CAPITULO 13
"El dilema del Erizo"
Su cabeza se mantenía recostada sobre la ventana, con sus ojos fijos en la revista que estaba en el bolsillo trasero del asiento delantero, sin realmente estar prestando mucha atención a las letras. Lo único que pasaba por su cabeza eran las palabras de Jurina, no había podido dejar de pensar en ello desde el martes pasado.
"En los días muy fríos, dos Erizos buscan calor el uno en el otro, pero mientras más se acercan, las espinas de cada uno le hacen más daño al cuerpo del otro, así que ambos no pueden hacer más que alejarse para evitar causar y sentir dolor, pero al hacer esto el frío y la soledad regresa"
El tener que elegir entre aceptar hacer y ser dañado a cambio de obtener la calidez del otro, o simplemente quedarse solo en medio del frío, pero sabiendo que nunca tendrás que pasar por ningún otro sufrimiento. ¿Qué elegiría ella? La verdad es que aún no conoce ese tipo de dolor, su corazón aún permanecía intacto, es cierto que ha estado en relaciones no muy agradables, y su secuestro hizo que fuera difícil confiar en las personas, pero siempre tuvo a su familia a su alrededor, y sobra decir que nunca ha pensado que estando sola se siente mejor, antes por el contrario, tener los ojos sobre ella es de lo que más disfruta, y hasta puede decir que se siente segura de esa manera; así que realmente no puede pensar en una respuesta a tal dilema, no cuando no sabe que se siente que te rompan el corazón.
Pero Jurina si lo sabe, y no solo eso, también conoce muy bien lo que es la soledad, tanto que con solo mirarla puede sentirlo, el cómo camina sin la necesidad de tener a nadie a su lado, siempre varios pasos adelante, sin acercarse a nadie más allá de lo mínimo requerido para llevar a cabo su trabajo. También tuvo entre sus manos lo que parecía un amor verdadero, a alguien que estuvo con ella en todo momento, que entendía por lo que pasaba y le daba aquello que la mantenía segura durante el invierno, su zona segura. Así que Rena solo podía imaginarse, mientras hablaba con su padre, mientras veía la gigante pero vacía mansión en la que pasó su infancia, mientras escuchaba como acabaron con lo que era probablemente su único pilar, e imaginar, como para Jurina, solamente podía haber una respuesta al dilema.
"Rena hija, ya llegamos" La apacible voz de su padre le habló a su lado, y la puerta de su derecha se abría por ella junto con la aparición de una mano extendida hacia ella, ofreciendo su ayuda para salir del auto.
A pesar de que ya la había visto una vez, no pudo evitar volver a impresionarse con el tamaño de la construcción, las flores en medio del giro en U frente a la fachada seguían luciendo tan perfectas que comenzaba a dudar de que fueran reales. A diferencia de la primera vez, la entrada estaba llena de autos negros de los que salían reconocidos personajes de Japón, siendo los políticos la gran mayoría. Matsui Masao comenzaba a dar el primer paso firme dentro de aquel mundo lleno de favores, palabras bonitas y promesas.
Debe decir que recientemente no estaba acompañando a su padre a tales fiestas, extrañamente comenzaba a perderle el gusto a lo que alguna vez fue su escenario favorito, pues era en esas reuniones en las que más podía gozar de la atención, era su propio territorio y lo sabía. Pero desde hace algunos meses dejó de encontrarle tanta satisfacción a tener los ojos de desconocidos sobre ella, no es como que no lo disfrute cuando sucede, sino que simplemente ya no lo añora como solía hacerlo. Pero cuando su padre le comentó hace dos noches, que en esta ocasión el anfitrión era nada más ni nada menos que Matsui Masao, no dudó en aceptar asistir con él.
"Por aquí por favor" El alto hombre comenzó a guiarlos a su padre y a ella dentro de la Matsui Casa Blanca.
Decir que el interior era justo como lo esperaba se quedaba corto ante lo que sus ojos registraron una vez atravesado el pasillo de la entrada. Unas escaleras dividían el recibidor, partiéndose a su vez en dos en el medio, una tomando a la derecha y otra a la izquierda, pero en sentido a la entrada, dando así la sensación de estar rodeada por ellas. El gran candelabro no podía faltar, pero en esta ocasión eran tres los que colgaban del techo, esto para reponer la oscuridad que generaba el diseño de las escaleras, encantando a su vez la visión con tantas luces colgando.
"A alguien le gusta presumir" Su padre le susurro en el oído en un tono burlesco.
Matsui Shou siempre había tenido cierta renuencia al uso desmesurado de su poder y dinero, no encontraba placer en el derroche, solamente buscaba suplir sus necesidades y gustos básicos, si por su padre fuera, vivirían en un apartamento tan sencillo como fuera posible. No era un hombre que hubiera nacido en una cuna de oro, tuvo que hacerse su propio camino para llegar a donde está, y Rena admiraba que nunca olvidaba sus valores sin importar su posición, pero sus personalidades eran muy diferentes, ella se parecía más a su madre, quien por el contrario, sí que le gustaban los lujos, y al final del día, ellas es la que tiene la última palabra.
"Por aquí"
No tuvo mucho más tiempo de detallar el recibidor, el hombre los llevó por el camino del pasillo izquierdo. Todas las habitaciones estaban cerradas, aun así, Rena se preguntaba que tantas cosas podían tener como para necesitar tantas habitaciones, en la que cada puerta tenía un diseño de tallado diferente, como si cada una escondiera un secreto diferente. También hubo un tramo en el que el techo era reemplazado por un largo tragaluz, que permitía ver el cielo adornado por lo que parecían las sombras y una que otra rama de unas plantas ubicadas en algún balcón del segundo piso. Y finalmente, llegaron al vestíbulo principal lleno de personas listas para llevar conversaciones políticas.
