Cambio de escena: _-_-_-_-_-_ (aquí en Fanfiction no me deja ponerlo por lo que el corte que pongo hará como el cambio de escena)
Cambio de narrador: :::::::::::::::::
Flashback
Pensamiento: "..."
Sueño: [...]
La luz plateada de la luna se hacía paso entre las cortinas que se movían con la suave brisa de la noche. Una tenue iluminación en mi pequeña habitación me permitía ver todo a mí alrededor. Mis ojos se dirigieron al reloj de mi izquierda, el que se encontraba sobre la mesita de noche.
Un suspiro se escapó de entre mis labios, eran las tres de la mañana y todavía no conseguía dormirme... Mañana iba a parecer un completo zombie, razones suficientemente válidas para que mis amigos se burlasen aun más de mí.
Pero claro, ¿cómo demonios iba a dormir con tantos pensamientos en mi cabeza?
El silencio del salón había invadido todo el lugar, no sabía cuánto tiempo llevaba ahí sentado, pero realmente no me importaba aquella tranquilidad porque ante la pregunta que el viejo me había hecho no parecía ser tan fácil de responder como en un principio creía. Esa cuestión había conseguido que me quedase sentado en el mismo sitio durante demasiado tiempo. Realmente había perdido la noción del tiempo allí.
Cuando todos volvieron para cenar, se quedaron mirándome con un rostro lleno de preocupación al ver que no hacía ni decía nada. Y así, en completo silencio simplemente alcé mi vista para verles, después de un suspiro simplemente me levanté y caminé hasta detenerme frente a ellos, sonreí tenuemente y acaricié cariñosamente las cabezas de mis hermanas. Al ver sus caras una queda carcajada escapó de mis labios y así, después de aquello, me encaminé a mi habitación.
– Onii-chan, ¿no vas a cenar nada? – me preguntó Yuzu todavía sorprendida por el gesto de antes. En cambio yo no me detuve, simplemente giré mi rostro en su dirección para mirarla de perfil con la misma sonrisa que llevaba en mi rostro instantes antes.
– No, no tengo hambre. Solamente voy a darme un baño y a descansar, hoy ha sido un día de muchas emociones… – y después de aquello simplemente subí las escaleras, claro, no sin antes escuchar aquella pequeña charla que me sacó otra sonrisa.
– ¿Qué le has hecho para que se ponga así viejo? – le dijo Karin con su tacto de siempre.
– ¿Ah?! ¿¡Por qué he tenido que hacer algo yo?! ¿Tan mal padre me creéis? – dijo y ellas respondieron con un «Sí» rotundo. Tan pronto como lo dijeron, pude imaginarme la cara de mi padre completamente desfigurada ante aquella información y como supuse, se fue corriendo para lamentarse frente al altar de mi madre, la cual había fallecido en un accidente de coche cuando yo solamente tenía cinco años...
Negué con la cabeza ante el pensamiento que había surcado mi mente, sentí como mi cuerpo tembló por ello, por lo que simplemente lo elimino de mi cabeza. Un suspiro vuelve a escapar de mis labios y a escuchar de nuevo a mi padre lamentarse y a mis hermanas pasar de él, sonrío levemente por el comportamiento de mi familia, la cual nunca cambiaba.
La cálida agua de la regadera caía con gran velocidad sobre mi cuerpo. Sentía como aquellas gotas d transparente líquido descendían con rapidez por mi cuerpo, mis músculos se contraían con el paso de estas por la calidez y la sensación, físicamente conseguí relajarme...
Pero en mi mente continuaba aquella tormenta de pensamientos, por un lado (quizás la mayor parte de mi cabeza) se encontraban todo lo que tenía aquí en Karakura, si me marchaba... no podría proteger a a nadie, no sería de utilidad, «¿Y si me voy y sucede algo que no puedo detener?, «¿Y si no soy lo suficientemente bueno?», «¿Y si me echan?», «¿Y si sucede algo por mi culpa?».
