FIC
La Usurpadora
Por Mayra Exitosa
Capítulo 17
Lejos de ahí… en el mismo estado de Illinois, sin poder dormir, alguien la echaba de menos, cerrando sus ojos, recordaba cuando la tenía en su habitación, unida a su pecho, sudada por haberse amado y suspirando por la pasión que entre ellos se daba. Debió haber sido sincero, hablar con ella, decirle que no le importaba quien fuera, que la amaba, pero él hubiera, no existía y aun podía lamentarse no poder abrazarla y protegerla.
- ¡Candy, mi amor! ¡Dónde estás mi pequeña! ¡Donde!
Las lagrimas no pudieron ocultarse, una anciana lo observaba con el mismo dolor, aun no la encontraban, había tomado el nombre de su hermana, por orden de ella, sin saber que eran gemelas, ahora, ya nada era igual, aun siendo su esposa, ella se había ido, al sentirse menos y no lo que realmente era, la señora Andrew, el ángel que ellos habían esperado y que ahora, estaba escondida, solo Dios donde.
George se acercaba y ella le hacía la seña para que lo viera, luego agregaba,
- No puedo creer que no sientas remordimiento, George. Ya te has llevado mucho tiempo, parece que no contaras con recursos suficientes, más me apenaría que fueran los Woodgate o los Grandchester los que la encontraran primero.
- Ya hemos encontrado una pista, una pareja de la biblioteca, los cuido y… creemos que se comunica con ellos, ya estamos colocando micrófonos, para saber si mis sospechas son ciertas.
- Si la encuentras, no la ahuyenten, iremos por ella.
- Así se hará. George salía moviendo su cabeza negativa, meditando que el que iría por ella, estaba despierto y no permitiría que alguien más les ganase el encontrar a su mujer.
Ya por la madrugada, salía con una gabardina, varios autos se enfilaban a su salida, la sospecha llegaba a un pueblo lejano, donde habían vivido los señores Carmichael, y ahora residían en Lakewood, ese pueblo tenía llamadas continuas, en el micrófono la llamaron Candy, ahora por fin sabían dónde se encontraba.
- Es aquí en Illinois, es un pueblo llamado Cisne, en el condado de Wayne.
- Ni un minuto más. Ella debe estar con mi familia, no quiero que el abuelo y ese cuñado engreído, me la quiten.
- No se preocupe. Por eso hemos madrugado, si están siguiendo nuestros pasos, un par de autos se irá para el este.
- Entonces, ¿estaban siguiéndonos, para llegar a ella? George.
- Los Grandchester. Ese hombre está loco, desde que se enteró que será padre, ahora quiere a su cuñada, según él, se la llevara a Inglaterra y le darán el apellido que le corresponde.
El investigador del abuelo, comentaba los detalles que William ya tenía, pero no el paradero actual, no se sabía nada de ella.
- Creo que ellos van más adelantados, señor.
- Si la encuentran, no me importa quien lo haga, lo que deseo es saberla bien, quiero conocerla, pedirle perdón por haberla olvidado, por creerla muerta, por haberla abandonado a su suerte.
- Usted no lo hizo de manera intencional, señor. Tomaba aire, nada lo excusaba de su culpabilidad, debió continuar con la búsqueda en su momento, pero el dolor de perderlo todo, el saberse vulnerable, y ahora saber que dejo a su suerte a su pequeña nieta, que más lo necesitaba, sin menor dolor, comentaba
- Morris, acompaña al señor, continuará con la investigación, cuando tenga mayores informes, hágamelos saber.
En el Rancho de Tom, su padre se enteraba de todo, ya él lo presentía, había visto y tratado siempre a la joven Candy, sabía que no amaba a su hijo, se hacía ilusiones y no paraba de imaginarla siendo su nuera, pero de ahí a la realidad, nunca había sido verdad. Tom jamás había estado con ella en un plan íntimo, ahora estaba casada con otro hombre, que no valía mucho, según Tom. Pero el padre, sabía la verdad, todos lo sabían, se había hecho una boda enorme, de la que en muchos años no se olvidarían, dos novias iguales, una casada y otra casándose, al final ya estaban matrimoniadas las dos, y Tom ya no podía mentirle más.
- Lo siento ´pa. Ya le dije, no quiero a la chata.
- La que tú quieras Tom, la que tú quieras, pero elige una y vente al rancho hijo, ya no pudo con todo.
- Ta güeno ´apa.
Lejos de ahí… en Cisne, parte del condado de Wayne.
El pueblo era chico, no podían llegar todos los autos sin llamar la atención, así que un condado antes, rentaba autos de modelos simples, dejando sus autos en un hotel. William y seis de sus guardaespaldas, junto a George, ya habían ubicado a Candy, pero no la habían visto. El ya no podía soportar un día más sin ella, tenía que encontrarla y al verla en el hospital, sentada, agotada y con la tristeza en su rostro, fue como una daga en su corazón.
- Señorita, ¿podría usted atenderme?
