CAPITULO 11

Las luces de la ciudad parpadeaban frente a sus ojos, casi como si fuera un espectáculo dedicado solo para ella, y más de una vez se ha encontrado perdiéndose en los colores que iluminan las calles de Tokyo. La vista desde la oficina de Jurina se había vuelto aquello que la acompañaba mientras esperaba a que la más joven terminara con todas las reuniones. Debe admitir que en un inicio fue incomodo; las personas la miraban no de manera muy amigable – seguramente preguntándose qué hacia una chica persiguiendo a Matsui Jurina por todo el edificio. Hombres y mujeres revestidos en trajes, corbatas y uno que otro en el uniforme azul marino de médico, iban y venían a toda prisa y Rena se sentía fuera de lugar, como si se estuviera escabullendo en un mundo que no pertenece. Y finalmente, lo que no podía faltar, las horas y horas sin tener nada que hacer casi terminan por volverla loca.

Sabía lo que le esperaba desde el primero momento en que pensó en Jurina como su conducta, y obviamente tenía un plan para mantenerse entretenida. Primero, hizo uso de tanto tiempo libre para adelantar y hasta terminar sus trabajos de la universidad, ni siquiera estando en casa el tiempo le rendía tanto, le daba los créditos al aire tan cargado de estrés laboral que impregnaba la zona administrativa del hospital, que la hacía sentir que tenía que trabajar hasta tenerlo todo perfectamente hecho.

Pero terminar todos sus trabajos y lecturas de la Universidad, solo significaba, más tiempo libre.

Así que después, se dedicó a la exploración.

Siendo uno de los hospitales más importantes de Tokyo, tenía que tener algunos espacios que le hicieran justicia a su reconocimiento, y efectivamente, cada vez que se montaban en el ascensor Jurina usaba una tarjeta que inmediatamente la identificaba, mostrando un mensaje sobre el panel de botones dándole la bienvenida. Después de preguntar, Jurina le dijo que el ascensor solo permitía el acceso a la última planta a aquellos que tenían cierta tarjeta de identificación, un par de preguntas más, y ahora sabía que había otros pisos que tenían la misma característica.

Así que después de un poco de persuasión – y de un par de ojos de niña mimada – Jurina accedió a darle una de esas tarjetas que le permitía el acceso a todas las salas del edificio, eso más una advertencia de no darle problemas a nadie y de no abusar, más tarde entendió a qué se refería.

Nunca en su vida llegó a imaginarse que un hospital pudiese tener zonas tan… excéntricas. No es como que se esté quejado, la sala de masajes le había devuelto a la vida músculos de los que ni siquiera puede recordar el nombre, también descubrió que hay un mundo maravilloso llamado aroma terapia, no estaba segura de si realmente funcionaba o no, pero olían demasiado bien así iba a suponer que si lo hacían; ahora sabía la diferencia entre estar tensionado y sentir que tu cuerpo podía ceder de lo relajado que estaba.

Además, la comida de la cafetería de la zona ejecutiva tenía chefs que perfectamente podrían abrir restaurantes de estrella Michelin si así lo desearan, sin mencionar que la decoración no se quedaba atrás, con tan solo decir que había un candelabro que podía pagar la Universidad de muchos.

También había hecho una nota mental de llevar su vestido de baño alguna vez, no le sorprendería si el agua del jacuzzi brillara y tuviera efectos rejuvenecedores.

En conclusión, aquella tarjeta se sentía como un pase a una tierra soñada, a su propio mundo de lujos y caprichos – obviando el gimnasio porque nunca iba a poner un pie allí.

Pero después de dos semanas, terminó por cansarse también de aquellos lugares – menos de la comida, de eso nunca se podría cansar. Se había vuelto demasiado repetitivo, siempre ha necesitado constante estimulación para mantenerse entretenida o concentrada, tal vez tenía que ver también con el hecho de que la mayoría de los lugares estaban sino vacíos, con dos o tres personas como mucho, la soledad nunca ha sido un problema para ella, pero ciertamente prefiere disfrutar en compañía, y eso había llevado a su mente a lugares que no debería estar.

Durante las dos últimas semanas ha estado cada día con Jurina, excluyendo únicamente los fines de semana, y ha empezado a desarrollar algún tipo de… apego.

Después de lo sucedido, su relación con Jurina había entrado en un estado al que realmente no podía ponerle un nombre, no sabría si decir que se han vuelto más cercanas, porque en sus interacciones seguían siendo de lo más normal, con Rena intentando acercase a la más joven incluso si es molestándola, mientras que ésta última seguía con su actitud apática o siguiéndole el juego de vez en cuando, esa era su dinámica de siempre, una especie de tira y afloja a la que ya se había acostumbrado, en la que se sentía cómoda y disfrutaba; estaban en un lugar al que no llamaría amistad, pero que estaba lejos de la indiferencia.

Pero después de su crisis, y de haber abierto sus más profundos temores a Jurina, algo nuevo se había instaurado en todo el medio de ambas.

Su corazón comenzaba a hacer cosas extrañas cuando la más joven tomaba la iniciativa en sus interacciones, ya sea con cosas tan simples como invitarla a un smoothie después del trabajo pues seguía sintiéndose culpable cada vez que salía tarde y la hacía esperar más de lo normal, o cuando no se marchaba hasta que no había cruzado la puerta de su casa, pequeños detalles que hacían que la boca de su estómago se sintiera raro. Pero por sobre todo, estaba este deseo de estar con ella, incluso si era solamente estando en silencio, viéndola trabajar en su computadora tocando la punta de su nariz cuando estaba concentrada, o mostrarle cualquier vídeo ridículo de esos que Yuki le enviaba mientras terminaban de comer en el estacionamiento de McDonald's, o escuchar como tarareaba mientras golpeaba con su dedo el volante al ritmo 1000 times de Tahiti 80; estar con ella era más que tranquilizador, era reconfortante.