'¿Y si...?' era el comienzo de esas preguntas que no me dejaban pensar con claridad. Pero aun así, en aquel lío de pensamientos había una pequeña parte de mí, que me decía que lo intentara, que viviera, que continuara mi vida. Mas sobre esos pensamientos se superponían mis miedos, las otras ideas que tenía como ideales, cegándome y confundiéndome.
– Lo mejor será dormir... quizás así mañana tenga las cosas más claras – susurré para mí mismo y cerré el grifo, el agua dejo de caer sobre mí, pero las gotas de agua continuaban surcando mi cuerpo, ahora más paulatinamente.
Abrí la mampara y salí de la ducha, me acerqué a uno de los pequeños armarios del aseo, abrí la puerta de estos y tomé una toalla para comenzar a secarme por completo. Enrollé la toalla en mi cintura y sin prisa me dirigí a mi habitación para ponerme el pijama y acostarme con la esperanza de que podría dormir un poco.
Pero aquí estoy unas horas después, ¡sin poder dormir y sin tomar una maldita decisión sobre lo que debo hacer ante la propuesta de trabajo!
:::::::::::::::::
Y así pasó la noche, removiéndose en la cama, incómodo, gruñendo a cada rato y bufando exasperado por no poder dormir ni saber que opción debería elegir.
A la mañana siguiente se esperaba la burla de sus amigos por el estilo zombie que estaba utilizando aquel día, pero sorprendiéndolo en demasía, todos, incluso el mismísimo Byakuya Kuchiki el más serio de toda la comisaría le miraba con cierto deje de preocupación en esos ojos grises. Ver aquel sentimiento en todos sus compañeros y amigos, lo hacían sentir todavía peor, no debían estar así por él.
– "Habría preferido que se burlaran de mí en vez de que estuviesen así" – gruñó mentalmente, frunció su ceño por ello y después de chasquear su lengua fue a su lugar de trabajo, arrastrando con él la mirada de muchos.
Necesitaba perderse en sus pensamientos, en el trabajo, en lo que fuera, pero no quería oír a nadie, solo... necesitaba pensar las cosas con claridad. Y vaya si lo consiguió, pero con ello, también aumentó la preocupación de todos, pues no reaccionaba con las constantes burlas de algunos de sus amigos. Y todavía creció más cuando lo vieron comer tan tranquilamente uno de los almuerzos que Orihime había preparado, pues al día siguiente lo había visto muy decaído. Pero ahora, la chica se encontraba gritando como una loca al ver como Ichigo había caído desmayado sobre su escritorio por comerse lo que ella había cocinado.
No por eso estuvieron menos tranquilos (quizás un poco al saber que al menos continuaba siendo un mortal y no un fantasma después de comer la comida de Inoue) por suerte simplemente había caído inconsciente, tanto por el almuerzo como por el cansancio de no haber descansado ni al menos una hora por la noche, algo que solamente él sabía, pero que todos podían imaginarse al ver las pronunciadas ojeras de sus ojos.
Nadie dijo nada en aquel momento, entre Uryu y Renji se lo llevaron a una sala vacía para que pudiera descansar, si algo había hecho bien Orihime, había sido el darle la comida, así lograría dormir un poco, al menos lo necesario.
[La oscuridad se encontraba en todo su entorno, no podía ver nada a su alrededor, sus párpados permanecían cerrados ante una ola de dolor que recorrió cada una de sus terminaciones nerviosas. Su cuerpo se sentía pesado, no podía mover ninguna de sus extremidades, la cabeza le dolía horrores, parecía como si le hubiesen golpeado con fuerza.
Hacía frío, sentía como si poco a poco todo su sistema se estuviese enfriando, el dolor de su cabeza poco a poco aumentaba más y más, no lo soportaba. Un quedo quejido escapó de sus labios, se sorprendió al escuchar un tono infantil... era... ¿él?
No era posible, él... estaba trabajando en la Soul Society, ¿cómo...?
– Ichigo... – susurró una voz que él conocía a la perfección, cada partícula de su ser se tensó por ello. En su mente se repetía una y otra vez que aquello no podía ser posible, que era una maldita pesadilla, que ella no estaba allí. Pronto sintió como su cuerpo cayó, pero no sintió el golpe en ningún momento, solamente sintió como era rodeado por unos finos brazos que le otorgaban la calidez que creía perdida unos instantes antes. Todo su sistema tembló por aquel maternal abrazo que lo pegaba al cuerpo ajeno, como si quisiese protegerlo.
