Hoy 17 de Marzo cumplo 3 años de haber redescubierto los Fanfics así que es un mes muy importante para mi espero les guste este capitulo
Anubis172001: mis personajes favoritos también son Hades y Nico
x29: primero que nada FELIZ CUMPLEAÑOS (atrasado) y siguiendo si pienso poner la conversación de Annabeth e Icaros pero no solo la de ellos pienso poner conversación de Icaros con ambas Annabeth, de Frederick y Paul y por y ultimo de Jim y Percy no sé si quisieras otra, también pienso poner como les va a los dioses en otro territorio
Kira Potter Jackson: siento que Teseo es como un hermano y no solo eso sino que será un poco arrogante pero también se preocupara por su hermano
YAMI: ya anda leyendo muchos fics de torturas para poder darme ideas pero si tienes algo pensado sobre alguna bien podría ponerla
Guest: primeramente gracias por leer yo estoy consciente que uno de mis principales problemas es la ortografía y podrías decirme en que capítulos vienen esos errores para poder corregirlos
Aquí termina —dijo Hades cerrando el libro— quien lee
Yo señor —Leo alzo la mano—
Mediante sombras el libro apareció en las piernas de Leo haciendo que este sintiera un escalofrió
Sabes leer —dijo Jason—
Muy gracioso Superman —dijo Leo abriendo el libro— Capítulo 10 Estropeo un autobús en perfecto estado porque estropear un autobús —pregunto—
No fui yo exactamente —dijo Percy—
No tardé mucho en recoger mis cosas. Decidí que el cuerno del Minotauro se quedase en la cabaña
Yo no lo dejaría ahí —dijo Laura—
Todos los hijos de Hermes sonrieron "inocentemente"
Lo que me dejaba sólo una muda y un cepillo de dientes que meter en la mochila que me había buscado Grover.
En la tienda del campamento me prestaron cien dólares y veinte dracmas de oro.
Porque las misiones no son como antes —pregunto Leo—
Porque dices eso —pregunto Piper—
Cuando nosotros salimos de misión no nos dieron nada —dijo Leo—
Si nos dieron —dijo Jason— se las dieron a Piper pero como te diste cuenta no nos dio oportunidad de usarlos
Estas monedas, del tamaño de galletas de aperitivo, representaban las imágenes de varios dioses griegos en una cara y el edificio del Empire State en la otra.
Son como los denarios —pregunto Gwen y los griegos asintieron—
Los antiguos dracmas que usaban los mortales eran de plata, nos dijo Quirón, pero los Olímpicos sólo utilizaban oro puro.
Los dioses asintieron
Quirón también dijo que las monedas podrían resultar de utilidad para transacciones no mortales, fueran lo que fuesen.
Todos los griegos asintieron mientras los romanos los veían extrañados
Nos dio a Annabeth y a mí una cantimplora de néctar a cada uno y una bolsa con cierre hermético llena de trocitos de ambrosía, para ser usada sólo en caso de emergencia, si estábamos gravemente heridos.
Espero no la hayan tenido que utilizar —dijo Poseidón—
No te preocupes por eso —Percy tranquilizo a su padre—
Era comida de dioses, nos recordó Quirón. Nos sanaría prácticamente de cualquier herida, pero era letal para los mortales.
No estaría mal dársela a algún mortal molesto —dijo Jim viendo de reojo a Gabe—
Un consumo excesivo nos produciría fiebre. Una sobredosis nos consumiría, literalmente.
Tengo una duda —dijo Icaros—
Si —dijo Athena—
A los usuarios del fuego los consumiría —pregunto viendo a su madre—
—Athena se quedó pensando unos minutos— ellos tienen el fuego en su interior por lo tanto no se consumirían pero si morirían pero en el caso de ellos solo se desvanecerán sintiendo dolor y agonía
Annabeth trajo su gorra mágica de los Yankees, que al parecer había sido regalo de su madre cuando cumplió doce años.
Gracias por eso —dijeron ambas Annabeth—
Cuando yo cumplí 10 me regalo una moneda y me mando a una misión que me costó la vida —dijo con algo de resentimiento—
Llevaba un libro de arquitectura clásica escrito en griego antiguo, para leer cuando se aburriera
Enserio pensaste que podías sentarte a leer —dijo la joven Thalía arqueando una ceja—
Ambas Annabeth se sonrojaron
Y un largo cuchillo de bronce, oculto en la manga de la camisa.
La joven Thalía y el joven Luke sonrieron
Estaba convencido de que el cuchillo nos delataría en cuanto pasáramos por un detector de metales.
Sesos de alga el bronce celestial no es detectable para los mortales ni sus máquinas —dijo Annabeth— a menos que sea Rachel
La mencionada sonrió
Por su parte, Grover llevaba sus pies falsos y pantalones holgados para pasar por humano. Iba tocado con una gorra verde tipo rasta, porque cuando llovía el pelo rizado se le aplastaba y dejaba ver la punta de los cuernecillos.
Poseidón hizo una pequeña nube de lluvia sobre el sátiro haciendo que el cabello se le aplastara y se le vieran las puntas de los cuernitos
Después de un rato de risas Percy toco a Grover haciendo que se secara y su pelo tapara sus cuernos
Su mochila naranja estaba llena de pedazos de metal y manzanas para picotear.
Los cuatro sátiros presentes se relamieron los labios
En el bolsillo llevaba una flauta de junco que su padre cabra le había hecho, aunque sólo se sabía dos canciones: el Concierto para piano n. ° 12 de Mozart y So Yesterday de Hilary Duff, y ninguna de las dos suena demasiado bien con la flauta de Pan.
El pobre Grover se sonrojo
Nos despedimos de los otros campistas, echamos un último vistazo a los campos de fresas, el océano y la Casa Grande, y subimos por la colina Mestiza hasta el alto pino que antaño fuera Thalía, la hija de Zeus.
Y tienes que hacer énfasis en eso —dijo Thalía molesta—
Quirón nos esperaba sentado en su silla de ruedas. Junto a él estaba el tipo con pinta de surfero que había visto durante mi pasaje por la enfermería. Según Grover, el colega era el jefe de seguridad del campamento.
Hera sonrió un poco
Al parecer tenía ojos por todo el cuerpo, así que era imposible sorprenderlo. No obstante, como hoy llevaba un uniforme de chófer, sólo le vi unos pocos en manos, rostro y cuello.
—Éste es Argos —me dijo Quirón—. Os llevará a la ciudad y… bueno, os echará un ojo.