Una vez había leído en uno de esos libros que su terapeuta le había recomendado, que era normal si en algún punto de la terapia el paciente desarrollaba sentimientos por el terapeuta, algo llamado transferencia, esto dado el hecho de que el paciente comenzaba a ver en su terapeuta a alguien en quien puede confiar como ningún otro, era aquella persona que le permitía ser libre y le ayudaba a solucionar sus problemas, pero no es como que esos sentimientos sean reales, es simplemente una proyecciones de todo aquello que es importante para el paciente.

Así que llegó a la conclusión de que después de su crisis, y de que Jurina hubiera estado con ella dándole la seguridad y protección que siempre había estado buscando desde su secuestro, comenzó a desarrollar una transferencia hacía ella. Esa era la única explicación a la que pudo llegar después de que a cada lugar que iba en aquel gigante edificio, no podía dejar de pensar en cómo se sentiría ir allí con Jurina.

El sonido de la puerta robó su atención del paisaje, dándole paso a una mujer de alrededor de 65 años, montada en un par de tacones que la hacía ver incluso más alta de lo que ya era, pantalón negro de rayas blancas y un blazer negro sobre una camisa amarilla; cabello lacio y negro caía como una cascada sobre sus hombros, a pesar de su edad, su rostro apenas y tenía arrugas y se podía ver con facilidad que en su juventud había sido muy hermosa.

"Rena cariño"

Se llamaba Matsuoka Rio, y era la secretaria de Jurina.

A pesar de que solo se conocían de hace poco más de dos semanas, la mujer ya se había encariñado con ella y por su parte puede decir lo mismo, había algo maternal en la manera en como la trataba que la hacía sentirse en casa. Han sido varias las horas en las que se han sentado a tomar algún café mientras comían galletas. Rio-san tenía una obsesión con sus dos poodles y se pasaba la mayor parte del tiempo mostrándole fotos de ellos, su esposo compartía la misma pasión, así que las fotos en familia llegaban a ser hasta jocosas, con los dos caninos disfrazados de marineros junto a la capitana (Rio-san) y un pirata (el esposo que se llamaba Bill, al parecer era extranjero). La mujer definitivamente había jugado un papel protagónico en hacerla sentir cómoda en el lugar, y podía ver que también se preocupaba por Jurina como si fuese su propia nieta, había algo en la secretaria que siempre parecía estar buscando cuidar de los otros.

"Jurina-sama me dijo que te informara que te puedes adelantar e ir al auto"

Raro, definitivamente era raro, pero no le dio muchas vueltas tal vez tenía prisa y quería ganar cualquier minuto posible.

"De acuerdo, gracias por avisarme" Le dedicó una sonrisa a la mujer, recibiendo el mismo gesto como respuesta "Nos vemos la próxima semana"

"Claro que sí, sigue cuidando de Jurina-sama"

Y se despidió con un guiño antes de que pudiera discutir una vez más el asunto, porque Rio-san estaba tan segura como que el agua moja, que ella y Jurina estaban en una relación, y no importa cuántas veces le hubiera explicado que solo estudiaban juntas y que la más joven la estaba ayudando a transportarse por un tiempo, la mujer solo le daba una sonrisa pícara mientras asentía, como si le estuviera diciendo que su secreto estaba seguro con ella.

Tomo su mochila, su muy pesada mochila, no solía cargar con su portátil a menos de que fuera enteramente necesario por alguna razón, su cuerpo no está diseñado para cargar con tanto, ya que también se le sumaban texto y libros que no se encontraban en pdf. Ya ha logrado acostumbrarse un poco, pero aún recuerda el primer día y su muy fallido intento de obtener que Jurina la ayudara.

(Sus dos hombros le dolían, no importaba cuantas veces cambiara de hombro la correa para darle un respiro al otro, nada la libraba del constante palpitar de sus músculos. Estaban caminando hacia el auto y todavía les faltaba un par de bloques más, pero gracias a que su universidad es innecesariamente grande – ni siquiera hay tantos estudiantes para ocupar tanto espacio – el camino iba a ser más largo de lo que debería.

Jurina iba un par de pasos por delante, su mirada había estado fija en su celular después de acabar con una llamada. Por lo que sabía, hoy solo tenía una clase, su bolso debía estar bastante ligero, y por lo que podía ver desde atrás, lo estaba. Así que siendo la genio que ella es, se le ocurrió la idea de que Jurina la podría ayudar a llevar su bolso hasta el auto, después de todo ella es la de los músculos.

Acelero su paso hasta estar junto a la más joven "Ah, mis hombros duelen" Se quejó en voz alta, cambiando una vez más la correa de hombro "Mi bolso está demasiado pesado" Más obvia no podía ser.

Pero una rápida mirada de reojo le reveló que Jurina ni siquiera había despegado sus ojos del celular. Primer golpe a su ego, si es que aún tenía uno, Jurina era especialmente buena en acabar con él.

Tomo un respiro, lo iba a volver a intentar. Golpeo ligeramente el hombro de Jurina con el suyo, esperando al menos por fin ser vista "Se me van a caer lo brazos" Volvió a lamentarse, y estaba vez estaba segura de la más alta lo había notado.

Se quedaron en silencio por un momento, miradas la una sobre la otra, expectantes y hasta desafiantes. Jurina fue la que reaccionó primero, resoplando como si de verdad hubiera intentando contener una risa, levantando una de sus cejas en incredulidad.

"No pretenderás que te lo lleve o si" Sus labios se estiraban divertidos en una sonrisa de lado, como si realmente Rena no hubiera podido ser más ridícula.

Sintió como el calor se le subía a la cabeza. Segundo golpe a su ego "Pues perdón por pensar que podías ser una buena persona de vez en cuando" No pudo evitar morder su lengua un poco.

"No seas llorona ya casi llegamos al auto"

Se le adelantó a Jurina con pasos enfadados, ajustando con fuerza la correa sobre su hombro, jurándose a sí misma que nunca más iba a volver a pedir su ayuda.)

Aunque después de dos días puede que se hubiera acostumbrado, así que puede que Jurina tuviera la razón, pero eso lo iba a dejar en un puede del que Jurina jamás se iba a enterar.

