CAPITULO 53

TRUSTED

Hermione caminaba por el largo pasillo del patio trasero del castillo, el atajo que llevaba a través de las estatuas del castillo hacia el interior, pasando bastante cerca de las mazmorras y la biblioteca, que era a donde quería ir en realidad. Iba de prisa pero aún así pudo darse cuenta. Cerca de ese pasillo, estaba alguien acuclillado en el suelo, la cabeza contra la pared y con las manos sobre sus oídos. Hermione detuvo sus pasos y fue hacia allí de inmediato.

—¿Estás bien? —preguntó.

El chico levantó la cabeza, dejando ver por completo su rostro asustado. Era Malfoy.

Hermione dio un paso para atrás de inmediato, echando mano a su varita rápidamente. Malfoy, entre aturdido y (al parecer) enfadado, solo se puso de pie y le dió la espalda— Largo de aquí, Sangre sucia.

Hermione quería echar a andar, pero aún así no lo hizo. Recordó que Harry le contó que cuando pelearon, lo vió llorando primero. El fantasma del baño de chicas lo corroboró. Además, Hermione no podía evitar recordar que Theodore le dijo que Malfoy estaba en tan mala situación que tuvo que pasar sus vacaciones en su casa como un protegido. De hecho, todos en Slytherin parecían estar pasándola mal. Podía verlo en las caras de Parkinson, de las Greengrass, incluso en las de Greg y Goyle. Podía verlo en Theodore.

—S-si está pasando algo, deberías ir con el Director —dijo ella, sonando de pronto insistente.

Pero entonces, Malfoy se giró y con una cara de miedo avanzó pasos muy rápidamente, los mismos que ella se apresuró a retroceder— ¿Y quien te está pidiendo consejos a tí? —dijo molesto, sus ojos echando fuego— ¿Quien te crees...?

—Te lo digo, viejo, es lo mejor que vas a encon…. Mierda.

Tanto ella como Malfoy se giraron. Por uno de los pasillos venía Blaise Zabini, el brazo por encima de los hombros de un chico de quinto al que rápidamente soltó y dio un pequeño empujón a su espalda.

—¡Prefecta! —dijo con una sonrisa radiante y avanzando— Que sorpresa ¿Interrumpo algo? —dijo mirando de ella a Malfoy de un modo extraño.

—Que asco —masculló Draco.

—No oí eso el año pasado —replicó el otro.

Hermione, confundida por la situación pudo observar como Zabini hizo una seña con la mano al chico a su espalda para que se fuera. El chico salió corriendo de inmediato. Solo entonces entendió que pasaba.

—¡Alto ahí! —dijo ella queriendo perseguirlo, pero Zabini se metió en medio cortándole el paso.

—Zabini, fuera de mi camino —dijo ella.

—¡Vamos Prefecta! —dijo él suplicante— Guarda este secreto por mí. No quiero chismes de nuevo, ya fue lo suficiente duro en casa… —murmullo lastimero.

Ella se detuvo en seco, mirando desconfiada. Traía al chico abrazándolo y en un camino que la gente rara vez usa…. camino hacia las mazmorras— ¿Tú...?

Zabini asintió.

Pero entonces, Malfoy echó a reír.

—Mierda Draco —masculló Zabini— ya lo tenía.

—¡Fuera de mi camino! —gritó ella.

—¡No puedo hacer eso! —repitió él, aún metiéndose en medio y no dejándola pasar— mi reputación caerá si dejo que atrapes a mis clientes. Ya me atrapaste a mí, no seas codiciosa Prefecta.

—Esto te va a costar puntos, Zabini —replicó ella, aún intentando esquivarlo.

—¡Draco, ayúdame con esto! —exclamó el chico.

—Es tu asunto —respondió el otro.

Hermione entonces, empuñó su varita y en un rápido movimiento encantó a Zabini para que sus pies se pegaran, haciéndole tropezar.

—¡Draco! —llamó lastimeramente, pero Hermione ya estaba dando grandes zancadas hacia donde el otro chico se fué. Si corría podría atraparlo y…

Pero no pudo avanzar más, pues alguien la sujetó por la espalda, atrapándola por los brazos y prácticamente levantandola del suelo, haciéndola girar y con ella a cuestas, caminando hacia donde estaba Zabini aún caído.

Era Malfoy, solo podía ser Malfoy. Al ser consciente de eso, Hermione pataleo cuanto pudo, pateandole las rodillas con los talones, revolviéndose desesperadamente cuanto podía, pero no la soltó.

—Oye… —dijo un nervioso Zabini— Draco… esto es un poco…

—¡Suéltame! —gritó ella, sonando casi aterrada.

Y Malfoy la soltó justo en frente del caído Zabini. Hermione, con el cabello revuelto por el forcejeo y la mano blanca de tanto apretar la varita se volvió al instante y le apuntó.

—Eso es por ser una metiche —le dijo Malfoy— Zabini vende contrabando a casi toda la escuela. Deberías aprovechar para quitarle la evidencia —luego apuntó a Zabini— Y tú, me debes una.

Malfoy se fue caminando, mientras Hermione, aún temblando se acomodó el cabello y se volvió hacia Zabini— Vacía tus bolsillos —fué lo único que dijo.

Con evidencia en mano, Hermione planeó llevar a Zabini hasta la oficina de la profesora McGonagall, pero en el camino se encontró con el Profesor Snape quien rápidamente dijo que no habían pruebas suficientes para culpar a Zabini de ser quien vendía contrabando, pues solo tenía un objeto comprometedor.

—Iba a venderlo. Fui testigo —dijo ella.

—Que conveniente —replicó Snape, pero luego se volvió hacia Zabini— Dos puntos menos para Slytherin, por posesión. Eso debería ser suficiente.

—¡Pero!

—Eso-Debería-ser-suficiente —replicó con autoridad— lleve el artículo a la enfermería. Madam Ponfrey se hará cargo.

—Sí señor —dijo ella enfadada, odiando como Zabini ponía cara de inocente y le hacía un adiós con la mano.

Pero no se dio por vencida, así que en lugar de ir a la enfermería caminó directamente hacia las escaleras principales para subir hasta la oficina de la Profesora McGonagall.

"Esto no se va a quedar así" pensaba con ira, inconscientemente sacudiendose el uniforme e intentando controlar los escalofríos que le daba lo que acababa de pasar hacía unos momentos. Sin embargo, la distrajo en ese instante. Theodore había hecho un encantamiento para que ambos supieran cuando el otro estaba cerca, una especie de petición extraña que él le hizo pero que ella no le dio demasiadas vueltas de todos modos, pues luego de la pequeña broma que le hizo escondiéndose en la sala de Menesteres dijo que se lo debía.

"Desapareciste de la nada" había dicho con un tono de voz tan descorazonador que ella había cedido.

Hermione volvió hacia la entrada del castillo, pero no lo vió por ningún lugar. Incluso se paseó de nuevo por la ruta hacia las mazmorras, pero no había rastros de él y también el encantamiento había dejado de funcionar. Camino por la entrada de nuevo y hacia los jardines delanteros, era un presentimiento extraño el que le decía que debía seguir buscando.

Luego de casi media hora caminando, resignada caminó de vuelta hacia las escaleras principales para entregar la evidencia. La profesora McGonagall no estaba en su oficina, así que rendida, decidió que iría primero a su sala común en lugar de bajar de nuevo hacia la enfermería. Fué al pasar por la sala de Menesteres que sintió de nuevo que Theodore estaba cerca.

"La sala de Menesteres" se dijo.

Allí fue donde encontró a Theodore, quien extrañamente parecía querer esconderse de ella pues le dió la espalda apenas y ella entró, además aún tenía la capa puesta.

El comenzó a hablar, pero lo hacía tan atropelladamente que era sospechoso. Luego se fijó sus enguantadas manos... estaba viéndose tan torpe que incluso comenzó a ponerse nerviosa. Nunca lo vio así. Theodore decía estar bien, pero ella inevitablemente se acercó, pues sabía que era mentira.

Él no estaba bien y quería ocultarlo.

Cuando él finalmente le dio la cara, intentó fingir de nuevo, pero ella podía ver más allá del engaño y se daba cuenta de que él solo estaba intentando huir.

"Siempre has sido tan contenido" pensó con tristeza, pues Theodore Nott era un mar de misterios detrás de ese rostro serio que la mayoría de las veces ella no lograba descifrar a menos que estuviera tan inestable como ahora. Su padre, seguramente se trataba de su padre. Theodore siempre se ponía así cuando se trataba de asuntos familiares.

—No pongas esa cara —le dijo él, componiendo el porte despreocupado de nuevo— Todo está bien. Te lo dije antes, tenía mis sospechas con mi padre, hoy solamente lo he confirmado. No ha sido ninguna sorpresa.

Hermione sintió que se le encogía el estómago, recordando la charla de hace unos días. Ella creía firmemente que podría ser solo conjeturas, pues dado que llegó a conocer a Philip Nott pensaba que no habría manera de que esa persona amable fuera… Hermione respiro pesado. Si para ella era un shock, ¿Cómo tendría que ser para Theodore, sospechando desde el año pasado? Enfrentar a su padre y confirmarlo ahora…

—Lo siento —susurró sin saber qué más decir.

—¿Por qué? —preguntó él en respuesta y sin ninguna emoción, el porte serio de vuelta— ¿Qué tendrías que sentir tú?

Hermione solo se entristeció más.

La parte mala de esas situaciones, es que en el momento en que era cuestionado Theodore podía simplemente retraerse en un instante, contenerse de nuevo y fingir perfectamente que estaba bien. Por eso, cuando eso pasaba ella prefería no hablarle y en su lugar solo podía abrazarlo en silencio.

Leyó en algún libro alguna vez que las personas no pueden defenderse del silencio. Y Hermione había descubierto que Theodore tampoco podía.

Él se quedó muy quieto, como generalmente hacía cuando ella lo abrazaba. Pensó que iba a apartarla o decirle que era suficiente, como era costumbre... pero inesperadamente, por primera vez, él solamente se aferró a ella. Pudo sentir su respiración irregular en el cuello, pero él no dijo una sola palabra por un largo rato. Solo se quedó allí, devolviéndole el abrazo, poco a poco con más fuerza.

