Cambio de escena: —
Cambio de narrador: /
Flashback
Pensamiento: "..."
Sueño: [...]
El de cabello azul arqueó una de sus cejas por aquello. Esa respuesta le parecía muy escasa de información. Pero por la mirada que le echaba el de ojos ocre, le decía que era mejor quedarse callado, aunque no le tenía miedo a aquel cachorro que se presentaba frente a él, si que le daba muchísima rabia. Y de qué manera lo hacía.
Esos ojos le miraban con una determinación que le sacaba de quicio, le quería hacer empequeñecer, hacerle vulnerable. ¡Ja! ¡Una santísima mierda!
Un gruñido escapó de lo más profundo de su garganta, un paso al frente, para mostrar la diferencia de altura -aun no siendo excesiva- para la intimidación que siempre le era efectiva contra todo el mundo. Pero sabía que para ese niño no lo sería, le molestaba, aun con su imponente presencia, él se atrevía a retarle, le sacaba de quicio, quería golpearle hasta dejarle inconsciente.
―¡Hey, chicos, venid! Queréis respuestas, ¿verdad? ―preguntó el hombre tras el menor, quien saltó asustado en su lugar. Tratando de golpear una y otra vez al rubio que le evadía con una facilidad sobrehumana―. Vamos, vamos Ichigo, no me seas tan arisco, que llevábamos muchos años sin vernos.
―¡Pues tampoco te echaba de menos! ¡Maldito psicótico! ―dijo él para entonces sus puños ser detenidos por las manos del mayor quien le sonrió ampliamente y le robó un pico a Ichigo.
Este ante la repentina acción se quedó quieto unos segundos, para después, sonrojarse como si no hubiese un mañana y gritar levemente cual gatito asustado para saltar y esconderse tras el más alto quien miró sorprendido su acción―. Aww, que miedoso que eres Ichigo, con lo que yo te que quiero~
Su tono burlón solo hizo que el menor se estremeciese tras la pantera, quien arqueó una ceja y sonrió maliciosamente.
―Pero que nena que es~ ―rio roncamente haciendo que el ceño del chico se frunciese su ceño todavía con el sonrojo marcado en su rostro.
―Cierra el puto pico estúpido gato ―gruñó él frunciendo notoriamente su ceño para suspirar levemente―. Bien, vamos Urahara-san, nos tienes que decir algunas cosas.
―Todo lo que sea por mi antiguo aprendiz~ ―sentenció el hombre para hacerle un gesto y que le siguiesen. Los dos menores se miraron entre sí, siendo que las chispas saltaban entre ellos de una manera nada sana.
El primero en seguir al rubio fue el veinteañero, quien bufó cual animal furioso y se encaminó tras el dependiente. Fue ahí, cuando la mirada del gran gato fue a aquel intenso cabello naranja, bajando lentamente por ese fino, pero aun así fuerte cuello, sus hombros anchos, pero no de una manera excesiva, eran fuertes, atléticos, pero con un leve toque más frágil que los suyos, su espalda, pasando de ancha a sus estrechas caderas, y, por último, ese pomposo trasero del que se había percatado esa misma tarde. Mordió suavemente su labio inferior y gruñó. Estaba caliente. Parecía un puto adolescente calenturiento.
Pero no lo negaba, esa maldita fresa estaba muy buena, sobre todo con esa suave piel morena. Podía sacarle de quicio como el que más, pero ese cuerpo de finas pero notorias curvas podía más que su propia rabia.
―"Quizás le de un bocado~" ―pensó burlón riendo levemente para seguir de cerca al menor. Quien se estremeció por un momento para llevar su mirada de reojo a la pantera quien solamente miraba al frente.
―"¿Habrá sido mi imaginación?" ―se preguntó negando con la cabeza para adentrarse más y más en el lugar. Hasta que llegaron a una puerta con sensor de reconocimiento dactilar, donde el rubio puso la mano y con un sonido de afirmación, la puerta se abrió lentamente. El hombre se quedó entre medias y les hizo un gesto para que pasasen con una ladina sonrisa.
