FIC

La Usurpadora

Por Mayra Exitosa

Capítulo 6

Él le sonreía con ternura, apreciándola, su mirada brillaba con la luz de los ventanales, se veía preciosa, una mujer muy bella, se acercaba hasta ella, le descubría el hombro para besarle lentamente todo su cuerpo.

Ella sonreía, le había llamado por su nombre, no tenía un noviazgo largo con Cathy, como ella lo pensaba, omitieron muchas cosas ambas en esta usurpación, por eso no podía estar con su familia, deseaba dejarlo y sin querer se lo había puesto a ella. No se había molestado al decirle la verdad, estaba igual de amoroso, solo deseaba que no le quitaran a sus sobrinos y lo comprendía. Si después que se diera cuenta que Cathy Woodgate si existía y que ella había tomado su lugar, se iba a molestar, al menos lo ayudaría para que los niños no fueran causa de disputas familiares, simplemente se iría y le firmaría el divorcio sin problemas.

Después de amarla la dejaba dormida, salía para preparar el plan legal que necesitaba, requerían una muestra de sangre para el trámite, así buscaba hacer todo lo antes posible. El administrador preparaba cartas de separación de bienes sin decirle nada a su jefe, documentos en lo que si había un divorcio, ella no alcanzaba nada de la fortuna y que solo sería valido el matrimonio cuando tuvieran un hijo, antes no habría compromiso alguno.

Albert se iba con su Tía, ella despertaba al escuchar el sonido en la puerta de la habitación de al lado, donde se suponía era la suya, asustada, se levantaba y salía de la habitación de él, después se colocaba prendas de vestir y se reunía el cabello en una coleta.

- Un momento por favor. Abría la puerta y el pelinegro de bigote, la observaba minuciosamente – Diga, señor.

- El joven sacara una muestra de sangre, para los trámites legales, requiero la firma de estos documentos.

- Ya veo, pase por favor. Le daban la pluma, Candy notaba que el hombre iba a inyectarla, para extraer una muestra, pero sacaba varios tubos. Agotada, firmaba sin leer los documentos y eso lo notaba, el serio administrador. - ¿Eso es todo, señor?

- Si. Muchas gracias, con permiso.

Candy se mareaba, le habían extraído sangre como donativo, requería comer algo, buscaba salir y se iba preguntando por la cocina.

- Por aquí, señorita. ¿Se siente mal?

- Si, me extrajeron sangre y… requiero comer algo.

- Permítame ayudarla. Un guardia le ofrecía su brazo y aplaudía al llegar a la cocina para que atendieran a la señorita.

- Gracias, señor.

La cocinera la observaba, le daba alimentos, al mencionarle el guardia que le habían, sacado sangre.

- Tome jugo de naranja señorita.

- Gracias.

Albert entraba a la habitación y no la encontraba, los guardias decían lo que había pasado y salía corriendo hacía donde se encontraba.

- ¿Te sientes mal, mi amor?

Todo el personal de la cocina se asustaba, era la primera vez que lo veían ahí. Ella levantaba su vista y comentaba cerca de su oído

- Se me acabaron las pilas de reserva. Sabes, siempre que sacan muestras para los trámites legales, solo es un pequeño tubo, esta vez me han sacado tanta sangre, como si fuera a donar a un regimiento.

- ¡Dios! ¡Como se atrevieron!

- No te preocupes, solo un poco de alimento y me sentiré bien.

- Te has puesto un hermoso vestido, te ves muy bella, mi amor.

- Fue el primero que vi, estaba dormida cuando tocaron a mi puerta.

- ¿Quién?

- Un hombre de bigote negro, para los análisis y firmar unos documentos.

- ¿Documentos? ¿Sobre qué? Pedí que no nos molestaran.

- No lo sé, supongo que eran algo de los trámites. Me maree un poco con esto, lo siento.

- No es tu culpa, nadie me aviso, déjame llevarte a tu habitación. Haré que te lleven la cena…

- No, no es necesario, iba a cenar con tu Tía y los niños. Pueden sentirse mal, me acaban de conocer.

