FIC

La Usurpadora

Por Mayra Exitosa

Capítulo 7

Los días pasaban, el despacho de la casa recibía a varios caballeros con maletines, de manera discreta, los niños observaban como entraban hombres mayores bastante serios, la abuela se quedaba con ellos sonriendo y tranquilizándolos,

- ¿Porque vienen tantos hombres, Abuela?

- Van a recoger unas firmas de unos documentos, no se preocupen por nada, todo estará bien.

Candy lucía nerviosa, respiraba y de pronto se sentía incomoda con todo lo que sucedía, meditaba en que ya le había dicho parte de la verdad, su nombre real. Sin embargo no le aclaraba que ella no era la mujer de la que se enamoró y eso la mortificaba, temblorosa firmaba con una forma igual a la de sus identificaciones sus iniciales de forma elegante, omitiendo la sencillez de su nombre al no haber sido adoptada, sus ganchos y tiras en la firma, ponía en cada documento de manera idéntica. La firma de él, parecía recordarle una estrella, como los sheriff, demostrando la legalidad, pues lucía las letras elegantes que el poseía.

Al término, comentaban los hombres que también venían preparados para la custodia legal y entregaban los documentos en sus manos, tanto el de matrimonio legal, como el de la patria potestad asegurada de los niños.

- Todo quedo bien registrado y no habrá ningún inconveniente.

- Lo que mi hermana y mi cuñado deseaban era que continuaran trabajando sus administradores de confianza, no habrá despidos injustificados de los hombres y mujeres que llevan tantos años laborando para la naviera, ese patrimonio es exclusivo de mis sobrinos. Dos hombres sonreían y aceptaban esas palabras con cierto descanso en sus hombros al sentir la presión de tanta demanda por parte del hermano del fallecido dueño. Un hombre mayor que estaba ahí, agregaba

- Precisamente por eso lo estamos apoyando, Sr. Andrew, Brown fue mi amigo y un hombre honorable, dejo todo a su mujer y ella dejo a sus hijos bajo su cuidado y con la seguridad de que usted velaría por la integridad no solo de los niños, sino de su patrimonio.

Candy entendía perfectamente todo eso, notaba la nobleza de corazón que él deseaba el bienestar de los niños, no estaba tomando nada, por el contrario, estaba protegiendo un futuro para que sus sobrinos no fueran saqueados en sus finanzas.

- ¿Candy?

- ¡Perdón! Estaba sumergida en mis pensamientos.

- Ya quedo todo listo, mis sobrinos se quedarán con nosotros.

- Me alegro mucho. Eso es lo que más deseabas y saber que es para el bien de los niños, me hace sentir mejor.

- ¿Solo por los niños?

- Si, por eso tenías prisa, ¿cierto?

Albert se separaba un poco y susurraba al oído de ella acariciándole la espalda.

- También por nosotros. Te juré que te haría muy feliz.

Ella buscaba su mirada y el brillo de sus ojos, la hacían sonreír con ternura. Pensando que si se diera cuenta que ella no era de nivel social acomodado, una simple huérfana que tuvo la suerte de salvar a una mujer parecida a ella de huir y endosarle un problema que había provocado. Al ver como insistía con su mirada y los hombres recogían los libros y documentos, ella le respondía

- Soy muy feliz, estoy segura que harás muy feliz a los pequeños también y…

Ya no la dejaba terminar, le robaba un beso, aprovechando que todos se saludaban despidiéndose, luego se acercaba a ellos, tomando la mano de ella para despedirse y agradecerles todo lo que habían realizado.

Ella no vestía de blanco, sino de perla un poco entallado y a la vez elegantemente discreto. Su anillo de compromiso, era enorme y muy brillante. Las joyas que lucían eran de aquella que se había ido, pero brillaban igual haciéndose notar que eran costosas. En el fondo ni todas las joyas del mundo cambiarían quien era ella. Ya iban a salir, al despedir a todos, pero él la detuvo y cerraba la puerta. Recargándose en ella le tomaba ambas manos y la atraía hacia el agregando,

- Ya eres mía. Solo mía, preciosa. Esta noche no te dejaré dormir. ¿Nerviosa?

La sorpresa la dejaba muda, pero luego sonreía agregando,

- Los niños están exactamente fuera de la puerta… ¿Nervioso?

Él sonreía travieso, la soltaba y se arreglaba el saco para cubrirse un poco por estar adelantándose, donde no debía. Ella se apenaba bajando el rostro un poco ruborizada, luego notaba que el giraba a verla con una forma seductora y a la vez, resignada a lo que tenía que esperarse.

El sonido de la puerta evidenciaba a los niños tocando, ella en vez de abrir, se iba con él lo abrazaba de la cintura y respondía

- Adelante.

El par de torbellinos se lanzaban a ellos pero Albert, tomaba a su mujer en brazos y comentaba

- ¡No me la van a ganar!