Escaneó todo el salón, al parecer el anfitrión aún no había llegado. Un vaso de champaña fue puesto entre sus dedos, y en cuanto giro a ver a su padre, ya estaba rodeado por tres hombres, tan solo pudo reconocer a uno, aquel que destacaba por ser el más bajo entre todos, había sido el director de campaña de su padre en cada una de ellas, probablemente era uno de sus amigos más íntimos. Rena también reconoció a su hijo, el cual escuchaba atentamente la conversación, ya daba signos de que quería seguir el mismo camino que su padre; por un momento sus ojos se encontraron, no puede decir que sean amigos, pero si han hablado en diversas ocasiones, después de todo no es tan fácil encontrar personas de tu misma edad en este tipo de "fiestas", si es que lo puede llamar así.
Se quedó al lado de su padre por un tiempo, tal vez no haya seguido sus pasos y no es que le encuentre el gusto a la política, pero tampoco es que la odie, de vez en cuando no le molestaba saber que era lo que estaba pasando en su país, aun así, tenía esta sensación de ansiedad que no la dejaba desde que había pisado el salón, y su padre lo había notado.
"¿Estás buscando a alguien?" Le preguntó con un tono de voz bajo.
"No especialmente" Por lo menos no intencionalmente.
Todo se resumía a una sola persona. Matsui Jurina.
Ni siquiera sabía si iba a asistir, puede que sea la hija de Matsui Masao, pero sabe que el interés de Jurina por la política es cercano a cero, y teniendo en cuenta su relación con su padre, pocas eran las probabilidades de que lo acompañara solo porque sí. Así que no sabía que era lo que estaba buscando, lo único cierto era que el pensar en verla le generaba una especie de intranquilidad, se sentía nerviosa, pero a la misma vez la emocionaba, no podía definirlo claramente, porque tenía este deseo de verla, pero temor al mismo tiempo.
"Recuerda que si quieres irte en cualquier me puedes decir, tampoco tengo muchas ganas de escuchar como Kendo-san multiplicó sus ingresos en solo dos meses"
Sonrió ante la honestidad de su padre "Entendido"
Desde su secuestro su padre no solo se volvió más protector, sino que también comenzó a aborrecer el contacto con toda la comunidad política, sin tener que mencionar que su capacidad para confiar en alguien también disminuyó considerablemente. Así que sabía que estaba asistiendo solamente por cumplir con su deber, y que probablemente estarán en casa antes de las 11.
Varios minutos después, y reconoció la voz que no ha podido olvidar, aquella tremendamente profunda y ronca, que lograba intimidarla con tan solo un par de palabras, pero a diferencia de la primera vez que tuvo que escucharla, en esta ocasión había una pizca de carisma, y ni siquiera puede decir que estaba fingiendo, porque sus expresiones faciales no se notaban forzadas, sus facciones ásperas y rígidas ahora parecían relajarse para darle paso a sonrisas. Matsui Masao definitivamente era alguien aterrador, y Rena no tenía ninguna duda de que era perfecto en su trabajo, sin importar cual fuera.
En contra de todo pronóstico y para su sorpresa, y agrado, tal vez, aún no lo sabe, Jurina estaba junto a él. Su padre hablaba con un representante de la cámara, el hombre ya debía tener su red política bien estructurada como para que ese tipo de personas asistan a su evento, y mucho más cuando le hablaba tan amigablemente; en algún punto de la conversación el señor Matsui introdujo a Jurina, a diferencia de su padre, ella sí que estaba teniendo problemas para aparecer carismática cuando Rena sabía muy bien que no lo era, y tuvo que ahogar su risa, era muy divertido verla actuar tan poco natural, definitivamente había asistido en contra de su voluntad.
"Entonces si estabas esperando a alguien" Giró tan rápido que hasta su padre se alarmo por un instante, para después exponer una amplia sonrisa socarrona "Claro, ya estás en esa edad" Dijo fingiendo dolor en el pecho.
"Pareces un niño" Intentó mantener la compostura, de nada servía alegar con su padre, sabía que terminaría perdiendo.
"No preguntare más" Pero seguía teniendo esa sonrisa en su rostro.
Más minutos pasaron, probablemente más de una hora, y debe decir, que definitivamente no esperaba que su humor fuera a ser tan malo. Estaba irritada, estaba terriblemente irritada, y con cada minuto que pasaba podía sentir como su sangre se calentaba más y más, y lo peor de todo, era pensar en la razón de esto, porque nuevamente, todo terminaba teniendo que ver con Jurina.
Ni una sola vez, ni tan solo medio segundo, o tan siquiera lo que dura un miserable parpadeo, Jurina había puesto los ojos sobre ella. Definitivamente sabía que estaba allí, tenía que saberlo, sus ojos se encontraron por instante tan corto como el encuentro entre de dos extraños en la calle, como si realmente no la conociera, toda la atención de la más joven estaba en lo que sea que estuviera hablando la hija del representante de la cámara; era ridículo, que podía ser tan interesante como para que no pueda poner sus ojos en otro lugar. Y si no era con la chica, que ni siquiera sabe el nombre pero que definitivamente se veía mucho mayor que ambas, perseguía a su padre de círculo en círculo, en lo que llevaba de la noche, no se ha acercado a ella ni para un corto saludo.
"Recuerdo que la última vez no aceptaste ni una sola copa que te ofrecí, ¿desde cuándo te empezó a gustar la champaña tanto?" Makoto, el hijo del director de campaña de su padre se hizo a su lado
"Le he cogido el gusto últimamente" Mentira, realmente odiaba el sabor de la champaña, simplemente no era lo suyo, pero ya había perdido la cuenta de las copas que llevaba.
El chico siguió hablando de lo muy bien que le estaba yendo en la universidad y de lo increíble que estaba siendo su nueva vida en la política, sinceramente era muy poco lo que había estado escuchando. Makoto había estado a su lado desde que empezó la noche, prácticamente no había perdido oportunidad de acercársele cada vez que su padre estaba fuera del radar; si fueran unos cuantos meses atrás, ese sería su escenario favorito, sabía que fácilmente tenía toda la atención del chico, y lo podía disfrutar, su ego se regocijaría, pero las cosas son diferentes; no era la atención de un chico que apenas y conoce la que quiere, ni de todas las personas dentro de las enormes cuatro paredes que gustosas se sumergirían en ella si así lo quisiera, tan solo quería la atención de una sola persona, tan solo un par de ojos marrones le eran suficientes, y justamente esos eran los que no tenía, y el pensar en eso la irritaba aún más.
