Cambio de escena:

Cambio de narrador: ++++++++++

Flashback

Pensamiento: "..."

Sueño: [...]


Llevaban ya un buen rato pasando por las extensas carreteras de aquella gran e iluminad ciudad, la pantera se estaba exasperando ya, pero el menor continuaba medianamente tranquilo, debido a que la calle donde aquel dependiente se encontraba parecía encontrarse en la zona más apartada de aquella metrópoli.

Lo cierto era que el menor era nuevo en aquella ciudad, sobre todo para tener la capacidad de conocer todos y cada uno de los callejones donde los mejores informantes podrían encontrarse. Por suerte, aunque no tanta quizás, había podido sacarle información a la venenosa lengua de Gin Ichimaru, uno de sus superiores que al parecer le encantaba sacarle de quicio con sus burdas bromas y su imborrable sonrisa. Y por igual había sacado información de Ulquiorra Schiffer, aunque aquel hombre podía dar ciertos escalofríos porque más que hablar con la gente miraba fijamente con aquella intensa y fría mirada y cuando hablaba con esta simplemente era para describirlos despectivamente como basura. Había conseguido los suficientes datos para no volverse loco al buscar a ese tal Kisuke, nombre el cual recordaba, pero no tenía idea de donde, para salir del paso y que su compañero no le tratase como un ser inútil e inferior como solía hacer.

—¿Estás seguro de que tienes alguna jodida idea de donde está ese informante? —dijo el de pelo azul con su rostro apoyado en su mano hecha puño mientras continuaba conduciendo por la carretera un tanto o bastante mosqueado al no llegar ya a su destino.

El chico solamente suspiró por aquello, observó con atención el pequeño trozo de papel que tenía en su mano y sin decir nada volvió a mirar a través de la ventanilla consiguiendo que la pantera se molestase por aquello. —Oi, responde cuando tus mayores te hablan imbécil, —gruñó molesto el mayor— seguro que no tienes ni puta idea de donde está y solamente estamos dando vueltas como idiotas.

—Para tu información estúpido gato, no, no estamos dando vueltas como subnormales, simplemente que este puto callejón don de esta el informante está más escondido de lo que yo creía —dijo el menor con su característico ceño fruncido.

—Vamos, que no tienes ni puta idea de donde está.

—¡No! ¡Cierra la puta boca de una vez! ¡Dios, haces que me desespere de maneras que no te puedes llegar a imaginar! —bufó asqueado por su compañero— El paradero de ese dependiente lo he conseguido de fuentes de confianza "Más o menos…" —pensó suspirando una vez más por aquello.

—¿Fuentes de confianza, un novato como tú tiene eso? —dijo el hombre al momento de girar por una esquina cuando el de cabellos naranjas le dijo, mientras le dio una mirada de reojo al escuchar lo que el chico había dicho.

—Si tienes algún problema te jodescompañero—arrastró la última palabra con cierta molestia en dirección al mayor quien gruñó junto a él y sin más en silencio se dirigieron al lugar o la calle donde se suponía que estaría ese dependiente.


Sinceramente, pensé que nunca seríamos capaces de encontrar la maldita localización de ese informante, parecía que se escondía en el lugar más recóndito de todo Tokio y cuando la vi arqueé una ceja.

Urahara Shōten —susurré para mí mismo, fruncí levemente el ceño ante aquello y tomé mi mentón pensativo— "Esta tienda…" —pensé meditabundo durante unos instantes, hasta que un golpe en mi cabeza me sacó de mis pensamientos, haciendo que una vena se saltase en mi frente y girase a mirar a mi compañero, que competía conmigo en lo referente a ceños fruncidos pero que ahora al haberme golpeado permanecía con una burlona y gran sonrisa que me sacaba de quicio, aún más si es que era posible. —¿¡A caso eres imbécil?! ¿¡Qué demonios haces golpeándome?! —gruñí fúrico, asesinando al estúpido gato con la mirada.

—Estabas con una cara tan mema que no he podido evitar golpearte para que la quitases —dijo todavía manteniendo aquella estúpida sonrisa que hacía que la vena de mi frente se saltase más. —Cómo sigas así te va a saltar la vena idiota…

—¿Y de quién crees que es la culpa? —bufé realmente molesto por las acciones de mi estúpido compañero para una vez más suspirar y negar con la cabeza. Le hice un gesto con mi mano para que me siguiese y lentamente nos adentramos en aquella tienda de seguramente ultramarinos que parecía estar abierta pues no daba indicio alguno de lo contrario.

El silencio y la tranquilidad inundaban cuanto más nos adentrábamos en el local. Demasiado tranquilo incluso para mí. Algo no terminaba de cuadrarme.

