Capítulo Dos

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El día siguiente, Ayato se aventura fuera de la granja de su familia hacia el lugar en donde usualmente se encuentra con Daichi y Hanzo, cerca del rio.

Los otros niños son solo dos años mayores. Ayato conoció a Daichi durante el festival de la cosecha, ellos tuvieron el honor de cantar en el acto de clausura e inmediatamente conectaron con el otro.

A Daichi no le importa informarle a Ayato cuando él está haciendo algo estúpido. Y mientras Ayato nunca admitirá lo refrescante que es tener cerca a alguien tan directo como Daichi, él admite que le trae cierto jubilo cuando ambos bromean.

Daichi le presentó a Hanzo algunos días después, y a pesar de que les tomo algún tiempo en tenerse confianza, ambos son buenos amigos. Hanzo es mucho más serio que Daichi. Mientras Daichi es como una ráfaga de aire fresco, Hanzo es como baldazo de agua fría. Hanzo es como una llamada de atención, alguien que te hace querer hacer algo, ser alguien mejor y mientras los tres todavía son estúpidamente jóvenes, Ayato sabe que Hanzo llegará lejos.

Ayato pensaba eso desde antes obtener estos nuevos recuerdos, pero ahora que sabe el tipo de persona en que su amigo se convertirá algún día, no sabe que pensar al respecto.

Ayato tampoco quiere pensar en el futuro que le espera a su país. Tres guerras mundiales se lucharán en su fronteras y una violenta guerra civil que durará décadas.

Nadie está a salvo.

Él quiere ayudar a su familia y amigos, quiere verlos superar los retos que el futuro prepara.

Pero Ayato no tiene idea de como lograr eso. Seguro, él tiene chakra y un Sharingan, pero no tiene ni la más remota idea de cómo usarlos. Tampoco tiene idea de que harán su madre y abuelo ahora que él sabe la verdad.

Usar sus ojos solo los pondría en peligro a todos. Para nadie es secreto la existencia de cazarrecompensas especializados en robo de Dojutsu. Cada ojo cuesta una fortuna. Su abuelo intentó convencer a su madre que lo mejor era ir al País del Fuego a buscar a su padre para que los proteja. Ayato frunce el ceño al pensar eso, pateando una roca al rio. Él sabe que su abuelo solía trabajar en el ejército del Daimio. Él podría enseñarle una o dos cosas, con suerte quizás sepa algo de cómo usar chakra.

Ayato sabe que, si él se hace lo suficientemente fuerte para defender a su familia, quizás no haya necesidad de abandonar el País de la Lluvia. Él podría permanecer anónimo. A Ayato no le importaría eso. Especialmente cuando eso significa que él no sería discriminado por ser un bastardo ni tendría que cuidarse la espalda del psicópata de Madara.

Mierda. Ayato no había pensado sobre eso. Madara está vivo. Él está emparentado al mayor villano de toda la serie, y probablemente, terminará formando parte de sus planes para la dominación mundial.

Ayato casi maldice nuevamente. Él no quiere eso. Él no siente absolutamente ningún afecto por su lado paterno de la familia, es más, a Ayato no le importa lo que le pase a ese montón de locos pirómanos, pero algo en el fondo de su cabeza le susurra, le dice que la relación le va a traer problemas en el futuro.

Aparte, ahí esta Zetsu a tomar en cuenta. El plan para reunir los fragmentos del Juubi y despertar a Kaguya. La masacre del clan Uchiha. Si sus recuerdos no mienten, Konoha todavía no ha sido fundada, falta casi un siglo para ver que dichos eventos se pongan en marcha. Muy temprano para tener un impacto.

Ayato sabe que todavía si él decide hacer algo el respecto, no hay mucho que pueda cambiar. Primero debe de concentrarse en sobrevivir y proteger a su familia y amigos. Después de todo, Ayato es solo un granjero y no sabe siquiera lo básico de cómo defenderse.

La mueca en su rostro se profundiza al formar planes en su cabeza. Él no va a buscar a su padre, eso es seguro. Si su madre y abuelo quieren llevarlo, él va a hacer todo en su poder para zafarse. Ayato solo quiere proteger a todos los que son preciosos para él y prepararse antes que la Primera Gran Guerra estalle. Pero él no sabe cuando va a pasar eso, así que hacer planes es inútil.