"Woah deberías ir más lento" Dijo Tatsuo después de que Rena acabara con el contenido de su copa de un solo sorbo "Allí viene tu padre"
"¿Sucede algo?" Su padre la miro con sospecha, alternando entre el chico, ella y la copa vacía entre sus dedos.
"Para nada" Aún no estaba ebria, tan solo un poco chispada, sabía sus límites, y mucho más en este tipo de eventos, no puede darse el lujo de beber todo lo que quería. Estaba considerando regresar a casa de Yuki en lugar de la suya, tenía mucho de que desahogarse.
"Ah Rena-san, sabía que te reconocía de algún lugar"
Sus ojos se abrieron al escuchar a sus espaldas una ronca y gruesa voz, sabía que iba a pasar, desde que el hombre preguntó por quién era su padre y desde que decidió asistir tuvo el presentimiento de que iba a pasar, tan solo que no era el mejor momento, porque sabía que Jurina venía con él, y en esos momentos ya no sabía si quería verla o acabar con su existencia en ese mismo lugar.
"¿Matsui-san conoce a mi hija?" Su padre habló primero, claramente confundido con la familiaridad con la que el hombre le estaba hablando a Rena.
Giro su cuerpo, y justo como lo esperaba Jurina estaba junto a su padre, su mirada fija en ella. Cómo es que puede hace eso con tanta facilidad, de pasar de pretender que son desconocidas, a mirarla con tanta profundidad que hace que se sienta invadida, no era justo, que se supone que piense, o sienta.
"Puedes llamarme por mi nombre, puede ser confuso usar nuestros apellidos"
Masao dio un paso más al frente, quedando en el límite del espacio personal, un centímetro más y terminaba de invadirlo. Así que su padre retrocedió, pero manteniendo de alguna manera su característica cortesía.
"Verás, esta es mi hija Jurina" Ésta última inclino su cabeza mientras un mucho gusto salía de sus labios. Rena casi que podía sentir como la memoria de su padre comenzaba escarbar dentro de sus recuerdos, porque ya le había hablado de Jurina una vez "Dio la casualidad de que un día mi conductor tuvo problemas, así que mi hija se ofreció a llevarme a casa, y resultó que Rena-san también iba con ella, allí fue cuando la conocí" Finalmente se explicó Masao.
En ese momento a su padre se le abrieron los ojos y hasta su boca dibujo un círculo "¿Ella es quien te esta transportando?" Realmente parecía un niño, para este punto ya se había acostumbrado, pero Jurina y su padre si quedaron aturdidos por un instante frente a la reacción desmesurada del que los medios llaman como aquel que puede llegar a ser el próximo Ministro de Japón dentro de algunos años.
"Si, es ella"
Naturalmente cuando Jiro-san renunció, su padre fue el primero en desplegarle una lista de quien sabe cuántos nombres de conductores para que escogiera, cada uno tenía mínimo 7 años de experiencia y varios logros en el mundo de la defensa personal al igual que cinturones negros. Así que fue un poco difícil cuando tuvo que explicarle que una compañera de la universidad (con un humor tremendo) iba a ser quien la iba a ayudar a transportarse. Está de sobra mencionar que en un principio sus padres se negaron, la situación era algo similar a cuando la secuestraron y no iban a dar ni la más mínima oportunidad de que sucediera de nuevo, pero con un poco de ayuda de Yuki al final pudo convencerlos, hasta que hoy en día su madre le recuerda constantemente darle las gracias a Jurina.
"He querido conocerte desde hace mucho" Su padre ahora estaba concentrado en Jurina, y puede decir que Masao se veía más que complacido.
Se estaba aburriendo, ahora resulta que Jurina y su padre se estaban volviendo mejores amigos, en algún punto terminaron hablando de autos, su padre había logrado hablar más con Jurina en cinco minutos que lo que ella pudo en la primera semana que la conoció. Hasta que en algún punto Masao los interrumpió, después de todo es él quien necesita volverse cercano a su padre, no Jurina.
"Jurina, por qué no le muestras a Rena-chan el jardín trasero, seguro le encanta"
"Claro. Fue un placer hablar con usted señor Matsui"
"Lo mismo digo, gracias por cuidar de mi hija"
"Si me disculpa, ven por aquí Rena" Y como la tonta que es, Rena no dudo ni un solo segundo en seguirla a donde sea que los infinitos pasillos del lugar la llevaran.
Caminaron hasta que las voces se volvieron apenas perceptibles. A medida que pasaban los segundos su corazón comenzaba a palpitar con más fuerza y se hacía un vacío en la boca de su estómago, se sentía mareada, probablemente todo era culpa de la champaña y el mal hábito de su cuerpo de reaccionar tarde frente al alcohol. El silencio entre ambas se estaba volviendo inusualmente incomodo, Jurina solamente miraba hacia el frente, Rena podía adivinar que su mente estaba llena de pensamientos, no es ningún misterio que cada vez que esta con su padre, algo dentro de ella se retuerce.
"Este lugar tiene demasiadas habitaciones, debe ser fácil esconder un cadáver aquí" Quiso aligerar un poco el ambiente, obviamente no fue su mejor intento.
"No me sorprendería si hubiera alguno por ahí"
Por un instante se quedó sin palabras, Jurina había hablado con total seriedad, sin una pizca de algún tipo de tono bromista. Hasta que la joven la miró de reojo, una sonrisa presumida apareciendo es sus labios después de ver el horror que empezaba a surgir en el rostro de Rena
"Es tan fácil engañarte, qué tan inocente eres"
"Eres de lo peor" Aunque no va a negar que se contagió de la sonrisa de Jurina, adoraba como sus hoyuelos podían hacerla ver tan encantadora.