Que mal chiste —dijo Hermes—
Oí pasos detrás de nosotros.
Luke subía corriendo por la colina con unas zapatillas de baloncesto en la mano.
— ¡Eh! —jadeó—. Me alegro de pillaros aún.
—Annabeth se sonrojó, como siempre que Luke estaba cerca—.
La joven Annabeth se sonrojo mientras Annabeth le dio un puñetazo a Percy
Sólo quería desearos buena suerte — me dijo—. Y pensé que… a lo mejor te sirven.
Si claro —susurro Percy mientras el joven Percy le sonreía al joven Luke—
Me tendió las zapatillas, que parecían bastante normales. Incluso olían bastante normal.
— ¡Maya! —dijo Luke.
—Hermes se elevó unos cm del suelo— Maya —dijo y regreso al suelo—
MAYA —grito Apolo—
Maya
Qué bonito el nombre de tu madre —dijo Afrodita ligeramente agudo—
De los talones de los botines surgieron alas de pájaro blancas. Di un respingo y las dejé caer. Las zapatillas revolotearon por el suelo hasta que las alas se plegaron y desaparecieron.
— ¡Alucinante! —musitó Grover.
Luke sonrió.
—A mí me fueron muy útiles en mi misión. Me las regaló papá. Evidentemente, estos días no las utilizo demasiado…
la joven Thalía le sonrió al joven Luke
—Entristeció la expresión.
Pobrecito —susurro Hestia—
No sabía qué decir. Luke ya se había enrollado bastante viniendo a despedirse. Me preocupaba que me guardara rencor por haberme llevado tanta atención en los últimos días.
No lo creo —susurro Thalía—
Pero allí estaba, entregándome un regalo mágico… Me sonrojé tanto como Annabeth.
Annabeth volvió a golpear a Percy sonrojada mientras la joven Annabeth no sabía dónde meterse
—Eh, tío —dije—. Gracias.
—Oye, Percy…
—Luke parecía incómodo—. Hay muchas esperanzas puestas en ti. Así que… mata algunos monstruos por mí, ¿vale?
Eso les mete más presión —dijo Aquiles—
Nos dimos la mano. Luke le dio una palmadita a Grover entre los cuernos y un abrazo de despedida a Annabeth, que parecía a punto de desmayarse.
Annabeth volvió a golpearlo
Cuando Luke se hubo marchado, le dije:
—Estás hiperventilando.
El campamento estallo en risas mientras ambas Annabeth no sabían dónde meterse
Valla delicadeza —dijo Chris—
—De eso nada.
—Pero ¿no le dejaste capturar la bandera a él en lugar de ir tú?
—Oh… Me pregunto por qué querré ir a ninguna parte contigo, Percy.
Porque me amas —dijo Percy dándole un beso mientras Athena hizo una mueca de disgusto que su hija anduviera con un hijo del inútil de su tío—
Descendió por el otro lado de la colina con largas zancadas, hacia donde una furgoneta blanca esperaba junto a la carretera. Argos la siguió, haciendo tintinear las llaves del coche.
Recogí las zapatillas voladoras y de pronto tuve un mal presentimiento.
Laura hizo una mueca si sus presentimientos eran igual que los de Jim puede que algo malo pase si usaba esos tenis
Miré a Quirón.
—No me aconsejas usarlas, ¿verdad?
Negó con la cabeza.
—Luke tenía buena intención, Percy. Pero flotar en el aire… no es lo más sensato que puedes hacer.
Si quieres que te caiga un rayo úsalas —dijo Thalía—
Meneé la cabeza, pero entonces se me ocurrió una idea.
—Eh, Grover, ¿las quieres tú?
Se le encendió la mirada.
— ¿Yo?
No el sátiro de al lado —dijo Jason—
Deja de juntarte con Leo —dijo Piper— es mala influencia—
—Jason vio a Leo y le sonrió— si dejo de juntarme con el seguro me convertiré en un amargado
Supongo que me hubiera pasado algo así —dijo Jim abrazando a Laura—
En poco tiempo atamos las zapatillas a sus pies falsos, y el primer niño cabra volador del mundo quedó listo para el lanzamiento.
Todo el campamento volvió a estallar en risas
— ¡Maya! —gritó.
—Hermes volvió a flotar— Maya —dijo y se acomodó en su trono—
Despegó sin problemas, pero al poco se cayó de lado, desequilibrado por la mochila. Las zapatillas aladas seguían aleteando como pequeños potros salvajes.
Con un poco de práctica lo lograras hacer sin problemas —dijo Hermes—
— ¡Práctica! —le gritó Quirón por detrás—. ¡Sólo necesitas práctica!
Hermes asintió por la coincidencia
— ¡Aaaaah!
—Grover siguió volando en zigzag colina abajo, casi a ras del suelo, como un cortador de césped poseso, en dirección a la furgoneta.
Me hubiera gustado ver eso —dijeron ambos Leo—
Antes de seguirlo, Quirón me agarró del brazo.
—Debería haberte entrenado mejor, Percy —dijo—. Si hubiera tenido más tiempo… Hércules
El mencionado sonrió arrogante mientras Zoe hizo una mueca
Jasón…
Jasón sonrió un poco
todos recibieron más entrenamiento.
—No pasa nada. Sólo que ojalá…
—Me detuve en seco, porque iba a sonar como un mocoso. Ojalá mi padre me hubiera dado un objeto mágico guay que me ayudara en la misión, algo tan bueno como las zapatillas voladoras de Luke o la gorra de invisibilidad de Annabeth.
Pero yo siempre les eh dejado algo —dijo Poseidón—
—Pero ¿dónde tengo la cabeza? —exclamó Quirón—.
Encima de los hombros —dijeron Hermes sus hijos y ambos Leo—
No puedo dejar que te vayas sin esto.
Sacó algo del bolsillo del abrigo y me lo entregó. Era un bolígrafo desechable normal y corriente, de tinta negra y con tapa. Probablemente costaba treinta centavos.
Vale más de 30 mil dracmas —dijo Quirón tranquilo—
—Madre mía —dije—. Gracias.
Demasiado sarcástico —dijo Annabeth mientras algunos reían—
—Es un regalo de tu padre. Lo he guardado durante años, sin saber que te estaba destinado. Pero ahora la profecía se ha manifestado claramente. Eres tú.
