CAPITULO 50

MONSTRUOS Y EL TÉ DE LA TARDE

—No puedo enviar a uno de mis alumnos con usted, no sin permiso de los padres.

—Profesor Dumbledore —dijo Edward— ha enviado a un grupo grande de niños menores de edad al Ministerio de magia, donde casi terminan muertos. Yo creo que puede enviar a uno mayor de edad que claramente tendrá la voluntad de ir. Además, James es huérfano.

—Señor Greengrass…

—Edward —replicó rápidamente— llámeme Edward.

—Edward, estás siendo muy… ansioso al respecto.

—Theodore Nott ha desaparecido —murmuro Edward, sin poder ocultar su preocupación— estaba herido y seguramente llegó a sus oídos un rumor acerca de un malintencionado vociferador.

—Algo escuché.

—Entonces… debe entender que es urgente encontrarlo. Para eso necesito a James Craston.

— ¿Craston? ¿Por qué? —preguntó el anciano. Una pregunta obvia, por supuesto.

—Es su amigo —mintió— estoy seguro de que al menos él tendrá una idea de donde está.

—Theodore no tiene amigos —contesto el anciano de inmediato, pero luego solo se frotó el mentón— Es de los solitarios.

Edward vio entonces, una mancha oscura en la manga del anciano. Sangre. Edward reconocería sangre sobre la ropa donde fuera.

— Ese niño siempre dice eso cuando alguien le menciona el asunto. Lo dice con una convicción que convence a todo el mundo —dijo con los ojos fijos en esa mancha y una de sus manos instintivamente yendo a su varita— Profesor… ¿Eso en su manga es sangre?

El anciano entonces, bajo la mano lentamente y su rostro se volvió una máscara de indolencia— He tenido un duelo con Voldemort —contestó el mago— Ha sido una larga noche, Edward.

Edward se mordió el interior del labio. Hacía todo esfuerzo por no rebatir en el hecho de que Dumbledore se había reunido con Theodore antes de que este se atrincherara en la casa del Norte y no diera señales de vida. Pero ya habría tiempo para eso. La prioridad era encontrar a Theo. Fuera lo que fuera que hubiera pasado, Dumbledore abandonó la casa del Este solo con su mago cómplice. Theo tuvo que irse a otro lado.

—Deje salir a James —murmuro con resignación— y yo estaré tan agradecido con usted que no tiene idea de lo mucho que lo retribuiré —Dumbledore entorno los ojos, pareciendo interesado. Edward sentía que podría reírse— Soy un alto funcionario en Cooperación mágica internacional… es un área muy interesante.

—He oído que tienes cariño y respeto en Uso y control de la magia.

Edward se mordió interior del labio de nuevo— Hecho —murmuro, resignado.

Ante esas palabras, Dumbledore aceptó, pero no sin antes darle unas últimas palabras

— Eres un hombre sensato, Edward, y las cosas no van muy bien para ese muchacho. Solo quiero ayudar —dijo el mago antes de retirarse— Cuando hables con el joven Nott dale un mensaje por mí. Dile que mi propuesta sigue en pie.

Oír eso, podría tranquilizar a alguien; sin embargo a Edward, quien sabía perfectamente el tipo de mago que era Dumbledore, le provocó indignación.

Probablemente esa fue… la noche más larga de su vida.

Luego de escuchar el vociferador de Theodore, primero entró en confusión. Pero luego intento entender el mensaje dentro del mensaje. Las intenciones.

Si todo fuera un ataque del bando del Lord, Theodore debería llamar a las familias y conformar un frente que lo respalde, no hacer que todos se escondan. Estaba creando caos. Y cuando creas caos adrede… generalmente es para dividir a tus enemigos y para hacer tiempo.

Tiempo. El niño estaba ganando tiempo.

¿Qué más podía ser?

Edward entonces, decidió dar apoyo.

Le valió un golpe y, seguramente, la desconfianza eterna de McGrath.

Una maldición en la cara por la arpía de Laurina.

Entregar a James a Philip.

Ejecutar un secuestro y tortura exprés.

Mirando las cosas atrás, en eso último, había que aceptar que se le pudo pasar la mano; pero estaba tan lleno de frustración que cuando sus informantes dieron con el nombre de la bruja que acompaño a Dumbledore y ella no quiso colaborar… no pudo contenerse.

La tortura le llevó lo que quedaba de madrugada y parte de la mañana. La bruja que torturo tenía una Oclumancia envidiable y Edward se había quedado sin legeremante. Así que recurrió a la antigua práctica de desgaste mental por dolor y el clásico interrogatorio.

Cuando terminó con ella, se sintió sucio.

—No me mires así, yo solo hago lo que cualquiera en mi lugar haría —dijo a la pesarosa y dolida mirada de la bruja, quien definitivamente no podría hablar por su desgastada garganta— ¿Quieres culpar a alguien? culpa de Dumbledore. Él te metió en todo esto —llevó ambas manos a los hombros de la mujer, acercándose, haciendo que a la bruja temblara de miedo— ¿Pero sabes qué? De todos modos, también es tu culpa. ¿Cómo es que solo te quedaste mirando cuando extorsionan a un niño vulnerable y herido? —Le preguntó y ella apartó la mirada, asustada, algo que lleno a Edward de más enojo— Deberías darme las gracias. Te estoy enseñando una gran lección. No puedes ser cómplice de algo lamentable y creer que nadie intentará vengarse.

Decir aquellas palabras le limpió la conciencia un poco.

En una vida tan turbulenta como la suya, pocas veces se podía permitir ciertas reglas y una de ellas, era la de no lastimar mujeres a menos que se lo merecieran. Decir que estaba vengando a Theo era una especie de excusa, pero servía a su propósito.

"Propósito" pensó mientras estaba en la casa principal, completamente vacía y preparando el espacio en el estudio con pistas de los lugares que él conocía eran de propiedad de los Nott, así James podría usar esa información sin desconfianza.

El Amanecer llegó pronto y encontró a Edward ojeroso y cansado, pero atento. Según el encantamiento de rastreo que puso sobre James, él aún continuaba en el Ministerio.

"Ojala James colabore" recordaba haber pesado con nerviosismo.

Siendo sincero consigo mismo, le agradaba James. Un sangre pura surgiendo de la basura era mejor que la mayoría. Orgulloso pero humilde, aunque fuera por la fuerza de su situación. Un chico así, con la instrucción y la influencia adecuada, tenía mucho potencial para ser leal a muerte. Eso era lo que Edward esperaba de los cercanos a Theo.

La magia de rastreo se activó y supo dónde encontrar a James.

Efectivamente, James llegó a la casa principal y encontró las pistas preparadas para visitar cada una de las propiedades de los Nott y lo siguió oculto con magia por todos y cada uno de los lugares donde podría encontrarlo, pero también se dio cuenta de que no era el único que lo seguía. Definitivamente Philip no lo enviaría solo, Edward asumió que era Laurina.

Pero cuando llegaron a Birth Tower… Laurina no pudo seguir a James, pues la magia no la dejo. Edward también esperaba ser repelido, pero la magia no le hizo nada. Era demasiado extraño, pues esa propiedad estaba prohibida para todo el mundo excepto Philip, pues durante el tiempo en que lo acompañaba él solía ir allí rutinariamente para según él, "Descansar".

