Hola todos ¿cómo están? Lamento no publicar cuando debería, no tengo una compu en mi posesión y tengo que esperar mi turno para ocupar la compu de mis padres. Pero ahora les traigo el capítulo prometido.

Hetalia no me pertenece.

Espero lo disfruten.


Veneziano pasó la primavera ayudando en su huerto y en los quehaceres de la casa, a pesar de que ambos ancianos se veían débiles y achacosos, la realidad no era el caso. Ambos tenían sus momentos de fuerza descontrolada. La nación a veces se preguntaba como ellos habían logrado vivir tanto y sin parecer más viejos de lo que eran. A pesar de sus preocupaciones y atenciones a los ancianos, Veneziano había desarrollado un semblante ermitaño, y no, no era porque pasara encerrado en su habitación casi todo el día, aunque lo hiciera, era más bien el hecho de que se había descuidado así mismo.

¿Cómo? Dirán ustedes. ¿Cómo que Veneziano se ha descuidado? Me volverán a preguntar; antes de que me pregunten cosas como que si no ha comido, dormido o si se ha atrevido a lastimarse, déjenme les tranquilizo, él está comiendo más saludable de lo que lo hacía en Roma, y el esfuerzo físico que se requiere para cuidar un huerto lo hace mantenerse en forma. Sino cómo creen que Romano se mantiene bien si evidentemente no hace ejercicio. Pero regresando al tema, sí, Veneziano se había descuidado así mismo: en su apariencia, ya no le importaba si le crecía la barba o el cabello, o si su ropa estuviera limpia y combinada. Estaba en un estado automático, donde lo único importante era despertar, comer, trabajar, comer, y dormir en la noche. Una rutina terrible, si no se tiene el gusto por lo que se está haciendo, volviendo la vida tan monótona y aburrida que, evidentemente, era un espiral hacia la más profunda oscuridad donde la amargura era el pan de cada día. El problema aquí era que ni siquiera el mismo se daba cuenta, de que todo esto le estaba pasando.

Mariolino y Gina lo veían y pensaban que se encontraban con el hombre más solitario del mundo. Veneziano, solo iba al pueblo el domingo a misa, llamaba a Romano durante unos minutos, colgaba con frialdad, y volvía a su casa.

Pero si Veneziano estaba así, el resto de naciones estaban peor.

Romano, que hasta hace poco salía casi todas las noches a divertirse, beber, coquetear con las chicas, y quien sabe que cosas más; se dedicó a trabajar. Prácticamente empezó a vivir en su oficina. Incluso su jefe, aunque muy impresionado y contento a la vez, se estaba empezando a preocupar, y una forma de hacer que se relajara era simplemente llamar a España.

—Romano~

—Ahora no España.

—Oh vamos, pensaba que podemos salir a dar un pequeño paseo, tal vez comer un poco de gelato.

Romano siempre alzaba la vista con esa simple petición, y de la nada la sonrisa de España se transformaba a la de su hermano menor.

«Ve~ fratello per favore.»

Cuanto daría por volver a ver esa sonrisa. Era lo que pensaba. Rindiéndose ante la petición de España, suspiraba siempre, dejaba su computadora y salía a pasear con España. Lo único que le mantenía animado durante la semana era que el domingo sin falta, después de la misa de las 8 de la mañana, Veneziano llamaba y aunque era respondido en monosílabos y frases tajantes al menos podía asegurar que su hermano estaba bien. Y que de alguna forma podría convencerlo para que regresara.

Las demás naciones habían recibido la noticia de diferentes formas, algunas en forma de chisme, otras mediante un correo oficial, y otras conocieron los acontecimientos de la boca de sus jefes, que escucharon las quejas del Primer Ministro Italiano, quien aún indignado no dudó en castigar a los demás representaciones por esa ofenda tan grande. Romano le insistió que dejara de hacerlo, ya Veneciano los estaba castigando demasiado; el Primer Ministro dejó de hacerlo, pero eso no impidió que un pequeño resentimiento se formara en el resto de naciones, por ejemplo: Grecia no le dirigía la palabra a Japón ni mucho menos Turquía, el japonés, sin embargo, no estaba al corriente de ese resentimiento, otros pensamientos surcaban su mente al momento.

