CAPITULO 49

LAS SOMBRAS DEL RECUERDO

En un suave "Plop" Theodore llegó hasta el tercer piso de la casa del Norte. Instintivamente, la casa le aviso que había alguien más allí a parte de Tini. Aún cubierto por la capa caminó hasta el pie de las escaleras y a cada paso que daba los murmullos se hacían cada vez más entendibles.

—Vamos cariño —decía Edward— sé que ustedes pueden saber cuándo sus amos se mueven entre las casas. Es muy, muy importante. Theo podría estar en peligro.

—T-Tini no sabe —dijo la elfina con voz temblorosa.

— ¡Mentira! —dijo entonces Edward y se escuchó un estruendo.

— ¡T-Tini no sabe! —chilló la elfina.

Theodore bajó las escaleras muy rápido. Entre los barrotes del pasa manos, pudo ver a Edward en el salón, con la varita en la mano y la mesita de té del salón destrozada, pero luego Edward sencillamente bajó la varita, se dio vuelta y se estrujo la cabeza con las manos. Se volvió hacia la elfina y se acuclilló hacia ella.

—L-lo siento, lo siento —dijo entonces él, viéndose totalmente nervioso— Lo siento mucho. No debí hacer eso pero… ¿Podrías entender un poco? Theo… acabo de ver a Theo hace un rato. Estaba herido, cubierto de sangre y él solo… solo desapareció en el aire. Él estaba muy asustado. Tini, cariño, nos necesita. Él nos necesita. Sabes que soy su amigo, lo sabes ¿verdad?

—Tini no sabe dónde está el Amo Theodore —volvió a decir la elfina.

Edward se puso de pie muy rápido y desquito su frustración en los restos de la mesita destrozada, pateándola antes de hacer magia para restaurarla. Varita en mano, Edward volvió a girarse hacia Tini y tenía una mirada que no le gusto para nada a Theodore.

"Edward"

Se escuchó como un murmullo proveniente de algún lugar.

"Edward" se escuchó el murmullo de nuevo "Tenemos una pista, Edward, conteste por favor"

Edward se volvió a pasar una mano por el cabello y metió la mano libre en el bolsillo de la túnica, sacando un pequeño cuadrado en sus manos y lo puso a la altura de su rostro.

— ¿Qué pista?

"Registramos movimiento mágico en una de las coordenadas que nos pidió rastrear"

— ¡¿Dónde?! —preguntó con urgencia.

"Casa… del Oeste"

— La casa vigilada —dijo con un asentimiento— ¿Hiciste que fueran los aurores que están con nosotros? —Silencio del otro lado— ¡¿Lo hiciste?!

"Se nos adelantaron, Edward"

Él masculló algo muy bajito, se pasó la mano por la cara y comenzó a dar pequeñas vueltas en el mismo sitio, solo entonces contestó— Averigua si trajeron a alguien con ellos. Habla con Melcher de la oficina de Aurores, dile que quiero acceso a los reportes oficiales e interrogar a los Aurores que enviaron, si se niega, dile que puede prepararse para que todo el mundo sepa que guarda en el sótano de su casa.

"No fueron de la oficina de aurores… fue uno de los magos de Dumbledore"

Edward se paró en seco de pronto, maldijo de nuevo, se volvió a pasar la mano por la cara y aunque se veía consternado, respiró despacio y de un momento a otro se veía tranquilo otra vez.

—De acuerdo —murmuro— de acuerdo. Olvida a Melcher. Has una conexión segura desde mi oficina a la Red Flu de Hogwarts, y redacta un permiso de salida de la escuela a este nombre: James Craston.

Edward guardó el pequeño cuadrado en el bolsillo, miró hacia Tini y volvió a acuclillarse— Tini, me iré por ahora. Por favor, si ves a Theo, dale un mensaje por mí… —Edward se llevó la mano derecha sobre el corazón y miró a los ojos a la elfina— "Sea cual sea la situación, estoy de tu lado"

Edward se puso de pie, caminó hasta la chimenea y luego de tomar polvos flu, desapareció en medio del fuego mágico.

Theodore por fin terminó de bajar la escalera y caminó hasta quedar a espaldas de la elfina. Ella se giró lentamente y miró hacia todos lados. Por la magia de la capa era imposible que pudiera verlo, pero como la elfina estaba ligada a la casa quizá si sabía que él estaba allí.

— ¿Amo? —susurro la elfina.

—Sí, soy yo —murmuro Theodore al mismo tiempo que se baja la capucha. La elfina abrió sus ojos aún más enormes que antes y bajó las orejas de inmediato. Pánico puro al temblarle los dedos, asustada seguramente por como él se veía— Tini, corta la red Flu. Corta la entrada en todas las chimeneas.

La pequeña elfina levanto las manos y chispas salieron de sus dedos apuntando hacia la chimenea.

Theodore sacó la varita del bolsillo, pegajosa al tacto, pero de algún modo no le dio la importancia. Se dirigió hacia la puerta principal y la abrió para salir hacia el jardín delantero a paso lento por el sendero de piedras lisas y decorativas que hacían de camino en la entrada apenas iluminaba por la luna. Miró hacia el césped que parecía una marea oscura y luego hacia la fuente seca del jardín que parecía más un monumento lúgubre, más allá, el invernadero ya levantado, pues el cristal reflejaba la débil luz nocturna.

"¿Qué voy a hacer?" esa pregunta pesaba sobre su cabeza como si fueran montañas aplastándolo.

Theodore cerró los ojos y contó hasta diez en silencio, respiro el aire frío y logró calmarse un poco.

"Tengo que aislar la casa" se dijo mecánicamente, levantando su varita e intentando concentrarse en los encantamientos necesarios para conseguir su cometido.

Cuando apresaron a los Lestrange en la casa, su padre le había hecho estudiar muchos encantamientos restrictivos, así que tenía una ligera idea de cómo hacerlo. Se sentía extraño… el tener que incluir a su padre en un encantamiento tan violento en la restricción.

"¿Y si de todas maneras logra entrar?" se preguntó.

Theodore se giró hacia la enorme casa a su espalda y de nuevo se le nublaron los ojos pues sabía exactamente que iba a suceder: La casa atacaría a su Padre.

Sacudió la cabeza y continuó lanzando encantamientos al oscuro cielo estrellado, pero sin la concentración de antes.

—Con razón él dijo que odiaba esta casa —murmuro cansado.

"Fue tu madre, ella la conjuró para nosotros… en secreto, con magia de sangre. Su sangre… y parte de la tuya, hasta donde tengo entendido" recordó que él dijo la primera vez que Theodore puso sus pies en la casa del Norte

—Para "nosotros" —repitió en un murmullo triste— entonces… tal vez ella sabía que llegaríamos a este punto.

"Mamá" pensó en silencio, mirándose las manos.

La casa del Norte… o "La casa de Alyssa", la casa que Philip Nott le obsequio a su esposa para que ella pudiera usarla como quisiera, según la tradición de su familia. A ella siempre le gustaron las rosas y por eso había mandado a construir aquel invernadero gigante, para siempre tener rosas incluso en invierno…. Rosas rojas.

En esa casa, Alyssa Nott hizo crecer rosas rojas y también conjuro magia tan antigua y tan poderosa que ni el mismo Philip pudo entender ni replicar correctamente. Porque Theodore ahora tenía la certeza de eso. Gracias a su madre, la casa del Norte tenía magia que lo protegía contra todo lo que lo amenazara, llenando la casa de tapiz rojo que se convertían en las mordazas y pronto en sepulcros si es que Theodore no detenía la magia.

Magia muy violenta y efectiva, nacida de su sangre y alimentándose de la de quien considerara sus enemigos. Esa era la magia original… en Birth Tower, la casa donde Emma era prisionera, allí su padre había intentado replicar la magia, pero con la diferencia de que no la hacía una casa segura, sino una prisión… esa era solamente magia oscura, trastornada.

"Todo irá bien, bebé" escuchó como un murmullo cariñoso, un recuerdo doloroso.

"¿Qué voy a hacer?"

Theodore se sintió muy cansado en ese momento. Quiso levantar la varita y lanzar un encantamiento más, pero sentía la mano muy pesada. Intentó dar un paso, pero los pies también los sentía del mismo modo, adormecidos.

"Use demasiada magia" pensó, arrebujándose en su enorme capa de nuevo.

—Estoy cansado —murmuro— tan cansado.

"¿Qué voy a hacer?"

Se dio vuelta y comenzó a caminar a pasos torpes de vuelta a la casa. Tenía la vista borrosa cuando abrió la puerta y la luz le dio en la cara, sin embargo, apenas dio un paso dentro, la casa reaccionó buscando la amenaza sin sentido, solo porque él se sentía inseguro y asustado.

Theodore se acercó de espaldas a una de las paredes y se apoyó en ella, recorriendo despacio hacia abajo hasta quedar sentado en el suelo alfombrado, solo entonces recordó que estaba herido, se abrió la capa y se tocó el estómago, donde Emma lo había apuñalado. Sangre. Mucha sangre. Le manchaba el estómago, pasando a través de su ropa y manchando incluso la pierna del pantalón, avanzando hacia sus zapatos.

"¿Qué voy a hacer?"

Emma lo había apuñalado por la espalda en el primer piso de Birth Tower y luego… luego…

"Nunca ¡Nunca! No para ti"

Theodore cerró los ojos y se concentró en abrir la camisa para revisarse la herida. Él había cerrado la herida con magia y se había desensibilizado esa parte del cuerpo, pues dolía mucho. Tuvo que hacerlo, sino no habría podido ir al Ministerio a confrontar a su padre. Eso había pasado entrada la noche y Theodore seguramente se había estado desangrando desde entonces.

