Hola todos ¿cómo están? Espero que muy bien en estos tiempos pandémicos que corremos. Les traigo mi siguiente capítulo donde inserto un OC nuevo, en este caso y como dije en uno de los anteriores capítulos es para el desarrollo de Veneciano, en esta ocasión es uno original mío.

Sin nada más que decir que Hetalia no me pertenece.

Disfruten su lectura


— ¡Debería darles vergüenza! —Dijo Gina, mientras limpiaba, y desinfectaba la frente de Veneziano— En especial usted, que es más bueno que el tiramisú, usted comenzando una riña. ¿En qué clase de mundo loco estamos viviendo?

—Gina... ¡auch!...

—Feliciano, quédese quieto, y tú no te rías, que esto es muy serio—dijo a su marido, acusándolo con los dedos que sujetaban el algodón.

—Sé que es serio, —respondió Mariolino divirtiéndose—, pero si tan solo lo hubieras visto: se paró sin decir nada, se encaminó al energúmeno ese, le tocó el hombro y ¡PAF!, justo en la jeta. —Comenzó a explicar Mariolino, entre risas y llanto esperando que su mujer le cure el labio que estaba partido—. Luego el tipejo se paró y ¡PUFF! en el estómago, pero Feliciano no se quedó ahí; aunque me asuste un poco porque vi como cayó al suelo, y para que te lo sepas yo iba a socorrerlo cuando de la nada Feliciano le agarra de las rodillas lo alza en el aire y ¡PUM! Cayó al otro lado de la habitación.

—Para que luego los amigotes del tipo ese se abalanzaran a ustedes dos.

—Les dimos su merecido—, argumentó Mariolino orgulloso de lo sucedido—- ¿No es verdad Feliciano?

—Pues... ¡auch!

—Mejor no diga nada, que ya fue terrible que me llamaran desde la estación de policía.

—Por eso mismo les dije que no te llamaran.

—Gina, lo que hice...

—Feliciano, esto me lo podía esperar del rojo y bruto de mi marido, pero de usted jamás en la vida, y claro, cuando yo escuchó que fue usted no tiene la más terrible idea de lo que sentí—dijo Gina volviéndolo a ver, mirándolo como un niño le dio un abrazo y lo retuvo en su pecho por largo tiempo.

—Feliciano lo hizo por una buena causa, ¡no eras tú que te quejabas de los derechos de las mujeres hace como 50 años atrás!

—Sí, y lo admito pero no soy partidaria de que se use la violencia para este tipo de proezas. Pero he de admitir que al menos fuera por la causa correcta. Lo único que lamento es que no tenía la camioneta para ir de inmediato. Maldita sea.

Lo que pasó fue que después de que Veneziano diera el puñetazo en la cara al tipo ese, las chicas de la barra, por obvias razones se levantaron y salieron del lugar. El hombre golpeado, al ver que su "conquista y ligue" huía le propinó a Veneziano un puñetazo en el estómago lo que causo que, para recuperar aire, Veneziano se curvara hacia adelante y perdiera un poco el equilibrio. En ese preciso momento pasó algo en el interior de su mente, como todos sabemos Veneziano no ha sido un gran peleador, prefiriendo siempre rendirse a pelear. Pero en está ocasión hubo algo que lo hizo reaccionar, y no sabía exactamente qué es lo que era. Así que estiró sus brazos hasta agarrar las rodillas de su contrincante, las jaló hacia adelante, causando que este perdiera el equilibrio y se doblara para atrás. Usando el movimiento y la distribución de los pesos, Veneziano logró levantar al sujeto unos cuantos centímetros del suelo, para lanzarlo hacia el otro lado del establecimiento, dejándolo inconsciente de inmediato.

Los demás hombres del lugar, conocidos del atacado, se pararon de inmediato y rodearon a Veneziano, sujetando objetos que podían ser usados como armas. Para entonces Mariolino estaba tronándose los de dedos de ambas manos, dando a entender que este encuentro era justo y necesario. Mientras el gerente llamaba a la policía desde detrás de la barra. Uno a uno se fueron acercando a Veneziano, y este pudo no solo esquivar los golpes, sino devolverlos con gran fuerza y agilidad. Si tan solo Alemania lo hubiera visto.

Cuando llegó la policía, tuvieron que separar a Veneziano de otro sujeto que necesitaría cirugía plástica después de que la nación le dejara desfigurada la cara de tanto golpe, todos los implicados fueron a la estación de policía del pueblo y retenidos en diferentes celdas.

