Summary: AU. El sonido tenue y suave del piano, mostrando la melancolía de dos almas confusas, enamoradas pero temerosas. Se suponía habían dejado los prejuicios y la tristeza atrás, esto era París, no su triste realidad.

Disclaimer: La historia es de mi pertenencia, en ella sólo utilizo sin ningún fin de lucro, a los personajes de Naruto, cuyo creador es Masashi Kishimoto. Está prohibido re-suban esta o cualquier otra de mis historias, o adaptarlas.


Onze

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—Vayámonos.

Como el dialogo sacado de una novela de amor, sellando el camino de ambos.

Pero los pensamientos de incertidumbre habían llenado su cabeza ¿Hacia dónde ir? ¿Qué hacer mientras tanto? ¿Qué va ser después?

Ahora, eso ya poco importaba. La mano de este chico era como su ancla, su escudo protector. Estar junto a Sasuke era seguridad, sin importar el lugar o situación.

Antes, Sakura no había querido reconocer este sentimiento, no había querido nombrarlo, porque después de todo, lo que había estado creciendo entre ellos fue algo silencioso, tenue, brillante y cálido. Algo a lo que no se debía dar un título, no si sin temor a estropearlo.

Y sin embargo ella ya lo hizo -no ante él , aún no se sentía capaz. Pero lo aceptaba para sí misma, y eso ya era un gran paso. Asumía que este cambio en ella, está honestidad, se debía a que estaban a kilómetros de su hogar. Tan lejos de sus familias, de sus vidas reales. Era como sentir un peso menos sobre sus hombros. Eso, más el miedo y el sacrificio, le hacían afrontar sus razones. No se escaparía con cualquiera solo porque sí, mucho menos arriesgarse a estropear la vida de sus padres.

Y eso, fue que entendió: Sasuke no era cualquiera. Lo que sentía por él, tampoco era cualquier cosa.

¿Cómo le diría? ¿Él sentiría lo mismo?

No se quería hacer mucha ilusión, pues no estaban en una relación, y de unos cuantos besos -simples, más como caricias- no habían pasado. No eran amantes, no eran más que amigos... y ahora escapaban para tener libertad.

Claramente aún no podría confesarse. Necesitaba al menos tener algún indicio de que él sentía lo mismo que ella.

Lo último que Sakura quería era que Sasuke terminara hartándose de su indecisión y sus miedos, de un amor no correspondido.

Por lo pronto, Sakura se limitaba a seguirlo. Admirar la bella vista, y simplemente respirar. A pesar de que desde su llegada el clima no había sido uno soleado, sino una lluvia insistente, esta se volvió más fuerte en el momento que arribaron a su lugar de estancia. Los simples y cortos pasos que ella dio del auto hasta la puerta del lugar fueron suficientes para dejarla empapada. Y aunque más temprano creyó no sentir frío, ahora sólo notaba su piel helada. Necesitaba cambiarse rápido.

Otra situación que le dejó algo perpleja, fue el lugar en el que se alojarían. Por el modo en que habían salido del país -en auto privado y en avión de primera clase- Sakura había creído que su lugar de estancia sería uno igual de... "común" para ellos. Un hotel caro, pero en su lugar, ante ella una simple casa grande -una que apenas si llamaría mansión pequeña.

El cielo oscuro y la lluvia no me permitían observar con detenimiento, la tenue luz de los faroles apenas si le permitía distinguir dónde estaba parada.

—¿Decepcionada?

A su lado, el aliento cálido de Sasuke se sintió como una llamarada contra su piel fría. No pudo evitar sentir escalofríos y su propio corazón desbordarse. Sakura sólo atinó a negar con la cabeza. Luego, escuchó un pequeño bufido por parte de Sasuke. La chica no sabría decir si esa acción fue de verdadero humor o solo sarcasmo.

Sasuke pasó de ella, encaminándose más a la casa.

Sakura aun siguiéndolo, se detuvo cuando él paró frente a la puerta.