"¿Cuánta sangre habrá sido?" pensó mientras se miraba las manos manchadas, sus ojos a punto de cerrarse "¿Cuánta sangre?"

Cuando abrió los ojos, aún estaba sentado cerca de la puerta de la entrada, Tini estaba a su lado, haciéndole beber de un vial. Reconoció la poción restauradora de sangre por el sabor. En silencio, apartó las manos de la elfina y sujeto él mismo el vial antes de entrar en pánico otra vez, pero recobrando la calma al ver por la ventana que aún estaba oscuro.

—Tini… ¿Qué hora es?

—Es media noche, Amo —murmuro la elfina— el amo debe descansar. Tini ya cortó las conexiones de la casa. El joven Greengrass ha intentado entrar desde tres lugares diferentes. Dung dice que él también ha ido a acosarlos a la casa principal. Dung ha pedido permiso para cerrar las conexiones allí también.

— ¿A mí? —Preguntó Theodore— pero Dung solo obedece a mi padre…

La elfina bajo las orejas— El Amo Philip está en silencio —murmuro despacio— ninguno de los elfos puede oírlo. Solo lo tenemos a usted.

Theodore continuó bebiéndose el vial, con este era el segundo de la noche.

"Dumbledore dijo que los Inefables tomaron a mi padre" pensó, entonces lo más probable fuera que ellos aislaran toda magia de él… "Por eso quería hacer una alianza conmigo hoy" pensó "Mi padre no tendrá magia hasta que sea enviado a Azkaban, así podría actuar sin que nadie lo detuviera…"

Theodore se terminó el vial completo. Hasta hacia un momento creyó que magos leales a su padre caerían sobre él en cualquier momento, saber que al menos tendría hasta el amanecer le dio más calma.

—Dung —llamó Theodore.

El elfo apareció en ese mismo instante— Amo Theodore —dijo el viejo elfo agachando la cabeza.

—Dung —murmuro— ¿Dónde está mi padre?

—Dung no sabe, amo. Ha estado en silencio desde que cayó la noche.

Theodore sonrió. Era verdad. Al menos por esa noche, las manos de Philip Nott estaban atadas.

—Dung —volvió a llamar al elfo— ha habido problemas esta noche. Ha habido ataques. Ha habido traiciones. ¿El vociferador de mi padre llegó a la casa principal?

—Sí, amo —murmuro el elfo.

— ¿Por qué no han intentado capturarme ustedes?

—Si el amo Theodore estuviera bajo imperio, nosotros lo sabríamos —murmuro el elfo— Dung y los demás elfos obedecemos a los Nott, no a voces enviadas con magia.

—Muy sabio, Dung —murmuro Theodore— Entonces…

El elfo levantó la cabeza y miró detenidamente a Theodore a los ojos, casi desafiante— Dung y los demás esperamos órdenes al Amo Philip.

—El amo Philip no está —mascullo Theodore, aunque débil, respondiendo al embate con fuerza— Soy un Nott. Me obedecerás a mí.

El viejo elfo agachó la cabeza— Si, amo.

Theodore se incorporó despacio— Tini, trae tinta y papel. Llévalo al estudio —se volvió al viejo elfo— Dung, trae a los demás elfos aquí. Les daré sus órdenes. Ni una palabra a nadie acerca de todo esto.

El viejo elfo desapareció. Theodore intentó cerrar con magia su herida otra vez, pero solo duró unos instantes antes de abrirse de nuevo y manar sangre una vez más.

"Parece una herida maldita" pensó con algo de consternación. No tenía pociones para eso ahora mismo.

Camino despacio hasta el estudio y se dejó caer en la enorme silla.

"¿Qué voy a hacer?" pensó de nuevo, llevándose las manos a la cabeza. Miró a los alrededores del estudio, la ventana de la casa.

—Los elfos pueden entrar a la casa y no se me ocurre magia para restringirlo —murmuro en voz alta— si mi padre los llama, ellos irán… y él podría ordenarles que me atrapen o que me lleven a él.

"Nunca pelee con un elfo" pensó consternado, recordando que su padre le dijo una vez que sus elfos podrían ser agresivos si se les ordenaba serlo. Los elfos eran pequeños, pero llenos de magia pura. Sería estúpido si los subestimaba.

Se arrebujó de nuevo en su enorme capa. Por Merlín, comenzaba a jurar que probablemente no se la quitaría jamás.

—Necesito más tiempo —murmuro nervioso— necesito tiempo…

Cerró los ojos con fuerza y bajo la cabeza con contra el escritorio, golpeándosela. Claro, su giratiempo se había roto. Ya no tenía el tiempo de su lado.

Alguien tocó la puerta, era Tini con papel, pluma y tinta en una bandeja que hizo flotar hasta su escritorio.

—Tini —llamó Theodore— Si mi padre te ordenaría encerrarme en algún lugar… ¿Lo obedecerías?

La elfina parpadeó— Tini obedece al Amo Theodore.

Theodore frunció el ceño— Pero mi padre…

—Tini no es elfo del Amo Philip —dijo ella con su débil voz— Tini fue heredada al amo Theodore.

Theodore sonrió con tristeza— ¿Sabes si puedo bloquear la entrada a los otros elfos?

La elfina se sujetó las manos— Tini no sabe.

—Gracias —murmuro Theodore— ve al salón. Espera ahí con los otros elfos. Saldré en un momento.

"¿Qué voy a hacer?"

Theodore tomó la pluma en sus manos y la mojó en tinta. Escribir. Solo podría escribir para llamar en su presencia a los magos indicados, individualmente y en secreto para que si las cosas salían mal, no perjudicaría a nadie.

Presentarse en persona en cualquier lugar sería ponerse en peligro, al menos por ahora.

"¿Qué voy a hacer?"

"Estás herido. No tienes apoyo. No tienes poder. No tienes credibilidad. Eres el hijo de un mortífago"

Las palabras del anciano Dumbledore, continuaban taladrando en su mente.

"¿Edward?" No tenía sentido, pues él no era querido en el Dominio y tampoco tenía apoyo. Él era leal, pero recurrir a él solo haría que lo mataran.

"¿McGrath?" El correcto McGrath nunca desobedecería a la cabeza de la familia. Pudo haber jurado que entre Philip y Theodore, escogería a Theodore y no mentir al respecto, pero eso era antes del Vociferador. Recurrir a él era dar un salto de fe y Theodore no podía permitírselo.

"¿Serafina?" era la opción adecuada… pero recurrir a ella solo haría que los demás se le echaran encima y era ligeramente nueva estando a la cabeza de los Magellan. El resto de su familia podría acusarla de traición e intentaría destronarla. Podría terminar muerta…

—Todo el que me apoye podría terminar muerto si no consigo números antes de que amanezca —dijo sujetándose la cabeza de nuevo.

Por un instante contempló el recurrir a Dumbledore, pero era una tontería. Él los arrastraría a la guerra. Theodore no quería involucrarse en la guerra. No luego de todo lo que ya había visto. No. Nunca.

Miró de nuevo alrededor. El elegante estudio, los viejos libros y la suntuosa mueblería. Se preguntó cuántos Nott habían estado allí mismo, intentando idear un plan para escapar de sus propias tragedias. Tal vez su padre también lo había hecho. Y su madre, si, seguramente su madre también…

Un escalofrío le recorrió el cuerpo.

"Quiero irme de aquí" pensó "Quisiera desaparecer"

Una vez, Hermione le dijo que no era especial, que solo que había tenido suerte de nacer en la familia que le había tocado. Recordaba que le había parecido gracioso, porque era verdad. Nacer como Nott había sido cosa del azar y él pensaba que no necesitaba sentir nada al respecto, porque si la vida te da algo… lo aprovechas. Había vivido "bien" todo este tiempo, no, era privilegiado en muchos aspectos. Pero incluso los privilegios tenían un precio. Theodore creía que lo entendía, pero ahora, con la mente en blanco y luchando para mantener su propio miedo a raya, con la oscura sombra de su padre y todas las cosas que había hecho para la subsistencia de la familia y todo lo que estaba dispuesto a hacer para asegurarse de que eso siguiera así… ahora Theodore sabía que no había entendido absolutamente nada.

—Qué suerte que no te vincule a mí —dijo mirándose la mano y pensando en Hermione— sería muy vergonzoso que supieras como me siento justo ahora. Qué bueno que no te involucre en nada de todo esto.

Theodore juntó sus manos sobre el escritorio y agachó la cabeza sobre ellos.

"¿Qué voy a hacer?" Se preguntaba una y otra vez, el reloj avanzaba y la respuesta no llegaba.

—Padre… —murmuro— me has saboteado demasiado bien.

Y entonces, al mismo tiempo en que pensó la palabra, se le ocurrió.

—Sabotaje —susurro.

Su padre le había saboteado para que todos le dieran la espalda. Theodore pensó casi en un destello… que podría hacer lo mismo.