De un momento a otro, él la sujetó por los hombros y la apartó, pero no del todo, solo lo suficiente para girar el rostro y besarla. Pasó tan rápido que ella no alcanzaba a entender que pasaba pues en un momento él la había girado y la atrapaba contra la pared donde antes estaba él. Y la besaba, seguía besándola tan desesperadamente que pensó que podría dejarla sin aliento. Ella intentó bajar las manos de su cuello, pero él, sujetándola de los hombros, no la dejó y en su lugar comenzó a besarle el cuello, aplastandola más contra la pared.

Las manos de Theodore, sin embargo, viajando por toda su cintura. Al estar contra la pared, la camiseta de Hermione se estrujó y subió unos centímetros, dejando la piel de su espalda expuesta a la frialdad de la piedra, piel que Theodore había comenzado a tocar, rozando con el suave cuero de sus guantes. De pronto, él se detuvo y luego de removerse un poco, dejó caer algo al suelo. Hermione, demasiado distraída mientras era besada, entendió que él se había quitado los guantes cuando deslizó una de sus manos cálidas y desnudas hasta su espalda, rodeándola con los dedos, abrazándola por debajo de la ropa mientras volvía a besar su cuello.

—¿Theodore? —preguntó Hermione, entre sorprendida y confundida.

Pero él no contestó y solo volvió a besarla en la boca. Fue allí cuando Hermione pudo sentir el sabor salado en la boca y la humedad en sus mejillas, dándose cuenta entonces de que Theodore había estado llorando.

—Theodore —dijo ella de nuevo, pero no la escucho.

Hermione trató de llevar sus manos a su rostro para poder mirarlo, pero de nuevo él no la dejo. Ahora siendo incluso más rudo, sujetándola con fuerza por la muñeca, tanto, que ella dejó escapar un quejido.

Dándose cuenta de lo que hizo, él se paró en seco y la soltó.

—L-lo siento. Perdóname. Y-yo no... —tartamudeó con la voz rota mientras se alejaba y se cubría la cara con las manos— Solo... Solo quiero que se detenga. Solo quiero dejar de pensar —dijo mientras se volvía hacia la pared y apoyado contra esta, se dejó caer hasta quedar sentado en el suelo.

Hermione anonadada, con miles de pensamientos y sentimientos dando vueltas en su cabeza y sin saber exactamente qué hacer, con pasos lentos se acercó hacia donde él estaba y despacio se acuclilló hacia él— No estoy molesta contigo —dijo intentando mantenerse calmada, pues no lo estaba.

Theodore se estaba estrujando la cara con las manos y ella, cada vez más afligida, no sabía qué hacer, incluso sus manos parecían estar temblando. Nunca lo vió de ese modo.

—P-podría —dijo atropelladamente antes de aclararse la garganta— Yo podría traer Poción de paz ¿para ti?

Theodore, aún con la cara oculta, negó con la cabeza— Hace que me duerma. —susurró— Tendré pesadillas.

—Me quedaré contigo —dijo ella— si tienes pesadillas, te despertaré.

Él entonces se quedó muy quieto. Levantó la cabeza un instante y ella pudo ver uno de sus ojos, rojizo y brillante— ¿Te quedarás conmigo? —preguntó en un murmullo apenas audible.

—Sí —contesta ella, intentando transmitirle tranquilidad— Me quedaré aquí, contigo.

Theodore asintió lentamente, volviendo a cubrirse la cara. Le dijo en dónde estaban las pociones y ella fue a buscarlas, dándole la espalda deliberadamente y demorandose adrede en traer el vial para darle espacio. Cuando volvió hacia él, Theodore ya se había recostado en el enorme sofá de la habitación, mantenía un brazo sobre sus ojos y cuando ella estuvo cerca extendió la mano libre para que le diera el vial. Ella se lo tendió ya con el tapón fuera y él se lo bebió de un solo trago y dejó el cristal en el suelo al pie del sofá.

—Lo siento —volvió a decir él.

—Está bien —dijo ella, mientras se sentaba en la suave alfombra.

Ella, algo dudosa, se atrevió a tomarle la mano, él en respuesta, la sujetó.

—Te compensaré por esto, lo prometo —dijo atropelladamente.

—No tienes qué —murmuró ella.

Él, solo le dio un apretoncito que ella devolvió.

Solo un momento después, él se quedó completamente dormido. Su respiración se volvió normal y ya no tan irregular como antes. Un momento después, el brazo con el que se cubría los ojos resbaló lentamente hasta quedar sobre su propio pecho. Hermione llevó la mano libre al rostro de Theodore para acomodar su cabello aplastado, preguntándose de nuevo qué tan terrible fue esa conversación con su padre para dejarlo en ese estado.

Ella lo vigiló por horas y era verdad lo de las pesadillas, pues comenzaba a removerse, su cara se llenaba de muecas y le apretaba la mano con un agarre de piedra. Cuando Hermione intentaba despertarlo llamándolo por su nombre, no abría los ojos, pero sí se calmaba. Eso pasó al menos tres veces. En algún punto de la tarde, ella también comenzó a sentirse adormilada y entre un bostezo y bostezo, apoyó la cabeza contra el sofá y se quedó dormida.

Cuando Hermione abrió los ojos, ya no estaba sentada en la alfombra, sino recostada en el sofá, Theodore, mientras, él estaba dormido, la mitad de su cuerpo sobre ella, su cabeza contra uno de sus hombros y los brazos atrapándola entre él y el sofá. En la mesita había un segundo vial de poción. Seguramente él se despertó, la levantó del suelo y la recostó en el sofá, se bebió una nueva poción y se quedó dormido otra vez.

Hermione solamente lo observó, pues dormía tranquilamente. Solo podía ver la mitad de su rostro, pero parecía relajado. Ella volvió a acariciarle el cabello con la mano libre. Se había sentido afligida por él, pero ahora estaba en calma. Incluso se permitió cerrar los ojos un instante. El ritmo con el que Theodore respiraba era tan hipnotizante que se quedó dormida de nuevo.

Cuando abrió los ojos por segunda vez, fue porque se sintió observada. Theodore se había despertado y la estaba mirando. Diferente a antes, estaban prácticamente frente a frente. Sus ojos aún estaban algo hinchados y todavía brillantes; su mano estaba cerca de su cara, como si hubiera estado tocándole la mejilla. Aún así, se veía mucho más tranquilo.

—Desperté hace un momento —dijo él con la voz sedosa— acaba de ponerse el sol, así que va a anochecer pronto.

Hermione asintió en silencio, sin despegar los ojos de los suyos— ¿Vas a decirme que pasó?

—No quiero decirte —murmuró, pero se veía culpable— no ahora. Tal vez después, pero no ahora.

—Entiendo —murmuró ella, pero no muy convencida y sintiéndose desplazada, como tantas otras veces. El agrio sentimiento molesto, envolviendola lentamente.

—No, no lo entiendes. Este… descontrol no es lo mío. Y tienes razón, no estoy bien. Incluso te lastime y aún así te quedaste conmigo. Lo que hiciste hoy por mi, cada detalle de todo, no voy a olvidarlo. Nunca. —él se aclaró la garganta y apartó la mirada— Pero al mismo tiempo, si pudiera escoger, no hubiera querido que vieras nada de esto. Yo… quisiera que no lo recordaras. A mi, de la forma en que me viste. Es patético. —murmuró apartando la mirada— Pero voy a arreglar esto. Arreglaré todo. Lo prometo.

—Todo el mundo se descontrola al menos una vez. Nadie puede ser perfecto en todo, Theodore —murmuró ella sin pensarlo demasiado pero olvidando de inmediato la molestia anterior por la manera en la que le estaba hablando— No todo se tiene que "arreglar".

Theodore entonces, en completo silencio atrapó una de sus manos y le dió un beso en la palma, para después entrelazar sus dedos. Él solo se le quedó viendo fijamente— ¿Tienes la ronda de perfectos hoy?

—Sí —murmuró ella— ¿Por qué?

Pero Theodore no dijo nada y ella comenzó a sospechar que seguramente quería, pero no lo hacía…. era como si estuviera teniendo un debate interno. Luego la miraba y volvía a desanimarse, mirando hacia otra parte. No podía verle la cara claramente, pero … ¿Acaso eso era…? ¿Vergüenza?

—Aunque… —divago ella— podría pedirle a Ron que me cubra.

"¿Es posible que no quiera quedarse solo?" pensó.

Él no dijo nada, pero de nuevo le besó la mano, como si fuera una especie de agradecimiento silencioso. Ella solo pudo sonreír ante el acto.

—¿Me pasas mi varita? La dejé en el suelo.

Theodore asintió y se estiró hacia el suelo y un momento después le tendía la varita a ella.

Mirando hacia el techo, estiró la mano e hizo una floritura. No se había dado cuenta de lo oscura que se había vuelto la habitación hasta que su Patronus se manifestó inundando de luz todo el lugar a cada revoloteo de la nutria brillante.

—Puedes hacer un patronus —dijo Theodore, sorprendido.

—Si —dijo ella algo apenada por la forma en que la miraba, prácticamente maravillado.

Hermione envió rápidamente el mensaje para Ron y cuando el Patronus se fué, la habitación se quedó aún más a oscuras que antes.

—¿Desde cuándo puedes conjurarlo?

— El año pasado.

Él soltó una especie de risa ahogada— Entonces, después de todo las clases de Potter no fueron una pérdida de tiempo.

—No —dijo ella con orgullo.

—Quise tener un Patronus desde la primera vez que vi uno en persona —dijo casi en un susurro.

—¿Qué forma tiene el tuyo? —preguntó ella— ¿Me lo enseñas?

—No logre conjurarlo —contestó él— nunca pude.

Hermione se sintió contrariada, pues siendo Theodore un mago talentoso hubiera sido imposible que no pudiera aprender a conjurar uno… pero entonces recordó el ingrediente principal del encantamiento y pensó que era mejor no preguntar demasiado al respecto. Menos ahora mismo. Solo se sintió más triste.

—¿Qué más aprendiste? —Preguntó él.

Ella comenzó a contarle y él sencillamente no dejaba de hacer preguntas. Hablaron por horas, saltándose la cena incluso y solo salieron cuando ya era la hora de volver a sus salas comunes. Theodore cerró la puerta detrás de ellos, Hermione se giró para despedirse, pero se encontró con que él extendió su capa lo suficiente para cubrirla a ella también, envolviendolos a ambos. Él se agachó, acercó su boca a su oído.

—Gracias —dijo suavemente, como un susurro.

