CAPÍTULO 51
FALL
Theodore caminaba por un largo y alfombrado pasillo, el tapiz rojo y elegante hasta llegar a una puerta gris, la atravesó y frente a él, una habitación enteramente blanca e impecable. Se adentró en ella queriendo alcanzar el enorme ventanal del fondo. Las cortinas eran blancas y de seda. Estaba muy alto, como si fuera una torre.
Escuchó un suspiro y se volvió al instante. Al fondo de la habitación, estaba ella, acurrucada en un sillón blanco. Se puso de pie en cuanto lo vio y camino hacia él, robándole el aliento a cada paso.
Hermione tenía el cabello cayendo en una cascada de rizos castaños y miel sobre su rostro y hombros desnudos y una fina gargantilla adornando su delgado cuello. Tenía puesto un vestido blanco con amplias mangas de encaje y aberturas en la falda, que hacía que a cada paso que daba se viera la piel de sus piernas. Theodore sabía que debería escandalizarse pero no podía. Ni siquiera podía respirar adecuadamente.
Era bonita. Siempre estuvo consciente de que Hermione era bonita.
Bonita para admirar al fin y al cabo, pero hasta hacía poco, no de tocar. Al menos, no debía de hacerlo demasiado. No debía, pero quería. Y aunque lo sabía, eso… no lo admitiría ante nadie. Sería un secreto por siempre.
Pero esta vez era como una aparición y él quería tocarla para comprobar que fuera real.
Ella estaba solamente a centímetros, un viento frio agito las cortinas de seda y su cabello. Hermione le sonrió con dulzura y picardía. Levanto una de sus manos y le acaricio el cabello, justo por encima de la oreja y él sintió placer por el acto.
Cuando abrió los ojos, Hermione lo besaba.
Theodore se perdió en sus pensamientos. Sus manos parecían tener vida propia y comenzó a acariciar su cuello desnudo y su cintura. Se separaron para buscar aire, pero solamente fue el tiempo que ella uso para rosarle el cuello con los labios.
Era una locura.
Theodore entonces, levanto por la cintura a Hermione y ella enredo las piernas en su cadera mientras volvían a besarse. Theodore ubico una cama en la habitación, aunque allí antes no estaba.
Empujo a Hermione sobre la cama y se quedó mirándola un momento, asombrándose de cómo se veía. Sin pensar mucho en sus actos se dejó caer lentamente sobre ella, cuidando de no aplastarla. Le besó el cuello y la desnuda clavícula. Ella metió sus pequeñas manos en su camiseta y su fría palma le acaricio por encima del ombligo. Theodore se detuvo en ese instante, sabiendo que ya estaba llegando demasiado lejos.
—Ven —susurro ella con los ojos cerrados, llamándolo.
Theodore sabía que no era algo sensato. Lo sabía, pero aun así… no le importó.
Fue entonces cuando despertó.
Abrió los ojos de golpe, primero desconcertado y luego más calmado al caer en cuenta de que solamente había estado soñando y nada de lo que pasaba por sus ojos hacía un instante era real. Se sintió aliviado. Pero luego, el mal humor y una oculta frustración lo invadieron.
Ese sueño, otra vez.
Bueno, en realidad no era exactamente el mismo. A veces, ella no tenía un vestido, si no su uniforme. Y no siempre estaban en ese lugar. A veces era el castillo. La sección prohibida de la biblioteca, en medio de la penumbra.
El caso es que siempre terminaba igual.
Él, cayendo.
Theodore se llevó una mano a los ojos y se los frotó con algo de impaciencia. Enfadado, salió de la cama y fue directamente al baño para darse una ducha.
Estas cosas no podían estarle pasando. No a él.
Estaba tenso, cansado, intranquilo y no se podía permitir abandonar el estado de alerta.
McGrath le había escrito hace días para avisar que los próximos días serían probablemente violentos en el Dominio y había reportado religiosamente cada día todo lo que ocurría y las cosas sencillamente pintaban mal. Frederick no daba mejores noticias, pues el Wizengamont estaba desesperándose. Theodore tuvo que auto-sabotear y retrasar la Red Flu en Rusia para ganar tiempo. Serafina se enfadó y parecía escéptica, pero era necesario.
Y su padre… su padre permanecía en silencio, aunque ya tenían fecha para reunirse desde ayer. Solo pensar en eso hacía que se sintiera inexplicablemente enfermo. La farsa tenía fecha de caducidad.
Theodore se lavó la cara y en el espejo frente a él, con agua goteando por su cabello, hizo una mueca.
Tenía las manos llenas con los problemas de su familia y el Dominio. Era muy estúpido siquiera pensar como lo estaba haciendo en ese momento. Ocupar tiempo en sinsentidos.
Y sin embargo, lo hacía.
—Maldita sea —masculló y ya vestido, salió de la ducha.
Al final, el tonto chisme si salió a la luz. Astoria no pudo haber sido, pues ella misma estaba teniendo problemas para negar el asunto por todo lo alto sin poder dar detalles, pues la promesa mágica lo exigía.
—Arréglalo —le había exigido Theodore.
Y ella, entre el enfado y la vergüenza, prometió que lo haría. Era precisamente por ese gesto que Theodore se convenció que no pudo haber sido ella. Probablemente alguien pudo haberlos oído discutiendo; o lo más seguro, alguien los pudo haber visto la vez que él le entrego esa joya a Astoria. Después de todo, lo había hecho en un pasillo del Tren al inicio del curso.
"No se puede ser tan estúpido" se regañó a sí mismo.
Al menos el chisme solamente se extendía a que él era quien le dio esa joya. No se dijo una sola palabra del resto de detalles.
De todas maneras, eso fue suficiente para que a Theodore le estallara otro problema en la cara.
Un problema que ahora se le había dado por no dejarlo en paz siquiera mientras dormía.
Porque claro, aunque no tenía culpa de nada, Hermione parecía verlo como un completo mentiroso. Un traidor. Alguien detestable con quien actualmente no querría siquiera cruzar palabras.
Porque cuando ella le preguntó por qué él había tenido que darle una joya a Astoria… no pudo contestar de inmediato.
Le dijo que se lo dio como una disculpa, pero no se le ocurrió inventar un motivo lo suficientemente bueno. No podía decirle que era por que la había engatusado para besarla, todo por ser la prometida de Draco y a él se le ocurrió que era una buena manera de vengarse de él y herirle el orgullo.
Theodore no era idiota para contarle eso. Era mejor pasar por un mentiroso que admitir que era un manipulador de ese calibre.
Al final, solo se le ocurrió decir que era algo de lo que no podía hablar con ella.
Hermione, con la mirada herida, solo dijo "De acuerdo".
Y se habían visto solo en clases desde entonces.
Supuso que a ella se le pasaría el enojo en algún momento, sin embargo, los últimos días, ella solamente había decidido no acercarse a él. Parecía aferrarse a sus amigos más de la cuenta y aunque sospechaba que lo hacía adrede, sabía que no era así.
De todos modos, ella siempre prefirió a sus adorados amigos por sobre todas las cosas.
Aunque una cosa era saberlo y otra aceptarlo.
Era como si se le escapara de las manos.
No, como si alguien estuviera aprovechando el momento para quitarle algo que ya era suyo. Todo por un tonto descuido.
Y eso… eso no le gustaba, porque Theodore era ambicioso y nunca le gusto no tener lo que quería.
Su posesividad ganándole la partida, otra vez.
Se pasó de nuevo una mano por la cara y tomó un respiro largo antes de tomar su mochila y dirigirse a clases. Mejor pensar en otra cosa.
Mejor.
Mejor olvidarlo todo.
…
Estaba en la sala de Menesteres, sentado en su esquina usual en completo silencio tranquilo, garabateando en su libreta. Intentando mapear sus próximos movimientos, pero solamente terminó haciendo círculos inconexos y deformes mientras imaginaba como sería el reencuentro con su padre, las palabras que usaría, imaginando como es que su padre podría contestar e inventando una respuesta aceptable. Estaba en eso cuando la puerta se abrió.
Theodore volvió la cabeza al instante y se encontró con ella en la puerta, mirándolo detenidamente.
Él dobló el pergamino y solamente la miró en silencio.
Entonces, ella se acercó paso a paso, las manos a su espalda, en silencio y sin mirarlo directamente.
Él se cruzó de brazos.
"Así que vuelves" pensó, pero en su lugar solo dijo una palabra.
—Hola.