—Quizás te has equivocado de dirección… como has estado haciendo todo el maldito tiempo. —gruñó el estúpido gato tras de mí y cuando me giré para gritarle en toda la cara, este me miró con una sonrisa burlona como llevaba a lo largo de ese día.

Y justo cuando iba a asestarle el primer golpe observé como había afilado su mirada, tomó mi muñeca y me tiró hacia él haciendo que un tenue sonrojo se formase en mis mejillas. Pero al notar como él no me miraba a mí, sino hacia atrás, justo frente a sus narices. Miré por el rabillo del ojo y pronto me tensé de pies a cabeza para girarme por igual y ponerme junto a mi compañero en posición de defensa.

Frente a nosotros se encontraba un gigante de al menos dos metros, que mínimo nos sacaba una cabeza. De piel morena, musculoso y de apariencia muy intimidante. Tenía unas gafas de cristales rectangulares de pasta negra, que no nos permitía saber de qué color eran sus ojos. Su cabello era negro, recogido en dos trenzas hacia atrás, junto a unas cejas gruesas y un gran bigote. Habría dicho que era un yakuza de no ser por la ropa que llevaba decía lo contrario, al igual que el delantal con el emblema del lugar.

—Bienvenidos a la Urahara Shōten, ¿qué es lo que desean caballeros? —preguntó con una profunda e intensa voz que nos hizo enderezarnos en nuestro lugar por algún motivo.

Negué con la cabeza ante aquello y sonreí levemente para intentar comenzar a hablar, pero antes de hacer nada, Grimmjow ya había puesto la mano en mi pecho y me había empujado hacia atrás. ¿¡Qué demonios se creía este idiota?!

—Estamos buscando a tu jefe, ¿dónde está? —dijo con un tono intimidante, creyendo que si lo usaba con ese gigante conseguiría algo.

—Disculpe, él se encuentra indispuesto en estos momentos. Él único que puede atenderle soy yo —habló tranquilamente mientras ambos nos quedamos extrañados al escuchar como algo se había roto dentro y después el chillido de una niña pequeña— Un momento… —entonces, desapareció de la vista de los dos y al momento pusimos una mueca confusa al escuchar un ruido sordo más potente venir de dentro, seguido de un grito de dolor. Y sin más el grandullón salió espolsándose las manos, recibiendo una mirada afilada de los compañeros— Lo lamento, tengo dos niños y uno de ellos no para de meterse con la otra. Y a veces se le debe dar un escarmiento.

—Ya… —susurré y negué con la cabeza no debía hacerme ideas preconcebidas— Em, estamos buscando al sombrerero loco. Necesitamos cierta información —dije y pronto el de bigote se quedó en silencio y pronto nos hizo un gesto con la mano para que le siguiésemos y sin más se adentró en la tienda. Yo miré de reojo al estúpido gato y sonreí ladinamente por aquello. Con tranquilidad y sacándole el dedo de en medio me fui tras el de tez morena que, sin poder evitarlo, realmente, se me hacía familiar.


Los dos compañeros caminaron detrás del de gafas moviéndose entre el inmueble y las numerosas cajas que contendrían lo que sería objetos de una tienda de ultramarinos y demás. Pero cuanto más se iban adentrando más cajas parecía haber, y pronto vieron como el grandullón pasó entre un fino hueco que había entre las cajas, haciendo que mirasen curiosos y completamente extrañados aquella acción. ¿¡Cómo coño podía caber semejante tío de seguramente más de cien kilos de puro músculo y de dos metros de alto entre esa diminuta fisura?!

—"No pienso decir nada respecto a eso" —pensaron al mismo tiempo los policías suspirando para que, con más dificultad que el mayor de los tres se metiesen por la pequeña obertura que había entre las enormes pilas de cajas.

Unos instantes después, observaron como el hombre llegaba a una puerta, que parecía estar blindada y escucharon el pitido de algo, seguramente estaría introduciendo los códigos, pero como era tan estúpidamente inmenso no eran capaces de ver qué era lo que hacía.

Fue entonces, tan solo unos segundos después en los que se escuchó una voz masculina y robotizada "Acceso permitido" y entonces se escuchó el ruido de la puerta y el como el más alto había tomado la manecilla y con un movimiento de muñeca la había abierto para tirar de la misma y que se observase un largo pasillo de paredes blancas.

—Esto parece una película de narcos… —dijo Grimmjow con una mueca en su rostro para ser quitada de un codazo al estómago, al igual que su aire.

El de cabello naranja sonrió nervioso en dirección al de gafas y el hombre solo los miró fijamente.

