FIC

La Usurpadora

Por Mayra Exitosa

Capítulo 19

- ¡Candy! ¿Qué te duele, mi vida?

- No, nada, fue solo… una pesadilla, creo que comí demasiado.

- ¿Pesadilla? Ven acá, cuéntame, que soñabas, te vi muy tranquila y de pronto… gritaste.

- ¿Me vigilabas?

- Desperté hace rato, si, te observaba, eres hermosa, imposible no verte. Casi se completaban cien días, sin tenerte a mi lado.

- ¡Cien días!

- Si, y noventa y nueve noches sin tenerte en mis brazos. La abrazaba posesivo atrayéndola hacía él, recordando la sensación de angustia que tanto estuvo pasando por esas fechas, mismas que solo pensaba lo peor de no poder encontrarla. Ella lo observaba y se preocupaba coincidiendo con los días transcurridos y extrañándolo a él y a los niños. Tenía preocupación al desconocer la salud de la abuela Elroy.

- Desperté porque… en mis sueños te desvanecías y… no quería que te fueras. Esta fue una constante por varias noches, siempre te perdía.

- ¡Mi vida! Aquí estoy, a tu lado, no pienso irme a ninguna parte, no, lejos de ti.

- Gracias, Albert, sé que te mentí y que… no me porte como debía… yo…

- No fuiste tú, fue tu hermana. Ella me contó todo lo que sucedía, tenía problemas con su esposo, había muchos incidentes, fueron descubiertos tras esta huida, pero en el trayecto se encontró conmigo y me utilizó para darle celos a su marido, de paso, te encontró a ti, y pudiera decirse que fue un cupido, pero por más que lo intento no le veo las alas, solo cuernos y cola. De toda la conversación ella se quedaba solo con lo primero, asombrada por lo que descubría,

- ¿Hermana?

- Si, Candy. Son gemelas, ella es la mayor y…

- ¿Y? ¿Tiene cuernos y cola? Albert soltaba una carcajada y ella sonreía por verlo feliz, era la primera que sucedía desde que se habían encontrado.

- Sabes mi vida, no quiero perderte, quiero que te quedes conmigo, con mi familia… yo… te necesito mucho, mis sobrinos te adoran y mi abuela, te ve como una hija y está muy preocupada desde que se enteró de toda esta situación. Ella meditaba aun abrazada a él, y reflexionaba cada palabra con suspiros, al imaginar que no la habían tomado como la usurpadora de su hermana, solo habían sido esos periódicos sensacionalistas.

- Entonces, la señorita Cathy, es mi hermana.

- Si, mi pequeña. Son gemelas, tu… fuiste lanzada del jet en paracaídas… tus padres debieron salvarte al momento que… sufrieron el accidente.

- ¡Paracaídas!

Candy recordaba sonreír y volar, ahora lo comprendía, ella no volaba iba cayendo de un paracaídas, le encantaba la sensación del viento de las colinas, tal y cual recordaba y una frase venía a su memoria "Mi pequeño Angelito, se buena mi amor, se muy buena"

- Realmente, estamos suponiendo. Tu hermana estuvo enferma y se quedó con tu abuelo, y tú, mi preciosa reina, ibas con tus padres. No sé cómo pudiste abrir el paracaídas, o lo abrieron tus padres…

Candy cerraba los ojos, lo escuchaba y veía a su madre cerca de ella, su padre iba atrás, las piezas metálicas salían por varias partes, su padre tenía fuego, su madre trataba de salvarlo empujándola a ella lejos y buscando abrazarlo, ellos se amaban, estaban juntos…

- ¡Mi papi! ¡Mi mami!

Albert giraba a verla y notaba que ella lloraba, sus lágrimas resbalaban por su rostro, el besaba sus mejillas tratando de tranquilizarla, minutos para suspirar y con una mueca agregaba,

- ¡Gemelas! Entonces… mis bebes, no son solo por tu genética, sino… también porque yo…

- ¿Genética?

- Pensaba que nuestros bebes, eran gemelos porque eran tuyos, como tus sobrinos. Y… me dices que… tengo una hermana gemela, puede que mis bebes también sean gemelos por mí.

Albert suspiraba abrazándola delicadamente, ambos en su cama, meditaban la información que le había dicho, pensaba hacerlo pasado un poco más de tiempo, pero ella necesitaba saber la verdad, no sentirse culpable de una situación.

Sentada en sus piernas se sentía pequeña, aun con dos bebes en su vientre, él era muy grande, se recargaba en su pecho y acariciaba pasando sus dedos por la firmeza de sus pectorales, y preguntaba,

- Albert ¿Ella está molesta?

- ¡Que va! Esta más fresca que una ensalada marítima, su marido la tiene consentida y muy feliz, mientras yo, te perdía por tonto, por no haberte dicho que… ya lo sabía.