Ella no contesto de inmediato, sino que solamente se acercó y se sentó algo lejos.
¿Por qué? ¿Por qué siempre tenía que hacer eso? ¿A caso era una especie de estrategia? ¿Algún tipo de juego aprendido de la pequeña Weasley?
—Hola —dijo ella por fin.
Theodore quería rodar los ojos, pero seguía mirando. Mirando y mirando. Y ella no decía nada.
Tan frustrante…
— ¿Y bien…?
—Edward me escribió y...
Los dos hablaron al mismo tiempo.
Él apenas soltó una risa irónica luego de un momento de asombro.
— ¿Se trata de mí? —apenas el susurro. Ella asintió. Él solamente sonrió— ¿Y qué es lo que mi mestizo favorito se atreve a contar a mis espaldas?
Ella quedó boquiabierta por un instante— ¿Qué?
— ¿Desde cuándo es que pasa esto? —Ella no contesto, en su lugar, frunció el ceño— ¿Es la primera vez? ¿Correspondencia a mis espaldas? ¿O correspondencia privada en la que por esta vez aparezco?
Ella se cruzó de brazos, pero no como quien se enfada, si no como quien quiere protegerse de algo. Entonces él cayó en cuenta de que estaba siendo agresivo. La estaba asustando.
Theodore se pasó la mano por la cara y evito mirarla.
— ¿Qué quieres? —susurro lo más controlado posible. Ya hablaría con Edward. A él sí podría gritarle.
—Hablar —murmuro ella.
El volvió el rostro un instante. Se fijó en que ella estaba casi inclinada hacia él, quizá buscando acercarse. A lo mejor no la había asustado.
—De lo que sea que Edward te escribió —murmuro con decepción.
"No conmigo en realidad"
—Está preocupado —contesto ella.
—Edward siempre está preocupado —dijo planamente— ¿Y por qué tiene que escribirte a ti precisamente?
¿Por qué?
—Porque sabe que somos amigos —contesto ella.
Él la miró alzando una ceja y, sin querer, burlonamente. Ella huyó de esa expresión. Theodore solamente se enfadó más.
—Claro —dijo— buenos amigos.
Entonces él se puso de pie. Quería irse de allí, pero no contaba con que ella se pusiera de pie también y rápidamente le sujetara la mano y tirara de él.
— ¡No te atrevas! —Dijo ella— No vas a dejarme hablando sola de nuevo.
Theodore se volvió hacia ella, avanzando un paso y haciendo que ella lo retrocediera— Que gran tragedia. Tú odias que te deje hablando sola pero al mismo tiempo eres demasiado buena ignorándome.
Ella se quedó boquiabierta— Yo…
Él sacudió la cabeza— Como sea —murmuro.
Theodore intentó irse de nuevo, pero ella seguía sujetándole la mano y no lo soltó.
—Yo estaba molesta —dijo ella entonces— Estoy molesta. Y el motivo es muy tonto, pero sigo estando molesta. Lo lógico es que yo no lo este, que no me importe, pero… ¿Por qué tendrías que mentirme? —entonces ella al fin lo soltó— odio eso.
Theodore, estupefacto, no supo que contestar.
—Porque es mentira. Sé que lo que dijiste es mentira. No se trata de que no puedas hablar sobre eso, solamente no quieres hablar conmigo sobre eso. El motivo por el que le diste a Greengrass esa joya —murmuro— Tú no mientes, pero cuando alguien hace la pregunta correcta, solamente evades. Yo ni siquiera debería sorprenderme de que lo estés haciendo también ahora, pero… —ella levantó el rostro, sus ojos increíblemente tristes— pero lo prometiste. Lo prometiste… —susurro.
"Mentiras sobre mentiras" pensó fugazmente y con un vacío en el estómago "solo soy igual que mi padre"
#%#& "No te vayas. No te vayas" #&%%&$"&
—Fue… una tontería —contesto él, sin pensar demasiado— Algo que hice. El año pasado. Me disculpe con ella por eso.
—El año pasado —murmuró— ¿Qué hiciste? —pregunto ella con un hilillo de voz.
—Algo malo.
— ¿Qué tan malo?
—La ofendí —murmuró.
Casi por inercia intento evadir de nuevo, sin embargo, esta vez no lo hizo.
—Draco se estaba metiendo conmigo —dijo casi como excusa para sonar convincente— se burlaba de cosas que no debía burlarse. En realidad… Astoria es su prometida y al menos hasta el año pasado, yo le gustaba —dijo lo último con algo de duda, pero creyendo que lo mejor era no guardarse ese detalle— Así que pensé en golpear a Draco a través de ella, y ella también estaba de acuerdo en un principio pero… no importa. Yo la ofendí —él miró hacia otro lado— y ahora ella también me odia. Le regale una pulsera como disculpa al principio del año, pero hace poco ella la convirtió en un collar para chantajearme y quería que hiciera algo por ella, era eso o si no haría un escándalo. Aunque cumplí mi parte, de todos modos hubo escandalo —luego sacudió la cabeza— estuvo mal y sé que no debería mencionar eso último, pero creo que ambos saldamos ese asunto y no van a ver más complicaciones.
Por el rabillo del ojo, notó que ella se pasaba una mano por la cara— Venganza... —murmuró— Eso solo es algo que no se acaba nunca. Un juego de golpear y devolver el golpe —Hermione clavo los ojos en los suyos— ¿De verdad vale la pena hacer eso?
"Siempre" pensó, pero prefirió callar esa respuesta.
—A veces —contestó en su lugar.
Ella se cruzó de brazos— ¿Por qué no me lo dijiste?
Él se cruzó de brazos también— ¿No odias la respuesta que te di? ¿El motivo?
—No estoy segura, pero es mejor que no saber nada. Y… bueno, es algo del año pasado —Ella miró hacia el suelo— Nunca he creído que seas una mala persona y sé que todo lo que haces tiene cierto… sentido. Si esto fue tal como tú dices…
—Fue justo así —dijo él de inmediato, casi cortándola.
Ella calló un instante, hasta parecía sorprendida— Entonces supongo que es más un "Asunto de sangres pura" ¿No? —Murmuró ella, pero negó con la cabeza— Lo intento, pero hasta ahora no lo entiendo del todo. Ustedes parecen… solo no pensar igual que el resto. Es como si para ustedes valiera más un buen golpe que una disculpa sincera. Como si necesitaras golpear para tener respeto.
Theodore entrecerró los ojos un instante, pero asintió, en medio de una pequeña sonrisa involuntaria. En realidad, ella lo entendía bastante bien. De alguna manera, eso lo tranquilizó.
— Si supones que ahora respeto a Astoria un poco más, no te equivocas.
Ella hizo una mueca extraña— Supongo que es así.
—Lo es —dijo él, atreviéndose a llevar una mano hacia ella y tocarle uno de los mechones que colgaban por sus hombros y complaciéndole mucho que ella no se alejara.
"Pero si Astoria arruinaba todo, si por su culpa se arruinaba todo…"
Theodore parpadeó.
— ¿Acerca de qué escribió Edward?
Aunque sospechaba el motivo, Theodore de todos modos hizo la pregunta. El ambiente justo en ese momento era tan apacible que quería extenderlo cuanto pudiera.
Hermione tenía el pergamino en el bolsillo de su túnica y se lo entregó, pero no sin antes pedirle que no se enfadara con Edward por eso. Theodore aceptó de inmediato, pues estaba más centrado en que ella estaba poniéndolo a él por encima de lo que sea que le haya prometido a Edward.
Gratificante.
Leyeron el pergamino juntos uno al lado del otro, sentados en una esquina de ese salón en la sala de Menesteres. Edward, por supuesto, hablaba de la futura reunión que tendría con su padre en Azkaban. Decía que eso era algo que seguramente lo perturbaría de algún modo y le pedía a Hermione "No dejarlo solo".
Se sintió momentáneamente enfadado, pues eso significaba que ella solamente había aparecido para darle palmaditas en la espalda. Sin embargo, de todos modos se quedó allí. Eran y no eran palmaditas en la espalda. También era compañía. Tolerable.
Cómodo.
"&%$$S Necesario %#$*/&"
—Creía que tú y tu padre eran muy unidos —Susurro ella, con la cabeza apoyada contra uno de sus hombros.
"Yo también" pensó.
— ¿Qué pasó? —preguntó ella.
—Demasiadas cosas.
— ¿Te hizo algo además de la legeremancia?
—Bastantes otras cosas —murmuro, pero ella seguía viéndose curiosa; su mirada ansiosa— no puedo confiar en él. Ya no.