Y por eso hay que destruirlo —dijo Zeus—
Y también hay que destruir a tus 3 hijos —dijo Poseidón muy serio— a verdad ya no te gusto
Recordé la excursión al Museo Metropolitano de Arte, cuando pulvericé a la señora Dodds. Quirón me había lanzado un boli que se convirtió en espada. ¿Sería aquél…?
Le quité la tapa, y el bolígrafo creció y se volvió más pesado en mi mano. Al instante siguiente sostenía una espada de bronce brillante y de doble filo, con empuñadura plana de cuero tachonado en oro.
Heracles hizo una mueca esa descripción le sonaba
Era la primera arma equilibrada que empuñaba.
—La espada tiene una larga y trágica historia que no hace falta que repasemos —dijo Quirón—. Se llama Anaklusmos.
Se escuchó un golpe en seco y cuando vieron Heracles había ido en contra del joven Percy pero los reflejos de ambos Percy actuaron rápido mientras el joven Percy se había movido a un costado de Sally Percy se encontraba enfrente de Heracles con Anaklusmos convertida en espada
Quirón porque este mocoso tiene mi espada —dijo Heracles molesto—
Sencillo fue un regalo de mi padre —dijo molesto— así que más vale que te calmes
Suficiente —dijo Hestia—
Heracles gruño y regreso al lado de su padre mientras Percy le sonrió a Hestia y regreso al lado de Annabeth y el joven Percy se sentó a un lado de Sally
Zoe suspiro sin saber que pensar que ese niño traía su antigua espada
Contracorriente —traduje, sorprendido de que el griego clásico me resultara tan sencillo.
—Úsala sólo para emergencias, y sólo contra monstruos. Ningún héroe debe hacer daño a los mortales
Creo que no escuchaste eso verdad —dijo Rachel a lo que Percy solo sonrió inocentemente—
a menos que sea absolutamente necesario, pero esta espada no los lastimará en ningún caso.
Miré la afiladísima hoja.
— ¿Qué quiere decir con que no lastimará a los mortales? ¿Cómo puede no hacerlo?
—La espada está hecha de bronce celestial. Forjado por los cíclopes, templado en el corazón del monte Etna y enfriado en las aguas del río Lete. Es letal para los monstruos y para cualquier criatura del inframundo, siempre y cuando no te maten primero, claro. Sin embargo, a los mortales los atraviesa como una ilusión; sencillamente, no son lo bastante importantes para que la espada los mate.
No son tan importantes que por ellos bajan a la tierra para tener hijos —dijo Rachel haciendo sonrojar a Sally Paul Frederick May Maria Emily Esperanza Marie y Tristán
¡Ah!, y he de advertirte otra cosa: como semidiós, puedes perecer tanto bajo armas celestiales como normales. Eres doblemente vulnerable.
Eso es lo más genial del asunto —dijo Nico sarcástico—
—Es bueno saberlo.
—Ahora tapa el boli.
Toqué la punta de la espada con la tapa del bolígrafo y Anaklusmos se encogió hasta convertirse de nuevo en bolígrafo. Me lo metí en el bolsillo, un poco nervioso porque en la escuela era famoso por perder bolis.
—No puedes —dijo Quirón.
— ¿Qué no puedo?
—Perderlo —dijo—.
Tan bien me conoces —dijo el joven Percy—
Percy siempre que llegabas a mi clase me pedias uno —dijo Quirón con una sonrisa—
Al resto de las clases me los pedía a mí —dijo Grover—
Ok si soy un desastre perdiendo plumas —dijo el joven Percy—
Ahora los pierdo con más facilidad —dijo Percy—
Está encantado. Siempre reaparecerá en tu bolsillo. Inténtalo.
Me mostré receloso, pero lancé el bolígrafo tan lejos como pude colina abajo y lo vi desaparecer entre la hierba.
—Puede que tarde unos instantes —dijo Quirón—. Ahora mira en tu bolsillo.
Y, en efecto, el boli estaba allí.
Ojala mi moneda hubiera sido así —murmuro Jason—
—Vale, esto sí que mola —admití—, pero ¿qué pasa si un mortal me ve sacando la espada?
Quirón sonrió.
—La niebla siempre ayuda, Percy.
— ¿La niebla?
—Sí. Lee la Ilíada.
Athena y sus hijos asintieron
Está llena de referencias a ese asunto. Cada vez que los elementos monstruosos o divinos se funden con el mundo mortal, generan niebla, y ésta oscurece la visión de los humanos. Tú, siendo mestizo, verás las cosas como son, pero los humanos lo interpretarán de otra manera. Es increíble hasta dónde pueden llegar los humanos con tal que las cosas encajen en su versión de la realidad.
Me metí Anaklusmos otra vez en el bolsillo.
Por primera vez sentí que la misión era real. Estaba abandonando la colina Mestiza. Me dirigía al oeste sin supervisión adulta, sin un plan de emergencia alternativo, ni siquiera un teléfono móvil (Quirón nos había contado que los monstruos podían rastrear los móviles; llevar uno sería peor que lanzar una bengala).
Es una lástima con los modelos de celulares tan bonitos que hay —dijo una hija de Afrodita—
Yo no tenía otra arma más poderosa que una espada para luchar contra monstruos y llegar al Mundo de los Muertos.
—Quirón, cuando dices que los dioses son inmortales… Me refiero a que… hubo un tiempo antes de ellos, ¿no? —pregunté.
Es enserio te pones a filosofar en los peores momentos —se quejó Thalía—
—Hubo cuatro edades antes de ellos. La Era de los Titanes fue la Cuarta Edad, a veces llamada Edad de Oro, nombre que desde luego no le hace justicia. Esta, la era de la civilización occidental y el mandato de Zeus, es la Quinta.
— ¿Y cómo era… antes de los dioses?
Quirón apretó los labios.
—Ni siquiera yo soy tan viejo como para acordarme de eso, niño, pero sé que fue una época de oscuridad y barbarie para los mortales.
Quirón ¿Cuántos años tienes? —Pregunto el joven Nico—
Estoy en la plena juventud solo tengo 5 milenios—dijo como si nada—
Cronos, el señor de los titanes, llamó a su reinado la Edad de Oro porque los hombres vivían inocentes y libres de todo conocimiento. Pero eso no era más que propaganda. Al rey de los titanes poco le importaban los de tu especie, salvo como entremeses o como fuente de entretenimiento barato. Hasta los primeros tiempos del reinado de Zeus, cuando Prometeo, el titán bueno, entregó el fuego a la humanidad, tu especie no empezó a progresar, y Prometeo fue considerado un pensador radical incluso entonces. Zeus lo castigó severamente, como recordarás.
