CAPITULO 52
EL NIÑO QUE ESPERABA EN LA SALA
Había salido del salón de aquella magnífica casa, abandonando la elegante y magnánima fiesta a la que su madre lo había arrastrado para que pudiera codearse con los vecinos importantes, una especie de mala broma siendo Edward quien era.
Él se había ocupado de dar la ilusión de que huía de su primo Jem Greengrass, quien seguía intentando atraparlo a solas para seguramente atacarlo. Edward, mientras, ya estaba harto. Harto de los insultos mal disimulados. Si había podido con sus otros primos, Raphael y Tobías, podía con Jem.
Ese fue el momento en que se conocieron.
Edward había oído aquella leyenda, "A un Nott lo reconoces con solo verlo", esa frase le hacía justicia a la realidad.
Emma Nott, la persona a quien hacía honor aquella fiesta, había sido como una aparición frente a sus ojos.
Literalmente, apareció de la nada.
Su cabello tenía ligeras ondulaciones y era castaño oscuro, como chocolate puro, casi negro. Su piel pálida y su rostro angelical, labios rojos, mirada intensa con pestañas increíblemente espesas enmarcando unos ojos tan azules que parecían joyas. La habían embutido en un vestido color vino con botones hasta el cuello y largo hasta el piso, con un enorme moño negro a la altura de su cintura y cubierta por un pesado abrigo negro que se arrastraba detrás de ella.
Edward recién había cumplido trece auténticos e indignos años.
Emma Nott apenas tenía once y conforme a las costumbres antiguas, considerada una princesa sangre pura.
Edward, por inercia le había hecho una muy educada reverencia para honrarla. Emma Nott había mostrado un rostro conforme y si había sido posible ser más angelical, le había sonreído.
— ¿Dónde estás Impuro? —la voz de Jem, flotando en el aire.
Edward se volvió solo un instante, consternado por cómo le llamó, pero cuando volvió la atención a donde había estado Emma, ella había desaparecido.
—Aquí estás.
Esa distracción le valió el ser alcanzado por un puño de Jem que hizo que Edward rodara por el suelo. A Edward nunca lo maldecían, pues decían que como impuro no merecía magia como castigo, si no golpes, como los muggles. Como los animales.
Jem lo insultó y le llamó mestizo bastardo mientras lo golpeaba y también antes de irse riendo. Lo había humillado tanto física como socialmente y parte de eso frente a una sagrado veintiocho, quien en el futuro sería la persona que heredaría el Dominio de los Nott. Dolía más la vergüenza que los golpes, tanto que Edward sentía ganas de gritar de indignación. La venganza contra Jem sería innombrable. Estaba decidido.
—Toma —la dulce voz de la niña hizo que mire hacia atrás.
Era Emma, apareciendo de nuevo de la nada. Ella se había sentado sobre el pasto verde y había sacado un pequeño pañuelo blanco de un bolsillo del abrigo que tenía puesto.
Edward no sabía porque ella se había acercado. En su ingenua mente de trece años, solo pudo imaginar que aquella dulce niña era inocencia pura… un ángel.
—Qué cara tan bonita —dijo ella con una sonrisa adorable y las mejillas tiñéndose de rosa.
Ingenuo, creyó que ella le decía que él le parecía "bello" y que eso le gustaba. Pero no era eso.
Nunca fue eso.
Un parpadeo y ya no estaba en 1976.
Frente a sus ojos solo estaba el vaho de su aliento, eso lo devolvió al presente.
Hacía bastante frío. Era invierno, cierto, pero en las cercanías del mar el frío siempre era peor. Su adolescencia viviendo en las costas de Noruega le hizo acostumbrarse a aquello. Sin embargo, la vista no era tan mala.
Azkaban era lúgubre, el enorme edificio gris con las nubes negras de tormenta de fondo y uno que otro Dementor revoloteando como puntos negros en el cielo gris le daba ese perfecto toque tétrico. Y en el interior… en el interior aguardaba… la vista perfecta.
Los guardias abandonaron a Edward en la entrada del salón de visitas. La pesada puerta se abrió y reveló la vista que Edward enmarcaría en su mente por mucho, mucho tiempo.
Ah, la satisfacción.
Avanzo a paso seguro y la gran puerta se cerró a sus espaldas.
—Hola Philip —saludó con una sonrisa mientras se quitaba de los hombros el pesado abrigo y lo sujetaba bajo el brazo.
—Edward —contestó el mago, todo educación, sin embargo su declive era evidente— siéntate, por favor.
—Por supuesto —respondió del mismo modo cortés mientras se acomodaba en la silla frente a Philip Nott— Tengo que decir que tu llamado fue toda una sorpresa para mí.
Miró de reojo la habitación y eso fue suficiente para agriar su estado de ánimo. Laurina versión dos a la derecha, el despreciable Jimmy Craston a la izquierda. La primera mirándolo como si quisiera matarlo, el segundo evitando hacerlo.
—Mentiroso —contestó Philip.
Edward se echó a reír— Ah, la temprana muerte de la cortesía —dijo alegre— Pero de todos modos no me importa demasiado. Soy todo oídos, Philip.
"No tienes opción" se dijo totalmente complacido.
—La información nunca para de llegar a mí, Edward. Tú lo sabes mejor que nadie, la situación actual no es la mejor para el Dominio.
—En eso estamos de acuerdo —asintió con fervor— también he oído los rumores.
Philip entrecerró le lanzó una mirada aburrida— Edward —repitió con la voz aún más sombría— sé que fuiste tú.
Edward fingió sorpresa, luego indignación— ¿Philip, cómo puedes pensar algo como…? —casi imperceptible, notó como Philip presionaba su mandíbula con fuerza. Edward se aclaró la garganta, evitando reírse. Al final solo levantó las manos y se encogió de hombros— No es como si fuera mentira, ¿Oh si? Los rumores no son solo controlables, Philip. Algunos parece que tienen vida propia, ¡escalan en un parpadeo! Al menos yo me ocupo de que la información no se distorsione cuando pasa de boca en boca.
Philip le miraba con sus duros ojos azules— No discutiré eso. Además, tienes algo de razón. El trato que el Ministerio planea ofrecerme no podía ser un secreto eterno —dijo sacudiendo la mano.
—Siempre me agradó eso de ti, Philip. Tu sentido común.
El mago, sin embargo, lo miraba con ojos muertos— Mentiroso —repitió.
—Merlin —contestó, removiendose en su silla— puede que el encierro te haya agriado la paciencia más de lo que uno pudiera imaginar. Como sea. ¿Por qué estoy aquí, Philip?
"Vamos, dilo" pensó con satisfacción "Dilo"
—Esta serie de eventos traerá problemas para el Dominio —dijo conciso.
—Naturalmente —dijo Edward, frotándose el mentón, fingiendo una pose pensativa— ¿Qué haremos?
Philip Nott, en completo silencio, solamente lo miró fijamente.
Odiaba admitirlo, pero ese simple acto incomodó a Edward. Y como era costumbre, en las peores situaciones, soltaba una sonrisa.
—Ah, el orgullo te va a matar un día de estos —murmuró mientras negaba con la cabeza— Bien, lo diré yo. ¿Vamos a negociar? Me llamaste por eso ¿o no?
Philip se inclinó hacia la derecha en su asiento y luego de cruzar piernas y subir el codo al reposabrazos, apoyó el mentón en la palma abierta— En absoluto —dijo sonando aburrido— Azkaban es aburrido, monótono. Y tú siempre fuiste bastante entretenido.
"Gran ególatra imbécil" pensó con indignación, pero sin exteriorizar sentimiento alguno.
—Es un talento natural —dijo divertido— por supuesto, comprendo que en tu magnánima situación, tienes que mantener cierto porte, lo entiendo perfectamente. Así que te daré una mano —le sonrió de nuevo— las condiciones son sencillas. Rechaza al Ministerio, quédate en Azkaban y no interfieras en el Dominio. A cambio, haré que Theo suspenda la reunión que tiene contigo en unos días; que deje de consumir la poción que anula Hershay y también haré que todas las cosas que ha estado investigando y averiguando lleguen a un punto muerto.
Philip cerró los ojos un instante, parecía tan… complacido. — A esto me refería. Tus ocurrencias siempre son inesperadas.
Edward soltó más risas— Ese es el trato. Medítalo, Philip. Ahora… tengo una agenda bastante llena el día de hoy. Así que…
—Eres el sujeto de los rumores, pero no importa cuánto intentes enmascarar la realidad para que mi inexperto y confiado hijo crea que todo saldrá bien. Tú y yo sabemos que él lo arruinara, Theodore no sabe cómo tratar con conflictos internos, mucho menos sabe de manejar guerras. Lo arruinará —Philip agitó la mano— Y coincidirá con el momento en que yo salga de aquí, así la balanza se inclinará a mi favor, porque yo sí sé cómo ganar y todo el mundo lo sabe. No importa que trames, el Dominio volverá a mí poder. Es inevitable.
