Imperio era que se superaba con mucha fuerza de voluntad. Y Oclumancia.

Laurina daba órdenes cortas, "izquierda", "derecha", "alto". Pero caminaban y caminaban. Al final, hizo que se detuvieran frente a una enorme puerta marrón y desgastada, toco tres veces y pronto alguien abrió una rendija por donde solo podían observarse ojos. Laurina sacó una bolsita de cuero tintineante y la balanceo frente a ella.

La puerta se abrió.

Una vez dentro, Laurina entrego la bolsita y camino del brazo de James hasta una especie de chimenea retorcida y con runas mágicas talladas sobre ella: Una chimenea ilegal. Laurina le ordeno entrar, luego entró ella, tomó polvos flu y desaparecieron en una llamarada verde.

La intensa luz del fuego mágico le cegó durante un instante, pero cuando Laurina le hizo avanzar. Allí, todo era un desastre, reconoció el lugar al instante. La fuente principal destruida, cristales por todos lados y agujeros en muchas partes de las paredes. En el lugar no había nadie y cruzaron en silencio por los pasillos maltrechos de algunos de los ambientes, entonces otro mago los alcanzó, pero este no dijo nada, solo tomó la delantera y Laurina ordeno seguirlo. El nuevo mago los condujo hacia el elevador, pico algunos botones como si fuera una especie de clave secreta y luego el elevador trabajó. James perdió la cuenta de cuantos giros dieron.

—Sigan el pasillo a la derecha hasta el final —dijo el mago cuando las puertas del elevador se abrieron— Habrá guardias en la entrada. Ya saben que van para allá.

Laurina no contesto, solamente habló para ordenar a James avanzar.

El pasillo era oscuro y el ambiente muy helado. Caminaron lado a lado por mucho tiempo. James solo podía comenzar a sentir pánico. Todo estaba más oscuro y cada vez hacía más frío, incluso podía ver su propio aliento cada que respiraba.

Al final, llegaron ante los guardias que el mago menciono.

—Queda una hora —dijo uno de los magos.

Laurina asintió. Uno de los magos le pidió su varita y luego de hacer una floritura con la propia apuntó primero a Laurina y luego hacia James. Después, ambos magos se hicieron a un lado dejando despejada la pared a sus espaldas.

Laurina le ordeno avanzar y cuando ambos se encontraron con la pared, la atravesaron como la entrada de la estación del Tren a Hogwarts. Del otro lado, todo estaba perfectamente iluminado, muy diferente a la penumbra del otro lado. James sintió los ojos lagrimear para acostumbrarse a tanta luz.

—Señor Nott, le he traído a James Craston —habló ella por fin.

James no podía expresar nada en su rostro, sin embargo, las sensaciones del cuerpo eran abismalmente distintas. Un escalofrío le recorrió entero.

—Acérquense —dijo ordeno el mago.

Laurina le ordeno avanzar y él lo hizo, pero por un instante pensó que si no estuviera bajo el Imperio James habría quedado petrificado ante lo que estaba delante de él.

Allí, en medio de aquel espacio estaba Philip Nott, sentado en una enorme y solitaria silla de madera gruesa y pesada, con cadenas que desprendían una especie de luz oscura envolviendo de los pies hasta sus rodillas y las muñecas hasta la altura de sus hombros. Tenía una venda alrededor de su cabeza y cuello, marcas de un golpe en su frente y el cabello entrecano suelto y algo desarreglado cayendo sobre sus hombros.

—Laurina ¿Por qué lo pusiste bajo Imperio?

—Era el modo más eficiente de traerlo —contesto la bruja.

—Retira el maleficio —ordeno Philip.

Laurina no obedeció de inmediato, pero de todas maneras lo hizo. Agitó su varita y James sintió que la rigidez abandonaba su cuerpo. Era como si hubiera estado atado y al mismo tiempo tirara con todo su cuerpo para soltarse, pues cuando fue liberado del maleficio sintió todo su cuerpo débil y se derrumbó, cayendo sobre sus propias rodillas. Se llevó la mano al pecho y por un momento lucho por respirar con normalidad.

— ¿Cómo está todo allá afuera? —preguntó Philip.

—Tenso —murmuro James sin pensar demasiado— Todos estamos preocupados por Theodore.

James frunció el ceño ante sus propias respuestas.

— ¿Está vivo? —Preguntó el mago— Por tu vínculo deberías saber si mi hijo está vivo ¿Puedes sentir que te llama?

—N-no —dijo antes de poder pensar sus palabras de nuevo— nuestro vínculo nunca se concretó.

James se cubrió la boca luego de haber dicho eso. Totalmente asustado, volvió a mirar a Philip.

—Calma, eso yo ya lo sospechaba. Después de todo, Theodore te vinculo por conveniencia, no porque le cayeras bien —dijo el mago— Estamos en una de las salas de interrogación de los Inefables. Aquí no hay espacio para las mentiras, los encantamientos no lo permiten —Philip parpadeo— Y… ¿ya atraparon a mi hijo?

James sintió que el aire le faltaba. "Atraparon" pensó rápidamente y con horror "dijo atraparon"— N-no —murmuro.

Philip soltó un respiro cansado— Banda de inútiles —masculló antes de mirar a Laurina— ¿Dónde lo atrapaste?

—En casa de Greengrass, él también estaba ahí. Parece que sabía que yo iba a atacarlos.

—Bastardo astuto —murmuro Philip Nott, luego miró hacia James— Bueno, supongo… que ahora… estás confundido.

—Si —dijo sin poder detenerse. James sacudió la cabeza, sentía que podría asfixiarse en cualquier momento— Señor Nott…

—Calma Craston, las cosas se ven mal ahora, pero podrían empeorar. Yo… no puedo confiar en Edward, no ahora mismo. No así, estando tan expuesto —dijo sonando cansado y mirando hacia sus brazos y pies encadenados— él tiene la idea absurda de que yo dañaré a Theo, está completamente seguro de eso ¿Puedes creer algo tan ridículo?

—N-no —pudo decir todavía más confundido, pero completamente convencido de ello.

James había pasado suficiente tiempo cerca de los Nott para estar seguro de que Philip siempre vio por el bien de Theodore. Siempre lo apoyaba, lo hacía participar en todo. ¿Cómo podría ser posible que Philip Nott quisiera dañar a su propio hijo?