Odio a Prometeo —murmuro Thalía—
Por supuesto, al final los humanos empezaron a caer simpáticos a los dioses, y así nació la civilización occidental.
—Pero ahora los dioses no pueden morir, ¿no? Quiero decir, mientras la civilización occidental siga viva, ellos seguirán también. Así que… aunque yo fracase, nada podría ir tan mal como para que se desmadre todo, ¿no?
No estoy muy seguro de eso —dijo Poseidón—
Quirón me sonrió con melancolía.
—Nadie sabe cuánto tiempo durará la Edad del Oeste, Percy. Los dioses son inmortales, sí. Pero también lo eran los titanes. Y siguen existiendo, encerrados en sus distintas prisiones, obligados a soportar dolor y castigos interminables, reducido su poder, pero aún vivitos y coleando.
Aunque algunos no tenían la culpa —murmuro Percy—
De la hoguera salió una joven de cabellos color caramelo con olor a canela trenzado sobre un hombro, ojos almendrados y una cara que parecía atemporal llevaba un vestido griego sin mangas blanco con un escote circular bajo adornado en oro
Que haces aquí —grito Zeus—
No lo sé —dijo la joven— estaba en mi isla cuando una luz me trajo aquí
Una nota salió de la hoguera cayendo en manos de Hestia
Calipso te trajimos ya que tú tienes un papel en estos libros así que al igual que a los héroes tienen prohibido lastimarla —leyó Hestia— toma un vaso — señalo la botella con una sonrisa
Calipso bebió un vaso y se sentó a un lado de su hermana
Que las Parcas impidan que los dioses sufran jamás una condena tal, o que nosotros regresemos a la oscuridad y el caos del pasado. Lo único que podemos hacer, niño, es seguir nuestro destino.
—Nuestro destino… suponiendo que sepamos cuál es.
El cual es incierto y solo las Moiras saben que tanto vas a sufrir o ser feliz —dijo Quirón—
—Relájate y mantén la cabeza despejada. Y recuerda: puede que estés a punto de evitar la mayor guerra en la historia de la humanidad.
Sin presión —dijo Teseo sarcástico—
—Relájate —repetí—. Estoy muy relajado.
Cuando llegué al pie de la colina, volví la vista atrás. Bajo el pino que había sido Thalía, hija de Zeus,
Thalía gruño frustrada
Quirón se erguía en toda su altura de hombre caballo y nos despidió levantando el arco. La típica despedida de campamento del típico centauro.
De lo más típico —dijeron los Stoll—
Argo nos condujo a la parte oeste de Long Island. Me pareció raro volver a una autopista, con Annabeth y Grover sentados a mi lado como si fuéramos compañeros de coche habituales. Tras dos semanas en la colina Mestiza, el mundo real parecía pura fantasía.
Eso es cierto —dijeron los que se quedaban solo los veranos y los que salían a misiones—
Descubrí que me quedaba embobado mirando cada McDonald's,
Ambos Nico se relamieron los labios y Will se mordió el labio con las ganas que tenia de besarlo
a cada chaval en la parte trasera del coche de sus padres, cada valla publicitaria y cada centro comercial.
—De momento bien —le dije a Annabeth—. Quince kilómetros y ni un solo monstruo.
Percy —gritaron todos los mestizos a lo que ambos Percy se encogieron en su lugar—
Me lanzó una mirada de irritación. Luego dijo:
—Da mala suerte hablar de esa manera, sesos de alga.
—Recuérdamelo de nuevo, ¿vale? ¿Por qué me odias tanto?
—No te odio.
—Pues casi me engañas.
Te atrapo —dijo Thalía divertida—
Dobló su gorra de invisibilidad.
—Mira… es sólo que se supone que no tenemos que llevarnos bien. Nuestros padres son rivales.
Y eso que tiene que ver —dijo Jim— digo yo me case con una griega que se supone que también éramos rivales así que Percy no importa con quien estés si los demás te dicen que es malo que estés con esa persona solo mándalos al carajo y diles que con esa persona eres feliz
Percy le sonrió a su abuelo
y si no funcionan las cosas no te sientas mal tu pusiste de tu parte para que las cosas funcionaran y si no funcionaron fue por algo —continuo Jim—
— ¿Por qué?
— ¿Cuántas razones quieres? —Suspiró—. Una vez mi madre sorprendió a Poseidón con su novia en el templo de Atenea, algo sumamente irrespetuoso.
Athena solo asintió
En otra ocasión, Atenea y Poseidón compitieron por ser el patrón de la ciudad de Atenas. Tu padre hizo brotar un estúpido manantial de agua salada como regalo. Mi madre creó el olivo. La gente vio que su regalo era mejor y llamaron a la ciudad con su nombre.
y yo me convertí en su rey —dijo Teseo orgulloso—
—Deben de gustarles mucho las olivas.
no qué asco —dijo Teseo ante la fea mirada de la diosa y sus hijos—
A mí tampoco me gustan la olivas —dijeron ambos Percy y Orión ante la misma mirada que recibió Teseo—
Las olivas ayudaron durante muchos siglos a estimular la economía —dijo Icaros—
A mí no me gusta el cereal —dijo el joven Nico ante la fea mirada de Deméter—
Y sigue sin gustarme —dijo Nico recibiendo la misma mirada de Deméter
—Eh, pasa de mí.
—Hombre, si hubiera inventado la pizza… eso podría entenderlo.
Yo digo lo mismo —dijo Leo—
— ¡Te he dicho que pases de mí!
Argo sonrió en el asiento delantero. No dijo nada, pero me guiñó el ojo azul que tenía en la nuca.
Fue un poco bizarro —dijo Percy—
El tráfico de Queens empezó a ralentizarnos. Cuando llegamos a Manhattan, el sol se estaba poniendo y había empezado a llover.
Argos nos dejó en la estación de autobuses Greyhound del Upper East Side, no muy lejos del apartamento de Gabe y mi madre.
Jim golpeo a Gabe rompiéndole el labio
Pegado a un buzón, había un cartel empapado con mi foto: « ¿Ha visto a este chico?»
Lo arranqué antes de que Annabeth y Grover se dieran cuenta.
Si nos dimos cuenta sesos de alga —dijo Annabeth y le sonrieron con comprensión—
Argos descargó nuestro equipaje, se aseguró de que teníamos nuestros billetes de autobús y luego se marchó, abriendo el ojo del dorso de la mano para echarnos un último vistazo mientras salía del aparcamiento.