- ¿Lo sabías?

- Si, pero no todo, hasta que ella llegó ese día a nuestra boda.

- Porque no me lo dijiste, te hubiera evitado más problemas.

- ¿Problemas? Si solucionaste todo con tu llegada, me has hecho el hombre más feliz desde que te conocí, no puedes decir que son problemas, me vas a hacer padre, mi pequeña paracaidista, ¡me harás padre!… ¡y de gemelos! Imagina cuando nazcan y los vean mis sobrinos, ya no me quitaran a mi mujer, ahora pelearan por saber cuál de mis hijos será para cada uno. Ella sonreía imaginando lo que él contaba,

- ¡Albert! ¡Te amo tanto!

- ¡También te amo! Y… quiero que… nos den la bendición, que se finalice nuestra boda religiosa…

- ¿Boda religiosa? Pero si fue enorme, pensaba que había un mundo de parejas casándose. El soltaba una carcajada, tenía razón George, era genuina, tal vez estuvo separada de su familia, pero definitivamente embonaba en la de él. Era solo suya y no dejaría que nadie se la quitara.

Paty llegaba a New York, la familia de los Andrew ya se encontraba enterada de las gemelas y de la oportunidad que tomaron para beneficiarse los Grandchester. Sin embargo el joven Cornwall, observaba a la distancia a Patricia, entrando al hotel de su amiga, bajaba el rostro al saber lo que habían hecho, pero le gustaba, ella solo había protegido a su mejor amiga de la infancia.

- ¡Hola Paty!

- ¡Alistar!

- Extrañe no verte en la boda… ya estoy enterado de todo.

- Lo siento, se salieron las cosas de control, no fue nuestra intención perjudicar a nadie.

- Bueno, si hay perjudicados, es su propia familia, tengo entendido.

- Si, es gemela de Cathy.

- ¿Quieres tomar algo?

- Me encantaría.

La pareja estaba en el bar, cuando veían a Terry salir con varios hombres, pero no estaba siendo acompañado por su mujer. Al parecer ella continuaría en el hotel, estaba embarazada de ya casi siete meses. Buscaban a su hermana, y aun no tenían información de ella.

En Lakewood, la llegada del abuelito era todo un alboroto, los pequeños estaban emocionados, pues su nueva mami tenía abuelo también y esperaba verla pronto ahí en Lakewood.

- Entonces eran gemelas sus nietas. Volvía a confirmar Anthony recargado en un brazo del sillón donde este permanecía sentado, El dulcemente le respondía,

- Si pequeño. Recuerdo a mi hijo tan emocionado porque tenía dos niñas en sus brazos. Alexander sonriente agregaba,

- Mi padre también sale en una fotografía con nosotros dos.

- Si, deben quererlos tanto como quiero a mis nietas, son mi única familia.

La abuela estaba contenta, ya les habían informado que la pareja se encontraban juntos, solo que ellos estaban tomándose su tiempo, a solas.

- Tome en cuenta que, suspendimos su luna de miel, con esta situación.

- Supongo que sí. Pero comentan que no se encuentra del todo bien y… deseo verla, conocerla y… pedirle perdón. La abuela se entusiasmaba mirando a sus nietecitos y confirmando lo que ellos pensaban de Candy.

- Ella es un ángel, es maravillosa, no es por comparar con su otra nieta, pero… la nuestra es mejor. El abuelo apretaba una sonrisa, ya la consideraban de ellos a su otra nieta y la apreciaba tal cual se había educado.

En el hotel, se solicitaba ir a un hospital para subir el avión, sin embargo Candy lo consideraba no necesario y se avergonzaba por ver cuantos detalles y precauciones tomaban. Ella confirmaba que era enfermera y que solo había tenido los síntomas del inicio, que estaba por cumplir cuatro meses, a lo que Albert orgulloso por todo lo que comentaba, sus alimentos cambiaron a mas naturales, no tomaba refrescos, bebía líquidos sin muchos azucares

Por fin pasaban su ecografía y efectivamente había dos bebes en un solo saco gestacional, confirmando por genética de ambos padres. Con más descanso y habiendo excedido en compras y detalles, por fin viajaban, era una pareja inseparable, se amaban de muchas maneras para tener tan poco tiempo de conocerse y de ser esposos,

El avión llegaba directo a la ciudad de Chicago, sus autos ya lo esperaban ahí, el traslado a un jet y este directo a Lakewood. Ella caminaba abrazada de la cintura de él, aunque en repetidas ocasiones Albert deseaba llevarla en brazos, pero ella no se lo permitía. Habían tardado algunos días en comprar prendas de vestir y algunos detalles que le habían gustado para sus bebes.

Al caminar al auto en Lakewood, otro auto ya los esperaba, los pequeños bajaban corriendo y Candy deseaba correr igual, pero Albert la detenía señalando su vientre.