"Aunque es cierto que hay algunas habitaciones a las que nunca se me permitió entrar. Esta casa es muy vieja, ha sido heredada de generación en generación, así que definitivamente debe esconder varios secretos"
Al final del pasillo, detrás de una puerta de vidrio, se podía ver como una fuente se iluminaba en el centro, rodeada de hortensias, dalias, flores de manzano, y una gran variedad más que Rena no podía nombrar. La verdad es que nunca ha sido fan de las flores, pero tiene que admitir que las vistas que le ha ofrecido la mansión han hecho que comience a entender su encanto, es difícil no hacerlo cuando todo parece sacado de una película.
"¿Entonces tú también vas a heredar todo esto?" El viento frío de otoño golpeo su cuerpo, tal vez no había sido tan buena idea haber usado un vestido de mangas cortas y abierto en la espalda.
"En teoría, pero no estoy muy interesada, no tengo muy buenos recuerdos en este lugar"
Se tomaron su tiempo en apreciar la vista, al fondo aún se podían escuchar vagamente las risas y sonido de las voces "Perdón por lo que hizo mi padre" Fue Jurina la que rompió el silencio en esta ocasión "Te usó descaradamente para poder hablar con tu padre" De todo se esperó menos que se fuera a disculpar por eso.
"No te preocupes, también te usó a ti ¿no es así? No parecía que lo estuvieras disfrutando"
"¿Se notó tanto? Creí que estaba fingiendo lo suficientemente bien"
"Quizás es porque te conozco"
"Si, tal vez sea eso"
Y ahí estaba de nuevo, esa mirada que parecía hecha solo para ella, tan llena ternura que se enlazaba con algo dentro suyo, anclándose en ella y dejándola sin aliento, pero que desaparecía tan pronto como había aparecido, abandonándola en medio de un mar de confusiones.
"¿Cuánto has tomado?" Preguntó Jurina con su ceño fruncido después de que Rena tomara un sorbo de la copa de champaña que había llevado, comenzaba a entender un poco aquello de ahogar tus penas en el alcohol.
"Unas cuantas copas" O por lo menos eso ella creía, pero Jurina no le había creído del todo. Era hora de cambiar el tema "Mayu estaba muy enojada contigo el otro día"
Su intento funcionó cuando la más joven alejó la mirada de ella, tomando un profundo respiro "Se preocupa demasiado"
"Sus razones debe tener" Si algo tenía claro, era que si nadie le ponía un pare a la otra Matsui, fácilmente podía acabar con la salud de su cuerpo, así que había llegado a la conclusión de que algo había sucedido, algo que llevó a que Mayu este tan al tanto de lo que la más joven este haciendo como si fuera una especie de vigilante, cuidando que aquello no se vuelva a repetir, y por el silencio que recibió como respuesta, supo que sus suposiciones estaban en lo correcto, y quería saberlo "¿Qué sucedió?"
Jurina la miro por unos segundos, preguntándose si debía decirle o no.
"Sabes que no estuve durante el primer semestre, verdad" Asintió, recordando la cantidad de rumores que se dieron durante el inicio del segundo semestre "En realidad, no se suponía que faltara todo el semestre, en un inicio el permiso fue hecho para solo un mes y medio, en ese tiempo iba a comenzar con la administración del hospital, así que tenía que estar concentrada en eso para poder acostumbrarme y balancearlo con la universidad, pero el proceso fue más… intenso de lo que mi cuerpo puede aguantar" Jurina sacudió su cabeza, recordando lo tonta que fue en esos momentos, con aquella mirada que te hace saber que se está juzgando a sí misma por las decisiones que tomó "En fin, sobrecargue mi cuerpo y me lo hizo saber, tuve un pre infarto de miocardio a causa del estrés excesivo, no había ni cumplido los 19 años" A pesar de que tenía una idea de que se podía tratar, nunca imaginó que hubiese sido algo tan grave "El caso es que fue Mayu la que tuvo que presenciarlo todo, ya me había estado advirtiendo por mucho tiempo que estaba trabajando mucho, todos los días iba a mi oficina a intentar hacerme descansar, sobra decir que nunca la escuché, hasta que uno de esos días fue un intenso dolor en el pecho que había empezado por mi cuello lo que me hizo detenerme a la fuerza, al final tuve que tomarme todo el semestre para tratar la arteria coronaria que estaba empezando a verse afectada, después literalmente me obligaron a tomarme al menos dos días libres de la semana, y también tengo una hora límite hasta la que puedo trabajar. Desde entonces Mayu hace todo lo que sea necesario para velar porque no vuelva a sobre cargar mi cuerpo"
Tuvo esta especie de nudo, que fue subiendo desde la boca de su estómago, hasta llegar a su garganta, dejando una sensación de ardor por su pecho, y sabía que no era por la champaña, así no se siente estar ebria, nunca antes el alcohol ha hecho que sus rodillas se sientan débiles, ni que sintiera tanto miedo. Su mano busco la de Jurina, entrelazando sus dedos en cuanto sintió el calor, dando ligeras caricias con su pulgar; no estaba intentando confortar a Jurina, sino que estaba buscando calmarse a sí misma, pues por un instante por su mente pasó la posibilidad de que la más joven simplemente hubiera desaparecido, y eso la lleno de una angustia que le heló los huesos. En qué momento la existencia de la otra Matsui se había vuelto tan valiosa para ella, que el solo hecho de imaginarla por fuera de su vida la hacía sentir nauseas.
"Mayu tenía todo el derecho a enojarse contigo, eres una idiota"
Jurina rio cortamente, aumentando el agarre de sus manos y tomando la otra "¿También te vas a volver mi vigilante?" En su rostro tenía esa misma sonrisa arrogante que tiene cuando solo esta con ella, que la hace ver tan encantadora y endemoniadamente atractiva.
"¿Estas intentando coquetear conmigo?" Acercó su cuerpo al de Jurina, tanto que pudo sentir como se le cortó la respiración a la más joven ese momento.