El joven le daba la espalda a la chica, el chófer que le había llevado no estaba más, pero su paradero era una preocupación nula en la mente de Sakura. Ella solo podía ser consciente de cómo sonaba el caer del agua - un repiqueteo muy fuerte. Ella no podía pasar por alto el estado de la casa, apenas alumbrada por los faroles de las calles, y totalmente oscura por dentro. Luego, en su atención, veía la sombra de la figura de Sasuke. Su pequeño acercamiento le había dejado algo nerviosa, y había querido no prestarle tanta atención a dicho sentir, pero era difícil. Sus ojos, sus pensamientos y sentires iban en una sola dirección. Hacia una sola persona.

Y de pronto, Sasuke se giró y volvió a darle la cara. Por segundos, Sakura se perdió en sus ojos. Se sintió tan consciente de sus pensamientos -el afecto que le tenia, más que un amigo- y así, ella dio un paso hacia atrás. Pero Sasuke no le permitió alejarse, pues igual de rápido, se acercó, pasó un brazo sobre la espalda de ella, y el otro tras sus rodillas, cargándola. La acción no sólo lograba que Sasuke le elevara del piso, sino que también la acercaba a él. Demasiado. Todo sucedió de manera tan repentina e inesperada para Sakura, que su cuerpo reaccionó por sí solo: el temor de caer, a ella le hizo soltar la maleta que tenía en sus manos y sujetarse a los hombros de Sasuke. Pies elevados, un grito ahogado y sintiendo su corazón latir contra su pecho, estaba más que incrédula. Su comportamiento hizo que Sasuke riera un poco, luego ella le miró, sorprendida.

—¿Qué-

—Será la primera vez que entremos, debemos hacerlo bien, ¿no?

Ella no entendió al principio, y antes de formular la pregunta, sus pensamientos y dudas fueron borrados cuando Sasuke comenzó a caminar hacia la puerta, con ella en sus brazos. Sakura enmudeció al entender la situación. Si antes creía que su corazón estaba acelerado, no era nada comparado con su sentir en ese momento. Una vez más, dejó de captar el frío o su ropa medio mojada, cualquier duda estaba de más, pues ya sólo eran él y ella.

En el comienzo de una nueva vida.

Como una pareja de recién casados. Como un novio enamorado carga a su recién esposa, ambos atravesaron el umbral del que sería su refugio.

El lugar que presenciaría pasión y desgracias.

Él no había escapado con la idea de casarse, ni mucho menos para tener un amorío. Sí, había algo entre ellos a lo que ambos no lograban conectar del todo, algo a lo que él no quería darle nombre, algo a lo que ella temía decir en voz alta, porque hacer eso era arriesgar la ilusión.

Su principal meta en París era estar ahí para decidir qué hacer, para tomar un gran respiro de libertad. Lo último que Sasuke quería era que ella se enterara de la verdad antes de tiempo. Lo último que Sakura quería era que él le rechazara.

No debían complicar las cosas.

Pero eso ya estaba demás. Era inevitable lo que sucedería, por mucho que ambos trataran de refrenar, cada pequeño paso, cada pequeña mirada o tacto... les llevaba a su epílogo. Irónico querer no involucrarse cuando ya estaban a un paso de caer sin retorno.

Era el miedo y la confusión lo que les hacía detenerse. Se negaban y evitaban llegar a algo que ambos anhelaban y podrían disfrutar.

No quería complicarlo, pero desde el momento en que Sasuke decidió arrastrar a Sakura con él todo tomó un rumbo distinto. Pues aunque no fue una proclamación directa, el simple hecho de que Sakura aceptara seguirlo fue una declaración suficiente de que haría por él lo que fuera.

Estaba entregando su apellido, su futuro... ¿Estaba mal desear tomar su cuerpo?

¿Por amor? No, no era amor. Amor parecía más sencillo, y ante éste se rendiría.

¿Qué era entonces, lo que le hacía olvidarse de todo a su alrededor? De la lluvia, el salir de su zona de confort, de no ceder antes las repercusiones, e incluso, de olvidar el estado de sus cuerpos. Sobre todo, de lo que él se había impuesto.

