FIC

La Usurpadora

Por Mayra Exitosa

Capítulo 20

La tarde se hacía noche, la comida era relajante, las charlas, por fin solos su abuelo y ella, comentaban los detalles que había sucedido y como Andrew temía que su otro nieto la separara de él, luego confirmaba sobre los cambios de apellido y que ya no podían cambiar su titulo de enfermera, que eso era otro tramite más lento. Ella sonreía, no le importaba, solo se preocupaba al ver lo afligido que él se ponía cada que había algo que no podía lograr.

- Ha sido mucho tiempo sin usted, pero cuando le vi en el aeropuerto… sentí que lo conocía de toda la vida, su cabello no era todo blanco, ahora lo es.

- ¿Me recuerdas?

- Creo que si. Creo que, también recuerdo a Cathy. No sé cómo, pero el día que la vi… me desmaye, realmente fue la impresión, pero en mis sueños sabía que ella existía.

- Ella se encuentra en New York, junto a su esposo. Tienen siete meses de embarazo, pero Terry esta complaciéndola en todo, no me deja que la consienta un poco, la verdad deseaba pedirte perdón, deseaba verte, que ahora no sé si quiera irme de tu lado.

- No se molestará. Es más, ella comprenderá que te quedes conmigo. Será como… compensarme por haberme hecho pasar por ella, casi puedo apostarlo.

- ¡De verdad! No importa si me quedo un tiempo contigo.

- A mi me encantaría, aquí soy muy feliz. La abuela es… muy buena conmigo. Creo que sabe que no tengo la clase ni el estilo que deben tener aquí, aun así me quiere.

- Tu eres muy bella y… no necesitas tener clase, eres mi nieta, y nada te faltará. La fortuna de tus padres es tuya y de tu hermana, aunque tu marido no la quiera, estará a tu nombre, más ahora que te encuentras con vida. Veras que arreglo todo.

- Prefiero tenerle a usted. Que la fortuna. No me dará abrazos ese dinero, ni me dejara recordar lo mucho que extrañe a mis padres, en cambio verle aquí, es como si recuperara una parte de mi que ya creía perdida.

- Hablaré con tu marido, para pedirle que me deje cerca de ti.

- No es necesario, lo hare yo.

Ya habiendo anochecido, ambos se iban a sus habitaciones, ella observaba que estaba distinta la habitación, pero recordaba que ahora estaba casada, debía estar en la habitación de él, pasaba por la puerta y estaba sola, no se encontraba ahí Albert. Un dejo de tristeza brotaba en su mirada, cuando el llegaba tras su espalda y la abrazaba.

- Ven mi vida, tenemos una habitación nueva, ya han acomodado y preparado tus ropas, y contigo, las mías.

- ¡Oh Albert! Pensé que… estaríamos aquí.

- No. Ahora esta es más cómoda y cercana a los jardines, para que tengamos acceso a la habitación de nuestros bebes en un futuro.

- ¿Tan pronto?

- Ya tienes cuatro meses, el tiempo de va muy veloz, sobre todo cuando estamos juntos.

- Sabes, mi abuelo…

- ¿Se quedará con nosotros?

- ¿Puede hacerlo?

- Por supuesto, todo el tiempo que desee, veré que le hagan su habitación más accesible como la nuestra.

- El tiene a una persona como asistente.

- Si, y ya está coqueteando con alguien de nuestro personal, esperemos que le agrade estar en América, es muy Inglés, pero al parecer es del agrado de las damiselas americanas.

- ¡Albert!

- Es me ha informado Johnson.

Tomaba su rostro con ambas manos y besaba sus labios, para salir y caminar a su habitación, una que pertenecía a ambos y que ya estaba siendo preparada desde antes, cuando iban a casarse. El guarda ropa no era el que tenía, ni con el que había llegado, no estaban las joyas de su hermana y el peinador era mucho más grande, al ver como ella observaba las cosas, comentaba,

- Me gustaría devolverle a Cathy sus cosas.

- Ya estuvo aquí, se las empacamos y se las entregamos directamente. No tienes de que preocuparte, lo que es ves, es solo tuyo.

- Dice mi abuelo que, ella se encuentra embarazada.