Llegó hasta el oscuro y amplio sótano, una vez más, el Wrangler negro mate era uno de los pocos autos restantes. No se podía ver ni una sola alma más alrededor y sus pasos hacían eco, hacía bastante frío y de algún lugar entraba una ráfaga de viento que empeoraba la temperatura otoñal, era bastante escalofriante si se ponía a pensar en ello, con las luces tenues y todo.

No fueron más de un par de minutos los que espero recostada al auto, cuando unos apurados pasos volvieron a resonar en el espacio. Sus ojos divisaron a Jurina, y debe decir que más aspectos inusuales se sumaron a la situación. La más joven pasaba su mano por su cabello en lo que se podía definir como angustia, sus manos jugaban con su celular, estaba ansiosa y podría decir que hasta nerviosa, era raro poder leerla tan fácil, pero su rostro lo develaba todo, algo la preocupaba.

"Hola" Le faltó un poco la respiración y miraba a su alrededor, sus ojos inspeccionando los alrededores con intranquilidad.

"¿Estas bien?" Jurina estaba parada al frente suyo al lado del asiento del copiloto, definitivamente algo había pasado.

"Necesito que vayas atrás" Le dijo ya estando más calmada. Su ceño se frunció al escucharla, y la confusión aumentó "Alguien más a venir con nosotras" Jurina había regresado a su estado natural, con su mirada apagada y expresión tensa, quizás un poco más tensa de lo normal.

"De acuerdo"

Aunque no estaba muy segura, no quiso preguntar más, debía ser alguien importante como para poner a Jurina en ese estado. Entraron al auto, y se instauro un silencio incomodo que no sentía desde hace mucho tiempo. La otra Matsui tocaba insistentemente su labio inferior, golpeteaba constantemente la palanca, el volante, su pierna, y cualquier otra cosa que estuviera a la mano, su intranquilidad llenaba todo el aire y comenzaba a molestarla, no se pudo aguantar más.

"¿Puedo saber a quién estamos esperando?"

Los ojos de Jurina la miraron a través del retrovisor "A Matsui Masao"

Así de cortante, sin ninguna explicación más profunda de quién era la persona, aun así, no había necesidad de tal cosa; después de forzar un poco su memoria, supo exactamente de quien estaban hablando.

"Espera, ¿Acaso ese no es tu padre?"

"Si, si lo es"

La puerta del copiloto se abrió antes de que pudiera terminar de procesar, y el mismísimo Matsui Masao apareció frente a sus ojos.

Lo había visto un par de veces en televisión, cuando comenzó su camino en la política estuvo en la boca de los medios por bastante tiempo, nadie nunca se esperó que el Gerente de uno de los hospitales más importantes de Tokyo fuese a incursionar en el mundo de la política y de manera tan abrupta, era demasiado repentino cuando nunca antes había mostrado algún interés o tenido alguna interacción con todo lo que respecta al gobierno.

Sabía que no debía pasar de los cincuenta años, había escuchado que se había hecho padre a una edad muy temprana. Debía medir alrededor de 180 cm, era casi de la misma altura que el Jeep, demasiado alto para ser de descendencia puramente asiática. Su corto cabello, que estaba perfectamente arreglado, ya estaba completamente pintado de blanco consecuencia de años de sobreesfuerzos y estrés, su rostro tenía unas facciones ásperas y rígidas, propias de un hombre que mucho ha visto y mucho ha hecho, a pesar de que sus ojos eran de un color marrón claro, no se podía ver ningún destello de brillo en ellos, sino un extenso desierto, completamente vacíos y gélidos.

No había un solo imperfecto en la imagen de Matsui Masao, ni una sola arruga en su impecable y costoso traje, ningún rastro de barba en su barbilla, hasta sus movimientos denotaban cierto refinamiento.

Debe decir que físicamente Jurina no se parece mucho a su padre, discernían en más de un aspecto, el color de la piel por ejemplo, el del hombre era un par de tonos más oscuro que el de la pálida piel de la joven, el color de los ojos que era más profundo en los de Jurina, y en general, no había mucha similitud en sus facciones, siendo en Jurina, aunque bien definidas, más delicadas, mientras que en el del hombre más rusticas.

Pero si en algo coincidían, eso tenía que ser en la tensión que le imprimían al ambiente con tan solo estar presente.

"Buenas noches" Se dirigió a ella una vez la vio en el asiento trasero. Su voz era demasiado profunda y ronca, pero también algo imponente, y sin una pizca de amigabilidad, era intimidante, mucho.

Ahora es que comenzaba a entender algunas cosas de Jurina.

"Buenas noches" Agacho su cabeza y su tronco intentando mostrar tanto respeto como pudo, sabía que estaba en presencia de alguien importante, y aterrador.

"Jurina" Ese fue su único saludo hacía su hija mientras se montaba al auto, sin tan siquiera una sonrisa o una mirada cálida.

"Buenas noches padre" Qué tipo de escena estaba presenciando, porque no podía ser una entre un padre y una hija.

Quince minutos más tarde y Rena sentía que no podría soportar un segundo más estando en el mismo espacio que Matsui Jurina y su padre. Cada instante del tortuoso camino habían estado hablando todo el tiempo del hospital, algo sobre los lineamientos para la construcción de un nuevo laboratorio en el ala sur-oeste y la posible financiación de una investigación en conjunto con una Universidad de Nagoya; pero eso no era lo peor de todo, sino aquella tensión que reinaba que llegaba a sofocarla.

Entre ambos no se sentía haber la más mínima cercanía de padre-hija, sino que más bien parecían simples colegas de trabajo; tonos planos y secos, miradas desabridas y distantes, se atrevería a decir que ambos solo querían acabar con la conversación y no tener que volver a verse sino hasta que fuera necesario. El hombre lanzaba constantemente pregunta tras pregunta a su hija, como si estuviera buscando la más mínima falla, un escrutinio minucioso que inspeccionaba hasta el más diminuto detalle y hasta la más escondida esquina por algo que estuviera mal; y a pesar de que Jurina contrarrestaba de manera inmediata con su respuesta, no era la misma Jurina de siempre y se notaba, podía percibir su inseguridad a través de lo tensos que se veían sus dedos alrededor del volante, en como tragaba profundo y se limpiaba el sudor de sus manos en el pantalón cuando se detenían en una luz roja, como se sentía pequeña ante la presencia de su padre que parecía poder tragársela.