—Al fondo del pasillo os encontraréis con quien os llevará con el sombrerero —dijo dejándoles espacio para que pasasen y los hombres se miraron entre si para suspirar y adentrarse en aquel pasillo en el que no cabían los dos a la vez, siendo que el más bajo iba delante del de cabello azul, para entonces ambos escuchar el como la puerta se cerraba tras ellos y entonces el menor sintió como el más alto le daba un fuerte zape en la cabeza.

—¡Oye! ¿¡Qué demonios haces?! —le preguntó un muy irritado Ichigo a su compañero girándose a mirarse para entonces sentir como lo tomaban del cuello y lo estampaban contra una pared, haciendo que ambos cuerpos estuviesen demasiado cerca por el poco espacio en el pasillo— ¡Tú! ¡Bestia! ¡Suéltame ahora mismo!

—Mira niñato, ya te lo dije. No se te ocurra pensar que porque Aizen nos haya puesto como compañeros eres mejor que yo pequeña mierdecilla. Una falta de esas otra vez y te juro que no respondo —gruñó rozando su nariz con la ajena mientras hacía mayor presión con su cuerpo.

El de cabello naranjo en aquel momento afiló su mirada y le metió tremendo rodillazo en los huevos que hizo que por un momento la pantera no tuviese expresión alguna. Para entonces gruñir guturalmente, siendo que tomó la camisa del veinteañero para alzarlo en el suelo.

—¿Qué vas a empezar una pelea aquí? Vamos, atrévete

Ambos se miraron fijamente durante unos instantes para entonces, con un gruñido separarse y el menor arreglarse la ropa. El mayor volvió a gruñir poniendo una mano en su entrepierna y bufó adolorido para sin más seguir al chico que continuaba caminando delante de él. Siendo que después de unos instantes de silencio el de cabello azul bajó su mirada por el cuerpo del joven deteniéndose en un punto en concreto y sonriendo ladinamente por ello.

—"Todo sea dicho, esta fresa tiene muy buen culo~" —pensó burlón y en un momento concreto iba a darle tremenda nalgada para ver como reaccionaba, pero entonces ambos escucharon el sonido de una puerta abriéndose frente a ellos y observando que frente a ellos no había nadie— Pues como no nos atienda una persona invisible…

Gruñó levemente caminando en dirección a lo que ahora era completa oscuridad para ambos tensarse al sentir como nada más pasar al otro lado la puerta se cerrase y las luces se encendiesen para los dos pegar un grito al momento de ver frente a ellos a una pequeña chica de quizás… unos dieciséis años. Su cabello era negro y su expresión más bien parecía monótona y entristecida, por lo que ambos agentes se miraron entre si sin saber bien que decir ante aquello, pues parecía la perfecta película de terror.

La chica señaló detrás suya, siendo que había otra puerta detrás de ella. No había dicho palabra alguna, realmente después de decir aquello solamente se apartó y ambos se extrañaron por aquello… y se tensaron a más no poder al ver que la niña ya no estaba.

—Joder —gruñó el de cabello azul para negar con la cabeza y ponerse frente al de pelo naranja quien arqueó una de sus cejas y negó con la cabeza para mirar a su alrededor. Pues el lugar parecía estar acolchado y parecía a prueba de sonido. —Este lugar es extraño de cojones.

—¿Qué es este lugar? —dijo extrañado y al ver algunas marcas de sangre en el suelo se tensó y se acercó hasta chocar espaldas con su compañero. —¿A caso es una sala de tortura?

—Es en serio Kurosaki. ¿En qué mierda nos has metido? —gruñó la pantera afilando su mirada, para tomar la muñeca del menor y ponerlo a su lado. —Si morimos te juro que nos hago revivir para pegarte la puta paliza de tu vida.

Sentenció el hombre mirando de reojo al más bajo quien rodó sus ojos y asintió para dirigirse a la puerta para tomar la manecilla y ver que esta no se abría.

—¿Qué? —Preguntó abriendo sus ojos totalmente sorprendido.

—Anda apártate idiota, no sabes abrir una simple puerta —dijo rodando sus ojos para tomar la manecilla y girarla para abrir la puerta, pero esta no lo hizo. —Cómo esto sea una puta broma juro que voy a reventarle la cara a alguien.

Fue en aquel momento que ambos comenzaron a observar a su alrededor, pero no había nada, el de ojos ocre dio varios golpes a la puerta, era de titanio, por lo que poco podrían hacer, aunque se lanzasen los dos sobre esta, ni de coña la tirarían. Y entonces, el de cabello azul sonrió.

—Súbete a mis hombros Kurosaki —dijo y el de cabellera naranja le miró enarcando una ceja siendo que el mayor rodó sus ojos y le señaló el conducto de ventilación que por suerte, sería lo suficientemente grande para que ambos cupiesen en él— Vamos.