—El día de hoy, he sido atacado —dijo Theodore— alguien del Dominio pactó con el fugitivo Igor Karkarov. Traicionándome, trataron de emboscarme para entregarme al Señor Tenebroso como un rehén para chantajear a mi padre. Por ese motivo es que él tuvo que unirse al ataque al Ministerio de hoy y cuando todo falló, idearon enviar ese vociferador porque mi padre va a ser entregado a Azkaban el día de mañana, pasara a poder del Ministerio y al bando del Lord eso no le conviene —dijo con indignación fingida— Quieren desestabilizarnos. Si no somos sus aliados, somos una amenaza y querrán destruirnos. No lo conseguirán —murmuro con dureza— Mi orden para las familias leales es la siguiente: Todos pondrán sus propiedades bajo el encantamiento Fidelius y esperaran mis órdenes. Quienes no obedezcan, los considerare traidores y cómplices de quien me atacó. Las ultimas ordenes de mi padre a las familias fue la de permanecer neutrales y todos deben actuar bajo esa línea. Nadie debe olvidar —dijo con firmeza— que aún queda un Nott en el Dominio.

Theodore encantó el vociferador para multiplicarlo y enviarlo a todas las casas de las familias, cuando terminó se dejó caer en la silla de nuevo, cansado. Volvió a tocarse el estómago y comprobó que la sangre seguía saliendo. Volvió a cerrar la herida con magia.

"Ahora tengo tiempo" se dijo mientras iba al salón y ordenaba a los elfos poner bajo el encantamiento Fidelius también la casa del Sur y la del Oeste, dejando como guardián a Tini. Además, todos habitarían la casa del Norte hasta nuevo aviso. Al hacer eso, su padre no podría llamarlos, así le cortaría los ojos y oídos.

A veces, sabotear siempre era más sencillo que planear. Al enviar su propio vociferador había divido al Dominio en dos. Iba a sembrar duda entre los que ciegamente obedecían a su padre, obligaría a los neutrales a tomarse en serio decidir a quién apoyar y les daría a quienes estaban de su lado el motivo perfecto para mantenerse firmes, una bandera con la palabra "leales" para usar como estandarte y llamar a otros para que se unieran bajo ella.

Ahora, solo tenía que esperar y observar a quienes seguían sus órdenes y quienes se resistían. Quienes permanecían firmes y quienes se aliaban en medio de la crisis. Sería violento y probablemente habría luchas internas, traiciones y Merlin sabe que más… pero con el Dominio tan disperso y violento, aunque su Padre pudiera dar órdenes desde Azkaban, ya no tenía todo el poder; Theodore acababa de hacer que se le escapara de las manos.

Philip Nott ya no era "El señor Nott"… ahora era solamente un rehén del Ministerio.

Mientras que Theodore… era el Nott del Dominio. El Nott que quedaba.

"Ahora tengo tiempo" se dijo nuevamente, caminando hacia la oscura ventana, rozándola con los dedos. Afuera, la noche aún era oscura.

"¿Y ahora? ¿Qué voy a hacer?" se preguntó de nuevo.

"Tomar el poder" le dijo una voz lejana, la de la obviedad, tintada con una ligera ambición y ansia de por fin llegar a tener control sobre su propia vida.

"Quien está en la cima, pone las reglas" le habían enseñado desde siempre.

Para estar a salvo, debía quitarle el poder a su Padre y manejarlo él mismo para asegurarse de que nadie podría hacerle daño otra vez. Nadie podría garantizarle su seguridad si no era él mismo. Sin embargo, si lo hacía, si tomaba el poder…

"Tendré que ser el Señor Nott" se dijo a sí mismo con nerviosismo.

Y eso… eso hizo que entrara en pánico de nuevo.

Theodore se sujetó la cabeza entre las manos y apoyo la cabeza contra el cristal, luchando con los recuerdos de nuevo.

"Quiero irme de aquí"


—Señor Nott, ¿Cuánto tiempo? Nosotros…

Theodore sonreía por cortesía y fingía escuchar saludos insulsos de todo aquel que se le acercaba. Esa noche era la víspera de navidad y la gente parecía inusualmente alegre.

Más temprano, le había comentado eso a Edward y este le había dicho que era normal, pues con la Red Flu ya segura en Rusia, se completaba la conquista del continente y consolidaba la influencia de la familia Nott.

—Todo el mundo se siente orgulloso de ser parte del Dominio —había dicho Edward mientras le arreglaba la corbata del traje de gala.

Theodore mientras, no terminaba de entenderlo. Solamente hace medio año la mitad de las familias querían su cabeza, le llamaban "Monstruo" "usurpador" y no se cansaban de acusarlo de destronar a su propio padre.

La peor persona del mundo, seguramente.

Sin embargo, ahora todos decían estar "Orgullosos" del Señor Nott.

Ese "Orgullo" era demasiado superfluo.

Demasiada hipocresía para su gusto.

Como era usual, recibió a los invitados y muchos obsequios, bailó, conversó con quien tuviera que conversar. Todo parecía tan ajeno a sus propios ojos, como si estuviera y no estuviera. Gente pasando frente a él hablando y hablando, todos queriendo caer en gracia al "Señor Nott".

Poco antes de la media noche, Theodore dio unas cuantas palabras. Felicitó a Serafina por la Red Flu y a Frederick por su papel representado a la familia, había una lista más de personas a quien felicitar y agradecer que memorizó antes del evento y recito sin sentir verdadero aprecio al respecto, si quiera recordaba por qué les felicitaba.

Llegada la media noche, todo el mundo se felicitó.

Pasada la celebración algunos se fueron despidiendo. Theodore subió al tercer piso y se encontró con una de las habitaciones iluminadas, Edward estaba allí, de espaldas, pero se giró de inmediato.

—Feliz solsticio —murmuro.

Frente a él estaban todos los obsequios que habían sido entregados a Theodore.

—No estoy seguro de recordar si el año pasado nos hicieron tantos regalos —murmuro.

—Merlin —murmuro Edward— no quiero imaginar cómo será para tu cumpleaños.

Claro, el año pasado, el día de su cumpleaños se la había pasado huyendo de los magos que lo quería muerto.

Theodore se acercó, levantó con sus enguantadas manos uno de los paquetes envueltos y encontró una joya que podría ser usada como adorno de una capa. Abrió uno más al azar y se encontró con otro adorno.

— ¿No tiene que revisar esto un rompedor de maldiciones primero?

—Los revisaron en la entrada —murmuro Theodore, abriendo otro al azar. Otro adorno, esta vez para los puños.

—Siempre se apostó por dos revisiones, Theo —dijo mientras tendía sus manos para que le entregara el obsequio— No deberías tocarlos. No todavía.

Theodore miró a Edward con aburrimiento antes de entregarle el paquete— Si, papá —dijo en tono burlón y le dio la espalda— recuérdame esparcir el rumor de que estoy harto de adornos para capas.

Apenas dio dos pasos cuando se encontró con la elfina frente a él, entrelazando sus temblorosos dedos— Amo —dijo en un murmullo— abajo piden hablar con usted.

Theodore soltó un respiro cansado y reviso el reloj de bolsillo, eran cerca de las una de la madrugada— Diles que regresen mañana.

—Es el señor McGrath…

Theodore se pasó una mano por la cara. McGrath no hacía peticiones triviales, seguramente algo grave estaba sucediendo. "Más problemas" se dijo, de alguna manera, cansado.

—Llévalo al estudio.

—Está acompañado.

Theodore entrecerró los ojos— Llévalos a todos —se volvió hacia Edward, quien aún estaba en la habitación junto a la pila de obsequios sin moverse— ¿No vienes?

Edward asintió en silencio y luego de conjurar magia, despareció en el aire.

….

"McGrath no haría peticiones triviales" se repitió una vez más… pero frente a él estaban la situación más trivial de todas.

—Esto no puede ser ignorado —decía Archer Xavier, destellando en indignación— Ni omitido. Hay reglas, las reglas deben cumplirse —dijo con elocuencia— y ni yo ni los míos permitirían que se burlen las reglas —dijo mirando de reojo a McGrath— Si omitimos esto, será un insulto al Señor Nott, hasta un reciente cabeza de familia como yo lo sabe.

Sebastian McGrath, quien siquiera le dio importancia al amague de insulto, contesto con tranquilidad— El señor Nott está frente a nosotros —dijo con su voz neutra, como si fuera una farola de calma en un ambiente turbulento— Que él nos lo diga.

Theodore miró de Sebastian a Archer. Sebastian era calma absoluta. Archer, por otro lado… era indignación pura. Rabia contenida. Ira.

Theodore solía bloquear el vínculo con los suyos, pues no le gustaba que ellos estuvieran enterados de cómo se sentía y solo retiraba la magia cuando estaban en su presencia, así podía saber cuándo es que podrían mentirle.

Miró con mayor detenimiento a McGrath. En los últimos días, era a quien más atención le prestaba. Con quién más mantenía abierto el vínculo. Primero, había sido por curiosidad, preguntándose si es que acaso era una especie de entidad con calma perpetua. No lo era, claro, pero en su lugar…

Theodore apartó la mirada. No le gustaba. No le gustaba nada.

Si tuviera que describirlo, la sensación era de calma absoluta, como estar sentado en medio de un campo verde, leve frío, pero con sol cálido y observando el mar… y luego, luego era como si solo parpadearas y de pronto fuera oscuro y cayeras indefinidamente por agujero sin nada de que sujetarte.

A veces, McGrath saltaba de la calma absoluta al pánico absoluto en solo un segundo. Theodore no lo admitiría nunca, pero para él eso era aterrador. Solo recordar la sensación le daba escalofríos… sin embargo, siempre terminaba reconectándose al vínculo para poder ser contagiado de esa calma perfecta.

Theodore regresó su atención a los magos sentados frente a él— Archer tiene razón.

El mago sonrió, seguramente sintiéndose triunfante.

—Señor Nott…. —dijo alguien casi desesperadamente.