Era abrumador, la presión llegaba hasta sus hombros y le oprimía el pecho, era incómodo y agobiante, no podía esperar a que llegaran a donde fuera que se estuvieran dirigiendo, no reconocía el camino y eso lo hacía aún más estresante, no podía saber cuánto tiempo restaba para que se acabara ese calvario.

Hace mucho habían salido del centro de la ciudad y de sus cercanías, para dar paso a varios minutos de subir por una colina. Un par de pequeños centros comerciales con pocas personas alrededor adornaban el camino, junto con varios restaurantes que realmente no parecían tener mucha clientela, pero que tan solo con la decoración del exterior, en su mayoría una combinación de cristal, vidrio y mármol blanco, se podía predecir que el menú debía tener varios platos en francés, que tenía un código de vestimenta y que solo cierto tipo de personas pensaban en tan solo poner un pie adentro. Finalmente, el camino se volvió llano y comenzó a volverse el de una zona residencial después de pasar un puesto de control, el cual pudieron cruzar una vez la matricula del auto fue escaneada en cuestión de unos pocos segundos. No tenía idea de dónde estaban, pero por la manera en que literalmente cada casa, o más bien mansión, podía fácilmente ser más grande, mucho más grande que la biblioteca de su Universidad – que ya es mucho decir de por si – y que el espacio que separaba cada construcción podía fácilmente contener dos bibliotecas más, se le hizo claro que no era un lugar en el que cualquier persona podía vivir.

La conversación sobre presupuestos y directrices se había agotado, y ahora Rena estaba en medio de un sepulcral silencio; no sabía si era apropiado intentar hablar y aliviar un poco la tensión, el señor Matsui era mucho más intimidante que su hija, tanto que hacía a Jurina parecer una pequeña niña que simplemente no quiere compartir sus juguetes con nadie más.

El hombre mantenía su mirada en la ventana, lejos en algún lugar dentro de la oscuridad, tocando ligeramente la punta de su nariz, con que de ahí sale el hábito de Jurina.

"¿No has hablado con Miru?" Matsui Masao alzó su voz, girando su rostro hacía Jurina, ahora todos los ojos sobre la joven, que se puso aún más rígida sobre su asiento, señales de que prefería ser bombardeada con preguntas sobre su trabajo que tener que hablar de la tal Miru.

"Ya le he dicho que no tengo nada que hablar con ella" A pesar de que hasta el momento Jurina había mantenido la calma, en esta ocasión su tono ganó un nivel más de irritación.

Miru, aquel nombre quedó retumbando en su memoria, sentía que lo había escuchado, pero no podía decir con precisión dónde ni por qué, ni tampoco ponerle un rostro.

"Tienes que arreglar las cosas con ella" Aún y con el tono agobiado de la más joven, el hombre seguía mostrándose tan imponente como solo alguien como mucho poder lo puede estar "He escuchado que ha estado mal de salud últimamente, ve a hacerle la visita y habla con ella" No era un consejo, era más bien una orden con todo el despotismo y la tranquilidad que podía caber en el cuerpo de una persona.

Impotencia, eso era lo que cubría todos los poros de Rena al ver como Jurina era tan fácilmente subyugada, no sabía muy bien quien era esta Miru, pero la manera en como aquel dictador parecía querer controlar la voluntad de Jurina hacía que le hirviera la sangre.

Se removió en su asiento, intentando controlar la necesidad de decirle unas cuantas palabras no muy amigables al padre de Jurina, sabía que no era de su incumbencia, pero no pudo evitar el enojo frente a la situación, ¿Por qué trataba a su hija como si fuera una empleada más? ¿Por qué busca cualquier error como si estuviera deseando que suceda? ¿Quién rayos es Miru y por qué altera tanto a Jurina?

"¿Cuál era tú nombre?" Por primera vez en todo el viaje, el señor Matsui le estaba hablando más allá de los saludos formales, sus miradas conectadas a través del retrovisor.

Tragó profundo, cómo es que Jurina aguantaba esa presión "Matsui Rena" Se sentía vulnerable, juzgada de todas las maneras bajo los claros ojos del hombre, y sintió un escalofrío correr por su espalda cuando entrecerró su mirada, inspeccionándola aún más.

"¿No serás la hija de Matsui Shou o sí?" No solo cautela se posó en las palabras del señor Matsui sino también una especie de emoción, un pequeño brillo se asomó en la esquina de su iris, y Rena no sabía realmente como sentirse.

"Si él es mi padre" Y finalmente pudo vislumbrar por primera vez un atisbe de dicha en el rígido rostro, sus cejas se alzaron y sus labios se curvaron, como si hubiera descubierto una pequeña joya.

Rena supo de inmediato que estaba sucediendo, después de todo, de eso se trataban sus vidas, del valor que su apellido pudiera tener, de la cantidad de veces que aparece en los periódicos, de la cantidad de ceros al final de su cuenta bancaria. Su padre estaba más que establecido en el mundo en que Matsui Masao estaba apenas comenzando a caminar, así que por el momento, Rena sabía que tenía la reputación a su favor.

"Ya veo" Definitivamente su mente había comenzado a mover engranajes "He hablado con él unas cuantas veces, es un muy buen hombre"

"Ya llegamos padre" Después de pasar por un puesto de control más, si había contado bien fueron tres en total, el auto se detuvo frente a lo que parecía la última mansión de la zona residencial.

Jurina condujo el auto a través del extravagante portón, dejando así ver a la lejanía una estructura que fácilmente era del tamaño de la Casa Blanca. Las luces iluminaban el frente, posando toda la atención en un pequeño pero muy bien cuidado jardín que adornaba el rostro de la mansión al igual que la entrada para autos, que consistía en un camino en forma de U invertida, con los colores de las flores lavanda, Petunias y Cosmos en el centro. Frente a la entrada al lugar, estaba estacionado un Audi A8 negro, un hombre con un traje del mismo color recostado sobre éste, retomando en un parpadeo su postura erguida en cuanto el Jeep negro mate entró en su visión.

