Buenas... ¿Cómo están? Espero que muy bien con esta crisis sanitaria global. Como Bióloga yo ya lo veía venir, lo malo es que como desempleada no tengo dinero ni para comprar el arroz. Detalles...

Espero de verdad que ustedes estén muy bien en esta situación terrible. Manténganse entretenidos y piensen en positivo que esto pasará rápido, piénsenlo como vamos a sobrevivir podremos decirles a nuestros nietos que salíamos a comprar pan con trajes espaciales o cosas así...

Ahora a lo que vinieron, les dejo este capitulo nuevo en agradecimiento por haberme tenido paciencia en la publicación, de aquí nos veremos en dos semanas aproximadamente. Yo trataré de seguir escribiendo para traerles más fics como este.

Hetalia no me pertenece.

Disfruten su lectura.


Romano acababa de entender dos cosas, la primera era que las naciones tienden a discutir y pelear por absolutamente todo, y la segunda que pelear es sinónimo de ayudar. Toda la noche escuchó la discusión sin sentido de cada uno de ellos, Polonia culpaba a Francia por lo ocurrido, Finlandia se había ensañado con Alemania, Austria y España se gritaban entre ellos, América discutía con Canadá, y Hungría hablaba en tono controlado a un no controlado Japón.

Ya eran las 8 de la mañana y no hubo ningún avance en toda esta situación.

— ¡Suficiente! —Gritó Romano—. No hemos dicho o hecho nada para que mi hermano regrese a casa. Lo único que hemos hecho es discutir entre nosotros como animales.

—Pero siempre lo hacemos... —susurró Prusia entre dientes, antes de que Hungría lo golpeara en la cabeza.

—Odio admitirlo, pero Romano tiene razón—dijo Alemania sintiendo un escalofrío mientras lo decía.

—Sugiero que comencemos por partes, y que sea desde el inicio— comentó Hungría, a la vez que invitaba a todos a sentarse—. Cuéntenos con calma ¿qué paso?

—Yo había planeado una fiesta sorpresa para ambos aquí en su casa—comenzó España, mientras se apartaba de Austria, y se sentaba al lado de Romano—. El plan era sacarlos a tomar un café y mientras Alemania y el resto prepararían la comida y la decoración, si se fijan las serpentinas aún están pegadas.

—Eso es porque aún no he podido sacarlas—comentó Francia por lo bajo. Pero luego retomó la historia—España y yo cumplimos esa función, los convencimos y sacamos del lugar, tardamos menos de lo planeado ya que la cafetería que España buscaba fue cambiada por una tienda de comida orgánica.

—Hasta ahí, todos lo tenemos claro—dijo Romano—. Pero mientras ¿qué pasaba aquí?

—Nosotros arreglamos todo el lugar, Japón y Birdie se encargaron de la comida, Estados Unidos y yo pusimos las decoraciones, y Oeste e Inglaterra limpiaron...por cierto, no veo al cejón aquí.

—No nos importa lo que haga él por el momento. Solo continua la historia, después ¿qué hicieron?—dijo Hungría con resentimiento en su voz.

—Yo tuve la brillante idea de explorar las habitaciones del segundo piso—dijo Estados Unidos.

— ¿por qué? —gritó Romano—No tenían ni un solo derecho a entrar en esas habitaciones.

—Es que nos moríamos de la curiosidad, ninguno de nosotros sabíamos lo que escondían ahí y los hacía ver tan misteriosos que, teníamos que averiguarlo.

—Si querían ver nuestras reliquias pudieron simplemente haber preguntado. Les hubiera dicho que no, pero se les hubiera quitado las ganas.

— ¿Reliquias? —Preguntó Austria.

—Lo poco que quedó de objetos personales de nuestro abuelo, y lo que Veneziano y yo hemos acumulado durante todo este tiempo.

—Romano, creo que entiendo que todos aquí tenemos cosas que guardamos pero hay 6 habitaciones arriba llenas de cosas, Estados Unidos y yo seguramente tenemos una sola habitación.

—Ustedes son jóvenes, no tienen mucho en este mundo. Veneziano y yo hemos estado por varios siglos ya, así que cuando construimos está casa la diseñamos exclusivamente para eso: tres habitaciones para cada uno, dos para nuestras reliquias, y el tercero que tiene baño privado es nuestra habitación. Sin embargo, Veneziano es tan organizado que colocó todo en una sola habitación, y la otra se volvió su estudio privado, el cual ¡USTEDES DESTRUYERON!