Edward había esperado encontrar allí cualquier cosa… cualquier cosa excepto a Emma, muerta.

Decir que perdió totalmente la cabeza en ese momento era una manera suave de describir aquello.

Había derribado a James solamente por el nerviosismo. Fue pura suerte no haberlo matado.

Su secreto mejor guardado, del que nadie podía enterarse aún, frente a sus ojos.

Luego de eso solo había actuado erráticamente, sin usar la cabeza. Quizá fuera por eso que todo se le salió de las manos.

"La vulnerabilidad te vuelve confiado" pensaba seguido.

Pues ese día había sido vulnerable, había hablado de más y creyó que James podría entender.

Solo por un instante olvidó que James era un sangre pura, la cabeza de una familia. Alguien que sentiría más empatía por otra cabeza de familia que castiga a un familiar rebelde. Alguien que podría llegar a pensar… que algo como lo que Philip le hizo a su sobrina no era necesariamente "malo".

"Los monstruos comulgan entre ellos, beben el té de la tarde mientras se dan consejos"

Jimmy lo había engañado demasiado bien, él cayó como idiota y solo confió todavía más, lo que al final de cuentas concluyó en poner a Theo en bandeja de plata para que James lo entregara a Philip.

Edward no se lo perdonaba. Tanta culpa, era insoportable.

Porque si Theo había sido atrapado, era porque Edward hizo que se diera la oportunidad.

Ni siquiera una semana había pasado desde el ataque al Ministerio y Edward mantenía a raya todo el desastre en su cabeza para poner toda su energía en encontrar a Theo. Podría decirse que junto a todos los que conformaban su ojo vigilante, estaban poniendo a Londres de cabeza. Poniendo trampas aquí y allá en lugares donde esperaba que Theo pudiera aparecer. Había que conseguir encontrarlo antes de que el Dominio terminara de estallar en caos total.

Frederick había sido atacado, Serafina amenazada y Sebastian hacía todo lo que estuviera en sus manos para la paz un día a la vez, pero hoy lo había conseguido al costo de la vida de dos magos de la primera línea. Estaban a un paso del caos total y Edward solamente se desesperaba cada vez más.

"Es lo que pasa con un Dominio cuando la cabeza desaparece" se dijo cansado, aquel día.

Había llegado a casa luego de un aturdido día, estaba a punto de tomar uno de los botones de plata que estaba sobre la mesa para saltar a una de sus casas de seguridad cuando de la nada sintió el toque de una varita contra su nuca.

Puramente en base a reflejos, Edward hizo la cabeza a un lado, dio media vuelta aún agachado y sacó su propia varita para atacar al inesperado visitante, pero se detuvo en seco cuando vio frente a él a Theodore, tan alto como lo recordaba y más pálido de lo que era, envuelto en una enorme capa oscura que parecía fundirse con la penumbra.

—Tienes que detenerte —fue lo único que dijo Theodore, mientras bajaba la varita.

Edward, quien se había quedado sin palabras, alejó la confusión y entrecerró los ojos— ¿Qué?

—Detente, Edward —murmuro como si estuviera muy cansado.

Él no había podido evitar reír— ¿Detenerme?

—No voy a volver —murmuro Theodore, sus azules ojos apagados, como si fueran los de un muerto.

"Tan parecido…."

"Basta"

—Espera, espera —se apresuró a decir, intentando no perder la cabeza de nuevo— ¿Volver? ¿Volver a dónde? ¿Al Dominio? —Theodore solamente miraba hacia el suelo, Edward se pasó las manos por la cara, de pronto ahora muy nervioso— No, olvida eso. Hay que salir de aquí —dijo sujetando el botón de plata y extendiendo la mano a Theodore— iremos a una de mis casas de seguridad y allí me dirás todo lo que tienes que decirme.

Pero Theodore no se movió, solamente le miraba con esos ojos muertos— Tienes que cambiar el encantamiento sobre tus trasladores. Evangeline puede bloquearlos —dijo con cansancio— A lo único que he venido es a decirte que debes detenerte.

"¿Evangeline?" se preguntó, pero eso no tenía importancia ahora mismo.

—No lo entiendo —contesto Edward— Ahora mismo aún es seguro. Conseguí que Scrimgeour tome el poder en el Ministerio, mantendrá a Philip en Azkaban, como tú pediste a Dumbledore. Sebastian está de tu lado, Serafina, Frederick, Aliester… todos están de tu lado. Una vez tomes el Dominio, controlaremos el caos. No hay motivos para no volver.

—Para lo que no hay motivos, es para quedarse —murmuro Theodore, con la voz afectada— Edward, no quiero nada de todo esto. Solo quiero irme de aquí.

Edward entonces, se enfadó— ¿Vas a huir? ¿Salir corriendo? —Dijo indignado a la par de asustado— Si dejas el Dominio ahora Philip…

—Él lo tomará —contestó Theodore— que se lo quede. Ninguno de ustedes me ha ayudado, no tendrá excusas para matar a nadie. Así, todo el mundo gana.

Edward apretó los puños, casi clavándose las uñas en las palmas de las manos— ¿Crees que Philip se quedará con los brazos cruzados? —Preguntó con conmoción— ¿Crees que vas a estar a salvo? Philip jamás se ha tomado bien la rebeldía dentro de su familia —inmediatamente un escalofrío le recorrió el cuerpo, pensando en Birth Tower. En Emma— ¿De verdad crees que te dejará ir? —Theodore no contestó, solo continuaba mirándole con esos ojos muertos— No lo hará. No tienes idea de lo que Philip es capaz de hacer. ¿Quieres que te cuente lo que hizo con la última persona que intentó huir de él?

— ¿Quieres contarme historias acerca de mi propia familia? ¿Tú? —Preguntó Theodore, arrebujándose en su capa y mirando al suelo— ¿Quieres hablarme de Emma Nott?

Edward, entonces, se quedó sin palabras— ¿Sabes…?

—Sé todo lo que hay que saber —Theodore entonces levantó el rostro, tristeza infinita en cada uno de sus gestos— ¿Por qué crees que quiero irme de aquí? —Murmuro— América o Asia, aún no lo decido. Si dices estar de mi lado, detendrás tu búsqueda y dejarás que me vaya.

—Quédate —murmuro Edward, conmocionado y con un alivio inundándole el cuerpo. "Por fin. Por fin"— controla el Dominio y pon fin a todo esto. Ponle fin a Philip.

Theodore miró hacia otro lado— No iré en contra de mi padre. No puedo.

—Puedes. Claro que puedes —murmuro Edward muy bajito— Si sabes de Emma, entonces debes saber todo lo demás. Theo, ese no es tu padre.

En un segundo, chispas violeta salieron de la nada golpeando a Theodore directamente, lanzándolo contra uno de los rincones de la casa. Edward sacó la varita y cuando vio a la responsable, se lanzó directamente a matar.

Era Laurina.

Esa perra.

Edward lanzó hechizo tras hechizo, bloqueando y atacando, a su alrededor, paredes destrozándose, muebles volando. Era magia muy violenta, demasiado fuerte. Edward, siempre más astuto que poderoso, supo en ese mismo instante que no podría ganarle.