Los compañeros se miraron entre sí. Rodaron sus ojos y pasaron dentro del lugar para abrir sus ojos sorprendidos ante el impresionante arsenal que tenía en aquel lugar.
―¿Tienes licencia para todo este tipo de armas? ―dijo el de cabello azul con su notorio ceño fruncido que no cambiaba casi nunca.
―¿Quién dice que yo las utilizo?~ ―dijo con cierto retintín. Haciendo que ambos se estremeciesen por aquello. A saber a quienes vendía aquellas armas. Realmente llegaba a ser escalofriante.
Sin decir mucho más, los tres se adentraron en el lugar, viendo cientos y cientos columnas con armas de distinto calibre y tamaño. Dejando con la boca abierta a los policías que cuanto más caminaban más se sorprendía de la calidad del armamento. "Su puta madre" era el pensamiento que más rondaba por sus cabezas.
Dejando eso de lado, habían notado como también por aquel lugar las voces de unos adolescentes rondaban el lugar, llamando de sobremanera su atención. Pero claro, Ichigo ya sabía de quien se trataba y con un gesto le dijo a Grimmjow que ya le diría de quienes se trataban. Pronto se detuvieron de manera abrupta, el menor dándose de lleno con la espalda del rubio haciéndole caer hacia atrás y que el de cabello azul le cogiese para no caer.
―Mira por dónde vas Kurosaki ―dijo con una burlona sonrisa levantando con una mano al chico, quien tuvo un tic en una de sus cejas. Pero antes de poder hablar, la pantera le empujó tirándole dentro de una habitación, donde ya parecía más una sala de estar.
―Bien, aquí podremos hablar sin preocupaciones. Está insonorizada~ ―dijo yendo en dirección a la cocina para preparar el té para los invitados y gritar― ¡Acomodaos niños!
Y eso fue lo que hicieron, sin dudarlo en ningún momento. Se sentaron, se miraron entre sí. Y la pantera sonrió burlonamente.
―No sabía que realmente tirabas por ese lado fresita~ ―le dijo burlón el hombre.
Las cejas del de cabello naranja se enarcaron con notoriedad, ¿qué estaba diciendo ahora ese estúpido gato? Por un momento se quedó pensando en a que podría referirse, para así, recordar el pico que el dependiente le había dado como muchas otras veces le había hecho y sus mejillas volvieron a sonrojarse para mirarle molesto.
―¡NO! ¡No tiro para ese lado!
―Oye, oye. No te preocupes, se nota que tú y ese sugar daddy ya habéis tenido roce antes~
―¡Qué no coño!
―¿No? Ahora noto porque estabas tan receptivo en aquel beso~ ―dijo picando más todavía al menor quien ya estaba por lanzarse a su yugular, si no fuese porque ahora el rubio les había interrumpido golpeando a ambos con su abanico para sentarse arreglando su sombrero para comenzar a abanicarse.
―Bien, entonces comencemos con la ronda de preguntas y así podréis seguir con vuestra investigación caballeros.
Los hombres suspiraron y asintieron, dejarían esa riña para más tarde. Ahora debían centrarse en la investigación y pronto cerrar el puto caso que tanto costaba.
―Empecemos por lo más básico. Estamos buscando a una banda. Pero no una cualquiera. Es la banda Xcution. Por el momento hemos intentado encontrar a su líder. O identificarlo de alguna manera, pero parece imposible. Hemos encontrado camellos que sus compradores los llaman Fullbringers ―sentenció el menor mirando al rubio quien tomó con tranquilidad un sorbo de su bebida y después asintió.
―Bien, eso es fácil. Pero a cambio de mi información, quiero algo a cambio.
―Él se ofrece voluntario para tus pruebas de drogas ―dijo Ichigo señalando a su compañero que le miró con una ceja arqueada al menor para después negar.
―Ni de puta coña. A mi no me metas en esas mierdas. Ya salí de ellas, no entro de nuevo.