El auto se detuvo a un lado del Audi, desde allí Rena podía apreciar el detalle de la fachada. El elegante diseño de rosas que tallaba los pilares alrededor de la puerta, los brillantes azulejos de porcelana que reflejaban la delicada iluminación, y finalmente la puerta de ébano con detalles dorados.

¿De verdad Jurina creció en un lugar así?

Estaría mintiendo descaradamente si digiera que no estaba asombrada, a pesar de que toda su vida ha estado rodeada de extravagancias y derroches, la casa en la que ha vivido desde que era una niña no es exactamente pequeña, y tampoco es como que vivan en una zona de clase media, pero esto era un nuevo nivel de excentricidad, era la última forma del capitalismo hecha casa, la sensación de aristocracia abundaba en cada tornillo, y se sentía como el Príncipe de Bel Air llegando a los Ángeles.

"Te estaré llamando"

La puerta del copiloto abriéndose regreso su mente a tierra.

"Que tengan una buena noche" El Señor Matsui las miro por una última vez con una sonrisa forzada que estaría mejor sin.

El hombre hizo su camino hasta la puerta en dónde desapareció finalmente, sin ningún tipo de gracias o cualquier muestra del más mínimo afecto para con su hija. El silencio que habitaba en el lugar hacía que Rena se preguntara de la soledad que se debe sentir dentro de esas cuatro enormes paredes, cuando hasta el momento la única persona de más que se podía ver era la que suponía el guardaespaldas, quien continuaba con su reverencia de unos perfectos noventa grados en dirección a ellas.

"¿No quieres cambiar de asiento?"

Rena seguía con la mente entumecida por todo lo que acababa de presenciar desde que Matsui Masao había hecho presencia. Jurina tenía su rostro girado hacía ella, con las luces del auto acentuando sus facciones. No sabe muy bien si se deba a que se sentía aturdida, con sus sentidos revoloteando por todo el lugar, pero casi podría jurar que más que una pregunta, la más joven le estaba pidiendo que estuviera a su lado, sus ojos y su rostro no tenían la solidez que acostumbraba, y su voz se sentía débil, luchando por volver a construir sus fortalezas tan rápido como sea posible.

"Si" Se sorprendió al verse soltando un aire que no sabía que estaba conteniendo, aliviándose al sentir que la presión en el aire finalmente se estaba disipando.

Regresaron por el mismo camino en medio del silencio, sabía que Jurina había quedado de alguna manera afectada, sus dedos seguían tan ceñidos alrededor del volante que podía ver a sus nudillos perdiendo toda la sangre. Jurina disfrutaba de conducir, no solo se lo había dicho en una de sus paradas a comer algo en medio de la noche, sino que también lo podía notar, en como todo su cuerpo se tranquilizaba y suspiraba plácidamente, en cómo su auto siempre estaba en perfecta condición y le advertía como si fuera la mismísima muerte que se arrepentiría si llegaba a derramar algo sobre el asiento. Así que verla removiéndose en el asiento con impaciencia en cada luz roja, con todo su cuerpo tenso, con las ganas de simplemente llegar a casa y desahogarse escrito en toda la frente, le daban todas las pistas a Rena para saber que la más joven no estaba bien.

Cada vez se volvía mejor en aquello de leer sus pequeños detalles.

Esperó entonces por unos cuantos minutos por el momento en que Jurina decidiera decir algo, lo más mínimo, así fuese una queja, como que el camino era muy oscuro, porque Rena sabía que le molestaba no poder ver las señales desde lejos, pero cuándo ha Jurina tomado la iniciativa en cualquier cosa que tenga que ver con ella hablando de sí misma. Así que nuevamente, era su turno de hacer las preguntas.

"Así que no vives con tus padres…" Fue algo que ya había deducido, había experimentado la presencia del Señor Matsui y la dinámica que tenía con Jurina, así que no la asombraba realmente que ésta hubiera decidido tomar sus cosas y buscar un poco de paz alejada del hombre "¿Vives sola?"

"Desde los 16 años"

Ahora, eso sí que la sorprendía.

"¿No es eso demasiado pronto?"

"¿Enserio? Yo sentí que me tardé una eternidad"

La seriedad con la que lo decía, impregnando a su vez unas gotas de veneno, daban a entender como si la Matsui Casa Blanca de verdad fuera un infierno, y no se había mudado en búsqueda de independencia y la sensación de libertad y madurez (como Yuki lo había hecho), sino que más bien había huido de allí a la primera oportunidad que se le había presentado.

De su boca salió una risa incomoda, sus intentos habían sido contraproducentes y ahora podía percibir no solo la ansiedad de Jurina, sino también un creciente enojo, probablemente por haberla hecho recordar los días en que vivía con sus padres, y sabía que lo mejor era quedarse callada, dejar que la más joven calmara sus emociones como seguramente lo ha hecho muchas veces en el pasado, pero siendo ella misma, su impaciencia no lo iba a permitir.

"Tú padre es un poco… intenso" No supo cómo más describirlo, porque no tenía la intención de mentir y decir que le había agradado, pero tampoco quería salta a insultarlo, no tan pronto.

Jurina se quedó en silencio, y Rena comenzaba a sentirse a sí misma entrar en pánico, quizás esta vez sí lo había arruinado, su necedad se le había salido de las manos, debió haber escuchado a la última neurona que le decía que se callara. El auto, en medio de la desolada carreta en la noche, se detuvo en una luz roja, y el pánico comenzó a ser más real cuando la más joven dejo caer su cabeza sobre sus manos en el volante, cubriendo todo su rostro con su cabello, un largo y pesado suspiro dejando sus labios.

"Tan solo es demasiado estricto, eso es todo" Pero Rena sabía que eso no era todo, no lo podía ser, no con cómo lucía tan abatida, y ahora era en ella en quien el enojo crecía.