Sabía que lo único que en sus mentes había era el estar junto al otro. Tan cerca como fuera posible. Incluso así, con sus ropas medio mojadas, mentes borrosas y pulsos acelerados. Las preocupaciones no estaban, al contrario sólo registraban los brazos alrededor del cuerpo del otro, sin importarles arruinar la cama bajo de ellos o molestarse en vaciar sus maletas. La poca luz proveniente de una lámpara de piso colocada cerca de la puerta, y la tormenta fuera de la ventana.

La mano de Sakura en el hombro de él, atrayendo su atención. Sasuke bajó la mirada, grabando el verle ahí. En cuanto entraron a esa casa a oscuras, él cargándole en estilo nupcial, que el aura alrededor era diferente. Era cálida e inmarcesible.

Sakura podía ver en él, en sus ojos negros el deseo prohibido mostrándose a la superficie, mientras la inseguridad y pureza trataba de detenerle.

Cuando al fin, sin meditar, para Sasuke fue tan fácil juntar sus labios con los de Sakura -pues ese había sido un acto compartido en varias ocasiones pasadas- Tanto que ahora, el sentir de sus bocas rosarse, presionándose y tratando de imitar movimientos y ritmos ya marcados iba escalando. Sí, algo que ya habían hecho, y sin embargo esa ocasión el titubeo existió, y luego de esto no pudo detener el deseo de profundizar, de seguir.

Para Sakura, él era firme, seguro e hipnotizante. Para Sasuke, besar a Sakura era ligero, con sus movimientos eran inseguros, pero insistentes y adictivos. Ella era la chica que abrazaba, quien arrancaba sonidos guturales de su pecho y le provocaba deseos de besarla hasta el amanecer.

En ese momento estaban juntos, íntimamente, emocionalmente cercanos, tanto que sería tan fácil si cualquiera de los dos cruzará la línea impuesta y ese beso se convertiría en un acto para complementarse de manera más física, sexual.

La posibilidad de dar ese paso era exactamente igual que en cualquier situación y oportunidad anterior, pero ahora se sentía más tentador, más al alcance. Porque estaban ahí, solos con el destino en sus manos y decisiones por sí mismos.

La adrenalina, la libertad... eso era lo que lo hacía a estos besos y a estas sensaciones diferentes.

No era amor, Sasuke se repetía, pero entonces... ¿Qué era exactamente esta necesidad y confort que sólo ella podía provocar?

Cariño, deseo, seguridad... todo eso era demasiado para que una sola palabra de cuatro letras pudiera abarcar.

No era amor.

Era más que eso.

(Sasuke solo esperaba que durante su estancia ahí, pudiera darle pie y avanzar... o al menos, no echar todo a perder).

Su angustia fue interrumpida y olvidada por el breve suspiro entrecortado de Sakura, quién incentivo en él movimientos de su cuerpo de manera inconsciente. En este punto, con sus cuerpos tocándose, sus labios conectados y párpados cerrados a la entrega, que sus manos acompañaron lo que no quería negar.

Sakura era bella. No sexy, no hermosa del tipo de revista, ni mucho menos candente. Era bella por esa sonrisa que le regalaba, por su sinceridad, por el color brillante de sus ojos y la sedosidad de su cabello. Pero era sensual -de la manera más sutil- sí. Con un cuerpo deseable, pero no extravagante. Desde la curva de sus caderas a su cintura, por el movimiento de las mismas a cada paso, y la sensación de esa piel bajo el tacto de sus dedos. Por eso y mucho más, para Sasuke Sakura era bella.

Así, su mano no se detuvo en la cintura de ella, pues continuó el camino bajo su ropa, su abdomen, espalda, y la línea bajo su sostén.

Hmmm...

Otra vez el suspiro entrecortado de ella. A diferencia de la vez anterior, Sasuke le miró. Sabía que Sakura ya hacía lo mismo, y así era. Sus ojos verdes nublados por la fantasía y la necesidad, opacos por el deseo. El contacto visual duró instantes. La comunicación incomprensible.

Decían que solo las almas gemelas podían entenderse sin palabras.

Por supuesto, Sasuke y Sakura no lo eran.

