PenName: xSouh
En Su Lugar
02: La oferta venció.
—Ahora si ocupas de mí, ¿verdad padre?—se quejó el menor de los Uchiha mientras una risa sin alegría escapaba de sus labios, una semana atrás se había enterado de la muerte de su hermano de la boca de su propia madre y en ese momento un caos se instaló en su cabeza, recortando las miles de veces que había deseado que su hermano muriera, que ya no estuviera marcando su vida con una vara tan alta que estar a la altura solo lo hacía infeliz, ahora se daba cuenta que su odio no era real, no podía creer que Itachi hubiera muerto, que ese avión hubiera caído llevándose la vida de su hermano.
Ni siquiera tuvo el valor para presentarse en el funeral, tampoco se dignó a contestar el teléfono en los próximos días, tan solo se encerró en una burbuja de negación y mal carácter que ni siquiera el propio Suigetsu pudo aguantar. Llamadas, mensajes y correos llegaron en abundancia dándole un pésame que él no sentía merecer, se quedó en su habitación teniendo su propio luto personal: sin falsedades a los medios de comunicación que siguieron de cerca al resto de la familia llenándolos con palabras hipócritas que llenaron las revistas y periódicos por días.
Cinco días después de la muerte de Itachi y a solo dos de su sepultura, dos hombres de su padre habían tocado tres veces la puerta y a la cuarta la derribaron, le llevaban un anuncio, su padre lo quería en Tokio al día siguiente con nota de urgencia.
—No me interesan tus berrinches de niño mimado Sasuke, tampoco te estoy pidiendo permiso, o sigues los planes que teníamos hasta ahorita y te casas con la Haruno o sales de esta casa y no vuelves jamás.
Su padre no jugaba con esas palabras, tenía el rostro tenso y sus ojos mostraban la furia que sentía, no lo culpaba, después de todo su hijo lo había dejado mal frente a uno de los empresarios más poderosos del continente, Sasuke giró su rostro hacía su madre, sentada en uno de los imponentes sofás de cuero oscuro que Fogaku tenía en el despacho de su casa principal dispuesto para sus invitados, la mujer trataba inútilmente de ocultar sus lágrimas secándolas con un pañuelo de fina tela.
El menor se sintió mal por su madre, había sido la única en esa casa que lo había apoyado en todo, además de su propio hermano, que siempre luchó parra que su infancia no fuera como la suya.
—Y a mí no me interesa casarme con Haruno –habló el pelinegro con una sonrisa dirigida solo a su padre, hasta ahora nadie de su familia estaba enterada de su vida privada, fue lo bastante cuidadoso de que ninguna noticia llegara hasta Tokio, no cuando él sabía del futuro matrimonio de su hermano mayor. – Tengo una relación con Hyuuga Hinata.
Los puños del castaño se estrellaron contra la madera del escritorio haciendo caer varios papeles, por supuesto que él no sabía que su hijo menor estaba relacionado con la heredera de uno de los principales empresarios del país, pero una sonrisa se escapó de sus labios, pues ahora se daba cuenta que su hijo era un digno Uchiha, pero eso no le daba derecho a jugar a su antojo, este era su juego y las reglas las ponía él.
―Está bien, lárgate con los Hyuuga, aunque dudo que Hiashi te dé más que un par de acciones de su compañía – Fogaku era un hombre de negocios y a pesar de que su familia no era "dinero nuevo" había sido él quien había llevado la empresa a niveles mundiales, sabía manejar a las personas y darles lo que querían para que hicieran lo que él quería. – te estaba ofreciendo lo que por derecho le corresponde a Itachi: SharinganCorp y su unión con HS-Hospital, y no nos olvidemos de KonohaGakure. Contrario a los Hyuuga, los Haruno han tenido uniones muy ventajosas en el pasado que los mantiene como importantes inversionistas en múltiples corporativos; pero no te culpo, te estaba dando en bandeja de plata a la princesa de los Haruno, pero Hyuuga también es un buen partido. Cierra la puerta al salir.