Mordiendo la comisura de sus labios, Ayato no se da cuenta cuando la mano de alguien se cuela por detrás y lo empuja suavemente.

Eso es todo lo que se necesita para que pierda el equilibrio y caiga al rio. Lo último que escucha antes de caer al agua es la risa de Daichi. Ayato casi puede imaginar a Hanzo rodando la mirada.

Pensar en sus amigos desvanece el humor agrio. Él se imagina a Daichi y Hanzo en la orilla con sonrisas en sus rostros y una especie de jubilo infantil se apodera de él.

Balbuceando, Ayato emerge del agua con una sonrisa en sus labios a pesar de la mirada estrecha.

"Idiotas," Ayato se ríe, retirando un mechón negro de su rostro. Su sonrisa llega a sus ojos al escuchar las risas de sus amigos, "No sé porque me sigo juntando con ustedes dos."

"Aw, vamos Ayato," Daichi se ríe, "Estabas tan serio que parecía que habías chupado un limón. Era mi responsabilidad alegrarte un poco~"

El recordatorio hace que la sonrisa desaparezca de su rostro. Hanzo no tarda en darse cuenta.

"¿Hay algo que te preocupa, Ayato?" Hanzo pregunta, "Te mirabas afligido cuando llegamos."

Ayato frunce el ceño, él sabe que no puede contarles toda la verdad. Pero eso no significa que no pueda compartir unos cuantos detalles.

Él confía en sus dos amigos, pero ellos todavía son niños, y Ayato no está seguro que ellos suelten algo por accidente.

"Es sobre mi padre," Ayato confiesa, viendo a cualquier cosa menos sus amigos, "Mi mamá finalmente me habló un poco sobre él. Aparentemente, es de un clan prestigioso en el País del Fuego. Mi abuelo intenta convencerla de llevarme con él." Finalmente ve a sus amigos a los ojos, Ayato no está sorprendido de ver que ellos también están frunciendo la cara.

Finalmente, Daichi rompe el silencio. "Pero acaso eso no es bueno ¿verdad? Es decir, finalmente vas a conocer a tu padre."

Hanzo bota aire por la nariz. "Daichi, su padre es un extraño. ¿Por qué rayos va a querer conocerlo? Y si acaso es miembro de un clan prestigioso como dice Ayato, lo más seguro es que desprecien a un miembro nacido fuera del matrimonio. ¿Acaso tengo que recordarte lo que pasó con tu abuela?" Hanzo jala uno de los mechones rojos de la cabeza de Daichi y se lo enseña a todos.

"Hanzo tiene un punto importante," Ayato concuerda, "No sé nada acerca de él. Y todo apunta a que él tampoco sabe de mí."

"Tienes razón," dice Daichi, moviendo la cabeza, pero todavía inseguro. "Y entonces ¿Por qué tu abuelo quiere ir al País del Fuego?"

Ayato se encoge de hombros. "No tengo idea." Eso es mentira. Pero no es como si acaso le pueda decir a sus amigos que él tiene Sharingan y que hay gente que pagaría fortunas por sus ojos.

"¡Entonces está decidido!" Daichi anuncia a los cuatro vientos. "Debes quedarte en Ame, ¡Aquí lo tenemos todo~!"

"Tenemos lluvia, salamandras y todavía más lluvia, Daichi" Ayato dice.

"¡Exacto, lo tenemos todo!"

Hanzo rueda la mirada. "¿Crees poder convencer a tu familia de quedarse?" Hay un atisbo de esperanza en su voz y hace que Ayato se sienta reconfortado.

Ayato tiene gente que se preocupa por él, tiene amigos, un hogar y una familia. Él no puede dejar nada de eso atrás. No cuando su corazón llace aquí, con estas personas. Todavía si sus caminos se separan al crecer, Ayato no se imagina a si mismo arrepintiéndose de quedarse en Ame.

La sonrisa de Daichi y Hanzo es suficiente prueba de ello.

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