Ellos sonreían y agregaba

- ¡ya es nuestra!

En los brazos ella le daba un beso en su mejilla y el al no poder tomarle unía su cara acariciándole con ternura. La abuela entraba al ver la puerta abierta y agregaba

- Es un ángel, y ya nuestros temores se desvanecen, hijo mío.

- Si abuela. Todo estará bien.

Candy apretaba los labios y se ponía ruborizada, apretando los ojos de pronto. Albert la observaba y soltaba una carcajada, ella era autentica, se apenaba porque la abuela los viera en esa forma, pero el estaba muy enamorado y no la deseaba bajar para que se la llevaran sus sobrinos de su lado.

Terrance investigaba, para saber dónde estaba su mujer, había llegado a New York y contrataba los servicios de un investigador privado, para tener el paradero de su esposa. Sin embargo, Cathy continuaba en Florida, esta vez pagando algún karma, porque se había puesto mal y acudía a un consultorio con su amiga Paty.

- Necesito hacerle algunas preguntas y… revisarla.

- Por supuesto, es solo mareos y… viajaré a otra ciudad, no quería tener problemas en el avión.

- La comprendo.

Paty esperaba afuera leyendo una revista, ahora estaban pasando a su amiga a una sección de ginecología, el hospital era de amigos de su padre y no deseaban que supieran que su amiga estaba en Florida, al menos, no su familia. Así se les había ocurrido mejor usar el nombre de Candy, la joven que usurpaba el lugar de Cathy y pasarla a la consulta,

Dentro Cathy lloraba emocionada, tomaba las recetas y salía a ver a su amiga Paty.

- ¿Qué sucede? ¿Por qué lloras?

- ¡Oh Paty! yo…

- Tranquila, salgamos de aquí.

La doctora, sonriente por haber atendido a una joven, pasaba sus datos al sistema y encontraba el seguro social de la joven, colocaba sus síntomas, diagnóstico y recetas otorgadas.

Albert y Candy, esa noche tuvieron una cena romántica, la abuela decía que todavía no podían ser marido y mujer por… No estar casados por la iglesia, pero que al menos tuvieran su pequeña celebración a solas antes, y siempre y cuando fuera en el saloncito del jardín, donde no se viera mal y no perjudicara la reputación de Cathy Andrew. La esposa de su nieto William, de manera legal. Candy bajaba el rostro apenada, se ocultaba con el cabello suelto ahora y su bello vestido rojo bermellón que resaltaba con un brillo especial. Apenas se alejaba la abuela para irse a dormir, Candy comentaba,

- ¡Dios, Perdóname! Vestida así me doy cuenta que soy un demonio.

Albert soltaba las carcajadas, no sabía si su abuela era la única santa de esa casa, primero, esa cena terminaría en la habitación de ellos y segundo, era su mujer en todos los conceptos técnicos den la palabra, solo faltaba la sección religiosa. Pero escuchar a su mujer lo hacía reír, si solo era suya, ¿qué perdón le tenía que pedir a Dios? ¿Acaso por vestirse de rojo?

- Preciosa, no tienes que pedir perdón, Dios ama la verdad y nosotros nos pertenecemos, solo será la formalidad de hacerlo bien. Pero ya eres mi mujer y mi esposa.

- ¡Albert! No juegues con los sentimientos de tu abuela, ella está haciendo muchas cosas por nosotros, incluyendo una reunión formal para este trámite legal.

En Inglaterra, El abuelo hablaba con Morris, le pedía los datos de su nieta, tenía que encontrarla antes que su marido, a lo que este había borrado la información, pero antes de hacerlo, ella se encontraba en la parte llamada Florida de Norte América.

- Bien, será mejor que empaquemos, iremos a verla, mandaré a mi administrador para que vea los adeudos de la familia de mi nieto y pueda ayudar un poco en sus finanzas, no podemos permitirles que arruinen el matrimonio de mi nieta, solo por falta de recursos.

- Como usted ordene, señor. ¿Lo acompañaré?

- Por supuesto, será lo mejor, y nos haremos cargo de mi niña. No regresaremos sin ella.

- Bien señor. Partiremos mañana.

- Si es posible, esta noche. Terrance lleva varios días allá y estoy seguro que no tardará en saber dónde se encuentra. Lo note muy desesperado.

- Bien señor.

El abuelo, sacaba sus lentes y marcaba el teléfono, preparaba el avión y la ubicación de la familia O´Brien en Florida. Lo seguro es que estuviera ahí.

CONTINUARA


Y continuamos escribiendo sin parar... aquí un reto más para golear a otra escritora que no deja su bracito torcer y nos continua su historia, deseando que el gol entre con todo, y que nos den más capítulo, actualizamos esta.

Un abrazo a la Distancia

Mayra Exitosa