Trois

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De haber tenido libertad y opinión, Sasuke habría rechazado la demanda‒ porque no era otra la forma de describir la exigencia que Hiashi Hyūga presentó, sentado tan rígido en la oficina del padre de Sasuke, la cabeza de la familia Hyūga exudaba poder y control – pero más que estar intimidado ante la presencia de ese hombre, Sasuke sentía impotencia. Porque esa reunión era para cortar su libertad. Para ser asignado como prometido de una chica a la que sólo había charlado en un par de ocasiones. La hermosa y pulcra heredera de una familia a la par de la suya, un negocio beneficioso para ambas familias.
No se tenía que decir en voz alta, pero como segundo hijo no tenía opción alguna. El heredero era Itachi, el fue criado para eso. En cambio Sasuke, éste era una pieza que acomodar para beneficio de su padre.
Por eso la impotencia, si silencio y resignación. Que cuando su padre habló, su estómago se revolvió.

—Es un honor que sea Sasuke la primera opción—, dijo Fugaku Uchiha, y el joven Sasuke sentía todo el peso en sus hombros.

Pero no dejaba demostrar su sentir. En cambio su mirada era persistente en la pared frente a él, boca firme y puños apretados.

—Sin embargo, me disculpo por declinar tu propuesta.

Decir que estaba atónito era poco, dejando de lado su bien entrenada mascara de indiferencia, un Sasuke sorprendido miró a su padre.
Apenas consciente del dialogo serio que pasaba a ser uno más acalorado por parte de los hombre mayores. Para el joven solo su mente hacía eco del decline de su padre. Su corazón tambalea y su aliento no era atorado en su boca. Aún tenía más tiempo sin cadenas.

Fue una fortuna que su padre no aceptara tal oferta. Por muchos beneficios que aquel compromiso con los Hyūga pudiera traer, el orgullo y la competitividad eran mayores motivos para su padre‒ después de todo, ambas familias cargaban con una rivalidad de años. Esa fue el motivo que Sasuke dedujo.
La verdad era que Fugaku no compartía la opinión de Hiashi, considerando a la heredera Hyūga no apta para su segundo hijo.

La cabeza de la familia Uchiha tenía a otra persona en mente para su segundo hijo, pero dejando ese tema para un momento más indicado, simplemente diciéndole a Sasuke que no era nada la pérdida para con los Hyūga.

Sasuke no le dio más pensamiento a eso, embotellado en el alivio de salvarse de tal situación.
Y el no contarle a Sakura tal evento fue –se dijo a sí mismo– que no debía darle importancia al pasado, porque su mayor interés era vivir su presente libertad lo más que pudiera.

Para él, los segundos eran contados.

—Ese podrías haber sido tú—. Sakura señaló con su copa hacia donde la 'pareja' estaba. Ella era hermosa, la chica llamada Hinata con la sonrisa suave y triste, y su prometido‒ un hombre claramente mayor que la joven, de aspecto tan pálido y, para Sakura, un tanto perturbador. No imaginaba lo que era estar en el lugar de la heredera Hyūga. Sasuke no era ajeno a los pensamientos de su acompañante, él sólo tomó un trago de su bebida y le recordó que:

—Y en un tiempo, esa serás tú.

Serás. Estaban seguros. Porque en sus vidas no había espacio para un 'podría, un quizá', no en este tema.
Su comentario fue de mal gusto, admitía, pero quizá era debido al recuerdo de intento de compromiso, o el que la misma Sakura puntualizará su casi destino con la heredera Hyūga.
También era el amargo recordatorio de su realidad.

Sakura sólo entrecerró un poco los ojos, como visualizando sus palabras –no tomando el veneno de las palabra de él, algo muy común en ella–, ya que ni siquiera ella se permitía la ilusión de negar lo que en cualquier día sus padres le anunciarían.

¿Sería así? ¿Ella se mostraría impasible o jovial? ¿Fingiría...? Bien, eso era claro... no habría manera de que ella fuera feliz de verdad con tales cadenas como lo era un matrimonio forzado. No habría manera de que su futuro prometido‒ quien sea que fuera a ser ‒ le provocara felicidad verdadera. A menos que éste fuera ...

—Has pensado que- oh, no.

Ella misma interrumpió lo que decía. A veces se dejaba llevar por sus pensamientos.

