[Cinq]
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No se molestó en tocar la puerta como aviso de que entraría, era su habitación después de todo. Sólo trató de regularizar su respiración y mostrar absolutamente nada en su rostro. No furia, no confusión ni miedo. Si por tanto se había ocultado a sí mismo los posibles sentimientos que estaba creando por Sakura, ahora más que antes debía mantener ésta situación para sí mismo. Por siempre. No debía de decírselo nunca, pero...
¿Y si Sakura ya sabía? ¿Era por eso que estaba ahí? Sasuke no había tenido el tiempo suficiente para calmarse y pensar en qué haría. En cuanto su padre le informó de los nuevos planes que tenía en mente, Sasuke sólo sintió que el piso se desquebrajaba y perdía equilibro. Tantas emociones le golpearon a la vez, que no supo reaccionar. Sólo asintió, y reguló su voz para pedir un poco de tiempo para pensar. Ambos sabían que no había mucho que elegir. Solo responder: sí o no.
Y por años, ¿Cuándo el segundo hijo de la importante familia Uchiha había negado una petición –orden, orden, orden– de su padre?
Sentía que ésta sería la primera vez.
En cuanto estuvo fuera del despacho de su padre, se apresuró al cuarto más alejado. Notando que era el salón de música, sólo se dejó llevar hasta el piano que era el favorito de su madre. Acarició la superficie, luego las teclas, y todos los pensamientos le asaltaron. Dentro de sí, una violenta ira que le ordenaba a destruir y dañar todo a su paso, como lava ardiente quemando cada fibra de su razón y compostura... él habría golpeado el instrumento pero la poca razón que aun conservaba le había evitado a hacerlo, y en su lugar tomó asiento y tocó cualquier cosa. Lo que sea que le quitara el tormento que sentía dentro de sí. No había sido consciente de nada ni de nadie. Era lo mínimo que podía obtener; arrojar todo lo que estaba sintiendo, al menos por unos instantes.
No pensar en nada y sólo desahogarse.
Sasuke creía que parte de lo que sentía se había ido luego de aquel arranque salvaje contra el piano de su madre, pero en el momento que abrió la puerta de su habitación y pudo ver a Sakura –recostada en su cama, atención centrada en el celular que sostenía sobre su rostro, de sus dedos delgados tecleando en el aparato, tan tranquila e ignorante del desastre que era el interior de Sasuke, que todas las emociones golpearon de nuevo contra él.
No es justo, pensó él con amargura. ¿Por qué tenemos que hacer lo que nos dicen...?‒ apretó la mandíbula, negó con la cabeza, intentando eliminar sus pensamientos mientras cerraba los puños. Quería romper cualquier cosa, incluso tomarla a ella de los brazos y gritarle... o solamente pedirle perdón.
No es justo, volvió a pensar. ¿Por qué debo de...?
—¿Te encuentras bien?— Sakura ya estaba al tanto de su presencia, ceja levantada en cuestión, aun así él no le respondió. Sasuke temía que su voz le delatara. —Tu hermano me dijo que estabas hablando con tu padre, y que debía esperarte aquí—, Nada. —Lo cual es extraño, porque sé que eras tú el que tocaba el piano hace un rato, lo curioso aquí es, ¿Por qué no decir eso?
Sasuke seguía sin levantar la mirada. De pronto su enojo era por Sakura. Tan consternada y escéptica de él. Sasuke no era alguien tan vocal, él hablaba cuando tenía algo que decir, muy al tanto estaba ella... Pero, ¿Qué sabía Sakura en realidad?
No era como si de verdad le conociera, como si supiera que algo estaba mal con él sólo por la manera en que tocaba el piano.
¿Por qué ahora que, más que nunca antes, él deseaba soledad y en especial no hablar con ella? ¿Por qué ahora que su mente y corazón se dividía por ella, Sakura estaba ahí?
—Sasuke—, Con su tersa voz le llamó.
Como el tenue y melancólico sonido del piano. Como gotas cayendo –suave y triste. Sasuke podía escuchar algo que aún no sucedía... Sakura siendo infeliz porque él quería ser egoísta y‒
Ella ya estaba de pie, a pasos de él, pero para Sasuke...
