Hola todos ¿Cómo están? Espero que muy bien, y a la vez que estén sanos y seguros en sus casas. Perdón la demora pero aquí les traigo el siguiente capítulo de este fic. Quisiera saber sus opiniones de mi Veneziano, creen que es muy OCC o lo interpreto bien. Les pido que me pongan sus opiniones en los comentarios, sin antes más que añadir.
Hetalia no me pertenece.
Disfruten su lectura.
—Veneziano, vinimos a buscarte— contestó Austria automáticamente.
— ¿Con qué fin? —respondió Veneziano.
Austria sintió el hielo en la sangre. Nunca lo había visto así tan distante. Hungría reaccionó al ver la cara de desolación de su pequeño Italia, haciendo un esfuerzo porque sus pies se movieran, ya que parecían que se habían convertido en piedra después de sentir como la bala le rosaba la mejilla, se separó de Prusia y se posicionó frente a Veneziano.
—Ellos quieren disculparse por lo ocurrido. —Veneziano la miró con ojos inexpresivos, a Hungría eso no le gustó—. Lo harán de uno en uno, comenzando por...
—Yo—dijo Estados Unidos, guardando su arma y encarando a Italia, quien lo observaba con apatía—. Fue mi culpa que hayamos subido al segundo piso, en mi curiosidad, metí mis narices donde no me llamaban y se cometió este ultraje. Lo lamento mucho.
Veneziano siguió estoico en su puesto, fue Prusia quien continúo.
—Nuestra intención jamás fue insultarte ni mucho menos ofenderte, Veneziano. El asombroso Prusia entiende que hay límites, pero lamentablemente en esta ocasión mi asombrosidad no pudo detectarlos a tiempo. Esto es un terrible error que jamás se va a repetir.
—A decir verdad—dijo Alemania tocando el hombro de su hermano—, entiendo que consideres esto como un ataque personal, y todos aquí comprendemos que no es tan fácil solo venir y decir que lo sentimos, pero tenemos que dejártelo en claro, ninguno de nosotros quiere tenerte molesto.
— ¿molesto? —preguntó Italia, frunciendo el ceño.
—Lo que Alemania-san quiere decir—argumento Japón presintiendo el desastre del discurso de Alemania—, es que sentimos terriblemente lo ocurrido. Y que cada uno de nosotros no quisiera perder su valiosa amistad.
—Creemos que será difícil olvidar este incidente, pero todos aquí estamos terriblemente arrepentidos de lo ocurrido. Y como se mencionó ya, vinimos a dar la cara como las naciones maduras que somos y por eso nos estamos haciendo responsables, todos juraremos en que este tipo de incidentes no se volverán a repetir, —terminó Canadá con este magnífico discurso que no conmovió al receptor.
—Así qué viendo estas razones ¿los perdonas? —preguntó Hungría sonriendo.
Italia miró a cada uno de los presentes, pero no hubo un cambio alguno en su expresión. —Gracias por venir aquí a dar la cara, —las naciones empezaron a sonreír... —sin embargo no puedo perdonarlos.
Las sonrisas de todos cayeron al suelo y empezó a reinar la angustia. Italia Veneziano, conocido por jamás conservar un resentimiento, sonreír siempre, y ser amigable con todos los seres vivos de la creación, había dicho que NO iba a disculparlos.
— ¿Qué? —dijo Alemania indignándose.
—Pero...
—Ustedes vinieron a disculparse, agradezco eso. Pero no les puedo entregar mi perdón.
—Pero todo eso fue un accidente— reclamó Estados Unidos —, ya dije lo mucho que todo esto es mi culpa.
—Italia-kun ¿qué podemos hacer para compensarlo?
— ¿compensarme?
—Sí, debe haber algo que podamos hacer para ganar tu perdón. ¿Tal vez limpiar tu estudio? —sugirió Canadá.
— ¿Hacer tu trabajo? —siguió Prusia —. ¿Ser tus esclavos?
—No hay nada que puedan hacer, lamentablemente.
—Veneziano... —empezó Romano pero Hungría le quitó las palabras de la boca.
—Italia—dijo sonriendo, y aguantando la risa—, creo que ya los has hecho sufrir demasiado. Ahora sí, discúlpalos.
—No.
— ¿eh? — pero Hungría no entendía—Oh ya entendí. Quieres que se arrastren y te sigan rogando perdón. Es muy malvado de tu parte.
—Hungría... —dijo Austria intentando pararla.
—No es esa mi intención Hungría.
—Entonces déjate de bromas y discúlpalos de una vez—dijo mientras le palmeaba "suavemente el brazo" con clara intención de ser divertida.
Veneziano le respondió con una profunda indiferencia. —No estoy bromeando, no los voy a disculpar.
—Pero...
—Hungría, deja ya de insistir—dijo Romano, sin embargo no comentó más.