—Edward se esfuerza mucho por parecer una mascota amigable, pero en realidad es como un animal astuto y rencoroso difícil de controlar —murmuro— Intenté apartarlo hace tiempo, pero mi hijo ya le había tomado tanto cariño que probablemente me hubiera odiado si lo hubiera hecho, así que solo me quedó vigilarlo de cerca llevándolo conmigo para todos lados. —Philip suspiro— Pero ha sido es una pieza bastante útil hasta ahora. Y claro, después de todo, tengo que reconocerle su lealtad. Y su promesa… es invaluable.

James continuó guardando silencio ante el monologo del Philip Nott, lo observó de reojo de nuevo y se fijó especialmente en la venda en su cabeza. ¿Era posible que se la hubiera golpeado demasiado fuerte?

"Idiota" se regañó a sí mismo.

— ¿Sabes si Theodore estableció el vínculo con alguien más?

—No —dijo James, de nuevo, la respuesta escapando de sus labios.

—Sé que Theodore le ofreció el vínculo a aquella niña, Granger ¿Sabes si lo concretó?

James entornó los ojos— No —dijo de inmediato— Theodore nunca menciono algo como eso.

—Supongo que no —murmuro Philip, mirando hacia la nada— de otro modo Edward también hubiera intentado traerla de su lado.

—Señor Nott —de ánimo a decir— ¿Qué está pasando?

—En menos de una hora me enviaran a Azkaban —dijo Philip— te llame a ti porque eres el vínculo de mi hijo, por lo tanto, la persona ideal para depositar mi confianza en esta situación tan lamentable. La única persona que lo puede ayudar verdaderamente.

—Usted envió el vociferador —preguntó antes de poder detenerse.

—No —dijo Philip— Laurina lo hizo, pero yo lo prepare de antemano. Siempre es bueno tener seguros y mi hijo ha resultado ser impredecible este último tiempo.

James sintió que se no podía respirar— ¿Theodore está bajo el imperio?

—No —contestó Philip— es peor, está confundido. Y en medio de esa confusión, otros pueden aprovecharse de eso y hacer que él cometa una estupidez. Y por otros, me refiero a una persona ¿No tengo que decir quien, verdad?

—No puede ser —murmuro James, consternado.

—Si puede —contesto Philip Nott— Veamos, cuéntame ¿Qué están haciendo mis magos? ¿Qué ha hecho McGrath? ¿Por qué no han atrapado a mi hijo de inmediato?

Entonces, James recordó lo que dijo Edward, que McGrath seguramente los encerraría a ambos y tomaría el control. "Claro" se dijo James "El confiable McGrath siempre haría lo correcto. Y lo correcto era obedecer a la cabeza, obedecer a Philip"

—Edward… Edward hizo algo —murmuro.

—Naturalmente —dijo Philip con cansancio— Edward siempre hace algo.

—McGrath se enfadó mucho. Le pegó a Edward en la cara y luego se fue.

Philip soltó un respiro cansado— Me pregunto con qué lo está chantajeando —murmuro Philip.

—No puede ser —murmuro de nuevo James— no es posible.

— ¿Qué te pidió hacer Edward? —preguntó Philip.

—N-no me pidió hacer nada. Fuimos… —dijo con voz temblorosa y con mucha duda— solo estábamos en su casa, él dijo que necesitábamos dormir. Que iba a ser una noche larga habían… habían lechuzas en la ventana y él dijo que pensó que habría más tiempo, les dio comida… y luego, luego Laurina lo atacó.

— ¿Edward se defendió? —preguntó Philip.

"En la cara no, por favor" había dicho Edward, levantando las manos.

James negó con la cabeza.

—Quizá no lo sepas, pero la casa de Edward no tiene ningún tipo de protección contra intrusos, solo un encantamiento que le avisa cuando alguien ha llegado. Seguramente sabía que iban a una emboscada segura —Philip soltó una especie de risa entrecortada— ¿Dónde cree Edward que está mi hijo?

—… él está seguro de que Theodore está en la casa del Norte. Pero no…

—No puede entrar —completo Philip y luego soltó una risa suave— Astuto. Muy astuto de tu parte, Edward —dijo con un tono divertido, pero luego volvió su atención a James— Los Inefables es un departamento en donde él nunca pudo tener influencia, así que se le ocurrió entregarte a ti en bandeja de plata a mí —Philip volvió a reír suavemente— James, ¿Confías en mí?

—No —dijo James y se asustó de inmediato— Señor Nott, todo esto es confuso —se apresuró a completar.

Pero Philip Nott solamente continuó riendo— Me gusta Edward —dijo entonces— Como piensa. Como trabaja. El cómo hace que esa mente caótica funcione tan bien. Jugar con él es divertido —dijo riendo de nuevo— quisiera jugar un poco más —dijo con una sonrisa cruel— pero no hay tiempo para eso. Mi hijo está en medio y tengo que ponerme serio ahora —Philip Nott centró sus profundos ojos azules ojos en los suyos— Edward te está usando. Te entregó a mí para que tengamos esta conversación, para que yo intente convencerte de ponerte de mi lado… seguramente asume que aislado y sin mis pociones a estas alturas yo estaré desesperado, que no estaré lúcido, que te entregaré la entrada a la Casa del Norte para que puedas ir por mi hijo… así, él puede emboscarte en el camino y convencerte de que soy la peor persona que existe y como no confías en mí, naturalmente le creerás. ¿Verdad?

—No lo sé —contestó James en un susurro. A estas alturas, ya no sabía que creer.

—En medio de tanta incertidumbre, lo sensato es dudar —dijo con aprobación— Por eso, te propongo algo. Te aseguro que eso despejara tus dudas.

Laurina lo hizo caminar hacia por el pasillo de vuelta y el mago del elevador los escoltó hasta las chimeneas. Aún no había amanecido, pero iban llegando magos a todo el lugar del desastre, gracias al mago que los escoltaba, nadie se les acercó. Entraron a la chimenea en silencio y llegaron hasta una especie de salón una casa pequeña.