Por el rabillo del ojo, notó como Theodore se incorporaba despacio sujetándose un brazo y con la varita entre sus dedos, el rostro nublado de ira.

— ¡Vete! —Le gritó— ¡Vete Theo!

Pero Theodore no se movió, era como si estuviera poseído. Edward entonces, sin pensar demasiado, hizo una floritura rápida y sujetando el botón de plata en sus manos, esquivo por pura suerte un maleficio que le costó la varita y se lanzó hacia Laurina, para llevársela consigo, para alejarla de Theo. Sin embargo, el traslador no funcionó.

Edward se quedó congelado por un instante, Laurina solamente sonrió, llevó una de sus manos a un costado y Edward solamente sintió cuando frío metal lo atravesaba por un costado. Theo dijo algo, pero no pudo escuchar que era. Edward no soltó a Laurina a pesar de que ella lo apuñalo de nuevo, en su lugar, hizo uso de una de sus herramientas de contingencia, una piedra en el interior de su boca que removió con la lengua y la rompió con los dientes para liberar la magia que lo arrastró a él y a Laurina, dejando a Theodore atrás.

Hasta entonces, Edward nunca se había jugado la vida tanto como lo había hecho en aquella batalla con Laurina. Si se hubieran enfrentado en un duelo limpio, seguramente hubiera terminado muerto. La magia de la piedra que uso, era para asegurar una huida segura, llevándolo a un lugar preparado para aplastar con magia a quien Edward llevara consigo. Pero Laurina sobrevivió y aunque tenía la varita rota, tuvo la suficiente fuerza para seguir peleando con las otras armas que traía consigo y hasta con las manos.

Al final, con la cabeza atontada por los golpes, la boca llena de sangre, una herida superficial en brazo y otra que seguramente le atravesaba el costado, solo centímetros por debajo del corazón, aún con al menos dos dedos rotos, terminó con las manos sujetando la cabeza de Laurina, golpeándola una y otra vez contra el suelo de piedra hasta que se convenció que el cráneo estaba roto. Aun después de eso, para asegurarse, se arrastró hasta uno de los estantes rotos, tomó el primer objeto cortante que encontró, volvió a arrastrarse hasta Laurina, la puso de espaldas contra el suelo y uso la daga para clavársela en el pecho al menos tres veces. O fueron cinco. Tan atontado como estaba, Edward no perdió el tiempo contando.

Con la respiración entrecortada y sin poder moverse del todo bien, busco otro de sus trasladores, comprobando que si funcionaba. Hizo que la magia lo arrastrara hacia su casa otra vez, allí no había nadie, seguramente Theo se había ido y eso dio a Edward algo de tranquilidad.

Laurina nunca le gusto.

Con lo último de fuerzas que le quedaban, mediante magia, llamó a quien podría ayudarle.

Llamo a James.

Le dijo que mató a Laurina.

Le dijo que vio a Theo, le contó que él quería irse.

Le dijo que tenían que detenerlo.

Y le dijo dónde creía que seguramente podría aparecer de nuevo.

Esa fue la peor decisión que pudo tomar.

El día siguiente, James cambió de bando y Edward, inconsciente en una habitación en San Mungo, no pudo hacer nada para ayudar a Theodore.

— ¿Te pasa algo? —preguntó Theodore, sacandolo abruptamente de sus pensamientos.

—Nada —murmuro Edward, mal disimulando una sonrisa nerviosa— ¿Por qué preguntas?

—A veces te pones raro —murmuro con la mirada curiosa, esos ojos azules intentando escarbar por pura fuerza de voluntad— especialmente cuando James está presente y más cuando se va.

Edward solamente se encogió de hombros y sonrió genuinamente, sin pensar demasiado, dijo en voz alta lo que estaba pensando antes de poder detenerse— Bueno, eso es… porque yo odio a James.

—Wow —dijo Theodore en medio de una risa maliciosa— esa es… una fuerte declaración.

Edward, sorprendido de que Theo se mostrara curioso, se sintió relativamente alegre y atrevido. Era como el viejo Theo, curioso hasta el final.

—Claro que si —dijo jovial— ¿Quieres saber un secreto?

Theodore entorno los ojos un instante, visiblemente divertido— Estas poniéndolo interesante —murmuro— ¿Qué es?

—Yo —dijo apuntándose a sí mismo, aún contento— matare a James.

Inesperadamente, Theodore se echó a reír.

— ¿En serio? —preguntó Theodore.

Y el encanto terminó. "Theo no se reiría con algo como eso" pensó de inmediato.

En respuesta, Edward se encogió de hombros.

— ¿Por qué? —preguntó nuevamente con curiosidad.

—Un desacuerdo —murmuro Edward— James hizo algo que le advertí que no hiciera. Le dije que lo mataría si lo hacía, pero lo hizo de todos modos. Por eso lo matare.

Theodore entonces, apoyo la cabeza en una de las palmas de sus enguantadas manos.

—Te tengo casi en un pedestal cuando se trata de deshacerse de alguien —murmuró Theodore— Si quieres a James muerto ¿Por qué sigue vivo?

— James está vinculado a ti, se supone que si muere, eso te provocaría dolor y vacío. Yo no te haría eso, Theo.

Theodore sacudió una mano— La teoría dice que el vínculo es tan fuerte como la confianza entre magos... y la verdad, James ha estado bastante lejos últimamente y solo aparece cuando necesita permisos o más fondos ¿Qué clase de vinculo es ese? —Dijo en medio de un resoplido— Además, su incesante estado de alerta es molesto, he estado usando magia para bloquear el vínculo con él Es molesto sentir eso. Sin embargo… él hace su trabajo lo mejor que puede. Es útil, por tanto… Edward, tengo que prohibirte atacar a James.

Edward hizo un puchero— ¿Y si deja de ser necesario para ti?

Theodore se lo pensó— James tendría que hacer algo muy grave para eso. Tendría que odiarlo yo también —dijo sacudiendo la mano— y ambos sabemos que eso no pasara. James siempre me ha obedecido.

— ¿Pero si llegara a darse el caso? ¿Si él hace algo grave?

Theodore se lo pensó de nuevo— Supongo que entonces te llamaré para que te encargues en persona. Será mi premio para ti.

Edward sonrió— Gracias, Theo.


—Michel —murmuro— ¿O ese chico, el pelirrojo de Ruinas antiguas?

—Basta —murmuro ella.

—Debe ser alguien de otra casa —dijo Ginny con los ojos entrecerrados— Si fuera de Gryffindor me daría cuenta.

Hermione rodó los ojos— Pensé que dijiste que era divertido no saber.

— ¡Pero ya casi van a ser tres meses desde entonces! ¡Tengo que saber! —Dijo ella sacudiéndola del brazo— ¿McMillian?

Hermione le miró como si se hubiera vuelto loca— No.

— ¡Oh, vamos! Ustedes siempre pelean, puede que haya algo allí y yo nunca…

— ¡No! —replicó ella.

— ¿Al menos es de nuestro año?

Hermione estuvo a punto de reír nerviosamente— Claro que no —dijo con firmeza.

Ginny se cruzó de brazos— Bueno, me rindo —dijo haciendo un puchero y entrecerrando los ojos, mirándola con desconfianza, pero luego sonriendo con malicia y entrelazando su brazo con el suyo— Bueno, entonces cuéntame algo más interesante ¿Qué tal va todo con ese misterioso chico? ¿Hasta dónde han llegado?