Austria sujetó los hombros de Hungría y la obligó a retroceder, ella aún no entendía lo que estaba pasando. Su Italia jamás había sido una persona rencorosa.
—Podemos saber por qué—preguntó Alemania—. Vinimos aquí a explicarte que todo esto fue un terrible error, un accidente, un desliz de nuestra parte. ¡¿Qué más quieres de nosotros?! ¡Verdamit!
— ¡QUIERO DE VUELTA MIS PINTURAS! — Gritó Italia limpiándose una lágrima traidora que caía por la mejilla tal vez la última que vieran—. ¿Quieren mi perdón? Bien, regresen el tiempo y devuélvanme cada uno de los lienzos que estaban en esa habitación. Devuelvan cada cuadro a su esplendor. Si pueden devolverme todas las pinturas como estaban antes de que todo esto ocurriera, aceptaré sus disculpas. Pero mientras tanto, temo, que no quiero saber absolutamente nada de ustedes.
— ¿Qué quiere decir Italia-kun?
La voz de Japón parecía a punto de quebrarse. Tragó varias veces después para reprimir que sus emociones salieran a flote.
—Es lo que dije Japón. Aunque fuera un "accidente" como ustedes lo dicen me hirieron en una forma que hubiera preferido que me mataran. Y eso lamentablemente ha derramado el vaso de muchas cosas que he callado y no pienso volver a permitir. De ahora en adelante, si quieren algo de mí, será únicamente si sus jefes les ordenaron hacerlo. Y... —tomo aire, y dirigiéndose a los que no estaban involucrados—... eso los incluye a ustedes.
— ¿QUÉ?
—Veneziano, como que, te estás pasando, nosotros no te hemos hecho nada—dijo Polonia parándose frente a todos, todo confundido.
—No he terminado Polonia, — Polonia calló de inmediato—. No me siento en perfecta compostura para trabajar como se debe. Así que, como ya lo expresé anteriormente, quiero estar solo. Romano se hará cargo, ahora él es Italia como siempre lo ha sido.
—Veneziano espera, ¿estás hablando de renunciar?
—No, solo quiero darme un tiempo. Y para eso me quedaré aquí. Espero lo entiendan.
Veneziano regresó a la casa, sin decirles adiós siquiera, antes de cerrar la puerta los miró por una última vez, y puso el cerrojo en la puerta.
Se quedaron ahí, hasta que oscureció. Mariolino salió con las llaves de su camioneta.
—Feliciano me ha pedido que los lleve de vuelta al pueblo, se quedarán en el Hostal y se irán mañana.
— ¿Dijo algo más? —preguntó Austria
—No.
Todos con la cara gacha empezaron a caminar hacia el vehículo, cuando Austria sin pensarlo mucho se separó del restó y entro en la casa.
— ¡Austria!
La nación subió directamente a la habitación a pesar de que Gina había tirado los platos rompiéndolos contra el frio suelo, al verlo entrar. Lo siguió, intentándolo detenerlo sin éxito. Austria finalmente llegó a la puerta la abrió y cerró tras de sí, tan rápido como pudo, y puso el cerrojo.
La habitación estaba oscura, y lo único que se podía distinguir era la mirada de Veneziano, hastiada, oscurecida por la luz de la luna. Pero a eso a Austria lo traía sin cuidado.
—Te conozco lo suficiente para saber que esto no es lo que quieres hacer.
—Tal vez no me conozca cómo cree. ¿Qué vino hacer?
—Solo quiero hablar, ¿puedo sentarme?
Veneziano estaba sentado en su cama, estaba viéndolos partir desde la comodidad de su habitación, sin embargo no creyó que Austria saliera corriendo a darle un sermón. Asintió permitiendo que la nación mayor se sentara a su lado, no obstante en el momento en que el peso de Austria se sintiera en el colchón, Veneziano se levantó y avanzó hacia el balcón dándole la espalda.
—Estas siendo muy duro con todos. Incluso estas castigando a los que no tienen la culpa.
— ¿Usted cree?
—Sí—dijo Austria parándose y colocándose frente a él—. Entiendo que estés enojado, pero no enfoques tu enojo en inocentes, hazlo con todos los que consideres culpables, y espero que me incluyas en tu lista.
—Oh créame, usted está en los primeros 10. Ve al grano Austria, ¿qué quieres de mí?
Austria fingió no darle importancia a que lo tuteara, no lo consideraría una falta de respeto, al menos por ahora. — ¿Cuánto tiempo piensas aislarte?
— ¿Y es que te importa?
—Me importa sí, porque a pesar de que digas lo contrario, te conozco de pies a cabeza, y sé que no eres un lobo solitario, y más bien eres un lobo miembro de la manada.
—Gracias por la alusión a mi animal nacional, pero esto no tiene...
—Aún no he terminado, siéntate—Austria le dio un pequeño empujón, lo que conllevó que Veneziano se sentará en la cama—. Aunque considere que Romano es enteramente capaz de liderar el territorio, no está a tu nivel.