"Ya quisieras"
Aun así, Jurina no retrocedió ni un solo centímetro, volviendo el espacio que quedaba entre ellas en una especie de campo de batalla para sus egos, esperando a ver cuál de las dos daría el último paso. Rena tenía los labios de la más joven tan cerca que casi podía saborearlos, pero se negaba a ser quien cediera primero, aún le hacían falta más copas para hacer algo así, incluso si para ese punto ya no le molestaba admitir que se moría por saber de una vez por todas como se sentía besar a Matsui Jurina.
"mhm"
Supo que tuvo la ventaja cuando la más joven desvió la mirada hacia sus labios, tragando profundo antes de volver a sus ojos. Solo un poco más, unos cuantos centímetros menos.
"V-ven, ¿no quieres ver algunas habitaciones?"
Jurina se alejó, jalando de su mano y poniendo la otra en la parte baja de su espalda desnuda, el calor de su palma contra su fría piel hizo que una ola de electricidad viajara por todo su cuerpo llegando hasta la punta de sus dedos, dejándola enteramente descompuesta tanto por el beso que permaneció en sus deseos, como por la sensación alarmante que generaba sentir el roce de las manos de la otra Matsui sobre su piel.
Esto de que las dos fueran igual de orgullosas iba a terminar por volverla loca.
Varios minutos más tarde, y Rena reafirmaba que la champaña no era lo suyo, el efecto del alcohol en su sangre se estaba volviendo más notorio. Escuchaba que Jurina hablaba de lo que sea que significara la pintura de Marilyn Monroe bailando con el presidente de los Estados Unidos disfrazado de cerdo, por su mente solo podía pasar en lo sexy que era su voz.
Tenía un pequeño, gran problema.
"Repíteme por qué no has tomado ni una sola gota de alcohol conmigo"
Incluso en un momento que volvieron a pasar por el salón principal y el camarero se les acerco con lo que después supo era vino, Jurina no aceptó tomar ni un sorbo, sin importar cuanto intento persuadirla para que lo hiciera.
"Primero porque no me gusta beber, odio estar en un estado de conciencia alterado, y segundo, tengo que conducir"
"Aguafiestas"
"Si si lo que digas" Jurina tomo la copa llena del líquido rojo, poniéndola sobre la balaustrada del balcón, habían terminado allí porque según la más joven, Rena necesitaba tomar algo de aire "Le diré a tu padre que ya deberían irse, estas demasiado ebria"
Lo siguiente que recuerda es a Jurina arrastrándola hasta su padre, tomándola de la cintura para ayudarla a mantener el equilibrio y que no se notara tanto su estado frente a los demás invitados, el hombre mirándola con desaprobación una vez Jurina le dijera algo en el voz baja, (probablemente la esperaba un buen regaño al día siguiente) después ojeando su reloj y diciendo algo parecido a aún no puedo irme y podrías por favor llevarla. La conclusión de aquella conversación fue que ahora está sentada en el asiento de copiloto del Jeep negro mate, escuchando electric love de borns, sintiendo como si la canción le estuviera hablando solo a ella. Era como si se repitiera la misma escena de hace algunos meses, solo que en esta ocasión, tenía más que claro que le gustaba la chica que tenía al lado.
Era como si todos sus sentidos existieran únicamente por y para Jurina, cada uno de ellos híper concentrado en ella, detallando cada facción, cada movimiento, cada fragmento. Desde sus clavículas hasta lo largas que eran sus pestañas, su perfil era hermoso, lo ha sabido desde hace mucho. Lo tentadores que se veían sus labios, lo tersa que debía sentirse la piel de su cuello, casi que estaba soñando despierta, sintiendo como sería el que se detuvieran a un lado de la carretera, mover su cuerpo sobre el de ella dentro del reducido espacia, haciendo que sus cuerpos se unieran más, tomar sus labios mientras las manos de Jurina subían su vestido, y besar su cuello hasta dejar alguna marca, saber que era suya.
"Me estás viendo demasiado" Jurina daba rápidas miradas hacía ella, encontrándola siempre en la misma posición, con su cabeza reposada sobre su mano que estaba recostada sobre la puerta.
"Me gusta verte"
"¿Estas intentando coquetear conmigo?" Intentó copiar su voz, imitando la escena del jardín.
"Si" Pero si algo agradecía de estar ebria, era que su orgullo se debilitaba y le permitía decir lo que fuera que pasara por su mente sin ningún egocéntrico filtro, así que si, podía permitirse dejarle saber a Jurina que efectivamente la quería para ella.
Jurina se quedó en silencio inmediatamente, mirándola de reojo, pero manteniendo su mirada sobre ella por más tiempo. Que no daría Rena por poder leer los pensamientos en ese preciso momento.
El auto se detuvo, al mirar por la ventana se dio cuenta que ya estaba frente a su casa, pero no quería que la noche acabara aún. Giró a ver a Jurina, quien ya la estaba viendo, esperando a que bajara del auto, pero Rena pudo ver el momento exacto en que los recuerdos llegaron a su memoria, recordando la primera vez que tuvo que traer a una ebria Rena.
"¿Me vas a hacer llevarte cargada de nuevo?" Ni siquiera lo dijo con un tono de pregunta, sino más bien de afirmación, ya se había respondido a ella misma en cuanto las palabras habían dejado su boca.
"Me alegra saber que no tengo que decírtelo" Solo que en esta ocasión iba a ser algo diferente.
Aunque Jurina giro sus ojos, no se opuso, sabía que no tenía caso hacerlo. Para el momento en que la más joven dio la vuelta al auto, Rena había abierto su puerta, tomando sus tacones entre sus manos, haciendo que Jurina frunciera su ceño confundida en cuando estuvo frente a ella. Sin dar muchas explicaciones, Rena deslizó sus manos por el cuello de Jurina, sintiendo como esta se quedaba firme en su lugar en cuanto acercaba su cuerpo acabando en lo que parecía un abrazo.