Hermione entonces, se puso roja— ¿A-a que te refieres?

Ginny suspiro al aire y volvió a arrimarse a su brazo— Al avance, claro está ¿A hecho algún movimiento?

Hermione entonces, no pudo no pensar en las manos de Theodore, recorriéndole la cintura y el rostro, enredándose en su cabello. Sus ojos hipnotizantes.

—E-eso… —contesto ella— ¡No me mires así! ¡Es vergonzoso!

— ¡Vamos! No puede serlo tanto —dijo ella en una risa.

Hermione, aún roja, intentaba no mirar a Ginny o a su sonrisa pretenciosa que solamente haría que se pusiera más roja.

—Solo nos besamos. Mucho —dijo en un murmullo— quiero decir… casi todo el tiempo cuando nos encontramos. Siempre comenzamos hablando pero de alguna manera, es como si usara eso para evadir las conversaciones.

Sin embargo, la última vez había sido al revés.

Últimamente, Theodore era menos evasivo que al inicio, se centraba tanto en la conversación que parecía perderse mientras hablaba, pero su rostro se ponía tan sombrío que lograba hacer que ella tuviera deseos de solamente distraerlo con lo que fuera para que dejara de actuar así.

Haciendo lo que fuera para quedarse con su atención.

— ¿Y de qué hablan? —preguntó Ginny.

"Tarea" estuvo a punto de contestar, pero prefirió no hacerlo. Con eso, confirmaría que era alguien de su año.

—A veces —murmuro ella— de su familia.

— ¿Su familia?

Hermione asintió— Tiene asuntos familiares algo complicados —dijo entrecortadamente, fijándose en el modo en que la miraba Ginny.

— ¿Y tú? ¿De qué le habas tú?

—B-bueno, de muchas cosas —dijo ella frotándose las manos— me gusta hablar con él. En cada conversación es bastante sensato. Aunque algo cruel de lo realista que es. El otro día… hablamos de mi pelea con Harry y Ron —dijo sin poder evitar una pequeña sonrisa— dijo que yo tenía razón —ante eso, Ginny levantó una ceja— pero no es como si fuera adulación o si solo dijera lo que yo quiero oír, quiero decir… me escucha.

Hermione entonces recordó que esta vez Theodore la había abrazado y acariciado el cabello. Solo de recordarlo, su corazón estaba latiendo desbocado.

Ginny, sin embargo, se soltó de su brazo— Vas a comenzar a preocuparme —murmuró ella.

Hermione se volvió hacia ella, confundida— ¿Qué?

Su amiga entonces, se cruzó de brazos— Eso suena muy emocional —murmuró su amiga— ¿Segura que solo te gusta? Estás sonando como una chica enamorada.

Ella se quedó con la boca abierta un instante— No es cierto —dijo cruzándose de brazos también— Solo me gusta. Nos gustamos, no es lo mismo que enamorarse —dijo inevitablemente, repitiendo algo que había dicho Theodore— Además, tenemos un acuerdo muy claro sobre eso.

Ginny la miró con desconfianza un instante más, luego, volvió a cruzar su brazo con el suyo— Recuérdalo, el mejor modo de sobrellevar el tipo de relación que han elegido, no se trata de involucrarse, solo de sentirse bien. Mientras lo tengas claro, nada debería salir mal —murmuro— Lo digo porque me preocupo por ti, Hermione. No quiero que te rompan el corazón.

Juntas, caminaron más allá de los jardines y se sentaron cerca del lago negro, al atardecer, disfrutando de los rayos cálidos del invierno que ya se marchaba. A su vuelta al castillo, fue cuando se encontraron con una discusión escandalosa.

— ¡Te estoy diciendo que no es algo que yo pueda cambiar! —dijo una voz masculina.

— ¡Lo harías si te lo propusieras! —Contesto la voz femenina— eres quien está a cargo ahora ¿O no? Puedes. ¡Claro que puedes!

— ¡Merlin! —Mascullo el chico— Mi padre firmo ese estúpido compromiso, no yo. Tenía quince malditos años.

— ¡Podrías romperlo si quisieras!

—Los compromisos son como las alianzas ¿Cómo crees que me verán las familias si lo rompo ahora? —dijo el muchacho, sonando indignado— si las cosas mejoran, podría pensarlo, pero no ahora.

— ¿Pensarlo? —Dijo la voz de la muchacha, totalmente rota— ¿Me estás diciendo que lo estás considerando?

— ¿Te haría sentir mejor una mentira? La posición en la que estoy ahora…

El sonido sordo de una cachetada inundo el espacio.

Luego silencio.

Después llanto femenino.

Hermione y Ginny se acercaron lentamente y vieron la silueta de un muchacho marcharse y una chica dejada atrás, con el rostro entre las manos, sollozando.

Ambas supieron quiénes eran la pareja solo con verlos. Ginny tiró de su brazo para que se alejaran, pero Hermione se plantó allí mismo.

— ¿Estás bien? —preguntó.

Parkinson de inmediato se dio vuelta y se pasó una mano por el cabello— ¿Qué te importa? Sangre sucia —dijo mientras se marchaba a paso rápido.

Ginny estuvo a punto de ir tras ella, pero Hermione la detuvo.

— Déjala —murmuro.

—Es una idiota —replicó Ginny, cruzada de brazos— casi me da lástima, pero acaba de recordarme que no debo. Se lo tiene merecido.

—No digas eso —murmuró Hermione— Parkinson estaba llorando.

—Supongo, pero no es como si ella no lo hubiera sabido. Malfoy no es su prometido, no tenían futuro. Parkinson es la tonta por esperar un imposible —Ginny aguardo un escalofrío— Por cosas como estas es que me agrada tener el estatus de "traidor a la sangre" —dijo en un resoplido— así puedo tener los novios que quiera sin tantos dramas como ese.

Hermione se removió incomoda— Cosas de sangre de Sangre pura —murmuró.

—Y que lo digas —respondió Ginny— todo Slytherin de sexto y séptimo deben tener el mismo drama. Muchos se casan apenas salir de la escuela y otros mantienen a sus prometidos y a "novios" o "novias" de escuela hasta desecharlos cuando llegue el momento, como Parkinson. Todo eso es tan… despreciable.

Esa conversación con Ginny la tuvo en la cabeza por todo el día e incluso el día siguiente. Aunque ya para el almuerzo se olvidó un poco de eso, pero solo giró la cabeza hacia la mesa de Slytherin y ver el rostro cabizbajo de Parkinson para pensar en eso de nuevo.

"Cosas de sangre pura"

Ella estaba bastante enterada al respecto de eso, sin embargo… hizo acopio de valor y se acercó a Lavender, intentando hacer conversación y quizá… enterarse de algún que otro chisme.

— Y ahora… ¿Qué sucede?

Theodore se había acercado a Hermione, intentando besarla. Ella se había apartado antes de darse cuenta y ahora solamente podía morderse el interior de la mejilla, intentado encontrar su propia voz. Intentando decir lo que tenía atorado en la garganta.

—Si no hablas no puedo entenderte —dijo en voz baja, mucho más baja de lo usual— ¿Qué sucede?