—hijo, piénsalo bien, por favor –le pidió su madre igualmente sorprendida que su esposo y en secreto sintiendo un poco de orgullo por su hijo, muchos cometían el error de pensar que Mikoto era una esposa de fachada: hermosa para mostrar en los eventos sociales, o que solo estaba en organizaciones de caridad y clubes de jardinería para matar el tiempo que no gastaba en compras y viajes internaciones. No, ella era mucho más inteligente que eso y estaba al tanto de lo que giraba en su mundo, había entendido las intenciones de su hijo en cuanto las dijo.
―hmnp…
―Mis palabras están dichas, Sasuke. Tienes dos opciones: sales ahora mismo de aquí y te vas con los Hyuuga. Claro, si te vas entenderé que no necesitas más de mí y perderás los derechos de primer heredero, estoy seguro que en manos de Shisui a la empresa le ira bien. Y la otra ya la tienes: continuar con los planes de Itachi. –sentenció el jefe de familia dándole la espalda – Pero tu primera oportunidad ya la perdiste y la única manera de que obtengas la silla de SharinganCorp es casándote con Haruno.
―Hmnp…
Un portazo llegó a los oídos del mayor, no le importaba mucho que la fina madera de la puerta de su despacho se aboyara un poco, no pudo evitar soltar una risa mientras bebía del whisky que minutos antes se había servido, ya tenía las cartas sobre la mesa y esperaba que todo pasara de acuerdo a su plan.
—Sakura no es tonta, Haruka educó a una mujer fuerte y de negocios, él espera dejar su empresa a cargo de ella y que la haga crecer aún más, en ese sentido ella e Itachi eran tan parecidos – las palabras del hombre salieron cansadas mientras observaba a su esposa, que ahora parecía diez años más vieja que una semana atrás.
—Pero Sasuke no aceptara – una lágrima se escapó del rostro de la mujer, finas líneas marcaban sus ojos que recalcaban la edad pese a la figura que aún conservaba.
—Él aceptara, los sé. Sasuke es mucho más ambicioso que Itachi. –Mencionó el hombre, dejando el cristal vacío sobre la madera – Esta será su primera negociación en el mundo real, veremos de que material está hecho, aunque contra Haruka el solo hecho de que vuelva a aceptar el enlace ya sería un éxito.
-.-.-.-.-En su lugar -.-.-.-.-
T
Tokio nunca fue su ciudad preferida a pesar de que la conocía muy bien, no le molestaban las largas horas en el trafico ni los edificios altos que la convertían en un centro de trabajo más que un lugar habitable. La casa donde creció estaba en las orillas, donde las eran angostas y el aire tranquilo lejos de la masa de movimiento de la metrópolis, jardines enormes con grandes arboles y portones altos que mantenían la privacidad del resto de los vecinos.
En la cochera de la casa aún quedaba uno de sus coches, no era su favorito, pero serviría para salir a tomar un poco de aire. No conservó ninguna de las amistades que tuvo durante su época de instituto ni se preocupó por actualizar la agenda de su teléfono, por lo que ahora solo era él en esa enorme ciudad.
Sacó su teléfono del bolsillo trasero para poner música, al menos eso lo relajaría, pero el icono de llamada perdida ocupó su atención. Tenía cinco llamadas perdidas y dos mensajes de voz. Chasqueó los dientes y pulsó a remarcar.
—Hasta que das señales de vida –se quejó el peliblanco al otro lado de la línea.
—No estoy de humor, Hozuki. ¿Qué es lo que quieres? –le preguntó de mala gana, aun así sabía que su amigo no le llamaría por nada, no cinco veces.
—De una u otra forma tu damita piensa que la estas engañando y vino a gritar a los cuatro vientos algo acerca de un compromiso con los Haruno. Por cierto, con esta ya me debes dos puertas.
—¿Cómo supo del compromiso con los Haruno? – trató de indagar el Uchiha, sorprendido de que alguien más supiera, incluso entre los medios el matrimonio de Itachi era secreto.