Sin dudarlo, estiro su mano derecha, enredando sus dedos dentro de los azabaches hilos de cabello, viendo como el cuerpo de Jurina se sobresaltaba ante el repentino contacto, pero inmediatamente se relajaba con las caricias que le siguieron.

La luz cambió a verde, pero el único movimiento era el de los dedos de Rena sobre el sedoso cabello, caricias que se desviaban y rozaban la piel de la más joven. Rena se preguntaba, cuántas veces Jurina se ha visto así, tan vulnerable, tan desamparada, tan solitaria, en su casi vacía oficina quedándose hasta altas horas de la noche, en su auto en una carretera desolada, en esa gran mansión, y le dolía el pecho al imaginarlo, y las ganas de abrazarla se volvían insoportables.

"Jurina, habla conmigo" No le importó que su voz sonara como un suplico, porque quería que dejara de poner tantas gruesas paredes entre ellas, quería que le permitiera verla, conocer todo de ella y recibirlo.

Finalmente, el rostro de la otra se giró hacia ella, permitiéndole ver su debilidad, y entonces la vio, era tan solo una pequeña niña que se había obligado a ser fuerte.

"Es agotador"

Sintió un nudo en su garganta, se veía tan frágil que casi dudaba de lo que sus ojos veían y sus oídos escuchaban; no supo cómo responder, no quería presionarla a hablar, así que solo pudo mantenerle la mirada, esperando que de alguna manera supiera que estaba allí, así como la más joven lo estuvo para ella.

Lo que sea que estuviera haciendo a su corazón latir con tanta fuerza, tenía que detenerse, porque sentía que podía estallar en cualquier momento y nada bueno pasa cuando la impulsividad toma control de sus acciones.

El momento se rompió cuando el claxon de un auto hizo que ambas dieran un respingo en sus asientos, y Jurina acelero tan pronto como pudo. De todos los carriles que hay libres tenía que hacerse detrás de nosotras. Maldijo al pequeño hombre que conducía la 4x4 que lo hacía ver incluso más diminuto detrás del volante.

"Vamos por unas malteadas, yo invito" Si algo había descubierto, era que la falta de gusto de Jurina por el café era reemplazado por una obsesión por la malteada de vainilla.

La más joven rio ligeramente, dándole una divertida y corta mirada de reojo "Eso suena bien"


Rena tenía su dedo sobre el gatillo mientras intentaba como podía ver a través de la máscara protectora qué había más allá de las estructuras inflables, cada vez que respiraba aumentaba el calor que comenzaba a empañar su visión. Intentó dar un pequeño pasó adelante, lo suficiente para tener una mejor vista, pero teniendo la precaución de no ser descubierta; el silencio que había le inquietaba y la ponía aún más nerviosa, sentía que en cualquier momento alguien podía aparecer a su espalda.

Sabía que aún deberían quedar al menos tres personas en el otro equipo, pero el campo era tan grande que puede que se hubiera perdido alguna baja en el agitado inicio. La verdad no quería moverse, prefería quedarse en su lugar hasta que acabara el juego y pudiera salir de aquello en que se había metido sin darse cuenta, tal vez debería rendirse, decir que algo estaba mal con su marcadora, pero Mayu la mataría si llegara a hacerlo.

La más bajita había corrido por el camino de su izquierda, en la dirección hacia el pequeño inflable en forma de X, porque según ella, nadie se espera que alguien que no sea del tamaño de una niña de 13 años se esconda allí, así que era una ventaja para ella. Por su parte, fue asignada a quedarse atrás y, esperar, supone ella.

Finalmente, y después de quién sabe cuánto, escucho el aire comprimido disparando las pequeñas bolas, junto con el rosar del traje de protección, y por último, algo o más bien alguien siendo impactado. Cuando a su derecha vio salir a una chica que estaba en su equipo, el miedo se volvió real, y sus instintos le gritaron que tenía que correr. Giro sus pasos tan silenciosamente como pudo, mirando a todos los lados antes de hacer un salto de fe y moverse hasta la pared inflable que tenía diagonal a su izquierda; no había nadie a la vista, pero eso era aún más inquietante porque sabía que tenían que estar cerca aún si no los podía ver, y esa incertidumbre le generaba una intranquilidad de niveles astronómicos.

Corrió tan rápido como pudo, odiaba todo de esto, estaba sudada, sus brazos dolían de haber estado cargando y apuntando por tanto tiempo con la maldita pistolita, sus zapatos estaban sucios y mejor no pensar en la proveniencia del traje que le habían prestado, que si debe mencionar, tampoco es muy lindo para su gusto.

Justo cuando creyó que había logrado su objetivo de llegar a un lugar seguro, volvió a escuchar el desencadenar de los pequeños proyectiles, esta vez, viniendo de su izquierda, y si sus cálculos estaban bien, si la siguiente persona en salir del campo era alguien de su equipo, eso significaría que estaba completamente sola, y para hacerlo peor, rodeada. Fueron unos segundos llenos de tensión, esperando por el resultado del enfrentamiento.

"RENA CORRE"

Fue la voz de Mayu la que le gritó, y ahí fue cuando lo supo, estaba jodida.

No sabía qué hacer, estaba desesperada por salir de allí ni siquiera le gustaba el paintball nunca en su vida tuvo el deseo de jugarlo. Cuando Mayu le escribió para que salieran juntas como lo habían prometido hace ya varios días, se imaginó yendo al centro comercial comprando lindos trajes que la hicieran sentir linda, probar perfumes y una que otra pieza de joyería, arreglar sus uñas porque ha pasado mucho tiempo desde la última vez que lo hizo, y comprar una máquina de masajes de esas que usa en la sala de masajes del hospital y que hace magia en sus hombros, tomarse un café después de ir a su restaurante de comida marina favorita, y acabar el día con una parada a la zona de juegos.