Cuando su rostro estaba frente al suyo, le sonrió y luego le dió un suave beso en la mejilla antes de alejarse, volver a envolverse en su capa y desaparecer en el aire.


Amira creyó que al menos en aquel baño habría mejor iluminación, pero no. Allí las luces prácticamente imitaban la del ambiente de afuera. Todos los baños estaban ocupados y había tres chicas frente al enorme espejo de la pared intentando retocarse el labial entre risas. Ella, mientras, solo se acercó a la llave del lavamanos para poder beber agua y conseguir algo de claridad en su cabeza.

Al salir, la luz y la música la golpeó como una fuerza invisible. Los colores y el profundo bajo de las bocinas de todo el lugar llenaban de sonido hasta el aire. Amira tomó aire y camino esquivando personas que bailaban levantando sus manos y contoneándose en medio del humo artificial, girando y riendo. Entre el gentío, aprovechó para pasar una mano por encima de la tela de lentejuelas oscuras en la zona de la pierna derecha, donde traía sujeta la varita para comprobar que seguía allí. Llegó hasta las escaleras forradas de terciopelo rojo sangre que llevaban al segundo piso y el enorme guardia trajeado le abrió el paso de inmediato. Ya en el segundo piso, otro guardia igual de trajeado que el anterior, le dió acceso libre al pasillo. Ya frente a la puerta, Amira se acomodó el cabello suelto y mejoró su porte, además de poner una sonrisa en sus labios antes de entrar.

—Te demoraste —dijo Elliot Mulciber, girando su cabeza desde el enorme sillón donde estaba.

—Déjala en paz —dijo Andrew Mulciber, su hermano— ¿Quieres un poco más, Ami? —preguntó ofreciéndole una copa.

Amira congeló la sonrisa en sus labios y cerró los ojos un instante, poniendo ahora una sonrisa boba— No, quiero un cigarrillo.

—Genial —dijo Elliot mientras sacaba una cajetilla del bolsillo interior de su saco de su saco, con claras intenciones de ofrecersela— Ven aquí.

Pero entonces, la cajita voló de sus manos hacia las de Andrew, quien varita en mano ahora se reía mientras dejaba la varita a un lado y sacaba un cigarrillo para ofrecérselo. Amira no necesito que lo dijera dos veces, pues con la sonrisa boba fue hasta Andrew y se sentó a su lado, abriendo ligeramente los labios para que este le pusiera en ellos el cigarrillo y luego, con la varita, se lo encendiera.

Andrew sonreía, solamente sonreía.

Amira, mientras, intentaba parecer despreocupada y alegre. Fingiendo que el alcohol la había atontado.

De entre ambos Mulciber, Elliot era quien más llegaba a incomodarla. No tenía filtro al opinar acerca de lo que fuera y parecía tomarse demasiadas libertades con quien le permitía hacerlo. Además, era quien siempre se alcoholizaba primero… y cuando lo hacía, solo quería pasarle el brazo por encima de los hombros todo el tiempo. La primera vez que pasó y Amira intentó quitárselo de encima, él la había mirado muy serio mientras le preguntaba "¿Acaso no somos amigos?" pero en un tono que le dió escalofríos.

Por otro lado, Andrew solo era hiriente a veces y juguetón la mayoría del tiempo. El problema, era que parecía mirar como juguetes a todos a su alrededor, como si todo lo que existiera fuera para su propia diversión. Por eso sabía que si Andrew insistía en que Amira se sentara a su lado y se tomaba atenciones con ella era solamente para molestar a su hermano menor.

¿Qué era mejor? ¿El mago sobrio, psicópata y sonriente? o ¿El mago serio, alcoholizado y con la mano larga?

Al menos con esa estrategia había conseguido que la situación fuera lo menos incómoda posible, ya que los Mulciber eran un frente unido y parecían evitar discutir entre ellos a cualquier costo. En lo que a ella se refería, uno anulaba al otro.

—No deberías hacer magia —dijo ella calando el cigarrillo, cautelosa— Alguien podría mirar.

—Es la zona VIP —dijo Elliot— el cristal está polarizado. La privacidad lo es todo, Ami.

Ella se encogió de hombros. Después de todo, allí había más magos. Todos jóvenes y comenzando a alcoholizarse, una copa a la vez. Había sido el cumpleaños de un tal Sullivan, alguien importante de la costa Este de Inglaterra, así que los Mulciber se habían ofrecido a hacer esa pequeña fiesta privada con invitados exclusivos en una casa de campo primero y luego terminar la velada en aquella discoteca muggle, la cual era de su propiedad más no así la única, tenían al menos tres más de esos lugares. No era la primera fiesta a la que ella era invitada; y bajo el permiso de James, ni siquiera la tía Agatha se atrevía a comentar algo al respecto. Aunque seguramente si ella estuviera al tanto de cómo eran las fiestas de "socialización" de los Mulciber, seguramente le lanzaría a James una maldición y el sermón de su vida. Amira quería decirle, moría por hacerlo, pero… aún no era el momento.

Amira miró alrededor al mismo tiempo que daba otra calada al cigarrillo. Reconoció a un Dolohov, otro McNair. Luego, miró hacia el cristal oscurecido, abajo, donde la gente bailaba. Donde Muggles bailaban.

La actitud de los magos allí, en esa sala privada era hipocresía pura, desde los Mulciber siendo dueños de muchos locales de entretenimientos muggle y sus invitados, la mayoría aliados del Lord, pero disfrutando de bondades de la música trance y algún que otro estupefaciente. Eran iguales, en todos lados eran iguales. "Supremacía de la sangre" como un discurso vacío que solo servía para creerse que eran mejores que todos los demás. Asqueroso.

—Oye, Ami, ¿Por qué no sigues contandonos eso de Nott?

Amira se removió. Precisamente por eso se había escapado, para no hablar. Se volvió curiosa hacia Elliot con una cara alegre— La gente habla bastante últimamente —dijo intentando restarle importancia— Es una tontería, además no se mucho.

Andrew echó a reír— Ah, vamos. Tú debes saber más detalles. Eso, sobre la novia.

—Se lo mismo que todos los demás sobre la chica Greengrass. Yo creo que es solo un rumor.

—Eso ya lo sabemos —dijo Andrew— Merlin, eso es muy obvio. Apuesto a que Antón está haciendo que ese rumor se infle más de la cuenta.

Amira frunció el ceño— ¿Por qué lo haría?

Elliot miró a Andrew antes de proseguir— ¿Exactamente? Ni idea. Pero al final, todo el mundo sabe que es lo que busca Anton Greengrass —dijo burlón— ¿No lo oíste tú también? Es una vieja historia. Anton siempre quiso emparentar con Nott.

Amira soltó un chiflido— Tonterías. Sería estupido. Nott absorbería a Greengrass.

—No son tonterías. Ya lo intentó antes. Dos veces.

—Si, la última fue con la francesa. Condenado bastardo. Apenas y su primera esposa se mató, se lanzó a hacer propuestas a Philip. Todo un escándalo hilarante.

Amira tenía los ojos totalmente entornados mientras escuchaba aquella historia. ¿Francesa? ¿De qué demonios estaban hablando?

—Qué horror —dijo ella sacudiendo la cabeza, recordando la historia de como la primera esposa de Antón Greengrass murió lúgubremente lanzándose desde la torre de su casa de verano— Pero ¿De quién hablan? ¿Con quién quería casarse Anton? Philip nunca tuvo hijas.

Elliot ahogó una risa— No sabe —dijo mirando a su hermano.

—No, claro que no sabe. Es como un bebé —Contestó Andrew burlón— Un lindo bebé.

Amira ocultó un escalofrío— Oh, vamos ¿No me lo van a decir? —dijo ella en un puchero.

—Preciosa Ami —dijo Andrew— No queremos problemas con Philip. Y hablar de eso es prácticamente un tema tabú.

Amira le lanzó una mirada sugerente— ¿le tienen miedo a Philip?

Elliot miró a Andrew, una mirada que decía mucho. Amira solo les miraba con incredulidad

—¿Miedo? ¿Nosotros? Para nada —dijo Andrew— Se trata de respeto. Respeto entre caballeros del Walpurgis.

"Otra vez" pensó ella, atenta de nuevo. Esa era otra palabra que ambos hermanos usaban seguido y parecían satisfechos con ellos mismos. Un título antiguo, hasta donde ella pudo investigar, pero si significaba lo que ella había leído que significaba…

Amira se mordió el labio interior. Contuvo su indignación y levantó su copa— Caballeros —dijo ella. Los Mulciber la acompañaron brindando otra vez. El alcohol les soltaba la lengua, pero también los volvía menos educados. Amira hizo su apuesta.

Una vez bajo su copa, se volvió hacia Andrew— ¿Y qué pasa conmigo? ¿"Dama del Walpurgis"?

Andrew le dió una enorme sonrisa y pasó una mano por el cabello— Dulce Ami —le dijo— todos somos caballeros, incluso las damas. —le sonreía mientras la miraba intensamente— Eres una Craston, estás con los Nott. Definitivamente tú también lo serás.

Amira dio otro sorbo a su copa— Yo, un caballero —dijo en un resoplido incrédulo— ¿Y qué hacen los caballeros?

—Quedar bien —dijo Elliot.

—Ser la cara justa de los cambios del mundo —completó Andrew.

—La imagen… del nuevo mundo.

Amira entrecerró los ojos— ¿Imagen? —repitió ella.

—Todo… es Marketing —dijo Elliot mientras se ponía de pie y se sentaba a su lado, quedando ahora amira entre ambos hermanos— Los cambios llegan generalmente con un patrón, Amira. Primero, el descontento —dijo levantando un dedo— no importa que, solo importa que escale rápido y que haga que un grupo grande se indigne con quien esté a cargo. Luego, viene la inestabilidad —dijo levantando otro dedo— La rabia, el enojo, la falta de seguridad. Todos deben tenerle miedo a algo —otro dedo más— Luego… viene el pánico. Alguien tiene que hacer algo, bueno o malo, pero alguien debe hacerlo para acabar con esa maldita incertidumbre. Propaganda. Ahí… es cuando es necesaria la imagen de figuras confiables… para distraer. Mientras por otro lado… los juegos de poder comienzan. Y mientras, otros hacen el trabajo sucio.