Sus párpados comenzaron a abrirse lentamente contra su voluntad, pues él no deseaba abrirlos, ¡no quería hacerlo! ¡No quería ver aquella imagen!
Pero sin poder detenerlo estos se abrieron y aquella horrible imagen que día y noche le atormentaban se mostró ante él. Unos orbes de color ocre como los suyos le miraban fijamente, estos estaban cristalizados su rostro estaba lleno de heridas las cuales sangraban y se mezclaban con las pocas lágrimas que caían, le dolía ver aquella imagen, ¡su pecho se contraía de solo imaginar el dolor que podría estar sufriendo! Y en cambio, aun con aquellas heridas que seguramente también estarían repartidas por el resto de su cuerpo.
Aquellos ojos aun repletos de salino líquido y con aquel leve deje de dolor, resplandecían más de la calidez, el cariño, la protección que toda madre le ofrecería a su hijo, junto a aquella tenue sonrisa que le inspiraba dulzura y amor. Los ojos del niño pronto se llenaron de espesas lágrimas, ¡no quería ver esa imagen de nuevo! ¡No lo soportaba! ¡Era una sensación horrible!
Pero ella seguía allí, seguía mirándole, seguía sonriéndole. Lo acunaba entre sus brazos, para que estuviese tranquilo, él no podía hablar, no salía palabra alguna de sus labios, se quedaban atrapadas a mitad de camino, sus pequeñas manos apretaron con leve fuerza los brazos de la mujer castaña, quien poco a poco iba perdiendo su fuerza.
– "No, no, no, no, ¡no!" – gritaba dentro de su cabeza mientras sollozaba quedamente al sentir como su garganta dolía como si miles de agujas se estuviesen clavando en ella – "¡Por favor! ¡No, mamá! ¡No me hagas esto! ¡No otra vez!" – decía gritando con gran amargura en su mente, queriendo que sus silenciosos deseos se cumpliesen.
Pero no, esos hermosos ojos ocres que continuaban mirándole fijamente poco a poco iban perdiendo el brillo y la vida. Su agarre por igual poco a poco se iba convirtiendo en uno frío, pues la calidez del cuerpo ajeno iba perdiéndose con el paso de los minutos. La mujer comenzó a hablar, pero Ichigo no la podía escuchar, no sabía lo que intentaba decirle, ni aun con aquella sonrisa que mostraba con cada palabra que salía de su boca podía imaginarse que le estaba diciendo.
Masaki continuaba hablando, su brillo y su fuerza por igual seguía perdiéndose, la sangre acariciaba el rostro del niño haciendo que sus pupilas se contrajeran al sentir la calidez de esta, la impotencia y el dolor se acumulaban en su cuerpo, la ira por no poder salvarla estaba latente en él. ¿Por qué? ¿Por qué no podía salvarla? ¿Por qué no podía impedir que aquello sucediese? ¿Por qué no podía proteger a quienes amaba?
¿¡Por qué era tan malditamente débil?!
¡Maldita sea! ¿¡Por qué?!
– I...chigo – fue lo último que su madre susurró antes de soltar un último suspiro, el último que jamás podría soltar.
– ¿M-Mamá? – dijo el pequeño con voz queda y dolida mientras se aferraba con fuerza al ahora inerte cuerpo de la castaña. El abrazo continuaba, pero ya no había calidez, no había nada, solo una fría sensación que le heló la sangre. Y aun así, el niño no se apartó en ningún momento de la mujer, simplemente cerró sus ojos y se aferró con todas sus fuerzas a ella. Deseando con todas sus fuerzas que no se marchara, que se quedara con él, ¡que viviera! ¡Que fuera feliz con él, con el viejo, con sus hermanas! – "No me hagas esto... por... favor..." – eso era lo único que deseaba, no quería sentirse impotente, no quería perder a nadie, no quería sentirse vacío, no quería sentir el frío de la soledad.