— ¿Por qué?
"Cuando alguien hace la pregunta correcta, siempre evades"
Es lo que ella le había dicho y eso era obviamente la realidad. Pensar y hablar de su padre era problemático a varios niveles. Pero…
—Tiene demasiados secretos. Demasiadas mentiras —dijo haciendo una mueca, sin poder evitar pensar que él era exactamente del mismo modo.
"De tal palo, tal astilla"
— ¿Te conté que mi madre murió cuando yo era niño? —Ella asintió— Mi madre enfermaba seguido, era así desde siempre y por eso no socializaba demasiado, no le gustaban mucho las fiestas y tampoco salía mucho, pero siempre estaba presente en las reuniones de mi padre, siempre sentada a su derecha. Entre las familias en el Dominio, se decía que el mundo de mi madre era mi padre y que la persona en quien más confiaba mi padre era mi madre —Él apoyó la cabeza contra la pared a su espalda, mirando ahora hacia el techo blanco— Mi madre enfermaba seguido… se supone que murió por eso, una enfermedad. Mi padre me lo dijo.
Hermione levantó la cabeza de su hombro.
—Ella…
Theodore volvió la cabeza hacia Hermione y clavó los ojos en los suyos— Hay cosas que recuerdo de cuando era niño —susurró— y una de ellas, es estar en la Casa del Norte con mi madre, resguardados del peligro de la guerra, o eso decía ella. Por las tardes, yo me sentaba en un sillón enorme frente a la ventana que daba a la entrada esperando a que mi padre apareciera por el camino de piedras del jardín, porque él me había prometido que llegaría por allí cuando las cosas mejoraran. Recuerdo pensar justamente eso. Sin embargo… no recuerdo cuando fue que exactamente hizo esa promesa.
Ella frunció el ceño. Por supuesto, eso no debería tener sentido para nadie. No lo tenía ni para él mismo, sin embargo, ahí estaba, con recuerdos tan tortuosos como reales.
Theodore se aclaró la garganta— Busqué detalles de aquel tiempo, las fechas no coinciden ¿Sabes? —Siguió hablando— La guerra terminó en 1981 y se supone que mi padre se entregó a los Aurores apenas eso pasó. Fue un prisionero del Ministerio hasta la navidad de 1983, pero mi madre murió en 1984, poco después de septiembre. Mi padre tuvo más de medio año para buscarnos, sin embargo, no lo hizo. Yo recuerdo… que mi padre solo apareció el día en que mi madre murió.
El rostro de Hermione era un poema, sin embargo, no dijo nada.
—Yo estaba allí —susurró— mi madre… dijo que todo iba a estar bien. Luego murió y mi padre me llevó con él. Esa fue la última vez que la vi —él miró hacia sus manos enguantadas— Investigue mucho acerca de aquel tiempo y entre todos los rumores ¿Sabes cuál era uno de los populares? Uno que decía que mi madre había aprovechado la guerra para al fin huir del control de su implacable, cruel y despiadado esposo.
Ella lo miraba totalmente pálida— Los rumores… son rumores.
—Todo rumor tiene algo de cierto —le contestó— y una realidad presente, es que la casa del Norte, la casa en donde mi madre y yo nos resguardamos está encantada. Ella hizo magia de sangre, mi sangre y la suya. También recuerdo eso, a ella cortándome la palma de la mano con un cuchillo para un conjuro. —Theodore se miró la mano enguantada— Es magia que me protege. En esa casa, nadie puede siquiera intentar hacerme daño sin sufrir las consecuencias. Nadie. Esas son… demasiadas precauciones —Theodore hizo un puño con la mano, frente a sus ojos imágenes de magos traidores que fueron aplastados por la magia— y entonces… no puedo dejar de pensar… ¿Qué tal si no nos estábamos resguardando de la guerra? ¿Qué tal si era de mi padre de quien nos escondíamos?
"Mi madre… escondiéndome de mi padre…"
Aún con la mirada en sus manos, su mente estaba ya muy lejos, recordando más detalles que descubrió, detalles escabrosos, pero que no sería necesario contarle a ella. No quería asustarla.
Philip Nott siempre fue un controlador obsesivo y un manipulador, eso Theodore lo sabía bien porque, de cierto modo, él mismo se le parecía bastante.
Nadie soporta la descarada manipulación ni el constante control. Theodore no lo soportaba y esos eran algunos de los motivos por los que quería a su padre lejos. Y también por eso, en el fondo de su ser, creía que por esas cualidades es que él terminaría del mismo modo.
Solo.
Y eso no significaba un problema, ya que después de todo siempre lo estuvo. Sin embargo…
Llegó de sorpresa, como usualmente hacía. Ella, abrazándolo en silencio. Sin avisar.
Maleducado y repentino.
Pero cálido y ahora, últimamente, familiar.
"Te tengo de vuelta" pensó.
Theodore tomó aire lentamente y a pesar suyo, le devolvió el abrazo en un arranque entre lo posesivo y un sentimiento extraño. Apoyó el mentón contra su hombro y aún con los ojos entrecerrados y desconfiados, algo confundido, solamente se dejó caer.
"Extrañaba esto" pensó con los ojos cerrados.
Pensar objetivamente, se estaba volviendo más y más difícil últimamente.
Si alguien le hubiera dicho el año pasado que actuaría del modo en que lo estaba haciendo actualmente, Hermione se hubiera reído por lo vergonzoso que sonaba todo.
Porque viendo la situación en perspectiva, no parecía ser ella misma. No, para nada.
Porque allí estaba, en medio de la noche y usando su estatus de prefecto y prácticamente aceptando hacer el ensayo de Ron a cambio de cubrirla en la ronda de prefectos para poder escabullirse para una reunión a escondidas.
— ¿Por qué no podemos venir aquí en el día? —dijo ella una vez llegó al punto de encuentro.
—Porque no es lo mismo —dijo él, a su lado, su hombro pegado al suyo y su enorme capa bajo el brazo.
Ella quiso rodar los ojos, sin embargo, el suave "clic" que hizo la puerta que apareció frente a ellos la distrajo.
—Vamos —dijo él, adelantándose solamente para abrir la puerta para que ella pasara primero.
Hermione sacudió la cabeza, pero entró en silencio encendiendo la punta de su varita, sorprendida de ver cosas desperdigadas por todos lados. A su espalda, Theodore cerró la puerta y antes siquiera de poder parpadear, él lanzó un hechizo que envió fuego mágico hacia un candelabro de araña gigantesco en el techo.
A pesar de que el candelabro era enorme, el tamaño de la sala y los estantes repletos de cosas que iban casi hasta el techo hacía que algunos lugares permanecieran bajo la sombra. Aun así, podía apreciar perfectamente la grandeza del lugar.
— ¿Qué lugar es este? —preguntó al mismo tiempo que se daba vuelta.
Lo hizo tan rápido que iba a chocar con Theodore y para evitarlo dio un paso atrás, tropezando con algo en el suelo y casi cayéndose de espaldas, pero antes de que eso sucediera, él la sujeto por los hombros.
—Ten cuidado —le dijo en un susurro, estabilizándola con toda la calma del mundo antes de por fin bajar las manos, pero sin quitarle su intensa mirada de encima.
—Gracias —dijo ella algo apenada y escapando apenas de sus ojos.
El soltó un suave respiro— Lo encontré hace un tiempo —dijo— según la leyenda urbana, este es el lugar que aparece en la sala de los menesteres cuando necesitas un lugar donde ocultar algo —de pronto, el de nuevo puso sus manos sobre sus hombros, su respiración cerca de su oído— dicen… que incluso alumnos se han perdido aquí. Tal vez podríamos encontrar sus tumbas.
Ella se giró de inmediato y lo encaró, pero él solamente tenía una mirada de suficiencia.
—No me da miedo —dijo ella.
—Ya lo creo —dijo él, alejándose y tomando la delantera.
—O-oye —reclamó ella— ¡espérame!
Él estaba de espaldas, pero podría jurar que le oyó reírse.
Hermione, enfurruñada, entrecerró los ojos y se le ocurrió que podría jugarle una pequeña broma. Había traído la capa de Harry, así que las opciones eran muchas. Miró alrededor y escogió el escondite, un estante enorme de libros al lado de una especie de armario que parecía roto.
Se paró en seco y se detuvo frente a uno de los estantes y se quedó allí, de pie, mirándolo fijamente adrede.