- Pero que importa, primero es tu salud, además me culpo por esta situación, sé que lo haces por ayudarme y a la vez, me extra limite al desear tanto estar contigo.

- Me encuentro bien. Solo que no había comido nada.

- ¡Perdóname! Mi amor, soy un desconsiderado.

- Apuesto a que no lo sabías, lo mejor es que nos vayamos, las personas aquí se notan tensas.

- Será porque casi nunca estoy por aquí.

- Pero si es tu cocina.

- No vengo a la cocina. Debiste pedir el servicio a la habitación, me asusté al no encontrarte.

- Es bueno ver a las personas.

Albert la tomaba en sus brazos, ella hacía cara de sorpresa, al ser llevada con todo el personal viéndolos. Se avergonzaba y colocaba ambas manos en su rostro, haciéndolo sonreír con ello, le comentaba,

- Si, cúbrete los ojos, así no te verán. Ella soltaba la hermosa sonrisa que había visto en sus fotos de identificación, y él se enamoraba al verla tan feliz.

La cena llegaba y ellos parecían novios de mucho tiempo, los niños llamaban la atención con sus sonrisas cómplices, ellos no iban a cenas con la familia, los separaban desde que recordaban, pero ver entrar el carrito de cenas, y el protocolo de cada detalle que hacían, era tal sorpresa para ellos como para Candy.

Mientras que Albert y la abuela disfrutaban de todo, era como una cena con variedad, los guiños entre ella y los niños, las sonrisitas de sorpresa al levantar las bandejas de sus platillos, la bebida en vasitos con popotes especiales para ellos y una copa de cristal para ella, hacían que tomara de un despensero trasparente una pajilla y la colocara en su copa, haciéndolos sentir iguales.

Albert que observaba todo arrugaba el entrecejo, nunca se le había ocurrido usar pajillas o popotes dentro de una copa, pero en ella todo se veía hermoso.

Ya se iban a llevar a los pequeños, se notaba la seriedad y la tristeza en el rostro de los gemelos, ella se disculpaba y dejaba a Albert con su Tía, mientras se iba con los pequeños quienes tomaban de cada mano, al salir del comedor, giraban haciendo travesuras hacia su tío quien, los observaba, no por ir con ella, sino por cómo se veía tan hermosa como madre.

El pequeño de la derecha, Anthony, le guiñaba un ojo y con la mano libre ajustaba el puño a su cuerpo mostrándole a su Tío que se había quedado con su chica. Mientras el otro pequeño, Alexander, giraba travieso y sacaba parte de su lengua, con un dedo abría uno de sus ojos un poco más indicándole a su Tío que se fijara, que ya se la habían ganado, haciendo que soltara una carcajada. Ella giraba antes de salir con una sonrisa, al verlo tan feliz con su Tía, pensando que debían haber comentado algo entre ellos.

En la habitación de los niños, las señoritas los secaban y colocaban sus pijamas, ella observaba el proceso, sin que la dejaran hacerlo, hasta que uno de los pequeños se escapaba y se iba a abrazarla comentando,

- Recuéstate conmigo en mi camita, así como lo hacia mi mami. Y el otro pequeño, sonriente agregaba,

- Y puedes platicarnos cuentos, historias de tus viajes. Como lo hace mi Tío William.

- ¿Él también viene a estar con ustedes?

Ambos asentían, con sonrisas y ella solo observaba lo parecidos que eran a Albert, a tal grado que podían ser sus hijos, por eso lo comprendía, como dejarlos en manos de otras personas, si ellos se habían acostumbrado a estar ahí, en esa casa. Los pequeños contaban desde cuando vivían ahí, como su madre se quedaba con su abuela, porque estaba delicada y ellos la cuidaban, después paso un accidente donde su padre se había ido y ya no regresaba, eso descolocaba a su madre y la preocupaba, lloraba mucho, siempre estaba triste, hasta que algo pasaba, ella se enfermaba y la perdían también. Se quedaron con la abuela y el Tío regresaba de viaje, desde entonces, jugaban con él, los abrazaba mucho, notaban que él los amaba y que sus padres había elegido sus nombres por inicial A, debido a su Tío Albert, a quien siempre se la pasaba fuera y su mami extrañaba mucho.