Como Gina estaba sin auto, y a esa hora no pasan autobuses tuvieron que pasar la noche entera en la pequeña cárcel hasta que Gina pudo pagar la fianza de ambos. Las mujeres, víctimas en todo esto, sirvieron de testigo a los oficiales y no presentaron cargos contra ninguno de ellos, a excepción de quien comenzó este pleito. Porque de no haber sido así Veneziano y Mariolino estarían siendo procesados y enjuiciados por daño a un establecimiento y ataque premeditado a otra persona. Y a Veneziano no le convenía que Romano se enterará de estos acontecimientos. De ninguna manera.

El viaje de regreso fue en silencio, Gina al verlos en la celda puso una cara que los retaba a decir algo y verían las consecuencias. Los oficiales de policía que la conocían, no solo por ser una de las mujeres más ancianas del pueblo, sino que ella fue la maestra de la mayoría de ellos, conociendo esa mirada que hacía temblar a muchos, le dieron la facilidad de sacarlos sin mucho tramite, y le entregaron en persona las llaves de la camioneta de su marido, y la escoltaron hasta la entrada de su propiedad, más que seguridad era prevención no fuera que se le ocurriera a la dulce ancianita asesinar a su esposo y "nieto".

Y ahora en la pequeña mesa de la cocina, con un botiquín abierto e implementos médicos desparramados por toda la superficie ambos hombres estaban recibiendo sus respectivos sermones.

Gina había terminado de curar las heridas de Veneziano para pasar ahora a curar "delicadamente" los cortes de su marido, mientras Veneziano se preguntaba qué era lo que lo había impulsado a actuar así, en primer lugar, tan concentrado estaba que no reparó en que se había quedado con la mirada fija en la pared, y su mano en la herida recién curada de la frente.

— ¿Todavía le duele Feliciano? —preguntó Gina después de curar a su marido y este se fuera al patio a disfrutar de una cerveza fría.

—No, es solo qué no sé lo que me pasó—dijo él bajando la vista avergonzado—. Yo no actuó así.

—Sé que eso es mentira.

—Gina, golpee a un hombre sin razón.

— ¿sin razón? Ese sujeto planeaba violar a una chica, usted hizo lo correcto, en defenderla no en golpearlo claro.

—Pero, yo jamás he actuado así. Ni siquiera en las guerras.

—Le contaré una historia, que me encantaba de niña—dijo mientras arrastraba una silla para sentarse al lado de la nación, y lo acercaba más a ella—. Había una vez una pequeña República que estaba rodeada de agua...

—Gina...

Pero Gina no escuchó y continúo —. Un día unos hombres con turbante vinieron a atacarla, porque estaban celosos del éxito comercial de esa nación. La pequeña República se defendió, tomaron sus galeras y a punta de espadas, flechas y cañones expulsaron a los hombres con turbante fuera del mar que tanto amaban.

Se hizo el silencio y Veneziano sonrió—. Lo había olvidado.

—Y jamás vuelva hacerlo—dijo ella dándole un beso en la mejilla, y de la nada preguntó— ¿Cuándo salía a bailar o a beber con su hermano, y ocurrían estas cosas qué hacía?

—Era Romano quien discutía, pero bastaba que pusiera una mirada para que todos se alejaran de quien sea, así ganaba muchas conquistas.

— ¿y usted?

—Me quedaba atrás rezagado. Me sentía bastante indefenso e inútil.

— ¿Y ahora?

—No lo sé.

—Porque no va a descansar un rato y lo reflexiona. ¿Quién sabe? Tal vez cuando se dé cuenta de lo que fue ese sentimiento las cosas cambien.

— ¿De verdad lo crees Gina?

—Por supuesto que sí—Y con esto le dio otro beso en la mejilla, y lo dejó solo.

Veneziano subió a su habitación y se tiró en la cama. No se molestó en acomodarse, se quedó ahí reflexionando. ¿Qué había de diferente en esta ocasión de las anteriores? Pensaba y pensaba. De la nada le vinieron varios recuerdos de cuando salía a beber con su hermano, eran una de esas pocas ocasiones en que Romano le invitaba unas copas, y se llevaban extrañamente bien, que por lo general eran una vez cada 8 años. Siempre que alguien se iba a pasar de listo con alguna chica a la que Romano le hubiera puesto el ojo anteriormente, Romano llegaba y le daba al tipo un juego de palabras, y una mirada asesina. Con eso era suficiente para que la mujer afectada cayera a sus pies. Luego Romano, regresaba a su lado le pasaba un Billete, y le decía que se fuera a pasear, o que regresara a casa solo, mientras el desaparecía con la mujer. En otras ocasiones el coquetearía con las chicas que quedaban, pero a la final no podía abusar de ninguna de ellas. Ese paso que al parecer Romano dominaba a la perfección, él no estaba listo para darlo, al menos no todavía. Por eso, luego regresaba solo a casa obedeciendo a Romano.

