Hola todos ¿cómo están? Espero que bien, parece que Julio está estable, veamos como llega Agosto en este año apocalíptico.

Como dije en mi anterior video este personaje nuevo es solo para desarrollar a Veneziano como personaje. Espero les guste.

Hetalia no me pertenece

Disfruten su lectura.


La fiesta fue bastante amigable, los dejaron entrar sin preguntar mucho, pudieron disfrutar de unos cuantos cocteles, bailaron un poco, y ahora estaban observando desde su mesa a la gente divertirse.

—Nunca pregunté tu nombre—dijo la chica haciéndose escuchar por el sonido estridente de la música.

—Feliciano… Vargas—respondió Veneziano tomando prestado el apellido de Mariolino.

—Mucho gusto Feliciano Vargas. Mi nombre es Beatrice Buchelli. ¿A qué te dedicas?

—Digamos que, me estoy dando un año sabático.

— ¿Ah sí? ¿Estudiabas? ¿Trabajabas?

—Trabajaba.

— ¿En qué?

—Tenía un puesto como asistente de gabinete en el ministerio.

Lo que Veneziano contestaba no era necesariamente una mentira, su contrato decía que era un asistente administrativo, ganaba más que cualquier otra persona dentro del Ministerio, un poco injusto con los demás pero nadie iba a superar su experiencia de siglos y siglos en su hoja de vida, por más maestrías y doctorados que se tengan. Así que contar la verdad a medias no era del todo malo.

—Vaya, debes ser muy bueno para llegar a ese puesto. ¿O te ayudó alguien?

— ¿eh?

—No tienes que decirlo, entiendo que no quieras comprometer a nadie, en estos tiempos que corren aun cuando se tiene título es muy difícil tener una plaza fija de trabajo, a menos que tengas "padrino" ¿entiendes?

—Sí, entiendo perfectamente.

—Yo estoy estudiando en el conservatorio en Florencia, me gané una beca a la excelencia. En unos años seré una cantante de ópera muy famosa— y antes de que Veneziano pudiera argumentar algo ella acotó—y no, la ópera no está muerta, cada vez hay menos gente sí, pero es muy selecta. Si logro hacer los contactos necesarios me verán en todo el mundo.

—Qué bueno. Pero supongo que tienes un plan B si esto de la ópera no funciona.

—Sí, trabajar en la granja de la familia—lo dijo con mala gana, y Veneziano no iba a argumentar más con ese tipo de comentario.

— ¿Quieres bailar un poco más? —preguntó Veneziano para animarla un poco.

—Creí que no preguntarías, vamos.

La noche continuó, Veneziano y Beatrice bailaron toda la noche hasta que literalmente los echaron a eso de las 3 de la mañana. Caminaron por el pueblo, vacío; la muchacha caminaba con sus tacones en la mano, los zapatos de Veneziano, y su chaqueta encima, aunque le quedaban enormes era mejor que caminar descalza, y soportar el frío viento proveniente del Po en la madrugada.

—Eres un caballero.

— ¿Eso crees?

—Sí, muy pocos chicos salvan a una chica cuando uno hombre intenta conquistar a dicha chica. Creí que era como código de chicos ¿sabes? Algo como "no te metas, estoy coqueteando" o algo así

—Eso ni siquiera se define como coquetear.

— ¿Habló el experto?

—No, no quise insinuar...

—Tranquilo, no tienes que explicarme nada. Sería raro si no hubieras tenido experiencia en esto. ¿Cuántas novias has tenido? —Feliciano se puso un poco nervioso antes de contestar—. No tienes que responderme, lamento si te pregunté algo muy personal.

—No es por eso, es solo que... digamos que novia en el sentido estricto de la palabra...no he tenido ninguna.

—Entiendo, entonces solo ligues casuales ¿supongo?

—Bueno, "ligue" como tal...

— ¿tampoco? ¿Eres un santo?

—Es un poco complicado, digamos que siempre he tenido relaciones muy cortas, de coqueteo y nada más.

— ¿alguna vez tuviste una relación seria con alguien?

—Sí, cuando era niño.

— ¿de verdad? Que tierno, ¿se juraron amor eterno? —Veneziano asintió levemente— ¿qué pasó? No me digas, ella creció y se interesó por otros chicos, o ya sé se mudó y jamás la volviste a ver, y cuando lo hiciste ambos habían tomado caminos separados o...

—murió

—Oh, lo siento. No debí haber preguntado.

—Tranquila, pasó hace mucho tiempo.

—Pero no lo has superado verdad, no te has envuelto en una relación seria, por ella ¿verdad?