- Estoy segura que él los ama demasiado.

- Si, el Tío Benjamín, el hermano de Papá, nos trajo barcos y dijo que la compañía de mi padre, la cuidaría para nosotros, que todo el legado de los Brown sería solo de los Brown.

- ¿Barcos?

- Si, Papá tenía una naviera y su hermano la quiere, pero… mi Tío dijo que él no sabe de negocios, que las personas que hasta ahora han manejado la administración deben continuar haciéndolo, y que está estipulado que se nos den todo a nosotros cuando seamos mayores.

- Vaya, Anthony, para eso no falta mucho, aun siendo mayores, siempre será mucha responsabilidad.

- Si, pero mi Tío sabe cuidar todo tipo de negocios, igual que mi abuelo, dice la abuela que el abuelo William, siempre ha tenido muchos negocios y sabe cuidarlos, que nada les pasara a los barcos de mi padre. Los niños comenzaban a bostezar y ella también lo hacía, los cubría y no había historia que contar, ellos se la contaban, porque los tres se quedaban dormidos, en la cama de Anthony, ella se quedaba recostada de lado.

La Tía y Albert pasaban para ver a los pequeños, la agradable vista los hizo sentirse muy amados, ella era la indicada para los niños, y al girar el rostro la Tía, notaba que también lo era para su sobrino.

Albert la tomaba en sus brazos y se la llevaba a su habitación, estaba tan cansada que por más que la movía, no se despertaba, aun desnudándola y recostándola a su lado.

En Inglaterra, el Abuelo y el marido preocupados, se aliaban e investigaban cada uno por su cuenta, notando las similitudes de esas mujeres, hasta que daban con el tras fondo de la situación. Para el abuelo, no era nada nuevo, ya lo había sospechado, los Grandchester tenían problemas económicos y estaban buscando que su hijo les regalara la solución desde que se había contraído matrimonio. Pero para Terry era asqueroso, saber que su propia familia estaba tratando separarlo de la mujer que amaba, ambos salían de sus despachos y coincidían en hablar unos minutos, a lo que el abuelo enarcaba las cejas y lo escuchaba, haciendo una sonrisa al saber que el esposo de su nieta, era todo un hombre y no aceptaba esa manera tan despiadada de separarlos por obtener un beneficio.

- Vamos hijo, sabes bien que no es personal, ellos dependen de sus ingresos y esas pérdidas estaban mermando todo en sus vidas.

- No puedo creer, de que tan bajo han caído, tan solo por dinero, no esperaba esto. Me cobraré muy caro lo que nos han hecho.

- Nunca dejaran de ser familia. Hagan lo que hagan, tuvieron sus motivos, tu estas en una posición mejor, desde que se casaron mi nieta y tú, las cosas mejoraron para todos nosotros, pero hay que reconocer que tu familia salió perjudicada. No obtuvieron ingresos como ustedes y gracias a ellos, tienes el matrimonio que tuviste con mi nieta.

- ¿Qué quiere decir?

- Simple, ellos pusieron las condiciones para que mi nieta jamás te dejara, nunca se imaginaron que ellos necesitarían de esa separación para salir ganando en algo.

- ¡Dios mío! ¿Y Cathy lo sabrá?

- Me dejo un recado con Morris, ella asegura que eso del compromiso es falso.

- ¿No está comprometida?

- Ella dijo que… jamás haría algo para avergonzarme. Y sabes, estoy seguro de que mi nieta, siempre será lo mejor que tengo… por ser lo único que me queda.

- ¡Abuelo!

Ambos hombres se abrazaban, la familia estaba en problemas pero para Terry, su mujer era la que estaba metida en problemas, tal vez quería calmar a su abuelo, pero eso no le daba el derecho de cobrarse con venganzas por supuestas mujeres con él. Ahora iría a buscarla y por nada del mundo la dejaría separarse de nuevo de su lado.

CONTINUARA


Un poquito de tiempo, en ayunas, y siendo muy tarde, pero al fin buscando un poco de espacio para continuar las historias que me hacen tan feliz

Un abrazo a la Distancia

Mayra Exitosa