Laurina salió primero y el prácticamente arrastró los pies afuera. Ella le devolvió su varita y se acomodó la capucha de la túnica— Esta es una casa de seguridad, pero seguramente Magellan ya sabe que estás aquí. Edward probablemente no tardará en aparecer y seguramente te acechará. Estoy segura de que habrá ideado alguna manera de rastrearte. Una lechuza llegará a medio día, cumple el pedido que te hizo Philip y deja que Edward te embosque. Escúchalo y créele si quieres, pero seguramente en algún momento te traicionara. Pase lo que pase, no intentes ponerlo bajo Imperio, encontró un método de repelerlo, solo conseguirás que te mate. Observa y decide —dijo escuetamente— pero recuerda, nuestro bando es el que va a ganar.

— ¿Ganar? ¿Acaso es un juego? —Preguntó James, mirando hacia sus propios pies— ¿Realmente esto es solo un juego?

Laurina, inesperadamente, le sonrió.

Aún una hora después de que Laurina se fue, James seguía en el mismo lugar en donde había decidido estar: Sentado en el piso, apoyado contra la pared y sujetando su propia cabeza. Miro hacia la chimenea y pensó que podría ir a casa… pero Magellan lo sabría y quien sabe cómo estaría la situación actualmente.

"¿Qué voy a hacer?" se preguntó mientras se estrujaba la cabeza con las manos.

Cuando la lechuza llegó, James dudo un instante, pero se armó de valor y desenvolvió el pequeño pergamino. En el interior tenía una runa oscura marcada con tinta que parecía más un dibujo hecho apresuradamente. James acercó uno de sus dedos de la mano izquierda y apenas toco el dibujo, el pergamino se convirtió en cenizas y la pintura se volvió una sustancia oscura y pegajosa que trepo por sus dedos hasta llegar a su muñeca y se volvió una pintura de nuevo sobre su piel, como si fuera un tatuaje.

Era todo. Ya estaba. Con eso tenía permiso para entrar a cualquier propiedad de los Nott.

James soltó un respiro largo, se cubrió con la túnica, guardo su varita y a paso decidido fue hacia la puerta. Afuera el sol era radiante y estaba en su punto más alto, magos caminaban por la calle y había un reducido parque donde niños pequeños jugaban a las escondidas en medio de risas. James se acercó a una banca y se sentó allí en silencio, mirando hacia sus zapatos.

Se quedó allí al menos por media hora, sentado y callado, esperando. Pasó media hora más, y siquiera se movió. Para entonces ya estaba harto.

—Iré a la casa del Norte en este preciso momento —masculló James en voz lo suficientemente alta para que las dos mujeres sentadas una banca más allá girara a mirarle con asombro— Aparece ahora o me iré solo.

Pero nadie apareció, así que se puso de pie e hizo aparición, sin embargo, incluso con la magia que le daba acceso, no pudo hacerlo. Luego, se dio cuenta que tampoco podía ir a las otras casas principales… entonces recordó que Theodore ordeno a las familias recurrir al encantamiento Fidelius, así que seguramente él había hecho lo mismo con las casas de su familia.

James, molesto, decidió ir a la casa Principal. Una vez allí, recorrió los pasillos desiertos y camino hasta el estudio principal, pues allí podría haber registros de las propiedades de los Nott e hizo una lista para poder ir a cada uno de ellos. Philip dijo que dudaba que Theodore estuviera en alguno de ellos, pues obviamente enviaría a alguien a buscarlo. Sin embargo, no estaba demás intentarlo.

— ¿Por qué enviarme a mí y no a Laurina? —le había preguntado James.

Philip había demorado en contestar— ¿Por qué lo haría? Laurina ya está de mi lado. Todo esto es para que te convenzas de unirte a mí.

Sin embargo, incluso eso le sonaba a verdades a medias, más que nada, por cómo lo había mirado Laurina mientras lo decía.

James quería gritar. Cuando terminó, miró el pedazo de papel en sus manos y entonces, decidió ir a esos lugares. Recorrió propiedades de todo tipo, casas pequeñas, medianas y casi grandes (no como las casas principales, pero tampoco pequeñas). Eran al menos una docena en toda Europa algunas en medio de la ciudad y otras en zonas rurales, todas con la particularidad de estar abandonadas y con todo el mobiliario cubierto para que no acumulara polvo. James entendió entonces por qué uno de los elfos de los Nott estaba exclusivamente asignado al cuidado de esas propiedades.

Solo le faltaba una por comprobar… y cuando llego al lugar, se encontró en medio de una especie de valle, con mucho bosque alrededor y con una enrome reja oscura como entrada a una casa tan grande como cualquiera de las principales, con una torre que se alzaba hacia el cielo. A diferencia del resto de las propiedades, esa sí que parecía estar en medio de la nada. James estiró la mano para tocar las pesadas rejas con la mano… pero entonces, otra mano lo detuvo.

James se apartó de inmediato, casi de un salto y pronto tuvo la varita en la mano apuntándole al recién llegado. Era Edward, quien al instante solo levantó las manos, como si se estuviera rindiendo.

—Hay magia negra allí —dijo, y sonó como si fuera una excusa.

— ¡¿Desde cuándo me has estado siguiendo?! —preguntó exaltado.

—Desde que saliste de esa lúgubre casa donde llegaste con Laurina por Red Flu —dijo serio— me he pegado a ti como chicle, igual que Laurina. Podía sentir que estaba cerca en el resto de lugares, pero es extraño, cuando llegamos acá, ella no nos siguió. No está aquí —luego, Edward dirigió la mirada hacia la muñeca de James— que linda marca. Hace algunos años hubiera dado mi brazo derecho por ella.

James sujetó con más fuerza su varita— Estás loco —murmuro con rabia.

—Solo lo necesario. —dijo aún con la mirada pegada a su muñeca, pero luego elevó sus claros ojos ámbar hacia su rostro y le sonrió suavemente— Seguramente Philip… te dijo que yo no era de confianza. Que te quiere de su lado. Que Theo está mal y él está bien. Es un buen mentiroso.

James soltó un respiro cansado, mientras negaba con la cabeza— Basta de todo esto —murmuro.

—No negó que el vociferador era suyo ¿O sí?

—No, pero…

—Pero… nada —dijo Edward serio y sonando incluso amenazante— tú oíste ese vociferador, esas horribles órdenes. A Philip no le importa Theo —luego, volvió a centrar la mirada en la mano de James— ¿Sabes que no te necesito vivo para quedarme con esa marca que tienes ahí? Solo tu mano…. —Edward volvió a levantar el rostro y sonreírle de nuevo— pero somos colegas ¿recuerdas? Te lo dije desde la primera vez que colaboramos. Me caes bien, James. Estamos del mismo lado —murmuro— Del lado de Theo.