Veneziano no sabía que decir, tal vez fuera verdad tal vez no. A pesar de todos esas conquistas y estar rodeado de mujeres ninguna de ellas le había hecho sentir lo mismo que Sacro Imperio Romano. Y al parecer era mejor así. No contestó la pregunta, y Beatrice no hondó más en el tema por unos metros hasta que llegaron al parque frente a la iglesia. Se sentaron en uno de los bancos centrales

—Sabes, yo tampoco he estado en una relación seria. Pero si he tenido ligues casuales, solo para pasar el rato. No te preocupes por eso, ya llegará alguien que te diga en la cara que te quiere mucho.

Veneziano no respondió, ella empezó a sacarse los zapatos y se los pasó a su dueño respectivo. Dejó que sus pies se enfriaran en el frío piso lleno de adoquines.

—Bien, ¿puedo hacerte otra pregunta? —Veneziano asintió— ¿Cuál es el verdadero motivo de tu año sabático?

—Libertad.

— ¿libertad?

—Sí, me han menospreciado, oprimido, estresado, odiado en límites que ya no pude soportar—se levantó de golpe por la emoción de volver a recordar todo lo vivido en lo poco de este año—, me alejé de todo, para poder darme un respiro.

—Me parece excelente pero... ¿qué vas hacer?

— ¿a qué te refieres?

—Entiendo que quieras sentirte libre de toda esa presión pero estar encerrado en la granja de tus abuelos no es ser libre ¿sabes? —Veneziano no entendía a lo que se refería, y ella al ver su expresión, se rió, se levantó, y le tomó de la mano—Ven conmigo, te mostraré algo.

Fueron directo al club de dónde habían salido, encontraron el auto estacionado donde lo habían dejado, ella entró y manejó sin zapatos. Eran las 4:30 cuando se encontraban a unos pasos del río Po. Beatrice salió del auto, sin la chaqueta, se levantó un poco la falda que llevaba puesta y se encaminó a la orilla el agua fresca le alivió sus dolientes pies. Veneziano la siguió lentamente, Beatrice vio complacida como él también se alzaba las vastas del traje y se metía con ella al agua.

— ¿qué hacemos aquí?

—Espera unos segundos y...

Veneziano miró al fondo y vio como el sol salía por el horizonte iluminando todo el río, los pocos peces que aun navegaban por ahí se movían haciendo piruetas entre las algas del lecho del río.

—Esto me apasiona, cada día de todos los veranos vengo aquí a ver el amanecer. A esto es lo que llamo libertad Feliciano, poder hacer esto que me gusta sin que me importe un comino lo que piensen los demás. Es hermoso ¿verdad?

Cuando Beatrice regresó a ver Veneziano estaba llorando se había agachado en el agua, Beatrice de inmediato se agachó a su lado.

— ¿Qué pasó? ¿Fue algo que dije? Perdona, no sabía que estabas pasando un mal momento. Lo lamento.

Después de unos minutos, y ya en el auto Veneziano finalmente se calmó y pudo contarle lo sucedido a Beatrice, obviando su estatus de nación y la importancia real de todas las pinturas.

—...vinieron a disculparse, pero yo no les podía perdonar lo que me hicieron. Al menos no así de fácil.

—Pobre Feliciano, pero te digo lo que hiciera. Yo hubiera cogido, mil y un lienzos los hubiera pintado y exhibido en un museo, y les hubiera dicho: en su estúpida cara. No les gusta que pinte, pues bien, me voy a dedicar solo a eso. Púdranse.

Veneziano rió con la simplicidad de la mujer a su lado, —no es tan fácil Beatrice, toda mi vida he pintado así, sin que me importe.

— ¿Y qué te impide seguir haciéndolo? Ellos destrozaron tu arte, bien, pues ellos se lo pierden; tú no vas a dejar de pintar solo porque a ellos no les gusta—Veneziano se puso serio e iba decir algo pero Beatrice continúo con su punto—, total eso no impide que cumplas con tu trabajo ¿verdad?

—Pues era un poco descuidado, pero sí cumplía mi trabajo.

— ¿Entonces de qué se quejan?

—Yo no soy serio con las cosas, no actúo como un adulto.

— ¡Y ESO QUÉ TIENE QUE VER MIERDA! —Beatrice gritó al aire, e incluso hizo sonar el claxon del auto, las aves en la orilla se levantaron en vuelo asustadas por el ruido, luego se tranquilizó—. Dime Feli, ¿pagas tus impuestos?

—sí.

— ¿Pagas tus tarjetas de crédito? ¿Las cuentas de los servicios básicos?

—Sí.

