Por motivos que hoy 6 de junio este fic cumple un año decidí actualizarlo así que espero les guste

anubis172001: voy a hacer lo posible por actualizar más seguido pero no prometo nada
Guest: creo la primera en confundirse fui yo
Moony Garcia: gracias por la motivación pero no puedo actualizar tan seguido como quisiera
Kira Potter Jackson: gracias por darme a conocer mis errores eso me ayuda a mejorar como escritora y como persona
Carlos Gonzalez: gracias por pasarme el libro

—Leneo abrió el libro y leyó— Capítulo 12 Nos asesora un caniche

Odio a ese perro —murmuro Percy—

Esa noche nos sentimos bastante desgraciados.

O genial empezamos bien —ironizo Poseidón—

Acampamos en el bosque, a unos cien metros de la carretera principal, en un claro que los chicos de la zona al parecer utilizaban para sus fiestas. El suelo estaba lleno de latas aplastadas, envoltorios de comida rápida y otros desechos.

Artemisa y Deméter hicieron una mueca

Habíamos sacado algo de comida y unas mantas de casa de la tía Eme, pero no nos atrevimos a encender una hoguera para secar nuestra ropa.

No te puedes secar solo —pregunto Teseo—

Si pero en ese momento no sabía y todavía no sé cuáles son todas mis habilidades —dijo Percy—

Las Furias y la Medusa nos habían proporcionado suficientes emociones por un día.

Y para una misión —dijo Poseidón—

Percy abrió la boca pero la cerro — creo se olvidó de los demás libros y que ese todavía no termina —le murmuro a Annabeth

No queríamos atraer nada más.

Decidimos dormir por turnos. Yo me ofrecí voluntario para hacer la primera guardia.

Como siempre —dijeron Annabeth y Hazel—

Annabeth se acurrucó entre las mantas y empezó a roncar en cuanto su cabeza tocó el suelo.

Yo no ronco —dijeron ambas Annabeth—

Si lo haces —dijeron ambos Luke ambas Thalía Percy Grover toda la cabaña de Athena y Frederick para vergüenza de ambas Annabeth—

Grover revoloteó con sus zapatos voladores hasta la rama más baja de un árbol, se recostó contra el tronco y observó el cielo nocturno.

Duerme —le dije—. Te despertaré si surge algún problema.

Asintió, pero siguió con los ojos abiertos.

Me pone triste, Percy.

¿El qué? ¿Haberte apuntado a esta estúpida misión?

Zeus frunció el ceño

No. Esto es lo que me entristece. —Señaló toda la basura del suelo—. Y el cielo. Ni siquiera se pueden ver las estrellas.

Pero eso es horrible —dijo Orión—

Porque no se puede ver algo tan hermoso como lo son las estrellas —dijo Perseo—

Que sería poder elevar la vista al cielo y no poder ver las estrellas que guíen tu camino —dijo Teseo—

Ver las estrellas que cuentan historias —dijo Aquiles—

O simplemente solo verlas y saber que las estrellas cuidaran de tus sueños —dijo Jasón—

Han contaminado el cielo.

Los héroes veían el libro con lastima

Es una época terrible para ser sátiro.

Ya. Debería haber supuesto que eres ecologista. Me lanzó una mirada iracunda.

Percy agarro el bate de Nico y Grover se quedó callado

Sólo un humano no lo sería. Tu especie está obstruyendo tan rápidamente el mundo… Bueno, no importa. Es inútil darle lecciones a un humano.

Todos los mortales presentes fruncieron el ceño

Al ritmo que van las cosas, jamás encontraré a Pan.

Eres un irrespetuoso —dijo Leneo—

Percy solo le sonrió a Leneo mientras el joven Percy lo veía extrañado

¿Pan? ¿En barra?

Pero el Pan lo encuentras en cualquier tienda —dijeron ambos Leo de manera inocente—

Leneo lo vio de manera seria

¡Pan! —exclamó airado—. P-a-n. ¡El gran dios Pan! ¿Para qué crees que quiero la licencia de buscador?

Leneo se quedó callado y leyó varias veces el párrafo con algo de ilusión

Una brisa extraña atravesó el claro, anulando temporalmente el olor de basura y porquería. Trajo el aroma de bayas, flores silvestres y agua de lluvia limpia, cosas que en algún momento hubo en aquellos bosques.

Mi hijo —susurro Hermes—

Pan —dijo Deméter sonriendo—

De repente, sentí nostalgia de algo que nunca había conocido.