Él intentó acercar una de sus manos a su rostro, pero ella dio un paso hacia atrás. Theodore bajó la enguantada mano, luego metió ambas en los bolsillos de su túnica de Slytherin.

—De acuerdo —murmuró, pero sin mirarla, hablando cada vez más bajo— sin manos.

Pero entonces se acercó paso a paso cada vez más, al mismo tiempo que ella retrocedía hasta chocar contra una mesita que estaba apoyada contra la pared, el saco las manos de sus bolsillos y las puso una a cada lado de esa mesa, como si quisiera atraparla en ese espacio. Solo entonces no pudo escapar de su mirada exigente.

—Si estás jugando, detente —murmuro— no me gusta.

Hermione notó entonces lo tenso que se había puesto el ambiente, incluso el chico frente a ella, totalmente intranquilo. Y eso era solamente por su silencio.

—No estoy jugando —murmuró ella.

— ¿Entonces qué es esto? —preguntó él, algo menos tenso y mirando justo por debajo de su nariz— no me gusta.

—Y-yo… oí algo, acerca de ti. Y quería preguntarte si es cierto.

Theodore entonces, tenso de nuevo, dejó de mirar su boca y se centró en sus ojos— ¿Qué es eso que oíste?

—Dicen que tú… tienes una novia francesa. Y que vas a casarte con una chica llamada Taylor.

Theodore cerró los ojos un instante y soltó aire despacio, la tensión desapareciendo al instante— Bueno, esos son antiguos rumores y como no hay nuevos, supongo que han sobrevivido.

Hermione frunció el ceño— ¿Pero es cierto o no?

—Acerca de la novia Francesa, mi padre me llevó a ese país hace algunos años para buscarme una prometida allí. No lo consiguió —dijo encogiéndose de hombros— y acerca de la prometida, los Taylor son una familia que estuvo a un empujón de caer en desgracia; pero eso causaría un problema entre las demás familias, así que se decidió que usáramos ese rumor y mi nombre como una especie de protección. Fue hace años.

—Entonces… ¿Son solo rumores?

—Sí, rumores viejos y sin sentido —murmuro Theodore— Hicimos una promesa ¿Recuerdas? —le dijo— Leales el uno al otro.

Hermione asintió lentamente.

Theodore entonces, levanto una de sus manos e intento tocarle el rostro de nuevo. Ella, algo cabizbaja, solamente cerró los ojos, sin poder evitar recordar a Parkinson reclamándole a Malfoy y la crueldad con la que él le contestó. Ginny, diciendo que era una tonta.

Se sintió triste de nuevo.

—Esto no me gusta —susurro Theodore, casi a su oído.

Hermione entonces levantó una de sus manos y le tocó el rostro a él, del mismo modo que él lo hacía con ella. Como dijo Ginny, lo que estaban haciendo no se trataba de involucrarse, si no de sentirse bien.

Y después de todo, no tenía sentido que él fuera a mentirle. Theodore no decía mentiras, pero aún si lo hiciera, ella se vengaría apropiadamente. No era ninguna desvalida.

Pero cuando lo miró a los ojos, se olvidó de todo eso por un instante y antes de darse cuenta estaba poniéndose en puntillas y alcanzando su boca para besarlo suavemente. Pronto él la estaba besando de vuelta, contrario a ella, de modo exigente, contagiándola al instante.

No hacía mucho, en cuarto, Hermione había aprendido a besar con lengua y en esa ocasión había sido torpe y nunca sabía exactamente qué hacer, pero con Theodore, eso también era diferente. Era demasiado natural el saber qué hacer. Nunca se imaginó que la lengua fuera tan importante en los besos.

En un momento, Theodore le mordisqueo el labio inferior. Ella también le mordisqueo. Él se rio de eso. Se rio aún más cuando ella enredo sus dedos en su cabello.

—Mejor —murmuro él contra sus labios y parecía que estaba respirando lentamente.

En un momento inesperado, Theodore llevó sus manos a su cintura y la levantó unos centímetros hasta que terminara sentada sobre la mesa a su espalda. Theodore era más alto que ella, pero justo ahora estaban a la misma altura. Él le acaricio la mejilla y llevó su otra mano hacia su espalda, podía sentirla al ras de su blusa. El cálido cuero de sus guantes contra su piel.

Theodore dejo de besar sus labios y comenzó a besar su mandíbula y bajar hacia su cuello. Con la mano que estaba en la mejilla de Hermione, hizo que ella se inclinara al lado contrario al de donde recibía besos cálidos, dejándole al chico el camino libre. La mano que estaba en su espalda entonces bajo y se asentó en una de sus piernas, cubierta por la falda de escuela.

Él estaba entre sus piernas, completamente pegado a ella y ella pegada a él, sujetándose a su cuello por encima de sus hombros. Él abandonó su cuello y volvió a besarla en la boca. Nuevamente sus lenguas jugando. Las manos de ella acariciaban su nuca y se enredaban en su cabello y las de él viajan por su pierna y su media espalda, acercándola más y más a él.

Hermione, en ese mismo momento solamente podía pensar en las manos de Theodore. Sus manos no la ponían nerviosa, como le pasó con Víktor cuando se ponía cariñoso. Ni asustada, como cuando McLaggen quiso tocarla y robarle un beso.

Esto se sentía bien y correcto. Las caricias, se sentían como eso mismo, caricias. Y no se cansaba de ellas.

Tenía los vellos de punta, pero no era nerviosismo, sino un sentimiento totalmente distinto.

Aún cuando rompieron el beso, mantuvieron sus frentes aún pegadas. Theodore no movió sus manos de donde estaban, una en su espalda la otra sobre una de sus piernas. Sus narices rozándose. Hermione sentía como el corazón le volaba.

Él movió la cabeza hacia el otro ángulo y volvió a besarla despacio. Pero esta vez no solo le beso los labios, subió a sus parpados, su nariz y mejillas. Su cuello de nuevo. Luego su boca otra vez. Solo después de eso él se alejó un poco y la ayudo a bajar de la mesa.

— Va a ser hora de la cena —murmuro él.

Pero no se movió y en su lugar asentó las manos en sus hombros y parecía querer plancharle las mangas de la blusa con las manos. Todavía mirándola por debajo de la nariz.

— ¿Qué pasa? —pregunto ella, sintiendo todo el peso de esa mirada.

El agacho el rostro y dejo entrever una muy débil sonrisa— Nada —dijo sereno, luego se encogió de hombros— vamos.


—Quítate eso del cuello —dijo él, sonando totalmente demandante, sujetando a la chica del brazo y arrastrándola a uno de los pasillos oscuros que conducían a la mazmorra.

Astoria siquiera parecía intimidada al respecto, en su lugar se sacudió su brazo de encima y le habló como si nada.

— ¿Por qué? —Preguntó— Es mío. Y es lindo, tanto, que lo usare todos los días si quiero.

Con un enojo que no sabía de donde venía, hizo todo lo humanamente posible para no ponerla bajo imperio allí mismo, pero entonces recordó que el castillo tenía demasiadas protecciones— ¿Qué crees que estás haciendo?

Astoria revoloteo los ojos— ¿No te gusta? —Pregunto casi haciendo un puchero, como si fuera una niña tonta— Que frío. Y se supone que TÚ lo compra…

Theodore levanto una de sus enguantadas manos e intentó cubrirle la boca, pero ella fue rápida y le dio un manotazo con la mano.