- Si, su esposo permitió una rueda de prensa, y anuncio siete meses de embarazo, tu hermana salió en una fotografía en Europa, en una revista especial donde anunciaba a su fututo hijo, parece que será niño.

- ¡Qué bien! Así tendrán amiguitos los niños para cuando vengan a visitarnos.

- Ellos no sabe que estamos esperando gemelos.

- No, supongo que… podríamos darles la sorpresa después. Me gustaría mucho que mi abuelo se quedará con nosotros. El iba a hablar contigo, pero, yo quiero cuidarlo, el…

- Es tu abuelo, por lo tanto esta es su casa.

- Gracias.

- Ella efusivamente se ajustaba más a él, al sentir que también deseaba agradecerle que la haya encontrado. Sin embargo, ver llorar a su abuelo, le angustiaba, y pensar en su hermana, la ponía un poco tensa, al imaginarla molesta, por como todo se había descubierto y afectado a su esposo, hasta llegar a la boda.

- Te noto preocupada, ven vayamos a darnos un baño, me gustaría mucho escuchar tu vientre, saber si se mueven.

- Apenas los he sentido un poco. Lo notaste cuando coloque tu mano y estábamos en la clínica.

- Si. Supongo que lo han hecho antes.

- No. Están muy pequeños. No lo había sentido antes, tal vez se sintió sus movimientos porque son dos.

En New York, no podía dormir, se levantaba entre la madrugada y caminaba, observaba a su esposo dormir, mientras pensaba en la conversación con su abuelo. - Si hija, estoy en la mansión Andrew de Lakewood, me quedaré aquí un tiempo. - Pero, sería mejor volver a Inglaterra - No, la mansión es tuya, pueden regresar cuando quieran, tu y Terry estarán a cargo de todo allá. - Pero y mi hermana, ¿no la buscaras? - Ya no es necesario, William se hizo cargo. Todo estará bien. De pronto de su meditación, sintió los brazos de su esposo y ella giro a buscar su mirada,

- Candy está con mi abuelo. Ya está en Lakewood y el no piensa volver, se quedará con ella.

- ¿Cómo lo sabes?

- Solo lo sé. Ella se encuentra a su lado, mi abuelo ahora está muy feliz, lo sentí en su voz, cuando hablamos ayer.

- Porque no me informó.

- Tal vez ella no quiere verme.

- Nos iremos mañana a verlos. No pienses mal, te dije que no me agrada ese tipo Andrew, el debe ser quien no quiere que nos la llevemos, pero ella debe estar en Inglaterra, allá es su hogar, es su casa y… tendrá que ir con nosotros para cambiar sus documentos.

Por la mañana, aun dormía, no quería despertar, pero al no sentir los brazos de Albert de inmediato se levantaba y los buscaba, al no verlo, de inmediato reaccionaba, colocándose la bata y saliendo a buscarlo.

- Abuela, ¿No ha visto a William?

- Hija, cámbiate, el debe estar en el estudio, ya son las once de la mañana.

- ¿Las once?

Avergonzada se regresaba y se daba una ducha, al verse en el espejo, notaba tus cabellos revueltos y como se había salido sin cambiarse. Se peinaba y buscaba vestidos coquetos, algo para verse bien, tomaba el perfume y no le agradaba, buscaba algo, pero nada le gustaba, los vestidos los notaba demasiado laboriosos, buscaba algo sencillo que no le ajustara. Y por fin lograba tener algo para estar holgada, pero no tan bella como quisiera verse. Ya iba a salir, cuando el entraba. Y al verla sonreía,

- ¿Me buscabas, mi amor?

- Si, no me di cuenta de lo tarde que era y…

- Y no has desayunado, debe estar resintiendo tu apetito.

- No fue fácil vestirme y… no pude ponerme ni un solo perfume y…

- Tranquila. Te comparé otros que vayan más a tu gusto.

- No importa, solo quería que me vieras bonita. El soltaba una sonrisa, le daba de besos por todo su rostro y agregaba,

- Eres muy hermosa, aun sin perfumes, ni vestidos. Eres la mujer más bella que hay en el mundo, perfecta para mí.

- ¡Albert!