En su mente, las palabras de su padre resonaban contra su cabeza; cómo le mencionaba que tenía un conveniente prospecto para matrimonio, y que no era necesario una cita previa para un Omai porque la mujer en cuestión cumplía con los requerimientos de su familia, pero que sin embargo era norma y contactaría a la familia de dicha joven para comenzar con las pláticas. Fugaku solo le dio la carpeta a Sasuke con la información de la joven mujer. Recién cumplida veinte. Estudiante universitaria, familia en ascenso. Bonita y lista. Si Sasuke decía que sí, estaría aprobada. Si su respuesta era no, estaba bien, pero no habría vuelta atrás.
Por primera vez el segundo hijo de la familia Uchiha sentía una soga atada a su cuello. Sentía ahogarse dentro de un reloj de arena. Nunca había vivido tal desesperación –maldiciendo la vida que tenía y deseando con demasiado poder el cambiar la situación. Con esto, recordó una pregunta que Sakura le hizo hace tiempo.
"¿Alguna vez has pensado en escapar? Huir de la realidad. De quien eres. Probar el anonimato y libertad..."
¿Qué le había contestado él? ¿Un no? Seguramente fue algo sin verdadera reflexión, debió de ser así, porque en aquel entonces no le había cruzado por la mente que viviría ésta situación. Pero recordaba su cara de tristeza cuando ella le dijo,
"No quiero casarme con alguien por obligación."
Sasuke tampoco quería. No quería casarse por deber. No quería que Sakura se casara por mandato de su familia con Dios sepa quién. Quería ser egoísta, quería darle a ella todo lo que ellos nunca podrían tener.
Una libertad que era imposible.
Sasuke tragó fuerte, cerró la puerta tras de sí antes de encaminarse hasta Sakura. Ya no le prestaba atención a su alrededor. Estuvo frente a ella, aun así no bajaba su rostro, no le encaraba.
—No estoy de humor, es mejor que te vayas—. Le dijo cuando estuvo cerca.
—No. Algo sucede y te está molestando.
Terca. Ella era tan terca.
—Sakura.
Lo hacía por ella, lo hacía por su bien. No quería estallar frente a ella. Contra ella.
El haber visto a Sakura, recostada en su cama como era costumbre, ajena a los estragos que su mente tenía... otro tipo de emoción bien escondida comenzaba a llamear, y si esa imagen no alteró a Sasuke al punto de actuar, sus palabras fueron el detonante que faltaba:
—Sasuke, deja de ser tan cabeza dura, sabes que cuentas conmigo
La seguridad y apoyo total en esas palabras. Le sacó a sí mismo los pensamientos que ese sencillo comentario le dio. Le hacía sentir que... que había esperanza.
Cerrando los ojos, pesadumbre y miles de injusticias que sentía en ese momento, cansado de un simple hecho que le atacaba como nunca antes, y ni negándose a verla a la cara podía sacar su imagen de su mente, la estampa de ella... dulce y ajena a todo, sonrisa fácil y cuerpo tibio entre sus sabanas, ojos verdes brillantes expectantes a él.
Si Sasuke no se alejaba, si no actuaba rápido, pronto esa cama sería usada para algo más que dormir.
Irritado por sus propios deseos que no podía suprimir ‒estaba vulnerable, y dudaba poder tener control de sí‒ dio un paso atrás.
—Hey, confía en mi—. su mano tentativa en el brazo de él, que Sasuke no pudo evitar abrir los ojos y ver en su dirección. Por primer vez en lo que parecían años, su rostro mostrando la frustración y cansancio que su alma sentía, y el de ella, confundido y preocupado. Esos ojos verdes tan transparentes de sus emociones, que en el brillo que ella siempre ofrecía ‒le daba, sólo a él, sólo él, sólo él ‒que ese algo que ninguno quería reconocer, se mostraba en ella.
Su mano se cerró en puño apretado, su cuerpo tenso, el breve y sencillo contacto de ella, entre ellos... que alejaba la cordura y borraba su propio nombre y obligaciones.
Todo, todo... Sasuke... él...
Caminó contra ella, haciéndola retroceder. Sus labios entreabiertos, pero no pronunciaba palabra, hasta que sus muslos tocaron la orilla de la cama, pero Sasuke no se detenía.