Amira, quien miraba fijo a Elliot, apenas parpadeó, de nuevo, miró a su alrededor. Un montón de magos jóvenes divirtiéndose con los Mulciber como anfitriones, magos jóvenes que podrían pensar en ellos como sujetos agradables. Accesibles.

—Caballeros del Walpurgis —murmuró ella.

Andrew le sonrió— Caballeros —dijo mientras alzaba su copa de nuevo para brindar— tú serás perfecta, sabes cómo verte dulce y parecer inofensiva —murmuró— se lo diré a Theodore. Que te unas a nosotros.

—A ¿Theodore? —murmuró Amira, con un nudo en el estómago.

—Si. —replicó Elliot— Nos lo debe. No puede negarse.

—Somos neutrales —murmuró Amira, sin poder evitar ponerse nerviosa.

Andrew tronó sus dedos, alegre— Me encanta eso de la gente de Nott. Todos ustedes tienen tan claro su papel que repiten eso como una maldita grabadora —dijo despreocupado— Como sea, no habrá problemas, después de todo, Mulciber y Nott somos aliados. Somos parte de lo mismo.

—Pero… —Amira habló cuidadosa— Ustedes están con el Lord.

Ambos Mulciber se miraron el uno al otro, una mirada cómplice— Hay cosas que van más allá del favor de un mago poderoso.

—¿Cómo qué? —preguntó ella.

—El futuro —dijo uno.

—El futuro —repitió el otro.

Amira, confundida, solo le dio otro sorbo a su bebida.

—No lo pienses tanto, Ami —dijo Andrew— Estamos del mismo lado. Ni siquiera lo dudes.

—Así es —dijo Elliot— Nosotros ya probamos nuestro compromiso con la causa. Después de todo, nosotros ayudamos a salvar a Theodore y nos aseguramos de que volviera sano y salvo al Dominio, como fue pactado y... —el mago se detuvo y miró interesado a Amira, pareciendo complacido de su cara de incredulidad— claro, obviamente tú no lo sabías. Solo la primera línea se movía mientras todos los demás se escondían en sus casas. Pero es cierto, Theodore nos debe la vida.

—Merlin sabe donde hubiera terminado Theodore si nosotros no hubiéramos ayudado a James ese día —dijo Andrew en un suspiro— Por un lado, la rama rebelde que quería la cabeza de Nott, todos ellos encubiertos entre los de la primera línea y listos para traicionar a McGrath a la menor oportunidad. Por otro lado, los cazafortunas que el bando del Lord envió. Y finalmente, los más problemáticos, los Magos del Ministerio. Todos querían un pedazo de Theodore y si no lo consiguieron fue gracias a nosotros.

—Que dolor de cabeza. —dijo Elliot aburrido— Tuvimos a la brigada del Ministerio encima antes siquiera de hacer contacto con Theodore. Si no los hubiéramos retenido, James no hubiera podido sacar a Theodore de allí. Fue una maldita locura. Los magos del Ministerio no fueron sutiles, tiraron a matar sin importar que estuvieran en un lugar público y muggle, incluso que fuera de día.

—Técnicamente, estaba anocheciendo. Ese día nevó, ¿Recuerdas? Casi no había un alma en esa zona. Yo creo que los evacuaron a todos. Lo tenían todo planeado, ellos sabían que Theodore iba a estar allí. Sigo pensando que alguien más lo delató.

—Obviamente —dijo Elliot— De todos modos, fue muy estupido el cómo dejó que lo emboscaran, se había escondido muy bien todo ese tiempo ¿Por qué aparecer donde sabía que podían atraparlo?

—Quién sabe —respondió Andrew— cosas de Nott.

—Cosas de Nott —dijo su hermano, haciendo una mueca.

—¿Cosas de Nott? —preguntó Amira.

—Tú sabes —dijo Elliot— Cosas de Nott.

Andrew soltó chiflido burlón— No, mirale la cara. No sabe. Definitivamente no sabe.

—¿Qué es lo que no sé?

—Acerca de lo raros que son siempre los Nott, haciendo lo inesperado —dijo Andrew con una mueca— de eso hablamos.

Amira se cruzó de brazos— No me parecen raros.

Elliot soltó un bufido— Ahora parecen normales, pero antes… bueno, digamos que Theodore no entra en el saco, no del todo. Pero Philip… bueno, sus escándalos nunca salieron en el Profeta, pero sí se contaron de oído a oído.

—¿Y que se supone que hizo? —dijo casi chiflando por la incredulidad.

Elliot y Andrew se miraron de reojo, entonces, Andrew levantó las manos mientras Elliot se puso de pie y fue hasta donde ella estaba y se sentó a su lado y se acercó lentamente a ella y en un susurro le dijo:

—Se casó con su hermana.

Amira soltó su vaso y derramó el líquido en el suelo.

Ambos Mulciber echaron a reír a carcajadas.

—Mira su cara —dijo Andrew en una carcajada— Merlin, que divertido.

Amira, se agachó y levantó el vaso para ponerlo sobre la mesita— No es divertido —dijo ella.

—Claro que lo es —dijo Andrew usando su varita y limpiando el suelo, pero Amira continuaba seria.

—No, es una broma de mal gusto y todos lo saben. Solo otro rumor más para hacer quedar mal a los Nott —dijo ella— Alyssa Nott si tenía el apellido antes de casarse porque fue criada por Philip. Según la costumbre de los Sangre pura, cualquier bruja o mago criado por una familia, pertenece a esa familia, solo era un título.

—En su tiempo, cuando Alyssa era niña, Philip la presentaba como su hermana. —dijo Elliot— Todo el mundo sabe eso.

—Porque era lo que se suponía que debía de hacer —dijo ella— según la costumbre de los Sangre pura…

—Los Sangre pura adoptan magos cuando sus familias corren riesgo de desaparecer y necesitan poner algo de sangre nueva para una generación futura, no para casarse con ellos.

Amira hizo una mueca— Aún así, sigue siendo totalmente posible. El escándalo solo se trata de malinterpretación.

—Dices eso porque no has oído la mejor parte…. ¿Sabes por qué Philip tuvo que adoptar a Alyssa?

—La guerra diezmo a los Nott —contestó ella.

—No solo los diezmo. Los acabó —dijo Andrew— Comenzó en la primera guerra mundial Muggle, una rama menor de los Nott, la que quedaba en Noruega desapareció, igual que la segunda gran rama que estaba en Alemania, dejando oficialmente como únicos sobrevivientes a la rama principal, donde Philip acaba de enterrar a su padre."El último Nott", así lo llamaban. Aunque si todo eso no hubiera pasado… nunca nadie se habría enterado de nada.

—¿Enterarse de qué? —preguntó ella.

—De dónde venían las parejas para la rama principal —murmuró Elliot con una expresión oscura— ¿No te suena este dicho? "Reconoces a un Nott con solo verlo". Tú solo has visto dos, pero antes había más y todos eran malditamente parecidos. ¿Acaso eso no suena extraño y bizarro?

Amira ocultó un escalofrío— ¿Estas diciendo que…?

—¿Que los Nott se "mezclaban" solo entre ellos? —preguntó Andrew con una sonrisa— Porsupuesto que si. ¿No has visto los Elfos que tienen los Nott? lo normal es que se dispersen según las familias se van mezclando, pero como ellos no se mezclan terminan acumulandolos. Ahora tienen cuatro, pero antes de la segunda guerra tenían seis.

—Y no es nada del otro mundo —dijo Elliot encogiéndose de hombros— muchas familias lo hicieron, en secreto, pero lo hicieron. Si no se hiciera, la "Pureza de la Sangre" sería un chiste. Aunque claro, lo de Philip fue más escandaloso. Aunque no fuera realmente su hermana, definitivamente debieron compartir algo de sangre y que se parecieran tanto solo lo hacía peor. Los rumores aseguran… que su intención era mantener a Alyssa como "hermana" mientras él conseguía a otra bruja como novia. —Amira le miró incrédula— Todo es cierto. Después de todo, ese fue el primer intento de Antón de emparentar con Nott, quería casarse con Alyssa; pero claro, Philip lo rechazó y en su lugar emparejó a Alyssa con Augustus Taylor, el mago que era su mano derecha aquel tiempo.

—Pero Philip no encontró ninguna novia, así que luego los desemparejo y se casó con ella. Bizarro y escandaloso ¿No crees? —preguntó Andrew.

"Augustus Taylor" pensó ella, con el estómago hecho un nudo "El padre de Frederick". Y entonces recordó que Frederick le dijo una vez que hubo un tiempo en que su padre habría dado la vida por Philip, pero que pasó "algo" y ya nada fue igual. Cuando Amira le preguntó qué era ese "Algo", él solo dijo "De eso no se habla".

—¿Philip obligó a Alyssa a ser su esposa? —preguntó ella descorazonada.

Elliot y Andrew se miraron.

—¿Quién sabe? —dijo Andrew encogiéndose de hombros.

—Hay quien dice que sí —murmuró Elliot— y hay quien dice que no. Y otros… dicen que no importa, ya que después de todo, Alyssa estaba loca.

—No, idiota, lo de enloquecer fué luego. —corrigió Andrew y mirándola a ella después— Alguien maldijo a Philip y por eso todos sus hijos nacían muertos. Eso enloqueció a Alyssa Nott. Por eso al final abandonó a Philip.

—No —dijo Elliot— eso fue por lo de la Francesa.

—Im-po-ssi-ble —dijo Andrew.

—¿Quien lo asegura?

—¡No tiene sentido!

—¿Que francesa? —preguntó Amira, sirviendo más alcohol y dándole una copa a ambos hermanos, quienes las vaciaron al instante.

—La sobrina —dijo Elliot— la sobrina de Philip, otra Nott de sangre, el último resquicio de una olvidada rama Francesa. Philip y Alyssa la adoptaron. Ella iba a ser su sucesora.

Amira entornó los ojos— ¿Sucesora...?

—Aja, la francesa. La sobrina rebelde, la traidora —dijo Andrew, sirviéndose otra copa el mismo— el nombre… no se pronuncia, si lo haces, Philip se entera, te encuentra y te maldice en secreto, eso si eres ajeno al Dominio. Pero si eres del Dominio, dile adiós a tu linda lengua —dijo riendo— ¿No te lo dijo nadie? Ese tipo es un maldito monstruo.