Se giró hacia su derecha dando la espalda a su ventana, mirando su habitación sin ver nada en especial se fijó en el portarretratos, solo que ahora lo habían levantado. Estaba completamente seguro que al llegar lo había puesto boca abajo, pero ahora no tenía la energía para levantarse, y bajarlo. En la posición en la que estaba no le permitía ver el portarretratos de frente, así que haciendo un poco para atrás su cabeza, obligándolo a tumbarse de espaldas, y mirar su cómoda al revés; miró fijamente la fotografía. Los años 40, esa década fue lo que culminó una época oscura de su vida, era tan fácil conquistar muchachas, pero tan difícil mantener la paz entre las naciones. Pero ahí tampoco era una persona violenta, ni mucho menos altanera. Es mas era una completa decepción. Eso Alemania lo había dejado claro el día en que lo conoció, y tenía toda la razón; la pregunta era ¿por qué se unió a los nazis en primer lugar? Y la respuesta vino de inmediato: Mussolini. Ese hombre había oscurecido su vida por un par de décadas, cumplir sus órdenes fue un verdadero suplicio, le parecían terribles. Pero que podía hacer, toda nación está sujeta a los deseos de su jefe, aunque no le guste.

Y fue ahí cuando Italia sintió una epifanía, tan grande que se sentó de golpe y se levantó tomó el portarretratos y lo analizó con la mirada. Alemania odiaba acatar las órdenes de Hitler, Romano evitaba obedecer a Mussolini, fue por eso que se fue a trabajar para Estados Unidos en primer lugar, dejándolo con el tirano, pero antes de eso obedecía los decretos del señorito de Austria. Finalmente lo entendió, ahora no tenía por qué obedecer a nadie. Ni a Romano, ni Alemania, ni mucho menos a ningún jefe, ni siquiera a Austria. Las decisiones las estaba tomando él. Él tuvo el impulso de golpear al sujeto porque le parecía mal su actitud, y como no había Romano que lo hiciera y nadie capaz de detenerlo, él lo hizo.

Lo hizo. Por su pura y propia voluntad. Y eso le llenaba de una gran alegría que se puso a saltar por toda la habitación en una euforia tal que no le salían las palabras, solo reía, y reía sin poder parrar. Sus pensamientos se detuvieron cuando oyó un golpeteo suave en la puerta, rápidamente recobró la compostura, dejó el portarretratos boca abajo en la cómoda y abrió un poco la puerta.

— ¿sí?

—Disculpe, Feliciano, pero alguien lo busca—dijo Mariolino asomando la cabeza.

—Creí que había dejado en claro que no quería ver a ninguna otra nación aquí.

—Es verdad, pero no es ninguna nación o funcionario del gobierno.

— ¿entonces quién es?

—Creo que es la chica que salvó anoche. Está abajo, mi mujer le está pasando una taza de café en estos momentos.

Veneziano no entendía, — ¿por qué está aquí?

—Creo que eso debe averiguarlo usted mismo. Y para que lo sepa es bellísima.

—Enseguida bajo.

Veneziano se cambió rápidamente de ropa, y bajó a la sala de estar. La chica era mucho más bonita de lo que él recordaba, en cuanto lo vio se levantó de inmediato su cabello era Negro, pero de ese negro que le recordaba las aguas del mar Adriático y este caía como cascada por su espalda hasta la cintura, sus ojos eran marrones, su piel bronceada y tersa, buena figura, la cual era acentuada por un pantalón jean y una blusa sin mangas sencilla. Como dijo Mariolino una belleza.

—Acompáñame a traer más café querido— dijo Gina, empujando a su esposo a la cocina.

—Buenas tardes, y lamento importunarte, —dijo la chica después de ver que los ancianos se habían retirado—. En la estación de policía me facilitaron tu dirección. Vine para agradecerte lo que habías hecho por mí ayer.

—Oh... este no fue nada.

—Nunca te había visto por aquí, ¿eres un turista? Porque si lo eres me sentiría muy apenada por lo mal que se estaba comportando mi conciudadano.

—Este...