Por ese motivo los ánimos de todos no eran los mejores. Francia y España intentaban alegrar a todos, España lo hacía bastante bien con Romano.

Francia se apañaba con el resto, menos con Inglaterra que no parecía afectado en lo más mínimo. Y eso a Francia le daba mala espina, así que decidió no prestarle mayor atención al bretón, su prioridad era Canadá y Estados Unidos; Canadá estaba relativamente bien con toda esta experiencia, al parecer su pequeño era lo suficientemente maduro para admitir su culpa y esperar su castigo. Mas no era el caso de Estados Unidos, animarlo estaba bastante complicado por el momento. Estados Unidos tenía figurativamente una nube negra sobre su cabeza. Francia sentía que cada día que pasaba se parecía un poco más al burrito tristón amigo de Winnie de Pooh. Es más un día fue a Disney Paris con él, y a manera de broma, entró a una tienda de peluches y se lo compró. Lo que pasó fue que Estados Unidos abrazó al burrito como que fuera su único soporte en la vida. Francia ya no sabía qué hacer, verlo así como un niño triste no es buena señal. ¿Quién dijo que está espera sería fácil? Incluso el mismo la estaba pasando bastante difícil, pero su previa experiencia lo había hecho aguantable.

Prusia hacía exactamente lo mismo con Alemania, el cual siguiendo lo acordado con Japón escribía a Italia una carta cada día, pero su esperanza estaba tan baja que no le sorprendía sino recibía ningún tipo de respuesta a ellas. Es ahí donde Prusia lo animaba a que continuara escribiéndolas.

—Quién sabe Oeste, tal vez recibas una sorpresa un día de estos. Y recibas varios fajos de cartas diciéndote lo mucho que apreciaba tus palabras.

—No lo creo.

—Ten fe, oeste. Solo ten fe.

—Tengo fe, pero sé que esto no va a funcionar.

—Oh vamos Oeste, tus palabras lo animaran. Déjame ver lo que le estas diciendo. —dijo Prusia arrancándole la hoja a medias.

Alemania no pudo objetar y cuando quiso recuperarla Prusia esquivo su agarre para terminar de leerla. Luego cuando terminó de leer, Prusia le regresó a ver sin emoción alguna en el rostro, arrugó el papel que tenía entre las manos y lo arrojó al tacho de la basura de un movimiento digno de la NBA.

— ¡¿Pero qué hiciste?!

—No ¿qué demonios estás haciendo tú?

—Intentó recuperar la amistad de mi mejor amigo—dijo Alemania intentando recuperar la carta metiendo su mano en la papelera.

—Pues según ese pedazo de papel querías que regresara para solo regresar y nada más.

— ¿Qué quieres decir?

—Oeste, tienes que volcar tus sentimientos en el papel sino no sirve de nada.

—Eso hago—dijo Alemania recuperando su carta.

Prusia le arranchó el papel de nuevo se aclaró la garganta y leyó: —Estimado Italia, me temo que de nuevo estoy en la obligación de escribirte para hacerte ver que mis errores no deben interferir con nuestra amistad…—Prusia, con más rabia, rompió el papel en pedacitos—. Esto parece algo que una persona despreciable escribe cuando… argh

— ¿Qué sugieres que haga entonces? —Dijo Alemania presó de la desesperación, y a punto de llorar—No sé cómo pedirle perdón, no sé cómo expresarlo.

—Oeste, no pienses y siente.

— ¿Qué?

Prusia le dio un abrazo y le limpió las lágrimas traicioneras que bajaban por sus mejillas —. Oeste respira, siéntate en tu silla, toma tu bolígrafo e imagínate a Italia parado en frente. No le digas que te perdone, dile por qué quieres que regrese. Escribe lo que significa él para ti. Y nada más.

—Lo intentaré.

—Tomate tu tiempo.