Todo desapareció a su alrededor, no le hacía falta saber que estaba solo, se abrazó a si mismo buscando la calidez que había perdido, buscando algo a lo que poder aferrarse, algo que le protegiese en aquel momento tan vulnerable. Y entonces un pensamiento llegó a su mente... Si él no podía protegerse a sí mismo, ¿cómo iba a poder proteger a nadie? No podía evitarlo, ese sentimiento se instalaba una y otra vez en su cuerpo cada que otro de esas negativas ideas, cada una de ellas era un paso más a su sentencia.
Ahora no era él quien debía proteger al resto, ahora necesitaba ayuda, necesitaba protección, ¡necesitaba sentir el calor! ¡No quería sentirse impotente, no quería sentirse mal, no quería sentir dolor! ¡No quería sentir nada de eso!
– Alguien, ayuda... – susurró abrazándose con más fuerza, clavando sus uñas en su propia piel mientras sus ojos escocían, siendo un signo de que deseaba con fuerzas llorar y poder librarse de aquel pesar...
Pero entonces, algo le hizo abrir lentamente sus ojos, era una sensación... cálida. Alguien le estaba abrazando, lo atraía hacia un cuerpo ajeno que lo acunaba para poder protegerle, antes de poder mirar quien era aquella persona su cabeza había sido escondida en un fornido pecho, unos fuertes brazos no le dejaban moverse, aunque tampoco era como si pudiese hacerlo. Su respiración por unos instantes se detuvo por sentir como ese sentimiento que había creído perdido había vuelto a él, era... como volver a nacer. Pero pronto acabando con aquella impresión, una mano lo tomó del mentón alzando su rostro para pronto sentir como sus labios eran sellados con otros que tenían un suave tacto, sus ojos se abrieron todavía más sorprendidos por ello.
Se encontró con un profundo mar azul que lo miraba con intensidad, casi podría decir que se podía ahogar en el. No podía ver mucho más allá, porque la otra persona no le permitía moverse ni siquiera una pizca y sus ojos no se separaban de los ajenos. Su cuerpo se estremecía ante aquel beso, sin poder evitarlo su cuerpo temblaba bajo aquellos fornidos brazos que lo aprisionaban ofreciéndole aquella calidez y protección, que al mismo tiempo le hacía temblar, un momento...
Una mujer no lo sostendría de aquella forma, por lo que...
– "¿¡Estoy besando a un hombre?!" – se preguntó sorprendido ante lo que parecía ser obvio y pronto comenzó a negar mentalmente, no era posible, ¿cómo había podido suceder aquello?
– Kurosaki... – susurró el otro hombre nada más separarse con un sutil mordisco en su labio inferior, pronunciando cada letra de su apellido, lenta y acompasadamente en un jadeo. Una voz grave, ronca y varonil que había estremecido todas las partículas de su cuerpo casi sin intentarlo. ¿¡Qué demonios estaba pasando?! – Despierta Kurosaki-kun – dijo ahora con una voz más femenina haciendo que él arquease ambas cejas sorprendido – Por favor... – susurró el otro con aquel tono volviendo a acercarse a sus labios haciendo que él cerrase sus ojos y negara una y otra vez con su cabeza, al mismo tiempo que gritaba con fuerza en su cabeza negando ante la acción del otro hombre.]
– ¡No! – gritó el chico levantándose rápidamente y dándose un fuerte golpe contra algo muy duro – T-Tch... – gruñó el de cabello naranja sobándose la parte de su frente en la que se había golpeado y después abrió uno de sus párpados observando que Orihime estaba tirada en el suelo sobándose su frente al igual que él – L-Lo siento Inoue, solo... he tenido una pesadilla 'Las pesadillas no te hacen sentir así de bien' – le dijo burlona su mente haciendo que un tic se formara en una de sus cejas para apretar con fuerza uno de sus puños.
Ella negó con la cabeza y le sonrió con aquella tenue sonrisa que solía caracterizarle – No pasa nada Kurosaki-kun, solo que llevas muchas horas durmiendo y al ver en tu rostro una expresión tan afligida y después asustada me he preocupado – dijo y el hombre volvió a suspirar, para sentarse en el sofá y poner una de sus manos en uno de los hombros de la chica.
