FIC

La Usurpadora

Por Mayra Exitosa

Capítulo 18

Sentados en un auto, que no era de los que había en su propiedad, ella iba a su lado, dormitando, callada, él le daba sonrisas, eso para ella, parecían cucharaditas de amor, lo había extrañado tanto, verlo era un sueño, deseaba volver con él, sí, pero a la vez quería que no se separara ni un centímetro, lo quería palpar, ansiaba olerlo, y no sabía cómo había podido estar sin él todo ese tiempo, con tan poco tiempo se había ilusionado, enamorado y entregado por completo. Esa necesidad de cuando lo vio, se había multiplicado y se desaparecieron todos y cada uno de los malestares que había pasado, imaginar cuando deprimida se había enterado de su nuevo embarazo, que al menos algo de él continuaba dentro de ella.

Tenerla por fin en sus brazos, embarazada, de gemelos, todo ese tiempo ella fuera de su alcance y con un embarazo tan sorpresivo. Era un regalo más, uno que no tenía en su mente y que lo dejaba colmado de alegría interna. Se notaba ojerosa, cansada, sus pequeños pies hinchados, sus prendas de vestir usadas, desgastadas. Tan sencilla y tan servicial… - Señorita, ¿podría usted atenderme?

- Si señor, ¿Qué puedo hacer por usted?... Devolverme la vida, quedarse por siempre a mi lado, no volver a escapar, amarme y dejarme amarla, eso puede hacer por mí.

- ¿Estas bien, mi vida?

Ella sonreía y abría sus ojos, lo miraba asintiendo y suspiraba de nuevo, como la amaba, por supuesto que la amaba, tanto que no podía imaginar el odio que sentía por aquellos que culpables, mintieron para engañarla y que ella usurpara un lugar, para salir culpada fácilmente de cualquier engaño. Pero se había ganado el premio más grande, si, ella era solo suya y ni una familia descuidad, ni un cuñado abusivos, mucho menos un vaquero ingenuo y manipulador, le quitarían el amor de la que en sus brazos ya tenía.

Llegaban cerca de ahí, donde ahora se encontraban sus autos y cambiaban de lugar. Lo observaba, tomar sus manos y cuidar de cada paso que daba, verlo así tan atento, aun sin vestir como antes, ni portar ropas finas, ni maquillajes o peinados elegantes, la miraba y anhelaba que esa dulzura y ese cariño lo tuvieran sus bebes.

- ¿Deseas algo de beber? ¿Quieres ir a asearte? ¿Dime lo que necesites, mi pequeña?

- A ti. Es todo lo que necesito, no quiero nada más, gracias.

Aun con más espacio, en el auto que subían, él la estrechaba más y le hacía la seña que elevara sus pies y se relajara en el asiento a lo que ella temerosa, al no saber si estaban sudados sus pies, solo subía parte de sus piernas.

El camino fue muy largo, un avión era lo que deseaba para llevársela lejos, había una larga distancia aun, al meditarlo, daba orden de hospedarse en un hotel, para el descanso de su mujer y a sus hombres los enviaba de regreso a casa.

- Señor, está seguro quedarse solo, sin custodia.

- Si, tomare un vuelo con mi mujer, se encuentra agotada, su estado no es para llevarla tantas horas en auto.

- Como desee. Nos iremos enseguida.

- Llamaré a mi Tía.

El hotel era cercano y acorde al aeropuerto, volarían a casa, meditaba Candy cerrando sus ojos e imaginaba las sonrisas de los niños. Cuando les diera la noticia de que pronto tendrían más pequeños en casa, eso la hacía sonreír.

El la observaba serio y callado, sin poder evitar pensando en el abuelo y en el cuñado desgraciado que detuvo la boda, ni que se diga de la hermanita que tenía su mujer, una listilla que había culpado a su esposa de sus mentiras. Pero que gracias a ella, le había traído el mejor regalo de su vida, su mujer, una princesa que según el orfelinato había caído del cielo, que era una niña feliz, que extrañaba a su mami y a su papi, pero que no sabían de dónde venían, las investigaciones no mostraban nada de una niña extraviada, pero era altruista por naturaleza, trabajaba para vivir y regalaba sus horas libres a todo el que la necesitara.