―¿Qué, espera un momento, salir? ―dijo y pronto el rubio le dio otro zape haciendo que el chico mostrase sus colmillos realmente molesto.
―No, no Ichigo. Quiero que vengas más a menudo de visita. Quiero ver como de avanzado va mi antiguo aprendiz~ ―rio burlón el hombre para él de cabello naranjo rodar sus ojos y asentir―. Bien, ahora que ha quedado claro. A la persona que estáis buscando es a Kūgo Ginjō ―dijo y ambos menores abrieron sus ojos sin creerle, siendo que a la par fruncieron sus ceños.
―Eso es imposible ―sentenció con un gruñido el de cabello naranja― Kūgo Ginjō antes estaba en la Sociedad de almas, pero murió en un tiroteo de atraco a mano armada. Joder, ¡incluso vi su puto cuerpo con mis ojos!
―Incluso ese nombre llegó a Las Noches. Ese tipo lo catalogaron de muerto.
―Unos cuantos sobornos hacen magia en nuestro trabajo chicos. La última vez que vi a Kūgo. Estaba dándole la paliza a uno de los vendedores por irse de la lengua y creo que le cortaron una mano como castigo y le cortaron desde la sien a la mandíbula~. Os puedo dar el nombre y una dirección para que vayáis a ver a ese tipo, aunque es uno bastante peligroso también~
―Bueno, no es algo a lo que no estemos acostumbrados en realidad. Así que… ―dijo el de cabello azul restándole importancia a los comentarios del vendedor.
―Bien, el nombre de ese tipo es Moe Shishigawara. Uno de los miembros que se ganó la paliza por poco inteligente, pero no por ello os dejéis llevar. Realmente podríais salir heridos~ ―sentenció burlón y los hombres se miraron entre ellos para afilar su mirada.
Aunque la información que ahora les estaba ofreciendo era realmente buena. Por no decir una pista imprescindible, les faltaban algunas piezas del puzle, pues no comprendían las numerosas muertes que se estaban llevando a cabo por esa banda.
Pero en el momento que vieron la mirada del rubio, supieron que no les diría mucho más. Después de todo, en una situación así, a la mínima podías salir perjudicado de la peor manera. E Ichigo sabía la forma en la que podían hacer daño a su antiguo maestro y prefería que no fuese de esa manera… pues sabía cuanto llegaba a doler perder a alguien querido.
―De acuerdo. Por el momento, eso es todo. Muchas gracias por tu ayuda Urahara-san ―dijo con una tenue sonrisa el de ojos ocre, levantándose y al ver que su compañero no se levantaba, meterle tremenda patada para que se moviese―. Por cierto, Urahara-san, ¿qué tal esta Yoruichi-san?
―Oh, ella ahora está muy feliz con Soi-Fong, creo que estaban en las Bahamas, disfrutando de unas vacaciones en pareja. Si supieras como se puso esa mujer cuando la minina aceptó ser su pareja. Me dio miedo hasta a mí.
―B-Bueno, eso ya es decir. Salude de mi parte a los chicos y dígales que lo lamento por no haberles reconocido, son muchos años sin veros ―dijo y antes de poder terminar la frase, sintió como comenzaron a tirar de su camisa para sacarlo de allí cuanto más rápido mejor―. Oye. ¡Suéltame!
―Cierra el pico, hay que informar a Aizen
―¡Pero no nos ha dado la direcc…? ―susurró y miró su puño para abrirlo mientras era arrastrado por su compañero, siendo que en había un papel en el mismo. Y en este ponía la dirección y el nombre de su siguiente objetivo―. "Prefiero no saber cómo ha hecho eso"
Pensó él para bufar y librarse del agarre de su compañero para así, salir por donde habían venido. Siendo que antes de marcharse, el chico se despidió de Tessai, el cual después de observarle mejor, abrió sus ojos sorprendido tras sus gafas. Y antes de que el menor pudiese escapar fue atrapado por los fuertes brazos del de bigote, quien lo estrechó con tal fuerza que por un momento sintió como se desmayaba.