Ellos no podían estar comunicándose sin palabras y solo con sus ojos -negro contra verde-. No era así, no lo era.

Era simple deseo el que ella se separara de él, sentada sobre sus rodillas y sin cortar el juego de miradas. Que sus manos se colocaran en su propio pecho, como si de una oración a su corazón se tratara para luego desabotonar su propia blusa.

Lentamente, uno a uno, los botones fueron revelando a la vista lo que escondía.

Exponiendo un sostén de encaje -la lluvia ya se había encargado de mostrar el azul del material, e incluso se viera más oscuro y se adhiriera a su piel-. Una pieza de ropa sencilla, pero que levantaba su busto, mostrándolo como el obsequio que él no había esperado obtener.

—Tu pantalón.

Apenas audible, con la garganta seca, Sasuke le indicó a ella. Sus propias manos en puño, deseando ser él quien lo hiciera. Por su parte, Sakura intentó que sus manos temblorosas accedieran y desabrochó dicha prenda. El lapso fue breve, y sin esperar más, Sasuke hizo lo mismo con su ropa, dispuesto a igualar la situación.

—Hey.

Le llamó, esperando a que Sakura levantara la mirada.

Ella no era una puritana, tenía conocimiento del cuerpo humano, y no le aterraba el ver a un hombre desnudo. No había nada extraño en sus cuerpos, sabía bien, pero esto era...

(Algo oculto, algo que no querían exponer, no sus cuerpos, sino más profundo que estos).

Está bien mirar, escuchó en el ambiente, y dejó a su vista actuar.

Claro, se quiso tranquilizar mentalmente pero lograrlo era diferente. Pues Sasuke tenía la confianza que atraía a cualquiera, y sobre todo era apuesto, con facciones angulares, piel clara y sus ojos... Eran estos los que le quitaban la respiración. La noche parisina estaba cubierta de nubes y lluvia, pero en esos ojos negros ella podía ver el cielo estrellado. Sólo esto ya le robaba el aliento, pero más aún en ese momento, al verle sin ropa, entre el secreto de la oscuridad de esa habitación, bajo el eco de la lluvia y el frío por querer acercarse hasta fusionarse con él...

Sakura simplemente ya no quería esconderse.

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El subir y bajar de la respiración de Sakura aumentó cuando Sasuke colocó una mano en la parte baja de su espalda, atrayéndola totalmente hacia él. Ella, con su rostro en el hombro de él, con sus manos delicadamente colocadas en esa espalda ancha. Mientras Sasuke acariciaba el cabello húmedo de ella, sin poder detener la sensación de hormigueo cuando el cálido aliento de Sakura chocaba en determinada parte de su piel expuesta.

Todo era una contradicción, pues la frialdad había rodeado sus cuerpos húmedos y aun así sentían quemarse ante el contacto.

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Bajo las cobijas, Sasuke acariciaba la piel de la chica que mantenía abrazada. Tan tersa, impecable. Su piel blanca y libre de imperfecciones, pulida como la muñeca de porcelana que debía de ser. Él tuvo que controlar los deseos que sus manos tenían por querer marcar esa piel. En su lugar, se dejaba recorrer cada plano permitido, e incluso sobre la prendas íntimas que aún se mantenían.

Y entre besos y tentativas caricias, ambos se refugiaron en el otro. Sintiendo el unir de sus cuerpos, y posponiendo lo que iba a suceder.

Hoy no, y eso estaba bien, pues estaban a salvo, lejos de las verdades y responsabilidades. Párpados fuertemente cerrados, labios unidos, arrancando suspiros y calentando el alma, ambos se dejarían disfrutar el momento.

Como el sueño que era.

"Somos parecidos," había dicho Sasuke hace mucho tiempo.

Almas perdidas y confundidas, queriendo complementarse ahora que tenían la libertad.

—No hay vuelta atrás luego de esto.

—Ya hemos ido muy lejos.

Aun no...

No. Aún quedaba un largo camino.

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Estuve editando París, como se dieron cuenta, pues de verdad quiero continuarlo. Perdonen el cliché, y este capítulo taaan chessy, pero ni modo