Edward le lanzó una mirada cálida— Puede que si —impregnando de duda sus palabras— Como puede que no. Cosas impredecibles pasan todos los días —Edward también se encogió de hombros— Y siempre están las alternativas, tantas variables en este momento, piezas decisivas que se mueven todo el tiempo. Piezas que puedo utilizar muy bien. Si no aceptas este acuerdo, solo tendré que pensar en un modo más efectivo de neutralizarte. —dijo sonriente— Estoy seguro de que algo se me ocurrirá.
—Si no te neutralizo yo primero —dijo Philip con su voz de ultratumba.
— Ya, ya —dijo divertido, luego se apuntó a sí mismo — Tú, ¿sacrificando al único aquí que ha hecho bien su trabajo? Como no… —dijo lanzando una mirada breve y venenosa a James— eso, sin contar que es lo que podría hacer Theo si de pronto yo desaparezco, ya que como antes y hoy, me aprecia mucho —dijo con suficiencia— Tú y yo sabemos que ese es un camino por el que no quieres cruzar —sin poder evitarlo, le sonrió al semblante asesino de Philip— No me importa morir, lo sabes. Pero si sucede, haré que valga la pena. Muerto el mago se liberan las promesas y juramentos, Philip. En tiempos como estos, no te conviene y lo sabes.
Philip hizo una mueca— ¿Qué es lo peor que podría pasar? Probablemente el Dominio reducirá el poder a la mitad, pero no sería un inconveniente. He salvado situaciones peores. He sobrevivido a conspiraciones, traiciones, fugas... incluso a dos guerras ¿Un conflicto interno y un niño rebelde? Eso será mantequilla por la mañana para mí. —Dijo el mago, desinteresadamente— Tomaré el poder de todos modos y esta vez me asegurare de contener a mi hijo adecuadamente para que reflexione del modo correcto. Cuando mucho se enfadará un tiempo, pero luego las cosas serán como antes. Puede que incluso mejor.
— ¿Es lo que te dices a ti mismo para no aceptar la realidad? —Dijo con suficiencia.
Philip volvió a su porte serio— Es lo que sucederá. Probablemente en tu ocurrente cabeza esperas otro resultado, sin embargo no pasan de ser eso: Fantasías —dijo condescendiente— la fantasiosa idea de creer que mi hijo se pondrá en mi contra. No lo hará, Edward. No va a pasar.
—Entonces apuesta y pierde —dijo, irremediablemente comenzando a enfadarse— Theo vendrá a verte en unos días y yo ya me ocupe de irle dando información interesante de las cosas que pasaron durante la primera guerra mágica —dijo con una sonrisa malvada.
—Chismes y rumores —contestó Philip.
—Seguro —replicó Edward— sería el caso si la poción de Hershay que hiciste que le den estuviera funcionando como se debe. Pero no lo hace porque le he estado el antídoto durante años en tus propias narices, por eso prácticamente es inmune ahora. —dijo con una sonrisa que parecía casi maníaca— Así que te puedo asegurar… que no será una charla amable. Las mentiras cobran factura, Philip.
—Mira quien lo dice.
—Pero a mí si va a perdonarme — Edward le dio una sonrisa brillante— Además, no importa que haga yo, no importa que haga nadie. En la larga lista de personas que le han mentido a Theo, tú estás a la cabeza. Ya aprendió a odiarte antes (algo en lo que no tuve que ver), y lo hará cada día un poco más hasta el momento en que él mismo decida acabar contigo. Voy a asegurarme de eso.
Philip negó levemente con la cabeza— Ah, Edward. Esta es la parte que tú no consigues ni conseguirás entender, y tiene sentido, quiero decir; nacido por una ambición, un mal plan que fue frustrado… criado en la vergüenza por tu madre y con un padre que nunca quiso lidiar con tu existencia… ¿Qué sabes tú del lazo que une a un hijo con su Padre? ¿Qué sabes tú de familia? —Dijo condescendiente— Mi hijo…
— ¡No es tu hijo! —Dijo en un grito furioso, poniéndose de pie.
Y de pronto ya no estaba en Azkaban, si no en otro tiempo, frente a Emma mientras ella le contaba sus planes a futuro, su estúpido, cruel e inhumano plan. Sus fríos ojos con los que lo miraba mientras hablaban, crueles ojos de Nott mientras le decía lo que en realidad para ella valía alguien como él.
"Basta" se dijo.
Un parpadeo después, estaba en Azkaban de nuevo. Se pasó una mano por la cara y se obligó a mantenerse calmado.
"Eso no estuvo bien" se dijo. Acababa de perder el control y tener un lapsus. Pocas cosas le sacaban de sus casillas, pero Philip acababa de lanzar palabras como cuchillos. Primero lo de sus orígenes. Luego, también estaba su hipocresía. Esa maldita hipocresía.
—No lo es. Puede que tenga tu sangre, pero no es tuyo —dijo resuelto, mirando de reojo a Laurina número dos y a Jimmy, ambos imperturbables. Si, ellos seguramente también ya deberían saberlo— Iba a guardarlo para el final, el dramático final. Tú sabes, la cúspide de decepciones de Theo hacia ti, pero supongo que tu hipocresía es demasiado incluso para mí. No lo aguanto. Quiero decir… —Edward soltó una risa nerviosa— ¿mentir y engañar viene en la sangre? ¿Por qué son tan buenos mentirosos todos ustedes? Me dan escalofríos. Eres un psicópata; Emma era exactamente igual a ti. Tú esposa ¿Qué? ¿Enloqueció? ¿O estaba loca desde siempre? Tuvo que tener algo malo en la cabeza para fingir que el niño que pusiste en sus brazos luego de arrancarselo a Emma era suyo. Lo único bueno que ha salido de tu podrida familia ha sido Theo y tú solo quieres arruinarlo, queriendo que se parezca a ti.
El pequeño salón de visitas quedó sumido en silencio luego de las palabras de Edward, silencio que de pronto tuvo un estallido.
Philip, quien era conocido por ser un serio y magnánimo mago, se había echado a reír como ninguno de los presentes le había oído jamás.
—Si no es mi hijo, ¿Entonces de quién? —dijo finalmente Philip, poniéndose de pie— Que ocurrente, cuéntale esta historia a mi hijo pronto, será divertido si podemos reírnos de esta tontería cuando hablemos en unos días.
—Philip… —dijo más como un gruñido que una palabra.
Pero él ni siquiera se volvió hacia atrás. Philip se marchó con Laurina número dos detrás de él, mientras Edward se quedó allí, intentando que la furia no lo consumiese. Tan distraído que ni siquiera notó que James se le acercaba hasta que solo estuvo a escasa distancia de él.
—Ni se te ocurra, basura despreciable —dijo poniéndose de pie y lanzando su abrigo sobre sus hombros.
El joven mago se detuvo—Deberías leer mis cartas —dijo en un susurro.
—Leí la primera —dijo Edward con desprecio— y eso es suficiente.
James Craston entrecerró los ojos y apretó los labios— Te empeñas en hacer de esto una especie de guerra de bandos, Edward, pero te olvidas que al final todos, incluso Philip, estamos del mismo lado. Si no fuera así, ya estarías muerto. Deberías dejar de tentar tu suerte.
Edward soltó una risa— No seas ridículo, pequeño traidor. Sigo vivo porque a él le conviene. El resto es daño colateral que él cree que no importa, así es como piensa alguien como Philip. Pero se equivoca. Se equivoca totalmente. Caerá, será pronto. Falta muy poco. —Dijo mirándolo de pies a cabeza— Te dije que fue un error tomar su bando, Jimmy. Mal por ti.
Pero James no se inmuto— Te equivocas —dijo con seguridad, pero no con la alegría del que se sabe vencedor. Era la cara de la amarga victoria— puedes llamarme traidor, pero no soy ningún malagradecido. No tienes idea de cuánto te he envidiado todos estos años y lo creas o no, te respeto y se cuanto vale tu colaboración en el Dominio, lo leal que has sido. Theodore no se puede permitir perderte, y no hablo solo de la promesa mágica que pactaste con Philip. Es por eso que te pido que te detengas, aún hay tiempo. —James se acercó un poco más— Hay cosas que estás obviando —dijo bajito— cosas decisivas. ¿No lo entiendes? Philip está tan tranquilo porque sabe que ya ganó.
Edward le hizo una mueca de desprecio— Hablas por hablar.
— Philip le ofrecerá un trato a Theodore y juro por mi vida que es imposible que él lo vaya a rechazar —dijo con urgencia— No importa que hagas o que le digas a Theodore, al final él se pondrá del lado de Philip.