—Un segundo—dijo Polonia de pronto—. Como que no entiendo, el ataque personal, acaso no fue que ustedes atacaron físicamente a Italia sino que ustedes...

Polonia se levantó de golpe y corrió al segundo piso.

—Oye, ¿qué acabo de decir?

Romano estaba parándose furioso pero Polonia volvió en seguida, y con él un pedazo de lienzo destrozado.

—Creo que ustedes no se han dado cuenta aún del terrible daño que han hecho—dijo el rubio agitando el pedazo de lienzo en el aire.

—La expresión de Veneziano ese día nos dio una idea—respondió Alemania bajando la cabeza.

Austria se paró y fue a ver con sus propios ojos que lo que tenía ahí frente, efectivamente era un trozo de lienzo destrozado. Se lo quitó a Polonia y se lo pasó a Hungría después, para subir a la habitación sin que el resto se diera cuenta. Hungría tenía ese pedazo de tela en la palma de su mano como si sujetara el cadáver de un niño. Finlandia se lo quitó de la mano y cuando entendió lo que esto conllevaba miró con desprecio a las naciones enfrente, estarían primero en la lista de los niños malos.

— ¿por qué destrozaron todas las pinturas de Veneziano? —Preguntó Austria indignado, luego de bajar corriendo las escaleras— Y sabemos que no fue porque Italia pinta horrible, todos ustedes han admirado su talento más de una vez.

Y las naciones se quedaron callados, ninguno de ellos pudieron decir algo.

—Quedarse callados no está ayudando—dijo Romano, parándose frente a ellos cruzando los brazos, amenazante.

—Creo que fue...

Justo cuando Japón iba a empezar a explicarlo todo, el teléfono de Romano empezó a sonar. Al inició no le dieron mucha importancia. Es más Romano lo miró hastiado. Sin ánimo de responder su contestador empezó su labor con la voz de Veneziano en la grabadora.

«Ve~ no estamos en casa. Por favor deja tu mensaje, y te volveremos a llamar»

«Yo no pienso llamar a nadie, si devuelves la llamada serás tú, idiota»

«Piii... »

—Pronto, ¿fratello?—dijo Veneziano desde el otro lado del teléfono.

Al oír eso, todas las naciones se pararon para tomar el teléfono, pero Romano no quería que ellos arruinaran la oportunidad de tal vez tener un indicio de donde estuviera, así que con agilidad se tiró sobre la mesa del teléfono y tomando el auricular se hizo bolita para contestar. El resto se quedó cerca en silencio, tratando de escuchar lo que el otro decía.

— ¡Fratellino!

—Entonces si estabas en casa, ¿no fuiste a misa?

—Iré en la tarde, no hay problema con eso. ¿Dónde estás? ¿Cómo estás?

—No te puedo decir dónde estoy, Fratello. Pero estoy bien, en lo que se puede.

—Qué bueno escucharlo. Aquí todos estamos preocupados por ti.

—Sí, claro... oye solo llamé para que sepas que estoy vivo. Me tengo que ir, volveré a llamar el próximo domingo.

—Claro, esperaré tu llamada.

Veneziano colgó sin siquiera despedirse. Gina quien estaba cerca no le gustó verlo hablar así con su hermano mayor. En lo poco que sabía de su vida familiar, siempre lo había visto profesar un cariño inmenso hacia él, pero sea lo que haya pasado cambió radicalmente el trato entre ellos.

— ¿Feliciano?

—Dime Gina—Respondió Veneziano secamente.

— ¿podemos ir a tomar un café? Mariolino tardará mucho hasta que se ponga al corriente con sus amigos.

Veneziano asintió y se dirigió hacia donde Gina le conducía. Se sentaron en una pequeña banca fuera del establecimiento, y el camarero les pasó el menú. No dijeron nada hasta que se pidió la orden dos cafés y una tarta para compartir.

— ¿qué le pareció la misa? Sé que este sacerdote no da el sermón como lo hacían antes pero es bastante amigable.

—Ajá.