Si no fuera por su compañero, que le había librado del abrazo de oso del gigante y lo había arrastrado fuera del local, ahora se encontraría seguramente como una masa gelatinosa tirada en el suelo de la tienda de "ultramarinos".
—
Después de un rato dirigiéndose al coche, los dos policías se sentaron en su asiento correspondiente para la pantera gruñir. Tomó su teléfono, el cual estaba en el bolsillo derecho de su pantalón. Comenzó a buscar el número del coyote de la oficina y lo llamó para esperar a que diese el tono.
Uno, dos, tres tonos después, contestase.
―Starrk ―sentenció con aquella profunda voz, mientras le hacía un gesto a su compañero para que le pasase la nota que le había dado el dependiente. Y entonces el menor le quitó el teléfono y puso un pie en el pecho de la pantera para apartarlo―. Tú, ¡niñato!
―Hola Starrk. Soy Kurosaki con el teléfono de Grimmjow. Escucha tenemos una pista ya, mueve al equipo de investigación y busca en la base de datos el nombre de Moe Shishigawara. Es un sospechoso y por lo que hemos descubierto, seguramente todavía pertenezca a la banda. Y también, creemos que el jefe de la banda es Kūgo Ginjō ―al otro lado del teléfono un silencio se estableció, y tras unos segundos, en donde la pantera y la fresa luchaban por quedarse el teléfono. El coyote respondió.
―Eso es imposible. Ese hombre lleva ya cinco años muerto. Los forenses dijeron que…
―Q-Quizás fueron sobornados ―dijo con cierta dificultad y el castaño arqueó una de sus cejas al escuchar un fuerte golpe― ¡Estate quieto coño! ―gruñó el menor, siendo que por igual se escuchó otro rugido, y el hombre al otro lado suponía de quien se trataba―. D-De todas formas, hay que reabrir el caso. Quizás hayamos encontrado una pista que nos lleve directo a la raíz del problema, a-así que te lo encargo. ¡COÑO GRIMMJOW ESTÁTE QUIETO!
―Vale, vale. Veré que puedo hacer, por el momento, donde se encuentra Moe. Tenéis la suerte de que podéis vigilarlo desde el motel que está frente a su casa. No es un barrio muy agradable, así que llevad el arma y hacer guardia uno cada vez.
―Vale, está bien, entonces nos quedaremos en un, un momento, ¿¡cómo que un motel de mala muerte?!
―No te preocupes, Grimmjow no te dará por culo… creo―dijo al otro lado y el menor en ese momento se puso rojo como un tomate, totalmente avergonzado ante lo que había dicho el hombre―. Por cierto, el jefe quiere que le llames pronto para que le informes.
―Em, ¿no le puedes dar el informe tú?
―Quiere escucharlo de ti. No puedo hacer mucho ahí.
―No será porque eres uno de los más vagos de la puta comisaría.
―Es posible… ―dijo con tranquilidad, y restándole importancia.
―¡Si serás! ―gruñó el menor queriendo reventarle la cara al hombre.
―Saluda a Grimmjow de mi parte. Adiós Kurosaki ―dijo y pronto colgaron dejando al menor con la palabra en la boca, sin posibilidad de contestar ni desahogarse a gusto.
El de cabello naranja gruñó realmente molesto por aquello y le devolvió el maldito teléfono a la pantera quien le tomó de la muñeca y le obligó a acercarse a él para el menor afilar su mirada molesto. Los dos comenzaron a batallar allí como niños pequeños, consiguiendo que el coche se moviese de lado a lado violentamente. En cambio, por un movimiento del de cabello azul, el respaldo del asiento del copiloto se había echado hacia atrás al tocar la palanca y ahora, la mitad del torso del mayor se encontraba sobre el veinteañero, quien miraba fijamente a los ojos a su compañero.