James entonces, bajó la varita. Eso último no podía discutírselo.

"Observa y decide" había dicho Philip. Aún con dudas, pensó que era el mejor consejo que le podría dar nadie.

—Es la última propiedad para revisar —dijo James cansado— ¿Dijiste que tiene magia negra?

Edward sonrió— Si —murmuro mientras se subía la manga de la túnica, tenía tres brazaletes allí— estos detectan los niveles. Siento que podrían quemarme el brazo.

James tragó saliva y se volvió hacia las rejas— De todas maneras hay que revisar.

Apenas tocó la superficie de las rejas negras, la marca en su muñeca ardió como si le quemara, retiró la mano de inmediato y las rejas se abrieron. Edward parecía querer decir algo, pero James solo le lanzó una mirada cansada y avanzó. El lúgubre camino hacia las puertas eran de piedra y había un manto de flores amarillas por todo el césped descuidado y Edward caminaba tan pegado a él que era incómodo.

— ¿Podrías darme espacio? —preguntó fastidiado

—No me gusta ese lugar. Hay magia negra por todos lados —dijo Edward mientras caminaba y miraba con desconfianza a todos lados— tú tienes permiso para estar aquí, yo no. Si me alejo, puede que me caiga una maldición encima.

—Entonces espera afuera —le replicó.

—Eso no va a…

Pero Edward de pronto se quedó congelado en su sitio.

—… pasar —completo al mismo tiempo que apuntaba hacia las puertas de la casa— Sangre —murmuro— hay manchas de sangre en esa puerta.

A James le sorprendió que Edward pudiera notar eso a esa distancia, pero no alcanzó a decir nada, pues de pronto Edward comenzó a caminar más de prisa.

— ¡Espera! —gritó James, pero Edward no lo escucho, avanzó casi corriendo.

— ¡Theo podría está aquí! —gritó sin mirar atrás.

James vio que la puerta no estaba sellada, si no entreabierta. Edward entró dándole un empujón y se perdió en el interior. James entró poco después, casi corriendo, pero precisamente por eso fue que casi tropezó con una especie de mesilla rota que había cerca de la entrada. La esquivó de un salto, pero termino resbalando contra algo circular y termino chocando contra una de las paredes desgarradas tapizadas de rojo y se cayó de rodillas contra el suelo.

Había cosas rotas por todos lados… y las paredes, las paredes estaban desechas. Era como si hubiera habido una batalla campal allí. Entonces, escucho una especie de grito ahogado. James se levantó rápidamente y con la varita en mano continuó avanzando.

— ¿Edward? —Llamó— ¿Dónde estás?

James fue esquivando pedazos de muebles rotos, cuadros tirados en el suelo, envueltos en pedazos de tapiz de pared hecho jirones, avanzando despacio. Marcas de sangre por algunas partes del suelo, como si alguien se hubiera arrastrado por todo ese desastre.

A lo lejos, escucho un murmullo y siguió por un pasillo hasta unas escaleras, por la pared también había marcas de sangre que parecían haberse hecho con una mano ensangrentada.

— ¿Edward? —llamó de nuevo.

—Imposible —escucho que alguien murmuraba— Imposible. Imposible. No está pasando. No es verdad.

James pasó las escaleras saltando los escalones aún más de prisa al distinguir el lamento, imaginando lo peor. Al salir del pasillo, se encontró con una especie de salón que tenía más destrozos, allí, el olor a sangre inundaba el aire. Despacio, James se acercó con los oídos zumbándole y realmente no quería mirar, pues Edward estaba de espaldas, arrodillado en el suelo y murmurando palabras inentendibles en medio del desastre, sujetando algo entre sus brazos.

—No es verdad —murmuro con la voz rota.

— ¿E-es… Theodore? —preguntó en medio de un tartamudeo, estirando la cabeza.

"No, Theodore no tiene el cabello tan largo" pensó con alivio. James se acercó despacio y sintió más alivio cuando notó la ropa femenina en medio del charco de sangre.

— ¿Está muerta? —Preguntó— ¿Sabes quién es?

Edward no contesto, entonces, James se acercó más y le tocó el brazo. Edward se giró, completamente aturdido. James entornó los ojos, pues él estaba llorando y parecía que ni el mismo se daba cuenta de que lo hacía, pues se tocó la cara y descubrió sus propias lágrimas.

— ¿Por qué…?

Pero no pudo preguntar nada, pues Edward ya le había apuntado con la varita, maldiciéndolo tan rápido que no pudo defenderse.

Estando frente a esas enormes rejas negras de nuevo, James sentía que habían pasado siglos, pero siquiera había sido un año. Extendió la mano con la marca en su muñeca y toco las rejas, de nuevo volvió a sentir que podría estársele quemando la mano.

Las rejas se abrieron y él avanzó.

"Hay magia negra por todos lados" había dicho Edward hacía tanto tiempo… James en ese entonces no podía distinguirlo, pero ahora mismo sentía que podría vomitar. Bueno, es lo que hacía tener tantos amuletos mágicos y encantamientos protectores encima.

Laurina estaba a su espalda, muy cerca. Siempre callada, siempre mirando hacia todas partes. Mirándolo a él.

James no confiaba en ella. Y en base a los hechos, parecía Philip tampoco. No del todo.

Sin embargo, el tiempo apremiaba y en su actual misión necesitaba ayuda. El mismo Philip lo dijo, a estas alturas y por cómo iban las cosas, podría ser la única contingencia que les iba a quedar si querían ganar.

La casa estaba tal cual la última vez que estuvo allí, con muchas cosas rotas en el camino.

—Hay que ir al último piso —dijo James.

Laurina solo asintió en silencio, pero James notó que tenía la varita a mano.

Hacía algún tiempo le hubiera puesto nervioso eso, pero a estas alturas, raras cosas lo hacían. Cuando uno pasaba por tanto, como James había hecho, el miedo era algo para lo que ya no tenías tiempo, algo más que sortear y usar.

James avanzó primero y miró de reojo el pasillo que conducía a donde encontró a Edward llorando una vez.