Es el —dieron varios dioses ilusionados—

Háblame de la búsqueda —le pedí.

Deberían hablarles a todos los campistas de Pan —dijo Hermes—

Quirón asintió mientras Dionisio hizo una mueca de me da igual

Grover me miró con cautela, como temiendo que pudiera estar gastándole una broma.

Sé que no arias bromas así —dijo Grover a lo que ambos le sonrieron—

El dios de los lugares vírgenes desapareció hace dos mil años —me contó—. Un marinero junto a la costa de Éfeso oyó una voz misteriosa que gritaba desde la orilla: « ¡Diles que el gran dios Pan ha muerto!»

Hermes negó con la cabeza

Cuando los humanos oyeron la noticia, la creyeron. Desde entonces no han parado de saquear el reino de Pan.

Todos los mortales se movieron incomodos

Pero, para los sátiros, Pan era nuestro señor y amo. Nos protegía a nosotros y a los lugares vírgenes de la tierra. Nos negamos a creer que haya muerto. En todas las generaciones, los sátiros más valientes consagran su vida a buscar a Pan. Lo buscan por todo el mundo y exploran la naturaleza virgen, confiando en encontrar su escondite y despertarlo de su sueño.

Los 3 sátiros mayores asintieron

Y tú quieres ser un buscador de ésos.

Que gran deducción cuantas neuronas se murieron pensando eso —dijo Thalía—

Más bien cuantas le quedaron después de eso —dijo Nico a lo que ambos Percy hicieron una mueca de molestia—

Es el sueño de mi vida. Mi padre era buscador. Y mi tío Ferdinand, la estatua que has visto ahí atrás…

Ah, sí. Lo siento.

Grover sacudió la cabeza.

El tío Ferdinand conocía los riesgos, como mi padre. Pero yo lo conseguiré. Seré el primer buscador que regrese vivo.

Es un sacrificio que deciden tomar —dijo Artemisa—

Espera, espera… ¿El primero?

Grover sacó la flauta del bolsillo.

Ningún buscador ha regresado jamás. En cuanto son enviados, desaparecen. Nunca vuelven a verlos vivos.

Creo que por eso los faunos están tan desanimados —dijo Jim—

Yo no los veo desanimados —dijo Octavian—

Al perder a alguien tan importante como lo es Pan y años sin encontrarlo ya perdieron la esperanza y se dedican a vagabundear buscando una forma de llenar ese vacío —dijo Jim— además que nosotros a diferencia de los griegos alejamos a los faunos haciéndolos sentir más inútiles son como las personas con gran edad o con enfermedades terminales que la gente quiere evitar que hagan cosas pensando que es mucha carga para ellos en lugar de que los pongan a hacer algo haciendo que se sientan útiles

Los romanos nunca vieron de esa manera a los faunos

¿Ni uno en dos mil años?

No.

¿Y tu padre? ¿Sabes qué le ocurrió?

Lo ignoro.

Pero aun así quieres ir —dije asombrado—. Me refiero a que… ¿en serio crees que serás el que encuentre a Pan?

Al paso que va no lo creo —dijo Leneo haciendo que Grover bajara la cabeza para molestia de Percy—

Tengo que creerlo, Percy. Todos los buscadores lo creen. Es lo único que mantiene la esperanza cuando observamos lo que han hecho los humanos con el mundo. Tengo que creer que Pan aún puede despertar.

La esperanza es lo último que muere —dijo Percy a lo que todo el campamento lo apoyo—

Miré el resplandor naranja del cielo polucionado y me asombré de que Grover persiguiese un sueño que a simple vista parecía un imposible.

Tú no te quedas atrás —dijo Annabeth—

¿Cómo vamos a entrar en el inframundo? —le pregunté—. Quiero decir, ¿qué oportunidades tenemos contra un dios?

Ninguna —dijo Heracles arrogante y como siempre Percy lo ignoro—

No lo sé. Pero en casa de Medusa, mientras tú rebuscabas en el despacho, Annabeth me dijo…

Oh, se me había olvidado, claro. Annabeth ya debe de tener un plan.

La joven Annabeth hizo una mueca de disgusto

Siempre lo tengo sesos de alga —dijo Annabeth—

No seas tan duro con ella, Percy. Ha tenido una vida difícil, pero es una buena persona. Después de todo, me ha perdonado…

Le falló la voz.