—¿Entonces es cierto? No sé qué te preocupa entonces compadre, fuera de las tetas de Hinata, la Haruno está más exótica.
—Hablas como camionero barato, Suigetsu. –Se burló el pelinegro –pero aún no decido que hacer con mi maldita vida.
—Muy maldita vida ha de ser, estas en el dilema de "con que me quedo: Las tetas de Hinata o el culo de Sakura".
—Creo que acabo de ofender a los camioneros baratos comparándolos contigo.
—Como sea, decídete rápido, que la damita me dijo que la próxima vez que la vieras estaría del brazo del inútil de Inuzuka.
—¿Inuzuka? ¿Va a volver con ese estúpido perro lamido? – gruñó mientras le daba un ligero golpe al volante.
—El mundo sabe que Hiashi ha educado a Inuzuka para casarlo con la hija que considere digna heredera, y si Hinata ve que te pones en su contra, no dudara en solo destruir a su hermana. Conoces sus métodos de persuasión, son bastante suaves, más entre mí…
—No quiero escuchar acerca de lo que hiciste con Hinata, idiota.
—Yo solo te puedo aconsejar que pienses con la cabeza de arriba, hermano. No estamos a punto de graduarnos en Administración y Economía Internacional como para no saber que tu plan de guarda tenía muchos puntos a fallar, sobre todo con Hiashi y Kiba en la ecuación. Siempre dijiste que Itachi siempre tuvo lo mejor, y ahora es tuyo. Y sí no lo tomas tú, ahora mismo iré a cortejar a la señorita Haruno.
-.-.-.-.-En su lugar -.-.-.-.-
—¿Y así como así? –se escuchó el grito desde el teléfono, la voz había sido tan fuerte que la pelirosa había tenido que alejar el aparato de su oreja para no quedar sorda o con otro daño auditivo. –Sak, no puedes aceptar esto, ¡bien sabes que no!
—¿y qué puedo hacer? ¿Poner en una mochila mis cosas y huir en un tren? Sabes perfectamente que esto nunca se trató de amor, si las cosas pudieron salir bien con Itachi fue mera suerte, Tampoco sueño con un cuento de hadas y un príncipe azul que me salve y vivamos felices por toda la vida, no soy así de moralista. –le contestó la pelirosa mientras cambiaba los canales de la tv sin encontrar nada que le llamara la atención.
—Te sacas la lotería y a último momento te cambian el boleto, te están dando gato por liebre, Sak, pero sabes que te apoyo –suspiró resignada la pobre peliroja.
—Pero a cambio de todo este embrollo conseguí algo, no tendré que esperar un año para ser la CEO oficial de HS-Hospital, fue mi condición, pero mi querida suegra quiere que todo siga conforme a los planes, solo me cambian el novio. –rio la Haruno mientras apagaba la pantalla y se dirigía al balcón del departamento, tenía a sus pies la ciudad entera iluminada, una noche sin estrellas. –Además el hombre en cuestión aun no acepta, según mi padre le da tres días para que venga a pedir perdón y rehacer el contrato, pero ya no será el mismo, ya no abra fusión completa.
—Pensé que Haruka-san buscaba fusionar la empresa.
—No era una fusión en sí, solo se iban a eliminar ciertas cláusulas sobre la herencia familiar. De la forma que sea, hasta ahorita la boda sigue en pie, aunque ellos piensen que ya no.
—Entonces no cambiare mi vuelo, recuerda que soy tu dama de honor.
—Te quiero aquí Karin, sé que odias la administración si no te pusiera en una oficina al lado de la mía, pero te ofrezco un lugar en el mejor HS-Hospital. No creo soportar esta farsa sin ti.
-.-.-.-.-En su lugar -.-.-.-.-
Después de recorrer media ciudad y de dar mil vueltas en su cabeza acerca de la conversación con Suigetsu, Sasuke Uchiha aparcó su vehículo en uno de los centros comerciales más grandes de la ciudad, bajó y buscó una tienda de joyas, contrario a muchas familias con línea como la suya, ellos no pasaban el anillo de compromiso de generación en generación, si no eran sepultados con ellos como muestra de que el amor podía ser más allá de la muerte, algo muy irreal contando el historial de matrimonios arreglados en su familia.
