Episodio III
Sospechas
Akane daba vueltas de un lado a otro en el pasillo rogando que aquello no resultará demasiado sospechoso. De cuando en cuando echaba un vistazo a las escaleras para asegurarse que nadie subía hacia el tercer piso porque, claro, cualquiera se preguntaría que hacia ella parada frente al departamento del recién llegado ꟷy nada común— vecino y aún más porque un médico cosía la herida abierta de éste mientras el pobre luchaba por no soltar alaridos de dolor, aquello casi parecía una escena del crimen.
Por fin, después de tanto comerse las uñas y retorcer las manos sin dejar de andar de un lado a otro, una figura masculina salió del cuarto iluminado por una lámpara de noche que Akane había prestado para la ocasión; la chica se acercó al hombre con la angustia reflejada en el rostro.
ꟷDoctor Kagewakiꟷ el doctor cerró lentamente la puerta para luego observar a la chica —¿cómo está? —atinó a preguntar Akane.
—Bueno, la herida no es tan profunda —comenzó a explicar el doctor —parece que se recuperara… por otro lado —el doctor miró hacia ambos lados del pasillo, y, tomando a Akane del hombro, la alejó un poco de la puerta del 3C para hablarle en voz baja —tengo la impresión de que este chico está metido en cosas peligrosas.
Akane no pudo evitar rememorar el momento de horas atrás, cuando había encontrado a su vecino en plena pelea con unos hombres con mala pinta, un ligero escalofrío recorrió su espalda.
—No creo que sea buena idea que tú…
—No se preocupe por eso doctor, no tengo ninguna intención de relacionarme con un sujeto así —le cortó ella con decisión —simplemente no iba a dejarlo morir desangrado, es todo —la chica extendió el pago por sus servicios al médico.
Kagewaki asintió, tomó el dinero y se retiró deseando buenas noches. Akane dudo un momento, ¿debería ver como se encontraba Ranma? ¿o sería mejor que se alejara de los problemas y regresara a su habitación? Después de todo, acababa de salvarle la vida, pero el doctor Kagewaki tenía razón, si ese chico de verdad estaba metido en cosas peligrosas, no era buena idea que tuvieran alguna especie de relación. Estaba a punto de dar media vuelta y retirarse a su habitación, cuando una voz del otro lado de la puerta la detuvo.
—¿Estás ahí verdad? —preguntó Ranma, su voz sonaba cansada, parecía como si cada palabra que pronunciaba consumiera toda su energía —puedes entrar…
Pasaron unos segundos mientras Akane decidía que era lo mejor, no es como que el chico pudiera hacerle algún daño viendo el estado deplorable en el que se encontraba, además, le debía por lo menos un "gracias" ¿o no? Giró el picaporte de la puerta y se adentró en la habitación casi en penumbras. La tenue luz de la lámpara iluminaba apenas las facciones del chico que yacía sobre el futón que, aunque Akane no pudo notar en ese momento, estaba roído y lleno de manchas. La chica se paró frente a él sin saber muy bien que hacer o decir, los segundos pasaban y la incomodidad iba en aumento. Nerviosa, frotaba sus manos mientras intentaba fijar su vista en algo que no fuera el chico moribundo que respiraba con dificultad. ¿Qué se supone que debía decir? ¿Estás bien? Era obvio que no lo estaba; tampoco podía preguntarle cómo es que había terminado así, eso ya lo imaginaba. Seguramente habían sido aquellos tipos en el callejón quienes lo hirieron. Y ni pensar en preguntar por qué esos matones la habían tomado contra él, porque si le preguntase y el chico dijera que fue un simple asalto, definitivamente no le habría creído. Tomó una bocanada de aire, aunque no había elegido las palabras que quería pronunciar, pero la voz ronca del chico rompió el silencio de la habitación.
—Gracias —pronunció tomando por sorpresa a Akane, pues por la actitud que había tenido esa misma tarde, dudaba que aquel chico se dignara a agradecerle, estaba a punto de decirle que no tenía por qué hacerlo, cuando Ranma volvió a hablar —pero no tenías que hacerlo.