Grover asentía con la cabeza mientras ambas Annabeth Luke y Thalía negaban con la cabeza

Percy agarro el bate en señal de si hablas te golpeare

¿Qué quieres decir? Te ha perdonado ¿qué?

De repente, Grover pareció muy interesado en tocar la flauta.

Un momento —insistí—. Tu primer trabajo de guardián fue hace cinco años. Y Annabeth lleva en el campo también cinco años. ¿No sería ella… tu primer encargo que fue mal…?

Básicamente me convertí en un pino —murmuro Thalía—

No puedo hablar de eso —repuso él, y el temblor de su labio inferior me indicó que se echaría a llorar si lo presionaba—.

Débil —murmuro Octavian—

Pero como iba diciendo, en casa de Medusa, Annabeth y yo coincidimos en que está pasando algo raro en esta misión. Hay algo que no es lo que aparenta.

Todos recordaron la teoría de Icaros y se pusieron a pensar quien sería el traidor y ladrón

Vale, lumbrera. Me culpan por robar un rayo que se llevó Hades, ¿recuerdas?

Yo no lo tengo —dijo Hades muy serio—

No me refiero a eso. Las Fur… las Benévolas parecían contenerse. Igual que la señora Dodds en la academia Yancy… ¿Por qué esperó tanto para matarte? Y después, en el autobús, no estaban tan agresivas como suelen ponerse.

Fue lo que les dije —dijo Nico— por lo que oí fueron como un 80% menos agresivas

Todos tragaron saliva pensando en lo agresivas que eran las furias mientras Bianca y María veían con preocupación a Nico

A mí me parecieron agresivas de sobra.

Grover meneó la cabeza.

Nos gritaban: « ¿Dónde está? ¿Dónde?»

Os preguntaban por mí —le dije.

No estoy seguro —dijo Icaros con la mano en la babilla—

Alguna teoría —pregunto Malcolm—

Talvez —dijo Icaros— pero tengo que reunir más información antes de darla a conocer porque de algo estoy seguro es que Hades no mandaría monstruos sin razón alguna

Puede… pero tanto Annabeth como yo tuvimos la sensación de que no preguntaban por una persona.

Cuando preguntaron dónde está, parecían referirse a un objeto.

Un objeto —murmuraron todos los hijos de Athena mientras la teoría de Icaros iba tomando forma—

Eso es absurdo.

Ya lo sé. Pero si hemos pasado por alto algo importante, y sólo tenemos nueve días para encontrar el rayo maestro…

Y conociéndolos lo entregaran el último día al último minuto —dijo Nico—

Me miró como si esperara respuestas, pero yo no las tenía.

Y cuando las tienes —dijo Thalía—

Pensé en las palabras de Medusa: estaba siendo utilizado por los dioses. Lo que tenía ante mí era peor que la petrificación.

Créeme no creo que la petrificación sea mejor que la incertidumbre —dijo Perseo—

No he sido sincero contigo —admití—. No me importa nada el rayo maestro.

Zeus vio mal a Percy mientras Poseidón veía serio a Zeus por si las dudas

Accedí a ir al inframundo para rescatar a mi madre.

De hecho es cierto —dijeron ambos Percy—

Grover hizo sonar una nota suave en la flauta.

Ya lo sé, Percy, pero ¿estás seguro de que es el único motivo?

En ese momento si —dijo Percy—

No lo hago por ayudar a mi padre. No le importo, y a mí él tampoco me importa.

Percy no juzgues a papá —dijo Orión— él siempre nos ayuda de forma indirecta y sin que los dioses se den cuenta

Aunque a veces te hace sentir culpable por haber nacido pero es la forma su forma más sutil de decir que se alegra que estés vivo —dijo Teseo—

Grover me miró desde su rama.

Oye, Percy, no soy tan listo como Annabeth

Ambas Annabeth sonrieron arrogantes

Ni tan valiente como tú

Claro que lo eres —dijo Thalía mientras Percy jugaba con el bate de Nico haciendo que el pobre sátiro tragara saliva—

Pero soy muy bueno en analizar emociones. Te alegras de que tu padre esté vivo. Te hace sentir bien que te haya reclamado, y parte de ti quiere que se sienta orgulloso.

Poseidón sonrió orgulloso a ambos Percy aunque uno todavía no lo hacia

Por eso enviaste la cabeza de Medusa al Olimpo. Querías que se enterara de lo que has hecho.