Elliot también estaba bebiendo otra copa— Ahora, prepara tus oídos para el rumor máximo, uno que ya no oirás en ningún lado porque hoy en día hasta los rumores se censuran —dijo lastimeramente— Escucha bien, escucha atentamente —el mago se acercó a ella, tanto, que Amira podía sentir el alcohol de su aliento sobre su nariz— Hubo un tiempo en que se decía… que Theodore no era hijo de Philip, sino de la sobrina francesa, que por eso ella huyó lejos antes de que Philip se enterara... Merlin sabe quien se supone que era el padre, o si se sabía y que era precisamente por eso que Philip se enfadó tanto, porque era igual que traicionar a la sangre. La preciada sangre que estaba por extinguirse. Dicen que la encontraron dos años después en Albania, sola. Se la entregaron a Philip y él se la llevó a su Dominio para torturarla y arrancarle la información de donde es que había escondido a su bastardo, que lo consiguió y que de allí es de donde vino Theodore, el milagroso hijo único de Philip.

—Im-po-ssi-ble. —dijo Andrew, Elliot solamente rodó los ojos— Definitivamente es suyo.

—Philip está maldito ¿Cómo podría ser su hijo? —dijo incrédulo y sacudiendo la cabeza— Nadie puede asegurar que lo sea.

—Yo puedo.

—Patrañas —contestó Elliot.

—Tú no estuviste allí —le contestó Andrew, luego se volvió hacia ella— El tipo es un monstruo. Un monstruo que no duda cuando se trata de traición. Nadie se ha salvado de eso, ni siquiera Alyssa, porque cuando ella lo abandonó y él se hizo cargo… bueno, digamos que "viudo" fue su nuevo estatus. Esa es la fama de Philip Nott, despiadado. Sin excepciones. Pero… escucha lo que te voy a contar —Andrew volvió a beber— …cuando sucedió el ataque al Ministerio, todo daba a entender que Theodore le había dado la espalda a Philip. Dos días después del ataque, mi tío me pidió que lo acompañara a Azkaban a ver a "un viejo amigo"; a Philip. Yo sabía de él por las historias, pero nunca lo vi tan de cerca… menos de ese modo, demacrado y atado con cadenas que restringen la magia a una silla enorme. Mi tío estaba seguro de que estaba desesperado y que quería pactar con nosotros para ayudar a atrapar a su rebelde hijo. Mi tío sacó su lado ambicioso ese día y sugirió poner a Theodore bajo nuestra tutela para asegurarse de que fuera obediente mientras Philip continuara en Azkaban, creyendo que seguramente a él no le importaría. Philip no dijo nada, solo miró a mi tío y luego a mi. Después… dijo que iba a fingir que no habíamos sugerido nada de eso, pero que seguramente de todas maneras mi tío lo iba a ignorar e idear algún astuto y ambicioso plan para embaucar a "Su hijo". Que Theodore era joven y algo inexperto, que seguramente podríamos doblegar su voluntad amenazandolo del modo adecuado… Que podíamos, pero que no debíamos… porque un día él saldría de Azkaban y se encargaría de recordarnos la conversación que estábamos teniendo en ese momento. Repitió las condiciones del acuerdo, dejando muy claro que no debíamos tocarle siquiera un cabello a su precioso hijo, luego dijo que eso era todo —Andrew se bebió otra copa— Soy cazador, Amira, he cazado en Centroamérica y en el Amazonas donde todo es muy salvaje. Las bestias son más amenazantes cuando tienen criaturas. Y la forma en la que Philip nos miraba me recordó a una ese día. Definitivamente es su hijo.

—Eso sigue sin probar nada —dijo Elliot— y de todos modos, sigue quedando la otra posibilidad —Andrew se encogió de hombros y Elliot continuó— es otro rumor viejo de esos que ya no escuchas, pero otros dicen… que Philip iba a deshacerse de Alyssa y casarse con su sobrina, después de todo, la esposa actual era "la hermana". Puede que el buen Philip se haya saltado la parte del matrimonio. —dijo con una risa siniestra— Tendría más sentido que fuera por eso que Emma huyó. También explicaría por qué Alyssa abandonó a Philip y se llevó a Theodore con ella tiempo después.

—O solo estaba loca —dijo Andrew.

—Como sea —dijo Elliot mirándola sugerentemente— quien sabe que pasó detrás de esas paredes, allá tan lejos en Noruega. Ustedes la deben conocer como "Casa del Oeste", allí es donde Philip crió a Alyssa y continuaron haciéndolo luego de casados, seguían viviendo allí cuando la sobrina llegó. Dicen que por eso Philip ya casi nunca va a Noruega y deja que los Darke se hagan cargo de todo.

—¿Quién sabe? Los únicos chismes que llegaban de allá era de los Greengrass, Antón tenía una casa de Verano cerca de la de Nott, la compró cuando quiso acercarse a Alyssa y prácticamente vivió allí cuando estaba intentando ser sobrino político de Philip —dijo Andrew en una risa burlona.

—¿No fue allí donde se mató la primera esposa de Antón? —preguntó Amira en un hilillo de voz.

—Exacto. Antón no tiene sangre en la cara. —dijo Elliot burlón— Por eso no me extraña que inventen tantos rumores de una de sus hijas siendo novia de Theodore. Sin embargo… eso no cambia el hecho de que Theodore pudiera tener una. —luego la miró a ella mientras se bebía otra copa lentamente— Tengo tanta curiosidad… —se terminó su copa y se puso de pie— Vamos a bailar —dijo como si fuera una orden.

Amira sintió un escalofrío, pero en su lugar solo le sonrió— ¿Con los muggles? —dijo despectiva, como si eso fuera a resolver todo— no gracias.

Elliot sin embargo, se agachó hacia ella— Pero si a ti te gustan los Muggle. Después de todo… ¿No has ido a teatros Muggle tantas veces?

Amira sonrió de nuevo— Eso no quiere decir que me gusten los Muggle.

—Oh, entonces debió ser por la compañía, claro —dijo sonriendo perversamente— tiene sentido. ¿Por eso te deshiciste de Taylor? Seguramente sí. Mejor la cabeza que un sirviente ¿no?. Alguien de tu calibre como acompañante de Nott, que pintoresco, seguramente estabas feliz de hacerlo.

—¿Mi calibre? —preguntó Amira, totalmente seria.

Andrew se removió— Elliot…

Pero Elliot Mulciber ignoró a su hermano— Si, tu calibre, preciosa Amira. La mayor zorra de Beauxbatons. Por eso no pudiste quedarte en Francia ¿O no? Por tu fama. ¿No fue por eso que volviste a usar el apellido de tu padre y regresaste a Inglaterra? ¿Cuántos fueron los embaucados? ¿Tres? ¿Cuatro? ¿Media escuela, como dicen los rumores?

Amira lo abofeteó.

—Conozco la salida —dijo ella poniéndose de pie.

Estaba segura de que Elliot estaba a punto de sujetarla del brazo, pero Andrew le detuvo y Amira solo echó a andar más rápido. Alcanzó a escuchar como Andrew le recriminaba. "¿Y si ella es la novia?". Amira ni se preocupó de cerrar la puerta a su espalda. Solo quería salir rápido de allí, mientras viejos recuerdos volvían a atormentarla. Camino por el pasillo de terciopelo, pero antes de que alcanzara la salida hacia las escaleras, una mano la sujeto con demasiada fuerza y prácticamente la estampo contra la pared de terciopelo.

—¿A dónde demonios crees que vas? —preguntó Elliot Mulciber, rabioso y acorralandola, atrapando el brazo sobre su cabeza con mucha fuerza— ¿Quién te dijo que podías irte?

—¡Suéltame! —dijo ella, sintiendo el fuerte aroma del alcohol en su aliento, apartando la cara e intentando liberarse— ¡Que me sueltes!

—¿Si no lo hago qué? —dijo él. Amira intentó alcanzar su varita, pero Elliot se dio cuenta y alcanzó su varita primero. Un escalofrío la recorrió cuando su mano no se movió de su pierna— ¿Que tenemos aquí? ¿Qué? ¿Vas a maldecirme? —dijo incrédulo— ¿No se suponía que éramos amigos?

—Theodore va a enterarse de esto, se lo voy a decir. Mi familia. Todos. No quieren problemas con los Nott ¿O sí?

—¿Nott sabe lo de Francia? —dijo susurró al oído— ¿le va a importar que juegue un poco con su zorra dorada luego de que le cuente todo lo que se? Zorra dorada ¿Así te llamaban, verdad? —dijo burlón— No creo que tú seas la novia, cuando mucho un juguete bonito y usado. Además, Theodore es como Philip. ¿Qué le va a pesar más? ¿Una bruja insignificante con quien ya jugó o aliados que realmente necesita? Y aunque le importara, créeme, es a Theodore a quien no le conviene darnos la espalda. Ahora… ¿Vamos a bailar?

Amira sintió ganas de llorar de impotencia. El brazo le dolía, pero más le dolía el orgullo. Cada palabra dicha.

—No pongas esa cara, será divertido. Nada que no hayas hecho antes y...

De pronto, fue como si una fuerza invisible golpeara a Elliot en la cabeza, pues su cara dió vuelta y fue directamente hacia el suelo. Amira apenas pudo reaccionar, pues cuando intentó moverse, algo la sujetó de la mano y pronto sintió el tirón de la aparición.

En un parpadeo todo a su alrededor cambió y ahora ya no estaba rodeada de terciopelo ni olor a tabaco, sino en medio de un ambiente pequeño y algo oscuro, solo iluminado por una pequeña lámpara amarilla de pared. Aún confundida, apenas pudo reaccionar cuando en frente de ella, aparecía primero una cabeza, como si se materializara en el aire y lentamente el resto del cuerpo. Era Nate Jeremiah, quien estaba anulando la invisibilidad que le aportaba el traje de asalto de la primera línea.

Amira entornó los ojos— ¿Cómo...?

Nate se veía culpable— Edward me pidió que te vigilara cuando tuvieras que reunirte con los Mulciber. En secreto. Pero estoy seguro de que cuando le expliquemos la situación, entenderá porque tuve que intervenir.

—¿Vigilarme? —preguntó ella— ¿Acaso Edward no confía en mí?

Nate apartó la cara— En realidad… Yo lo sugerí.

—¿Le sugeriste a Edward que yo no era leal? —dijo ella, comenzando a enfadarse— Solo he intercambiado cuatro palabras contigo ¡¿Cómo te atreves?!

—No fue por eso… yo solo… —dijo él, aún sin mirarla.