— Allí es donde te equivocas —le contestó a James con una sonrisa amarga— Ninguno de ustedes se tomó el tiempo para conocer realmente a Theo.
Edward le dio la espalda y salió dando zancadas del lugar.
...
Primero fue a su casa, en Callejon Diagon, desde allí saltó a otra de sus casas de seguridad. El hechizo en los trasladores era perfectamente funcional y desde hacía un tiempo, a prueba de errores. Una vez en la nueva casa, se fue directamente al baño. Casi no había comido nada, pero eso no le importó a su estómago y terminó dando arcadas hasta que le dolió el pecho. Se dejó caer en la fría baldosa y apoyando la espalda contra la pared.
Edward se sujetó la cabeza con las manos y luego obsesivamente se frotó el cabello con los dedos. Era una especie de reacción nerviosa nueva que había adoptado, la alternativa a morderse las uñas, las cuales ya estaban al ras de la piel de sus dedos. Aunque las arcadas eran algo de hace tanto tiempo...
Últimamente, todo le salía mal.
Todo salió mal desde que decidió no acompañar a Theo a Tierras Bajas. Todo salió mal desde ese punto.
"Ojalá tuviera una máquina del tiempo" se dijo, rememorando un evento tras otro, pero se congeló en el día en que entró a Birth Tower, subió por las escaleras y se encontró con el cadáver de Emma.
"¿Quién la había matado?" Esa era una pregunta que aún no tenía respuesta… o quizá sí, pero Edward se negaba a aceptarla.
Ese día, Theodore había estado en Birth Tower, ese era un hecho. Y también en el Ministerio de magia, y luego de eso, en una reunión con Dumbledore. No sabía a ciencia cierta el orden exacto en que sucedieron las cosas (Porque no sabía a qué grado el giratiempo de Theo se había roto), pero sí sabía que hubo un estallido de magia en Birth Tower de la que pareciera que solo Theo salió con vida.
Gracias a la tortura a la Auror que fué testigo de esa reunión, vió en sus recuerdos que cuando Dumbledore le preguntó a Theo acerca de Emma, él había entrado en pánico mientras intentaba explicar que ella lo había apuñalado y no pudo decir nada más. Emma, por otro lado, había sido apuñalada en el cuello hasta la muerte. Sus manos estaban cubiertas de sangre. En los recuerdos de la Aurora y las suyas, las de Theo también.
Edward no quería pensar más, en su lugar miró hacia el techo y por un instante se perdió en su blancura. Y estaba pensando en eso, otra vez. En Emma y en la primera vez que la vió.
Aquella sonrisa. Esa peligrosa sonrisa.
Una sádica.
Edward lo entendió bastante tiempo después, pero si, Emma Nott había sido una sádica.
Y por bizarro que fuera todo, a él le gustaba. Al principio todo fue fascinación pura, todo lo que una situación como esa conllevaba: Emma y su perfecta buena presencia y modales para ocultar lo que realmente era y que solamente él parecía notar.
Una psicopata en potencia.
Tenía la apariencia de ángel, pero ocultaba dentro a un demonio aterrador… Aterrador pero controlable. Emma era muy lógica, alguien con quien se podía negociar. En defensa de Emma (y a Edward se le daba por defenderla en los mejores años) solo era cruel con quien había hecho algo contra ella o contra quien ella consideraba importante; pero en lo que no solía medirse era en las respuestas a las ofensas que ella percibía.
Fue muy difícil para Edward convencerla de que envenenar lentamente a Marie Prince con un arbusto decorativo de sudamérica que planeaba darle como presente exotico, solo por decir cosas desagradables acerca de los tíos de Emma, era demasiado. En aquel tiempo bromear sobre los Nott era bastante común, pues ese matrimonio era muy disparejo en cuanto a la edad. Pero Emma adoraba a su tía y le tenía un respeto infinito a su tío.
Philip Nott era una especie de mentor para ella, pues Emma siempre estaba recitando cosas que él le enseñaba. Ella solía hablar mucho de lo que le gustaba que Philip no dejaba de lado en sus decisiones y mandatos a su esposa y lo mejor de todo, rechazaba totalmente todos los intentos de otros sangre pura que intentar conseguir un matrimonio por beneficios con Emma.
Emma incluso le había dicho a Edward que su querido tío le había asegurado que llegado el momento, ella tendría voto al respecto, pues era su sucesora.
Emma había sido educada como una hija por Philip, sabía de política, tejer alianzas, cerrar acuerdos y resolver conflictos. Nunca la vio tan emocionada como cuando volvió de vacaciones al sur de Inglaterra cuando tenía trece años, contándole a Edward que Philip la había llevado a participar en una corrección. Estaba maravillada con todo lo que conllevaba el usar un vínculo mágico, pero Emma no veía los beneficios de la lealtad, en ese preciso momento, ella veía más a los súbditos como juguetes con los cuales jugar. Edward pensó por mucho tiempo que Philip Nott debió haberle agradecido con mucho el seguimiento a la educación que Edward le hacía a Emma.
Porque extrañamente, Emma solía escucharlo… bueno, la mayoría de las veces. Aún así, lo hacía sentirse muy importante.
Aquel tiempo, Edward acababa de cumplir quince y para entonces ya se había ganado a Emma.
Tenían bastante en común, pues ninguno de los dos pudo ir a Hogwarts como todo el mundo, pero en su lugar, Emma solía escabullirse de su enorme casa cada que podía gracias a una capa mágica y terminaba colándose en una de las estancias de la enorme y vacía casa de vacaciones que los Greengrass tenían en las Costas de Noruega. La casa en donde Edward había sido confinado junto a su madre luego de la última pelea que la esposa del "Señor Greengrass" había tenido con la madre de Edward, y aunque nadie lo mencionara, Edward sabía que era para que no viera más a Celeste.
Mientras Edward y Emma mataban el tiempo, su madre generalmente se la pasaba durmiendo en el día y vaciando el anaquel de vino por la noche, una botella a la vez.
Edward recordaba que en ese entonces se sentía tan solo y desgraciado cuando fueron arrojados allí por Antón, pero luego, se sintió agradecido, pues si lograba verdadera amistad con un sagrado veintiocho como Emma, un futuro mejor que el actual lo aguardaba.
Aunque Edward sabía que Emma no lo apreciaba incondicionalmente, si sabía que para ella Edward era útil y con eso era suficiente. Suficiente para subir de nivel a ojos de Antón. Suficiente para que sus demás primos altaneros guardaran sus distancias. Y Emma lo sabía. A ella le gustaba pensar en él como su juguete personal, alguien que la seguiría siempre, que guardaba sus secretos (o los que le convenía que Edward supiera) y con quien podía encontrar perfecta aceptación de ella tal cual era, alguien que nunca la juzgo… pero por enseñanzas del mismo Philip, decía que no era momento aún de tomar personas para vincularlas a ella. Aún.
Pero aunque el vínculo mágico entre ellos no existiera no evitó que Emma fuera casi íntima con Edward. Quizá demasiado. Probablemente ese fue el error máximo.
Su primer beso fue Emma. Aquel día ella había dicho que podrían besarse para matar el tiempo, pues todo era aburrido y ella era una indolente sin filtro cuando se trataba de él.
Edward se había negado apenas ella lo dijo, pues Celeste apenas acababa de morir, igual que su madre en medio del evento más traumático de su vida y todo eso lo había puesto tan enojado y tan mortalmente triste como para preocuparse por entretenerla. Además, aún estaba molesto con ella por haber sonreído cuando supo que Celeste había muerto, literalmente dijo "Ahora solo me verás a mi" aunque Edward estaba llorando frente a ella.
"Dicen que besar distrae" había dicho ella con una mueca y sin mirarlo.
Edward, que primero se había molestado por su insistencia, pensó que quizá, a su siempre raro modo, ella lo hacía como alternativa para ayudarlo. Por eso no se negó a la tercera insistencia. Emma no sabía besar… y le confesó que también era el primero, se besaron toda esa tarde, o al menos de rato en rato, con y sin lengua. Edward se había logrado distraer y entre confundido e incrédulo, en ese punto comenzó a pensar que quizá para ella él era algo especial.
Que iluso fue, porque esa vez, realmente… ella solo estaba aburrida.
Todo comenzó a torcerse cuando Emma volvió de sus exámenes de educación a distancia, desde allí fue cuando las cosas comenzaron a salir del rumbo natural de las cosas. Emma había ido a Hogwarts por dos días y volvió ligeramente cambiada. De un día para otro quería más consejos para ser "buena", casi saltando en un pie mientras decía que portarse según los consejos que Edward le dio fue muy útil y quería aprender más. Edward estaba satisfecho… pero cuando supo los motivos no lo estuvo tanto.
Emma había conocido formalmente al premio anual de Slytherin de Hogwarts, Evan Rosier y claro, junto a él estaba su mejor amigo, Regulus Black.