— ¡No te atrevas a tocarme! —Le dijo en un grito ahogado, que aunque bajo, el fuego de sus ojos era tan amenazante que incluso Theodore tuvo que replantearse lo que estaba haciendo— ¡Tú me diste esta estúpida joya!

Él, recuperando el enojo replicó igual en voz baja— ¡Una pulsera! ¡Fue una maldita pulsera! —Dijo indignado— Tú la convertiste en un collar.

Un collar. Un maldito collar. La joya más comprometedora que existía en el mundo mágico. La joya de los amantes y los prometidos.

—Una joya sigue siendo una joya —dijo ella con una sonrisa arrolladora y llena de maldad— Me gusta más así ¿Y sabes a quien le gusta más? A los chismosos que me vieron todo el día con él. Todo el mundo me pregunta y me seguirá preguntando quien me dio este lindo collar. Y ese… eres tú.

—Era una pulsera —mascullo él.

—Dile eso a quien sea que envíen de "Corazón de bruja" cuando el chisme se explote.

—Estás jugando con fuego.

—No —replico ella— estoy poniendo las cartas sobre la mesa. Y si yo fuera tú, me comportaría de la mejor manera. Negociaría y sería muy amable.

Theodore ardió de ira.

—Podría obliviarte aquí mismo y quitarte ese maldito collar con mis propias manos.

Astoria no se doblegó— ¿Crees que no tomé contingencias? Hazme algo y este chisme estallará con todos los detalles posibles —él alzó una ceja, ella volvió a sonreír— Es de una joyería exclusiva, te lo tengo que conceder, pero no debiste comprarla a tu nombre ni pedir que la enviaran directamente a tu casa por correo. La holgazanería cuesta caro, Theodore.

Él se cruzó de brazos y la miró con toda la indignación posible. No quería escándalos. Era problemático y no quería artículos con su nombre. Un rumor como ese sería peligroso en todos los niveles posibles.

No quería chismes en el mundo mágico susurrando que estaba liándose con Astoria.

No quería chismes en la escuela.

— ¿Qué quieres? —dijo por fin.

—Ahora si estás siendo amable —dijo ella cruzándose de brazos también— Seguramente debes haber oído que Narcisa y mi Padre quieren apresurar mi compromiso con Draco. Quiero que lo detengas.

Theodore inevitablemente soltó una sonrisa— ¿Todo esto por un capricho?

—No te atrevas a burlarte —masculló ella— No quiero ese estúpido compromiso y si no puedo romperlo al menos conseguiré atrasarlo. Lo haré de una forma u otra, con tu ayuda o usando tu nombre —dijo ella con convicción— tengo una mente muy imaginativa y soy una excelente actriz. Mañana apareceré llorando en la sala común y le diré a todo el que quiera oírme que tengo un romance fallido porque me obligaran a casarme con quien mi corazón no acepta —dijo ella levándose una mano a donde debía existir ese corazón— diré que eres tú y que tú correspondes, que la joya lo prueba. Le contaré a todo el mundo que nos besamos. Que tú me besaste. Haré un completo escándalo. Mostrare esa memoria si lo considero necesario.

—Eso fue el año pasado.

— ¿Los recuerdos tienen la fecha escrita en algún lado? —Dijo ella— diré que fue ayer.

Theodore, inesperadamente, se sintió acorralado. La pequeña chica frente a él, con tal convicción en los ojos que lo había hecho retroceder.

—No sé cómo esperas que yo haga algo. Tu asunto es con Malfoy.

Astoria entrecerró los ojos— Mi padre me dijo que tienes una alianza Mágica con Draco, prácticamente apadrinaste sus juramentos con las nuevas familias que consiguió. Y él siempre te mira con envidia. Narcisa parece ovacionarte. Estoy segura de que algo puedes hacer.

Theodore, tragándose su indignación, asintió en silencio— Podría conseguir que se atrase el compromiso, es lo máximo que podría hacer. Es un asunto familiar.

Astoria asintió— Me sirve. Que no sea antes de mi mayoría de edad.

Theodore resopló— ¿Y mis garantías?

—Mi palabra —contesto ella.

—Me darás una promesa mágica de que no dirás a nadie ni una palabra de todo esto —replicó él— y quemaras esa maldita joya.

—Hecho. Pero primero consigue una prueba formal de que has cumplido —dijo Astoria, ofreciendo la mano para cerrar el trato.

Theodore, aún indignado, le dio un apretón.

—La tendrás mañana mismo.


Draco leía el pergamino en sus manos y seguía sin poder creérselo del todo. Lo leyó una vez más y aún no salía del asombro.

—Esto…

—Es oficial —mascullo Theodore, perfectamente visible que estaba de mal humor y arrastrando la voz— ahora, tu madre dice que la decisión final viene de tu parte.

Él lo miró entrecerrando los ojos— ¿Por qué se estás haciendo esto?

—Es mi asunto —contestó bruscamente— escribirás a Narcisa y le dirás lo mismo que yo. Que tu pronto matrimonio afecta nuestros términos de alianza. Que posponer tu compromiso es necesario.

Draco frunció el ceño— ¿Qué demonios planeas?

—Mi asunto —replicó Theodore, pero Draco en respuesta se cruzó de brazos, lo cual irritó sobremanera al otro chico, le lanzó una mirada asesina— De acuerdo. ¿Qué quieres para cooperar de una buena vez?

Draco entornó los ojos.

—No tengo todo el día —mascullo Theodore.

—Dejarás de preguntar acerca del armario.

—Hecho —dijo Theodore de inmediato.

—Y que Matthews deje de…

—No acabes con mi paciencia —le replico Theodore— estás cumpliendo una sola petición. Si quieres algo más, debes ganártelo, Draco —dijo extendiendo la mano con desgana— ¿Entonces?

Draco extendió la suya— Hecho —murmuro, aún sin poder creérselo.

Cuando Theodore se fue, Draco seguía mirando el pergamino, recordando la conversación con Astoria por la mañana.

—Te contaré un secreto —le había dicho Astoria, apenas por la mañana— creo que Nott tiene una novia.

Draco, con los ojos entornados, por un instante no dijo palabra alguna.

— Estás loca.

—Hablo en serio —había dicho ella— La casa de Verano de mi familia está bastante cerca de la famosa "Casa del Norte", siempre nos llegan rumores. Antes de que su padre fuera enviado a Azkaban decían que peleo con él por un compromiso que Theodore no quería. Allí comenzaron los rumores de la novia. Pero luego, el año pasado aparecieron todo tipo rumores escandalosos de él, liándose con chicas en las fiestas que daba, pero se detuvieron hasta antes de que comenzara la escuela. Creí que solo no le gustaban los escándalos, pero ¿no crees que se esfuerza demasiado por solamente un rumor más?

Draco, solo había sacudido la cabeza— Estupideces —dijo en una risa burlona— Nott es un maldito convenenciero. Es imposible que lo esté haciendo por alguien. Debe tramar algo.

Astoria se rio burlonamente— Seguro —había dicho ella— Las novias se ponen locas cuando aparece la prometida. Pregúntale a Pansy. Y no solo las novias. Pregúntatelo a ti mismo, que hasta ahora has hecho todo lo que está en tus manos para no decirle a nadie que tu prometida soy yo.