Alemania obedeció a Prusia, pasaron varios minutos en que no había escrito nada, mirando a la pared y luego a la hoja en blanco frente a él. No podía imaginárselo, tenía recuerdos muy vividos de su furia y cara estoica, parecía que ninguna imagen del feliz, despreocupado Italia le venía a la mente. Y luego pensó que podría empezar por eso, en decirle que lamentaba haber dejado su relación por sentado, haberlo subestimado, y cosas así. Sin embargo antes tomaría una taza de café que su hermano le ofrecía y que según el ayudaría a aclararle todas las ideas.

Pero el que más se atormentaba era Japón. Había jurado por su honor que no perdería la amistad de Veneziano de ninguna forma. Y más que honor era ese sentimiento de culpa que lo carcomía durante las noches, expresándose de la forma más cruel posible.

«Estaba entrando a la junta mensual, un año después del incidente. Había llegado temprano como siempre y esperaba ansioso a Italia Veneziano.

El aludido llegó con una expresión seria, el ceño fruncido y unos anteojos gruesos sobre sus ojos. Por extraño que parezca lo hacían parecerse a Austria en una forma muy tenebrosa y retorcida. Se paró frente a Japón, y sonrió sardónicamente.

—Buenas tardes, Señor Japón. Espero que nuestros lazos comerciales no se pierdan.

— ¿Qué?

— ¿No le llegó el memo supongo? Pero de ahora en adelante solo me contactaré con usted para hablar de negocios. Le pido que por favor trabajemos bien.

—Pero... y nuestros otros intereses fuera del trabajo...qué hay de la comida, y el vino, y...

—Esas frivolidades ya no puedo permitirme tratarlas, a usted y al señor Alemania siempre le parecieron inadecuadas que yo las trajera acotación, así que entendiendo que le gusta hablar únicamente del trabajo será así de ahora en adelante.

—Pero... Italia-kun

—El término correcto, señor Japón, si entiendo bien su lenguaje sería Italia-san. –Kun tengo entendido que es referente a amistades, y lamentablemente usted y yo ya no estamos en esa categoría—dijo Italia retirándose educadamente—. Que tenga un buen día.

—Pero, qué paso con lo divertido de ver nuestro arte, y comparar nuestra comida, y el anime, te gusta ver conmigo el anime. No puedes dejarme sin eso.

— ¿Y alguna vez, disfruto de hacer eso conmigo? — Esas palabras a Japón le cayeron como un balde de agua helada en la cabeza—. Sobre la comida, entiendo que usted y yo tenemos gustos similares es verdad, pero que yo recuerde jamás coincidimos para comer juntos por sus múltiples ocupaciones, además que usted no bebe café, y el té no es de mi completo agrado, ¡Oh sí! Y también recuerdo sus reproches con respecto a mis modales. Su entretenimiento, del cual menciona que soy fan, lo cual es correcto, no veo motivos de acompañarlo con eso ya que prefiere disfrutarlo con el señor Francia, y el joven Estados Unidos. Mis intentos de integración fueron en vano, así que eso no habrá problema, usted siempre me tuvo aislado en ese aspecto.

—Eso no es...

—Y con el último punto, acerca del arte... creo claramente ver su punto de vista acerca de mi arte hace un año atrás. No hay nada que de hablar sobre eso. ¡Ah! y antes de que lo olvide, le pediría que por favor deje de enviarme cartas, ese un desperdicio entero de papel y de tinta, entiendo que su tinta es costosa. Y no quiero tener deudas con nadie. Si me disculpa...

— ¡ITALIA! Por favor, no me deje así, usted es mi amigo...

La imagen de Italia alejándose en un mar de rostros indiferentes, hizo que a Japón se le helara la sangre y se le dificultaba la respiración. Porque de todos ellos el único que lo trataba como un amigo de verdad era él. Todos siempre buscaban algún beneficio menos él.

— Perdóneme, por favor, perdóneme »

Japón se levantaba llorando después de eso. Su superior viendo su terrible ánimo, su desmejoramiento físico, y su falta de eficiencia lo obligó a trabajar desde casa. Después de eso Japón se metió a su futón y no salió de ahí en días, lo hacía únicamente para usar el baño; su superior muy amable, lo visitaba cada cierto tiempo para asegurarse de que estuviera bien, aun así sus intentos de tranquilizar a su nación fueron en vano.