"Edward, llorando" pensó con nostalgia "quién lo diría"

Aquella vez, a pesar de haberle noqueado con magia, Edward lo había engañado perfectamente para convencerlo de que estar de su lado era lo correcto. Encontrar a esa mujer muerta sirvió aquella vez para convencerlo de que Philip era una especie de monstruo.

"Pero incluso los monstruos tienen sus motivos" pensó James, reafirmando sus decisiones.

Una vez llegaron al último piso, James uso la marca en su mano para que el guardián de la pintura en la pared se hiciera a un lado. Él entró primero, Laurina entro después.

James fue primero hacia la pintura en la pared, el lugar donde el árbol genealógico de los Nott estaba.

—Philip nunca me dejo venir aquí —dijo Laurina— Es muy hermoso. Es una pena que este manchado con magia negra.

James asintió despacio y miro a la bruja de reojo— Busquemos pistas —le dijo.

Ella asintió con energía y comenzó a mirar alrededor, levantando cosas por aquí y por allá.

James dio una mirada al árbol una vez más. Los nombres brillantes allí eran tres, los primeros dos estaban unidos: Theodore y Philip. Miró más abajo y encontró el de Emma Nott.

"Si, está manchado con magia negra. Emma ya está muerta" pensó "y nos falta un Nott"


— ¿No crees que es demasiado? —preguntó ella por tercera vez.

A Theodore no le gustaba repetir las cosas y realmente su paciencia no era la mejor en los últimos días. Bien podía decirle que era suficiente, sin embargo, por alguna razón no lo hizo.

Pronto serían las vacaciones de navidad y él se marcharía para regresar recién en año nuevo, mientras, Hermione se quedaría en el Castillo. Él le había contado a ella que sería un tanto problemático todo, pues como en anteriores años, su familia tenía que dar fiestas enormes y sus tareas eran mayores ya que su padre aún continuaba en Azkaban.

Entonces, ella había curioseado acerca de eso. Acerca de las tareas. Theodore se había mostrado receloso de inmediato, pero cuando ella siguió hablando acerca de lo difícil que seguramente era todo, hizo que Theodore bajara la guardia al darse cuenta de que no lo estaba cuestionando, sino solamente estaba preocupada.

—No, todo está bien —dijo hojeando el libro en sus manos. Pero ella seguía mirándolo con esos ojos preocupados, tan difíciles de ignorar. Theodore soltó un suspiro— Mira… no es tan descabellado creer que puedo manejar esta situación ¿No crees? Haré que todo funcione esa semana en casa. No es la primera vez que estaré a cargo.

—Pero…

—Pero… —repitió él, casi al mismo tiempo— haré todo bien.

—No me refiero a eso —replicó ella— tu padre…

Theodore entonces se puso tenso. Últimamente no le gustaba hablar de su padre— Mi padre está en Azkaban. Te lo dije antes, no tiene sentido pensar en eso —dijo restándole importancia— olvídalo.

— ¿Por qué te estás obligando a eso? —dijo ella.

— ¿Disculpa?

—Eso —murmuro— cada vez que menciono a tu padre dices que no tiene sentido pensar en eso.

Theodore soltó una pequeña risa— Porque no lo tiene.

—No lo creo.

Theodore entonces borró la sonrisa de sus labios— Bien. Después de todo, eres libre de creer lo que quieras.

—Dijiste que hablaríamos siempre —dijo ella cruzándose de brazos— Estás huyendo de esta conversación.

Él entrecerró los ojos y aunque tenía intenciones de levantarse e irse, no se movió.

"Me arrancaste una problemática promesa" pensó hastiado.

Nadie se atrevería a hablarle así, sin embargo…

Theodore entonces, apoyo el rostro contra una de sus manos, clavando sus ojos en los suyos— ¿Qué quieres saber?

Y ella de nuevo tenía esa mirada…

—No es un interrogatorio —dijo sonando hastiada también, sacudió la cabeza y parecía querer gritar.

Divertido, por supuesto. Al final, ella también apoyo el rostro en sus manos y parecía estar haciendo cálculos mentales complicados en su mente. Fruncía el ceño, lo ablandaba, movía sus pupilas de un lado al otro. Fruncía los labios, luego no.

Toda una batalla interna.

Divertido.

— ¿Odias a tu padre? —preguntó ella entonces.

Por un instante, Theodore siquiera sabía que contestar.

— ¿Qué? —Alcanzó a decir con una pequeña sonrisa falsa— ¿por qué ibas a pensar algo como eso?

Contestar una pregunta con otra siempre conseguía ganar tiempo. ¿Qué clase de pregunta era esa? Él definitivamente… definitivamente…

"¿Yo…?" pensó confuso. Inevitablemente, miró hacia sus manos.

—De acuerdo, de acuerdo —dijo ella nerviosamente— eso ha sido demasiado rudo. Yo solo… —titubeo, sacudiendo la cabeza— mira… recuerda que conocí a tu papá el año pasado y me pareció que ustedes eran muy unidos, pero ahora él está en Azkaban y nunca lo mencionas. Ni siquiera lo has visitado y evitas hablar siempre de todo lo que tenga que ver con él… —dijo con voz bajita— lo llamas mortífago y… yo no puedo evitar pensar… que tienes un problema con él.

"Por supuesto que tengo un problema" pensó Theodore, ya con la mente algo más clara "Lo necesito lejos y sin poder. Necesito… Necesito… hacerme cargo"

Theodore sacudió la cabeza. No quería pensar en eso.

—No lo odio —murmuro, luego levantó la cabeza y miró a Hermione a los ojos— pero actualmente no es mi persona favorita.

— ¿Porque ataco al Ministerio?

—No —mintió— él era la cabeza en ese momento, tomó una decisión que creyó que le convendría y falló. Puedo juzgarlo por poner en peligro la neutralidad, pero no lo odiaría por eso —se encogió de hombros— Él se ganó la entrada a Azkaban con sus propias manos.

—Entonces… ¿Por qué evitas hablar…?

—Mi padre… debe permanecer en Azkaban —dijo entonces sin poder detenerse— es lo que a mí me conviene.

Ella, por supuesto, se mostró consternada— Pero… es tu padre…

—Si —murmuro él— mi padre. Y lo quiero lejos.

— ¿Por qué?