Según Edward oyó, Black parecía tener una actitud parecida a la de Emma, así que creyó que ella estaba interesada en impresionarlo y estaba seguro de que eso no iría a ningún lado… pero era del otro con quien se había flechado.
Evan Rosier. Don perfecto, educado y caballeroso Evan Rosier. Según Emma, el que se prestaba a ayudar a los de primero, el que todo mundo adoraba, incluso los de otras casas. El listo de su clase, el genio de pociones y campeón de duelos, su único defecto era que al parecer no volaba bien. Edward mismo llegó a conocerlo, pues también tuvo que rendir sus propios exámenes y no le miraba en menos como generalmente hacían los sangre pura como él, de hecho, recordaba que por eso incluso le cayó bien. Pero claro, ahora lo aborrecía.
Una vez espió a Rosier para Emma, pues ella quería saber qué pensaba el mago de ella… y Edward casi rodó los ojos cuando escuchó a Rosier hablar de que Emma si le gustaba, de hecho, le fascinaba, pero le tenía muy preocupado el hecho de que ella era demasiado joven. El sujeto era muy consciente. Incluso en ello era perfecto.
Cuando Edward se lo contó a Emma, ella sonrió y sus mejillas se tornaron de un rosa precioso… solo la había visto poner esa expresión cuando hacía algo macabro. Pero ahora, parecía que era por felicidad.
Edward sintió el estómago revolverse terriblemente.
Emma dejó su actitud juguetona por aquel tiempo y Edward supuso que quizá de eso se trataba la rareza del enamoramiento, querer ser mejor persona por alguien más.
Emma consiguió a Evan, por supuesto. Ella era un rostro angelical y sabía adaptarse bien sobre la marcha. Era interesante, hermosa, inteligente, lista, fina, elegante… Claro que iba a lograr engatusar a Rosier, aunque le costó bastante. Aquel entonces, Edward se preguntó cuánto duraría, pues alguien como Emma se comería vivo a alguien como Rosier. Lo haría pedazos y luego se aburriría. Emma siempre se aburría. Y aunque no lo hiciera, de algún modo seguramente lo arruinaría con Don perfecto, estaba muy seguro de eso.
Incluso se lo dijo a Emma con la misma crueldad con la que ella había sonreído mientras él lloraba a Celeste.
Edward pecaba de cruel, ambicioso, insensible y envidioso, quizá por eso estaba convencido de que Emma y él eran tal para cual.
Aún sentado en la baldosa del baño, Edward se echó a reír de pura impotencia y tristeza.
"Tonterías" se dijo "Nadie le ganaba a Emma en crueldad. Bueno, quizá Philip si podría"
Se pasó las manos por la cara y se frotó los ojos. No era momento de ponerse filósofo, era hora de planear, de decidir. De actuar.
Jimmy podría estar mintiendo a su propia conveniencia acerca de ese supuesto trato que Philip ofrecería y que supuestamente Theo aceptaría sin pestañear. Pero por otro lado… por otro lado, a veces pasaban cosas impredecibles todo el tiempo. Lo que dijo Jimmy podría ser cierto, entonces eso lo cambiaba todo. Edward hizo una mueca. No le gustaba no tener todas las variables en la mano. Fue precisamente por ignorar el gran detalle que Theo estaba investigando cosas por su cuenta es que todo estaba como estaba. Había que aceptar, que a veces Theo era impredecible.
Edward estiró una mano hacia el mueble del lavamanos y luego de presionar un botón falso, dejó ver una pequeña abertura de la que sacó un sobre que distinguía entre los otros allí guardados. Dentro había un pequeño pergamino doblado.
"No quiero el Dominio. Quiero irme de aquí. No intentes buscarme, porque no tiene sentido. No alcance a decírtelo, pero yo no tengo un futuro. Edward, estoy maldito."
— "Estoy maldito" —Edward susurró.
Era una variable miserable, es lo que Edward pensaba. En realidad… todas las familias antiguas estaban malditas de algún modo. Incluso los Greengrass tenían su propia maldición familiar, y por eso es que Edward creía que no debería ser la gran cosa, pues las maldiciones familiares solo dan reglas y castigos. Si no rompías las reglas, no había castigo.
Se frotó la barbilla, pensativo. Estaba ignorando eso porque no había alguna noticia realista acerca de alguna maldición sobre la familia Nott, sino solamente rumores sin pies ni cabeza. Además, si Theo hubiera roto alguna regla que activara alguna especie de "maldición familiar" habría siquiera una sola señal visible, pero él estaba "bien". Dentro de lo que "bien" significaba en la situación actual.
Si Edward había guardado ese pergamino era porque fue lo último que le dejó el viejo Theo antes de desaparecer. Se la había dejado en San Mungo, perfectamente encantada para que nadie más pudiera abrirla y leerla. Uno de los guardias que McGrath puso en su puerta casi perdió la mano por querer pasarse de listo. Theo siempre usaba unas maldiciones tan coloridas…
Edward suspiró.
"Pequeño niño" pensó con tristeza.
Tristeza por Theo.
"Pudiste dejarle una nota también y quizá nada de esto hubiera pasado".
Pero después de todo, ese niño era ese tipo de persona. De los que se aferran.
Por eso, también era manipulable.
Y eso no era del todo malo, especialmente ahora. Aunque le escociera la conciencia usar a inocentes en el proceso, para Edward la culpa siempre fue fácil de ignorar.
Primero estaba Theo, por sobre todas las cosas estaba Theo. Más allá del rencor y el dolor que pudiera guardarle a la mitad de la sangre que corría por sus venas, más allá del deber, de las promesas, todo fue su propia decisión. Lo único bueno que había hecho en la vida. Lo único bueno que tendría nunca.
Un cosquilleo en la mano le interrumpió entonces, el aviso de que alguien había llegado a su casa y había tomado alguno de los trasladores para ir a otra de las casas de seguridad.
Era Theo.
Apareció en la casa de Edward mediante magia. Allí estaba todo desierto, limpio y silencioso como de costumbre, pero con pequeños detalles que daban a entender que alguien había estado allí por la mañana. Mientras caminaba hacia la mesita con flores y el portarretratos se preguntaba cómo de cuidadoso había que ser para guardar apariencias y hacer creer a todo el mundo que usaba esa casa para vivir.
Theodore tocó el jarrón y la magia tiró de él para llevarlo a una de las casas de seguridad. Cuando sus pies se asentaron en el piso, el cosquilleo familiar en la mano marcada le incomodó. La magia que lo llevaba allí era muy compleja, pues sin la marca "llave", sería aplastado por las defensas que Edward había puesto allí.
Solo unos minutos después Edward apareció en medio de un débil haz de luz azul.
— ¡Theo! —Dijo, viéndose inusualmente alegre pero incluso Theodore pudo ver su intento de ocultar su nerviosismo— Siempre estoy feliz de verte y siempre dejaré todo lo que esté haciendo si me necesitas, pero este no es realmente un momento oportuno…
—Encontré a Matthews espiándome ayer —dijo parcamente.
Edward borró su sonrisa y adoptó un rostro muy serio— Esto es casi un deja vu —dijo rascándose la barbilla.
Theodore ignoró el extraño comentario— Quiero que uses tu influencia en Uso y control de la magia para saber a donde se movió entre las once y las dos de la tarde de ayer. Necesito saber si saltó a algún lado, y también si se reunió con alguien.
—No quiero decirte que hacer, Theo, pero ¿No sería mejor un poco de Legeremancia y Obliviate sobre la señorita Matthews? —dijo sugerente.
—Ambos están hechos, pero su mente era difícil, hasta donde ví está limpia, pero no quiero riesgos.
Edward volvió a frotarse el mentón— ¿No es Jimmy quien se encarga de este tipo de cosas? Siempre te obedece, seguro lo hace por ti. —dijo sugerente otra vez.
— ¿Por qué me sigues cuestionando?
—Porque sé cuándo se ocultan detalles —contestó mientras se sentaba en uno de los sillones de la pequeña salita— Esto debe ser grave. No, más que grave. Si no, bastaba con escribirme. Esto tiene que ser peor que grave —Edward clavó sus ojos dorados en los suyos, eran como oro en llamas— sea lo que sea que haya visto Mathews, no quieres que se filtre.
Theodore mostró la expresión más dura que tenía— Odio que me espíen.
—Ya, claro —dijo Edward, cruzando una pierna sobre la otra— Sabes que mientras más pistas me den, más brillante soy. Entonces, Theo… ¿Qué pasó?
Theodore iba a replicar, pero entonces, recordó un detalle importante— Pensándolo bien, esto podría ser tu culpa.
La reacción de Edward, por supuesto, fue inesperada.
— ¿Qué? ¿Yo? —Preguntó casi con la boca abierta— ¡P-pero yo no he hecho nada!