No había pasado desapercibido el anillo que había lucido la joven el día que había ido a las empresas familiares, un diamante no muy grande soportado por dos pequeños rieles de piedras por cada lado, una de ellas en un rosa tenue; sin duda una pieza bastante hermosa y que iba con la usuaria. Conociendo a su hermano no dudaba que incluso la hubiera mandado a hacer especialmente para la ocasión.
No le gustó ninguno, visito una tienda más y después otra, perdió la mayor parte del día hasta encontrar una joya que llenara la mayoría de sus requisitos, se había sentido más que perdido cuando los dependientes y otros clientes empezaban a hablar del tipo de mujer, su carácter, gustos y más cosas que él no sabía de su futura esposa.
Al final se decidió por algo sencillo y elegante, una pequeña argolla de oro blanco con un diamante mediano y otros más pequeños incrustados a lo largo del mismo. Casi se sonrojó de vergüenza cuando el vendedor le preguntó en que número lo quería. Pequeño no era una medida aceptable, y tragándose el orgullo llamó a su madre, quien si sabía el talle de la joven y con gusto se la dijo al tiempo en que empezaba a planear mil cosas más.
Lo primero sería hablar con Haruka, así que se dirigió directamente al edificio administrativo de HS, la construcción no era muy grande pero sí bastante alto, cubierto en su mayoría con cristales polarizados, estacionó su coche frente a la empresa y entró al edificio, preguntó por el presidente, la secretaria hizo unas cuantas llamadas y en diez minutos ya estaba subiendo en el elevador.
Hubiera preferido que fuera menos tiempo, pero no estaba en posición de exigir nada, cuando llego al piso indicado y las puertas se abrieron lo primero que vi fue un pasillo con dos secretarias al lado, frente a él una pared con las letras HS plateadas sobre mármol negro que separaba dos puertas de madera del mismo color.
—Buenas tardes, Haruno Haruka-sama le espera junto con Haruno Sakura-sama –le indicó la secretaria más cercana —¿puedo ofrecerle algo de tomar?
—Está bien así, gracias –murmuró el pelinegro mientras observaba mejor el lugar.
Cinco minutos corrieron hasta que una de las puertas se abrió, dejando salir a un hombre vestido con traje de corte de diseñador y unas gafas oscuras que se colocó en cuanto se despidió de la pelirosa.
—Un gusto hacer negocios con usted, Sakura. Espero que podamos vernos de nuevo –dijo el hombre mientras se dirigía al elevador lanzándole un media sonrisa al pelinegro que se le antojo más de burla que de saludo.
—Sakura-sama, Uchiha-san está aquí. –habló rápidamente una de las secretarias mientras le entregaba una carpeta a la joven.
—Gracias Ukio-san –le contestó amablemente la pelirosa mientras dirigía su vista al pelinegro. –Uchiha-san, veo que quiere hablar de negocios. Pasemos a la oficina.
Sasuke siguió a la mujer hasta la otra puerta, toco tres veces y abrió sin esperar respuesta, las secretarias ya se habían encargado de informar de la visita del Uchiha y dentro los esperaban.
El pelinegro no pudo evitar recorrer con la vista todo el lugar, era bastante amplio, el suelo de color oscuro contrastaba con los enormes ventanales que dejaban ver tonos naranjas que indicaban que el atardecer estaba cerca, un pulcro escritorio y un par de sofás de forro oscuro, incluso encontró de buen gusto la barra con varias botellas y copas que había entre dos puertas. Sakura tomó asiento primero en una de las sillas frente al escritorio y finalmente Sasuke se sentó en la que estaba al lado.
—¿Qué se te ofrece, Sasuke? –preguntó el mayor de los Haruno ignorando todas las reglas y respeto que pudiera mostrar por el próximo heredero Uchiha, brincándose los honoríficos.