—Pues eres un adulto, y yo no entiendo a qué estúpido se le ocurrió decir que ser adulto es ser un infeliz aburrido que no disfruta de la vida, y solo se dedica a trabajar. Sabes yo aún veo caricaturas. Está bien lo dije.

—Yo juego en las maquinitas de vez en cuando.

— ¿ves? No tiene nada que ver. Lo único que no soporta esa gente, amargada de mierda, es que tu sonrisa les recuerde la que ellos perdieron hace tiempo.

—Tienes razón.

—Oye, sé que sigues dolido, pero que eso no te impida disfrutar de lo que te gusta. Si te gusta pintar, pues sigue pintando. Y sabes qué...se me acaba de ocurrir algo.

— ¿qué cosa?

—Este domingo el cura ha decidido hacer un curso de arte para niños, te inscribiré como su asistente.

— ¿eh? Pero...

—Te vas a divertir, yo lo sé. Y eso es lo que necesitas ahora.

—No, lo que necesito ahora es ir y dormir, ya llevo dos días despierto y siento que me estoy desmayando.

—Es verdad. Vamos, te dejo en casa de tus abuelos.

Veneciano le pidió que le dejara en el camino, y antes de irse, en lugar de los besos en la mejilla, le dio un beso largo en la boca. Se puso sus zapatos, y tomó su chaqueta y salió.

Beatrice se relamió los labios, y se los tocó suavemente. Jamás en la vida la habían besado así, — ¡Oye Feli! —El la regresó a ver preocupado—, ¿te despediste de ella así antes de que muriera?

—Sí ¿por?

—Ahora entiendo por qué no tienes novia.

— ¿cuál sería el motivo?

—Ella de seguro viene de allá arriba y maldice a todas tus pretendientes, pero no me voy a dejar. ¿Oíste? Voy a romper tu maldición, mío caro. Ya lo verás.

Le lanzó un beso al aire, y arrancó el auto y se fue. Veneziano sonrió y se encaminó por el terreno. Aún era temprano, a pesar de que el sol ya estuviera alto, alto en el cielo.

Mariolino y Gina lo encontraron dormido en uno de los sofás, se lo veía contento. Lo arroparon con una frazada ligera y lo dejaron descansar.

El ánimo de Veneziano mejoró con el transcurso de los días hasta que llegó el domingo. Veneziano entró en la iglesia con Gina y Mariolino, de la nada su brazo fue sujeto por alguien, y al regresar a ver estaba Beatrice, en un atuendo más casual, un overol con una camiseta, su cabello sujeto en un moño, saludo rápidamente con los ancianos y lo arrastró hacia adelante. Lo llevó detrás del altar, donde el cura párroco estaba confesando.

Cuando terminó, vio a la chica sujetando el brazo de un joven. Ella de inmediato se adelantó a presentarlo.

—Padre Alessio, este el chico del que le hablé. Se llama Feliciano Vargas, nieto de Marilino y Gina.

—Un placer—dijo el sacerdote extendiéndole la mano al joven en frente.

Veneziano se la estrechó fuerte, —el placer es mío, padre.

— ¿qué le parece?

—Bueno, mi querida Beatrice debo verlo en acción primero antes de dar una opinión—dijo el sacerdote, colocándose el hábito y preparándose para salir a la misa—. Después de la misa nos vemos a la derecha del altar.

— ¿Debajo del cuadro de San Marcos?

—Sí pequeña, debajo del cuadro de San Marcos.

—Estaremos ahí. Vamos tenemos que encontrar buenos asientos para oír como todos nos vamos a ir al infierno.

— ¡Beatrice!

Feliciano sonrió inocentemente al sacerdote, mientras su compañera le jaló fuera del lugar y lo llevó de nuevo a donde Gina y Mariolino se encontraban. Se sentó con ellos, y alzando la mano a sus padres a varios puestos más adelante les hizo saber que estaba en la iglesia. El padre de Beatrice miró rudamente a Veneziano, el cual volvió a sonreír para tranquilizarse, porque intentarlo con el hombre en frente sería muy peligroso en su estado actual.

Una hora después, Beatrice se adelantó a hablar con su familia, mientras él se encaminaba a ver a Marcos. Al ver su cuadro, recordó su aventura en recuperar sus restos, bueno recuperar en el sentido de la palabra no, fue más bien un asalto en la casa de Egipto. El, en ese entonces, pequeño Egipto lo siguió para matarlo por semanas hasta que se cansó y olvidó, esperaba.

— ¿Estás listo amigo mío?

Veneziano regresó a ver y vio al sacerdote con un sencillo atuendo negro y su crisma blanca alrededor del cuello.