Apenas un instante después, seguramente porque no la escuchaba caminar, Theodore se volvió hacia ella— Deja eso —le dijo antes de volver a ponerse en marcha— voy a dejarte atrás.
—Ya voy —dijo ella sonando obediente.
Theodore no la estaba mirando, así que ella extendió la capa, se cubrió con ella y rápidamente se ocultó detrás de un estante lleno de libros.
— ¿Qué es tan intere…? ¿Hermione? —la llamó desde lo lejos.
Luego silencio.
Luego pasos rápidos.
— ¿Hermione? —un susurro.
Por un espacio entre los libros del estante, ella observaba en silencio, con una mano sobre la boca para que él no la escuchara respirar. Aunque con toda la magia que sabía usar Theodore, seguramente la encontraría de inmediato.
Theodore apareció en su campo de visión, pero solamente parte de su torso. Él estaba girando para todos lados, casi dando vueltas en el mismo sitio, luego quedándose muy quieto y casi lanzándose sobre el armario al lado del estante, abriendo su portezuela, seguramente creyendo que ella se escondía allí.
Theodore susurró algo, pero luego volvió a aparecer en su campo de visión, llevándose una mano a la cabeza, murmurando algo de nuevo. Hermione podría jurar que eso sonó como "Voy a matarlo". Luego, él simplemente se giró y comenzó a caminar, probablemente hacia la salida.
Hermione estupefacta, solo se quedó allí, de pie cubierta por su capa.
¿Qué había sido eso?
Luego, escuchó pasos rápidos de nuevo caminando directamente hacia el estante de nuevo. Vio chispas doradas que se apagaron pronto y pasos de nuevo. Lo vio pasar por los espacios del librero y dar la vuelta al estante, quedarse de pie casi a punto de chocar con ella, estirar la mano hacia adelante y quitarle la capa de encima, descubriéndola.
Por la sombra del estante, ella no podía ver muy bien su expresión y creyó que estaba molesto, pero cuando lo tuvo cerca, se veía apacible— Aquí estás.
Ella le dio una sonrisa inocente— ¿Tengo que disculparme?
—No —dijo él, pero la enguantada mano que apretaba la capa como le daba indicios de otra cosa— Ahora… ¿Vamos? —dijo extendiendo la mano libre. Hermione, estupefacta de nuevo, solo se quedó mirando su mano— ¿Qué? —Preguntó él— no voy a caer de nuevo.
Ella, lentamente, levantó su mano y tomó la que él le ofrecía.
Él la sujetó y le dio un suave tirón— Vamos —dijo de nuevo.
Caminaron entre estantes y estantes, hasta que llegaron a uno que no era enorme como los otros, pero que tenía pequeñas cajas desperdigadas por el suelo.
—Ven —dijo tirando de su mano de nuevo, haciendo que se agache junto a él hacia una caja.
Con la mano libre, sacó de dentro de una de las cajas una especie de pelota de cristal que parecía tener humo de colores brillantes dentro.
Ella dio un respingo— Es una…
—Una profecía —contestó él, mientras le daba un apretoncito con la mano enlazada a la suya.
— ¿No es peligroso tocarla?
—Cuando las profecías se cumplen, la magia que las protege se vuelve muy débil. Quizá le pertenecía a un alumno o un profesor y la dejó aquí en algún momento del tiempo —dijo ofreciéndosela.
Hermione removió la mano que le sujetaba Theodore, pero él solamente la siguió sujetando. Ella, algo nerviosa, uso la mano libre. El cristal estaba algo desgastado, pero de todas maneras era brillante y dentro parecía tener vida. Incluso era levemente cálida al tacto.
— ¿Cómo la encontraste? —susurró ella, todavía mirando el cristal.
—Vengo aquí cuando quiero distraerme —contestó— hay de todo por aquí. Se supone que muchos vinieron aquí exclusivamente a esconder cosas y me di cuenta de que hay ciertas pistas dejadas en algunos objetos, como si fueran mapas dejados para que otros encuentren lo que han escondido —él estaba sonriendo levemente— supongo que hay muchos ególatras que creen que su basura podría ser un tesoro.
Ella le dio un apretoncito en la mano— ¿Basura?
Él se encogió de hombros— No imaginas cuanta —sacudió la cabeza— esa profecía es la primera cosa interesante que he encontrado en tres días. Si no encuentro algo que lo supere pronto, dejare de venir.
Theodore se puso de pie, ella lo siguió.
— ¿La quieres? —Preguntó apuntando a la profecía que seguía en la mano de Hermione.
— ¿Puedo tenerla?
El asintió— Pensé que podríamos estudiar su magia, por eso quería mostrártela. Pero si la quieres es tuya.
A ella le nació una sonrisa suave— Será nuestro nuevo proyecto de fin de semana.
Él correspondió del mismo modo— Hecho —susurró.
Y la estaba mirando de esa forma de nuevo. Nerviosa, ella apartó la mirada y por inercia removió la mano que estaba enlazada a la suya sintiéndola algo pegajosa, pero de nuevo, él solamente la siguió sujetando pero solo un instante más antes de soltarla abruptamente.
— ¿Es incomodo? —preguntó de pronto, su tono de voz abismalmente distinto al de hace un momento.
"Está pasando de nuevo" pensó.
—No —dijo ella de inmediato— es… me suda la mano —murmuro, frotándose la palma la túnica.
—Debe ser por los guantes. Hace frío, no pensé que podía pasar eso —murmuro, su tono cambiando de nuevo.
Ella, algo avergonzada dijo— Lo sé, es raro y…
Se quedó en silencio inmediato, pues ahora Theodore estaba quitándose los guantes de las manos y guardándolos en los bolsillos de la túnica.
— ¿Qué? —preguntó cuándo se dio cuenta de que ella lo estaba observando muy atentamente. Luego entrecerró los ojos— ¿Es por los rumores?
— ¿Rumores? ¿Qué rumores?
El aún tenía esa mirada desconfiada— Debes haber oído al menos uno —dijo— que me falta al menos un dedo —ella negó con la cabeza— que mi mano derecha está deforme por la maldición que me lanzo Barty Crauch en cuarto —ella volvió a negar con la cabeza— Merlin —dijo como en un respiro exasperado.
Ella se llevó una mano al mentón— Ahora que lo pienso… si oí uno de esos rumores. Algo acerca del anillo de tu familia. O los anillos.
Theodore soltó un resoplido— Ese es bueno. Los anillos malditos —dijo rodando los ojos mientras extendía ambas manos frente a ella— pero como puedes ver… están completas. Por la maldición casi no siento la mano derecha, pero es perfectamente útil y está completa.
Sin poder evitarlo, ella levanto sus manos y toco las de Theodore. Eran cálidas y algo suaves, casi sin imperfecciones. Una que otra cicatriz blanca en sus nudillos. En la mano derecha había una línea blanca que cruzaba limpiamente su palma que ella no pudo evitar recorrer con los dedos, solo podía ser una cicatriz. Recordó fugazmente que él le contó cómo es que su madre fue quien le cortó para hacer magia de sangre cuando apenas era un niño.
— Creo que es la primera vez que veo tus dos manos sin guantes —murmuro ella, ensimismada.
— ¿De quién oíste lo de los anillos?
El recuerdo entonces la asaltó— No lo recuerdo —murmuró.
Theodore entonces entrelazó ambas manos con las suyas— Fue de los rumores más interesantes el año pasado, pero no de los populares —susurró— es de los llamados… chismes de sangre pura. Y que yo recuerde… no salió de la mazmorra.
—Vaya —murmuro ella, escapando de su mirada.
—Dijimos que sin mentiras —dijo en su tono serio.
Entonces, ella le contó, pero sin muchos detalles, que fue Malfoy quien se lo dijo en una discusión "sin sentido". Evitó también entrar en detalle acerca de que prácticamente se habían ido a las manos de manera bastante incomoda y violenta.
—Ya veo —murmuró él al final.
Cuando las campanas del reloj del castillo marcaron las nueve, él le tomó la mano en silencio y caminaron por aquellos pasillos en penumbras hacia la salida. Su pequeña reunión nocturna había terminado y ambos lo sabían.
— ¿Usaras la capa de Potter? —Preguntó él, casi cerca de la puerta.
Ella alzó una ceja— Soy la prefecta. No necesito escabullirme.
—No lo decía por eso —dijo él— Hace frío y esa capa no parece abrigada.
—Mi sala común está cerca —dijo ella con nerviosismo y sorpresa.