Theodore pensó la respuesta. No podía decirle que era el rehén perfecto para negociar tanto con el Ministerio como con el bando del Lord. Así que opto por algo muy lejano, algo que a ella la convencería.

Entonces, le contó el asalto de legeremancia que su padre le hizo. No escatimo en detalles. El cómo se sentía que alguien hurgara en tu cabeza, lo mucho que dolía, lo traumático que podía ser.

Al final, le contó el motivo.

—Creyó que yo le mentía.

— ¿Acerca de qué? —preguntó ella.

Theodore no contesto de inmediato. "No soportaba que yo tuviera secretos" pensó mecánicamente.

—Algo trivial. Nada importante —dijo encogiéndose de hombros— pero supongo que solamente quería dejarme en claro que sin importar qué, él siempre tendría la razón.

Ella entonces se acercó a él y extendió ambos brazos para darle un abrazo reconfortante. Theodore no se movió ni dijo nada y como las anteriores veces, no le devolvió el abrazo y en su lugar solo le dió unas suaves dos palmadas en uno de sus hombros.

—No es necesario —le dijo.

—Yo lo necesito —murmuro ella sonando triste.

—Está bien —murmuro Theodore, bajando la mano y quedándose quieto de nuevo.

De alguna manera, para Hermione Granger estar triste era motivo suficiente para lanzar sus brazos hacia él y sin necesidad de avisarle primero. Solo lo hacía y ya.

A ella se le daba por abrazarlo mucho.

Theodore, algo cansado, apoyo el mentón en su hombro y se quedó allí, esperando a que ella se apartara.

Extrañamente, esta vez se sentía algo adormilado. Por un instante, se permitió cerrar los ojos.

Esa noche fue la cena de despedida de los alumnos que tomarían las vacaciones. Hubo un gran banquete y el Director dio un discurso.

Mientras Dumbledore hablaba, Theodore se quedó pensando en algo muy seriamente.

Cuando Hermione preguntó si odiaba a su padre, solo dio una respuesta rápida pero lo analizo con cuidado durante la tarde y llegó a la conclusión de que no lo odiaba. Pero ahora, pensando al respecto… a quien no soportaba ver, era precisamente al Director. Y no era la primera vez que pensaba en eso, solo que había ignorado el asunto.

Cuando se recostó… siguió pensando en ello, ya que no tenía sentido. Después de todo, Dumbledore no le había hecho nada.

En el sueño, Theodore llegó a la casa del Oeste en un suave "Plop". Era entrada la noche y la luna brillaba, iluminando un poco de la penumbra del solitario y silencioso salón.

¿Cuánto tardarían las alertas mágicas en aparecer en los radares del Ministerio?

Él supuso que sería inmediato, sin embargo, nada sucedía. Theodore, manteniéndose silencioso, se arrebujo en su enorme capa y contuvo un escalofrío. Sentía que la cabeza iba a darle vueltas, Iba a tener un lapsus de nuevo.

Acababa de huir de nuevo, esta vez de Edward y McGrath y al único lugar que se le ocurrió ir fue a aquella casa, solo porque su padre le dijo una vez que si todo salía mal, en el peor de los casos debía de ir allí. El Ministerio vigilaba cada movimiento en esa casa y si él aparecía allí, los aurores enviarían a alguien a revisar.

Un auror era un mago poderoso. Un auror era igual a seguridad.

Theodore estaba tan asustado que actuó por miedo. Miedo a su padre.

Theodore llevó su mano hasta el anillo de su collar y el hechizo de paz se extendió por su cuerpo.

"Si no tuviera esto, seguramente ya me hubiera vuelto loco" pensó, pero luego recordó donde estaba y solo pudo soltar una risa nerviosa "No, ya debo estar loco. Huir de mi padre pero seguir usando sus conejos"

A la luz de la luna, se miró la mano y se dio cuenta de que estaba manchada con sangre pegajosa. Theodore apretó los dientes y se lanzó un hechizo para limpiársela. Como siempre usaba guantes, estaba acostumbrado a que cuando se ensuciaba, solo tenía que quitárselos y ponerse otros. Pero sus manos estaban desnudas, esas manchas sencillamente no se iban.

Theodore entonces, miró por debajo de la capa, su ropa estaba también manchada y estaba sucia. Él se abrió la capa e intentó sacudirse la ropa nerviosamente con las manos, pero entonces se dio cuenta de que el lugar donde Emma le había apuñalado estaba húmedo por sangre, de nuevo se manchó las manos.

Sangre.

Todo por sangre.

Theodore sentía que le faltaba el aire y solo quería salir de allí. Se llevó una mano a la cara, pero entonces se dio cuenta de que se estaba manchando la cara también. Nervioso, intentó limpiarse la mejilla con la manga de la capa.

Así fue como lo encontró la Auror.

—Identifíquese —dijo la bruja con varita en mano, parada a su espalda. Theodore se dio vuelta y mantuvo las manos a la vista. La bruja bajó la varita y masculló algo mientras lo miraba de pies a cabeza— Merlin —murmuro mientras intentaba acercarse lentamente— Muchacho ¿Qué te pasó? ¿Estás herido?

Theodore se aclaró la garganta— Auror —murmuro— necesito que me lleve con el Jefe de la oficina de Aurores. Necesito… protección del Ministerio. Estoy dispuesto a negociar.

La bruja frunció el ceño— ¿Quién eres, muchacho?

—Theodore Nott, mi nombre es Theodore Nott —dijo automáticamente y con pesar— Philip Nott es mi padre.

"Mi padre" repitió en su mente.

La bruja entornó los ojos y por un instante se quedó con la boca abierta, sin embargo, actuó de inmediato— Por supuesto —murmuro. La bruja se arremango la manga de la túnica y tocó uno de sus brazaletes con la varita, luego, se acercó a él— Acabo de dar aviso a quien podrá ayudarte, llegará aquí en un momento. No te preocupes, Theodore Nott, estás a salvo ahora.

¿De verdad? Pensó mientras se arrebujaba en su capa de nuevo. Ponerse en manos del Ministerio era una locura, sin embargo, por cómo iba todo ¿Qué otra cosa podía hacer ahora? Su padre le había tendido una trampa. No podía recurrir a los magos, no con ese vociferador anunciando que podía estar bajo Imperio. Nadie lo escucharía.

