FIC

La Usurpadora

Por Mayra Exitosa

Capítulo 12

Habían pasado dos días, a un día de la boda, la mansión estaba reluciente, exagerado de vigilancia, de seguridad tipo elite, así como de invitados que estarían pronto ahí. Candy observaba todo asustada, sería muy pronto la boda religiosa, la iglesia era sencilla, pero el padre era el de mayor rango en América. Todo eso se enteraba con la Tía Elroy, cariñosamente la abuela, la abuela de los pequeños y abuela para todos, ya que los niños no se equivocaran al decirle Tía o abuela.

En New York, ya no podía seguirse escondiendo, todo estaba al día, la boda seguía adelante y los invitados guardaban privacidad, sin embargo, ella sabía que su nombre estaba en boca de todos y que la joven aun no delataba nada. Sin más marcaba a su abuelo, tenía que saber de Terry, no podía continuar callando.

- Abuelo, ¿Cómo esta Terry?

- Hija mía. El esta como loco, se ha ido a Chicago, ¿Dónde te encuentras Cathy?

- En New York.

- ¿En qué hotel?

- En el Stamford Prince.

- Cathy, estoy en ese hotel, en el pent-house señorial

- ¡Abuelo!

Ella salía de su suite y corría hacia el elevador, su abuelo se iba hacia la puerta y abría para ver el elevador privado, donde ella corría y lo abrazaba.

- ¿Cómo pudiste, hija? Tu marido está muy mal, el no tuvo la culpa de todo lo que han hecho sus familiares.

- ¿Sus familiares?

- Tienen problemas económicos, Cathy. Si te divorciabas de él, ellos podrían beneficiarse

- ¡Que!

- Terry y yo lo averiguamos y… está muy molesto, el te ama, hija.

- Y yo a él, abuelo.

- Espera, déjame hablarle, tengo que hacerlo venir aquí. Esta en Chicago, el celular estaba sin alcance, no podían contactarlo, lo seguro era que lo estaban molestando por la publicidad y sus guardias lo estaban escondiendo ya, algo tramaban y las palabras de su nieto lo mortificaban, si entraba a esa boda, se daría cuenta que su nieta no era la joven y que solo estaban cuidando la privacidad de la novia de William Andrew, posiblemente con el consentimiento de su nieta.

- No lo localizo. Esta en Lakewood.

- Si, ahí esta la mansión de los Andrew, pero… yo… abuelo lo siento.

- Hija, tu marido ira a esa boda y sacara a la novia de ahí, sin pensar que no eres tu.

- Es muy parecida a mí, las fotos no mienten, ella es muy parecida, solo que, al hablar, no puede evitar su acento norteamericano,

- Entonces… las fotos de ella besándose… ¿No eres tú?

- No abuelo, fue una coincidencia, ella se llama Candy.

- ¡Candy!

El abuelo comenzaba a perder el color, de pronto, Cathy gritaba por ayuda, a lo que varios hombres extrañados al verla, pensaban que ella había sido la causa de su desmayo.

En Lakewood, Tom ya tenía visto como acercarse, si Candy estaba ahí, lo averiguaría, ella no podía desaparecer así como así, no podía casarse con un estirado. Y sin pensarlo, otro estirado estaba viendo los planos vestido de manera sencilla, ocultándose de todo, viendo por donde huir y sacar a su mujer de la mansión donde planeaba vengarse de él. Lo cierto es que esa boda no se lograría, por mucho show que fuera, él la evitaría a toda costa.

En la mansión, Albert ya recibía más información, existía una Candy White, y esa era su mujer, una enfermera, que vivía en un orfelinato, era huérfana y había viajado a New York para conseguir trabajo. Había otros datos por recibir pero esos llegarían un día después de la boda, debido a que era con el número de seguro social de Candy White.

- Quiero toda la información completa, si esto es una burla, o si es una doble vida, o que es lo que tanto se oculta en el nombre de Cathy Woodgate.

- Es seguro que Cathy Woodgate, es Cathy Grandchester, vive en Inglaterra y su ultimo paradero fue New York, estaba su pasaporte registrado en el barco y usted estuvo con ella, ahí la conoció junto con su sobrino Stear.

- Se hizo pasar por primo, le gustaba la amiga de Cathy, George.

- Otro motivo, la amiga no se despegaba de ella, y ¿No está invitada la familia Woodgate?

- ¿Nadie?

- El abuelo, solicitó su invitación, llegará ese día, para entregar a la novia.

- ¿Confirmó?

- Si.

- Algo no me huele bien. Estaremos fuera de la mansión cuando vayamos a la iglesia, ahí podría ser que… ese busque a su mujer…

- Dijo usted que ella es solo suya.

- Si. Pero cual, la enfermera esta aquí, mientras que… Woodgate… ¿vendrá?

- Pues el abuelo es el único familiar con vida, podríamos averiguar.

- Cuidaras de los niños, de mi Tía Elroy y de ella.

- Con mi vida.

- Gracias George. Si ella me está engañando… todo su numerito se podría salir y… entonces porque hacerse pasar por ella, quien me engañó, ¿ella o la otra?, ¿hay dos? ¿o es solo una?

El día de la boda llegaba, toda la mañana, el temblor en sus manos era evidente, la Tía Elroy estaba muy elegante, los niños parecían pequeños pingüinitos, con traje blanco, y el novio igual, como si los tres, fueran a casarse con ella.

La emoción al vestirse, la compartían con su tío y los comentarios, no podían más que hacerlo sentir muy querido,

- Es la mejor del mundo, como ya no estaba mi mami, ella realmente… nos quiere, Tío.

- Lo sé. Nunca te había escuchado tan feliz, Anthony.

- Alex dice que no sueña más que en la boda, pero que no puede ver a la novia, y es que dijo que se vestiría como un hada de los cuentos, y yo… solo le veo las alas en mis sueños. El sonreía y acomodaba la corbata a su sobrino, mientras que el otro caminaba nervioso de un lado a otro, comentaba,

- Se tarda mucho, quiero verla, no puedo dejar de pensarla, la soñé, y mi mamá estaba ahí, ella sonreía y… estaba con nosotros en el frente, la esperábamos y… no entraba a la iglesia.

La ansiedad del pequeño, hizo que el tío abriera los ojos, temía en algo y eso era peor, que no solo él, estaba temiendo eso, los niños estaban preocupados.

En eso, ella bajaba por la escalera, varias mujeres ayudaban extendiendo su vestido y los tres giraban a verla, sus cabellos recogidos, su rostro iluminado y esa, sonrisa, los dejaba absortos, por fin la veían.

- ¡Preciosa! - ¡Hermosa! - ¡Bellísima!

Las expresiones hicieron sonreír efusiva, ellos la veían bien, y les gustaba, pero el rostro de él, era el que ella deseaba ver y su mirada brillaba y su boca estaba desencajada, solo supo que él había dicho, ¡Bellísima!

- Albert, le pedí a la abuela que… entre conmigo a la iglesia.

CONTINUARA


Gracias por sus comentarios, deseando les guste mucho, como a mi cuando la escribo ;)

Un abrazo a la Distancia

Mayra Exitosa