- Vamos, tenemos que ver que te alimentes, no quería despertarte y… te veías tan bella dormida, debes haber pasado muchos desvelos, porque no quisiste despertar.

- Lo siento, si tenía mucho sueño, desperté varias veces en la madrugada, como si… mis bebes se movieran mucho, la realidad es que no se movieron, pero… creo que Cathy está preocupada, no deje de pensarla.

- Escuche que salieron en jet, probablemente vengan aquí.

- ¿Pero si queríamos sorprenderlos con nuestro embarazo?

- Pues, creo que ya nos descubrió, porque no tenían programado ningún viaje y salieron. Un sonido en la puerta los llamaba, y ambos giraban a abrir

- Señor su cuñada y su marido, llegaron. Se encuentran en el salón. Preguntan por el abuelo, pero el señor salió a caminar con los niños.

- Ya vamos para allá. Busque al señor Woodgate y a mis sobrinos, hágalos venir al salón. ¡Ah! Y por favor que preparen algo de comer para mi esposa.

- Si señor.

- Bien, ya están aquí. Vayamos a verlos.

- Si se molesta el esposo de mi hermana, por favor, no te enfades, el tenía mucho miedo.

- Lo sé, no te preocupes. Todo va a estar bien.

Los nervios la tenían tensa, el lo notaba al sentir sus manos cuando bajaban la escalera. Buscaba pasar por la cocina y que tomara algo antes de llegar al salón. Ella probaba nerviosa los alimentos sentada en una silla de una barra, él la observaba delicadamente y servía un poco de jugo, para acercárselo y notaba por fin el temblor en sus labios, porque tenía miedo era algo que le preocupaba, pero no la dejaría ni un minuto a solas con su hermana, buscaría que estuviera el abuelo al menos.

- ¿Lista?

- Si. ¿Mi abuelo esta con ella?

- No, se fue a pasear con los niños, no te preocupes, ya debe estar volviendo. ¿Por qué estas nerviosa?

- La última vez que la vi, ella estaba siendo exhibida en la iglesia como la verdadera y… él estaba frente a ti deteniendo la boda y… ¡tengo miedo!

- No estás sola, además viene tu abuelo y esperaremos a que el este presente. Posiblemente quieran estar a solas contigo.

- Por favor, no dejes que me vaya, quiero quedarme aquí, contigo.

- Eres mi esposa y nadie te podrá sacar de aquí, sin tu consentimiento. Además si llega a viajar, será conmigo. Tu abuelo quiere quedarse aquí. Ya trajo todos los documentos y hemos cambiado tu apellido Candice Amelia Woodgate, no hay nada que temer. Ya hicimos los cambios y ahora eres tutora de mis sobrinos como yo, además… estamos esperando bebes y voy a cuidarte mucho. Estoy trabajando desde aquí, en casa.

- Gracias, me tranquiliza mucho.

Al entrar aun no regresaba el abuelo y ella se aferraba a la cintura de su esposo, vio como su hermana se veía muy bien, delgada y con su barriguita prominente de siete meses y medio, un maquillaje impecable, peinado hermoso y joyas acorde. Ella se había dejado el cabello suelto, usaba poco maquillaje, y sus joyas eran diamantes que por más sencillos que fueran eran las únicas que vio para colocarse y le incomodaba no usar algún perfume, solo soportaba el olor de jabón de baño.

- ¡Candy!

- ¡Cathy!

Ambas caminaron una a la otra y al darse un abrazo, el vientre de Cathy se movía haciéndolas reír a las dos.

- Mira Terry, mi bebe quiere a su Tía. Candy tocaba su vientre y lo sobaba con delicadeza.

- Es un niño y será tan bueno como ustedes. Terry al escucharla sonreía y se acercaba agregando,

- Espero que no se moleste tanto como su padre y sea tan bueno como su madre. - Candy, siento mucho haberte asustado, yo estoy muy apenado al haber detenido tu boda, no…

- No te preocupes, ya Albert me puso al tanto. Ella se bajo doblando sus rodillas hasta poner su rostro en el vientre de su hermana. - Hola precioso bebe, soy tu Tía, te estamos esperando. Cuando nazcas tendrás primitos y tu mami te querrá mucho. Cathy al verla soltaba las lagrimas y lloraba con ternura, con ambas manos acariciaba sus cabellos y la ayudaba a levantarse para abrazarla y llorar al tenerla en sus brazos

- ¡Perdóname Candy! Te extrañe mucho y ya no recordaba nada de ti, pero saberte con vida y parte de mí, me hizo sentir completa. Como si siempre me hubieras hecho falta. Tuve a Paty y la trate como a una hermana todos estos años, pero jamás sería lo mismo.