"Y lo arruinaste de nuevo" pensó Akane entornando los ojos, quería dar media vuelta y marcharse de ahí, pero su personalidad orgullosa no la dejó. Se agachó para estar más cerca de Ranma, y, con sus ojos clavados en los de él, le dijo en tono casi burlón.
—Por si no te lo recuerdas, me rogaste que te ayudara antes de desmayarte.
Contra todo pronóstico, el chico desvió la mirada. Y Akane pudo ver un rasguño en su mejilla izquierda, seguramente hecho con la misma arma que atravesó su abdomen.
—Sólo te pedí que no llamaras a la policía, nada más —respondió él. No había ningún reproche en su voz, ninguna emoción. Su voz era completamente neutra y eso causó más confusión en la chica que si él hubiese seguido su intención de iniciar una pelea verbal.
—Da igual —Akane soltó un bufido y se irguió nuevamente. Lo mejor sería marcharse de allí antes de que la conversación tomara otro rumbo que no quería y terminase inmiscuida en cosas muy turbias —puedes devolverme la lampara después, no importa —le dijo mientras con la cabeza señalaba el objeto posado sobre el suelo. Dio media vuelta y sólo cuando estuvo cerca de la puerta, la voz de Ranma se escuchó nuevamente.
—Te pagaré los gastos del médico —ella no se giró, sólo se quedó parada allí unos segundos antes de salir del departamento y cerrar la puerta tras de sí.
Y Ranma se quedó sólo nuevamente, en su sucio futón. Suspiró fuertemente y una mueca de dolor apareció en su rostro. Los analgésicos habían aliviado el dolor fuerte, pero esa sensación que sentía bajo el vendaje cada vez que hacía un movimiento, como si alguien lo pinchara con un tenedor no se iba del todo. Genial, ahora tendría que pasar sabe Dios cuántos días en cama hasta que se recuperara. El tal doctor Kagewaki había dicho que la herida no era profunda y no había tocado ningún órgano vital. Pero, aunque accedió a coserle la herida, le instó para que visitara un hospital al día siguiente para que le dieran seguimiento a su recuperación y cuidaran de que no se infectara. Él no había dicho nada, demasiado concentrado en no moverse, pues la anestesia no es algo que un médico lleve en su maletín. Al doctor no parecía molestarle hasta que, por alguna razón se le había ocurrido preguntarle cómo había terminado así. Ranma estaba dispuesto a no responder a esa pregunta, pero, por la mirada inquisitiva de Kagewaki, pensó que sería mejor inventarse alguna excusa antes de que comenzara a hacerse ideas equivocadas.
—Unos tipos… intentaron robarme —le había dicho apretando los puños, haciendo un esfuerzo por respirar normalmente, se sentía mareado y sumamente agitado.
—¿Intentaron? —inquirió el médico mientras seguía suturando la herida con paciencia, demasiada paciencia diría Ranma. Y Ranma explicó que realmente no llevaba nada de valor encima que pudieran robarle. La conversación había finalizado ahí, por suerte. Pero el chico estaba seguro de que, por lo menos, al médico debió parecerle sospechoso todo aquello.
Y luego estaba aquella chica con el cabello corto, quien era su vecina y al parecer una entrometida. Se detuvo un momento ¿estaba bien que la llamara así? después de todo, si ella no fuera una entrometida, probablemente el ahora estaría muerto, le debía un favor, esa era la verdad, incluso si no le agradaba la idea.
Quizás él había tenido la culpa en primer lugar por presentarse con ella la noche que llegó con el pretexto estúpido de pedirle azúcar, todavía no estaba seguro ni de porqué lo había hecho, tal vez era la necesidad de parecerle amigable a alguien en ese lugar, ya que la casera no parecía tener especial cariño por los hombres y los demás vecinos con los que se había cruzado se limitaron a mirarlo de forma extraña, sea como fuere, quizás no había sido tan buena idea hablarle tan amablemente si después iba a tratarla tan mal cuando lo rescató de los tipos que casi lo matan. Suspiró al darse cuenta de que ella… Akane, ya lo había ayudado en dos ocasiones.