El mago a espaldas de McGrath era Nathaniel Craston, primo de James y una especie de encargado de una de las regiones conflictivas de los nuevos territorios del Dominio, los territorios de los nuevos magos que juraron. A su lado, estaba Nate Jeremiah. Era un interesante par.

McGrath levantó la mano e hizo una señal para que este se mantuviera en silencio, Nathaniel obedeció de inmediato, cabizbajo. Theodore se fijó entonces en que estaba llevando sus ojos hacia el niño que también estaba en la habitación. Un niño que se aferraba a la muñeca de Nathaniel. Probablemente no pasara de los trece. Tenía la cara sucia, igual que la ropa y parecía hacer esfuerzos por mantenerse de pie.

Archer Xavier se puso de pie— Lo han oído. Estoy en lo correcto —dijo triunfante, la sensación de júbilo era hasta contagiosa. Theodore casi cerró los ojos por lo placentero que eso era.

—Sí, lo estás —dijo con tranquilidad— ahora, puedes retirarte. Agradezco tu interés en todo esto.

El mago, rebosante de orgullo, se llevó una mano al corazón como si fuera una muestra de respeto— Siempre defenderé los intereses del Dominio, Señor Nott.

Archer arrojó una mirada a Sebastian, la envidia y rencor nublando el júbilo. Theodore bloqueo el vínculo de inmediato, pues con eso lo había arruinado.

Sebastian no se movió, Nathaniel y Nate lo miraban confundidos y el niño parecía querer cavar un agujero y desaparecer.

"Interesante" se dijo apoyando la cabeza contra el sillón. Lo normal sería que Sebastian pidiera permiso para retirarse también, pero estaba allí, aún en calma.

—Ahora tengo curiosidad —dijo Theodore entrelazando sus dedos— cuando Tini me dijo que querías hablar conmigo, pensé que era algo urgente, no algo tan… domestico.

Theodore sonrió. McGrath continuaba serio. Aún en total calma.

Theodore dejó de sonreír.

— ¿Estás en desacuerdo con mi decisión? —preguntó entonces.

—No podría, es lo correcto —dijo con su voz pausada y tranquila— sin embargo, la forma no es la mejor.

Theodore miró de nuevo al niño en la habitación. Se llamaba Arthur y apellidaba Craig, una familia menor que llegó al Dominio como refugiado, vinculado a otra familia, Baxter, quienes juraron a los Nott. Casi nada importantes y relativamente leales… pero luego de una pelea interna, la cabeza fue reemplazada, por lo tanto, los Craig y las otras tres familias que llegaron con ellos terminaron momentáneamente en el limbo. Al final, al parecer la nueva cabeza de los Baxter quería romper el juramento y volver con la familia de origen, alguien que al parecer iba a unirse del Bando del Lord… Entonces, las pequeñas familias como Craig conspiraron para destronar a Baxter, fallaron y Baxter estaba dando castigos ejemplares… e iba a romper el juramento.

Toda una confusión, pero al parecer ese pequeño Craig había llegado hasta Nathaniel, quien a su vez recurrió a McGrath, comprobaron los hechos y determinaron que era todo cierto.

Luego de las nuevas negociaciones y la compensación por romper el juramento, Los Baxter eran libres de marcharse con todo y familias, pero el pequeño Arthur Craig… no quería irse.

Y allí es donde estaba el problema.

Los menores le pertenecen a la familia de la que proceden y la familia obedece a la dueña de sus vínculos. Si los Baxter no querían dejar a nadie atrás, no habría poder que lo evitara. Las negociaciones estaban hechas, el precio pagado.

Nathaniel se rehusaba a entregar al niño y Archer había amenazado con partirlo en dos si acaso la pertenencia era el problema. Algo demasiado Salomónico de su parte, sin embargo… Sebastian apoyó a Nathaniel.

—La forma… —murmuro Theodore— El niño es un Craig; Craig obedece a Baxter. No hay algo distinto a eso, Sebastian.

—Él desea pertenecer al Dominio de los Nott —dijo Sebastian.

Theodore miró de reojo al pequeño— No —contestó— lo que quiere es huir de Baxter.

— ¿Los nuevos magos que juraron son diferentes? —Replico Sebastian— la mayoría llegó por miedo. Y no solo ellos, la historia no es precisa y a muchos antiguos magos del Dominio les gusta contar anécdotas valientes acerca de eso, pero en algún punto de la historia, probablemente todos llegamos del mismo modo… y aquí estamos hoy… —Sebastian apunto a Nathaniel— Craston, gran familia en el pasado pero que cayó en desgracia y ruina hace dos generaciones —luego, apuntó a Nate— Jeremiah, familia menor que huía de los Mulciber. Yo —dijo apuntándose a sí mismo— descendiente del último mago apellidado McGrath que decidió que sobreviviría si seguía a un ancestro tuyo en alguna época lejana. Todos nosotros, hoy frente a ti.

— ¿Cuál es el punto?

—El punto —dijo Sebastian— es que si hubiéramos seguido las reglas al pie de la letra, tal vez tú no estarías hoy aquí.

La ira nació tan violentamente que Theodore se envaró al instante, miró a Sebastian, luego a Nathaniel, finalmente a Nate. Todos ellos sin saber a dónde mirar. Solo Sebastian se mantenía imperturbable.

— Fuera —dijo— todos fuera, menos McGrath.

Los dos magos y el niño salieron de inmediato. Theodore se pasó una mano por el cabello, intentando calmarse y controlar su enojo porque Sebastian continuaba estando en maldita calma. Theodore entonces, roso disimuladamente con su mano el anillo de su madre, el que siempre traía en el cuello por debajo de la ropa. El anillo que le avisaba cuando alguien le mentía. Esa conversación lo ameritaba.

— ¿Por qué? —Preguntó— ¿Es una especie de chantaje moral? —Dijo en medio de una risa— Lo entendería si pidieras algo significativo, pero ¿Un niño salido de la nada? ¿Es en serio?

— ¿Puedo ser honesto?

—Me parece que lo estás siendo desde hace rato —dijo entrecerrando los ojos— No te detengas ahora, por favor —dijo con ironía.

—Mi hijo nacerá pronto —dijo el mago

—Felicidades —dijo tratando de sonar educado.

—Gracias.

Theodore soltó un suspiro y apoyo el rostro en la palma abierta de su mano— ¿El niño te dio lastima?

—No —contestó— no es lastima. Es sentido de la consecuencia.

Theodore entrecerró los ojos— No entiendo a dónde quieres llegar.

—Esperaba que lo hicieras —murmuro— como un joven mago que fue perseguido, esperaba que tuvieras empatía con alguien en la misma situación.

—Diferentes situaciones —murmuro Theodore con indiferencia— diferentes reacciones —luego le sonrió al mago— La diferencia entre ese niño y yo, es que a todos ustedes les convenía estar de mi lado. Todo el que me apoyó sacó beneficios y tienen el título de Leales para presumir de eso. Incluso tú fuiste de los más beneficiados, es bastante hipócrita de tu parte el querer levantar la bandera moral justo ahora, más cuando sé que Edward tuvo que chantajearte esa noche para que forzarte a ser leal a mí.

Inesperadamente, Sebastian McGrath sonrió— ¿Crees que yo cedería a un chantaje?

El anillo no reaccionó. La sonrisa de Theodore se borró.

Sebastian cruzo una de sus piernas sobre su rodilla y se acomodó en el asiento— Edward arrojo un chantaje esa noche, es cierto —murmuro— me enfade y lo golpee, pero fue más por lo que dijo que por su atrevimiento, como a todos los que estuvieron presentes les gusta creer. Sin embargo… ¿Sabes que hice cuando me fui? —Theodore permaneció en silencio— fui a casa. Mi plan era llamar a la primera línea justo en ese momento y hacer cumplir las órdenes de Philip. Yo siempre hago lo correcto, Theodore. No hay chantaje que valga frente a mis principios.

El anillo seguía sin reaccionar— Pero no hiciste nada —murmuro Theodore.

—Fue cosa del azar —murmuro el mago— Tu vociferador llegó la casa de seguridad de Darke, pero por alguna razón no llegó el de Philip. Como sabrás, Darke es amigo de mi esposa, casi su hermano. Será padrino de mi hijo —declaró— y ella estaba en su casa de seguridad en ese momento. Anya escapó de allí y llegó a mi justo antes de que yo convocara a la primera línea —Sebastian estaba mirando hacia la nada, seguramente recordando— Me pidió explicaciones, yo se las di y le pedí que volviera con Darke por su seguridad, pero ella no se movió —Sebastian suspiro— y ahí estaba yo, en la posición de Archer Xavier, insistiendo en seguir las reglas. Y ahí estaba mi esposa, como estoy yo ahora, intentando hacer que yo entendiera la diferencia entre lo que se debe hacer y lo que se tiene que hacer.

Sebastian se quedó un largo momento en silencio que por alguna razón, Theodore no se atrevió a romper.

—Anya no veía un caos de poder en el Dominio que había que controlar, que es como yo veía la situación de esa noche —murmuro el mago y se veía repentinamente cansado. El vínculo, mostrándole a Theodore que la férrea calma estaba desapareciendo— Anya solo veía a un niño que se había quedado solo. Un niño que había que proteger. Ella entendía que eso era lo correcto.

Theodore no dijo nada.

—Mi hijo nacerá pronto —susurro McGrath, al mismo tiempo el vínculo era envuelto en pánico— Ser padre, Theodore, te cambia la perspectiva de muchas cosas.


Era la fiesta de año nuevo, elegante, armoniosa y a lo grande, como lo había sido la de Navidad.