Japón no se sorprendió al ver entrar a China una noche a su casa como si nada, la nación ancestral le dirigió una mirada de lástima desde la puerta de su habitación, mientras él se escondía dentro de su Futón.

—Tu jefe me llamó—dijo China de forma directa—. Sé también por qué estas así, mi jefe me comunicó el escándalo de hace unas semanas atrás. ¿Te preguntarás porque no vine antes a darte un sermón?

Buena pregunta, Japón esperaba este enfrentamiento más temprano que tarde, pero no dijo nada, y continúo resguardándose entre el cálido caparazón de su futón.

China continuó. —Supuse que podrían arreglar las cosas por ustedes mismos. Jamás pensé que Italia no les perdonaría— suspiró, tomo aire y luego... —Te lo mereces.

Japón salió de su futón alarmado, y vio la seriedad en la cara de China, asegurándole que su hermano mayor no bromeaba, ni era ningún truco para hacerlo salir de ahí.

— ¿Por qué? —Preguntó China sacándole las palabras de la boca—. Sal de ahí, báñate, y ven a comer algo, te lo explico cuando tengas el estómago lleno.

Japón salió de la habitación, en cuanto entró al baño vio a Korea del sur sacarle la ropa sucia de un tirón, y llevársela fuera de la habitación, Hong Kong lo esperaba con una buena esponja y agua caliente. Lo restregó bien de pies a cabeza, el agua salía negra. ¿Hace cuánto que no se bañaba? ¿O salía de su habitación? Seguramente estaba peor que en sus doscientos años de aislamiento voluntario, porque ahí estaba completamente seguro que se bañaba y salía de casa al menos. No oyó la lavadora, pero si el sonido de una hoguera, seguramente estaban quemando su ropa, y seguramente su futón también.

En cuanto salió de la bañera Taiwán le vistió con un kimono nuevo, y lo acompañó al comedor dónde China lo esperaba con comida recién hecha. Japón se sentó, y bajo la mirada estricta de China, empezó a comer lentamente. En cuanto el primer plato de arroz se terminó, bajó el plato, alzó la vista y esperó por la explicación.

—Hay un viejo dicho italiano que dice: "Chi trova un amico, trova un tesoro" la traducción sería "Quien encuentra a un amigo, encuentra a un tesoro" ¿sabes a lo que quiero llegar?

—He perdido un tesoro. Porqué perdí la amistad de Italia-kun.

—No.

— ¿qué?

—No la has perdido, porque la amistad no era recíproca— Japón guardó silencio esperando una explicación—. Italia te lo dio todo, todo lo que él podía dar, te dio cariño, respetó tu cultura, te escuchó, te hizo conocerlo, se integró a ti en lo más que podía. Pero tú y Alemania cometieron el error de mantenerse distantes. No le devolvieron nada de eso, y lo poco que pudieron darle no fue suficiente para que esa amistad sea duradera. Alemania y tú siempre tuvieron mayor afinidad durante la guerra, ambos eran metódicos y eficientes, ¿comprendes lo que hicieron?

—Lo dejamos a un lado. Pero en ese entonces Italia-kun no aportaba nada.

—Entiendo esa situación, entiendo que estábamos en guerra, y que debían ser así. Pero después de acabar ¿qué crees que continuaron haciendo?

—Lo seguimos dejando de lado.

—Exacto—China le sirvió un vaso de té—. Escuché los balbuceos de tus sueños e inferido lo que estabas soñando. Italia te estaba diciendo que lo que tienen en común no los ha unido por completo.

—Así, es. Me dijo que...

—No necesito que me lo digas, Japón; puedo imaginar lo que te dijo, lo que ahora te voy a preguntar es ¿qué estás haciendo para remediarlo?

—Yo... Alemania-san y yo le estamos escribiendo para que sepa lo mucho que nos importa.