- ¿Estás cómoda, mi amor?

- Si, muy cómoda, estar contigo es tan agradable, soñaba que te veía molesto y sufrí mucho pensándote mal todos estos meses, vi los periódicos, la boda suspendida, y como había otra mujer muy parecida, que era una usurpadora de la señorita Woodgate y en otras que me quería quedar con el señor Grandchester.

- ¡Tonterías! Eres una… Andrew. Mi mujer, fuera de la boda religiosa, te casaste conmigo, Candy, a mí sí me dijiste la verdad, a mi administrador le diste tus papeles, así que, no me mentiste y… no estaba molesto, estaba muy preocupado por no encontrarte.

- Te extrañaba mucho, te lo juro.

- Si es la mitad de lo que te extrañe, te creo que hayas sufrido, porque ya había perdido el sueño, no podía dormir sin ti. Te ansiaba tanto, mi vida.

- ¡Albert!

El la abrazaba ajustándola a su cuerpo, buscando sus labios, besándola con necesidad y ella parecía sentir lo mismo, porque respondía con agitación las caricias que recibía. La habitación era muy cómoda, estaban esperando a que el jet de su esposo llegara por ellos al aeropuerto.

No quería tomar un avión particular, deseaba esconderla pero ella lo ignoraba. Meditaba al verla y rosar su rostro delicado.

En New York con una sonrisa, el abuelo lloraba, el señor Johnson le informaba que Candice Andrew estaba con su esposo, que ya dejara de preocuparse, que pronto estarían con él, que no le informara a nadie para que los señores Grandchester no se alteraran.

- Gracias, Johnson. Es usted muy amable al informarme, ya no podía continuar con esta incertidumbre.

- El señor está tratando de protegerla y de decirle las cosas con calma, no quiere que vuelva a huir de ustedes, le dirá despacio la noticia, ella no se encuentra muy bien.

- ¿Está enferma? ¿Qué tiene mi niña?

- La encontramos trabajando escondida, con un apellido falso y… se notaba temerosa. Creo que lo mejor es darle un poco de tiempo.

- El que sea necesario, dígale al joven Andrew, que lo que me pida, se lo daré, pero que la acepte, que la ame, que pagaré todo lo que le haga falta a mi nieta, su fortuna, todo, no me importa nada, solo verla feliz.

- No se preocupe, señor Woodgate, lo mejor es ir tramitando el cambio de apellido y los papeles, para que cuando le den la noticia, los trámites legales ya… estén finalizados.

- Lo comprendo, iré con usted, le daré todo lo necesario, dígale a William que mi nieta es poseedora de una gran fortuna y que no la he dado a su hermana aun, que cuente con la parte proporcional de mi niña, pero por favor, que no sufra, no tuvo la culpa de usurpar el lugar de su hermana, es una víctima de las circunstancias.

- Lo sabemos señor, será usted bienvenido en Lakewood, ahí está la familia del señor Andrew, estoy seguro que cuando regrese ahí podrá ver a su nieta, ella… ama a los niños, se convirtió en una madre para ellos y… legalmente es tutora de los menores, pero con el cambio de apellido, no quisiéramos perjudicar a la familia.

- Comprendo. Entonces, no es por su fortuna.

- El señor Andrew no la necesita, usted debe saberlo. Lo que desea es que su mujer este a su lado. Tengo entendido que esas no son las intenciones de su nieto. Al parecer ha informado que desea llevársela a Inglaterra, y eso, no es posible.

- Solo quiero su felicidad, mi nieta es lo único que me importa, Johnson, deseo conocerla.

- Entonces, estamos de acuerdo que su nieto es… muy temperamental y… su otra nieta, la puede… asustar un poco, ya sabe, por ese delito que ella cree que cometió.

- Estoy de acuerdo. Iré con mi personal solamente, estaremos en Lakewood, comentaré que… veré a los niños que quiere mi nieta.

- Gracias, señor Woodgate.

Ahí mismo, en New York. En otra parte del hotel donde se hospedaban los Grandchester, este recibía información,

- Señor los autos se fueron al este, al parecer ya la tienen ubicada, posiblemente se encuentra, en New York.