Pensé en lo cerca que estaba de mi antiguo apartamento. En un día normal, mi madre ya habría vuelto a casa de la tienda de golosinas. Probablemente Gabe el Apestoso estaría allí en aquel momento, jugando al póquer y sin echarla siquiera de menos.
Pues en eso te equivocas —dijo Jim—aquí está —lo señalo con desdén—
Grover se cargó al hombro su mochila. Miró hacia donde yo estaba mirando.
— ¿Quieres saber por qué se casó con él, Percy?
— ¿Me estabas leyendo la mente o qué? —repuse, mirándolo fijamente.
Puedes hacer eso también —pregunto el joven Percy—
Grover negó con la cabeza
—Sólo tus emociones. —Se encogió de hombros—. Supongo que se me ha olvidado decirte que los sátiros tenemos esa facultad. Estabas pensando en tu madre y tu padrastro, ¿verdad?
Asentí, preguntándome qué más se habría olvidado Grover de contarme.
Creo que nada más —dijo Grover—
—Tu madre se casó con Gabe por ti. Lo llamas «apestoso», pero te quedas corto. Ese tipo tiene un aura… ¡Puaj! Lo huelo desde aquí. Huelo restos de él en ti, y ni siquiera has estado cerca desde hace una semana.
Pero ya no huelo verdad —pregunto Percy esperanzado—
Pues veras… —dijo Grover—
Apestas —dijo Leneo—
O dioses —Percy se paró y corrió hacia la cabaña 3—
Y tu apestas peor que el —le dijo Leneo al joven Percy a lo que siguió a Percy— y creo que gracias a ti todos en el campamento estará protegido de los monstruos por al menos 30 años —le dijo a Gabe que hizo una mueca—
Media hora después ambos Percy llegaron y se sentaron el joven Percy llego con el cabello ligeramente mojado y Percy completamente seco
—Gracias —respondí—. ¿Dónde está la ducha más cercana?
—Tendrías que estar agradecido, Percy. Tu padrastro huele tan asquerosamente a humano que es capaz de enmascarar la presencia de cualquier semidiós. Lo supe en cuanto olfateé el interior de su Cámaro:
Gabe lleva ocultando tu esencia durante años. Si no hubieses vivido con él todos los veranos, probablemente los monstruos te habrían encontrado hace mucho tiempo. Tu madre se quedó con él para protegerte.
Espero estés agradecido —dijo Thalía—
Agradecido a mi madre si por el no —señalo a Gabe—
Maldito mocoso —murmuro Gabe siendo golpeado por Jim—
Era una señora muy lista.
Muy inteligente —dijeron todos los que querían a Sally haciendo que Maria Hera y otras diosas sintieran celos
No sé cómo tuvo un hijo como tú —dijo Thalía—
Percy muy maduramente le enseño la lengua
Debía de quererte mucho para aguantar a ese tipo… por si te sirve de consuelo.
No me servía de ningún consuelo, pero me abstuve de expresarlo. «Volveré a verla —pensé—. No se ha ido.»
Nuestro defecto —dijo Teseo— la lealtad
Tu defecto no era la lealtad tu defecto era tu estupidez—dijo Orión a lo que Teseo se indignó—
Me pregunté si Grover seguiría leyendo mis emociones, mezcladas como estaban.
Supongo que me hubiera dolido la cabeza —dijo Grover—
Me alegraba de que él y Annabeth estuvieran conmigo, pero me sentía culpable por no haber sido sincero con ellos. No les había contado el motivo por el que había aceptado aquella loca misión.
Annabeth hizo una mueca
La verdad era que me daba igual recuperar el rayo de Zeus
Zeus hizo una mueca
salvar el mundo o siquiera ayudar a mi padre a salir del lío.
Poseidón bajo la cabeza arrepentido
Cuanto más pensaba en ello, más rencor le guardaba a Poseidón por no haberme visitado nunca, ni haber ayudado a mi madre, ni siquiera habernos enviado un miserable cheque para la pensión.
Pero yo siempre les dejo algo a mis hijos —dijo Poseidón—
Cariño de donde crees que salía el dinero para tus escuelas —dijo Sally cariñosamente a lo que todos los mestizos hicieron una mueca de envidia—
De hecho todos los dioses dejan algo de dinero mortal para sus hijos —dijo Quirón— pero solo pueden hacer uso de el hasta que cumplen los 18 años
De la hoguera salieron papelitos que parecía una lluvia de confeti que llegaba al regazo de todos los mestizos
QUEEE? —fue el grito de todos los mestizos—
Wow son muchos ceros —dijo Leo sorprendido—
—Quirón vio el papel del mestizo que estaba a un lado— de hecho el número de abajo es la cantidad completa que debe haber en sus cuentas y el de arriba el que se les deposita mensualmente
Gabe alcanzo a ver el papel que estaba en las manos del joven Percy y abrió los ojos y boca sorprendido
Porque Percy recibe más que nosotros —pregunto Piper—
Porque soy su padre —dijo Poseidón— cuando acordamos que ayudaríamos económicamente a nuestros hijos nos pusimos de acuerdo en una cantidad establecida así que acordamos que Zeus Hades y yo daríamos una cantidad los olímpicos restantes una cantidad más pequeña y los dioses menores una más pequeña aun pero aun así los dioses menores dan una gran cantidad no es así —pregunto a los hijos de los dioses menores los cuales asintieron—
Y que pasa con los que estamos muertos —pregunto Icaros—
Cuando mueren el 20% de lo que está en sus cuentas se quedan en el campamento el 1% se cambia por dracmas para que puedan cruzar el rio estigio y el otro 79% se queda para sus familias y si los dioses no se han dado cuenta de sus muertes siguen recibiendo mensualmente —dijo Quirón—
Y en el caso de las cazadoras —pregunto Icaros—
Se hace el pago del rio estigio y el resto se queda para las cazadoras —dijo Artemisa—
Y solo hijos recibimos los legados ya no —dijo Laura—
No sus hijos tienen que ser responsabilidad suya —dijo Quirón— sigue leyendo
Sólo me reclamaba porque necesitaba que le hicieran un trabajito.
Lo único que me importaba era mamá. Hades se la había llevado injustamente, y Hades iba a devolvérmela.