El menor gruñendo levemente asintió y cuando la pantera se agachó se subió con cuidado sobre sus hombros y al momento de levantarse negó.

—Los tornillos están soldados no podemos hacer mucho —y fue entonces cuando sintió como perdía el equilibrio y era porque su puñetero compañero le había soltado las piernas y él había caído de espaldas. Agradecía que el lugar estuviese acolchado— ¿¡A caso eres imbécil?! ¿¡Para qué coño me sueltas?!

—Porque me da la gana —sentenció con tranquilidad y fue entonces que comenzó a golpear con fuerza la puerta y al momento de cansarse gruñó y sacó su pistola y disparó a la cerradura para así darle una patada a la puerta.

—Podría haber sido un metal anti-balas y habernos matado —dijo el de cabello anaranjado y el más alto sonrió altivo.

—Pero no ha sido así, ¿verdad? —dijo caminando a la entrada para entonces sentir una cuchilla en su garganta y un palo de béisbol atentando contra su nuca— ¿Y ahora qué? —gruñó molesto e Ichigo se levantó para acercarse lentamente y observar lo que sucedía para sacar su pistola.

—Alejen las armas en este instante, preferiría que no hubiese ningún muerto, y menos si es mi compañero

—Esa voz… —susurró una persona en las sombras para entonces las luces volver a encenderse y que el menor y el hombre del cuchillo abriesen sus ojos ciertamente sorprendidos. —¿Ichigo-kun? Vaya, pues si que has crecido —dijo con una agradable sonrisa el rubio quien apartó lentamente la cuchilla del cuello de la pantera para hacer un gesto y que el más bajo de todos apartase el bate de béisbol por igual. —Ni Tessai te ha reconocido y ya es decir.

—¿Urahara-san? —dijo abriendo sus ojos sorprendido y su compañero no podía estar más confundido. ¿Qué demonios estaba sucediendo? —Un momento, ¿tú eres el informante?

—¿Qué cuando te dieron mi nombre no te acordaste de mí? —habló con aquel deje burlón que gran parte de su vida le había caracterizado.

—Llevo sin saber de ti más de cinco años, literalmente pensé que habías muerto, no me culpes por ello —dijo cruzándose de hombros y rodando sus ojos.

—Vale, un encuentro reconfortante y emotivo. Pero quieres explicarme, ¿¡qué coño está pasando aquí?!

—Veo que al final si que cumpliste tu sueño de ser policía —dijo continuando la conversación que tenía con el veinteañero sin tomarle importancia al mal humor que se traía la pantera.

—Si, realmente pude conseguirlo, no fue tan difícil como creí. Aunque fue gracias a tus enseñanzas que pude entrar con más facilidad al cuerpo de policía.

—¡Oh, calla, vas a hacer que me sonroje! —dijo moviendo su abanico "avergonzado" haciendo que una pequeña mueca se formase en ambos compañeros y él con un gesto hiciese que el adolescente que estaba a su lado se marchase. —Está bien, ahora que sé que sois policías y que no queréis robarme no habrá necesidad de mataros.

—¿Eso de ahí es una sala de tortura o algo por el estilo?

—¿Hm? —dijo el rubio ladeando su cabeza— ¡Oh, no, claro que no! —comenzó a carcajearse él solo— Es solo para asustar a algunas personas.

—¡Dejad de una puta vez de pasar de mí! —gruñó la pantera para señalar detrás de él— ¿Y qué coño es toda esa sangre?

El mayor de los tres giró a ver con una sonrisa y se encogió de hombros.

—Sólo es sangre falsa.

—Tú y tus malas bromas de siempre —dijo rodando los ojos el de cabello naranja.

—Tú nunca tuviste ningún sentido del humor así que —dijo con una sonrisa y una vez más se giró para dirigirse a otra puerta que había más al fondo de aquella sala llena de grandes cajas que a saber que contendrían.

El de ojos ocre negó con la cabeza y cuando estuvo a punto de seguir caminando un agarre en su hombro que le hizo girarse para ver una intensa mirada azul que le hizo temblar levemente.

—Ahora respóndeme unas pocas preguntas y después seguiremos a ese chalado. ¿De qué coño os conocéis y a qué ha venido toda esa mierda?

El menor enarcó una de sus cejas y suspiró para mirar por donde se había ido el rubio y después mirar al más alto. —Solamente es el alocado dependiente que vivía en mi ciudad hace unos años.


Siento la tardanza, pero prometo que lo recompensaré, porque en el próximo capítulo, algunas dudas comenzarán a ser resueltas y también la relación de estos dos pasará a un nivel un poco más 7w7.

P. capítulo: VIII. Respuestas y estadía en un motel.