Sus labios ahora habían quedado a escasos milímetros de distancia, pues si no fuese por el antebrazo de Grimmjow -que había quedado sobre la cabeza de Ichigo- en aquel momento, sus labios se habrían chocado.
Y por contrario que pudiese parecerle a ninguno de los dos, la situación, se había tornado entre incómoda, y al mismo tiempo excitante.
Sus respiraciones, durante unos instantes irregulares, habían comenzado a hacerse acompasadas, no se habían separado ni habían hecho ademán de hacerlo. Sus alientos, paulatinamente habían comenzado a entremezclarse, el aroma a menta y el suave toque de los cigarrillos de la pantera se había vuelto ciertamente adictivo.
Las miradas no dejaban tregua alguna, no decían nada, pero al mismo tiempo parecían decirlo todo.
Ichigo se sentía extraño, demasiado en realidad. Pues ese idiota que tenía encima estaba muy pegado a él. Y aunque fuese el idiota más grande con el que le habían emparejado, no se sentía en su totalidad incómodo. ¿¡Por qué coño no se sentía incómodo?!
No lo comprendía y en cambio esa mirada fría como el hielo y profunda como el mar, había conseguido que su corazón palpitase con fuerza. Él jadeó quedamente ante la mirada del depredador sobre su persona. Y aquel hombre que más parecía un animal hambriento ante su presa. Sabía lo que sucedía, por dentro estaba sonriendo como el canalla que era. Por mucho que el chaval pudiese decir después, en aquel momento la tensión sexual que había entre ellos, era filosa y candente.
A él no le importaba una mierda que el menor no quisiese admitirlo. Él lo sabía con solo una mirada. Y joder, ¡ahora sí que tenía gran interés por probarlo!
En cambio, antes de poder si quiera hacer un movimiento y comenzar a devorar a aquel pequeño insolente, el teléfono del de cabello naranja comenzó a sonar su teléfono y ambos abrieron sus ojos sorprendidos. Las pupilas del veinteañero se contrajeron ante la situación y de un empujón apartó al hombre de él para abrir la puerta y cerrar abruptamente. Viendo como la pantera había caído en su asiento y ahora se encontraba masajeando la zona de su cabeza en la que se había golpeado por el empujón del chico.
Las chispas de odio volvieron a saltar entre ellos y la primera palabra que pensaron ambos fue una, "gilipollas". El chico por su parte todavía con teléfono en mano suspiró levemente para ver el número y arquear su ceja al este ser desconocido, o al menos que no lo tenía guardado.
Su rostro se puso serio y pronto tomó la llamada. Se acercó el teléfono a su oreja y habló―. ¿Diga?
Por un momento nadie contestó. El chico se apoyó en el coche patrulla y la ventanilla a su lado fue bajada, mostrando los brazos y la cabeza de su compañero que le miró inquisitivo.
―Si es una broma es preferible que simplemente desistas, no soporto a idiotas que solo empiezan con llamadas inútiles ―dijo con el ceño notoriamente fruncido y pronto, al otro lado de la llamada, se escuchó una profunda y queda carcajada que erizó a su piel casi al instante, joder, no podía ser tan idiota. ¿¡Por qué tenía tan mala suerte?!
―No esperaba menos de ti, Kurosaki. Pero deberías esperar un poco más antes de hablar a la ligera, ¿no crees? ―dijo el castaño al otro lado del teléfono, con aquella voz sería y grave, pero manteniendo una suave sonrisa en su rostro, que el menor pudo imaginarse a modo de burla por sus palabras, mientras miraba algunos informes sobre su mesa.
―S-Sí, lo lamento Aizen-san ―dijo el chico tragando espeso, suspirando para tratar de calmarse y no decir ni una sola tontería más―. ¿Entonces, qué tal está? ―en vano, porque siempre que estaba nervioso, el pobre la cagaba―. "No puedo parecer más idiota, por dios…"
Sousuke ante aquello, arqueó levemente sus cejas sorprendido por el trato que su subordinado había tenido con él. Su sonrisa se ensanchó suavemente y un brillo burlón tintó sus ojos chocolate.