"Quiero que me lleves así" Dijo mientras reposaba su cabeza en el hombro de Jurina, deleitándose con la respuesta de ésta, estaba teniendo efecto sobre el cuerpo de Jurina, y no pudo hace más que sonreír al darse cuenta de esto.
Sin decir nada, la otra Matsui la levanto del suelo, Rena envolviendo sus piernas alrededor de su cintura, aspirando la cítrica esencia que se colaba por su nariz, cerrando sus ojos y disfrutando la calidez que solo Jurina podía darle. Tal vez era su imaginación, tal vez era el alcohol, o quizás sus propios deseos jugando con su mente, pero puede jurar que el agarre de Jurina alrededor de sus piernas era más fuerte, como si estuviera controlándose a sí misma, fijándose ese limite, lo cual explicaría también el que este caminando tan rápido, desesperada por acabar con lo que está tensando su cuerpo tanto.
Ni siquiera preguntó por las llaves o por su madre que debía estar durmiendo como una piedra en la habitación del segundo piso, ¿su voz también estaba siendo afectada? Al parecer aún recordaba el camino, pues no tuvo que darle ninguna indicación del camino hacia su habitación. Por alguna razón eso hizo que su estómago hormigueara, se sentía como si Jurina perteneciera a allí, a su lado, como si ya fuera parte de su vida y fuera algo natural que caminara por su casa.
Por otra lado, por la mente de Rena solo pasaba una cosa, y era lo fácil que sería levantar su cabeza, volver realidad lo que no dejaba de soñar en el auto y tomar los labios de Jurina con los suyos. Realmente odia las cosas que no puede tener, y desde hace mucho que desea tener a Matsui Jurina.
"Rena, ya estamos en tu cuarto, ya puedes bajar" Dijo Jurina tan cerca a su oído que la hizo sentir escalofríos.
Pero ella solo aumento el agarre de sus piernas alrededor de la cintura de la otra, acariciando con su nariz el cuello de Jurina, enterrando sus dedos en su cabello. No quería que se fuera, no aún.
"No huyas de mi"
Se sorprendió a si misma cuando su voz parecía estar rogando, pero ya no le importaba. Levanto su cabeza, quedando a escasos centímetros del rostro de Jurina, la tenue luz que se filtraba por su venta le permitía ver ligeramente sus ojos y su sangre se congelo en ese instante, pues por primera vez sintió que finalmente la estaba viendo sin ningún tipo de barreras, encontrándose de frente con un miedo palpable a ser dañada, se veía tan frágil, tan asustada.
Su mano reposó sobre la mejilla de la más joven, acariciando suavemente la tersa piel, intentando calmar el temor dentro de ella. Puede que aún no tenga claro que es lo que siente, lo que vaya a pasar después de esto ni tampoco que es lo que espera de Jurina, pero lo único de lo que no tiene duda, es que se arrepentiría si no la besaba en ese momento.
"No te voy a dejar sola" Susurro antes de cerrar el espacio entre ellas, besando a Jurina lentamente, acomodándose a sus labios.
Un beso que empezó tímido, dubitativo, tentativo, pero que después de unos segundos, fue escalando a medida que Jurina cedía ante Rena, correspondiendo el beso con la misma sed que Rena ha estado escondiendo.
Podía sentir su respiración volviéndose pesada, y a las manos de Jurina subiendo por la piel de sus muslos. En algún punto las piernas de Jurina chocaron con su cama, la más joven recostándola con una delicadeza que disonaba con la intensidad que brotaba del choque entre sus labios, separándose únicamente para tomar aire. Para este punto Rena sentía que había vuelto sobre todos sus sentidos, sintiendo perfectamente como Jurina exploraba la piel de sus piernas con sus manos, como dejaba besos por su barbilla y su cuello, regresando después a sus labios, lo sentía todo de manera abrumante. Es por eso mismo que se sintió como caer desde un décimo piso, cuando de repente Jurina se detuvo, alejando su cuerpo del de ella.
"Esto no está bien"
"¿De qué estás hablando?" Agarró a Jurina de la mano, la sola idea de que pudiera estarse arrepintiendo de lo que acababa de suceder entre ellas hacía que su pecho se contrajera.
"Rena, estas ebria" Pudo calmarse en cuanto Jurina comenzó a acariciar su mano con su pulgar, pero la más joven seguía luciendo como que había hecho algo que no debía.
Desde ese ángulo, podía ver como su labial había pintado los labios de Jurina, y no pudo evitar sonreír ante la vista
"Jurina… me gustas… mucho"
Era imposible no confesarlo, no cuando estaba en su cuarto, parada al lado de su cama, con marcas de su labial por todo su rostro, preocupándose por que tal vez lo que había acabado de suceder fuera culpa del alcohol, luciendo tan nerviosa e intentando ocultar una tímida sonrisa después de su confesión.
"Creo que debería irme" Por lo menos ya no se veía culpable, y aunque Rena quería aferrarse a su mano y hacerla quedar, sabía que no era el momento. Quería esperar a que no hubiera ningún tipo de sustancia en ella, para volvérselo a decir todo, y no dejarle ninguna duda de que quiere estar con ella.
"Llámame mañana"
"Si"
Pasaron unos segundos y ninguna dejaba ir la mano de la otra, lo que acababa de pasar no se sentía real, como si solo pudiera existir dentro de esas cuatro paredes y una vez saliera desaparecería, quedando como algo que solo se imaginaron. Finalmente Jurina inclinó su cuerpo, besándola una última vez, grabándose la sensación en sus labios para poder recordar que no se lo habían imaginado, y así, salió de su habitación.
Y ahora, ¿Cómo se suponía que durmiera haciéndole eso?
"Es increíble la cantidad de cosas que tienes"
Yuki salía del apartamento medio vacío una vez dejó una de las tantas cajas que ya se iban apilando, y eso que apenas iban por la mitad del total que tenían que subir hasta el décimo tercer piso del edificio. Lo bueno es que el ascensor es innecesariamente amplio, así que podían subir varias en un solo viaje; pero apenas habían empezado con el día tan ajetreado que las esperaba, la empresa de mudanza acababa de llegar con las cosas más pesadas, y aún faltaba el camión de la tienda de inmuebles.