—Puedes usar mi capa —murmuró— Es abrigada. Puedes devolvérmela mañana, tráela junto con esa vieja profecía.
—Tú no eres prefecto —cuestionó ella— y tienes que bajar hasta las mazmorras ¿Qué vas a hacer sin tu capa si necesitas escabullirte?
Él la miró con superioridad— Puedo encargarme de eso.
Ella sacudió la cabeza, imaginando a prefectos siendo maldecidos. Theodore era perfectamente capaz de eso— Olvídalo —dijo ella.
Hermione avanzó, pero él la detuvo— Hablo en serio.
Ese tono de nuevo, sonando como si fuera una especie de orden. Hermione iba a replicar, pero él se acercó más a ella, con la capa que antes traía debajo de su brazo siendo extendida con su mano libre y dejándola caer sobre sus hombros. Hermione juraba que seguramente resbalaría y caería al suelo, pero eso no sucedió.
—Si subes la capucha desaparecerás —murmuro él— y no hay magia que permita encontrarte. Perfecta para escabullirse —continuó mientras le acomodaba el cuello de la capa— y resguardarse. Repele muy bien bastantes hechizos y se adapta al clima. Y lo mejor. Es cómoda. Podrías dormir con ella puesta y no extrañarías un colchón.
Él estaba mirando a otro sitio y poniendo esa cara. Nostalgia y, seguramente, un recuerdo amargo de cuando era un fugitivo el año pasado.
Solamente por eso, ella no replicó y en su lugar, llevó una mano a su rostro para hacer que él la mirara. Esa amargura en su rostro, desapareciendo pero en su lugar esa mirada otra vez. La mirada que la hacía sentirse pequeña e indefensa.
Iba a besarla ahora, lo sabía. De hecho, lo esperaba.
Cuando él la miraba así, siempre terminaba besándola.
Cuando salieron de la sala de los Menesteres, ella avanzó por el pasillo hacia la Sala común de su casa, al menos miró tres veces hacia atrás; poco a poco, Theodore se perdía en medio de la penumbra de la noche.
Apenas entró a su sala común, se quitó rápidamente la capa y la envolvió con la de Harry, para que nadie la viera y subió rápidamente a su habitación. Lavender y Parvati estaban haciéndose las uñas, así que tuvo que irse a la ducha. En la intimidad de esas pequeñas cuatro paredes, desenvolvió la capa de Theodore y la dobló correctamente antes de envolverla de nuevo.
Luego de una ducha rápida y beberse el agua de su mesita se metió a la cama y con cuidado deposito ambas capas cerca de su almohada, esperando que sus compañeras estuvieran dormidas.
Mientras estaba acostada, con las luces apagadas, se puso a pensar. Las cosas… podría decirse que iban bien, pero todo era extraño. Y eso era confuso.
Era increíble como una persona puede atontar a otra, como una simple acción hace que tu cerebro deje de funcionar. Porque eso hacía Theodore con ella, ahora estaba segura. Pero lo que no sabía es si lo hacía adrede o no. Sus inseguridades, pesando lo mismo que montañas.
Podía estar enfadada con él como con el asunto de la joya de Astoria Greengrass, pero con una buena respuesta él conseguía desvanecer ese enojo, aunque sus palabras solo le dejaban más preguntas. Hermione no sabía si estaba siendo enteramente sincero con ella al confesarle que el año pasado Astoria gustaba de él y ahora ya no, o sencillamente estaba siendo un pretencioso.
Ginny decía que los chicos presumían de chicas a las que les gustaban como estrategia para poner nerviosa a la chica con la que salían. Como una especie de mensaje ruin "Tengo más opciones a parte de ti"
Hermione no quería creer que fuera el caso, pero de todos modos se había enfadado aunque extrañamente no con él si no consigo misma por menospreciarse a sí misma al pensar que era ilógico que Theodore, sabiendo que le gustaba a Greengrass, no se hubiera enredado con ella. Hasta le dio miedo preguntar. Y de todos modos, no tenía sentido enfadarse, pues si pasó, tuvo que ser el año pasado y de ese entonces Theodore no le debía ninguna explicación. Pero algo le decía que si ella le preguntaba, él le contaría.
Y eso era algo que no quería.
Era una cobarde. No quería saber detalles de eso porque era incomodo, molesto y hasta dolía. Hermione sabía que se hubiera ensimismado y sus inseguridades ya la hubieran aplastado si no fuera por cómo es que Theodore era ahora con ella.
Si antes era algo pegajoso, ahora era cercano en otro sentido. En uno más privado. Más íntimo incluso. El nivel de intimidad que conllevaba el contarle secretos que parecía ocultar a todo el mundo, pero que a ella le dejaba saber con solo preguntarlo y de un modo tan casual que parecía irreal. Parecía tan apartado de todo el mundo pero a ella la dejaba alcanzarlo.
Eso era estar cerca en todos los niveles posibles. Era ser especial.
Hermione se miró las manos y todavía no podía creer que se habían pasado todo el tiempo en la sala de Menesteres tomados de la mano. Incluso se había quitado los guantes, mostrándole sus manos, las que siempre llevaba ocultas de todo el mundo. Le había dado su capa, aquella de la que solo se desprendía cuando iba a clases pero de todos modos llevaba siempre en la mochila…
Ella se estiró y llevó las manos a la cabecera. La capa de Harry la hizo a un lado y la de Theodore la desdobló y se arropó con ella. Él tenía razón, esa capa era cómoda y abrigada. Como si desprendiera calor. Como si estuviera viva.
Mientras pasaba los dedos por la suave textura de la capa mágica, siguió pensando y sus pensamientos, lejos de hacerla meditar y calmarse, hacían que su corazón volara mientras recordaba todo lo vivido hacía solo unos minutos.
"Le importo" pensó con cierta fascinación "mucho" se dijo, ignorando prácticamente adrede la parte oscura de todo lo vivido hacía solo unos minutos, los tonos cambiantes, ese humor que parecía pasar del suave al hostil en menos de un segundo. Como si lo estuviera excusando, sin poder evitar decirse a sí misma que seguramente era por su difícil y complicada situación con su padre.
Todo lo demás perdió importancia en ese momento, pues no podía sacarse de la cabeza el que Theodore la hubiera arropado tan cuidadosamente con, probablemente, una de sus posesiones más preciadas.
Con la cara roja y una suave sonrisa en los labios, Hermione se acurrucó a la capa y se quedó dormida.
En el trabajo de reemplazo, no podías permitirte ser descuidada.
Poner bajo imperio a la chica Patil fue relativamente sencillo. No era compañera de habitación de Granger, pero si se la pasaba allí por ser amiga de Braun. Era la opción más sutil para hacer el trabajo: Asegurarse de que la impura no saliera de la torre de Gryffindor durante toda la mañana y esconderla en un buen lugar mientras estuviera siendo reemplazada. El cabello y el aliento ya los había conseguido hacía días. Todo estaba listo.
Star, con una muda de ropa sustraída del closet de la impura en la mochila, una poción multijugos en un bolsillo y una poción para replicar su voz en el otro, partió hacia Hogsmade. Era el día de visita, así que podía tranquilamente mezclarse entre la multitud y bien cubierta con una capa, interceptar a Weasley.
Información, por eso es que iba a reemplazar a la impura.
Entre muchas cosas, escuchando a Theodore enfadarse en voz alta, se enteró de que Potter era el genio de pociones de su año gracias a un libro, mismo de dónde sacó también el maleficio que casi mató a Malfoy. Y por como habló de ello, Theodore lo quería. Star también lo quería, así que pensó que podría engatusar a Weasley (Potter no era opción, demasiado vigilado por Dumbledore para arriesgarse) para que le dijera donde estaba, ya luego lo robaría. A Weasley seguramente podía desmemorizarlo con mucha facilidad.
Ahora… ¿Por qué escoger reemplazar precisamente a Granger?
Porque quería comprobar algo. Luego de que ella hiciera una réplica, el libro original iba a ser un presente para Theodore. Star quería ver su reacción cuando le contara como lo consiguió. Si se mantenía imperturbable y la felicitaba, todo estaría bien. Pero si no… si Astoria Greengrass tenía razón en sus conjeturas y Theodore estaba volviendo a caer en sus viejos errores, no podría fingir que la impura no le importaba.
"Los mataré por esto"
Retumbo en su mente, llamando al caos.
Star sacudió la cabeza, poniendo su cabeza en orden de nuevo.