Theodore hizo una mueca. Estaba exagerando o sobreactuando. Era molesto.
— ¿Ah no? —Cuestionó— ¿Nada que decir acerca de correspondencia extraña? ¿A mi escuela? ¿A alguien que no era yo?
— Oh, eso. Bueno... —dijo aparentemente nervioso, pero de pronto le lanzó una mirada sugerente— aunque hubiera hecho algo de lo que tú dices, vamos, Theo —se mostró sonriente de nuevo— Nunca te has quejado ¿Oh si? —La seguridad asentándose en su rostro— las cosas son como quieres ¿o no? —Theodore entrecerró los ojos, desconfiado— ¿No?
— ¿Qué has estado haciendo? —le preguntó estupefacto.
Edward se cruzó de brazos y miró para otro lado, como si le estuvieran regañando— Merlin… —murmuró lastimero— ¿Por qué me has maldecido con esta perspicacia?
—Hablo en serio. Edward, ¿Qué has estado haciendo?
—Lo que yo estoy haciendo —murmuró Edward, poniéndose de pie y acercándose— es mantenerte tranquilo, centrado y en total calma. Y eso solo se consigue sin escándalos y teniendo cerca a personas buenas, personas en las que confíes y eso no vas a conseguirlo tú solo. Theo, ¡tienes la empatía de una piedra! Pensé que ibas a ser amigo de Malfoy, pero solo lo humillas cada que puedes —él negó con la cabeza con desaprobación— darle una joya a su prometida, Merlin Theo. ¡Hasta yo me asuste con eso! —luego sonrió de nuevo, brillantemente— bueno, no tanto. Si te gusta Astoria, se puede arreglar. Ser familia política sería de algún modo, lindo.
— ¡No cambies de tema!
— ¡No estoy cambiando de tema! —Replicó Edward— ¡eso tiene que ver con todo! —Soltó un suspiro resignado— ¿hasta dónde crees que llegó ese tonto chisme? Hasta mi tío se estaba planteando muy seriamente romper con los Malfoy y apostar todo en Astoria ¡Todo el mundo se puso muy loco! ¿Sabes cuánto he trabajado para que ese chisme no escale más? Ese chisme podría arruinar tu alianza con Malfoy y lo aceptes o no, necesitamos eso —se pasó la mano por la cara— como sea, no necesitas ese tipo de problemas. Lo que tú necesitas es calma, aún más con la reunión con Philip tan cerca. Yo solo estaba intentando ayudarte.
— ¿Ayudarme? —Preguntó estupefacto— ¿Cómo demonios se supone que tú me ayudas?
—Granger, tu amiga —contestó— La única que has tenido —Edward se acomodó en el sillón— ¿Qué pasa con esa cara? ¿No querías vincularla a ti? ¿No te gustaba hablar con ella? Bueno, al menos hasta el año pasado —dijo alzando una ceja— Como sea, esa es suficiente confianza; así que pensé que podía ser útil. Cada que sucedía algún problema que pudiera afectarte, yo le escribía diciéndole lo preocupado que estaba por cómo podrían afectarte ciertos temas; Philip, por ejemplo. Y como es una niña noble, supuse que se acercaría a ti y te daría apoyo moral. Y supongo que lo hacía, porque poco tiempo después de escribirle tu humor siempre mejoraba un poco. Entonces, ¿No es eso algo que a ti te ayuda?
Theodore, enfadado le miró duramente— Tú no decides eso.
— ¿Cuál es la alternativa?—Edward se cruzó de brazos— eres un retraído y haces que la mayoría de magos de tu generación te tenga miedo o te deteste porque te has vuelto presumido. No dejas que nadie del Dominio se te acerque más allá de una línea imaginaria que dibujaste a tu alrededor porque desconfías de todo el mundo, hasta de tus propios aliados; por eso continúas bloqueando el vínculo mágico con ellos. Nada de todo eso te llevará a nada bueno, Theo. Necesitas confiar en las personas. Necesitas hablar con alguien de lo que te empeñas en no hablar con nadie —él soltó un suspiro— Granger era cercana a ti. Yo solo intentaba evitar que alejaras a la única amiga que has tenido con ese carácter tuyo y…
El mago se quedó callado de pronto, pero mirándolo tan fijamente que lo puso incómodo. Seguramente acababa de darse cuenta de esas últimas palabras golpearon a Theodore en más de un sentido. Y Theodore no pudo ocultarlo.
Edward entonces se acercó un paso y estirando la cabeza, los ojos entrecerrados, pero fijos en él. Como si tuviera algo en la cara que necesitaba ver de cerca. Con solo verse a los ojos supo el momento exacto en que lo entendió, pero al mismo tiempo él parecía sorprendido. Luego, solo resopló y parecía resignado mientras le miraba con una ceja alzada.
—¿Desde cuándo es que… ? —estaba preguntando, pero solo cerró la boca— Esto no puede estar pasando. No ahora.
El primer impulso de Theodore era negar todo, pero pensó que era inutil y sin sentido. Después de todo, Edward lo conocía perfectamente. Definitivamente si alguien tenía que darse cuenta era él.
Theodore entonces, decidió sentarse también. Esa era… su derrota.
— Es como un maldito deja vu —murmuró Edward, confundiendo por un instante a Theodore— No pongas esa cara —dijo Edward, pero sin mirarlo— ahora vas a hacer que me sienta mal.
— ¿Tú? —Preguntó Theodore, indignado— ¿Sentirte mal por algo que sabías que hacías?
—Rompes mi corazón, pero créeme, no era exactamente mi intención. Esto es cosa tuya. —dijo agitando las manos— Supongo que algunas cosas no se pueden evitar —dijo sonando más comprensivo— y al final de cuentas, es algo que querías ¿No? En una situación distinta, hasta deberías darme las gracias por meter mis manos en todo esto y dar un empujón. Siento romper la magia, pero supongo que al menos en lo que se refiere a Granger ya no nos mentiremos a la cara.
Theodore no dijo nada.
— ¿Qué estabas haciendo cuando Mathews te pescó? —Preguntó alzando una ceja— porque debió pescarte haciendo algo. Si no, no estarías aquí.
—Matthews reemplazó a Hermione, probablemente con poción multijugos —contestó cansado de pronto.
— ¿Matthews le hizo algo?
Esa pregunta le hizo levantar la cabeza. Eso sonaba a preocupación real. Instantáneamente recordó que Edward había dicho que Hermione le agradaba. No entendía porque, pero de algún modo era reconfortante.
Tanto tiempo solo guardando todo en su propia cabeza que hablar ahora era liberador. Por primera vez, estuvo consciente que los secretos pesaban como montañas.
—No, fue muy limpio. Pero de todos modos hice que Hermione lo olvide. Es demasiado para explicar si lo recuerda.
—Oh —dijo Edward en un resoplido, pero sonó tan irónico que era incómodo— Ya veo.
—¿Qué se supone que significa eso?
—Pienso en la ironía de todo esto. Por un instante, solo por un instante estaba pensando en que… no. Olvidalo.
—¿En qué? —preguntó Theodore.
—Pensaba en cuán mala influencia es Philip a veces—dijo encogiéndose de hombros.
Theodore, enfadado, no replicó de inmediato— Pensé que habías aprendido a saber cual es el límite que no se debe cruzar.
—Yo sé donde está el límite —dijo Edward— ¿Y tú?
—Suficiente.
—A Philip también le encanta esa palabra —dijo hiriente— "Suficiente de cuestionar" "Suficiente de pensar" "Suficiente de actuar" "Has esto, has lo otro. Todo tiene que ser como yo digo. Si no es así, no sirve. Cambialo. Arréglalo". Él aplicaba eso en cada aspecto de su vida. Hasta contigo y lo sabes muy bien —dijo con la voz muy baja— Tú... ¿Cuántas veces lo has "arreglado" cuando se trata de Granger? —dijo con mirada acusadora— ¿Qué has estado haciendo, Theo?... no, olvidalo. Mejor no quiero saber. ¿Además, quién soy yo para cuestionar? —dijo encogiéndose de hombros— Iré al Ministerio, haré lo que me pediste.
—Deja de enviarle cartas —le dijo con enfado.
—Como diga, Señor Nott —contestó Edward en el mismo tono.
Después de esa conversación, el trato con Edward fue definitivamente más frío, solo intercambiando mensajes cortos mediante lechuza, pero ahora intentando que desistiera de reunirse con su padre y con noticias cada vez peores. El Dominio, queriendo tomar bandos de nuevo.
Theodore estaba tan molesto que lo ignoró totalmente y siguió adelante. Finalmente solo se encontraron cara a cara en Azkaban la mañana de Domingo donde iba por fin reunirse con su Padre.