—¿Qué?

—Nada.

Sasuke sólo entrecerró lo ojos ante el retroceso de ella. Le había estado viendo durante los largos segundos en que ella se adentró a sus pensamientos. Como su cabello, recogido de un lado le permitía a él ver su rostro sin obstrucción, sus ojos verdes mirando a la lejanía mientras mordía sus labios y dejaba su mente divagar. Sasuke vio, sin engaños, el cambio apacible de su rostro a uno confundido. Se acercó un poco más a ella, urgiéndole a terminar lo que iba a decir. Resignada, y con un hilo de voz, comenzó de nuevo.

—¿Alguna vez has pensado en que esos podríamos ser nosotros? Los dos juntos.

Reparó para pensar en esa pregunta, pero no pudo contestar.
Tú y yo, juntos.
En una fiesta así de grande, con sus familiares y conocidos rodeándoles y deseándoles un buen matrimonio. Una Sakura vestida tan hermosa y elegante. La mano de él colocada suavemente sobre la espalda baja de ella.

¿Pero acaso importaba fantasear? El amor no era mencionado –nunca se mencionaba–, en lugar era la tranquilidad y comodidad entre ellos. Eso, en sus situaciones, era por mucho mas de lo que podrían desear.
Él negó con la cabeza, borrando la fantasía.
Aún queriendo, ¿Podrían cambiar la situación?

No.
Sasuke se concentró solo en normalizar el latir de su corazón, queriendo borrar la imagen mental.

Al ver que él no respondía, Sakura volvió a mirar hacia dentro del salón y la infeliz pareja.

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—¿Sabes? Si ese hubieras sido tú el día de hoy—, retomó después de un rato. El tema seguía en la cabeza de ambos. —Yo te habría dado un presente.

Si en esa tarde fuera Sasuke quien estuviera entre la multitud con la heredera Hyūga como prometida, entonces Sakura...

—¿Oh?— Fue curiosidad lo que le hizo encararla por completo. Ver su rostro El tono de su voz era divertido. —Qué clase de presente?

¿Qué podría Sakura darle a alguien quien económicamente lo tenía todo? Ella frunció un poco los labios, como meditando mientras una mano la tenía en su cintura y la otra en su barbilla.

—Hum...— miró hacia los invitados ajenos a ellos dos, luego hacia él por completo. Inclinó un poco la cabeza. —Hum... ¡oh! lo tengo.

Sasuke sólo la miraba expectante. Con una sonrisilla, ella se acercó aun más. Sasuke ahora estaba recargado contra el balcón.

—Sí esta hubiera sido tu fiesta de compromiso, mi deber como amiga sería darte un regalo con mucho significado.

Qué más sino, estando frente a Sasuke, que Sakura colocó ambas manos sobre el pecho de él. Sus rostros tan cerca y ella se inclinó hacia el joven. Al sentir y luego entender que sus labios se estaban tocando, ambos cerraron los ojos.

El beso fue pausado y superficial, inseguro de lo que ambos estaban haciendo.

No había calor, no había una corriente eléctrica o alguna urgencia. Sólo la suavidad de sus labios –y una sensación un poco pegajosa debido al labial de ella–, y la presión del tacto era ligero. El beso no duró mucho, tan sólo unos cuantos movimientos, unos cuantos latidos. Y cuando Sasuke sentía que ella se apartaba, abrió los ojos. Sakura ya lo miraba, su expresión era difícil de entender para Sasuke, como si ella recién observara algo que nunca había visto, aun así esto no era una profunda sorpresa o shock por lo que había hecho.

Sakura aún tenía sus manos sobre el pecho de él. A través de su lujoso esmoquin, Sakura podía sentir los latidos de Sasuke. Y a pesar de lo que habían hecho, su corazón no se había acelerado, su respiración no se había cortado, ni algo dentro de ellos había despertado. Sasuke le miraba sin expresión alguna, como si no hubieran hecho nada ‒como si no hubieran compartido un primer beso entre ellos.

Si a Sasuke le había disgustado lo que Sakura hizo, en ningún momento lo mostró.

Pero cuando la mano de él tocó la mejilla de ella –que su pulgar se deslizó sobre el labio inferior de ella, una breve caricia– Sakura supo que ese beso no había sido insignificante.

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