- ¡Anthony! ¡Alexander!

- ¡Candy! ¡Candy!

Ella aceptaba sus abrazos y notaban que estaba muy gordita, no había cintura como antes y se veía distinta, pero al hablar era ella.

- Te estañamos mucho, tu abuelito llego hace varios días.

- ¿Mi abuelito?

Un hombre de cabellera blanca, bigote blanco y con una mirada grisácea, la observaba esperando su oportunidad para recibirla. Albert notaba que se había salido con la suya y su cuñada no estaba ahí, mucho menos su tan especial marido.

Subían a la limosina, ella se sentaba frente a su abuelo, quien le tomaba las manos y no podía aun hablar mucho solo sonreírle.

- Tío, ¿Va a tener bebe?

- ¡Son dos!

La sorpresa en el auto no se hacía esperar, ella se escondía ruborizada y apenada por como los niños hacían gesticulaciones de que dentro de ese lugar había dos bebes. El abuelo abría sus ojos efusivamente se encontraba muy feliz, sin esperarlo lloraba emocionado por cómo recordaba la situación a su hijo y a su nuera, cuando supieron que serían padres de dos bebes.

Albert no dejaba de ver al buen hombre que por más que deseaba, no había interrumpido a sus sobrinos. La llegada a casa y todo el guardarropa que entraba en un auto aparte, se extendía por toda la mansión. La abuela la esperaba y apenas verla ambas se abrazaban emocionadas llorando por haberse separado antes de finalizar la boda,

- Mi niña, mírate, estas hermosa.

- La eche mucho de menos.

- Te puedo asegurar que él no dejo de mover todo lo que podía hasta traerte de regreso,

- Lo siento tanto, yo…

- Nada, nada. No tienes que disculparte. Ven tu abuelo tiene dos días aquí esperándote. Candy giraba y él la abrazaba mimoso, susurrando palabras cariñosas, llorando emocionado y Candy le besaba las mejillas y por la altura se recargaba cerca de su hombro,

- ¡Mi abuelito! Cuando Albert me contó algunos detalles, recordé a mi padre, él nos protegió lo más que pudo, salimos del avión, pero la explosión quemó el paracaídas de mi papá y mi madre me empujo y fue a atraparlo, ella gritaba muy fuerte, ¡Te amo! Y él le sonreía tratando se soltarse para que no callera con él, pero tampoco la vi volar conmigo. Ellos… se quedaron en el cielo… fue ahí donde los vi por última vez.

Ambos lloraban y Albert escuchaba por primera vez lo que su mujer decía, la abuela se entristecía por el dolor que fue para ella perder a sus padres. Y el abuelo por primera vez sabía lo que sucedió ellos si salieron del avión, pero no pudieron alejarse a tiempo.

- Mi mami, fue la que jalaba el cordón y el viento me llevó muy lejos, muy muy lejos.

- ¡Mi niña! ¡Perdóname!

- No hay nada que perdonar, he sido muy feliz, aprecio cada día que vivo, no recordaba esto, fue hasta que Albert me dijo sobre el paracaídas que he ido hilvanando recuerdos, uniendo pedacitos de lo que fue, mi padre era un hombre muy guapo, tal vez por eso amo a Albert.

- Bueno, él era muy alto también hija.

- para mí era enorme, mi héroe desde que lo perdí.

- Estoy muy orgulloso de ti, Candice. Tu abuela materna se llamaba Candice Amelia. Y mi esposa Catherine. Por eso escogieron sus padres sus nombres.

- Mi papi me decía Candy y mi Mami dijo que yo era su Angelito. Tengo una cicatriz en un brazo, mira es donde me tome del árbol en la colina donde por fin caí.

- ¡Mi vida! Lo siento tanto, debí continuar buscándote, pero tenía tanto tiempo perdido y me aseguraban que eras tan pequeña que podías haber explotado en el avión.

- Mi mami me salvo, al principio lloré porque me lanzo muy fuerte de su lado, pero cuando vi que se abría el globo enorme… me sentí muy feliz.

Los niños estaban asombrados, no decían ni una sola palabra, escuchaban que realmente ella había volado y que su madre la convirtió en ángel para que continuara volando, eso era su comprensión y los tenía muy contentos, saber que dentro de ella había dos bebes, los dejaba más que contentos. Julia trataba de llevárselos discretamente, pero ambos solo deseaban estar con ella y por mucho que quisiera que no escucharan la tristeza de la conversación, ambos se aferraban acercándose a tu tío o a ella para escabulliste de ser llevados fuera de su alcance.

CONTINUARA


Un capítulo más de esta bella historia, sus comentarios se agradecen con el corazón ;)

Un abrazo a la Distancia

Mayra Exitosa