Gina ya no podía más, ser tan vieja le había hecho que su paciencia fuera mínima y ahora la había perdido toda—. ¡Hasta aquí Feliciano! Me va a decir ahora mismo que es lo que le pasa. — Feliciano iba a responder pero ella le interrumpió—. Y no me venga a decir que nada porque se perfectamente que no es así. Mariolino y yo lo estamos desconociendo, queremos ayudarlo pero si no nos dice que le pasa no podemos hacer nada.

—No quieres oírlo Gina.

—Soy vieja Feliciano, dígamelo y haré todo lo que este en mis manos, —puso su arrugada y delgada pero a la vez suave mano sobre la de él—. Por favor.

Veneziano estaba tan aislado en sí mismo que había empezado a desconocer lo que era sentir una calidez de alguien cercano. Siempre había podido contar con Gina y Mariolino, tal vez ahora no era diferente. Apretando suavemente la mano de su vieja amiga, le contestó:

—Me traicionaron.

— ¿Traicionaron? —Comentó asombrada— ¿Quiénes?

—Todos a los que llamaba amigos.

— ¿Qué pasó? ¿Qué le hicieron?

—Ellos, el día de mi cumpleaños entraron a mi estudio y, no sé porque motivos, destrozaron todo mi trabajo. Lo destruyeron todo.

— ¿Por qué harían eso?

—No lo sé, pase dos días reflexionándolo; aún no lo entiendo.

—Un acto como ese, seguramente fue un accidente.

—No Gina, esto no es un accidente—dijo mientras se limpiaba las lágrimas de los ojos, ya había llorado suficiente y no quería volverlo hacer, continuó—. Yo siempre fui una burla para ellos. Se avergüenzan de mí.

—No piense eso, Feliciano.

— ¿qué más puedo sacar de todo esto Gina? —La regresó a ver alterado, su rostro mostraba una emoción que Gina no podía descifrar—. He defendido a todos a mí manera, los he tratado con cortesía, cariño, respeto, y les he entregado toda mi amistad; pero al parecer yo nunca fui nada para ellos.

—No se altere Feliciano, no gana nada haciendo eso.

—No sé qué hacer. Dios ya me ha castigado varias veces antes pero se le pasó la mano con este castigo.

—No, no Feliciano. Dios no quiere que usted sufra así. Seguramente esto es un mal entendido. ¿Qué explicación le dieron?

—Suficiente Gina, no quiero hablar más del tema. Solo quiero terminar el café e ir a casa.

—De acuerdo, si así lo quiere.

Romano pasó como 3 minutos agarrado al auricular del teléfono. Hasta que España le tocó suavemente los hombros, finalmente este reaccionó.

— ¿Si escucharon como respondió? ¿Escucharon la frialdad en su voz? La noche en que se fue, me vio con una mirada de indiferencia, me trató como a un desconocido, con alguien que te encuentras en la calle, no como su hermano, ni mucho menos como su amigo. ¡Y TODO ESTO ES POR SU CULPA!

—Si somos honestos, Romano. La culpa también es tuya—dijo América de la nada.

— ¿qué dices idiota cara de hamburguesa?

—Tal vez sea un idiota cara de hamburguesa, pero cuando Canadá y yo peleamos sabemos que nos pasará la rabia en un par de días y continuamos llevándonos bien, nos respetamos en nuestros propios límites. Pero tú tratabas a tu propio hermano como una molestia andante, con un desprecio en el rostro, yo no sé cómo Italia no te respondía, y solo se quedaba callado oyendo tus insultos. Más de una vez quise darte un golpe.

—Odio admitirlo pero Estados Unidos tiene razón—Dijo Finlandia dando un suspiro—. Pero no solo Romano, Alemania también lo hacía y lo sigue haciendo. Y no lo niegues, la última vez fue por unos formularios para la reunión de hace tres meses, lo golpeaste y le dijiste que era un inútil bebé llorón.

—Pues si estamos buscando alguien más culpable en tratar mal a Italia, está sentado a tu lado, usa gafas y toma su café como una delicada mariposa—dijo Prusia, dirigiéndose a Finlandia, con la clara intención de defender a su hermano quien había bajado la mirada avergonzado, y miró a Austria.

Austria dejó de beber su café, y le sostuvo a Prusia la mirada, como diciendo que se atreviera a decir algo, pero Prusia no necesito decir nada.