Ya estaba en Hogsmade, perfectamente vestida para efectuar el reemplazo. Bebió las pociones de un sorbo y luego de que el cambio sucedió, se puso la capa y salió a buscar a Weasley.
Encontró al pelirrojo en la tienda de dulces, sorprendido de verla allí pues al parecer la impura tenía otros planes. Luego de comprar unos cuantos dulces, no le costó convencerlo para dar una caminata para charlar de tonterías.
—Es raro sin Harry por aquí —dijo ella casualmente.
—Algo así —murmuro el pelirrojo— pero está ayudando a Dumbledore. Así que está bien.
"El anciano" pensó ella— Me pregunto qué están haciendo justo ahora…
—Probablemente, más clases extra —mascullo Weasley, sorprendiendo a Star.
—Claro, no se puede ser el genio de pociones eternamente —dijo ella burlona— tiene que ser un genio en otras cosas más.
Weasley entonces la estaba mirando con los ojos muy abiertos— Nunca creí escucharte decir eso —dijo sorprendido.
Ella se mordió el interior de la mejilla— No ha sido un gran día —contestó— pero no dejo de preguntarme… que hizo con el libro de pociones…
— ¿Todavía quieres destruirlo? —Weasley se encogió de hombros— Sabes que Ginny juró no decirle a nadie donde lo escondieron, así que yo no guardaría esperanzas.
"Lo tengo" pensó.
—Cierto —dijo estirándose.
Wesley dijo algo acerca de que estaba siendo graciosa por estirarse y le dio la espalda. Star vigilo que nadie estuviera cerca, entonces, apuntó su varita a Weasley.
Cuando terminó con él, Weasley aún estaba confundido cuando lo llevo a Las Tres escobas del brazo y discretamente, lo abandono allí en completo sigilo para regresar al lugar donde escondió sus cosas y su ropa para regresar a la escuela.
Iba pasando tranquilamente por la calle; fue entonces que, salido de la nada, una mano se deslizó hacia su brazo y tiró de ella con fuerza hacia un callejón, prácticamente arrastrándola primero y aprisionándola contra la pared, una mano enguantada cubriéndole la boca.
Era Theodore en persona, y se veía enfadado como pocas veces le había visto jamás.
"No" pensó congelada en su sitio, asustada "Ya lo vi así una vez"
"Los matare por esto"
—Teníamos un acuerdo —mascullo él— a las nueve. Ya va a ser medio día y te encuentro aquí, paseando tranquilamente como si nada. Con Weasley, tu adorado amigo ¿Qué es ahora? ¿Amortentia de nuevo? Si es una excusa tonta no voy a creerlo —Theodore entonces se acercó aún más a ella— ¿A qué estás jugando?
Star le miró a los ojos, aún asustada pero también sorprendida y de alguna manera, parecía que eso hizo que Theodore retrocediera momentáneamente y retirara la mano de su boca. Entonces Star recordó que la poción para replicar la voz de la impura aún debía funcionar. Rápidamente pensó en que respondería Granger si fuera su caso ¿Enfadarse? ¿Replicar? ¿Correr? ¿Devolver el golpe?
Y se le ocurrió al instante.
—Lo siento —dijo en un murmullo ahogado.
Theodore se alejó un paso más y se sacudió el cabello con una mano, luego se cruzó de brazos— Incluso abandonaste mi capa —le recriminó. Star lo miró confundida, pues él tenía la capa encima. ¿De qué capa hablaba?— Disculparse no es suficiente. —Theodore volvió a acercarse despacio, ambas manos por encima de sus hombros y apoyadas en la pared detrás de ella— No puedes solo desaparecer sin decir nada —él tenía las manos echas puños— No puedes hacerme eso a mí.
Star, completamente estupefacta, apartó la mirada. Sus temores, haciéndose realidad.
—Hey —dijo él entonces, bajando su mano hacia la mejilla de la chica. Todos los nervios de Star se pusieron de punta, su respiración pesada y lenta. Esa mano en su mejilla se trasladó despacio hacia su mentón, empujándolo hacia arriba— mírame.
—L-lo siento —alcanzó a tartamudear.
—Te perdonaré esta vez —murmuro, sus ojos limpios de todo enojo clavándose en los suyos— pero solo esta vez.
Star creyó que estaba a salvo, pero entonces…
Theodore se estaba agachando hacia ella, sus ojos entrecerrados, acercándose.
Era como si fuera a besarla.
El cerebro de Star trabajaba a tanta velocidad para digerir la situación que por puro instinto lo empujo con una mano y tomó la varita con la otra para apuntarle a la cara, la maldición a punto de ser formulada, pero se detuvo. No podía maldecir a Theodore.
Él, por otro lado, reaccionó lento; como si no entendiera que pasaba. Sus ojos bien abiertos, su cara poniéndose blanca como el papel. Se veía aturdido primero, aterrado luego, pero después… después la estaba mirando cómo se mira a la persona que más odias en el mundo.
"Los mataré por esto"
— ¿Quién eres? —preguntó con voz tenebrosa.
Star reaccionó al instante, su instinto gritándole que si no atacaba primero estaba perdida. En menos de un parpadeo apuntó al estómago y le lanzó un hechizo aturdidor, sin embargo él lo desvío apenas con magia sin varita, pero tan débil que el hechizo de Star le lanzó varios metros hacia atrás, prácticamente le mando a volar.
"La capa" pensó ella fugazmente "Tiene la capa, no le he hecho daño"
Star corrió, pero a su espalda escucho el alarido de ira de Theodore, igual que maldiciones que parecían pasar rosandole las orejas, apenas permitiéndole hacer magia para desviar las maldiciones y tambaleando cada que las bloqueaba, sin una sola oportunidad para conjurar una aparición.
Theodore tenía puesta su capa y por eso ella no podía verlo, pero aunque lo viera, no correría con la misma suerte de antes. Los hechizos bloqueados generan fuerza y eso golpea al receptor… cuando Theodore tenía su capa, nunca repelía, pues su capa absorbía toda magia furtiva. Si lo hizo antes, seguramente fue puro instinto.
Huir, tenía que huir pero sin dar ninguna pista para que la reconociera, pues si Theodore no había tirado a matar, era porque quería capturarla. Los hechizos que usaba eran prueba de ello. Era despiadado y sus maldiciones, una más pesada que la anterior. Incluso le lanzó varios crucio, uno más poderoso que el anterior.
"Si me descubre, me matará" pensó con pánico, más pasado que presente.
"Los mataré por esto"
El recuerdo, nublándole la mente. Star entonces se atrasó en defenderse solo un instante, pero lo suficiente para ser alcanzada por una maldición que la golpeó como un puñetazo en la cara, enviando dolor indescriptible a todo su cuerpo, haciéndola tropezar. Solo por un milagro no soltó su varita.
Pero antes de tocar el suelo, sintió el familiar tirón de una aparición.
Cuando la magia se detuvo, Star solo pudo abrir un ojo, pero podía ver que Theodore estaba sobre ella pues, literalmente, se le echó encima, una de sus manos aplastándole la mitad de la cara hacia el suelo y su varita clavándose en su cuello.
—Si fuera una transformación, el maleficio la hubiera distorsionado. Solamente puede ser multijugos —dijo con ira— ¿Quién eres?
"Va a matarme" pensó con pánico "va a matarme"
— ¿Dónde conseguiste el cabello? ¿Cuándo? —Dijo con urgencia mientras presionaba más la varita— Habla.
"La impura" pensó con sorpresa "Está preocupado por la impura".
Él estaba aplastando su cabeza contra el suelo, su mano casi cubriéndole toda la cara… Star entonces recordó que en realidad, no era su rostro, si no el de Granger. Y Theodore parecía no querer mirarlo. Pero ella aún tenía su voz.
Entonces, supo que hacer.
— ¡Por favor basta! —Dijo con voz temblorosa y suplicante, no tuvo que fingir que estaba asustada— Theodore, por favor detente —dijo casi sollozando.
Y funcionó. Aunque fue solo por un instante, el agarre se aflojó.
Rápidamente, Star flexionó una de sus piernas y la pasó por entre los brazos de Theodore y logró empujarlo con fuerza hacia un lado. Libre al fin, hizo un accio y su varita voló a su mano, conjuró una floritura lo más rápido que fue capaz y se desvaneció en el aire.
Los oídos le zumbaban y apenas podía creer lo que pasó frente a sus ojos.
¿Qué estaba pasando?