Sí que es decidido —murmuro Hades—
Más bien yo diría que bastante necio —dijo Nico—
«Serás traicionado por quien se dice tu amigo —susurró el Oráculo en mi mente—. Al final, no conseguirás salvar lo más importante.»
«Cierra la boca», le ordené.
Tu nivel de locura supera las expectativas —dijo Nico—
Le estas dando más importancia a la profecía —murmuro Will—
La lluvia no cesaba.
La espera nos impacientaba y decidimos jugar a darle toquecitos a una manzana de Grover.
los sátiros se relamieron los labios
Annabeth era increíble.
Awww —dijo la cabaña de Afrodita haciendo sonrojar a los jóvenes Annabeth y Percy
Hacía botar la manzana en su rodilla, codo, hombro, lo que fuera. Yo tampoco era muy malo.
Peligro de ego —gritaron Nico y Thalía
El juego terminó cuando le lancé la manzana a Grover demasiado cerca de su boca.
Espera que —pregunto el joven Leo entre risas—
En un megamordisco de cabra engulló nuestra pelota.
Todo el campamento rio como loco y tardaron un par de minutos en poder seguir leyendo
Grover se ruborizó e intentó disculparse, pero Annabeth y yo estábamos muriéndonos de risa.
Por fin llegó el autobús. Cuando nos pusimos en fila para embarcar, Grover empezó a mirar alrededor, olisqueando el aire como si oliera su plato favorito de la cafetería: enchiladas.
— ¿Qué pasa? —le pregunté.
—No lo sé. A lo mejor no es nada.
Hazle caso a tus instintos —le dijo Hestia de manera maternal y el joven sátiro asintió—
Pero se notaba que sí era algo. Empecé a mirar yo también por encima del hombro.
Me sentí aliviado cuando por fin subimos y encontramos asientos juntos al final del autobús. Guardamos nuestras mochilas en el portaequipajes.
No deberían dejar sus cosas —dijo Perseo Grover y los jóvenes Annabeth y Percy asintieron mientras Annabeth y Percy solo se quedaron viendo entre ellos—
Annabeth no paraba de sacudir con nerviosismo su gorra de los Yankees contra el muslo.
Cuando subieron los últimos pasajeros, Annabeth me apretó la rodilla.
Esto no me gusta —dijo Poseidón—
—Percy.
Una anciana acababa de subir. Llevaba un vestido de terciopelo arrugado, guantes de encaje y un gorro naranja de punto; también llevaba un gran bolso estampado.
Enserio que los monstruos necesitan vestirse mejor —dijo Afrodita—
Cuando levantó la cabeza, sus ojos negros emitieron un destello, y mi pulso estuvo a punto de pararse.
Era la señora Dodds. Más vieja y arrugada, pero sin duda la misma cara perversa.
Poseidón veía de mala manera a Hades
Me agaché en el asiento.
Detrás de ella venían otras dos viejas: una con gorro verde y la otra con gorro morado. Por lo demás, tenían exactamente el mismo aspecto que la señora Dodds: las mismas manos nudosas, el mismo bolso estampado, el mismo vestido arrugado. Un trío de abuelas diabólicas.
Me parece que alguien quiere ir a visitar mi estanque de tiburones —dijo Poseidón molesto—
Se sentaron en la primera fila, justo detrás del conductor. Las dos del asiento del pasillo miraron hacia atrás con un gesto disimulado pero de mensaje muy claro: de aquí no sale nadie.
El autobús arrancó y nos encaminamos por las calles de Manhattan, relucientes a causa de la lluvia.
—No ha pasado muerta mucho tiempo —dije intentando evitar el temblor en mi voz—. Creía que habías dicho que podían ser expulsadas durante una vida entera.
—Dije que si tenías suerte —repuso Annabeth—. Evidentemente, no la tienes.
Y es ahí cuando me empezó a dar cuenta de su mala suerte —dijo Annabeth—
—Las tres —sollozó Grover—. Di immortales!
—No pasa nada —dijo Annabeth, esforzándose por mantener la calma—. Las Furias. Los tres peores monstruos del inframundo.
Valla manera de mantener la calma —dijo Jason—
Ningún problema. Escaparemos por las ventanillas.
—No se abren —musitó Grover.
— ¿Hay puerta de emergencia?
Que camión no tiene puerta de emergencia —dijo Piper—
Ese —dijo Leo— y la gran mayoría de México
No la había. Y aunque la hubiera, no habría sido de ayuda. Para entonces, estábamos en la Novena Avenida, de camino al puente Lincoln.
—No nos atacarán con testigos —dije—. ¿Verdad?
—Los mortales no tienen buena vista —me recordó Annabeth—. Sus cerebros sólo pueden procesar lo que ven a través de la niebla.
—Verán a tres viejas matándonos, ¿no?
O verán que ustedes molestan a las pobres viejitas y después a ustedes muertos —dijo Aquiles—
Pensó en ello.
—Es difícil saberlo. Pero no podemos contar con los mortales para que nos ayuden. ¿Y una salida de emergencia en el techo…?
Llegamos al túnel Lincoln, y el autobús se quedó a oscuras salvo por las bombillitas del pasillo. Sin el repiqueteo de la lluvia contra el techo, el silencio era espeluznante.
La señora Dodds se levantó. Como si lo hubiera ensayado, anunció en voz alta:
—Tengo que ir al aseo.
—Y yo —añadió la segunda furia.
—Y yo —repitió la tercera.
Valla imaginación que tienen —dijo Nico sarcástico— si se lo proponen yo creo si podrán hacer una película en Hollywood
Y las tres echaron a andar por el pasillo.
—Percy, ponte mi gorra —me urgió Annabeth.
Espera puedes repetir eso —dijo Malcolm Leo lo vio extraño y leyó el ultimo renglón— tu nunca la prestas le dijo a ambas Annabeth
Fue una situación especial —dijo Annabeth como si nada—
— ¿Para qué?
—Te buscan a ti. Vuélvete invisible y déjalas pasar. Luego intenta llegar a la parte de delante y escapar.
En serio pensaste que el más terco del mundo los iba a abandonar —pregunto Nico—
En ese momento no sabía cuál era su defecto —dijo Annabeth—
—Pero vosotros…
—Hay bastantes probabilidades de que no reparen en nosotros. Eres hijo de uno de los Tres Grandes, ¿recuerdas? Puede que tu olor sea abrumador.
—No puedo dejaros.