—En eso debo apoyar a Prusia—comentó España, apuntándole con el dedo—, fuiste muy duró con él de niño, tus castigos fueron terribles. Lo matabas de hambre, y le diste muchas pisoteadas en la espalda, y aún puedo ver las marcas de tus zapatos finos.

—Perdón por enseñar disciplina, no soy alguien que malcría a los niños hasta hacerlos inútiles.

—Espero Austria que no hayas insinuado lo que creo—dijo España acercándose a Austria desafiante.

—Si el saco te queda...

—Como que suficiente ustedes dos—dijo Polonia separándolos antes de que se empezaran a pegar otra vez—, cálmense—Polonia los obligó a sentarse en lugares opuestos del lugar—, deben alegrarse en saber que hay alguien peor que ustedes, alguien capaz de matar a la persona que tanto amó a Veneziano, para su propio beneficio.

Francia se atragantó con el café, dejó la taza en la mesa, se paró de golpe mirando a Polonia a los ojos —. Que conste que yo ya me disculpé, Veneziano me disculpó hace tiempo. Lamento que la noticia te llegara tarde, Polonia.

—Sí, claro. Eres un sínico quien siempre se ha aprovechado de su pequeño hermano.

—No me provoques Polonia.

—Uy que miedo. ¿Qué vas hacer? ¿Me vas a quitar mis pinturas?

— ¡Ya basta! —Gritó Hungría—. Todos y cada uno de nosotros somos culpables de tratar a Italia así; sigamos avanzando.

—Hungría-san tiene razón, lo importante ahora es encontrarlo, pedirle perdón, lo cual no será fácil, y convencerlo de que regrese aún menos.

—Apoyo a Japón en eso—dijo Finlandia parándose—. Pero quisiera preguntarles algo ¿de verdad quieren el perdón de Italia? O solo es para que sus jefes no los sigan regañando por este pequeño escándalo.

¿Qué quieres decir?

—Tomen por ejemplo Inglaterra, el al parecer no le parece grave todo esto, y no está aquí intentando disculparse. Y supongo que su majestad lo regañó tal como lo hicieron sus jefes con ustedes.

—Inglaterra sabrá lo que hace—dijo Alemania parándose—, a lo que a mí respecta, yo quiero disculparme con mi mejor amigo, quiero que sepa que eso que pasó fue un terrible accidente. Y que jamás en la vida le volvería hacer un daño terrible como este.

—Yo digo lo mismo—dijo Japón parándose al lado de Alemania—, esto fue un terrible, terrible error. Y es mi deber decirle a Italia-kun que haré lo que sea necesario para recobrar su confianza en mí. Por mi honor.

—Italia es uno de mis amigos más queridos— dijo Estados Unidos—, si algo me enseñó y se me quedó de Inglaterra es que un caballero afronta las responsabilidades de sus actos. Y todo este problema comenzó con mi imprudencia, debe saberlo, no espero su perdón pero al menos estaré tranquilo y en paz sabiendo que lo intenté, lo demás dependerá de él.

—Yo siento que no hice lo peor, pero como dijo Japón, soy tan responsable como ellos, así que pediré perdón. Y eso te incluye a ti Romano. Lamento todo esto, si pudiera regresar en el tiempo, juro que haría todo lo posible para evitarlo.

—Gracias, Canadá—respondió Romano agradecido—, yo ya los he disculpado solo por el hecho de haber venido a intentar arreglarlo.

— ¿qué hay de ti Prusia? —dijo Hungría, viendo que el albino no dijo nada al respecto.

— ¡Oh vamos! Dentro de mi asombrosidad está incluida la asombrosa disculpa que le haré al pequeño Italia, junto con un juramento en el cual el asombroso yo evitará estos incidentes de ahora en adelante.

—No estoy contenta con esas palabras, pero me basta.

—Ahora, como que lo principal es saber a dónde fue.

—Debimos haber rastreado la llamada, de haberlo sabido había traído mi equipo—dijo Estados Unidos golpeándose la frente.

Austria soltó un suspiro—Yo, creo saber dónde está.

¿QUÉ?


¿Les gusto? Espero que sí. No se olviden de dejar sus comentarios, críticas, sugerencias, etc.

Nos vemos en dos semanas.