—¡Al menos mírame cuando te estoy hablando!

—Tu vestido —dijo él— Cuando se cayó, Elliot debió… —todavía sin mirarla, Nate se sujetó a sí mismo el cuello de su uniforme.

Amira se dio cuenta entonces de que algunos botones del escote se salieron. Ella se cubrió al instante y le dió la espalda. Mientras colocaba los botones en su lugar, se miró la muñeca, las marcas moradas que estaban comenzando a aparecer allí donde Elliot la sujeto. Luego, se miró la falda, también desarreglada y algo subida allí donde su varita estaba sujeta. Amira se arregló la ropa cuanto pudo, pero era como estar sucia. Quería darse un baño y quemar su ropa. Rápido.

"Pero eso no va a arreglar nada ¿O sí?" pensó, comenzando a sentir que podría llorar.

"La zorra dorada de Beauxbattons" pensó.

Amira se sujetó la cabeza e intentó no pensar en eso. Pero las lágrimas estaban comenzando a salir sin poder detenerlas.

—Necesito otra ropa, más decente —dijo ella con la voz afectada— deje la mía en la casa de Campo, no puedo ir a casa así. Tía Agatha seguramente está esperando, va a sermonearme si me ve así. No quisiera escucharla.

—Deberías decirle lo que acaba de pasar —dijo Nate.

—Vive en el siglo diecisiete. No me creerá.

—¿Por qué no lo haría?

Amira se dió vuelta y lo encaró— Me estabas vigilando ¿Acaso no lo oíste? En este precioso mundo mágico la reputación lo es todo —dijo con rabia— En el imposible caso en que fuera a apoyarme, ¿Qué crees que va a pasar después? Querrá explicaciones de los Mulciber y entonces ellos van a decirle en la cara lo de Francia y de por qué regrese, lo dirán públicamente —las lágrimas quemando en sus mejillas— ¿Pero sabes qué? Lo peor no es que se lo digan, si no que ella va a confirmar lo que también oyó y nunca tuvo valor de preguntarme. Porque lo sabe. Estoy segura de que lo sabe, solo finge que no —ella se pasó una mano por los ojos para limpiarse las lágrimas— casi puedo oírla. Seguramente un sermón acerca de que mi actitud es lo que provoca todo lo que me ocurre, el sermón favorito de toda buena sangre pura. Mi culpa —dijo, con nuevas lágrimas inundando sus ojos— todo siempre es mi culpa.

La culpa, el llanto y el dolor la consumieron, pensando en que todo iba a comenzar de nuevo. Los rumores, las miradas despectivas. El chantaje. Los resultados de sus malas decisiones persiguiendola y no dejándole un gramo de paz. ¿Que iba a hacer ahora? ¿Desaparecer e irse a vivir otro país?. Luego miró al mago frente a ella. Nate Jeremiah, la vigilaba con apoyo de Edward y seguramente se lo contaría todo. Edward era un informante así que no sería difícil para él confirmarlo. Luego, seguramente se lo diría a Theodore y él la despreciaría también. Serafina también se enteraría… Serafina, Amira la respetaba y admiraba tanto… no soportaría que la mirara diferente…. ¿Y Frederick? tarde o temprano, seguramente también se enteraría ¿Que iba a pensar Frederick?

"Sabía que esto iba a pasar en algún momento" pensó, llorando aún más y diciéndose a sí misma que había hecho bien en alejarse de él hace tiempo. Tarde o temprano, solo iba a arruinar su nombre.

No se dió cuenta en qué momento pasó, solo sintió que estaba siendo rodeada por algo cálido. Cuando Amira alzó la cara, solo vio al mago mover su varita y una capa asentándose sobre sus hombros. Ella sujetó las solapas y se abrazó a sí misma, cubriéndose por completo. La capa le cubría hasta los pies.

—Sugerí que teníamos que vigilarte porque conozco a esos hermanos, creo habertelo dicho una vez, en una fiesta en la que intercambiamos una conversación, pasó hace mucho y tal vez no lo recuerdes. Puede que yo no tuviera derecho de intervenir… —dijo dudoso— Incluso Edward dijo que eras muy capaz de manejarlos por ti misma y que yo exageraba, pero los conozco. Se cómo son, cómo actúan. —dijo indignado— Nada es tu culpa, es solo la excusa que ellos usan para hacerte pensar que si lo es —el mago agachó la cabeza— espera aquí, conseguiré ropa para que puedas cambiarte.

—No le digas a Edward lo que oíste, por favor —dijo ella en un susurro.

—No le diré si no quieres —le contestó— pero lo subestimas. Él investiga a fondo a todo al que Theodore tiene aprecio. Probablemente ya sabe y conociéndolo, no cambió su opinión acerca de ti. —Nate la miró con una mezcla de compasión y algo más— Creo que por eso me agrada el Dominio de Nott. A la mayoría de aquí, no les importa quien seas, de donde vengas o que hayas hecho, al final solo importa cuánto tienes para dar y puedes recibir protección a cambio. Parece un acuerdo frío pero en este mundo es algo a lo que muchos no pueden alcanzar. A pesar de todo cuanto hemos pasado en el Dominio, probablemente eres una de las personas más leales que he conocido y por eso pienso que eres valiosa. Siempre tendrás mi respeto, y si la aceptas, mi amistad.

—Ya que somos amigos —susurró Amira mientras se estrujaba la cara para quitarse las nuevas lágrimas, pero sintiéndose mejor— Antes de ir a casa, ¿puedo darme un baño? —preguntó con la voz rota y sintiéndose pequeña.

—Porsupuesto —contestó el mago.


"Todo el mundo se descontrola al menos una vez. Nadie puede ser perfecto en todo."

Theodore miraba al techo mientras lo recordaba, ella le había dicho eso, irónicamente, en el tono perfecto y momento perfecto. A él le gustó cada palabra. Había querido besarla tanto en ese momento pero había sido tan bestia antes que no quería incomodarla, menos en ese momento. Al final se conformó con besarle la mano.

"Es cierto" dijo en un suspiro cansado, el descontrol era la constante en el mundo. Pero Theodore no podía permitírselo y por eso es que se sentía en deuda y puede que, aunque no quisiera admitirlo, hasta maravillado por el cómo ella reaccionó. Paciencia, calma, atención, tranquilidad, cuidado… cariño. Paz. Quería más de todo eso. Lo quería tanto que si alguien pudiera ver su mente en ese momento seguramente se asustaría de cuánto lo deseaba. El mismo estaba comenzando a asustarse, pues tenía que reconocerse a sí mismo que durante el par de semanas que había pasado, había sido demasiado pegajoso, pero no podía evitarlo.

En la escuela, Theodore simplemente se sentía demasiado ansioso por todo. Quería verla todos los días, pero solo en clases o durante las comidas no era suficiente, así que se encontraban en la sala de Menesteres todos los días al menos una hora o si no terminaban pasando la tarde haciendo deberes. Era como si necesitara comprobar su presencia tocándola con las manos desnudas.

Últimamente, tenía un sueño recurrente en donde Hermione caminaba a su lado, tomados de la mano en medio de mucha gente y de la nada, ya no estaba y sus manos solo sujetaban aire. La buscaba y la llamaba, pero había demasiada gente haciendo ruido y no la encontraba, al mismo tiempo que se sentía miserable, pero luego la angustia lo volvía loco y terminaba hechizando a las personas para que se callaran de una maldita vez para seguir llamándola, pensando que así ella seguramente lo escucharía.

Esa sensación… o algo parecido, ya la había experimentado antes cuando ella le hizo esa jugarreta en la Sala de Menesteres, desapareciendo en un segundo. Lo primero que pensó fue que ella tuvo un accidente con el Armario de Draco y lo segundo fue que tenía que ir a arrancarle la cabeza por eso, porque era su culpa. Estaba camino a hacerlo cuando al final se le ocurrió que podía buscarla de otro modo.

Cuando se trataba de Hermione era demasiado impulsivo y actuaba sin pensar. Eso… era insensato en todos los niveles.

También tenía otro tipo de sueños, pero prefería no pensar en ellos y por su propia cordura, fingía que nunca pasaron.

Theodore se frotó los ojos con las manos.

Draco… ¿Que iba a hacer con Draco?

Zabini le contó de su última jugarreta, demasiado directamente, como si esperara algo. Con tantos rumores no podría descartar que sospechara algo y solo por eso se había mantenido quieto y no había hecho absolutamente nada; pero quería preguntarle a Draco porque molestaba a Hermione de esa manera.

¿Zabini tenía razón y era una especie de gusto culposo? ¿Sospechaba algo y era una especie de venganza por haber besado a Astoria? ¿Iba a hacer algo más después? ¿Algo peor? Porque después de todo… ya lo había hecho antes.

Theodore volvió a mirar al techo e hizo una mueca, volvió a cubrirse la cara. Cierto día, algo pasó con Potter en el desayuno, Hermione le estaba dando las usuales palmaditas de compasión, pero en cierto punto, vió como ella ponía inocentemente su mano sobre la suya y le decía algo que seguramente le hizo sentir mejor, pues Potter se mostró más tranquilo.

Ellos tenían Aritmancia ese día y como siempre hacían parejas para resolver problemas, antes de la clase, en un impulso Theodore encantó la puerta del baño donde O'Neil había entrado, encerrándolo para así quedarse sin pareja de clase. Para terminar el trabajo sucio, lanzó un confundus sobre Patil, la pareja de Hermione. Al final, la profesora Vector sentó a Hermione junto a él en los lugares del final del aula; cuando se fijó en que ella se veía relativamente nerviosa pero mirándolo de reojo de rato en rato, supo que a ella no le disgustaba esa situación. Theodore incluso se atrevió a deslizar su mano hacia la de ella, atrapándola y entrelazando sus dedos por debajo de la mesa. Ella no se opuso, pero su rostro se puso muy rosa y él se sintió muy satisfecho. Más tarde, en la sala de Menesteres, no hicieron nada de tarea y se la pasaron besándose y abrazándose hasta que Theodore pudo quitarse de encima la imagen de ella tomándole la mano a Potter.

Sin quererlo, Theodore suspiro.

"Debo estar perdiendo la cabeza" pensó fugazmente, pero era algo que nunca admitiría en voz alta.

Unos golpecitos en la puerta le devolvieron a la realidad.

—Adelante —dijo sin moverse un centímetro.