Las cazadoras lo veían sorprendidas las cazadoras y Calipso no le dio importancia aunque no pudo evitar pensar que posiblemente ese chico iba a dar a Ogigia
—No te preocupes por nosotros —insistió Grover—. ¡Ve!
Me temblaban las manos. Me sentí como un cobarde, pero agarré la gorra de los Yankees y me la puse.
Hubiera sido un gran plan —dijo Thalía— pero es Percy
Cuando miré hacia abajo, mi cuerpo ya no estaba.
y tú porque crees que se llama gorra de invisibilidad —dijo Jason—
Empecé a avanzar poco a poco por el pasillo.
Conseguí adelantar diez filas y me escondí en un asiento vacío justo cuando pasaban las Furias.
No puedo matar a mi hermano todavía —murmuro Poseidón—
La señora Dodds se detuvo, olisqueó y se quedó mirándome fijamente. El corazón me latía desbocado.
Poseidón seguía palideciendo mientras Sally estaba nerviosa
Al parecer no vio nada, pues las tres siguieron avanzando.
Por los pelos, pensé, y continué hasta la parte delantera del autobús. Ya casi salíamos del túnel Lincoln.
Estaba a punto de apretar el botón de parada de emergencia cuando oí unos aullidos espeluznantes en la última fila.
Todos se estremecieron
Las ancianas ya no eran ancianas. Sus rostros seguían siendo los mismos —supongo que no podían volverse más feas—
Se escucharon algunas risas
pero a partir del cuello habían encogido hasta transformarse en cuerpos de arpía marrones y coriáceos, con alas de murciélago y manos y pies como garras de gárgola. Los bolsos se habían convertido en fieros látigos.
Se escuchó la caracola de la comida pero con el ambiente tan tenso que había más de uno grito y algunos saltaron a los brazos del de alado
Cuanto falta para que termine el capítulo —pregunto Quirón—
—Leo reviso el libro— dos páginas —contesto—
Bien en cuanto termines comeremos —dijo Hestia y los estómagos de los mestizos apoyaron la noción—
Las Furias rodeaban a Grover y Annabeth, esgrimiendo sus látigos.
— ¿Dónde está? ¿Dónde? —silbaban entre dientes.
Es extraño —murmuro Icaros—
Los demás pasajeros gritaban y se escondían bajo sus asientos. Bueno, por lo menos veían algo.
Lo bueno es que vieron algo —dijo Piper—
— ¡No está aquí! —gritó Annabeth—. ¡Se ha ido!
Las Furias levantaron los látigos.
Annabeth sacó el cuchillo de bronce. Grover agarró una lata de su mochila y se dispuso a lanzarla.
Eso Grover —gritaron los Stoll enérgicos— úsalas como pokebolas y atrapa a las furias
Entonces hice algo tan impulsivo y peligroso que deberían haberme nombrado para Niño THDA del Año.
Ese es mi título —gritaron ambos Leo como niños chiquitos—
El conductor del autobús estaba distraído, intentando ver qué pasaba por el retrovisor. Aún invisible, le arrebaté el volante y lo giré abruptamente hacia la izquierda.
ok creo que podemos compartir el premio —dijo Leo—
Todo el mundo aulló al ser lanzado hacia la derecha, y yo oí lo que esperaba fuera el sonido de tres Furias aplastándose contra las ventanas.
— ¡Eh, eh! ¿Qué dem…? —gritó el conductor—. ¡Uaaaah!
Forcejeamos por el volante y el autobús rozó la pared del túnel, chirriando, rechinando y lanzando chispas alrededor. Salimos del túnel Lincoln a toda velocidad y volvimos a la tormenta, hombres y monstruos dando tumbos dentro del autobús, mientras los coches eran apartados o derribados como si fueran bolos.
Los hijos de Ares rieron como desquiciados
De algún modo, el conductor encontró una salida. Dejamos la autopista a todo trapo, cruzamos media docena de semáforos y acabamos, aún a velocidad de vértigo, en una de esas carreteras rurales de Nueva Jersey en las que es imposible creer que haya tanta nada justo al otro lado de Nueva York. Había un bosque a la izquierda y el río Hudson a la derecha, hacia donde el conductor parecía dirigirse.
Otra gran idea: tiré del freno de mano.
Ok Percy no agarraras mi carro en un buen rato —dijo Paul muy serio y Percy puso cara de indignación e Icaros sintió celos al ver que ambos eran muy unidos—
—Leo saco una pequeña estatuilla de bronce con un Leo tallado y en la parte de abajo decía "El Niño THDA del Año" de su cinturón— Ok con todo el dolor de mi corazón tu ganas el premio
Percy agarro la estatuilla y solo rio
El autobús aulló
Hefesto junto a sus hijos gimieron lastimosamente por el pobre y cruel destino del autobús
derrapó ciento ochenta grados sobre el asfalto mojado y se estrelló contra los árboles.
Se encendieron las luces de emergencia. La puerta se abrió de par en par. El conductor fue el primero en salir
Cobarde —gritaron algunos—
y los pasajeros lo siguieron gritando como enloquecidos. Yo me metí en el asiento del conductor y los dejé pasar.
Esperamos que hayan disfrutado viajar con Percybus con el transporte más accidentado tanto para mortales como para creaturas mitológicas —hablo Chris con un megáfono y después de oyó la vaca hace muu y el campamento estallo en risas minutos después pudieron seguir leyendo—
Las Furias recuperaron el equilibrio. Revolvieron sus látigos contra Annabeth, mientras ésta amenazaba con su cuchillo y les ordenaba que retrocedieran en griego clásico. Grover les lanzaba trozos de lata.
Muy útil —dijo irónicamente Octavian—
Más útil que destripar peluches —dijo Jason—
Yo lo hago como ofrenda para los dioses así que si es muy útil ya que recuerda que sin augur nadie puede salir en misiones —dijo Octavian indignado—
Tú lo haces con peluches —pregunto Jim—
Si señor es de la manera que me enseñaron —dijo Octavian respetuosamente—
Es más preciso con partes del cuerpo del que se quiere hacer el augur y partes de animales verdaderos —dijo Jim haciendo que varios incluso romanos lo vieran con miedo—
Observé la puerta abierta. Era libre de marcharme, pero no podía dejar a mis amigos. Me quité la gorra de invisibilidad.
Porque siempre tienen que ser leales —gruño Poseidón—
— ¡Eh!
Las Furias se volvieron, me mostraron sus colmillos amarillos y de repente la salida me pareció una idea fenomenal.