– Gracias por preocuparte Inoue, pero creo que iré a casa, lo cierto es que desde que ha empezado el día "Y mucho antes..." Igualmente gracias por preocuparte, ¿le dices a los demás? – dijo y ella asintió levantándose pero el chico la tomó de la muñeca sorprendiéndola bastante por la fuerza que había ejercido – Y... ¿podrías evitar decirles lo de la pesadilla? No quiero que se preocupen de más por mi – la de cabello naranja simplemente asintió con la misma sonrisa para después salir de allí, dejando completamente solo a Ichigo, quien tomó varios mechones de su cabello para apretarlos con fuerza – Realmente debo irme a pensar con claridad – suspiró levantándose para dirigirse hacia su casa sin tomar las cosas de su escritorio, ya iría otro mañana a por ellas.
Los días continuaban pasando, el tiempo de decisión cada vez se acortaba más y sus dudas continuaban creciendo. Era exasperante, ¡le molestaba demasiado no poder tomar una maldita decisión!
Pero es que... era tan condenadamente difícil para él decantarse. Y aunque era domingo y ese día no tenía que trabajar, sabía que no iba a ser un día relajante para él. El porqué de ello era sencillo.
Primero, no tenía ni idea de que elegir; segundo, solo le quedaba un mísero día para decidir; tercero, ¡le dolía la cabeza de pensar en porque había soñado que besaba con un maldito hombre!
Era completamente hetero, desde siempre le habían gustado las mujeres, se había acostado con muchas y siempre había disfrutado... ¿por qué ahora le venía un sueño de alguien que no conocía? No lo podía comprender, y eso solo me confundía y cabreaba más.
– Parece que andas más despistado que de costumbre – le dijo su padre desde la puerta de su habitación haciendo que el de cabello naranja diera un salto en su cama. ¿¡Cuándo había llegado allí?! – Realmente te cuesta decidirte ¿eh?
– Viejo, ¡al menos llama antes de darle un paro cardíaco a alguien! Y no... todavía no puedo elegir lo mejor para todos – dijo y pronto recibió un golpe en su cabeza dejando que su rostro se quedase pegado sobre sus sábanas, apretó sus puños con fuerza y se giró con el ceño fruncido para enfrentar a su padre – ¿¡Pero quién demonios te has...?! – al ver el rostro serio del mayor, simplemente se quedó de piedra, realmente Isshin Kurosaki era imponente con aquella faceta.
– Eres un completo idiota – le dijo haciendo que el menor frunciese aun más su ceño – No debes elegir lo que sea mejor para todos, debes elegir lo que es mejor para ti, lo que sabes que te puede hacer más feliz – le dijo al momento de cruzarse de brazos mirando fijamente a su hijo quien le miraba como si estuviese loco.
– Lo que me hace feliz es que vosotros estéis bien, que todos estén bie... – antes de terminar la frase su padre volvió a golpearle haciendo que frunciese todavía más su ceño – ¡Oye viejo, al final voy a partirte la cara!
– Despierta de una maldita vez Ichigo, no te impongas ideales que no te hacen feliz – gruñó y chocaron cabezas. La discusión había tomado un rumbo y era uno peligroso, puesto que la intensidad de esta había aumentado en demasía, casi llegando a los puños. Pero en el momento en que el menor iba a asestarle un golpe a su padre este le gritó algo que le hizo abrir sus ojos completamente sorprendido – ¡Deja ya de culparte de su muerte! ¡No fue tu culpa! No debes protegernos a todos, no puedes hacerlo Ichigo...
– Pero yo... yo no puedo irme así como así, tus medicinas... los estudios de Karin y Yuzu, t-todo... ¿cómo podría...?
– Algo que tu madre me dijo mucho antes de que muriera y de que tú y tus hermanas nacierais hizo que reflexionara mucho – interrumpió abruptamente al chico quien por unos instantes se quedó callado, dejando que su padre continuase – Si tenemos un hijo, no quiero que viva enjaulado. Quiero que sea libre, que viva su vida como él quiera, sin nada que lo ate, mucho menos la sensación de culpa. Y sobre todo, deseo que sean felices con la persona que él o ella crea que es la indicada – el chico se quedó un tanto sorprendido por aquello que le había dicho su padre.