Draco quiso replicar, pero entonces Astoria se acomodó el cabello y sacudió la mano para quitarle importancia a lo que fuera que Draco quisiera decir.

—Como sea, acordé hacer una promesa mágica con Theodore. Probablemente no pueda volver a hablar de esto jamás —dijo poniendo las manos atrás como niña buena y dándole una sonrisa dulce— considera esto un obsequio de mi parte. Si yo fuera tú, averiguaría quien es esa novia y usaría esa información para que Theo no te pisotee tanto. By-Bye —dijo mientras se daba vuelta, dejándolo con las palabras en la boca.

"Perra" pensó Draco.

Astoria solía verse dulce, pero a él no le gustaba. No le gustaba nada. Ni siquiera quería imaginarse casado con ella. Ese matrimonio seguramente sería una constante guerra, porque ella parecía siempre verlo como un enemigo o la peor desgracia de su vida. Y no era culpa de Draco, él no hizo ese maldito compromiso.

Sin embargo, aunque le aguijoneara el orgullo, había admitir que ella era astuta, pues había conseguido algo que parecía imposible: Atrasar ese condenado compromiso.

Un problema menos en que pensar. La mirada acusadora de Pansy que por fin podría dejarlo en paz. Draco quería patear el suelo. Tampoco era su culpa, ella no era su prometida. No entendía que es lo que ella esperaba de él, pero aun así, esa mirada dolida podía llegar a atormentarlo.

"¿Podría Theodore… estar en una situación parecida?"

Draco solo lo pensó un instante, pero luego… pues lo tachó de imposible.

"¿Nott con una novia?" Eso podía darle escalofríos, pues con un tipo como él, Draco hasta sentía piedad por la pobre idiota que cayera en sus garras.

Draco sacudió la cabeza una vez más y guardó el pergamino en el bolsillo y decidió ir hacia la mazmorra, totalmente distraído, sin poder darse cuenta de que todo ese tiempo estaba siendo atentamente espiado por Star Matthews.


Serafina había estado en casa de McGrath en contadas ocasiones y cada que iba le parecía que las cosas se movían de lugar seguido.

Sebastian había sido un segundo hijo, de un tercer hijo y había ascendido impensablemente gracias a la Guerra mágica y las muertes que dejo a su paso en El Dominio.

McGrath era una familia dedicada por y para la batalla. Los mejores duelistas, los mejores rompedores de maldiciones, los mejores ocultistas, algunos pocionistas de renombre, todos ellos, eran de esa familia, por eso cuando había guerra eran quienes siempre estaban al frente. Todos ellos belicosos y en constante ansia de mayores honores, mayores trofeos, mayores ambiciones.

Sebastian, por otro lado, él solo había querido ser un Medimago.

Puede que fuera por eso que las familias a su cargo pensaron que era buena idea que él, apenas con dieciocho años, tomara el liderazgo de su familia. Muchos, incluso el Padre de Serafina, tuvieron los dientes largos al soñar con influenciar y controlar al "Joven y blando McGrath", como lo llamaban en aquel tiempo; aquel tiempo en que Alyssa Nott había muerto y todas las familias habían conspirado para destronar a Philip.

Fue en ese tiempo en que McGrath se hizo de un nombre, quien aunque amenazaron con muerte a sus familiares más cercanos, no se unió a la conspiración. Aun cuando su propia familia estuvo a punto de matarlo, si siquiera entonces se doblegó.

Aun cuando la conspiración tuvo todas las de ganar, McGrath se mantuvo firme en el bando perdedor.

Y aun cuando Philip arrasó con los conspiradores y puso a McGrath en lo más alto, nunca abuso de su nueva posición.

"El leal, implacable y correcto McGrath"

Quien incluso le recordaba las reglas al propio Philip cuando este quería pasarse alguna por alto, sin siquiera una gota de miedo de atreverse a contradecirlo si tenía que hacerlo.

Con tal fama… se había ganado respeto a niveles indescriptibles.

En el Dominio, donde predominaba ambición y ansías de poder, muchos veían en Sebastian una especie de vara o límite de rectitud. Y en momentos donde no sabías que hacer... la mayoría volvía la cabeza hacia McGrath.

Lo "correcto" había dejado de ser un concepto y se volvió más la Postura de ese hombre.

—Hola —saludo ella, entrando en su estudio.

—Hola —contestó él, levantando solamente un instante la cabeza, pues miraba algo que sostenía por debajo de la mesa.

Serafina se acomodó en el sillón y Sebastian deposito el objeto en sus manos sobre el escritorio, un marco de fotografía.

— ¿Puedo? —preguntó ella curiosa.

Sebastian solamente asintió y ella se atrevió a estirar la mano para tomar el pequeño marco.

—Oh, el famoso marco —dijo ella con una sonrisa suave antes de devolverlo.

Cualquiera esperaría una foto familiar, pero McGrath era muy reservado al respecto. Por eso, como marco siempre a la vista tenía una leyenda: "Sicut in Homine" en negro sobre el fondo blanco. Significaba "Solo un hombre" y todo el mundo tenía teorías acerca de porque McGrath tenía eso allí.

—Espero que cuando nazca tu hijo optes por una fotografía familiar —dijo ella.

—Quien sabe —murmuro él.

—Es bueno que guardes expectativa sobre eso —dijo ella, recordando que estaba molesta— ¿Acaso estás loco? —Preguntó tamborileando los dedos sobre el escritorio— Ceder el cargo de segundo a Archer… lo entendería si fuera por algo que valiera la pena, Sebastian, pero ¿Por un niño inútil? Todo el mundo creerá que perdiste la cabeza.

—No va a ser la primera ni la última vez que digan eso de mí.

Ella se pasó una mano por el rostro— Lo maravilloso de ti, es que no lo decían en absoluto, Sebastian. Pasarás del "Correcto McGrath" al "Demente McGrath" en menos tiempo de lo que crees.

El solo se encogió de hombros— Me han llamado de todo desde que tengo memoria, no es que me importe.

Serafina tenía serias ganas de lanzarle algo a la cara, pero se contuvo— ¿Por qué? —preguntó ella.

—Porque era lo correcto —murmuro él— Theodore ofreció un trato y lo acepte. Además… —McGrath levantó la mirada y clavo sus grises ojos en los suyos—… comprobé algo importante.

— ¿Qué?

—Que él está bien —declaró— Cuando hablé con él en navidad, olvide que se supone que no es Theodore —Sebastian soltó un respiro cansado— Me escuchó, replicó y cuando creí que había conseguido algo de él, él consiguió algo de mí —Sebastian soltó una débil sonrisa— me recordó mucho a cuando me convenció de ayudar a los Jeremiah, solo que ahora es un poco más insolente. Entonces… me puse a pensar, que naturalmente sería insolente. Encaja. Es casi perfecto.

Serafina frunció el ceño— ¿De qué estás hablando?

—Que está bien —Murmuro— La actitud de Theodore, lo suficientemente sociable para tratar con nosotros sin amenazas de muerte, pero lo bastante ambicioso para mantener en Azkaban a Philip para que no le estorbe. Conocimos a Theodore en un tiempo relativamente pacífico, ninguno de nosotros sabe cómo se hubiera comportado en una situación como la de ahora. Es Theodore y sospecho que tú también lo crees.