—Hola, hola —dijo Edward entrando campante— ¿Qué tienes en...? —preguntó extrañado.

Theodore, con la cabeza aún recostada sobre el sofá le miró de reojo— ¿Qué?

Edward entrecerró los ojos, pero luego sacudió la cabeza y levantó las manos— Nada, nada —dijo con una sonrisa radiante— bueno, entre otras noticias, finalmente conseguí comprar a los guardias que me faltaban. Ahora si tenemos todos los turnos cubiertos y sabremos con quien se reúne Philip en cada momento del día.

—Bien —dijo Theodore— Necesito que a partir de la próxima semana acompañes a Frederick a las reuniones del Lord.

— ¿Yo? —La sonrisa en el rostro de Edward desapareció— Pensé que continuaría vigilando el Dominio…

—Encargaré la tarea a alguien más.

—¿A quién? —preguntó de inmediato.

—Prefiero guardar ese detalle.

Se notaba a leguas que Edward quería expresar su indignación, pero en su lugar se removió en su silla y pareció calmarse con eso— ¿Por qué debo ser yo? Algo me dice que mi presencia podría molestar a algunos miembros de esa reunión —dijo sugerente— Te haré ver mal.

—Van a ver cambios. —dijo— Tengo oídos de confianza en todos lados, menos allí. Confío en que Frederick es buena marioneta, pero es bastante rígido en ocasiones y necesito que alguien le sugiera las decisiones adecuadas para no cometer errores. Si envío a alguien más, estoy seguro de que dudará. Pero si eres tú la situación es diferente. Te escuchará.

—¿Cambios? ¿Qué cambios? —preguntó Edward— ¿Lo decidiste finalmente? ¿No iremos a la guerra?

Theodore volvió a mirar hacia el techo.

—Ese rumor ya está en todos lados. Fue mi padre, obviamente. —contestó— Pensé que no importaba porque creí que nadie quería ir a la guerra, pero al parecer subestime a mis magos. Al parecer si quieren ir a la guerra, al menos casi la mitad de ellos y ahora creen que me he vuelto blando. Serán los primeros en traicionarme para darle el poder de vuelta a mi padre si se los permito.

—Entonces…. —Edward esperaba ansioso y al mismo tiempo, cauteloso.

—Dije a mi padre que no iría a la guerra por él, así que supongo que lo adecuado es ir por mi cuenta.

Edward suspiró— Sabes que pienso, la guerra no es….

—No tienes que repetirlo. No tiene sentido hacer la guerra si no hay un motín. Tengo la Red Flu. El Lord tendría que darme la mitad de Inglaterra para hacer que valga la pena el esfuerzo y conseguir que yo considere abandonar la neutralidad y unirme a su causa. Pero si no lo hago, entonces soy un traidor, alguien que no está de acuerdo con la supremacía de la sangre. Un falso purista —dijo con aburrimiento— eso tampoco me conviene.

—¿Entonces si iremos a la guerra?

—Actuaremos como si fuera lo que planeamos —dijo Theodore— En su momento, si nos conviene, nos uniremos. Si no, necesitaremos la mejor excusa para que sea el Lord quien nos haga a un lado. —miró a Edward sugerentemente— siempre has sido bueno para incomodar, algo me dice que puedo dejarte eso a tí. Y claro, tienes todo mi respaldo.

Edward asintió, pero no parecía muy convencido— De acuerdo, Theo —murmuró— ¿Puedo preguntar algo?

—Adelante.

—Dices que al menos casi la mitad de los magos del Dominio quieren ir a la guerra… lo que da a entender que el resto no está de acuerdo —dijo lentamente— Theo, estás diciendo que sabes que la mayoría no quiere ir a la guerra… ¿Pero planeas hacer creer a todos que irás? ¿no es esa una apuesta demasiado arriesgada?

Theodore alzó una ceja— No hay riesgo. El primero que me desobedezca será el ejemplo para los demás. —contestó.

Edward soltó una risa involuntaria, pero luego se contuvo— ¿Alguna vez has perseguido ratas?

—¿Ratas? —repitió contrariado— ¿Que tienen que ver las ratas con esto?

—Ratas, Theo. Una plaga de pequeños animales aparentemente asustadizos y que se esconden todo el tiempo para no tener problemas. Cuando las obligas a salir, corren como locas… pero cuando las acorralas… algunas de ellas, en lugar de encogerse a esperar lo inevitable, saltan hacia ti para morderte la cara —Edward negó con la cabeza— Theo… Harás que tus magos, la mayoría, decidan entre participar en una guerra que será sangrienta por un mago conocido por ser despiadado o arriesgarse a probar tu compasión… compasión que ya decidiste que no tendrás. ¿Cuántos "ejemplos" darás hasta que tus magos crean que ha sido suficiente y alguien decida que lo mejor sería destronarte?

Theodore frunció el ceño— Sí me destronan, tendrán que recibir a mi padre. Todo el mundo siempre ha dicho que a él en crueldad no le gana nadie. A mi me parece que me preferirán a mí.

Edward apretó los labios, como si se estuviera conteniendo— No precisamente. Theo… en el peor caso, podrías estar a una traición de que el Dominio deje de llamarse "Nott".

Theodore no pudo evitar reírse, como si Edward le hubiera dicho una broma estúpida— A veces eres realmente gracioso. —dijo divertido, pero el mago frente a él no se rió, obligándolo a ponerse serio de nuevo— Mi familia ha estado aquí por tantas generaciones que ni siquiera se puede calcular cuando inició exactamente —dijo comenzando a ponerse molesto— y seguimos aquí. Yo seguiré aquí.

—Theo, se te detienes a considerar…

—Es todo, Edward —dijo solemne y demandante.

El mago, sin embargo, no se mostró obediente. Sus ojos ardían en rebeldía, pero solo un instante. Por supuesto, Edward siempre terminaba haciéndole caso. No se atrevía a no hacerlo.

—De acuerdo —dijo alegre y sonriente— será como dices. Estoy de tu lado y siempre he obedecido todo lo que has mandado Theo, siempre ha sido de ese modo hasta el más mínimo detalle y siempre pensando en lo que te beneficiara. —dijo como si se halagara a sí mismo— Incluso deje de enviarle cartas a Hermione, como pediste. Me escribió hace una semana preguntando si acaso tuve problemas luego de que ella revelara que compartiamos correspondencia, pero yo te cubrí perfectamente.

Theodore apartó la mirada— Bien hecho.

—Si, fue lo mejor. —dijo Edward, como si quisiera alargar la conversación— Los rumores de tí y una novia se han vuelto bastante turbulentos en los últimos días. Nada que no se pueda controlar, sin embargo… mantener el perfil bajo no está de más.

—Ya lo sé —dijo incómodo.

—Ajá… pero de todas maneras debe ir todo bien —contestó, mirándole sugerente— ¿Te has visto el cuello? —Theodore se volvió hacia él de inmediato, Edward mientras, le miraba acusador— estabas con la cabeza hacia atrás, la vista perfecta para notarlo. Ten más cuidado con esos detalles, niño.

Theodore mientras, al sentirse regañado, por inercia se llevó la mano al cuello de la túnica y la arregló, aunque no lo necesitaba en realidad. La vergüenza era extraña.

—Hay ungüentos para arreglar esos descuidos —dijo Edward sonando de pronto cansado— tendré un frasco para tí para tu próxima visita, no intentes conseguir uno por tu cuenta, nunca se sabe quién podría estar vigilando y si te pescan solo aumentaría el rumor de la novia. Mientras, evita los lugares vistosos. Ambos ¿No quieres que le digan cosas hirientes a esa señorita o si? Además… —Edward dejó de hablar un instante, pero luego le miró con los ojos entrecerrados y acusadores de nuevo— Un momento. Merlin. Debería también conseguir pociones para ella. ¿O viene siendo tarde para...?

—Suficiente —dijo Theodore, recuperándose del regaño inicial— el ungüento es suficiente.

Edward se mantuvo en silencio evaluativo, pero solo un instante— Conseguiré una revista educativa para ti. Podemos hablarlo luego de que la leas.

—No gracias, mi padre ya me educó —contestó evitando mirarlo— Una larga charla incomoda cuando cumplí catorce, por si te interesa saber.

—Seguro que sí, pero seguramente Philip no podía sospechar que terminarías involucrado con una chica Impura —dijo Edward sonando irritado— ¿Crees que hablar de sexo es incómodo? Te diré, hablar acerca del consentimiento lo es mucho más. Algo me dice que en tu caso lo será. Porque eso tiene muchas variantes y antes de pasar a otra cosa más allá de marcas en el cuello, deberías de dejar en claro a esa señorita lo que les deparará el futuro, pues si tienes un gramo de respeto hacia ella, es lo que vas a hacer —Edward se puso de pie— Las mujeres son quienes permiten que algo suceda o no, pero deben hacerlo en base a la verdad y no en la confianza ciega que tienen en la persona en la que han decidido confiar.

Theodore no dijo nada.

—¿Philip habló de algo como esto también? —preguntó entrecerrando los ojos— Ya lo creo.

Edward se dio vuelta y se marchó en silencio.

Theodore se puso de pie también, caminó hacia el mueble con espejo que había en la habitación y se abrió los botones del cuello de la túnica. La marca rosa en su piel pálida era bastante obvia, la rosó con los dedos sin poder evitar recordar cómo es que llegaron a eso, cómo es que Hermione le beso el cuello hacía dos días mientras estaban recostados en el sofá y cuando él le preguntó qué estaba haciendo, ella solo lo miró avergonzada y al mismo tiempo… bueno, era esa mirada. Él le había dicho que sabía lo que hacía y que siguiera… pero solo si iba a dejar que él le hiciera lo mismo después. Disfruto ambas, así que fue un ganar ganar… o más que eso. Llegó a soltar el primer botón de su bluza, con la excusa de que si le dejaba una marca, no fuera visible en su cuello y en su lugar lo hizo en su clavícula.

"Debo estar perdiendo la cabeza" se dijo mientras se abotonaba la túnica y soltaba otro largo suspiro.

...

Le gustaba tocarla. En el buen sentido de la palabra y sin siquiera ser tomado como algo perverso. Pero le gustaba tocarla… lo que explicaba el porque no le gustaba que otros lo hicieran, fuera cual fuera la situación. Era un tanto confuso, en realidad, pues no debería importarle. Pero era importante. Para él lo era.