Originalmente, se suponía que Theodore podría llevar a un acompañante dentro, pero detuvieron a Edward en la oficina de guardias. Fué allí donde se dio cuenta de que el trato frío del mago era solamente superficial, pues su rostro consternado al saber que no lo acompañaría dijo demasiado.
—No tienes que hacer esto —le dijo mientras miraba con desconfianza hacia todos lados— tengo un mal presentimiento de todo esto.
—Yo también —dijo Theodore— pero tengo que hablar con mi padre.
La consternación de Edward se volvió resignación en un instante y solamente asintió. Después de todo, tenía precauciones. Trasladores especiales a la mano, el anillo, joyas de protección y lo más importante, la capa. Estaba listo para hablar con su padre.
Theodore avanzó por donde los guardias le indicaron, el corazón latiendo a ritmo inquieto. Tendrían una charla amable y reveladora o la declaración de guerra definitiva. Y Theodore estaba preparado para ambas.
Sentados frente a frente y totalmente solos y con solo una mesilla con algunos bocadillos de por medio, se sentía casi familiar. Como cualquier charla que pudieran haber tenido durante alguno de los muchos viajes que habían tenido durante las vacaciones de Theodore.
Philip Nott, su padre, se veía como usualmente hacía. El cabello perfectamente peinado hacia atrás en una elegante coleta baja y la barba impecable. Vestido de negro, como de costumbre y con el porte aristocratico impecable.
—Trajiste la capa —dijo mientras miraba aquel monstruo mullido colgado a la espalda de la silla de Theodore.
—La llevo a todos lados —contestó Theodore— precaución.
—Bien por ti —contestó el mago.
—Si —dijo de vuelta.
Luego silencio.
—¿Cómo has estado? —preguntó Philip— ¿Cómo va todo en el Dominio?
—Como de costumbre —contestó Theodore— periodos de calma y épocas turbulentas.
—Oí algo de eso —Philip sonrió levemente mientras levantaba una taza de la mesilla y se la llevaba a los labios— ¿Y el Ministerio?
—Insistentes, como siempre —contestó— ¿Llegará el día en que no quieran tomar algo de nosotros?
—Lo dudo —dijo el mago— tienen un tipo de avaricia única e infinita.
Silencio de nuevo.
—¿Vas a aceptar el trato que ofrecen? —preguntó de pronto.
—¿Crees que nos conviene? —replicó Theodore— estaba pensando en que puedo jugar a ignorarlos por un tiempo y esperar que ofrezcan algo más —dijo convincente— tienes que estar de acuerdo en que el Wizengamont pide demasiado.
—¿La libertad de tu padre no lo vale? —preguntó mientras daba otro sorbo a su té.
Demasiado directo. Extrañamente no sonaba a ironía ni a reclamo. Solo una pregunta cualquiera.
—No vayas a tomarlo a mal, padre —contestó Theodore— aún así sigue siendo demasiado.
Philip asintió— Suena razonable, siempre y cuando la intención es ser neutrales.
—Somos neutrales —murmuró Theodore.
—De momento. Tendremos que abandonar esa postura en el momento adecuado. El golpe de gracia o la llave del triunfo… para el Señor Tenebroso.
Theodore se removió en su silla— ¿Es sensato hablar de eso aquí? —dijo mientras miraba hacia todas direcciones— podrían estar espiandonos.
—Es una sala especial, con siglos de magia que evita mirones. Aquí es donde Barty Crouch Junior hizo su maravillosa huida. ¿Has olvidado la historia de Azkaban?
Theodore ya lo sabía, pero quería desviar la conversación.
—No, Padre —susurró casi por inercia.
—¿Y Greengrass?
—En la sala de los guardias —contestó de inmediato— pediste que lo retuvieran ¿No es así?
—No, me refiero a como va todo con el mestizo.
—Útil, como siempre —dijo extrañado.
Philip volvió a llevarse la taza a los labios— Ya veo —murmuro y Theodore podría jurar que su padre se veía complacido— ¿Que planeas hacer para contener el conflicto interno en el Dominio? He oído de todo últimamente, deberías tener cuidado con eso. Cuando salga de aquí no quisiera encontrarme con el territorio diezmado. Lo recuperaría claro, encaminar es lo mío; pero sería algo… problemático.
—El Dominio está bajo control —replicó Theodore.
—No es lo que oí.
—¿Me estás llamando mentiroso?
—No, claro que no. Aunque ingenuo es más apropiado.
Theodore sonrió— Padre —dijo con la voz controlada— cuando tomaste tu capa negra, tu antifaz plateado y decidiste unilateralmente correr hacia el Ministerio, dejaste un gran desastre atrás. YO —dijo con firmeza, totalmente serio— evite que el Dominio colapsara. Yo. Me parece que he demostrado que soy capaz de controlar una situación menor.
—Como tú digas —dijo sacudiendo la mano— Al fin de cuentas, lo inevitable es… lo inevitable.
—Claro —replicó Theodore— más cuando los involucrados no cooperan.
Philip alzó una ceja— Supongo.
—Podrías ayudar en esto —masculló Theodore— deja que corra el rumor, dí que no aceptas el trato del Ministerio y acaba con los malentendidos en el Dominio. Permite que yo sea quien maneje las condiciones para liberarte de Azkaban, Padre.
—Por supuesto que no —replicó Philip— Si lo hiciera todo el mundo asumiría que cosas raras están pasando. ¿Un mago como yo, negandome a una posibilidad de salir del encierro y por mi propia cuenta? Díselo a quien sea, nadie lo creerá. La postura convenenciera es parte de la imagen de un Nott. Yo la construí.
Theodore entrecerró los ojos— Ya lo creo —dijo hiriente.
—¿Estás enojado? —preguntó Philip— tómalo como una nueva lección, experiencia, como quieras. Las cosas no pasarán solo pidiéndolas por favor. Ni siquiera con la familia.
—Que tú cedas a algo solo escuchando un "por favor" no pasaría jamás por mi cabeza, padre. Ni siquiera en el peor momento.
"La extorsión y los acuerdos, por otro lado..."
—Es bueno saber que ahora sí lo has entendido, hijo —replicó Philip Nott— ahora que todo ha quedado claro, ¿Hay algo más de lo que quieras hablar?
Lo dijo tan sugerentemente que Theodore sintió su interior arder. Y le miró en silencio un momento antes de continuar.
—¿Tienes miedo? —preguntó de pronto.
—No —replicó Theodore.
—¿Seguro? Nunca te gustaron mi respuestas, ni cuando eras niño ni ahora —dijo mirándole de reojo, sirviéndose más té
—Pruebame —replicó Theodore.
—Como quieras —dijo despreocupado— Muchos rumores llegan a mis oídos, hijo. Escuche que has estado haciendo preguntas de cierta época. Que te has movido por ciertos lugares. La casa del Sur… la bóveda central de la casa principal. El sótano de la casa del Norte.
—Supongo que llegó el momento de dejar las apariencias atrás. Es verdad, padre, hay algo que quiero preguntar —dijo Theodore balanceando en su mano un vaso con una agua que ni en la peor de las situaciones se bebería— ¿Tú mataste a mi madre?
Philip alzó una ceja— ¿Lo dedujiste o alguien te lo dijo?
Theodore se tensó— Pienso que es una posibilidad —dijo con la voz fría— Siempre creí que tu vínculo con las familias se rompió desde el tiempo en que tus magos te traicionaron e intentaron destronarte y que por eso no pudiste restituirlos… pero termine averiguando que antes de irte a la guerra delegaste a madre los vínculos de las familias y también las promesas.
—Esa parte es cierta —dijo Philip— Hubiera sido una tontería no haberlo hecho de ese modo e ir a la guerra.
— ¿También es cierto que ella aprovechó la guerra para huir de ti?
Fue casi imperceptible, pero Philip se tensó entero— Es cierto —dijo por fin— Confesaré, hijo, que esa traición no la vi venir.
—Debiste haberte enfadado —susurró Theodore.
—Bastante —contestó Philip.
—Ese día, cuando viniste a buscarnos en la Casa del Norte, yo estaba aterrado, pero cuando apareciste en la puerta recuerdo haberme sentido tan a salvo de solo verte aparecer. Recuerdo que salí de mi escondite y corrí hacia ti… —Theodore se miró las manos y soltó una sonrisa nerviosa— pero eras tan alto que yo apenas te llegaba a las rodillas y tú solo… me miraste con una cara que no logro sacar de mi cabeza —Theodore enfrentó la mirada despreocupada de su padre— parecías tan sorprendido. Como si no esperaras verme allí. Como si no entendieras que estaba pasando. Recuerdo haberme aferrado a tu pierna y decir… "Papá, volviste. Por fin volviste" —Theodore apretó los puños— lo recuerdo como si fuera ayer… pero no recuerdo haberte visto antes de eso. Tú solo apareciste ese día y tomaste las promesas que madre tenía poco antes de que muriera… y yo no dejo de pensar… que eso fue tan oportuno, padre. —Theodore se aclaró la garganta— Pero tú nunca has sido oportuno. Tú siempre has sido calculador. Entonces… Padre, ese día ¿Tú mataste a mi madre?