Aunque no la hubieras mandado me hubiera enterado —dijo Poseidón—

¿Sí? A lo mejor las emociones de los sátiros no funcionan como las de los humanos. Porque estás equivocado. No me importa lo que él piense.

Poseidón bajo la cabeza

Grover subió los pies a la rama.

Vale, Percy. Lo que tú digas.

Además, no he hecho nada meritorio.

Pues ese pizarrón nos dice lo contrario —dijo Aquiles—

Cierto —dijo Jasón— solo tienes 12 años y ya vas a casi la mitad de las cosas que hizo Heracles

Heracles hizo una mueca y seguía pensando cómo recuperar su antigua espada

Apenas hemos salido de Nueva York y ya estamos aquí atrapados, sin dinero ni posibilidad de ir al oeste.

Grover miró el cielo nocturno, como meditando en nuestros problemas.

¿Qué tal si yo hago el primer turno? —propuso—. Duerme un poco.

Quería protestar, pero comenzó a tocar Mozart, muy suavemente, y me di la vuelta. Los ojos me escocían. A los pocos compases del Concierto para piano n.° 12, me quedé dormido.

La música clásica tiene ese efecto en mí —dijo el joven Percy—

En Laura también tiene ese efecto así que de ahí lo sacaste —dijo Jim—

En mis sueños, me encontré en una oscura caverna frente a un foso insondable. Criaturas de niebla gris se arremolinaban alrededor de mí susurrando jirones de humo, de modo que sabía que eran los espíritus de los muertos.

Varias miradas se dirigieron a Hades y este ni se inmuto

Me tiraban de la ropa, intentando apartarme, pero yo me sentía obligado a caminar hasta el borde mismo del abismo.

Mirar abajo me mareaba. El foso, ancho y negro, carecía de fondo. Aun así, tenía la impresión de que algo intentaba alzarse desde el abismo, algo enorme y malvado.

Los que sabían que había ahí se estremecieron

El pequeño héroe —reverberaba una voz divertida desde la lejana oscuridad—. Demasiado débil, demasiado joven, pero puede que sirvas.

La voz sonaba muy antigua, fría y grave. Me envolvía como un pesado manto—. Te han engañado, chico —añadía—. Haz un trato conmigo. Yo te daré lo que quieres.

Ambos Luke se estremecieron

Se formaba una imagen sobre el abismo: mi madre, congelada en el momento en que se había disuelto en aquel resplandor dorado. Tenía el rostro desencajado por el dolor, como si el Minotauro siguiera retorciéndole el cuello.

El joven Percy nuevamente se aferró al cuerpo de Sally

Me miraba fijamente y sus ojos suplicaban « ¡Márchate!».

Varios le sonrieron a Sally

Yo intentaba gritar, pero no me salía la voz.

Una risotada fría sacudía el abismo. Una fuerza invisible me empujaba, pretendía arrastrarme hacia el abismo. Debía mantenerme firme.

Varios vieron al libro alarmados

Ayúdame a salir, chico. —La voz sonaba más insistente—. Tráeme el rayo. ¡Juégasela a esos traicioneros dioses!

Los espíritus de los muertos susurraron alrededor de mí:

¡No lo hagas! ¡Despierta!

Despierta —murmuraron Orión y Teseo—

La imagen de mi madre empezaba a desvanecerse. La cosa del foso se aferraba aún más a mí. No pretendía arrastrarme al abismo, sino valerse de mí para salir fuera.

Bien —murmuraba—. Bien.

¡Despierta! —Susurraban los muertos—. ¡Despierta!

Alguien me estaba sacudiendo.

Abrí los ojos y era de día.

Vaya —dijo Annabeth—. El zombi vive.

Nico apareció un año después —dijo Thalía y después se estremeció ante la fea mirada que le mandaron Bianca y María—

El sueño me había dejado temblando. Aún sentía el contacto del monstruo del abismo en el pecho.

¿Cuánto he dormido?

Suficiente para darme tiempo de preparar un desayuno.

¿Aprendiste a cocinar? —Pregunto Icaros—

Me lanzó un paquete de cortezas de maíz del bar de la tía Eme—.

Retiro mi pregunta —dijo Icaros— a los anuales deberían enseñarles a cocinar si no cuando se vallan del campamento se morirán de hambre o tendrán que vivir de comida enlatada

Buscare quien les pueda enseñar eso —dijo Quirón—

Y Grover ha salido a explorar. Mira, ha encontrado un amigo.

Tenía problemas para enfocar la vista.