Una y otra vez se preguntaba el porqué estaba allí en Karakura, era cierto que todo lo que tenía allí lo hacía feliz, le llenaba de satisfacción y alegría. Allí tenía a sus amigos, a su familia, pero... faltaba algo, algo que le hacía sentir incompleto, algo que le hacía sentir en su boca cierto deje de amargura. ¿Si se marchaba a Tokio... podría encontrar la respuesta a ese extraño vacío que sentía?
– Pero viejo yo... – antes de acabar el hombre le puso una mano frente a su rostro para que no continuase hablando.
– No quiero que te preocupes por nosotros... Karin y Yuzu ya tienen edad suficiente para cuidarse por sí mismas. Yo todavía puedo mantenerme sobre mis dos piernas y pienso con claridad, solamente que a veces se me va, nada de lo que no pueda encargarme yo mismo. Y como te dijimos si lo que te preocupa es el dinero nos puedes mandar más dinero o nos encargaremos nosotros de conseguir más dinero... pero hijo por favor, no te encadenes a un solo destino si más se presentan ante ti.
Le dijo al de cabello naranja quien una vez más se había quedado sin palabras frente a lo que su padre decía. No podía creerse que esa persona que no la veía para nada serio una vez más le diera tal patada en la boca que lo despertara de tal manera. Su padre se apoyó en una de las paredes y esperó paciente, pues su hijo parecía estar pensando – "Lo que he dicho de su madre no era cierto pero... al menos ahora no está encadenado a nosotros" – pensó con una tenue sonrisa, había sido un poco rastrero utilizar el recuerdo de su esposa para hacer reaccionar a su único varón.
El chico caviló y caviló durante un largo rato. Todo lo que sus amigos y familia le habían dicho a lo largo de aquella semana era cierto, debía vivir su vida, aunque se sentía culpable por lo que había sucedido con su madre hace ya muchos años y deseaba proteger con todas sus fuerzas a todos los que quería, quedándose allí solo podía hacer que se preocupasen más por él de una manera innecesaria y quizás, solo quizás marchándose a Tokio podría encontrar eso que, por fin, le completara. Por lo que, ahora, gracias a su viejo... había encontrado la respuesta que tanto había esperado esa semana, la que no le había podido encontrar porque los pensamientos negativos le cegaban, por fin, por fin había elegido.
– ¿Y bien Ichigo? – le preguntó después de un largo rato de espera, justamente cuando vio que el brillo en los ojos ocres de su hijo cambiaba por completo, a esa viva y feroz que alguna vez había visto en él.
– Ya he tomado mi decisión, viejo – dijo con una gran sonrisa que le hacía brillar con fulgor, aquella sonrisa contagiosa que tantas veces había visto el azabache en su mujer y que tan feliz le había hecho. El hombre se despidió dándole un sutil coscorrón en la cabeza y se marchó de la habitación cerrando la puerta tras de sí.
El chico aun con su sonrisa dirigió su mirada hacia la ventana, la cual se encontraba abierta dejando pasar la suave brisa de la tarde, esta acariciaba tenuemente sus rebeldes y puntiagudos cabellos al mismo tiempo que acariciaba con delicadeza su piel. Sentía como en su interior comenzaba a calmarse la tormenta, como ya todo volvía a ser pacífico... Sí... esa había sido la decisión correcta... o eso creía él.
Bien, quizás lo de la decisión que ha tomado Ichigo ha sido muy precipitada, pero realmente ha transcurrido una semana entera pensando en que debería elegir y aunque veo un poco precipitado el final, realmente me ha gustado y por lo mismo espero que os guste a vosotras... por ahí he metido un poco de fan service y al mismo tiempo un poco de drama. Eso es todo para el capítulo de hoy. Gracias por leer y dejar un comentario jeje.
P. Capítulo: III. Nuevo trabajo, nuevos vecinos.
¡Nos vemos!