Theodore apretó los dientes con fuerza. Respiro despacio, contó en silencio y luego se puso de pie y se sacudió la ropa, tratando de mantenerse calmado. Tomando aire, se encaminó hacia el Castillo.
La réplica de Hermione se había ido y no había podido detenerla ni sacarle información.
Multijugos, estaba seguro de que era multijugos.
Pero ¿Por qué?
"Es… ¿por mí?"
Theodore negó con la cabeza. No. No podía ser. Imposible. Si fuera el caso, el reemplazo hubiera ido directamente por él, pero el reemplazo estaba con Weasley.
"Podría ser por Potter" pensó. Después de todo, ella era su amiga. Pero por otro lado, el reemplazo parecía bastante bien adiestrado en magia y peor, parecía saber cómo es que funcionaba su capa, pues cuando la estaba persiguiendo y el reemplazo miraba hacia atrás, lo hacía para buscar de dónde venían las maldiciones.
Theodore se frotó los ojos, consciente de que había sido un total imprudente.
Antes de darse cuenta, estaba ya cerca de la entrada y observando con cuidado a su alrededor. Una vez pasó las puertas se sintió un tanto más seguro, pero aún continuaba intranquilo.
Cuando Hermione no llegó a la hora marcada, le pareció muy extraño. Cuando pasó una hora, tuvo un mal presentimiento. Era como un deja vu con la última vez que ella no cumplió con una de sus reuniones. Miles de ideas pasaron por su mente en ese momento, desde que alguien la había hecho beber esa tonta poción de nuevo, que ella hubiera decidido que él se merecía ser plantado, que ella se hubiera tentado con los poderes de su capa y se la hubiera entregado a ¿Quién sabe? Dumbledore. Potter.
Tantas tontas ideas, tantas tonterías.
"Piensa mal y acertarás" decía un viejo refrán. Y lo peor en que Theodore podía pensar siempre, era ser traicionado.
La paranoia fue tal que puso bajo imperio a una niña de Gryffindor para ordenarle específicamente que buscara a Hermione en su habitación, cuando la niña le reportó que nadie la había visto pero que en su cama solo estaba una enorme capa negra, Theodore solo tuvo un pensamiento:
Que algo le sucedió a ella, pues era inconcebible que Hermione dejara la capa atrás y totalmente descuidada, sabiendo lo preciada que era para Theodore.
Él le había ordenado a la niña ir por la capa y traérsela, pero cuando regreso con su encargo, le informó que a alguien le pareció ver a Granger en Hogsmade.
Naturalmente, Theodore se enfadó.
"Piensa mal y acertarás"
Pero él ya no quiso pensar y fue para allá. El enfado se volvió furia cuando la vio campante paseando cómodamente.
Luego, el horror de ser apuntado con una varita, con la guardia totalmente baja.
El horror de darse cuenta de que no era ella.
Una vez en el castillo, primero fue a la enfermería, luego a la biblioteca, incluso husmeo cerca de la torre de los Leones. Estaba pensando en infiltrarse en la torre y buscar pistas allí por su cuenta. Solo porque estaba en el mismo piso decidió que podía ir a la Sala de Menesteres primero, pero sin entender exactamente por qué, pues era más como un presentimiento.
"¿Y si no está en el castillo? entonces…" Theodore no quería pensar en esa posibilidad.
"Piensa mal y acertarás"
En el peor de los casos, alguien pudo haberla atacado.
La puerta apareció y Theodore tenía los oídos zumbándole por tanta intranquilidad cuando empujó la puerta.
Ella levantó su cabeza apenas él entró. Estaba allí.
"Cautela" pensó violentamente, parándose en seco.
—Lo siento —dijo ella sonando culpable y poniéndose de pie lentamente desde la esquina de siempre, como si le costara trabajo hacerlo— creo que estoy enferma, cuando desperté ya iban a ser las once, vine aquí pero no te encontré y… —ella parpadeó, mirándolo con los ojos entrecerrados y llevándose una mano a la cabeza— Yo… ¿No tenía yo tu capa?
— ¿Qué hay en la palma de mi mano derecha? —murmuro Theodore, ignorando la cautela y dando cortos pasitos hacia ella, la temblorosa mano en el bolsillo lista para sacar su varita si fuera necesario.
Ella parpadeó, pareciendo soñolienta— ¿Tu palma? —Murmuro, sujetándose la cabeza— Una línea blanca… una cicatriz.
Theodore avanzo el espacio que le faltaba para alcanzarla, le tomó el rostro con ambas manos enguantadas, como si quisiera asegurarse de que era real. Y afortunadamente, lo era.
Ella solo lo miraba con sus grandes ojos miel— ¿Qué pasa?
—Nada —contestó él, pero examinaba su rostro en busca de alguna señal de violencia.
Ella entonces, cerró los ojos y levantó sus manos hasta ponerlas sobre las de él, casi entrelazando sus dedos con los suyos. Su rostro reflejaba tanta calma y tranquilidad que dolía.
Por un instante, Theodore pensó que podría hacerle algo horrible a quien fuera que arruinara eso.
Star regresó al castillo al límite de la hora de vuelta de la visita a Hogsmade y con todo el sigilo del que era capaz, además de usar la capa de la escuela para cubrirse. Ya más calmada ahora, se preguntó entonces que debía hacer.
Lo más seguro es que Theodore no se quedaría con los brazos cruzados, no luego de que ella había logrado huir de él. Seguramente recurriría a Edward y él fácilmente podría recurrir a su vez a Uso y control de la magia del Ministerio, el área que sabía ella que aún controlaba a su capricho.
"Solo es cuestión de tiempo antes de que sospeche que fui yo" pensó con nerviosismo "No, probablemente ya sospecha que fui yo. Tal vez solo va a necesitar confirmarlo"
Entonces ¿Qué hacer?
Star detuvo sus pasos y vio hacia la Torre de Astronomía y dirigió sus pasos hacia allí.
"Los mataré por esto"
Star sacudió la cabeza, alejando el recuerdo.
"No debo tener miedo" pensó "No es lo mismo".
Pero sus manos temblaron.
Era y no era lo mismo. De todos modos, el resultado se parecía bastante: Ella, enfrentándose a Theodore e involucrando a la impura en el proceso.
"Hay que confesar" pensó mientras subía los escalones.
Pero Theodore siempre fue rencoroso y vengativo. Por un instante eso la hizo dudar.
Star sacudió la cabeza y reafirmo su decisión "Tengo que confesar. Tengo que…"
—No pensé que aparecerías justamente aquí. Que oportuno.
La voz venía del pie de la escalera, Star alzó la mirada y se encontró con el rostro severo de Theodore.
"Lo sabe" pensó "Lo sabe"
—Theodore —susurró ella con cautela. Su plan era asentarse allí y escribirle un mensaje para pedirle reunirse— No esperaba encontrarte aquí.
—Yo tampoco; pero quería hablar contigo, aunque algo más tarde. Supe que saliste a Hogsmade y planeaba llamarte de inmediato pero luego de ver que parecías tan… —la miró de pies a cabeza— cansada, pensé en dejarte algo de tiempo para que descanses un poco primero —dijo sonando muy amable— puedes hacer eso. No te ves muy bien. Puedes volver en… ¿una hora está bien?
"¿Acaso está burlándose de mí?" pensó, indignación naciendo de su pecho.
—No es necesario —contestó ella— también iba a pedir que nos reuniéramos ¿Para qué esperar?
—No te ves bien —contestó él— debió ser una mañana agitada.
Star frunció el ceño. ¿Acaso estaba siendo pretencioso?
—No es necesario.
—Yo creo que sí —dijo con una sonrisa pintada en maldad— Vuelve en una hora.
— ¿Con que fin? —preguntó ella, molesta por su falsedad. Arrojó su mochila al suelo y se quitó la capucha de la cabeza, revelando los raspones que tenía en la cara— nunca me gustaron estos juegos. Seguro ya lo sabes. Quiero confesar, Theodore. Fui yo.
La sonrisa malvada desapareció de su rostro y en su lugar apareció su rostro cruel— Eres una desvergonzada.
— ¿Tiene sentido negarlo? —Replicó ella— al menos debes sospechar de mí, por eso estás aquí ¿Para qué darle más vueltas al asunto? —Star se acuclilló en el suelo y se sentó lentamente con las rodillas flexionadas— Entonces, ¿Qué será, Señor Nott? ¿Castigo o explicaciones?
—Este número de supuesta valentía no va a hacer que te tenga una especie de admiración —dijo Theodore.