—Vengo a hablar del trato que usted y mi padre habían acordado –la voz del Uchiha sonaba segura y firme, muy al contrario de cómo le hubiera gustado que sonara a Haruka, sin embargo, aplaudió internamente el gesto del chico, no cualquiera era capaz de mantener su voz frente a él.
—Ese trato se rompió, por usted mismo, si no lo recuerda – un tono burlón casi se escapaba de sus labios, pero se mantuvo sereno, podía jugar un poco más con ese pececito que acaba de entrar al mar, con un poco más de cuidado y guía sin duda sería un adversario digno de su apellido, pero aún no tenía el poder, y sin duda eso era lo que buscaba en esa oficina.
—Y me vengo a disculpar por eso, señor.
—El trato que hice con tu padre ya está anulado de mi parte, Sasuke. Sin embargo, tú y yo podemos negociar.
—Dado que este es un nuevo trato, quiero hacer cambios al anterior. ―interrumpió la pelirosa, ganándose la atención de los dos hombres ― lo primero es que no habrá una unión de nuestras corporaciones hasta el nacimiento de un heredero, tengo entendido que los Uchiha solo manejan SharinganCorp, por mi parte la futura unión se hará con HS-Hospital; KonohaGakure estará totalmente fuera de los lineamentos, cuando mi madre decida retirarse quedara directamente en mis manos y yo decidiré que hacer con él, a pesar de que Sasori no quiera intervenir en nada de administración, se respetara su parte de acciones y en su ausencia yo representare su palabra. El resto de las cláusulas que quiero agregar estarán por escrito y las discutiremos con abogados presentes, pero lo principal es que, en caso de divorcio y separación de bienes, los hijos de nuestro matrimonio serán los principales herederos de SharinganCorp a menos que no sean competentes para la tarea, cosa que no será así.
Terminó con los principales puntos que ella quería remarcar, no le importaba mucho más, estaba segura que su padre se encargaría de cada clausula y ella ya imaginaba cuales eran, vio al pelinegro apretar ligeramente los nudillos, en el acuerdo anterior las acciones de Konohagakure también pasaban a dividirse a la mitad, era la primera cosa que perdía, además de que en caso de divorcio no se especificaba nada acerca del futuro de sus hijos.
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—¿Usaras el mismo vestido, Sak? –preguntó la Uzumaki, observando con determinación aquella hermosa prenda, esa mañana había llegado temprano al país y se había instalado en el departamento de la pelirosa donde se iba a quedar después de la mudanza de la dueña.
—Faltando dos semanas para la boda sería muy difícil mandar a hacer otro –le respondió la ojiverde, ese era el vestido de sus sueños. Había visitado a los diseñadores más importantes del país hasta encontrarlo, sin duda la joven que lo hizo era una artista en toda la extensión de la palabra, además era único, sería un desperdicio tirar semejante pieza.
—Veo que ya tienes todo listo—suspiró la pelirroja mientras veía su propia invitación, desde lejos podía notar como hojas de papel corrugado daban la apariencia de pétalos de cereza a lo largo del sobre.
Karin le ayudó con los últimos detalles para el gran día, en su dedo anular izquierdo ahora se posaba un nuevo anillo, secretamente pensaba que era más hermoso el anterior y solo un día antes de la ceremonia se había atrevido a quitarse el otro, guardándolo en su joyero personal donde tenía otras piezas hermosas que habían venido del mismo hombre.
Caminó por el pasillo alfombrado del brazo de su padre, agradeciendo internamente que solo hubiera un par de personas además del juez encargado, su mente se sentía tan lejano a su cuerpo que cuando dijo "Si" y firmó su nombre en la hoja notariada no hubo expresión en su cara. Nadie dijo palabras románticas y los votos fueron más palabras sacadas de un contrato que promesas de amor eterno.
El beso fue solo lo suficientemente largo para que el fotógrafo consiguiera un buen ángulo y pudiera ser enviado a las revistas y reporteros en un futuro.