Pero no podías dejarlos bueno talvez a la hija de Athena si —dijo Teseo ante la fea mirada de la diosa—
La señora Dodds se abalanzó hacia mí por el pasillo, como hacía en clase justo antes de entregarme un muy deficiente en el examen de matemáticas.
Como una furia sabe matemáticas —pregunto Piper—
No tengo idea —dijo Jason—
Cada vez que su látigo restallaba, llamas rojas recorrían la tralla. Sus dos horrendas hermanas se precipitaron saltando por encima de los asientos como enormes y asquerosos lagartos.
—Perseus Jackson —dijo la señora Dodds con tono de ultratumba—, has ofendido a los dioses. Vas a morir.
No estoy seguro de eso —dijo Nico— lleva años ofendiendo a los dioses y sigue vivo
todos los dioses vieron a Nico con la ceja arqueada
—Me gustaba más como profesora de matemáticas —le dije.
Creo que a cualquiera —dijo Frank—
Gruñó.
Annabeth y Grover se movían tras las Furias con cautela, buscando una salida.
Saqué el bolígrafo de mi bolsillo y lo destapé. Anaklusmos se alargó hasta convertirse en una brillante espada de doble filo.
Heracles gruño molesto por su antigua espada
Las Furias vacilaron.
La señora Dodds ya tenía el dudoso placer de conocer la hoja de Anaklusmos. Evidentemente, no le gustó nada volver a verla.
Si ves el arma que una vez te lastimo te da más coraje verla —dijo Hazel—
—Sométete ahora —silbó entre dientes— y no sufrirás tormento eterno.
—Buen intento —contesté.
Está muy bien que permanezcas tranquilo —dijo Jasón—
— ¡Percy, cuidado! —me advirtió Annabeth.
La señora Dodds enroscó su látigo en mi espada mientras las otras dos Furias se me echaban encima.
Poseidón estaba nervioso por su hijo además de unas enormes ganas de golpear a su hermano mayor
Sentí la mano como atrapada en plomo fundido, pero conseguí no soltar a Anaklusmos. Golpeé a la Furia de la izquierda con la empuñadura y la envié de espaldas contra un asiento. Me volví y le asesté un tajo a la de la derecha.
En cuanto la hoja tocó su cuello, gritó y explotó en una nube de polvo.
Bien —felicito Aquiles—
Annabeth aplicó a la señora Dodds una llave de lucha libre y tiró de ella hacia atrás, mientras Grover le arrebataba el látigo.
Un grave error —dijo Nico—
— ¡Ay! —gritó él—. ¡Ay! ¡Quema! ¡Quema!
Te lo dije —dijo Nico orgulloso—
La Furia a la que le había dado con la empuñadura en el hocico volvió a atacarme, con las garras preparadas, pero le asesté un mandoble y se abrió como una piñata.
La señora Dodds intentaba quitarse a Annabeth de encima. Daba patadas, arañaba, silbaba y mordía
Ambas Annabeth hicieron una pequeña queja
pero Annabeth aguantó mientras Grover le ataba las piernas con su propio látigo.
Muy bien —felicitaron los campistas—
Al final ambos consiguieron tumbarla en el pasillo. Intentó levantarse, pero no tenía espacio para batir sus alas de murciélago, así que volvió a caerse.
— ¡Zeus te destruirá! —prometió—. ¡Tu alma será de Hades!
Poseidón les mando una fea mirada a sus hermanos
—Braceas meas vescimini! —le grité.
Todos los romanos Jim incluido empezaron a reír
No estoy muy seguro de dónde salió el latín.
Eres legado de Apolo y de Venus de ahí salió el latín —explico Jim mientras golpeaba el estómago de Gabe—
Creo que significaba «Y un cuerno».
Te falla un poco el latín pero con un par de clases y unos días en la legión mejoraras —dijo Jim divertido— "Braceas meas vescimini" significa "comete mis pantalones"
Los griegos rieron y minutos después pudieron seguir leyendo
Un trueno sacudió el autobús.
—Poseidón amenazo a Zeus con su tridente— te dije claramente que no quería ver tus rayos cerca de mis hijos —la punta del tridente brillo y Zeus fue arrastrado por una gran ola y un tiburón lo mordió dejándole una marca de dientes en el brazo saliéndole gotas de icor de ella
Se me erizó el vello de la nuca.
— ¡Salid! —ordenó Annabeth—. ¡Ahora!
No necesité que me lo repitiese.
Supongo que nadie —dijo Jason—
Salimos corriendo fuera y encontramos a los demás pasajeros vagando sin rumbo, aturdidos, discutiendo con el conductor o dando vueltas en círculos y gritando impotentes.
— ¡Vamos a morir!
Parecen locos —dijo Nico—
—Un turista con una camisa hawaiana me hizo una foto antes de que pudiera tapar la espada.
Mala suerte —dijo Teseo—
— ¡Nuestras bolsas! —dijo Grover—. Hemos dejado núes…
Les dije que no debían dejar sus cosas —dijo Perseo—
¡BUUUUUUM!
Porque gritas —regaño Piper—
Está en mayúsculas mira —enseño el libro en señal de prueba—
Piper bufo por la forma tan infantil que se comportaba Leo
Las ventanas del autobús explotaron y los pasajeros corrieron despavoridos. El rayo dejó un gran agujero en el techo
Poseidón le mando una fea mirada a Zeus
pero un aullido enfurecido desde el interior me indicó que la señora Dodds aún no estaba muerta.
— ¡Corred! —exclamó Annabeth—. ¡Está pidiendo refuerzos! ¡Tenemos que largarnos de aquí!
Si váyanse de ahí —dijo Orión—
Nos internamos en el bosque bajo un diluvio, con el autobús en llamas a nuestra espalda y nada más que oscuridad ante nosotros.
Aquí acaba —dijo Leo cerrando el libro—
Hefestos escribía en su celular y cuando acabo la pantalla decía:
1. Vencer a una furia sin entrenamiento.
2. Ver a las Moiras y seguir vivo
3. Vencer al minotauro sin entrenamiento y sin armas
4. Vencer a dos furias con poco entrenamiento
Bien a comer y cuando acabemos seguimos —dijo Hestia y todos se pararon y se dirigieron al gran comedor—
Espero les haya gustado les gustaría algún capitulo extra cabe mencionar que soy mala para los capítulos de acción así que si alguien quiere uno así básicamente necesitare que alguien me ayude y no conozco a nadie si alguien quiere uno así no duden en que aceptare ayuda