—Es nuestro nieto caro, vino de vacaciones desde Roma—dijo Mariolino con una taza de café en la mano.

— ¡Oh! En ese caso no debes conocer mucho el pueblo.

—Pues la verdad...

—Ya sé, cómo agradecimiento te invitaré a una fiesta. Hay un club al que podemos ir. ¿Eres mayor de edad?

—Oh sí, tiene 20 años recién cumplidos— dijo Gina trayendo una bandeja con galletas.

—En ese caso podremos entrar, te vendré a ver hoy por la noche. Claro si no les molesta a tus abuelos.

Por supuesto que no, irá—dijeron ambos ancianos con una sonrisa en la cara.

—Entonces hasta la noche.

Se acercó, le dio dos besos en las dos mejillas, y salió de la casa como una ráfaga de viento. Veneziano, regresó a ver a Gina y Mariolino con una mezcla de incertidumbre.

— ¿20 años recién cumplidos?

—No quiero que beba mucho, Feliciano.

—Pero de seguro hallarán la forma de darle alguna copa.

— ¿Y qué se supone que haga?

—Divertirse, ya es tiempo de que salga de casa—dijo Mariolino mordiendo una galleta—. Se lo merece de todas formas, ya tiene varios siglos trabajando arduamente por el bien de toda esta gente.

—No sé si tenga algo decente para ponerme. Y mi apariencia...

— ¿Quiere que le afeite? —preguntó Gina, pero Veneziano no estaba dispuesto—. ¿Le recorto la barba?

—Sí, eso puede ser. Ahora está de moda, he visto a varios jovencitos recortándosela. Y del traje no se preocupe ya le ayudo yo, creo que tengo uno guardado en mi viejo baúl, le debe servir.

—Un segundo, ni siquiera sé si quiera ir.

¡IRÁ!

El grito de ambos ancianos fue suficiente para que Veneziano se sentará en la cocina, mientras Gina le recortaba la barba castaña con tintes de rojizo. Mariolino, planchaba delicadamente un viejo traje que era la sensación en 1943, era heredado de un primo que había muerto en guerra, él solo lo había usado dos veces, cuando se casó y cuando su hijo entró en la escuela. Después, Gina le preparó un baño caliente, y luego de quedar limpio y perfumado, Mariolino le ayudó a colocarse el traje que estaba a su medida.

Veneziano se miraba en el espejo con nostalgia, hacía mucho tiempo que no usaba uno de esos. El atuendo y la cara estaban listos, pero algo faltaba... algo no cuadraba y los ancianos no sabían que era. Hasta que Veneziano de uno de sus cajones sacó un par de anteojos viejos que usaba para leer, se los puso y el look quedó estupendo.

—Me he vuelto un hípster.

— ¿Qué es eso de Hipster? —preguntó Mariolino.

—Se ve perfectamente bien. —acotó Gina sin remordimientos.

—Voy a buscar mi cámara, esto merece ser recordado...

Gina se quedó junto a Veneziano sacando unas cuantas pelusas del traje, Veneziano le agarró de la muñeca llamando su atención.

— ¿Puedo hacerte una pregunta? —dijo Veneziano mirándola a través del espejo.

—Claro que sí.

— ¿Cómo se llama ese sentimiento que tienen ustedes los humanos cuando saben que no viven para nadie y solo para ustedes mismos?

—Se llama libertad, Feliciano.

—Creo que eso es lo que me impulsó a golpear al tipo anoche, ahora soy libre. No estoy obedeciendo órdenes de nadie, ni del primer ministro, ni de Romano, ni de Austria.

— ¿y cómo se siente al respecto?

—Fantástico.

—En ese caso disfrute de esta noche.

—Gracias Gina—Veneziano regresó a ver y le di un abrazó a la mujer al mismo tiempo que Mariolino tomaba las fotografías.

Una hora después, la chica llegó en un auto y recogió a Veneziano. Antes de marcharse, Mariolino le extendió varios billetes.

—Gástelos sabiamente, en especial en la farmacia con esas cosas para...

— ¡Adiós Nonno!

Mariolino se sorprendió y se llenó de una inmensa alegría—. Viste querida, me llamó Nonno.

—Solo espero que esta noche todo le salga bien.

—Vamos, mujer no te angusties, el mismísimo Casanova le enseño el arte de la conquista, estás viendo a un profesional.

—Y eso justamente es lo que me preocupa.


¿Les gustó? Espero que sí.

Si tienen alguna crítica, comentario, sugerencia no duden en escribirme en un review.

Nos vemos en dos semanas.