—No necesito tu admiración —contestó ella— no necesito la admiración de alguien quien ya perdió la mía.
Él primero la miró con confusión, pero entonces se echó a reír— Perdí tu admiración, que gran tragedia.
—Si —contestó ella— pero tienes mi lealtad. Y por lealtad es que actué como lo hice antes y por eso es que estoy confesando ahora —Theodore se cruzó de brazos— y también por lealtad es que ofrezco entregar el recuerdo del evento de hoy para que hagas lo que quieras con él —Star miró hacia el suelo— Hui porque tenía miedo. No era mi intención espiarte.
— ¿Entonces que querías hacer?
—El libro —murmuro Star— el libro de pociones de Potter. Dijiste que lo querías. Reemplazando a Granger averigüe quien lo tiene. Yo iba conseguirlo para ti y entregártelo como un presente.
Theodore entrecerró los ojos— ¿Quieres quedar bien diciendo que esto era para mí beneficio? No tienes como probarlo.
—Solo mi palabra —dijo Star— y no espero que sea suficiente, después de todo, estás hasta el cuello en esto y seguramente lo único que quieres es que te entregue esa memoria —Él la miró con dureza— nunca me gustaron las verdades a medias, Theodore, y sé que a ti tampoco. Si quieres callarme este es el momento, pero siempre has sido un mago justo y listo. Un mago que sabe escuchar pero que al mismo tiempo no corre riesgos. Y antes de que me hagas olvidar todo, Ahora mismo yo tengo algo que decir.
Theodore no hizo nada.
—Lo que estás haciendo, está mal.
—No es tu asunto —replicó él mientras hacía a un lado su túnica y sacaba un frasco de cristal— ahora, la memoria.
Star sacó su varita lentamente— Te equivocas. Todo lo que tiene que ver contigo es mi asunto —ella se apuntó a la cabeza entonces— Soy una Praethor que juró lealtad a tu nombre, no por tu sangre, si no por quien eras. La sangre nos permite ser magos poderosos, pero el poder no es igual a la grandeza. Y tú eres poderoso, pero también grande —Star le miró a los ojos— un gran mago. Esto no es… propio de ti, y no hablo como una purista —la voz le temblaba— hablo de lo que estás haciendo con ella. No se lo merece.
Star hizo una floritura y con magia sujetó el recuerdo y tiró de él hasta que lentamente se fue desprendiendo de su mente. Un instante después estaba sosteniendo el hilo brillante con su varita y extendiéndolo hacia el frasco de vidrio que sostenía Theodore.
—No necesito conocer demasiado a Granger para saber qué tipo de persona es ella —dijo mirando como el hilo dorado se revolvía en el frasco, pero recordando. Aun recordando— Es leal, de las que no abandonan aunque pueda costarle todo —desde abajo, ella lo miró con tristeza infinita— Mientras tú… tú eres egoísta, tú te aferras demasiado. Eso no va a terminar bien, Theodore. Está mal.
Theodore no dijo nada, en su lugar levantó la varita.
"Los mataré por esto"
Star apretó los labios, haciendo una dura línea.
"Si no hubiéramos sido nosotros ¿Qué hubiera pasado?"
—Si continúas así, un día vas a hacer que la maten —susurró.
—Obliviate —fue lo único que él contestó.
El brillante hilo dorado pronto se volvió cenizas en el aire, pero Theodore no se movió de allí hasta que la última chispa se volviera polvo. Una vez terminado, se dió vuelta y caminó hacia el castillo a paso firme. El sol caía lentamente y él intentaba mantener la vista hacia el frente y sus pensamientos claros, pero eso último era un desafío.
Matthews había sido sincera, pues Theodore estaba usando la magia de su anillo y este no aviso de ninguna mentira. Si no hubiera sido el caso, el resultado no sería solamente exigir una memoria y un obliviate.
Theodore se detuvo un instante y se pasó una mano por la cara.
¿Cómo se atrevía?
Enfadado, Theodore siguió su marcha hacia el castillo. No se detuvo en ningún lugar, si no que se dirigió directamente hacia el séptimo piso. Invoco a la sala de Menesteres y entró.
Hermione estaba recostada en el enorme sofá, justo donde la había dejado y completamente dormida.
Theodore hizo una mueca. ¿Qué tan descuidado tienes que ser para no darte cuenta de que te han deslizado una poción? ¿Cómo se puede dejar cabello descuidadamente? ¿Cómo se puede ser tan confiada para darle chance a alguien de reemplazarte…?
Pero era Hermione. Ella era confiada con sus amigos. Además… sus amigos no tendrían por qué hacerle daño. Ella no estaba rodeada de enemigos y vivía en un lugar que ella creía era seguro, así que podía permitirse ser descuidada. No tenía motivos para sentirse en peligro.
"Lo que estás haciendo con ella, no se lo merece"
Theodore se sentó en una orilla del sofá y estiró su mano para tocarle rostro, haciendo que ella arrugara la nariz. Tenía que despertarla así que llevo su mano hasta la suya para sacudirla, pero no lo hizo. En su lugar, se estiro y levantó ambos brazos hasta que sus manos llegaron una a cada lado de la cabeza de Hermione. Estaba agachado hacia ella, mirándola en silencio.
"Te aferras demasiado"
Theodore hizo una mueca. "Aferrarse" no era la palabra que él hubiera elegido, era una exageración. Después de todo, ¿No era normal querer conservar algo que te gusta tener?
Inesperadamente, ella abrió los ojos lentamente, parpadeando despacio.
—No te asustes —susurró él.
—No estoy asustada —susurró ella aún soñolienta, parpadeando lentamente pero levantando la mano para tocarle la mejilla— ¿Estoy soñando?
—No —respondió él— te dieron una poción para atontarte mientras alguien te reemplazaba con poción multijugos. Pero ya me encargue de eso.
—Eso es malo —susurró ella, ahora llevando su mano hacia su cabello, pasando sus dedos entre los mechones— la poción multijugos está prohibida en la escuela.
—Contrabando —contestó él.
—Eso es demasiado malo —dijo ella en medio de un bostezo, pero levantando la otra mano tocándole la otra mejilla— ¿Seguro que no estoy soñando?
—No —susurró.
—Sueño contigo casi todo el tiempo —susurró— ¿Por qué siempre estás triste?
Él frunció el ceño— No estoy triste.
—Mientes —susurró con los ojos cerrados, pero estiró aún más sus manos, enredando sus dedos detrás de su cuello y jalándolo lentamente hacia ella— mentiroso.
Él se resistió un instante— Hermione…
Ella entreabrió sus ojos— Ven —susurró antes de volver a cerrarlos.
"Te aferras demasiado"
Al final, Theodore terminó haciéndose un espacio en ese enorme sillón y recostándose a su lado. Hermione mientras, ella era quien se aferraba, prácticamente durmiendo con el rostro pegado a su hombro y sus pequeñas manos sujetando su brazo.
Mientras miraba el blanco techo, algo soñoliento pero negándose a quedarse dormido, Theodore se dio cuenta de que nada de eso le disgustaba. Aunque no lo admitiría ante nadie, tenía que reconocer que de algún modo se estaba encariñando con ella.
Y Matthews tenía razón.
Eso estaba mal.
Pero… se sentía bien.
Hola!
Pues luego de 84 años he vuelto, ¡Y con actualizacion doble!
¿Que puedo decir? Este capítulo no me convencía, así que decidí escribir el siguiente para estar conforme :v (Desmadre, desmadre everywhere)
Y ya es navidad, la verdad yo recién veré a mi familia mañana y pues como estoy con poco sueño por comer tarde y los juegos artificales... pues publico en lo que es ahora mismo en m país, la madrugada.
Curiosidades:
-Theodore es un obsesivo y lo sabe, también las consecuencias. Y como ven, a este punto ni le importa.
-Hermione está obivando demasiadas cosas, dejandose llevar. Perdonandole cosas a Theo y excusandolo ella misma solo porque si.
-A Theo si le importa Hermione, pero aún no está conciente ni quiere reconoder cuanto.
-Star no es mala. Está tan perturbada, con las secuelas de tener recuerdos fuera de su cabeza demasiado tiempo. Prácticamente lo mismo que sufre Edward, por instantes ambos se pierden en su propia mente cuando pasa algo que los altera, mezclando sus recuerdos con la realidad y prácticamente sin poder distinguir lo uno de lo otro. A Theo le pasa exactamente lo mismo, pero... :s. Siguiente cap.
Gracias por leer :D