Tenían su espacio en la sala de los menesteres, sus libros bien cuidados, la alfombra color vino cómoda y suave, los almohadones mullidos. Algunas veces habían dormido en el sofá, pero cuando tenían que leer algo, se quedaban en el rincón de los almohadones.

De entre todos los lugares, le gustaba como se veía ella sobre la alfombra roja. Su piel no era tan pálida como la suya, pero destacaba contra el color rojo vino bajo ella, combinaba perfectamente con sus labios y mejillas rosas. También con su cabello, extendido en el suelo con sus rizos que aunque se veían desarreglados cuando ella estaba de pie, se veían gloriosos extendidos en el suelo. A Theodore le gustaba como ella lo miraba cuando terminaba de besarla. Los ojos entreabiertos con ese tono dorado brillante y la certeza implícita en ellos de que no tenía suficiente. Theodore tampoco, pero tenía que hacerse así. Debía de mantener el control.

Y lo tuvo, pero eso fue antes de que todo se volviera más íntimo. En un principio, Theodore culpaba a la biología, pues era consciente de que la deseaba. La deseaba demasiado. Pero en el fondo, sabía que no se trataba solo de eso, sino de cuanto estaba ligado a ella, de cuanto conocía de ella y de cuanto sabía que ella conocía de él. Si solo fuera biología, seguramente pensaría en opciones. Pero no quería opciones, la quería a ella.

Pronto los besos cortos escalaron y no fueron suficientes, ahora los largos besos solamente empeoraban todo. Más aún ahora, ya que aunque Hermione fuera tímida al respecto, Theodore ya sabía que ella se sentía igual que él.

Saber que alguien te desea de la misma manera que tú lo haces cambia abismalmente el contexto de todo. Sin control, las cosas podían ir hasta un punto de no retorno.

Pero a Theodore le gustaba tocarla. Apenas estaban cerca, de alguna manera encontraba la forma de hacerlo. Su mano, acomodar su cabello, su mejilla, chocar hombros. Rayaba lo obsesivo… pero ella le correspondía, así que continuaba.

Como hoy.

Habían comenzado leyendo un libro de encantamientos avanzados. Se habían sentado juntos para practicar el movimiento de varitas. Un encantamiento aquí… otro allá… antes de darse cuenta ya estaban de nuevo besándose, buscando su rincón sobre los almohadones y él prácticamente recostado sobre ella, buscando su cuello. Ella estaba usando falda, así que cuando ella flexionó las rodillas, dándole a él espacio para estar más cerca, esta se deslizó hasta muy por encima de sus piernas… él no pudo no acariciarla mientras observaba de reojo y volvía a besarla.

Hermione no reaccionó como en otras ocasiones, dando un respingo que alertaba a Theodore de que estaba yendo demasiado lejos… aunque siendo sinceros, eso era lo que hacía reaccionar a Theodore. Antes siquiera de pensar, ya estaba quitando el último botón de su camisa. Nunca le vio el estómago y por raro que sonara, quería ver cómo era su ombligo. Hermione llevaba una casi transparente musculosa debajo de la camisa y Theodore uso una de sus casi temblorosas manos para descubrir su estómago. Tenía un lunar cerca del ombligo y sin pensarlo, se agachó a darle un beso. Que ella soltara pequeños suspiros solo lo impulsaron a continuar y terminó repartiendo besos por todo su estómago.

Cuando se detuvo, se sintió turbado y buscó su rostro, pero la sensación sólo empeoró cuando ella había llevado una mano a su espalda y había comenzado a acariciarlo, mientras que con la otra estaba haciendo estragos en su cabello. El volvió a besarla con ganas. Le gustaba lo que ella hacía con su cabello, pero eso no lo dejaba pensar.

Pensó que ya era tiempo de tomar un respiro, pues le explotaría la cabeza si no. Hizo un esfuerzo titánico para elevar su torso unos centímetros, comenzando a separarse de ella, pero aun manteniendo el beso. Se paró en seco cuando noto las pequeñas manos de Hermione sobre los botones de su camisa, ya había deshecho uno. Le estaba mirando fijo cuando iba por el segundo. Se miraban el uno al otro con tal intensidad que era difícil de estimar que es lo que podrían destruir con la mirada. Theodore se apartó y se sentó sobre los almohadones, ella le siguió; aún sin despegar los ojos de los suyos. Él fue quien se rindió en esa batalla, agacho la mirada de nuevo hacia sus manos, a toda ella. Tenía los labios hinchados y la ropa desarreglada. Dos marcas rojas en su cuello, pero a él le gustaba como se veía eso.

"¿Qué te estoy haciendo?" Pensó.

Pero aún sin respuesta clara y sensata a esa pregunta silenciosa, quería seguir tocándola.

Hermione levantó una de sus manos y le tomó la mejilla; de nuevo acarició el cabello. Theodore cerró los ojos de inmediato, disfrutando esa caricia, incluso poniendo una mano sobre la de ella.

—Me gusta cuando haces eso —dijo sonriendo sin darse cuenta.

—Lo sé —dijo ella, podía sentir su respiración sobre su nariz.

Ella se había acercado a él y ahora lo besaba. Theodore no abrió los ojos, pero usó su mano libre para tomarla por la cintura y acercarla de nuevo a él, haciendo que ella se siente a horcajadas sobre sus rodillas.

Los besos de ella eran dulces, como suspiros y Theodore quería más, tomó el control y ella lo siguió. Le gustaba que ella le siguiera el ritmo. Siempre le seguía el ritmo.

Ella fue quien rompió el beso, casi haciéndole maldecir cuando lo hizo, pero ella ahora le besaba la mandíbula. Los botones que liberó hicieron que su cuello quedara descubierto, ella le besó allí. La sensación, por supuesto, era muy placentera… como cuando ella le acariciaba el cabello. Sabía que ella le marcaría el cuello otra vez, pero no le importaba demasiado; que lo hiciera si quería, él se concentraba únicamente en como se sentían sus labios sobre su cuello, besando y succionando.

Sus manos tampoco estaban quietas. Le desabotono el resto de la camisa y él pensó que a ese juego podían jugar dos. Él también se ocupó de la camisa de ella, iba incluso a quitarle esa musculosa que ella traía debajo, pero volvió a detenerse cuando se dio cuenta de que ella no estaba usando sujetador… solo usaba esa musculosa que se veía bastante pegada a su cuerpo, no necesitaba sujetador.

Theodore cerró los ojos y trató de pensar, pero ahora ella tenía sus pequeñas manos sobre su pecho. Eran cálidas y suaves. Más de lo que cualquier ser humano podría resistir.

Theodore prácticamente se dejó caer al suelo, sobre ella y besándole el cuello, marcandola también, luego perdiéndose entre sus labios y enredando sus dedos en su cabello. Quizá ese fue el error. Atraparla a ella bajo el mismo, semidesnudos ambos. Sintiendo su piel contra la suya. Eso era distinto a tocarla solo con las manos desnudas.

Theodore cerró los ojos con fuerza. Se estaba mareando, realmente lo hacía.

Haciendo acopio de su fuerza de voluntad intentaba apartarse, ya que lo que estaban haciendo era lo más parecido a sus sueños enfermos con Hermione, pero para él esto era mil veces mejor. Esto era real.

"Tengo que parar" se dijo a sí mismo, pensando en que era a esto a lo que se refería Edward. Tenía que parar y hablar con ella de nuevo. Se lo debía.

Theodore se apoyó sobre sus codos y lentamente, se apartó cuanto podía hasta sentarse sobre sus propias rodillas. Hermione estaba con los ojos cerrados, sus labios entreabiertos y su cabello desparramado sobre el suelo alfombrado. Ella se veía mortalmente hermosa de esa manera.

Entre un parpadeo y el siguiente, fue como si una imagen diferente se colara frente a sus ojos. También era ella, pero estaba de pie, no recostada. Estaban en la calle, rodeados de edificios y ella tenía nieve en el cabello… y estaba seguro de que era lo más bonito que él vió nunca. Y ella le dijo algo…. pero no alcanzó a oírlo, no realmente, pero lo hizo sentirse feliz.

"Lo más puro y bueno que tendré jamás" resonó en su cabeza.

Cuando volvió a parpadear, esa imagen y el pensamiento se esfumaron, pero el sentimiento de felicidad no desapareció.

Ella abrió los ojos y él pudo reconocer allí algo que veía en su espejo cada mañana luego de haber soñado con ella.

Vio el deseo.

Ella elevó una de sus manos, parecía estar llamándolo. O quizá solamente quería acariciarle el cabello, de cualquier manera él la interceptó y le besó los nudillos, le besó la mano al menos tres veces. Luego la beso más veces, recorriendo el camino desde su muñeca hasta su hombro, luego su cuello y finalmente sus labios. El camino de vuelta a ella. El camino que él sabía ya no tenía retorno, pues ella le daba la bienvenida con un abrazo.


Pues creo que paso por acá desde por allá en el lejano 2020 :s

Lo siento, pensaba sacar dos capitulos para Enero, pero es una meta que no pude cumplir. Este año esta comenzando fuerte conmigo jajaja
Nada malo, solo que me ha caido trabajo y es algo de lo que no me podría quejar ;D

¿Que decir de este capitulo?
Pues mientras lo escribía, pensé que iba a ser extremadamente largo, pero no lo ha sido tanto :s

Ah... más revelaciones! Y mas complicaciones. Creo que se va siendo más y más evidente que aunque Theo sea listo y ya no tan mecánico en el Dominio, sigue siendo muy confiado y no tiene intenciones de permitir que lo cuestionen. Eso es, porsupuesto, lo peor que podría hacer. Eso, como de costumbre, traerá consecuencias que van a sacudir todo, esperenlo. Será brutal.

La parte del final, ¿Que tengo que decir? No soy demasiado buena describiendo situaciones "juego previo", es trabajo humilde pero honrado :v. En realidad buscaba describir el sentimiento de confusión en Theo, intentar reflexionar mientras lo que te obsesiona esta en la punta de tus dedos. Y claro, tomando en cuenta que es joven aún, y sin contar todo el desastre mental que se carga :s

Y para terminar, solo diré... que en la parte del final, cierto parrafo tiene una pequeña conexión con algo mencionado en la narración de Amira. Spoiler a quien adivine de que se trata.

El siguiente capitulo... estaría llegando, posiblemente, un día como hoy en marzo. Si es posible, sera doble. Ya quiero terminar el fic :3