—¡Ufm!
El sonido del aire atorándose en su boca ante la sorpresa y el suave golpe de su espalda contra la cama, ojos verdes abiertos de par en par, porque Sasuke no se había detenido. Porque su figura entera estaba acechando la de ella, sombras en el rostro de Sakura por la propia presencia de ese joven sobre ella.
Sasuke, con sus manos posicionadas a ambos lados de su cara, sostuvo su peso. Su cuerpo encima del de ella, separados por sólo centímetros. Cara a cara, bello rostro impasible, pero sus ojos... esos pozos profundos de noches estrelladas que robaba siempre su aliento... ellos gritaban algo que Sakura tenía miedo a malinterpretar.
Si Sasuke quisiera, podría fundirse con ella, reposar su cuerpo encima de ése más pequeño y suave. Si ambos se atrevieran a esto que trataban de contener...
A primera vista, podrían aparentar la imagen de una pareja a punto de comenzar un acto íntimo del que eran conocedores.
Pero sus rostros... estos demostraban lo contrario. Sakura estaba sorprendida por la acción de Sasuke, y sobre todo por lo que veía en sus ojos; enojo, frustración y dese- no, no podía ser eso último.
Con valentía y confianza, más no menos confusa, ella levantó su mano y acarició la mejilla del joven. Prefirió no comentar nada, esperaría a que él dijera lo qué quería, lo qué sucedía. Pero vaya que le lastimaba, verlo tan diferente del siempre compuesto y controlado Sasuke Uchiha.
Estuvieron callados unos minutos, miradas conectadas y palpitares poco audibles. Sus ojos se hacían pesados, sus alientos cálidos rozando sus pieles, hasta que Sakura notó cómo Sasuke se fue inclinando un poco más, bajando su cuerpo, poco a poco. Se recostó sobre ella, escondiendo su rostro en su hombro.
—Discutí con mis padres—, dijo ella de repente, el motivo de su visita sin anuncio —Ellos... ellos quieren que comience con las entrevistas de matrimonio. Ni siquiera vi las carpetas que me dieron, sólo me disculpé y retiré. No quería causarte algún problema.
Porque Sasuke tenía sus propios problemas a enfrentar, pero necesitaba hablar con él y olvidar.
Si supiera. Chica tonta.
—Tendrás que hacerlo—.
No quería, Sasuke no quería que ella viera eso.
—Hoy no.
—Hn...
Un silencio, letargo y con éste se difuminaban las intensas emociones. Tenerla a ella así, bajo de él, con su alma y mente enfocada sólo en él... para Sasuke era una anestesia para su dolor.
—¿Sasuke?
—¿Hm?
Veía en sus ojos, Sakura iba a preguntarle porqué había estado tan alterado. Creyó él, qué cuando su boca se abrió un poco era porque iba a formular una pregunta... cuán equivocado estaba. En su lugar, Sakura movió su rostro en un ángulo donde sus labios pudieran finalmente tocarse.
El sonido que producían sus bocas era húmedo. El tacto y la sensación de ambos labios moviéndose de manera pausada, sensuales sobre el otro. Era suave y lento, un disfrute poco descriptible. Y sólo cuando un suspiro escapó de sus labios, Sasuke se apartó. Retomando su posición inicial, apoyándose con sus manos y abriendo un espacio entre sus rostros, le miró. ¿Qué buscaba? Sakura se preguntaba ante los ojos de noches estrelladas que parecían grabar cada parte de su alma‒, y más que eso, ¿Qué encontró? Pues en los ojos de Sasuke vio una resolución.
—He hablado con mi padre hoy. Y no es una orden como tal, pero me ha dicho que tiene una candidata adecuada. Me dijo que... que no era necesario planear una cita previa, que bastaba con decir sí, y se aseguraría de...—tragó pesado, pero continuó. —Que se aseguraría de formalizar mi compromiso antes de la boda de Itachi.
Sakura aferró sus manos a sus hombros, mostrando con su acción lo que no podía decir verbalmente.
—Oh.
Fue todo lo que dijo.
Ante el inminente final del sueño que ella jamás quiso considerar.