—Puede funcionar, es un proceso largo y de paciencia—China empezó a sorber su té con calma y parsimonia.

—Es verdad—Japón ya estaba completamente calmado y se dignó en tomar su té, siguiendo el ejemplo de su mayor—. Recuperaré la amistad de Italia-kun, lo juro por mi honor.

China al oír eso bajó su taza de té, en el acto, golpeándola fuertemente contra la mesa. Japón lo había visto hacer eso solo una vez, y lo que venía después no era necesariamente bueno.

—La amistad no es cosa que involucre al honor, Japón. Si continúas por ese camino, no vas a lograr nada.

—No entiendo, el honor es...

—Sé lo que es el honor, y lo que representa. Pero la amistad, es una cosa que está sobre eso. Japón, la amistad es una forma de amar, y el honor siempre será desplazado para proteger dicho lazo y afecto. Muchas traiciones se han cometido por honrar estos lazos. Puede que luego en la historia se hayan visto como atrocidades, pero en el momento se los veía como actos heroicos. Así que deja esa convicción de rectitud y deuda, convéncete que recuperar la amistad de Italia, no es por un acto honorable o deber sino más bien es porque amas a Italia, y como su amigo no te gusta tenerlo lejos de ti.

—Tiene razón, China-san. De ahora en adelante pensaré de esa forma.

—Y como dije antes, ten paciencia.

—China-san...gracias.

Japón se levantó de su lugar, se acercó a la nación mayor y le dio un fuerte abrazo; China quien no era abrazado por Japón desde que era un pequeño se sintió muy cálido por dentro y devolvió con mucho cariño el abrazo, al cual poco después se le unieron Korea del Sur, Taiwán, y Hong Kong. Japón se sintió tan cálido y lleno de ánimos que decidió que en su próxima carta abordaría todo esto, esperaba que Italia pudiera leerla.

Los meses empezaron a pasar. Y una tarde de mayo, en la cual se notaba las cercanías del verano. Mariolino, convenció a Veneziano de salir a disfrutar de la pequeña vida nocturna del pueblo, acompañado por él obviamente, pero tomaría una distancia prudente para no arruinarle la interacción con otros jovencitos, o más bien dicho jovencitas.

Llegaron a un bar, y se sentaron en la barra. Italia pidió un vaso de vino, y se puso a observar todo a su alrededor. A su derecha, a tres o cuatro puestos de distancia, estaba sentada una hermosa joven, con el cabello oscuro, largo, la cual usaba un vestido sencillo floreado. A simple vista, y por experiencia, Italia sabía que ese tipo de chicas solo iban a los bares para intentar divertirse con sus amigas, y no necesariamente conseguir un ligue casual. Italia no estaba de ánimos para coquetear.

Sí, así es, escucharon perfectamente bien. No tenía ánimos para coquetear, ni sonreírle ni nada. Otras veces, como ustedes saben se hubiera lanzado a la cacería, pero no, no en está ocasión. No obstante las demás mujeres no le dieron importancia a su estado estoico, ni a su poca usual apariencia descuidada sino que lo veían como el protagonista de una novela de amor juvenil, de las que estaban de moda. Mariolino se daba cuenta de esto, y sonreía al pensar lo tan parecidos físicamente que eran ambos hermanos. Se preguntaba si cuando Romano sonreía se parecería a su hermano menor.

Veneziano no estaba prestando mayor atención y se dedicó a beber de su copa. Cuando de la nada vio que un tipejo estaba hostigando a la muchacha a su derecha, captando su entera atención. La muchacha a simple vista era capaz de defenderse sola. Su lenguaje corporal indicaba que lo había rechazado y dejó de prestarle atención para ocuparse de su bebida, y disfrutar un poco la noche. Pero el tipo no tomó la noticia favorablemente y agarró a la muchacha de la muñeca, la hizo doblarse, con las claras intenciones de forzarla a besarlo.

En ese instante Veneziano se paró de su asiento, se encaminó hacia el sujeto en cuestión, le tocó el hombro y en cuanto este le regresó a ver le dio un puñetazo en la cara.


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Que tengan buena semana y cuídense mucho