Al igual que cuando llego la Auror y pudo sentir su presencia mágica, sintió cuando otra persona irrumpió. Después de todo, era su casa, por más alertas mágicas que hubiera.

Cuando vio la cara del mago que llegó, Theodore se sintió un gran tonto, sin embargo, en lugar de enfadarse sentía que le iba a dar un ataque de risa.

— Yo pedí al Ministerio… —dijo en un murmullo— ¿Qué hace usted aquí?

—Theodore —dijo el anciano mago— debes creerme cuando te digo que recurrir al Ministerio es lo peor que podrías hacer ahora. Un futuro incierto te esperaría. Philip ha sido tomado por los inefables, nadie le tendrá estima a su hijo.

—No necesito la estima de nadie —mascullo Theodore— solo un buen trato.

—Por eso estoy aquí —dijo el anciano— puedo ofrecer mejores cosas que el Ministerio.

—No —contesto Theodore, dando un paso atrás— no puede.

—Oh, estoy seguro de que si puedo —refuto el mago, dando un paso adelante.

—No lo creo.

—Pruébame ¿Qué es lo que pedirás al Ministerio?

—Mi padre… —murmuro mirando hacia el suelo— en Azkaban. De por vida.

—Puede arreglarse —dijo Dumbledore.

Theodore entonces, levantó la cabeza y miró esperanzado al anciano mago— ¿Puede? ¿Realmente puede hacerlo?

—No existe nada imposible —le dijo mientras miraba alrededor y se apoyaba contra uno de los sillones del salón. El anciano mago se veía cansado— Pero necesitaremos un buen motivo. Los Inefables lo entregaran a Azkaban, pero él podría ser liberado presionando al Ministerio o pactando con el.

Theodore frunció el ceño— Entonces debo pactar con el Ministerio primero.

Dumbledore negó con la cabeza— El Ministro puede ser reemplazado, cada administración cierra sus propios tratos y Philip tiene el suficiente poder para influir en el siguiente Ministro. Necesitamos algo muy grave para que el Wizengamont lo juzgue y no permita que sea liberado… —Dumbledore le miró a los ojos entonces— si tú vas a colaborar, seguramente hallaremos algo lo suficientemente bueno para eso, con todas las pruebas necesarias.

—Mi padre… es un asesino. Mató a Vitali Petrov, se hacía llamar Petro. Su cuerpo aún debe estar en el Ministerio. Tuve que dejarlo atrás —Murmuro, y entre un pestañeo y el siguiente, podía aún ver cómo es que él se desplomo en el suelo luego de una barra de metal le atravesara la cabeza, todo por su culpa. Gran parte de la sangre que Theodore tenía sobre la ropa era porque se tropezó con su cuerpo y cayó sobre el charco de su sangre mientras huía— también… él estuvo detrás del asesinato de la familia Rosier hace años. Y de los Praethor que los protegían. Él también es… es un secuestrador —dijo con dolor— Secuestro y torturo a Emma todo este tiempo.

Dumbledore entornó los ojos— ¿Emma?

Theodore asintió despacio y de nuevo sintió que se le oprimía el pecho— Era su sobrina. Era familia —dijo con la voz entrecortada— No debió hacerle eso.

— ¿Emma Nott? —Preguntó Dumbledore con urgencia— ¿Está viva?

Theodore no contesto, solo negó con la cabeza.

— ¿Philip la asesinó?

"Nunca, ¡nunca! No para ti"

Theodore entonces, se sujetó la cabeza. "Basta" se dijo "Basta"; pero estaba entrando en pánico de nuevo. Estaba viendo a Emma frente a él de nuevo. Y recuerdos. Recuerdos y más recuerdos. La conversación con su padre. La conversación sobre Emma.

—Yo no… yo… —dijo intentando hilar las palabras— ella… ella había enloquecido. Mi padre, él la hizo así. Yo quería ayudarla... yo solo… quería ayudarla y todo estaba bien, pero… luego yo no sé qué hice mal… ella me apuñalo. Luego ella solo… ella…

Theodore se llevó una mano al pecho, quería respirar y un nudo en la garganta se lo impedía.

Una mano se posó entonces en su hombro, Dumbledore se había acercado hasta él y le miraba desde arriba con una ojos preocupados

— Calma —dijo tan suavemente que dolía— Calma. Sea lo que sea que haya pasado, tú estás aquí y quieres hacer lo correcto. No es tu culpa.

De alguna manera, oír eso logró tranquilizarlo más que usar el anillo.

— ¿Sucedió esta noche?

Theodore asintió.

— ¿Podrás guiarnos a donde está su cuerpo?

Theodore, con dolor, asintió de nuevo.

—Bien —dijo Dumbledore— ¿Philip te ha hecho algo a ti?

Theodore sentía que iba a llorar, el nudo en su garganta era horrible, pero de todas maneras asintió— Por años… él jugo con mi cabeza —murmuro— Legeremancia, obliviate, todo por la fuerza, pero no estoy seguro si hay más.

Dumbledore asintió— Asesinato y tortura son lo suficientemente escandalosos y si eres tú quien lo acusa, no la tendrá fácil. Lo enviaremos a Azkaban.

—Si —murmuro Theodore con nerviosismo— Azkaban.

—Es como debe ser —murmuro el viejo mago— Ahora… en cuanto a ti… Tenemos mucho trabajo que hacer.

Theodore asintió, se dio vuelta y se frotó los ojos— Si, profesor —murmuro— ¿Qué debo hacer?

—Alianza mágica —dijo Dumbledore de inmediato.

Theodore se congeló en ese instante— ¿Alianza? —preguntó mientras se volvía despacio.

—Aún no es mayor de edad —dijo Dumbledore— y según se, Philip aún no te heredo los juramentos de los magos del Dominio de tu familia. Si quieres tomar sus vínculos, habrá resistencia. Debes separar a los leales de los que no. Con el apoyo adecuado, todo irá bien.

— ¿Apoyo?

—El mío, por supuesto —dijo el anciano con una sonrisa amable— El de la Orden. Hay muchos magos conmigo. Además, tengo un excelente trato con el Ministerio.

—Pero el Ministerio no me aprecia. Usted mismo lo dijo.

—Lo hará si eres mi aliado —contestó con un rostro amable y extendiendo su mano.