— ¿no vamos a esperar a Beatrice? —preguntó Veneziano regresando a ver a su alrededor.

—Me temo que su padre no es partidario de esa idea, y se la llevó a que pasara un tiempo de calidad con su familia. Somos tú y yo, me temo. ¿Vamos?

Veneziano asintió, y lo acompañó hacia una pequeña salida lateral, atravesaron un pequeño jardín donde, al otro extremo había un pequeño salón de clases. Varios niños y niñas de diferentes edades estaban sentados en pequeños caballetes, mirando sus hojas blancas listas para pintar. El sacerdote lo presentó a la clase, y le dio total control sobre ella y lo dejó solo.

Decir que Veneziano tenía experiencia con niños pequeños era decir poco, el adoraba a los niños. Así que viendo que el sería el tutor de los mismos decidió empezar enseñándoles cómo combinar y mezclar colores para luego enseñarles lo básico de perspectiva, dimensión, profundidad, y dependiendo de cómo se vayan desarrollando los perfeccionaría en sus destrezas. Algunos captaban más rápido, otros no tanto. Se aseguró de que cada niño pudiera aprender a su ritmo y sin sentir vergüenza alguna. Así pasaron las semanas, y cada día que pasaba los niños salían encantados con las clases del profesor Feliciano y de la misma forma Beatrice que se volvió su inseparable asistente.

Dirán ustedes que esto hará que Veneziano se olvide de sus problemas ¿verdad? El verano avanza y sus días están ajetreados, acompañado de esa hermosa mujer que le alegra los días. Pues para que les voy a mentir, Beatrice se le pegó como chicle a un zapato, y el zapato no quería que lo despegaran. Pero ustedes y Veneziano aquí presente están olvidando algo chiquito y sin importancia que se debía hacer cada domingo después de la misa.

¿Ya se acordaron?

Si, así es. Veneziano se olvidó de llamar a su hermano después de la misa, desde ese día. Ya se imaginaran como la está pasando Romano en su casa los domingos.

Romano se levantaba tempranísimo para ir a la primera misa del día, incluso la representación del Vaticano estaba impresionado. Luego regresaba a su casa y se sentaba al lado del teléfono, todo el día en silencio. Solo se levantaba para ir al baño, comía en la sala de estar, esperando. Ni siquiera prendía la radio o el televisor, ni mucho menos revisaba su celular. Para cuando terminaba el día, sin recibir ninguna llamada, Romano sentía una opresión gigante en el pecho.

España lo sacaba de la ciudad lo más posible para que no se deprimiera, pero Romano insistía en regresar antes del domingo, hacer esa horrible rutina y sentirse miserable en la noche. España estaba empezando a enojarse. Y se lo dijo... a Francia.

—Ya no soporto esto.

—Mon ami, cálmate.

—Veneziano se está pasando de cruel. Romano no ha recibido ninguna llamada desde inicios del verano, y eso lo está perjudicando mucho.

—Comprendo tu punto España.

—No, no lo entiendes, tú no ves a Romano sufrir como yo lo veo.

—Lo sé, pero que tal sí le paso algo y no puede hablar.

—Pues espero que así sea.

— ¡España!

—Sea lo que sea que le haya pasado se lo merece, Romano no tenía la culpa de lo que pasó con sus pinturas, el solo se enojó con todo el mundo y no quiere entender razones de nadie.

—Tienes que entender una cosa España, Veneziano estaba guardando mucho resentimiento en su corazón y sus pinturas fue la gota que derramo el vaso, es obvio que reaccione así— España iba argumentar algo más pero Francia continuó— Cuando regrese no me sorprendería que nos traté mal.

—Habla por ti—dijo España molesto—. Si regresa, y continúa haciendo sufrir a Romano te juro que le daré un golpe.

—Sabes, porque no mejor piensas en la forma que ellos dos se reconcilien.

A Francia le preocupaba en verdad la falta de comunicación, pero prefería pensar que Veneziano estaba enfocado en otras cosas. Si conocía bien a su hermanito, si de verdad lo conocía como él creía que lo hacía. Diría que Veneziano estaba distraído por una mujer, y no cualquier mujer, una muy bonita y especial. Aunque si fuera con un chico tampoco estaba mal, y de seguro el muchacho sería igual de atractivo y especial. Ya en su mente le estaban cursando pensamientos sucios, que le distraían de escuchar las tontas ideas de España a su lado.

Pero del dicho al hecho... Francia a la final terminó de escuchar las ideas de España porque su querido hermanito, si lo conocía como lo hacía, no se atrevería a bailar sobre un colchón; aún.


¿Les gustó? Espero que sí.

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