Quizá por cansancio, quizá porque estaba harto de los pensamientos que rondaban su cabeza, o quizá por los analgésicos, no lo supo a ciencia cierta, pero se quedó dormido con la lampara iluminándole la cara, mientras en su frente se aglomeraba su flequillo en una mezcla de sudor, sangre y polvo, y su último pensamiento fue que tal vez, y solo tal vez, hubiese sido mejor morir ese día.
Akane mantenía la vista fija en el techo de su departamento, hacía por lo menos una hora que intentaba dormir, pero no lograba conciliar el sueño. Giró sobre su costado izquierdo, y pudo ver la luna brillando en la ventana. No tenía ningún pensamiento en especial, solo era una serie de ideas inconexas que chocaban unas con otras dentro de su cabeza. Estaba la preocupación en torno a su trabajo, la conmoción que causaba en ella las fotos de personas desaparecidas, la nostalgia del hogar que había dejado atrás en Nerima hacia ya casi dos años. Y, a todas estas reflexiones, se sumó una más que la chica no deseaba. La imagen del chico de la trenza tirado en el suelo, inconsciente mientras sangraba dio vueltas en su cabeza, y le provocó un escalofrío que recorrió su espalda. Ella había estado sumamente confundida y asustada horas atrás, cuando el chico perdió el conocimiento frente a sus ojos. Al principio le dio tanto pánico que no sabía que hacer y, cuando por fin pudo reaccionar, marcó el número de emergencia para pedir una ambulancia que lo llevara al hospital. Pero cuando escuchó la voz al otro lado de la línea colgó inmediatamente, no supo por qué, era una estupidez, aquel chico le había pedido no llevarlo al hospital, ¿pero eso que importaba? ¡parecía al borde de la muerte! no podía dejarlo morir, observó el móvil y quiso marcar nuevamente a emergencias, pero, en su lugar, buscó entre sus contactos uno que quizás podría ayudarle en esa situación.
El doctor Kagewaki era un buen médico, lo había conocido unos meses después de llegar a Tokio, cuando fue víctima de una fuerte fiebre. Kagewaki vivía a unas cuantas cuadras de distancia y siempre estaba dispuesto a ayudar a los demás. Sin detenerse a pensar demasiado, marcó el número y espero con angustia. Uno, dos, tres tonos hasta que por fin se escuchó la voz masculina responder.
—Doctor, soy yo, Akane Tendō, ¿podría venir inmediatamente? — optó por no dar ningún detalle, pero, probablemente por la angustia en su voz, el médico había notado que era una situación urgente. No sabría describir la cara que puso el cuando le explico que no era ella la que estaba enferma, sino un chico desconocido con una herida en el abdomen que le había suplicado no llevarlo a un hospital. Sin duda estaba desconcertado, pero aún así accedió a ayudar.
De hecho, entre más lo pensaba, se sentía culpable por haber sido grosera con él cuando la cuestionó sobre su relación con el tal Ranma, pero le había molestado demasiado la mirada que le dirigió, como si pensara que no podía cuidarse sola o que estaba metida en cosas raras, aunque, si lo pensaba detenidamente, podría decirse que desde que conoció a su vecino y se entrometió en sus asuntos, de alguna manera ya estaba inmiscuida en lo que sea que él estuviera haciendo. Incapaz de seguir dando vueltas en la cama y de soportar aquellos razonamientos nocturnos, se levantó de un salto, encendió su laptop y se puso a trabajar.
Notas de autora:
¡Volví! ¡Esperen! No me asesinen aún. Denme oportunidad de explicarles, se que llevaba mucho tiempo sin actualizar, pero estuve demasiado ocupada, entre la U, el trabajo, y otros problemas personales sentía que me ahogaba. Este capítulo llevo escribiéndolo desde hace dos meses, pero no había podido terminarlo y revisarlo. En verdad lo siento, pero prometo que, aunque tarde, no dejare esta historia inconclusa, lleva demasiado tiempo dando vueltas en mi cabeza que no podría simplemente abandonarla.
Espero que les haya gustado este episodio, se que la historia es un poco lenta, pero hay cosas que es necesario poner en contexto para cuando llegue el momento en que se desaten los conflictos xd. Les agradezco infinitamente su paciencia y apreciaría un montón si me dejasen un review. ¡Saludos!