En anteriores años, las fiestas no escalaban tanto ni eran tan concurridas. Amira recordaba que el Año nuevo anterior fue amenizado por Serafina y las familias de Gran Bretaña festejaron en sus salones, mientras que al otro lado del Continente se corrió la voz de que Theodore y Philip Nott habían decidido celebrar en Noruega, junto a los Darke. Como McGrath también estuvo presente en aquella fiesta, los rumores se desataron de inmediato, todos susurrando que McGrath era el nuevo favorito de Philip, que seguramente Frederick y Serafina iban a ser echados a un lado.

Amira recordaba haberse sentido ansiosa al respecto y guardó cierta aversión al serio y solemne mago pelirrojo, sin embargo, llegado el peor momento, se sintió culpable por haber juzgado mal a McGrath, al final, él había sido uno de los más leales.

Y ahora, mirándolo estar junto a su esposa, notando el como la miraba y como estaba siempre atento a ella y a su abultado vientre… Amira sentía que podría suspirar y al mismo tiempo sentir mayor culpa. Después de todo lo que le contó Nathaniel, no podía albergar dudas al respecto, McGrath era un buen hombre.

Dejo de observar a los esposos McGrath y se concentró en ver a su destrozada familia, divida en ambos extremos del salón. Nathaniel y Félix por un lado, Tía Agatha y James por el otro. Amira… ella estaba con las gemelas, observándolas conversar con otro grupo de niños pequeños.

James estaba furioso con Nathaniel y Félix había decidido ponerse de su lado. Tía Agatha, mientras, ella apoyaba a James. Amira, por mucho que le pesara, también podría estar de acuerdo con él, pero no lo admitiría jamás.

Después de todo, Nathaniel hizo algo noble… pero peligroso. Estaba volviendo oficial la fractura de la familia luego de proteger bajo el nombre de Craston a un niño que había sido dejado atrás por una familia escocesa que rompió el juramento con Theodore. No sería demasiado problema… si ese niño no fuera el segundo en sucesión de aquella familia. Si por azar del destino en un futuro ese niño quedaba a la cabeza, esa familia regresaría al Dominio… bajo la protección de Nathaniel, no la de James, y así, nacería una segunda facción entre los Craston.

Amira, mientras, tenía el corazón dividido.

—La están mirando —murmuro alguien, acercándose a ella.

Amira levantó el rostro y se encontró cara a cara con Nate Jeremiah.

— ¿Disculpa? —preguntó algo nerviosa.

Se suponía que no se conocían oficialmente, pero compartían el hecho de haber conspirado para investigar el cambio de actitud de Theodore en su momento.

—La están mirando —murmuró y miró disimuladamente hacia un pequeño grupo de magos que bebían copas de licor en una esquina del salón. Uno de los magos del grupo levantó una copa cuando se percató que ella también miraba hacia allí.

Amira, confundida, aparto la mirada y se volvió hacia Nate— No entiendo a qué te refieres.

"Después de todo" se dijo "muchos me miran todo el tiempo"

— ¿Bailamos? —preguntó entonces, extendiendo su mano. Amira frunció el ceño y antes de que pudiera contestar, él habló primero— vienen para acá.

Amira observo entonces, que el mago que levantó su copa hacia ella esquivaba magos seguido muy de cerca de otro, caminando hacia donde ella estaba. Había algo en esa acción que hizo que se decidiera por aceptar la petición del mago frente a ella, tomando la mano que le ofrecía.

—Espera, mis primas —murmuro, tirando de sus manos unidas y acercándose hacia el grupo de niños— Niñas —las llamó— vuelvo en un momento —murmuro mirando a las gemelas.

—Ustedes quédense con ellas —dijo también Nate al pequeño grupo.

Un niño y una niña que estaban allí asintieron en respuesta.

Ante la pregunta muda de Amira, Nate Jeremiah se encogió de hombros— Son mis sobrinos.

Aún de la mano, se dirigieron a la pista de baile y se unieron a las demás parejas. Amira miró de reojo que aquellos dos magos aún la perseguían con la mirada, o al menos lo hicieron hasta que Jeremiah la hizo girar y girar hasta perderse entre la multitud.

— ¿Qué sucede? —preguntó ella entonces.

—Los conozco —dijo el mago— son los sobrinos favoritos de Mulciber.

Amira entonces recordó que los había visto en otra fiesta. Inevitablemente rodó los ojos— Los pesados Mulciber, acabo de recordarlos. Supongo que Theodore los invitó. No es para tanto —murmuro algo incomoda, pues creyó que era algo grave. Algo que tuviera que ver con la conspiración.

—Señorita Craston —murmuro el mago— no me está entendiendo. Los conozco —dijo con cierto tono de voz que era extraño— no son solo pesados. Son peligrosos en más de un sentido.

—Solo me estaban mirando —murmuro ella con cierta precaución, pues recordaba que también la persiguieron por todo el salón de baile en la anterior fiesta.

—Eso es lo que me preocupa —dijo él con recelo— mi familia antes estaba atada a ellos y puedo decirle que nada bueno sucedía a quienes ellos miraban como la miran a usted —Nate la hizo girar de nuevo antes de que la canción se detuviera— ¿La puedo acompañar el resto de la fiesta?

Amira, con algo de precaución, asintió.

La música se detuvo y ambos vieron como aparecía Theodore para dar unas palabras antes de la media noche.

— ¿Su familia va a alejar a Nathaniel? —preguntó entonces Nate.

—No lo sé —murmuro Amira— James está enojado.

—Nathaniel hizo lo correcto —murmuro el mago— Es de los buenos. Él hizo lo correcto.

Amira no contestó de inmediato, pues aún guardaba sus propias opiniones. Sonaba egoísta, pero para Amira estaba mal arriesgar tanto por alguien que acababa de aparecer en su vida, aunque fuera un niño inocente.

—Mi familia se está partiendo en dos.

—A veces, es lo que se debe hacer —contestó él— Mis padres siguen con los Mulciber, igual que muchos tíos y primos. Mis dos hermanos mayores, mi cuñada, mis sobrinos y yo, solo nosotros estamos con los Nott. A veces debemos hacer nuestros propios caminos.

—No es lo mismo —murmuro Amira.

—No, pero se parece mucho —contestó él— para los Jeremiah del lado de Mulciber no somos más que traidores. En el lado de los Nott, para las demás familias, somos más un problema que un beneficio, podríamos complicar la situación de Frederick en más de un sentido ya que estamos bajo su protección —el mago se removió incómodo y le lanzó una mirada significativa— personalmente, estoy especialmente agradecido con Theodore. Nadie hubiera dado un galeón por nosotros, pero él lo hizo. No tenía que hacerlo, pero lo hizo. Frederick nos dijo que incluso enfrentó a su padre por nosotros. Nunca voy a olvidar eso. A ninguno de los que nos han ayudado hasta ahora.

Nate Jeremiah miraba con mucho respeto hacia donde Theodore, quien copa en mano, seguía dando sus palabras.

La fiesta estaba por terminar y Amira se había alejado de Nate y su pequeño grupo de niños para buscar en el primer piso a Nathaniel y despedirse, sin embargo, no lo encontró en ningún lado. En su lugar, vio a Theodore pasar por uno de los pasillos, ella iba a pasar de largo, pero vio a dos chicas pasar justo detrás de él. Amira, desconfiada, decidió seguirlos.

Avanzó hasta los pasillos que llevaban a más y más puertas que llevaban a los balcones exteriores. Theodore estaba en uno de ellos, las chicas estaban detrás de un pasillo y solo a metros de él. Una tenía un pequeño paquete en las manos. Se aliso el vestido y la otra le acomodó el cabello. La que tenía el paquete fue directamente hacia el balcón. Ya para entonces, Theodore se había dado cuenta de su presencia.

—Theodore —dijo la chica, extendiendo el paquete en sus manos— lamento no haber venido en Navidad. Este es tu regalo.

—No era necesario —contestó él, todo educación— Tu hermano me envió un presente en tu nombre.

Ella soltó un resoplido y agitó su cabello castaño al aire— Vaya, Aliester no me lo dijo.

—Oh, vaya —murmuro él, pero recibiendo el regalo de todas formas— Entonces, gracias.

Por aquel comentario, Amira supo que esa chica era una Darke… sin embargo, se veía extraña. Darke solo tenía una hermana menor y recordaba tenía el cabello oscuro, no castaño como el que llevaba esa chica.

La chica Darke no se movió y Theodore la miraba de reojo— ¿Sabe tu hermano que estás aquí?

—No —contestó ella.

—De acuerdo —murmuro él, apoyándose contra la baranda del balcón— ¿Quieres pedirme algo?

—Que directo —dijo ella en una corta risa.

Theodore, en otra corta risa, le contestó— Generalmente es lo que sucede.

— ¿Estás seguro? —Murmuro ella, acercándose a él— Yo podría querer darte algo a ti.

Theodore entonces, se cruzó de brazos— ¿Problemas…?

La chica, descolocada, volvió a sonreír— Podría sentirme insultada.

— ¿Es distinto en mi lugar? —Preguntó él— No soy idiota. Vuelve al salón, saluda a Aliester de mi parte.

Theodore le dio la espalda y la chica, boquiabierta, se volvió y caminó rápidamente hacia su amiga.

— ¿Qué pasó? —le preguntó.