- ¿Los autos de Andrew, se dirigieron hacia aquí?

- Si señor, y está en un hotel, al parecer están protegiendo al señor Andrew.

- Debe tener información reciente, sino porque se vendría en auto hasta New York. Cortaba la llamada y se iba con su mujer, informándole las buenas noticias.

- Si amor, lo probable es que… te haya venido a buscar, ¿quedaste con ella en algo?

- Si, que le depositaría dinero, que le abriría una cuenta, que… ¡dios! No recuerdo que tanto le prometí, pero… dejo todas mis cosas allí en la mansión Andrew, mis alhajas, mis atuendos, todo, de hecho, el personal de Andrew solo tomo las joyas de la familia por orden de la señora Andrew, y empacó todo lo que fuera mío. Tal vez, le gusto mi ropa, eso debe ser.

- Andrew querrá comprarle todo nuevo, estoy seguro que cuando supo que su mujer no llevaba nada, te devolvió las cosas por orgulloso, pero mi cuñada te elegirá a ti, mi amor. Cuando le digas que son hermanas gemelas, te amara y veras que se pondrá muy contenta por tu embarazo.

- ¡Una hermana! ¡Oh Terry! Tengo una hermana, mi abuelo dice que ella no se enfermaba, que era muy sana y que fui yo la que se quedó en Inglaterra, porque estuve enferma. Que soy la mayor de las dos. Que nací primero y que ella nació más de veinte minutos después. Cuando la deje de ver en el hotel, ella dormía, confiaba y… le mentimos tanto Paty y yo que, me sentía infame.

- No digas eso, mi vida, verás que tu hermana te comprenderá. Es posible que se moleste un poco por el hombre tan agresivo que le dejaste como marido, porque al final, se la pusiste en charola de plata a ese hombre.

- ¿Andrew? ¿Agresivo? Por favor, mi amor, Andrew es un caballero y es muy detallista, eres más agresivo tú, mi cielo. El poco tiempo que lo conocí, se portaba muy bien, me hizo tantos regalos,

- ¿Regalos? ¡Regalos! ¡Catherine!

- Los deje allá en la habitación de ella, mi vida. Lo ves, te pones como un loco de solo mencionarlo, esos regalos son para ella. No eran para mí. Cathy le sonreía, notando que pronto habría otro nieto para su abuelo, y que su marido ya mostraba celos por saberlo, porque ahora quiera o no, Andrew era parte de la familia y su bello esposo, parecía un niño cobrando celos por el que pronto estaría en igualdad de circunstancias, sería un nieto más para su abuelo y su hermana, recuperaría con creces el amor que le debían, con gusto ella le daría todo su amor, gracias a ella, había podido solucionar sus problemas, todo se había aclarado, su marido estaba ahí, junto a ella y aunque no deseaba quedarse en New York, sabía que hasta no encontrarla, no podían moverse como lo hizo su abuelo hacía mucho tiempo atrás.

Terry estaba cruzado de brazos con un mohín de molestia mirando hacia los ventanales, meditaba que su mujer decía que Andrew era un detallista. Debía comprarle mejores cosas él. Pero al menos no la había tratado mal, no se aprovechó de ella. Eso era algo que debía agradecerle, estaba embarazada desde antes que abandonara Inglaterra y todo eso lo había sopesado sola.

En un hotel lejos de ahí, Candy dormía como hacía mucho no la había hecho, su embarazo había sido dificultoso al inicio, mareos, náuseas, muchos malestares, pero el sentimiento de no tenerlo a su lado, era algo que la entristecía sobre manera. Cuando por fin su temor más grande se había hecho realidad, no fue lo que ella temía, fue completamente diferente, estaba angustiado, preocupado, y la noticia de saber que estaba esperando gemelos, no lo había puesto mal, por el contrario, estaba consintiéndola, cuidándola, amándola, como en sus sueños, él la besaba una y otra vez, ahora era real. De pronto un sobre salto la despertaba y gritaba,

- ¡No!

CONTINUARA


Gracias por la paciencia, por la espera y deseando sea de su agrado,

Un abrazo a la Distancia

Mayra Exitosa