Theodore, sin embargo, guardó silencio y se quedó muy quieto mirando la mano del viejo profesor.

—No suena justo —murmuro Theodore, su mente nublada comenzando a funcionar entre todo el aturdimiento— Tengo más de treinta familias. Y usted va en contra del Lord. Si somos aliados, usted nos va a llevar a la guerra.

El profesor soltó un suspiro— Philip ya los llevó a la guerra —dijo— acaba de atacar al Ministerio.

—Mi padre, él atacó el Ministerio; no los magos del Dominio —replico Theodore, dándose cuenta de ese detalle.

—No convencerás al Ministerio de eso —contesto el anciano— no sin alguien que te respalde.

—Claro que puedo —dijo Theodore, mirándole a los ojos— Tengo las treinta familias. El Ministerio no me querrá como enemigo —dijo sin pensar demasiado— Somos neutrales. A todo el mundo le conviene que seamos neutrales.

Dumbledore soltó una risa que le sonó cruel— No tienes una sola familia. Ni un solo vínculo. Philip sigue siendo la cabeza del Dominio, él tiene el poder, no tú. No tardará en salir de Azkaban, incluso estando allá va a dar órdenes y esas familias que imaginas tener te darán la espalda. No tienes salida.

Theodore apretó los dientes con impotencia. Tenía razón, Dumbledore tenía razón.

—Escuche que hay un vociferador circulando por ahí. Uno con la voz de Philip que dice que estás bajo el maleficio Imperio —murmuro el anciano— Él lleva años construyendo esa imagen de Padre dedicado. Si sales al mundo y anuncias todo lo que ha hecho Philip, nadie te creerá. Todos asumirán que solo quieres destronarlo. Aunque por un milagro aun tengas leales y consigas apoyo, al final Philip ganará y los destruirá como solo él sabe hacerlo. Te quedarás solo.

El anciano volvió a extender su mano— Estás herido. No tienes apoyo. No tienes poder. No tienes credibilidad. Eres el hijo de un mortífago —dijo mirándole de pies a cabeza— y Merlin sabe lo que has hecho esta noche —murmuro— Los Nott siempre han sabido ceder cuando la situación lo requiere, y esta situación, lo requiere. Habrá guerra, Theodore. Eres listo, al final vas a querer estar en el bando ganador.

Theodore entonces se echó a reír— Que suerte… —dijo en un murmullo cansado— que fue usted quien vino —dijo pasando una mano por su cabeza— Usted también es listo, sabe cómo convencer. No me trata como una víctima. Probablemente otra persona hubiera tenido compasión al verme y escucharme —Dijo sonriente y llevándose una mano a donde Emma le había apuñalado, aún más húmedo por sangre que antes— Estoy cubierto de sangre y sabe que estoy herido, pero ni siquiera me ha preguntado qué tanto, probablemente asume que no debe ser grave porque estoy de pie —dijo conteninedo la indignación— Usted no va tenerme compasión. Usted ya tiene analizado todo y vino preparado para sacar toda la ventaja que pueda de mi —Theodore extendió su mano, pero solo fue para apartar la del anciano con educación— No hay trato.

Dumbledore mudó de expresiones su rostro, llevó ambas manos a su espalda y levantó la barbilla— Piénsalo un poco. Mi consciencia no me dejaría dormir si te dejo a la deriva.

— A mí me parece que dormirá perfectamente — replicó entrecerrando los ojos

— ¿Cómo podría? —Replicó— Mis estudiantes son siempre mi preocupación principal. Tengo a tres en San Mungo justo ahora. Dos chicas y un chico, el resto está en la enfermería de Hogwarts. Valientes todos ellos, decidieron incursionar en el Ministerio esta noche, no debían, pero lo hicieron por Harry. Me pone triste, pero a la vez orgulloso. La lealtad es una cosa muy preciada estos días.

Theodore apretó los puños— Lo es.

—Los amigos siempre son…

—Yo no tengo amigos. —Respondió Theodore violentamente— No va a tener la alianza que tanto quiere.

—Piénsalo de nuevo, —dijo el mago— no tienes más opciones y...

Theodore entonces solo se subió la capucha de la capa y desapareció al instante.

Dumbledore quedó estupefacto y con las palabras en la boca. Levantó la mano de la varita para encantamiento, seguramente para verificar si él seguía allí pero era inútil. Una vez la capa funcionaba, no había poder mágico que pudiera tocar o rastrear a Theodore. Dumbledore se quedó mirando su mano por un rato.

"Tengo opciones" pensó Theodore con ira "claro que las tengo"


Y... aquí vamos de nuevo.

Detalles triviales, detalles triviales Everywhere:

-Los Craston son: La tía Agatha, los "primos Craston" que vienen siendo: James y las gemelas (como los principales) luego está Amira, (que es hija unica), viene Felix (quien fué asistente de Edward) y los últimos, Nathaniel y Daniel (Hermanos, aparecieron en inicios:s). Después, estan los que menos han salido, quienes serían el padre de Amira, el Padre de Felix y el Padre de Nathaniel y Daniel.
(Los Craston son bastantes :v)

-Creo que no explique jamás como va esto de las casas según puntos cardinales. Cada una tiene un punto cardinal, Norte, Sur, Este y Oeste, a parte de la principal, que es donde generalmente vive Philip. La del Norte es donde se atrinchera Theo. La del Oeste es a donde fue con Hermione, la del Este es la que sale hoy y la del Norte aún esta pendiente ;D; por cierto, La Casa del Este la mencione en el capítulo uno :s (Y oh! la casa con la torre, donde estaba Emma, allí es el primer asentamiento de los Nott, mencionado en el cap donde aparece Emma por primera vez)

-Yo odio, odio con todo mi ser la burocracia en las instituciones públicas. Quizá por eso alargue tanto esa parte en el relato de Amira jajajaja

-No se que más... ah, si. ¿Recuerdan que les dije que mi conteo de muertes de personajes eran 2? Uno, pues Petro. La segunda, Emma. Sip, está muerta. Los dos murieron la misma noche. Esa noche. Por eso Theo estaba tan shokeado cuando llego donde Edward. Oh, oh. Misterio resuelto: Emma fue quien apuñalo a Theodore.

-Dumbledore siendo Dumbledore :v

No se qué más... ummmm...

Gracias por leer :D

Abrazos :3