―Bueno, podría estar mejor si uno de mis mejores subordinados me trajese buenas noticias, así que dime, ¿me traes buenas noticias? ―el menor se estremeció ante las palabras de ese hombre.
No solo porque recordó el momento en su mesa, si no también por como recordaba a ese hombre de imponente presencia. Ese suave aliento a café, entremezclado con la menta y miel de caramelo que había chocado contra su oído y sus manos comenzaron a sudar, consiguiendo que el hombre, incluso a través del teléfono, notase su nerviosismo. Era divertido ver a ese joven tan atrevido, ser tan avergonzado por unas pocas palabras duras o burlonas en frente de alguien como él.
―S-Sí ―dijo el menor con voz suavemente temblorosa, y por dentro estaba que no se lo creía. ¿¡Qué coño le pasaba con este hombre?! ¡Porque era su jefe y aun no había toda la confianza necesaria!
Si no, estaba muy seguro de que no iba a callarse nada.
Por su parte la pantera observó fijamente el comportamiento que tenía el veinteañero ante su jefe. Él sabía lo que podía imponer ante los novatos, pero notando el comportamiento de Ichigo, y por igual la voz de su superior que podía escuchar quedamente. Había algo más en aquello, puesto que ni siquiera comprendía como podía tener tanta facilidad para poner a aquella fresa tan jodidamente nerviosa.
―De todas formas, ahora que ya le he contado todo esto, ¿cómo demonios has conseguido mi número de teléfono? ―dijo con un tono más serio y su compañero arqueó una de sus cejas, o no tan nerviosa para hablarle de aquella manera al castaño.
―Bueno, no es difícil conseguir el número de tus subordinados, y más cuando te piden que dejes el número de teléfono en tu expediente, ¿no crees? ―dijo todavía manteniendo aquel tenue toque burlón, realmente le encantaba jugar con aquel niño.
―Sí, es verdad ―dijo poniendo una mano en su rostro para suspirar levemente―. Bueno Aizen-san, le informaré más en cuanto tengamos más información, quizás de aquí a una semana consigamos la suficiente para atrapar y erradicar la amenaza que supone la banda.
―Está bien, esperaré el informe completo, con ansias. Hasta pronto ―dijo y al momento en que el hombre se despidió e Ichigo también. La llamada se cortó. Y el veinteañero sintió sus piernas temblar y lentamente comenzó a descender por el coche, para al final acabar sentado y con su cabeza entre sus manos―. Que divertido es este niño~
―¡Dios! No puedo ser más idiota joder, ¿cómo el cabrón consigue que parezca tan idiota cerca de él? ―Gritó molesto para tirarse del peló y pronto gruñó cuando estrellaron su cabeza contra la puerta del coche, al saber quien fue. Gruñir afilando su mirada y mostrando sus dientes.
―Siempre eres idiota, no es nada nuevo. Ahora muévete, tenemos que movernos a un motel y vigilar a un sospechoso ―dijo haciéndole un gesto para volver a su asiento y encender el coche, el menor suspiró suavemente y palpando la zona donde se había golpeado, volvió a subir y se sentó en el lugar del copiloto para asentir― "Investigaré un poco de esta relación. Algo no me cuadra"
―"Va a ser una larga semana de estadía en ese puto motel" ―pensó el menor, rodando sus ojos, sin imaginarse, cuan larga iba a ser esa noche para él y su compañero.
Próximo capítulo: IX. Mezclemos la adrenalina con el placer
N/A: Hola de nuevo, y lamento muchísimo la tardanza. He tenido problemas estos meses y no he podido actualizar, además de que tampoco he tenido demasiada imaginación, ni inspiración para poder actualizar. PERO, a partir de ahora, trataré que cada dos semanas a ser posible, haya un capítulo. Eso si, cada vez hay más feelings, entre ambos, así que, podéis esperar que pronto sucederán cosas más ewe.