Philip solamente soltó un respiro— No precisamente —contestó, haciendo que el estómago de Theodore se retorciera— pero puede que indirectamente yo la haya orillado a eso. Ya te lo había dicho, la salud de tu madre nunca fue buena. Ella usó demasiada magia para volver la casa del Norte inexpugnable, ni que se diga de la magia de sangre con la que encantó cada uno de sus rincones. Puede que hubiera usado la magia de toda una vida. Estaba huyendo de mí, así que ella hacía todo para mantenerme fuera de la casa y yo hacía todo para lograr entrar. Hay quien dice que los matrimonios son batallas, supongo que esa fue la mayor batalla de nuestras vidas. Claro, yo gané.
Theodore no se dio cuenta, pero había estado mordiendo el interior de su mejilla derecha— ¿Por qué? —preguntó.
Philip apoyó el mentón sobre la palma de su mano— ¿No es obvio? —Theodore no dijo nada— Vamos, hijo. Siquiera debes haberlo considerado. ¿Acaso no has visto la casa del Sur?
Theodore volvió a mirarse las manos— ¿Por qué? —preguntó de nuevo.
—Tú madre se resistía a aceptar lo que había que hacer —respondió Philip— y lo que había que hacer… era acabar contigo. —Philip también asentó las manos sobre la mesa y clavó sus ojos en ellas— Si, era lo que se tenía que hacer, pero ella no lo aceptó. Se encariño demasiado contigo, se aferró y a la menor oportunidad, huyó de mí. La "madre" poseyó a mi "esposa" —dijo haciendo una especie de mueca— se atrincheró en La casa que le obsequie y le estuvo metiendo en la mente a su "bebé" que su padre estaba ausente por la guerra pero ansioso por regresar un día para ser por fin una adorable familia. Un niño pegajoso y llorón con el cerebro lavado y un apego hecho de papel gritando "papá"… contra mí, un mago hecho y derecho, esperando… ¿Qué? ¿Compasión? ¿Cariño? ¿Apego? Tonterías. Yo te odiaba. Mi esposa, la persona a quien hubiera confiado mi vida me traicionó por tu causa, ¿Cómo podría existir en mi algo diferente al odio hacia ti?
Philip negó con la cabeza, solo para después sujetársela con la palma de la mano abierta.
"Apego de papel" palabras quemando como fuego "Yo te odiaba"
—Un plan suicida si me lo preguntas. Pensé que era algo estúpido… pero tu madre nunca fue estúpida. La casa estaba encantada… y yo no llegué allí solo ese día. Solo un gramo de amenaza y el niño llorón que se aferraba a mi pierna se deshizo de cuatro de los cinco magos que estaban allí conmigo con ayuda de esa maldita casa. Cuando la casa estuvo apunto de acabar con el quinto mago, sólo entonces entendí… que todo era cosa tuya y pude detenerte. Incluso yo habría muerto allí mismo, pero no fue así por el simple hecho de ser tu padre. El padre al que te aferrabas para buscar seguridad. Nunca te habrías sentido amenazado por mí. Recuerdo haber pensado… que seguía siendo una estupidez, pues entonces solo debía sacarte de la casa y problema resuelto. Ese era el plan. Te dormí y luego fui a ver cómo es que tu madre agonizaba, Aún siendo una traidora, era mi esposa y si iba a morir debía hacerlo dignamente. Incluso tuve consideración contigo, después de todo, era tu madre y merecías poder despedirte. Y ni siquiera eso hiciste bien —dijo negando con la cabeza.
—Si lo único que me protegía de ti era mi madre y la casa ¿por qué estoy vivo?
Philip soltó un respiro cansado— ¿No te lo he dicho ya? —Dijo resignado— Tú madre no era ninguna estúpida. Jugó bien sus cartas y el aparente plan estupido fue perfecto. Ella me venció. Al final… todos somos esclavos del sentimentalismo —dijo mientras miraba sus propias manos— En el mundo está lo que "se tiene que hacer" que es la responsabilidad y lo que "se debe hacer", que es la obligación. Esas dos luchan contra "Lo que no se puede hacer" y lo que "No se quiere hacer", sus contrapartes. Yo tenía y debía terminar con tu existencia… pero al final no pude y luego tampoco quise. Esa ha sido… la mayor derrota en mi vida. Egoísmo puro, hijo.
— ¿Por qué yo debía morir?
—Porque estás maldito —contestó de inmediato— Ambos lo estamos. Todo aquel que sea Nott lo está. Tu madre y yo teníamos un plan, uno para que la maldición no afectara a nuestros hijos… pero sencillamente nada salía como se supone que debía. Y los niños solo nacían sin magia… esa era… la peor parte de todas —Philip sacudió la cabeza— Un niño sin magia no tenía oportunidad. Y entonces… naciste tú. Pequeño y enfermizo como ella había sido cuando nació, aún así eras perfecto, tenias magia. Pero entonces —dijo rodando los ojos— nuestra carta del triunfo para combatir la maldición escapó de nuestras manos y con la guerra a la vuelta de la esquina… no había solución inmediata. Alyssa y yo pactamos… que sería la última vez que nos desharíamos de nuestra propia sangre, ambos ya nos habíamos resignado... o eso creí. Al último instante, ella me traicionó y como ahora sabes, huyó.
—Una Maldición —susurro Theodore sin mirarlo— Taylor me lo dijo, que había una maldición para los Nott.
—Ah, ¿De eso hablaron?
—Dijo que yo me veía normal —susurró.
—Sí, por mucho tiempo lo has sido —dijo Philip mirándole fijamente a los ojos— ¿Sabes por qué? —Theodore se quedó muy quieto, mientras Philip… Philip solamente tenía los ojos clavados en los suyos— Gracias a mí. Y es aquí… donde yo hago una propuesta. Afortunadamente para ti, ahora sí tengo lo necesario para deshacer la maldición de forma permanente. Sácame de Azkaban y devuélveme las promesas de los magos, a cambio, haré eso por tí.
Theodore se quedó boquiabierto por un instante— ¿Es una especie de chantaje, Padre?
—Un acuerdo. —replicó Philip— Uno que no me beneficia como debería, pero es lo que hay.
Theodore no pudo evitar soltar una risa irónica— Acabas de decirme que estoy maldito y condicionas deshacer esa maldición solo si hago lo que quieres ¿Y se supone que no hay beneficio para tí?
—Claro que no —dijo Philip encogiéndose de hombros— pronto arruinaras todo en el Dominio, siquiera un día después yo saldré de aquí y lo arreglaré todo. Incluso a ti y tu maldición. ¿Lo ves? No te estoy dejando a tu suerte, antes o después, desharé esa maldición. Si cedes ahora, nos ahorraremos mucho tiempo y trabajo. Estoy siendo razonable.
Theodore negó con la cabeza— No suenas razonable —dijo en un susurro— suenas como un maldito egoísta —dijo lanzándole una mirada de odio.
Philip solamente soltó un respiro lento— Te lo dije. Nunca te gustaron mis respuestas.
Inesperadamente, él le sonrió de vuelta— A partir de hoy, las mías tampoco te gustaran —dijo con tensa calma— Rechazo tu "acuerdo". Conservaré el Dominio, mantendré la neutralidad. No iremos a la Guerra, no por ti. Olvida lo que sea que hayas estado planeando y acostumbrate a tu celda.
—El Dominio hará lo que yo diga —replico Philip con una calma que no parecía humana— y tú también. Sea como sea, lo harás.
—Disfruta Azkaban, Padre.
—Y tú el Dominio, mientras siga en una pieza —replicó.
—¿Es lo único que te importa? —preguntó Theodore sin poder evitarlo— ¿Ser la cabeza? ¿Tener el poder en las manos?
Philip alzó una ceja— Eres demasiado joven para entenderlo —dijo mientras se ponía de pie.
—¿Entender? ¿Entender qué?
—Que el Poder nunca es la meta, si no el camino. El poder es lo que tienes que conseguir y mantener a toda costa para lograr lo que en realidad persigues, lo que quieres. Los deseos son volubles, cambiantes. Tienes suerte de que yo sea lo suficientemente egoísta, de otro modo tu destino sería distinto, hubiera acabado el mismo día que el de tu madre. Mi egoísmo nació por ti y es para ti, es lo justo. Yo te odiaba pero en cambio tú me querías, ese fué el principio de nuestra situación actual. Ironías de la vida, ahora es al revés.