"Creo que al final del día no voy a poder mover los brazos" Yuki se quejaba viendo unas pequeñas marcas rojas apareciendo en su piel.
Ciertamente ninguna de las dos era la más adecuada para mover cosas pesadas, pero Mayu había tenido que acompañar a su madre a visitar a su abuela al otro lado de la ciudad, intento contactar con Sae pero al parecer había perdido su celular (por tercera vez en dos meses), y Jurina… bueno, con ella es un poco más complicado.
"Rena, ¿quieres que les diga que empiecen desde las cosas de la cocina?"
"Ah sí, realmente no importa mucho por donde empiecen, creo"
"Deja de estar espaciando tanto llevas así más de una semana. ¿Seguro no tienes nada que decirme?" Entraron al ascensor, marcando el botón del lobby, el silencio que se dio después estando las dos solas, fue suficiente como para que Yuki dejara de preguntar, si había sucedido algo Rena no iba a hablarle de ello, no aún.
"Gracias por ayudarme a mudarme" No podía imaginarse hacerlo todo sola, era la primera vez que salía de casa de sus padres, y la verdad no tenía ni idea de todo lo que implicaba mudarse.
"Para eso estoy, tú también me ayudaste en su momento"
Rena recordó aquel día en el que realmente sintió que sus manos podían desprenderse de su cuerpo, Yuki se había negado a contratar el servicio completo de la empresa de mudanzas, así que ambas tuvieron que desempacar y ensamblar como pudieron gran parte de las cosas. Después de ese día Rena hizo una nota mental de que cuando llegara su momento, iba a pagar lo que fuera necesario para que otra persona use un taladro, atornille y mueva dentro de su casa todos los muebles, y ella solo tenga que preocuparse por donde quedaría mejor su colección de tazas.
"Debí haberte cobrado por todo lo que mi hiciste trabajar"
"Suficiente es con darte mi amistad" Yuki agitó su cabello con su mano, golpeándola con la punta de sus cabellos en el rostro, dándole después un intento de mirada coqueta. No pudo hacer más que reír y negar con la cabeza "Aún no puedo creer que te vayas a vivir sola, ¿tus padres no se opusieron mucho?"
"Es algo que he estado pensando desde hace mucho" No puede negar que la idea de estar por si sola aún le genera temor, la casa de sus padres había permanecido como su lugar seguro en donde sabía que nadie le iba a hacer daño, allí podía olvidarse de su trauma en un cien por ciento, así que salir e ir a un lugar en el que tendría que verse cara a cara con la soledad, en donde solo podía contar con ella misma no sonaba como la mejor opción, pero era algo que tenía que hacer, no quería depender de sus padres para toda la vida, ya era hora de que se empujara más allá de su zona de confort, y recuperara de una vez por todas la libertad que le fue quitada.
"Ambos están de acuerdo en que ya es el momento correcto para dar este paso" Yuki la entendía a la perfección, de hecho ella ha sido uno de los mayores apoyos que ha tenido, le debía mucho, y la sonrisa que le está dedicando le decía que también estaba orgullosa de que por fin estaba tomando el toro por lo cuernos "Aunque ya sabes que vas a tener que dormir conmigo por algunos días"
"Cuenta con ello"
"Creo que esa debería ser la última" Rena se dejó caer en su nuevo sofá, finalmente ubicado junto a la ventana, en donde le iba a dar el sol de la mañana, pero en la tarde apenas y se iluminaba. Era perfecto.
"De hecho, aún hay que desempacar la caja de las sabanas y cobijas, a menos que quieras congelarte en la noche" Yuki le informó de las malas noticias. Habían decidido dejar para desempacar todo al día siguiente, puesto que el sol ya se había colocado para cuando los hombres musculosos de la empresa de mudanzas terminaron de ubicar y armar todo dentro del apartamento, no habían descansado desde muy temprano en la mañana, así que solo querían pedir domicilio y sentarse a ver la última temporada de The Walking Dead "Pero puedes dejármelo a mí, tu ve a explorar sé que no has tenido la oportunidad"
"¿Estas segura?"
Sus padres fueron quienes eligieron el apartamento por ella, fue una de las condiciones, querían asegurarse de que fuera tan seguro que no tuvieran que preocuparse cada noche por si su única y preciada hija estaba a salvo, y que también quedara cerca de la universidad. Así que es cierto que a penas y conoce el lugar, el cual debe decir, es gigante. Consta de un complejo de apartamentos dividido en tres edificios, cada uno de 15 pisos, por lo que le había dicho su padre, contaban con piscinas, spas, bibliotecas, canchas de diferentes deportes, zonas de ocio y una cantidad de más espacios que la hacían sentir que estaba de vacaciones. Estaba casi segura de que su madre fue quien eligió el lugar que no solo es aparatoso por sí mismo, sino que también eligió uno de los apartamentos más ostentosos, con tres habitaciones (que aún no sabe con qué llenara), dos baños, una cocina, y una sala común tan grande que podían caber tres familias. Y para ser honesta, no tiene de que quejarse, su apartamento le había encantado.
"No me hagas pensarlo dos veces y solo vete" Dijo Yuki mientras empezaba a abrir una de las cajas, y siguiendo sus palabras, salió por la puerta tan rápido como pudo.
Caminó por varios minutos, como era de esperarse no había muchas personas alrededor, pero se recordó que aún tenía que ir a visitar a sus vecinos y entregar su hikkoshi aistasu, no tenía planes de hacerse amiga de ellos, pero si quería tener una buena relación. Y ahora que estaba sola, sus pensamientos no pudieron escapar de lo que le ha estado quitando el sueño durante ya dos semanas, a Jurina.