- Gracias Cathy. Por todo esto, encontré a mi familia, tengo dos niños hermosos y un hombre al que amo. Ya vi a mi abuelo y recordé lo poco que paso y cómo fue que me separe tanto de todos. Siempre te lleve en mi corazón, lo juro.

El abuelo estaba en el marco de la entrada del salón escuchando todo junto a los niños que cada uno tomaba de su mano, escuchando la bella declaración de amor de ambas pequeñas. Sus nietas. Los niños no se movían, curiosamente estaban quietos en pausa, después de haber estado tan inquietos hasta llegar y encontrarse con ellas.

La reunión fue hermosa, no hubo miedos o temores, todo fue relajado los niños comentaron su amor por ella y como esperaban pronto otros gemelos, misma sorpresa que dio a Cathy y Terry quien no esperaban ese comentario. Luego el abuelo, agregaba que estaba muy feliz con su nieta recuperada y que las visitaría a ambas constantemente, pero por el momento se quedaría junto a Candy, quien la necesitaba mucho y que mientras se acoplaba a su nueva identidad estaría ahí hasta tramitar y si fuera posible, volver a ver nacer a sus bisnietos, tanto el de Cathy que nacería en Inglaterra, como los de Candy que nacerían en Chicago.

La abuela estaba encantada, no podía estar más feliz, Julia su asistente estaba radiante, el asistente del abuelo no dejaba de conversar con ella, agregando que la familia debería estar siempre unida y que el deseaba que el abuelo recuperara el tiempo perdido con su nieta, al quedarse una temporada más para que ella se sintiera realmente una Woodgate.

Terrance al ver que William no intervino en ningún comentario en su contra se mantenía relajado y por fin aceptaba que a su cuñada le había ido bien al casarse con ese hombre. Lo único que si le molestaba es que aun recién llegando ya le llevaban la delantera, con cuatro nietos, dos que para Candy eran adoptivos hijos y para él eran clones de William, como dos bebes que nacerían después de su hijo y que ya esperaban con mucha ansiedad.

Los meses pasaron y el nacimiento del pequeño hijo de Cathy, fue un acontecimiento muy esperado en Inglaterra, las revisas anunciaban su llegada, el padre estaba emocionado por su hijo y su mujer. Mientras que Candy no podía viajar por los cuidados de sus bebes y por los niños que ya entraban a estudios con maestros nuevos en casa.

El viaje de Cathy y Terry a vísperas del nacimiento de los gemelos que esperaban fue aun mejor. Pues ambas hermanas estaban muy unidas en el parto, y Cathy asesoraba a su hermana con cariño sobre el nacimiento y cuidados de las gemelitas.

Un par de hermosas niñas sin cabellito alguno, tan peloncitas como nunca se había visto un par de volutas rosadas eran las pequeñas que William tomaba en cada brazo emocionado, aun con su vestimenta y gorro protector, mostrándole a su madre ambas pequeñas después de una cirugía espectacular, ya que ambas de tanto baile habían enredado sus cordones.

- Son hermosas, mi vida.

- Mira, ya dejaron de llorar.

- Si, es que están escuchando nuestras voces.

- Esperaremos a que las atiendan para que las vea la familia.

- Si. Necesito descansar un poco, Albert. No dejes de cuidarlas.

- No te preocupes, todo estará bien.

El bautizo de los pequeños lo celebrarían juntos. Tiempo después ambas hermanas reunidas en Lakewood, celebraban el bautizo de Terrance Graham Grandchester Woodgate y sus primitas Mía Rosemary y Elroy Alexandra Andrew Woodgate.