Pero Mayu la había llevado a varios kilómetros fuera de la ciudad, a un extenso campo con varias personas que no conocía, entregándole una pistolita de bolas de pintura (o marcadora como le había insistido que se llamaba), un feo traje color tierra, por no describirlo de otra manera (que tenía que ser de ese color para evitar ser vista lo mejor posible), un pesado peto (para seguridad), y una máscara que empeoraba aún más su muy gastada visión. Diez minutos de explicaciones básicas de las reglas y un par de tips y la lanzó al campo de guerra a su suerte dándole unas palmaditas en la espalda asegurándole que iba a estar bien.

Ya había tenido suficiente, era la quinta y última partida del día, había estado haciendo su mejor esfuerzo para no ser golpeada con las bolas de pintura y no ser un costal dentro del equipo, ambas cosas al mismo tiempo, ya su cuerpo le dolía y solo quería acabar con todo, tampoco era como que de un momento a otro se iba a volver una profesional y acabar con los enemigos que quedaban, así que lo mejor era darse por vencida y evitarse problemas.

Se preparó para salir caminando con su marcadora arriba, demostrando así que se estaba rindiendo, pero en cuanto giro a su izquierda, y vio la alta figura de un hombre apuntando hacia ella, entro en pánico, y apretó tan fuerte el dedo que estaba en el gatillo como el grito que acababa de salir de su garganta. Sobra decir que las bolas de pintura salieron disparadas para todas partes sin atinar siquiera al del otro equipo, quien por el contrario, si tenía puntería y acertó una pequeña ráfaga en el cuerpo de Rena.

Perdieron el último encuentro, pero Rena había ganado una bonita mancha rosa en su traje y seguramente algún moretón.

"Rena-chan lo hiciste increíble creo que tienes talento para esto" La sonrisa de Mayu era totalmente diferente al lúgubre ánimo de Rena, que seguía con una bolsa de hielo sobre su muslo, lugar donde había impactado las bolas del fino plástico.

La más bajita llevaba una bandana alrededor de cabeza, un par de líneas dibujadas bajo sus ojos y su cabello en una alta cola de caballo, moviéndose con total naturalidad por la zona de descanso que estaba por fuera del campo de batalla. Por como saludaba a todas las personas alrededor, Rena supuso que frecuentaba bastante el lugar.

"Si con talento te refieres a quedarme quieta y esperar a que pasen los problemas, entonces sí creo que soy bastante buena en eso" Aceptó dichosa la Coca-Cola que Mayu le llevó.

Mayu rio ante su comentario sentándose frente a ella al otro lado de la pequeña mesa "Tienes muy buena puntería acabaste con más de uno al inicio cuando hacías spray, fue buena decisión ponerte allí"

Una de sus tareas no solo era quedarse atrás una vez se diera inicio al juego, sino que también debía disparar al equipo que salía corriendo al otro lado mientras el suyo hacía lo mismo, debe admitir que haberle dado a alguien en su primera partida se sintió muy bien.

"Gracias por el cumplido, pero la próxima vez preferiría animarte" Dijo dándole una mirada más al pequeño pero oscuro círculo morado que se había formado en su pierna "Pero fue divertido, gracias por invitarme" Dentro de todo, dispararle a alguien con bolitas de pintura tenía su encanto.

"Me alegra que hayas venido, yo también me divertí"

Compartieron una sonrisa. Rena era hija única, pero creía que así es como debía sentirse tener una hermana. Era divertido pasar tiempo con Mayu, habían conectado fácilmente, tanto que sentía que la conocía desde hace años y podía confiar en ella; después de su última crisis la más bajita al haber estado con Yuki cuando todo sucedió, también se había enterado de su trauma, lo que en realidad ayudo a volverlas más cercanas. Ahora Rena tiene una persona más con la que se sentía segura.

"En realidad, hay algo de lo que quiero hablarte"

Mayu mantuvo su sonrisa tanto como pudo, pero Rena notó también el nerviosismo que había allí camuflado, últimamente todo el mundo tiene algo que decirle, por lo menos espera que no sean malas noticias.

"Soy toda odios"

Dio un largo sorbo a su bebida, disfrutando de la sensación gaseosa en su garganta, lo que le hizo recordar que Jurina no tomaba gaseosas porque no le gustaba sentir como su garganta se quemaba, y que disfrutarlo era un comportamiento que rozaba el masoquismo e iba en contra de la preservación del bien estar del cuerpo. Jurina y sus muy cuestionables gustos y explicaciones nunca dejaran de sorprenderla y entretenerla en cierto sentido.

"Veras, eh, no sé, no sé si lo habrás notado, pero Yuki, Yuki y yo nos hemos vuelto algo… cercanas" Su rostro se encogió en confusión, no esperaba que su mejor amiga fuera traída en la conversación "Y pues, estaba pensando en, en, yo me preguntaba si" Mayu jugaba con la botella entre sus manos, mirando a todos lados menos en su dirección, y era algo graciosos verla en esa situación tan inusual "¿Si estás bien con que le pida ser mi novia?"

Hubo un silencio que duró unos tres segundos, para después ser llenado con su sonora carcajada.

"¿De verdad me estas pidiendo permiso para salir con Yuki?" Dijo entre risas "No soy su madre sabes"

"Pero ya sabes lo que dicen, primero tienes que ganar el visto bueno de la mejor amiga"

"¿Entonces solo intentas ser mi amiga para poder acercarte a Yuki?" Intentó sonar lo más genuina y dramáticamente posible, viendo como el horror cubría el rostro de Mayu después de sus palabras, no pudo evitar volver a reír más. Se calmó tan rápido como pudo, la más bajita ya comenzaba a verse abrumada "Claro que tienes mi bendición o lo que sea, no creo que haya nadie mejor para Yuki antes creo que se han tardado mucho para dar el siguiente paso"

Felicidad y alivio se esparció por todo el rostro de Mayu, era lindo ver que la tenía en cuenta en cuanto a su relación con Yuki, porque es cierto que no dudaría en desaparecer por sus propios medios a alguien que pudiera hacerle daño a su amiga.

"Tienes todo mi permiso para hacer con ella todo lo que quieras" Le guiño el ojo de manera coqueta, siendo testigo que como el rostro de Mayu era envuelto en un vivo color rojo, sobra decir que una carcajada más se sumó a la cuenta del día.