Grover, sentado con las piernas cruzadas encima de una manta, tenía algo peludo en el regazo, un animal disecado, sucio y de un rosa artificial. No, no se trataba de un animal disecado.

Era un caniche rosa.

No entiendo que le encuentran de bonito a un pobre animal pintado que le hace daño a su piel —dijo Afrodita—

El chucho me ladró, cauteloso.

Grover dijo:

No, qué va.

Parpadeé.

¿Estás hablando con… eso?

El caniche gruñó.

Eso —me avisó Grover— es nuestro billete al oeste. Sé amable con él.

¿Sabes hablar con los animales?

Hablar con animales es otra cosa que olvidaste mencionar —dijo el joven Percy—

Perdón —dijo Grover—

Grover no me hizo caso.

Percy, éste es Gladiolus. Gladiolus, Percy.

Miré a Annabeth, convencido de que empezaría a reírse con la broma que me estaban gastando, pero ella estaba muy seria.

Porque era algo serio sesos de alga —dijo Annabeth—

No voy a decirle hola a un caniche rosa —dije—. Olvidadlo.

Percy —intervino Annabeth—. Yo le he dicho hola al caniche. Tú le dices hola al caniche.

El caniche gruñó.

Le dije hola al caniche.

Fue algo raro —dijo Percy—

Lo dice el que habla con caballos —dijo Nico—

Puedo hablar con caballos —pregunto el joven Percy—

¿Puedes hablar con los caballos? —Preguntaron Orión y Teseo—

Si pero una cosa es hablar con los caballos que ellos si me responden a un perro que no lo hacen —respondió Percy—

Sabes que si dices eso en un psicólogo te mandaría con un psiquiatra y él te mandaría a internar verdad —dijo Leo—

Lo dice el que habla con las maquinas —dijo Percy—

Buen punto —dijo Leo—

Grover me explicó que había encontrado a Gladiolus en los bosques y habían iniciado una conversación. El caniche se había fugado de una rica familia local, que ofrecía una recompensa de doscientos dólares a quien lo devolviera. No tenía muchas ganas de volver con su familia, pero estaba dispuesto a hacerlo para ayudar a Grover.

Puede venir al Campamento Júpiter —dijo Gwen—

Podría pero que podrían hacer los perros de Reyna con el —se preguntó el Augur— a ya se usarlo como bocadillo

El Campamento Mestizo —pregunto Drew—

—Nico sonrió haciendo que Bianca y María le sonrieran ambas sabían lo mucho que Nico quería un perro— claro podría ser el juguete de la Srta. O' Leary tomando en cuenta que el caniche tiene un tamaño promedio de 35 a 45 cm y la Srta. O´Leary tiene el tamaño de un tanque sería un excelente juguete

Después de esa misión Grover se llevó al perro de su casa —dijo Annabeth— donde lo tiene o a donde lo llevo no tengo idea

¿Cómo sabe Gladiolus lo de la recompensa? —pregunté.

Ha leído los carteles, lumbrera —contestó Grover.

Como un perro aprende a leer —pregunto Will—

Todos se quedaron callados era una gran pregunta

Claro —respondí—. Cómo he podido ser tan tonto.

Pues te diré —dijo Nico—

Así que devolvemos a Gladiolus —explicó Annabeth con su mejor voz de estratega—, conseguimos el dinero y compramos unos billetes a Los Ángeles. Es fácil.

La única falla son los monstruos —dijo Thalía—

Pensé en mi sueño: en las voces susurrantes de los muertos, en la cosa del abismo, en el rostro de mi madre, reluciente al disolverse en oro. Todo aquello podría estar esperándome en el oeste.

Otro autobús no —dije con recelo.

Sally le sonrió a Percy por eso no le gustaban los autobuses y ahora siempre que no tenía otra alternativa de subirse siempre se fijaba antes si tenía salidas de emergencia y no dejaba su equipaje

No —me tranquilizó Annabeth.

Señaló colina abajo, hacia unas vías de tren que no había visto por la noche en la oscuridad.

Hay una estación de trenes Amtrak a ochocientos metros. Según Gladiolus, el que va al oeste sale a mediodía

Y como un perro sabe leer un reloj —volvió a preguntar Will sin obtener respuesta—

Aquí termina —dijo Leneo cerrando el libro— quien lee

Yo —dijo…

Espero les haya gustado nos estaremos leyendo en un mes

Se despide por ahora ACUARIO NO JUNE4311