El evento fue hermoso, Cathy vestía de negro elegantemente, resaltando el traje bello de su pequeño hijo, quien lo bautizaría su hermana. Mientras Candy vestía en un color alegre lima, que resaltaba la belleza de ella y combinaba con los listones de sus pequeñas hijas que apenas brotaban sus ricitos por toda su cabellera y una banda las hacía detenerlos para que sus rostros resaltaran con sus sonrisas peleando por los brazos de su padre. Mientras sus primos portaban trajecitos con bandas y moñitos a juego, con un carrito cada uno para llevar a su hermanita cuando terminara el evento y cuidar de que no les diera mucho el sol. Sujetar sus biberones y conversar con ellas para que su primito, no les robara la atención.

Y tal como la boda de Candy, otra vez el pueblo se volvió a colmar de paparazis así como invitados de alta sociedad, y Tom que ahora tenía a su prometida, la chata. Comentaba que el había sido invitado, pero que no le gustaba la alta sociedad, por eso no quería asistir. La chata ya no estaba tan chata, era hermosa de cabello negro azabache y piel blanca, su nombre Diane y su abuelo le decía de cariño chata, por tener la nariz de taponcito apachurrado, se le había quedado el apodo, pero la belleza de un patito feo convertido en cisne, había dejado al vaquero fuera de sus casillas, cuando esta fue de visita al rancho para pedir la cancelación del compromiso que pedía su abuelo, pero al ver a Tom, ambos coincidieron que no era necesario, que harían un esfuerzo por que la relación funcionara.

El abuelo se quedaba más tiempo con Candy y Albert. Pero Cathy y Terry no le sintieron, con su hijo y sus asuntos de sociedad, apenas y tenían tiempo para extrañar, además sirvieron de pretexto para viajar cada Navidad a ver a las niñas de las cuales fueron padrinos, por lo tanto siempre estaban cerca y cultivando la unidad de la familia.

Tal vez fue una tragedia la separación de las gemelas, pero ahora era una bendición cada que ambas se reunían con sus hijos junto a su abuelo. Quien el clima de Lakewood le sentaba mejor que la humedad constante de Inglaterra, donde iba cada primavera y regresaba con ánimos renovados para cuidar de sus bisnietos por los años que le quedaran.

Candy y Albert, tuvieron un niño años después, pero con los cuidados ella tomo la decisión de operarse para ya dejar la angustia de su abuelo en cada parto. Mientras que Cathy y Terry se esperaron por un tiempo más y tuvieron una niña, ambos bebes muy parecidos a su padre, con una mirada acua marina y una sonrisa radiante como la de su madre, a quien con sus dos retoños decidió ya no tener más hijos para dedicarse a educarlos y ayudar a su padre en los eventos y negocios que ambos tenían.

Los padres de Terry por fin pudieron estar cerca de sus nietos. Los visitaban constantemente, siempre tratando de consentir a los pequeños y conservando ya no un nivel socioeconómico elevado, sino más interesados en ser abuelos, que en conservar un estatus que ya había perdido su interés.

Morris por fin se caso con Julia, ella fue más que feliz cuando el Inglés le dijo que ya no estaban para perder el tiempo en romances de largo alcance. La decisión de cuidarse uno al otro, amarse y respetarse, fue tan placentera como continuar trabajando para los abuelos, quienes gozaban de largas charlas al ver que el amor prevalecía por toda la mansión y sus bisnietos eran más que su alegría. Candy ya no profeso como enfermera, pero al tratarse de los abuelos, era quien estaba al pendiente directamente de sus cuidados, aun con apoyo, vigilaba y consentía como si fueran ambos sus padres, a quienes mimaba con toda clase de detalles para que continuaran felices por muchos años.

No había mayor felicidad que por la que se lucha y espera, para Albert y Candy, su amor fue su constante, tanto en los niños, como en los abuelos y aun con la reconciliación de la familia de los sobrinos, siempre se vio la amabilidad y el respeto como parte de ese amor apasionado que ambos se manifestaban.

FIN


Gracias por la espera, su paciencia y sobre todo por sus comentarios, uno a uno disfrutados por recordar no solo este fic, sino también los ya completados y los que continúan en espera, deseando completarse lo antes posible, sinceramente muchas gracias

Un abrazo a la Distancia

Mayra Exitosa