—No subestimes a mi hermano—dijo Venezaino parándose—. Él es más que capaz de hacerse cargo de todo el territorio.
—Oh, creí que no te importaba.
—Una cosa es que no soporte la actitud de Romano, y otra muy distinta es que no reconozca sus habilidades. Son cosas totalmente distintas.
— ¿te das cuenta que me estás dando la razón?
—Porque no simplemente te vas a...
—Cuidadito con tu lenguaje. Vuelve a sentarte, — Austria lo miró profundamente, e Italia le obedeció—. Entiendo que quieras alejarte, pero como te dije no creo que puedas superar la soledad que estas creando.
—Entonces ¿qué sugieres?
—Ponte un límite.
— ¿Límite? ¿Con que fin?
—Para que lo pienses, reflexiones si esta nueva forma de vida te está ayudando o no. Después de eso, aceptaremos lo que hayas decidido.
Alemania se debatía si sería muy rudo de su parte apartar a la anciana de la entrada de la puerta de la casa, e ir a buscar a Austria, y de paso intentar hablar con Veneziano. Hacerlo sería relativamente sencillo, podría únicamente alzarla del suelo, y delicadamente ponerla unos cuantos pasos alejada de su actual posición, lo único difícil sería quitarle el rifle que llevaba en las manos. ¿Tal vez si la distraía hablándole de los perros? Los regresó a ver, y en otra oportunidad los habría acariciado sin ningún contratiempo, pero no hoy. Si se arreglaba la situación e Italia lograba perdonarlo, lo obligaría a regresar aquí solo para jugar con esos adorables canes.
Pero mientras reflexionaba sobre ganar su disculpa Austria salió de la casa, totalmente ileso.
—Lamento la intromisión, Gina—dijo despidiéndose de la mujer, y dirigiéndose al resto continúo—, es hora de irnos.
— ¿qué pasó? —preguntó Finlandia.
— ¿Nos perdonó? —preguntó Japón.
— ¿Qué te dijo? —preguntó Hungría.
— ¿te golpeo o algo? —preguntó Estados Unidos.
— ¿De qué hablaron? —preguntó Prusia
— ¿Lo convenciste? —preguntó Canadá
— ¿Regresará con nosotros? —preguntó Francia
—Déjenlo hablar—gritó Alemania.
—Austria por favor cuéntanos que paso allá arriba. —pidió Romano quien no había emitido sonido desde hace un tiempo.
—Logré llegar a un acuerdo. Uno que nos beneficia a todos los conocidos de Veneziano.
— ¿Y, cómo que, cuál es el acuerdo?
—Venziano decidió vivir aquí un año, volverá a la reunión mensual del siguiente año en este mismo mes, ahí sabremos a qué atenernos.
— ¿Un año?
—Fuiste a verlo para que te dijera que se quedará aquí, eso ya lo sabíamos por si no te pusiste atención—se mofó España.
—A pesar de tu pésimo humor, España, no me has dejado explicarlo en detalle—todos asintieron a esto e hicieron silencio para escuchar a Austria—. Como todos saben un año en nuestras largas vidas no representa mucho, es lo suficientemente corto para cumplir un límite y lo suficientemente largo para advertir diferencias.
—Como que, no entiendo.
—Veneziano estará fuera de nuestro alcance por un año, donde tendrá el tiempo suficiente para que se le pase el enojo, piense con claridad, y si Dios está de su lado los disculpe. ¿Entendieron?
La verdad, el único que entendió el concepto fue Japón. No por nada se había aislado del resto de naciones por casi 200 años, con la compañía de Holanda que representaba el único contacto con el mundo exterior. Mientras todos se acomodaban en la parte de atrás de la camioneta, Japón y Austria se habían acomodado en la parte delantera junto con Mariolino, la luna ya se había coronado como reina y señora de los cielos, el pequeño hostal los estaba esperando.
—Austria-san, ¿será usted el contacto con el resto del mundo para Italia-kun?
—Lamentablemente no, Japón. Se lo propuse, pero me dijo que no estaría del todo aislado, lo único que quiere es no verlos.
Japón emitió un suspiro —Entiendo. Lo hago a la perfección.
—Si me permiten interferir—dijo Mariolino hablando de la nada—. El signore Veneziano no es malo, pero tampoco es una perita en dulce, como todos nosotros tiene sus propios modos. Entiendo que esta es una situación un poco inusual, pero si estuviera involucrado así, como lo están ustedes yo seguiría insistiendo, tal vez una carta a la semana sería una buena idea, y así hacemos trabajar a ese perezoso cartero que puso el municipio.
—Me parece una brillante idea—respondió Austria.
Y Japón sonrió, al menos tenía una pequeña esperanza de recobrar su amistad con Italia.
¿Les gustó? Espero que sí.
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