Serafina negó con la cabeza— Aún no lo acepto. No del todo.

—Entonces reconsidera también tu posición. El bando que vas a tomar más adelante —replicó el mago— Estamos en Jaque. Yo he seguido a Philip y me mantuve leal porque es lo que debía hacer. Porque era el Nott a cargo. Pero ahora Theodore está en el mapa, es tolerable y razonable. Me agradaba más antes, pero estar a cargo cambia a la gente, es algo que todos sabemos. Ha sido cruel, pero no es un Monstruo. No como Philip.

Serafina miró hacia otro lado— Llamarlo "monstruo" es algo…

—Pero lo es —dijo McGrath poniéndose de pie— Las noticias salieron hoy. El bando del Lord está ganando terreno y ya no es un secreto a voces. Además ya se filtró la información de que Theodore les ha ofrecido una alianza en el momento en que Philip este "a salvo". Frederick me dijo que el Wizengamont está desesperado por un acercamiento y seguramente ofrecerán a Theodore liberar a Philip. Ni siquiera quieren una alianza, quieren que Theodore jure la Neutralidad, están tan desesperados que eso parece ser suficiente para ellos. Lo obvio es que Theodore se negará y entonces, el Ministerio podría ofrecer un trato directamente a Philip. Los rumores son tan fuertes que seguramente se están formando bandos de nuevo mientras nosotros hablamos, tendremos otra guerra interna pronto.

Serafina ocultó un escalofrío— Si Philip es liberado…

Sebastian asintió— Veremos al Monstruo. Ha sido dócil para guardar las apariencias, pero no quiero imaginar lo que le haría a Theodore y ni siquiera podremos advertírselo. No sería la primera vez que le hace algo a su propia sangre.

Serafina se envaró de inmediato, mirando con cierto recelo a Sebastian— De eso no se habla —murmuro ella, incomoda.

McGrath se echó a reír— No, no se habla. No podemos decir ni su nombre, menos contarle a Theodore —murmullo con dureza— Philip lo prohibió con maldiciones, pero no le quitó la memoria a nadie y eso fue para que lo tengamos siempre presente. Para que sepamos que hace Philip con quienes van en su contra.

—No es lo mismo —dijo Serafina— Theodore es su hijo.

—Un hijo que lo destrono —murmuro Sebastian— "Ella" ni siquiera llegó a eso y de todos modos a Philip no le tembló la mano para deshacerse de "ella" aunque el Dominio se quedara sin heredero por años ¿Crees que no se lo hará a Theodore? —Preguntó y Serafina no pudo contestar— ¿Qué crees que nos hará a nosotros, sus aliados?

Un escalofrío recorrió el cuerpo de Serafina— Nosotros… solo seguimos órdenes. No hicimos nada malo.

—Ya lo creo. Seguramente no serás la única que dirá eso —murmuro Sebastian, mirándola con desdén entonces— Y aquí, Serafina, es donde yo me diferencio de todos ustedes. Mi decisión fue tomada la noche en que Theodore desapareció. —Sebastian se sentó en su sillón de nuevo— leí con atención todos tus descubrimientos y tus sospechas y tengo que decir, que todo eso no cambia absolutamente nada de la situación actual.

Ella se cruzó de brazos— Edward podría estarnos utilizando. Podría estar tramando algo más.

— ¿Sabes que creo? —Murmuro Sebastian— creo que le damos demasiado crédito a ese sujeto. Edward siempre me dio la sensación de que no planea tanto como nos quiere hacer creer, es más como si solo fingiera que las cosas salen como él quiere mientras revierte sus errores sobre la marcha lo suficientemente rápido antes de que todos se den cuenta de que se equivocó —Sebastian se puso de pie— Si quieres confrontarlo, adelante. Te daré el apoyo necesario si descubres algo para que sea encerrado y juzgado, será mi último favor a ti, pero mientras, me concentraré en la primera línea, mientras siga en mis manos.

Serafina, derrotada, se pudo de pie— Estás del lado de "este" Theodore entonces —murmuro— valiente elección, siendo que parece querer hacerte a un lado.

—No se trata de ser valiente. Se trata de ser leal —contestó Sebastian— Theodore es El Señor Nott ahora y el anterior, es un peligro. Mi posición es clara.

—Yo también soy leal —contesto ella con dureza.

—Pero le tienes miedo a Philip. Además… —Sebastian la miró con detenimiento antes de negar con la cabeza—… Nunca me pareció que fueras realmente leal. Si me preguntas, creo que solo estabas más de acuerdo con el Theodore "de antes" que con "el de ahora" y tus dudas… solo serán la excusa perfecta para traicionarlo sin culpa.

Serafina lo abofeteo.

—No necesito tu opinión.

Sebastian se frotó la mejilla— Pero si mi apoyo y ya te dije que en esta única ocasión, lo tendrás. Espero que te ayude a definir una posición —él camino hacia la puerta y la abrió para ella— Y que pase lo que pase en el futuro, ojala puedas volver a visitar mi casa como una amiga.

Serafina, confundida entre la indignación y la admiración por la entereza de Sebastian, pasó por su lado y salió del estudio sin mirar atrás. Otra persona, sabiendo que un muy posible futuro enemigo difícil estaba a tu alcance, te maldeciría por la espalda. Eso lo haría cualquiera, hasta ella misma. Pero no Sebastian. Eso jamás lo haría Sebastian McGrath. Precisamente por eso había ido a hablar con él antes que con nadie.

Se volvió antes de entrar a la chimenea, Sebastian estaba cerca de las escaleras, mirando con atención.

—Gracias —fue lo último que le dijo antes de desaparecer en las llamas.


Hola!

Aca de nuevo, llegando con un nuevo capítulo.

Curiosidades... no lo sé...

-La mini tribia/memoria; pues... acerca de lo que dice Sebastian: "Ni siquiera podemos decir su nombre, Philip lo prohibió con maldiciones"; acá, obivamente están hablando de Emma. Y si, hay una maldición. ¿Se acuerdan cuando Theo visito a Augustus Taylor y mencionó a Emma? Este le dijo que "no debió decir ese nombre" y luego la lengua se le puso negra; pues a eso se refiere McGrath cuando dice "Prohibir con maldiciones"

No se que más comentar... Ummmmm

PD: Ya había dicho que Edward está algo desequilibrado. Y No, Edward no está bien.

PD2: Otra vez, Dumbledore siendo Dumbledore.

Cosillas varias. Creo que se ha mencionado en los comentarios que existe un chat... :s

Pues es un chat de facebook que me atrevi a crear cuando creamos el grupo de "Archivo Theomione" y pues se mantuvo hasta entonces, en su totalidad de algunas miembros del Grupo "Yo tambien quiero un nuevo cao de muerdago" y pues... solo pude agregar a quienes estaban con perfiles sin muchas restricciones, por tanto, pues no pude agregar a todo el mundo que menciono que le gustaba el Theomione. Y pues allí hablamos de todo un poco, si alguien quiere unirse, puede dejarme nombre de perfil de facebook (por privado o en comentarios) yo las busco y añado :3

Ahora, luego de dejarles la bomba, pues me retiro lentamente :3

Gracias por leer :D