Philip lo dijo pero la cabeza de Theodore estaba palpitando entre la ira y la indignación. Tanta hipocresía. Lo odiaba.
En un instante odiaba todo.
—Mentira —masculló con rabia— Mentiroso. Solo eres un gran mentiroso. No es cierto. Conseguiste engañar a mamá pero a mi no. Emma estaba loca, pero tenía razón, tú solo… tú solo…
"¿Emma?" Theodore, confundido, solamente se sujetó la cabeza. Todo le daba vueltas.
Cuando alzó la cabeza, en un parpadeo estaba en Azkaban y al siguiente estaba en un pasillo oscuro, su padre frente a él, como ahora, pero con la varita en la mano temblorosa y apuntándole. Otro parpadeo y estaba de vuelta en Azkaban. Su padre, estirando una mano hacia él.
Theodore se alejó tan rápido que derribó la silla junto a la capa, su magia reaccionando al instante y atrayéndola para envolverse con ella, desapareciendo al instante. La puerta de piedra se abrió apenas y Theodore se acercó y él salió de allí lo más rápido que pudo, pero aún así escucho lo último que dijo Philip:
—Niño cobarde. ¿Cuándo vas a dejar de huir?
Apenas salir, Theodore pasó de largo guardias confundidos y fue directamente hacia los ascensores para llegar a la planta baja. Solo se dejó ver cuando las puertas se abrieron y habilitaron la Red Flu, ante la mirada atónita de los guardias. Al menos así Edward sabría que abandonó Azkaban.
La llegada a Hogwarts no fue mejor, pues se sentía como una bestia enjaulada que no sabía exactamente a donde debería ir. Se mostró poco y deambulo cubierto por la capa, sintiéndose un tonto por no haber ido a la Casa del Norte para calmarse primero, aunque eso tampoco hubiera ayudado. Esa casa le gritaba los recuerdos que tenía de su madre. Ella había muerto allí mismo. La casa principal tenía esa aterradora cámara, llena de fotos de su madre que seguramente habían pasado por la ira de su padre, pero que de todos modos conservaba obsesivamente. La casa del sur… con ese jardín tenebroso lleno de pequeñas tumbas. Caminó y caminó hasta que llegó a la Sala de los Menesteres, probablemente el único lugar solitario y seguro del Castillo.
Llegó a su esquina y se cubrió la cara con las manos.
¿Y ahora, estaba maldito en serio o solo era una treta?
No sabía que era peor, que fuera una trampa o que en serio tuviera una maldición de la que no tenía idea.
Era cruel. Demasiado cruel.
Entonces la puerta se abrió.
La puerta. No bloqueó la maldita puerta.
Theodore se giró al instante, fingiendo que levantaba un libro. No necesitaba mirar para saber que era Hermione. Luego de cuando intentaron reemplazarla, Theodore puso un encantamiento sobre ella que le avisaba que se acercaba, e hizo lo mismo para que ella supiera que él estaba cerca. Seguramente por eso había aparecido en el momento menos oportuno.
—¿Theodore? —preguntó ella.
—Si —dijo él, al mismo tiempo que se aclaraba la garganta y seguía fingiendo buscar un libro— solo vine por un libro, luego me iré a la Mazmorra.
—Acabas de llegar —murmuró ella, y no era una pregunta. Theodore aún traía puesta la capa— ¿Estás bien? —preguntó a su espalda.
—Si —dijo aún dándole la espalda, pero oyó sus pasos acercarse— Perfectamente —Tomó el primer libro que estaba cerca y se giró de inmediato, plantandole una perfecta cara calmada— Lo encontré. Ahora, debo irme y…
Pero ella tenía una cara tan desalentadora que incluso olvidó por un instante que tenía una fuerte aflicción en el cuerpo.
Theodore le regaló una pequeña sonrisa— No pongas esa cara —le dijo, recordando que ella sabía que ese día hablaría con su padre. Quizá por eso había estado atenta a su regreso— todo está bien. Te lo dije antes, tenía mis sospechas con mi padre, hoy solamente lo confirmé. No ha sido ninguna sorpresa.
—Lo siento —dijo ella.
—¿Por qué? —preguntó confundido— ¿Qué tendrías que sentir tú?
Pero ella solo se acercó y le rodeó el cuello con los brazos. Un tonto abrazo de nuevo.
Theodore le había dicho a ella una vez que "Los mortífagos no abrazan a sus hijos" para incomodarla y que ella desistiera de esos abrazos tan inesperados, se lo dijo como si fuera una broma, pero en realidad… su padre, el mortífago, sí le había abrazado cuando era niño. Lo había hecho muchas veces, al menos hasta cumplir los ocho. Casi todas las noches que sabía que su padre se quedaría en casa, Theodore aguardaba en la sala, esperando a que saliera de su estudio o apareciera por la chimenea, todo para darle las buenas noches. Las veces que se había quedado dormido esperando, su padre lo había cargado hasta su habitación. Y a veces, a veces le tocaba el cabello, pero solo si estaba dormido.
Y se supone que había querido matarlo cuando era pequeño por aquella supuesta maldición, pero no lo hizo, según él, por egoísmo. Debía y tenía que hacerlo, pero no pudo y luego no quiso. Un trabalenguas que sonaba bien. Solo eso.
"Yo te odiaba pero en cambio tú me querías, ese fué el principio de nuestra situación actual. Ironías de la vida, ahora es al revés"
Eso había dicho. Y Theodore lo acusó de mentiroso. Uno no podía tratar así a alguien que quería.
¿Lo odiaba o lo quería?
Decía una cosa y actuaba del modo contrario.
¿Por qué?
¿Por qué?
¿Por qué?
Theodore era su hijo, pero nunca lo quiso. Y el resto, solo fue un capricho. Apego de papel, como él mismo dijo.
No, no lo quería… y ahora seguramente todo era solo parte de su gran chantaje para que lo sacara de Azkaban. Conveniencia tras otra. No, no lo quería.
"Mentiroso"
Se dijo.
"Un perfecto mentiroso"
De todos modos no importaba. Theodore ya había aprendido a la mala a estar decepcionado de su padre. Desde que le atacó con legeremancia forzada hasta que casi hizo que lo maten el año pasado. Todo solo era una confirmación de lo que ya sabía.
"Pero soy tu hijo" pensó débilmente, volviendo al tiempo en que aguardaba sentado en esa oscura sala de esa enorme casa esperando ver a aquel hombre alto aparecer en medio del fuego azul y haciéndose el dormido porque sabía que así él lo cargaría hasta su habitación "¿Cómo puedes no quererme?"
De alguna manera, eso dolía tanto...
Entonces, Theodore se dio cuenta de que veía todo nublado. Se dio cuenta de que en realidad, estaba llorando.
Hola de nuevo.
Ahora... todo va cobrando sentido ¿A que sí?
¿Que les pareció conocer como es que Edward y Emma estaban relacionados?
¿Que les parecieron las revelaciones de Philip? (Claro, aún faltan más detalles. La verdad maxima: La maldición)
...
Cosas que mencionar:
-En la parte de Edward diciendo "Iba a guardarmelo para el final. El dramatico final" jajajaj. Esas son palabras mías :v
-Acerca de "poción de Hershay" que menciona Edward, la mencione en el capítulo 14 (otro spoiler sutil :v). Pero de todas maneras vuelvo a poner: "La poción de Hershay era simple, esa poción "eliminaba" un hecho de la conciencia de las personas que lo bebieran y también hacía que el cerebro de los consumidores ignorara toda información que contradijera aquella omisión de información". En resumen, esa poción es para sostener mentiras y quien la beba no sabra nunca la verdad, aunque alguien se la diga a la cara.
-Edward dice "Le he estado dando el antidoto durante años"; lo que quiere decir que Philip le ha dado Hershay a Theo desde hace uuuuuffffff. Al recibir el antidoto es que Theodore comenzo a tener esos sueños/recuerdos.
-Ya ni me acuerdo en que Cap esta el flash back donde Theo recuerda el momento en que murió su madre. Me parece que era el 36.
-Si, acaban de leer como es que Theo se ha roto.
Y un último dato random.
Generalmente soy una troll. En serio. A veces cuelo frases de memes en los dialogos y en este estuve tan, pero tan tentada de poner la frase: "Te falta odio" como un dialogo de Philip a Theo. Me he echo unas risas con eso jajajaaja
Espero que este siendo/haya sido una excelente noche buena.
Por mio parte, digamos que este es mi presente.
Oh, cierto, comente el otro día que tenemos un grupo en facebook llamado "Archivo Theomione" (Busquennos y unanse :3), en el cual estamos haciendo una linda actividad de intercambio de fics entre miembros del grupo. Solo diré, que el 1ro de enero lloveran OS de este ship 3, más de 20!
Gracias por leer, volveré el 2021 y espero ya darle fin a este fic :D
Felices fiestas!