La chica entonces, resopló enfadada— No lo entiendo —murmuro— Lo he observado, pensé en todo. Creí que lo único que faltaba era esto —dijo tocándose el cabello— Ese estúpido fetiche suyo con este estúpido color de cabello. Soy mejor que todas esas chicas a las que ha terminado besuqueando en ese estúpido balcón —dijo ella indignada mientras caminaba por el pasillo de vuelta.

Amira, boquiabierta, se quedó plantada en su escondite.

Hacía tiempo, había oído rumores acerca de eso también. Theodore, liándose con chicas cerca del final de las fiestas que montaba. De ahí también salió otro famoso rumor, de que al parecer él prefería a las castañas.

— ¿Tú también vas a pedirme algo? —escuchó Amira a su espalda, ganándose un susto.

Ella respiro profundo antes de darse vuelta— Estaba buscando a Nathaniel.

— ¿En el pasillo de los balcones? —Dijo cruzándose de brazos— ¿el lúgubre lugar donde Theodore Nott se besuquea con chicas?

Amira quedó de nuevo boquiabierta— Yo…

— ¿Crees que no estoy enterado de los rumores que hay acerca de mí? —Dijo alzando una ceja— y bien ¿Qué quieres?

—No quiero nada —murmuro ella.

—Claro —dijo con la voz muy baja— Sígueme.

—Yo tengo qué…

— ¿Querías espiar o no? —Antes de que ella respondiera, él se giró y la miró con sus ojos fríos que podrían atravesarla— Sígueme. Es una orden.

Amira camino en silencio detrás de él y bajaron las escaleras hasta la planta baja y luego lo siguió hasta el estudio. Por un instante pudo ver que Tini los vigilaba desde una esquina de uno de los pasillos.

Theodore abrió la puerta del estudio y la hizo entrar primero. El cerró la puerta después. Una vez dentro, Amira sintió que el alma se le caía al piso.

—Mis invitados me dicen que ya los conoces.

—No formalmente —murmuro ella, juntando sus manos, nerviosa de repente.

—Bien —murmuro Theodore— Él es Elliot —dijo presentándole a uno de ellos, el más alto— y él —pasó a presentarle al otro— es Andrew. Ambos son sobrinos de Mulciber, quien en un acto de buena fe, nos los envió para conocer a las familias. Trataremos con ellos en nombre de su tío.

—Amira Craston —murmuro ella— un gusto.

—Un placer —dijo uno de ellos, Andrew.

—Opino igual que mi hermano —dijo Elliot.

Theodore la miró con cierto desdén— Amira —dijo mirando ahora hacia los magos— es prima de James Craston, un colaborador mío muy cercano y se me acaba de ocurrir… que podría ser el contacto entre mi familia y la de ustedes ¿Qué opinan?

—Sería estupendo —dijo Andrew.

—Mi hermano habla por ambos —murmuro el otro, sin quitarle los ojos de encima.

Ella se removió incomoda— Theodore, yo…

Él se volvió a ella con una sonrisa que hacía juego con sus ojos fríos— Se cuánto disfrutas estar al corriente de todo —le murmuro— te encargaré esto especialmente a ti. Será bueno para ti. Sé que aprenderás mucho con todo esto.

Amira hubiera deseado poder preguntarle en voz alta lo que pensaba.

"¿Me estás castigando?"

Pero no necesitaba preguntarlo en voz alta. La mirada de Theodore le decía que sí. Que era justo lo que él hacía.


Fue en una fiesta como esa, cuando bailo con Emma por primera vez.

Por primera vez en público.

Los Prince habían dado una fiesta de disfraces por Halloween y aunque eran tiempos algo violentos, Edward se las había arreglado para conseguir una invitación y poder asistir. Emma, aprovechando el viaje que habían tenido sus tíos, se había escabullido de casa y embutida en un vestido negro con encaje en los brazos, un sombrero de bruja en la cabeza y una máscara con brillo plateado sobre su rostro, se le acercó para susurrarle al oído que había llegado.

Él la había reconocido al instante solo con verla caminar. Cuando estuvo cerca, se encontró con sus hermosos ojos azules de inmediato.

Edward, cual caballero, le había ofrecido la mano y ella la había aceptado con una sonrisa. Entonces, ambos se habían mezclado entre las demás parejas que bailaban.

— ¿De qué estás disfrazado? —le había preguntado.

—Realeza británica —había dicho el con una sonrisa juguetona. Su capa sujetada con alfileres dorados a sus hombros girando al mismo tiempo que él.

— ¿Realeza Muggle? —había preguntado ella.

—Así nadie más estaría disfrazado como yo.

—Chico listo —había reído ella, batiendo sus bonitas pestañas, su mano sujetándose de su hombro y en un rápido movimiento, acercándose a él cuanto fuera posible— Entonces, ¿Lo conseguiste?

Edward, mirándola a los ojos, plenamente orgulloso de su logro le contesto— ¿Cuándo te he fallado?

La música se detuvo y Edward regresó a la realidad, la sombra del recuerdo, alejándose por fin.

Edward se frotó los ojos y sacudió la cabeza, por un instante, reconectándose al lugar donde estaba ahora y dejando la sombra del recuerdo atrás. Asustándose por un instante, pues perdió de vista a Theodore y solo calmándose cuando lo vio a solo unos metros de él.

"Basta" se regañó mentalmente. Ahora más que nunca debía de centrarse en Theodore y en nada más que Theodore.

"No es que tengas algo más en que centrarte ¿O sí?" se recordó a sí mismo… sin embargo, había veces en las que sencillamente no podía.

Cuando la mente de Edward se saturaba, él solía quitarse las memorias más traumáticas y solo las devolvía a su cabeza cuando la sombra del recuerdo comenzaba a desaparecer, porque si no lo hacía, lo olvidaría todo. Sin embargo, a veces, eso solo hacía más caos. Porque mientras más fuerte fuera el recuerdo, lo era también la sombra.

Cuando Edward aprendió a quitar memorias de su mente, lo primero que hizo fue quitar la más traumática hasta ese entonces, la muerte de Celeste. Pero todo salió mal y se encontró a sí mismo entrando en un estado de total paranoia, actuando como si fuera un demente. Buscando su rostro en los rostros de personas que se le parecían… sumándole el hecho de que en ese entonces aún vivía con los Greengrass y todos allí guardaban cierto parecido, fue una locura. Una total locura.

Los recuerdos de Emma, por otro lado, ahora eran los peores. Esos recuerdos y sus sombras eran los que más desfilaban por su mente este último tiempo. Los últimos meses. Aun quitándolos de su mente, las sombras de esos recuerdos se empeñaban en secuestrar su mente consciente y él, inconscientemente, lo permitía, llevándolo a la calma, la ira, el dolor, el miedo, la culpa.

Antes, tenía vacío, un hueco en el alma. Pero ahora… ahora solo tenía culpa, dolor y más rabia que nunca.

"Basta" se dijo, cansado de nuevo.

Antes al menos podía distinguir cuando su mente escapaba de la realidad y podía detener el tren desbocado de sus pensamientos. Pero ahora… ahora sencillamente se había hecho más y más difícil, mucho más cuando tenía a Theo cerca.

Sacudió la cabeza de nuevo y con una sonrisa apareciendo por inercia en su rostro, volvió a centrar la mirada en Theodore, notando que él estaba enojado.

Últimamente, Theodore siempre estaba enojado.

"Pequeño niño" pensó con ojo crítico "¿Cuándo vas a ser tú de nuevo?"

Lo contemplo de lejos, con un sentimiento extraño en la boca del estómago.

La sombra del recuerdo, acosándolo de nuevo.

"Estoy cansado" se dijo y cerró los ojos un instante. Dormir era una tortura este último tiempo y había preferido no hacerlo hasta que fuera estrictamente necesario, era lo mejor porque así estaba tan cansado que su cerebro no podía darle las pesadillas usuales.

La música entonces volvía a sonar y su mente estaba escapando de nuevo a un tiempo donde aunque todo eran mentiras, las cosas no eran tan horribles. Un tiempo donde alguien como él incluso se había permitido soñar. Un tiempo donde su corazón aún no se había roto y era mejor y peor persona que hoy en día.

"Debería secuestrarlo" pensó de pronto "Y maldecir a la gente adecuada y enviar una bomba a Azkaban. Esas bombas Muggle que hacen que todo se vuelva polvo. Ni Philip podría sobrevivir a eso" pero luego divago "No, más problemas. Si vamos a matarlo, hay que hacerlo bien. Y cuando al fin este muerto… No. Justo ahora, Theo se podría poner triste. Podría colapsar otra vez. Y si sospecha que fui yo, podría terminar mal. Hay que hacer que se decepcione más y más y cuando lo odie… cuando lo odie como antes… yo le diré…todo."

"Oh" se dijo "Ahora puedo notarlo"

Casi podía sentir el punto en que su mente estaba descarrilándose de nuevo, y él, con fuerza de voluntad que sabía que venía de su escondido amor propio, se dijo a sí mismo una palabra.

"Basta"

—Hay muchas cosas que están mal hoy —dijo Edward apenas y llegaron al tercer piso, casi pisándole los pies a Theodore por seguirlo de cerca.

Theodore estuvo en silencio todo el camino y siguió así hasta que entró en su habitación. A Edward le pareció que ni se fijó en que él había entrado para azotar la puerta con fuerza para cerrarla.

— ¿Tú también? —dijo como si fuera un reclamo.

Edward, descolocado por un instante, asintió. ¿Había más personas reclamando?

—Sí —dijo con firmeza.

—Merlín —masculló Theodore— Primero McGrath el otro día. Hoy Taylor. ¿Ahora tú?