"Eres de lo peor" Mayu cubrió su rostro con sus manos, pero el sonrojo llegaba hasta sus orejas y era adorable "Por si te lo preguntabas, también tienes mi apoyo con Jurina"

Su sonrisa se esfumo en cuanto el nombre de la otra Matsui fue traído a colación, recordándole que por su parte también había algo de lo que quería hablar con Mayu.

"Conocí a su padre" Dijo ignorando la insinuación de la otra, y dándole un giro de 360 grados al ambiente.

"Así que ya conoces al gran Matsui Masao" Ahora no tiene ninguna duda de que a Mayu no le agradaba el hombre, y siendo sincera, la entendía "Esperó que no haya sido grosero contigo"

"No, bueno, no del todo" La incomodidad que había sentido ante su presencia volvió a su memoria "Lo que me sorprendió fue la manera en cómo se trataba con Jurina, nunca hubiera adivinado que son familia, y aun sabiendo que lo son es difícil de creer" La otra Matsui le hablaba al hombre con formalidad, como si realmente no fuera más que su jefe, y no hay que mencionar nuevamente la frialdad del Señor Matsui.

"Siempre ha sido igual, solo le interesa que Jurina cumpla con su papel de heredera" Era interesante ver la facilidad con la que Mayu se molestaba al hablar de él, aquella misma chica que siempre traía una sonrisa como el mejor accesorio, esparciendo amabilidad por su camino, podía poner una expresión tan oscura al hablar del padre de su mejor amiga "De resto, es como si no existiera"

"Entiendo porque no te agrada" No había necesidad de rodeos, no cuando Mayu era tan obvia.

"Sé que no es un mal hombre, se ha esforzado toda su vida para mantener en alto el peso que heredó de su familia, es honesto, diligente y responsable con su trabajo, pero definitivamente no es un buen padre"

Quería saber más, quería saber qué había llevado a Mayu a pensar así, ¿qué es lo que había visto? ¿De qué había tenido que ser testigo?

"¿Y su madre?"

Tenía que haber algo bueno en la familia la joven, o por lo menos eso esperaba Rena, que Jurina tuviera unos brazos en los que resguardarse, alguien que hubiera estado de su lado en su niñez y la hubiera cuidado de la severidad de su padre, pero Mayu no le daba ninguna señal de que fuera diferente.

"Con su madre es… complicado" Podía notar como luchaba por decidir entre si debía hablar más o no "Ambos están separados, y digamos que Jurina quedó en medio de todo, llevándose la peor parte cuando ni siquiera tenía la culpa de nada, pero creo que eso ya es algo a lo que no tengo derecho a hablar, tendrás que hacer que Jurina te lo diga" Justo lo que pensaba.

"Solo quiero saber una cosa más" Era algo que por más que quisiera no podía sacarse de la cabeza, la estaba molestando no tener respuestas, demasiado para su gusto "¿Quién es Miru?" No ha podido lavar de su memoria la imagen de Jurina reaccionando ante el nombre de la chica, como si fuera su único catalizador.

Los ojos de Mayu se abrieron y se quedó sin palabras por un instante, claramente aturdida "¿Cómo es que la conoces?"

"El padre de Jurina la mencionó, algo de que ha tenido mala salud y que debería ir a verla y hablar con ella"

Mayu froto su rostro con sus manos, junto con un suave grito de exasperación saliendo de su garganta "Ese viejo terco, Jurina no me dijo nada" Así que la chica Miru definitivamente era alguien importante, y la más bajita parecía que tenía demasiadas cosas en la cabeza "Te lo voy a decir solamente porque sé que esa idiota nunca va a contártelo" Puso de nuevo las palmas de sus manos sobre la mesa "Miru es nuestra otra amiga de la infancia, es hija de Shiroma Yun un viejo conocido y socio de la familia Matsui tienen años de historia, la cosa es, Miru es el primer amor de Jurina"

No sabe exactamente como describir lo que sucedió con su cuerpo en ese momento. Primero, su mente se quedó en blanco, y después, su corazón volvió a hacer cosas extrañas, pero en esta ocasión no se sentía bien, sino todo lo contrario, como si pudiera vomitar en cualquier momento, pero sin sentir realmente nauseas, aun así, se sentía dando vueltas.

"Estuvieron juntas por tres años pero terminaron a finales del año pasado, Jurina nunca me quiso decir qué sucedió, Miru tampoco me dio explicaciones, solamente se fue alejando hasta el punto en que ya no tenemos contacto. Lo único que sé, es que Jurina no soporta verla y que hablar de ella le hace daño. Pero debido a que las familias de ambas son tan unidas, siguen insistiendo en que deberían regresar, temo que en algún momento no solo sean intentos, sino que las terminen obligando, y eso, eso destrozaría a Jurina, tan solo… lo sé"

Era demasiada información al mismo tiempo, y para colocar las cosas peor, era una información incompleta, porque había demasiados agujeros que necesitaba llenar para poder comprender en su totalidad. El trasfondo de la familia de Jurina, qué había sucedido con Miru, y por qué Mayu tenía una percepción de Jurina tan diferente a la de ella, ¿qué era eso que le faltaba a Rena para poder saberlo todo?

"Perdón si te estoy abrumando con mucho" Mayu tuvo que haber notado que Rena estaba teniendo problemas por seguirle el ritmo.

"No no, solo estoy un poco sorprendida" Rio secamente "Gracias por contármelo"

"Sé que tal vez hayas quedado con más preguntas que respuestas, pero deberías hablarlo con Jurina, ya sabes que puede ser un poco difícil, pero seguro te lo termina contando, ya pasas más tiempo con ella que lo que he podido pasar yo durante el último año" Había un deje de pesar en sus palabras, Mayu se preocupaba genuinamente por Jurina

Ya era hora de salir, el sol ya se estaba poniendo y les quedaban varios kilómetros hasta la ciudad.

"Lo intentare"

Eso es lo único que ha podido hacer durante los últimos meses, intentarlo, tal vez debería comenzar a hacer un poco más.