No sabe si decir que la ha estado evitando, porque por lo que le dijo Mayu, le había surgido un viaje a Nagoya de la noche a la mañana, y por esa razón no pudo verla en lo absoluto en los días siguientes, pero desde ese día no ha recibido ni una sola llamada o mensaje de ella, añadiéndole que se suponía que había regresado hace dos días y aun así no había contactado con ella de ninguna manera, y es que si no fuera por Mayu ni siquiera sabría que había sido de ella, simplemente hubiera desaparecido.
Ha estado intentando convencerse de que tan solo ha estado demasiado ocupada y que no ha tenido tiempo de llamarla. Claro que ella tampoco ha intentado ponerse en contacto con ella, pero es que la idea de que realmente se había arrepentido no dejaba de orbitar alrededor de sus pensamientos, haciendo que tuviera miedo de hablar con ella y darse cuenta de que para Jurina todo había sido un error; así que su mente se había convertido en un tira y afloja, sin poder decidir ni que creer, tan solo… quería verla.
Ya iba de regreso a su apartamento, había entrado a un combini que era una de las pocas zonas que compartían los tres edificios, le compró a Yuki su helado favorito era lo mínimo que podía hacer, además que también se quiso abastecer de sus muy amados melonpan, ya no había nadie que pudiera controlar su amor por ellos. Pero sus pasos se detuvieron cuando encontró una pequeña niña que no debía tener más de siete años, sentada a unos cuantos metros de la tienda, con su rostro escondido entre sus rodillas las cuales abrazaba, por como temblaban sus hombros era claro que estaba llorando.
Dio una rápida mirada alrededor, solo había un par de adolescentes que no parecían tener nada que ver con la niña, y tampoco había algún vigilante cerca que pudiera atenderla. Así que hizo lo que cualquier adulto responsable haría (o eso cree).
"Hola" Intentó hablar tan delicado como fuera posible, no quería asustarla más de lo que ya debía estar.
La niña levantó la cabeza, confirmando con sus pucheros y cachetes mojados y rojizos que estaba llorando. A Rena se le encogió el corazón, la niña tenía unos ojos marrones grandes que brillaban por estar llorosos. "¿Estas perdida?"
La niña aguantaba las lágrimas como podía, asintiendo a su pregunta, probablemente no podía hablar con el nudo en su garganta.
"¿Vives aquí? ¿Estabas con tu madre?" Se sentó junto a ella en el suelo.
"M-mi h-hermana" Tragó profundo, los sollozos no la dejaban hablar propiamente. Así que Rena espero a que se calamara "Vine a visitar a mi hermana, pero, pero no sé dónde está, l-la he estado buscando p-pero no la puedo encontrar"
No le sorprendía, incluso ella se ha perdido un par de veces en el día, el lugar es enorme.
"¿Me puedes decir el nombre de tu hermana?" Así sería más fácil encontrarla, tan solo tendrían que ir a algún puesto de vigilancia y preguntar por el número del apartamento, llevar a la niña o llamar al número de contacto dejado en portería, y pronto podría estar disfrutando de su comida. Lo que no espero fue que la niña negara con su cabeza.
"No debo dar información personal a desconocidos" Lo dijo como si fuera una respuesta automática, como si estuviera perfectamente entrenada para responder eso, y de alguna manera le recordó a cierta Matsui.
Dio un suspiro, sacando el celular de su bolsillo para escribirle a Yuki que iba a tardar. Después sacó de la bolsa que llevaba el helado que se suponía iba a ser para su amiga, ofreciéndoselo a la niña, quien no se negó y aceptó el pequeño vasito en sus aún más pequeñas manos, por muy bien entrenada que estuviera seguía siendo una niña.
"¿Qué tal si esperamos sentadas en esa banca de allí a que tu hermana te encuentre? Estoy segura de que debe estar buscándote como loca" Decidió que esa era la mejor opción, están en un punto central, si la hermana de la niña iba a cruzar a algún edificio tenía que pasar por allí, así que lo mejor era esperar en lugar de buscarse una a la otra.
"Si"
Dejó que la niña utilizara su celular para jugar, después de algunos minutos ya se veía más calmada, era un ternurita, cuando sonreía tenía estados dos hoyuelos en sus cachetes, y sus ojos se volvían dos pequeñas medias lunas, también le faltaban los dientes de enfrente lo que hacía que no pudiera pronunciar las "s" bien, era una niña encantadora, con un largo cabello negro que le llegaba hasta la cintura, una piel tan blanca que parecía hecha de porcelana y llevaba un suéter que tenía unas orejas cosidas a la capucha.
"Rena-chan Rena-chan, ¿Qué color crees que le quedaría mejor?" Le mostró en su celular el juego en el que tenía que vestir a un personaje.
"Mmmm creo que el morado le quedaría muy bien"
"Eso también estaba pensando, pero considera esto" Para verse tan pequeña, hablaba demasiado bien y no solo en cuestión de pronunciación, sino también la manera en que se expresaba no era propio de una niña de 6 años (logró que le dijera eso). Mientras más la miraba, más le recordaba a Jurina. "Que piensa de–"
"!MAO¡"
Tenía que estar imaginando cosas, si tenía que ser eso, había estado pensando demasiado en Jurina que ya la estaba viendo en todas partes, porque tendría que ser una broma muy pesada de los dioses o quien sea que esté jugando con sus vidas, el que sea Matsui Jurina la chica que luce como si hubiera corrido una maratón por los tres edificios, con una mirada de desesperación que cambió a una de alivio, a la que la niña a su lado salió corriendo, no podía ser ella quien tomo a la pequeña entre sus brazos calmando el llanto que se volvió a desatar en la niña en cuanto la tomó cargada.
Tenía que ser una broma.
"¿Rena?"
Sintió como un escalofrío la recorrió de pies a cabeza, no estaba imaginando cosas, esa era su voz, esos eran sus ojos marrones, esos eran sus brazos, esa era su Jurina. ¿Hasta cuando iba a poder decir que la conocía?, porque ahora no solo había descubierto que se había acabado de mudar al mismo complejo de apartamentos de ella, sino que también tenía una hermana pequeña.