Edward asintió— Y si la mitad de lo que Jeremiah dijo es cierto, puedo asegurar que Serafina no se quedará cruzada de brazos. Será tu dolor de cabeza mañana.

Theodore le miró con aburrimiento— James lo aprobó.

—James tiene la personalidad de una piedra —dijo rodando los ojos— y siempre está desesperado por darte lo que sea que le pidas.

—Estoy deseando que los demás fueran así también.

—Los dos sabemos que eso no es así.

Theodore se cruzó de brazos— Solo es una estúpida colaboración —dijo sonando indignado— No la estoy enviando a la guerra, por Merlin.

Edward se dio cuenta entonces, que Theodore estaba discutiendo. Discutiendo, no repartiendo ordenes sin derecho a réplica.

Era… como el Theo de antes.

Por un instante, casi sonrió. Pero se aguantó y en su lugar solamente se aclaró la garganta.

—La estás castigando —dijo Edward— si aceptas eso, entonces entiendes que no está bien.

Theodore entonces le dio la espalda— Me estaba espiando —dijo en voz baja— ¿Qué se supone que haga? ¿Darle un premio?

— ¿Enviar sola a una chica a tratar con sujetos con fama de acosadores es tu brillante idea?

Él se dio vuelta— Los rumores de ese tipo generalmente son exageraciones.

—Igual que el de ti y tu obsesión con chicas castañas, son justo de ese tipo —le dijo con maldad— ¿También son exageraciones?

Y entonces, Edward se dio cuenta que de que había tocado un límite. La mirada que Theodore le lanzó podría congelar el ambiente entero. De pronto, el Theo de antes parecía desaparecer frente a sus ojos dejándole solamente ese ser que se solo se parecía a Theo.

—Lo siento —dijo de inmediato— no medí mis palabras.

—Ya lo creo —contesto él lúgubremente— será mejor que te retires.

—Antes de eso… acerca de Archer…

—Fuera —masculló Theodore, mirándolo con esos intimidantes ojos fríos.

"Reconoces a un Nott con solo verlo" decía un refrán viejo.

A Edward, con verlo a los ojos era suficiente. Ojos de Nott. Fríos y crueles ojos de Nott.

Antes le divertía mirarlos. Pero no ahora. No con Theo siendo como era ahora.

"Tan parecido…"

La sombra del recuerdo, avanzando de nuevo. El peor recuerdo de todos.

Edward estaba a punto de dar un paso atrás, como quien quiere huir, sin embargo apretó los dientes con fuerza.

"Basta" se dijo.

— No —murmuro, enfrentando la mirada dura de Theodore— No. Probablemente nadie más te lo diga, pero poner a Archer como segundo al mando en la primera línea es un error.

—El error es dejar a McGrath a cargo de todo. Él no tiene verdadera lealtad conmigo —dijo con rencor— solo un estúpido sentimentalismo porque será padre y a su esposa se le ocurrió verme como un niño —dijo en una risa cruel— ¿Qué crees que va a suceder cuando a ambos se les pase? Si mi padre retorna podría traicionarme sin pensarlo demasiado.

—No es así —murmuro Edward, cansado—Sebastian es leal.

Theodore soltó un resoplido— No puedes asegurarlo.

Edward miró hacia el suelo, los puños apretados y casi clavándose las uñas en las palmas de sus manos. Quería decirle que sí, que si podía. Que los magos de los que él tanto desconfiaba eran más leales que nadie, tan leales que habían arriesgado lo indecible para hacer que él mejorara y también mantenerlo a salvo de Philip.

—Poner a Archer como el segundo es un error.

—Ha demostrado ser leal —replicó Theodore— y es todo cuando voy a decir sobre eso.

—No es leal, solo es un fanático.

—Cumple lo que le mando ¿Importa si es un fanático? —Replicó Theodore.

—Claro que importa —replicó Edward— Los fanáticos no saben dónde está el límite. Theodore, por favor, escúchame. Eso va a terminar mal.

Pero el ser que se parecía a Theodore nunca escuchaba. Ni siquiera lo miraba cuando dio su última palabra:

—Fuera.


De regreso a Hogwarts, Theodore aún no podía dejar de sentirse molesto por todo lo que había pasado durante esa semana fuera del castillo.

"Fue cosa del azar" había confesado McGrath. Saber que el apoyo decisivo que aseguro tomar el poder en el Dominio fue resultado se debió a la reflexión emocional de un hombre solo porque iba a ser padre pronto… a Theodore le dio escalofríos.

"Hubiera preferido que fuera chantaje" pensó hastiado.

En lugar de tomar el tren, Theodore había llegado por traslador y pasó las puertas de la escuela con recelo, pues los aurores arrojaron sobre él encantamientos buscando magia peligrosa y requisando hasta en los tinteros que traía en su baúl. La seguridad se había duplicado desde la última vez.

Casi había perdido la paciencia, pero se mantuvo imperturbable. Tenía que estarlo, después de todo, necesitaría toda la paciencia del mundo en esta nueva situación.

Edward podría tener algo de razón con el fanatismo de Archer, pero eso no quitaba que el mago hacía lo que le mandaban y a veces los fanáticos eran necesarios. Ponerlo cerca de McGrath era la mejor forma de vigilarlo.

Así podría controlar eso.

Ahora… Edward.

Mientras iba a la mazmorra y también mientras vaciaba su valija, Theodore aún seguía pensando en el mejor modo de mantener bajo control a Edward. Últimamente se estaba revelando demasiado seguido. Sabía que nunca lo traicionaría, pero no por eso iba a subestimarlo.

"Tengo que estar centrado" pensó.

La Red Flu estaba ya en el continente, así que ahora la presión sería mayor.

Frederick había reportado que el Ministerio prácticamente lo acosaba de todos los modos posibles para sugerir sobre la marcha algún modo de negociar lo que fuera con tal de tener un acercamiento con la familia. Mientras, el Bando del Lord parecía frotarse las manos viendo como el Ministerio iba decayendo poco a poco, seguramente, ansiosos por poner pronto sus manos sobre el gobierno.

Las piezas se estaban moviendo y extrañamente, su padre estaba en silencio.

No lo llamó luego de la audiencia de hacía unos días. Le negaron la libertad, claro, pero de todos modos… se le hacía muy extraño.

"Tendré que ir yo" pensó… sin embargo, contemplar esa idea le dejo un regusto amargo.

Escucho una risa algo incomoda cerca, levantó la mirada y se encontró con Blaise.

— ¿Qué pasa amigo? —Preguntó mirándole con una ceja levantada— pareciera que viste a un fantasma. El mismo que vio Draco —dijo en tono burlón.

Theodore miró hacia Draco, quien también había estado agachado contra sus cosas y ahora parecía querer ahorcar a Zabini.

—No pasa nada —dijo Theodore, dejo sus cosas y salió de la mazmorra, de alguna manera indignado.

"Draco es un desvalido que no tiene el control de nada" pensó con enojo "no me veo como él"

— ¿Vas a decirme que te sucede?

Hermione alzó la cabeza del libro que leía, prestándole atención por un momento, pero volviendo a retraerse de nuevo.

—No pasa nada —dijo pasando una página al libro que tenía en las manos.

Theodore apoyo el rostro entre sus manos— Pensé que no nos decíamos mentiras.

Ella alzó la cabeza de nuevo y le miró por un largo momento antes de contestar— No tiene importancia.

"Oh, pero claro que la tiene" pensó. Si tenía que ver con Potter y compañía si la tenía.

Estaban en la sala de menesteres, sentados uno cerca del otro. Theodore no había tenido contemplado el reunirse con ella, de hecho, estaba planeando alguna buena excusa para evitarla. De alguna manera, se sentía incómodo con tener que estar cerca de ella. Se dijo a sí mismo que era porque últimamente era complicado y trabajoso el tratar con ella, pues significaba tener que estar en guardia todo el tiempo.

Hermione era una observadora meticulosa y discreta… no lo admitiría jamás, pero podía ser vergonzoso que ella se diera cuenta de que él ahora estaba tan intranquilo.

Mantenerse lejos era el plan, pero la observo el lunes, comiendo lejos de sus amigos. El martes la vio de nuevo, en clase de pociones conjuntas, haciendo pareja con una chica Gryffindor de la que no recordaba el nombre.

— ¿De verdad? —Preguntó suave como un murmullo— a mí me parece que no ¿Peleaste con tus preciados y perfectos amigos?

Ella le lanzó una mirada recriminatoria, no la sostuvo, pero cerró el libro y lo puso a un lado antes de volver a agachar la mirada otra vez.

—Es una tontería.

— ¿Lo dices tú o ellos? —Preguntó Theodore intentando meter cizaña, intentando darle forma de enojo a la frustración que seguramente ella sentía. Las personas como Hermione eran más maleables estando enfadadas.

Hermione no contesto.

"Divertido" pensó casi alegrándose de la confusión que evidentemente ella tenía.

— ¿Qué pasó? —Pregunto él de nuevo— ¿Qué fue eso tan grave que pasó para que Hermione Granger y sus adorados amigos dejen de hablarse?

—Basta —murmuro ella— no les digas así. Y no ha pasado nada.

Por un instante, un ligero instante, contemplo meterse en su cabeza. Sin embargo, la desechó.

—No tienes que mentirme —le dijo bajito, acercándose a ella. Su enguantada mano deslizándose por su mejilla, para hacer que ella lo mirara— Podría criticarte, pero será constructivo.