- Si señor, ¿Qué puedo hacer por usted? Respondía solicita colocándose unos lentes sin graduación. Al levantar la mirada, se encontraba con él. Quien con un rostro serio y de forma derrotada, la miraba esperanzado
- ¡Candy!
- ¡Albert!
El se giro tras el mostrador, arrodillándose ante ella, quien no se levantaba de su silla, asombrada al verlo ahí, pidiéndole ayuda,
- Pequeña mía, te he buscado por meses, mi amor.
Las lágrimas de ella brotaron como vendaval, sin poder hacer nada, dejo que él la tomara de su cintura y colocara su cabeza en su hombro, al tener una rodilla en el piso.
Ella le abrazaba y descansaba su cabeza con él. Pensando que la había encontrado y no le reclamaba, sin más entre sollozos, ella le respondía,
- Te hemos extrañado mucho.
Al escúchala bien, despego su rostro de su hombro, asombrado por lo que le había dicho. La miro a los ojos, que con solo verse sabía que decían la verdad, preguntando atónito,
- ¿Quiénes?
Candy se levantaba de la silla y él se hacía hacia atrás levantándose a su vez lentamente, ella le tomaba su mano, la colocaba en su vientre,
- Vamos a ser padres, Albert. El asombro lo dejaba shock.
Un medico anciano, salía del consultorio, preguntando si había más pacientes. Candy miraba a las sillas vacías y respondía,
- No doctor. Ya no hay más pacientes, por el momento,
- ¿Y este señor, Sra. Carmichael?
- Es el padre de mis gemelos, doctor. Como reacción inmediata al escucharla, este la abrazaba escondiéndola en su cuerpo, besando su cabeza y acariciando su espalda, susurrándole
- ¡Mi amor! ¡Mi pequeña! ¡Vamos a ser padres!
El doctor, levantaba las cejas y comentaba,
- La embaraza y hasta ahora aparece, que cómodo, con todo lo que ha sufrido su esposa, Sr. Carmichael. Albert al escuchar de nuevo el apellido, se reía. Levantando la barbilla de Candy agregaba,
- Tiene razón, doctor, soy un nefasto futuro padre, pero sabe, la señora Carmichael y yo, tenemos que irnos de este lugar, tendrá que buscarse otra enfermera, porque esta, es solo mía.
El anciano, con una sonrisa arrugada y ocultando su dentadura, se mostraba satisfecho, porque aunque fuera una enfermera muy eficiente, necesitaba mucho reposo, sobre todo por su futuro parto de gemelos.
Candy bajaba el rostro apenada, temía que fuera a enfadarse, pero la verdad siempre era lo correcto, fuese como fuese, la realidad es que lo amaba, no debía ocultarle algo tan importante, como el hecho de que sería padre. Ella tomaba su pequeño bolso y salía de la clínica, con una mano diciendo adiós, abrazada por el hombre de su vida.
Dirigiéndose a su habitación en la pensión que le daba asilo. Albert entraba con ella, al ver lo pequeña que era, se sentía aprisionado, preocupado, tomaba las cosas y las metía en el bolso que ella poseía, algo llamaba su atención, a un lado de su cama, era un marco que reconocía de su propiedad, al tomarlo, vio que era suya, una fotografía de él que su tía tenía en una de las habitaciones, la tomaba y se la mostraba, ella se apenaba por habérsela traído sin permiso, el sonreía y se iba hasta ella, abrazándola soltaba un suspiro,
- Temía que me olvidarás,
- Eso sería imposible, lo sabes.
- Ahora lo sé. Pero juro que no volverás a separarte de mí. Ella sobaba su cintura, al estar caminado de un lado a otro, tomando sus cosas, él al notarlo, le solicitaba
- Descansa, déjame a mí hacerlo, mientras despídete de la señora de la casa y… si falta algo que pagar, me haré cargo.
- Voy al corriente, no debo nada. Contestaba aun temerosa y con sus manos mostraba el nerviosismo de tenerlo cerca, sin embargo para él también tenía esa sensación pero era de ansiedad, misma que no podía controla totalmente, respondiéndole firme y sin sonrisa alguna,
- A mí, si. Y le tomaba los labios, en un beso suave y anhelado, estando solos en la habitación, deseaba mucho más, pero lo mejor era salir de ahí cuanto antes.
- ¡Perdóname!
- Si te quedas a mi lado, todo estará perdonado para siempre. Pero no vuelvas a alejarte de mi, jamás.
- No. No lo haré. Yo…
El no la dejaba continuar para tomar de nuevo los labios, de tanto haberlos extrañado, sabía que pronto tendría que contarle todo, pero ahora no, ella era suya y… se encontraba embarazada, su nerviosismo, su tensión muscular, toda ella, necesitaba estar tranquila, de eso se encargaría él.
CONTINUARA
Gracias por continuar leyendo fics, por comentar, por la paciencia y por saber que estamos escribiendo... par ti.
Un abrazo a la Distancia
Mayra Exitosa