Hermione, en lugar de enfadarse como él hubiera esperado, suspiro. Elevo sus dorados ojos y los fijó en los suyos— Harry y Ron están usando magia extraña —murmuro— la encontraron en ese estúpido libro de pociones, fue esa magia con la que Harry hirió a Malfoy. Les dije que no deberían, pero Ron insiste en que quizá todos deberíamos aprender.

Aunque Theodore tenía atorado en la garganta que la estúpida comadreja tenía razón y hasta estaba tentando de preguntarle que magia era esa, pero… sencillamente, no lo hizo.

—Par de tontos —murmuro desaprobación fingida— eso podría terminar mal.

— ¿Verdad? —Dijo ella, la mirada menos apagada— Quiero decir… ¡Es magia que no conocemos! Podría tener otras implicaciones. Podría haber otras reacciones —a cada palabra aumentando un grado de dureza en su voz— ¡Están actuando como tontos!

—Definitivamente —murmuro Theodore, aún con indignación fingida— Estúpidos.

Hermione estaba despotricando algunas palabras y otras quejas de sus adorados amigos, mientras, Theodore maquinaba en su cabeza lo agradable que sería que esa pseudo amistad se acabara pronto. Ella solía actuar enceguecida en cuanto se trataba de ellos. Era demasiado confiada con Weasley. Había sido envenenada con Amortentia y aunque Theodore se ofreció a dar con el responsable (obviamente una mentira, pues planeaba usar eso para hacer una grieta entre ella y sus queridos amigos), pero ella le restó importancia simplemente diciendo que seguramente había sido una jugarreta tonta de alguien y zanjando el asunto con que ahora sería más cuidadosa.

Pero era peor cuando se trataba de Potter y Theodore todavía no podía entender cómo es que ella siguió a Potter al Ministerio el año pasado. Se lo preguntó y ella le dijo que fue porque era su amigo y apoyarlo era lo correcto.

¿De dónde venía tanta devoción? ¿Qué ganaba ella estando siempre cerca de ese problemático par?

"No lo entiendo" pensaba a menudo, pero al mismo tiempo, le molestaba demasiado. Sin embargo, no era una molestia corriente. Eran como celos, pero al mismo tiempo no. A menudo, aunque tuviera cosas más importantes en que pensar, se encontraba dándole vueltas a todo eso. Era algo entre la envidia y su reciente posesividad. Algo que le decía que mientras ella tuviera a esos dos cerca, Theodore estaba perdiéndose de algo.

Como si esos dos estuvieran quedándose con demasiada facilidad con algo que Theodore ansiaba demasiado.

"Quiero esa lealtad para mi" pensó de pronto "Potter estorba. Weasley estorba. Con ellos cerca, ella nunca aceptaría el vínculo y…"

Theodore de pronto frunció el ceño, confundido con todo el ruido en su cabeza.

"¿Qué?" se preguntó de pronto y ahora todo era silencio, como si todo se hubiera detenido de repente "Yo no quiero un vínculo. Yo… ¿Yo?"

Theodore sacudió la cabeza, y la idea desapareció tan rápido como llegó… pero en esta ocasión, le dejo un vacío extraño.

—Ummm ¿Theodore? —habló ella.

Él se volvió hacia ella, sujetándose la cabeza un instante— Disculpa —murmuro— me distraje un poco.

Ella asintió, pero parecía vacilante— D-de acuerdo —dijo nerviosamente— ¿Ves? Te dije que no era nada.

—No es "nada" —murmuro él, acercándose de nuevo— ¿Te he dicho alguna vez que das demasiada importancia a lo que ese par de tontos hacen y dicen? Si terminan perdiendo un brazo, no podrán decir que no se los advertiste. Sera su culpa, no tuya.

—Pero no puedo solo mirar y no hacer nada.

—Podrías —dijo él— créeme. En serio podrías. Tener una mano firme solo requiere algo de práctica. Podría darte consejos.

— ¿Consejos?

Él asintió, enganchándose a sus ojos curiosos de nuevo— En el Dominio, nadie me desobedece —murmuro, pero recordó cómo es que todos se le rebelaban últimamente— Hay quejas, claro, pero manejables. Y al final… —Theodore se detuvo, pues ella le estaba mirando de un modo extraño.

"Ah, claro" pensó "Los rumores de que mi crueldad"

Él le sonrió— Bueno. El truco está en la firmeza.

—Me parece que soy bastante firme.

—Es posible. Pero me parece que se puede mejorar.

Theodore ocultó una sonrisa que podría resultar en una burla. No. Hermione Granger no era nada firme. La firmeza podía hacer que el resto te odiara, como hacía probablemente la mitad del Dominio de su familia.

"¿Qué importa?" Se dijo él. Al final, lo que importaba era tener todo bajo control.

Y entonces, recordó los recientes eventos. La confesión de McGrath, las cartas de Serafina, la mirada de preocupación de Amira Craston al tener que tratar con los Mulciber, la cara de Nathaniel Craston mientras cuidaba a ese mocoso de Arthur Craig. El mocoso mismo, mirándole aterrado y suplicante. Patético.

Patético.

Patético.

"Como un joven mago que fue perseguido, esperaba que tuvieras empatía con alguien en la misma situación"

—A veces hay cosas que tienes que hacer —dijo Theodore, pero no la miraba a ella cuando lo dijo, sino recordando su conversación con McGrath la noche de Navidad. Su humor, oscureciéndose de pronto.

—Ya no quiero hablar de esto —dijo ella entonces.

Theodore parpadeo y de inmediato centró los ojos en ella, intentando quitar de su mente esos recuerdos desagradables.

—De acuerdo —dijo él, escapando de esos recuerdos, dejándolos atrás — ¿Quieres que te distraiga? —pregunto, inclinando su cabeza hacia la izquierda, acercándose más.

—Si —murmuro ella— quiero dejar de pensar —dijo ella, cerrando los ojos e inclinando su cabeza hacia la derecha.

—Que coincidencia. Yo quiero justamente lo mismo.

"Distráeme" pensó.

Él la beso. Primero suave y casi rozando sus labios. Sus frentes estaban casi juntas y sentía la acompasada respiración sobre sus mejillas. Su nariz estaba fría, pero sus labios eran cálidos y suaves, como siempre lo fueron. Una de sus manos fue hacia su mejilla, la otra avanzando lentamente hacia su cintura y acercándola a él.

Como si fuera una especie de acuerdo silencioso, uno mordisqueo al otro. Era ridículo, pero se les había hecho una especie de costumbre hacerlo. Uno comenzaba y el otro continuaba, resultando en un beso más y largo y profundo.

Era extraño, el cómo una acción con la persona adecuada podía distraerte tanto. Theodore pensaba, que quizá por eso había hallado tanto gusto en distraerse besándola.

El beso terminó pero, diferente a otras ocasiones, ella no se alejó, si no que continuó con las manos alrededor de su cuello. Sin mirarlo directamente solo dijo unas palabras que él apenas pudo oír.

— ¿Me abrazarías?

Theodore, quien en otro tiempo hubiera respondido preguntando "¿Por qué?", no dijo nada. Ella lo estaba pidiendo y podría decirse que él estaba de buen humor para ser benevolente. En silencio pasó las manos por la espalda de Hermione lentamente y la acercó a él. Ella estaba usando algo de fuerza para aferrarse y era algo que podría levantar algo de susceptibilidad en él, pero no era como si le fuera a romper el cuello. Ella no tenía la fuerza necesaria.

Solo lo estaba abrazando y él había dejado de sentir la amenaza hace tiempo.

"Supongo que me estoy acostumbrando" pensó mientras apoyaba el mentón contra el hombro de Hermione.

Se fijó entonces en su cabello. Era entre castaño oscuro y claro, con leves destellos de dorado si estaba al sol. Por su forma ondulada, de lejos parecía un desastre, pero de cerca no lo parecía tanto. Theodore envolvió un rizo en su dedo y este cedió al instante. Envolvió otro dedo y otro.

"Bonito" pensó.

Porque si, le gustaba ese color.

Después de todo, los rumores acerca de que él tenía una especie de fetiche con ese color de cabello estaban bastante cerca de la realidad.

Después de todo, por alguna razón, las castañas le llamaban la atención más que otras, pero era algo que mantenía a raya por los rumores exagerados acerca de sus enredos con chicas durante las fiestas que daba. Solo eran besos. Nada importante.

Además, hacía tiempo que ya había dejado de hacer eso.

Miró de nuevo el cabello de ella, los mechones envueltos entre sus dedos y se preguntó si acaso era por eso que Granger comenzó a gustarle.


Y aquí vamos de nuevo :D

Cosillas varias:

La Torre donde estaba Emma, se llama Birth Tower, deje ese detalle de lado en el anterior cap :(

Datos triviales:

-Si, Edward se nos está desiquilibrando. Ya de antes se dijo que estaba relativamente desequilibrado. Ahora todavía más :(

-Draco tuvo una navidad horrible, acerca de eso... en el proximo capitulo.

-Theodore siempre mantenía distancia de todo el mundo, incomodo incluso de que se le acercaran demasiado. Además, se supone que hasta hace poco mucha gente lo quería muerto. Así que por eso es el asunto de que cuando Hermione lo abraza, lo primero que el piensa es que va por su cabeza, como si fuera un ataque.

y... No se me ocurre más cosas que compartir...

Oh, si. En el proximo capitulo vienen perspectivas de Serafina, Hermione, Star y Draco. Puede que alguien más, pero esas son las que si salen :D

¿Les conté que falta poco para el final? Menos de una docena.

Gracias por leer :D

PD: Mucho amor a Sebastian McGrath.